CAPÍTULO 2. DÍA 0

Cocinaba mientras pensaba en las diversas implicaciones de tener una chica en su casa, obviamente su rutina cambiaría. Debería compartir los suministros e informarle de todo el proceso de manutención de trampas, armas y limpieza del hogar, la recolección de insumos. También estaba el asunto de algo que el mismo había previsto hacía tiempo, la desventaja estratégica que un acompañante no entrenado, despreocupado, distraído, o desafortunado al encontrarse entre jadeantes u olfateadores. Aquel peligro era la perdida de la mayoría de los grupos, por ello siempre prefería actuar solo. Ya lo había vivido con muy malas experiencias. Raul, su compañero de caza de muertos vivientes semanas atrás lo vivió en carne propia. Alejandro se sentía un poco culpable al respecto, quizás, después de todo aquel incidente fuese su culpa, y la muerte de aquél hombre también.

—¡Alejandro! necesito un favor…

Tampoco había verificado el que pudiese estar infectada, aunque a simple vista no daba indicios de sintomatología. Por otra parte, a primera vista daba la impresión de estar deshidratada, claro que el solo hecho de pensar que había sobrevivido en el interior de un contenedor con días tan calurosos era algo increíble. De hecho, le sorprendía que no hubiese muerto en aquel lugar… Ahora tragaba algo de jugo mientras salteaba la carne, cuando la chica aparecía frente a él únicamente envuelta en su paño blanco. Se atragantó con el jugo, enrojeció por completo, y sintió un deseo muy humano que desde hacía mucho no experimentaba, la sangre de su cuerpo se calentó de improvisto, al tiempo que se daba la vuelta disculpándose — ¡Perdóname! Te buscare algo de ropa — La chica sonrió un poco, mientras él salía corriendo en dirección a uno de los cuartos — La verdad no tengo ropa femenina, pero ¿con una camisa y un pantalón bastará cierto? — Llegaba con una camisa manga larga azul marino y un pantalón negro para ella, la cual lo tomaba sonriéndole. Al marcharse pensó en otra implicación que no había estipulado, el factor humano de tener una chica en su casa.

—Hace mucho que no comía carne…

—Me imagino, es difícil mantenerla dadas las circunstancias, esa fue una de mis mayores preocupaciones cuando busqué casa. Necesitaba algo espacioso, y esta tenía un cuarto de congelamiento, lo cual pensé que era magnifico, aunque es la única parte de la casa que necesita energía eléctrica constante, así que tiene una planta eléctrica solo para ella en la parte baja de la casa, el cuarto necesita estar a menos dieciocho grados centígrados para mantener la carne por tanto tiempo.

—¿Tu antes no vivías acá?

—No, vivía a casi tres kilómetros de aquí.

—¿Buscaste casa por casa la que fuese mejor? — Preguntó ella al tiempo que probaba un pedazo y le saboreaba casi en éxtasis.

—Tampoco, verás, existen agencias de alquiler y venta de inmuebles, las mismas fabrican folletos de las casas a disposición para facilitar la información a los clientes, solo me costó echar una ojeada a los folletos y buscar la casa en cuestión.

—Suena fácil como lo dices — Repuso la chica observando la comida con ojos abiertos, se hallaba ante un banquete celestial.

El chico volvió a sonrojarse — Todo consiste en planificar las cosas antes de actuar, y algo de suerte, esto me lo enseñaron — Terminaba su plato, se limpiaba con una servilleta, aprovechando la brecha entre ambos preguntó nuevamente — Tu… ¿Cómo llegaste allí? ¿Cuál es tu historia?

La chica le miró fijamente, él terminaba de tragar un trozo de carne a medio cocer, pero ello no implicaba que él no pudiese fijarse en los de ella también, sus ojos ámbar resultaban serenos.

(DIA 0 DE LA INFECCIÓN DE ALICIA)

—Ese día por alguna razón el cielo estaba muy nublado, sin embargo, no llovía cuando fui a clases, mi papá me llevaba a diario junto con mi hermanito Carlos Antonio, primero le dejábamos a él en el colegio, después me dejaba a mí en la siguiente, era una rutina que me encantaba, más en los días como ese, era viernes y ello significaba que al día siguiente mi mamá prepararía cordero como acostumbraba cada sábado. Creo que era bastante distraída entonces, o quizás lo soy actualmente. El punto es que hubo bastante ajetreo en la radio y en la calle ese día. Estudiaba un poco alejada de la ciudad. Casi saliendo de esta.

Al llegar si noté algo extraño, mi amiga Alexandra estaba muy enferma, tenía una fiebre repentina y un corte en su brazo. En la enfermería se lo vendaron y curaron. Además, nos contaba que había presenciado de primer plano un accidente de tránsito camino a clases. Yo por alguna razón no le creí aquello, resultaba algo alocado, daba la impresión de querer llamar la atención del resto, cosa que además no resultaba raro en ella, era una chica que siempre intentaba ser popular ante el resto. En ocasiones pasadas inventó haber sido robada y un secuestro en su casa.

Pasada quizás una hora de clases era obvio que algo sucedía, éramos muy pocos en el aula, quizás menos de quince o diez. Por lo general cuando éramos tan pocos de seguro algo sucedía en la calle, como alguna manifestación o el cierre de alguna calle. En ese entonces pensé se debía a algo por el estilo. Incluso comentábamos al respecto en el salón y especulábamos sobre las razones. Algunos profesores también habían faltado, pero nadie tenía muchas noticias. Mi gran sorpresa fue cuando vi caer al suelo a Alexandra y comenzar a dar movimientos extraños, por un instante inclusive le grité que se levantase y dejara de actuar, pero cuando vi sus ojos comprendí que estaba convulsionando. Entre algunos compañeros la llevamos a la enfermería del instituto, la doctora nos recibió apurada, había al menos cuatro chicos con el mismo estado crítico.

Mis compañeros y yo regresábamos a clase comentando sobre aquello, pues resultaba extraño. Les habíamos visto revolcarse en la enfermería, a cuatro personas, aquello nos parecía una coincidencia demasiado rara. Un compañero nos explicaba que después de algún accidente podían quedar contusiones que repercutían sobre el organismo. Luego, mientras conversábamos se escuchó un accidente de tránsito cercano. Los chicos en los salones estaban todos muy alarmados, creo que para ese punto ya todos sentíamos que lo que sea que sucedía, era terrible y muy grande.

Nos asomamos por la ventana tan solo para ver un montón de humo, un par de personas gritando y corriendo, recuerdo que tenía mucho miedo y extrañamente ganas de mirar y ver qué era lo que sucedía allí abajo. Pude notar otras dos personas lanzadas al suelo, una sobre otra, en aquel momento pensé le daba resucitación boca a boca. Extrañamente luego esta persona se levantaba corriendo, saltando la verja de nuestra institución y entrando a la misma.

Los chicos se asustaron mucho con eso, Algunos empezaron a gritar y salieron en carrera del salón. Otros, incluyéndome nos mirábamos las caras, por alguna razón había tremendo alboroto, más no teníamos idea de qué era y salir corriendo no parecía del todo sensato. Uno de mis compañeros se acercó desde el pasillo gritando algo sobre un muerto, me impresioné mucho al ver que tenía toda la cara llena de sangre. Para entonces ya todo era una locura total afuera en los pasillos. Salí solo para encontrarme a un centenar de personas corriendo, una de mis compañeras estaba tirada en el suelo envuelta en sangre. Recuerdo vi a dos niños de primaria tirados en el suelo llorando y me detuve, pero alguien gritó y salí corriendo despavorida.

Corrí, en cuestión de media hora todo era una ruina allí adentro, gritaban todos por los pasillos, los chicos se dirigían a la zona superior a tratar de esconderse. Sonó un timbre seguido de la voz de la rectora: diciendo algo sobre tomar las cosas con calma, quedarnos en nuestros salones, pero obviamente nadie prestó atención a ello, todos estaban afuera, bajando o subiendo, gritando, intentando ayudar a los que estaban tendidos en el suelo, pisados o inconscientes. Al escuchar los gritos del resto, otros corrían buscando el lugar donde estaba el muerto, mi amiga Penélope fue una de ellas, me tomó del brazo tal cual tú lo hiciste hoy y me guió a rastras por las escaleras, hasta llegar a la planta baja del edificio, donde las personas bramaban y arremolinaban en la entrada de un aula. Nosotras logramos asomarnos entre los demás, pero lo que vi fue horrendo, había sangre rociada por la pared. Dos personas destrozando a una tercera, cortándola con sus propias manos mientras se peleaban por ella, sus ropas estaban manchadas y rotas.

El golpe crucial fue cuando las dos criaturas que luego comprendí eran muertos se percataron de aquella multitud que les veía y tomaba fotos. Saltaron corriendo sobre nosotros, todos huyeron a la vez en todas direcciones, yo me vi empujada, corrí porque veía al resto correr, mi corazón latía fuertemente, tenía miedo, un miedo a algo que aún no entendía, a lo grotesco que era todo, pero para cuando me detuve me percaté de que estaba fuera del instituto. Todo mi cuerpo transpiraba, afuera había tanto desastre como adentro de la institución. Alguien gritaba a lo lejos y se escuchaba un choque más allá. Detrás estaba el instituto. Vi como alguien salía del lugar y cerraba la puerta detrás de él, sin embargo un par de figuras saltaron la pared de tres metros como si saltaran la cuerda y se abalanzaron sobre él.

De pronto comenzó a llover fuertemente, noté que algunos charcos estaban mezclados con sangre, por alguna razón yo lloraba, pero no se notaba en medio de la lluvia, caminé, caminé. Corrí, me escondí cuando algo sonaba y no dejé de caminar por un tiempo, lo hacía sin sentido, mi mente tan solo repetía las imágenes de aquellos seres despedazando a las personas. Yo divagaba e imaginaba como sería posible aquello, pero después de varias cuadras recobré mi razón. Al voltear a mi alrededor nuevamente me di cuenta que estaba muy lejos, de hecho, estaba más cerca de mi edificio que del instituto, pero lo más extraño era que observé por encima de las casas y en varios lugares se observaban humaradas negras, y el resplandor rojo al contraste de aquel cielo lluvioso, era extraño, aunque era de mañana el cielo estaba muy oscuro, parecía llorar con lo que observaba desde las alturas.

Tuve suerte, ahora me doy cuenta de ello, pues llegué al edificio sin problemas, caminé toda una zona urbanística sin ver una sola alma. Al llegar al complejo de edificios noté varios cuerpos esparcidos, escuché por primera vez aquel grito característico que te hiela el alma, yo volteé en todas direcciones. Estaba aterrorizada, helada del frío, sentía el entumecimiento en cada músculo, pero con aquel grito solo sentí ganas de huir, de huir adonde no pudiese escucharlo nuevamente. Corrí sin pensarlo, ya era mera inercia lo que me mantenía en movimiento. Entré al edificio, y al tardarse el ascensor corrí por las escaleras hasta el octavo piso, saltándome los escalones de a cuatro. Para cuando llegué a casa no encontré a mi papá, allí me derrumbé a llorar en el sofá, pues yo sabía que él no trabajaba ese día, era bioanalista, y tenía vacaciones en aquellos días. Yo lo imaginé muerto, destrozado como aquellas personas que vi antes, mi mamá debía llegar en la tarde, por alguna razón no pensaba en ella. Mi papá siempre había sido mi mundo entero. Lloré sin pensar, no encendí televisión ni nada, pero mi mente ya intuía que aquellos muertos y los que les devoraban no era solo cosa de mi instituto, que debían estar por toda la ciudad. No recuerdo todo, recuerdo haberme asomado y ver la ciudad desde las alturas, y era tan espeluznante el escenario que terminé por cerrar y colocar una sábana en la ventana para no volver a ver afuera. Al cabo de una hora o más llegó mi papá, tocó la puerta. Yo primero me asomé por la mirilla de la casa, di un grito de alegría al dejarle pasar, pero él se lanzó sobre mí a llorar, gritaba mientras lloraba. Yo tardé un instante en notar su camisa blanca manchada de sangre y el bolso escolar de Carlos Antonio sujeto a su mano derecha, gritaba una y otra vez, en un llanto que me contagió, entre lágrimas me daba cuenta del porque lloraba. Al ver su rostro jamás me atreví a preguntarle qué había sucedido con mi hermano, lloré quizás durante toda la noche.

Recuerdo que lloré mirando el techo de la habitación. El miedo me recorría hasta la médula, no tenía idea de qué sucedía. Me escondí en mi habitación en silencio pensando en mi hermano y en mi mamá. Lloré hasta quedarme dormida a pesar de escuchar los gritos en la calle.

Mamá tampoco regresó esa tarde, decidimos no hablar de ello, sin embargo, pude notar que papá no durmió y lloró en la sala sin cesar. Ninguno de los dos hablamos sobre la perdida y destino de mi hermano o madre, creo que fue un acuerdo tácito entre ambos. El dolor estaba allí perenne, más ninguno apetecía por recordar. Al día siguiente algunos vecinos de las plantas superiores formaron una cooperativa. Clausuraron la construcción, cerraron ventanas puertas, dejaron el ascensor en la zona superior para que nadie lo usara, hicieron una soga para bajar por el agujero donde antes éste estaba y bloquearon las escaleras. Así pasamos un tiempo, ellos colaboraban entre sí, racionaban los alimentos y el agua, así mismo se ponían de acuerdo para bajar a buscar comida, yo siempre me oponía, temía no volver a verlo…

Un día, después de buscar comida, subieron asustados, los venían siguiendo, pero verificaron durante un rato y nada subió. Bueno, al menos ellos no lo vieron, aquel ser escaló las paredes lisas del edificio por el exterior, subió hasta vernos y luego lanzó aquel mismo grito desesperante que anunciaba solamente la muerte. Yo lo sabía, aquello significaba que vendrían a por nosotros, ya lo había escuchado y visto en un par de ocasiones desde el edificio. No tardaron, en menos de un minuto otros de aquellos monstruos también escalaban las paredes, como arañas, rompían las ventanas superiores. Los gritos de las personas huyendo era inconfundible, mi papá tomó el colchón de mi cama y lo lanzó en el ascensor. Yo estaba algo desorientada sin saber bien que hacer, había tomado un cuchillo de la cocina y lo retenía frente a mi mientras lloraba. Él fue más astuto. Luego tomó el puf de la sala y lo lanzó sobre el primero, y para mi mayor sorpresa me tomó en brazos y con un beso me cargó y colocó dentro del ascensor para luego soltar el seguro que lo mantenía en lo alto. Detrás un vecino golpeaba a un muerto que se lanzó contra este arrancándole la cabeza.

Yo caí vertiginosamente, mientras veía el rostro de mi papá en la puerta corrediza, mirándome con algo que me pareció una sonrisa. Después de aquello, sentí aquella presión repentina, inmensa como si quisiese comprimir mi cuerpo al caer, para terminar una explosión del suelo del ascensor junto con el puf, llenando todo de bolitas de anime. Sorprendentemente solo sentí un fuerte golpe; sin embargo, todo el ascensor crujió y se aplastó hasta casi la mitad. Apenas pude salir, estaba muerta de miedo, noté que los muertos más rápidos habían subido, pero algunos de los lentos continuaban abajo, dispersos, así que corrí hasta la avenida principal, donde no vi ningún otro de aquellos seres y me escondí en el primer lugar que observé. El contenedor, allí no sé cuánto tiempo estuve, pues cuando me dormía me daba la impresión de que pasaran días, e inclusive despierta las horas se me hacían infinitas, salía en algunas ocasiones cuando notaba que no hacía mucho calor. Durante el día resultaba un horno horrible. Luego de moverme de un lado a otra como loca llegaba el frio terrible, entonces sabía que debía ser de noche. Me daba mucha hambre, fui al centro comercial a buscar comida al menos unas cinco veces. Lo que más deseaba siempre era agua.

Hasta que ayer en la noche observé un grupo de personas en vehículos y armados al salir del supermercado. Al principio sentí curiosidad y me vi tentada a acercarme, incluso pensé en la posibilidad de unirme a un grupo de personas, luego me escondí por temor. Aunque uno de ellos me vio y empezaron a llamarme, al tiempo que se acercaban muertos por todos lados, ellos disparaban en todas direcciones, y para cuando se fueron los muertos gritones sabían que yo me hallaba adentro del contenedor…

—¿Viste a uno de los grupos? ¿Podrías describirlos? — Interrumpió Alejandro.

—¿Hay varios grupos? — Contra preguntó ella.

—Sí, tres en toda la ciudad actualmente, supe de tu grupo que vivían en el complejo, aunque bueno… lo que te pregunté ¿podrías describir a alguno de ellos? También me enteré de cuando fueron eliminados, aunque de eso ya pasó cierto tiempo…

—¿Sabías de nuestro grupo? ¿por qué nunca fuiste?

—No me interesaba unirme a otro grupo.

—Pero podrías haber ayudado, podrías…

—Habría muerto al igual que el resto, no soy Superman. Solo soy Alejandro — Hubo un momento de silencio incómodo. Antes de que el ambiente se tornase cortante el chico decidió hablar — ¿Cómo era el grupo que viste?

—Bueno, había una mujer gorda con un sombrero en un jeep, era quien les gritaba órdenes a los demás…

—Entonces es el grupo de Verónica — Soltó el chico — Esa vieja es una arpía, necesitaré investigar la salida que hicieron anoche — Alejandro se levantó de la silla dirigiéndose a la salida a un costado de la casa, un lugar donde colocaba una escalera para subir al techo.

—¿Qué haces? ¡No me explicaste quien era el grupo de Verónica, ni los otros grupos, muchos menos tu historia!

Alejandro se detuvo en el primer escalón de la escalera de madera — El grupo de Verónica, son unas veinticinco personas, se aprovechan de cualquier otro individuo. Ya han destruido otros dos grupos, consumieron sus alimentos y dejaron les matasen los muertos vivientes. No son personas de fiar, aunque en realidad, tal como están las cosas quizás nadie lo sea. Además de ellos hay otros dos grupos, un grupo pequeño donde hay un par de militares bien armados, son como diez personas, su líder es Armando, el tercer grupo es nómada al igual que el de Verónica, es el más grande, son cerca de cuarenta individuos, se mueven rápido, solo conozco a uno de los integrantes, un chico llamado Yoshua, el cual es la única persona a la cual le veo potencial de sobrevivir a todo este desastre.

—¿Por qué lo dices?

—Ese chico no tiene compasión para desprender una cabeza con una katana, mucho menos para disparar, y estoy casi seguro tiene alguna clase de entrenamiento militar avanzado — Alejandro veía la expresión de asombro en Alicia — Para ser sincero, en nuestra situación actual, debemos temerle más a encontrarnos con un grupo, que a los muertos que están allí afuera.

—¿No sería prudente unirse a un grupo? Como con ese Yoshua…

Alejandro se detuvo nuevamente, en primero con cierto grado de ira contenida. Alicia no estaba al tanto, pero él tenía deudas pendientes con aquella persona. Finalmente calmó sus emociones y respondió — Unirse a un grupo implicaría tener que seguir las ordenes de un líder, aunque no te parezcan o reconozcas están en un error, deberás actuar y atenerte a las consecuencias, yo en cambio soy partidario de estar solo, y si alguna vez cometo un error fatal, sabré que fue por mi culpa el haber caído.

—Eso quiere decir que no soy bienvenida aquí…

Alejandro la miró repasando todos sus pensamientos, ella se hallaba en lo cierto, resultaría en un estorbo, y él se hallaba consciente de ello, sin embargo, tampoco deseaba se fuera, tampoco podía abandonarla a su suerte luego de salvarle. La contradicción en su cabeza se hacía presente, las palabras estaban en el aire, debía responder. Deseaba decir “si, no eres bienvenida” porque lo más seguro ella le acarrearía la muerte a él. Por otra parte, deseaba decirle “quédate, tengo mucho sin poder hablar con nadie” — Yo no dije que no pudieses quedarte, solo te pediré colabores conmigo en las tareas diarias, cuando desees irte también serás libre de hacerlo, creo que es algo justo para ambos ¿no? — Preguntó él, Alicia asintió a sus palabras — Yo ahora debo hacer un par de conexiones, quiero habilitar otro tanque de agua al sistema, por eso subiré, si quieres puedes leer algo, hay una biblioteca muy grande por allá — Señaló con su mano a una puerta de madera — Dentro de una hora encenderé la planta eléctrica por un par de horas, así que podrás ver televisión, alguna grabación u otra cosa si lo deseas — Y con estas palabras subió por la escalera dejándola en paz, a ella y sus pensamientos encontrados. 

Media hora después el chico bajaba, encontrando los platos limpios y Alicia esperándole sentada abajo — Alejandro, creo que hay un muerto en la parte de atrás de la casa.

El chico recordó no haberle dado los por menores a la invitada, así que se dispuso a explicarle su itinerario y los detalles en la casa — Hay un jadeante encerrado en una habitación tapeada en la parte de atrás de la casa, lo atrapé hace varios días, es… — Dudó si explicar todo al más mínimo detalle, a la final solo necesitaba que ella comprendiese lo necesario para poder moverse en la casa. Decirle demás era un peligro si ella después decidía irse — Lo mantengo allí como experimento para saber si pueden morir por inanición. Hay una especie de sótano en la casa, allí hay plantas reales y generadores eléctricos, uno de ellos se enciende constantemente para el refrigerador, los otros dos solo les enciendo cada dos días para llenar los tanques de agua, y revisar la televisión. Aunque últimamente no sirve ningún canal, así como cargar los dos celulares, sí, estoy consciente de que nadie me llamará, pero sirven bastante como GPS, reloj y otras cosas. Si en algún momento se te presenta el salir de la casa, debes tener en cuenta que hay varias trampas regadas, por delante y a los costados, hay armas de corto y largo alcance, normalmente las dejo en la sala, cuatro habitaciones, cocina, dos baños, el freezer gigante, y, si necesitas algo tan solo dime.

—Me da miedo el muerto, hace rato hizo un ruido, uno de esos gritos.

—A veces lo hace.

—¿No se escucha afuera? — La chica abría los ojos fuera de órbita. Era un poco pesado explicarlo todo, por otro lado, la comprendía. Él estaría igual de preocupado de hallarse en otra casa con un muerto en la zona trasera.

—No.

—¿Seguro? Esas cosas vienen cuando escuchan a las otras y…

—Estoy seguro Alicia, ya lo verifiqué, lleva días allí, no puede salir ni se escucha afuera de la casa — Se retiró sin preocuparse por ser un poco brusco. Estaba de cierta forma irritado, no sabía exactamente la razón, pero así se sentía.

El día transcurrió tan rápido como de costumbre, la noche tomaba al chico con tantas ganas de lograr más que cuando despertó. Pensaba que debía volver al supermercado del centro comercial el día siguiente, caminaba por la oscura sala, al tiempo que Alicia escuchaba música en un ipod recién cargado. Para él resultaba de prioridad tomar alguna provisión, si es que alguna sobrevivió al fuego que causó. Después de escuchar que el grupo de Verónica había estado rondando esa zona se decidió a ir, aquello indicaba algún interés por parte de ellos, y de seguro la presencia de armas de algún tipo.

—Alejandro ¿siempre eres tan callado? — La pregunta le sorprendió mientras razonaba para sus adentros. Sacándole al instante de su estupor y murmullos.

—No tengo mucho que decir — Contestó. Era raro, tenía mucho sin hablar con nadie, y deseaba decir de todo, pero no hallaba ni palabras ni la confianza entre ambos como para entablar una conversación decente.

—Eso es mentira, todas las personas tienen algo que contar.

—Entonces se podría decir que evito el contar mucho de mí.

—Pero quizás alguien quiera escucharte — Alicia hablaba mientras movía su dedo al compás de la música — ¿Has escuchado algo sobre un Dios que lo escucha todo?

Alejandro observó a la chica de reojo en medio de la penumbra — No creo que ese sea un buen tema de conversación para conmigo — Expresó el chico a la vez que pensaba— No creo en un Dios que no escuche el clamor de las personas, o tal vez los gritos de los olfateadores no le deje oír a nadie más…

—Dios vino y…

Parece que ella tampoco escucha — Alejandro se le quedó observando, los labios de la chica se movían en pequeños movimientos coordinados, aquellos ojos claros brillaban en la oscuridad, después de sus pensamientos divagar escuchó la pregunta de la chica.

—¿No me contarás tu historia?

—Es algo larga, ya son dieciocho años…

—Tonto… me refiero a después de que todo estuviera así…

—Lo sé, pero no creo que mi historia sea de tu agrado, e igualmente sería muy larga como para una noche. Tampoco creo estar de ánimos para revivir todas esas cosas.

—¿Has perdido a muchas personas?

¿No podía reservarse la pregunta? ¿No había dado una negativa ya? ¿Tenía que repasar esas escenas en su mente? Un leve dolor vino a su pecho mientras varios rostros desfilaron por su mente —Sí, mi historia está llena de gente que muere, una y otra vez, por lo general por mi culpa.

—No creo que fuese por tu culpa, quizás yo quiero escucharla.

—Vamos, es hora de dormir, mañana será un largo día, te llamaré temprano — Cerró la puerta de su habitación quedándose dubitativo tras ello, aquello ojos le habían hipnotizado durante un pequeño instante. La pregunta era necia pero la expresión en el rostro de ella le llenó de cierta satisfacción. Era un instante que él necesitaba, esa mirada le hipnotizó por un segundo. Afuera alguien podría haber gritado “una horda de olfateadores” y el no habría sentido nada. Sintió como la puerta del cuarto contiguo se cerraba, calmándose se lanzó a la cama programando su celular para las cinco de la mañana.

La noche estaba calma, no se percibían gritos aterradores, al menos no cercanos. Miraba el techo de la habitación, nuevamente la AR de ATL le acompañaba en su sueño justo al lado de la cama, su mente divagaba en lo ocurrido ese día, y si actuó bien en rescatar a la chica. Escuchó movimiento en la habitación contigua y guardó silencio. Antes de notarlo se hallaba dormido, soñando cosas sin sentido, o por lo menos, así fue en un principio.

—¿Alejandro? — Alicia le llamó en medio de la noche al escuchar a un olfateador aullante, pero el chico no respondió a ella… se sumió en un profundo sueño…

—¡Alejandro! — Una mujer alta, de cabello castaño le empujaba por el callejón ¡Apresúrate! Tu tío debe estar esperándonos — Era el octavo día después de la infección, el chico seguía a su madre por una callejuela despejada. La situación era escalofriante, pocas horas antes habían cortado el suministro eléctrico de la ciudad, aunque era de día, la lógica le dictaba el hecho de que esta nunca regresaría, estaba asustado, más su madre le enseñó un truco para calmar sus nervios, simplemente debía golpear sus piernas con fuerza, luego respirar profundo para despejar la mente y concentrarse.

—¿Por qué ese grupo? — Preguntó en voz baja, sentía que aquello no andaba bien. Había escuchado conversaciones nada agradables al respecto. Tampoco tenía muchas opciones, por lo tanto, se limitó a dejar las quejas para sí mismo. O lo intentó por tres segundos

—No puedes ser exigente dadas las condiciones.

—Los hemos visto desde la casa mamá, son como bestias, esto no es mad max.

—Ellos controlan el área, no hay opciones — Respondió la mujer — No nos podemos morir de hambre.

Alejandro frunció la boca y guardó silencio. Dos días atrás había cometido errores de juicio muy grandes y Karla ya no estaba con ellos.

Luego de cuarenta y ocho horas del desastre la situación era agobiante. No había noticias internacionales importantes, los principales centros mundiales estaban en las mismas condiciones, derrumbándose ante el clamor de los muertos ambulantes. Las salidas de su ciudad estaban tapeadas por automóviles aglomerados en un fallido intento de escape, y muertos expectantes, devorando aun los cuerpos del primer día.

Las ciudades se convirtieron rápidamente en un infierno, las más importantes a nivel mundial fueron las primeras en caer. Alejandro por su parte vivía en una pequeña ciudad costera al norte de Venezuela. La ciudad se llamaba Puerto Cabello y era reconocida por ser el principal puerto de la nación y contar con una gran central petrolera a un costado.

No existían causas probadas para aquello, nadie descartaba la posibilidad de armas biológicas salidas de control, experimentos gubernamentales, o ataques terroristas. Actualmente los sobrevivientes se agrupaban en clanes armados, cooperativas que repartían las labores primarias entre sus integrantes para poder mantenerse a salvo. Protegían zonas enteras, así como saqueaban las mismas, ropa, comida, dinero, armas, hasta el más mínimo bien material era considerado un recurso valioso lo suficientemente importante como para morir luchando por él.

Los servicios de seguridad no funcionaban, desde los primeros tres días no se observaban contingentes militares, ahora las leyes eran distintas… Eran las tres de la tarde de un nuevo día y ningún efectivo podía observarse, así pues, el orden actual estaba dispuesto por los clanes y la poca población armada.

Pueden ser un poco exagerados y violentos, incluso extravagantes en sus actos, pero me han comentado que salvaguardan a algunas personas dentro de su grupo, personas que no luchan — Su tío Guillermo, un ser enigmático a quien le gustaba jugar ajedrez y perder sus noches frente a su telescopio en compañía de una taza de té. Un gusto adquirido en uno de sus ocasionales viajes como piloto de aerolínea, ya tenía un par de años retirado del servicio, sin embargo, en ocasiones le llamaban para examinar o preparar a nuevos aspirantes. En ese instante les guiaba, se intentarían aliar a un grupo armado de la zona, Guillermo ya había hablado ese mismo día con una mujer llamada Verónica, a quien le propuso darle sus suministros, ropa y horas de trabajo a cambio de permanecer seguros bajo el cobijo de la manada.

—Pues no sé qué pedirán a cambio de protección— Alguna trampa debía de existir en todo aquello, ya habían vivido una cuando Karla aun se encontraba con ellos. Karla, la extrañaba más que nunca — No tenemos mucho.

—Lo normal, trabajo, algo de comida.

—¿Y nosotros con qué nos quedaremos? — Preguntó Alejandro un tanto exasperado.

—La casa no es segura hijo, eso lo sabes — Su madre habló y él lo sabía. Varios sustos habían pasado, tarde o temprano los muertos darían con su hogar y no podrían escapar.

Mientras caminaban notaban las diferencias entre los muertos rondantes, algunos de ellos corrían mientras que otros a duras penas podían maniobrar y moverse. Gracias a la astucia del tío del chico pudieron pasar desapercibidos ante todos. Moviéndose entre los callejones, usando tinner mientras caminaban, para así no tener rastro de olor alguno, huyendo entre las sombras hasta el punto de reunión, el cual estaba a dos cuadras de su casa en un edificio viejo, de aquellos que construyó el gobierno en algún tiempo remoto como infraestructura especializada en aglomerar una gran cantidad de personas en un espacio muy reducido. Al estar frente a él se percataron de la presencia de algunos personajes armados en las ventanas. Aquellas personas no le daban buena impresión al chico, eran de aquellas resentidas socialmente. Alejandro pensó que aquello era una mala combinación, pese a todo continuaba caminando, pasando por una calle con restos de sangre por doquier pero ningún cuerpo a la vista.

Llegaron hasta el umbral donde les esperaba un par de hombres dándoles una bienvenida poco calurosa. Sin decirles alguna palabra le indicaron el camino, pasando un pasillo amplio hasta una habitación vacía por excepción de un escritorio y una mujer sentada detrás de este, a sus espaldas había una ventana de cristal amplia. La mujer era mayor, tal vez en sus cincuenta, gorda y estrafalaria con su ropa y maquillaje, llevaba un rifle largo en su espalda y les observaba riéndose.

—Así que…— Sacó una barra de chocolate de su ropa y destapándola comenzó a comerla, Alejandro sintió repugnancia ante tal acto pero guardó silencio — Vienen aquí queriendo que les resguardemos, estuve pensándolo Guillermo — Señaló al hombre con cierta sonrisa — Y la verdad, aun no le veo los beneficios a tenerte aquí, suministros podemos conseguirlos, tu no serías de gran ayuda, y aunque tanto la mujer como el chico trabajasen, deberías ofrecer más, porque como yo lo veo, la estadía será larga…

—Verónica, tu sabes quienes somos nosotros, no tengo nada más que ofrecerte, yo no creo…

—Pues entonces deberás volver por donde viniste, sí no estás dispuesto a dar no recibirás nada…

—Señora Verónica — La mamá de Alejandro dio un paso adelante queriendo arreglar la situación — Debe haber alguna forma, tal vez algo que usted necesite que nosotros…

Se escucharon dos disparos seguidos de afuera, inclusive la vieja Verónica volteó por instinto, pero ante el silencio continuó — No creo que necesitemos algo de ustedes, a excepción de que nos den su casa, se necesitaría un documento firmado, pero sería algo arreglable, un traspaso…

Alejandro apretó sus labios, notando el semblante pálido de su madre se decidió a hablar. Minutos atrás había decidido no hacerlo, pero que demonios…—¿Una casa? Me disculpa, ¿usted habla en serio? Pero, no creo que eso sea lo más apropiado para usted en este momento, porque después de todo, las personas van muriendo, y quedaran muchas casas vacías ¿verdad? Una persona como usted podría decirles a sus hombres por una casa y a la esquina tendría una.

—Conozco la casa del viejo Guillermo, siempre sentí fascinación por el elegante blacon. Pero debo admitir que tienes algo de razón. Inteligente muchacho continúa— Expresó la mujer tomando otro trozo del dulce.

—Teniendo en cuenta el hecho de que aquí no hay más de diez hombres armados, y seamos sinceros, una persona como usted pudo haber reclutado aún más — Sabía muy bien que algo que aumentara su ego le resultaría — Y que aquí no hay presente ningún niño o mujer, podría adivinar que esto no es su hogar, y solo lo usa como punto para liquidar muertos, si eso es así, entonces usted debe de tener al menos otros diez hombres armados en su base, para resguardar a los suyos ¿o no? De no ser así, significa que usted tan solo estafa a las personas — El semblante de la mujer cambió y aquello le dio una gran pista al chico quien solo buscaba incitar sus expresiones faciales — Pero, creyendo en usted, entonces yo optaría por decir que la primera opción es la correcta, y teniendo también en cuenta el hecho de que hace pocas horas quitaron la energía eléctrica, tanto usted como yo sabemos no regresará, creo que bastaría con ofrecerle una planta eléctrica ¿no le resulta atractiva esa idea? Porque de no ser así, sé muy bien que hay otros grupos por allí, alguno de ellos estaría interesado…

—Fascinante chico me parece estupenda tu idea, aceptaré el trato será la planta eléctrica. Guillermo— Observó al hombre con mirada tierna— ¿Cómo no presentaste al crio antes? Si hasta ha sacado las dotes de su tío. Quedaremos así — Expresó la regordeta mujer con voz apresurada mientras tragaba otro pedazo de chocolate— La planta eléctrica y…

Alejandro interpuso su mano con una señal de negativa, nuevamente sonaban disparos desde afuera— Pero usted no ha terminado de escuchar, a cambio quiero un arma de las suyas — El chico fue tajante en aquellas palabras, y tanto su madre como su tío se le quedaron mirando.

—No soy alguien de bromas imbécil, no estés con juegos conmigo ¿Qué te hace pensar que yo necesito…?

—Yo creo que usted necesita más la planta que nosotros de ustedes… En cambio, el arma sería un trato justo.

—Podría matarlos ahora y…

—Y te quedarías sin planta. No está en la casa de mi tío.

El rostro de la mujer enrojeció por completo, su respiración se entrecortó por un instante mientras se levantaba exasperada de la silla. Razón por la cual ninguno de los presentes pudo estar preparado para lo siguiente, hubo un estallido, seguido del sonido de más disparos, y cientos de pequeños vidrios volando por la habitación. Un muerto de aquellos veloces saltó por la ventana trasera a Verónica, invadiendo la habitación, dando contra la espalda de la mujer y aterrizando tres metros más allá, justo al lado de la madre de Alejandro, dando contra la pared como un revoltijo de sangre y piel con respiración entrecortada.

Alejandro tomó a su madre del brazo, arrastrándole directo a la entrada, dispuesto a salir de allí en carrera, cuando un hombre armado se asomaba en la puerta disparándole al muerto viviente que se levantaba. Lo más horripilante de la escena era observar como otros dos muertos se acercaban en carrera hasta el boquete donde antes estuvo la ventana, la reacción general fue de pánico.

Alejandro ya estaba en la puerta cuando sintió el empujón por parte del hombre armado que buscaba de huir, haciéndole caer al suelo, se escuchaban gritos por parte de todos. Guillermo lograba levantarse e intentó ayudar a Alejandro, pero Verónica pese a su peso corporal raudamente tomó al hombre por la espalda y lo colocó con vista directa a la ventanilla, luego con un giro brusco, y tomando su arma le dio un culetazo a Guillermo en su espalda, entregándolo en bandeja de plata a los muertos que saltaban entrando a la habitación en ese instante. El tío del chico dio contra el escritorio, al momento que uno de los seres jadeantes se volcaba encima de él.

Alejandro reaccionó atravesando su pie entero a la mujer que intentaba escapar, haciéndole caer y darse contra la pared de enfrente, saltó sobre ella como aquellos seres. Tomó aquella arma la cual había estado observando desde el principio de la reunión. Se notaba era un arma de alta tecnología, poseía un lente de aumento y silenciador, aquella fue la razón de querer hacer el intercambio de la planta eléctrica. Por alguna razón al tomarla el seguro estaba pasado, de no ser así el chico no hubiere podido disparar, pues su conocimiento previo sobre armas era nulo, Cuando la sostuvo entre sus dos manos disparó sobre aquel muerto sin duda alguna. Sintió un ruido seco luego de sentir un golpe propio del arma que le empujaba hacia atrás.

—Corre mamá — Las palabras se ahogaron en el sonido del rifle.

El impacto tuvo efecto, una ráfaga de tres disparos dio paso. Observó como el muerto retrocedía con un agujero en su mejilla, el otro reaccionaba en contra del chico, más el disparador no cedía, así que por mero impulso golpeó a la bestia con el lomo del arma, haciéndole retroceder. Luego le disparó, de aquella forma descubría lo que era un arma semi- automática, la sensación de impacto al disparar un rifle, pero la bala impactó en el segundo zombi en su estómago. Cosa que parecía no afectarle mucho, fue entonces que su tío tomó a la bestia por el cuello. Los presentes quedaron fríos, Alejandro no esperaba ver a su tío levantarse nuevamente. Observó su rostro ensangrentado y sus miradas se encontraron. Entonces notó la expresión de su tío y el rostro haciéndole señas de que se marchase, él sin pensarlo, tomó a su madre del brazo, la cual se hallaba abrumada y sin palabras ante todo lo sucedido. Salió corriendo, mientras Verónica, aun en el suelo bramaba a gritos viéndole huir con su arma.

 

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