9. JEFE DE PISO

  Para mi sorpresa Tariel comenzó a frecuentar la posada de Vermont y buscaba de entablar conversación con nosotros. Ninguno estaba muy abierto después del altercado con los caballeros negros. Fue la cuarta noche cuando crucé algunas palabras con ella.

—Sí, Camus se mostró muy interesado en esa velocidad que demostraste el otro día. Pero en la muralla apenas le dijeron que acababas de subir al nivel tres. Nada de ninguna habilidad o magia.

—¿Debo tenerla? —pregunté bebiendo un poco de cerveza de miel. Una bebida cara pero bastante buena. Lograba llevarte a un estado de embriaguez a la segunda botella debido a su sabor extra dulce.

—Sería bueno que la tuvieras, creo que Camus piensa retarte.

—No creo, es un nivel siete.

—Pero venciste a dos aventureros nivel cinco. Los masacraste por así decirlo.

—Estaba molesto.

—No te quito las razones, pero el resultado es el mismo. Dejaste e entredicho la fuerza de los caballeros negros, y Camus terminó interesándose en luchar contigo.

—Estoy ocupado estos días, tenemos una misión.

—Lo sé —respondió ella. Vermont y la señora Katie se acercaban a la barra cada vez que podían para tratar de escuchar y vigilar la situación. Desde el otro lado yo en cambio observaba a Mena que me miraba con rabia a mí, y a Miry y Amy que observaban con igual de molestia a Tariel.

—Pensé que solo trabajabas como herrera del gremio Celio ¿Desde cuando estás con los caballeros negros?

—¿Una mujer no puede elegir? —dio un gran sorbo y pidió otra botella —. El grupo Celio ya no existe, se disolvió. Apareció un tal Jin en el piso veintisiete, lo que sea que fuese convocó a un monstruo de los pisos inferiores. De un golpe destrozó una armadura que hice, una buena armadura de titanio destrozada en un segundo y de un solo golpe. El hombre murió al instante.

—Escuché algo sobre ese tal Jin.

—Averiguaré lo que es, y cómo pudo destrozar esa armadura de un golpe. Está el Mithril pero nunca he visto un arma tan grande de Mithril para romper una armadura en pedazos.

—Suena como algo muy fuerte.

—El titanio resiste unas diez veces la fuerza que resiste un buen acero. Esa cosa la convirtió en pedacitos y polvo. Como si fuese un cristal malo.

—Tu honor como herrera está en juego.

—Los caballeros negros están bajando del piso veinticinco en adelante junto al gremio Marbhi, es la mejor oportunidad que tengo para ver a ese tal Jin.

—Te deseo suerte —me levanté del asiento dirigiéndome a la mesa.

—No me respondiste sobre tu magia o habilidad.

—Nunca dije fuese a hacerlo —repuse mientras me marchaba.

Al día siguiente salí con Amy a comprar su bastón mientras Mena y Miry salieron por su cuenta. Amy era alegre y se distraía con facilidad observando las cosas a su alrededor. Era como hallarse frente a alguien fácil de impresionar. Comimos un par de dulces y nos dirigimos a la tienda.

Había tantas armas y bastones como se nos ocurriera, de distintas madera y colores. Con gemas incrustadas y sin ellas. Probamos un par de ellos, incluido uno con una magia muy poderosa, magia fuego de primer nivel. El vendedor intentaba venderla diciendo era perfecta para Amy, pero esta no se hallaba contenta y buscó el bastón blanco que observamos días atrás.

—Elije el que te guste.

—Me gusta este —giró el bastón en su mano con los ojos brillantes. Contenía dos magias, regeneración de primer nivel y valor. La segunda no me parecía gran cosa, pero la primera era de una ayuda increíble y podría hacer la diferencia.

Comprobamos la magia del bastón allí mismo y el dueño se sorprendió de que Amy pudiera activarlo. Según él aquellos bastones eran para aventureros superiores al nivel tres y usualmente los compraban para entrenar y conseguir alguna magia en su inventario.

Amy casteó regeneración un par de veces y acabó demasiado cansada. Nos dirigimos a tomar chocolate para que pudiera recuperar energías.

—Siempre compras chocolate.

—Me gusta —contesté.

—Pero a los mayores usualmente les gusta la cerveza.

—Y a mí me gusta el chocolate, puedo beber cerveza, pero prefiero el chocolate.

—¿Por qué?

—Es dulce, delicioso y ayuda a reponer muchas energías.

—Eres diferente —contestó la pequeña.

De allí nos dirigimos a buscar la espada que encargué a Dimch días atrás. Este se mostró bastante sorprendido y alegre al verme.

—Realmente dudé que vinieras, esta clase de armas son bastante costosas. Muy poco las hacemos, uno nunca quiere perder material.

—Si vine, te dije la quería.

—Si ya sé.

—Dime que si la hiciste.

—Sí, y nos esforzamos bastante en esta, saldrá en cincuenta dots de plata. No pude bajarle el precio. Es de titanio y…

—Está bien Dimch. Te presento a Amy, una amiga y compañera de mi gremio.

—Hola, soy Dimch ¿en serio tú bajas al abyss?

—Soy Amy, y si, no soy tan pequeña como crees. Vamos a conquistar el abyss antes de lo que crees.

—Que tierna.

—No soy tierna. Esta semana vamos a derrotar a los jefes del piso diez y veinte —se mostró enojada y dio unos pasos hasta la tienda del frente.

—Qué cosas dice.

—Está hablando en serio.

—¿Qué? Tú no puedes derrotar al jefe del piso diez, mucho menos al del piso veinte. Siquiera llegaras al nivel cinco Allan.

—Si quieres cuando vuelva te traigo un obsequio del piso diez Dimch, suelo cazar en el piso nueve sin problema.

—¿Hablas en serio?

—No tengo razón para mentir —sonreí con algo de gracia.

—¿Cómo? Tu gremio debe ser muy grande para que…

—Somos apenas cuatro.

Me miró entre sorprendido e incrédulo. Luego plantó un rostro serio y de preocupación — ¿Por qué no pides para que infundan con algo de magia la espada? Quizás magia fuego.

—No creo, mi amiga tiene una daga de fuego y es muy poderosa, pero no creo apropiado que todo el equipo tenga la misma clase de magia. Si hubiese de agua o viento…

—No conozco esas magias, no sé qué alguien tenga esas magias Allan.

—Entonces será solo una espada enorme normal.

Dimch me trajo la espada y yo le entregué el dinero, miró a Amy y la saludó con el brazo —. Tiene temperamento —Amy no le devolvió el saludo.

—Se le pasará en un rato.

—Allan.

—¿Si?

—No mueras, no mueras como Vert. Mantente vivo, lucha. Si vas abajo al piso de los jefes, pelea, pero por sobre todo mantente vivo. Es bueno tener un amigo en este mundo.

Me quedé frio y pensativo y sentí cierto calor recorrerme desde su mano en mi hombro. Vert estaba muerto, pero yo debía seguir por el bien de los demás.

Recorrimos las calles de regreso con mi espada nueva y el bastón blanco de Amy. Quería pagar otro mes de estadía donde Vertmon cuando las palabras de Amy me sacaron de mis pensamientos.

—¿Por qué tienes varias habilidades? ¿cómo?

—La verdad Amy, no tengo idea.

—Yo lo he pensado bastante.

—¿Sí?

—Y tengo una idea de lo que sucede.

—Cuéntame.

—Siempre miras todo muy atento, y cuando Miry se mueve, tú te colocas en la misma posición que ella y vas como imitando sus movimientos. Creo que así funciona tu habilidad de aprendizaje.

—Suena bien. Suena posible.

—¿Crees?

—No lo había pensado, creo que podría ser. Sabes más tú de mi habilidad que yo —sonreí y me mostré confiado mientras analizaba aquello. Tenía sentido y parecía verosímil. De hecho, había aprendido las primeras técnicas mientras observaba a los goblins y me la pasaba con Miry. Quizás podía aprender otras si observaba y repetía lo de otros.

Entonces recordé lo que Miry había comentado sobre sentir, y una sensación que me recorrió cuando luchaba con un goblin el día que asesiné a los que se hallaban en la guarida. Había aprendido a usar el cuchillo de él, había imitado sus movimientos y jugado a su danza. Y el subir de nivel…

Reuní al grupo en la noche, Miry y Mena estuvieron la mayoría del día afuera comprando ropa y en la tarde se colocaron todo lo que pudieron. A Melanie le regalaron un par de prendas nuevas y las tres comenzaron a bromear caminando de un lado a otro de la taberna. A ningún comensal le molestó aquello.

Debimos reunirnos afuera de las miradas del resto, por ello sugerí el viejo granero que usamos apenas al llegar. Mena me observó y entreví ciertas lágrimas en sus ojos.

—¿Para qué nos trajiste aquí? —Amy jugaba sobre un montón de paja por donde el urf se escondió.

—No creas que puedes dártelas de listo y hacer alguna cosa pervertida Allan —Mena se sentó mientras Miry yo buscábamos algo de leña.

—Creo saber cómo usar mi habilidad para subir de nivel.

—¿Sí? —Miry dio saltitos dejando los maderos en el suelo. Los separamos del pequeño montículo de paja y nos reunimos en torno a este sentándonos en el suelo de piedra.

—Necesito que confíen en mí y primero revisen sus estadísticas y se las aprendan. Hay que verificar si esto funciona.

—Ads dem… —pronunció cada una de ellas y verificaron sus estadísticas mientras yo dibujé un círculo alrededor del fuego y detuve frente a las llamas para pronunciar las palabras necesarias.

—¿Quién será la primera? —Amy se levantó de su asiento.

—¿Qué debo hacer?

—Atravesar el fuego, rápido, no busques quemarte, solo camina y pasa lo más rápido que puedas sobre este.

Cada una lo hizo con el mismo resultado, no subían demasiado, pero si un poco sus estadísticas. El gran detalle es que no servía para mí mismo. Pero cada una de ellas estuvo muy feliz con su par de números arriba. 

       Repetimos la operación las otras dos noches restantes antes de dirigirnos al abyss. Ese día despertamos con ánimos y cierta sensación se ansiedad en nuestro cuerpo. Miry dio tantos saltos mientras se vestía que pensé rompería el piso de madera.

El camino fue bastante similar. Por alguna razón el Urf se acostumbró a quedarse sobre el hombro de Amy y permanecer allí sin saltar en todo el recorrido. Ciel nos saludó como de costumbre con bastante cariño y Riley se adentró junto a nosotros. No hubo mucho contratiempo hasta que llegamos al nivel ocho donde un grupo de esqueletos se hallaban cerrando el camino.

Derrotamos a los esqueletos y Riley fue herido en un brazo, gracias a la magia de regeneración de Amy no fue algo de gravedad y descansamos un rato en el fondo del piso nueve para que Amy recuperase energías para el jefe. La señora Katie nos había preparado toda clase de comidas para el camino y Vermont nos dio un trozo de chocolate duro. Era amargo, pero valioso en muchos sentidos.

Después de dos horas decidimos bajar al décimo piso por primera vez. El pasaje no era distinto a los demás, las paredes de rocas estaban iluminadas por pequeñas lámparas colocadas en el techo. Una puerta de unos siete metros de altura completamente de piedra se mostró frente a nosotros.

Abrirla, a pesar de lo pesada fue el trabajo más sencillo.

La cámara siguiente era extremadamente amplia. El techo debía de hallarse a unos veinte metros del suelo, rectangular con cientos de lámparas de aceite a los lados y un par de corredores recorriéndole. El lugar emitía un aspecto azulado a pesar de las fuertes llamas de las lámparas de aceite.

Recorrimos parte de la enorme estancia avanzando, a la derecha había otra cámara semejante de igual tamaño y forma, y así otras tres cámaras hasta que una horda de goblins y esqueletos nos atacó en una de ellas y observamos al jefe del piso diez.

Era de unos tres metros de alto, con rostro de cerdo cuerpo grasiento y piel curtida. Mostraba un colmillo roto de un lado de su rostro y una armadura de cuero que no iba al compás de su cuerpo regordete y lleno de rollos en la barriga. Soportaba un hacha cuadrada como las de cocina en cada mano.

Miry y yo nos adelantamos a luchar con los esqueletos mientras Mena y Amy se quedaban en la retaguardia. Entonces nos sorprendió el jefe. A pesar de su peso y estatura se movió en carrera en nuestra dirección y blandió su hacha  hacia nosotros barriendo con los esqueletos y goblins que se hallaron a su paso para cortarnos.

Miry y yo pudimos apartarnos gracias a la velocidad aumentada de “prisa” que activamos apenas entrar. Pero los otros no pudieron y fueron lanzados y cortados en un segundo. Era rápido y fuerte.

El problema principal radicaba en la cantidad de goblins y esqueletos que se interponían entre nosotros y el jefe. No podíamos pasar de ellos e irnos contra el demonio Nalfesnee directamente, Amy y Mena quedarían expuestas entonces a una oleada de criaturas. La única opción era derrotarlo, reducir el número mientras esquivábamos los ataques del mayor y propinarle un par de golpes apenas tuviésemos una oportunidad.

—Yo me encargaré de ellos, tú ve por el grandote —Miry desartículo todos mis pensamientos y planes en un instante. Sacó su daga de fuego de la cintura posicionandola frente a su pecho. Se quedó de pie durante un instante mientras un par de flechas la cubrían de ataques.

Me hallaba luchando contra un par de esqueletos, pero no podía apartar la vista de Miry, hasta que comprendí y me aparté raudo del lugar saltando hacía atrás.

Ella bajó la daga y realizó un movimiento como si lanzara una estocada y un mar de llamas se disparó de su mano y al instante siguiente ella se lanzó detrás de estas para atacar. Se abrió un paso por donde estaban las flamas. Era obvio que Miry estuvo entrenando aquello, aunque yo nunca lo había visto antes.

Corrí por la estancia hasta posicionarme frente al demonio sin saber exactamente qué hacer. Este me atacó con un hachazo descendente que se estrelló en el suelo y este estalló en pedazos lanzándome hacía atrás.

Giré sobre mi cuerpo y corrí hacia este, sin dejar de pensar mucho en su enorme cuerpo o las hachas que portaba. Saqué mi espada recién hecha de titanio de la espalda y ataqué blandiéndola contra uno de sus ataques. Las chispas salieron del encuentro y pasé a cortar su brazo, pero la piel era fuerte y resistente. Apenas pude atravesarla un poco y él ya se encontraba atacándome con su otra hacha.

Noté que dos flechas se hallaban clavadas a la altura de su hombro izquierdo y retrocedí un poco. Otra oleada de flamas se dibujó a mi derecha. El demonio lanzó un grito de guerra y una oleada de goblins bajaron en carrera por los costados de la cámara. Aquello era un llamado de atracción igual que el que efectuaba Amy.

Mena lanzaba flechas entonces a los más cercanos y Miry retrocedió un poco para proteger. Yo hice lo mismo y Amy invocó regeneración. Esta funcionaba en un pequeño círculo. Para regenerarte, debías posicionarte sobre este. El detalle estuvo en que apenas me moví para retroceder, el demonio se fue detrás de mí.

—No vengas aquí —Mena lo dijo obviamente por Amy y lo cercano del demonio. Entonces no tuve más opción que meterme entre las filas enemigas de goblins y correr entre ellos. A todos les sorprendió cuando el demonio lanzó su ataque y barrió con ellos sin miramientos.

Comprendí cual era la táctica frente a semejante monstruo y me recorrí las filas de goblins por donde ellos venían, sin atacarles. Solo corrí entre ellos. Detrás de mí el demonio Nalfesnee les atacó sin fin y eliminó por mí.

—A las piernas, hay que atacar las piernas —gritó Miry lanzándose a por el demonio.

Yo había recorrido el camino ascendente por el que venían los goblins. Noté por un instante un aura roja a mis pies, era la magia de valor de Amy, esta permitía subir momentáneamente las estadísticas del usuario, no obstante, su efecto era sumamente corto. Desde allí salté con la espada enorme contra Nalfesnee. Logré cortar parte de su pecho y barriga gracias al impulso, pero este contraatacó con su hacha y me lanzó a volar contra una muralla.

Miry aprovechó la abertura para realizar cortes a sus piernas y Mena no paraba de lanzar flechas a su pecho que estaba lleno de estas por donde su armadura no le protegía.

Me levanté y noté la sangre en mi rostro. No dudé en dirigirme al ataque. Nalfesnee volvió a proferir aquel grito atronador y las tropas enemigas aparecieron a ambos lados. Pero Miry terminó de clavar su cuchillo en una de sus piernas y este cayó de rodillas con estrépito.

Blandí mi espada y corté por su piel dos veces y luego aparté su hacha para clavar la gran espada en su pecho y acabar son su vida.

Los goblins huyeron del lugar cuando el jefe dejó de existir.

Riley estaba escondido detrás de una roca observando todo mientras nosotros luchamos. Salió para ayudar con la recolección de objetos. Los huesos de goblins y esqueletos ya los habíamos reunido, no obstante, los recolectamos para poder obtener dinero extra y lo enviábamos con el chico a cambio de una moneda de cobre por bolsa. Era un buen precio teniendo en cuenta lo que nosotros lográbamos meter en ellas.

Le pregunté a Riley como lograba subir y bajar del abyss sin ataques serios y me mostró un pequeño talismán en su pecho, este despedía una esencia repelente. Era sumamente caro y la muralla solo se los entregaba a aquellos que recolectaban materiales en ocasiones especiales.

La piel del demonio Nalfesnee fue difícil de quitar, era grasienta en extremo y con unos diez centímetros de grueso. Además, habíamos dañado ciertas zonas y moverla era algo pesado y tedioso. Comprendimos que debíamos eliminarle unas cinco o seis veces más para poder obtener lo necesario del pedido.

Riley aseguró que los jefes de piso se regeneraban cada seis horas, por lo tanto, teníamos tiempo para quitar lo necesario y obtener su gema.

Cuatro horas de trabajo más tarde logramos obtener nuestra primera gema roja. Nos emocionamos al instante y gritamos de alegría. Lamentablemente estábamos agotados y teníamos que decidir si avanzar o retroceder a alguna de las cuevas que conocíamos en el camino para acampar.

Decidimos retroceder hasta el piso ocho a una cueva donde habitaban algunos esqueletos pero que siempre estaba bien iluminada y observamos como otro grupo de aventureros se adentraba en el piso nuevo rumbo al diez. Por lo tanto, debíamos esperar como mínimo unas siete horas antes de intentarlo nuevamente.

—Si no hubiese sido por esa aura Amy, no creo hubiese aguantado. Ese bicho golpeaba demasiado duro y Miry ya estaba cansada —Repuso la Tumb acariciando la cabeza de la pequeña.

—Al final pudiste lanzar el ataque de fuego —Mena parecía hallarse al corriente de aquel ataque de Miry y yo sonreí. Me daba cierto gusto ver como nuestro equipo avanzaba y compartía.

—Yo debo adelantarme y llevar esto —Riley se largó en carrera cuando llegamos al piso ocho y continuó su camino.

Acabamos con ocho esqueletos y activamos el repelente para colocar nuestra tienda de campaña y recostarnos un rato.

—Es grande la gema —todos la mirábamos con cierta fascinación.

—¿Creen que tenga alguna magia? ¿O estará al natural? —preguntó Mena.

—Había un bastón con una magia para saber las propiedades de las cosas, personas y objetos, pero yo no pensé que… —comentó Amy.

—No importa, habrá gemas rojas más grandes después. Miry lo sabe.

—¿Deberíamos venderlo o usarlo? Tal vez podríamos mandar a imbuirla en algún arma.

—Es difícil, hay que ver que magia se le podría equipar —expresó Mena.

—Tampoco hay una lista muy extensa de magias —indicó Miry y tenía razón. Solo había unas diez o doce magias conocidas y nosotros teníamos al menos tres en el equipo.

—Pero recientemente algunos guerreros llegaron al nivel siete y si en verdad derrotan al jefe del piso treinta. Podría haber nuevas magias dentro de poco —repuso Mena.

—Habría que esperar. Yo tengo sueño, usar magia cansa mucho.

—Ads dem —pronuncié.

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 17

Profesión: cazador

Nivel: 3

Vida: 165

Fuerza: 14

Agilidad: 22

Inteligencia: 27

Resistencia: 16

Destreza: 25

Magia: 0

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 1

Manejo de cuchillo 2

Recolección 1

Prisa 3

Mi inteligencia había subido mucho, aunque no sabía en qué podía beneficiarme aquello, intuí se debía al aprender cómo usar mis habilidades. Esencialmente la de subir de nivel.

Mena fue la siguiente — Ads dem.

Nombre: Mena Fenrir

Edad: 18

Profesión: Hechicera

Nivel: 2

Vida: 137

Fuerza: 14

Agilidad: 20

Inteligencia: 26

Resistencia: 17

Destreza: 27

Magia: 1

—Ads dem —turno de Amy.

Nombre: Amy Fenrir

Edad: 12

Profesión: mago

Nivel: 2

Vida: 112

Fuerza: 7

Agilidad: 12

Inteligencia: 15

Resistencia: 12

Destreza: 14

Magia: 1

Habilidad: 1

Atracción 1

Magia aprendida

Regeneración 1

—Ads dem —Miry compartió las suyas.

Nombre: Mirynfehtber Fenrir

Edad: 25

Profesión: asesina

Nivel: 4

Vida: 230

Fuerza: 18

Agilidad: 32

Inteligencia: 17

Resistencia: 30

Destreza: 27

Magia: 1

Magia aprendida

Prisa 2

Fuego 1

Dos nuevas magias. Amy y Miry celebraron comiendo algo de chocolate antes de descansar mientras Mena y yo hicimos vigilancia.

—Toma —le pasé una salchicha cocida al fuego a Mena. Esta se hallaba abstraída y observando en otra dirección.

—¿Qué harás luego? —preguntó de pronto.

—¿Hacer?

—Después de llegar al piso treinta ¿qué harás? ¿crees que lo podremos pasar?

—Habrá que intentarlo.

—Y si mueren, como Vert —contestó.

—Estamos más preparados que entonces. Fuimos unos idiotas en aquel momento.

—Sí, sé que lo fuimos, pero estábamos desesperados. No creo que el abyss sea sencillo. Creo que estaremos en esa situación varias veces antes de que todo esto acabe.

—Hay que sobrevivir Mena, no creo que quedarnos sin nada qué hacer sea una buena salida.

—Estar en el abyss es más peligroso que otras cosas.

—Es factible que dentro de poco inicie una guerra en contra de los goblins —comenté —espero que Amy pueda estar preparada, y tú. No quiero que nadie muera.

—¿Nadie?

—Ninguna de ustedes, el señor Vermont, la señora Katie, Ciel… las personas con quienes estamos a diario.

—Si… a veces me gustaría recordar un poco de mi vida anterior. Siempre me pregunto qué clase de malnacida fui para aparecer aquí sin que nadie me conociese o buscase —. Era extraño ver a Mena hablar sobre cosas fuera de lo superficial. Se reservaba los momentos importantes y sus sensaciones para sí misma.

—¿Y si no podían buscarte?

—¿Cómo así?

—¿Y si venimos del futuro? ¿De otro mundo? ¿Si no existimos antes de despertarnos en el faro y fuimos creados por Yisha? ¿Y si estamos muertos y esta es nuestra condena? Hay muchas posibilidades. Yo tampoco tengo la respuesta, pero no creo que no nos buscasen por ser unos infelices malnacidos. Creo que resultaría imposible.

—Eso no es muy alentador. Significa que quizás no podamos regresar nunca a nuestras vidas y tengamos que estar aquí para siempre.

—Esta es nuestra vida ahora. Hay que vivirla y dar lo mejor de nosotros, es todo lo que podemos hacer.

—Eres un idiota normalmente. Pero en ocasiones dices cosas inteligentes.

—Ni siquiera yo puedo ser tan idiota —contesté para animar el ambiente.

—Sí, supongo que nadie puede serlo —Y comimos en silencio observando las paredes del abyss.

Amy y Miry despertaron para nosotros poder dormir dos horas después. Lamentablemente el efecto del repelente terminó antes de lo esperado y despertamos observando a Miry luchando con un par de esqueletos en la entrada. Nos unimos a la pelea al tiempo que Riley regresaba anunciando que ya era de noche en la superficie y Ciel se había quedado en la muralla para poder atender nuestros materiales y necesidades.

Adoraba a Ciel, era muy dedicada con respecto a nosotros.

Recolectamos los huesos de los esqueletos y defendimos el lugar por turnos rotativos y con la mayor de las calmas. Después de todo entraba uno o dos esqueletos cada diez minutos aproximadamente.

Desarmamos el campamento y descendimos hasta la entrada del piso diez para luchar de nuevo contra el jefe de piso. La segunda vez fue mucho más sencilla. Sabíamos su velocidad de ataque y comprendíamos su estrategia al atraer a los goblins y como eliminarles. Además, Miry logró posicionarse dos veces detrás de este para clavar su cuchillo de fuego en el cuello del demonio. Era un ataque infalible para casi cualquier enemigo y el demonio Nalfesnee no era la excepción.

Cuatro horas luego bajamos al piso once del abyss para adentrarnos más y continuar nuestra lucha. Riley nos advirtió que a partir de allí él solo podría subir los materiales cada vez que alguien derrotase al demonio. Su amuleto no servía para solventar tal piso.

No hubo mucho problema con aquello, el subió con los materiales recolectados del jefe y nosotros bajamos. De ser necesario en dos o tres horas podíamos enfrentarnos al jefe nuevamente y regresar a la superficie.

Del piso diez en adelante no aparecían plantas carnívoras ni goblins. Continuaban apareciendo esqueletos, nagas pero una mayor cantidad de kobolds. En cambio, comenzaban a aparecer fenrir y los boggart. Estos últimos eran los seres con cara de sapo que yo había visto alguna vez en el bosque y que tenían enemistad con los goblins.

Los fenrir y los boggart eran muchos más fuertes y rápidos, por lo tanto, nos mantuvimos al margen de la entrada del piso once durante un par de horas. Tampoco conocíamos el terreno y no habíamos comprado mapas de los pisos.

Tres horas y media más tarde nos enfrentamos nuevamente a Nalfesnee. La tercera vez resultó más sencillo pero la batalla duró tanto como la primera vez. Ocho horas más tarde estábamos en la superficie y era de día nuevamente.

Vendí las tres gemas rojas conseguidas por treinta de plata. Compré mapas de los niveles del diez al veinte, cuatro repelentes para mantenernos seguros, dos gemas verdes con magia cura y me dirigí donde Vermont. Al llegar encontré que las chicas ya habían comido y se hallaban durmiendo. No me extrañó y les seguí en operación. Sentía que llevaba una semana en el abyss y no los dos días que en realidad habían transcurrido. 

 

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