CAPÍTULO 2. DÍA 0

Cocinaba mientras pensaba en las diversas implicaciones de tener una chica en su casa, obviamente su rutina cambiaría. Debería compartir los suministros e informarle de todo el proceso de mantenimiento de trampas, armas y limpieza del hogar, sin contar  la recolección de insumos. 

Eso por una parte podía ser una mejora. Dividir la carga laboral permitiría a él centrarse en otras tareas. Cómo mejorar la seguridad buscando sensores de movimiento por la ciudad. Estaba seguro que podía encontrarlos en las puertas corredizas de algunos lugares y en tiendas de suministros electrónicos.

—Podría colocar un par de sensores por la zona y monitorear todo con cámaras. Sería mucho más sencillo mantener todo seguro— sonrió sintiéndose complacido.

Aun así, sabía muy bien la desventaja estratégica que significaba un acompañante no entrenado, despreocupado y distraído. Por tanto, si alguien iba a quedarse con él, debía aprender siquiera los puntos básicos. 

Aquel peligro era la pérdida de la mayoría de los grupos, por ello siempre prefería actuar solo. Ya lo había vivido: Raul, su compañero de caza de muertos vivientes semanas atrás. Alejandro se sentía un poco culpable al respecto, quizás, después de todo aquel incidente fuese su culpa, y la muerte de aquél hombre también.

—¡Alejandro! necesito un favor. 

—¿Si?— Tampoco había verificado si estaba infectada, aunque de estarlo ya se habría convertido. Por otra parte, a primera vista daba la impresión de estar deshidratada, claro que el solo hecho de pensar que había sobrevivido en el interior de un contenedor con días tan calurosos era algo increíble. De hecho, le sorprendía que no hubiese muerto en aquel lugar— ¿Qué necesitas?

Tomaba algo de jugo mientras salteaba la carne, en ese momento la chica apareció frente a él únicamente envuelta en su paño blanco. Se atragantó con el jugo, enrojeció por completo, y sintió un deseo muy humano que desde hacía mucho no experimentaba.

—¿Tendrás algo de ropa de chica? Lo siento, pero la que tenía está bastante…

 La sangre de su cuerpo se calentó de improvisto, la deseó en ese instante, pero se controló lo mejor que su moral le indicó— ¡Perdóname! Te buscaré algo de ropa— La chica sonrió un poco, mientras él salía corriendo en dirección a uno de los cuartos—. La verdad no tengo ropa femenina— gritó—, pero ¿con una camisa y un pantalón bastará cierto?— Regresó con una camisa manga larga azul marino y un pantalón negro para ella, la cual lo tomó sonriéndole—. Cuando armé el closet no se me ocurrió buscar ropa de chica.

—Si claro, eso luce limpio. Gracias. Y descuida, con el baño fue suficiente, tenía tiempo sin usar una ducha. No las valoras hasta que no puedes bañarte en un buen tiempo.

 Al ella marcharse pensó en otro punto que no calculó bien al inicio, el factor humano de tener una chica en su casa, y el creciente impulso sexual. Ya estaba más que demostrado que no era semejante a la vieja Verónica. Al contrario, era una chica bastante atractiva, de rasgos suaves en el rostro. Curvas pequeñas pero en los lugares correctos.

Sirvió la comida y se sentó a esperar al nuevo compañero— Hace mucho que no comía carne— Alicia no tardó en regresar vestida para tomar asiento—. Es increíble ver tanta carne ¿cómo hiciste?

—Me imagino. Es difícil mantenerla dadas las circunstancias, esa fue una de mis mayores preocupaciones cuando busqué casa. Necesitaba algo espacioso, y esta tenía un cuarto de congelamiento, lo cual pensé que era magnífico. Aunque es la única parte de la casa que necesita energía eléctrica constante, así que tiene una planta eléctrica solo para ella en sótano. El cuarto necesita estar a menos dieciocho grados centígrados para mantener la carne por tanto tiempo.

—¿Tu antes no vivías acá?

—No, vivía a casi tres kilómetros de aquí. No era un chico rico con una casa enorme.

—¿Buscaste casa por casa la que fuese mejor?— preguntó ella al tiempo que probaba un pedazo y saboreaba casi en éxtasis.

—Tampoco, verás, existen agencias de alquiler y venta de inmuebles. Estas fabrican folletos de las casas a disposición para facilitar la información a los clientes. Solo tuve que pasar por una de las agencias y echar una ojeada a los folletos y buscar la casa en cuestión.

—Suena fácil como lo dices — Ella devoraba la comida.

—Un poco. Mi mamá a veces traía algunos de esos folletos antes, le gustaba verlos— Entonces hizo silencio nuevamente.

—Pero esta casa es bastante bonita, se nota que la mantienes limpia y ordenada. Imagino que esa arma en la ventana de la entrada, no estaba allí antes. 

—No, no estaba. No suelo usarla en realidad, disparar desde la ventana podría atraer olfateadores, ya sabes, por el olor a la pólvora. Es un rastro que pueden seguir. Pero está allí por si hay que huir, ya sabes, situación de emergencia. 

—¿Los muertos pueden seguir el olor así?

—No todos. Solo aquellos que has visto que andan como si fuesen animales— señaló haciendo una demostración con las manos—. ¿Si sabes a cuales me refiero, cierto?

—¿La casa venía equipada?

—En gran parte— aclaró— Pero otras las traje desde mi casa anterior, o busqué lo que necesitaba, como las plantas de energía eléctrica— Terminaba su plato, se limpiaba con una servilleta, aprovechando la brecha entre ambos preguntó nuevamente—. ¿Estás bien? ¿te sientes bien?

—No estoy infectada— Ella negó alzando las manos—. Es solo que a veces pienso en todo lo sucedido. 

—¿Con la humanidad? 

—No tan general. En particular con algunas personas que conocí. La mayoría, no, probablemente todos están muertos. 

—Todos perdimos a alguien, no hubo excepciones. 

—¿Qué crees que fue? ¿Un arma química? ¿un virus natural?— preguntó Alicia. 

—No tengo idea, tampoco importa mucho— Se encogió de hombros. 

—¿No te da curiosidad? 

—¡Claro que sí! pero ¿Qué podemos hacer en este punto? digo, no podemos curar a los infectados, ya están muertos. ¿Qué cambiaría si mañana descubrimos que es un virus, o si fueron esporas de plantas? ¿O un parásito, o algo así?

—Entiendo, no es como una enfermedad entonces. 

—Quizás sí lo sea, pero no es algo que podamos revertir. He visto muertos con agujeros enormes, si los curasen, se mueren al instante.

—Claro, por las heridas, ¿Sabes cómo se transmite? ¿Es la saliva?— indagó ella. 

—Es la sangre. Si la sangre de los muertos te toca, estás muerta, eso sí lo sé. 

—¿Lo viste? 

—Si, varias veces. No importa si te toca una herida, los ojos, la boca, o si te muerden y desgarran, te convertirás en uno de ellos a los pocos minutos, aunque el periodo de incubación a veces varía. 

—Algunos se transforman de inmediato, otros tardan un poco más, también lo he visto. Pero no sabía que, si la sangre toca los ojos o la boca, también te contagias. 

—Normalmente te desgarran o muerden, son casos extraños. A menos que pases los días enteros en la calle viéndolos, no lo notarías. 

—¿Cómo sobrevives allí? digo, en la calle junto con el mar de muertos— preguntó ella. 

—Te preparas— Alejandro no parecía cómodo de hablar sobre ello—. Piensas que debes hacerlo y no morir del susto, con el tiempo lo superas. Luego te preparas un poco más, haces planes sobre dónde ir y qué caminos tomar, haces trampas de respaldo— Frunció la boca esperando que aquello fuese suficiente. 

—La mayoría muere igualmente. ¿Tenías familia antes de esto? 

—Mi mamá, un tío algo excéntrico. 

—No eres de hablar mucho. 

—Perdón. Últimamente me cuesta conversar o expresar más de dos palabras juntas, parece que olvidé cómo hacerlo. 

—Excepto cuando pregunté sobre los muertos, parece que es un tema que dominas. 

—Lo siento, no es intencional. Lo único que veo a diario son muertos. 

—Te centraste mucho en ellos.

Alejandro arrugó el entrecejo, tenía ganas de responderle “¿Quién no? ¿Acaso has vivido en una burbuja los últimos meses?”— Si, no tuve muchas opciones, están por todas partes. Y todos van muriendo, parece que la mayoría no tiene siquiera la disciplina para verlos y buscar el cómo se comportan— Se encogió de hombros él—. Tu… ¿Cómo llegaste allí? al contenedor ¿Cuál es tu historia?

La chica le miró fijamente, luego retiró la mirada. 

—¿Estás buscando evitar el tema, verdad? ya te pregunté un par de veces y no respondiste. 

—No soy una chica inteligente, tampoco muy buena con armas. ¿Qué esperas que diga? 

Alejandro guardó silencio un instante— Yo no era un experto en armas unos meses atrás. Y tengo mucho sin conversar como es debido con alguien. No significa que no sepa hablar o decir un par de palabras. Pero más allá de un saludo, o una advertencia, no sé qué decir o preguntar sin ser brusco. Y si, tienes razón, últimamente la mitad de las conversaciones son conmigo mismo y el único tema son los muertos.

—Tampoco lo pasaste fácil— expresó la chica encogiéndose de hombros. 

—Es el fin de mundo, quienes la tuvieron fácil murieron el primer día— respondió él.

—Si, supongo tienes razón— expresó ella bajando la cabeza— Puedo contarte sobre eso, el día de la infección. 

—¿Cómo fue?

—Horrible, y sorpresivo. Nadie comprendía nada y poco prestamos atención a las cosas a nuestro alrededor. Hubo pistas, pero ¿Quien lo tomó como eso? Siquiera mi padre lo hizo. 



DIA 0 DE LA INFECCIÓN 

ALICIA

 

—¿Llevas el desayuno?— preguntó Magdalena mientras se movía por la cocina. 

—Ya lo guardé en el bolso— respondió Alicia en la puerta del apartamento esperando a su hermano menor, Carlos Mateo. Llevaba cerca de media hora de pie, aún así, el sueño ganaba la batalla. Probablemente dormiría un rato en el auto. 

—Deberían comer en casa, no me gusta eso de comer en el camino o en la escuela—  Su madre, Magdalena, era una persona de costumbres arraigadas, la idea de dejarles ir sin comer era espantosa en su cabeza. 

—Lo siento amor, tengo que llevar a Alicia temprano para poder ir al colegio de Carlos por la pelea de ayer— Finalizó la oración el hombre dirigiendo una mirada severa al chico de diez. 

—Él se lo buscó, siempre se mete conmigo, y me lanzó la leche en la cara el otro día— respondió Carlos Mateo cruzándose de brazos y frunciendo el ceño. El tema fue el punto de discusión el día anterior, nadie deseaba reabrir el debate. Su esposa no parecía hallarse convencida de la excusa del niño. Mateo parecía haber heredado el ímpetu de su padre por defender sus pensamientos.

—Luego tengo la junta que te mencioné, el equipo está algo ansioso con las muestras que nos enviaron— Comentó Carlos José, el padre de la familia alejando los pensamientos en una mejor dirección.

—¿Vendrás a almorzar? Quiero salir y comprar algunas verduras y hacer un estofado.

—Trataré— respondió el hombre dando un beso en la mejilla de la mujer. 

—¿Ya nos vamos? tengo sueño— comentó Alicia desde la puerta. 

—Ya mejor salgo— El hombre se despidió dando un segundo beso a su mujer—. ¿Tienen todo con ustedes?— preguntó a los chicos. 

—Todo, estoy lista desde hace diez minutos. 

—Está así de intensa porque hoy es ronda de chismes y probablemente salga con Cristian después del mediodía. 

—¡No es cierto!— Gritó Alicia abriendo los ojos en dirección al chico, quien se limitó a encogerse de hombros y susurrar algo como “por decir sobre mis notas en ciencia”

—¿Vas a salir con ese chico Alicia?— preguntó su madre alzando las cejas.

    —Tal vez quedamos para comer helados en la heladería  del centro— expresó ella intentando mostrar la cara más inocente que podía. 

    —Te llamaré al mediodía, y quiero fotos de ti en la heladería. Luego de tí en la escuela de nuevo— planteó su madre sin apartarse de la cocina. 

—Yo sé, no planeo escaparme— Giró la cabeza para asesinar a su hermano menor con la mirada. 

—Bien, apresuremos o llegaremos tarde— insistió su padre saliendo de la casa con un saco en el hombro y un maletín de cuero en el brazo.

Alicia bajó por el ascensor en silencio, Carolina, la vecina descendía junto a ellos mientras miraba algo de noticias en el celular. La señal se vio interrumpida de pronto y el video se detuvo. 

    Su padre parecía interesado, pero luego todos descendieron y se movieron con premura hasta el vehículo. 

—La profesora Miriam insistió en que debemos llevar una lámina de papel bond para mañana, aparentemente quiere que el dibujito que hicimos el otro día, lo hagamos en grande, como si no fuera difícil. La vez anterior me tardé toda la tarde en poder hacerlo. 

—Tengo sueño Mateo— comentó Alicia lanzando su bolso a la parte trasera del auto para acostarse sobre los asientos— No me interesa tu lámina de papel bond. 

—Yo también tengo sueño— se quejó el chico. 

—Apresurense, necesitamos salir. Debo llegar a una reunión, Michael ya dijo haber comenzado los análisis de las muestras. 

—¿El proyecto que comentabas hace dos días?— indagó Mateo mientras ocupaba el asiento de compañero delantero. 

—Lo llaman agente, así que ni siquiera comprendemos bien todavía si se trata de un virus o una bacteria. Pero es interesante, lo han probado en diferentes ratas y tiene capacidades regenerativas, aunque el efecto secundario de pequeños ataques espasmódicos y de ira son preocupantes. pero ya te puedes imaginar, si comprendemos el qué produce ese aumento en la noradrenalina y rastros de algo semejante a glutamato, pues sería algo genial. La realidad es que nadie confía en un pequeño laboratorio como el nuestro, pero igual enviaron una muestra. 

—El premio por lograr separar el componente ese…

—Veinte millones de dólares para el laboratorio que lo logre. No es mucho cuando piensas en grandes laboratorios genéticos, pero para el nuestro. Con esa cantidad de dinero podríamos trabajar como diez años sin preocuparnos. Abrir quizás una nueva ala, o desarrollar algo propio. 

—¿Podrían hacer algo de silencio?— el auto apenas encendió y Alicia se movía en el asiento trasero tratando de conseguir una posición cómoda— De verdad estoy muerta de sueño, anoche tuve que repasar las ecuaciones de segundo grado y siento que la cabeza me va a estallar. 

—Pero yo quería poner la radio, algo de música— Mateo se quejó. 

—No son tan complicadas. Y tú, relájate con la música, son apenas las cinco y cincuenta de la mañana. 

—Solo…— Alicia respondió tomando aire— quiero dormir un poco más, me pueden despertar cuando…— Sus ojos se cerraron. Despertó sintiendo que el auto se sacudía de forma violenta— ¿Qué pasa? 

—Un accidente. Alguien parece que se atravesó a un carro— Comentó su padre alzando la cabeza por la ventana . 

—¿Lo vieron?

—No, solo le preguntamos al oficial que pasó por aquí hace un momento, parece que esta mañana hay un montón de accidentes— respondió su hermano. 

—Papá, me podría quedar aquí, estoy bastante cerca del edificio de la secundaria— expresó Alicia señalando la calle contigua, donde un guardia daba paso a los chicos al instituto. 

—Está bien. Aprovecha el tránsito— comentó el hombre cuando la chica se levantó del asiento trasero y abandonó el auto con el bolso en su hombro despidiéndose.

Tomó su celular, conectó los audífonos y se movió por la acera tarareando una canción pegajosa del momento. Alguien peleaba en una calle aledaña, lucía como una discusión familiar, pues se trataba de una mujer en bata de dormir golpeando a un sujeto con un sartén. Alicia se limitó a alzar la ceja antes de entrar al instituto. 

El lugar se hallaba bastante vació debido a la hora, solo las seis y treinta de la mañana. La mayoría llegaría en la próxima media hora. Su salón se hallaba en el quinto piso del edificio norte— Hola Josh— saludó sin escuchar la respuesta debido a los auriculares y el volumen de la música— Hola Alex— Saludó a su mejor amiga al llegar al salón de clases y lanzar su bolso— ¿Estudiaste matemáticas? 

—Me siento muy mal— La aludida alzó la cabeza de la mesa, su normal cabello tupido se hallaba bastante desordenado esa mañana. Sus ojos rojos y el sudor recorría su frente. 

—Estás lejos de tus días ¿Comiste algo mal? 

—No, tengo un dolor de cabeza terrible, y los músculos me duelen. 

—¿Te metiste algo raro? te dije que no debías— Alicia se acercó preocupada para tocar a su amiga— Tienes fiebre. 

—Desperté bien, pero entonces vi la pelea. 

—¿Una pelea? vayamos a la enfermería, no tengo pastillas en el bolso. 

—Si, una pelea— Alexandra se levantó, sus piernas fallaban, aún así se sujetó del brazo de su amiga para avanzar. 

—Te pudiste quedar en casa si tenías tanta fiebre. 

—No tenía fiebre en mi casa, fue después de la pelea— respondió Alexandra. 

—Una locura, no deberías estar aquí. Tienes suerte, te vas a salvar del examen, está horrible. Traté de aprenderme las fórmulas de producto notable y un ejercicio… ¿Qué te sucede?— preguntó Alicia.

—Duele, en el pecho, y los brazos. Arde. 

—¿Arde?

—La herida— Alexandra se soltó de su agarre y dejó caer de rodillas en el suelo del lugar. 

—¿Sucede algo?— Camila, una chica tranquila de lentes se acercaba por las escaleras— Parece que el ascensor no está funcionando bien. 

—No sé, alguien parece que hirió a Alexandra, dice que estuvo en una pelea, pero tiene mucha fiebre— respondió Alicia. 

—Las heridas se pueden infectar y producir fiebre— comentó Camila girando los ojos. Le fastidiaba tener que explicarse siempre— Solo es cuestión de limpiar la herida y quizás tomar algo de antibiótico. 

—¿Y ya? 

—Si, ¿Qué más creía que debía hacerse en ese tipo de casos?. 

—Disculpa, no tenía idea ¿Vez Alex? es solo cuestión de limpiar la herida y algo de antibióticos. Seguro que en la enfermería tienen algo. 

—¿Segura que es solo eso?— Camila notó que Alexandra ahora hiperventilaba, lanzando bufidos mientras sus manos se movían de forma extraña—. No me parece que esté muy bien tu amiga. 

—Alex ¡Levántate! El año pasado me hiciste sufrir cuando te rompiste el dedo del pie. No quiero tener que cargarte de nuevo— Pese a las palabras de Alicia la chica no respondió. Por su parte se dejó caer al suelo y comenzó a temblar con fuerza. 

—¿Y ahora? 

—¡Tiene un ataque!— Camila abrió los ojos. Detrás Alonso, un chico bastante guapo avanzaba con expresión de derrota las escaleras.

—¿Un ataque? 

—¡Epilepsia!— exclamó Camila agachándose para tratar de sujetar  a la chica que ahora se agitaba con fuerza. 

—¿Un ataque de epilepsia? ¿Se volvieron todos locos hoy?— preguntó Alonso dando un par de saltos para acercarse. 

Alicia por su parte dio un paso hacia atrás. Alexandra giró en el suelo para estar boca arriba en un esfuerzo bastante brusco. Algo no lucía bien, probablemente era la forma en la que sus venas se marcaban, el cómo apretaba los dientes, o la manera en que ahora sus dedos trataban de rasgar su propia carne en la zona del cuello y pecho, rompiendo su blusa. 

—¡No, Dios!— Alicia llevó sus manos al rostro observando todo con terror. Alexandra dejó de moverse, tan pronto como inició en su ataque, este cesó. 

—¡Hay que llamar una ambulancia, o algo!— declaró Alonso. 

—¡Auxilio!— gritó Camila. Sin embargo, sus ganas de ayudar se vieron interrumpidas. Alexandra giró la cabeza solo para toser gran cantidad de sangre. Camila entonces se separó tocando su rostro, en parte con asco, pero en otra desesperada— ¡Esto arde!— Comenzó a caminar con las manos en la cara, donde se podía ver pequeñas gotas rojas. 

—¿Está bien?— preguntó Alonso aún sin comprender la situación. 

El ascensor del pasillo timbró anunciando que la pareja de Mario y Sasha llegaban. Alicia entonces corrió al ascensor, solo para observar como de pronto Alexandra abriá los ojos, estos se hallaban totalmente negros, y sin avisar mordió la pierna de Alonso a su lado. 

—¿Qué es esto? ¿Por qué quema tanto?— Camila ahora se movía alzando la cabeza al techo, aparentemente desesperada. 

—¿Qué sucede?— preguntó Mario, pero Alicia no respondió. La situación se descontrolaba rápidamente y todo su cuerpo le gritaba una sola orden: ¡Corre!. Presionó a toda velocidad el botón para bajar y cerró la puerta del ascensor ante la mirada contrariada de los dos recién llegados. Por la última rendija abierta notó que Alexandra ahora saltaba de forma inhumana y caía en la espalda de una desprevenida Sasha. 

Respiró profundo mientras descendía en el ascensor. Acababa de dejar atrás a Alexandra, o aún peor, vio cómo sufrió un ataque epileptico y luego comenzó a atacar a quienes tenía alrededor. 

El ascensor se detuvo en la zona inferior. El amplio pasillo frente a ella se veía totalmente tranquilo, al igual que el pequeño patio a un costado. ¿Qué era eso que acababa de presenciar? Permaneció en el ascensor sin atreverse a salir del lugar, algo no estaba bien. Lo podía sentir sin necesidad de ver a su amiga saltando al cuello de alguien. 

Un grito le sacó de sus pensamientos confusos, era casi un aullido humano, si es que eso existía. Su cuerpo tembló, aún más cuando sintió un par de réplicas desde distintos lugares del instituto. ¿Qué rayos era eso? sonaba espantoso, terrorífico. 

Hubo una serie de ruidos, ventanas rotas y golpes de pies moviéndose con fuerza por los pisos superiores. De la nada alguien se lanzó por una ventana al pequeño patio interior. Alicia ahogó un grito y cerró con prisa las puertas del ascensor, detuvo el mecanismo presionando el botón de emergencia mientras sufría un ataque de pánico. Luego de respirar profundo presionó otro botón dirigiéndose al segundo piso. Increíblemente la escena allí era bastante tranquila, dos chicas conversaban cerca de las escaleras y otro más jugaba en una consola portátil en la entrada de un salón. 

Todos quedaron contrariados cuando ella se movió apresurada por entre las aulas y se dirigió al balcón. Otro patio se observaba desde allí, y más allá estaba el muro de la zona trasera y edificios residenciales. Hubo un grito desde algún lugar, y un auto corría a gran velocidad por la calle. Una familia también salía con mucho apresuro metiendo a los niños al vehículo desde uno de los edificios. 

Las cosas parecían preocupantes, pero ahora que estaba allí, no debía ser tan alarmante ¿cierto?. Había escuchado cosas así en la iglesia. Que las personas a veces veían cosas falsas para ser probadas de formas horribles— Fue solo una ilusión Alicia. No hay gritos, no hay gente atacando a otras ¿Por qué lo harían? Solo debes calmarte, quizás tienes fiebre y estás delirando, si, eso debe ser— Sacó el celular y revisó los mensajes de texto, tenía cinco sin leer. La mayoría no eran relevantes, como su madre diciendo saldría al mercado, o su padre comentando que debía cuidarse. 

Marcó el número de su padre y se recostó contra la baranda del balcón. El celular repicó, y repicó— No atiende, raro. Probablemente esta ya en el colegio de Mateo— Eran apenas las siete de la mañana. ¿Cuánto tiempo estuvo en el ascensor? Aún más, ¿por qué no llegaban más estudiantes? Para ese momento la mayoría de los pasillos estaban repletos y algunos se hallaban en la zona trasera tratando de jugar algo de básquetbol o fútbol antes de iniciar las clases. 

Se movió entonces por el amplio balcón hasta la entrada al pasillo, cuando sintió un fuerte jadeo. Alguien resoplaba, y otra persona parecía llorar desde la distancia. Entonces giró la cabeza y escuchó otro grito desde uno de los edificios en la zona residencial y todo su rostro se tensó. Volteó al pasillo al frente para ver como cuatro sujetos, incluido un guardia atacaba a un par de chicos que se defendían golpeandoles. Sin embargo, estaban repletos de sangre y lucían serías heridas en los brazos. 

Una chica de cabello trenzado y ojos totalmente negros se lanzó contra ella en carrera. Alicia respondió retrocediendo hasta la baranda, se retiró en el momento justo para dejar que su atacante saltara y cayera al duro suelo del piso de abajo. Habría notado que la chica cayó partiendo su cuello de forma brusca, pero ahora dos sujetos se movían en su dirección, y corrían muy rápido. 

Alicia miró a los lados, y sin pensarlo se movió a la sección este, desde la cual podía saltar al muro del conjunto residencial vecino. No supo cómo lo hizo, apoyó el pie sobre el metal del balcón y saltó al siguiente muro sin pensarlo. 

Detrás de ella dos figuras repitieron la hazaña, pero su coordinación y suerte no fue tan buena, uno de ellos sujetó al otro y ambos se estrellaron contra el muro y cayeron en la sección del instituto. Alicia por su parte golpeó su abdomen y aterrizó en el otro extremo dando un fuerte golpe contra su trasero. 

—Lo golpee, lo hice, lo golpee, yo…

Allí se desarrollaba una escena un tanto desgarradora. Una mujer se hallaba de pie con un ladrillo en la mano. Su rostro soltaba enormes lágrimas mientras sus brazos y rostros mostraban claras señas de rasguños y cortadas. A sus pies, una niña de apenas seis años se hallaba mordiendo el brazo de un pequeño cuerpo. La sangre brotaba con fuerza. Fue difícil discernirlo en un inicio. 

—¡La golpeé, la separé, hice todo, sabes! ¿Por qué? ¿Por qué hace esto?

—Yo…— No hubo palabras que salieran de su boca ¿Acaso estos ataques no sucedían solo en su instituto? Había escuchado gritos, pero, verlo frente a ella era muy distinto. La niña despedazaba el cuerpo de un bebé que no llegaba siquiera a los cuatro meses de edad. 

Una arcada subió desde su estómago hasta la garganta, y el vómito fue expulsado a su lado por entre sus dedos. 

La niña pequeña entonces pareció dejar de disfrutar de su manjar y se lanzó contra su madre en un ataque feroz. Saltó como un anfibio llegando a su pecho en un segundo para rasgar su rostro. 

—¡No!— La mujer gritó y apartó, pero la pequeña era un demonio indomable que se retorcía en toda dirección en ese instante. Alicia retrocedió arrastrándose por el suelo hasta la verja de la entrada, pero esta se hallaba cerrada. Algún guardia debió clausurar la salida principal con llave y el muro era de al menos dos metros y medio, difícil para ella de escalar. 

Miró a su alrededor sin comprender bien qué debía hacer, cuando observó a una chica de quizás catorce que le hacía señas desde la recepción de uno de los pequeños edificios. Se acercó en carrera temiendo encontrarse con alguien más, y luego de cerrar la puerta de cristal se refugió a un lado de la desconocida detrás del escritorio de la recepción. 

    —¿Los viste?

    —¿Los ví? ¿A quién te refieres?— preguntó Alicia revisando su cuerpo. Le preocupaba haberse llenado de sangre o tener alguna herida, había presenciado varias muertes en solo cuestión de minutos. 

—A los muertos, obviamente. 

—¿Están muertos?— repitió. 

—Daah, obviamente están muertos. No he visto a un viejo perder tanta sangre por el cuello y luego saltar sobre otro. 

—Bien. Entonces son muertos— aclaró Alicia mirando alrededor— ¿Estamos seguras aquí?— inquirió pensando en no desear una visita 

—La puerta de la entrada es de vidrio templado, tengo entendido resistente. Trabé la puerta de atrás con una camisa— señaló la chica— Mi padre me perseguía, si ya de por sí era un imbécil con vida, no quise averiguar qué quería de muerto. Me llamo Lisa por cierto ¿Tú?

—Alicia, estudio en el instituto de aquí al lado. 

—¡Ah! eres del instituto de las locas— Lisa se percató de expresar eso en voz alta y abrió los ojos— Lo siento, mi mamá solía llamarlo así, decía que siempre veía chicas putas por el lugar. 

—Descuida, algunas lo son, o eran. No sé si ya están muertas— suspiró Alicia observando el exterior por la puerta de vidrio templado. 

—Mi mamá salió al trabajo, probablemente ya…

—No pienses en eso— respondió Alicia, al girar la cabeza notó que Lisa sintonizaba un canal de noticias en el celular— ¿Qué haces? 

—Escucho, aparentemente esto está pasando en todo el mundo. Alemania, Estados Unidos, Japón y otros ya se han pronunciado, cerraron fronteras y vuelos aéreos. 

—¿En todo el mundo? es bastante rápido. Tantas personas muertas. 

—A nosotros nos están recomendando movernos a ciertos puntos donde habrá apoyo militar— comentó Lisa. 

—¿Dónde está el más cercano? 

—La dirección es el de la base naval. Eso está algo lejos, si caminamos, ¿como a dos horas?

—En este momento cualquier lugar que no esté más allá de esa puerta es demasiado lejos— sentenció Alicia— Pero si hay apoyo militar es posible que vengan a buscarnos. ¿No esperarían que nos movamos hasta allá por nosotros mismos, no?

—No sé. 

—Quizás piensan que si, mi madre siempre dijo que los militares eran escoria de la sociedad. 

—¡Oye, mi tío es militar!— respondió Lisa— Aunque probablemente tengas algo de razón, mi tío no era el mejor sujeto del mundo. Si por él fuese, de seguro tendríamos que caminar hasta allá. 

Ambas hicieron silencio absoluto cuando un par de figuras pasaron corriendo por el frente de la puerta. Se agacharon y quedaron en el mayor silencio posible dentro de su escondite. Alicia nunca había notado que el sonido de su respiración fuese tan alto. Permanecieron así durante casi media hora, mientras los gritos se lograban escuchar desde el exterior. Lisa finalmente se atrevió a encender nuevamente las noticias. Una presentadora comentaba que el gobierno estaba desplegando mecanismos de contención y llamaba a los ciudadanos a los puntos estratégicos para evitar la infección. La OMS por su parte hacía un llamado a los ciudadanos a permanecer en sus hogares y evitar cualquier contacto humano. 

—¿Crees que sea algo que se transmita por la saliva?— preguntó Lisa. 

—¿Qué? 

—Por la saliva, digo, son como los zombies de las películas. Están mordiendo a las personas, entonces, se transmite por la saliva ¿no?

—Parece factible. 

—¿Sabes manejar? 

—No, tuve dos clases con mi papá… ¡Mi papá y Carlos!— Alicia abrió los ojos y comenzó a textear por su celular para preguntar cómo estaban. 

—¿Tú familia? 

—Mi papá y mi hermano menor me dejaron en el instituto e iban al de él para una reunión. 

—¿Crees que esten bien?

—Ya estoy preguntando.

—¡Auxilio!— Una voz se dejó escuchar en la puerta interna de las escaleras, seguida de inmediato por varios golpes.

—¿Abrimos?

—¿Estás loca?— preguntó Lisa. 

—Pero es una persona viva. 

—¿Y si se convierte?

—Podemos ver primero. 

—Oye, tardé cerca de diez minutos cerrando esa puerta y jodiendo el ascensor. 

—¿Cómo lo hiciste? 

—Le tiré agua al panel de control, echó chispas y allí quedó. 

—¿Por qué me salvaste a mí?— preguntó Alicia mirando a la puerta de las escaleras cuando el hombre del otro lado gritaba con mayor fuerza. 

—No sé, solo te vi y te llamé. No lo pensé. 

—Bueno, yo creo que podríamos abrirle, lleva allí casi un dos minutos y…— Un grito sordo del otro lado de la puerta quitó las palabras de su boca. Una serie de golpes se sintieron contra la puerta. Ambas pensaron por un instante que el acceso caería debido a los fuertes golpes. 

—¡Malditos hijos de puta! ¡Espero que mueran y que…!— Una bestia profirió un grito y este fue coreado por otros tres. Ambas se habrían lamentado de tal suceso, pero en ese instante se escuchó un grito aún mayor desde la zona externa y un cuerpo humano cayó de pronto contra el pavimento del frente. Partes del cuerpo y un amasijo de carne explotó en pedazos llenando el vidrio templado, el cual de pronto se agrietó por completo cuando un martillo rebotó contra este. 

Hubo un silencio indescriptible entre Lisa y Alicia, al segundo siguiente dos muertos se lanzaron detrás del cuerpo del primer sujeto y estrellaron igualmente contra el pavimento y la puerta de cristal cayó hecha añicos. 

—Hay que salir— comentó Lisa. 

—¿Segura?— preguntó la otra, pero Lisa ya se había levantado y se movía en carrera en dirección a la entrada. Alicia se levantó tropezando y corrió, evitó mirar el trío de cuerpos desmembrados en el suelo. Sintió que sus zapatos patinaron entre los restos frescos de sangre e intestinos. Lisa por su parte escalaba un pequeño puesto de guardia en la entrada cercano al enrejado, le siguió cuando los gritos llegaron hasta ellas. 

Dos muertos se acercaban desde la entrada del edificio en el cual ellas se habían resguardado previamente. Afortunadamente para ambas los muertos no eran tan cuidadosos y resbalaron con los cuerpos en el suelo, dando tiempo para que ambas subieran sobre aquel puesto de control y saltaron la pared para salir a la calle exterior. 

Afuera el pandemonium estaba formándose con premura. Un hombre gritaba mientras golpeaba con un madero a un joven cubierto de sangre que gritaba. Un zombie se hallaba sobre un auto dando cabezazos mientras alguien gritaba pidiendo auxilio desde el interior. Una chica corría en calzones mientras llevaba consigo un monitor de computadora, ninguna buscó explicación a tal hecho. En cambio corrieron por la calle hasta la avenida y continuaron avanzando. 

—¿A dónde crees que debemos ir? Yo me planteo ir al punto de control— expresó Lisa bajando el ritmo tratando de recuperar el aliento.

—¿Estás segura?— Por alguna razón luego de cinco cuadras, la situación parecía mucho más calmada. Punto bastante notorio teniendo en cuenta que una panadería se hallaba abierta, al igual que una ferretería. Pocos autos circulaban en ese instante. 

—No puede ser tan malo ¿no? además, ¿dónde más iría? Mi mamá salió a trabajar, y mi papá se convirtió en un muerto. Digo, si mi madre sobrevive de seguro se acerca al punto de control a buscarme. 

—O al departamento— respondió Alicia caminando mientras echaban un ojo a la calle perpendicular a la cual estaban.

—No pienso volver allí, había mucha sangre. ¿y no viste esas cosas persiguiéndonos o gritando? 

—Los vi, mi mejor amiga también se convirtió— comentó Alicia cruzando la calle en carrerilla junto a la otra. 

—¿Tú qué harás? 

—Iré a mi casa, mi familia seguro regresa pronto. Me reuniré con ellos y luego seguro mi papá propondrá algún plan. 

—¿Te parece buena idea? 

—Pues, aquí está bastante tranquilo. De seguro están exagerando un poco en las noticias, no sería la primera vez— Alicia se encogió de hombros. Llegaban a un pequeño puente con paso peatonal, desde allí sus caminos se dividían. Alicia tomaría la despejada autopista, mientras que Lisa se movería en línea recta adentrándose al centro de la ciudad, desde el cual se accedía a la base naval. De otra forma la vía era una en extremo extensa, con cerca de 8 horas de caminata por la autopista a la derecha y adentrándose en una zona montañosa para dar con el otro extremo de la bahía. 

—Podríamos intercambiar números. Si algo sucede me podrías decir, aunque no veo cómo podría ayudarte. 

—Anota— Alicia repitió su número y agregó el de la chica. Ambas notaron como una caravana de ambulancias y efectivos policiales se movían por la autopista debajo del puente con rumbo probable a la estación militar naval—. Si necesitas algo también puedes escribirme ¿realmente crees sea buena idea ir con los militares? 

—No lo sé. Suerte. 

—Suerte a ti también, que dios esté contigo— Alicia se despidió bajando el puente.

Alicia se encontró pronto caminando en silencio por la autopista central, los vehículos pasaban a gran velocidad a su lado. Nadie se atrevió a detenerse o preguntar sobre su situación. La lluvia cayó entonces sobre su cuerpo cubriendo las lágrimas silenciosas que bajaban por su rostro. Los gritos llegaban desde lejos. La autopista se hallaba en medio de una franja verde debido a que la vía del tren pasaba paralela a esta y nadie construyó en su extensión. 

Llegó al conjunto residencial donde ella vivía sin notar el tiempo. Su vista y atención estaba en los gritos y las humaredas negras que ahora se elevaban por la ciudad desde distintas direcciones. En la entrada del edificio pudo notar rastros de alguna pelea, y un cuerpo tendido cerca de un par de autos aparcados. Sin embargo Alicia subió en carrera hasta su hogar. 

La puerta de la casa estaba cerrada, la abrió con la llave de emergencia que mantenía siempre en un bolsillo y se sentó en el sofá de la sala a esperar mientras las lágrimas caían por su rostro. 

Aquel edificio era algo costoso entre la zona, por lo cual muchos de sus ocupantes eran familias trabajadoras que se dispersaron en horas de la mañana. 

Pronto la chica empezó a temblar de frío y se dirigió a la ventana para cerrarla. Allí notó como la zona urbanística cercana era destrozada por llamas y gritos ensordecedores. Una enorme explosión se observaba ahora desde algún lugar en dirección del centro de la ciudad. 

—¡Alicia!— Se escuchó la voz desde la entrada del apartamento. Alicia gritó y casi cae por la ventana del susto. Su padre se hallaba de pie en el portico, su camisa del trabajo estaba manchada de rojo intenso. Su cabello pegado al cuero cabelludo mojado por la lluvia. Y el bolso de su hermano menor se encontraba en la mano del sujeto— ¡Estás aquí!

—¡Papá!— El hombre cerró la puerta para luego lanzarse sobre su hija y abrazarla. Alicia se sintió feliz por un instante, hasta sentir que su padre lloraba contra su hombro de forma desconsolada. 

—Fallé— expresó en apenas un susurro— Lo intenté, lo sostuve y jalé con todas mis fuerzas. Eran solo niños, pero no entiendo cómo. Luego caí. No pude…—. Se rompió y soltó un grito lleno de lástima y el llanto se hizo más intenso. Alicia por su parte sintió como las lágrimas también rodaban por sus mejillas, y comprendió apenas lo que pudo haber sucedido. Percatandose que no volvería a ver a su hermano menor. 

Su madre tampoco regresó esa tarde, ni nunca más. 

 

DIA 72 DE LA INFECCIÓN (PRESENTE)

 

—Tuviste suerte, tuvieron suerte. La mayoría de las personas murieron ese día, el primero. 

—No supe nada más de Lisa.

—Lo siento, pero probablemente no tuvo buenas experiencias en el centro de la ciudad.

—¿Por qué? 

—Nuestra ciudad tenía cerca de un millón de personas. La principal fuente de trabajo se hallaba en el puerto, las grandes compañías trabajaban allí, las navieras, las transportadoras. Esas personas cambiaban turnos a las seis de la mañana, y la otra mitad permanecía durante la noche. Cuando todo pasó, el centro fue un caos, fue donde las personas se infectaron más rápido. Para las seis de la mañana ya era una locura con cientos o miles de infectados. Muchas urbanizaciones estaban diezmadas y bastante vacías gracias a esto.

—¿Tú estabas en el centro? 

—No, pero cerca. En el centro se formaron las hordas de muertos, y la mayoría se mantiene en ese lugar. Es la zona negra, donde nadie se atreve a entrar. 

—Si he visto las hordas, no son agradables.

—Es horrible cuando se forman o siguen a alguien, entiendes que los mutilados no son tan débiles. ¿Qué pasó con tu amiga? ¿Llegaron a hablar después?

—Nunca respondió ningún mensaje, supongo que murió muy rápido. 

—Lo siento, por tu expresión entiendo que fue alguien a quien le tomaste apego.

—Me simpatizó, me salvó, la verdad me da lástima. Tantas vidas perdidas, tantas muertes. No sé cómo Dios permitió todo esto. 

—¿Quién te encerró allí en el contenedor?— El chico cambió el rumbo de la conversación.

—Un grupo con quien me topé hace algunos días. 

—¿Qué grupo? ¿Puedes describirlos? ¿dónde estaban? 

—¿Hay varios grupos?— preguntó ella abriendo los ojos. 

—Si, conozco al menos tres grupos grandes actualmente. Puede que existan más sobrevivientes, pero, no me he topado con ellos, ni sabría dónde operan. Supe del grupo que vivía en los apartamentos de la Fontana, supongo que ese era tu grupo. No eran un grupo grande, ni peligroso. 

—Si, ese era. ¿Sabías de nuestro grupo? ¿Fuiste hasta allá? 

—Sabía, tenían su territorio. Si querías sobrevivir debías saber los territorios de cada grupo. pero no, nunca fui hasta allá, no vi la necesidad. Además ustedes estaban en una zona urbana, había un par de bodegas pequeñas pero nada de mayor interés. 

—Podrías unirte a un grupo.

—No me interesa unirme a ninguno. 

—¿Por qué? Digo, podrías ayudar, pareces ordenado y bastante listo— Alzó las cejas la chica aun en la mesa. Alejandro por su parte se notaba incómodo con la conversación desde un par de segundos antes.

—No soy un héroe Alicia, de hecho, solo soy yo, Alejandro. Solo un chico más en el fin del mundo. ¿Qué podría hacer por un grupo? ¿Llegar una tarde con comida para todos? ¿Pelear con otro grupo para aumentar el territorio que manejan? ¿Despejar una zona de muertos? 

—¿Se puede despejar una zona de muertos? 

—No, ¿Acaso no…? Olvidalo. No se puede. Cuando comienzas a eliminar a los muertos de una zona, y los apilas juntos, llegan muchos otros. Creo que es por el olor. Tendrías que quemarlos para poder limpiar un poco de una zona, pero el fuego también es otro lio. 

—¿Lo intentaste? 

—No, pero si vi a otros hacerlo. ¿Cómo era el grupo donde estabas? ¿Quién daba las órdenes? 

Alicia pareció dudar y permaneció en silencio un instante— Había una mujer gorda que usaba un sombrero como de vaqueros. Llegaba en un jeep, daba algunas órdenes y luego se iba…

—Esa es Verónica, vieja arpía. 

—¿La conoces?— preguntó Alicia. 

—Me gustaría decir que no, pero si. La he visto varias veces. Es una psicópata que de alguna manera tomó el poder bastante rápido. 

—¿Cómo?

—Aparentemente vendía droga desde antes de la pandemia, cuando todo inició. Pues los chicos armados en su grupo sirvieron de algo. Con lo que me dices tendré que investigar ese lugar nuevamente, ese centro comercial y sus alrededores están bastante lejos de su territorio— Alejandro se levantó de la mesa y dirigió a una salida a un costado de la casa. Esta sección estaba resguardada por una puerta enorme de acero que daba acceso a un pequeño patio en su mayoría techado y con rejas. Al final se observaba una escalera para subir al techo. 

—¿Qué haces? No me contaste nada sobre tu primer día cuando aparecieron los zombies, o sobre los grupos, o qué puedo hacer en esta casa. 

El chico se detuvo a un par de escalones y giró para ver a la chica. Se sentía un poco tonto ¿Qué debía decirle? “¿no toques nada, no te muevas mucho, no hagas ruido y hazte la muerta el resto del día?”.

—¿Qué pasó contigo? ¿Puedo leer al menos? ¿Tienes una biblia por aquí? 

—Hay una pequeña biblioteca en el pasillo principal, en el estante, también en el mueble donde está el televisor. Y no, no creo que tengan una biblia por aquí. 

—¿Y sobre los grupos? ¿No quieres conversar?— inquirió ella. 

—Yo…— la miró a los ojos, quizás había pasado tanto tiempo en silencio como él. Suspiró y continuó— El grupo de Verónica era bastante grande, pero se ha visto reducido. Ahora deben ser unas veinte o veinticinco personas armadas. Se aprovechan de cualquier individuo. Por lo general su modus operandi es esperar a que alguien se acerque con alguna necesidad y exigen trabajo y bienes a cambio. Han destruido otros dos grupos, consumieron sus alimentos, los saquearon y dejaron que los muertos hicieran el trabajo de limpieza. 

—¿Dos grupos?

—No son un grupo de fiar, aunque en retrospectiva, quizás ningún grupo lo sea en la actualidad. Además del grupo de Verónica, hay otros dos grupos que son bastante activos. Hay un pequeño grupo militar, quizás unas cinco a diez personas armadas. No suelen ser abiertamente hostiles, pero están muy bien entrenados. Su líder es Armando. 

—Armando— repitió ella aprendiendo el nombre. 

—El último grupo ha sido nómada al igual que el de Verónica, pero es el más grande, son al menos unas cuarenta personas armadas. Se mueven bastante rápido. De ellos conozco a uno de sus integrantes, Yoshua. Y si tuviese que adivinar quién sobrevivirá a toda esta catástrofe de muertos, diría que Yoshua lleva la delantera. 

    —¿Ese tal Yoshua? ¿Por qué crees que puede sobrevivir a todo esto?

    —No tiene compasión, mata a todo lo que se atraviese en su camino. Es bastante metódico, parece que alguna vez tuvo alguna especie de entrenamiento militar. Sabe disparar armas y manejar una katana como si hubiese nacido con ellas bajo el brazo. 

—Pero tu pareces entrenado— alegó ella. 

—¿Yo? me gustaría creerlo. No, apenas sé usar un par de armas, pero estoy lejos de ser un experto. Alguien me enseñó a usar las que tengo en casa y como cuidarlas. 

—Sí, vi varias armas. Útiles contra los muertos. 

—No solo contra los muertos, la realidad es que con la situación actual debemos cuidarnos tanto o más de los vivos— comentó él. 

—¿No sería de beneficio unirse a un grupo? como el de ese chico Yoshua. 

Alejandro no pareció tomar de agrado su comentario, su rostro cambió de súbito a uno lleno de ira. Las manos se aferraron a la escalera con fuerza. Aún así sus palabras no fueron agresivas— Si te unes a un grupo, cualquiera que este fuese. tendrías que seguir las órdenes de un líder, no importa si estás de acuerdo o no. No importa si la persona a cargo está en un error, tendrás que seguir las órdenes o de otro modo no te mantendrán en el equipo. Incluso puede que te maten. 

—Pero entre tu y yo, tú serías el líder ¿no?

—No te pediré nada, no tengo intención de formar un grupo. Te salvé, pero si te quieres ir, eres libre. 

—¿Dónde iría?— interrogó Alicia. 

—No sé. 

—Eso significa que no soy bienvenida aquí…

—No dije que no puedas quedarte— suspiró nuevamente. La verdad no veía utilidad en la chica. No parecía saber usar armas, o labores del hogar. Aún así si iba a permanecer en la casa junto a él, tendría que colaborar—.. Pero tendrás que ayudar en la casa. te enseñaré lo importante. Ahora espérame un instante, debo arreglar la conexión de agua que está dejando una gotera. 

Alejandro descendió media hora después. Alicia se hallaba en la puerta de metal de acceso al pequeño patio con un libro en las manos— Alejandro, creo que hay un muerto en la parte de atrás de la casa, hay muchas moscas y suena algo ronco. Como un gruñido. 

—No son ideas tuyas. Hay un jadeante atrapado en la parte trasera de la casa.

—¿Tienes un muerto allí? ¿No deberíamos irnos a otra casa? 

—¡No!, está encerrado, no puede salir de dónde está, lleva días allí. mantengo al zombie allí para ver cuánto tiempo duran los muertos sin poder comer. 

—¿A ver si se muere de hambre? 

—Pues en principio los cuerpos humanos necesitan energía para moverse y estar. pero ha sido algo infructuoso. No parece morir a pesar de llevar mucho sin comer— El chico cerró con un candado la reja y salida al exterior. Luego terminó de descender y clausuró la puerta del patio. 

—¿No hay muchos zombies afuera?— interrogó Alicia. 

—Muchos, pero no hice mucho ruido. Descuida. Solo tuve que cambiar un tubo y aplicar algo de sellante. 

—Preferí tomar un libro y solo quedarme aquí, si algo sucedía, cerraba la puerta. 

—Ven, necesitas aprender varias cosas— Se movió por el lugar— Por aquí están las escaleras al sótano, es bastante grande, allí tengo algunas plantas y los generadores eléctricos. Uno de ellos se enciende constantemente para la refrigeración de la comida. Los otros dos los enciendo para cargar algunas cosas, el celular, la laptop, o cuando se me ocurre encender el televisor. Claro que no hay nada que ver allí. No lo recomiendo, pueden botar bastante humo. ¡Ah! Enciendo una de ellas cada dos o tres días aproximadamente para llenar el tanque de agua. 

—Bien, preguntaré si necesitas encender alguno— Asintió ella dando un vistazo al sótano iluminado por espejos. 

—Si en algún momento piensas salir, debes saber que hay varias trampas, al frente y a los costados. Un hueco y otras cosas, solo trata de caminar por el frente por el camino pavimentado, lo demás, no es buena idea. 

—Entiendo. 

—Tengo varias armas, no es recomendable usarlas si solo ves a un muerto, en ese caso llamame lo más rápido que puedas o escondete. No te pongas a pelear, el ruido hace que los demás estén alertas. Si ves a un grupo de muertos y te sientes rodeada, pues tengo armas de corto y largo alcance, normalmente están en la sala, por si hay que salir, también suelo dejar allí una mochila con cloro u otras cosas necesarias para salir. Te recomiendo armar tu también una mochila, por si acaso. Hay cuatro habitaciones, cocina, sótano, dos baños, el freezer, y la sección trasera que ya sabes está habitada por un muerto. Hay una lavadora en uno de los baños, es automática, no necesitas hacer nada. ¿Algo más?.

—No, pero el muerto de atrás hace un rato hizo un ruido. Da un poco de miedo. 

—A veces hace esos ruidos. Pero no puede escapar y el sonido no sale, descuida.

—¿Seguro? 

—Cien por ciento, lo he comprobado— respondió Alejandro. 

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