CAPÍTULO 2. AIRES DE GUERRA

—Estoy algo nerviosa— Comentó por tercera vez Claudia.

        —¿Algo nada más? Calma, solo son Armando y Milena— Señaló Karla.

        —Y la última vez que les vi en persona fue cuando regresamos de Brasil, eso fue hace mucho.

        —Relájate Clau, ¿Amor, podrías decirle que se calme? Me pone nerviosa a mí.

        —Aquí va el avión.

        —¡On!

        —Si, el avión, ahora abe la boca— Alejandro movía la cuchara en el aire, mientras Xander intentaba agarrar la comida por su cuenta las manchas de grasa y un tomate en la mesa lo evidenciaba.

        —Xander si está tranquilo, ¿Quién es él valiente?— Se acercó Claudia dándole un beso en la frente— ¿Si estoy bien vestida? ¿Y si les doy la impresión de ser una rebelde?

        —Por el amor a la piscina Claudia ¡Siéntate!— Aquella frase era común en la casa, referencia al gusto predominante de la chica por nadar— Además, si les luces rebelde de seguro eso les agrada a ellos— Agregó Karla.

        —¿Si?

        —Si.

        —¿Cómo puedes estar tan tranquila?

        —On prummm

        —¡Se estrella! Se estrella el avión— Otra cucharada de Alejandro y Karla le observó en silencio.

        —No estoy tranquila, solo calmada, tu en cambio vas a hacer un agujero en el suelo si sigues caminando. Por supuesto que me da miedo, más lo que hablamos ayer.

        —¿Tu crees?— Inquirió Claudia.

        —No comiencen con el mismo tema chicas— Les interrumpió Alejandro terminando de darle de comer al pequeño, quitándose el delantal y llevando el plato a la cocina.

        —Pero es obvio que será algo malo, algo de qué preocuparnos amor, y no lo niegues— señaló Karla.

        —¿Ya reencendiste el perímetro nena?

        —Si— La morena se paseó con la silla por las computadoras.

        —¿Cómo se ve?

        —Hubo un par de muertos en la zona sudoeste, pero cerca de ellos nada, atravesaron el muro sin ningún problema en el jeep.

        —¿Qué pasa si vienen con malas noticias?— Inquirió Claudia apoyándose en el mesón de la cocina mientras le realizaba una cara de burla al infante.

        —Yo opino que han de ser malas— Karla giró en la silla— No han pisado tierra en años, y dudo mucho que vengan solo a conocer a Xander después de un año y tres meses.

        —Me pones más nerviosa Karli— La joven se lanzó al sofá con el rostro contra los cojines.

        —Es simple, si vienen con malas noticias, las escuchamos y haremos algo al respecto, ya veremos— detalló Alejandro.

        —No me agrada el ya veremos, me gustan los planes, saber qué voy a hacer y cómo voy a actuar— Giró en el sofá.

        —Coincido con ella— Karla se paseó por el lugar hasta posarse sobre las piernas de la primera.

        —Puede ser como la otra vez, y quieren información sobre la ciudad de los muertos, con imágenes y videos, Alejandro ayudándoles.

        —¡Pues no lo hará! Yo se lo prohibí, Xander está muy pequeño como para quedarse sin padre, además ya ha tenido suficientes incursiones, y siempre llega con alguna herida o golpe. Que manden a otro, para eso tienen gente, millones de personas, pueden hacer un grupo e ir, hasta hacer camping si les viene en gana.

        —Quizás los muertos les inviten una taza de té— Bromeó Claudia.

        —Incursiones no les ha faltado, eso lo sabemos— Expresó Alejandro.

        Karla se levantó para sacarle los gases al pequeño— Te pregunté si podemos botar algunos de esos trajes negros, ya hay demasiados.

        —Eres exagerada, tampoco sabemos cuando podemos necesitarlos.

        —Espero que nunca, no soy fanática de la idea de ponerme algo de un muerto— Comentó Karla dando golpecitos en la espalda— Aunque si es necesario…

        Eran las cuatro de la tarde, los generadores funcionaban y la luz llegaba a todo el hogar, ese día por primera vez en semanas mantendrían la energía durante toda la noche para sus invitados, la seguridad era la misma de siempre, el perímetro autómata que entre Karla y Alejandro crearon, sensible a movimientos bruscos, con rifles dispuestos a lo largo de varios kilómetros, el único inconveniente era el gasto en municiones, las cuales se hallaban diezmadas en el pequeño hangar de madera que Alejandro creó a un lado e la casa. Después del perímetro se hallaba una pequeña muralla y una segunda unos cuantos pasos, más grande que la primera, creada por el chico durante el primer año de estadía.

         Ocho años creaban diferencias notables, las incursiones a la ciudad eran quincenales, estaba se hallaba cubierta de maleza en gran medida y comenzaban a abundar serpientes y bichos. No obstante se hallaba limpio de muertos, los tres ahora iban peinando la zona, buscando cualquier cosa interesante, almacenando cloro, tinner, gasolina productos de limpieza, armas, municiones, herramientas y casi cualquier cosa que el fuego no consumiese en el pasado.

        Los últimos tres años habían encontrado otra cosa, cuerpos humanos, algunos desmembrados, otros muertos por el sistema de rifles en el perímetro, ahogados y en distintas circunstancias. Todos con la misma indumentaria, trajes negros de kevlar y protectores de carbono en cuello, hombros, brazos y piernas, con cascos semejantes a los de un motorizado, interesantes y bastantes sofisticados en la opinión del chico, se trataba de una pieza de policarbonato cubiertos de una almohadilla con un comunicador integrado, y una segunda pieza con forma de V transparente oscuro que mostraba un mapa con tu localización siempre que se calzara junto a la otra pieza; los zapatos además venían con piezas metálicas en la zona superior para protegerles.

        Obviamente se trataba de un equipo especializado para el combate contra los muertos, era ligero, cómodo y resistente en su mayoría contra las mordeduras. El detalle el cual Alejandro observaba era que las mordeduras en muchos casos eran la menor de sus preocupaciones. Los muertos habían desarrollado inteligencia, y a su vez métodos más efectivos para eliminar a sus presas, trampas, emboscadas, fuerza e ingenio trabajando de la mano.

        Alejandro y las chicas también se hallaban conscientes de las avanzadas con armas biológicas que se empleaban actualmente, una estrategia que parecía no surtir efecto pero que continuaba en uso. La única razón por la cual la zona de ellos no era atacada con armas de este tipo, era el reconocimiento como nación independiente y el envío que imágenes y videos sobre una ciudad de los muertos que Alejandro llegó a brindarles. Un elemento tan importante como para hacer vista gorda de su presencia y respetar su estadía en tierra. Pero la amenaza con desalojarles se hallaba latente y el chico estaba consciente de ello, la estadía dependía de él y su colaboración.

        Las naciones actualmente se hallaban en rencilla por ver quien lograba adueñarse de alguna porción de terreno continental. Solo algunas islas habían logrado ser limpiadas, como las Azores, la de Aruba, desde la cual el Armonia trabajaba, las islas Mariana, las Carolina, Marshall, Japón, cuyo territorio ahora eran dos enormes islas luego de que Tokyo fuese bombardeada por tercera vez.

        Bermuda, Bahamas, Santa Lucia, San Vicente, Antigua Dominica, Barbados, Granada, eran islas libres de infección usadas principalmente por la nación americana, la nación europea en cambio funcionaba principalmente con sede en la isla Cabo verde y una isla artificial llamada Cabo blanco.

Irlanda y Reino unido fueron proyectos de limpieza fracasados, tres limpiezas terminaron en tres reinfecciones, después de las cuales se rindieron de volver a dichas zonas.

        No obstante algunas costas continentales podían ser visitadas y exploradas, muchas de ellas Se hallaban desérticas, cubiertas de selva, otras con pequeños poblados representaban un riesgo mínimo, con tan solo algunas decenas de muertos aun rondando. Y es que los muertos ahora se concentraban en ciudades. Las ciudades de los muertos, así les llamaban, había un total de ciento cincuenta y dos ciudades de muertos a lo largo de América. Pero lo que a Alejandro le daba terror eran las mega ciudades de muertos, concentraciones tan grandes que superaban los cientos de millones. Solo ocho de este tipo se hallaban en el continente occidental.

        Alejandro nunca había llegado a estar en alguna de estas, lo más cerca que llegó  de alguna fue la ubicada en territorio que alguna vez perteneció a Colombia, se posicionó a decenas de kilómetros de la misma, adonde le llegaba una pestilencia tan grande que le resultó insoportable, y donde su sentido de temor y supervivencia le dejó avanzar. Más allá era una muerte segura y él se hallaba consciente de ello.

        Cuatro como estas se hallaban en Norteamérica, una en el pasado México, otra en Brasil y Argentina. Aquellos detalles los conocía gracias a Armando, quien se reunía periódicamente con los mandatarios y coordinaban estrategias y acciones, así como entrega o intercambio de suministros.

        No sabía que desastre o cosas podían existir en aquel lugar, suficiente había tenido con sus cinco visitas a las ciudades de muertos regulares, lo que se hallaba en ellas era algo suficientemente espantoso como para que el más valiente se cayera de arcadas y deseara dejar de luchar. Dudaba que las naciones tuviesen conocimiento de esto, y si alguna lo poseía por reconocimiento satelital, no lo dirían abiertamente. La población caería en locura y las tropas desertarían en gran medida.

        El chico desconocía la situación en cada una de las naciones, tampoco se hallaba al tanto del territorio o como sustentaban la necesidad de suministros, después de todo algunas poseían millones de personas en su interior, como la Europea, la rusa o la americana. Pero obviamente debían de poseer una logística avanzada e ingenieros muy capaces de afrontar tales retos, pues ocho años para vivir en el océano era toda una proeza.

        —Esos son ellos— Comentó Karla por el ventanal oscuro que daba hacia la zona de la piscina, por el cual se observaba como un jeep verde avanzaba por el camino principal.

        —Vamos a recibirles— Expresó él, mientras Claudia asentía arreglándose el cabello.

        —¿Me veo bien?— Le preguntó esta.

        —Hermosa, como siempre— Declaró él, avanzando al pórtico para dar la bienvenida.

El jeep era de un color verde oscuro, con lodo seco en las ruedas y el guardafangos, el frente se hallaba golpeado y raspado, producto de algunas excursiones de Alejandro o desastres de Claudia aprendiendo a manejar. Sus ocupantes bajaron, Armando con su aspecto serio, agradable, la mirada más contraída que antes y muchas más canas de las que cualquiera en la casa recordase, Milena, con algunos años pasados en su piel, pero tan altiva y hermosa como siempre, con su cabellera roja suelta al aire, y finalmente Aurora, a quien ninguno esperaba. La niña era morena, delgada, con el cabello crespo y ojos de un verde intenso. Bajó del vehículo con un salto antes de tomar de la mano a Milena.

—¡Armando!— Exclamó Karla viéndole antes de recibir un abrazo fuerte por parte del hombre.

—Es un gusto poder verles de nuevo.

—Milena.                                 

—Alejandro, Claudia, Karla— La mujer continuaba sin ser demasiado afectuosa, tal como el chico la recordaba, pero con la misma sonrisa que dejaba entrever se hallaba feliz de verles.

—¡Alejandro hombre!— Armando lo tomó como a un hijo en un abrazo caluroso y algo prolongado— Ya cinco años sin verte, y ocho sin ver a estas hermosuras de chicas.

—Ocho años sin que venga hasta acá, y que conste que le hemos invitado— Expresó Claudia.

—Lo sé, lo sé, hemos estado algo ocupados. Ahora, quiero presentarles a mi hija, Aurora, ellos son tus padrinos, Alejandro, Karla y Claudia.

—¿Y el bebé?— Preguntó la pequeña sin mucho reparo.

—Se llama Xander— Respondió Karla.

—¿Cuantos años tiene?

—Un año y cuatro meses.

—Es como Arianna— Contestó la niña.

—Si, es de la edad de Arianna— respondió Armando guiñándole un ojo al resto para finiquitar las preguntas de la chiquilla.

—Hola Aurora, ¿Qué edad tienes?— Inquirió Claudia agachándose frente a la pequeña.

—Casi nueve, no me tienes que hablar como niña pequeña…

—Lo siento, es que ella— Milena colocó cara de enfado a la pequeña— Tiene la manía de no gustarle le traten como lo que es.

—Eso y de llevarme la contraria— Expresó Armando con una sonrisa.

—Tú tienes la culpa— Afirmó Aurora.

—Y tu eres terca— Contestó este siguiéndole la corriente.

—¡Por favor!— Milena terminó todo con una mirada y un tono cortante a ambos.

—Entren, y hablamos cómodos en la sala— Les animó Karla intentando esconder una risa bastante obvia.

—¿Tu has visto zombis?— Le preguntó Aurora a Claudia mientras caminaban por la entrada, la chica miró a Alejandro y este se hizo el loco.

—Bueno, si.

                —¿En serio? ¿Tienen alguno aquí?

                —¿Qué? No, es peligroso, no lo tendríamos acá— Exclamó Claudia.

                —Que mal— Expresó la pequeña Aurora, Karla intentaba no reír para no alborotar a Xander, quien se hallaba despierto pero calmado observando como con  detenimiento a los recién llegados.

                —¿Quieren algo de tomar?— Preguntó Alejandro— Un poco de café.

                —¿Tienes café? Increíble— Expresó Milena— En altamar es mega caro, incluso comercian con él. Voy a aceptar un poco.

                —Yo también, una taza— Armando tomó asiento en el sofá.

                —Mi papá no toma café— Interrumpió Aurora.

                —Claro que tomo.

                —La última vez que tomaste tuviste gastritis y te dolía el estomago.

                —Lo sé, pero eso no implica que no tome un poco hija, yo…

                —No vas a tomar café— Aurora observó a Alejandro con seriedad— Mi papá toma agua.

                —Quizás té, ¿Tu papá toma té?

                —Si, té si— Contestó esta, a lo cual Armando reaccionó con un ademán de cansancio recostándose en el sofá.

                —¿Y tu Aurora?— Inquirió Karla.

                —Té— Sonrió.

                —Esto es todo el día, ellos dos discutiendo sobre que le gusta el uno o al otro, o sobre cualquier tontería, ya ni sé a cual de los dos regañar— Comentó Milena con Karla.

                —Por lo menos se mantienen ocupados— Contestó esta.

                —En el Armonia es esto todo el día, no quieres ver como se pone cuando hay algún discurso o cuando hay que dar ordenes. Esta niña se para igual que su papá, y es que quiere mandar y ordenar sobre cualquiera, y salve que alguien no la escuché sobre donde deben ir las cosas.

                —Pero yo sé donde va lo que traen.

                —Si, lo sabes, pero igualmente no deberías estar en la zona de carga, y lo sabes, y tu mamá se refiere es a eso— Aurora tomó el vaso de té y se lo llevó a Armando, para luego buscar el suyo y sentarse en las piernas de su padre.

                —¿Cómo ha estado Xander?— Inquirió Milena.

                —Bien, ya camina y pronuncia algunas cosas, aunque se cae a veces y se pone intranquilo, creo que está un poco nervioso por verlos a ustedes— Karla le hizo señas al pequeño quien se sujetaba de la blusa de su mama con fuerza.

                —Es normal, no nos había visto antes.

                —No había visto a nadie antes aparte de nosotros tres, salvo en las películas y Mickey, le encanta Mickey— Explicó Claudia.

                —Estará bien, ha sido increíble, ustedes han logrado mantenerse aquí a pesar de todo.

                —En realidad ha sido bastante tranquilo—  Comentó Alejandro ante Armando.

                —Sabes que todo mundo quiere saber como lo has logrado.

                —Y el problema no sería decírtelo a ti, el problema es que los americanos quieren saber, y no me agrada su tono autoritario ni su modo de hacer las cosas.

                —Si, lo sé, a mi tampoco me ha agradado ciertas acciones. Y ahora les tengo menos confianza, desde que vimos a Vladimir con ellos— Expresó Armando tomando un sorbo de té.

                —¿Vladimir? El mismo que estaba cont…

                —Ese sucio… no tengo idea de cómo ha llegado al gabinete de estado, pero supongo tiene buenas influencias— Expresó Milena.

                —Pues eso al menos nos aclara donde ha estado metido este tiempo— Expresó Alejandro.

                —Yo te dije amor, tenía mis sospechas— Intervino Karla, Xander por su parte se cansó de estar sobre sus piernas y bajó hasta el suelo para gatear. Aurora le seguía con la mirada al igual que Claudia. Esta última le ofreció a la pequeña una consola portátil de juegos, la cual esta recibió con impresión.

                —¿Cómo viste a Vladimir?— Preguntó el muchacho.

                —En las reuniones que se hacen por video con los jefes de estado, reuniones en las cuales tú deberías estar, te recuerdo.

                —No tengo tiempo para hablar durante cinco días seguidos si deciden dejar que un barco entre o salga Armando.

                —Pero así es la política chico, a veces no es agradable ni rápido, pero es como se mueve el mundo.

                —Así es como se movía, ahora solo son un montón de viejos sentados pretendiendo ser dueños de no sé que…

                —Podrías defenderte de las acusaciones, y no tan solo esperar a que sea yo quien te defienda chico—  Expresó Armando.

                —¡Me he defendido! ¡Aquí han llegado varios hombres armados! Ninguno pasa siquiera la primera defensa.

                —Eso los pone nerviosos Alejandro, son viejos, y no saben como reaccionar ante todo lo que aquí sucede, tampoco saben como logras tu sobrevivir en tierra y mantener alejado a los muertos. Es normal que busquen espiarte— Comentó Milena.

                —Concuerdo con Alejandro, no nos interesa trabajar con personas así— Intervino Karla.

                —No es trabajar, es saber llevarlas, saber usarles muchas veces en tu beneficio.

                —Dudo que te llegaras hasta aquí solo a convencerme que me presente en las reuniones Armando.

                El hombre observó a Milena, respiró profundo y sonrió, recordando en parte los viejos tiempos, cuando el chico llegó a su cuartel y pactaron un tratado— Tan directo… En parte si Alejandro, vengo a pedirte dos cosas, la primera es que asistas a una reunión que se tendrá por parte de las naciones, y la segunda, es que te traslades al Armonia.

                —Ya te he dicho que no, nuestra zona se encuentra aquí y…

                —Las cosas no son tan sencillas Alejandro— Se notó el pesar en el rostro de Milena, luego de que le indicase a Armando que siguiera.

                —Tenemos que mostrarte algo, serio, y secreto, por eso no podíamos hacerlos por los canales regulares, podrían interceptar el canal. Aunque se enterarán de igual forma. Antes que eso, te tengo una pregunta ¿sabes lo que son los campos rojos?

                —¿Te refieres a las granjas?

                —¡Ves! ¡Te lo dije, Alejandro está enterado, de seguro las ha visto en persona!— Exclamó Armando sacando su celular del bolsillo para mostrarle unas imágenes.

                —¿Las has visto de cerca Alejandro? No comentaste nada de ello con los demás…

                —No tenía qué Milena, y si, las he visto un par de veces, hieden a cientos de metros de distancia— Explicó Alejandro, mientras Karla y Claudia prestaban atención.

                —La nación europea, la americana, la rusa, y la japonesa estuvieron discutiendo seriamente sobre atacar los campos rojos, por lo que especificaron, las armas químicas no le afecta. Los demás se encuentran en negro, no saben nada de esto, no tienen imágenes satelitales. Hubo una seria discusión sobre lo que era en específico, pero tu, ¿le acabas de llamar granja?— Preguntó el hombre mayor.

                —Eso es, son granjas, no me preguntes cómo lo han logrado, pero de alguna forma están produciendo órganos, tejido vivo allí, como si se tratase de plantaciones.

                —¿Cómo?— Milena se inclinó hacia adelante para prestar mayor atención.

                —Son granjas, el suelo está cubierto con alguna especie de piel, pero esta reacciona al movimiento, de alguna forma tiene vida esa cosa, en la parte superior se mantiene húmeda con algo que no es exactamente sangre, es más liquido y algo rojizo pero incoloro. He visto restos de cuerpos humanos sobre la superficie, y en la zona superior, como en racimos se forma una masa marrón, casi negra, de la parte de abajo cuelgan órganos, tejido vivo. Se trata de una cosecha, así es como mantienen una población tan grande.

                —Necesitan alimento, ocho años crea un déficit de alimento procesable, pero no imaginé que el virus buscase una manera de mutar para sustentar esta falla— Intervino Milena.

                —Lo preocupante no es eso. Yo hace años, probé con mantener a un muerto sin comida.

                —Yo probé lo mismo durante un tiempo— Argumentó Armando.

                —Yo pude mantenerle más de veinte días, y aun así sobrevivió.

                —Yo llegué hasta los cuarenta y ocho días— Expresó el hombre.

                —Estimo que pueden durar más de cien días sin llegar a probar alimento, quizás el doble o el triple de esta cifra, entonces ¿Para qué crear plantaciones de órganos?— Preguntó Alejandro.

                Milena abrió los ojos y pasó la mano por su cabello— En la naturaleza, cuando una madre necesita hacer que sus crías crezcan. ¿Nuevas cepas? ¿Están creando nuevos muertos?

               —Es lo que yo también pienso, no se me ocurre otra razón— Indicó el chico.

               —Pero es que… biológicamente es imposible, a menos que su organismo, necesitaríamos hacer un reestudio sobre su anatomía, quizás está cambiando, o quizás… es demasiado complejo, ciertamente hay maneras, y la respuesta lógica es esa. El único estadio en el cual el cuerpo humano o animal necesita grandes cantidades de comida, es cuando se encuentra en periodo de crecimiento prolongado. Pero, es imposible Alejandro, no pueden, no pueden estarse reproduciendo— Declaró Milena.

               —Si los americanos y los europeos, o alguno de ellos llegó a la misma conclusión, eso explicaría el ataque que realizaron, en el cual eliminaron siete campos rojos, enormes, ubicados desde la costa de lo que antes era México hasta la estadounidense.

               —¿Atacaron?

               —Las quemaron de hecho— Corroboró Armando— El único problema, es que hubo respuesta por parte de los muertos— Armando pasó un par de imágenes por la pantalla del celular— Atacaron a la nación europea, no dejaron nadie vivo, tres millones de personas, apenas si dejaron cuerpos sobre la plataforma.

               —¿Qué?— Claudia se asomó, Karla se tapaba la boca con las manos.

               —¿Pocos cuerpos? No es casualidad, no me quiero imaginar el tamaño de una cosecha de tres millones de personas— Alejandro se levantó con algo de dolor de cabeza, no quería ver más imágenes, eran perturbadoras en gran medida.

               —Se realizará una reunión dentro de un par de días Alejandro, será un momento clave, por eso me gustaría fueses con nosotros al Armonia, por eso, y por Brad.

               —¿Brad?

               —Quedamos en que no diríamos nada aun Armando— Milena le observó seriamente.

               —No vale de mucho, se enterará de  igual manera, y no es bueno mantener secretos entre aliados— Expresó Armando ante su mujer tomándole de la mano— Recientemente vimos en la costa una señal de auxilio, pensamos que quizás algún sobreviviente, aunque dudamos en gran medida. Lo curioso fue lo que siguió, un muerto, uno de los inteligentes que hablan, se hallaba en la costa, dispuesto a ser encarcelado y a ayudarnos según lo que dijo.

               —Yo no le creo— Señaló Milena.

                —¿Un muerto? ¿Un inteligente se entregó?— esta vez fue Karla quien habló, mientras Alejandro permaneció en silencio, pensando en todas las implicaciones y posibilidades. Una punzada de dolor le hizo reaccionar y buscar un vaso de agua— Esto no pinta nada bien— Concluyó.

      —No va a ir— Expresó Karla atajando en el aire la conclusión y futuras palabras de Armando— No queremos.

               —Ya las escuchaste Armando, y en esta casa ellas son quienes mandan— Aclaró el joven.

               —Alejandro, esto es algo importante.

               —No creo Milena, la verdad pienso que, lo importante es la imagen que pueden dar y obtener con esa reunión.

                —Alejandro cree que se está manipulando a las personas por medio de las reuniones— Expresó Armando mientras sonreía ante un juego que Aurora le mostraba en la consola portátil.

                —¿Es cierto?— Inquirió Milena.

                —Si.                                    

                —Alejandro, yo estoy en esas reuniones.

                —Igual creo que las decisiones de ellas ya están arregladas. El Fema nunca deja nada sin arreglar antes, y ustedes, las naciones pequeñas no tienen tanto poder de voto.

                —Pero se nos escucha chico— Armando se recostó de nuevo en el asiento—Eso es bastante, y conseguimos los recursos necesarios para que las personas sobrevivan y hacer crecer el Armonia.

                —No confío Armando, menos con esa gente del Fema, y si me dices que Vladimir está allí, mucho menos.

                —¿Podemos hacer algo para que cambies de opinión?— Preguntó la mujer de cabello rojizo.

                —Lo dudo Milena, eso es algo que las chicas y yo discutimos bastante los últimos días. Ellas no quieren irse, yo respeto eso, y tampoco pienso dejarlas solas.

                —Este no es un buen lugar para Xander Karla, eso deberías saberlo— Expresó la mujer.

                —Aquí tiene un hogar, y si las fotos de la nación europea son ciertas, aquí mi hijo se encuentra tan bien como en altamar— Sentenció la chica.

                —Yo tampoco quiero irme, esto es nuestro hogar, hemos estado aquí por un buen tiempo— Claudia tomaba un pequeño mazo de juguete que Xander le entregaba en sus piernas.

                —¿Ni siquiera a conocer a tus sobrinos Claudia?— Preguntó Armando.

                —¿Tengo sobrinos?

                —Tu hermana y Miguel tienen tres niños, Felipe, Antonio y Ariana. Esta última tiene apenas la edad de Xander. Pero los otros dos, ya tienen unos cuantos años cumplidos.

                —¿En serio?— Claudia bajó la mirada un instante— ¿Tienen fotos de ellos?

                —No, este aparato es solo para uso de cosas del estado, no suelo… Bueno, no soy tan buen fotógrafo que se diga— Sonrió con calidez guardando el teléfono en el bolsillo.

                —¿Por qué no vino mi hermana con ustedes?— Preguntó la joven.

                —Bueno, Sara se la pasa ocupada con los niños, y Miguel forma parte del escuadrón de supervivientes.

                —No hay que mentirle Milena, estoy seguro que esta chica sabe más y es más fuerte de lo que aparenta— Expresó Armando— Tu hermana odia todo lo que tiene que ver con tierra firme chica, de hecho, forma parte de una coalición pro marítima. Una de esas típicas asociaciones tontas que se forman cuando las cosas van mal.

                —Dudo que odie tierra, se me hace que nos odia específicamente a nosotros— Puntualizó Karla.

                —En específico a mi— Aclaró Alejandro.

                —Bueno, no puedo negar que han existido algunos comentarios, pero Miguel logra calmarla, y siempre les defiende, a pesar de que eso le acarrea muchas veces problemas a él.

                —¿Qué hay de Brad? El muerto— Cambió de tema el chico.

                —No ha dicho mucho.

                —¿Lo tienen ustedes?— La pregunta salió a colación por parte de Claudia.

                —Es nuestro pequeño secreto, por ahora.

                —Milena y yo creemos que decir algo al respecto puede ser contraproducente, los demás lo querrían consigo, por eso hemos tratado el asunto con el mayor hermetismo.

                —Mientras lo tengan ustedes será más conveniente, ellos de igual forma no compartirían esa información— Apunto Alejandro.

                —Pero el muerto apenas a accedido a hablar. Especificó desea ayudar, pero también desea ser ayudado, sobre todo, tiene una petición inalcanzable, quiere ser humano de nuevo.

                —Y eso es imposible— Comentó Milena echándose atrás en el asiento mientras dejaba la taza sobre la mesa ratona al frente. Hubo un cruce de miradas entre Claudia y Karla, imperceptible para el resto por lo fugaz del instante y la pregunta entrante de Alejandro.

                —¿Has continuado las investigaciones?

                —Cada vez que he podido, pero, me he quedado atascada. Mi padre… se habría sentido defraudado, el virus ARE es… sublime, por así decirlo, muta demasiado rápido, es inteligente, impredecible, resiste toda condición natural, infecta en cuestión de segundos, de hecho, no hay ser vivo en la tierra que no tenga actualmente el agente en su organismo. Incluyéndonos, solo que está en un modo pasivo, su modo activo se libera con el contacto directo con su forma más volátil.

                —La cepa que poseen los muertos— Comentó Claudia.

                —Las cepas, es obvio que son muchas, ya resulta imposible, tampoco podemos retroceder y buscar los orígenes y los componentes más básicos. Mis pruebas en el espacio ya eran un derivado. Es un rompecabezas indescifrable.

                —Si, lo entiendo bien, se necesitarían muestras del primer compuesto, y haber experimentado con él

                —¿Tienes películas de zombis?— Se escuchó fuerte y claro la pregunta de la pequeña Aurora a Claudia, Alejandro se permitió sonreír y la reunión quedó como concluida entre sonrisas y sorbos de café y té.

La tarde avanzó rauda, Milena comentaba sobre lo tranquilo que resultaba el lugar, mientras Armando repasaba el sistema de protección computarizado de los chicos con la vista, haciendo preguntas cada tanto sobre su función y el rango que poseía cada arma. El hombre recordaba sus tiempos en la milicia, y luego cambiaba el tema a los escuadrones que recientemente se formaban en las naciones de ultramar. Mientras tanto los minutos pasaban con una película de ciencia ficción sobre héroes que estuvo de estreno en las fechas de la infección, por lo cual era difícil de conseguir.

—¿Qué sucede?— Alejandro salió al pórtico, donde Armando se sentó en el suelo con una taza de té que su hija insistió debía beber.

—Nada importante chico— Comentó este, a lo cual todo quedó en silencio durante un par de minutos— Pensando en tonterías, cosas que me van rondando en la cabeza.

—¿Cómo qué?

—Estoy… algo desesperado. Desearía poder ser el mismo de antes, sentirme lleno de energía, poder quedarme aquí en tierra y luchar, como cuando tenía mis treinta. Pero más que todo, deseo poder protegerlas— El hombre miró adentro de la habitación, donde la pequeña saltaba señalándole la pantalla a Claudia y Xander se hallaba parado de pie frente al televisor— Yo, ya perdí una hija una vez. La sensación en aquel entonces, aun no se ha borrado de mí, recuerdo bien que, todo dejó de importar, en el preciso momento en que Pandora murió, yo, todo, simplemente el mundo dejó de importarme, yo podría haber muerto ese día y poco me habría importado, yo solo deseaba estar junto a ella, a mi hija.

—Veo— Exclamó el chico.

—Recuerdo que cuando fuimos a Brasil, yo, dentro de mi pensaba que, quizás morir allí no fuese tan malo, incluso cuando las cosas se pusieron muy feas, me sentía aliviado, porque podría ver a Pandora de nuevo, o al menos mantenía esa esperanza dentro de mi. Y fíjate, apareció Aurora, tan pequeña que casi cabía completa en mi mano, delgada y tirada a la suerte, yo, creo que sentí debilidad, quizás ví a Pandora reflejada en ella, o quizás yo estaba allí solo para poder cuidar a esta niña. Ahora, la quiero como si fuese mi sangre, la amo chico, no como a Pandora, pero la amo, y daría todo por ella, pero siento que mi edad hace estragos en mí, que ya no soy el mismo de antes, y en cierto forma estoy desesperado. Creo que en parte por eso vine a pedirte que fueses con nosotros, siento que algo malo de verdad se avecina, y yo, no sé que hacer. Es difícil tener que admitir este tipo de cosas sabes, me refiero a que, no sé bien qué hacer. Aurora va creciendo, ahora agarró la manía de querer ver a los zombis, está obsesionada con ellos, lo repite a cada rato, y yo, pienso que si ella recordase aquel día en el centro comercial… No quiero que viva algo así Alejandro, quisiera poder protegerla de todo— Se notó como la voz de quebró un instante y el silencio continuó a la charla.

                —Yo, entiendo un poco, si alguien tocase a Xander, yo… no sé, quizás entraría en locura y lo destruiría todo, humanos, muertos por igual. No sé.

                —Esa es exactamente la sensación a la que me refiero.

                —Pero no puedo ir Armando, precisamente por eso, las chicas, ellas desean quedarse aquí, en cierta forma, aquí se han alejado de todo. Nos hemos mantenido en algo de paz y yo no puedo abandonarlas.

                —Descuida, es algo egoísta.

                —¿Cómo van las cosas con Milena?

                —Milena, es estupenda— El hombre alzó la vista— Lo mejor que tiene ella es que, es una mujer por completo, fuerte, decidida, firme, tenaz, una mujer sin necesidad de un hombre, eso a veces es lo mejor que puedes encontrar. Alguien que no te necesite, pero que aprecie que estés allí. A veces, me cuenta sus cosas, lo que soñaba, como se vio influenciada por su padre, y esas cosas del pasado, es su forma de expresar cariño por así decirlo.

                —Contarte sobre ella.

                —Le gusta mantener su capa de dureza, es grandiosa. Ama a Aurora, se ha encariñado mucho, aunque no lo admitirá.

                —Se le nota.

                —¿Si? Supongo que si.  ¿Y tú con las chicas?

                —Yo te comenté por video llamada.

                —El asunto de Claudia.

                —Si, fue algo raro en un principio— Admitió Alejandro— Pero luego me di cuenta que en cierta forma ellas tenían razón, yo tampoco la veía como una hija o hermana.

                —¿Y?

                —Terminamos siendo novios, o así gusta que le llame. Incluso creo que es raro hablar de ello, pero todo ha sido fluido, y en cierta forma natural.

                —Veo— Expresó Armando.

                —Pensé dirías algo mas serio al respecto.

                —¿Algo más serio? Chico, no se le puede imponer reglas al amor, si tu hace diez años me hubieses dicho que querría a una niña tanto como a mi hija, me habría reído— Expresó seriamente— Lo único que te puedo decir es que, las cuides, cosa que creo está demás. Ellas te aman, y tú eres el hombre más precavido que conozco, no veo nada de malo en ello— Armando se levantó afincándose en su rodilla con cierto gesto de dolor— Ahora, entraré a ver esa película o Aurora gritará toda la noche relatándomela.

                —Si.

                Se detuvo en la puerta con la mano en la perilla— Tu has crecido muchacho— Observó a Alejandro— Hace ocho años no habríamos tenido esta conversación. Es bueno tener a un compañero en esto— Y con estas palabras entró a la sala dejando a Alejandro pensativo un instante.

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