CAPÍTULO 14. EL ESPEJO

Había jugado tanto en la nueva consola que salieron burbujas en los pulgares y explotaron formándose pequeños callos. Igualmente tuvo la oportunidad de salir a un restaurant, y a volar en escobas junto a Sirius. Sin embargo, nada era semejante a la sensación de estar en el colegio. No lo comprendía del todo bien, mientras estaba en clases sentía que enviaban mucha tarea, que las prácticas eran agotadoras y que no tenía casi tiempo. Pero en la casa, el tiempo era demasiado y extrañaba el lago, las clases y las comidas en el gran comedor.

Despertó muy temprano aquella mañana y se preparó para aparecer junto a Sirius en la plataforma del tren en las afueras del poblado de Hogsmeade, en las cercanías de Hogwarts.

—Nunca vi a alguien tan desesperado por regresar al colegio ¿no te alimento bien en casa?

 —Sabes que son las amistades Sirius.

—Ah, con amistades te refieres a chicas, lo entiendo bien.

—No quise decir eso, no comiences.

—Lo puedo entender, salir con chicas todos los días, yo solía hacerlo también Harry. Era muy popular con las chicas. No me enorgullezco, pero puedo asegurarte que pasé al menos unas tres veces por todas las casas.

—¡Sirius!

—¿Qué? Tu comenzaste colocando el tema de las chicas.

—Yo no… ¿Para qué me molesto?— El chico se encogió de hombros.

—Yo también extraño la escuela. Salir a jugar con James en escoba, tener alguna cita en la tarde, embrujar a alguien, planificar la siguiente broma.

—Suena a que estabas en un campamento y no en la escuela, nunca hablas sobre los estudios o clases.

—No significaba que no estudiase, en especial cuando… bueno, supongo que luego te contaré sobre eso.

—¿Sobre qué?

—Nada especial, te lo cuento luego, hoy no es el momento, e imagino que quieres llegar ya al colegio, tu chica te está esperando ¿no?

—No tengo novia Sirius.

—Se escriben, se extrañan, esperan para verse, a mi me suena a noviazgo.

—¿Ya le compraste un regalo a Karen?

—No bromees con eso Harry, todavía no descubro qué regalo darle de cumpleaños, se que dijo algo sobre cierto grupo musical, pero no presté atención.

—Tendrás problemas, ¿deberías ir a una tienda y comprar todo lo actual?

—Será lo mismo si resulta que era sobre alguna banda vieja. Aunque siempre está la opción de desmemorizar y darle otro disco.

—Eso es trampa. ¿Le piensas contar? Si vas en serio con ella…— Deambulaban lento arrastrando el carro de equipaje hasta un par de carruajes apostados en una esquina. Harry observó con fascinación un grupo de cuatro criaturas oscuras y de aspecto esquelético con alas que se hallaban al frente de los carromatos.

—Me lo he planteado, pero necesitaremos registrarnos, no es fácil soltar toda la verdad. Podría irse.

—¿Qué son estos?— Inquirió el chico ante las extrañas criaturas.

—Thestrals, son buenos, criaturas fascinantes. No los verás en todas partes, son raros. Creo que están en Inglaterra y algunas partes de Europa y América.

—No los había visto antes.

—Te falta pasear más por el bosque prohibido entonces— Contestó Sirius.

—No tengo ganas de morir de formas horrorosas.

—Bien, supongo entonces que te veré en un par de meses.

—Escribiré, no hay que ser dramáticos —Sonrió antes de cerrar la puertas del carromato y que este partiese rumbo al castillo por una calle empedrada bastante vieja. El interior saltaba de vez en cuando, por tanto resultaba imposible dormir en el trayecto. Se conformó con la vista del enorme lago negro, las montañas rocosas y el bosque prohibido en la lejanía. El trayecto se podía atravesar en apenas diez a doce minutos, lo cual le parecía impresionante, pues desde el castillo no le era posible ver el pueblo.

En la entrada del castillo se erguía una verja y Filch, el celador del colegio se hallaba allí revisando un par de maletas de otros dos estudiantes.

—Baratijas y gomas explosivas ¡están prohibidas!— Bramó moviendo la mano al cielo para lanzar los dulces al suelo.

—¡Las acababa de comprar en Zonkos!

—¡Prohibido, fueron añadidas hace dos días a la lista de artículos prohibidos— El sujeto arrugó el entrecejo.

—¿Cómo iba a saber que estaban prohibidas si apenas las agregaron hace dos días?— Se quejó el chico que parecía ser de cuarto o tercero. Harry no lo distinguía.

—¿Y tú también traes golosinas y cosas explosivas?— Se acercó Filch bramando.

—Ninguna señor— Los libros prohibidos estaban seguros y envueltos en la capa de invisibilidad dentro del segundo fondo de su baúl. Una modificación hecha por Sirius y que según él, era indetectable por los métodos normales de revisión del castillo. Harry se preguntaba cómo sabía aquello.

         No importó lo que dijera, el celador revisó cada esquina de los compartimientos, sacando incluso la ropa para que esta fuese devuelta al poco rato. Luego, con una clara señal de hallarse inconforme, balbuceó— Pasa. Tu baúl estará en tu habitación en un instante.

         Apenas iba caminando por el sendero rumbo a la puerta principal del castillo cuando un grito le sacó de los pensamientos sobre quidditch —¡HARRY!— Una chica de cabello alborotado corrió desde la verja junto a un enorme libro para abrazarlo. Ambos cayeron al instante y luego se separaron un poco abochornados el uno con el otro por la cercanía— ¿Cómo estás Harry? Lo siento.

         —Bien, no te preocupes, los lentes no se rompieron— Sonrió acomodándose y limpiando un poco la ropa—  También me da gusto verte.

         —Te extrañé bastante en las vacaciones, vi muchas cosas, y leí otro montón, pero sabes, conversar con mis padres sobre eso no es lo mismo. Tu entiendes a lo que me refiero.

         —Lo entiendo. Sirius está saliendo con una chica muggle. Mientras ella estaba en casa, no podíamos hablar nada sobre magia o algo semejante. Incluso teníamos que ahuyentar a Kreacher, uno de nuestros elfos, porque siempre quería espantarla. ¿Cómo estuvo el resto de las vacaciones?

         —Bien, pude comprar varios libros, pero tu sabes, el cambio de moneda muggle a oro mágico es muy fuerte. No podemos darnos el lujo de gastar una fortuna en todo lo que se me pasa por el frente. Aún así me hice con un viejo libro de hechizos que es bastante interesante.

—Me alegra.

—Neville llegó hace un par de días, Sophie también.

—¿Y Daphne?

—No sé cuando venga ¿no te dijo nada?

—No, pero igual ya la veremos— Se encogió de hombros.

—¿Conseguiste información sobre Flamel y la piedra?

—No mucho, pero hablé con Sirius al respecto.

—¿Con Sirius? ¿No te regañará?— Inquirió la castaña.

—¿Regañarme? Al contrario, me animó a que la busque, dice que es uno de los objetos y tesoros mágicos más grandes del mundo, que cualquiera que la tuviese, siquiera por un par de minutos podía ser inmensamente rico, y tiene razón. Según me explicó podría convertir en oro todo mi baúl y luego venderlo, recuperar todo y triplicar mis ganancias.

—¿Te dijo que lo buscaras? ¿Qué clase de padrino es Sirius?

—¿De los buenos? me comentó que seguramente mi padre habría usado todos los trucos posibles para hacerlo. Y hablando de eso, tengo algo importante que mostrarte.

—¿Qué? ¿Trajiste el libro?

—No solo eso, tienes que verlo, es la cosa más genial que te puedas imaginar.

Hermione parecía tener sentimientos encontrados por la capa de invisibilidad, primero saltó emocionada ante tal artilugio, diciendo cosas sobre experimentar con aquello y tratar de saber que tan fuerte hechizo desilusionador se usaba en esta. Luego comentó una serie de reglas que se rompían en el colegio con semejante objeto. El tema quedó zanjado cuando Harry reveló que fue el mismo Dumbledore quien le devolvió la capa que originalmente perteneció a su padre.

—Bueno, debe significar que quiere que la uses, de algún modo.

—¿Cierto?— Pero la chica ya no prestaba atención a sus palabras, tomó el libro de “los sagrados veintiocho” y comenzó a leer sobre su cama sin prestar mayor atención al hecho de hallarse en el dormitorio de los chicos.

El gran comedor con su bullicio habitual fue un lugar grato donde Harry apenas permaneció un par de minutos. Tomó tanta comida como pudo en un par de bandejas y subió a los dormitorios nuevamente. Allí arreglar sus cosas fue un poco incómodo por la presencia de la chica, sin embargo entendía la razón de que Hermione se sintiera tan atraída sobre aquel libro. Allí especificaba el linaje y árbol de cada familia relevante dentro del mundo mágico del Reino Unido. Magias ligadas a familias, cruces entre las líneas de sangre, bodas, sucesos importantes del siglo anterior y el cómo las familias influyeron en guerras y la historia actual.

Era un libro que Harry apenas había ojeado alguna vez, en especial para ver el árbol Black y el Potter, a pesar de que el primero tenía un par de errores según Sirius. Algo que creia luego de que Kreacher lo certificase.

La profesora McGonagall parecía bastante feliz de verle aquella noche durante la cena, se acercó para comentarle que Wood llegaría al día siguiente y los entrenamientos iniciarían de inmediato. La mujer no solo parecía disfrutar el deporte, incluso sonreía cuando hablaba sobre este, algo bastante difícil de observar en ella.

—Espero que fuesen unas felices fiestas para todos. Para algunos se reinicia el colegio, para otros, tan solo terminan las tardes frente al lago. Espero mentes frescas y absorbentes para cada clase— La mesa de los profesores se hallaba bastante llena mientras el director daba su discurso. Algo que Harry no extrañó en sus vacaciones fue la intensa punzada que surcó su cabeza al observar la mesa de los profesores. No sabía porqué sucedía, aunque siempre ocurría en el gran comedor durante comidas con profesores, o en clases de defensa contra las artes oscuras.

—¿Estás bien Harry? Luces algo pálido— Comentó Neville uniéndose al grupo. La mesa de Gryffindor se hallaba casi llena, eran pocos los que faltaban por regresar todavía.

—Si, es solo un ligero dolor de cabeza— Susurró este.

—¿De nuevo los dolores Harry?— preguntó su amiga— ¿Tuviste algún dolor en vacaciones?

—Ninguno, pero no creo que sea tan raro, quizás los lentes necesiten un cambio— Argumentó sin hallarse convencido.

—He averiguado un poco, y puede deberse a que alguien, poderoso, está usando oclumancia o legeremens en tí.

         —¿Qué hacen esos hechizos?

—Sirven para leer la mente o ocultar los pensamientos.

—No sabía que existían ¿Crees que Snape intenta leerme la mente?— Preguntó Harry metiendo un pedazo de pollo a la boca.

—¿Snape? Acepto que es sospechoso de entrar a robar la piedra filosofal, sin embargo, no creo que sea quien te cause los dolores de cabeza. Creo que se trata del profesor Quirrell.

—¿Quirrell? ¿Para qué?

—No tengo idea, pero estoy segura que Snape no está ni cerca de la clase de defensas.

Harry se quedó en silencio observando al tartamudo y débil profesor Quirrell, la puntada en la cabeza regresó, para su sorpresa. ¿Era posible? ¿Pero cuál sería su razón?

—Harry, Hermione— Neville se acercó desde el otro extremo de la mesa—  Tengo algo que mostrarles. No creerán lo que encontré.

Ambos se miraron extrañados, Neville era un chico tranquilo y nervioso que trataba de mantenerse alejado de problemas. ¿Acaso averiguó algo sobre la piedra filosofal por su parte?

—¿Encontraste algo?— Preguntó Harry bajando la voz a casi un susurro— ¿Tiene que ver con el tercer piso?

—¿Qué? ¡no! no buscaría entrar a ese lugar por nada del mundo. Creo bastante en las palabras de Hermione diciendo que es una muerte segura ese lugar— Se puso pálido al instante.

—¿Qué es entonces?— Interrogó Hermione.

—Ese es el problema, no lo sé bien, al principio pensé que era una cosa, pero luego no estuve tan seguro. 

—No entiendo que intentas decir— Rió Harry tomando algo de puré de papas con crema blanca sobre este.

—Luego te muestro— Comentó Neville haciendo señas a los gemelos Weasley que llegaban para tomar asiento cerca de Harry.

—¿Qué tal las vacaciones, Harry?

—Estuvieron bien ¿Ustedes qué tal la pasaron?

—Pues la verdad al principio no pensábamos ir a casa, pero a papá le dieron un bono por un loco que decidió hechizar las cortinas de su casa— Expresó Fred.

—Se supone que debían abrirse y cerrarse, pero decidieron escapar y estrangular a los vecinos— George parecía disfrutar contar la historia— Fue una navidad bastante buena, a decir verdad, al menos para nosotros— Comentó este.

—Te sugerimos tener cuidado con Ron, no está muy feliz y escuchó varias veces tu nombre esta navidad. No queremos que nuestro buscador salga al campo con una pierna rota— Explicó Fred.

—¿Qué sucedió? No he hecho nada.

—No fuiste tu— Un fantasma salió desde abajo de la mesa y George le lanzó una cuchara con chícharos que le atravesó e impactó a uno de Ravenclaw.

—Fue Ron.

—O Seamus— Contestó Feorge a su hermano.

—O mamá— Le siguió Fred— Ron invitó a Seamus a la casa, y todo estaba genial hasta que explotaron el huerto y las zanahorias rompieron las ventanas y agujerearon parte del techo.

—¿Qué?— Hermione reaccionó y luego se disculpó para continuar con su comida.

—Mamá estaba furiosa, Seamus se fue ese día. Pero comenzó a decirle que no quería verlo con Seamus de nuevo, que mejor se juntara contigo, que al ser ahijado de Sirius eras casi de la familia.

—Fue gracioso, al menos las primeras veinte veces, te podrás imaginar— Puntualizó Fred.

—¿Cómo explotaron un huerto?— Preguntó Harry.

—Es muy probable que consiguieran algo de pólvora que dejamos en la cochera— Comentó George sin la menor conciencia o remordimiento.

—O las cajas de borradores explosivos que escondimos en el ático— Siguió Fred.

—O la gasolina que papá escondía para un auto que está encantando ilegalmente— Se encogió de hombros George— Es difícil adivinar, nadie preguntó.

—Bien, recuerdenme no encender ni un petardo si alguna vez piso su casa— Contestó Harry— Pero gracias por la advertencia, trataré de no cruzarme en su camino.

—Ten especial cuidado con el hechizo de sábanas pegajosas, luego del incidente en Slytherin puede que hayamos enseñado a un par cómo realizarlo.

—Lo tendré en cuenta chicos— Harry suspiró pensando que aquello solo requeriría una capa extra de protección a sus cosas y cama. 

         Luego de comer enormes cantidades de pollo, el chico de lentes quedó somnoliento y pasó directo a los dormitorios. Allí pudo escuchar los gritos de Ron, quien reclamaba que su rata Scabbers había escapado aquella tarde y no lograba encontrarla en ninguna parte de los dormitorios. Dean y Parvati argumentaban verla en horas de la tarde en los pasillos del séptimo piso, pero luego de eso todos perdieron su rastro y el castillo era enorme para buscarla por su extensión.

Harry se hallaba dormido cuando fue interrumpido y despertado por Neville— Ven Harry, tienes que ver esto.

—¿No puede ser mañana?

—Habrá mayor cantidad de personas y será más difícil salir tan tarde, nos verán.

Harry se planteó si decirle sobre su capa de invisibilidad, la cual eliminaba aquel problema por completo. Pero no sabía si debía conversar de aquello con todo mundo, mientras menos lo supieran, más segura era.

—Bien, pero déjame llevo algo por si me da mucho frío— Mintió tomando un abrigo y la capa de invisibilidad— Para su sorpresa hermione ya esperaba en la parte inferior de la sala común. Parvati y Ron se hallaban de igual manera moviendo los muebles del lugar buscando la rata cuando ellos salieron de la sala común.

—Es extraño que seas tú quien desea salir una noche, nos pueden castigar ¿Lo sabes?— Repuso Hermione luego de atravesar el retrato de la señora gorda.

—Podemos llegar por un corredor, el peligro es que está cerca de la biblioteca de la escuela, y bueno, toca rodear un poco la zona. Lo descubrí una noche tratando de no encontrarme a Peeves o al Barón sanguinario. Esquivé la biblioteca pues había rastro rojo en el suelo, era aterrador.

—¿Y? ¿Qué conseguiste? Espero que sea bueno, porque Harry ya tiene un castigo pendiente— Comentó Hermione.

Era cierto, sus respuestas ante el director con el problema de Daphne le ocasionaron un castigo que todavía no se hizo efectivo. Afortunadamente tenía un respaldo bajo el brazo.

—No les quiero contar, quiero que ustedes mismos me digan que creen.

—Silencio ambos— Alegó hermione mientras avanzaban.

El camino fue tranquilo, algo bastante comprensible teniendo en cuenta que faltaban varios profesores y la cantidad de guardias nocturnos era reducida. Los pasillos a pesar de hallarse muy oscuros era posible deambular por ellos, solo los cuadros se quejaban si encendían alguna varita para guiarse mejor en algún instante. La señora Norris, la gata de Filch estaba en la biblioteca maullando, pero como ninguno tenía intención de entrar allí continuaron su camino por la derecha y llegaron hasta una puerta que se hallaba escondida al final de un pasillo.

—Los traje conmigo Sophie— Exclamó Neville luego de abrir la puerta. La pequeña niña se hallaba en el medio de una recámara ancha y circular, que bien pudo ser en algún tiempo un pequeño salón de reuniones. El lugar se hallaba totalmente vacío, a excepción de un espejo enorme sobre un pedestal en el centro del salón. Su marco dorado resaltaba con la piedra casi gris del resto del lugar.

—Es un espejo— Comentó Harry ante lo obvio.

—No es solo un espejo— Neville les guio por el lugar— Pero no funciona bien si hay más de una persona al frente. Tendrán que ponerse al frente uno a uno ¿Cuál de los dos primero?

—¿Esto es como el experimento donde te quedas mirando un espejo con poca luz y a los diez minutos comienzas a ver cosas extrañas? — Preguntó Hermione.

—¿Qué experimento es ese? ¿Lo vimos en clase?

—No es de ninguna clase Neville— Respondió Harry caminando hasta el frente del espejo donde Sophie se retiraba. No esperaba nada, después de todo lucía exactamente igual a un simple espejo. En el marco se observaba una oración difícil de leer debido a los más de tres metros de altura del objeto “Erised stra ehru oyt ube cafru oyt on wohsi”

Se observó en el espejo, todavía llevaba encima su túnica, lentes y el acostumbrado cabello alborotado. Su mirada enfocada en su propio reflejo y lo idiota que parecía ser en ese momento, allí de pie frente a un espejo a mitad de la noche. Fue entonces cuando un par de sombras se dibujaron detrás de Harry haciéndole pensar que tenía una alucinación.

—¿Qué ves? — Preguntó Neville.

—Yo…— Abrió los ojos y luego enfocó la vista. La neblina se concentraba formando a un grupo de personas que reconoció casi de inmediato, en especial un par de ellos, a quienes tenía en fotos en su habitación y el baúl. Ambos eran bastante jóvenes en apariencia, el sujeto a su izquierda era alto y delgado, usaba además un juego de gafas muy semejantes a las suyas. La mujer en cambio era hermosa, de mirada penetrante y astuta. Cabello rojizo y ojos verde profundo. James y Lily Potter le miraban con cariño desde el espejo. A un lado estaba Sirius, los elfos, y por detrás Fleamont y Euphemia Potter, sus abuelos. Además, distinguía a Charlus y Dorea; Sirius le comentó eran los tíos de James. Los demás eran un misterio. Al lado de Harry también se hallaba alguien más, Hermione.

La visión le dejó sin habla. Todos lucían felices, incluso bromeando entre ellos. Sus padres, Sirius, era todo lo que siempre deseó. 

—Es mi familia—  Susurró Harry casi sin percatarse que se acercaba al espejo paso a paso con anhelo de tocar a sus padres. 

—¿Tú también ves a tu familia Harry? Yo pude ver a mis padres conmigo en el callejón Diagon, me estaban comprando una varita— Se explicó Neville— ¿Crees que muestre el futuro?

—Mi familia está muerta, y no hay hechizo que los traiga a la vida— Razonó, a pesar de tener aún la idea de la piedra filosofal en la mente— También me muestra personas que no conozco, y otras que sí. Pero todos están conmigo —Sonrió repasando los rostros de Sirius, Kreacher, Gali y Hermione. ¿Acaso sentía que la chica era parte de su familia?

—Entonces no muestra el futuro— No entiendo qué hace entonces el espejo— Se encogió de hombros Neville decepcionado— Sophie diles lo que ves. 

—Yo me veo mucho más adulta, tengo un hijo, y estoy preparando el almuerzo. 

—Y yo, bueno, mis padres no han muerto, aunque es como si lo estuvieran… es difícil de explicar— Comentó el chico. 

—¿Están enfermos? siempre evitas esa conversación— Expresó Hermione. 

—Casi, no recuerdan nada, para comenzar, están en San Mungo, el hospital para enfermedades mágicas de Londres— El tono de voz del chico sugirió que pronto lloraría, por lo cual todos hicieron un silencio incómodo— ¿Tú qué ves Hermione?

Harry dio paso a la chica de cabello castaño luego de aquello. Casi no deseaba apartarse de allí, quería disfrutar más de la presencia de todos. Los resultados de su compañera no tardaron en llegar. 

—Soy yo, creo que estoy trabajando en el ministerio, tengo un cargo importante. Parece que desarrollo un nuevo tipo de invento mágico rúnico. Me han entregado un premio por esto— Los ojos de la chica se iluminaron— ¿Seguros que no muestra el futuro? 

—No creo, yo veo a mis padres y abuelos— Respondió Harry. 

—Entonces, ¿quizás muestra algo que quieres?— Reflexionó la chica— Para mi es un logro, pero para ustedes es una familia, o un futuro. 

—¿Qué hace un espejo como este aquí?— Preguntó Harry. 

—No sé, pero nadie viene aquí durante el día. Sophie y yo ya lo comprobamos, casi nadie deambula por este corredor, solo un par de prefectos de sexto. 

—¿Creen que esté prohibido?— Preguntó Sophie. 

—No creo, no lo pondrían tan fácil de hallar. Parece como atracción para aquellos que tuviesen curiosidad de buscarlo, o solo tuvimos suerte— Hermione contestó la siguiente pregunta de Neville. 

—Quizás Dumbledore dirá algo sobre el espejo en los próximos días, o ha estado aquí por tanto tiempo que todos se acostumbraron a esto, pero yo nunca he escuchado nada sobre esto. Los demás dirían algo ¿no?— Preguntaba Neville— Quizás fui solo yo a quien no le dijeron. 

—A ninguno de nosotros nos han dicho nada sobre esto, siquiera he leído algo como esto es historia de la magia— Le calmó Hermione. 

—Pero es algo genial, aunque quizás algo adictivo no me he podido despegar de aquí en un rato, es como ver en lo que me podría convertir— Señaló Sophie. 

—Peligroso— Reflexionó la otra semejante— Interesante, y podría quedarme aquí un par de horas para ver a mi reflejo triunfar, pero, les recuerdo que es tarde en la noche y tendremos problemas si nos pillan aquí. Creerán que vinimos a la sección prohibida. 

—Es cierto, quizás debemos irnos. No creo que sea bueno tener dos castigos apenas regresé Aunque siempre podría hacer uso de su capa. Solo Hermione sabía que la tenía y lo miraba con suspicacia. 

 —Vayamos mejor al dormitorio— Rezongó la chica. El pasillo al salir se encontraba iluminado por una tenue luz roja que colocó a todos en alerta, luego hubo un gran rayo de luz blanca que se encendió donde los cuatro estaban y un par de pisadas se acercaron hasta su posición. 

—Por Merlín ¿Qué hacen ustedes aquí?— El profesor Flitwick apareció escandalizado por la presencia de cuatro estudiantes en la oscuridad de un pasillo. Los miró con su varita en alto, y la luz blanca desapareció. Las luces y antorchas del pasillo se encendieron de pronto— ¿De donde vienen?— Interrogó observando notando que la escalera al tercer piso se hallaba apenas a diez metros de su posición. 

—¡Profesor! Nosotros estábamos…— Neville tenía los ojos abiertos tratando de respirar adecuadamente, en especial porque una segunda figura de cabello negro, alto y delgado apareció ahora en el pasillo desde la misma dirección de la cual provenía Flitwick. 

—Vinimos a…— Hermione trató de explicarse, pero Harry negó con la vista. 

—Potter, de todos los estudiantes, tenías que ser precisamente tú. Tu estupidez y arrogancia sólo rivalizan con tu mala suerte y capacidad para estar en el peor momento— Snape alargó las palabras mirando al resto— Junto a Longbottom, una combinación desastrosa.

—Severus, supongo que ellos vienen de la biblioteca, no es la primera vez que algún estudiante lo intenta— Expresó su contemporáneo. 

—Solo paseamos un poco de noche, teníamos insomnio— Se aventuró a decir Harry sintiendo que una punzada en la frente llegaba de pronto.  

—Vendrán con nosotros ante el profesor— Indicó el camino haciendo caso omiso al comentario del menor. Descendieron por las escaleras rumbo al tercer piso, y apenas bajaron se encontraron con la profesora McGonagall, Argus Filch y el profesor Dumbledore. El primero y el último discutían mientras que el segundo se hallaba de cuclillas revisando lo que los chicos tardaron en identificar. Se trataba de un cuerpo humano, tendido en el suelo, sin vida. 

—Profesor, los chicos se hallaban en el cuarto piso, fueron revelados por el hechizo, no hay nadie más en las cercanías— Expresó Snape dando un pequeño empùjón para que Neville y los demás se acercasen. 

—Es lamentable que tengan que ver esta escena. Minerva, lleva a los chicos a la sala de Gryffindor, mañana deberán tener un severo castigo por hallarse en el espejo hasta tan tardes horas de la noche— El viejo observó a Neville entre los cristales de las gafas— Pero por ahora debemos resolver esta situación, y dudo que un par de alumnos de primer año estén involucrados en esto. 

—¿Esto es real?— Preguntó Hermione. 

—Lamentablemente sí, señorita Granger— Respondió McGonagall. 

—Pero ¿cómo?

—Es lo que no sabemos aún, pero es algo que de seguro descubriremos muy pronto— Aseveró Dumbledore— Ahora Minerva, antes de que llegue el ministerio y tengamos que decir que cuatro alumnos se hallaban a pocos metros del incidente, llévalos contigo a la sala de Gryffindor, por favor. 

—Por aquí, síganme. 

Harry no se atrevió a decir nada y obedeció de inmediato. Primero porque una punzada extremadamente fuerte cruzaba su cabeza amenazando con partirla en dos. La segunda causa era el cuerpo en el suelo. El turbante se hallaba tirado y sucio, al igual que el cuerpo sin vida del profesor Quirrell. 

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