60. NIVEL 100

 

Pasaron varios días de convivencia amena y tranquila dentro de nuestro hogar. Las noticias llegaban desde el abyss gracias a nuestro barbudo amigo goblin que a cambio de gemas mantenía un informe de las situaciones dentro de nuestro mundo. Cada uno de nosotros estaba enfocado en crecer y mejorar nuestras habilidades, en especial porque los informes comenzaban a arrojar nombres de diferentes generales que comenzaban a aparecer para hacer frente a la horda de los muertos. Eso no significaba que los generales fuesen buenos, solo se oponían al crecimiento de poder del rey de los muertos, quien buscaba un lugar por encima del resto de generales o algo más. 

Nuestro hogar también recibió un par de ataques. Una mañana despertamos con el enorme sonido de una explosión de nivel superior por encima de nuestro hogar. No había rastro de quién realizó el ataque, pero al ser fallido comprendimos que la gema de cristal transparente cumplía su propósito a la perfección. El siguiente ataque fue por parte de los muertos, una tarde una nube negra se expandió por el bosque como si se tratase de un maremoto, avanzó comiendo árboles, vegetación y criaturas por igual. Al llegar contra nuestro muro defensivo, fue como una ola negra que chocó contra una enorme roca, solo la cubrió entera y se dispersó antes de replegarse y desaparecer.

Me encontraba consciente que cada día que pasaba las filas de muertos aumentaba de forma descomunal. El ejército avanzaba rumbo al sur, mientras que humanos, orcos, goblins y todas las demás criaturas sucumbían ante la matanza. 

Aún así nuestra rutina se reducía a entrenar casi todo el día, descender al abyss cuanto podíamos y tener sexo descontrolado en horas de la noche. En esta última área debo decir que Miry y Ciel fueron muy exigentes, en un principio desearon una imtimidad tierna que borrase los oscuros recuerdos que se hallaba en sus cuerpos, posterior a eso ambas quisieron sexo salvaje, donde yo embestía sus intimidad mientras una devoraba la entrepierna de la otra. Mena gustaba de tomarme mientras estuviese en la ducha y Amy se unía a cada incursión que podía. 

Antes pensaba que Miry era la más abierta sexualmente de todas, en especial por aquella vez donde decidió intimar en el río frente a Mena y Amy, además, fue ella quien incitó a las otras a estar conmigo abiertamente. O por el apetito voraz que presentó antes en compañía de Ciel. Me equivoqué. Amy era una bomba sexual que deseaba cada vez más y no estaba satisfecha hasta experimentar cosas nuevas cada vez. 

El primer indicio lo notamos todos en la casa apenas comenzamos a vivir en esta. Amy una mañana bajó con un vestido extremadamente corto y sin nada de ropa interior bajo este. A cada movimiento se podía ver su vulva deambular. No podía evitar verle y desear tomarla para penetrarla cada vez que se agachaba o saltaba. Se sentó así en la mesa a comer y jugueteó con su sexo casi a la vista de todos. Dejó un rastro de humedad en la silla y por todo el camino hasta su habitación.

Después de ello me despertó un día con mi miembro en su boca, otro con su entrepierna sobre mi rostro, me exigió tomarla en el bosque contra un árbol, y un día trajo a una chica humana solo para que la tomase frente a esta otra. 

No me negué ni molesté en ningún momento, sin embargo admito que sin la magia revitalia habría sido imposible mantener el ritmo. Hubo un día donde tuve tres maratones de sexo y mi cuerpo se sentía extasiado y al borde del cielo, aunque también magullado y agotado mentalmente. 

Por esos días me tomé también el tiempo de visitar a las hadas. El bosque no era el mismo sin Ardina, y en un principio estas se mostraron bastante agresivas ante la visita sorpresa. Luego permitieron nuestra estancia, pero no desearon intercambiar muchas palabras con nosotros, por lo entendido nos culpaban de la muerte de su líder, y el puesto continuaba vacante. Aparentemente también crecía en ellas la preocupación de ser aniquiladas por completo y desaparecer como raza del mundo de Matneim. 

Yo me pregunté si las diversas razas que allí se hallaban encerradas en calabozos y espacios especiales, en algún momento podrían retomar sus vidas normales fuera del abyss. Lo comencé a dudar comprendiendo que muchas de sus memorias se desvanecieron gradualmente con el tiempo, y con el hecho de que sus vidas extremadamente longevas se vieron alimentadas netamente por el abyss. Ardina era la prueba misma, al fallecer fuera del abyss, su existencia no regresó nunca más, o así lo razoné yo. 

No había items ni información interesante para comprarles a las hadas, los misterios se fueron revelando uno a uno ante nosotros y el abyss ahora parecía una cueva con niveles de entrenamiento. Ninguno extremadamente difícil, mientras mas descendías, más fuerte te hacías, si tomabas tu tiempo la curva de aprendizaje se rompía y elevaba demasiado. 

Stella y Camus tenían razón, el nivel siete era una barrera, que si se superaba el crecimiento era aún mayor, la segunda barrera creo yo se hallaba cerca del nivel treinta, donde el aprendizaje de diversas magias comenzaba a ser fundamental para poder avanzar. El siguiente bloqueo se hallaba en el nivel 100. Lo superé un par de días atrás en el piso cincuenta, con el jefe de piso, aquel era un dragón gigantesco y anciano que se ocultaba en una cueva. Cada uno de sus colmillos eran más grandes que todo mi cuerpo. Su sola presencia causaba debilitamiento y usaba magia gravedad para mantenerte adherido al suelo. 

Aquel dragón era inteligente, lo supe de inmediato apenas posó su mirada sobre mí. Sin embargo no hubo conversación alguna, después de examinarme rugió con todas sus fuerzas, a un punto donde pensé que todo el abyss se derrumbaría. Las paredes quedaron temblando al igual que el suelo por varios minutos, mientras que las rocas frías caían a nuestro alrededor. 

Su ventaja era la enorme cantidad de magia que poseía. Casteó confusión, veneno, peste, témpano, una magia de hielo superior llamada tundra y trató de matarme con un movimiento de su cola que abatió y arrasó medía sección del abyss donde nos hallábamos. 

Le corté, pero se recuperó tan rápido que sentí traspasé a un fantasma. La piel sencillamente se cerró detrás del paso de mi espadón. Incluso el efecto de desangramiento que tanto adoraba en mis espadones no surtió efecto alguno. Treinta cortes desaparecieron como si nunca existieran. 

Recordé mi antigua pelea con el ángel en mis inicios dentro del abyss. El dragón  era algo invencible, sin embargo el poco espacio alrededor impedía su libre movimiento y para mi era un campo extenso donde poder realizar cortes a diestra y siniestra. Impregné magia veneno y electro en cada corte, pero con un simple soplo de magia dispel todo se desvanecía. 

Tundra era una magia que congelaba el mismo aire. Debí bañarme en fuego para poder salvarme de aquello, pues el aire formaba cristales de hielo que cortaban la carne. 

Fue en aquellos momentos, mientras llevaba media hora de realizar cortes sin cesar que me percaté que aquel dragón solo estaba jugando conmigo y me veía como un humano a una mosca. Era un ser insignificante a su lado, no por mi nivel, era sencillamente que él tenía miles de años en el abyss, había consumido tanta magia de este que se hallaba a un nivel totalmente distinto de cualquier otra bestia enfrentada previamente. Yo era un juguete que apenas tenía segundos de haber nacido y experimentar el poder, él en cambio era dueño y año de toda una sección del abyss, y ante un humano podría haber sido venerado como un dios. 

Lo supe cuando sonrió de forma siniestra ante mí, cuando me lanzaba a cortar su horripilante y gigantesco rostro y cerró los ojos creando una oscuridad infinita que inundó mis sentidos y alrededor. 

Posterior a eso me hallé flotando en un universo donde solo había un cielo infinito y la figura de seis dragones se veían llegar desde distintas direcciones, rodeandome. No eran dragones distintos, eran el mismo, que se movía por el mismo espacio y realizaba la misma acción, solo que mis sentidos humanos lo percibian como si viniese de todas direcciones. No comprendí qué era aquello, pero fui quemado, congelado, envenenado, electrocutado, y golpeado de todas las direcciones al mismo tiempo. Todo antes de que el dragón riese ante mi presencia y hablase por primera vez— Tonto humano, siquiera logras comprender qué sucede— Los golpes y magias proven´´ian de todas direcciones al mismo tiempo y de un solo objetivo. Mi mente se hallaba confundida y mi cuerpo sufría los múltiples impactos todos al mismo tiempo. 

Estimo que perdí el conocimiento y fui cortado e impactado tantas veces que solo mi amplio espectro de vida me salvó. O quizás fue compasión por parte de mi enemigo. No lo supe a ciencia cierta. Para cuando desperté me hallaba aún cayendo en el infinito mientras los elementos mismos se formaban frente a mi y golpeaban desde todas direcciones. 

Entonces, mientras veían como una garra rasgaba mi cuerpo, me percaté que todos eran la misma imagen desde distintos puntos. El mismo dragón pero en distintos espacios. Y la única explicación para que eso sucediese es que no fuesen múltiples dragones, sino que el espacio a nuestro alrededor se había doblado unas cuatro o seis veces haciendo que su propia imagen se repitiese en cada una de ellas. Aunque entenderlo no evitó que tuviera que castear: revitalia, vida y sanación como un centenar de veces. 

Me hallaba confundido cayendo y siendo golpeado en lo que para mi fue una eternidad, una donde no entendí el porqué aquel ser jugaba con su comida y no me exterminaba de una vez. Hasta comprender que simplemente no deseaba hacerlo, quería que yo fuese quien terminase con su existencia. Había vivido allí adentro miles de años absorbiendo energía, probablemente previo a eso había perdido toda su memoria sobre algún tiempo en el cual se encontró a las afueras del abyss. Su vida no era más que un cascaron vacio infinito. 

No podía hacerlo, no podía terminar con su vida ni detener la paliza que me propinaba. Simplemente el comprender que era el espacio a su alrededor lo que doblaba no hacía que yo pudiera hacerlo también. Aparentemente no era por magia que lograba aquel efecto. Su cuerpo de alguna forma se estaba expresando en seis realidades de un mismo espacio. En un universo que él mismo había creado, y dicho universo si cumplía leyes mágicas y…

Allí se encontraba la lógica de todo el asunto. Aquello era un mundo distinto al nuestro, uno donde las leyes del mundo habían sido cambiadas a su conveniencia. Lo que debía hacer era inundar con tanta magia todo su mundo como para que mi energía chocara con sus leyes.

No fue una tarea sencilla, me tomé cerca de seis horas de lucha poder llenar todo su espacio con magia. Me hallaba incluso en un punto donde pensé que caería muerto por agotamiento. Pero lo logré y me dividí tantas veces como él, lo rompí en su propia realidad y gané. Al regresar al abyss las heridas se veían por todo su cuerpo. No lucho siquiera, se rindió ante mi fuerza y recibió la muerte como una amiga. 

Fue un enemigo envidiable y uno al cual respeté. Nuestra lucha había destrozado hasta las cercanías del piso setenta del abyss y millares de criaturas se lanzaron en mi ataque al mismo tiempo apenas logré derrotar a mi enemigo y, cuando me hallaba más débil. 

Un grupo de veinte demonios cornudos, jefes del piso sesenta vinieron a por mi. Lo primero que hicieron fue anular mi magia por completo, pero poco importó aquello, el refuerzo de las estadísticas en mi cuerpo me permitió moverme más allá de lo que un humano o criatura dentro del abyss habría podido alguna vez. Un espacio de tres kilómetros fue recorrido una veintena de veces en el lapso de un segundo. 

El resultado fueron veinte estallidos de aire y espacio. El espacio o la realidad no podía soportar mi propia velocidad y se curvaba ante mis movimientos. Las rocas ondulaban mientras me movía al raz del suelo y el aire parecía líquido cuando lo crucé en saltos. La realidad misma comenzó a comportarse extraño mostrando formas que no deberían existir. 

Al dejar de moverme todos explotó en pedazos, inclusos sus cuerpos. Aquel día comprendí que mi nivel de batalla, por encima del nivel cien, era algo superior. Algo que no era humano, y que mi mente ahora se hallaba pensando en un espectro de mundo que se alejaba de la realidad del resto. 

Me tocó calmarme y descansar toda una noche para pensar en mi siguiente paso, pero para medianoche ya había decidido que hacer. Odiaré admitir que fue mientras tenía sexo con Mena, y veía su cuerpo retorcerse en la cama lleno de sudor. deseaba más y yo debía satisfacerla. Eso mismo pasaba con mi ser, experimentaba un cambio donde debía adquirir más y seguir adelante o sentiría que explotaría desde adentro. 

Aquella noche fui salvaje. Tomé a Mena contra la pared y llené su cuerpo de mi ser hasta que sus piernas temblaron. Luego fui por la lujuria de Miry y Ciel. Dos cuerpos majestuosos y llenos de curvas que soportaban mis embestidas vigorosas una y otra vez. Luego de una hora de sexo candente no podían más y acudí a una Amy, que, aunque dormida, recibió la calentura de  mi sexo y soportó a pesar de que la llevé al extremo. La tomé sobre mis piernas y saboree tanto de su cuerpo que quedé satisfecho y listo para mi siguiente paso. 

—¿Qué fue eso?— Preguntó Mena tumbandose a mi lado, aquella cama y toda la habitación olía a fluidos corporales y lujuria— Siquiera usaste revitalia para durar. 

—Tenía muchos deseos— Contesté con algo de picardía. 

—No mientas, sentí que lo hacía con una bestia. No digo que no me gustase, pero nos dejaste a las cuatro sin poder más ¿Quieres dejarme embarazada acaso? 

—Podría ser, quizás me gustaría dejar algo de mi impreso en tí— No imaginé ver a Mena sonrojada y ocultar su rostro antes de darme un beso en la mejilla y jugar con mi cabello. 

—Acaba de llegar a otro nivel. Cree que ya no es humano, pero supongo que se siente bien porque finalmente siente que puede cuidarnos de lo que sea. Es lo que Miry cree— Comentó la tumb aún sudada y desnuda moviendose por debajo de las sábanas para llegar hasta mi pecho. 

—¿Cómo?— Pregunté. 

—Tu mirada allan, Miry sabe. Te sientes pleno y no estabas preocupado, Miry puede verlo en tu mirada. Tenías esa misma mirada la primera vez que derrotaste a los goblins y cuando entraste por primera vez al abyss, o cuando estuvimos juntos por primera vez. 

—¿Qué nivel eres Allan?— Preguntó Amy llena de curiosidad sentada. 

—Cien— Admití— Sucedió hoy. Creo que hay un abismo de diferencia previo a eso. Creo que empiezo a entender qué debo hacer. 

—¿Podría ser tener sexo como este todas las noches? Podría acostumbrarme— Expresó Amy. 

—No me importa lo que sea, promete que no nos vas a dejar— Sentenció Ciel. 

—Lo prometo— Respondí sin estar convencido, pues ahora sabía que mi camino se hallaba frente al de los generales, el rey de los muertos y los mismos dioses. Para cambiarlo todo e imponer mis reglas, debía vencerles en su juego. 

La hora de avanzar llegó al día siguiente. Me levanté temprano, besé a mi hijo y a cada una de las bellas chicas, feliz de poder tenerlas conmigo y abrí un portal para aparecer justo frente al goblin cerca del piso treinta del abyss. 

—Necesito un arma, una tan fuerte que sea capaz de matar a los mismos dioses, enfrentaré a Gy.

—Muchacho, eso requeriría una gema, una tan poderosa que… 

Saqué la gema cristalina de mi bolsillo y la entregué al goblin, el cual tan solo sonrió— No creo prudente que enfrentes a todos los generales de Emerant el mismo día, pero debidos a sus ubicaciones, tienes dos opciones, o enfrentar a dos de ellos, o enfrentar a solo uno en compañia de la misma diosa muchacho. Y como sé que no es prudente enfrentar todavía a un dios, te diré que Gravel se encuentra en su escondite. Piso sesenta y tres del abyss. Notarás que el piso no es tan extenso como otros, a medida que vas descendiendo todo va fluyendo a un solo punto, como un cono. En el punto más helado del piso sesenta y tres, podrás ver una montaña tan alta que es imposible de escalar, la nieve cubre todo, allí todo está muerto, y en la cúspide hallarás un castillo helado eternamente. Adentro reina Gravel. El general de la muerte misma— El goblin me dedicó una mirada directa antes de moverse hasta la pared trasera de su tienda— Hay diferentes armas pero por una gema de cristal puedo ofrecerte esta. 

El espadón frente a mi era sublime en cualquier sentido, aunque al mismo tiempo era un arma de apariencia exterior ordinaria. Era difícil de explicar, no necesitaba emitir oscuridad para saber cuán imponente era y que tenía sed de sangre. 

Su empuñadura era vieja y raida, de bronce con cuerpo negro desgastado por el tiempo. El cuerpo era ancho, aunque no tanto como el de un espadón regular de los que yo solía usar. Era como un mandoble mucho más grande y solo un poco más grueso. La empuñadura era larga y se extendía cubriendo parte del cuerpo de la misma espada, oscureciendola, como si la devorase, y a pesar de que la empuñadura lucía oxidada, el filo de la espada era tan afilado que habría partido un cabello mío en toda su extensión de tan solo caer sobre su orilla. 



ESPADÓN DE LA PERDICIÓN

El portador realiza un vínculo con su espada y se compromete a ser su único dueño una vez empuñada, si este contrato es roto el portador morirá instantáneamente y su sangre cubrirá el hierro del filo de la misma. Esta es una espada creada para el rey de los gigantes, quien incumplió su trato y fue sacrificado para alimentar la sed de sangre del arma. 

Mientras el dueño del arma reduzca su vida, el espadón de la perdición aumentará su nivel de poder en la misma proporción. Durabilidad 750/800 Daño: 5000

No es posible imbuir magia en esta arma.

 

—¿Estás seguro que esta arma podría eliminar incluso a un dios? 

—Al que elijas, pero como dice, no podrás empuñar otra arma, el resto de tu vida. Aunque luego de esto, no hay nada más que pueda ofrecerte. No hay nada más poderoso, lo que exista más allá no lo lograrás gracias a ningún arma, sino a ti mismo. 

—Bien— Tomé el arma y sentí como si un millar de agujas se clavaran en mis manos. El dolor permaneció solo un par de segundos y desapareció tan rápido como inició. SIn dejar rastro alguno del dolor. Era increíblemente pesada, pero no por su peso, el metal mismo era ligero. En cambio parecía que trajese consigo los pecados del mundo mismo. La hoja deseaba sangre y vibraba hambrienta. Al instante supe que mi destino estaba ligado al del espadón, y que solo se separaría de mí si yo moría o ella era destruida— ¿Algo que me puedas decir antes de enfrentarme a Gravel?

—Si comienzas esto, todos caerán sobre tí. Ningún general o Dios querrá que un tercer bando rompa sus reglas y juego. 

—Bien, lo tendré en cuenta, ads portal— Susurré antes de desaparecer de su vista y transportarme a una tundra gélida en la cima de los riscos del piso sesenta y tres. Hallar la guarida de mi enemigo no era difícil, la cúspide de la montaña más alta era visible desde cualquier lugar. Aquel piso era tan gigante en altura que podría ser confundido con un planeta distinto, a excepción de que se hallaba dentro del abyss mismo.

Una ola de magia dispel viajó por el aire, al igual que otra de magia muerte, oscuridad, pánico y freno. Aquel general era capaz de inundar el piso entero con su magia y llegar adonde me encontraba. Probablemente había sentido mi presencia, yo no estaba precisamente ocultándola. 

La batalla inició desde el momento en que yo aparecí en su piso. Activé un par de gemas en mis bolsillos para contrarrestar sus oleadas con vida y sanación. Luego decidí usar mi nueva arma, mi propia velocidad y estadísticas para saltar desde donde me hallaba hasta su ubicación en un parpadeo. Las montañas mismas se despedazaron, y observé dos figuras en vez de una sola, Gravel y Gy se hallaban en el mismo lugar, tal como el goblin había dicho algunos días antes— premio doble. 

—Insolente— La voz fue la del niño de nombre Gy, quien sonrió y con un chasquido de sus dedos la realidad donde me hallaba cambió. Una decena de criaturas de al menos cien metros de alto salieron de las entrañas de la tierra misma intentando alcanzarme. Sus cuerpos eran rojos y sus ojos tan negros como la noche más oscura. Me sorprendí por sus apariencias, pero imprimí magia prisa en mi cuerpo y volví a moverme, esta vez creando un flujo de magia a mi alrededor, ello para sobreescribir las reglas y que hubiesen seis de mi mismo cortando sus brazos y cuerpos. 

Regresé a la realidad en un segundo. Tanto las montañas como el castillo se hallaban intactos nuevamente. Aunque en el suelo donde Gravel se hallaba la piedra misma se convertía en polvo y arena, la muerte era él y esta le obedecía. 

—Morirás y dejarás de ser un estorbo para nuestra ama— Susurró Gravel, en su voz misma estaba imbuida magia de muerte y oscuridad que me era difícil de explicar, pero la podía ver viajar en el aire en mi dirección. 

—Ads vida. 

—Más que un estorbo, dejará de ser una distracción y un capricho— El niño nuevamente se rió frente a mi— Hay que enseñarle al humano, que si no ha muerto, es porque nuestra ama pidió expresamente que aspi fuese, pero si nos ataca directamente, podemos defendernos. 

El veneno de la muerte se extendió a kilómetros a la redonda, un aire asfixiante impregnó la estancia y el aire mismo en todas direcciones. Gravel era el centro de aquel afluente oscuro que segaba la vida de todo lo que existiese a kilómetros a la redonda. Allí, a mitad de un castillo que se podría y convertía en arena desértica a nuestro alrededor, al igual que la montaña que terminaba en guijarros oscuros permanecíamos, Gy, Gravel y yo, detenidos esperando para eliminarnos.