CAPÍTULO 10.5 RETORNO Y SUDOR

Karla se metió entre las sábanas y descansó su cabeza sobre su pecho. Podía sentir su respiración contra su oído, se hallaba agotada, pero su compañía le reconfortaba— Llegaremos mañana— Comentó tan solo por romper el silencio.

—Te dijo Armando.

—Milena, aunque hay otro barco que pidió ayuda, al parecer es un grupo pequeño, unas veinte personas.

—¿Qué nacionalidad?

—Ni idea, pero supongo que de Puerto Rico, vienen desde allá, aunque ahorita, no se puede asegurar nada. Se encuentra cerca de Curacao.

—Quizás son de allá. No importa, de seguro Armando piensa recogerlos en el camino.— Agregó Alejandro apretándola contra su pecho.

—Si.

—Nos dejarán cerca entonces, tendremos que llegar a casa solos.

—Armando no está muy feliz con que vayamos allá, dice que es un peligro, creo que Milena dijo algo parecido también, algo como innecesario.

—¿Tú que opinas?— preguntó él.

—¿Yo? Mi respuesta la sabes, extraño estar allá, esto no es igual, y Claudia piensa igual.

—¿Le preguntaste?

—Lo dice a cada rato, recuerda cuando quiso irse a casa y no a recoger al grupo argentino, ya sabes, el berrinche.

—Si, pero, ¿Y ahora? Está más calmada ¿Cómo está?

—Se quedó dormida con la consola encima, está en la habitación con Aurora. Armando, se quedó con esa niña.

—Le recuerda a su hija.

—Yo aun no entiendo como Sara no le habla a Clau.

—Está afectada.

—Aun así, es solo.

—¿Solo un brazo? No creo que para ella sea solo eso. Es el hecho de que yo la abandoné, de que protegí a Claudia pero a ella la dejé atrás, es el hecho de que ahora se siente inútil, su vida no será igual, no podrá luchar, y que fui yo quien le corté— Se explicó el chico.

—Tú no tienes la culpa.

—En cierto modo si, yo les permití ir conmigo.

—Nosotras quisimos.

—Yo me confié un poco al ver el grupo, aun así, les puse en peligro, no debí— Hubo un silencio en el cual Karla solo se dedicó a escuchar su respiración, deslizó la mano por su pecho. Su hombría le exaltaba, empezaba a sentir un ardor subiendo por su cadera. Su mente se nubló un instante en el cual pasó su pierna por entre las de él, y buscó un tema en su mente.

—Aun piensas en lo sucedido en Brasil.

—Es imposible no pensar en eso.

—No eres responsable de esas muertes.

—Soy el único responsable.

—Iban a morir de igual forma, si no las sacábamos de allí morirían, si las dejábamos solas morirían, si Yoshua hacía las cosas por su cuenta igualmente morían.

—Pero lo hice yo, y estoy consciente de eso.

—¿Todo fue para matar a Yoshua, verdad?

—Si.

—¿Por qué?

—Él buscaba el poder, lo supe desde que intentó comunicarse con Milena, de cuando estábamos en la ciudad, de cuando tenía el grupo y te mantuvo prisionera. Estaba dispuesto a todo por llegar a la cima, por ser quien liderase, a todo por sobrevivir. Cuando me fijé que estaban por delante nuestro, cuando vi que se alió con los norteamericanos, supe que se traía algo entre manos de nuevo, él observó a futuro algo que yo no. En Brasil, supe que se comunicaría con la gente de poder, la alianza le beneficiaba para hacerse como el héroe de todo el asunto. Llegaría, tomaría personas, las esclavizaría de ser necesario, y sacrificaría al resto. Crearía un grupo enorme, y con ellos ostentaría poder.

Él observó algo que yo no, y es como se está armando el poder mundial nuevamente, todo girando en torno a la fuerza en mano de obra que tengas, pues el ser humano es el recurso más valuado ahora.

El grupo que crearía, sería peligroso, lucharía por suministros y territorio marítimo, en esa posición, él iba a ser técnicamente intocable. La única forma, mi única oportunidad de detenerlo, era esa…

—¿No fue por venganza? Por Alicia.

—Quizás también por eso— Admitió y con estas palabras el silencio dominó nuevamente el pequeño camarote.

—Me tranquiliza saber que él ya no está.

—De igual forma no podemos estar tranquilos.

—¿No?— Karla alzó la cabeza y posó su rostro muy cerca del suyo.

—No— refutó.

—¿Tú nunca piensas quedarte tranquilo?— Lo besó suavemente. Un beso delicado, donde solo sus labios se tocaron, sintiendo el calor en sus bocas ansiosas de más, pero prudentes a tomar despacio el néctar de su compañía. Alejandro apretó al tiempo que su brazo recorrió su espalda, apretándola contra su cuerpo, reteniéndola como si fuese de su propiedad. Karla sintió una corriente recorrerle y gustó de sentirse suya.

Mordió los labios del chico, los apretó con fuerza y jaló, haciéndole alzar la cabeza en su dirección. Sintió como la mano derecha de Alejandro acarició su rostro, recorriendo sus mejillas, hasta su cuello para tomarle delicada, pero firmemente del cabello. No supo como, pero ello ocasionó un cortocircuito y un movimiento de cadera involuntario de su parte. Su respiración se aceleró y solo pudo observarlo a los ojos.

Se colocó sobre él, con sus piernas a cada lado, las manos sobre su pecho descubierto, palpando su piel y la forma abultada, torneada. Alejandro ascendía tentando desde sus piernas, su trasero, ascendiendo por su cintura, quitando a su paso su blusa, la misma que a ella comenzaba a molestarle. La sensación era única, los poros de su piel se abrieron de inmediato. Su ser estalló y observó el techo cuando él apretó sus senos con delicadeza, rozando la cúspide con su pulgar, moviéndolo en distintas direcciones, cada una de ellas producían un efecto placentero en ella.

Alejandro se sentó besando su abdomen, poniendo cuidando en su ombligo, el costado de su cadera donde un cosquilleo placentero le estremecía, y finalmente sus senos. La sensación de su boca contra ellos, era como si sus pezones se derritieran en su lengua con un placer que se igualaba a humedad y perdida total del control.

El volcán de su cuerpo hizo erupción cuando su aureola fue succionada con suavidad y los dientes apretaron su pezón. Aferró sus manos a su cabello y arqueó la espalda, estaba segura de que hacía algún ruido pero sus demás sentidos están difusos, solo sentía el calor en su pecho y un placer inclemente que le envolvía.

Sus manos recorrieron su trasero, apretándole, alzando su bermuda, para luego bajarlo un poco, con fuerza y atrevimiento, al tiempo que recibió un prolongado y apasionado beso, en el cual no se limitó a sentir sus labios, sino que le mordió y sintió su lengua contra la suya. Sin percatarse se hallaba aferrándose a su cuerpo, apretándole a un punto en el cual sus cuerpos podían fundirse. Alejandro besaba y mordía su cuello, Karla sintió como los dedos se deslizaron por debajo de su ropa interior hasta su intimidad. Húmeda, lujuriosa, caliente y expectante a ser acariciada.

El suave masaje rozaba su clítoris, serpenteando entre sus labios. Comenzó a gemir, con cierta sorpresa notó que le gustaba lo quebradiza que su voz podía sonar cuando el placer le llenaba. Aun más cuando al gemir observó el rostro de Alejandro, lleno de deseo.

El ritmo comenzó a aumentar, y Karla no podía controlar su pelvis, se movía al ritmo de la mano del chico, descontrolada, su cuerpo ya no parecía pertenecerle, solo quedaba esa sensación. La punta de los dedos de él se enfocó en su clímax, el lugar más sensible. Ahogó un grito, aferró sus uñas a la espalda de él, tanto que estaba segura de haberle rasgado, apretó su trasero; una explosión de placer le embargo, la descarga le recorrió de abajo hacia arriba, arqueó la espalda hasta sentir que todo su cuerpo se apagó en un instante y mucha humedad recorría su interior.

Se sorprendió al ver que Alejandro le quitó el bermuda y sus labios besaron la cercanía de su zona. El calor volvió a su cuerpo, y como un ser que revive, la excitación reanudó su marcha, su intimidad palpitó cuando su lengua le recorrió.

El chico se detuvo a besar sus piernas, sus muslos, aquello le sirvió a Karla para recuperar un poco el aliento, y para observarlo bien. Se hallaba acostada boca arriba sin saber cómo, mientras que él se hallaba en cuatro, besándole, Karla sintió amor en cada beso, y su mente jugó con la imagen del trasero del chico aun con pantalón, deseando palparlo y apretarlo.

Gritó y gimió sin poder controlarse cuando él chupó succionando su clítoris. Estuvo segura de haber alcanzado su segundo momento de un modo tan rápido que le impactó. No hubo tiempo de reflexionar, su lengua giraba en su lugar, cada roce producía espasmos deliciosos en sus piernas aunado a un pensamiento descabellado “quiero más”.

Apretó su cabeza contra su zona tomándole del cabello, y con la otra mano pellizco por si misma sus senos, desnudos al aire. Mantenía sus ojos cerrados y enterraba los pies en la cama, alzando su cadera de manera involuntaria, su cuerpo ardía y le desesperaba, pero solo deseaba más y más. Un dolor llenó su entrepierna durante un instante cuando un dedo de él se deslizó en su interior. Pudo haber gritado, pero le faltaba respiración y el deseo y placer le embargaba. Se volteó mordiendo la almohada, apretándola, aun podía sentir la humedad de su lengua y aquel dedo en su interior, moviéndose rítmicamente, chocando con ella, estaba segura que escurría y aquello le daba pena, pero ya no importaba, no importaba cómo, donde, porqué, su mente se volcó solo al placer y la lujuria, y la divina sensación de su boca.

Esta vez estalló desde su interior, un torrente de líquido viajaba por sus caderas y sus gritos los ahogó en la almohada. Deseaba más, pero si él continuaba ella estallaría y perdería la razón. Con este pensamiento se dio vuelta y de un empujón lo acostó, disfrutó de la vista y del control de aquella posición. Recuperó el aliento y fue besándole, desde sus labios, su oreja, su cuello hasta su fornido pecho, se detuvo y tomó su tiempo en las líneas de sus abdominales, los mordió como si pudiera sacarles, para luego seguir bajando, desabrochó el pantalón rozando con su mano por encima. Podía sentir la dureza, ello le excitaba, era tentador y provocativo ver su rostro, expectante y disfrutando de cada caricia.

Era grande, duro las venas se marcaban por encima de su piel, palpitó en su mano mientras ella lo apretó, era como un ser vivo. La piel se deslizaba hacia abajo y arriba con cada movimiento, la capucha dejaba al descubierto un glande grueso, rojizo oscuro, suave y húmedo en la punta. Se dedicó a sentirlo, le sorprendía lo grueso y estrecho de su zona en comparación, no obstante tentador.

La zona alrededor estaba afeitada, su falo era grosero y altivo, se erguía más en cada sacudida. Lo probó, la textura era suave y esponjosa, le recordó a un malvavisco. Lo chupó con fuerza y Alejandro soltó un sonido gutural recio pero placentero, a Karla le agradó, repitió una y otra vez, atreviéndose a hundirlo más profundo en su boca sin poder meterlo entero y a recorrerle con su lengua, jugueteando mientras disfrutaba de su voz cortada.

Las piernas de él se pusieron rígidas cuando un líquido espeso dio en su paladar, era caliente y de un sabor extraño más no desagradable, lo tragó con una sonrisa al verle desesperado. La dureza no bajó, por lo cual se dispuso a masajearlo con su mano, pero él tenía otro plan. La tomó en sus brazos, apretándola dejando sus intimidades chocaran.

Ella habría jurado que había recuperado el control, se equivocó, su zona estaba tan, o más húmeda que antes, y cada roce de su miembro era divino Su mente y cuerpo lo deseo “adentro”, y con este deseo movió sus caderas en cada impulso, hasta que sintió como el glande chocó con su vulva hundiéndose. La punta le atravesó produciéndole un fuerte dolor, una ruptura, un corte interno. Un ardor fuerte, pero sus piernas estaban débiles, se sentó sobre aquello y el miembro tocó lo más profundo de su vulva.

Lo observó con algo de miedo, pero el dolor cedió tan rápido como llegó, amainó y el ardor era cubierto por su humedad constante, sin notarlo se halló saltando sobre él. Alejandro la besaba, apretaba sus labios con la boca al tiempo que sus manos se marcaban en su trasero. Karla solo sentía como el placer se acercaba en cada empuje, cada vez que llegaba al fondo de su interior rozando toda su pared interna su cuerpo se sobresaltaba y deseaba más, era una cosquilla placentera que obligaba a ir más rápido tornándolo salvaje, rustico.

El sudor de él y el suyo le recorría, no importaba, solo podía mover sus caderas, sus senos rebotaban y derretían con su boca chupándole. Rasgó y enterró sus uñas en la espalda, y llegó a su clímax nuevamente con un gemido prolongado que terminó en una exhalación. Se tiró boca abajo en la cama sin poder más.

Alejandro se arrodilló, con sus manos alzó su pronunciado trasero y la penetró entera. Karla gimió y sintió como llegaba nuevamente, estaba muy sensible, enterró su rostro de nuevo en la almohada y se aferró a las sábanas. Las embestidas eran divinas, fuertes y con un poderío que le llenaba de placer entre embestidas. El miembro recorría su interior, clavándose en lo más profundo, y su pelvis chocaba contra todo su trasero produciendo un golpe tan lujurioso, que solo e provocaba más.

Un orgasmo, fuerte tiró sus piernas abajo, su espalda se convirtió en un arco demás de pronunciado, y se levantó a besarlo en la boca, acostándole a su lado. No podía más, su cuerpo temblaba lleno de espasmos ricos, pequeñas repeticiones de placer. Solo deseaba descansar sobre su pecho. Le besó cálidamente y se recostó en su pecho quedándose dormida de inmediato.

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