CAPÍTULO 15. HERENCIA BLACK

—Un día Harry Potter, un simple día y ya estás castigado ¿cómo siquiera lo logras?— Daphne caminaba junto al chico y Hermione rumbo a la oficina del director— Y te llevaste a Hermione contigo. 

—En realidad yo fui sola cuando Neville nos invitó— la chica iba con la cabeza abajo apenada ante su falta de juicio. 

—No sé, quizás sea talento natural, Sirius dice que mi padre tenía talento para meterse en problemas— Contestó Harry. Se sentía fresco como una lechuga, algo que su compañera de Gryffindor no parecía haber hecho. Su cabello se hallaba más revuelto que de costumbre, y en su cara se mostraban ojeras. Obviamente estaba preocupada por el asunto del profesor muerto y su salida nocturna, era algo que discutieron la noche anterior. Él por su parte no entendía el alboroto, ciertamente no era normal ver muertos por los pasillos de un colegio, pero pensaba que, después de tener un perro gigante de tres cabezas en el tercer piso, debían suponer algo así podría suceder de un momento a otro. 

—¿Y bien? ¿El espejo valió la pena?

—Para nada, digo fue interesante y me gustó mucho ver a mis padres, era como si estuvieran vivos. Pero luego al comprender que no eran reales, ni había posibilidad de que fuese el futuro, pues, me sentí más decepcionado que cualquier otra cosa— Expresó Harry con sinceridad. Las ganas de ver nuevamente a sus padres y resto de familia rivalizaba con la decepción de la falsedad. No era distinto a buscar las fotos en su baúl. Si tan solo pudiera hablar con ellos ¿Qué habría dicho su padre? a quien Sirius siempre describía como un bromista y rebelde irremediable. O su madre, que según era la más inteligente de su curso. Anhelaba saber esas respuestas. 

—Quizás vaya y lo vea en un rato, si es que sigue allí como dicen ustedes— Se encogió de hombros Daphne. 

—Luego me dices si es interesante lo que ves allí. Eso sí la zona no está restringida por lo sucedido— Hermione se notaba baja de ánimo al hablar. Debió escribir a sus padres comentando lo sucedido previo a ser solicitados a la oficina del director para hablar sobre su castigo y ser interrogados por el ministerio sobre el incidente. 

—Todavía no puedo creer que vieran a un profesor muerto en el castillo. No sé, dudo que sucediese antes— Comentó la chica de cabello dorado. Llevaba consigo todavía la túnica pues acababa de llegar cuando se enteró del suceso y corrió a la sala del séptimo piso, y no a las mazmorras de su casa. 

—Ha pasado un par de veces, en tiempos de algunos magos tenebrosos, incidentes en torneos de los tres magos, y en clases de duelo avanzadas que se han salido de control. Lo averigüé— Respondió la otra. 

—Pero entiendes mi punto, esto no es normal. El profesor Quirrell fue, asesinado— La última palabra Daphne la susurró, a pesar de que en horas de la mañana medio colegio hablaba sobre el suceso— Digo, puede que fuese un idiota, pero a fin de cuentas era un profesor del colegio. Al menos un par de hechizos bien conjurados debió ejecutar antes de caer. 

—Yo sigo diciendo que era un farsante— Repuso Harry. 

—Igual era un profesor Harry. No entiendo como pudo terminar así…

—Probablemente, y me imagino que ustedes también lo han pensado. Intentó entrar en el tercer piso, ya saben…— Comentó Daphne. 

—Pero dudo que el cerbero mascota de Hagrid le lanzara un maleficio que lo matase— Harry bajaba el ritmo, ya que estaba bastante cerca de la oficina— No tenía heridas de sangre, y esa cosa no es muy pequeña, lo habría partido por la mitad.

—Ella tiene razón Harry, puede que no fuese el perro de tres cabezas, pero pudo ser cualquier otra cosa. Quizás otra de las pruebas sea algo que lance maleficios, como trampas, no sé. Probablemente el profesor Quirrell se aventuró y perdió— Intervino Hermione— Lo único extraño de eso es que igualmente terminó muerto afuera, en el pasillo. 

—Si, y con eso regresamos al mismo punto. Parece más que alguien se batió en duelo y terminó muerto— Se detuvo Daphne. 

—Lo mataron— repuso Hermione. 

—No tenemos pruebas, hay personas que se han auto maldecido— Agregó la otra. 

—A mi me preocupa son los castigos, hubo un muerto dentro del colegio. Nos pueden expulsar, ya se los dije a mis padres en una carta— Rompió a llorar la castaña. 

—¿Expulsarnos?— Harry no llegó a planteárselo, lo máximo que imaginó era tener que limpiar trofeos o los baños— Hermione, no te preocupes, incluso si nos expulsan quizás podamos entrar a Durmstrang. Me enviaron una carta. 

—También tendrías un acceso total a la biblioteca Greengras. Nosotros no olvidamos a nuestros amigos o enemigos— Daphne le brindó un par de palmaditas a su compañerea, luego se dirigió a Harry con intriga— ¿Te invitaron a Durmstrang? Es interesante, mi familia planteó enviarme allí, pero decidieron que quedaba muy lejos. 

—Y a la biblioteca Black, no hay biblioteca Potter, hasta donde sé— Sonrió Harry.

—No importará, de seguro nos expulsan y confiscan nuestras varitas, nuestras varitas Harry. ¿Sin varita que crees que haré? Soy una bruja de apenas once años, sin estudios y nacida de padres muggles. 

—¿Nos pueden confiscar las varitas?— Inquirió Harry. 

—Decreto estatal número 593 sobre el uso de la magia, lo decía en el profeta y era cuestión de reclamo hace un mes. El ministerio está en el derecho y practica obligación de requisar las varitas de aquellos implicados o testigos de un asesinato, esto lo hacen para evaluar la varita y evitar enfrentamientos posteriores— Explicó Hermione limpiandose las lágrimas. 

—¡Kreacher!— Llamó Harry y un elfo tardó solo dos segundos en aparecer frente a ellos. 

—Amo Harry ¿qué puede hacer Kreacher para…? 

—Toma treinta galeones, irás al callejón Diagon y comprarás dos varitas y regresaras en el menor tiempo posible, Menos de cinco minutos Kreacher— El chico sacó dinero del bolsillo y lo entregó al elfo justo antes de que este desapareciera. 

—Llamaste a Kreacher y no a Gali— Comentó Hermione— Confías más en Gali. 

—Kreacher me odia, bueno, prácticamente odia a todos en la casa que no sea su antigua ama. El punto es que si le pedía a Gali una varita buscaría la mejor, alguna con incrustaciones y super elegante. Recorrería todo el callejón buscando la mejor de todas. En cambio Kreacher buscará la primera, incluso si encuentra alguna sucia desgastada y de segunda mano, esa será la que traerá. 

—Lo pensaste mucho, probablemente sea lo más inteligente que se te ha ocurrido o dicho en menos de un segundo— Alegó Daphne. 

—Toma mi varita, confío en ti, luego la busco contigo— Harry se despidió de su herramienta mágica y se la entregó a Daphne al igual que Hermione. Luego esperó el regreso de Kreacher, quien llegó con un par de varas casi rotas y desgastadas, por las cuales pagó los treinta galeones. No hubo quejas por parte de ninguno de los dos, ambos lanzaron un par de hechizos. 

Los pasos apresurados por el pasillo delataron la llegada de algunos curiosos. 

—¿Es cierto Potter? ¿Tu y tus amigos vieron morir al profesor Quirrell?— Malfoy preguntó sonriente ante su escuadra, que le acompañaba como era usual— Mi padre me dijo que los van a expulsar de la escuela— Draco no había terminado la frase cuando Hermione soltó un sollozo y las lágrimas bajaron por su rostro. 

—Ya lárgate Malfoy— Espetó Harry, cuando observó que más gente se acercaba. Ron Weasley llegaba junto a Dean, Seamus y las gemelas. 

—¿Es cierto? ¿Estuvieron allí cuando mataron al profesor Quirrell?— Preguntó el pelirrojo de pecas hermano de Fred y George. Harry no tenía mucho aprecio por el chico, pero era mejor que el idiota de Malfoy. 

—Estábamos por el lugar por mala casualidad. 

—¿Mala casualidad? Pescar un resfriado por pasear en el lago es mala casualidad, Harry. Esto es horrible. Gryffindor se ha quedado sin puntos de casa y … 

EL pelirrojo fue interrumpido nuevamente por Malfoy— Quizás sea lo mejor pequeño Weasley, expulsarán a Potter, quien parece los iba a dejar con saldo negativo para el siguiente año escolar si continuaba aquí

—Si ya me vana a expulsar ¿Que me impide maldecirte un poco Malfoy?— Harry apretó la varita en su mano, sintiendo como esta se resentía un poco. Causaba un escozor que le indicaba que la misma se negaba a cooperar. 

—¿Dispuesto a ganarte un espacio para tí solo en Azkaban, Potter? 

—Llamarán a los expertos de Lego para armar las partes que queden de tí, Malfoy. 

—¡Detente Harry!— Hermione se colocó frente a él aún con lágrimas— No lo vale— Expresó mirando al otro con recelo antes de empujar a su compañero rumbo a la oficina del director.

—Estaré aquí afuera Potter, esperando las buenas noticias— Se burló el otro. 

— Sirope de frambuesa— Recitó Hermione la contraseña y la gárgola guardiana le brindó acceso. 

El lugar estaba compuesto por un conjunto de salas bastante amplias. La primera estancia lucía como una biblioteca o lugar de estudio, con un segundo piso repleto de libros en estanterías bastante arregladas. Aparatos y vasijas de diferentes tamaños se hallaban regadas por el lugar.

—¿Cómo imaginas que será tu vida Harry?

—¿Ah?

—Digo, eres el niño que vivió. Aunque no lo quieras eres algo famoso, pero ¿Qué has pensado ser en un futuro?— Inquirió Hermione. 

—Yo… bueno. No lo he pensado mucho— Admitió Harry— Pero si tuviera que decir algo, diría que jugador de quidditch o quizás auror, Sirius me dijo que mi padre quería ser auror. Solo que no pudo hacerlo. 

—¿No pudo?

—La guerra, desde que salió se vio involucrado, y aunque fue aceptado, nunca ejerció nada. 

—Lo siento, siempre pregunto sin comprender bien qué es un tema delicado. 

—Descuida. Pienso en ellos, pero tengo a Sirius. No me he sentido totalmente solo — Respondió Harry observando una vasija extraña.

—Yo quiero trabajar para el ministerio o crear algún invento mágico. Quiero ser recordada Harry. 

—Suena como algo que dirías tú ¿Recordada? 

—Soy hija de padres muggles, McGonagall me dijo el día que fue a mi casa que no éramos bien recibidos por ciertas personas dentro de la comunidad mágica. Me dijo que si deseaba ser buena maga, debía destacar, ser mejor que el resto. 

—Eres superior que los demás Hermione. Haces casi todo hechizo que leas a la perfección, mucho mejor que yo. Lees y absorbes todo. 

—Tengo miedo. No quiero ser expulsada Harry. 

—No serás expulsada, e incluso si así fuera, haré que te acepten en otra escuela. Hay institutos mágicos privados según lo que he escuchado— Harry tragó saliva. Sentía que Hermione estaba a poco de llorar nuevamente y deseaba evitarlo a toda costa, no se atrevía a abrazarla— Vamos.

 La siguiente recámara se hallaba dividida por una enorme puerta de madera que fue abierta de inmediato por un par de sujetos de aspecto serio. Harry y Hermione avanzaron, hallando que Neville y Sophie ya se hallaban allí adentro, junto a Dumbledore, Snape, la profesora McGonagall y otras personas. Estos desconocidos estaban de pie a los lados del director.

—Señorita Granger, Potter, tomen asiento— Les observaba desde las gafas medialuna  Dumbledore. 

—Bien, iniciemos. No nos conocemos, pero me llamo Bartemius Crouch, del departamento de cooperación mágica internacional, mi compañera es Amelia Bones, del departamento de seguridad mágica, y a mi derecha está presente Cornelius Fudge, el ministro de magia. 

Hermione casi cae de rodillas al ver al ministro mismo frente a ella, y comprendió la razón de la palidez de sus dos compañeros. Harry por otra parte parecía algo distraído al tomar su asiento. El ministro de magia era el mayor cargo dentro del mundo mágico. Si Cornelius Fudge se hallaba allí, significaba que el asunto era más serio de lo que pensaba, de inmediato sus piernas empezaron a temblar y su sudor se tornó helado. 

—Un placer— Expresó el chico de ojos verdes. No hubo respuesta salvo por un asentimiento de cabeza de la mujer de nombre Amelia. Harry comenzó a pensar en si conocía a aquella persona, su rostro le era familiar. 

—Estamos aquí para aclarar las circunstancias en las cuales fueron hallados ayer en la noche, muy cerca del lugar donde ocurrieron los hechos. La muerte de un docente, el profesor Quirinus Quirrell. 

—Señor Potter— Intervino el ministro— ¿Qué hacía la noche de ayer a altas horas en los pasillos del cuarto piso del castillo?

—Me encontraba con mis amigos viendo un espejo mágico que Neville encontró recientemente— Respondió lacónicamente. Neville a su lado parecía respirar con aquello, ahora volteaba a ver a los interrogadores como si estuviese expresando “se los dije” y pidiendo por su vida. 

—Señorita Granger— El hombre de nombre Cornelius habló girando los ojos— Tengo entendido usted desea entrar a trabajar con el ministerio, y ha informado sobre ello a la profesora McGonagall ¿Qué piensa sobre el hecho que, la infracción de la noche de ayer, generará una nota a su reporte estudiantil? Esto podría tachar sus oportunidades con el ministerio. Algo bastante lamentable, debido a que sus profesores han hablado excelencias sobre usted. 

Hermione lanzó un sollozo y se quebró en llanto hundiendo su rostro entre sus manos mientras que el cabello cubrió su rostro. 

—Estamos dispuestos a olvidarnos de dicha nota en su expediente, si nos específica sobre las circunstancias en las cuales salieron la noche de ayer, y sobre lo que vieron en el tercer piso— Expresó el sujeto. Harry abrió la boca impactado ante la sugerencia del hombre, mientras que Hermione lanzó un llanto aún más escandaloso. 

—No vimos nada, no bajamos hasta el tercer piso— Respondió sin siquiera levantar la cabeza. 

—Señor Potter, tenemos un registro de travesuras y comportamiento errático de por su parte. Incluso un incidente donde se especifica usted atacó a algunos estudiantes de su propia casa cuando estos se hallaban en la sala común. 

—Si lo dice así suena a que los maldije— Respondió el chico. 

—Lo cual es una clara muestra de falta de disciplina. El ministerio se encuentra en la libertad de expulsarle del colegio Hogwarts de magia y hechicería, colocarlo en reclusión por averiguaciones y confiscar su varita mágica hasta nuevo aviso— Alzó la voz el hombre ante la presencia de un chico de apenas once años que se mostraba abiertamente rebelde y poco cooperativo. Debía doblegarle para causar que el miedo y la culpa guiaran sus palabras a la verdad— Le recuerdo que hace poco estuvo en el ministerio junto a su padrino por averiguaciones respecto al incidente en el banco. Este tipo de comportamiento es clásico de alborotadores, de chicos que piensan que su fama se encuentra por encima de las reglas. 

—Acúseme de lo que quiera. Saldré de aquí, llamaré al profeta y tomaré veritaserum frente a los reporteros diciendo lo mismo que aquí— Veritaserum era una poción extraña altamente regulada por el ministerio. Sin embargo era extremadamente famosa, hacía que cualquiera persona que la bebiese dijera únicamente la verdad. Algo bastante eficaz en casos de juicios, pero controlada debido a su extrema dificultad en fabricación, la cual, de fallar, podría ocasionar la muerte de quien la bebiera. Sirius la mencionó varias veces, y su solución era algo que su padrino repetía cada vez que veía asuntos polémicos en el periodico a la hora de la comida— Salimos a ver un espejo mágico, rompimos las reglas al salir de noche, y me pueden castigar por eso, pero por nada más. Como dijo Hermione, nunca bajamos al tercer piso. 

—¡Solicito de forma inmediata la expulsión del alumno Harry James Potter de la escuela Hogwarts de magia y hechicería, y su investigación exhaustiva por parte del ministerio de magia, ante irregularidades en la muerte del profesor…!— De pronto el director le interrumpió en su discurso. 

—Me temo Barty, que debo objetar ante ello. Me encuentro plenamente seguro que el señor Potter y sus amistades no son culpables, ni tienen algo que ver en el lamentable incidente. Yo mismo ví al señor Longbottom recientemente inspeccionando el espejo mágico. 

—¡Dumbledore, este chico…!

—Es un alumno, y te recuerdo que en asuntos del colegio y por ley, como director de Hogwarts, tengo total autoridad y potestad sobre la expulsión de mis alumnos. Como mencioné antes, no dejaré que pasen sobre dicha autoridad, y no serán expulsados. Sin embargo, aquí están los chicos, pueden interrogarlos como estipula la ley— Harry se sorprendió ante la postura resuelta del director. Sus palabras y tono era suave, pero había una firmeza irrevocable en sus frases. 

—Esto es irracional, este chico no solo se atreve  a burlar la autoridad, sino que abiertamente se ha mostrado no cooperativo y sospechoso en incidentes que sugieren magia oscura— El bigote del jefe de cooperación mágica internacional se hallaba crispado, al igual que sus nervios. Se movió de un lado a otro resoplando— No es normal, te lo digo Cornelius, este chico está relacionado con los incidentes, tanto el del banco, como este. Mi instinto me dice que no está diciendo todo lo que sabe. En ambos casos hemos visto rastro de magia oscura, es algo que no debemos pasar por alto, incluso si se trata de un estudiante.

—Creo necesario recordar que esto no es un juicio del ministerio, y no estamos en el Wizengamot —Intervino la profesora McGonagall — Los métodos poco legales que a veces realiza el ministerio a sus reclusos no son aplicables en estas paredes. 

—Barty, coincido contigo que las circunstancias son sospechosas, pero son cuatro estudiantes de primer año. No hay manera que un grupo así esté ni cercanamente implicados en la muerte de un profesor— Intervino Amelia Bones. 

—¿Por qué les extraña tanto que alguien esté muerto, si tienen un perro gigante de tres cabezas a tres pasos de donde estaba el cuerpo?— Preguntó Harry molesto ante las acusaciones del hombre. 

La sala quedó entonces en silencio. Los adultos presentes se miraron unos a otros sin expresar una sola palabra, hasta que el director aguzó los ojos y observó a Harry a través de las gafas media luna— ¿Harry, has entrado en la sección prohibida del tercer piso?

—Nos perdimos un día y entramos por error, vimos a esa bestia enorme y salimos corriendo. 

—A pesar de que creemos que el profesor Quirrell entró un par de veces a la sección prohibida del tercer piso sin autorización— Intervino Snape ante el ministro que estaba por hablar— Y nuestra fuente nos indica, se hallaba en contacto con al menos un vampiro de las zonas de Albania. La evidencia sugiere que esa noche no llegó a entrar en la recámara del cerbero, aparentemente fue atacado y tuvo un duelo mágico. Las grietas en las paredes así lo indican, por lo cual, la persona con quien batalló debe ser el asesino. 

—Cierto, cierto, peguemonos a las evidencias— Comentó el ministro— Nos encontramos conscientes de las circunstancias especiales vinculantes con lo que allí se guarda. A pesar de no hallarme conforme con la actual ubicación de… el artículo mágico. Entendemos que no habrá un consenso sobre su ubicación. Pasando eso por alto, debemos enfocarnos en la muerte del profesor, e indagar más sobre el asunto. 

—Sin embargo, coincido que las circunstancias en las cuales Potter se encontraba cerca del lugar de los hechos, resulta inquietante— Confirmó Snape —La recámara donde se hallaba el espejo es muy cercana a las escaleras al tercer piso, por lo cual al entrar a la habitación que mencionan, debieron escuchar algo de la batalla. 

—Fui yo profesor dumbledore, quien invitó a Harry. Él y Hermione estaban en la sala común, pero pensé que ver el espejo en la noche evitaría las miradas de los demás, no pensé causariamos problemas— Alegó Neville entre gimoteos lamentables— Pero no escuchamos nada, no hubo luces, hechizos, nada, lo juro.

—Mi interrogante es por qué estamos interrogando a un niño de once años sobre la muerte de un profesor. Cuando es más que obvio que entre los cuatro no habrían podido enfrentarse, aún más cuando Quirrell era el profesor de defensa contra las artes oscuras— Intervino McGonagall— Por Merlin, el sujeto era un manojo de nervios andante, pero había enfrentado a vampiros previamente. ¿Y por qué el empeño de culpar a Potter? Los cuatro estaban juntos la noche de ayer. Si Potter hubiese hecho algo los otros tres hubieran visto y notificado. Granger podría haberse visto involucrada y empujada producto de la curiosidad, pero es una alumna ejemplar. Si ella niega estar involucrada, yo creo firmemente en ella, y estoy dispuesta a presentarme como su voz y protectora si alguien más insiste en este asunto. 

—Creo que hemos definido que los chicos no están involucrados. Pero ciertamente necesitan un castigo de acorde a la gravedad de sus acciones la noche de ayer— El director se acomodó en su asiento observando a sus colegas. 

—El ministerio necesitará hacer registro de sus varitas mágicas— Intervino Crouch— Accio varitas— Indicó a los cuatro chicos y las varas salieron de sus bolsillos rumbo a las manos del hombre— Necesitamos verificar qué magia han usado, no tomará más de uno o dos días— El sujeto se hallaba molesto e inconforme con el asunto. 

—Un día Barty, no esperarás tener a un cuarteto de alumnos sin varitas mágicas cuando inicien clases— Señaló la jefa de la casa de los leones. 

—Con respecto al castigo. me temo que deberé ser severo en esta ocasión. Cada uno de ustedes tendrá que cumplir horas extra con la profesora McGonagall y el profesor Snape respectivamente. Además creo que realizarán un par de rondas con Hagrid en el bosque prohibido. ¿Todos de acuerdo?— preguntó el anciano. La mayoría asintió o levantó la mano, Crouch y Snape se abstuvieron de emitir opinión— Además el señor Potter ya no gozará del beneficio de la electricidad que fue brindada a las habitaciones de Gryffindor. Pueden retirarse los cuatro. 

Se levantaron de las sillas y caminaron en silencio hasta el siguiente vestíbulo. Apenas dejaron la estancia y cruzaron el umbral Harry pudo escuchar que una fuerte discusión estalló en la oficina del director. 

—¡Hay un mago tenebroso detrás de todo esto Fudge! ¡te lo puedo jurar por mi familia que es lo más sagrado!— La voz de Crouch se escuchó por la última rendija, pero Harry o los demás no tuvieron tiempo para reaccionar. Afuera, tres personas también se enfrentaban acaloradamente en una discusión verbal. 

El primero era el sujeto más extraño que Harry viera en toda su vida. Era robusto y huraño, algo visible por su rostro arrugado y cortado en diferentes secciones y la mirada inquisitiva que dirigía con su único ojo. En el otro extremo de su demacrada cara tenía algo que lucía más como el ojo de un robot. Esta esfera se movía como loca y detenía de forma brusca en cada uno de los recién llegados— Esta alimaña de Malfoy no es de fiar Emmeline, si está aquí ahora debe ser porque huele la putrefacción de la cual salió él y su querido ex jefe. Pero por ahora sugiero calma, tenemos compañía— Su ropa era rara, algo que significaba mucho en el mundo de los magos. Lucía una capa gruesa que cualquiera adivinaría se trataba del cuero de algún animal extraduro. Además llevaba un enorme cinturón lleno de extraños objetos. Como si fuese un pistolero. 

El otro era un sujeto de cabello dorado peinado hacia atrás, apariencia altiva y traje elegante. La mirada despectiva dejaba adivinar que se trataba del padre de Draco. La siguiente en cambio era una mujer de rostro serio pero calmo. Lucía un traje esmeralda de alta costura y jugaba con su varita en la mano, su cabello era castaño. Harry notó que la mujer los observó y dejó su mirada clavada en él durante varios segundos. Le hizo preguntarse si no era familia de Hermione, lastima que esta no llegó a reparar bien en la fémina debido a sus sollozos. 

—Avancen chicos, pero cuidado, hay ponzoña en el camino— Sonrió el viejo lleno de arrugas y cicatrices. 

—Yo creía que los de San Mungo te mantenían sedado y tranquilo Moody, la vejez parece que ha confundido tus últimas neuronas— Expresó Malfoy padre, no sin antes dedicar una mirada de reojo a los cuatro que salieron de la oficina al instante. 

—¡Sirius!— Fue excelente ver la cara de su padrino sonriendo a las afueras de las oficinas esperándolo. No evitó saltar hasta este para abrazarlo con fuerza, de pronto incluso tuvo ganas de llorar y desahogarse. Sin embargo, Daphne se aclaró la garganta cortando el momento. 

—Es bueno verte muchacho. Me contaron que estuviste en reunión con el director y gente del ministerio. 

—Salimos a escondidas anoche a revisar un espejo mágico, y al salir encontramos que el profesor de defensa contra las artes oscuras estaba muerto— Se encogió de hombros el chico— Por cierto, ella es Hermione, ella es Daphne, este es Neville, y ella Sophie— Presentó señalando a cada uno. 

—Así que ustedes son los responsables de mantener fuera de peligro a mi ahijado, espero no haberles dado una tarea muy dura— Guiñó un ojo a los presentes— ¿Y bien? ¿Quién mató al profesor loco? 

—¡Sirius! es algo serio, incluso nos quitaron las varitas— Argumentó su ahijado. 

—Bartemius Crouch dio la orden— Aclaró Hermione. 

—¿Las varitas? ¿Hay un asesino en Hogwarts y a ustedes les quitaron las varitas? ¿Por qué no los mandan a la guillotina de una vez?— Exclamó en un grito mientras su cabello se erizó— ¡Ahora si me van a escuchar! 

—¡Calma Sirius!— Intervino Harry poniéndose al frente— Hermione y yo escondimos las nuestras, se llevaron unas que mandé a comprar con Kreacher, pero a Neville y a Sophie si les quitaron las de ellos. 

—¿De verdad?— Abrió los ojos— ¿Y se te ocurrió a tí que podían quitarles las varitas? No creerías que ese imbécil es hijo de una Black.

—Hermione me dijo que había una ley al respecto. 

—Ya imaginaba yo que alguien debió decírtelo. Gracias señorita por ayudar a mi ahijado a pensar de forma clara. Conserva este tipo de amistades— Sirius los observó a todos con aires de suficiencia y luego comentó— ¿Ya saben cuál será el castigo? 

—Clases con McGonagall y Snape— respondió Harry. 

—¿Eso es todo? ¿Ya no los mandan a limpiar las mazmorras o a preparar comida en las cocinas? Que tiempos aquellos.

—No sé si quiera alguno de esos castigos Sirius.

—Bueno, evitaron la expulsión— Expresó cruzándose— Y parece que mi estadía aquí fue innecesaria desde el principio. Eviten la expulsión, procuren usar mejor sus oportunidades chicos. 

—Fue bueno verte Sirius— Comentó Harry cuando su padrino guiñó un ojo y se retiró del lugar. 

    —Yo debo subir a escribirle a mi abuela, de seguro me gano un vociferador— Chilló Neville. 

    —¿Qué vamos a hacer sin varitas por un par de días?— Preguntó Sophie. 

    —Podemos cuidarte mientras tanto, igual llegarán a tiempo para las clases— Repuso Hermione. 

—O puedo ver si compramos un par más, para tí o Neville. No me imagino lo que hará Malfoy si sabe que ustedes están sin varitas— Comentó Harry

—Tiene razón, Malfoy puede ser un incordio si se entera que ustedes están sin varitas por un par de días. Están expuestos. Pero Harry, otras varitas implican dinero— La chica lo observó con los ojos abiertos. 

—Tengo algo de dinero y según los duendes las inversiones van bien. Tampoco sé en qué gastarlo— Se encogió de hombros. 

Hermione giró la cabeza— Deben comprometerse a no decir nada, hay leyes para evitar cosas así, se supone que… 

—Lo entendemos Hermione, no diríamos nada más jamás, ¿Verdad Sophie?

—Nunca, ni bajo tortura— La chica negó energica con la cabeza. 

—¿Y bien Potter, ya fuiste expulsado con boleto de ida a Azkaban?— El aludido de la casa de Slytherin apareció riendo con una malicia que sugería, estaba disfrutando el momento—Mi padre dijo que pediría la mayor sentencia posible para tí. 

—Tu padre está en el vestíbulo de la oficina, creo que no lo dejaron entrar, Draco— Respondió Harry. 

—Evítalo Harry, está buscando confrontación— Declaró Hermione empujándole por el pasillo rumbo al gran comedor— Gracias, por defenderme— Expresó ella, a lo cual el chico se encogió de hombros. 

—Es interesante tu varita Harry, no sabía que el Sirius que siempre mencionas es la cabeza de la familia Black— Comentó Daphne. 

—No vi importancia mencionarlo— Comentó. 

—Deberías, es una de las familias más importantes, aún se respeta mucho ese apellido. 

—Pues probablemente te sorprenda saber que heredé el apellido Black. 

—¿Qué?— Soltaron casi al unísono ambas chicas. 

—¿Por qué ese grito? Hermione, te enseñé el anillo antes, Sirius me lo dió. Y te dije que bueno, estuve en el banco con él revisando los papeles de la fortuna Black y esas cosas. 

—Mencionaste que era poco dinero porque la familia lo gastó de mala forma e incluso algunas partes se fueron a financiar a quien ya tu sabes. Pero no recuerdo mencionases eras un Black. 

—Bueno, aun no sé si seré Harry James Potter Black, o Black Potter. Sirius me hizo heredero, nada más. 

—Creo que no comprende las implicaciones de heredar el apellido Black— Daphne frunció el ceño. 

—¿Tengo que entender algo?

—¿Estás seguro que leiste el libro de las sagradas veintiocho? Puede que los Potter fuesen sacados, pero no los Black— Hermione le miraba de reojo mientras avanzaban y se escuchaba un tumulto de personas. Alguien vandalizó una pared del colegio pintando un letrero que decía “si no pueden mantener a salvo a los profesores, acaso a los estudiantes si? Cierren el colegio” Filch gritaba a todos los que por allí pasaban y se quedaban a curiosear. 

—Te dije, lo revisé, no es mi lectura favorita. ¿Escuchaste lo que dijo Dumbledore sobre quitarme la electricidad? ¿Solo a mi? ¿Acaso no hay electricidad en Hogwarts?— Preguntó el chico siguiendo su camino. 

—Por lo que he averiguado, no Harry— Respondió Herrmione. 

—Creo que de hecho la mayoría de artefactos muggles no funcionan dentro de los terrenos del colegio— Agregó Daphne. 

—¿Cómo funcionaba mi consola entonces?— Se interrogó el chico. 

—Supongo que hubo algún acuerdo para poner energía eléctrica para ti. No sé, tampoco es que haya más estudiantes pidiendo una lampara, radio o televisión, Harry. 

—No creo que cierren el colegio— Cambió de tema Daphne. 

—Tampoco creo, de hecho, en la audiencia no dijeron nada de eso ¿verdad Harry?. Como dije, ha pasado antes, aunque generalmente son estudiantes muertos por accidente u otras cosas. Supongo que en eso se diferencia bastante de las escuelas muggles. 

—¿Cómo son las escuelas muggles?— Preguntó la de Slytherin a la Gryffindor. 

—Bueno, las escaleras no se mueven, no hay retratos que se muevan, ni fantasmas o lechuzas. Y las clases generalmente son de historia, matemáticas, ciencias naturales y cosas así… 

—¿No hay lechuzas?

—No, para eso están lo teléfonos o los carteros, pero los teléfonos son caros, entonces no todo mundo tiene uno.

—¿Teléfono? ¿Ese no es el de las imágenes que tiene Harry?— Se confundió Daphne. 

—No, eso es un televisor, es distinto, el teléfono es para recibir sonido. Generalmente para hablar con alguien, a distancia. El televisor transmite imágenes, algo que ya se grabó con anterioridad. 

—No entiendo lo del televisor todavía, un simple hechizo bastaría… 

Harry tomó asiento en un gran comedor que se hallaba bastante alterado. Algunos hablaban en voz alta y revisaban el periodico, o cuchicheaban de forma audible discutiendo sobre la muerte del profesor. 

—Hola Harry— Se acercó Fred. 

—Escuchamos que ayer te las arreglaste para sacar del camino al profesor Quirrell— Agregó George a su lado. 

—Por fin conseguiste tu venganza por ser un profesor tan malo y lo entregaste a un nuevo señor tenebroso— Terminó Fred. 

—No digan esas cosas por los pasillos o les creerán— Refunfuñó Hermione. 

—No es muy distinto a lo que están diciendo por allí— Guiñó un ojo uno de los gemelos— Igualmente todos saben que, si alguien mató a un profesor dentro del colegio. Se debe de tratar de alguien poderoso. 

—Nosotros tenemos nuestra propia teoría— Continuó Fred tomando un par de pasteles de calabaza.

—Creemos que lo hizo un fantasma— Sonrió el otro. 

—¿Un fantasma?— Inquirió Harry— ¿Pueden usar varitas? 

—Hay muchas cosas que pueden hacer, pero dudo que usar una varita sea una de ellas— Intervino Hermione. Daphne por su parte asentía con la cabeza sin prestar atención a un papel que arrojaban desde la mesa de Slytherin en su dirección. 

—Este no es un fantasma normal, le hemos visto rondar la sala común de Gryffindor sin que nadie note su presencia— La conversación se detuvo cuando Hedwig se estacionó frente a Harry brindando un suave picoteo en la mano. Había tres cartas en la pierna del ave, quien se mostraba orgulloso por llevar su recado, y expectante de recibir un premio de alguno de los ponqués frente a ella. 

—¿Quién me pudo escribir? Sirius vino hasta acá, y no tengo a nadie más— Repuso el chico tomando losl pergaminos antes de dar la merecida recompensa a su lechuza y esta tomase camino a la lechucería de la escuela. 

—¿Alguien queriendo fastidiarte? 

—¡Potter, Potter! ¿Quién tocará ahora? El profesor Binns ya está muerto— Alguien gritaba desde ela mesa de los verdes y el gran comedor estalló en carcajadas. 

Harry intentó no prestar atención y revisar su correo. El primer pergamino era corto y la letra bastante rudimentaria. 

 

Hola Harry, espero que estés bien. Supe de la situación con el profesor Quirrell, no te preocupes, hablé con Dumbledore esta mañana y no serás expulsado. Quería saber si podías pasar esta tarde por la cabaña, tengo algo interesante que de seguro querrás ver. Puedo buscarte cerca de las dos de la tarde en la puerta del castillo, no quiero que salgan solos dadas las circunstancias.

Hagrid. 

 

—Es Hagrid, quiere verme a las dos en la puerta del castillo— Informó el chico. 

—No lo visitamos ayer— Frunció la boca la chica. 

—Son buenos amigos del guardabosques ¿cierto? —Inquirió Daphne. 

—Lo conozco desde siempre— Comentó Harry encogiéndose de hombros —es casi familia. 

—Entiendo. 

La siguiente carta era aún más corta y pequeña, al punto que difícilmente se podía contar como una carta, y catalogaba fácilmente como chisme. 

 

Pasa por mi despacho a las seis de la tarde. La contraseña será candelabros de caramelo. 

Dumbledore. 

 

Frunció la boca. No estaba de tan buen humor para dos visitas a aquel despacho en el mismo día. Suficientes problemas tuvo para todo un mes. Sin embargo, iría. En parte por curiosidad, y en otro porcentaje debido a que se trataba del director del colegio. 

La tercera carta, a diferencia de las otras, se trataba de un sobre amarillo con letras negras y un sello que Harry reconoció. Gringotts. 

 

Estimado señor Potter- Black. 

El motivo de la presente carta es informar sobre nuestra urgencia en comunicarnos con usted. Nos encontramos en diversas situaciones que requieren de su visita al banco de forma inmediata. Comprendemos que su corta edad crea un inconveniente en el uso y manejo de su horario. Motivo por el cual hemos acordado con el colegio Hogwarts de magia y hechicería, un pequeño instante en el cual usted podrá viajar a nuestras oficinas con la mayor seguridad. 

Nuestra premura se debe a estudios posteriores ligados a su sangre, y la existencia de un peligro para usted y el actual cabeza de la familia Black, con quien ya se ha intentado dialogar obteniendo diversas negativas. 

Un delegado del banco le visitará y escoltará en horas del mediodía, favor prepararse para su llegada y partida. Apreciamos su colaboración y comprensión respecto al tema. 

 

La carta hablaba sobre un peligro para Sirius y él, ¿Qué podía ser? No conocía enemigos de la familia como tal— Hablan de un peligro para los Black, ¿Leiste algo de eso en las sagradas veintiocho Hermione? 

—No, nada relevante— Comentó esta. 

—Podrìan ser diversas cosas Harry. La sangre de cada casa está ligada a ciertas magias, historia, mitos e incluso objetos mágicos. Puede suceder que tengan algo en alguna boveda de la familia Black que sea potencialmente peligroso, al ser algo de ustedes, los duendes están obligados a informar primero a la familia y tratar todo en sumo secreto. No informarìan al ministerio hasta que se saliera de control o muriera mucha gente— Explicó Daphne. 

—Siempre es bueno saber que tantos peligros hay en el mundo mágico— Observó Hermione analizando la información— ¿Significa que el banco no reconoce al ministerio como el ente regulador de la magia en el Reino Unido?

—No. El ministerio ha tomado posesión varias veces del banco, pero los duendes logran zafarse de una forma u otra. Actualmente creo que funcionan como algo aparte del gobierno, no estoy muy segura. 

—Bien, entonces Gringotts es como un banco suizo. 

—¿Qué tienen los bancos suizos?— preguntó Harry ante el comentario de Hermione. Había escuchado muchas veces a Sirius hablar sobre los bancos suizos muggles, pero no entendía mucho sobre el asunto. Y, a pesar de los intentos de la chica quedó bastante igual, sin comprender cómo podían saltarse las leyes de los países. 

—Serìa ideal para comprar las varitas que necesitan Neville y Sophie— Apuntó Hermione terminando su pequeño plato de comida. La reunión previa destrozó su apetito, cosa que no parecía suceder con Harry— Quizás pido permiso para ir también, tengo dudas sobre mis antepasados mágicos. 

—¿Ah?

—Alguien debió ser una bruja o mago Harry, solo que no sé quién pudo ser. No me cambiaré el apellido, pero igual me da curiosidad— Apuntó la chica girando los ojos. 

Al mediodía Harry se hallaba en las puertas del colegio junto a una nerviosa Hermione que sostenía su permiso de salida firmado. La chica se movía de un lado a otro susurrando cosas como “le tendría que decir a mi madre, pero y si es mi papá. Lo más probable es que fue el tío- abuelo Albert, vivió muchos años…”

A las doce en punto un duende hizo aparición afuera de las rejas del colegio, y posterior apareció nuevamente en el interior— Las barreras del colegio, podríamos mejorarlas si lo quisieran— Sonrió con desdén mientras limpiaba un poco su traje a la medida— Me presento, soy Kogmar , y seré vuestro guía el día de hoy señor Potter- Black. 

—Iremos con una amiga, supongo no habrá problema, quiere saber sobre el linaje de su sangre— Harry señaló a Hermione. 

—No habrá problema, será un gusto para los trabajadores de Gringotts averiguar la información de la señorita— El duende desechó la nota firmada sin prestar atención a la misma y tomó ambas manos de los chicos. Un instante después harry sentía que era sujetado del estómago y jalado desde allí. Su cuerpo giró de forma abrupta por el aire y luego el golpe en sus rodillas le hizo saber que se hallaba en su destino, el callejón Diagon. 

—Necesito un basurero— Hermione corrió por la calle con la mano tapando su boca luego de aquella experiencia. 

—Supondré que es la primera vez que la señorita se aparece— Expresó el duende joven y de rostro alargado. Se hallaban justo al frente del banco mágico. El callejón se hallaba mucho más vacío que otras veces que Harry le visitó, aunque consideró que era natural siendo un día de semana en horas del mediodía. 

—Si, olvidé que no había desaparecido antes. La sensación las primeras veces es horrible— Expresó el chico notando como su compañera regresaba pálida limpiando su boca con un pañuelo. 

—Sentí que me estiraron como chicle. 

—Posible fue así— Comentó Harry cuando subieron los escalones rumbo al instituto financiero. 

—Primero debo expresar nuestra alegría ante su llegada señor Potter- Black, tengo entendido se ha intentado contactarle algunas veces sin mucho éxito. Una pena realmente, debo admitir. Ahora, me temo que lo escoltaré a una habitación segura dentro del banco, allí realizaremos una prueba de sangre antes de iniciar con nuestros asuntos y temas a discutir. Sin embargo, temo que debo realizar esta pregunta un poco incómoda ¿la señorita estará con nosotros durante la conversación? Se tocarán temas familiares un poco serios señor. 

—te puedo esperar afuera Harry. 

—No hay problema, confío en ella— Respondió el chico sin dudar. 

—Bien, entonces acompáñenme a la sala, ya un encargado les atenderá. 

El lugar era una sala tal como la que Harry visitó previamente con Sirius. Un lugar estrecho lleno apenas por un escritorio y algunas sillas, con paredes blancas bastante pulcras y un par de distintivos, como un cuadro con un paisaje y un estante con algunos trofeos extraños. 

—¿Seguro qué estás bien con que yo esté aquí Harry?

—Eres mas inteligente que yo, si dicen algo que yo no comprenda, es mejor tenerte para que me expliques. además, dijeron que Sirius se negó, alguna razón existirá. 

—Bien, yo creo que…

La puerta del lugar se abrió y un duende muy arrugado hizo acto de presencia llevando consigo una enorme pila de papeles y libros. Los depositó todos sobre la mesa y luego miró al par de chicos— Bastante joven. Esperaba verlo señor Potter, soy Alak, y soy el asesor de asuntos mágicos para Gringotts. 

—Un placer. 

    —He intentado que tenga esta reunión con nosotros antes señor Potter, pero antes de iniciar, por favor— El sujeto sacó una pequeña aguja de su ropa y la ofreció al chico— descuide, sabe que por políticas internas cualquier muestra de sangre será destruida o encapsulada y jamás habrá ningún ritual ni maleficio de sangre. Podría reclamar más de la mitad de los activos de todo el banco si algo así ocurriese— Sonrió seguro de sus palabras— En este caso esta pequeña gota— Comentó luego de que Harry se pinchara el dedo— Nos servirá para identificar su identidad, y en segunda instancia para ver algo interesante, motivo de nuestra reunión. Por otra parte, me han informado que usted también desea saber sobre su origen mágico— El duende examinó a Hermione. 

—Si, nací de una familia muggle, tengo entendido es posible identificar el árbol familiar. 

—Proceso complicado, pero posible, claro— El duende sacó otra pequeña aguja y la ofreció a Hermione. Cobraremos este proceso a sus bovedas señor Potter. 

—Porsupuesto. 

—¿Qué? ¡No!— Hermione acababa de pincharse mirando a Harry con sentido de urgencia. 

—No se preocupe, eso corre por mi cuenta. Aunque quizás podamos abrir una cuenta a nombre de la señorita Granger. 

—Sería posible ciertamente— El sujeto alzó un brazo y ambas agujas se encendieron con una luz dorada, luego levitaron un instante antes de ser depositados en un par de pequeños frascos— pero primero lo importante señor Potter- Black. 

—Me puede llamar Harry.

—Bien, señor Harry. Primero tocaré el punto de su sangre. Como sabrá en su última visita hicimos un procedimiento muy semejante al actual para certificar su línea de sangre. 

—Lo recuerdo. 

—Bien, tendré que mostrarle algo que normalmente los magos no ven y es parte del proceso— El duende agitó la mano y un papel se estampó en la pared. El pergamino desapareció dejando solo las marcas, emblemas de las casas del mundo mágico junto a ciertos nombres. Luego procedió a invocar la aguja donde se hallaba la gota de sangre de Harry. Tomó la aguja y la posicionó sobre la pared— Araksenium esteres— pronunció un hechizo que Harry estaba seguro no era en inglés. Acto seguido una línea roja ascendió de forma directa al nombre “Potter”, posterior hizo el mismo procedimiento con otro apellido “Black”— Cómo podrá observar el título de la familia Black se ha impreso en usted, algo que no es extraño, debido a que nuestro árbol genealógico nos indica que ha estado mezclado con ellos en diversas ocasiones en el pasado. Sin embargo, creo que tendremos que darle un poco más de tiempo a la sangre para actuar, esto fue algo que no buscamos de cerciorar la última vez, y me disculpo por ello. No es usual que sucedan cosas como estas, estamos ante un caso “especial”. Normalmente no esperamos tanto, ello se debe a que la sangre puede reaccionar a otras casas que, no son su principal— La sangre dibujó otra línea, aunque mucho más difusa y pequeña hasta formar el apellido “Evans”— Algo natural, la familia Evans es parte de la línea de su madre, sin embargo muggles, por lo cual no está en este cuadro, como comprenderá. No hubo apertura de una cuenta Evans, por lo cual tampoco hay registros acerca de su linaje, lamentablemente. Supondré que algún mago se casó con sus parientes, o un squib en su linaje —El duende miró a Hermione— Es la fuente más común de niños con magia nacidos de muggles —Explicó. 

—Eso he escuchado— Aseguró Hermione. 

—Bien, perfecto, se comienza a formar la siguiente linea— Y así era. Un hilo rojo ascendió por entre los nombres hasta uno situado en la parte superior “Peverell”— Bien, eso era todo, si esperamos un poco más volverá a mostrar a los Black y luego otro par de familias. Lo cual es normal, les aseguro. 

—Peverell, no he escuchado algo sobre ellos ¿Tu Hermione? 

—Se les menciona en el libro de las familias, pero creo que es anterior a estas. 

—Claro, muy anterior a las veintiocho sagradas. Como dije, a veces suceden cosas como estas, aunque es muy inusual, la última vez que algo así sucedió fue hace algunos años. Verá señor, Harry —Parecía que al duende le era difícil comunicarse por el nombre— Lo interesante de dicho apellido, es que no existe un heredero vivo conocido, hasta ahora obviamente. 

—¿Yo?

—Probablemente por parte de su padre, o de su madre, dificil de saber, pero el punto es que allí está, usted señor, Harry, tiene sangre Peverell en sus venas, y la magia de dicha familia se ha manifestado en usted como un heredero. 

—Eso significa… 

—Que hay una boveda que lleva casi cien años cerrada la cual usted es dueño, aunque me temo, necesitará de una previa inspección, bajo su autorización. 

—Lo autorizo, claro— Harry sonrió. 

—Le puedo adelantar que la familia Peverell no era la más adinerada, sin embargo, siempre hay algunas cosas relevantes. Y de acuerdo con nuestros registros, hay al menos una propiedad perteneciente a la familia. Sin embargo, no tenemos la ubicación de la residencia, y al no hallarse en nuestros registros, nuestro pensamiento es que esta se encuentra bajo alguna clase de encantamiento. 

—Fidelio— Señaló la chica a Harry y este asintió con la cabeza sin dudarlo. 

—Entonces procederemos a verificar la cámara novecientos sesenta para usted, señor, Harry. Mientras tanto, pasemos a otro asunto, y el que nos preocupa más. Como sabrá fue declarado heredero de Sirius Black, su padrino. 

—Si.

—Lo cual a usted lo convirtió casi de inmediato en parte de la familia Black. Ahora, normalmente esto sería un asunto que discutiriamos de forma extensa con el jefe de la casa Black, pero este se ha negado a nuestra petición, y nuestros reglamentos nos obligan a ponernos en contacto con el siguiente hombre capaz de tomar una decisión en la línea familiar. Lo cual nos trae a usted, aunque estamos conscientes que tiene solo once años, señor Harry. 

—¿Por qué Sirius se negó a hablar con ustedes? ¿De qué se trata? 

—Bueno, su respuesta exacta fue— El duende tomó un papel y abrió los ojos— “No creo en esas tonterías y no me interesan, si debo morirme por esas razones, acepto la muerte de buena gana. Es mejor morir libre que vivir preso de decisiones ajenas”. 

—Suena como Sirius. 

—Es un asunto delicado que engloba a toda la familia Black desde hace generaciones. Como sabrá algunas familias tienen sus propias magias, secretos, artefactos. Bueno, entre los distintos beneficios que la familia Black puede traer a sus miembros, existe una “profecía” hecha hace mucho tiempo, esta lamentablemente ha traído consecuencias radicales a la familia. La mayoría de los miembros de la casa se han visto obligados a casarse a temprana edad por ello. ¿Conoce usted el lema de la casa Black?

—Siempre puros— Intervino Hermione. 

—Así es señorita, veo que está bien informada— Sonrió el duende con algo de malicia— La familia Black es muy antigua, nuestros registros se alejan hasta los años mil setecientos. Pero es probable que ya incluso existieran y fueran muchos. Ahora, durante el año Mil ochocientos cuarenta y dos (1842) hubo un problema familiar bastante fuerte dentro de la familia. ¿Se encuentra enterado de esto? 

—No— Admitió Harry. 

—Bueno. lamentablemente no poseemos copia de la profecía allí dictada, si alguna vez tiene interés por ello deberá dirigirse al ministerio de magia y solicitar el artículo. Sin embargo, tenemos un resumen y datos sobre el incidente con Eduardo Limette Black. Quién perteneció a la familia Black hasta ese año. Eduardo se hallaba enamorado de una hermosa e influyente muggle de la época, y la familia desaprobó la unión, desheredandole cuando este se hallaba en serios problemas financieros por las guerras en el nuevo mundo— El duende revisaba papeles hasta sacar uno que era de su interés y estirarlo para su mejor lectura— Eduardo aparentemente tenía dotes para la adivinación— Sonrió— Y expresó la profecía que decía. 

“Muertos a temprana edad. Locos se arrastrarán en la suciedad oscura de su sangre. Su lema será su perdición, matrimonio o muerte a los treinta y cinco años será la elección de sus vidas. La línea se extinguirá, hasta que un miembro menor sacrifique la vida para salvar la sangre y su destino.

—Tétrico— Hermione susurró. 

—Pero eso más que una profecía, parece una maldición— Comentó Harry— ¿Y estas cosas se cumplen? Digo, las profecías. 

—Las profecías en el mundo mágico rara vez fallan, ¿diría que tienen un promedio de 99%? Hay una especie de magia vinculante en aquellas palabras. Por eso se guarda registro de ellas, señor. 

—¿Quiere decir que Sirius, está en peligro de muerte?

—Muy posiblemente si, debe encontrar una esposa que sea adecuada para el título Black. Pero también debo mencionar que hubo un ritual intentado por su familia y notificado a nosotros. Fue en la época de Cygnus Black en mil novecientos treinta y nueve, justo antes de la segunda gran guerra. Pero temo que el ritual no salió como debería, así que la profecía sigue vigente hasta nuestra época. 

—¿Tiene que ver esta profecía con la costumbre de los Black de casar a sus hijos a temprana edad?— Preguntó Hermione, a lo cual el duende asintió con la cabeza. 

—La familia Black cree que cada miembro debe consumar el matrimonio antes de esa edad. Muchos otros consideran que es necesario casar a los hijos con otro sangre pura, aunque no hay registro de eso. 

—¿Nadie se salva de esa suerte?— preguntó Harry. 

—Hay un par de casos aislados, pero existe la superstición que se trató de un par de miembros que nacieron estériles. O que, tuvieron parejas sin matrimonio. 

—Sirius ha tenido parejas. Ha salido con muchas chicas— Expresó Harry. 

—Sin embargo creemos que se encuentra en peligro— Expresó el duende— Como verá, guardamos una copia del escudo y emblema familiar. Este se encuentra ligado a vuestra sangre, y en las recientes semanas ha presentado un deterioro muy fuerte. Algo que solo ha ocurrido antes cuando la muerte de un miembro de la familia se acerca por parte de la profecía. 

—¿Sirius sabe de esto?— preguntó Harry con los ojos abiertos. 

—Lo sabe, señor. Esta es una conversación usual que tenemos con los miembros de la familia Black— Expresó el duende de forma calmada. 

—Pero hay una forma de detenerlo ¿No? la profecía dice algo sobre sacrificarse y detener el destino— preguntó el chico. 

—Habla sobre sacrificar su propia vida señor, ningún miembro de la familia ha estado dispuesto a sacrificarse por el bien de los demás. Sin contar que dicho sacrificio debería hacerse antes de su edad de casamiento. Phineas y Cignus, sus ancestros estuvieron dispuestos, pero sus edades ya superaban el límite. 

—¿Qué puedo hacer yo?

—Ayudarnos a convencer al señor Sirius sobre la necesidad de una boda, obviamente. No necesita ser algo grande, con desposar a una mujer y consumar dicho matrimonio tendría— Argumentó el duende. 

—Creo que está viendo a una chica de nombre Karen, pero es una muggle, ¿serviría?

—Serviría. Aunque el señor sirius también posee un contrato de matrimonio hecho por sus padres, aunque este dejó de tener vigencia cuando fue sacado de la familia brevemente— señaló el duende sacando otro papel de la pila— Con la señorita Amelia Bones.

—¿Amelia? me suena el nombre. 

—Estuvo en nuestra audiencia Harry, trabaja para el ministerio— Aclaró Hermione. 

—¡Ah!

—Ayúdenos señor, Harry. Es un asunto vital, en especial debido a que solo hay dos miembros de sucesión directa actual de la familia Black. Me temo que probablemente sea este el motivo de pérdida del apellido mágico.

—Hablaré con sirius sobre eso— Comentó Harry— pero no puedo asegurar nada. 

—Le agradecemos enormemente— Señaló el duende. 

El resto de la reunión fue corta. Hermione sometió a prueba su línea de sangre, la cual señaló a un miembro squib de la familia Sayre cuatro generaciones atrás. Harry además prestó cincuenta galeones para la apertura de la cuenta Granger en el banco y salieron del lugar con muchos pensamientos burbujeando. 

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