8. CABALLEROS NEGROS

       Dejé a las chicas con la venta de las gemas y les encargué comprar algún repelente mientras me encaminé a ver a Teresa y Dimch. Caminé despacio sintiendo cierto vacío en el pecho. Había novatos muertos en algún lado del bosque. Vert debía de seguir allí, yo nunca terminé de enterrarlo.

Me dirigí a la zona comercial cruzando la calle con la vista baja mientras me pesaban las piernas por todo el trabajo del día. Los vendedores aprovechaban para ofrecerme toda clase de prendas, armas y gemas.

No tardé en encontrar el lugar de venta de mascotas. Mi sorpresa fue ver a Dimch fuera de aquel lugar apretando a Teresa contra su cuerpo. Sentí cierta envidia y alegría al mismo tiempo. Yo preocupado y aquellos dos estaban muy tranquilos jugando a los enamorados.

—Hola.

—Pero si se deja ver el chiquillo —Teresa jaló mi cachete antes de abrazarme. Dimch me ofreció la mano para estrechar.

—Es bueno verte Allan ¿o debo llamarte Ian? —Dimch lucía más fornido y serio que antes. Era como si la labor de herrero le hubiese curtido el alma también. Daba la impresión no era la misma persona que semanas atrás al llegar. Aunque, quizás yo tampoco era el mismo que antes, ahora incluso entraba al abyss de manera diaria.

—Estaba preocupado, escuché que unos rucks acabaron muertos a las afueras de la ciudad.

—Sí, nosotros también escuchamos algo de eso —Teresa sacó una mesa afuera de la tienda y nos sentamos a conversar, mientras tanto yo observaba los animales haciendo sonidos raros.

—No es de extrañar, según he escuchado los goblins están muy agitados y están atacando a todo el que pasa por las vías al norte y al oeste —comentó Teresa.

—He escuchado a un par aventureros decir que se avecina una guerra con los goblins. Que están armando un ejército enorme y solo es cuestión de tiempo para que ataquen la ciudad —habló Dimch.

—¿No estarán exagerando?

—Hablaban de irse de la ciudad a Selyntos, según allí se están preparando para la batalla. No es la primera vez que sucede tampoco, según tengo entendido hace unos cincuenta años más o menos hubo una gran batalla contra los goblins. Tengo entendido eran millones y fue muy difícil derrotarlos.

Recordé entonces mi misión de recolección y uní los puntos —Si, Selyntos está pidiendo gran cantidad de materiales. Probablemente se preparen para una guerra.

—¡Ves! —Sonrió complacido Dimch —¿Cómo sabes de los materiales?

—Tengo una misión de recolectar materiales para ellos en el abyss —comenté.

—¿Estás en el abyss? —Teresa me miró —el pequeño débil y miedoso terminó entrando al abyss. Eso sí es irónico— Su sonrisa era contagiosa, a pesar de haberme llamado débil y miedoso.

—Era obvio con esa espada de dos manos que lleva en la espalda —señaló Dimch —Y esos protectores de acero, no son tan económicos que se diga. Los he fabricado y lleva algo de trabajo.

—Sí, bueno. Igual me sorprende ¿Cómo están los demás? Mena y Vert.

Sentí que una roca pasaba por mi boca y abrí los ojos. Tragué fuerte y hablé lo más claro que pude —Mena está bien, está conmigo. Vert… Vert murió semanas atrás en el bosque.

—¿Qué? —Teresa se llevó las manos a la boca.

—Qué duro, no lo puedo creer, de nosotros creí que él sería el más fuerte —expresó Dimch—Siempre se mostraba decidido y nos buscó de guiar y todo eso.

—Sí, yo también creí él era el más fuerte de nosotros—afirmé un poco contraído. Por alguna razón se sentía bien hablar con ellos dos. Liberador.

—¿Crees que ataquen los goblins? —Dimch buscaba de alejar el tema.

—No sé, pero sería un desastre ¿Tú que crees Dimch?

—No creo que existan suficientes aventureros en Utghardie, aunque tres de los caballeros oscuros llegaron a nivel siete y obtuvieron habilidades. Puede contar a favor.

—Sí, lograron derrotar al dragón de ese día.

—Ha pasado tiempo desde que llegamos chicos, no se pongan así— Teresa abrazó a Dimch y me dirigió una sonrisa sacando la lengua. Daba gusto verla así de animada.

—¿Qué opinas de esta espada? —Le mostré la enorme que había comprado.

—No está balanceada, y necesita afilarse un poco, pero es resistente. Depende mucho de para qué la uses. Está basada en las armas que usan los beartroll. Actualmente estamos fabricando algunas con material de bulette o con titanio. Son fuertes y muy ligeras.

—¿Cuánto cuestan?

—Son costosas, apenas hemos vendido unas cuatro. Cuestan cincuenta de plata. Pero a ti podríamos dejártela en cuarenta y cinco, quizás cuarenta si hablo con…

—Me gustaría comprar una, pagaré los cincuenta.

—¿En serio?

—Sí, ¿te parece si en unos dos o tres días paso y la busco?

—Perfecto.

—Por ahora creo que le compraré a tu novia uno de esos Urf. Conozco a alguien que le gustan mucho.

—¿Cuál quieres? —Teresa dio un par de saltitos en dirección a la jaula de los animales.

—Uno de esos azules brillante.

—Es azul cian. Los niños mueren por esos —Teresa me entregó el Urf. Era como gomoso y se movía agitadamente entre mis manos buscando llegar a mis hombros. Descubrí que tenía pequeñas patitas con garra. Debajo de su gran pelaje azulado había un cuerpecito suave y pequeño.

Me despedí de ambos. Era obvio que tenían planes antes de que yo llegase y era injusto quitarles toda la noche.

Me dirigí a la posada de Vermont caminando lentamente hasta percatarme que frente al lugar había una multitud. Una riña y alrededor gente observando.

—Miry no irá a ningún lado con ustedes —Miry era sujetada del brazo por un hombre con armadura. Mena estaba apretada igual por otro con armadura oscura por su espalda. Varias personas se hallaban alrededor discutiendo.

—Pero somos los caballeros oscuros, todo el mundo nos conoce. Te aceptaremos de inmediato, y más con estas estadísticas —El hombre sujetó el brazo derecho de Miry por encima de su cuerpo. Amy estaba gritando y el señor Vermont espetaba algo frente a otros dos hombres con armadura. Reconocí entre los presentes a Tariel, la mujer que nos dio la bienvenida cuando salimos del faro. Pensé que era la herrera del grupo Celio, pero ahora tenía una de esas armaduras oscuras.

—Miry no irá a ningún gremio si ella no quiere idiotas —Mena se movía de un lugar a otro.

—Mírala se cree muy ruda.

—¿Quieres pelear malnacido hablador? Puedo golpearte en las canicas que ostentas por bolas. Esas que la armadura no protege por ser tan pequeñas —Mena con su voz tan dulce y palabras agraciadas.

—Esta idiota cree…

—Hola Tariel, no sabía que los caballeros estaban tan desesperados como para reclutar rucks —saludé a Tariel en voz alta.

—No te metas chico —el detalle de aquellos que usan armadura es que el metal entre los dedos hace que estos duelan, y cuando usas constantemente una espada estos quedan susceptibles a cualquier toque. Cuando golpeé su mano y la giré el hombre se retorció y gritó de dolor.

—Vermont, necesito que sujetes esto, es un Urf que le compré a Miry —Le comenté al dueño de la posada con aire tranquilo.

—No deberías meterte muchacho —me advirtió Tariel —están algo enardecidos, déjalos un rato y se les pasará —No la escuché porque uno de ellos iba a golpear a Miry que le escupió en el rostro y me acerqué para detener su mano.

Me impacté al poder detenerle, su mano era mucho más gruesa que la mía. Por alguna extraña razón pensé sería más pesada.

—Suéltenlas. Ya les dijeron que no se unirán a ustedes. Están en mi gremio.

—No queremos a la idiota lengua suelta, solo a la Tumb de tetas grandes.

—Apártate crio, una Tumb es muy buena y hará que este equipo crezca —el hombre le sonrió dándole un codazo al otro.

—Allan —Mena se dirigió a mi mientras Miry intentaba morder al sujeto que le agarraba.

—El problema por el cual ella no se va contigo es que no eres lo suficientemente fuerte —me detuve enfrente. Estaba no solo molesto, sino que tenía una ira enorme ardiendo dentro de mi cuerpo. Había miedo, pero era nublada y sepultada en el fondo por todo lo demás.

—¿Dices que está en tu gremio? —el hombre soltó a Miry y se dirigió a mí.

—Digo que podrías tenerla en tu gremio si pudieras vencerme a mí —sentí las risas de varios de los presentes. Subí la apuesta —De hecho, podrán intentarlo ustedes dos, al mismo tiempo. Si me vencen yo disolveré mi gremio y ellas podrán unirse a ustedes. Si yo gano se largarán de aquí.

—Allan esos hombres tienen nivel cinco —Era la voz de Vermont desde atrás.

—Mátalos Allan —la voz de Amy era reconocible.

—¿Un duelo? Esto será una masacre. Te mataremos aquí ruck idiota.

Por lo general los duelos se podían mantener en la ciudad siempre y cuando existiera un juez entre los combatientes. Por lo usual el juez era el encargado de detener la lucha y sostener dos gemas de cura para salvaguardar la vida de los involucrados.

Los dos hombres de armadura sacaron sus espadas, ambas eran enormes y las sujetaban con ambas manos. No habría juez para detener la lucha, ni tampoco gemas de sanación.

El primero de ellos se lanzó contra mi cuerpo blandiendo su espada por encima de su cabeza y dejándola caer. Yo para entonces estaba relajado con los ojos abiertos. Había decidido prestar atención al consejo de Miry sobre el uso de mis habilidades, debía sentirlas fluir dentro de mí y llenarme, debía dejar de pensar. Y eso estaba haciendo, me guíe solo por lo que mi cuerpo decía debía de hacer frente a mi enemigo.

Me deslicé a un lado de su espada, había aprendido como repeler un golpe así de potente. Tan solo tomaba el cuchillo y rasgaba la superficie de un costado empujando a un lado con el resto de mi cuerpo. Era como distribuir el peso.

Giré el cuchillo en mi mano y me posicioné frente a él. Noté como sus movimientos eran torpes y lentos en comparación a los míos. Corté superficialmente en la muñeca derecha e izquierda. La espada cayó de sus manos y para ese instante ya yo había clavado y sacado mi cuchillo de su hombro. Ninguna de las heridas era de gravedad, pero sí tendría un fuerte dolor y no blandiría su espada.

El otro ya estaba encima de mí y usó su espada como una lanza para cortar mi abdomen. Me giré y empujé al primer combatiente al suelo.

Este hombre era más rápido y noté como respondía a mis movimientos. Hizo un floreo con su espada a un lado y yo me agaché al ras del suelo para esquivarle sosteniendo siempre mi cuchillo en la mano derecha. Subí mejor la mirada y noté su guardia baja después del ataque. Ascendí a apenas medio palmo de él, corté su rodilla y muñeca y dirigí a su cuello.

—Detengan la batalla —Tariel gritó por encima del resto. Mi cuchillo terminó a centímetros del hombre que quedó frio y adolorido cayendo al sueño —es una vergüenza que un ruck de nivel dos, derrote a dos hombres de los caballeros oscuros. Eso les sucede por fanfarrones —me pareció atisbar una pequeña sonrisa en el rostro de Tariel mientras les lanzaba un par de gemas de curación y pateaba para que se levantaran.

—¿Qué demonios fue eso? —Profirió el primero —Usó alguna clase de magia o trampa ¡nadie se mueve tan rápido! ¡Tú lo viste Tariel!

—Vi como un niño te partió el culo. Muévete de allí, estás haciendo un espectáculo y Camus no estará feliz del desastre que has causado —Ella y otros cuatro hombres de armaduras oscuras se marcharon del lugar y yo sentí fue el abrazo de Mena y el salto de Miry hasta mi cuello que nos hizo caer al suelo. Amy se unió a la comitiva.

—Eso fue genial —pronunció Amy.

—Quizás no seas tan idiota después de todo —profirió Mena.

—Y tu hiciste zum y él, y entonces ya estaba todo cortado y en el suelo. Miry lo vio todo, estuvo increíble.

—Gracias yo… —era como despertar del estupor que produjo la batalla y mis piernas temblaron y pude sentir el cotilleo de las personas a mi alrededor. Estábamos tirados en el suelo de la calle frente a la posada de Vermont.

—¡Una ronda de cerveza gratis! —pronunció el hombre y todos se dirigieron al interior en carrera —. Eso fue bastante peculiar muchacho, parece que hicimos bien en dejar ir a Amy contigo.

—Estoy cansado —repuse. Mis piernas temblaban a un ritmo endemoniado y de pronto noté que él cuerpo me pesaba.

—Me dejaste encargado de este amiguito —Vermont mostró al peludo urf que intentaba saltar.

—Oh, es para Miry. Hace días quería uno.

—¿En serio? —tomó al animalito y besó hasta cansarse.

—Deberían entrar y comer algo —Vermont caminó por delante de nosotros mientras nos levantábamos.

Nos retiramos el sucio del cuerpo y dispusimos a entrar, Amy tomó al Urf y llevó adentro junto a Mena. Miry me detuvo antes fingiendo abrazarme tan solo para hablarme al oído.

—Muestra tus estadísticas.

—Ads dem.

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 17

Profesión: cazador

Nivel: 3

Vida: 157

Fuerza: 13

Agilidad: 20

Inteligencia: 23

Resistencia: 16

Destreza: 23

Magia: 0

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 1

Manejo de cuchillo 2

Recolección 1

Prisa 3

—Subiste, estoy feliz por ti —me sonrió.

—Podrías haberles pateado el trasero tú misma.

—A Miry la tomaron por sorpresa. No pensé que se pondrían así.

—No creo que sea el primero te dice para unirte a su gremio.

—Pero ninguno había agarrado la mano de Miry —sentenció con cariño y entramos a la posada. La mayoría hablaba sobre el incidente y brindaban alegres. Amy jugaba persiguiendo al Urf que se movía rápido entre las mesas y el señor Vermont atendía junto a Melanie. La señora Katie se deslizó hasta nuestra mesa para darnos un enorme beso en la mejilla de cada uno.

Mena trajo un par de platos de comida y nos sentamos a degustar y descansar un poco del día.

—Estuvo grandioso, pero creo que traerá problemas —señaló la más prudente y seria de los tres. 

—¿Crees?

—Estoy segura, el señor Vermont también. Creo que por eso nadie actuó, los caballeros negros son los más fuertes de la ciudad. Básicamente aquí se hace lo que ellos determinan.

—Pues Allan acaba de derrotar a dos de ellos —señaló Miry.

—Por las habilidades, nosotros lo sabemos. Ellos no, pero dudo sea un secreto por siempre —apuntó Mena y yo me quedé pensativo en ello un instante. Luego comprendí tenía razón.

—¿Y qué puedo hacer ahora?

—Nada, solo esperar que los superiores de los caballeros no hagan nada. Tengo entendido Camus además de estar en la vanguardia también se encuentra en el gabinete del gobierno —las palabras de Mena nos dejaron en silencio y terminamos de comer.

—Creo que empiezo a comprender mejor mis habilidades —comenté después de un rato repasándolo.

—¿Sí? —preguntó Miry.

—Creo que responden a como me siento. Creo que su activación depende de mis emociones. Me gustaría experimentar con algo, pero no hoy, estoy agotado, tal vez mañana o pasado.

—Unas habilidades acordes para un idiota —Mena me sonrió antes de levantarse de la mesa y yo me quedé allí un rato pensativo antes de irme a acostar.

Desperté con la sensación del cuerpo desnudo de Miry a mi lado y sonreí con algo de satisfacción. Ella era linda sin lugar a dudas, aunque lo hiciera sin mi permiso, o, aunque no hubiera acción real detrás de aquello. Pensé en conversar con ella sobre esto, pero quizás lo arruinaría así que preferí guardar silencio y vestirme. Encontré al Urf revoloteando debajo de la cama junto a un montón de lechuga que Miry debió de darle.

Ese día nos centramos en recolectar veneno de plantas carnívoras en el piso seis. La principal dificultad era la cantidad de nagas, goblins y kobolds que aparecían debido al llamado. El beneficio es que lográbamos obtener algo de dinero extra que íbamos reuniendo. El urf era de bastante ayuda para recolectar las gemas. Reconocía de a priori los cuerpos que las contenían y las recolectaba en la bolsita por nosotros.

Así transcurrieron otros cuatro días. Riley subía unas ocho o nueve veces llevando materiales hasta que finalizamos lo necesario para el primer pago de la misión. Diez monedas de oro cayeron en mi mano y de inmediato las repartí. Dos monedas para cada uno y dos extras que guardaríamos para nuestro gremio.

Decidimos tomarnos unos tres días de descanso antes de ir al jefe del piso diez. Para ello debíamos estar frescos, comprar lo necesario y acampar nuestra primera noche en el abyss. 

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