CAPÍTULO 10. BITÁCORA 3

—¿Tú lo sabías? — Preguntó ella, Xander observaba con atención.

—No, no tenía la menor idea, la verdad pensé estaba muerto, no tenía ningún as bajo la manga, aquellos días eran distintos. Yo estaba más preocupado por Xander, por Karla y Claudia. Nunca llegué a pensar en tal posibilidad.

—¿Entonces fue mamá quien te salvó?

—Si, fue tu mamá quién me salvó la vida. Ella no me dijo nada, sabía que me negaría desde un principio, por eso lo hizo sin mi consentimiento. Karla se hallaba al corriente y también asintió y participó con ella en eso.

—Pero mamá Karla no tiene los ojos negros.

—No, mamá Karla no tiene los ojos completamente negros.

—¿Cómo te engañaron Alejandro? —Preguntó Aurora más suspicaz que los otros dos con sus doce años y medio.

—Fue el día que estuvimos en el barco… el día justo antes de la guerra, puedes buscarlo en la bitácora, página ciento cincuenta, está con la letra de Karla —Señaló Alejandro colocándose el abrigo— Xander, termina de arreglarte, no querrás que Arianna te vea así cuando llegue.

Aurora corrió hasta el estante de la repisa donde se encontraba el viejo cuaderno junto a la otra chica a tomarlo. Karla las observó desde el sillón corretear juntas, era algo usual en ellas, más hoy que recibirían la visita de Miguel y sus hijos.

Claudia llegaba de tomar un baño en la piscina y también observó a las chicas correr con el cuaderno en la mano, la menor detrás de Aurora; la primera le alcanzó y tiró de los pies para que esta cayera al suelo. Ambas abrieron el cuaderno, pero fue Aurora quien leyó en voz alta. 

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—¡Propongo un brindis! ¡Por un mañana! —Alzó su copa y los demás hicieron lo mismo. Luego caminó hasta quedar a un lado de Karla y tomó la mano de Alejandro —Tenemos que hablar contigo.

—¿Sobré? —se disculpó con Armando cuando era arrastrado por ambas.

—Nosotros.

—Ella irá contigo Alejandro.

—¿Qué? Eso ya lo sé —Reclamó Alejandro viéndoles.

—No. Me refiero a que no nos dejarás por nada.

—Yo…

—Te conocemos, buscarás de dejarla aquí —Le confrontó Karla.

—Yo…

—Te amamos, pero debes aceptar nuestras decisiones —Expresó Claudia.

—Podrían quedarse con Xander, y en veinte horas podrían tomar algún bote y permanecer en el mar una semana por lo menos, después buscar algún lugar en tierra.

—Te dije que es un idiota, es el mismo idiota que conozco desde pequeños —Karla se acercó a sus labios y le dio un beso suave y tierno que finalizó en un mordisco al labio inferior —Deja de ser tan idiota. Ella irá, yo iría si Xander. Si solo Xander estuviera más grande.

—Xan no se puede quedar sin madre aun —Respondió Claudia abrazando a Karla por la espalda hasta colocar su cabeza sobre su hombro derecho.

—Me da miedo perderlos, a ambos —Karla beso los labios tiernos de la chica y esta la recibió apretando su cintura.

—Te traeré al idiota así sea por los cabellos —Contestó esta.

—Si viene en una sola pieza me agradaría.

—Me deberás más de un beso por eso —Se jugó zafándose del abrazo. Caminó hasta la mesa cerca y trajo una botella de vino tinto —Conseguí este regalo. ¿Quién quiere? —Preguntó Claudia, Karla la observó con suspicacia, lo habían discutido horas antes, sobre verter el contenido del suero que Alejandro investigaba en el vino. Si había alguna opción de salvación era esa, estaba totalmente segura, el fallo de los estudios del chico era que los compuestos ya estaban muertos, pero si alguno de ellos inhibía la parte activa aun estando vivo, el agente ARE en su forma pasiva se desarrollaría sin afectar el consciente del individuo.

—Yo paso —Sonrió Karla mirándola con algo de dudas, después de todo era una mera apuesta lo que ellas hacían, si algo fallaba morirían de igual forma, o a causa de los muertos o a causa del contenido del suero.

—Uno estará bien—Aceptó Alejandro probando el vino junto a Claudia ante la mirada de Karla; ambas contuvieron el aliento. El sorbo resultó demás de amargo —Ahgg.

—Te dije que estaría dañado, era demás de viejo —Señaló Karla mientras Claudia sacaba la lengua en señal de desagrado.

Mas abajo se hallaban unas líneas con letra de Alejandro: 

“Fui engañado por mis dos amores para tomar el suero que yo mismo preparé el día de la fiesta previa a la guerra. Claudia resolvió tomarlo junto a mi temiendo que un error ocasionara mi muerte, Karla se negó pensando en el bienestar de Xander. El resultado fue inesperado, en el momento en que nuestros cuerpos estuvieron al borde de la muerte, el suero actuó. Nuestro ritmo cardiaco bajo activó el componente regenerativo e inhibió la cepa activa del agente.

Sin el parásito en el cerebro para manipular las funciones cognitivas, el agente era perfecto en lo que fue concebido, un arma militar que creaba súper soldados.”

Día 82 después de la guerra

“Descubrimos que no es posible erradicar a todos los muertos, solo a un porcentaje de la población, aún así decidimos hacerlo y es Milena quien viajará fuera de órbita para realizar el cambio, nosotros estamos concentrados en reconstruir nuestra pequeña nación Alice y en añadir el espacio para nuestra futura nueva huésped. De igual modo haremos una casa para Milena bastante cerca para que viva junto a Aurora ahora que todo ha acabado y no queda Armonia ni rastro de los sobrevivientes. Después del desastre cada quien tomó su camino y buscó sus mejores oportunidades para sobrevivir.

El virus ha hecho que algunas especies de peces y mamíferos muten y se adapten mejor a su entorno, una especie de evolución a pasos agigantados. El camino de los humanos es el de adaptarse a su entorno.

Miguel está en una isla junto a sus hijos, dice irá un tiempo a su tierra con ellos, hay registros de sobrevivientes españoles, dice que sus hijos deben conocer la tierra de su padre. Regresarán luego.

De Rebecca no hemos tenido noticias, sin embargo Milena le dejó a salvo en su embarcación, estoy seguro que a su debido tiempo sabremos de ella.

Por enorme que sea este planeta todos terminamos comunicándonos, encontrándonos, viviendo las mismas experiencias.”



—¡Allí vienen! —El grito fue de Xander observando la pantalla de los monitores que rodeaban la casa un kilómetro a la redonda. Claudia sea apresuró a la habitación para cambiarse y Karla a arreglarse el cabello.

—¡Yo iré a llamar a mamá! —Aurora lanzó la bitácora al suelo y salió de la casa en carrera por el patio exterior por sobre el césped rumbo a la casa que estaba a menos de cien metros de distancia. Alejandro levantó el libro y alborotó el cabello de Emily, la niña colocó los ojos negros al igual que los de su madre y padre.

—Emily, los ojos— Habló y la niña reaccionó mirándole, el iris volvió a su marrón casi ambar y la esclerótica se aclaró hasta ser completamente blanca.

—Lo siento papá.

Alejandro la cargó dejando de lado la bitácora, el cuaderno viejo era una marca innegable de la humanidad, de su humanidad y de cómo la recordaba. Quizás luego escribiría algo importante, aún había algo que le preocupaba, la reacción de las demás personas. No por él, no por Claudia, ambos eran fuertes y sabían controlar la furia interna que emanaba de ellos.

Temía por Emily, su hija que apenas tenía cinco años, porque si conocía algo del ser humano es que este odiaba lo que era distinto. No todos aceptarían la noción de un hibrido entre las dos especies, sería rechazada y odiada. Su deber como padre ahora era el de protegerla y hacer que la nación Alice fuese fuerte, próspera y segura para ella y su descendencia.

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