56. BEHIR

 —Creo que nunca he comido tanta carne— Karim mordió un pedazo de muslo de kobold blanco que ellos mismos cazaron previamente. Tal comida era de lujo, en especial porque nadie quería desperdiciar los huesos de kobold que eran considerados afrodisíacos entre los orcos.

Era el tercer día de caza conjunta y comían en un restaurant casi a las afueras de la ciudad. Un sitio bastante caro donde Mena se alojaba actualmente.

Los dueños estaban bastante extrañados ante el par de chicas humanas dispuestas a pagar la suma de ochenta platas por noche en tal lugar. Suma que probablemente los ogros de más alta clase o los mejores guerreros podían costearse. A mena en particular no le parecía caro en lo absoluto, la economía de los ogros era floreciente y mejor que la humana en general. En solo tres días dentro del abyss Mena logró hacerse con la suma de veintisiete oros. Karim casi saltaba de emoción al ver tanto dinero amontonarse.

Otro fenómeno que ocurría en la nación de los orcos, es que la demanda de insumos, en especial de carnes, era tan alta, que no importaba si Mena derrotaba cientos o miles de criaturas por día. El precio del mercado no se veía afectado por ello y no disminuía. De hecho parecía que crecía, pues pueblos vecinos comenzaron a realizar pedidos de gran cantidad de huesos, carnes, y pieles.

—Y van a continuar aumentando los pedidos. El mercado de esclavos humanos está en auge por la cantidad de personas que huyen de Arglory. Sin contar que muchos comentan que más al norte, el ejército de los muertos está avanzando y arrasando con las ciudades. Aunque— La chiquilla tragó otro pedazo de carne como si llevase años sin comer— Creo que lo dicen para asustar a los esclavos y que estos no busquen de escapar nuevamente a Arglory.

—El ejército de los muertos es real Karim— Soltó Mena probando algo de la cerveza casera de aquel lugar. Era en extremo dulce.

—¿Lo has visto?— Karim dejó de comer por un instante, mientras su expresión facial cambió de forma drástica, tragó la carne y observó a Mena conteniendo la respiración. Mena comprendió que Karim no dudaba ni de su capacidad o experiencia después de verle luchar en el abyss sin ningún arma.

—No solo los he visto, he luchado contra ellos, hace pocos días en Merak.

—¿Merak?

—¿Sabes donde queda?— Karim negó con la cabeza— Al norte de Minfister, del otro lado del mar Ilse.

—¿Estabas en Minfister al norte? ¿por qué viniste a Bulg?— Mena sonrió ante Karim, estaba abierta a escucharla y ella a hablar. Comenzó explicando su llegada a este mundo, la presencia de Vert y cómo este influyó en sus primeras decisiones. Su muerte y formación del equipo Fenrir. La guerra contra goblins y orcos, la fundación de Ibis, la partida y separación.

Por alguna razón Mena terminó derramando un par de lágrimas. Extrañaba a su equipo y la familiaridad que construyeron en aquel tiempo, su pecho se encogía de forma abrupta y dolía. No solo quería verles, deseaba abrazarles y sentir su calor.

Karim guardó silencio, en especial en la sección de la historia donde Mena relataba la pelea que hubo contra el ejército de los muertos y los generales de los dioses. Comprendía la seriedad del asunto y abandonó la comida para luego sumirse en sus pensamientos sin decir ninguna palabra.

—¿Se puede vencer al ejército de los muertos? No, incluso aunque se pudiera derrotar, están los generales ¿qué posibilidades hay?

—¿Me lo preguntas de verdad?— Mena se recostó sobre la silla y comenzó a pensar en ello. Ya lo había hecho varias veces justo antes de dormir, había sacado las cuentas en su cabeza una y otra vez, siempre con resultados desalentadores— Casi ninguna, hay que avanzar muchos niveles siquiera para poder sobrevivir, eso sin contar siquiera en la idea de proteger a alguien.

—¿A qué nivel necesitamos subir?

—Para salvarnos, probablemente cerca de cuarenta. Para lograr vencer contra alguien, quizás por los sesenta. Para poder contrarrestar todo, quizás nivel ochenta a cien. Solo teorizo claro.

—Es imposible llegar a esos niveles. Nadie podría, si hubiese alguien asi de fuerte, estaría bajando el abyss hasta los pisos más profundos.

Mena abrió la boca para decir algo, pero luego comprendió que Karim podía tener razón. Si alguien tenía tantos niveles, debía hallarse bajando desesperadamente el abyss para poder recolectar la fuerza necesaria. Sintió una energía descontrolada recorrer todo su cuerpo y de un salto se levantó, propinó un beso a Karim y salió de aquel lugar con a mente en Allan. Si en algún lugar podía hallarse él, de seguro era en las profundidades del abyss.

Corrió por la plaza central y gastó el dinero que tenía en los bolsillos. Lo primero fue en una tienda de esclavos, eligió un grupo de cinco jóvenes para descender a mayor profundidad. Eligió a los más fornidos que su dinero le permitió. Compró suficiente carne, agua y chocolate para no tener que subir en un buen tiempo y luego paseó por las tiendas de armas y armaduras del lugar.

Ningún arma era siquiera lo suficientemente fuerte. Apenas algunas de ellas se hallaban imbuidas en magia veneno o fuego. Los orcos en cambio preferían aumentar el tamaño del hacha y las espadas hasta volúmenes gigantescos que a Mena no le agradaba pues perdía movilidad. Tomó un arco largo, bastante más grande de lo usual, pero la cuerda que sujetaba era de un material raro pero supremamente resistente que le dió una sensación agradable. Luego pasó por la sección de espadas y cuchillas.

No era muy diestra con las espadas, a veces usaba cuchillas, pero era en especial en casos de sumo peligro y lucha cuerpo a cuerpo. Sus entrenamientos siempre fueron enfocados a realizar magias desde la retaguardia y posterior cuando fue esclava apenas los usaba, notó que sus puños eran más efectivos en la mayoría de los casos.

—Yo te diría que compres una de estas, no son las mejores, ni están hechas del orifalquio que mencionaste, pero son capaces de penetrar en la carne de los bulettes, si penetra a los bulettes…

—Cortará casi cualquier cosa— Mena vio el rostro de Karim que llegaba a su lado y escogía otro de aquellos cuchillos anchos.

—¿Qué haces?

—Entraremos al abyss ¿no? supongo iremos muy profundo por aquellos esclavos que tienes allí afuera con comida.

—Iré tan profundo como pueda Karim, si puedo colocaré un campamento en el piso veintinueve— Dudaba siquiera como haría para enfrentar al jefe del piso treinta por sí sola. La vez que su grupo lo enfrentó en solitario casi mueren en el proceso.

—Haré todo lo que pueda Mena, tengo una increíble afición por mantenerme con vida, eso incluye sobrevivir al ejército de los muertos.

—Cuidate de no morir por seguirme, si ves que no puedes más pero yo me encuentro avanzando, solo retrocede. Te dejaré venir siempre y cuando compres varios repelentes. No quiero ser responsable.

—Dices eso, pero siempre me esperas cuando bajamos al abyss. Además compré un libro de magia super avanzada. Me costó mucho dinero, pero estoy segura que podré avanzar mejor con este— Mena se sintió curiosa ante la confianza de karim, por tanto pidió ver el destacado libro.

Karim revisó su bolso y sacó cinco pergaminos que se hallaban unidos en uno de los extremos. No fue difícil adivinar de qué se trataba. Ella misma había escrito aquellas palabras cuando se hallaba en la ciudad de Ibis junto a Allan para explicar sobre el funcionamiento de la magia. Se rió con muchas ganas ante el texto, luego lamentó que Karim hubiese pagado tanto dinero por ello, cuando pudo haber consultado a una fuente directamente.

Mena compró repelentes para los esclavos, a quienes prometió liberarlos luego de dos semanas de trabajo y se dirigió al abyss. Descendería por su cuenta hasta donde su fuerza le permitiese. No, estaba decidida a bajar aún más allá. Quizás podía llegar al nivel treinta y ocho y conseguir algún bosque donde conversar con las hadas. Ardina de seguro sabría dónde estaban sus compañeros de equipo y cuanto tiempo quedaba hasta que el ejército de los muertos llegase a la nación de los orcos. 

—¡Mientras te mueves a la derecha podrías cubrirte con magia agua, debes aprender a hacer ambas cosas al tiempo!— Comenté.

—¡Suena sencillo cuando lo dices desde esa piedra!— se quejó Amy saltando en retroceso ante el coletazo de de Behir. Acababa de reducir su vida y el monstruo se había multiplicado y cambiado de color. Además sus ataques ahora eran más frenéticos y peligrosos.

—Usa bien las piernas, tienes más fuerza en ellas, usa todos los músculos al moverte.

—En serio estoy pensando en patearte al terminar esto Allan— gritó Amy. A pesar de ello comenzó a intentar afincar mejor las piernas al tiempo que esquivaba los ataques, era notorio incluso para mi— ¿Cómo rayos?

—Pisa primero con la punta del pie, luego afinca toda la planta y realiza este mismo movimiento cuando vayas a golpear, deja que el movimiento vaya de tus pies a tus piernas, luego a la cadera y posterior a tu espalda.

—Bien.

Amy llevaba casi cuarenta minutos de lucha, la peor parte era ante la continua aparición de las criaturas súbditas de Behir que respawneaban cada media hora. Sin embargo la magia de agua bien usada le permitía hacerse cargo fácilmente de aquella enorme cantidad.Yo por mi parte me limité a observar, si algo salía de control podía curarla y salvarle con magia vida.

Por ahora no había necesidad de aquello. Amy era mucho más lenta que otros miembros del grupo, pero su capacidad mágica era muy superior a la media. Solventaba de forma muy fácil cada aprieto con magia, en especial con la magia agua, la cual llevaba tiempo perfeccionando.

Un behir arrastró su cola, obligando a Amy a saltar, un centenar de rocas y polvo salieron expelidos. El otro contrincante aprovechó que la chica se hallaba en el aire para lanzar un potente golpe vertical con la cola. Era una táctica muy buena, nadie podía esquivar un golpe mientras se hallaba en el aire.

Amy no necesitó esquivar, conjuró magia agua y realizó un corte total de aquella enorme cola. Uno de los Behir chilló con todas sus fuerzas arrastrándose por el suelo, mientras que el otro se lanzó de cabeza contra la chica. Behir erró el golpe estrellándose contra la roca misma. En ese momento pasó algo que ni Allan ni Amy esperaban. Behir se multiplicó nuevamente quedando cuatro de ellos en el lugar.

—¿Me puedes ayudar? ¡Creo que tengo un enorme problema aquí Allan!

—Si te ayudo no vas a obtener el título. Además, no es extraño que esto suceda luego de que el abyss ha mutado.

—¿Crees que me importa el título en este momento? ¡No me quiero morir! ¡Si llego a morir aquí con Behir, juro que te mato Allan!

—Si te llegan a herir actuaré, pero mientras parece que lo llevas bien manejado— Tenía ganas de reir, pero me controlé, pues sabía que Amy se molestaría aún más si escuchaba mis risas desde el fondo.

—¿Bien manejado? ¡bien manejado estaba Ibis y es un caos de esclavistas!— Amy saltó mientras cortaba con la daga de agua en el cuello de un Behir. Los monstruos se comportaban ahora como serpientes en un nido, se enroscaban mutuamente y atacaban desde distintas direcciones al mismo tiempo.

Subí hasta un risco en la cueva para observar mejor, prestaba atención a cada movimiento de Amy, quien a mi parecer crecía a un ritmo acelerado. Aprendía sobre la marcha, si Behir le atacaba desde un costado y esta se veía obligada a cubrirse no repetía el mismo error ni permitía le atacaran desde ese costado de la misma manera.

Amy se hallaba en el suelo en ese instante y un centenar de dagas de agua cruzaron la estancia rebanando a los Behir. Para mi, era semejante a paredes que se levantaron y movieron de un extremo a otro. El resultado fueron secciones de serpientes enormes cayendo en distintas partes con estruendo. A pesar de eso uno de los behir no se dió por vencido y lanzó un último ataque, alzando todo su cuerpo para golpear de frente con sus dientes directo a la chica. Aquella batalla había terminado, lo comprendí al instante.

Amy se cubrió con una pared de agua mientras que un chorro a gran potencia salió desde un costado y cortó al jefe de piso en dos partes. Hubo un último grito y ambas secciones se estrellaron contra el suelo. Amy por su parte se levantaba del fango empapada, llena de lodo y sangre por todas partes— Eres un idiota.

—¿Tienes el título?

—¿Por qué tendría que responder a eso?— saltó un cuerpo de Behir y avanzó hasta mi.

—No tendría sentido tanto por nada.

—No tendría sentido— Amy comenzó a hacer mofa hasta que llegó a su lado, de pronto Amy se movió a gran velocidad y recibí un puñetazo directo en mi rostro— Si yo fuese Miry habrías saltado a defenderme.

—No, habría hecho lo mismo. Probablemente Miry los mataba a patadas— Comenté dando la orden a un goblin súbdito para recolectar las gemas de los Behir. No me importaban los recursos, solo las gemas con las cuales podría comerciar posteriormente. Había logrado obtener un grupo de cinco súbditos, tres de ellos estaban luchando en pisos superiores, mientras que uno recolectaba pieles y huesos y este goblin me ayudaba a desgarrar cuerpos o quemarlos para sacar las gemas correspondientes.

—Quizás los habría quemado a todos, a los Behir y a tí. Ahora creo que me provoca aprender magia fuego, habría sido útil.

—Acabas de cortar cuerpos de cinco o seis metros de grosor ¿de verdad crees que tu magia de agua no es útil?

—Y estoy hecha un asco. No me importaría tener una magia que al finalizar no me deje la ropa y el cabello desastroso.

—Pues yo creo que te ves bien— Alegué refiriendome a los pequeños pechos notorios gracias a la ropa ajustada. Amy cada vez crecía más y la combinación de su pequeña cintura, grandes caderas y senos en formación no me era indistinta. disfrutaba verla.

—De verdad te voy a cortar Allan— Amy intentó extraer toda el agua que se hallaba en su ropa y cabello, pero era difícil de controlar de esa forma. No era diestra en controlar agua que se juntaba con barro o fibras. Debía conjurarla en ese instante o perdía sensibilidad sobre la misma.

—¿Obtuviste el título?

—Si…— Amy me mostró sus estadísticas — Ads dem.

Nombre: Amy Fenrir

Edad: 13

Profesión: mago

Asesino de serpientes (brinda al usuario +50 de resistencia)

Nivel: 15

Vida: 782

Fuerza: 29

Agilidad: 35

Inteligencia: 45

Resistencia: 57

Destreza: 44

Magia: 3

Habilidad: 1

Habilidades aprendidas

Atracción 2

Contrataque 1

Magia aprendida

Regeneración 3

Valor 1

Cura 3

Agua 4

Sanación 1

—¿Crees que esto sea ùtil?

—Creo que es una de las claves para bajar en el abyss. Supongo que hay otras cosas que te pueden dar títulos, pero no sé cuales, pasé un calabozo y no obtuve ninguno.

—Pero conseguiste un montón de magias.

—Era eso o morir allí abajo, además fue en un periodo de tiempo bastante extenso— me moví estirando los brazos, tenía más de una hora de haber luchado contra behir y obtenido el título para mi. Era el mismo que el de amy, aparentemente no se trataba de haber superado a behir solo por primera vez, solo bastaba con superarlo en solitario.

—Luchar solos contra los jefes del piso diez y veinte no da nada como esto.

—Supongo que se debe a la dificultad de behir— me encogí de hombros.

—La información que compraste del goblin entonces sirvió.

—Si. creo que de hecho quiero regresar, deseo preguntarle un par de cosas, estoy seguro de algo.

—¿De qué?

—No es un goblin normal. Le conocí en el abyss de la ciudad de Ibis hace varios meses. Me ayudó mucho pues tenía magia bastante potente con él. Verlo aquí no puede ser casualidad. Creo que él no es una criatura como tal, creo que es parte del abyss, como las hadas.

—¿Cómo Ardina? ¿En qué te basas? No creo que podamos llegar y decir, hola, venimos porque Allan cree que eres parte del abyss mismo.

—Pues primero es muy poco probable que estuviese aquí en esta parte del abyss casualmente, de igual forma en el piso veintiséis. Lo otro fue que en aquel entonces compré un mapa, que según él era bastante viejo, pero el mapa tenía datos muy interesantes, como las ubicaciones actuales de cada abyss, nuevos o viejos.

—¿Viaja mucho?

—O está en cada abyss al mismo tiempo— respondí. El súbdito goblin llegaba con una enorme gema morada, no esperaba nada mejor que aquello, estaba consciente que las gemas negras eran mucho más difíciles de encontrar y obtener.

—Quememos este cuerpo y subamos.

—Bien. Ads Ignición— Expresé para ver cómo los cuerpos se quemaban por completo. 

Comenzamos a ascender hasta el piso veintiséis para ver nuevamente al viejo goblin, aunque me lamentaba de no tener las gemas necesarias para las armas que este vendía. De alguna forma siempre hallaba algo que era de mi gusto y con mejores efectos o estadísticas que el anterior.

—Tengo hambre— Comentó Amy sacando del bolso una de las comidas envueltas en tela que guardamos previamente. No le veía lo negativo a comer mientras caminábamos por tanto saqué también mi parte. Afortunadamente la zona por la que nos movíamos estaba despejada casi en su totalidad, en primera instancia por Amy y mi persona, y en segunda por uno de mis súbditos encargado de despejar los pisos del veinticinco al veintinueve.

Nuestras mentes recordaban el camino recorrido, era fascinante nuestra capacidad para deambular por la oscuridad apenas con el fuego de una antorcha sostenida por el goblin frente a nosotros. No fue difícil llegar hasta el pórtico de la tienda entre la roca misma.

—Eso fue bastante rápido, esperaba verlos aquí para el día de mañana— El viejo fumaba hierbas en una pipa. Sonrió y apartó una roca para permitirnos la entrada— ¿Conseguiste el título muchacho?

—Yo, y mi compañera también.

—Su novia, soy su novia— Respondió Amy mirándome fijamente— Ese fue el acuerdo Allan. Tienes suerte, si fuese una chica la dueña de esta tienda, te…

—Tendría una daga de agua en el cuello en este momento— Era difícil, no me acostumbraba a pensar en Amy como mi pareja, para mi estaba Miry, quizás Mena después de ella. Aunque indudablemente tenía sentimientos y reacciones sexuales por ella. Solo era bastante pequeña para lo que yo estaba pensando— Mi novia— Especifiqué al vendedor.

—No es extraño que un aventurero tenga varias mujeres, la semilla fuerte debe esparcirse. ¿cómo puedo ayudarte ahora?

—Bueno, la verdad es que tengo una pregunta para ti…No, es más una certeza, y en base a eso me gustaría hacer un par de preguntas.

—Te escucho muchacho.

¿Cómo debía expresarme? si me equivocaba ¿le molestaría? en cambio, sí tenía razón ¿escaparía?

—Creemos que no eres un goblin normal, que formas partes del abyss, y que de hecho te encuentras en varios lugares al mismo tiempo— Soltó Amy como si nada.

—Bueno, si ya lo saben no vale la pena ocultarlo— El goblin giró su mano y una silla apareció en esta. Tomó asiento dando una gran bocanada de la pipa para luego exhalar un aro de humo enorme.

—¿Eso fue magia?— Preguntó Amy abriendo los ojos para mirarme.

—Es algo que ustedes no pueden hacer, mi habilidad innata. Puedo crear objetos, aunque mi verdadera labor es ayudar a aquellos que se encuentran dentro del abyss con estos.

—Tengo muchas preguntas— expresé.

—Y puedo responderlas, pero ya que sabes mi naturaleza, como comerciante debo pedir un pago a cambio por las respuestas que desees.

—¿Cuantas gemas?— Pedí al súbdito que me compartiera el saco con gemas que llevábamos para cambiarlas— ¿Responderás?

—Responderé por lo que puedas pagar y todo lo que yo sepa. Será una compra, probablemente de las mejores que puedas hacer en mi tienda. Hace mucho que nadie compra información conmigo. Pasemos adentro.

Se levantó de la silla, la cual desapareció y se movió por el sistema de cuevas muy bien iluminadas que era su hogar. Ya había estado en un sitio semejante, se hallaba iluminado por gemas incrustadas en lámparas en lo alto de la habitación. El lugar era templado, con una mesa al frente. Armas expuestas en las paredes y una exposición en el fondo con gemas y magias para elegir. Más allá había una puerta, donde antes presumía vivía el sujeto, ahora dudaba que se tratase para ese propósito.

—¡Allan, mira estos bastones!— Amy saltaba jalandome de la franela. Nunca antes había visto tal cantidad de bastones en el lugar del viejo goblin. Me pregunté si este se adaptaba a las necesidades y los usuarios que entraban en la tienda— ¿Puedes usar lectura en ellos? quiero saber qué magias tienen.

—No es necesario, revisa cada objeto, viene con un papel con todos sus detalles— Comentó el viejo goblin— Ahora tráiganme esas gemas aquí— Comentó ante la bolsa que llevaba nuestro goblin.

Tomé el bolso y solté las gemas sobre la mesa. La mayoría eran moradas, no había gastado tiempo en otras porque ocupaban espacio. A final de cuentas ya sabía que el viejo goblin no haría comercio por gemas de baja categoría, al menos no por lo que yo deseaba.

—¿Por qué comercias todo a cambio de gemas?— pregunté. El goblin vio una gema de tamaño mediano y la tomó. Respiró profundo, dio una bocanada a su pipa antes de hablar.

—El abyss funciona con energía, cada monstruo o aventurero que muere dentro se convierte en energía para el abyss, así nacen nuevas criaturas. es igual cuando usas una gema con cualquier magia. Toda magia que gastas en el abyss regresa al abyss, se dispersa y concentra nuevamente en forma de criaturas. Yo mantengo parte de ese balance, tomo gemas y dio energía al abyss.

—Eso quiere decir que trabajas con emerant— Repuse. El goblin me observó un par de segundos y luego miró a la mesa, buscó unas tres gemas y las retiró para sí.

—Puedes imaginar al abyss como una prisión, una la cual Numer y Yisha decidieron darle una doble función, la de entrenar aventureros de distintas razas. Yo solo ayudo en el proceso.

Me quedé pensativo posterior a eso. Deseaba obtener información sobre emerant y su papel en la guerra que se estaba librando, pero aquello indicaba que probablemente el viejo goblin no sabría la respuesta y yo perdería gemas de manera inútil.

—¿Cual es la finalidad del abyss?— Preguntó Amy. El viejo goblin me miró, luego observó las gemas y tomó varias de ellas.

—Muchas finalidades, las más obvia era poder apresara Emerant u otro dios en el fondo. Cuando los dioses se revelaron entre sí surgió la idea de apresara los rebeldes en el fondo del abyss, aunque solo Emerant terminó allí. Aunque ahora logró escapar, en un principio esta era la función principal del abyss. Numery Yisha decidieron que también podían crear un sistema para hacer que distintas razas adquirieran más poder. Luego otros dioses se aprovecharon de este sistema para reclutar sus propios generales que lucharían a su favor.

—Hemos visto a los generales.

—Y la guerra— comentó Amy sin apartar la vista de uno de los bastones.

—Entonces saben que la guerra está llegando a su fin. Ya hay un par de generales caídos, cuando un bando llegue a obtener más poder que otro habrá un cambio. En ese momento es muy probable que sea demasiado tarde, todos morirán, quizás el único lugar donde puedan mantenerse con vida es en el laberinto o junto al árbol de la vida— Comentó y tomó otras dos gemas de la mesa.

—Hay que bajar al abyss antes de que eso suceda ¿cuanto tiempo crees que tomará eso?

—Dos a cinco meses— Tomó cinco gemas— un poco más de tiempo si algo sucede en el camino ¿piensas convertirte en uno de los generales muchacho? Normalmente te diría que no tienes suficiente tiempo, pero veo que tienes un par de ases bajo la manga.

—No, no tengo muchas ganas de convertirme en la marioneta de uno de los dioses. Ya conocí de hecho a alguien que se cansó de eso.

—Supongo te refieres a Perom. Pero no te recomiendo seguir sus pasos. No es bueno vivir tanto tiempo solo con ansias de luchar, no es saludable para ningún espíritu.

—Imagino que no, no pienso seguir sus pasos, solo no me uniré a las batallas de los dioses.

—¿Qué piensas hacer muchacho?—Preguntó el viejo goblin, yo estuve a poco de abrir mi boca, cuando Amy se plantó frente a este extendiendo una mano. El goblin sonrió y sacó de la nada una gema morada entregandola en manos de la chica.

—En un principio pensaba que lo mejor era que el abyss no existiera. Ahora creo que el problema real son a los que ustedes llaman dioses, hay que destruirlos. Su guerra y afán de poder es lo que causa miles de muertos.

—Destruir a los dioses, interesante— Tomó dos gemas— Para eso deberás bajar por debajo del piso cien.

—¿Hay más pisos por debajo del cien?

Observó las gemas, ya solo quedaban unas diez, de las cuales tomó tres— Hay un límite humano, en el piso cien se encuentra Emerant, podrías pensar que es el jefe de ese piso. Por debajo de eso, un misterio que ni yo puedo saber, eso sí muchacho, después de este punto perderás sentido de la humanidad y lo que puedas ver allí probablemente no será lógico ahora. Pasarás al umbral de lo trascendental, cuando sea ese momento comprenderás a lo que me refiero.

—Espero un momento, si tú estás en todos los abyss al mismo tiempo, eso significa que puedes saber quién está bajando en cada uno de ellos— Amy me miró— Necesitamos encontrar a Mena y Miry, las conoces, bajamos en una ocasión buscando a Allan cuando este se encontraba en uno de los calabozos.

—Podría, pero tendrá un costo. Podría ser una gema negra por cada una, quizás hasta una blanca, todo dependerá de la situación.

Aquella era la mejor noticia que pude haber escuchado, agradecí al intelecto de Amy. A mi no se me había ocurrido ese método para hallar nuestro grupo. Sin embargo supondría hallar gemas de alto valor, y a no ser que descendieramos aún más en el abyss a gran velocidad— ¿Dónde están los calabozos más cercanos? ¿Tienes algún mapa?

—¿Puedes comerciar comida? ¿chocolate por ejemplo?— Preguntó Amy.

—Puedo comerciar comida en cualquiera de mis puntos, supuse que era algo bastante obvio, siempre tengo mesas para invitados, cerveza y para fumar… Comida no es ningún problema, básicamente la que deseen comer en el momento. Pero como siempre todo tiene su precio— Sonrió el viejo— También se podría dar asistencia médica si ese fuese el caso, aunque dudo que ustedes lo necesiten. Por otra parte no tengo mapas del abyss, sería muy injusto brindar mapas hechos por mi, sin embargo, antes solía comerciar vendiendo mapas que hacían otros aventureros, era uno de los métodos con los que estos ganaban dinero y gemas. En este momento no tengo lo que solicitas, pero te puedo decir que hay pocos calabozos cerca y están muy profundos. Tu mejor opción es ir un poco más al norte, meterte en el área del laberinto. Allí el abyss es mucho más siniestro y peligroso, mucho más fuerte que en cualquier otro lugar, quizás solo lo superaría el primer abyss, la fosa. Pero encontrarás tantos calabozos que probablemente termines muertos— Tomó el resto de las gemas y sonrió— ¿Alguna otra pregunta?

—¿Cual bastón me recomendarías para mi?— Preguntó Amy.

—Una venta, no necesito cobrar por esto. Yo te recomendaría bastones con altas magias como conjurar,lluvia de fuego, aura divina, témpano, tormenta o muerte. Te daría mayor versatilidad en el uso de magias, pero cada una de estas armaste costarán unas diez gemas negras o hasta veinte, quizás una o dos blancas.

—¿Qué es lo más caro que tienes para mi?

—¿Un bastón? Hay bastones que no incluyen magias, sino que están diseñados para subir tu habilidad general con cualquier magia en uno o tres niveles. Eso sería extremadamente costoso. 

—Definitivamente voy a querer uno de esos— Sentenció Amy mirándome. ¿Acaso ella entendía lo que significaba unas diez gemas negras o una blanca? Siquiera yo compraba algo tan costoso como eso. Aunque quizás ella tenía razón, si íbamos a descender en el abyss y meternos en el laberinto, tener las mejores armas era algo en lo cual debíamos invertir. Salí de la cueva despidiendome del viejo goblin preguntándome cuantas casas podría comprar con el arma que Amy deseaba. No, quizás cuantos pueblos sería lo más adecuado de pensar…

—¿Cómo te llamas?— Preguntó Amy al viejo.

—Te podría decir cualquier nombre niña, algunos me han llamado buglar en un pasado, sin embargo soy solo un goblin mercader, nada más. 

Nos marchamos en silencio, con mucha información, pero con nuestra bolsa vacía por completo. Conjuré la magia portal y ascendí en cinco diferentes saltos junto a Amy y el goblin súbdito que llevaba algo de material. Recolectamos otras dos bolsas de materiales en el veinte y en el nueve y llegamos a la puerta del abyss. Dispuestos a vender todo aquel material y conseguir un lugar para dormir previo al gran descenso.

—¿Alguna vez ese goblin te dijo su nombre o edad?— Preguntó Amy.

—Quizás me dijo alguna vez su nombre, o cualquier nombre, pero lo olvidé. Supongo no presté mucha atención a esa parte.

El continente demoníaco usaba distintas monedas dependiendo de la ocasión, los drines eran lo màs comùn en ese lugar, y la moneda la cual mejor conocìa pues era muy semejante a las monedas usadas en Arglory y Minfister. Sin embargo en el gremio del lugar decidieron pagarnos en Tin, una moneda cuyo valor se medía en el peso de la misma. El tin mas bajo se acumulaba diez veces y creaba un tin secundario, este mismo diez veces màs y creaba un tin tercero, y asì sucesivamente. Cada Tin tenìa marcado el número de su peso al frente, a pesar de que el material era casi el mismo, un metal duro barato.

Fue necesario realizar un segundo cambio a drines, así pasamos de cuarenta tin terceros a un drin de oro y sesenta de plata. Era muchisimo para los apenas tres dìas que estuvimos en el abyss. La gran cantidad de suministros fue nuestra mayor ventaja, el gremio de los Athelos, a pesar de ser bastante reacios a los humanos, no pudo hacer la vista gorda ante tal cantidad de materiales, en especial pieles y huesos.

Di la orden a mi goblin súbdito de buscar un lugar para que el durmiese, comida y de regresar a la entrada del abyss a horas del mediodía siguiente.

La ciudad era bulliciosa, con gran cantidad de pequeños comerciantes que se apostaban a las afueras de las casas con tendidos de lona que cubrían calles enteras. Sin embargo la mayoría no ofrecían sus productos a nosotros. Eso lo hacían los comerciantes más veteranos que solían tener comunicación también en el puerto de la ciudad. Fue de boca de uno de estos que nos enteramos la causa del poco ánimo hacía los humanos. Hacía menos de cinco años que tuvieron una lucha con Minfister, misma en la cual los humanos invadieron la ciudad en una noche matando a todos los hombres y violando a las mujeres y niños.

Caminamos hasta encontrar una posada cálida dispuesta a recibirnos como huéspedes. El costo era de cuatro drines de plata la noche por cada uno, una cifra bastante costosa, lo regular era algo menos de un drin de plata por tres noches. Sin embargo, ni Amy ni yo nos llegamos a quejar.

Una ducha caliente eran otros cuatro drines, y dos drines de plata cena y desayuno, que era lo que necesitábamos. Además pagué diez drines más por comida guardada en pequeños recipientes de madera para llevar el día siguiente.

La posada se llamaba “el atelier” un lugar apartado con un par de huéspedes que vivían del comercio de especias.Además de los comerciantes, el lugar era atendido poruna pareja bastante mayor y dos jóvenes. Con solo siete habitaciones era un lugar pequeño pero acogedor. Nuestra habitación era pequeña, con una cama de paja y algodón. Me gustaba era la enorme ventana que permitía el aire y la luz entrasen a la habitación. Amy y yo dejamos nuestras cosas, nos duchamos cada uno y luego nos movimos a comer cuando el sol se ocultó.

Los comerciantes parecían conocerse bastante bien, bromeaban y charlaban entre ellos en la mesa principal del lugar. Era un ambiente en el cual no éramos bienvenidos, o al menos donde no encajaríamos. Incluso la música que tarareaban era extraña para mis oídos, era algo silbado con tonalidades alegres, muy distinto a la música que algunas veces se podía escuchar en la taberna de Vert, la cual iba al compás de tambores y aplausos.

Por esa razón buscamos asientos algo alejados del resto, cercanos a una esquina bajo las lámparas de aceite y detrás de una columna, donde unicamente éramos vistos por los dueños de la posada, quienes limpiaban un par de vasos y servían algo de licor para los presentes.

—¿Crees que la historia sobre la pelea con los humanos fuese cierta?— Preguntó Amy.

—Si, no veo razón para mentirnos.

Amy se encogió de hombros ante mis palabras mientras esperábamos por la comida— Es como decir que los humanos luchan con los goblins solo porque son criaturas del abyss y estas han matado a sus familiares. Hay odio natural con lo que es distinto.

—Si, quizás tienes razón en eso.

—Siempre tengo razón, solo que tu no lo sabes todavía.

—Claro, como en tu idea de gastar todo lo que tenemos a cambio del bastón para subir tus habilidades.

—Una muy buena decisión, como dije, solo que tu no lo sabes todavía.

—Ni con todo el dinero que tenemos, la ropa y lo que matemos en tres días más logramos comprar ese bastón, no conoces a ese goblin.

Amy resopló ante mi respuesta y acercó su silla a la mía— Cambiando de tema. Hoy deberíamos de hacer el ritual.

—Sí— Pensé y luego asentí con la cabeza, para ello deberíamos salir de la posada y movernos hasta algún lugar en las afueras donde hacer una hoguera suficientemente grande. Pero la idea era muy buena, de ese modo podríamos subir aún más nuestras estadísticas previo a re- entrar al abyss.

—Pensé que dirías algo más que solo si.

—¿Algo cómo qué?— Pregunté.

—Mi aroma quizás, pedí algo de jabón con olor y aceite para poder disfrutarlo esta noche— Pasó su mano por la mesa y la posó en mi pierna, entonces comprendí que ambos pensamos en un tipo de ritual distinto. No me molestaba en lo absoluto haberme confundido. Amy era hermosa, delicada y delgada, pero bella sin ninguna duda. Muchas veces me veía cautivado por las pequeñas curvas de su cuerpo en desarrollo, en especial por su cintura, sus senos que cabían en mis manos y el trasero redondo que ostentaba. No era grande, sencillamente era perfecto en su silueta.

Los colores subieron a mi rostro y tragué saliva imaginando lo que me esperaba para después. El roce de los dedos de Amy creaba una seria reacción entre mis piernas, y ella lo sabía pues sonreía con malicia.

—Su comida…— Se trataba de una de las jóvenes hijas de los dueños de la posada, una chica de cabello negro, senos enormes, cuernos negros y anchos que bajaban por su cabeza en una curva, algo de panza y rostro risueño. Nos observó tan roja como yo— Su comida, y la, la comida de la señorita— La vista de la chica se clavó en el contacto de mi entrepierna y la mano de amy que comenzaba a juguetear por encima de mi pantalón. Que a decir verdad temía se pudiera romper en cualquier instante debido a lo raído y a mi prominente erección.

La chica se retiró tapándose el rostro y con caminar apresurado— ¡Amy!

—¿Qué? A ella le gustó lo que vió, no me parecería raro que luego visite nuestra habitación.

—Sabes que Mena nos matará si hacemos algo con alguien más. ¿Lo recuerdas?

Amy retiró su mano y comenzó a comer sin contestarme, era obvio que si lo recordaba, y yo también. Demasiada fortuna tenía en esta vida para poder estar con aquellas cuatro mujeres encantadoras. Probablemente gasté toda la suerte de mi existencia en ese logro, un logro del que me hallaba orgulloso y no deseaba cambiar ni poner en peligro.

A pesar de mis palabras y pensamientos, posteriora haber comido y disfrutado de algo de vino, no pude oponerme al masaje que Amy comenzó a hacer en mi miembro. Primero de forma muy discreta por encima de mi pantalón, luego de forma más descarada, sacando mi virilidad al exterior para masajear y rozar mi glande con sus dedos.

La joven hija de los posaderos se mantuvo desde la barra, pero con la vista fija en el juego de la mano de Amy con mi miembro. Se hallaba en uno de los pocos lugares desde donde podíamos ser vistos, lo cual me pareció positivo. Debo admitir que el hecho de tener audiencia lo hizo todo más picante y divertido.

No esperaba que, al momento en que los otros huéspedes se levantaron de su mesa y dirigieron a sus habitaciones, Amy diera rienda suelta a sus planes y lujuria y hundió su rostro en mi. Primero saltando hasta mi boca para besarme de forma apasionada, luego dirigiendo sus labios hasta mi falo, el cual no solo besó, sino que comenzó a devorar con lascividad.

Las luces se fueron apagando en aquel comedor y nos entregamos al momento. Amy subió sobre mis piernas y sentí todo su interior temblar mientras mi falo le penetraba una y otra vez. Fue una grata y seductora sorpresa saber que la joven se quedó detrás de la barra temblando con sus ojos fijos en nosotros.

Lo disfruté al máximo. Usé revitalia dos veces para poder saciar la lujuria que ambos rebozamos. Terminamos en la cama con espasmos y un sueño profundo.

—Pensé invitarías a la chica— Comentó Amy mientras nos movíamos por la ciudad la mañana siguiente. Era tarde, en horas cercanas al mediodía, recogimos nuestra comida almacenada por los posaderos y salimos del lugar.

—Te dije, no hay necesidad, y Mena nos habría matado.

—Siemprepenséque serías capaz de estar con otras chicas cuando estabas lejos de nosotras.

—No sé qué imagen tienes de mi.

—Ahora una un poco mejor que antes. ¿hasta que piso llegaremos hoy?

—Iremos descendiendo directamente hasta los jefes de piso, al piso diez,veinte y treinta, luego cazaremos normal hasta llegar al piso cuarenta, debemos encontrar un par de bestias potentes para que yo las entrene y que estas limpien los pisos mientras nosotros no estemos.

—Pero debemos avanzar rumbo al norte ¿no?

—Tanto como podamos, aunque, preferiría moverme al norte por debajo el piso treinta o cuarenta. Siempre podemos encontrarnos con la costa y zonas totalmente inundadas y ya tuve malas experiencias con los monstruos marinos.

—¿Son de verdad más fuertes?

—Por mucho. Peleamos contra cosas que estoy seguro no sobrepasaban el piso diez del abyss, y aún así apenas podíamos contra ellas.  

Miry observó a Behir luego de quemar hasta dejar solo cenizas a los monstruos ayudantes. Podía quemar a la serpiente enorme, pero no tenía deseos de aquello, en cambio deseaba sangre. Quería verle sufrir y agonizar antes de que muriese. Tal sed quedó permanente en ella los últimos días. Razón por la cual dejaba que Ciel cuidase cada vez más tiempo de Millen, no estaba dispuesta a herirle por su sed de sangre.

Arrojó una de sus dagas al Behir frente a ella, este esquivó moviéndose en la dirección contraria, y Miry aprovechó para moverse a toda velocidad. Se posicionó a su espalda y cortó limpiamente en una región cercana a su cuello.

¿Cómo antes Behir parecía tan dificil de cruzar? Ahora parecía una serpiente con la cual ella podría incluso divertirse y jugar un rato antes de seguir avanzando. Sencilla e incluso lenta en sus ataques con la cola. Se supone que aquella bestia serviría como entrenamiento, pero no funcionaba siquiera como calentamiento ¿debía quemarla de una vez?

Behir se arrastró girando todo su cuerpo para golpear varias veces con la cola. Miry esperó los golpes, comenzó bloqueandolos directamente con el pequeño escudo de metal que robó de un esqueleto campeón, sin embargo luego de eso se cansó de tanto juego y aprovechando la velocidad misma de Behir cortó la cola por completo.

El jefe de piso bramó colérico cambiando de color y subdividiendose como preveía que sucedería. Aunque Miry no imaginó que la división sucediera tan rápido.

Uno de los Behir era de un color verde mientras que el otro continuaba siendo de un color azulado como siempre.El segundo de pronto saltó al techo y un centenar de rocas enormes comenzaron a caer a la cámara. Miry se alejó en carrera, no poseía consigo armadura que valiese la pena. Si tomaba alguno de los impactos de aquellas rocas darían directamente contra su cuerpo. En ese momento el Behir verde abrió la boca y un humo verde se extendió por la cámara con gran velocidad. El humo tocó una de las manos de Miry y esta se llenó de ampollas al instante. La tumb retrocedió al instante.

El veneno bloqueó la mayoría de la sala y reducía de forma muy eficiente su capacidad de pelea cuerpo a cuerpo. Podía quizas correr rapidamente y subir por una ladera que se hallaba a un costado de la cámara, ascender y eliminar al Behir que se hallaba en el techo, pero la verdad es que se estaba cansando. Si Behir podía usar magia, significaba que ella también, ya tendría oportunidad de entrenar lo que deseaba.

—Ads ignición— La tierra a sus pies se resquebrajó. La tumb se concentró en guiar cada una de las ranuras y en que estas fuesen lo suficientemente delgadas como deseaba. tardó un par de segundos, pero columnas de fuego ascendieron, algunas tan delgadas como ella deseaba, cortando a los behir en distintas secciones, mientras que en otros tramos solo quemó los cuerpos.

De la nada otros cinco behir surgieron en carrera desde la siguiente cámara del jefe.

—Ads ignición— Concentró la magia en la cámara, tan condensada que el aire se hizo denso. Las grietas se re- abrieron en el suelo y las llamas brotaron desde todas las direcciones. El calor brotó levantando enormes cantidades de aire, mientras que los behir chillaban y se revolcaban debido al impacto de calor que de pronto consumía sus cuerpos.

Fue insatisfactorio. Miry se movió por el lugar donde las cenizas ascendían y dirigió con calma a la puerta al fondo del pasillo. Tomó en sus manos un cuatro gemas que cayeron y movió sin buscar ningún subproducto. No le interesaba nada material dentro del abyss, pero si imbuia fuego en aquellas gemas Ciel podría venderlas y con eso los niños comer un buen tiempo. Podía tener sed de sangre, pero desaprovechar algo como eso era una tontería.

El piso treinta y uno le dio la bienvenida luego de descender varios metros por escaleras en espiral. Dio gracias por tener tanta luz y una planicie donde poder extender su cacería. Los campos se hallaban calmo, o al menos hasta su llegada, donde un grupo de pequeños demonios rojos cabalgando bulettes se lanzaron a su encuentro.

—Si… vengan— Tomó las dagas de su cintura y preparó para luchar, sintió la adrenalina fluyendo por su torrente y saltó llena de alegría a la batalla. Los degollaría a todos.

Nombre: Mirynfehtber Fenrir

Edad: 25

Profesión: asesina

Títulos:

Asesino de sangre fría (daño de desangramiento +50 por segundo, duración cinco segundos) (sed de sangre)

Asesino de serpientes (brinda al usuario +50 de resistencia)

Nivel: 19

Vida: 957

Fuerza: 51

Agilidad: 79

Inteligencia: 27

Resistencia: 69

Destreza: 53

Magia: 2

Habilidades aprendidas

Sigilo 4

Salto 3

Magia aprendida

Prisa 5

Fuego 5

Ardor 2

Ignición 4

Bendición 1

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—¿Estás segura de querer hacer esto sola?— Karim se encontraba en zozobra a la entrada de la cámara del jefe del piso treinta. Nunca había llegado tan profundo en su vida dentro del abyss, menos luego de que las criaturas mutaron. Por tanto se encontraba no sólo asustada, sino también preocupada en extremo. Su compañera en ese momento, Mena, se hallaba luchando completamente sola contra Behir. Esto luego de mencionarle que ese jefe de piso entregaba un título a aquellos que lo enfrentaban solo. Algo que ya había logrado un par de orcos previamente.

—Descuida, esto no es nada. No me puedo detener solo por algo como esto— Mena retrocedía por precaución ante el humo verde que llenaba la cámara del jefe de piso. Aquello dificultó mucho la situación. No podía acercarse a luchar cuerpo a cuerpo debido al veneno corrosivo presente en el aire. sus flechas no lograban penetrar tan profundo en la carne, y el daño no era tan significativo, sin contar que resultaba muy difícil dispararlas mientras los otros dos behir se movían por el lugar atacando aleatoriamente.

—Creo que lo del veneno es demasiado, podemos esperar y aplicar otra estrategia luego.

Mena no deseaba darse por vencida. sus amigos habrían superado aquel obstáculo de alguna forma. Sin embargo ella no era una gran maga como amy, o una máquina de matar como Miry. Tampoco tenía un paquete enorme de magias y habilidades de donde elegir como Allan. Sin embargo tenía una idea, algo que Helim le enseñó tiempo atrás y la clave en su profesión.

—¿Sabes cual es el papel principal de una hechicera?— Sonrió ante la cara contrariada de Karim, quien mantenía a los esclavos en la parte posterior a la espera de poder tomar los recursos necesarios— Ads valor, ads cura, ads prisa, ads prisa— esquivó un grupo de rocas lanzadas en su contra y preparó para el ataque— Es tener que castear magias de apoyo para que el grupo pueda pelear de forma adecuada. Pero esto también se puede aplicar a uno mismo.

No tenía nada para defenderse del veneno, salvo castear magia cura de forma constante para tratar las heridas que estas causaran. Por tanto, si iba a hacerlo de esa forma, debía ser rápida, mucho más rápida que antes— Ads prisa— Sintió la tensión muscular, pero debía estar segura— ads prisa— Dolía, cada fibra del cuerpo dolía. ¿cómo Allan soportaba algo como esto? era una locura. Su cuerpo le pedía a gritos que se detuviera, pero no hizo caso y movió hacia adelante.

Un behir lanzó un coletazo justo en su camino, pero era muy lento para la velocidad a la cual la chica se movía en ese instante. la cola chocó contra la tierra rompiendo el suelo. Una segunda cola se movió de forma horizontal, pero Mena ahora se hallaba saltando sobre las rocas que ascendían debido al primer impacto. El corrosivo quemaba su piel— ads cura— las ampollas se formaban y reventaban en sus brazos, piernas y rostro. El dolor le mantenía consciente y al borde del desmayo. Saltó nuevamente y se halló a sí misma tan cerca del techo de la recámara que solo debió girar su cuerpo para apoyar las piernas sobre la superficie superior para impulsarse adelante. Desde allí puedo ver el mundo moverse lento. Habría estado más asombrada si no fuese por la explosión de dolor que recorría su cuerpo.

Un behir saltaba para alcanzarle, otro corrìa por una de las paredes ocultándose en un agujero para salir en otro hoyo más cercano a ella, y el tercero se hallaba justo debajo soltando enormes cantidades de gas.

Puso toda su energía en las piernas y movió tan rápido como podía. Golpeó directamente con el puño la cabeza del behir que saltaba en su dirección. se sorprendió a sí misma cuando no pudo frenar su propio impulso y por inercia clavó la espada corta que llevaba en la otra mano. El enorme cuerpo fue impulsado contra el suelo, el cual estalló en pedazos bajo la presión.

Mena no podìa ver por uno de sus ojos, si iba a terminar con aquello debìa de ser en ese instante. se impulsò en un salto contra el behir que soltaba veneno y realizò un corte profundo en el cuello mientras ambos caìan hacia atrás. la bestia chilló expulsando sangre caliente por los aires. El tercer behir salió desde una abertura en el techo y se impulsó en su dirección. Agradeció que la tonta bestia hiciera esto para no tener que buscarla— ads cura— pronunció mientras flexionó las piernas para esperar el impacto. su rodilla crujió y un músculo de la pierna derecha se desgarró.

El tercer behir cayó sobre el segundo siendo cortado desde el cráneo hasta la mitad de la espalda en un salto de Mena.

El veneno se disipaba mientras Mena se hallaba tendida en el suelo de la cueva esperando que la magia cura mitigara los diversos daños en su cuerpo. El dolor insoportable se disipaba muy lento y su cuerpo se hallaba en shock con espasmos.

Nombre: Mena Fenrir

Edad: 18

Profesión: Hechicera

Títulos:

Asesino de serpientes (brinda al usuario +50 de resistencia)

Nivel: 19

Vida: 998

Fuerza: 48

Agilidad: 85

Inteligencia: 50

Resistencia: 39

Destreza: 57

Magia: 1

Habilidades aprendidas

Anulación 1

Magia aprendida

Valor 3

Sincronía 4

Cura 3

Fuego 1

Prisa 1

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