CAPÍTULO 10. PAZ Y GUERRA

Lily Potter era una mujer joven con apenas veintiún años de edad. En ese instante se hallaba lavando los platos en un pequeño fregadero de la suntuosa y elegante casa Godric, mientras que James descansaba luego de recoger el desastre en la sala de estar.  Cualquiera que hubiese visto por una ventanilla habría pensado que Lily era una mujer de alta sociedad, ello debido a los amplios espacios que gozaba la propiedad y los acabados finamente detallados que se observaba en la vajilla, candelabros y pórticos del lugar. Al igual que los elementos en oro presentes en la parte superior de las sillas, el jarrón central de la mesa, y algunos hilos de las cortinas aterciopeladas en vinotinto y dorado. 

La amplia sala permitía albergar casi todo un apartamento moderno. Las paredes mostraban distintos cuadros con fallecidos miembros de la familia que se movían y colocaban en sus mejores posturas ante la presencia de cualquiera, y un imponente león tallado en el centro de la habitación, justo al lado de las escaleras principales de la residencia. Los ojos de aquel león tenían gemas rojas que parecían seguir a cualquiera que se moviera por aquel lugar. Lily a veces se preguntaba si aquello se debía a algún tipo de encantamiento, o al efecto de la luz al refractarse sobre las gemas. Sin embargo no le desagradaba en lo absoluto. Era de las pocas cosas que podía durar mucho tiempo pensando o haciendo mientras se hallaba escondida en aquel lugar.

Pese a los lujos que aquel lugar presentaba, la sala principal en ese momento no se encontraba arreglada para ningún invitado. Al contrario, habían varias cosas fuera de lugar, y la explicación era bastante simple. El mejor amigo de la familia, Sirius, había regalado recientemente una escoba de juguete para Harry, el único hijo del joven matrimonio. El resultado fue un constante desastre en la sala de estar en las últimas semanas, una ventana rota, al igual que el florero, dos pinturas caídas y un portaretrato en un estado casi irreparable. Sin embargo, aquello era lo mejor que podían brindarle a Harry, quien apenas tenía un año de edad y un par de meses y no comprendía las razones por las que la familia se hallase oculta. 

Afuera de la casa una terrible tormenta se desataba azotando las ventanas y los gnomos del jardín. No era extraño tal tiempo, llevaban meses donde el clima cambiaba de forma súbita y se convertía en tempestades donde el viento helado erizaba la piel, luego el sol brillaba nuevamente, como si nada hubiese sucedido. En momentos como ese Lily se centraba en ver el cielo con temor de ver sombras oscuras moviéndose por las nubes.

En el fregadero apenas había cinco platos y algunos vasos, algo que podría haber solucionado fácilmente con un hechizo. Pero hacerlo de forma manual le recordaba sus años más jóvenes en compañía de su familia y hermana, sin contar que le permitía pensar en asuntos más profundos.

Uno de sus principales pensamientos y temores por aquellos meses era el hecho de que tanto ella, como su esposo e hijo, se hallaban escondidos mágicamente. Una situación que les beneficiaba en seguridad pero coartaba muchas otras opciones, aún más cuando Reino Unido se hallaba sumido en el desarrollo lento de una guerra civil mágica. 

Lily por su parte, no sufría de la cruenta lucha desde varios meses antes, no desde el nacimiento de su hijo y el complicado ritual para poder ocultar su residencia. El encantamiento Fidelio se hallaba en vigencia desde hacía más de un año sobre su hogar, esto permitía ocultar la casa y a sus integrantes de cualquier intruso. Aunque su distanciamiento comenzaba a hacerle sentir inutil para la orden, y obligada a leer cientos de libros familiares que de otra forma no habría leído. Muchos de ellos eran oscuros, y aunque útiles, era una rama de la magia que no se hallaba muy dispuesta a utilizar en primera instancia. Había visto de primera mano los estragos que aquellos rituales podían ocasionar, incluso si salían bien ejecutados. Había perdido una valiosa amistad por aquel tipo de magia.

Pese a ello ahora se hallaba protegida por un ritual tan viejo como los que leía últimamente. El conjuro antiguo constaba de un pequeño ritual donde se escondía un secreto en el alma de una persona, obviamente se escogía alguien de confianza para que éste funcionase. Para fines de protección James escogió a su amigo de la infancia Peter Pettigrew, un joven asustadizo y poco diestro que siempre se unió de buena voluntad al grupo aventurero de James y Sirius. La razón para aquella decisión era simple, nadie sospecharía que el enclenque y tímido Peter sería el guardián de la pareja de magos.

Sirius por otra parte, era demasiado evidente, sería la primera elección. Sirius era intrépido, mucho más diestro que Peter en el uso de la magia y los duelos, valiente e incluso en algunos momentos estúpidamente osado. Si alguien era obvio, ese sería Sirius, en quién además su esposo James confiaba ciegamente. Luego probablemente desconfiarían de Remus o Frank, otros amigos de la familia. Incluso Dumbledore era algo que se podría esperar como guardián.

 Solo esa persona y aquellos que conocían el secreto podían entrar a dicho lugar, a aquellos que también conocían el secreto se les denominaban guardianes secundarios. Lily, James, Harry, Bathilda, Hagrid y Dumbledore eran guardianes secundarios del secreto, aunque Lily creía que James en algún momento pudo haber revelado el secreto a Sirius y Remus, los otros dos compañeros fieles de su esposo. Después de todo, siempre se debía salir para conseguir comida, y comúnmente su esposo tomaba algo de poción multijugos para pasar desapercibido en la pequeña ciudad cercana. 

El valle de Godric, hogar de la residencia actual de la pareja, era una vieja zona residencial ocupada en su mayoría por casas antiguas de familias magas, una iglesia a la cual nadie asistía, un viejo cementerio descuidado y un par de negocios, entre los cuales el pub era el más visitado. El lugar parecía echado al abandono, ello debido a que el valle de Godric era un lugar donde se podían observar muchos muggles (personas sin magia) por la calle, y en esos tiempos, mostrarse abiertamente en compañía de muggles era una declaración para que los seguidores del señor oscuro dieran un paseo por tu hogar, asesinasen a tu familia y dejaran una horrenda marca en el cielo.

Nadie en su sano juicio se juntaba con los muggles por aquellos días. Las cruentas muertes se acumulaban mientras las semanas pasaban.

La razón para que Lily Potter, su esposo James y su hijo Harry se hallaran en ese momento escondidos mediante el encantamiento, era la presencia de un mago tenebroso cuyo auge y poderío en Inglaterra era de temer en los últimos años. Nadie se atrevía a decir su nombre, Lord Voldemort. 

Voldemort había decidido matar a Harry, el hijo de Lily, a causa de una profecía, misma que Dumbledore, amigo de la familia y mayor mago de la época había escuchado. En pro de salvar a la familia y al bebé, el sagaz mago sugirió el uso del Fidelio como método de protección. Así los tres se hallaban a salvo desde hace más de un año. 

Ese día era noche de halloween, en el mundo muggles los niños saldrían a pedir dulces por las calles, pero en la calle frente a su casa no se observaba nada salvo neblina y una densa capa de lluvia. Pese a ello Lily se imaginó a Harry corriendo entre las casas con una pequeña bolsa pidiendo barras o ranas de chocolate, vestido de un pequeño mooncalf o de algún equipo de quidditch.

James se acercó por la espalda en ese momento, podía sentir sus pasos, no era nada discreto cuando buscaba algo más que solo cariños. 

—¿Y Harry?

—Se quedó dormido después de dar tantas vueltas, le envié una carta a Sirius con las fotos que tomaste— La abrazó desde atrás y besó gentilmente el cuello. Lily disfrutó del cariño sintiendo como su piel reaccionaba al estímulo.

—¿Hablaste con Dumbledore?

—No, no le he escrito nuevamente. 

—Sabes que eso me tiene preocupada James ¿cuánto tiempo se va a quedar con la capa?— James se separó un poco arrugando el entrecejo, al menos lo posible para un hombre de veintiún años de edad.

—Dijo que debía estudiarla, si sabes que no funciona igual a otras capas, lo comprobamos. 

—Lo sé, y precisamente por eso creo que sería relevante que la tuvieras tú en posesión James— Lily suspiró. 

—Si quieres en la siguiente reunión de la orden converso con él Lily. 

—¿Piensas que sea prudente ir? Los ataques a la casa de Emmeline fueron fuertes, destruyeron toda la propiedad. Afortunadamente Emmeline es bastante diestra y apenas sintió que hubo una aparición tuvo tiempo de usar un traslador. De otra forma te podrías haber imaginado…— Sugirió Lily.

—Vance lleva años peleando, creo que luchó junto a Dumbledore una vez contra Grindelwald. Es obvio que sea un objetivo claro. En cambio, sabes que lo nuestro no es más que un capricho de él— Intentó calmarla mientras buscaba algo de té para servirse. Lily por su parte no se sintió calmada por el comentario. Conocía muy bien a James, era temerario, pero en ese instante se preocupaba por su bienestar, por ello buscaba de minimizar los sucesos.

—Un capricho que nos tiene encerrados por un año James, sabes que cuando se propone algo lo logra. Además Dumbledore dice que él es muy supersticioso y cree que la profecía es real. 

—¿Podemos tener otro tema de conversación? esto ya lo hemos repasado miles de veces. Lo sabes bien amor. 

—Lo sé, es solo que no me gustan las tardes como estas, la lluvia, los truenos. Lo sabes bien. 

—¿Quién trajo esto?— Preguntó James levantando unas naranjas del mesón. 

—Bathilda pasó un momento hoy en la mañana, estabas durmiendo, no quise despertarte por esa tontería. 

—¿No te habló sobre Kendra de nuevo? —Inquirió James.

—Me contó un par de historias sobre Gellert y Albus cuando eran pequeños. No sé si creerle James, es muy adulta, pero bueno, también es una excelente profesora. 

—Siempre me dio miedo la idea de ver clase con ella. Escuché que la profesora Bagshot reprobaba a todos y que los T.I.M.O. eran imposibles en su guardia. Afortunadamente no tuve que pasar por ella— Replicó el hombre pelando pelando la fruta en sus manos.

—No me habría molestado ver clase con ella, parece que sabe mucho, en especial sobre las casas y las políticas de las mismas. Me comentó que tiene amistad con ciertos duendes de Gringotts y explicó un poco sobre las casas más importantes en los últimos cien años y como algunos Lords estaban dispuestos a luchar contra Grindelwald, mientras que otros quisieron unirse debido a que perdieron sus títulos de nobleza y muchos poderes.

—Creo haber escuchado algo como eso de parte de Albus hace tiempo. Pero la verdad no presté demasiada atención, la familia Potter es muy reciente— Concluyó él.

—Aunque supuestamente ustedes son descendientes de los Godric. 

James se encogió de hombros tomando otro sorbo de té antes de mirar por la ventana. La lluvia parecía aminorar su intensidad y el valle comenzaba a mostrar un lado más amable. Las farolas empezaron a encenderse para iluminar la calle empedrada— No sé qué decirte, no mantenemos el árbol familiar como los Black, los Malfoy, Weasley, Nott o incluso los Bagshot. Mi padre comentaba que podíamos provenir de los Godric o los Peverell, pero el anillo familiar no está. 

—Tampoco has tenido intención de buscarlo. 

—¿Para qué? ¿Acaso quieres ser la señora Godric?— Sonrió James ampliamente. 

—No seas tonto, tampoco le veo sentido a ostentar un gran nombre. Y no sé siquiera si eso se podría. La señora Godric sería la hija de unos muggles ¿Qué dirían las familias sobre eso? 

—Probablemente sería un gran escándalo— Sonrió el hombre antes de acercarse para darle un pequeño beso a Lily. Esta se sonrojó— Saldría incluso en el profeta “la nueva señora Godric, la verdad detrás”

—Probablemente el título sería “La sangre sucia y nueva señora Godric”— A pesar de tratarse de un insulto Lily sonreía divirtiéndose de solo imaginar tal titular. James por su parte arrugaba el entrecejo sin gustarle en lo absoluto tal broma. 

—Habría salido yo mismo a pelear con los del profeta. 

—Claro, y te llevabas a Harry contigo también. 

—No, pero Sirius me acompañaría de seguro, y con la capa podríamos entrar y salir sin problema— Aseguró el ex auror. 

—Claro, si tuvieses contigo la capa. 

—No volveré a ese tema ¿Crees que Harry quiera alguna de estas cuando despierte?— Preguntó James lanzando una naranja al aire.

—Va a estar muerto de hambre, el otro día cuando estaba con la escoba y voló de la sala a los cuartos…— Lily hizo silencio de pronto y observó con los ojos muy abiertos a su esposo. James también sintió aquel leve estallido. Alguien acababa de aparecerse en la calle contigua a la casa. 

El hombro pegó el rostro a la ventana, mientras que Lily sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. La calle a las afueras se hallaba a oscuras, apenas iluminada por farolas de luz amarilla, pero la densa niebla se arremolinaba en las calles impidiendo una buena visión. 

—¿Dumbledore?— Preguntó Lily, temiendo lo peor. No era la primera vez que experimentaba esa zozobra. El valle de Godric no recibía visitas de magos comúnmente, y aparecer justo al lado de la casa donde se hallaban era una mala señal. 

—No me puedo aparecer James, pusieron barreras anti aparición— Señaló Lily. 

Una figura negra se dejó ver desde la neblina, caminando lentamente en dirección a la casa mientras que hubo otros dos pequeños estallidos y un par de figuras encapuchadas aparecieron a cada lado. James no podía creerlo, se supone que se hallaban escondidos mediante el hechizo Fidelio, aquello significaba que alguien había revelado el secreto, de ser así, probablemente se hallaba muerto— ¡Lily, toma a Harry y huye! ¡Es él! ¡Vete! ¡Corre! ¡Yo lo distraeré!

Lily salió de la cocina sin mirar atrás, se movió en carrera por la sala deslizándose por la estancia, luego subió por las escaleras saltando, todo para llegar hasta su hijo en la segunda habitación. Por su mente mientras tanto pasaron diez mil posibilidades y escenarios. Los dos mejores era llegar hasta Harry y correr hasta una zona donde la cúpula antiapariciones  no funcionase, desde allí saltaría junto al pequeño varias veces hasta un lugar seguro. Pero eso dependía de si James podía mantener a Voldemort un momento prudencial para que ella pudiese correr. 

La otra solución era mucho más arriesgada, e implicaba un ritual que apenas leyó hace una semana atrás y el cual preparó como método extra para salvar a Harry. Después de todo lo importante era Harry, no ella, ni James. 

—¡Fermaportus!— Se escuchó la voz de James.

—¡Bombarda maxima!— La explosión resonó en toda la residencia. Lily por su parte llegaba a la habitación y cerraba la puerta detrás de ella. Observó a Harry sentado en la cama con los ojos somnolientos y mirada perdida. 

—¡Arresto momentum!— Las voces desde la zona de abajo se confundían, pero Lily no tenía la menor duda de que James luchaba por su vida y la de su hijo en ese preciso instante. Si ella iba a hacer algo, debía hacerlo en ese mismo momento. Era una cuestión de decisión rápida, no debía vacilar. Con esto en mente observó nuevamente a Harry, quien la miraba con ojos llorosos en medio de la oscuridad de la habitación sin iluminar. 

—¡Expecto patronus!— Susurró dejando que un recuerdo feliz le inundase, algo que no era difícil teniendo a Harry frente a ella. Un denso humo blanco se formó frente a ella, hasta adoptar la forma de un ciervo— ¡Ve, diles que estamos siendo atacados, dile a la orden!— Expresó temiendo que esto no fuese suficiente. La figura incorpórea comenzó a correr atravesando la pared y desapareciendo de su vista— Repello inimicum, fianto duri, protego maxima— Recitó la mujer viendo a su hijo y alzando su brazo para imbuir la magia alrededor de la habitación cuán rápido pudiese. La combinación de esos tres hechizos brindaban una barrera mágica extremadamente fuerte que cubría cierta área. No era algo infalible, obviamente el señor tenebroso lograría romper aquella barrera, pero le brindaría un par de segundos— Fermaportus máxima— Recitó con calma en dirección a la puerta antes de moverse hasta la cama para calmar a Harry que comenzaba a llorar debido a las explosiones que sucedían en el piso inferior.

—¡Glacius!— Le alegraba poder escuchar la voz de James desde abajo aún luchando. Un nuevo estallido hizo temblar la casa Godric y temió lo peor un par de segundos. Tomó al pequeño en sus brazos y lo sostuvo propinándole un gran beso en la frente— ¡Impedimenta, tarantallegra, gravis eacius!— Allí se escuchaba una cadena de encantamientos por parte del hombre en el piso inferior.

—Mami te ama Harry, te ama mucho— Sonrió— ¡Scutum argentum!— Un escudo plateado de gran tamaño se formó justo frente a la habitación— No puedes creer cuanto te quiere tu mami Harry, pero tendrás que ser fuerte. Tendrás que luchar. Harry, nunca te rindas— Lo sostuvo con fuerza entre sus manos temblorosas. Ella era una maga que pudo ser llamada sobresaliente, pero nunca había practicado ni estudiado a fondo un ritual de magia antigua como el que se planteaba realizar a continuación. Aquello era magia oscura, la misma de la cual ella se alejó durante tantos años y que criticó tan fuerte en el pasado. Pero allí estaba, con la vida de su hijo en juego. Harry por su parte le miraba con aquellos enormes ojos verdes, con lágrimas cayendo por sus mejillas casi rosadas. No necesitaba mayor resolución que la mirada de su hijo— ¡Ritualli cantum!— Recitó en voz baja. Acto seguido siete velas se encendieron en distintos lugares de la habitación y desde el suelo apareció un pequeño pedestal con una daga sobre la misma y una pequeña copa llena de un contenido negro.

Aquello había sido orquestado por ella con anterioridad como método de respaldo, por ello no fue ni cercanamente una sorpresa. Tomó la copa y bebió el contenido, sabiendo que esto condenaría su vida sin vuelta atrás. Luego tomó la pequeña daga y cortó la palma de su mano. El ardor recorrió todo su cuerpo, aquello le dijo que el ritual iba por buen camino. Solo quedaba marcar a aquella persona que se debía proteger a toda costa por las próximas horas. 

Harry vio el brillo de las velas y se quedó tranquilo un instante, sin contar que en el piso de abajo reinó un silencio momentáneo— Te amo Harry— Besó la frente de su hijo antes de marcar con sangre una línea pequeña. 

—¡Avada kedavra!— El maleficio asesino viajó hasta el pecho de James, este solo se desplomó mientras su mirada se clavaba en la figura de quien creía su amigo, Peter Pettigrew. 

Hubo un silencio denso que dejó a Lily conocer la verdad. Su rostro se llenó de lágrimas mientras finalizó el ritual y desapareció de la habitación tanto el altar como las velas. Depositó a su pequeño en la cama viéndole en lo que podía ser su última vez. Sentía que le amaba tanto, que por primera vez en su vida estaba dispuesta a dar la suya, algo que se cumpliría en solo dos minutos, solo debía esperar paciente, el ritual había sido completado con éxito. Este hecho le hizo sentir extraña ¿Qué pasaría si ella no leyese el libro correcto? ¿Qué sucedería con Harry si ella no fuese la bruja que era? ¿Acaso estaba destinado que, para salvar a su hijo, debía romper su ideal más profundo de nunca usar magia oscura? Ya poco importaba, las pisadas se sentían en el corredor dejándole saber que el señor tenebroso estaba a pocos metros. 

—Lily Evans, una maga prodigiosa y de gran talento. Sé de un fiel servidor que estaría feliz si te unieras a mis filas— La voz se escurría hasta sus oídos casi serpenteante. De pronto un rayo de luz hizo estallar la puerta de la habitación, penetró la barrera mágica e impactó en el enorme escudo plateado. El chorro de magia era impresionante, su conjurador se hallaba en la puerta, se trataba del mismo Lord Voldemort, el mago tenebroso que golpeaba a Reino Unido en los últimos años. 

El lord tenebroso era un nombre delgado y apuesto, de cabello negro en contraste con su piel muy blanca, labios casi tan finos como sus ojos. Su mirada en cambio era fría y su sonrisa causaba despreció pues mostraba un sentido burlesco en cada sílaba que pronunciaba.

El escudo finalmente se convirtió en polvo y Voldemort finalizó su hechizo para entrar dentro de la pequeña habitación, no sin antes mirar a los lados y asegurarse de su superioridad en el lugar. 

—¡A Harry no, por favor!

—Sabes tan bien como yo que debo hacer esto Lily, pero debo dejar en claro ante mis seguidores— Dos figuras aparecieron detrás del señor tenebroso, una de ellas la mujer pudo reconocerla. Sintió asco y desprecio por aquel idiota enclenque— Que soy algo misericordioso. ¡Vete Lily,! Apártate y huye de Inglaterra, te dejaré partir o unirte a nuestras filas, ambas son opciones bastante piadosas. 

—No dejaré que me quites a mi hijo— Respondió ella manteniendose firme en su lugar.

—Severus no va a estar feliz con tus palabras. Casi llora cuando le dije que debía hallarte —Se burló— Pero ya que te niegas a aceptar mi humilde oferta. 

—¡Harry no, Harry no, por favor Harry no!

—¡Apártate muchacha estúpida… hazte a un lado, ahora!— Exclamó señalando con su varita. 

Lily por su parte lloraba con los brazos extendidos, contando mentalmente los segundos y nublando su mente para que el mago tenebroso frente a ella no lograse leerle— ¡Harry no, por favor, ten misericordia… ten misericordia!

—¡Ésta es mi última advertencia!— Exclamó el mago tenebroso alzando su varita a la altura de la cabeza, listo para atacarle. 

—¡Harry no!— Lloraba mientras se hallaba de pie ante el señor tenebroso. Sus lágrimas representaban sus sentimientos reales, deseaba que su hijo pudiera vivir, no importaba el costo o cómo— ¡Haré cualquier cosa… mátame, mátame a mí en su lugar.!— Recitó sintiendo un enorme dolor y grandes dudas en su cabeza. El ritual funcionó, pero Voldemort era un mago tenebroso con un enorme poder y no sabía si aquello funcionaría, temía lo peor. 

—¡Avada kedavra!— Recitó el hombre frente a ella. La luz verde viajó veloz hasta su pecho, y en ese instante Lily sintió su vida desaparecer y desvanecerse, mientras que su cuerpo chocó contra la mesa de noche antes de caer al suelo sin signos vitales. 

El hombre sonrió abiertamente frente a sus dos seguidores presentes esa noche. Su victoria era absoluta y ahora concluiría su labor, misma que temía era necesaria antes de extender sus movimientos en dirección del resto del continente europeo. 

Rathiell era uno de sus nuevos secuaces, el joven le miraba asintiendo mientras revelaba su rostro quitando su máscara. Peter por otra parte no era más que un mojigato joven asustadizo que llegó a sus filas en búsqueda de poder. Afortunadamente había sido clave para hallar a los Potter, quizás luego le brindase algún premio por ello, pero ahora tenía una labor más importante. Giró su cabeza para ver al pequeño niño de un año y tres meses de edad frente a él y se sintió complacido. 

La profecía era clara, este niño de alguna forma tendría poder para enfrentarle. Pero en ese momento no era más que un pequeño indefenso. Apuntó la varita contra el infante y concentró su magia en la punta de esta. Sentía tanta ira y ganas de matarlo, no porque fuese poderoso o hubiese hecho algo contra él, lo que le atormentaba es que existiese la vaga creencia de que alguien era capaz de oponersele; a él, quien dominó artes oscuras y estudió tanto tiempo sobre la inmortalidad. Rugió dejando que esas ganas de eliminar al pequeño llenasen su ser— ¡AVADA —Sonrió complacido ante el hecho de eliminar el único obstáculo en su camino— KEDAVRA!— Un rayo de luz verde fue expulsado de la varita, viajó un par de centímetros y en la fracción de segundo siguiente chocó contra una barrera que cubría la piel del pequeño. 

Una explosión sucedió desde el cuerpo del infante. Voldemort apenas pudo abrir los ojos para ver con horror como un rayo verde se dirigía a su cuerpo mientras que toda la habitación donde se hallaban estallaba en pequeños pedazos. Quiso gritar, pero para ese momento la maldición asesina dio contra su cuerpo y le vaporizó, algo que obviamente no sucedió jamás. 

Sintió su cuerpo desgarrarse al igual que su alma. Se partió en miles de pedazos y giró por el lugar que ahora se hallaba en escombros voladores en diferentes secciones. 

Peter por su parte observó todo estupefacto. La habitación estalló y un rayo verde esfumó el cuerpo del señor tenebroso y siguió con el de Rathiell a su lado. Por miedo se transformó al instante en una rata y comenzó a correr con todas sus fuerzas entre los escombros voladores de la residencia Godric. El piso superior fue arrasado al instante y de pronto el inferior comenzó también a desmoronarse. Apresuró sus patas bajando por las escaleras, saltando sobre el madero que caía, luego sobre el candelabro suspendido en el aire para alcanzar la repisa y bajar tan veloz como sus patas le permitían por la sala de estar. 

No comprendía qué era aquello ni que clase de magia se hallaba en juego, pero todo su pequeño ser le decía que debía huir con todas sus fuerzas. Por eso corrió por las calles empedradas y húmedas del valle de Godric hasta que sintió la ausencia de la barrera mágica y se apareció en su escondite. 

Chilló asustado dejando que su ser dejara de temblar justo debajo de la mesa. No comprendía lo sucedido, pero obviamente algo malo había pasado. El señor tenebroso fue erradicado en un parpadeo por una magia incomprensible. Luego abrió los ojos analizando su situación, se hallaba en graves problemas, él como guardián había revelado la ubicación de los Potter y acompañado al señor tenebroso en tal ataque ¿Y si alguien le había visto? Se movió dando vueltas por debajo de la mesa de la sucia residencia que usaba desde hacía un año. De pronto escuchó una voz y pisadas, sintió miedo y buscó escapar moviéndose rumbo al estante donde se hallaba el televisor. 

—Accio rata— La voz susurró con desprecio. 

Peter fue arrastrado mágicamente sin capacidad de huir. Una mano le sujetó y de inmediato apuntó con una varita mágica. Peter se transformó nuevamente a su forma humana chillando ante el rostro pálido que le miraba con ganas de matarle. 

—Severus, por favor. 

—¿Dónde está el señor tenebroso y qué sucedió?— Exclamó el sujeto apuntando la varita directo a su cuello. Peter temió que aquel hombre le mataría, después de todo nunca se habían llevado bien. 

—El señor tenebroso— Se quejó en una voz muy aguda y quejumbrosa— Lord Voldemort acaba de ser asesinado Severus. 

—¿Qué clase de tonterías dices Pettigrew?— Severus Snape, un mago especialista en artes oscuras dejó arrastrar la última sílaba. Peter era un ser despreciable en su opinión, deseaba eliminarlo, pero primero debía verificar lo que necesitaba. Y de ser posible deseaba obtener la información lo más rápido que se pudiese. El hogar de Pettigrew era una pocilga pequeña con apenas una cama, un sofá y un televisor. El lugar estaba repleto de basura en cada rincón, más semejante al escondite de una cucaracha muggle antes que el hogar de un mago.

—Murió, fue vaporizado por una magia muy poderosa. Lo ví frente a mí, se ha ido— Temblaba de pies a cabeza, lo cual le sugirió a Snape que probablemente las palabras del asustadizo eran verdad. 

—¿Lily mató al señor tenebroso?— Abrió los ojos sintiendo un calor reconfortante llenar su ser. 

—No, Lily murió. 

—Lily…— El pecho se hundió ante una enorme presión, luego reaccionó en pro de entender lo sucedido— ¿Fue Potter?— Expresó con ganas de que fuese mentira, el despreciable y arrogante Potter erradicando al señor tenebroso era lo peor que podría suceder luego de la muerte de Lily. 

—No, James murió casi de inmediato, luego fue Lily. Fue el niño Severus, el niño hizo alguna magia poderosa y el señor tenebroso murió en el acto. 

—¡Basta de tonterías Pettigrew! ¡legeremens!

No fue difícil penetrar la mente de Peter y fluir por sus pensamientos. Era básicamente un libro abierto que permitía leer con calma cada página. Llegó rápidamente al evento minutos atrás viendo la dirección, las calles oscuras, la residencia Godric y la veloz invasión. La pelea no fue larga, de hecho Potter solo retrasó un par de segundos al señor tenebroso en una actuación que solo pudo analizar como patética. Luego en el piso superior Lily rogó por la vida de su hijo justo antes de ser asesinada. Snape sintió que su propia vida era drenada en ese instante y comenzó a llorar sin poder contenerse, luego, Voldemort se dirigió al pequeño y conjuró el maleficio asesino. Una explosión sacudió el lugar reduciéndolo a escombros y el señor tenebroso fue eliminado por completo. 

Snape salió de la mente de Peter sin comprender bien lo que había visto. Sin embargo, su plan de acción era evidente. Soltó al imbécil y se apareció de inmediato en el valle de Godric. Las lágrimas continuaban cayendo por sus blancas mejillas sin poder contenerlas. La casa de los Potter se resumía a escombros a mitad de una noche oscura. Los muggles alrededor no se hallaban conscientes de la residencia derruida ni de los integrantes que todavía allí se encontraban, todo el desastre estaba oculto por el encantamiento Fidelio. Snape era capaz de verlo solo por haber observado la dirección previamente en los recuerdos del gusano de Peter. 

Se movió lentamente por el lugar, notando las piedras esparcidas, las telas, los pedazos de maderas y finalmente los cuerpos. El despreciable James se encontraba sepultado bajo una pila de escombros, mientras que Lily se hallaba a pocos metros de distancia con un pedazo de madera sobre ella y algunos rasguños en su rostro. 

Lily… El amor de su vida se hallaba muerta frente a él. No importó cuántos esfuerzos puso, ni la traición que ejecutó contra el señor tenebroso. Lily igualmente había muerto. Retiró el pedazo de madera y limpió el hermoso rostro de la mujer, limpió cada gota de sangre mientras que sus lágrimas caían sin esperanza sobre el cuerpo de Lily. Muerta, se hallaba sin vida en sus brazos. 

Sintió tanta ira, tanta impotencia. Todo era culpa del desgraciado de Potter. Él la habría protegido de todo mal, la habría ocultado en algún lugar del mundo, lejos, donde nadie pudiera llegar hasta ella. Pasó así los siguientes cinco minutos llorando contra el cuerpo, hasta que se percató de que había un sonido cercano. Un niño lloraba a menos de dos metros, no había sufrido daño alguno a pesar de tener casi toda la una pared sobre él. Sacó al pequeño notando los ojos verdes, era obviamente el hijo de Lily, por el que ella había rogado en el recuerdo. 

Finalmente se decidió a informar sobre aquello— Expecto Patronum— Expresó con la mujer en brazos. Tardó en concentrar sus recuerdos más felices. Eran aquellos de su infancia en compañía de la misma chica que ahora sostenía sin vida con su fino cabello rojizo. 

Se sorprendió al ver la forma de su patronus, había cambiado, ya no era un búho, ahora se mostraba como un ciervo blanco de gran tamaño— Dile a Dumbledore, atacaron la residencia de los Potter, Lily está… Lily está muerta. El niño sobrevivió y el señor oscuro, Lord Voldemort, se ha ido, fue asesinado— Recitó sintiendo que las palabras se arrastraban por su boca junto con su alma. Apretó nuevamente a Lily contra su pecho y dejó que su dolor saliera. 

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