CAPÍTULO 10. TRAMPA

 

Harry activó el anillo y espero en silencio durante unos quince minutos dando vueltas alrededor de su cama en los dormitorios de gryffindor, hasta que el anillo vibró y la voz de Sirius salió de esta. 

—¿Qué sucede Harry? ¿Estás bien?— Se escuchó la voz de su padrino alarmada.

—Claro que estoy bien Sirius, esto es Hogwarts, no la prisión de azkaban ¿Qué podría pasar?— Contestó el chico— Tengo una emergencia, pero nada grave. 

—Te dije que usaras el anillo solo en casos de emergencia Harry, no para comunicarnos, para eso puedes usar incluso a Gali, o la lechuza que te regalaron— Expresó Sirius.

—Quería conversar contigo, y habría sido difícil por medio de una carta. O habrían sido decenas de cartas. 

—¿Qué sucede? Ya dime. 

—Me regalaste una nimbus— Comentó Harry. 

—Claro, es lo que querias, compré también una para mi, ya espera a que llegue navidad o en verano, podremos volar juntos por…

—La profesora McGonagall me acaba de regalar también una nimbus 2000 Sirius, las dos me llegaron casi al mismo tiempo.

—¿Qué? ¿McGonagall? ¿Hablas en serio?— Sirius parecía reír desde su lado— ¿Convertiste a todos los alumnos en gatos mientras estabas en su clase acaso?

—Creo que es una fanática del quidditch, y quizás de las Urracas, como yo. Es solo que no creo que pueda rechazar el regalo de la profesora, tampoco voy a rechazar el tuyo— Se explicó Harry intentando hablar bajo cuando un par de chicos de tercero entraban al cuarto y se dirigían a las duchas. 

—No, no puedes rechazar un regalo así de la profesora, sería algo muy desconsiderado Harry— Expresó Sirius— Pues, puedes tener una escoba para entrenar y otra para tus juegos, ¿no?

—¿Qué debo decir cuando me pregunte por la escoba? 

—Enviale una carta diciéndole que estás muy feliz y que le agradeces. McGonagall es una de las profesoras más exigentes, si caiste en su gracia, Merlín sabrá por qué razón, porque James y yo hicimos diez mil tonterías, pues es mejor que sea así.

—Metí ambas escobas en el baúl, trataré de no hacer ningún ruido respecto al asunto, pero estaba pensando Sirius ¿Y si le regalo una escoba a Hermione? 

—¿Te vas a casar con esa chica apenas a tus once años Harry? 

—Te dije que solo es mi amiga, Sirius— Expresó Harry. 

—¿Cuantas chicas conoces que sean lindas y hables con ellas?— preguntó el hombre cuya voz se escuchaba desde el anillo. 

—Pues está Daphne, Sophie es linda pero es muy callada, y Hermione. También hay una chica de segundo año llamada Katie Bell, pero nunca hemos hablado. 

—Bien, pues si a cada una de esas tres vas a regalarle una escoba de carreras del año que cuesta entre cuarenta y cincuenta galeones, pues serán cerca de ciento cincuenta galeones solo para navidad. 

—No dije que le fuese regalar a todas una escoba…— Se quejó— Solo digo que puedo darle la de la profesora a Hermione como su cunpleaños y enseñarle a volar un poco, como disculpa ya sabes. 

—Bueno, algo es seguro, dejarás el nombre de los Potter y los Black muy en alto. Luego debes enviar fotos de mis futuras nueras, al menos para que me aprenda los nombres si es que las invitas para navidad.

—¡Sirius!

—Yo por mi parte te adelanto que conocí a una bella chica sueca, se llama Annika, es muy bella, pero entiendo solo la mitad de lo que dice, su inglés es pésimo. Y mi sueco es un asco. Pero es bella, ya sabes, buenas curvas y lindos ojos. 

—¿Nueva futura señora Black? 

—Pues por ahora es dueña de mis pensamientos y cama, pero ya veremos cómo van las cosas. El problema es que es muggle. 

—Kreacher de seguro está gritando en la cocina maldiciendo el cómo la casa Black se ha degenerado— Río Harry. 

—Pero como siempre debo ser cuidadoso y soltar la información a cuenta gotas, no podemos decirle nada a los muggles hasta que exista en verdad posibilidad de una boda, tu sabes… 

—¿Te piensas casar, Sirius? 

—¡Cuando no existan más mujeres ni opciones en este mundo mi querido ahijado!. Mejor te dejo, si escuchas mis consejos de seguro me traes a las tres montadas en escobas para navidad. Descansa Harry. Y repito, el anillo es solo para emergencias, no para una conversación nocturna— El hombre se despidió y el anillo quedó en silencio con Harry pensando sobre si dar una escoba nueva como regalo.

 

Harry se acostó mucho más calmado y el día siguiente fue tan rutinario como la semana anterior, con herbología para regar sus plantas y conversar con los presentes. O pociones con Snape quitándole diez puntos a Gryffindor por él haber girado su poción una vez más, tornando esta en un azul cristalino antes que totalmente incolora.

Se suponía que aquella era una poción crecehuesos, Snape había dicho que estaba dispuesto a darle dos opciones, tomarla o restar los puntos. Eligió los puntos sin siquiera pestañear, no deseaba pasar la noche en la enfermería convirtiéndose en un semi gigante. 

—Harry Potter ¿Cómo es que no te han echado del colegio? ¿Le pagaste a McGonagall para que perdonase tu estupidez?— Comentó Malfoy junto a otros de Slytherin cuando el otro apenas salía. 

—No creo que nadie en su sano juicio le ofreciera a la profesora McGonagall dinero Malfoy, pero puedes intentarlo— Comentó Hermione cuando fue detenida por los miembros de la casa rival. 

—Ese es el detalle Granger, Potter parece que no tiene sano juicio— Levantó las cejas Malfoy. 

—Déjala pasar o te embrujo aquí mismo Malfoy— Expresó Harry. 

—¿Me vas a embrujar Potter? Tú solo dejarás sin puntos a todo gryffindor. No, ahora es muy temprano. Mejor a media noche, un duelo de magos, solo varitas. Puede ser, en el salón de trofeos, nunca se cierra. 

—No aceptes Harry— Comentó Hermione, pero Harry miraba directamente al chico deseando levantar su varita y borrarle la sonrisa. 

—Medianoche será Malfoy. 

—Crabbe será mi segundo ¿y el tuyo?— Preguntó el chico rubio. 

Harry observó a Hermione, pero esta negó con la cabeza, Sophie parecía ocultarse entre las sombras de la pared y el resto de los chicos solo veían con felicidad a ver cómo resultaba el enfrentamiento— Lo haré sin se…

—Yo seré su segunda— Daphne dio un paso adelante pasando por entre los de Slytherin para ponerse al lado de Harry— Aunque dudo que tenga que hacer algo, dicen que en el tren terminaste con la nariz rota Malfoy ¿Es cierto eso? 

—No me sorprende, Potter y Greengrass. Creo que tu padre era igual a ti ¿No es así Daphne?— Harry notó que la chica también apretaba la varita en su mano, pero se contuvo de responder y el chico se marchó del lugar junto a sus compañeros. 

—¿Por qué aceptaste?— Preguntó Hermione. 

—¿Qué es un duelo mágico?— Inquirió Sophie desde atrás. 

—Creo que Hermione tiene razón en algo Potter, eres impulsivo y no te controlas cuando eres retado— Comentó Daphne antes de irse— Te veré en la entrada al salón de trofeos a medianoche, no si antes nos atrapan. 

—Es una Slytherin y piensa más claramente que tú Harry. 

—¿Qué quieres que haga Hermione? No te dejaba pasar— Susurró Harry pensando que la chica iniciaría una nueva discusión, y no tenía helado a la mano para calmarla. 

Sorpresivamente Sirius le indicó, mediante carta,  que fuese y lanzara un desmaius potente contra su oponente y lo dejase tendido sobre el suelo de la sala de trofeos hasta la mañana siguiente. Razón por la cual esperó paciente toda la tarde entrenando tantos hechizos como pudo ante la vista inquisitiva de Hermione, quien parecía su entrenadora personal. Ese día llevaba dos hechizos particulares, el hechizo para conjurar luz y oscuridad, Lumos y Nox. Eran interesantes, ambos engendraban potentes focos en la punta de la varita que podían iluminar o dejar todo sin luz, muy útiles para el plan de medianoche. 

A las once y treinta minutos Harry se levantó de la cama y caminó hasta la sala común, donde se hallaba Hermione con su túnica puesta esperándolo. 

—Sabía que eras tan diota como para ir Harry. 

—Lo puedo vencer rápido, un protego y un desmaius Hermione, lo sabes. No podrá hacer nada. 

—Te van a quitar más puntos Harry, sin contar que te van a castigar. 

—¿Qué hago? ¿Me quedo aquí? Medio colegio mañana en la mañana comenzará a hablar tonterías, y cuando Malfoy se me acerque a ufanarse, ten por seguro que lo voy a embrujar. 

—Bien, entonces iré contigo, así evito que hagas alguna tontería. Porque si Malfoy decide hoy que es mejor enfrentarse lanzándose de cabeza de la torre de astronomía, de seguro vas y lo haces, y ganas rompiendote el cuello de forma espectacular— Sentenció la niña. 

Los pasillos apenas estaban iluminados por la luna, Harry usó el hechizo lumos en algunas ocasiones para observar en las esquinas antes de deambular por ellos, entraron a un pasaje secreto hasta el segundo piso y continuaron su camino. Un par de pasillos antes de llegar notaron a Daphne haciéndole señas. 

—Fue una trampa— Comentó la chica apenas se acercaron— Filch y Snape están rondando la zona, creo que Malfoy les avisó. 

—Perfecto, entonces solo tenemos que regresarnos a nuestros dormitorios— Expresó Hermione. 

—No tan fácil, hay un par de fantasmas rondando y…— La chica palideció de pronto y jaló a los otros dos para esconderse entre un muro y una puerta. 

Peeves pasaba por el lugar cantando en plena oscuridad. Parecía que les iba a observar cuando Hermione susurró “Nox” y una neblina oscura les envolvió. El fantasma recorrió el lugar tarareando sin notar sus presencias y ellos comenzaron a andar subiendo las escaleras principales hasta el tercer piso. 

—Fue una locura venir, me debes, no, nos debes una disculpa— Sentenció Hermione. 

—Bien, lo siento. No pensé que el idiota de Malfoy solo no apareciera y pusiera en alerta a los demas. Mañana en el gran comedor haré que vomite todo lo que trague— Expresó Harry. 

—Debimos suponerlo, Malfoy sabe que no te puede vencer en un duelo mágico— Comentó Daphne mirando de reojo por el siguiente pasillo. En ese momento los tres sintieron un maullido que conocían bastante bien, la gata de Filch, la señora Norris aparecía por el pasillo que acababan de abandonar y lanzaba un maullido. 

Corrieron aprisa por el pasillo derecho, el cual parecía interminable, hasta una puerta de madera vieja que se hallaba cerrada. 

—Nuestro fin— Comentó Daphne con la vista fija en sus espaldas. 

—¡Alohomora!— Hermione susurró el hechizo contra la puerta y la cerradura de pronto se abrió permitiéndoles el acceso para ocultarse. Permanecieron un par de segundos en la oscuridad de aquel salón cuando Hermione susurró— Lumos— Para ver mejor. 

Los tres chicos alzaron la vista, un perro de tres cabezas se alzaba frente a ellos, con al menos unos seis u ocho metros de alto y mandíbulas tan enormes para tragarles enteros. Los colmillos eran de tal tamaño que competían con un brazo humano. 

Los seis ojos les observaron y las mandíbulas se abrieron de súbito. Daphne ahogó un grito y Harry sacó su varita, a pesar de que todo su cuerpo se hallaba en shock y pánico— ¡Protego! ¡Scutum! ¡Impedimenta!— Imprimió tanta magia como le fue posible en el instante en cada hechizo recitado a la carrera. Las fauces del can rompieron el hechizo protego casi instantáneamente pero se vieron detenidas por un escudo de tres metros de alto que se formó frente a ellos. 

—¡La puerta! ¡La puerta!— Hermione reclamaba a la chica de Slytherin para que se apresurase en abrir esta, mientras que los dientes del perro rompían la segunda defensa y tercera defensa en solo segundos. 

—¡Protego!— Gritó nuevamente cuando fue jalado por la parte atrás de su túnica y arrastrado al otro lado de la puerta, la cual cerraron las chicas al instante. 

—¿Pensabas quedarte a pelear con esa cosa?— Preguntó Daphne con los ojos abiertos. 

—Mejor corran— Hermione se hallaba un par de pasos delante de ellos. Los tres tomaron el pasadizo secreto hasta el séptimo piso sin descansar— Hocico de cerdo— Susurró Hermione a la dama gorda para que esta abriese la puerta a la sala común. 

—Eso fue una locura ¿Qué hace esa cosa en el castillo?— Preguntó Harry. 

—Debo ser la primera Slytherin en entrar a la sala común de Gryffindor— Comentó Daphne ante la otra chica— No sabía siquiera que se podía. 

—Se puede si alguien de Gryffindor te abre la puerta, además las chicas de Ravenclaw y de Hufflepuff se la pasan aquí casi todas las noches— Comentó Hermione dejando eso de lado. 

—No tenía idea, pero entiendo. 

—¿Ninguna de las dos vio al mismo perro que yo? ¿Qué importa si es de Slytherin o no?— Inquirió Harry apenas sentándose en el sofá— Esa cosa era enorme, nos podría haber tragado en un segundo— Abría los ojos aún impactado. 

—¿No te fijaste? Había una trampilla bajo sus pies Harry— Hermione tomó asiento a su lado— Está protegiendo algo. 

—¿Tuviste tiempo de ver sus pies y analizar la situación?— Se detuvo Daphne frente a ellos— Debo irme a mi habitación, veré cómo escapo de Snape. 

—Dormirás en el dormitorio de chicas— Comentó Hermione alzando el brazo y señalando las escaleras— Te dije, se han quedado de otras casas, no habrá problema. Además, mañana es sábado, nadie notará si estás o no en tu cama y no hay clases. 

—¿Qué puede esconder un perro así de enorme bajo sus patas?— Harry continuaba sorprendido sin prestar atención a otra cosa. 

—Es un cancerbero, es una bestia casi mítica, no son de acá. Tengo entendido existían en grecia y en parte de rusia— Expuso la chica de Slytherin. 

—Será mejor que nos vayamos a dormir— Sentenció Hermione levantándose de un salto— Antes de que nos maten, o peor, que nos expulsen. No quiero otra aventura esta noche— Tomó a la otra chica de la muñeca y ambas subieron las escaleras hasta sus dormitorios, mientras que Harry se quedó pensativo en la existencia de un perro de tres cabezas y una trampilla bajo sus pies. 

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