7. NIVEL SIETE

Dos semanas después lográbamos descender hasta el piso cinco y nos enfrentamos a hordas de goblins, kobolds y nagas oscuros. La habilidad de Amy era fuerte, al punto de tener que enfrentar peligros a los que antes no estábamos preparados. Goblins enormes con hachas imponentes (que podíamos vender) y flecheros que se cubrían en la oscuridad del abyss.

Solíamos armar fogatas y cazar en las zonas iluminadas, pero resultaba difícil divisar todo nuestro alrededor. Ciel nos indicó se podía solicitar iluminar ciertas zonas por un costo en plata, dependiendo de la extensión. Gasté una plata para poder tener control de una cueva donde nos gustaba cazar por la facilidad de escape y retroceso para Mena y Amy. Ambas podían posicionarse en lo alto entre las rocas mientras Miry y yo luchábamos en la zona inferior contra todo lo que entraba al lugar alrededor de la hoguera.

Logramos juntar de esa manera la modesta suma de veintitrés dots de plata y algo de cobre. Lo primero fue pagar la habitación y comida y comprar mejores armas, protectores para poder cazar y descender sin preocuparnos demás por Amy.

Lo más caro fue el arma de Miry, una pequeña daga con magia de fuego en ella. La conseguimos de oferta en una tienda que iba a cerrar y su vendedor estaba rematando todo lo que estaba en existencia. El precio inicial era de veinte dots de plata, ello debido a que a pesar de ser pequeña su poder incrementaba con el dominio del arma. Estaba hecha con cuerno de Bulette imbuido en magia.

Por la expresión del vendedor deduje que valía mucho más de lo que pedía, pero por el tamaño nadie la había adquirido. Pagué diez dots de plata por ella.

Lo siguiente fueron protectores para el cuello y hombros de Amy, principalmente porque ella y Mena eran blanco fácil de las flechas.

Mena optó por un arco mucho más grande y resistente hecho de una madera blanca y con soportes de acero. Yo me fui por algo más rudimentario, aproveché el crecimiento de las estadísticas y tomé una espada enorme que usualmente requería dos manos. ¿Por qué? Por la causa de que mi cuchillo no ofrecía un rango de ataque apropiado para algunas criaturas que usaban espadas largas.

Adelante venían monstruos más poderosos a los cuales mi cuchillo no podría dañar, como los esqueletos, el Bulette o los jefes de piso que se hallaban en el piso diez y veinte. Mena objetó que era demasiado grande. La verdad la espada media un metro cincuenta de largo y al menos cuarenta centímetros de ancho. Solía mantenerla en la espalda o dejarla al lado de la fogata para poder usarla cuando fuera necesario.

Entre los grupos de aventureros comenzábamos a ser conocidos como el gremio Fenrir, cosa que a Miry le daba gracia y animaba cada vez que lo escuchaba. Éramos los cazadores de los pisos superiores.

El cambio de armas produjo mecánicas distintas en nosotros y ataques más poderosos. Sobre todo, en la puntería de Mena y en las llamas que brotaban de la daga de Miry, la cual abrumaba y creaba miedo en los enemigos a pesar de que fuesen decenas y nosotros solo cuatro.

El mayor reto de los últimos días fue cuando en la cueva entró un goblin de unos tres metros de alto con un garrote enorme y rodeado de secuaces distintos a lo usual. Era tan alto que rompió con su cabeza la roca superior de la entrada a la cueva.

Los cuatro que le escoltaban eran goblins oscuros, de piel casi negra que habrían sido semejantes en todo sentido a orcos pequeños.

Su piel resultó dura de atravesar tanto por la espada enorme como por la daga, pero les eliminamos lo suficientemente rápido.

—Es un rey goblin —Mena disparó un par de flechas al brazo donde sujetaba la porra. Aun así, asestó un golpe donde Miry había estado un segundo antes y yo corrí cortando su muñeca. El detalle de atacar al gordo y enorme ser, era que los goblins llegaban a cada instante y no nos permitían atacar. Sin contar debíamos esquivar los ataques de aquel ser enorme.

—Mena céntrate en el rey —grité mientras me movía entre los goblins eliminándoles con mi cuchillo. Recuperé mi espada y me dirigí al rey, pero salí expelido por un manotazo que me dejó malherido estrellándome contra la pared de roca.

Debí centrar toda mi concentración en atacar y derrotarlo. Me moví entre los pequeños sin prestar mayor atención y deslicé mi espada por su cuerpo al menos unas diez veces hasta que cayó al suelo gimiendo.

Nuestras estadísticas quedaron en:

Nombre: Mirynfehtber Fenrir

Edad: 25

Profesión: asesina

Nivel: 4

Vida: 205

Fuerza: 16

Agilidad: 28

Inteligencia: 15

Resistencia: 25

Destreza: 25

Magia: 1

Magia aprendida

Prisa 2

—–

Nombre: Mena Fenrir

Edad: 18

Profesión:

Nivel: 2

Vida: 112

Fuerza: 10

Agilidad: 17

Inteligencia: 24

Resistencia: 13

Destreza: 21

Magia: 1

——

Nombre: Amy Fenrir

Edad: 12

Profesión:

Nivel: 1

Vida: 97

Fuerza: 5

Agilidad: 14

Inteligencia: 11

Resistencia: 14

Destreza: 12

Magia: 1

Habilidad: 1

Atracción 1

—–

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 17

Profesión: cazador

Nivel: 2

Vida: 145

Fuerza: 11

Agilidad: 19

Inteligencia: 19

Resistencia: 16

Destreza: 21

Magia: 0

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 1

Manejo de cuchillo 1

Recolección 1

Prisa 2

Regresamos habiendo tomado los huesos del rey goblin y un colgante que llevaba en su cuello. Estábamos agotados y habíamos usado las gemas de cura que llevábamos con nosotros. Amy por su parte había mejorado mucho en la tarea de recolectar y sabía moverse como una sombra en medio de la batalla tomando lo necesario y regresando a la protección del cobijo de Mena.

—Hueso de un rey goblin. Estos son bastante raros —nos miró Ciel, nosotros sonreímos. Incluso Mena estaba feliz con tal botín. Yo había prometido además pagar chocolate para todos al llegar donde Vermont.

—¿Será buen dinero?

—Por todo lo que tienen acá, creo que como mínimo consiguen unos cinco de plata.

Aquello era el doble de lo que conseguíamos en un buen día de caza en el abyss. Incluso cuando teníamos suerte y varios kobolds blancos se atravesaban en nuestro camino. Recuperamos gran inversión de las armas y podíamos reponer las gemas de cura gastadas.

Repartimos el botín y nos íbamos a retirar cuando vimos el ajetreo dentro de la muralla. Los aventureros se arremolinaban para ver a un pequeño grupo sentado en una mesa.

—¿Y esos quiénes son? —preguntó Mena.

—Cierto que estaban en el abyss… acaba de llegar un grupo de los caballeros negros, el gremio más fuerte de Utghardie. Se realizó una búsqueda especial en conjunto con otra ciudad y entre ambos grupos lograron matar al dragón que escapó semanas atrás.

—¿De verdad? —pregunté abriendo los ojos, aquello era impresionante.

—Murieron algunos, claro, era una misión difícil. Pero lo más impresionante no es que lo derrotaran, sino que siete de los que luchaban lograron subir por primera vez al nivel siete.

—¿Llegaron al nivel siete? —quedamos perplejos. El nivel más alto alcanzado por cualquier aventurero hasta la fecha era el nivel seis. Era una realidad que todos los que entraban abyss conocían. Al igual que nadie había logrado descender más allá del piso treinta.

—Tres de los nuestros ahora son nivel siete, y adquirieron habilidades por si fuese poco. Una única llamada contraataque.

—¿Cómo se llaman? —preguntó Miry.

—Son Van, Stella y Camus. Los tres pertenecen a la vanguardia. También han traído unos materiales únicos.

—¿De qué nivel era el dragón? —pregunté abruptamente. Una idea se comenzaba a armar en mi cabeza.

—No supieron calcularlo, pero debieron luchar durante medio día entero para poder hacerle cierto daño y hay una sección del bosque que quedó lleno de esporas venenosas y plantas carnívoras. Suponen que al menos nivel cincuenta o superior.

—Era de muy abajo —suspiró Mena.

—Nivel siete —suspiró Miry.

Salimos del lugar observando a las tres estrellas del lugar. Sus armaduras eran superiores a las nuestras, la de los hombres eran negra y la otra de un rojo refulgente. Mientras la chica vestía una armadura blanca casi brillante.

—¿Te imaginas ir tan abajo en el abyss? Miry cree que podemos—preguntó Miry.

—Acabamos de derrotar un rey goblin, estoy segura que si no usáramos la habilidad de Amy podríamos bajar incluso mucho más.

—¿Y qué haré yo? —preguntó la más pequeña.

—No hay apuro en ir más abajo todavía. Esperemos a que Amy alcance al nivel dos antes de descender al piso diez al menos —comenté.

—Yo creo que deberíamos buscar un arma para Amy y que no solo tome las cosas. Si no ataca sus parámetros no aumentarán tanto y no podrá avanzar junto a nosotros —Miry sabía lo que decía. Yo también estaba consciente de aquello, pero temía por ella.

—Yo quiero un bastón. 

—¿Un bastón? —preguntamos Mena y yo.

—Quiero usar magia, aprenderé a hacerlo —declaró esta.

—El problema es que la mayoría de los magos no tienen magias muy poderosas, casi nadie toma esa profesión Amy —explicó Mena.

—Pero yo la quiero.

—Podemos ir a ver algún bastón y ver los precios, y ver si podemos hacernos con alguna magia que imbuir a un bastón —dije.

—Saldrá caro eso, Miry lo sabe —expresó Miry —Pero tendremos una maga en el equipo.

—Esos tres llegaron al nivel siete ¿Saben lo que eso significa? —Mena cavilaba, y estaba más animada a hablar que de costumbre —Probablemente dentro de poco rompan la barrera del piso treinta y desciendan aún más abajo.

—¿Cuántos pisos creen que sean? Miry se pregunta.

—Son cien —respondí de improvisto y las chicas se quedaron observándome.

—¿Cómo lo sabes?

—Solo lo sé —repuse. Así era, no había duda dentro de mí en esa información. Siquiera lo dudaba. Era como si hubiese sido programado para saberlo. Eran cien pisos de profundidad del abyss.

—Pues si son cien pisos, nos falta mucho —expresó Mena.

—Cien pisos, Miry lo logrará — sonrió dando saltitos sobre sus piernas adelantándose en carrera hasta la posada.

La señora Katie nos abrazó a todos al regresar al igual que todos los días y el sitio se llenó de celebración. Todos hablaban de los tres aventureros que llegaron al preciado nivel siete y la derrota del dragón. Tomamos chocolate y comimos bastante, conversamos reímos y terminamos acostándonos temprano. Los últimos días nuestro ritmo era el mismo, el cansancio ganaba las batallas y a las siete de la noche ya nos encontrábamos profundamente dormidos.

Los días siguientes descansamos un poco y continuamos nuestros descensos hasta el piso cinco y seis. Averiguamos el precio de los bastones, que iban desde los veinte dots de plata hasta los ochenta. Nunca pensé que esos objetos costaran tanto. La razón es que usaban gemas rojas en su interior para alimentar sus centros y su magia no se gastaba, sino que drenaba la de su portador.

Decidimos le compraríamos el arma a Amy y comenzamos a bajar un poco más hasta el piso ocho, donde los esqueletos comenzaban a formarse junto a las líneas de los goblins, nagas y kobolds.

El arma que Amy quería costaba setenta dots de plata y traía equipada la magia regeneración y valor. Admití que sería una ayuda muy grande tener esas magias sobre nosotros en plena lucha y comenzamos a reunir el dinero.

Ese día enfrentamos gran cantidad de nagas oscuros y esqueletos, recolectamos todos y nos regresamos. Ciel nos pidió conversar con nosotros en uno de los cuartos mientras sacaban cuentas del valor del material.

—¿Cómo les ha ido hoy?

—Día normal, sin inconvenientes, Miry puede con todo —estaba animada.

—Hoy había muchas serpientes —Amy se sentaba tranquila. Mena se mostraba tan seria e indiferente como siempre. A veces me preguntaba por qué ella era así —Miry se movió rápida, y saltó por la pared para cortar, luego rodó por el suelo y cortó otras dos y…

—Veo que se divierten. Son un grupo peculiar y bastante distinto a los demás.

—¿Qué quieres decir Ciel? —inquirió Mena.

—Nada malo. Es solo que la mayoría de los grupos no se divierten ni comparten tanto como ustedes. Tampoco permanecen tanto tiempo dentro del abyss. La mayoría cazan durante dos o tres horas, quizás duran más tiempo, pero lo hacen por adentrarse aún más. Pero no he visto a otro grupo que esté limpiando tan arduamente el laberinto. Y mucho menos traen tanto material.

—Yo he visto a un par de grupos con bolsas —comenté.

—Una bolsa, quizás dos de materiales, ustedes traen siempre cuatro o hasta seis de ellas, repletas. Y sé que se han llevado gemas a casa. No hay nada de prohibido en ello.

—Es que Miry es muy buena asesina, ya soy nivel cuatro.

—¿De verdad nadie trae tanto material? —pregunté, y Ciel negó con la cabeza.

—Nadie. Y los de caja no conversamos con los aventureros, pero muchos se han dado cuenta de ustedes, los llaman el gremio Fenrir.

—Eso si lo hemos escuchado —afirmó Amy.

—Bueno, el punto es que la ciudad actualmente hizo un trato comercial con la ciudad de Selyntos y se necesita gran cantidad de materiales. Se me encargó hablar con ustedes y pedirles los recolecten. Será una buena paga por todo ello. Aunque algunos de ellos están por encima de su nivel, pero son dos meses para recolectarlos.

—Suena como un buen trato —Mena se animó a observar una hoja que Ciel alargaba hasta nosotros.

—Lo es, se les pagará veinte dots de oro por ello, y yo quedaré a cargo solo de atenderle a ustedes. Podrán incluso usar a alguno de nuestros recolectores para cargar las cosas hasta arriba y que el proceso sea más sencillo.

—Son muchas cosas —expresó de pronto Mena repasando la lista. Yo decidí echar un ojo a la lista.

—Wow —exclamé y comprendí la razón de la cantidad de dinero.

-1000 huesos de goblin

-1500 huesos de esqueleto

-350 piel de kobold

-150 piel de kobold blanco

-30 litros de veneno de planta carnívora.

-500 huesos de fenrir

-100 colmillos de beartroll

-150 piel de bulette.

-2 piel de ciclope

-5 piel de demon nalfesnee

—Para conseguir esto deberíamos incluso derrotar dos veces al jefe del piso veinte —observé.

—Lo sé. Si consideran es demasiado entonces pueden rechazarlo. Yo fui quien sugirió que… —Ciel se disculpaba cuando fue atrapada por la voz de Miry.

—Nosotros podemos hacer eso en dos meses.

—Quizás hasta menos —le secundó Amy levantándose para dar saltos junto a la primera. Miry estaba loca, yo lo sabía, pero era fuerte. Increíblemente fuerte, yo luchaba a diario y no sentía poder compararme con ella.

—¿Nos sugeriste? —inquirió Mena.

—Pues sí, actualmente el gremio Marbhi y los caballeros negros están muy metidos en limpiar un poco los pisos del veintisiete al treinta. Quieren controlar la zona para poder enfrentarse al jefe. Están ocupados, y no conozco otro gremio que recolecte tan bien los materiales como ustedes. Yo pensé que…

—¿Tú crees que podamos Miry? —le pregunté.

—Miry está segura de que podemos. En un mes podemos estar en el piso veinte —observé la lista nuevamente.

—¿Tu Amy? ¿Qué crees?

—Me esforzaré por poder hacerlo.

—¿Mena?

—Creo que hemos sido prudentes con nuestro avance, podríamos enfrentarnos al jefe del piso diez. Pero quizás tengamos que tomar ciertos preparativos, gemas y otras cosas.

Tenía razón, le sonreí. Me gustaba que Mena fuese esa voz de la consciencia que a los demás nos faltaba —Lo tomaremos. Pero recolectaremos primero los huesos de goblins, las pieles de kobolds, el veneno de planta carnívora y los huesos de esqueleto. Cuando tengamos esto pediremos la mitad del dinero. Diez dots de oro, principalmente para poder comprar equipo antes de meternos en los pisos siguientes.

—Perfecto, creo que debemos hacer entonces un contrato donde pueda quedar especificado todos los detalles —Ciel se marchó del lugar a buscar los papeles y Miry saltó de la alegría sujetando a Amy.

—¡Es mucho dinero! —Mena también tenía colores en el rostro.

—Al menos unos cinco dots de oro para cada uno —expuse. Me plantee la idea de una buena armadura, un arma imbuida en magia y comprar una cama nueva donde dormir. Enorme con almohadas de plumas y tomar unas vacaciones de al menos un mes sin acercarme al abyss.

—Me podré comprar el mejor bastón que exista y podré ayudarles, podré curarles mientras están luchando. Así ninguno de nosotros morirá, podré cuidarlos chicos —Las palabras de Amy me llegaron. Mena y Miry también hicieron silencio y tragaron saliva. Ciel llegó al instante y firmamos los papeles en compañía de un secretario de la caja. Todo iniciaría al día siguiente.

Al llegar a la posada Vermont nos brindó la comida y el chocolate. La señora Katie lloraba mientras iba de un lugar a otro, consideraba a Amy como hija propia y repetía —¡Que orgullo! —cada vez que pasaba al lado de nosotros.

—Las misiones son muy importantes, no se le da una misión a cualquiera. Y esta parece ser muy buena… veinte dots de oro. Podrían montar una posada el triple de grande que esta con ese dinero —Vermont se sentó a nuestro lado bebiendo cerveza. Melanie iba de un lado a otro ayudando y atendiendo, pero la verdad es que el lugar se hallaba tan animado que no podía más —Melanie, ven y siéntate con nosotros ¡El que quiera cerveza que se levante y la sirva del barril! —apuntó Vermont en un grito al que todos los demás corearon.

Abert, el aventurero con casco de lobo se sentó cerca de nosotros —no solo son importantes y te dan buen dinero las misiones. También sirven para ganar reputación. Dependiendo de las misiones puedes ser pedido para diversas tareas por otras ciudades y cobrar más.

—Yo no entraría allí —todos miraron a Melanie y esta se sintió un poco incómoda —. Ya tuve suficiente acción, es mejor vivir tranquila y disfrutar el día a día.

—No hay nada como entrar al abyss por primera vez, hay una energía que te recorre el cuerpo entero. No sé cómo explicarlo, te podría llevar un día —Abert le sonrió a Melanie y todos fingimos estar distraído en otras cosas. No era sorpresa, Abert y otro gran grupo de aventureros entraba allí ahora solo para ser atendidos por la chica. Otros para ver a Mena y Miry, pero ninguno se acercaba a nuestra mesa. Mena les asesinaba con la mirada.

La comida transcurrió entre risas y gran alboroto. Me acosté igual que los otros días, repasando mis estadísticas y con un millar de pensamientos. Girando en la cama hasta conciliar el sueño.

 —Allan —la voz de Miry me sacó de mi rutina de pensamientos. Estaba en la cama encima de la mía. Me tomé mi tiempo en responder.

—¿Si?

—Miry no puede dormir —expresó en un susurro.

—¿Sucede algo? —pregunté y ella guardó un largo silencio.

—¿Crees que Miry es tonta?

—¿Qué?

—Que si crees que Miry…

—No, si te escuché. Solo me sorprendiste… No, no creo seas tonta.

—¿De verdad Allan?

—Muy seguro, no creo que seas tonta en ningún sentido.

—Allan ¿Te has enamorado?

Guardé silencio y sonreí algo incómodo —No recuerdo nada de mi vida Miry, es como si hubiese nacido hace dos meses.

—Sí, pero ¿lo sientes? Creo que cuando alguien siente algo debería recordarlo toda la vida, debería ser fuerte. Las Tumb se van de la aldea por eso.

—No creo que… no creo que sea justo que deban abandonar la aldea. Pero quizás tengas razón sobre el amor. No lo sé. Quizás nunca amé, no recuerdo nada de mi vida.

—¿Tampoco a tu familia? Miry pelea por su familia y por las Tumb. Porque el abyss no debería existir.

—No recuerdo nada Miry. Solo puedo recordar el rostro de mi hermana. Pude haber sido un idiota antes, un malnacido o un santo. No lo sé, es… frustrante. Buscas en la mente y no llega nada.

—Perdón.

—No lo sabías.

—Pero ahora tienes a Miry —asomó la cabeza desde arriba y sus orejas colgaron.

—Ya tengo a Miry, lo sé y de verdad te agradezco. No tienes que hacerlo, pero te has quedado aquí — cavilé un instante. Una sensación muy peculiar me embargaba desde hacía tiempo, pero yo buscaba de mirar en otra dirección o centrarme en derrotar criaturas —Quisiera… creo que lucho porque no quiero ver a nadie más muriendo junto a mí. Ese día vi a Vert, y me sentí mal. No sé si tengo familia, no se quien fui, pero sentí que Vert era un amigo.

Miry de pronto se apoyó en la madera y dio un giro para caer de puntillas en el suelo con gracia y sin aviso se lanzó sobre mí en la cama —No importa quién eras, importa quién eres ahora. Y Miry sabe que eres un aventurero fuerte que busca proteger a su grupo.

—No soy fuerte Miry —me sonrojé. Su rostro estaba a escasos centímetros del mío y la chica se acomodaba frotando su cuerpo hasta pegarse a mi costado.

—Si lo eres, y si supieras usar tus habilidades serías el más fuerte de todo el lugar. Deberías centrarte en manejarlas.

—No es tan sencillo —Miry se acomodó a mi derecha aferrando mi brazo a su cuerpo. Sentí el calor y suavidad de su pecho.

—Debes sentirlas. Cuando Miry usa prisa siente como su corazón late más deprisa, Miry se emociona y deja de pensar en la estrategia. Mi cuerpo se mueve y ataco.

—Lo haré, es una promesa.

—¿Sabes? Miry le gustaría ver su aldea nuevamente. A veces Miry sueña con estar allá.

—¿Quieres ir hasta la aldea Tumb Miry?

—Mamá ya no está, y aldea Tumb no ser mi hogar. Yo siempre viví en las afueras del bosque, donde había criaturas.

—¿Había criaturas?

—El abyss tiene agujeros en algunos lugares, a veces las criaturas escapan.

—No tenía la mayor idea.

—La mamá de Miry trabajaba ayudando aventureros o viajes. Así es fácil ganarse la vida. Pero un día no regresó y Miry fue a la aldea.

—Pero ahora tienes a un Allan.

—Ahora tengo a Allan y soy de la familia Fenrir. Si Miry va a la aldea deberá presentar a Allan como su esposo.

—¡¿Qué?!

—No me dejarían ir si no lo hago.

—Oh —preferí quedar en silencio. Sentía un deseo muy carnal creciendo dentro de mí, pero Miry era una chica inocente en su pensar. A pesar de estar allí a mi lado no me daba a entender algo más.

—Buenas noches.

—Buenas noches —me dormí con su cabeza recostada sobre mi hombro y el calor de su cuerpo a un costado. Debo admitir que fue la sensación más cómoda sentida hasta ese día.

Desperté en la misma posición, con el filo de un cuchillo contra mi cuello y el rostro de Mena muy cerca del mío —¿Qué le hiciste a Miry pervertido?

—¿Qué? —acababa de despertar y me tomó un instante notar que Miry continuaba dormida bajo las sábanas a mi lado —nada, te juro que nada.

—Mientes —apretó un poco más el cuchillo contra mi cuello y yo tragué saliva. No esperaba esa reacción.

—No miento, no he hecho nada, lo juro, no la he tocado —expresé, aunque para mis adentros pensé “no es que no quisiera…”

—Los esperamos afuera para salir, ya es tarde.

Mena se retiró de mal talante. Su rostro era de enojo y yo lo pude notar. Lanzó el cuchillo al suelo y este se clavó en la madera. Me dispuse a levantarme cuando subí un poco la sábana y vi por debajo de esta. Miry iba desnuda y se notaba la redondez de sus senos contra mi cuerpo.

Observé a la puerta del lugar por si Mena deseaba regresar. Vi de nuevo el espectáculo debajo de las sábanas y me pregunté cuando había pasado aquello mientras los colores de mi cuerpo fueron del blanco al rosado y rojo fuerte en un instante.

—Miry. Levántate. Es tarde —Me coloqué la camisa y preparé mientras evitaba mirar hacia atrás lo más posible. No admitiré jamás haber visto cuando Miry se sentó en la cama y las sábanas cayeron deslizándose por su pecho. Tomé lo más rápido que pude mis prendas y sali de la habitación. Entonces comprendí que Miry no entendía muy bien los conceptos respecto a la desnudez y la sexualidad masculina.

Partimos a comenzar nuestra misión y Mena continuaba mirándome de mala manera. Ciel nos encargó a un ayudante para la recolección de materiales, un chico llamado Riley. Bastante hablador que buscaba de entablar amistad con las chicas y estas le ignoraban.

—Podríamos situarnos en un pasaje que conozco por el piso siete, es donde aparecen más goblins —comentó, pero nosotros nos dirigíamos a nuestra cueva en el piso cinco. Allí ya sabíamos movernos y teníamos la ruta de escape para Amy en caso de que las cosas se complicasen.

—El gremio fenrir caza a su manera —explicó Miry.

—Si claro, pero es que este pedido fue muy grande. Me parece extraño que no se lo dieran al gremio Marbhi, sin ofender claro. Pero será difícil completar esto siendo ustedes cuatro nada más. Hace dos años hubo un pedido de tres mil huesos de esqueleto y el gremio dispuso de diez luchadores para acabar con los monstruos mientras tres de nosotros recogíamos los materiales. Fue difícil, pero lo logramos un par de días antes de la fecha.

—Pues entonces prepárate para el doble de trabajo, porque aquí solo estarás tú. Amy recolectará, tu única labor es llevar las cosas arriba.

—Descuide señor, ya he participado en misiones como esta, y aquí en el piso cinco dudo que sea mucho el trabajo.

—Espero que no se muera llevando las cosas —soltó por lo bajo Mena a Amy.

—Estoy lista —habló la menor del grupo alzando el brazo después de avivar la hoguera.

—Fantástico. Mena y tu deberán ir a sus puestos.

—Como tú digas, pervertido —la última palabra de Mena fue cargada de malicia y yo me llevé la mano a la cara.

—¿Cómo? ¿Ustedes dos se quedarán atrás? ¿Son equipo de apoyo? —preguntó Riley contrariado al ver como Amy se posicionaba al fondo de la cueva y Mena se arrodillaba un poco delante de esta tensando su arco.

—Preparado Riley, no salgas corriendo —comenté.

—Descuide señor, aquí estaré.

—Ads atracción —murmuró Amy y el efecto se sintió al instante. Los goblins dejaron ver sus rostros en la entrada principal y dos entradas pequeñas que se encontraban al fondo y abajo. Donde su posición era desventajosa frente a una Mena que lanzó la primera flecha al rostro de uno.

—Ads prisa —gritó Miry y yo me lancé al ataque junto a ella.

La entrada se llenó pues comenzaron a avanzar por decenas. Algunos eran lo suficientemente rápidos para ver como mi espada se movía y detenerla. Pero perdían el ritmo y terminaban degollados o pateados por Miry.

—¡Vamos a morir! —Se escuchó el grito desesperado de Riley desde la zona trasera.

—Descuida, Allan, Mena y Miry son fuertes —comentó Amy comenzando a moverse para arrastrar algunos cuerpos dispersos.

—Pero es que son… cientos —respondió este con la boca abierta mientras Mena lanzaba una flecha tras otra a su lado.

Miry pateó una columna de piedra que cayó cortándole el paso a un grupo de flecheros que buscaban ascender para tener una mejor vista. Yo me moví hasta ellos para eliminarles.

Intenté seguir el consejo de Miry y busqué de sentir el flujo de la habilidad, de hallar esa sensación dentro de mí y no pensar tanto y dejarme guiar. Me tomó unos cinco minutos en poder sentir por primera vez aquello.

Era como una flama ardiente dentro de mí, una que deseaba estallar y quemar todo a su paso. Quería consumir a mi enemigo, y… dejaron de llegar goblins.

—Fue una buena cacería. Diecisiete minutos —Comentó Mena levantándose para estirar las piernas y quitar el sucio de la tierra.

—¿Cómo estás Amy? —pregunté.

—De maravillas, pero…—señaló a Riley, que estaba sentado sudando y con la cara hecha un desastre al lado de Mena.

—Déjalo, su trabajo es solo llevar esto arriba.

—Hay mucho hueso por sacar, Miry va a ayudar —Nos sentamos los cuatro a sacar huesos mientras el chico recobraba la cordura y se acercaba a la fogata con andar lento.

—Eso… eran demasiados. Ustedes…

—Ayuda un poco con esto, no debes dañar el hueso al sacarlo. Mira, la mejor forma es hacer un corte aquí y aquí para quitar el músculo —Mena era implacable y seria como siempre.

—Si señora, de inmediato —El chico se sentó arrastrando varios cuerpos consigo para comenzar la tarea. De inmediato notamos que era muy bueno en aquello, despellejaba y cortaba los miembros sin error alguno y al doble de nuestra velocidad —No viene ningún otro goblin.

—Desde que llegamos a este lugar los goblins lo evitan, Miry y su gremio son fuertes, los goblins lo saben —comentó Miry.

—Ustedes se movían rápido ¿Eso era magia?

—Miry no tiene por qué decir sus secretos —comentó esta y todos nos reímos un poco, excepto Riley quien nos observaba con asombro.

—Digo, me dijeron que ustedes eran de nivel, dos tres y cuatro ¿es cierto? —preguntó con los ojos abiertos. Su cabello era de un marrón claro y largo. Su rostro al igual que su cuerpo eran delgados. Nosotros nos limitamos a asentir con nuestras cabezas —son fuertes entonces. Podrían pertenecer al gremio de los caballeros negros en un par de años, o menos — Bajó la cabeza quitando otro hueso y tirándolo a un lado.

—No seremos de otro gremio. Somos Fenrir y eso seremos, Miry lo sabe —Comentó esta con orgullo.

—Yo creo que podría comenzar a llevar un par de bolsas de hueso. Con estas dos serían sesenta y cuatro —Alzó ambas bolsas en sus hombros y partió con andar lento. Aquello daba un margen de una hora al menos. Por lo cual repetimos la operación y continuamos cazando.

Cuando Riley regresó, acabamos de terminar con la tercera horda y nos sentamos a despellejar nuevamente. Él se sentó, ayudo y partió por segunda vez.

Ciel tuvo toda la razón, de esa manera podíamos avanzar mucho más rápido en la recolección. Nuestro amigo tuvo un problemilla con unas ratas en el segundo piso y tardó un poco las otras veces. Así pudimos cazar diez hordas seguidas sin tener que preocuparnos por llevar bolsas de materiales en unas nueve horas de trabajo.

Riley se veía tan entusiasmado como agotado a la final del día.

—Seiscientos veinte huesos de goblin y cuarenta y tres de kobold. Si le cuento esto a mis amigos no me lo creerán.

—¿Te pagan por día? —preguntó Mena.

—Me pagan por cada par de bolsas señora, un cobre por cada una. Pero hoy he ganado bastante —estaba feliz, parecía que iba a saltar en una pierna —¿Mañana continuaremos? —preguntó.

—Sí, Amy necesita dormir y tenemos que descansar.

—¿Ustedes no arman campamento dentro del abyss? Yo podría trabajar de noche si fuese necesario.

—No, la verdad no nos hemos planteado la posibilidad —agregué.

—Piénsenlo, podrían estar en esta cueva que ustedes ya conocen. Es como hacen los que van a los pisos más bajos, los del nivel veinte en adelante. Se tarda unas cuatro o cinco horas llegar tan abajo. Entonces arman campamentos y reponen energías.

—Suena interesante. Nos lo pensaremos para después Riley —contestó Mena cuando el chico se marchaba con la bolsa dieciséis y nosotros terminábamos de tomar las gemas del día.

Debíamos entregar todos los huesos y pieles hasta completar los pedidos. Hasta haber entregado la mitad de aquello no obtendríamos el dinero prometido, pero las gemas eran totalmente nuestras para venderlas y obtener algo de efectivo de inmediato.

Subimos y era de noche en la superficie —¿Cómo les fue? —La pregunta de Ciel era más en términos de bienvenida.

—Fue un buen día —contestó Mena.

—Riley estaba feliz, se llevó unos dieciséis cobres, es el triple de lo que cobran ellos usualmente.

—Ya lo notamos. Nos dijo si queríamos quedarnos y armar un campamento allí abajo —comenté.

—Sí, muchos gremios lo hacen, pero todos usualmente más grandes pues se gasta algún repelente para que puedan dormir tranquilos por la noche.

—¿Repelente? —Amy preguntó con curiosidad.

—Sí, usualmente orina de los jefes de piso. Los monstruos de pisos intermedios se mantienen alejado, por su seguridad por lo usual. El demonio nalfesnee del primer piso come toda clase de criatura que se acerque.

—¿Cuánto cuesta uno de esos repelentes? —pregunté.

—Suelen ser caros —su valor depende de la duración, pero creo que uno de unas cuatro horas está en unos veinte cobres.

—¿Cuatro horas es poco? —preguntó Mena.

—Cuando estás en el piso veinte y llevas a alguien herido, sí. Es muy poco. Apenas lo suficiente para adelantarte un par de pasos si te siguen.

—Con alguien herido… —Mena repasó aquellas palabras.

—Hoy nos llegó la noticia de tres ruck que murieron en el bosque cazando goblins —comentó Ciel y yo quedé frio con aquello. Desde días atrás que no veía a varios de con quienes llegué. No me pasaba por donde estaban Dimch ni Teresa y temí por ellos.

—¿Sabes los nombres? —No sé qué expresión tenía mi rostro, pero apreté la rodilla con mi mano.

—No. Solo sé que eran tres chicos. 

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