54. PERDIDO

Mena despertó con la sensación del agua dar contra su rostro. Se hallaba a la orilla de un riachuelo muy pequeño. Los árboles alrededor eran escasos y de pocas hojas de un tono rojizo que resultaba muy a tono con la tierra de aspecto naranja a sus pies.

Estaba herida, hambrienta y con casi nada de energía en su organismo. Se tomó su tiempo para llegar hasta una orilla donde podía cobijarse en la sombra y recuperar energías mientras sorbía tragos de agua esporádicos.

Buscó de armar el rompecabezas de sucesos en su mente. Obviamente ella no venció al rey de los muertos. Solo buscó de resistir lo más posible ante el enemigo, eso para que algo o alguien le salvase. Pero Allan no podía, se hallaba desmayado y muy mal herido en aquel instante, sin contar que estaba rodeado de enemigos. Amy estaba lejos, al igual que Miry y los niños. Entonces ¿quién le había salvado la vida? Quizás… sintió la presencia de Ardina en aquel lugar segundos antes de desaparecer de la batalla. ¿Fue ella? ¿De verdad? Pero ¿Por cuál razón?

Mena se fijó en su alrededor con mayor detalle ¿dónde le envió? No podía reconocer ese lugar en ninguna parte de sus pensamientos. Tampoco podía divisar una montaña cercana con la cual guiarse.

Debía hallarse cerca de Merak o Cintiael. La magia portal era poderosa pero tenía sus limitaciones.

Por alguna razón se hallaba sola, quizás el resto fueron enviados algo cerca, pero no era buen momento para usar sincronía. Debía primero recuperar energías y lograr reunir la suficiente magia para usar cura sobre sí misma. Tenía una herida muy grande en el torso, aparentemente la cura de Amy no fue suficiente para enmendar las heridas, o quizás se abrieron nuevamente en algún instante. Era difícil saberlo con certeza.

Continuó sorbiendo agua hasta que su cabeza dejó de doler y pudo visualizar mejor su entorno. Definitivamente no había visto un lugar como ese jamás. El mundo mismo parecía tornarse naranja.

—Ads cura— finalmente pronunció. La herida se cerró pero dejó la zona sensible y roja. La cura no fue perfecta y apenas tuvo energías para cerrarla, así Mena quedó inconsciente nuevamente. Hasta sentir el movimiento contra su abdomen y despertar siendo cargada sobre un hombro.

—Gurmenter bunt korrr— La piel grisácea casi negra, los músculos enormes, firmes y gigantes. Un orco le llevaba a cuestas.

—¡Suéltame!

—Estás, herida— Realizó una pausa mientras hablaba. Mena se impactó ante el orco que podía pronunciar su lengua, pero continuó forcejeando para ser liberada. Iba a tener que usar su fuerza, pero se hallaba demasiado débil.

—¡Suéltame dije!

—¡Bien, soltar! — El orco de pronto la dejó caer con todo su peso contra el suelo. Mena se resintió, pero levantó lo más rápido que pudo para enfrentar a su oponente.

—No poder pelear, estás herida, necesitas comida— Se burló el orco y giró la cabeza en tono burlón.

—Te sorprenderías.

—Mujer humana tonta, no poder pelear sin comer primero— Acto seguido el orco sacó un pedazo de carne magra de su bolso, cortó una sección cocida y se la lanzó a Mena a sus pies.

—¿Para qué me das carne? ¿Piensas alimentarme para luego pelear?

—Yo no pensar pelear, humana tonta.

—¿No pelear? ¿Qué intentas?

—Ayudar— Rezongó el otro sentándose a la sombra de un árbol enorme. Se hallaban en algún pequeño bosque con macizos de hojas naranjas que llenaban las crestas y el suelo a sus pies. La tierra allí se tornaba marrón, muy distinta a la que Mena observó previamente.

—¿Me quieres ayudar? ¿Por qué?

—Estabas muriendo en el rio.

Mena guardó silencio y tomó el pedazo de carne. No podía negar que le hambre le mataba, y aunque la carne se hallaba sucia de tierra y con pedazos de hojas secas, la boca se le hizo agua y dio un primer mordisco. El sabor era increíblemente fuerte, pero la carne se volvía de alguna forma agua en la boca. La grasa salía de entre los tejidos llenando la boca. Nunca había probado esa carne.

—¿Qué carne es?

—Carne de kobold.

—¿Los kobolds se comen?

—Cualquier carne se come, solo debes saber prepararla.

Mena guardó silencio comió mientras que el orco sacó algo de cuero y comenzó a pasar un cuchillo enorme por este. Reparó en las facciones de aquel enorme ser de al menos dos metros y medio de alto. Era de ojos pequeños, piel grisácea con ligeros tonos rojos y marcas enormes en los brazos que sugerían se trató de un guerrero en algún tiempo.

—¿Por qué me ayudas? — preguntó nuevamente Mena.

—Muchos esclavos humanos, otro muerto en el rio.

—¿Hay esclavos humanos?

—Siempre hay esclavos ¿mujer no ser esclava?

—¿Qué? No ¿por qué habría de ser esclava? — Luego una pregunta más sensata e importante cruzó la mente de Mena. La realizó no con curiosidad, sino con temor de la respuesta—¿Dónde estoy?

—Cerca de Shuktar.

—¿Shuktar? ¿Qué lugar es ese?

—Shuktar, gran ciudad orco, estás en Bulg, país de los orcos.

—¿Bulg? ¿Estamos en Bulg? No puede ser— ¿Tan lejos le enviaron? ¿Cómo? Ella siquiera conocía el país de los orcos.

—Pareces sorprendida ¿no ser esclava?

—No, no soy ninguna esclava de los orcos— Aunque ciertamente fue esclava un tiempo. Pero no deseaba recordar eso en ese instante— Me transportaron aquí, no sé cómo.

—Ummm ¿Algún calabozo del abyss realizó transportación?

—No, yo no… ¿conocen los calabozos del abyss?

—Varios, muchos orcos hablan de los calabozos, ser buen lugar para subir de nivel.

—Entonces eres un guerrero, un aventurero del abyss.

—¿Yo? No, yo trabajar con cuero para armaduras, siempre haber orcos que quieren armaduras de cuero.

—Es extraño, pensé que los orcos atacaban a cualquier humano, y que comían humanos.

—carne humana no ser mala, aunque la mayoría es carne muy seca, mi no gustar mucho— Aquel ser corpulento parecía pensar un poco al respecto, luego continuó sus líneas— Pero orcos no matar a todos los humanos. Mujeres humanas ser más fértiles que mujeres orco, ser buenas compañeras y esclavas.

—¿Para eso quieren a las mujeres? ¿Por eso atacan los territorios humanos?

—No, orcos atacar territorio humano por terreno, abyss y agua. No en todo territorio orco haber agua, por eso ser malo mujer muerta en el rio.

—Necesitan agua.

—Todos necesitan agua.

—Cierto, supongo que cometí un error— Mena tragó el último trozo de carne sintiendo la energía fluir por su cuerpo.

—¿Qué error?

—Suponer que todos los orcos eran seres malvados, supongo que cada quien tiene sus propias razones para pelear— Si, probablemente era eso, nadie luchaba por ser malo, solo tenían sus propias razones— ¿En qué dirección debo ir para llegar a la zona humana más cercana?

—Allá, al norte, pero estar a casi una semana o más de caminata. Más cerca está Shuktar, pero ser muy peligrosa ciudad orco para humana sola.

—Necesitaré llegar a la ciudad si quiero algo de equipo para moverme.

—Yo poder conseguir equipo, pero costar dinero.

—Si puedo llegar al abyss el dinero será fácil de conseguir— Aseguró Mena con una sonrisa en los labios. Se levantó y quitó la tierra de la ropa rota que cargaba encima— ¿cómo te llamas?

—Yo ser Mjork

—Yo soy Mena, un placer. 

Los siguientes días Mena aprendió mucho sobre los orcos, en especial sobre su forma de vivir, comer y ver la vida.

Los orcos se dividían en tribus llamadas hordas, dichas hordas poseían un líder que podía ser elegido de distintas maneras, en general todas violentas. El punto es que el cabecilla siempre fuese el guerrero más fuerte de cada región. Lo general es que cada horda tuviese una ciudad o territorio, pero esto no siempre se respetaba y otros líderes podían atacar una región si no existían lazos comerciales fuertes entre ellos.

Los tratados se negociaban usualmente con grandes cantidades de comida o mujeres. Pues estos eran los dos bienes de mayor valor para la horda. Incluso las armas quedaban relegadas a un tercer lugar.

No era de extrañar que cada orco deseara ser líder, pues este tenía derecho a estar con al menos diez mujeres. De hecho, un líder orco con menos cantidad de féminas podría ser considerado débil entre el resto y masacrado por sus congéneres.

En su mayoría eran amantes de los placeres de la vida y compaginarían perfectamente con muchos humanos. Solían celebrar fiestas por cualquier motivo, donde la cerveza rodaba por el suelo como ríos. Preparaban enormes cantidades de carne y se entregaban al placer corporal.

Era allí donde apreciaban a las esclavas humanas y donde el mercado negro de los orcos más florecía. Aunque, para el entendimiento de Mena, aquel mercado negro, no era un mercado negro.

La regla más general de un mercado ilícito es hallarse escondido y realizar sus transacciones en la oscuridad, al margen de la ley. En cambio los orcos eran muy abiertos respecto a ello. Los esclavos se vendían junto a la carne o como carne si ese era el gusto del orco en cuestión.

Los trabajos no escaseaban, la alta tasa de nacimientos y el increíble volumen de consumo les obligaba a expandirse de manera constante en cada área que conocían. Las labores más comunes eran las de guerrero y aventurero. El primero para siempre expandir territorio y movilizarse a territorio humano o de otra horda. Los aventureros en cambio tenían la obligación de proporcionar las enormes cantidades de carne que no se conseguían en la superficie debido a lo árida que resultaba la tierra.

Mjork era un peletero, un orco dedicado a la creación de armaduras de cuero que muchos cotizaban por su gran cantidad de detalles y resistencia ante puñales. Abandonó la ciudad de Shuktar tiempo atrás al perder una batalla por el gobierno de la ciudad y dedicó a sus labores.

A pesar de no aparentarlo Mjork era padre de catorce orcos y cinco chicas orco, sin embargo nadie vivía con él. Todos eran lo suficientemente mayores para vivir su propia vida.

Por tanto Mena era la única invitada en aquella pequeña choza de barro y piedras envuelta en grandes pieles de toda clase de criaturas. Un par de orcos que llegaron a pedir equipamiento la vieron como una esclava del viejo Mjork y no preguntaron demasiado. Tampoco habrían recibido demasiadas respuestas, Mjork era reservado y solía ocupar la mayoría de su día curando piezas de cuero o cosiendo algunas otras.

Mena se dedicó a recuperar sus energías los primeros tres días. Había heridas internas que no sanaron bien debido a lo apresurado del tratamiento previo, pero tres días fueron suficientes para sentirse renovada y descansada. Solo quedaba una cosa por hacer, buscar al resto del equipo.

Luego de pensarlo durante cierto tiempo resultó obvio que fue Ardina quien les transportó, sin embargo ella se hallaba separada del resto del equipo, por tanto, los demás debieron aparecer cerca de la ciudad de Shuktar también. Solo era cuestión de hallarles, y el mejor lugar para eso era el abyss de la ciudad. Mjork comentó que para entrar al abyss primero debía registrarse, pero las cosas no iban como deseaba.

Mena se hallaba en ese instante sentada en una esquina del gremio de aventureros de la ciudad de Shuktar. El lugar lucía más como una taberna enorme, las camareras se movían con soltura por el lugar mientras cientos de orcos pedían enormes platos de comida y bebida.

La mayoría le miraban de soslayo y sacudían la cabeza. Más de un orco en la calle le había golpeado de manera descarada y algún otro ofreció piezas de plata. Mena sabía muy bien con qué intención. Rechazó todo lo más educada que pudo. Quería patearles hasta dejarlos desmayados o muertos, pero no debía armar alboroto en la ciudad. Una cosa era enfrentar a unos cinco o diez orcos, lo cual estaba segura podría manejar sin problemas. Era distinto a tener que enfrentar a cientos de ellos o a toda la horda si pedían su cabeza por haberles insultado.

También tenía la intención de regresar a casa de Mjork al final del día. Eso y hallar al resto del grupo recolectando algo de información, sin embargo, tal actitud le tomaba por sorpresa y creaba una barrera difícil de cruzar.

No estaba preocupada, solo incómoda en una esquina del lugar. Ninguna camarera se acercabaa ella y solo podía ver a todos disfrutar de los enormes festines. Pensaba en Allan, Miry y Amy, los extrañaba a todos y se preguntaba por su bienestar, aunque no era para sentir pena tampoco.

Mena era de la opinión que, entre todo su equipo ella era la más débil.

Debieron ser transportados cerca, pero quizás debía hallarlos. Era probable también que se dirigieran en otras direcciones diferentes a Shuktar, con lo cual debía revisar los lugares aledaños. No había posibilidad que alguno de ellos fuese apresado o hecho esclavo. Ninguna en lo absoluto. Solo debía estar atenta y hacerse más fuerte, para ello entraría al abyss. La mayor decepción fue notar que la dependienta del gremio no le quiso atender, no por no entender su lengua, sino por desprecio.

Entre los orcos no era tan extraño hablar la lengua humana, eso debido a lo enorme que era el mercado de esclavos. Sin embargo los humanos no podían hablar en lenguaje orco porque varios de sus sonidos se producían en un órgano por debajo de la garganta. Y, aunque muchos lo intentasen, terminaban siendo una burla, pues sus palabras sonaban como dichas por infantes.

La recepcionista del gremio le entendió muy bien cuando Mena intentó registrarse, no le respondió siquiera en lengua orco, solo le ignoró y rio junto a otro compañero.

¿Qué debía hacer? También estaba la opción de crear un sumidero, pero los orcos tenían muy bien barrida las zonas de los primeros pisos del abyss. Cualquiera que la viese allí daría una alerta. La tercera opción era meterse a la fuerza por la entrada principal, pero causaría los mismos problemas que con la segunda.

¿Qué habría hecho Miry o Stella en una situación como esa? Quizás si peleaba un poco y demostraba sus habilidades habría quien le quisiera llevar al abyss.

—Tú quieres entrar al abyss— Desde la zona trasera llegó una chica de escasamente catorce años, con una armadura de placas para hombros y zona del abdomen. La ropa debajo de esta era harapienta, sin embargo la chica sonreía de oreja a oreja al hablar.

—¿Quién eres? — Preguntó Mena observando como la chica tomaba asiento frente a ella en la mesa.

—Soy la persona que te dejará entrar al abyss.

—¿Qué hace una chica humana en la nación de los orcos?

—Hay muchos humanos por aquí, no te debería ser extraño verme— Junto a ella llegó un orco de piel verde con gris. Algo rechoncho y dos colmillos prominentes en la boca. Tomó asiento en silencio a un lado de la pequeña y esta continuó su charla como si el otro no existiese.

—Sí, pero esclavos, ninguno como aventurero.

—Pues aquí tienes una— El silencio reinó entre ambos bandos y la chica al final chasqueó los dientes y habló— Soy Karim, fui una ruck de la ciudad de Aklentris hace cinco años, terminé siendo vendida como esclava sexual. Llegué a esta ciudad y logré comprar mi libertad por así decirlo, hay muchos orcos que necesitan ladrones sigilosos y terminaron debiéndome favores. Ahora soy una aventurera.

—Lograste sobrevivir— Fue lo único que se le ocurrió decir ante semejante confesión.

—Si hizo lo posible. Bien, ¿quieres entrar al abyss o no?

—¿Cómo lo lograrás? ¿y tú que ganas?

—Mi amigo aquí a mi lado trabaja en el gremio, puede hacerte una tarjeta, y después de que tienes una tarjeta, nadie puede quitártela. Ya lo comprobé. Ahora el problema es que una vez adentro, cualquiera puede buscar de matarte y decir que fue un error o accidente, eso para mí es un problema. Mi amigo aquí a mi lado dice que eres fuerte, así que te ayudaré, pero quiero el cincuenta por ciento de todo lo que mates como botín.

—El treinta.

—El veinte— Respondió la chica y luego se lamentó— Pensé que dirías el diez.

—Será el veinte, descuida, necesitarás alguien que lleve las cosas por ti, tendrás tanto botín que no podrás cargarlo contigo.

—¿Estás exagerando verdad? Aunque no lo creas soy bastante fuerte, ya llegué al nivel ocho, y he estado hasta el nivel siete del abyss. Nunca se hace demasiado, sin contar que la mayoría de los pisos están mapeados u repletos de orcos— Mena la escuchó con atención. Era inceible que llegase al nivel ocho, quizás por eso había sobrevivido, aunque eso significaba que debió matar algo superior para pasar el umbral del nivel siete. Eso sin haber pisado más allá del nivel siete del abyss.

—Contrata un recolector, te lo aseguro valdrá la pena. ¿Cuándo entramos?

—No veo que lleves ningún arma.

—No la necesitaré por hoy, mañana compraré una, hoy solo llegaremos hasta el piso diez del abyss, me defenderé solo con mis manos.

—¿No serás una suicida verdad?

—No. Pensé dijiste tu amigo te dijo que soy fuerte ¿No te dijo mi nivel? Supongo que tiene la habilidad lectura.

Sí, la tiene, pero no me dice tu nivel— La pequeña golpeó un costado del orco y este simplemente desvió la atención a otro lado y pidió a una camarera un tarro de cerveza de maíz— Igual, no creo que seas más que nivel diez.

—Nivel diez—Mena se rió a carcajadas— Espero la tarjeta de registro y entramos entonces Karim. 

Olerg, el orco amigo de Karim era un orco que gozaba de mucha simpatía entre los locales, aún así algunos miraban feo cuando se juntaba con Karim y Mena. Sin embargo, no había ninguna pelea por ello. Aparentemente su estatus era superior a lo que cualquiera pudiera opinar sobre sus gustos en amistades.

Para Mena fue notorio que el orco evitaba su mirada y trataba de no conversar frente a ella cuando este fue a entregarle su tarjeta de permiso para entrar al abyss. La chica lo respetó, alguna razón tenía para comportarse así, aún más para indicarle a Karim hiciera equipo con ella. Si tenía la habilidad de lectura entonces sabía obviamente su nivel real. Lo interesante es que no quisiera comentárselo a Karim. Probablemente la segunda no creería a no ser que viese aquello con sus ojos.

—¿De verdad necesito un recolector? Son caros aquí, no creo que cualquier orco quiera venir con nosotros como recolector. Hay un par de recolectores goblins, o algún esclavo quizás.

—Contrata los que puedas, te mostraré como mi grupo avanza en el abyss y nuestro nivel— Si alguno de su grupo se hallaba cerca aquella sería una buena forma de llamar la atención de ellos. De inmediato sabrían que alguien avanzaba en el abyss.

Karim fue muy renuente, especialmente cuando una pareja de goblins accedieron cobrando la cuantiosa suma de diez monedas de plata el día dentro del abyss.

—No hay problema— Mena ya había revisado el nivel de compra que tenía aquel gremio de los orcos. El veneno de plantas carnívoras era muy solicitado y bastante bien pagado. El hueso de kobold era triturado y usado en polvo como afrodisiaco. Los orcos de buen estatus compraban grandes cantidades para mezclar con las comidas o inhalar mientras bebían.

—Bien, entonces entremos al abyss.

—Pareces nerviosa.

—He entrado pocas veces, la última vez debí escapar de un grupo que no quería que cazara en su zona, fue un poco difícil.

—¿Cómo has subido de nivel entonces? — Preguntó Mena.

—Asesinatos, he hecho varios encargos de ese tipo.

—¿Matando orcos de forma sorpresiva?

—Es mejor cuando están dormidos, no esperan ningún ataque.

—Es un tipo de muerte cruel— Comentó Mena—Pero entiendo tu punto, debías sobrevivir aquí. No debió ser fácil. ¿Estás segura de entrar conmigo? Es probable que no tengas oportunidad de matar muchos objetivos, será difícil para ti subir de nivel conmigo a tu lado.

—Algo asesinaré. Además, si eres tan buena como dices, puede ser una buena ganancia monetaria, y eso a veces es más importante.

—¿Te interesa el dinero entonces?

—Tenemos permiso— Un grupo de cinco orcos se hallaba apostado cerca de un agujero semejante a una pequeña cueva. Allí iniciaba una escalera con camino al abyss.

—Humbart gert shum fel gtum

—Todo está en orden, traemos dos recolectores— Contestó Karim. Se notaba bastante nerviosa. Mena se preguntó cómo debió de estar la primera vez que entró al abyss. Los orcos por su parte discutieron bastante moviendo el par de permisos de un lugar a otro. Hasta que finalmente se retiraron de la entrada y dieron los permisos para ambas entraran junto a un par de antorchas. Aquella barrera no era tan fuerte en el abyss humano. O al menos Mena no lo recordaba de esa manera.

—Ya estamos adentro— El abyss de los orcos era distinto. La entrada se hallaba totalmente a oscuras, a diferencia del abyss humano, donde una serie de cristales iluminaban los primeros pisos.

—Bien, tengo un mapa. Por lo general hay orcos aquí y aquí en el primer y segundo piso, suelen limpiar esta zona este. Pero últimamente hay ratas muy grandes en esta zona de acá y prefieren no pasar por allí.

—Sígueme, seré rápida, solo necesito que recuerdes que camino tomamos para salir posteriormente. No me conozco este abyss— Mena de pronto desapareció de vista para Karim, reapareciendo frente a un grupo de cuatro ratas. Las eliminó supremamente rápido, solo les golpeó una sola vez y estas estallaron al instante Debo saber medir cada golpe Desapareció nuevamente y una serie de chillidos se escuchó desde la cueva siguiente. Karim corrió seguida de cerca por los goblins recolectores. Siete cuerpos de ratas se hallaban muertos tirados en el suelo, todos sin cabeza.

¿Era posible siquiera que alguien se moviera a esa velocidad? Karim cerró la boca. Probablemente se trataba de alguien que ya había pisado los pisos cuarenta a cincuenta del abyss. Los pocos orcos que luchaban en conjunto en tales pisos eran sencillamente monstruos. Se alegró, definitivamente habría un gran botín ese día.

—¡Comiencen a trabajar! ¡no separen nada, solo métanlos en bolsas y subanlos!— Señaló a los goblins que se hallaban aturdidos. Corrió por los pasillos siguiendo un rastro de cuerpos esparcidos.

Mena se hallaba en un cuarto enorme repleto de ratas mutadas, en el centro del lugar se hallaba una de tamaño monstruosamente enorme, quizás con tres o cuatro metros de largo. Aquello no importó mucho, todo resultó sin cabeza y muerto luego de un par de segundos.

—Dejemos de perder tiempo aquí, diles a los goblins que suban, bajen y nos encuentren en el piso nueve. Esto es un método muy lento.

—Eres muy buena haciendo esto, si puedes matarlos de un solo golpe en la cabeza entiendo porqué no usas armas.

—¿Esto te parece sorprendente? — Mena sonrió bajando la cabeza con pesadumbre— Tardé cerca de veinte minutos liberando lo que era casi un kilómetro de abyss. No es mucho, sin contar que es el primer piso.

—Pareces triste.

—Lo estoy. Si dices que esto te parece sorprendente significa que mis amigos no están en esta ciudad. De ser así te habrían volado la cabeza. Cualquiera de ellos me superan en fuerza y técnica. Para ellos esto sería cuestión de un par de minutos.

—No sé qué monstruo podría superarte en velocidad Mena— Respondió Karim observando los cuerpos. Los pinchaba con su espada para cerciorarse de su muerte.

—Sí, definitivamente hay monstruos en mi equipo.

Amy regresaba con cara molesta de su incursión por aquel pequeño poblado— ¿Y bien?

—Casi nadie quiere hablar con nosotros. Pero esos cuernudos no han visto a ningún otro humano o a una tumb por las cercanías.

—Lo cual lo deja bastante claro, ninguno está cerca de nuestra posición— Llevábamos dos días desde que despertamos en medio de una celda. En un principio me asusté, pero luego agradecí nadie nos atacó mientras estuvimos inconscientes. Era obvio que el tiempo había pasado debido a la sed en mi boca. Sin contar que por una ventanilla del lugar entraba la luz del día.

Amy despertó tan desorientada como yo.

—¿Dónde estamos?

—NI idea, fuimos transportados, pero no sé dónde.

—¿Dónde están los demás? Mena, Miry…

—No están cerca al menos. Las celdas alrededor de aquí están vacías.

—¿Por qué nos encerraron?

—Eso no sería lo que más me preocuparía a mí. Te va a explotar la cabeza cuando veas quienes nos encerraron.

Se trataba de la tribu de los demonios que se ubicaban al sur de Minfister, una tribu que se mantenía completamente alejada de los humanos y sus batallas y que era conocida especialmente por enormes cuernos que salían de sus cabezas. Lo cual hacía que la mayoría de los humanos les tratasen como demonios del abyss.

Entre ellos mismos se llamaban Athelos. Los Athelos eran excelentes cazadores expertos en el uso de lanzas y tridentes, pescadores excelentes capaces de llegar a cientos de metros de profundidad en el agua.

Sus cualidades físicas hacían que fuesen muy buenos para conseguir comida y otros recursos. Lo cual quitaba mucho las tentaciones de entrar al abyss. Por tal motivo eran muy pocos aquellos que se aventuraban a las profundidades.

Amy yo fuimos encarcelados puesto que aparecimos a mitad de una ciudad tendidos en el suelo. Nadie sabía nuestra procedencia, y existía una fuerte corriente antihumana entre los Athelos. Para evitar incidentes fuimos encerrados hasta despertar y ser interrogados.

La lengua de la raza de los demonios no era tan diferente a la humana. Solo parecía que silbaran cada palabra y la alargasen hasta el infinito.

—¿Cómo te fue a ti?

—Conseguí un lugar donde dormir. Pero cuesta cuatro drines la noche— Respondí. Los drines era la moneda local, su valor era según los comerciantes semejante a una plata dentro de la ciudad, pero inferior a un bronce si se trataba de comercio exterior. Por razones de geografía comerciaban por vía marítima con humanos y orcos, pero no mezclaban sus culturas.

—Eso nos deja con el primer problema.

—Necesitamos dinero. Creo que debemos entrar al Abyss.

—Yo primero quiero encontrar al resto Allan.

—Yo no creo que sea tan buena idea.

—¿Por qué?

—No están aquí, y tanto Miry como las niñas y los lobos resaltan bastante para pasar desapercibidos. Lo más posible es que estén bastante lejos— Dije lo que resultaba obvio para ambos desde la noche anterior, pero que ninguno quería aceptar— No colocamos ningún punto de encuentro, pueden estar prácticamente en cualquier parte. Lo mejor que podemos hacer es entrenar y buscarlas sistemáticamente. Primero debemos recorrer este continente, luego movernos al siguiente y limpiar todas las zonas lo mejor posible.

—Tomará años hacer eso— Respondió Amy.

—Tengo un método que puede acelerar todo el proceso. Pero como dije, necesitamos entrar al abyss.

—¿Crees que los muertos atacarán nuevamente?

—Creo que están en camino, solo estamos suficientemente al sur para no sentir todavía los estragos. O subimos rápido de nivel o caemos en el proceso— Me levanté del pequeño muro de piedra en el cual me encontraba. Y dirigí con Amy rumbo a la ciudad. 

—Tengo un método que puede acelerar todo el proceso. Pero como dije, necesitamos entrar al abyss.

—¿Crees que los muertos atacarán nuevamente?

—Creo que están en camino, solo estamos suficientemente al sur para no sentir todavía los estragos. O subimos rápido de nivel o caemos en el proceso— Me levanté del pequeño muro de piedra en el cual me encontraba. Y dirigí con Amy rumbo a la ciudad.

—¿Cómo crees que debamos bajaren el abyss? No creo que sea tan fácil subir de nivel.

—Al contrario. Empiezo a creer que las herramientas están allí. Solo no las hemos usado— Nos movimos por el poblado rumbo al abyss más cercano. La discusión sobre entrar o no la tuvimos muchas veces. Sin contar que no era muy difícil. El gremio de los Athelos era casi inexistente. Un par de casas acomodadas a los lados del enorme agujero. Ninguna muralla tampoco. Solo una tienda de armas, y una recepción en el otro extremo de la entrada principal.

—Me gustaría este lugar de no ser porque comen el pescado crudo—Se quejó Amy rechazando un trucha ensartada en un palo que ofrecía un vendedor ambulante.

—Podría ser peor, podría tratarse de intestinos de goblins, o humanos.

—No lo hagas más repugnante, ayer estaba a poco de vomitar cuando me tragué ese pedazo de pulpo.

—Si admito que las ventosas eran algo extrañas de tener en la boca.

—¿Sabes? Tengo un presentimiento que piensas hacer una locura dentro del abyss.

—Puedes quedarte afuera si quieres— Contesté con una sonrisa.

—¿Estás loco? Iré— Amy guardó silencio un rato hasta posicionarse a mi lado y tomarme del brazo— ¿Alguna vez te preguntas que habría pasado si no me hubieses rescatado ese día del fenrir?

—¿Ah? —Recordaba muy bien el suceso. Aunque por muchas razones sentía que aquello ocurrió años atrás.

—Probablemente habría muerto hace mucho, cuando invadieron Utghardie.

Traté de decir algo positivo— Eres la mejor maga que conozco.

—No controlaba la habilidad de atracción, los orcos nunca dudarían. Hubiese sido fácil. Aquella noche, después del ataque, tenía miedo. No podía dormir ni moverme de la cama. Sentía que en cualquier momento entraría una de esas cosas. El único momento tranquilo era cuando estabas cerca. Por eso no me importó buscar de entrar al abyss.

—Fue una decisión loca ¿lo sabes? La mayoría de los chicos de tu edad habrían muerto.

—Pero tú estabas allí.

—Eso no significa que estabas a salvo. Te llevamos aquella ve porque era más peligroso dejarte por tu cuenta.

—Volví a sentir ese miedo hace unos días. Creí que cuando los orcos atacaron Utghardie, o cuando estaba en el fondo del abyss defendiéndome de otros orcos eran momentos difíciles. Pero lo de hace unos días. Me sentí desesperada.

—Eran superiores en muchos sentidos.

—Eran dioses Allan— Ningún humano puede enfrentarse a esas cosas. No importa como lo vea, creo que vamos a morir todos— Por alguna causa sonrió de forma amable y salió corriendo rumbo al portal del abyss que estaba bastante cerca— ¿Traes suficiente pan y huevos? No quiero morir de hambre dentro del abyss— Asentí ante su pregunta, básicamente era todo el contenido de mi mochila.

—Hola Charl— Saludé al guardia, quien apenas respondió alzando la vista. Sujetaba a Amy de la blusa levantándola para que no pegara los pies al suelo y corriese rumbo al abyss.

—¿Piensan entrar hoy? Ya hay un par de aventureros allí abajo desde hace dos días.

—¡Suéltame! ¡O juro que te corto ambos brazos y piernas! — Gritaba Amy girando su cuerpo.

—Creo que es mejor que la sueltes, no sabes cómo puede ser enojada.

—No creo sea seguro que una niña entre al abyss— Charl me dedicó aquella mirada que noté el día anterior. Pensaba que de alguna forma había convencido a Amy de entrar conmigo para abusar de ella allí abajo. Si supiera que era Amy quien se metía bajo mis sábanas al dormir y se pegaba tanto a mí que parecía querer fusionarse.

—OK, por mi puedes detenerla— Contesté y crucé de brazos a un par de metros de distancia. El Athelos se acercó hasta Amy agachándose un poco.

—Señorita, yo creo que usted— No había pronunciado la primera palabra cuando noté el cambio repentino en el rostro de Amy. Podía ser una dulce y juguetona princesa en su tiempo libre, pero si le hacías enojar se convertía en una guerrera digna de temer.

La chica giró sobre su cuerpo y su pie se dirigió directo a la cabeza del guardia. Pero se encontró de pronto con mi mano, para detenerla y obligarla a girar en sentido contrario.

—¿Por qué atacaste? —Pregunté.

—Me cree débil, además tú estabas allí para detenerme verdad— Respondió ella. Me pregunté si notó como la pared detrás de Charl estalló y el guardia quedó helado ante tal explosión de energía. No se habría podido defender en ningún momento.

—Discúlpala, a veces es un poco explosiva, aún más cuando la toman por débil o pequeña.

—Fue mi error— El guardia procuró erguirse nuevamente y recuperar el aliento— Fui desconsiderado con un aventurero solo por su tamaño. Me disculpo.

Tenía ganas de decirle que no debía disculparse, en cualquier otra situación habría tenido razón. Además los Athelos consideraban a los humanos como maquinas deseosas de sexo a cada rato. Cuestión por la cual procuraban no mezclarse mucho a excepción de para cuestiones de mercadeo.

—¿Puedes hacerme un favor? Evita que alguien más baje por debajo del piso siete en las próximas 24 horas.

—¿Por qué? ¿Puedo preguntar?

—Limpiaremos la zona.

Me miró como preguntándose si yo hablaba en serio, luego asintió con la cabeza —No dejaré que bajen.

—Bien— Pasé el umbral y comencé a descender por las escaleras adentrándome en la oscuridad del abyss. A cada paso que daba me percataba de algo, extrañaba la sensación que el abyss creaba. Era zozobra y la noción de que los enemigos se acercaban a cada paso.

—¿No piensas hacer nada en los primeros pisos?

—No ganaremos experiencia aquí— Un par de ratas se lanzaron sobre nosotros, a la primera de ellas la apuñalé en la sección del cuello. La segunda de ellas la golpee hasta hacerle explotar.

—Pues yo no me sé el camino por aquí. Podríamos dar vueltas como tontos un buen rato.

Y así fue. Sin ayuda de un mapa y sin conocer el camino de descenso tardamos un par de horas en llegar al ansiado piso ocho para iniciar nuestra cacería. Increíblemente por el camino hallamos varias armas que suplieron las nuestras de pésima calidad. Algo que nunca nos sucedió en nuestras antiguas incursiones dentro del abyss.

La siguiente parte de mi plan era muy simple. Amy y yo activamos al unísono la habilidad de atracción.

Una marejada de bestias se movieron por al abyss en nuestra dirección. Sin embargo, ante un par de pasillos estrechos se vieron diezmados por una lluvia venenosa. Una combinación de magia agua de Amy y veneno de mi parte.

—Detente— Ordené a Amy cuando logré visualizar o que llevaba un par de minutos buscando. Un beartroll de cerca de tres metros de alto con un hacha gigante de acero y cuerpo casi negro en su totalidad— Vas a tener que curar a esta criatura.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Solo hazlo, cúrala cuanto puedas, ponle magia regeneración también— Con estas palabras me adelanté para darle una calurosa bienvenida a la bestia enorme. La golpearía hasta reventarle los huesos y dejaría que subiera de nivel cuantas veces fuese posible.

Casi muere al instante con los primeros dos puños a su torso. Amy ejecutó mi orden a la perfección mientras se encargaba de un grupo de esqueletos campeones que se acercaban por un costado. Ella era una maga sin igual, con un suministro de maná tan enorme que no podía calcularlo mentalmente. Llevaba varios minutos usando magia agua y no se mostraba siquiera cansada.

El beartroll rugió al aire y buscó de impactar con su hacha, pero sucumbió nuevamente ante un par de golpes en su pecho.

Podía notar como su ira y aire amenazante aumentaba cada vez que Amy le curaba.

—¿Puede shablar? — Pregunté, pero el beartroll nunca respondió, solo se limitó a golpear en cada punto en el cual yo me encontraba. Con mayor precisión, fuerza y velocidad. 

—¿Para qué le curo?

—Así es como se domestica a una bestia del abyss y se sube de nivel a la misma.

—¿Sube de nivel?

—Si resiste cada una de las palizas que le dé, aprenderá de ellas y comenzará a moverse distinto— Recité al tiempo que esquivaba una estocada del hacha y propinaba un puño directo a su abdomen. El área resonó con un estruendo y la sangre brotó desde su espalda. A pesar de ello la herida se cerró al instante. El beartroll rugió con furia y soltó su arma.

Los siguientes ataques, aunque mejores, no resultaron efectivos. Y así nos mantuvimos los siguientes diez minutos.

Ya no llegaban enemigos a nuestra zona. Solo nos hallábamos el beartroll y yo. Amy se encontraba sentada sobre una roca solo observando, yo me encargaba de curar al beartroll por mi parte desde hacía un rato. La lucha cambió drásticamente luego de que este muriera dos veces. Las cicatrices en su cuerpo se hicieron notorias a pesar de la curación y su cuerpo parecía haberse reducido de tamaño pero hecho más fuerte. Podía sentirlo a cada golpe que propinaba. Ya no lograba reventar sus órganos internos a un solo golpe.

Se rindió un par de rounds después, sucumbió ante la diferencia de poder y se arrodilló frente a mí. Obviamente no podía hablar, pero podía observar su sumisión en la mirada.

—¿Ya no te opondrás a mí? — No hubo respuesta, se hallaba tranquilo con la cabeza gacha frente a mí. Me pregunté qué pensaría aquel ser, por más que luchaos y subió de nivel, nunca logró tener la habilidad del habla.

—Tengo una petición para ti. Te otorgaré una marca en tu hombro, esto significará que estás bajo mi tutela y cuidado. No te mataré, pero lucharás para mí. Quiero que asesines a toda criatura que encuentres, a no ser que esta lleve un símbolo igual que el tuyo en el hombro.

La bestia se levantó golpeando su pecho. Recogió su hacha y retiró de la cueva lanzando bufidos antes de correr. Me reí ante aquella visión, era como un jefe de piso rondando por el piso ocho del abyss. Las demás criaturas no tendrían siquiera oportunidad, y para mejorar, yo recibiría una cuota de experiencia por cada monstruo que esta eliminase.

—¿Ese es tu plan? ¿Conquistar el abyss haciendo súbditos tuyos que peleen por ti? ¿Cómo harás cuando toquemos el piso cuarenta?

—¿Sabes? Para ser alguien que tiene plena confianza en mí, te quejas mucho.

—Tengo plena confianza, pero no soy idiota.

—El plan es usar esto, la habilidad para subir de nivel con el ritual del fuego y nuestras habilidades de atracción para crecer muy rápido en cada uno de los niveles.

Amy recogía del suelo un par de gemas— Esto va a ser agotador, espero que encontremos algún riachuelo. Quiero lavarme un poco.

El piso diez del abyss tenía sus puertas de piedra enormes como siempre. Recordé que tiempo atrás aquello me daba miedo en extremo. Sin embargo Miry permaneció a mi lado en todo instante, y ella era mucho más fuerte que yo en ese entonces. ¿Dónde estaría en ese momento? Con ese pensamiento en mente abrí las puertas del piso diez para enfrentarnos al cíclope, o mejor dicho, al grupo de cíclopes mutados que se hallaba en tal piso.

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—¡Señor ayúdela por favor! ¡Haré lo que sea!— Fera lloraba con desesperación ante aquel transeúnte, este le miró, y luego dirigió la mirada a las puertas de la ciudad, donde Ciel se hallaba con Millen en brazos, buscando ayuda junto a Tania, Jao y Siren. Un poco más atrás se observaba a un enorme lobo de la tundra negra con una tumb malherida sobre su lomo.

—¿Qué haces junto a los humanos? Si quieres puedo alejarte de ellos.

—¡No le estoy pidiendo eso, quiero es ayuda para mi mamá! — El hombre se alejó con la misma vista que le dirigían el resto de los presentes, una mezcla de asco con odio.

Se hallaban en una pequeña ciudad cerca de Soma, en el continente Tylean. Ninguna de ellas podía entender cómo llegaron hasta allí, pero desde horas atrás buscaban ayuda para Miry, a quien sus heridas le dejaron inconsciente y al borde de la muerte.

Ninguna de ellas tenían gemas de curación consigo, Ciel había vendado las heridas superficiales, sin embargo lo más preocupante eran sus quemaduras que hicieron hervir gran parte de su piel en varias secciones.

Sombra se hallaba decaído luego dela pérdida de Shun, Kuro y Shiro. Tania lloraba sin parar mientras Millen por alguna causa se hallaba en silencio, como si comprendiese lo tenso de la situación. Jao se movía junto a Siren peguntando por ayuda, pero los niños casi fueron golpeados por los residentes. Aparentemente nadie gustaba de compartir con los humanos.

Los residentes de aquel pueblo, y todo el continente Tylean eran bestiales. Algunos tenían apariencia simiesca, semejante a Shun, otros portaban plumas y cabeza de águilas, mucho más altos que un humano. Otros tenían cabeza de león con abundantes y exuberantes melenas. Había tumbs en aquel lugar, y Fera habría estado gustosa de verles, pero en ese momento nadie les prestaba atención sobre Miry, y la desesperación nublaba su ser.

¿Qué debía hacer?

Al frente de ella paseaban varios seres de diferentes especies sin escuchar su clamor. ¿Acaso no entendían? Ella era capaz de cualquier cosa, vender su cuerpo, su alma y regresar a la esclavitud, lo que fuese si alguien era capaz de sanar a su madre.

—Voy a tener que pedirles abandonen la ciudad en este momento.

—¿Qué? — Ciel abría los ojos sin comprender del todo al sujeto con cabeza de lagarto que le hablaba. Se trataba de un guardia de la ciudad. Distinguible a distancia debido al uniforme oscuro que portaba.

—Están causando molestias entre algunos residentes y ya un par de comerciantes se han quejado de bueno, los niños…

Ciel cerró la boca y frunció el ceño, se hallaba tan indignada. En especial cuando aquel lagarto señaló a Jao y Siren. ¿Qué rayos se creía esa gente? Debía irse, notaba como las miradas se centraban en ellos y varios de los transeúntes se detenían solo a dedicarles miradas llenas de desprecio. Ciel sintió un escalofrío recorrerle y repasó sus opciones con una enorme sensación de impotencia. A ese paso no podrían salvar a Miry, y ella no tenía conocimientos en plantas para poder salvarla en las afueras de la ciudad. ¿Qué le iba a decir a las niñas?

—Si mi mamá no recibe ayuda los voy a cortar a todos— Fera sacó el par de dagas que Allan compró para ella de su espalda y las llenó de magia de fuego.

—¿En serio una niña tumb piensa pelear en un lugar lleno de bestias? Haga algo oficial— Un sujeto de raza felina lanzó una risa estridente burlándose.

—Si todos son nuestros enemigos, los mataré a todos— Las lágrimas de Fera caían.

—¡Calma Fera! — Expresó Ciel, aunque la verdad podía sentir la misma ira que la pequeña. ¿Por qué eran tan injustos con ellas? —Señor oficial, nosotras solo estamos pidiendo ayuda para nuestra compañera, está herida y…

—No me interesa. La orden directa es desalojarles— Otro par de guardias aparecieron desde los costados y Fera no soportó la situación. Se dirigió al ataque directo contra el primero de ellos, en un segundo se halló frente a este, sin embargo, su daga no se incrustó en el cuello al cual apunto. El guardia le esquivó, y con un movimiento de su brazo la hizo girar en el aire para lanzarla al suelo. Sombra, hasta entonces impasible y casi adormilado, dejó caer el cuerpo de Miry para lanzarse al ataque. Pero un hombre con melena de león detuvo sus fauces directamente con sus brazos. Ciel y Tania gritaron al instante y la tensión reinó en el ambiente.

—¡Calma! — Un hombre con apariencia de cerdo venía acompañado de otro con cabeza de águila y un tercero con melena de león muy altivo. El primero de ellos venía con los brazos en alto y portaba un par de joyas en el cuello haciendo evidente su posición económica— ¿Qué sucede aquí oficial?

—Señor Flamio— El primero de los guardias observó a los tres individuos y luego a Ciel— Estas… personas llegaron hace poco pidiendo ayuda para una de sus compañeras, una tumb. Pero la orden dada por Gario fue explícitamente de sacarlas de aquí.

—Gario… Gario, sabes que no siempre es el más inteligente entre nosotros. ¡Pero qué bienvenida tan poco placentera les hemos dado a estas mujeres! ¿No crees? — El guardia soltó a Fera, la cual se dirigió a observar a aquel hombre con rostro de cerdo.

—Sí, probablemente no es la mejor bienvenida a la ciudad señor Flamio— Respondió el guardia para pararse erguido y luego bajar su cabeza.

—Bien, dejando eso en claro. Cuéntenme ustedes ¿Cuál es el problema?

—¡Mi madre, necesitamos ayuda para nuestra madre! — Exclamó Fera ante el hombre. Ciel por su parte guardó silencio e intentó calmar al pequeño Millen que rompió en llanto. Sin embargo, un mal presentimiento recorrió su espalda y deseo escapar de aquel lugar, pero no dejaría a Miry o a las niñas allí ¿qué debía hacer?

—Kyre, revisa a la tumb— El hombre con cara de cerdo le indicó la orden al de rostro de pájaro y este tan solo asintió con la cabeza y movió hasta donde Miry se hallaba detenida, mientras que el hombre con melena de león calmaba a su igual de sostener la fauces de Sombra.

—Quemaduras en varias zonas de gravedad y algunas heridas internas que continúan sangrando. Debería haber muerto hace mucho.

—¿Se puede salvar?

—Sí señor, con algunas gemas de curación es posible— Contestó el cabeza de águila moviéndose de su posición.

—Ya lo escucharon, es posible salvarla— Flamio juntó sus manos y miró al grupo.

—¿Qué quiere a cambio? —Preguntó Ciel entregando a Millen a la pequeña Tania.

—¿Por qué la desconfianza? No estoy pidiendo nada a cambio, hace menos de dos días fui ayudado por un pequeño grupo de humanos que escapaban de la ciudad de Emma ¿cómo no devolver el favor?

—No me agrada ese hombre— Susurró Tania al oído de Fera.

—¿También lo notaste? Tiene la misma mirada que el imbécil que nos hizo esclavas— Respondió esta, a lo cual Tania asintió con la cabeza— Pero no hay muchas opciones, es él o mamá muere.

—Si quieren pueden venir con nosotros, mi casa queda a pocas cuadras de distancia, puedo suministrar las gemas necesarias y luego ustedes se retiran— Mostró una sonrisa tranquila ante ellas. Ciel sintió un retorcijón de tripas, pero no había muchas opciones de las cuales tomar. Era eso, dejar morir a Miry, o tomar las gemas por la fuerza, aunque ella no era la mejor guerrera. A pesar del mal presentimiento Ciel sentía que podía solventar aquello, incluso si lo peor sucedía y tenía que entregar su cuerpo a cambio de las gemas. Estaba dispuesta a aquello.

Los compañeros de Flamio eran Timbor, con su cabeza de águila, y Jerome con su apariencia de león altivo y cuerpo musculoso. Los tres expresaron dedicarse al mercado de pieles y productos textiles. Uno que según ellos, no perdía vigencia en las ciudades del continente Tylean.

—Pueden dejar al lobo descansar en la caballeriza, aunque no creo que sea lo más cómodo, será suficiente para que descanse un rato— Señaló Flamio mientras llegaban a la estancia, que ciertamente se hallaba apenas a tres cuadras del lugar. Se trataba de una casa enorme de madera, con tres pisos de alto y ornamentos en todos los lugares. La visión de tal lugar resaltada  debido a la diferencia contra otros sitios del lugar mucho más recatados y modestos.

—¿Qué hacemos si él intenta algo? — Preguntó Tania a Fera, mientras que Jao escuchaba atento. 

—Pues nos defendemos con todo lo que tenemos, pero primero debemos esperar a que mamá Miry sea curada— Fera pasó una de las dagas nuevas a Jao y otra más vieja a Tania para que ambos las guardasen en sus espaldas.

—Estoy preparado, haré lo necesario— Respondió el chico al momento en que entraban al hogar de aquel individuo.

Lo que ninguno de los presentes se esperaba era la recepción a tal lugar. Una luz brilló en el lugar y los presentes sintieron como si parte de su energía se dispersa y abandonase sus cuerpos. Tania casi cae al suelo al instante. Dos sujetos aparecieron por los costados, ambos con apariencia de león para sujetar y golpear a Ciel en el rostro. No hubo forcejeo posible, fueron diezmados en cuestión de un par de segundos, para luego caer profundamente gracias a la influencia de alguien que conjuraba magia sueño. 

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