CAPÍTULO 13. NAVIDAD

Regresar al número doce de Grimmauld Place para pasar navidad dejaba un estado de ánimo confuso para Harry.  La amaba, y la idea de salir con Sirius a pasear en escoba por algún lugar de Escocia era en extremo tentador. Sin embargo, sentía que algo faltaba, allí no estaban ni Hermione, o Daphne, y sus pensamientos ahora se hallaban encerrados en su cabeza sin nadie con quien compartirlos. Extrañaba sus amistades, los pasillos del colegio llenos de personas conversando o lanzando magia de un lado a otro. Los juegos, las clases, los entrenamientos, incluso las peleas.

El sueño de la noche anterior tampoco ayudaba. Soñó con una gran cantidad de gritos y un potente rayo de luz verde que se dirigía hacia él. Conocía bien el sueño, era una pesadilla recurrente. 

Su forma de ser parecía ir cambiando también un poco, podía saberlo con solo un par de meses en el colegio. Los libros que antes apenas revisaría, eran ahora un pasatiempo bastante atractivo, al punto en que restaban tiempo que antes se habría gastado en videojuegos o planes de vuelo. Su mente ya no pensaba únicamente en volar en escoba y no tenía mayor deseo de salir al frente de la casa a jugar futbol. No sería igual estar allí afuera con cualquiera.

La puerta de la habitación fue golpeada por un pequeño puño que anunciaba su ingreso— Puedes pasar— Expresó él para dejar que la elfina abriera. 

—Amo Harry ¿ha pensado qué desea comer el día de hoy en el almuerzo?

—Yo, ummm, quizás un poco de cordero asado con verduras cocidas, y papas y algo de queso— Pensó y recitó degustando lo que su paladar le indicaba para ese día— ¿Dónde está Sirius? Hoy es el día… 

—Está en la sala principal, el ministerio de magia ha enviado un comunicado, desean que se presente el día de hoy.

—¿Al ministerio?— Harry se levantó de la cama quitando la pereza de su cuerpo. Sirius no le mencionó nada sobre un viaje al ministerio, lo que significaba que era algo de imprevisto. Hablaron mucho recientemente. Sirius le interrogó sobre sus amistades, el colegio, rumores que allí se escuchaban, si las cosas continuaban igual a cuando él estuvo allí, y en especial sobre las chicas que a Harry le interesaban —Gracias Gali.

—Siempre a la orden amo Harry— Expresó la elfina antes de salir de la habitación. 

El chico se colocó un suéter, zapatos y salió como un rayo de la habitación escaleras abajo— ¿Sirius? 

—¿Qué pasa muchacho? 

—¿El ministerio te citó? ¿Sucede algo? 

—Nada especial, la reunión para indagar sobre el caso de Gringotts se atrasó bastante antes, son solo declaraciones sobre lo que vi. 

—¿Puedo ir contigo?

—Salgo en dos minutos— Sirius lo miró de arriba abajo— Trae contigo una capa y nos vamos. 

No lo dudó, salió en carrera, subió las escaleras y regresó portando una linda capa verde que anudó a su cuello justo antes de que Sirius encendiera la chimenea y lanzara un puñado de polvos a esta. 

—Ven, las llamas están frías— Instó mientras él se acercaba al fuego y este rodeaba todo su cuerpo. 

Harry estaba fascinado, conocía el método de viaje por medio de polvos flu, pero nunca los usó previamente, ni tampoco Sirius en los años que tenía memoria— ¿Polvos flu?

—Conectaron una entrada para nosotros solo por hoy— Señaló su padrino jalándole para que entrase a la chimenea encendida. Un picor y cosquillas ligeras recorrieron su cuerpo antes de que Sirius exclamase con fuerza— Al ministerio de magia de inglaterra.

Su cuerpo viró en direcciones distintas un par de veces, sintió un jalón muy semejante al viaje por aparición y luego se halló de pie frente a unas llamas verdes y una pared negra. No supo en qué instante en específico llegó al ministerio, y se quedó entre las llamas un poco perdido por la sensación previa. Sirius fue quién le jaló del hombro y sacó de la chimenea —No sabía que tenías fascinación por el fuego, ni por el hollín— Le pasó un pañuelo para limpiarse el rostro mientras él hacía lo mismo. 

—¿Por qué no nos aparecimos?— Preguntó Harry sacando manchas negras de su nariz, orejas y gafas. 

—No se puede aparecer dentro del ministerio sin trabajar aquí, y con los elfos probablemente habríamos causado un revuelo. Si prepararon una chimenea para nosotros, significa que esperaban que llegáramos por medio de ella. 

—Bien. 

—Avancemos por donde parece que todos van— Expresó Sirius siguiendo a varias personas que se movían en un sentido único. Un pasillo largo y ancho repleto de chimeneas. 

—¿Sabes qué buscan averiguar con tu interrogatorio?

—No sé. Dudo que puedan saber más de mí que de los duendes de Gringotts, yo solo lancé un par de hechizos para protegernos ese día. 

—Si— Corroboró Harry al tiempo que se acercaban a un amplio mesón donde distintas personas preguntaban por sus destinos. 

—Hola— Sirius guiño un ojo a una chica joven que se hallaba sentada del otro lado del mostrador, no sin antes darle un ligero toque a Harry para que viese la acción— Soy Sirius Black, Lord de la casa Black, me han citado el día de hoy para hacerme unas preguntas, ¿Sabrás de por casualidad con quien debo conversar o dónde debo ir? 

—¿Lord Black?

—El mismo, puedo ser joven todavía, pero el título lo gané ya hace años. 

—¡Oh!— La chica parecía ruborizarse ante la sonrisa de su padrino. Buscó apresuradamente su nombre entre una lista  y luego alzó la cabeza— Si aquí estás, Lord Sirius Black. Citado para dentro de cinco minutos en la sala quinientos veintiséis del tercer piso. Disculpe usted, no le he reconocido. 

—Te podrás disculpar conmigo aceptando un café al momento que mejor gustes ¿Qué me dices?— Alzó una ceja y Harry se sorprendió ante lo directo que era el hombre. 

—¿Un café? ¿Con un lord? ¿Usted… está seguro? Yo bueno, soy de una familia, ya sabe, normal. 

—¿Pregunté tu árbol genealógico acaso? Solo indagué por un café juntos, nada más ¿Qué me dices? 

—Salgo a las siete de la noche señor, Black. 

—Listo, siete de la noche te esperaré justo afuera del ministerio, es una cita, pero antes, tu nombre. 

—Soy Emely, señor. Debe ir a su interrogatorio, es por allí, derecho, toma el ascensor e indica piso y sala a la cual se dirige.

—Te veo a las siete Emely— Sirius guiño nuevamente su ojo antes de moverse junto a su ahijado— ¿Y bien? ¿Aprendiste algo? 

—Que no tienes buen manejo del tiempo, se supone que saldrías con la chica muggle de nombre Karen que mencionaste ayer, hoy a las ocho de la noche. Tendrás que tener una cita relámpago con Emely. Y me dijiste que Karen te interesaba de verdad. 

—Y me interesa Harry, es una mujer increíble, muy dinámica y de mente muy ágil. Pero nunca está demás tener un az bajo la manga, no conozco a Karen todavía muy bien y tampoco le he dicho sobre, bueno, tu sabes. 

—Que eres un mago y el secreto del mundo mágico. 

—No todas las mujeres quieren pasar una vida llena de misterios o con la incertidumbre de si han sido desmemorizadas en algún instante. Los magos debemos buscar a alguien que esté dispuesto a pasar el tiempo con nosotros y a aceptarnos con todo y conjunto de secretos que el mundo mágico implica. 

—No pensé que fuese tan duro. 

—Aquí es mucho más sencillo que en otras partes, hay lugares donde las relaciones entre magos y muggles no están permitidas. Es mucho más difícil así. 

—¿Por cuestiones de pureza de sangre?— Preguntó intrigado Harry. 

—Sangre puede ser, pero en especial para que el mundo mágico no se vea comprometido. Al piso tres cámara doscientos …

—Quinientos veintiseis— Corrigió Harry. Dentro del ascensor había un elfo sobre un taburete presionando los botones para moverse. Este sujeto asintió con la cabeza sin decir una palabra y un tirón sacudió el elevador con fuerza. Pasaron diez segundos turbulentos hasta que la cabina se detuvo y la puerta se abrió nuevamente. Se encontraron frente a un pasillo largo y bien iluminado con puertas a los lados. No fue difícil hallar la indicada. 

—Bien, veamos que quieren ahora— Y con esto abrió la puerta. 

Harry entró justo detrás, se trataba de una pequeña oficina llena de papeles y un par de sujetos sentados en dos escritorios al frente. Ambos alzaron la cabeza al ver a Sirius y Harry entrar al lugar. 

—Señor Sirius Black, veo que vino acompañado del joven Potter— Señaló un hombre delgado de aspecto sobrio, de piel muy blanca y ojos pequeños.

—No pensé que fuese un problema— Señaló Sirius— Además, él también estuvo el día del incidente. 

—Lo sabemos— Expresó el otro hombre, alguien de piel café con sonrisa amplia. Este agitó su varita para aparecer un par de sillas frente a ellos— Tomen asiento. Lo esperábamos un poco más tarde, las lenguas dicen que no es muy puntual, pero veo que llega unos tres minutos antes de lo citado. Soy Julius, y mi compañero es Gunter, seremos sus interrogantes esta tarde.

—Tenía tiempo libre, y se supone que ahora soy Lord Black, así que hay que estar a la altura de las exigencias— Señaló Sirius sentándose— ¿Cómo les ayudo? 

—Comencemos por un relato sobre lo sucedido ese día. Queremos saber cómo identificaron a un intruso en el piso donde se hallaban— Interrogó el sujeto de tez blanca, Gunter.

—Bueno, ese día fui junto con mi ahijado a sacar dinero de las bóvedas de ambos, la Potter y la Black. También realizamos un poco de papeleo previo, saben como son los duendes, todo debe estar por escrito y firmado. Ya me imagino que los duendes les dieron los detalles. 

—No escatime en detalles señor Sirius— Respondió el otro sujeto. 

—Harry no había revisado los movimientos monetarios de los Potter en un tiempo, esos asuntos se pusieron en orden antes de descender a las cámaras— Aclaró Sirius. 

—¿Se puede saber por qué el señor Potter tenía asuntos pendientes en el banco?— Inquirió Julius. 

—No creo que esa información sea relevante— Continuó Sirius recostandose sobre su silla. 

—Nosotros decidiremos qué es relevante señor Black. 

—Pues hasta donde tengo entendido el interrogatorio es sobre lo que vi en el fondo del banco al momento del robo, no sobre los asuntos que ocupaba mi ahijado el día del incidente— Hubo un silencio de parte de ambos hombres, Gunter animó a continuar con el relato— Descendimos hasta la cámara de Harry, luego a la mía. 

—¿Por qué se dirigieron primero a la cámara de los Potter y luego a la suya señor Black? 

—Porque la de los Potter está ubicada antes que la de los Black, tengo entendido que las bóvedas de familias antiguas se encuentran más al fondo y con mayor seguridad. 

—Entonces usted se dirigió a la cámara setecientos… — Intervino Gunter. 

—Setecientos once, es la bóveda de la familia Black, así lo ha sido desde siempre. 

—¿Cómo fue que, usted entró primero a su cámara y ninguno notó que en la cámara setecientos trece, dos puestos delante de ustedes, había otro carril y un duende muerto en el suelo? 

—No sé si ha entrado tan profundo, pero allí es oscuro y lleno de neblina, nuestro duende, olvidé su nombre, llevaba un farol para poder alumbrar. Además había un grupo de rocas entre nosotros y la siguiente plaza, no era posible ver el carro o al duende sin prestar detallada atención.

—Pero vieron al intruso al salir.

—Lo vió Harry, luego el duende realizó un hechizo para detectar presencia humana, y el sujeto brilló en una de las paredes del fondo —Comentó Sirius. 

—¿Qué sucedió luego?

—El sujeto lanzó un hechizo de cuerdas para atrapar al duende, pero este igualmente tocó el suelo y envió una alarma a todo Gringotts, al segundo siguiente aparecieron una gran cantidad de duendes y personas. 

—¿Usted qué hizo mientras tanto? 

—Active un hechizo de protección sobre mí y mi ahijado. 

—¿Luego?

—El sujeto creó un dragón de fuego allí abajo, la mayoría trató de finiquitar el hechizo, otros buscaron de atraparlo, después de eso estalló el techo de la recámara donde estábamos y el sujeto escapó— Relató Sirius. Harry notaba que Sirius se hallaba tranquilo a pesar de que el par de sujetos buscaban de presionarle. 

—¿Usted qué hizo entonces? 

—Nada, quizás ayudé a un duende a levantarse, no era asunto mío perseguir a un delincuente.

Gunter se acercó apoyándose en su escritorio en dirección a Sirius— Señor Black, hay circunstancias extrañas en su relato, es muy conveniente que usted se hallase en el mismo lugar al instante del robo. Su expediente en Hogwarts y conocidos lo han catalogado como buscador de problemas e incluso ladrón en algunos casos. Algo que no va de la mano con un lord de una casa como los Black. 

Julius continuó— Otro punto es que los duendes no especifican qué era el contenido dentro de la cámara setecientos trece, y aseguran que la cámara fue vaciada ese mismo día apenas una hora antes. Sin embargo, es una increíble coincidencia que allí se hallase usted, un miembro de una familia que por mucho tiempo ha estada ligada a momentos oscuros y tenebrosos de la historia del reino unido. Si hubiera algún objeto de clase peligrosa en dicha cámara. 

—Pueden sospechar todo lo que deseen mis amigos. Pero tengo entendido que no hubo robo realmente, pero si la presencia de un intruso que burló la seguridad del banco. Los duendes a diferencia que con ustedes, si se han comunicado con la casa Black, y me han comentado que no se ha realizado en ningún instante una denuncia de robo, así que no entiendo qué en específico desea obtener o averiguar el ministerio sobre el incidente— Sirius se levantó del asiento— Harry, nos vamos. 

—Señor Black, no hemos terminado. Diganos, ¿Sigue usted en contacto con su amigo, Peter Petigrew? ¿Ha conversado ultimamente con Remus John Lupin?

—Me temo que sí hemos terminado señores, Si quieren abrir una averiguación sobre con quien intercambio cartas son libres de hacerlo. Yo también estoy en libertad de contactar al profeta y exponer los métodos y formas que tiene el ministerio de realizar averiguaciones, o falsas acusaciones— Tomó a Harry del hombro y salió por la puerta. 

El joven se hallaba conmocionado por la naturaleza violenta de aquel interrogatorio y la forma en que su padrino manejó la situación— ¿Estarás bien Sirius? 

—Descuida, no es nada. Julius estudió en mi curso, puede que le haya gastado alguna broma en la escuela. Nunca es bueno que a alguien con resentimiento se le de un cargo de poder —Sirius se encogió de hombros— Por otra parte no hay denuncia alguna, si el ministerio continúa con las averiguaciones debe ser por algo más, como te dije en mi carta, hay rumores de un mago tenebroso, han habido asesinatos de muggles en Noruega y Escocia recientemente, no es algo normal. 

—¿Otro como Voldemort?

Una señora que se hallaba en el ascensor junto a ellos casi se ahoga con un emparedado al escuchar el nombre— Probablemente, no se sabe, pero se ha bloqueado mucha información sobre el asunto. Nadie quiere pensar que otro mago tenebroso se acerca, ha pasado poco tiempo. 

—Yo escuché que no aparecen los cuerpos, se han registrado como muertos los muggles, pero nunca hay cuerpos, familias enteras que de pronto ya no están— Intervino la mujer— Horripilante, esperemos que solo sean rumores. 

—Que tenga buena tarde— Se despidió Sirius bajando del ascensor— No es bueno, el ministerio está muy alerta, no pueden darse el lujo de un nuevo mago tenebroso en sus puertas. La gente pediría la destitución del ministro y varios encargados. No debería suceder algo así en diez años desde el anterior. 

—¿Saludarás a Emely antes de irnos? 

—No es necesario, vendré en un par de horas y la buscaré, estará encantada. 

—¿Cómo sabías que te diría que sí?— Preguntó Harry. 

—No lo sabía, pero se debe tener confianza para ese tipo de cosas. Las mujeres son como los animales, pueden oler si estás nervioso. Aprecian bastante que alguien sea directo y algo atrevido con ellas. 

El resto del día fue tranquilo, regresaron a casa y Harry tuvo la oportunidad de conocer a Karen. Una chica educada de veintiocho años, cabello castaño que disfrutaba de cocinar junto a Sirius. Talento que Harry nunca imaginó que su padrino tuviera debido a la presencia y labores de los elfos domésticos. La casa fue hechizada y tanto Kreacher como Gali fueron enviados a limpiar el sótano y permanecer allí toda la noche. 

—Entonces ¿estudias casi todo el año en esa escuela?

—Es como una institución privada de élite— Intervino Sirius. 

—Es algo genial, tenemos dormitorios aparte, está el terreno a las afueras donde solemos salir a pasar el rato, el resto del tiempo estamos en el gran comedor, estudiando o hablando. También pasamos tiempo afuera, en… el estadio de fútbol. 

—¿Y dices que estás en el equipo? Eres bastante joven— Comentó la mujer. 

—Tiene la sangre de su padrino y las agallas necesarias. No lo fastidies mucho, quería ver a sus amistades en vacaciones pero parece que salieron a otros países. 

—Lo siento— Se disculpó Karen, Harry por su parte se retiró a su habitación y abrió la carta de Hermione que recibió el día anterior. 

 

Hola Harry.

 

¿Cómo te ha ido estas vacaciones? Yo acabo de llegar de pasear por una zona de Roma, mamá quiere además ir a un par de restaurantes juntas antes de regresar a Reino Unido. Retornaré después de navidad al colegio, así que espero poder verte allí para entonces. Pude intercambiar un par de cartas con Daphne, parece que Francia ha sido bastante interesante y ha comprado gran cantidad de ropa. Supongo que ya te ha contado a ti sobre su viaje.

En otro orden de ideas ¿Has averiguado sobre Flamel? Yo he revisado algunos libros sobre artículos oscuros y leyendas del siglo veinte, también estoy por revisar un par de libros celtas que pedí a mi padre. Lamentablemente no he encontrado nada, sin embargo tengo esperanzas, hay una biblioteca mágica antigua aquí en Roma, y a diferencia de en el colegio puedo preguntar directamente por información relacionada a Nicolas Flamel sin que nadie sospeche. 

¿Cómo está tu padrino? ¿Pasaras navidad en casa? Espero saber de ti pronto. 

 

Besos, Hermione. 



Era gratificante saber sobre ella, nunca antes había apreciado o leído tantas veces una misma carta. Daphne no le había escrito, como sugería Hermione, probablemente tendría él qué hacerlo, pero no sabía bien cómo iniciar una conversación con aquella chica. Después de todo Daphne era bastante callada la mayoría del tiempo e intervenía solo para hacer acotaciones mordaces o inteligentes. 

Hedwig por su parte parecía entusiasta por llevar consigo la respuesta de Harry, ululaba tranquila en una esquina de la habitación. Harry no sabía si debía responder en ese momento o esperar una semana a que pasara navidad para enviar los regalos que compró en el callejón días atrás. A Hermione le enviaría un libro sobre aritmancia y glifos de Europa que venía junto a un lindo poster. A Daphne le regalaría una pequeña pulsera con un copo de nieve preservado, le pareció un buen recuerdo de su victoria contra aquellos que se hallaban en su casa fastidiando. Para Sophie halló una piedra que emitía un hechizo permitiendo al portador hablar con mayor claridad en público. Y a Neville un suéter con una planta revitalizadora en la espalda. 

Para Sirius tenía el mejor regalo, una modificación para nimbus que pidió por encargo a la misma tienda que él patrocinaba. Llegaría en dos días, y Gali tenía órdenes de recibirla y ocultarla hasta navidad. La pieza era un asiento con apoyadores de pies que permitía volar, si era necesario, grandes distancias con comodidad. 

Luego de pensarlo bastante decidió escribir a cada una de sus amistades y enviar cuatro cartas, en especial porque tenía curiosidad por saber cuánto tiempo le tomaba Hedwig enviar cada sobre. Aunque siempre podía enviar a Gali con la dirección donde ellos estuvieran. 

Se preguntaba además si podía enviar algo como piedras o hielo a Malfoy sin especificar el remitente, aunque luego de analizarlo temió que fuese causa de problemas para Daphne. El resto del tiempo de aquellos días los gastó practicando magia junto con la elfina, esta última tenía la capacidad de contrarrestar y vulnerar cada hechizo que Harry dominase. Dejándole en claro que la fuerza mágica de aquellos seres era muy superior a la de cualquier mago.

También buscó tiempo para revisar la biblioteca de la casa Black, incluyendo y tomando mayor énfasis en la sección de magia oscura. Misma que estaba disponible para hojear en la residencia, pero negada terminantemente en la escuela. Pese a todo no encontró ningún rastro de Nicolas Flamel entre las hojas, y varias veces se quedó dormido con los libros abiertos contra su rostro. 

 

La mañana de navidad llegó sin contratiempos, diversos paquetes se amontonaban a los pies de su cama, muchos más que los usuales tres, de su padrino y ambos elfos. Hedwig se hallaba en la ventana, que ahora no tenía barrotes, parecía bastante feliz de demostrar su eficiencia.  Harry intentó descifrar la procedencia de varios sin revisarlos, pero resultó imposible. Luego comenzó a abrir por orden de cercanía. 

Gali talló una figura de Harry con una varita mágica alzada, Kreacher dejó en una caja los restos de un videojuego que perdió hace tiempo. Luego estaba un pequeño paquete torpemente embalado con un gran moño, “para Harry de Hagrid”. En el interior había una flauta de madera de aspecto tosco, pero funcional. El relieve sugería que el semigigante lo talló por sí mismo. 

Luego estaban dos paquetes grandes, el primero de ello contenía una nota “Del mejor padrino al mejor ahijado”. El contenido era un kit de limpieza de escobas con los colores de las urracas. Harry casi grita del entusiasmo y sacó cada parte para organizarlo todo y disponerse a limpiar su hermosa nimbus, sin embargo decidió primero abrir el resto de los regalos. 

El siguiente regalo lo desconcertó bastante, se trataba de una caja grande, pero lo más extraño fue el remitente “Aun no tenemos confianza, ni nos conocemos lo suficiente, pero tu padrino es uno de los más grandiosos hombres que he conocido, espero que esto te guste. Karen” Harry abrió la caja dudoso, aunque luego casi grita al reconocer su contenido, se trataba de un super nintendo, la consola que deseaba. No pudo evitar su emoción y gritó de felicidad para conectar todo al televisor, la misma venía con apenas dos juegos, pero era más que suficiente para probar algo tan avanzado. Los gráficos eran distintos, el método de juego también, incluso los controles eran diferentes a la generación anterior. 

Se entretuvo casi una hora antes de reparar en el resto de regalos dispersos. Estaba que estallaba de alegría y era difícil contenerse. Gali llegó con la comida y apenas pudo prestar atención a las tostadas de la mañana. 

El siguiente paquete era de Hermione, quien le enviaba uns bolds de dulces y un juego de plumas elegantes junto a una carta. 

 

Querido Harry. 

 

Espero que tengas una feliz navidad, yo en este momento debo estar de regreso a Reino unido. Tengo excelentes noticias que contarte, logré hallar el nombre de Nicolas Flamel en la biblioteca de Roma. Tendrías que venir para ver lo increíble que es esta, es gigante, y guardan desde registros de magos actuales, hasta papiros de la época egipcia. Han recolectado toda clase de información, el edificio tiene más de treinta pisos de profundidad. Algunas secciones están prohibidas, sin embargo, la información que necesitaba fue de fácil acceso con ayuda de las encargadas del lugar. 

Flamel es un famoso alquimista amigo de Dumbledore, se dice que este creó la piedra filosofal, y que ambos trabajaron en los usos de la sangre de dragón. Su paradero es desconocido, sin embargo, al ser el creador de la piedra filosofal, se supone que debe hallarse con vida en algún lugar. Se estima que debe tener más de seiscientos años de edad, tanto él como su esposa Perenelle. 

Hay dos posibilidades, la primera es que en el castillo se esté escondiendo la piedra filosofal Harry, tendría sentido, teniendo en cuenta que Nicolas y Dumbledore son amigos. La segunda posibilidad es que sea elixir de la vida, y esta es la poción que se hace con la piedra filosofal. Permite a quien la beba vivir una gran cantidad de años, y recuperar hasta cierto punto su juventud. Ahora, la verdadera interrogante es ¿Para qué quiere Severus la piedra o el elixir? Aunque, cualquiera con un poco de astucia y poder la buscaría, supongo. 

Quiero verte pronto Harry, hay mucho que quiero contarte y una carta no es suficiente. Avísame si es posible conversar por otro medio, si no es posible, ten en cuenta que regresaré al colegio el día dos de enero, un poco antes, debido a que mis padres viajarán por asuntos de odontología. 

Con cariño, Hermione. 



Harry releyó dos veces la carta antes de analizar bien su contenido. Primero estaba feliz por poder saber de la chica. También la extrañaba bastante, a pesar de que fuese algo mandona y exagerase con los horarios de estudios y entrenamientos. Era alguien con quien podía conversar casi sobre cualquier cosa, y eso ocupaba gran parte de su tiempo. 

En segunda instancia estaba el descubrimiento de la piedra filosofal. Un objeto que no conocía, pero que, según Hermione, permitía crear un elixir que daba juventud y alargaba la vida de quien lo bebiese. ¿Quién no querría semejante poción? Era el sueño de millones de personas, poder vivir para siempre. Era obvio que Snape intentase tomarla, de hecho, casi cualquiera debería estarla buscando, ¿Por qué no? Era tentadora la idea. En eso se planteó la idea de hacer que Sirius, Hermione, y Daphne la bebieran junto a él. O aún mejor ¿Qué pasaría si con ella pudiera revivir a sus padres? ¿funcionaria? No tenía la menor idea. Hermione y Sirius si mencionaron un par de veces que no existía magia alguna que pudiera revivir a los muertos, pero, la piedra filosofal era un objeto único en su clase, valía la pena intentarlo ¿no?

Contestó rápidamente la carta detallando que él también estaría para esa fecha en el colegio, y que deseaba pudieran hablar. 

Casi olvidó el resto de los regalos. El siguiente fue un paquete de Daphne con un sueter negro bastante elegante. Harry se lo probó de inmediato sintiendose feliz de que la chica se acordase de él. Y finalmente revisó un último paquete cuyo remitente era desconocido. Solo había una nota con letra curva que le resultaba algo familiar al chico. 

 

“Esto pertenecía a tu padre, lo dejó en mi poder antes de morir. Ya es tiempo que te sea devuelto, intenta utilizarlo bien. Una feliz navidad para tí”

Fue extraño, no había firma alguna junto a la nota. Abrió entonces el paquete y halló una capa de color gris casi plateado, era extraña al tacto, como si fuese agua sobre sus dedos. Incluso pensó por un instante si se trataba de algún metal líquido vertido sobre una tela, pero lo desestimó al no haber residuo en sus dedos. 

Luego la colocó sobre sus hombros  notando que era enorme y bastante tela quedaba en el suelo. Posteriormente pasó a dejar que esta le cubriera casi por completo, y soltó un gran grito. Cayó a la cama del susto y reaccionó lento posterior a eso. Revisó nuevamente la capa colocándola sobre él. Su cuerpo desapareció debajo de esta. 

Corrió entonces hasta el baño y repasó su figura ante un espejo. Más que desaparecerlo, lo desvanecía. Aquella capa lo hacía invisible al ojo humano. No dudó en colocarla sobre todo su cuerpo y bajar en carrera hasta la cocina, donde robó e hizo levitar las tostadas del desayuno de Sirius. 

—¿Un fantasma?— Inquirió el hombre, pero luego de un instante, y ante el sonido de una risa imposible de ocultar, expresó— ¿Harry?

—¿Está genial verdad? Es una capa de invisibilidad, vino en un sobre esta mañana, yo… 

—Es la capa de invisibilidad de James— Su padrino estaba de pie, con los ojos muy abiertos. Alzó el brazo y palpó la capa— Pensé que Dumbledore la tenía… James se la prestó hace años, nunca supe qué más pasó con ella. 

—¿Fue Dumbledore entonces quién me la envió?

—Te la regresó, era de tu padre en todo caso. No te imaginas cuantas travesuras hicimos con ayuda de esta capa, servía para escaparnos del colegio, ir a la sección prohibida, entrar a los dormitorios de otras casas, escaparnos de Filch, ir al baño de chicas. Era otra aliada para nosotros. 

—Wow— Harry la colocó nuevamente sobre su cuerpo dejando que su figura desapareciera. Sus emociones brotaban de su pecho, deseaba saltar de alegría, y hacer tantas cosas. Su emoción era tal que olvidó por completo limpiar la escoba o el asunto de la piedra filosofal. Aquella sin duda era la mejor navidad en mucho tiempo.

 

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