55. EL NACIMIENTO DE UN VILLANO

Miry despertó ante los gritos, el dolor en su cuerpo le alertó y colocó sus músculos en tensión, más no pudo moverse, se hallaba apresada de piernas y brazos.

—¡Mamá! ¡Nooooo!

El grito de Fera le hizo alzar la vista, el lugar se hallaba apenas iluminado. Lo que vio provocó un grito lleno de ira— ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! — Abrió los ojos y grito nuevamente con todas sus fuerzas. Aquello era desgarrador y todo su cuerpo se estremeció al instante.

Ciel se hallaba tendida sobre un respaldo triangular. Amarrada y con el rostro sangrante, morado y abultado en diferentes regiones. Su cuerpo se hallaba desnudo igualmente maltratado en distintos puntos, mientras un sujeto con rostro como el de un león la violaba con fuerza descontrolada. La mujer lloraba y gritaba, más no por su propia seguridad, sino por las niñas que se hallaban en la misma situación frente a ella.

Fera soportaba como introducían varios dedos por su zona genital con lágrimas enormes en sus ojos, Siren sufría el mismo trato de parte de un sujeto con rostro de cerdo. Tanía se hallaba en el suelo llorando, encadenada al piso. Jao se encontraba fuertemente golpeado inconsciente en una esquina y Millen, Millen no se encontraba por todos el lugar. No importaba donde Miry buscase con la mirada, Millen no se hallaba en toda la habitación y la sangre en el suelo era tanta que incluso se veía peligrosa y resbaladiza.

—¡Mamá, sálvame, por favor! — Fera gritaba. Se hallaba justo frente a ella, a menos de dos metros de distancia.

—Tranquila Fera, todo estará bien, ¡Miry te salvará! — Respondió a pesar de dudarlo y sentirse presa del pánico. Miry intentó activar magia fuego pero no pudo, algo impedía que la magia saliera de cualquier modo. Lo intentó con todas sus fuerzas, pero nada salió. Luego procedió a aplicar toda su fuerza para desatarse de las manos y piernas. Pero las muñecas sangraron y la piel comenzó a desprenderse, aun así no podía zafarse— ¡Suéltalas! — Pero aquel ser, con cabeza semejante a la de un cerdo, pero más gordo que el que abusaba de Siren, no se detuvo ante sus palabras. En cambio se levantó de donde se hallaba arrodillado y sacó los dedos de la intimidad de la niña para mostrar su miembro y comenzar a rozar la entrepierna de la pequeña.

—¡NOOOOO! — Se escuchaba el grito ahogado de Ciel.

—Oye tú, cerdo— Miry lo observó directamente— Yo soy una Tumb, soy rara, tengo más senos, y más trasero, ven, puedes hacerme lo que quieras, pero no la tomes, Miry te hará sentir bien— Ella misma no podía notarlo, pero sonaba entrecortada y llena de desesperación.

—Calma perra, esta maldita tumb cree que no habrá lugar para ella— Se mofó junto a un compañero.

—Ya tendremos para ti querida, te daremos todo lo que mereces, pero por ahora, tendrás que esperar tu turno.

Miry se mordió los labios desesperada— Oye, tu. Mírame, mírame a mí. Tengo dinero, cuánto dinero quieras, más de quinientas monedas de oro— El sujeto alzó la vista— Te daré todo el dinero, todo lo que quieras, el dinero y a mí, seré tu esclava sexual cuanto tiempo quieras. Solo tienes que soltarla.

Sin embargo el hombre agarró el trasero de Fera y penetró con crueldad su zona íntima. El grito de la pequeña, Ciel y Miry llenó la estancia al unísono. Fue en ese instante que Miry sintió algo romperse dentro de ella.

Fera se desmayó luego de unas seis embestidas violentas. Mientras que la tumb mayor se retorcía contra la pared y las cadenas en sus muñecas. Sentía que el mundo entero se derrumbaba, prefería la sensación a estar muerta, que la hubieran acuchillado mil veces. En cambio sentía cada embestida de aquellos sujetos como si fuese en carne propia. El movimiento de Fera, Siren y Ciel se grababa en su mente. Deseaba gritar, llorar, soltarse y matarlos a todos.

Si. Matarlos a todos. No iba a dejar ninguna parte de su ser. Se iba a soltar a como diese lugar. Se zafaría de aquellas argollas de metal incrustadas en la pared torcería sus cuellos. O No, mejor era picarles por partes.

Para cuando fue su turno, se hallaba asqueada y cansada. Por primera vez no disfrutó tal acto. De hecho, tampoco fue doloroso, Miry se bloqueó al instante y solo esperó a que aquel acto tan asqueroso terminara.

Estaba preocupada por Ciel y Fera. Aunque Tania y Siren fueron abusadas, las primeras tenían golpes por el cuerpo y se hallaban en peor estado. Sin embargo por sobre todo no podía dejar de pensar en Millen, a quien no veía ni escuchaba por ningún lugar. Grito e intentó preguntar por el bebé, pero nadie le daba respuestas, y ni las niñas ni Ciel sabían de su paradero. Aparentemente fueron emboscados y dormidos al llegar a la casa donde se encontraban. Ninguno sabía de Millen.

Posterior a la captura Ciel intentó luchar, sin embargo fue brutalmente golpeada hasta la inconsciencia por parte de un ser con cabeza de león.

Si algo le sucedía a Millen. Miry se estremecía y las lágrimas brotaban de solo pensarlo. Quizás era un poco egoísta, pero no podía evitarlo. En medio de tal situación, su mayor pensamiento era su hijo de sangre. Le daba pena con las niñas, y nunca llegaría a decirles que no dejaba de pensar en su hijo aun viéndoles sufrir de tal modo.

Aquella noche fueron alimentadas apenas con gachas frías. Su cuerpo se hallaba adolorido, pero ninguno de los presentes fue desatado. Debían permanecer con frío en aquellas posturas incómodas mientras sus cuerpos se entumecían y las cadenas de hierro torturaban muñecas y rodillas.

—¿Saldremos de aquí mamá? — Preguntó Tania mientras trataba de cambiar su posición para descansar la curvatura dela espalda.

—Saldremos, Miry lo sabe.­­­­­

—Todavía me duele— Se quejó Siren.

—Solo avisa si tu temperatura sube hija, el dolor pasará después de un rato— Respondió Ciel con lágrimas. Llevaba rato llorando en silencio. Miry no se atrevía a decirle nada, su rostro estaba lleno de frustración, la misma sensación que recorría las venas de la mayor de las tumbs.­

—Me gustaría saber por qué no puedo usar magia aquí adentro— Gruñó Miry.

—Quizás se trate de una habilidad como la que tiene Mena— Respondió Ciel.

—Podría ser— Miry pensó que de ser así, la primera persona a quien debía eliminar era el usuario de tal habilidad.

—¿Cómo estás Jao? — Preguntó Ciel, qué desde su posición le era imposible ver al chico.

El aludido no deseaba hablar, se hallaba encadenado al suelo con moretones— Estoy bien— Respondió mientras se hallaba con la pegada al suelo.

—Solo quiero matar a ese cerdo, mataré a ese cerdo, mataré a todos los cerdos— Fera recitaba desde su lugar.

—Mañana quiero que no se resistan— Expresó Miry.

—¿Qué?

—¡Mamá pero…!

—Si se resisten dolerá aún más, y pueden herirlas de diferentes formas. Les aseguro, esto no es lo peor que nos puede pasar, Miry lo sabe— Era terrible tener que admitirlo, Miry sentía un grado de impotencia que nunca había experimentado. Al punto de incluso dejar de importarle sentirse asqueada consigo misma— No quiero que lastimen a ninguna.

—¿Más? ¿Nos podrían lastimar más? — Preguntó Tania con amargura.

—Pueden torturarlas, cortarlas hasta matarles. Miren a Miry— Habló la tumb sobre sí misma— No pueden darles el gusto, no pueden dejarse morir. Esto no es nada.

—¡Nos violaron, metieron sus cosas en nuestra…!

—Eso no importa hija, Miry lo sabe, siempre habrá alguien a quien eso no le importe. Llegará algún momento de sus vidas donde quieran a alguien, y esa persona a ustedes. No importará que raza sea, las querrá por ser ustedes mismas. A esa persona no le importará lo sucedido aquí, y hará que olviden este momento de sus vidas. Solo deben ser fuertes y resistir. ¿Verdad Ciel?

—Es cierto. La vida es lo más importante aquí. Mantenernos vivos todos y salir de aquí, si logramos…

Aquel lugar donde se hallaban era oscuro y pequeño. Apenas un par de cristales guindados en el techo brindaban algo de luz. Miry no tenía idea de qué hora del día se trataba a excepción por la rutina que se hacía cíclica. Aquel ciclo era un día sin duda alguna. El suelo mohoso y húmedo le daba la idea de que aquel lugar se trataba de un sótano. También por el hecho de no haber ninguna ventana.

No tenía esperanzas. Nadie excepto su grupo sabía que se hallaban en tal lugar. Ni Allan ni alguna de las chicas se hallaba cerca. ¿Quién les salvaría? Lo más probable es que nadie. Era casi imposible que los gritos no llegasen al exterior, en cuyo caso, quizás había personas que sabían de aquel lugar o se hallaban de acuerdo.

Tres días pasaron desde aquel momento. Cada día igual al anterior, alguien llegaba en la mañana y limpiaba el piso de desechos con agua y jabón. Nadie hablaba sin importar cuantas veces gritases o intentases dirigirte a ellos. Miry pudo ver el miedo en sus miradas bajas. Aquellos individuos tenían tanto o más miedo que ellas. Quienes fueran aquellos cerdos y leones eran alguien peligroso que usaba vidas como sus juguetes.

Las niñas desesperaban, mientras que Jao no alzaba la cabeza en ningún momento, sin importar cuanto gritasen o ante las súplicas de su hermana. CIel intentaba llenarles de ánimos y Tania lloraba desconsoladamente por horas enteras y en silencio.

Algo dentro de Miry estaba cambiado y podía percibirlo desde el primer día. No solo era las ganas de matar a aquellos que perpetraron tales actos, sino ganas de destruir sus vidas enteras de formas inimaginables. Su mente comenzaba a trabajar de una forma mucho más tenebrosa y aquello le provocaba escalofríos.

La segunda noche logró escuchar una conversación por la rendija de la puerta apenas entreabierta. El nombre del cerdo gordo de voz pastosa era Flamio, el león más corpulento Jerome de la familia escolta del primero, su sobrino Gunter era el otro león que se hallaba en la sala el primer día. Flamio tenía dos hermanos menores a él, Herin y Tich. Tich se hallaba de viajes y llegaría el día siguiente con las mercancías, Herin y un tal Timbor debían esperarle en horas de la tarde.

Miry sonrió para sus adentros mientras su cabeza se hallaba baja y escondida entre su propia cabellera. Se hallaba impactada de lo que pasaba por su mente. Quizás aquello no estaba mal del todo. ¿Importaba acaso? Ya había matado antes ¿por qué sentía que su mente se dividía en ese momento?

Sonrió tranquilamente esa noche sin poder dormir y esperó en total calma a su oportunidad. 

La mañana del cuarto día llegó con la limpieza y movilización de Ciel y los niños. Ciel gritaba y buscaba de zafarse de las garras de un par de leones que apretaban sus brazos ensangrentados. Las niñas no lucharon, se notaban cansadas en exceso, agotadas tanto física como mentalmente.

—¿Adónde nos llevan?— Preguntaba Ciel mientras que Miry solo se hallaba con la cabeza gacha.

—Mamá… — Fue la voz de Tania mientras era llevada a rastras por la habitación rumbo a lo desconocido.

Pasó un rato Miry en la habitación completamente a oscuras y silencio. A la habitación entró un ser con cabeza de león. Se trataba de Gunter, sóbrino de Jerome, y parte de la familia que funcionaba como escolta de Flamio. Miry comprendía la relación de cada uno de estos personajes, les repasó mentalmente hasta que aquello quedó marcado en su mente de forma profunda.

—¿Sabes por qué sigues aquí?— Preguntó Gunter, más no obtuvo respuesta de parte de Miry. La tumb se hallaba boca abajo, con el cabello sobre su rostro y las orejas a los lados. El león la observó y sonrió— Una tumb de tu edad no es muy raro aquí y nadie quiso comprarte como esclava sexual. En cambio a las niñas y la mujer humana, bueno, fue bastante distinto.

De nuevo no hubo movimiento por parte de Miry, se hallaba colgada de manos y piernas. Las prensas de metal se hallaban en sus muñecas, antebrazos, rodillas y tobillos.

—No pudimos venderte, por lo cual acabo de recibir permiso para jugar un rato contigo— Gunter se hallaba de espaldas en una mesa, sacó un paquete de cuero de su ropa y la colocó sobre la mesa extendiendole. El paquete tenía una serie de cuchillos de diversos tamaños— Nunca he sabido por qué soy aficionado a estas cosas, siempre puedo usar mis garras si quiero. Pero el metal corta diferente a las garras.

Miry seguía sin responder, lo cual comenzaba a exasperar un poco a Gunter, quien esperaba ver el miedo en el rostro de su víctima. Pero tampoco era extraño, quizás se hallaba extenuada y sin poder dormir, eran muchas las víctimas quienes se rendían y terminaban entregándose a la muerte. Había vistoa muchos humanos así, sin embargo era la primera tumb en esa posición. Claro está que no siempre tenía oportunidad de tener una tumb como esclava sexual.

—¿Sabes lo qué haré? Tengo ganas de hacerte sufrir primero un rato, quiero ver como gritas de dolor, como te retuerces pidiendo ayuda desesperada. Por eso primero voy a cortarte en diferentes lugares— Gunter comenzó a acercarse con un cuchillo muy fino entre sus manos— Voy a ver como sangras— El filo se enterró en uno de los brazos de Miry y la tumb alzó la cabeza de pronto para gritar. Aquello le gustó a Gunter, quien tomó su cabeza hundiendo sus garras en aquel hermoso rostro— Posterior a eso voy a violarte hasta más no poder y finalizaré comiéndote viva. Siempre he tenido la duda de si las tumbs sabrán como conejos o semejante a los humanos.

—¡Para! Detente!— Los ojos de Miry parecía que saldrían de su órbita mientras que los gritos eran tan fuertes que ensordecían a Gunter.

Miry ciertamente sentía dolor, sin embargo, no era la razón por la cual gritaba. A decir verdad había sufrido heridas mucho peores en múltiples ocasiones en el abyss. la realidad es que gritaba para satisfacer a su captor, debía engañarle y hacerle creer que se hallaba totalmente derrotada y clamando por su vida. Gritaba desesperada moviendo cad parte de su cuerpo porque notaba como aquella bestia se emocionaba ante sus espasmos, sus dientes se mostraban con una sonrisa siniestra y su miembro se erectaba ante tal acto.

El cuchillo rasgó la piel de Miry desde el hombro hasta el antebrazo, luego de dirigió a sus senos, donde realizó una circunferencia alrededor de las aureolas. Posterior al rostro, donde dejó una fina línea roja muy cerca de su ojos derecho.

Para ese momento Gunter rozaba el punto del orgasmo. La tumb por su parte gritaba sin cesar cuando el cuchillo se hundía en su carne, el resto del tiempo caía bajo su propio peso sin fuerzas. Rio a carcajadas, aquel era el instante que tanto deseaba. La tumb se hallaba sin fuerzas e incapaz de protegerse a sí misma. Por ese motivo sacó la llave de su bolsillo y prosiguió a quitar el grillete de las rodillas y luego de sus tobillos. La idea era poder tomarla de sus piernas para penetrarla a libertad desde una posición más cómoda. Se sorprendió cuando notó que la tumb de pronto hacía silencio y alzaba una de sus piernas.

Miry impulsó su cuerpo con todas sus fuerzas y posterior dirigió sus pies hasta la pared para tomar impulso. Al contacto esta se rompió y las piernas de Miry viajaron hasta el cuello de Gunter, quien pudo observar todo, pero su cuerpo no reaccionó tan rápido para poder moverse. Las piernas aprisionaron su cuello y giraron bruscamente. Su cabeza se desprendió de su cuerpo, lo supo porque aún podía ver cómo su cuerpo se hallaba de pie mientras su cabeza giraba por la habitación hasta dar contra el suelo. De ese modo mantuvo su consciencia durante siete segundos, lo cual le permitió ver que la tumb había desgarrado la piel de sus brazos para lograr escapar de su prisión. La pared que le apresaba se derrumbó y la tumb se movía por la habitación con calma.

Miry observó su alrededor. La pared derribada daba paso a un pasillo de piedra que terminaba en una especie de sala arreglada con una mesa y un par de sillas.

Nadie se hallaba en el lugar a simple vista— Ads fuego— Conjuró en su mano, sin embargo no funcionó. Algo continuaba bloqueando su magia, quizás se trataba de una persona o de alguna magia en un cristal, le era difícil adivinarlo.

Primero recorrió todo el lugar. La sala daba a un segundo pasillo que ascendía, y este a un hogar amplio lleno de sirvientes. Se encargó de cada uno de ellos, en especial de aquellos que limpiaban aquel calabozo todas las mañanas. Sacó sus ojos con sus propios dedos para luego dejarlos morir desangrados. Luego de recorrer los diecisiete cuartos de aquel lugar pudo cerciorarse que Millen no se hallaba en ningún rincón. La ira le invadió al instante y salió de aquella residencia en carrera, tan veloz que el suelo se destruía a su paso dejando escombros que rompían todo.

No le tomó mucho encontrar a Jao, quien era arrastrado por la calle por una mujer con cabeza de pájaro. Luego de desprender su pico e incrustarlo procedió a preguntar a Jao por el resto del grupo. El pequeño miraba conmocionado a la pájara muerta, pero Miry no prestó atención a aquello. Un grupo de personas se acercaban mientras otras se alejaban con grandes gritos antes al cuerpo tirado en el suelo de la calle. Los guardias se acercaban en carrera hasta el lugar con gritos ensordecedores.

—¿Dónde están Ciel y las niñas Jao?

—Yo…

—¿Dónde las llevaron? Dile a Miry.

—Yo… Mis hermanas fueron llevadas por un hombre de aspecto de cerdo en aquella dirección. Mi mamá la llevaron en aquella otra dirección.

Miry desapareció de la vista de Jao y reapareció detrás de un guardia, le tomó del cuello y lanzó encima de otro que se hallaba en la zona posterior intentando que los transeúntes no se acercaran.

La tumb tomó la lanza de aquel guardia y la clavó en el cráneo de otro con rostro de lobo que la miraba incrédulo. La escena era surrealista, Miry se hallaba desnuda, sus pies aterrizaron sobre los hombros de aquel sujeto, su zona íntima rozaba la nariz de aquella bestia que ahora tenía un pedazo enorme de metal en la cabeza.

—¿Qué hacen los guardias mientras esclavizan a los humanos en la ciudad?— les miró ladeando la cabeza— ¿Qué hacían todos ustedes mientras mis hijas lloraban?— Saltó de la cima de aquel muerto y sacó la lanza para rebanar las cabezas de quienes se hallaban en su camino.

Quienes se hallaban en el lugar corrieron en todas direcciones mientras que los siete guardias cercanos apenas pudieron moverse de su sitio. Las cabezas quedaron esparcidas por el suelo y los cuerpos sucumbieron ante la gravedad.

El captor de las niñas les llevaba a las tres esposadas una detrás de otra con cadenas en las muñecas y cuellos. El sujeto no supo cuando perdió la vida. Una lanza cruzó su cráneo con tal fuerza que impulsó su cuerpo hasta la pared del establecimiento que se hallaba frente a él, incrustandose en esta. Su cuerpo quedó suspendido sujeto por la cabeza contra la roca desnuda. Un niño que se hallaba con aquel sujeto se lanzó al suelo profiriendo un grito que se dejó escuchar por toda la calle y llamó la atención de quienes compraban en aquella zona comercial.

Miry entonces apareció justo frente al niño y rebanó su cuello sin dudar— De seguro serás igual a tu padre— Tania, fera y Siren quedaron impactadas ante la escena del niño cayendo al suelo mientras la sangre escapaba de su cuerpo. Y la de aquellos que se hallaban en las cercanías. La tumb no tenía piedad sin importar edad o raza. Iba detrás de cada uno de los presentes rebanando cuellos o clavando dagas en los ojos y pechos.

El proceso fue rápido, en menos de un minuto la calle quedó en total silencio a excepción de los cuerpos arrastrándose u ahogándose en su propia sangre.

—Mamá, tú…

—Jao está a diez calles de aquí en esa dirección. Está esperando por ustedes, solo deben encontrarlo y dirigirse a la entrada de esta ciudad— Miry notó el llanto desconsolado de Tania y la mirada llena de miedo de Siren— No volteen a los lados, no importa lo que vean, solo sigan adelante y esperenme en la entrada de la ciudad. Debo ir por Ciel ahora.

—Mamá ¿por qué?— inquirió Tania observando el cuerpo del niño a un lado.

—Porque las bestias hay que tratarlas como bestias hija, algún día entenderás.

—Pero… en niño…

—Quise hacerlo Tania, los voy a eliminar a todos. Ustedes vayan a la entrada de la ciudad. Miry limpiará esta ciudad— La tumb fue cruda y observó a las niñas correr luego de destrozar las cadenas que les sujetaban. Su sed de sangre no se hallaba saciada, siquiera un poco. Deseaba verlos sufrir. Se hallaba consciente aquello no era por salvar a su familia, solo era ira y deseos de sangre, y ella no era ninguna heroína para sentir remordimiento al respecto. 

Los residentes de aquella pequeña ciudad no tardaron en saber sobre la masacre que se llevaba a cabo en sus calles y comenzaron a buscar de escapar por los laterales de la ciudad. Sin embargo cada vez que alguien buscaba de escapar por las puertas laterales, notaba que una inmensidad de cuerpos se aglomeraba en el suelo, como señal de que la muerte les aguardaba por esa ruta.

Miry por su parte se hallaba corriendo por encima de los tejados, saltando para hallar a aquellos que buscaban de escapar, eso y la ubicación de Ciel, a quien no hallaba a pesar de haber recorrido buen trecho del lugar.

Agudizó sus sentidos al máximo para poder oler, ver y escuchar todo lo que sucedía a su alrededor al tiempo que corría. Debía hallarla a ella y a Millen. Debían de encontrarse en algún rincón de la ciudad.

Los ciudadanos por su parte veían a una tumb desnuda envuelta en sangre seca de pies a cabeza con dagas de los guardias de la ciudad en las manos, y los brazos despellejados, con piel colgando de estos y sangre escurriendo copiosamente.

Miry recorrió la plaza central— Ads fuego— recitó cuando observó a una familia intentando escapar. Les observó gritar mientras el fuego les envolvía, entraba por la boca y quemaba sus ojos, cabello y piel. ¿Desde cuando le dejó de importar la vida de los demás? Siquiera los niños se salvaban. De hecho, estaba disfrutandolo. Todos debían de morir y sufrir.

Fue un grito lo que llamó su atención, la voz de Ciel era reconocible a distancia. Se hallaba cerca, pero el grito era ahogado. Debía de hallarse en algún lugar, por eso observó su alrededor y prestó mayor atención a sus oídos, logró localizarla, se trataba de una casa de dos pisos con fachada de madera y piedra. Los gritos de Ciel eran desesperados, debía de estar siendo maltratada de alguna forma.

La tumb apoyó las piernas contra el suelo y salió disparada a la máxima velocidad que podía lograr. La pared de madera se rompió con el aire comprimido frente a la orejas largas, Miry aterrizó en horizontal sobre una pared y observó su alrededor. Tres sujetos volaban por los aires junto a una tumb que observaba la situación sentada sobre un estante. Se trataba de una armería, y en el centro del lugar, Ciel se hallaba atada en el suelo con una espada clavada en uno de los brazos mientras una magia se ejecutaba en su cuerpo. La mujer se retorcía en agonía mientras el resto, que en algún momento mostraban el uso del arma, ahora volaban producto del impulso de Miry.

La tumb se movió y la pared detrás de ella se hizo añicos. Uno de los sujetos activó magia freno, pero Miry era aún así demasiado rápida para su cuerpo. Se movió justo a su lado, el sujeto la pudo ver como una silueta que le rodeó cortando su garganta. La mujer terminó con una daga atravesando su garganta y el resto de los presentes murieron antes de dar contra el suelo.

—Los mataste— Comentó ciel observando su alrededor— gracias— Alzó la vista solo para notar lo malherida que estaba la tumb, en especial en las zonas de su cabeza con cortaduras y los brazos sin piel— Miry, tú estás…

—Estoy bien, ads fuego— recitó al tiempo que quitaba la espada del brazo de Ciel. No la curaba pero detenía el sangrado. La mujer gritó de dolor y terminó en el suelo hecha un ovillo sollozante— Gracias, ¿y los niños Miry? ¿rescataste a los niños?

—Están afuera de la ciudad, Miry les dijo que allí esperasen, eso harán.

—¡Gracias Miry!— Ciel se lanzó al muslo de la tumb desnuda y ensangrentada para llorar de felicidad— Gracias, gracias Miry, yo no pude hacer nada.

—Ciel.

—¿Si?— La mujer humana alzó la vista.

—¿Sabes dónde puede estar Millen? Miry ya registró casi toda la ciudad y no lo logró ver. Mi hijo, yo…

—La vivienda de ese cerdo de Flamio se encuentra a cuatro cuadras de aquí, es enorme, pintada de rosado, las puertas son azules y enormes. Está en esa dirección. Debajo de la casa hay un túnel por donde trafican a los esclavos. Millen fue llevado por allí para ser vendido— Respondió Ciel entre sollozos.

—¿Cómo averiguaste tanto?— Preguntó Miry. Aquella era mucha información al respecto, más de la que ella esperaba.

—Di mis dedos por esa información Miry…— Ciel mostró su mano izquierda, donde cuatro dedos habían desaparecido y la herida se hallaba abierta.

—Eres la mejor amiga y compañera que una tumb… no, que una madre podría tener. Miry no tiene forma de pagarte Ciel— Miry la abrazó casi derrumbándose, pero aún su corazón rugía en una furia descontrolada, por ese motivo se separó— Dirígete a la entrada de la ciudad y quédate allí con los niños, regresaré con Millen. Usen las gemas que encuentren, la ciudad está siendo evacuada.

—Los mataste a todos ¿verdad?— Preguntó Ciel saliendo de aquella casa notando las decenas de cuerpos esparcidos por las calles.

—Sí— Respondió Miry sin deseos de dar explicaciones sobre sus actos. No estaba para razonar sobre si debía eliminarlos a todos o dejar con vida siquiera a los niños.

—Mátalos, eliminalos a todos. regresa con Millen por favor— Ciel le brindó un último abrazo, esta vez mucho más cálido y se marchó corriendo por la ciudad. Miry se quedó un instante mirándola. Quizás algo había hecho bien durante su vida, contar en tal momento en alguien como Ciel era un alivio enorme que no esperaba tener.

Encontrar la casa del cerdo no fue difícil, era tan enorme y notoria que se veía desde lejos. Según las palabras de Ciel un tunel se hallaba en la parte inferior, y ella no estaba dispuesta a perder tiempo buscando tal lugar, tampoco había alguien allí adentro, su oido podía decirselo. Por eso subió hasta la cima de la casa y dio un salto.

—Ads ignición— Pronunció al tiempo que caía dando una patada con todas sus fuerzas. La casa desapareció, mientras que el suelo bajo esta se rompió en pedazos que ascendían junto a un centenar de llamas. El agujero se mostró al instante y Miry no dudó en correr por el camino a las profundidades para hallar a Millen.

El camino extremadamente ancho se extendía por varios kilómetros, Miry les recorrió en un par de minutos en total oscuridad, hasta que el camino de pronto ascendió suavemente y salió directamente a un depósito que estalló al instante. Se sorprendió ante la figura enorme y negra que se lanzó sobre ella. Sombra se hallaba encadenado y con las fauces cubiertas por acero y cuero.

—Aquí estabas— Miry le libero y el lobo se mostró agradecido. Parecía no importarle o percatarse del estado y desnudez de Miry. Lamió su cuero y bajó la cabeza esperando que la tumb le cabalgase— Necesito hallar a Millen ¿sabes dónde está? Miry te dará tanta carne que no podrás comer si llegas a encontrar su aroma.

Sombra siquiera esperó a que Miry terminase de acomodarse y salió del recinto corriendo por las calles del lugar. Los gritos comenzaron a escucharse casi al instante, pues Miry no dejaba de eliminar a cuanta alma cruzase su camino. Se hallaban en la ciudad de Soma.

Sombra parecía saber específicamente dónde dirigirse pues recorrió las calles como un experto, girando a toda velocidad donde era necesario mientras aullaba.

—Ads hielo— Alguien creó un muro sólido para bloquear el camino de la tumb.

—Ads ardor— Pronunció Miry y una marejada de llamas se extendieron desde los pies de Sombra a todo su alrededor. La muralla de hielo cayó evaporándose en pedazos enormes y Sombra saltó por encima de todo con un aullido que se dejó escuchar en toda la ciudad.

Hubo guardias y aventureros que se interpusieron, no fueron rivales para Miry, quien quemó y degolló a todos a quienes se interpusieron en el camino. Sombra por primera vez tuvo permiso de devorar a sus anchas. Mordisqueaba los cuerpos hasta sentir los huesos crujir antes de tragarles.

Sombra se detuvo a mitad de la ciudad mientras los aventureros de aspecto animal se arremolinaban a su alrededor— Ads ardor— Las llamaradas de fuego se extendieron en todas las direcciones despejando el camino— ¿Es aquí?— Preguntó Miry. Sombra sólo lanzó un aullido largo— Ya salgo. Mantén el perímetro seguro.

—No creas que podrás pasar por estas puertas. No podrás ganarme en velocidad, ads prisa, ads concentración, ads freno, ads animar objetos— El sujeto era un hombre con cabeza semejante a un águila que se puso en posición, y sin moverse de su sitio la puerta detrás de él se cerró. Miry entendió que aquello era parte de la magia animación de objetos, resultaba interesante, pero nada peligrosa. Rió ante la estupidez de aquel sujeto.

—Vas a morir, Miry lo sabe— Desapareció de donde estaba sin activar magia alguna. El hombre no comprendió como apareció en su espalda y el filo de la daga atravesó su garganta. Se hundió y salió con enorme velocidad— Por tener las habilidades que tienes, te permitiré una muerte rápida.

La estancia era un hogar fuertemente iluminado por lámparas y cristales. Un par de chicas de servicio corrieron dando gritos que terminaron ahogados por la mano de la tumb.

—¡Papá!— Un pequeño con cara de cerdo se hallaba escaleras abajo. Miry corrió y tomó al niño por la cabeza.

—¿Dónde está tu padre?

—Yo…

—¿Dónde?

—Estudio superior junto a mi madre. residencia.

—Perfecto— Miry caminó con tranquilidad escuchando los gritos asustados de una mujer desde aquel lugar de la residencia. A cada paso los gritos se hicieron más estruendosos. El niño por su parte lloraba de forma estruendosa a sabiendas de su futuro destino.

Abrió la puerta y observó a Flamio sujetando una ballesta en sus manos.

—Si disparas le darás a tu hijo— Pronunció, pero la flecha ya estaba disparada a su persona. La tumb solo interpuso el cuerpo del pequeño en la trayectoria dejando que esta atravesara su pecho— Que necio— Rechistó y soltó el cuerpo al suelo.

—¡Ludo!— Una mujer con apariencia similar a la de Flamio se lanzó a tomar el cuerpo del niño mientras una niña lloraba detrás de un estante y Flamio recargaba su ballesta— Eres una imbécil, voy a matarte a tí, y a toda tu familia, todos van a morir.

—¿Dónde está mi hijo?

—¿El niño tumb? ¿Eso es lo que quieres? ¡Lo vendí hace dos días!

—Te habría creído, pero el olfato de mi lobo dice que Millen está aquí— Miry se movió por la estancia y tomó a la niña pequeña de su escondite y se detuvo nuevamente frente a Flamio. La mujer presente lanzó un grito desesperado mientras que Miry le observaba.

—Parece que ella ama a su hija, y va a morir en los próximos segundos si no me dices donde está Millen.

—¡Flamio, dile a esta mujer dónde está el niño!

—¡Vale millones mujer, es el primer niño tumb en cientos de años!

—Tiene que estar abajo, en la despensa, hay una zona donde se cuida a los esclavos caros, previo a ser vendidos.

—¡Austa!— le regañó Flamio con las manos temblando.

—¡Papí!— La niña gritaba mientras Miry le sujetaba del cabello.

—Bien, ya lo sabes. Ahora déjanos en paz. Vete y…

—Eres una buena madre, no mereces ver a tus hijos morir— Miry se dirigió a la mujer y realizó un corte limpio de su cuello. El cuerpo cayó con estrépito mientras la niña lanzó un grito desgarrador que llenó la estancia. Flamio dejó caer los brazos impactado ante el suceso.

—¿Amas a tu hija Flamio?

—No le hagas nada, puedo darte todo lo que quieras, todo el dinero que desees.

—¿Crees que quiero dinero?

—Lo que sea, cualquier cosa, solo sueltala, puedes matarme a mi si quieres.

—No te preocupes, tu también vas a morir Flamio, solo quiero que veas a tu hija sufrir frente a tí— El corte que Miry hizo en el cuello de la niña era profundo, pero no demasiado. La niña dejó de llorar y sintió como su boca se llenaba de sangre que le impedía respirar.

—¡Tú!— Flamio cargó la ballesta, pero de pronto sintió un calor abrasador en sus piernas. Se quemaba de alguna forma sus piernas se quemaban mientras que el resto de su cuerpo permanecía intacto. Gritó de dolor, sus nervios se hallaban al límite y entró en desesperación.

Un par de sujetos entraron, pero fueron eliminados por Miry a mano desnuda.

La tumb pateó a Flabio empujándole contra la mesa detrás de él. Tomó una de las flechas y la clavó por el ano del sujeto. Luego tomó otra y otra más y fue introduciendolas con toda la fuerza que podía. El cerdo chillaba de dolor, pero Miry sentía que no era suficiente. Terminó por clavar una flecha en sus ojos e incendió la habitación, asegurándose de verle morir entre las llamas.

La casa entera comenzó a arder cuando Miry halló a Millen y le arrulló en sus brazos. Mató a la mucama que cuidaba al niño y lloró como nunca antes lo había hecho. Sentía ira y dolor en su interior, pero la calidez de Millen le reconfortaba en cierto modo. Salió del lugar y consiguió a Sombra mordiendo cuerpos— Regresemos, las niños esperan por mí— Subió al lomo del animal y dejó que este hiciera el camino de vuelta. 

Leave a Reply

Your email address will not be published.