63. LA CAIDA DE LOS DIOSES

 

Activé mis escudos mágicos y armadura sin recitar el canto. Luego de comprender el funcionamiento de la magia entendí que aquello no era necesario. Bastaba con dar la orden y dejar que el flujo de magia fluyera desde mi cuerpo al exterior. 

Un centenar de espadas de luz se estrellaron contra mis escudos mientras que yo me centré en la escena a mi alrededor. Miry, Mena y Amy yacían sin vida en el suelo, casi destruidas por completo, con pedazos de sus cuerpos esparcidos por doquier. Estelas de energía se desprendían de sus cuerpos y se perdían en el aire. Estaba a tiempo de resucitarlas, pero me hizo preguntar qué sucedía con aquella energía que se perdía en el proceso. Activé la magia vida en las cuatro, y luego recuperé a los cuatro sorpresivos aliados. Le estaba agradecido enormemente, dieron su mejor esfuerzo para salvarlas, y el suficiente tiempo para que yo llegase. 

Sentí una melancolía ante el sujeto semejante a mi excompañero Shun. 

El dios frente a mi, parecía no inmutarse por las resurrecciones. En cambio lucía interesado en probar mis capacidades ahora lanzando un grupo de bestias de sangre contra mí. Modifiqué el escudo para que la barrera funcionase como una hoja de corte que se movió rebanando los cuerpos en miles de pedazos por segundo. Mismos que se recomponían al instante en formas distintas incomprensibles. 

Abrí un portal y desalojé el área, ninguno de los presentes podía ayudarme a luchar la siguiente pelea. Le sonreí a Miry cuando esta me miraba con una mezcla de asombro y amor. Pasé por una Amy feliz y luego una Mena que me observaba con dificultad mientras tomaba su vientre en sus manos. Yo le asentí con la cabeza indicándole que todo estaba bien. 

—¿Qué pretendes dándoles vida? Morirán nuevamente ¿Crees que les dejaré con vida y dejaré escapar luego de eliminarte? 

—Quizás mueran, en algún momento, pero no ahora, no hoy, y definitivamente no por tí— Respondí. Lo que probablemente no le agradó, debido a que un portal enorme se abrió dejando pasar millares de muertos contra mi ser. Los cuerpos se amontonaron, los rostros oscuros llenos de lamentos trataron de alcanzarme. Apliqué magia luz para eliminar a los muertos en gran cantidad, perforé sus núcleos a miles por segundo mientras me movía saltando por el aire con una combinación de magia portal y prisa. No necesitaba volar, solo patear el suelo para mantenerme y aplicar portales para subir, ascender y moverme a conveniencia. 

El dios se movió de su posición y apareció frente a la posición que yo alcancé. Observé cómo un centenar de brazos me atacaron. Rompió todas las defensas en menos de un segundo, se quebraron como galletas al tacto y traspasaron hasta mi cuerpo. Al instante comprendí que aplicaba una capa de energía sobre sus puños que le permitía eliminar mis defensas al instante. Sin embargo sus puños dieron contra mi cuerpo y me vi propulsado contra el suelo luego de sufrir un gran embate de impactos capaces de destruir montañas. El suelo a mis pies, y sobre el cual caì se había licuado debido al poder de sus manos, todo lo que toqué fue millas de polvo. 

Dejé que la magia fluyese por mi cuerpo solo para curarme, notando que que si dejaba que otra ronda de golpes semejantes me diese mi ser no lo soportaría. De hecho en ese instante, mientras me hundía en la fina arena, mi cuerpo continuaba destruyendose y recomponiendose a pasos apresurados. El resultado era una corriente eléctrica dolorosa que me atravesaba desde la cabeza, pasando por toda la columna y llegando a los pies. 

Luego todo fue oscuridad y un fuego de tono azulado consumió todo lo existente. Comencé a saltar entre el espacio y la realidad. Aquel fuego no era normal, no solo consumía todo a su paso, sino que además devoraba la energía y convertía en propia. Si me tocaba era el final del juego. A pesar de eso, del desenfrenado frenesí de ataques que se movían en mi dirección sin importar las direcciones que yo tomase, pude aprender el funcionamiento que brindaba a su magia, o mejor dicho, a su energía. Por tanto repliqué aquel fuego espectral y neutralicé el ataque. 

Me mantuve en el aire, por encima de su posición mirándole a modo de desafio. Mi nivel de energía me permitía comprender mejor la naturaleza de aquellos seres que denominaban dioses. Eran entes superiores en gran sentido debido a la concentración de energía en sus cuerpos. Luego de ciertos niveles de maná, esta no podía ser contenida de forma normal en el cuerpo, sin importar que esta se comprimiese en pequeños pedazos. La solución era imbuir las partes más mínimas del cuerpo, espacios que no eran posibles de ver con la simple vista con toda aquella energía, y allí en el centro de aquellos pedazos diminutos encapsular la energía. El resultado era que el cuerpo se convertía en algo más duro que la roca, el hierro o acero. Las montañas mismas eran gelatinas en comparación y debían inclinarse ante el vórtice de poder que el solo movimiento desencadenaría. 

Pasar al nivel que denominaban, el de un dios, no solo era cuestión de absorber cantidades enormes de energía de los enemigos. Sino también la concepción de poder comprimir esa energía. de otra forma existiría una barrera invisible que nunca podría ser superada. 

En ese nivel la concepción de las magias eran sugerencias sobre cómo usar dicho poder, mientras mayor comprensión se tuviese de las leyes básicas de la realidad, más sencillo era romperlas o moldearlas a gusto. 

No sabía qué había más allá de ese nivel, si existía algo más, no me era posible comprenderlo aún. Pero la existencia de pisos inferiores al cien dentro del abyss, y la promesa de que más allá era un campo totalmente distinto, me lo sugería. 

Me era difícil saber si aún era humano, o algo más. Los límites los rompí hace mucho tiempo, pero mi consciencia y sentimientos permanecían allí conmigo, por lo cual no me preocupé demasiado por los cambios que eran a fin de cuentas, cuestión más de poder que de otra cosa. 

Supe que había posibilidad de derrotar al dios detenido cientos de metros bajo mis pies. La razón es que podía visualizar y entender sus niveles de energía. No era nada muy diferente al mío. Sin embargo, había una sección donde yo era inferior a él, en la experiencia de combate dentro de aquel estado. Algo que descubriría sin dudas en un par de segundos. 

Alzó sus brazos y el espacio mismo se plegó de forma que formó pequeñas franjas cuadradas que cortaron tiempo y espacio. Aquellas franjas rozaron mi cuerpo y debí moverme entre las dimensiones en saltos por distintos lugares. Mi consciencia se repartió en seis partes distintas a la par de mi cuerpo por las distintas dimensiones. Gracias a esa partición fuí capaz de escapar de una prisión de tiempo. Entre algunos de los cortes el tiempo fue detenido, allí mi cuerpo y consciencia igualmente quedaron estancados sin posibilidad siquiera de pensar o realizar alguna magia. 

Las otras cinco partes las uní en un solo cuerpo y ser. Entonces aparecí en otro cuerpo, exactamente igual a mi, sin embargo consciente que había un segundo yo, atrapado en un espacio donde el tiempo mismo no existía, con mente y cuerpo detenido sin poder realizar acción alguna. Resultaba extraño verse a sí mismo y entender que dos conciencias existían en la misma realidad. Algo diferente a la división de viajar por dimensiones, debido a que cada conciencia era un ente distinto que posteriormente se concentraba en una sola entidad. 

Me encontraba impactado por tal uso de la magia espacio temporal. El dios entonces se hallaba sobre mi cabeza, era una figura tan enorme que resultaba imposible escapar de su vista sin moverse más de cien kilómetros en cualquier dirección. Un aura potente le revistió en su extensión y yo entonces no solo temí por mi propia existencia, sino por todo lo que se hallaba a mi alrededor. No solo rompería la tierra y el abyss, destruiría cada criatura viviente en kilómetros a la redonda. 

Me preparé para tal golpe y concentré la energía en mi cuerpo, dejando que esta pasara desde la tierra, por las piernas, cintura, hombro y finalmente el brazo hasta mi puño. Los golpes no lograron chocar entre sí, el maná impactó soltando chispas. La onda viajó por el aire logrando que el cielo se despejara, chocamos y golpes consecutivos a velocidades que creaban estruendos explosivos. 

Se movió a uno de los lados, lo seguí al instante, solo para descubrir que desaparecía entre un humo blanco. si no existiese, lo cual 

Se esfumó como si fuese aire. No había siquiera rastro de su energía, lo cual me sugería que no se había ido realmente. Estaba allí, a mi alrededor preparando algún ataque que no lograba observar. 

Mientras aquel ser ocultaba su presencia, yo me detuve a mitad del aire a analizar la situación, y a llenar mi cuerpo con la energía que pululaba alrededor. El cielo entonces se llenó de dagas oscuras, mientras que el aire inundó de una sustancia semejante al agua, densa, pero tremendamente rica en maná, tanto como para evolucionar a las personas un centenar de veces. El espacio en el que me encontraba de pronto comenzó a arder con una fuerza que no era posible detener solo con un escudo o armadura. 

En medio de mi grito de dolor pensé sobre la naturaleza del poder. No la comprendía del todo, aquel ser denominado dios tenía técnicas y habilidades fuera de mi comprensión, pero no sabía cómo desdoblar las distintas dimensiones para escapar de un ataque que creaba daño en área. En ese aspecto el dragón ancestral que enfrenté entendía mejor el peligro de las diferentes dimensiones, viajar entre ellas era una diferencia abismal entre poderes. Lo cual me llevaba a la pregunta de si aquel dragón no buscó entrenarme a mitad de la batalla. 

El dios reapareció en el campo de batalla sin comprender dónde me hallaba, ello después de bañar el lugar con millares de dagas. Reaparecí a su espalda dispuesto a asesinarle con mi espadón, mismo que casi rugía con ganas de consumirle y cortarle. Sin embargo se giró tan rápido que daba la impresión que el tiempo mismo fue detenido a su alrededor, cosa que quizás fue así, no estuve seguro. Atrapó el golpe de la espada con su mano, y se separó al instante de mí, impactado ante la naturaleza del espadón. 

—¿Qué es esa arma? ¿Cuál es su naturaleza? 

—¿Importa?— Mi yo no era el que expresó aquellas palabras, pero el dios las pudo escuchar tan cerca de él que comprendió al instante que el juego se había acabado. 

Cuando me moví entre las dimensiones ocupé un pequeño instante para que una de mis conciencias se moviera hasta la sexta consciencia, misma que se hallaba aprisionada en el corte de espacio tiempo. Bañada en una pequeña película de tiempo propio, una que se creaba obligando a la magia a transcurrir simulando el tiempo mismo, fue capaz de entrar en aquel espacio y liberar mi ser aprisionado. Cuando salí del espacio entre las dimensiones, mi otro yo desapareció de escena esperando el momento justo. El susto por mi arma capaz de asesinar dioses fue el momento justo, mi otro yo, se movió con magia portal para asestar el golpe final. Clavó el espadón en su espalda atravesándolo para que el frente se abriese y permitiese su salida. 

—¿Cómo?— No imaginé que un dios sangrase, pero lo hacía, escupía sangre como cualquier otro ser o bestia— Me he cultivado por cientos de años, cuando tu mera existencia no era ni una mota de polvo en el espacio. 

—Te lo dije, poco importa ¿Por qué crees que buscaré reconfortar a mi enemigo? Recuerdo dijiste exterminarías a todos los mios— Expresé con la vista fija. 

—Un arma capaz de matar a un dios— Balbuceó. 

—El problema es que creiste en la mentira colectiva, pensaste que realmente eras un dios. Solo eres otra criatura más en este mundo. 

—La capacidad de crear y romper las reglas de la naturaleza, eso es lo que te hace un dios. 

—No creo— Arranqué la espada de su cuerpo desde atrás y me moví entre las dimensiones en un segundo para fusionar los dos cuerpos y mentes en una sola. 

—Me recordarán como el dios Pulci. 

—Te olvidarán rapidamente, han abandonado a los seres vivientes y sumieron el mundo en la destrucción. Pronto no quedará nadie que guarde siquiera un recuerdo de ustedes— Me senté en el aire para absorber su energía desde allí. Su cuerpo se marchitaba a gran velocidad, se consumía mostrando arrugas propias del tiempo. La lucha duró apenas un par de minutos, que su cuerpo se evaporase como si fuese arena fue mucho menos. 

Descendí a tierra con calma, no solo tomé mi tiempo para absorber la energía del lugar proveniente del dios, sino que también lo hice con el aspirante, el rey de los muertos que ahora no era más que polvo. La zona que fue el campo de batalla se vio devastada, no había árboles o roca parada sobre la arena que ahora abarcaba una zona tan extensa como el mayor de los desiertos. 

—Da gusto ver que no me equivoqué al verte por primera vez. Cuando vi como luchabas contra aquel angel, oh, casi muero del orgasmo que produjo en mí. 

Giré para ver a Emerant frente a mi. Admitiré que era hermosa, su cuerpo era una escultura, sus proporciones incluso desafiaban la naturaleza, voluptuosa y esbelta, todo en combinación— ME ahorra el tener que buscarte— Expresé blandiendo mi espadón. 

—No me voy a oponer a tí Allan, de hecho, estoy dispuesta a ser sometida si es necesario— Sus palabras eran como susurros que llegaban hasta mi, embriagantes, hermosas, pero peligrosas a fin de cuenta. 

—¿Qué te hace decir eso?

—Casi te conviertes en un dios, y, aunque no lo llegues a creer, tenemos fines muy semejantes. Tengo entendido deseas destruirlo todo, dioses bueno o malos por igual. Creo que eso me viene como anillo al dedo, es lo que deseo, deseo que todo deje de existir. 

—Caos— Me aventuré a decir. 

—Es mi naturaleza, va en mi desear el desastre. 

—Va en mi naturaleza negarme a estar en el mismo equipo— Definí mi posición. 

—Eso me han dicho, y la verdad podría decir que me decepciona, pero no es así— Su cuerpo, que apenas estaba cubierto con una tela blanca muy fina, fue dejado al descubierto. Sus pezones rosados erectos apuntando en mi dirección nublaron mi vista un segundo— Quiero tenerte, quiero sentirte. Pero más allá de mis deseos carnales, tengo un deseo que va mucho mas profundo. Quiero destruir a aquellos que me encerraron, a los que me condenaron a miles de años en las profundidades del abismo. 

—Tengo entendido que lo hicieron porque planeabas destruirlo todo. 

—¿No fue eso mismo lo que ellos hicieron a lo largo de milenios enteros? una y otra vez. Vi cómo destruían este pequeño mundo y lo reconstruían para ver como las razas peleaban entre sí y qué guerreros ascendían en el poder. 

—Lo cual demuestra mi punto, todos son iguales, tu, ellos.

—¿Incluso Numer y Yisha? 

—Incluidos. Si piensas que traer gente de otro mundo a este para luchar es lo más natural, significa que tus ideales, pensamientos están muy mal. 

—Pero Allan— Podìa sentir su mano pasando por mi pecho y sus senos desnudos contra mi espalda— La diferencia de la cual hablo es que, como dije, estoy dispuesta a someterme ante tí. En cuerpo, alma, ente, e incluso energía— Sentí una punzada en la espalda y un afluente de maná tan enorme que apenas mi cuerpo podía soportar. Me nutría a un grado extraordinario. 

—No deseo el poder por encima de todos— Me separé recobrando mi consciencia. 

—¿Qué deseas? ¿Què piensas hacer con todo  cuando destruyas a los dioses? 

—Dejar que las diferentes razas sigan su camino y liberar aquellas que se encuentran encerradas eternamente en el abyss. 

—Te puedo adelantar que nada sale bien a la primera, y que el caos siempre llega, es parte de la naturaleza misma del universo. Todo se dirige siempre al caos, mientras que si, siempre hay algo que intenta oponerse. Control. Pero me atrevo a profetizar un desastre con ese plan que tienes en mente. Pero si eso es lo que quieres… te seguiré— La mujer se colocó de rodillas ante mí. 

—No quiero Emerant. Tengo incluso una familia. 

—Y yo seré tu esclava y lacaya de ser necesario. 

—No pareces rendirte en tu intención— Comenté sintiéndome un poco extraño. Emerant era mi enemiga jurada durante mucho tiempo. Verla allí en el suelo de rodillas ante mí, me dejaba impactado en diversas formas. ¿Acaso mi camino se torció en algún instante? ¿tanto para que convenientemente fuese en el mismo cauce que los deseos de Emerant? ¿eran genuinas sus intenciones? ¿Qué haría con mi mayor enemigo arrodillado frente a mi? Había cosas que mentalmente no deseaba perdonar o dejar pasar. Muertes y sufrimiento que experimenté de diversas formas dentro del abyss. 

—Deja de temer, no vengo como tu enemiga, sino como sirviente, como una sumisa sirviente. Pero deberás apresurarte, pues tus enemigos si están por llegar. 

Al igual que otros momentos de mi corta vida dentro del mundo de Matneim, la pregunta que se me vino a la mente fue ¿Què haría Miry? probablemente no aceptaría a su enemiga, aunque la idea de la sumisión le sería de interés. 

—Me desharé de tu lacayo, Jin. Lo mataré Emerant. 

—Fue destruido por un dios hace menos de algunos minutos. La guerra ya ha iniciado, los dioses han alzado sus manos por primera vez en milenios— No levantó la cabeza de su lugar. 

—Asi que vienes ante mi cuando te has quedado sin guerreros y te has visto superada. 

—¿Hay otro momento en el cual alguien deba admitir su derrota? 

—Necesitaremos un contrato de sumisión— Expresé. Al segundo siguiente una daga apareció en las manos de Emerant y con ella marcó su mano con un símbolo que yo desconocía. 

—Tócalo y seré de tu pertenencia, no podré escapar de tus designios y destino. 

Dudé por un instante, aquel era un ser lleno de codicia y artimañas. A pesar de ello debía admitir que sus intenciones no me eran extrañas y sus palabras estaban llenas de lógica, algo que no era normal de encontrar. Supuse que de haber querido eliminarme, mientras se halló en mi espalda pudo haber conjurado una daga igual a la que portaba ahora y clavarla en mí. 

Me acerqué por dos causas, una extraña confianza en las intenciones de aquella mujer, y porque podía sentir tres presencias viajando en nuestra dirección. Toqué la palma de su mano y pude sentir como un vínculo irrompible se formaba entre ella y yo. Era algo que mezclaba las almas en un punto y le obligaba a obedecerme sin rechistar en cualquier instante. Podría haber pedido que se quitase la vida allí mismo y ella tendría solo dos posibilidades. Hacerlo y cumplir con mi decisión, o negarse y ser devorada en cuerpo y alma por desobedecer el vínculo. En ambos casos estaría condenada.

Trent, Oiris y Vishnaery. Tres figuras imponentes hicieron acto de presencia en el cielo sobre nuestras cabezas. La presión debido a las cargas de energía fueron tan potentes que podía ver como mi cuerpo, piel y huesos se negaban a despegarse del suelo. 

—Primera tarea, ve y busca a los míos en el abyss, llevalos con Miry y los demás, sálvalos. 

—Se hará— recitó Emerant antes de desaparecer— No falles. 

La tierra a nuestros pies se compactó y el abyss se apiló sobre sí mismo en un bloque a cientos de metros de profundidad. Millares de criaturas huyeron por agujeros, mientras que millones de algunas otras fueron aplastadas y resumidas a líquido sin poder siquiera pestañear. 

Me hallaba de pie ante aquel cataclismo que modificaba la forma misma del planeta. El cielo se oscureció al instante y la tierra alrededor vibraba con fuerza. Aquellos tres dioses no estaban allí para jugar o negociar. 

Un corte de aire y oscuridad viajó hasta mi. Apenas me moví para evitarle, pero la tierra a mis pies se dividió en dos ante aquel simple movimiento del brazo del dios Vishnaery. La circunferencia de nuestro pequeño planeta de pronto se vió modificada, y yo en mi desesperación usé la magia que recién acababa de aprender para salvar todo lo que conocía. Creé un cubo con magia temporal y detuve la realidad misma en un espacio donde el tiempo no transcurría. Así. El planeta dividido se mantuvo en su proceso destructivo eternamente, mientras que nuestra lucha se desarrollase o hasta que yo muriera. Lo que primero sucediese. Era momento de confiar en mis ridículas estadísticas.

 

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 18

Profesión: Domador de bestias


Títulos: 

Asesino de serpientes (brinda al usuario +50 de resistencia) 

Quien reina sobre los dragones (resistencia a la magia +50, resistencia al ataque físico +100)

Caminante del cielo (agilidad +50)

Devorador de almas (Magia vida +7)

Subyugador (esclavista de diferentes formas de vida) 

Plegador del espacio (capacidad de moverse entre dimensiones)

Habitante del abismo (bendición y poder +5)

El que cultiva la energía (+5 a todas las magias)

Nivel: 134

Vida: 5333

Fuerza: 205

Agilidad: 156

Inteligencia: 89

Resistencia: 360

Destreza: 72 

Magia: 5 

Habilidad: 1

Aprendizaje 2

  
 
 

 

Habilidades aprendidas

Nivel up 5

Lectura 9

Manejo de cuchillo 10

Recolección 3

Protección 10

Atracción 3

Manejo de la espada 10

Sigilo 5

Domador 5

 

Magia aprendida

 

Prisa 10+

Cura 10+

Sanación 10+ 

Vida  3

Revitalia 10+

Poder 10+

Regeneración 10+ 

Veneno 9

Electro 7

Puerta dimensional 10+

Fuego 9

Bendición 10+

Escudo 10+

Luz 10 +

Domar 2

Criar bestia 1 

Valor 8

Concentración 9

Detección mágica 10+ 

Dispel 3

Ignición 5

Oscuridad 4

Investidura 10+

Armadura 10+

Círculo de poder 5




 

2 thoughts on “63. LA CAIDA DE LOS DIOSES

  1. Kevin Jiménez says:

    No tienes idea de la forma en que disfrute este capítulo, creo que lo leí al menos 3 veces tratando de absorber y procesar todo lo que sucedió..
    Casi me vuela la cabeza con las muchas cosas que espere y no espere que sucedieran..

    • zefiro23 says:

      Gracias, fue un capitulo dificil de escribir. En especial porque no soy de escribir mucha paja para alargar escenas. Generalmente voy al punto de la batalla y algunas explicaciones. Eso complicó el cómo relatarlo.
      Saludos.

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