53. EL VALOR DEL SACRIFICIO

—Fue un negocio limpio, y por tanto creo que merezco una compensación— Xue se hallaba plantado frente a mí al lado de un par de guardias. Yo no tenía intención de lastimarle, en especial porque no le conocía y tanto Mena como Amy abogaban por él. Aparentemente fue un buen amo dentro de lo posible. Sin embargo a mí me indignaba un poco el que no les quitase las argollas de los cuellos.

Acabábamos de salir del coliseo y ya éramos interceptados.

—Pero ellas jamás debieron ser vendidas como esclavas. Eran aventureros libres en Arglory.

—Las leyes de Arglory no pueden ser aplicadas aquí. Ellas llegaron como esclavas y yo les brinde comodidad hasta donde pude. Todo dentro de una transacción legal.

—No entiendo qué pretendes ganar. Ya fui muy claro, no irán a Cintiael con usted a ningún arreglo.

—Esto puede ser algo de beneficio no solo para mí, sino también para ustedes, puedo presentarles personas muy influyentes.

—Pero nosotros no tenemos intención de viajar a Cintiael— Expresó Miry, a lo cual yo asentí con la cabeza.

—Temo que debo insistir.

—Y yo temo que esta conversación no va a ningún lugar— Comenté cruzándome de brazos. Uno de los guardias me observaba como animándome para comenzar a pelear, pero yo no estaba de muchos ánimos— Además, dudo no obtuviese ganancias con las peleas que les hizo pasar.

—Pelea donde la señorita Mena me pidió enfrentarse a Kant expresamente.

—¿Es cierto? — Pregunté, a lo cual Mena se encogió de hombros y asintió— ¿Le parece si llegamos a un acuerdo económico? — Pregunté.

—¿Qué ganaré yo?

Saqué una gema de la bolsa que llevaba conmigo y le entregué al hombre una gema negra. Este la miró en su mano, la examinó con la vista y luego me examinó a mí.

—¿Por qué esta gema es negra?

—Por qué es más poderosa que las gemas moradas que ustedes usan normalmente— Repuse. Sin embargo Xue cambió la mirada a Amy y Mena.

—¿Es cierto?

—Mucho más poderosa que cualquier gema que ustedes comercialicen. Las sueltan criaturas extremadamente fuertes. Perfectamente puede guardar tanta magia fuego como usted quiera, y con ello alumbrar su casa casi para siempre.

—¿Qué valor tiene esta gema? —La levantó para observarla a contra luz. Ni un rayo de sol la atravesaba.

—El valor que usted desee, no está en el mercado, no tiene precio.

Los ojos de Xue se iluminaron y guardó la piedra raudamente. Luego cambió el semblante y sacó un pedazo de papel. —Necesitarán esto para que no molesten a Amy ni a Mena— Se trataba de un documento que especificaba ambas eran completamente libres y habían saldado su deuda. Al final fue firmado por el hombre y sellado con su sangre. Me sorprendió la velocidad con la cual hizo todo el procedimiento. Como si estuviese preparado para ello. Otro punto que me impactó es que liberó de igual forma a un guerrero Omni que acompañaba a las chicas y que se hallaba detrás de nosotros sin emitir opinión alguna— Les servirá de este modo, no llegué a colocar ninguna marca sobe sus cuerpos así que no te tienes que preocupar por eso— Entregó el papel mientras otro grupo llegaba donde nos hallábamos.

—Quiero una revancha.

—No habrá ninguna revancha Kant— Comentó Mena de inmediato al chico acompañado de dos chicas.

—En la arena siempre hay el derecho a una revancha si los contendientes están con vida.

—No me interesa la arena ni pertenezco aquí, tampoco me interesan sus reglas— Comenté a lo cual Xue me pareció lanzaba una risita por debajo.

—Ellos saldrán de la ciudad muy pronto— Expresó Xue.

—¿Irán a Cintiael? — Preguntó Kant.

—Nos dirigimos a Arglory— Expresé.

—Pero Arglory será destruida dentro de poco, todos saben que el ejército de los muertos está avanzando y que sus fuerzas no pudieron contra el cataclismo del abyss.

—Arglory es nuestra tierra, es donde iremos. No importa si hay muertos o criaturas, Miry lo sabe— Añadió la tumb.

—¡Oye, oye, oye! — Kant me detuvo colocándose frente a mí antes de que pudiéramos marcharnos. Se hallaba curado, pero en su ropa estaban las huellas de la lucha, los rastros de sangre y rasgaduras permanecían— Quizás no quieras una revancha, pero debemos conversar, no es raro que en los isekai existan grupos que están destinados a cooperar para poder prevalecer al final.

—No entiendo a qué te refieres— ¿Qué carajos significaba isekai?

—Tu y yo llegaos por los faros, somos lo que aquí llaman rucks, somos personas de otro mundo.

—Mena también— señalé a la chica.

—Eso explicaría mucho. Es normal que existan diferentes coprotagonistas dentro de un isekai. Pero definitivamente ir a Arglory y morir en esta etapa de la historia no es recomendable.

—Te vas a aburrir de sus tonterías Allan— mena se cruzó de brazos mientras Xue se despedía de Amy y retiraba.

—¿Ustedes de verdad no recuerdan nada sobre su mundo? ¿Nuestro mundo? — Preguntó Kant extendiendo los brazos ante nuestras caras llenas de negativa.

—¿Tú recuerdas tu vida antes de venir aquí?

—Claro, es lo que me ha permitido subir rápidamente, pensé, que debido al nivel que ustedes tenían y su capacidad de lucha, lo más normal es que conservasen también sus recuerdos. Eso o han vivido aquí no sé, unos die años, yo apenas cumplo cuatro años en este lugar.

—Casi dos años tenemos Allan y yo aquí— Respondió Mena dejando al chico sin palabras. Recordé que yo había llegado con Mena tiempo atrás. ¿Tanto había pasado?

—Es un ritmo de crecimiento muy rápido— Asintió Kant— Entiendo que quieras volver a nuestro mundo, pero deberías mantener calmado tu ritmo de crecimiento, en muchos isekais los protagonistas se lesionan de forma irremediable debido a un sobre entrenamiento.

—Yo no planeo regresar a ningún mundo— Expuse.

—Si, claro, eso también…. ¿No planeas regresar a nuestro mundo? — Kant abrió mucho los ojos— ¿No extrañas los videojuegos? ¿los carros, los aviones, las series de televisión, los celulares, los mangas, las hamburguesas y las pizzas?

—Kant nos ha contado que en su mundo las personas pueden volar— Expresó una de las chicas.

—¿Pueden volar? — Amy se mostró fascinada.

—No directamente, solo lo pueden hacer con máquinas para ello, pero sí, pueden volar.

—Lo siento, no tengo idea de a qué te refieres, y he buscado de armar mi vida en este mundo— Me aparté para continuar el camino. Sin embargo Kant se apresuró y posicionó nuevamente delante de mí.

—No es normal que quieras quedarte, a no ser… ¿moriste en nuestro mundo? —Preguntó y yo me quedé frío ante sus palabras ¿morir?

—¿Morir? ¿Qué significa eso?

—Yo no puedo recordar esa parte, no sé si morimos en nuestro mundo antes de venir a este— Kant relataba y Miry, Mena y Amy se mostraban interesadas en aquella información, yo por mi parte deseaba llegar a casa a descansar y comer un poco. Había perdido interés sobre mi vida anterior con el tiempo. Aún existía una chispa de curiosidad, pero se fue dispersando hasta hacerse nada con el tiempo. No tenía idea qué clase de persona fui en mi otra vida, en cambio en esta podía vivir junto a Miry y aquello me era suficiente.

Kant continuó su relato— La manera más normal en la cual se llega a otro mundo es por dos razones. Una, si es convocado y tu vida en el otro mundo no terminó, en cuyo caso siempre existe una forma de volver a ese mundo, una vía de regreso. La otra es que mueras, y esta vida fuese una segunda oportunidad. En cuyo caso no hay forma de regresar. Ahora, no creo que sea esta segunda, debido a que aparecemos ya siendo grandes, no tiene sentido, lo más normal es que apareciéramos pequeños y capaces de aprender todo en este mundo de forma más natural.

—¿Entonces dices que podemos regresar a nuestro mundo? — Preguntó Mena.

—Bingo, totalmente. Lo más probable es que se trate de un tipo de magia muy potente, pero si. La otra posibilidad es que primero tengamos que librar a este mundo de todos sus males, no sé si sean los muertos o el laberinto. Pero luego de eso tendremos, lo más seguro, una opción de regresar.

—Solo tenemos que enfrentarnos a un dios o al rey de los muertos— Me reí sin intención.

—¿No piensas hacerlo? —Preguntó Kant.

—No has estado frente a Emerant, yo sí. Te lo aseguro, lo mejor que puedes hacer es buscar de vivir tu vida lo más pacífica posible, evitar los problemas y solventar lo que suceda— No lo dije solo de boca para afuera, lo pensaba realmente. No tenía por qué luchar contra muertos o Emerant. Si podía evitarlo lo haría.

Me retiré dejando a Kant contrariado con mis palabras, sin embargo una pregunta si vino a mi mente— ¿Sabes cómo se consiguen los títulos?

—Es como una recompensa que te da el sistema, aumenta tus estadísticas de alguna forma. Debes hacer algo muy grande, conozco un par de personas que tienen título, ambas lo consiguieron por pasar más abajo del piso cincuenta del abyss.

—¿Han llegado tan debajo? — Me sorprendió Kant no me parecía el sujeto más fuerte del planeta, pero era considerado fuerte allí, en un lugar donde las personas habían pasado por debajo del piso cincuenta. Sonreí ante aquello y continué mi camino junto al resto.

—Nos tendremos que encontrar en algún momento. ¿Lo sabes? Los héroes de un isekai siempre terminan cruzando sus caminos— Gritó desde lejos y siguió comentando otras cosas, yo no presté mayor atención. Sentí por un instante que, de saber más sobre aquel mundo me sentiría obsesionado con este y no lo deseaba. En cambio había algo mejor, la seguridad que al pasar el piso cincuenta del abyss se podría obtener un título.

Llevábamos medio camino de regreso cuando Miry se acercó a mí con rostro preocupado— ¿Regresarás a tu mundo?

—¿Qué?— Me impactó la pegunta, sin duda por su tono de voz iba en serio— No, no ¿por qué me voy a regresar a otro mundo?

—¿Y si al terminar todo olvidas a Miry y apareces en otro mundo igual que este sin recordar nada?

—Miry, yo— Era posible, si de pronto apareciera en otro mundo distinto a Matneim sin recuerdos ¿cómo podría saber sobre Miry y mi hijo? ¿Qué me ataría?. Suspiré ante ese pensamiento— No pienso abandonarte, soy feliz aquí.

—¿Sabes qué me haría feliz a mí? — Sentí como Amy me tomó de la mano y aferró del oro lado de mi cuerpo— Un poco de chocolate, como antes.

—Podemos comer algo antes de ir a la casa— repuso Miry.

—Yo me despediré de ustedes, fueron y son chicas por las cuales oraré toda la vida. Nuestro Dios Numer debe estar orgulloso de ustedes— Giré la cabeza, la voz era del guerrero Omni que ahora sostenía las manos de Mena.

—Fue un placer conocerte Krun— Respondió la chica.

—Mi nombre es Kruneotet, si en algún momento pasan por la aldea Omni, con mi nombre tendrán un lugar donde dormir— Sonrió antes de tomar su propio camino.

—Los guerreros Omni son raros, fuertes, ero raros y silenciosos— Mena se acercó a nosotros contrariada por el hombre a quién no conocía bien, pero fue un compañero en el último mes de vida.

—¿Casa? — Intervino Amy.

—Tuvimos que alquilar un lugar— Respondí regresando a la conversación anterior— Llevamos dos días buscándoles.

—Millen debía dormir.

—¿Con quién dejaste al niño? ¡Quiero verlo ya! — Se adelantó Mena.

—Con Ciel, Stella, Shun y los niños— respondió Miry.

—¿Ciel vino? — Preguntó Amy.

—¿Quién es Shun? — Inquirió Mena. Había mucho por poner en orden entre nosotros. 

Primero debimos pasar a ver a Sombra, Kuro y Shiro, quienes se hallaban a las afueras de la ciudad debido a que adentro creaban bastante conmoción. Además necesitaban alimentarse y nunca podría tener suficiente dinero para alimentar a tres lobos gigantes tres veces al día con enormes raciones de carne. Los tres eran independientes y bastante más fuertes que la mayoría de las criaturas evolucionadas del abyss.

En nuestro camino hasta la nación de Minfister notamos que las bestias sufrían nuevas evoluciones, especialmente aquellas que se hallaban en altamar, donde parecía comenzaban a crecer a tamaños desproporcionados. Hallamos una tortuga del tamaño de media ciudad que atravesó el agua por debajo de nuestro pequeño bote, al igual que un pez con una punta puntiaguda de cientos de veces el tamaño normal de cualquier pez. Cualquiera de los dos podría haber tragado nuestra embarcación con un mínimo esfuerzo, pero aparentemente éramos presas insignificantes.

Ya en tierra, cerca de la ciudad de Merak, Shun y yo encontramos una bestia de unos cinco metros de alto semejante a un caballo con una cresta filosa como espadas. Su piel intentaba camuflarse con el ambiente a su alrededor, sin embargo el disfraz no era perfecto y aún era visible. No era nada semejante a lo antes visto por nosotros.

Mena y Amy quedaron sorprendidas ante la visión del trío de lobos. No esperaban que ciertas criaturas pudiesen ser domadas y criadas para el beneficio. De hecho contrariaba la lógica de que todas las criaturas debían ser eliminadas, pero tampoco era algo nuevo para nosotros. Ya sabíamos que los goblins podían razonar. Por mi experiencia, aparentemente había criaturas con inteligencia que se separaban de otras, y en el caso de los lobos, luego de ser domados, tomarían la palabra de su domador como ley absoluta. Sombra, Shiro o Kuro no se atrevían a atacar a ningún humano a no ser que yo lo ordenase, eran dóciles en extremo y se comportaban como cachorros en compañía de los niños de Tania, Fera, Siren y Jao.

La posada donde nos quedábamos se hallaba en la sección oeste de la ciudad. Una zona que comúnmente se dedicaba más a la crianza de aves gigantes que luego eran usadas como alimento. El lugar era enorme, probablemente famoso en otros tiempos, sin embargo ahora se trataba de un lugar bastante descuidado casi al borde de la ciudad. Los comensales eran pocos y los huéspedes aún menos. De las veinte habitaciones, una era usada por la pareja de dueños y otras dos por un par de viejitos. El resto se hallaban desocupadas, por lo cual fue fácil alquilar cinco habitaciones para nuestro grupo de diez. Con la adición de Mena y Amy debimos tomar una sexta habitación con cama doble y pedir más ración de carne.

Aheo era un hombre gordo de sonrisa amable que solía hallarse lleno de harina, su esposa Julieta barría y atendía las habitaciones. Ambos se mostraban bastante felices de tener el lugar tan lleno y de que nosotros pidiésemos tanta comida. Shun y yo llevábamos pocos días descendiendo nuevamente al abyss, por lo cual llegábamos hambrientos. La sorpresa era que Fera y Tania también comían en grandes cantidades.

Miry lo atribuía a la época de crecimiento de las tumbs. Yo no sabía que las tumbs tuviesen tal época, pero ninguna de las dos tenía tamaño para la cantidad que devoraban. Me sorprendió también que ambas aceptaban comer carne. Eso no fue necesario que Miry lo explicase, aparentemente mientras fueron esclavas debieron aprovechar cualquier cosa que les dieran.

Un ave de aquellas enormes solía costar un oro, una completamente preparada tenía el enorme valor de dos oros. Fue normal que Aheo mostrara una enorme sonrisa y se hallara muy feli cuando decidimos comprar el ave y suficiente chocolate para todos nosotros. Un gasto total de tres oros y medio, algo que un aventurero normalmente no se gastaría a la primera. Pero ninguno estaba muy preocupado por el dinero.

Verán, Cintiael y Merak eran ciudades con guerreros bastante fuertes, que en su mejor momento llegaron hasta el piso cincuenta y tres del abyss. Eso solos los mejores, la mayoría acampaba diez pisos más arriba, donde supuestamente la cantidad de criaturas merma en algunas zonas. El problema se vino con la evolución de las criaturas. Los pisos del quince al veinte se vieron invadidos por bulettes de cinco veces su tamaño, capaces de romper paredes del abyss a su paso y ocasionar deslaves que dejaban decenas de heridos al mismo tiempo.

Cazar a semejantes criaturas en terrenos estrechos era casi una locura que solo un par de aventureros se atrevía a tomar. Eso sin importar que el precio del cuerno del bulette se duplicara, era un riesgo muy grande.

Shun y yo solo debimos descender lo necesario y buscar la guarida de tales bestias. Yo no necesitaba enfrentarlas directamente, solo hacerles una herida profunda y esperar varios minutos hasta que cayesen sin vida. Mi espadón de mitrilo negro causaba un desangramiento con una pérdida de más de cien de vida por segundo. No tenían la menor oportunidad. Reunir veinte de oro fue cuestión de dos días, y con eso teníamos suficiente dinero para estar un mes en aquel lugar de forma tranquila.

Nuestra pequeña celebración inició a las cuatro de la tarde y a las siete de la noche continuábamos conversando. Yo me encontré bastante impactado porque Jao y Siren no habían probado el chocolate previamente y lo tragaban como si fuese nectar de los dioses. Mena y Amy lloraron junto a Miry un rato y Ciel se escondió para no mostrar sus lágrimas. Shun comía a ratos, pero se mantenía bastante callado y ajeno a las conversaciones, Stella era algo similar. O al menos así fue hasta que tocamos el tema de Utghardie, allí la mujer se extendió detallando cómo funcionaba el mando de poder y como las órdenes de Adrem se acataban pero muchas veces las órdenes eran sugerencias laxas que se definía a los meses de haber arribado el dictamen.

—¿Cómo así que no puedes usar magias? — Amy se acercó con un pedazo de carne entre las manos.

—En realidad ya puedo, pero parece que tengo poca cantidad de energía y solo puedo usar un par de magias, las más básicas.

—Pero no entiendo cómo se va la energía de un cuerpo.

—Creemos se trata de algo semejante a una deuda mágica. Cuando ¿cómo se llama el hada? — Preguntó Stella.

—Ardina— Respondí.

—Cierto, cuando Ardina le brindó su poder, creo que fue en términos de préstamo, él debía de pagar esa misma cantidad luego.

—¿Cómo se presta energía? — Preguntó Mena.

—Ni idea, quizás puede ser algo específico de las hadas— Repuso Stella.

—Si un hada pudo hacerlo, lo más probable es que se pueda hacer en general, solo no sabemos cómo— Expresó Amy. Sin contar que se hallaba un poco más alta, parecía haber madurado en cierto sentido. No buscaba de mezclarse con Jao, Siren, Tania y Fera, quienes se hallaban en otra mesa con un par de figuras de madera y dos muñecas de trapo, discutiendo sobre el mejor método para armar un grupo al abyss y qué posiciones debería ocupar cada quién. Amy en cambio procuraba mantenerse con nosotros.

No pude evitar preguntarme si ambas habrían sufrido alguna clase de evento que les hizo acercarse más o comportarse de forma adulta, tampoco creí conveniente preguntarlo. Si así fuese ¿qué podía hacer yo ahora? Probablemente tomaría venganza, me conocía lo suficiente para saber que si era capaz de eso. Pero el hecho no se desvanecería de la noche a la mañana.

Millen comenzó a llorar luego de un rato y debí cargarle hasta que cayó rendido del sueño varios minutos después. Era enérgico y se mantenía despierto tanto tiempo como podía, sin embargo cuando el sueño le ganaba comenzaba a llorar para que alguien le cargase.

Me retiré y fui a tomar una ducha. El baño de aquella posada era un lugar agradable y amplio, se dividía en dos secciones apenas divididas por un pedazo de madera y una sección conjunta donde el fuego calentaba el agua del lugar dejando que los vapores emanasen. La tina sin embargo era relativamente pequeña en comparación al resto del lugar y otros baños que había probado en el pasado.

Mi mente comenzó a divagar sobre las palabras de Ardina sobre lo que sucedería al encontrar a Amy y Mena. Confiaba en sus palabras, siempre se mostraba segura de ellas y verdaderamente consideraba que había tenido razón cuando estuve en el piso treinta y ocho del abyss. A las afueras se encontraba Jin en aquel momento y habría muerto de no saber muchas cosas que ella dijo, de hecho Miry y Mena habían muerto.

Sin embargo, pensé que algo pasaría en el preciso momento en el cual hallase a Mena y Amy, por tanto me mantuve bastante alerta sobre toda la situación antes y durante la pelea contra Kant. Debía guardar energías por si el mundo entero se acabase o si Jin atacaba allí en la superficie. Pero nada pasó y varias horas después tampoco. Entonces ¿A qué se refirió Ardina?

Yo no me hallaba en las mejores condiciones para luchar en ese momento, ciertamente había entrenado lo suficiente para poder hacer uso de mis estadísticas y mejorar mis movimientos. Aun así la falta de la mayoría de mis magias era un serio inconveniente.

Ahora apenas podía hacer algo de magia luz, prisa, cura y revitalia. Calculaba que probablemente tardaría uno o dos meses más en recuperarme por completo, pero no podía esperar a que el mundo se quedase tranquilo hasta entonces. Afortunadamente Shun, Mena, Amy y Miry tenían sus magias a la mano.

—Todavía tienes esas marcas negras.

—Sí, no sé qué son exactamente, pero… ¿Qué haces aquí? — Amy se hallaba a mis espaldas pasando por detrás del divisor de madera. Su cuerpo desnudo fue un deleite para mis ojos de inmediato. Sus senos pequeños con puntas pequeñas y oscuras, sus caderas más amplias que su pequeña cintura. Desde mi posición podía ver toda su vulva, rosada, sin pelos y pequeña, como un ligero corte en su entrepierna. Me excité al instante y tuve que tragar saliva para relajarme y concentrarme siquiera un poco en sus palabras.

—¿Se sienten diferente a la piel si las toco? ¿Crees que sea como una maldición o algo así?

—No, no, no… no creo que sea como una maldición, de hecho, siguen allí las marcas negras aunque me quité la maldición en el altar hace meses. Si se siente diferencia realmente si las tocas— Pasé mis dedos por el costado— Es más como si fuese algo duro sobrepuesto sobre mi piel— Me quedé observándola y devorándola con la vista. Mi mente me decía que aquello estaba mal, pero mi cuerpo deseaba lanzarla al agua y hacerla mía. Una contradicción muy fuerte donde la moral jugaba un papel fundamental— ¿Qué haces aquí? — Pregunté con total sinceridad. Probablemente no era la mejor pregunta, y mi cordura se iba poco a poco, pero con lo que quedaba de ella recordaba que se trataba de Amy y no deseaba lastimar a Miry.

—Ya estaba en el baño cuando tú entraste, además Mena y Miry ya hablaron hace un rato y Mena piensa estar contigo esta noche. Yo, yo siento curiosidad.

Sonreí, me daba algo de miedo el solo verla meterse a la bañera a mi lado, no nos tocábamos, pero la proximidad era suficiente para hacer que mi cuerpo explotase— Yo no… no puedo pensar de una forma coherente bajo esta situación. Pero si tengo en mente un par de cosas— Intenté comportarme serio y controlar la situación que se veía se desbocaba— Tú no estás enamorada de mí, y creo que tener relaciones puede dañar una relación de amistad, no sé si te has dado cuenta, pero en este momento me es un poco incómodo hablar con Ciel. Sé que todo ha quedado claro y fue cosa de una noche, pero aun así ha sido un poco incómodo. Por otra parte tú sabes que yo tengo una relación con Miry y acaba de nacer Millen.

—Mientras estuve en la arena me intentaron tomar al menos unas tres veces. No lo lograron porque Krun me ayudó a protegerme. Y si soy sincera no me dio miedo el tener sexo, me dio miedo es el hecho de que iba a doler. No iba a ser algo placentero— Subió la mirada y posó su mano en mi pecho acercándose. Había crecido un par de centímetros, aun así se veía pequeña frente a mí— Tu papel es negarte hasta más no poder, yo de igual forma haré lo que quiero.

Sus labios eran finos y tan suaves que temí romperles si llegaba a morderlos. Fue un beso suave que luego fue volviéndose mas lleno de locura. Deslicé mis dedos por toda su espalda y tomé su trasero con fuerza. Podía sentir como su corazón se aceleraba y también el mío.

—Es resbaloso— Apretó mi miembro a poco de reventar con su mano y comenzó a masajearlo debajo del agua. Lo hacía con fuerza, tanta que pensé en llegar solo con aquel masaje. Aunque la verdad es que la situación era lo que me llevaba más a un estado de éxtasis.

Tomándole de su pequeño trasero le alcé para deleitarme con sus senos. Eran tiernos y delicados al contacto con mi lengua. Los poros de su piel se hallaban abiertos y muy sensibles. Los pezones de un marrón ocuro se hallaban duros y fue divino de apretar en mi boca. Sin embargo sus gemidos solo escaparon cuando mis dedos que se hallaban en su trasero descendieron hasta su zona.

La humedad era palpable. La sensación era distinta a la del agua, mucho más viscosa y de cierta forma una delicia para mis sentidos. Amy no solo se arqueó, sino que detuvo el masaje q mi miembro y se aferró con fuerza a mi espalda, su vista se posó en el techo de aquel cuarto de baño y fue moviendo sus caderas al tacto con mis dedos. Tardó un rato en llegar, pero su gemido fue tan fuerte que no dudé fuese real.

Amy era linda, eso pude notarlo al acostarla en el borde de la bañera y pedirle que se pusiera boca abajo. Su trasero era pequeño, su piel delicada, como si nunca hubiesen sido tocadas.

Hundí mi boca para saborear aquella zona toda viscosa y divina. Me sorprendí al ver la cantidad de líquido que podía brotar de ella. Nunca había visto tal cantidad, al punto que escurría por sus piernas y era notorio.

—Despacio, no quiero que duela— Fueron sus palabras cuando abrí sus nalgas y coloqué la punta de mi miembro contra su zona limpia y húmeda. Dudé que fuese posible, la diferencia de tamaño era algo que no podía evitar. Su vulva era pequeña y toda rosada, el agujero se sintió diminuto al primer intento. Noté como Amy apretó las manos y su cuerpo se tensó de dolor, me detuve con miedo por dos razones. La primera el dolor de Amy, la segunda era Miry, quien se hallaba en la puerta del baño con los ojos abiertos en nuestra dirección y su mano en su entrepierna.

Hundí mi miembro en Amy de manera lenta y comencé a moverme. Me hallaba excitado de ver a Miry, por el pequeño trasero frente a mí. Y, a pesar de toda aquella calentura, penetré a Amy de forma lenta y pausada. Dejé que sintiera la experiencia y el roce en cada embestida. Permití que mi miembro llegase hasta el fondo y acaricié su cuello y espalda mientras tanto.

Cuando inicié mi relación con Miry nunca imaginé que pudiese ser tan pervertida como yo, sin embargo me hallaba feliz por ello. Miry nos observaba con lujuria mientras sus dedos se deslizaban por debajo de su ropa hasta su zona.

Amy en cambio se hallaba absorta en placer. Arqueó su espalda solo para buscar que nuestros labios se encontrasen mientras aun mi miembro se hallaba dentro de ella. Sentí sus senos pequeños en mis manos y los acaricié mientras Amy quedaba sorprendida ante la visión de Miry. 

Llegó mirando a la tumb y se desplomó en el suelo del cuarto de baño— No puedo más, si seguimos siento que voy a morir— Me dio algo de risa, pero me detuve bajando la marcha. Sonreí de manera amable mientras notaba que Amy no solo tenía las piernas débiles, sino que su cuerpo temblaba con espasmos ligeros pero constantes.

No obstante mi mayor sorpresa fue ver a Miry salir del baño para regresar con Ciel, juntas sujetando con fuerza a Mena de los brazos para que entrase al baño.

Por primera vez me sentí como un juguete de uso por parte de las chicas. No mentiré, no me desagradó aquello. Yo aún estaba de ánimos de tener sexo, aunque si había pensado que luego estaría era con Miry, con quien llevaba tiempo sin tener acción debido al embarazo y el haber dado a luz. No esperaba que las chicas trajesen a Mena técnicamente a rastras. Tampoco sabía cómo abordar la situación. Amy se hallaba desnuda en la bañera frente a mí y la situación era extraña.

—Es tu turno— Expresó Miry dando un pequeño empujón a Mena quien me veía como si fuese a asesinarme en cualquier instante. Yo tragué saliva y me quedé en el otro extremo de la bañera. Temí que de moverme sería golpeado hasta morir. Mena dirigió su mirada molesta a Miry y a Ciel y luego procedió a retirar su ropa en silencio.

Tragué saliva y me quedé sin decir nada. Había tenido un encuentro sexual con Mena en el pasado, pero sentí que aquel instante fue solo una penetración, en cambio ahora la vi avanzar hacia mí con rostro serio e introducirse al agua sin decir ninguna palabra. Existía una fuerte carga emocional en el ambiente. Observé a Miry de reojo ¿qué planeaba exactamente?

—Hay una condición— Mena se hallaba frente a mí. Con sus senos firmes y pezones rosados, con su trasero de forma perfecta y cintura pequeña.

—¿Condición?

—Solo nosotras cuatro, si llegas a tocar a otra mujer que no seamos alguna de nosotras, júralo que voy a quitarte la hombría Allan.

—Yo— Miré a Miry, Ciel y Amy y por alguna razón se me vino a la mente que todas estaban de acuerdo en tal resolución— No soy tan promiscuo como piensas— De hecho, de no ser porque cada una de ellas había buscado de alguna forma tener intimidad conmigo, probablemente yo no me habría atrevido a dar el primer paso.

—Más vale— Mena se acercó y me besó de forma suave mientras sus manos se deslizaron por mi cuello— Esto no es un regalo. Esto es algo que no pensé vivir así— A medida que hablaba mi mente empezaba a comprender un poco su situación y lo complicado que era para ella. Según lo que yo entendía, ella no era una persona de compartir pareja. El concepto no era de su satisfacción, sin embargo allí estaba, con cara de molesta mientras nuestros cuerpos se unían y nuestras manos recorrían al otro.

Aquel anochecer fue largo y lleno de emociones. No supe descifrar qué sucedió conmigo luego de usar revitalia dos veces para poder mantenerme en el acto sexual con cuatro mujeres. Sin contar que, aunque Mena y Amy se sintieron satisfechas con dos o tres orgasmos, Miry y Ciel fueron todo lo contrario. Eran insaciables y cada climax les hacía desear más y más hasta perderse en la locura de la lujuria. 

Los siguientes tres días permanecimos tranquilos en casa la mayoría del tiempo. La carne del ave gigante fue abundante y se preparó en salsa para poder degustar los siguientes dos días. El tercer día fue al igual que los otros, relajado.

No podíamos marcharnos todavía, no teníamos una embarcación donde todos pudiésemos viajar, y alquilar dos viajes era demasiado costoso. Aparentemente los capitanes no deseaban viajar debido a que varios barcos terminaron naufragando por las bestias enormes en el camino. Por tal razón aumentaban los costos a niveles desproporcionales. No podía criticarles, las bestias de mar eran terroríficas, sin contar que muy difíciles de derrotar. Si por alguna razón alguna te jalase al fondo, morirías ahogado sin importar tu fuerza, estadísticas o magias. Probablemente la única oportunidad era si estas salían a tierra firme en algún instante.

Después de aquella noche llena de lujuria casi nada había cambiado en nuestras vidas, no nos convertimos de la noche a la mañana en conejos sedientos de acción. Ciel continuaba durmiendo junto a sus hijos y Fera y Tania. Pero Amy ahora se quedaba en su habitación sola debido a que Mena se unió a dormir con Miry y conmigo.

No era nada sexual, solo era el acto de dormir. Pero imaginé que para ella tal acto tuviese algún significado extra. Algo que simbolizara más la unión que ocurrió entre nosotros. Para mi significaba dormir un poco más incómodo, pero tampoco me molestaba. Mena resultaba ser alguien que no expresaba sus sentimientos de manera oral, sino que gustaba de dormir juntos o sentarse al lado a la hora de comer.

Me sorprendió que Miry fuese tan abierta a la hora de tener una relación, y aún más en la parte sexual. No es como si no me hubiese dado indicios de ello en repetidas ocasiones, sin embargo, yo mantenía siempre mis dudas y buscaba de mantener todo tan apacible como podía.

Continúe con mis entrenamientos diarios, comencé a almacenar magias nuevamente en mi interior, aunque muchas no me eran posibles de usar todavía.

Comencé a percatarme que en nuestro interior había espacio de almacenamiento para las magias. Dicho espacio de almacenamiento aumentaba con el tiempo. No comprendía como se llenaban y como crecía del todo. No sentía una relación directa, pero continúe mi entrenamiento de igual forma.

Amy y Mena entrenaban muy fuerte, Shun les ayudaba en ciertos aspectos. Especialmente en la parte de lucha cuerpo a cuerpo en la cual no estaban acostumbradas y tenían falencias notorias, mismas que ellas notaron al tener que enfrentarse a diferentes enemigos en la arena del coliseo. 

Ese día me hallaba yo en la zona del mercado en altas horas de la tarde, Miry se hallaba comprando ropa y protectores para los niños en compañía de Ciel. Ambas se movían rápido entre las tiendas, observaban los productos y luego iban a otra donde cotilleaban un instante antes de moverse a una tercera tienda. Tania y Siren parecían hallarse en las nubes probándose vestidos, uno tras otro. Corrían y se criticaban una a la otra o esperaban el veredicto de Ciel y Miry.

Debo acotar que Ciel tenía un gusto de la moda exquisito. Aparentemente su trabajo en la muralla le dotó de dinero y por tanto había brindado a sus hijos siempre la mejor ropa que podía en su mejor tiempo. Ahora era yo quien pagaba la cuenta, y aunque la ropa, al igual que las armaduras parecía ser más costosas en Merak que en nuestra antigua Utghardie, los cuatro oros que se hallaban en mi bolsillo eran suficientes para remediar su sed de compras.

Jao por otra parte se hallaba en la parte de afuera, en la plazoleta central jugando con una pelota y un par de chicos del lugar.

Increíblemente la única que se hallaba a mi lado en ese instante era Fera, a quien probarse ropa aparentemente no le llamaba la atención. En cambio dos tiendas atrás se había quedado pegada a una vitrina viendo un juego de espadas cortas y correas para llevarlas en la espalda. Un juego de espadas no era un juguete, por tanto Ciel no estuvo de acuerdo con la compra, pero Miry me sonrió levemente y comprendí que no le molestaba. Ella después de todo era una tumb igual que Fera, debía entender esa sensación.

Compré las cuchillas y mandé a acomodar las correas de cuero a su cintura pequeña. Los grabados en el cuero eran finos, y las armas curvas parecían hechas para maleantes. Aunque dudé que algún ladrón comprase tales espadas cortas a un precio de cuatrocientos plata. A mí en particular no me importaba tal precio. Tales armas no eran particularmente resistentes, ni poseían atributos especiales que valiesen la pena la compra. Pero Miry, Amy, Mena o yo podíamos imbuirlas de ser necesario en cualquier instante.

Ahora Fera se hallaba a mi lado tranquila, pero con las cuchillas y la correa entre sus brazos apretados con fuerza.

—¿Por qué no las usas? — Pregunté.

—A Ciel no le gustará— Respondió.

—Pero quiero ver cómo te quedan, todavía podemos regresar si hace falta algún arreglo en las correas— Comenté señalando la vitrina a casi una cuadra de distancia.

Fera pareció meditarlo y comenzó a colocarse las correas para la cintura y piernas, luego envainó las hojas y ajustó las vainas al arnés en la espalda antes de colocárselo. Definitivamente aquello eran armas furtivas, unas que algún ladrón usaría escondidas bajo alguna chaqueta. No obstante los grabados eran lindos y Fera se veía imponente a pesar de su corta edad con aquello.

—Te luce bien. Solo recuerda que no puedes jugar con ellas. Tienen filo de verdad.

—Pero podría salir al bosque con Shun a cazar con esto. Incluso entrar al abyss.

—No pasarías del primer piso— Comenté.

—El primer piso está bien.

—Hablo en serio, esas son armas, no son juguetes.

—Lo sé. No puedo usarlas en casa y no podré jugar con ellas— Fera se cruzó de brazos con su actitud típica hacía mí— ¿Crees que esto quede bien con unas botas?

—¿Quieres una botas?

—Mamá Miry siempre usa botas— Tenía razón, Miry usaba botas todo el tiempo, y parecía ser la única prenda a la cual le prestaba especial atención a la hora de comprar algo para ella. Usualmente las pedía blancas, de piel de bulette o kobold. En ese momento usaba unas botas negras que yo le había dado con un par de magias imbuidas. Eran, además de costosas increíblemente poderosas. Probablemente un artículo que ningún puesto tenía en la ciudad de Merak.

—Pero Miry las tiene por protección porque solía entrar al abyss, o luchar contra criaturas.

—Yo podría, si tuviese unas botas.

—Sé que has entrenado con Stella y Shun algunas veces. Pero deberías centrarte en continuar siendo una niña. Hay cosas de la infancia que no vuelven luego. En eso un hombre pasó junto a un par de esclavos, un chico y un hombre mayor. Fera le miró con desagrado y se retiró rumbo a un un sitio de comida de la zona. A nuestro grupo no le agradaban los esclavos, en especial a Fera, Taniay Miry, sin embargo aprendimos a mantener todo en paz.

Fera se quejó y dejó de hablarme. Tenia y Fera terminaron tomando un par de vestidos, mientras que Ciel se compró algo de ropa ajustada, que en mi opinión, solo realzaba sus senos. Miry se hallaba interesada en comprar una blusa con protectores y un par de mantas para Millen cuando todo sucedió.

Comenzó lento, como un murmullo en el aire y una tensión en al ambiente que venía acompañado de un fuerte frío que no resultaba extraño pues el sol comenzaba a ocultarse. Me encontraba dentro de una tienda con Millen en brazos cuando escuché los gritos en la zona exterior y algunas personas corriendo. El alboroto no era extremo como para alarmarse, al contrario, se trataba únicamente de un par de personas corriendo. Lo primero que pensé fue en algún incendio, que no era extraño en la zona. Pero luego de un par de segundos y algunas personas corriendo desesperadamente me decidí a salir de la tienda.

La puerta y las vitrinas bloqueaban la mayoría del sonido, afuera se escuchaban gritos desde lo lejos y un estertor escalofriante a lo lejos. Millen comenzó a llorar en mis brazos al instante mientras que mi vista se centró en la zona norte de la ciudad. Lo que observaba y la causa por la cual las personas gritaban y huían era una nube negra que se extendía muy abajo y cerca de la ciudad. Era escalofriante en extremo.

—¡Los muertos! — Un hombre gritaba al tiempo que corría. Tropezó con un adoquín de la calle mal puesto y golpeó el rostro directamente contra el piso. Pese a ello no le prestó y con presteza se levantó del suelo para continuar su carrera— Los muertos, los muertos.

No necesité explicación alguna. Observé a Jao que se hallaba parado mirando la nube al igual que otro grupo de niños y me dirigí hacía él para tomarle de la camisa— Fera, llama a tu mamá. Debemos irnos ¡Ya!

—¿Qué es eso?

—¡Es ahora Fera!

A pesar de que Fera se quedó bloqueada no hizo falta, Miry salía junto a Ciel y las niñas a la calle pues el alboroto le llamó la atención.

—¿Eso es? — Preguntó dirigiéndose a mí.

—No nos pararemos a averiguarlo— Respondí a Miry al tiempo que comenzamos a correr en dirección sur. Al instante sentimos un aura de magia nos envolvió de forma abrupta. Mena lanzó sincronía y envolvió media ciudad con ella. De inmediato todos pudimos sentir donde se hallaban los demás, y quién fue atrapado en ese instante por la neblina negra.

Sentí la presencia de Kuro desaparecer en la oscuridad de pronto y quedé sin palabras. Mi cuerpo tembló e incluso en la distancia sentí el terrible aullido al aire de sombra. No había tiempo para llorar, aun así las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro mientras Millen lloraba en mis brazos sin comprender lo que sucedía. Podría usar magia vida, pero se hallaba demasiado lejos.

Sincronía era una magia muy particular que te permitía sentir a aquellos elegidos, sabiendo su posición, movimientos o incluso heridas. Por ese motivo todos pudimos sentir la desesperación de Kuro segundos antes de que su presencia se desvaneciera.

—¿Eso fue? — Fera me miró mientras yo corría. No me fijé cuando, pero tanto a ella como a Jao los llevaba agarrados bajo uno de mis brazos y a Millen del otro. No le respondí a Fera, no sabía cómo, pero de inmediato pude sentir el llanto de Tania y miré hacia atrás. Aquello que se acercaba era inexplicable, pero había matado a Kuro casi al instante, no hubo dolor ni heridas. Era algo contra lo cual no podía pelear. No había ningún enemigo al cual enfrentarme. Usé lectura y noté un par de puntos de información a lo lejos, en medio del humo negro, pero se hallaban muy lejanos para obtener información. En cambio de aquel humo negro se podía leer algo “muerte 10”.

Lo que comenzó como un par de personas corriendo por la ciudad, se convirtió en un desastre. La multitud salió a la calle de forma desesperada. Personas desnudas, algunos con armaduras, vendedores, amas de casa. Todos corrían de la muerte que se hallaba justo detrás. Lo peor es que se movía más rápido de lo que parecía y pronto se hallaba en nuestras espaldas.

No había visto muerte como aquellas. Vi como el humo de pronto se alzó como si fuese un brazo y se adentró en una casa rompiendo el techo de madera y paja. Aquella cosa parecía ser sólida pues todo estalló. Una mujer con delantal salió corriendo por la puerta principal, pero el humo negro le alcanzó de pronto. Su cuerpo se paralizó mientras fue envuelta, de la parte superior de su cuerpo se pudo ver una copia de la mujer que se esfumaba como absorta ante lo sucedido. Mientras que su cuerpo cayó de cabeza al suelo sin vida. El humo entonces se dirigió a su boca y se adentró dentro del cuerpo, el cual se transformó rápidamente en una masa negra que se levantó despacio. Fue aterrador, en especial porque la mujer lanzó un lamento grave justo al momento de su muerte, un sonido que helaba la sangre al instante.

No era algo normal. Aquella cosa negra eterea pasó frente a notros y tomó a un hombre y alzó en el aire como un muñeco. El cuerpo sin vida cayó al suelo frente a nosotros con un ruido seco y un segundo después se convirtió en una masa negra que debimos esquivar mientras corríamos.

Tanto Miry como yo podíamos acelerar nuestro paso, pero dejaríamos a Ciel detrás de nosotros. Tanía y Siren se hallaban en los brazos de la tumb tambaleándose a cada movimiento. Miré a Ciel y ella me miró a mí, observó a los niños y de pronto de detuvo a mitad de camino de forma abrupta.

—Sálvalos, cuídalos por mí— Las lágrimas cayeron por su rostro pero fue embestida por Sombra quien se unió a nosotros junto a Shiro, Mena, Amy, Shun y Stella. Sombra tomó a Ciel con su hocico y la subió sobre este sin dejar de correr, allí arriba se hallaba Stela y Amy. Con ellos arriba era hora de aumentar el paso.

No necesitábamos hablar entre nosotros. Con sincronía activa actuábamos casi al unísono— Ads prisa.

Fue Miry quien tomó la delantera y comenzó a esprintar subiendo sobre los tejados del lugar, saltando entre ellos y alejándose. Por debajo nosotros debíamos lidiar con esquivar a las personas y carretas que se atravesaban por doquier. Subimos y aumentamos el ritmo para salir de la multitud que se movía de forma caótica por el pueblo. Mientras que el humo parecía ser una especie de pared que arrasaba con todo lo que se hallaba a su paso.

Jao y Millen se desmayaron debido a la velocidad. Me preocupé por mi hijo, desmayar a un bebé producto e correr a tal velocidad no podía ser bueno, pero tampoco podía bajar el ritmo y permitir cayésemos ante la muerte. 

La sensación que crecía dentro de mí era opresora, la ciudad sería destruida a ese paso, no quedaría nada y no había señal de poder detener tal avance frenético lleno de muerte. Desesperación, esa fue la sensación que se instaló en mi pecho. Y en ese instante la esperanza proveniente de la nada. Un rayo dorado descendió desde los cielos y la magia bendición se instaló en toda la ciudad y sus integrantes.

La nube negra pareció disiparse por un segundo y pude observar figuras negras entre la oscura bruma.

El ser que lanzó la magia y descendió de los cielos no era humano, de hecho lucía más como un monstruo de gran nivel. A pesar de hallarse a gran distancia noté que su cuerpo debía ser el doble o el triple de altura que un humano. No tenía cabeza, en cambio de los hombros y espalda brotaban unos treinta brazos extremadamente delgados que se alzaban sosteniendo una esfera incandescente.

Aquel ser descendió hasta estar a unos treinta metros sobre nuestras cabezas. Nos habíamos detenido de forma instintiva. La curiosidad fue superior al miedo por un segundo, fue Ciel quien nos animó a continuar nuestro camino.

¿Qué era aquello? La pregunta rondaba por mi cabeza mientras corría, cuando una declaración de mena me sacó de mi ensimismamiento— La magia bendición parece eliminar el efecto de esas nubes.

—¿La magia bendición elimina el efecto de la magia muerte? — Era un uso de aquella magia que desconocía, por tal motivo tomé un segundo para observar a aquel ser de decenas de brazos por cabeza y leer sus estadísticas.

Nombre: Voteir om ahmun

Edad: 7203

Profesión: Mano derecha de Vishnaery

Títulos: Portador de justicia

El primero en alzarse

Senda firme

Nivel: 1930

Vida: 96516 + 19300

Fuerza: 25400

Agilidad: 3780 + 2500

Inteligencia: 347

Resistencia: 18540 +4560

Destreza: 160

Magia: 7 + 1

Habilidad: 2

Habilidades aprendidas

Copiar

Aprendizaje

Magia aprendida

Veneno 10

Hielo 10

Tempano 10

Gravedad 4

Sangre 3

Luz 7

Proyección astral 5

Absorber elemento 7

Agua 10

Levita 2

Torrente 10

Envestidura 9

Cura 10

Sanación 10

Vida 10

Concentración 8

Pánico 5

Regeneración 10

Energía 2

Pirsa 7

Bendición 10

Poder 7

Círculo de poder 5

Armadura 9

Escudo 6

Escudo de fe 5

Quedé aterrado con aquellas estadísticas, estaban a un nivel estremecedor. Superior en todo sentido. Sin embargo allí estaba, detenido en el aire, como si esperase que el otro bando actuase primero.

Un par de pensamientos cruzaron mi cabeza. El primero fue aprender alguna de esas magias, sin duda eran poderosas. Solo debía permanecer allí la mayor cantidad de tiempo para ver como las activaba y copiar dichos movimientos o sensación. Pero el peligro que esto representaba era enorme. Su nivel era tan superior que de seguro alguna de sus magias podría volverme polvo incluso a la distancia más prudente que yo pudiese imaginar.

Mi segundo pensamiento me causó escalofríos. Si aquel ser tan poderoso que por su profesión era obvio trabajaba para el dios Vishnaerys, debía hallarse en ese lugar para enfrentar la amenaza. Eso significaba que del otro lado debía de haber un enemigo igual de formidable, y eso no podía ser bueno en ningún sentido.

Abandonamos la ciudad en menos de dos minutos y nos detuvimos a las afueras observando el desastre y la multitud de personas que huían del lugar en carrera. Sombra y Shiro se acercaron a mí aullando y comprendí su dolor, les acaricié intentando mantenerme lo más fuerte que podía mientras Miry me quitaba a Millen de los brazos para hacerle reaccionar. Estábamos todos consternados, aquello se sentía literalmente como el fin del mundo, un miedo corría por nuestras venas, uno que nos dejaba en claro que éramos humanos y allí se jugaban fuerzas muy superiores a las nuestras. En ese momento recordé las palabras de Ardina y su expresión al decir que aquello sería mi muerte.

Ardina en aquel momento no expresaba que yo moriría, sino que todos moriríamos de forma inequívoca. El enemigo era tan poderoso que nuestras existencias serían borradas como un daño colateral.

—¿Adónde vamos? —Preguntó Ciel.

—Cintiael es la ciudad más cercana y segura desde aquí, tenemos que ir al sur— Alegó Mena. Millen lloró en brazos de Miry y ambos nos sentimos más aliviados.

Las personas nos evitaban en la carrera, lo más probable es que pensaran que los lobos y Shun eran otros enemigos que se adelantaron para emboscarles en la entrada sur de Merak. Sin embargo nadie buscó pelea contra nosotros, siquiera los guardias o milicia de la ciudad a quienes pudimos observar corriendo al igual que el resto.

—Ese ser es poderoso— Comentó Shun a mi lado.

—¿Lo sentiste? — Pregunté.

—Se siente como si fuese un dios que todo lo puede.

—Probablemente si esté a un nivel ya divino— Expresé mientras Miry me veía alarmada.

—Andemos a Cintiael, pero busquemos de desviarnos lo más posible al oeste. Lo más probable es que luego de que destruyan Merak los muertos avancen también a Cintiael. Necesitaremos provisiones, pero es mejor si atacan esta ciudad sin que nosotros estemos en ella— Stella diagramó nuestro plan y todos asentimos acomodándonos lo mejor posible.

Los niños debían de ir sobre Sombra y Shiro, al igual que Ciel y Stella, quién, aunque ya podía andar con objetos imbuidos, no llegaba a la velocidad que el resto podíamos tomar, y no necesitábamos ningún retraso.

La tierra a nuestros pies tembló con fuerza derribándonos sin aviso, hubo un fuerte sonido y algo estalló a lo lejos. Observé a Miry cubrir con su caída a Millen y yo justo debajo de ella. El sol se estaba ocultando, pero los últimos rayos de sol dejaron ver la figura que emergió del suelo en la distancia. No era algo contra lo que se pudiese luchar en cualquier sentido. Pedazos de tierra del tamaño de casas enteras volaron por los cielos y la horrorosa figura se irguió.

La bestia tenía una cabeza semejante a un dragón, con cuernos y piel escamosa, sin embargo su cuerpo era corpulento como el de un beartroll.

No supe calcular cuán grande era, lo único que se me vino a la mente es que era mucho más grande que las montañas que se hallaban a los lados de la ciudad de Merak. La bestia gigante se hallaba a suficiente distancia de la ciudad, pero aun así podía ver su forma entera erguirse bañada por los últimos rayos de sol. Entonces una nube negra se extendió consumiendo a la ciudad entera. Aquel humo negro era más rápido que el anterior, mucho más veloz y peligroso.

Giré a mí alrededor y noté el rostro de Amy lleno de miedo, Sombra aullaba aparentemente con dolor en los oídos, pero sin derribar sus ocupantes. Stella gritaba algo mientras que Mena se arrastraba por el suelo— Ads bendición— recité envolviéndonos casi al mismo tiempo que la nube negra llegó hasta nosotros. Escuché gritos desesperados a nuestro alrededor. Yo cubrí solo a nuestro grupo, los que estaban alrededor fueron atrapados y convertidos casi en el acto. El ruido de los cuerpos sin vida cayendo me heló la sangre mientras me levantaba del suelo. La nube negra continuaba estando a nuestro alrededor, aun así podíamos ver a nuestro alrededor. Figuras negras de las cuales Mena y Amy conversaron anteriormente nos rodearon rápidamente. 

—Protege al niño— Ayudé a Miry a acomodarse al lado de Sombra.

—Estoy listo maestro.

—No tengo espada conmigo— Comenté y me posicioné. Había salido junto a las chicas a comprar ropa, mi espadón había quedado en casa en aquel momento, estaba solo con mis puños y sin poder usar ninguna otra magia debido a que ya mantenía bendición activa sobre todos nosotros.

—Ads sincronía— Sentí la magia de Mena justo a nuestro lado envolviéndonos y dejándonos saber dónde se hallaban los demás. Miré nuestro alrededor analizando la situación, las figuras negras aumentaban muy rápido. Miry entregaba a Millen en brazos de Ciel.

—Shun, huye con los niños, a Cintiael.

—¿Maestro?

—Protégelos sin portar qué— Mena y Amy se lanzaron a luchar a mi alrededor mientras que Noté como Shun me miraba sorprendido— No importa cómo, no dejes que les suceda nada— Coloqué una mano en su hombro y di media vuelta para luchar.

Me lancé sobre la primera figura negra y golpee su cabeza con todas mis fuerzas, sentí que la figura entera estalló y se rearmó nuevamente. No me importó, otros tres golpes con la misma potencia y la criatura reventó en pedazos. Terminé con uno, quedaban otros trescientos por delante nuestro.

Comprendí la razón de temer tanto a los muertos, eran demasiados y ganaban por cantidad antes que por habilidades. Sin contar que aquella masa negra viscosa de la cual estaban hechos se pegaba a la piel y te impedía moverte. Pasé serios aprietos cuando unos cinco de esos se lanzaron sobre mi cuerpo buscando cubrirme. Eran mucho más veloces y fuertes que un aventurero promedio, sin embargo no llegaban al nivel que nuestro pequeño grupo de cuatro poseía. Miry estallaba el suelo, y Amy les cortaba con dagas de agua que sobrevolaban la zona, mientras que Mena y yo luchábamos cuerpo a cuerpo con ellos. Ninguno podíamos usar magia, ambos manteníamos sincronía y bendición sobre el grupo que huía y se alejaba a cada rato.

En ese preciso momento en el cual yo me hallaba pateando a una figura negra sucedieron dos cosas casi al mismo tiempo. Ambas nos dejaron paralizados a todos por igual.

La primera de ellas fue que, el grupo que se hallaba en escapada con Shun, Sombra y los niños, de pronto se detuvo de forma abrupta y un par de ellos descendieron de los lobos. No sabíamos el porqué, pero algo debía de estar sucediendo en ese lugar a solo tres kilómetros de donde nos hallábamos.

Lo segundo fue que, la criatura gigante se alzó con una bola negra de energía sobre sus fauces. La batalla de pronto se detuvo por unos segundos. Toda la atención se centró en aquel monstruo de proporciones enormes y aquella cantidad de energía que se alzaba sobre su cabeza. La criatura se elevó por los aires a pesar de lo imposible que esto parecía debido a la ausencia de alas y las proporciones de su cuerpo.

—¡Hay que correr! — Mena tenía los ojos abiertos ante aquella visión sin igual ¿Acaso el grupo que huía se detuvo a observar tal criatura? Lo dudé de inmediato. Stella no lo habría permitido. Golpee a un muerto tan fuerte que explotó al solo contacto sin poder regenerarse. Me hallaba rodeado y cubierto de aquella sustancia pegajosa al igual que el resto de nuestro grupo.

—¡Agua! — Un par de pilares de agua muy finos se irguieron de la nada penetrando los cuerpos de aquellas cosas oscuras que ahora reflejaban el amarillo de la bola de energía que se hallaba en los cielos como una luna más que iluminase el firmamento. Los últimos rayos del sol pasaron segundos antes, pero nadie lo notó debido al intenso brillo de la bola de energía que de pronto, en la cúspide del cielo, estalló.

No hubo movimiento por parte nuestra, solo el miedo nos embargó desde el cielo hasta lo más profundo de nuestro ser.

—¡Millen! — Sentí el grito de Miry y su carrera en dirección donde el otro grupo se hallaba. No la detuve, sentí miedo al igual que cualquier otro.

Un centenar de bolas de luz viajaron por los cielos. La primera de ellas cayó muy lejos, al noroeste de nuestra posición, a cientos de kilómetros de distancia. Aun así se pudo observar como la tierra se levantó con aquel impacto y una nube de fuego iluminó la noche entera. El fuego se elevó por kilómetros en el aire, mientras que las otras esferas se dirigían en otras direcciones. Algunas más pequeñas cayeron cerca de la primera creando segundas y terceras explosiones tan intensas como la primera.

En ese momento me fijé de una bola enorme que se dirigía casi sobre nosotros. Estaba dirigida a Merak. No hubo opción, ni tiempo de pensar.

—Ads bendición, ads bendición, ads poder, ads, ads escudo, ads escudo, ads escudo, ads escudo.

—Ads escudo— Repitió Amy detrás de mí. No supe cómo ella lo aprendió, pero la protección se triplicó en todos nosotros en ese instante.

Bendición podía absorber pequeñas cantidades de daño, mientras que escudo era una gran protección que funcionaba como una barrera contra la magia. La usé solo un par de veces antes, pero dudé de inmediato que sirviese de algo contra semejante ataque. Repartí toda mi magia en nuestros dos grupos hasta la última gota y todo fue blanco de pronto.

—Las órdenes— Se detuvo, parecía analizar la composición del grupo. Stella alzó la mirada con el rostro lleno de tierra buscando al grupo a su alrededor— Las órdenes son estrictas, ningún humano escapa, ningún humano debe vivir— Acuchilló al cuerpo debajo de él y un grito se dejó escuchar en la noche.

Shiro se hallaba tirado en el suelo con una pata herida por una roca que detuvo de dar contra Jao. Sombra rugía contra un enemigo mientras que Ciel se levantaba con Millen en brazos. La oscuridad reinaba. Ya no había esferas de luz, Merak fue consumida por una enorme explosión y la tierra misma se levantó expulsándoles tan lejos como era posible. La magia sincronía y bendición ya no estaban activas.

—¡No! — El grito de Shun se hizo sentir, seguido del impacto de una patada de este contra el rostro del atacante. Se trataba de alguna clase de monstruo desconocido. Una mujer sin rostro, solo boca y enormes cuernos negros que salían de los lados de su cabeza y bajaban hasta la zona de sus senos. Su sexo solo podía saberse notando su cuerpo desnudo.

La patada impactó, pero no contra el rostro. La mujer había interpuesto su mano y toda la fuerza quedó eliminada con ese simple acto. La pequeña debajo de ella era Fera, quien tenía el abdomen rasgado con sangre brotando de este. La pequeña tenía los ojos fuera de sus orbitas, desesperada intentando detener la sangre que escapaba de ella.

—¡Tranquila señorita! — Shun gritó a la pequeña y lanzó una segunda patada con todas sus fuerzas. Esta fue detenida nuevamente con la misma naturalidad que la anterior. Como si aquello no le costase nada a aquel ser que seguía con los ojos clavados en Fera. La pierna derecha se hallaba atrapada por la mano de aquella cosa, por lo cual solo quedó una opción, golpear con ambas manos tan fuerte como podía a su cabeza.

Los puños impactaron, pero no hubo efecto, aparentemente aquella cosa no recibía daño alguno por parte de Shun. Luego movió su brazo tan rápido que pareció que desapareció, y Shun, quien continuaba con su pierna atrapada se estrelló contra el suelo sintiendo como su cuerpo se destrozaba. Sombra atacó, pero fue expelido de un solo golpe. El lobo gigante cayó girando contra el suelo.

—Ads cura— Pronunció Shun sacando una gema del bolsillo apuntando a Fera, quien intentaba escapar arrastrándose por el suelo en dirección a Tanía que se acercaba.

—Necios, deben morir— Alzó nuevamente un puñal para atacar a la niña, pero Shun se atravesó entre ambos recibiendo la daga en su espalda. Fera giró su cuerpo para ver el rostro de Shun con su pelaje lleno de sangre y tierra— Shun…

Otra nueva puñalada entraba y salía, y así sucesivamente— El maestro me salvó y permitió salir, no puedo dejar que hieran lo que es preciado para el maestro.

Stella se lanzó al ataque, pero fue interceptada por la figura femenina que se movió como el rayó y perforó su pecho directamente con una de sus manos. Stella escupió sangre y notó el brazo que atravesaba su cuerpo mientras todo se nublaba para ella— ¿Por qué luchas? La era del humano ha llegado a su fin.

—No me importa lo que piensen seres como tú, nunca deberías mirar abajo al ser humano, somos egoístas, traicioneros y muy creativos a la hora de matar— Stella sonrió para sus adentros, sintió la llama de su vida arder y la reunió toda en un solo punto de su cuerpo, justo en el lugar donde la mano de aquella criatura desconocida le había perforado. Entonces se sintió plena, podría verlo a él nuevamente— Ads explosión.

Una bola de luz con pedazos de cuerpo se expandió en una milésima de segundo y la criatura perdió su brazo, mientras que su cuerpo fue lanzado un par de metros atrás. Se levantó del suelo consternada mientras su miembro se regeneraba automáticamente— ¡Malditos humanos! ¡Malditos humanos! — Entonces halló a Siren, que se hallaba en el suelo con la mirada aterrorizada buscando ayuda en su madre que estaba a unos diez metros de distancia con Millen en brazos mirándola horrorizada.

—¡Muere cría humana! — Expresó, pero su brazo no llegó a su objetivo. Un resplandor amarillo se interpuso entre ambos. Una fina hoja de fuego rebanó el miembro superior de aquella criatura que solo lanzó un alarido al aire.

Miry se hallaba frente a ella al segundo siguiente con una daga en su mano y la mirada centelleante llena de fuego e ira.

Mena despertó sintiendo una mano en su rostro que le ayudó a quitarse de encima una gran cantidad de tierra permitiéndole respirar mejor. Amy sonreía entre la oscuridad frente a ella, sin embargo no era un momento alegre realmente. Mena se percató que no podía sentir la mitad inferior de su cuerpo. Este fue destrozado por una roca de gran volumen que terminó aplastándole.

—Ads regeneración, ads sanación, ads agua— Recitó Amy. Las dos primeras Mena pudo sentirlas fluir por su cuerpo, mientras que la última se convirtió en una de aquellas dagas de agua que Amy usaba y esta fue rebanando la roca haciéndole ceder y caer a los lados ante su propio peso.

—¿Allan? ¿Miry?

—No sé dónde está Miry, pero Allan está luchando contra alguien muy fuerte— Amy miró en una dirección, Mena le siguió con la mirada, pero no halló al chico, sin embargo podía sentir como el aire parecía romperse debido a ciertos impactos. Si aquello era una lucha, debía de ser con una fuerza indescriptible.

La sensación regresó a su cuerpo poco a poco y las fuerzas le permitieron comenzar a moverse, pero en eso Amy se detuvo de forma abrupta en su labor de curarle y levantó rente a ella— Debes levantarte.

—¿Qué sucede?

—Se acerca algo, no es humano.

—¿Un muerto? — Mena se sentó y no preguntó nada más, pudo sentir la presión de energía llegar hasta ella. Una presencia que le heló la sangre al instante. No era un enemigo contra el cual pudieran pelear, había sentido ese tipo de presencia antes. Aquel ser semejante a un dios que se detuvo sobre sus cabezas tenía la misma aura. Mena tragó saliva— ¡Vámonos Amy!.

—¿Adonde? ¿Dónde podríamos huir de ese nivel de poder? — Amy se encogió de hombros y observó frente a ella. Un niño apareció frente a su campo de visión acompañado de un caballero en armadura e unos tres metros de alto, rostro esquelético de resplandor azulado.

—Humanos que lograron sobrevivir, curioso— Expresó el niño que vestía ropa oscura muy simple. La armadura a su lado rió y el suelo se estremeció, sin embargo no expresó palabra alguna.

Amy se hallaba paralizada ante tal cantidad de energía que chocaba contra ella, tanta que parecía que aquellos seres la desbordaban como un mar. Se armó de valor y articuló palabra— Tu eres, el rey de los muertos ¿cierto?

—Celi, rey de los muertos— El niño hizo una pequeña reverencia antes de sonreír con malicia.  

La fuerte explosión ocasionó que la tierra bajo nuestros pies se levantase en un segundo. Mantuve la magia bendición activa incluso cuando sentí como las fuerzas de choque buscaban de quebrar mi cuerpo y el del resto. La magia sincronía de Mena dejó de funcionar, pero yo continué manteniendo bendición sobre todos el grupo, al menos así fue hasta que mi cuerpo ingrávido y empujado por enormes fuerzas se estrelló contra el suelo y perdí la razón.

Desperté cuando una mano sujetó mi cabeza y me levantó de forma brusca. La figura frente a mí era la de un hombre de casi tres metros de alto, piel morena, cabello largo de color marrón y un enorme tatuaje dorado en la frente que descendía por su cabeza entera. No necesitaba ver sus estadísticas, aquel ser debía de ser un general de los dioses, fuerte, imponente e imperturbable por mi existencia o intentos de zafarme de su mano apretando mi cabeza.

—Sobreviviste, pero aún eres muy débil— Apretó más mi cabeza. Sus ojos brillaban con el mismo tono dorado que su tatuaje. Mi cabeza parecía que iba a explotar en cualquier momento. Me hallaba a su merced, aun así, no podía rendirme allí, todos estaban vivos, aunque probablemente lejos debido a la explosión. Si Mena, Miry o algún otro debía enfrentarse a aquel ser sin duda serían derrotados. No, derrotados quizás era la mejor opción posible. Mi verdadero temor era que terminasen muertos.

—Pero sobreviví ¿cierto? Creo que merezco saber quién eres y qué buscas acá junto al resto que destruyen Merak.

El sujeto me observó con calma y volteó a un lado como si esperase que alguien le dijera algo, pero ante la ausencia de alguien más se dirigió a mí— Soy Perom, de la raza extinta de los Undyn, de los cuales siquiera existe registro. Es una lucha por territorio, cada dios posee su territorio delimitado, pero el balance se ha roto con Emerant y Pulci. Los dioses reclamarán lo que les pertenece y eliminarán a todas las razas.

—¿Eliminan a las razas? ¿Por qué?

—De entre ellas deben nacer nuevos generales. Serán aquellos que sobrevivan, pero no te hagas ilusiones, eres muy débil para aspirar al cargo de general.

—Entonces tú fuiste elegido así.

—Yo y muchos otros.

—¿De quién eres general?

—De ningún dios idiota ¿por qué debería venir a luchar por un dios? Es más divertido venir y destruir a aquellos que siguen a los dioses.

—Entonces estás de nuestra parte— Murmuré mientras buscaba de escapar del agarre de su mano.

—No estoy de parte de nadie, vine a matarlos a todos por igual, es una pena que al primero que encontrase sea un debilucho que me quita el tiempo— Enfatizó las últimas palabras— Un segundo después sentí como mi cuerpo fue lanzado contra el suelo y debí reaccionar lo más rápido que pude para detener la caída y caer sobre mis piernas.

—Si te demuestro que no soy débil, ¿lucharías a mi lado?

Noté la mirada de Perom dirigida hacía mí, me analizaba con la vista—Puedo ver tu estadísticas chico.

—Y yo puedo ver las tuyas. Luchemos, si yo gano lucharás a mi lado.

—Vas a morir humano— No hubo dudas, Perom se movió a una velocidad indescriptible, y a pesar de que se activó la habilidad de protección, esta se rompió al instante y sentí el puño chocar contra mi abdomen de forma abrupta. Me alcé en el aire, mis pies despegaron del suelo debido al impulso y la enorme fuerza aplicada. Sentí la piel de mi espalda abrirse como una flor dejando que la sangre saliera en una explosión que resonó por todo mi ser. Lo peor es que no tuve tiempo para el segundo y tercer impacto. Solo pude murmurar la magia necesaria para no morir con solo tres golpes.

—Ads cura, ads regeneración— No sabía si aquello haría efecto, o siquiera si quedaba suficiente magia en mi cuerpo. Solo les activé en la búsqueda de no morir en el intento y recuperé mis sentidos. Afiné cada movimiento de mi cuerpo para poder responder a la bestia que se hallaba frente a mí, quien sonreía de forma abierta al tiempo que se acercaba con otro golpe, esta vez dirigido a mi rostro.

—¡Si, si! ¡Resiste! — Detuve su puño con mi pierna mientras que giré para impactar una patada en su cara. Fallé. Perom logró esquivarme con cierta facilidad y el siguiente puño apenas pude bloquearlo con mi brazo el cual se rompió en el acto— ¡Así! ¡Resiste! Van cuatro golpes y aún te mantienes en pie, esto comienza a emocionarme. Te diré algo, soporta luchar conmigo un rato y te ayudaré ¿qué dices?

No hubo tiempo para responder, el siguiente puño dio contra mi rostro y sentí mi mandíbula partirse. El dolor fluyó por mi cuerpo como una corriente y luego otro impacto hizo que mi cara se moviera en la dirección contraria con estrépito. Perom iba a matarme a ese ritmo. Interpuse mi codo frente al siguiente golpe, este impactó contra el hueso y sentí el otro brazo romperse y estallar en la zona interior.

Retrocedí un par de pasos y usé magia nuevamente, me estaba emocionando. Podía ver sus golpes y ritmo, además Perom no estaba usando ninguna clase de magia en mi contra, solo lanzaba golpes mientras sonreía. ¿Qué pasaría si yo me dejaba llevar?

Sentí como las escamas negras en mi torso ardían con intensidad. El ardor se expandió por el cuerpo hasta parte de mi pecho e hizo hervir la sangre.

Ambos nos lanzamos al frente para golpear al otro, mi puño impactó su cara y el de él dio contra mi rostro. Sentí que el suelo a nuestros pies tembló ante el doble impacto y los subsecuentes. Perom podía moverse a una velocidad inimaginable. Apenas lograba detener uno de cada tres golpes, el resto daba contra mi cara ensangrentada. Pero cada cinco o seis de sus puños, uno de los míos lograba encajar contra su mandíbula.

—¡Bien, bien! ¡Dame más! — Golpeó mi mandíbula desde abajo e hizo flotar un segundo, en el cual su pie impactó mi rostro e hizo estrellarme contra el suelo y rebotar debido al choque. Luego, mientras aún me hallaba en el aire ingrávido una patada dio contra mis costillas rotas y me envió tan lejos que no pude calcular la distancia. Me estrellé contra la roca sólida de una montaña y allí quedé hundido durante un segundo, cuando Perom apareció para partir mi rostro a golpes consecutivos.

¿Se estaba conteniendo acaso? ¿Por qué yo no había muerto? Estaba seguro que mis huesos estaban rotos en varios pedazos y secciones de mi cuerpo, también que en ciertas zonas mi piel se había caído y el proceso de regeneración era más lento de lo deseado para curarme. ¿Por qué no sucumbía todavía ante aquel abanico de puños que llovían?

No podía caer allí.

Pateé a Perom con mi pierna derecha justo sobre su pecho haciéndole retroceder. Solo conocía una forma de hacer las cosas. Me lancé sobe él y di un par de puños contra su rostro, noté como su cara se movía de derecha a izquierda y viceversa posteriormente. No era mi imaginación la tierra a nuestro alrededor temblaba con cada puño y choque. Las rocas flotaban junto al polvo en el aire cuando nuestros pies se afincaban en el suelo para impactar el siguiente golpe. Detrás de cada impacto en nuestra piel, había un estallido que resonaba en el aire con gran estridencia. Y yo sin darme cuenta me hallaba sonriendo ante aquella pelea.

Perom alzó ambos brazos con los puños juntos y golpeó mi rostro, haciéndome caer de rodillas, tomó y cabeza con una de sus manos y chocó mi nariz contra su rodilla unas cinco veces antes de dar un puño tan fuerte que sentí toda mi cabeza se partió en dos pedazos.

—¡Magistral humano, magistral, ha sido un momento estupendo! — No entendí de qué reía, si yo no podía siquiera levantar ahora la cabeza. Mis energías se esfumaban y mi mundo se sumaba en tinieblas. ¿Qué podía ser magistral si me hallaba tirado como basura en el suelo?

Me levanté a duras penas, debía vencer. Era el pensamiento que mi mente siempre tenía en momentos así. Aunque siquiera sabía dónde estaban las chicas o los niños. Quizás se alejaron mientras yo peleaba, lo cual sería bueno. Ataqué con toda mi velocidad, solo para percatarme que Perom esquivaba mis golpes por milímetros pero suficiente elegancia para reconocer su superioridad.

—Debes aprender a perder— Giró su cuerpo y su patada se incrustó contra mi cabeza, seguido de una decena de golpes que dieron contra mi cuerpo. Me hallaba en el aire no solo viendo como mi sangre salpicaba el suelo, sino además como la tierra a mis pies se rompía ante cada impacto. Así fui derrotado por Perom. Me encontré en el suelo con tierra mezclada con sangre en mis labios y mis intestinos desparramados en el suelo a mi lado.

—¿Qué haces sucia tumb? — La mujer se defendía sin entender el origen de tal poder en aquella tumb. ¿Qué le otorgaba tal fuerza fuera de sus estadísticas ¿acaso era algún tipo de magia? Obviamente no era ningún general que ella conociera. Pero algo no tenía duda, era fuerte.

Miry ardía. Literalmente su cuerpo se hallaba envuelto en llamas mientras luchaba. Aquella cosa se movía tan rápido que apenas era visible, pero ya había presenciado a seres de tales proporciones enfrentarse a Allan, y en muchas otras logró visualizar al mismo Allan llegar a tales límites. No necesitaba seguirle con su cuerpo, solo con la vista bastaba, y usar toda su energía de forma eficiente en matarle.

La criaturas llegó hasta ella con su daga en mano, Miry la recibió interponiendo su brazo para luego golpear con su daga la empuñadura de su contrincante. El efecto fue que la daga de la mujer salió expelida de su mano hacia arriba mientras Miry de forma experta tomó su muñeca haciéndole girar para rebanar por último la mano entera.

La mujer gritó al sentir el escozor de la carne quemándose en su brazo. Miry continuaba cortando sin piedad su cuerpo, y a pesar de que su cuerpo se regeneraba a gran velocidad, no era suficiente. Sucumbiría. Aquella tumb le iba a matar. Aunque podía notar el costo. La piel de la tumb se quemaba producto de las flamas que cubrían su cuerpo y el exceso de magia que se hallaba usando en ese instante. Se podía ver a simple vista, la tumb también moriría a ese ritmo sin importar lo que hiciera. Quizás la solución era luchar un instante más. Poner todas sus energías y dar tiempo suficiente para que la tumb sucumbiese al exceso.

Ninguna de las dos escuchaba los gritos desesperados de Tania a sus espaldas, quien se hallaba en el suelo sujetando a Fera, mientras que esta tenía los ojos abiertos fijos en el cuerpo ensangrentado y sin vida de Shun.

La misteriosa mujer se movió de forma escurridiza, propinando una patada en la cara de la tumb— Ads enredaderas— Pero las espinas que brotaron del suelo para atrapar a Miry se consumieron por las llamas al instante— Ads ilusión— Se escondió dentro de otras tres figuras de ella y comenzó a atacar con toda su velocidad mientras que sus dos brazos regresaban a la normalidad.

Miry entonces se movía luchando contra cuatro figuras y sus dagas por todo el terreno. Girando su cuerpo para destripar a la primera de las formas que terminó convirtiéndose en humo, para luego activar ignición a su alrededor y hacer la tierra resquebrajarse y expulsar llamas naranjas.

—Ads témpano— Un enorme bloque de hielo brotó del suelo, pero al instante estalló dejando que enormes cantidades de vapor salieran expelidas en diferentes direcciones.

—Mis hijos— Fueron las palabras que la mujer distinguió cuando Miry apareció justo en su espalda clavando sus dagas en su rostro donde deberían estar sus ojos, luego hizo las dagas descender desgarrando la carne del rostro.

Ambas cayeron al suelo, una producto de sobreexigir su cuerpo al haber usado magia prisa unas siete veces, y la otra a causa de heridas las cuales no podía regenerar.

Ciel corrió hasta el lugar con Millen en brazos mientras gritaba a Sombra para que le ayudase. Solo estaban ella y los niños. Miry obviamente no estaba bien, escupía sangre mientras que su cuerpo sufría estragos por quemaduras. Stella y Shun estaban muertos, las niñas tumb junto a Siren parecían hallarse en shock. Jao ayudaba a Sombra que se hallaba junto al lobo Shiro que parecía no le quedaba mucho tiempo. 

¿Qué debía hacer en ese momento? Entregó a Millen a Jao y tomó a Miry en su hombro para llevarla junto a las niñas que ahora lloraban desconsoladamente. Sombra se acercaba aullando al aire de forma desgarradora y estridente. Ciel los acercaba a todos con miedo, podía ver las sombras negras rodearles desde lo lejos. Ninguna parecía acercarse demasiado, pero allí estaban, al acecho. Probablemente pronto descubrirían que la mujer o Miry se hallaban fuera de combate y atacarían sin piedad.

Por ese motivo Ciel buscó las dagas de Miry y la mujer muerta y las tomó con ella. Si atacaban ella los defendería hasta el último momento. No es como si supiese pelear, pero no estaba dispuesta a rendirse sin dar ningún golpe, no le brindaría la cena a aquellos muertos sin poner resistencia.

Tenía la pierna herida, y esta escocía al punto de arrancarle lágrimas, pero no era momento para aquello. Posó a Miry inconsciente al lado de Fera y Tanía y el cuerpo de Shun. En eso se activó la magia sincronía y tanto Ciel, como los niños fueron capaces de sentir la presencia del resto.

Ciel abrió los ojos justo donde estaba, la cantidad de información que viajó por su cuerpo le dejó helada. Sincronía se activó, pero no solo envolvió a su equipo, sino que atajó tanto a amigos como enemigos por igual en un diámetro gigante.

Ciel sintió donde se hallaba Allan a poco de morir, la presencia de los generales, Mena luchando con todas sus fuerzas y Amy corriendo. Aún más, había un par de presencias tan increíblemente poderosas que nublaron sus sentidos. Ciel cayó de rodillas en la arena sintiendo el peso de la desesperación sobre sus hombros. Sincronía también le permitió saber lo que se avecinaba. En la oscuridad de la noche recién caída una criatura enorme con cabeza draconiana se alzaba en el aire creando una enorme bola de energía.

Su objetivo estaba justo a sus pies, la batalla entre generales que se batía justo a sus pies. Sin embargo la cantidad de energía que allí se contenía era tan enorme que no había ninguna duda. Todos morirían en los próximos segundos.

Ciel abrazó a sus hijos y las niñas tumbs mientras que Sombra se recostaba a su lado aullando. La bola de energía entonces fue visible desde la distancia. Enorme, imponente e imparable. Comenzó a descender para borrar a todos de la existencia.

—Los amo niños— Lloraba debido a la impotencia. Ninguna daga le protegería de aquella luz que se acercaba— ¡no miren arriba! — Sujetó el rostro de Tania— ¡No mires arriba! ¡Mírame a mí, mira a mamá Miry, que lucho por mantenerles a salvo hasta el final!

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Perom era alguien que no tenía nada que perder, su mente se hallaba tranquila y lo único que anhelaba en su corazón era encontrar enemigos lo suficientemente fuertes para batirse en un duelo. Era el deseo más grande y profundo en su corazón desde miles de años atrás cuando nació. La lucha era su manera de expresarse. Por ese motivo estuvo tranquilo y alegre cuando dos figuras se acercaron hasta done se hallaban.

Emerant la diosa del abyss por alguna razón se mostraba en la superficie, acompañada de uno de sus generales más recientes. Alguien desconocido para él.

—Está muy mal herido, lo quiero con vida— Comentó Emerant a su subordinado.

—De inmediato señora— Jin no se mostraba complacido ante la exigencia de su señora, pero estaba dispuesto a acatarla sin duda.

—Esperen ambos allí. Yo no he dicho ni autorizado que puedan tocar a este chico.

—Él será uno de mis generales Perom, no te entrometas en esto, no es tu asunto.

—Siento decepcionarte Emerant, pero es mi asunto más que de ninguna otra persona. Llegué a un acuerdo con el chico de protegerle si llegaba a luchar conmigo, es una promesa que no puedo faltar.

—Perom— Emerant se acercó para tocarle el rostro, pero el hombro rechazó el gesto lascivo de un manotazo, mientras que Emerant se mostró molesta por el acto y se alejó un poco— ¡No puedes interferir en los deseos de un dios! ¡No voy a responder si te mato en el proceso!

—Será divertido ver si puedes, diosa de bajo poder— Perom pateó el rostro de Jin que se había desplazado apareciendo en el aire a su lado.

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Amy observó al enemigo frente a ellas, a pesar de lucir solo como un niño el aura que emanaba era temible.

—No podemos enfrentarlos— Susurró Mena al oído de la otra— Debemos huir.

—Muerte— No hubo tiempo de escapar ni planificar. El niño alzó su brazo y de la tierra surgió una serie de enredaderas negras líquidas que se movían en dirección de las chicas.

—Ads bendición— Respondió Amy alzando su brazo. Una cubierta dorada recubrió a ambas chicas a tiempo para que las sombras negras fuesen repelidas. La potencia de aquella magia era algo que Amy nunca sintió antes. La magia a pesar de ser repelida luchaba por hacerse camino y romper la suya, como si la barrera hecha por bendición pudiese ser derribada a base de golpes contra ella.

Mena se percató de la intensidad de aquella batalla silenciosa, una que ella no podía mantener ni igualar en ningún sentido. Los nivles de magia que ambos movían estaban más allá de lo imaginable, por tal razón estaba impactada sin moverse de su lugar. Sin embargo, cuando la enorme armadura comenzó a moverse en dirección a ellas, Mena avanzó a paso decidido. Si Amy les mantendría con vida a costa de magia, ella lucharía cuerpo a cuerpo para que esta no fuese lastimada.

Aquella cosa de metal rio al tiempo que se movía en dirección de las chicas, y entonces Mena sintió la voz del niño nuevamente— Nublar, ads oscuridad, ads ceguera— Todo se volvió negro como la noche, y no hubo otra solución más que detenerse— Ads paralisis— La voz llegó hasta sus oidos y músculos. El cuerpo de Mena era incapaz de moverse ni un centímetro en cualquier dirección. Entonces sintió el fuerte golpe contra las costillas de su izquierda, las mismas se rompieron junto con la piel que les cubría.

Mena voló en el aire cayendo en algún lugar que desconocía con el costado del cuerpo ardiendo de dolor. Le hirieron fuertemente. No podía tocarse ni ver la herida, pero comprendía que está debía cubrir desde debajo de su axila hasta la zona de su abdomen. Gran parte de su piel y músculos desaparecieron en un instante. Se molestó y asustó en gran medida, no había podido dar siquiera un golpe y ya se encontraba herida de muerte. Entonces se percató de algo, estaba curándose y la magia bendición continuaba teniendo efecto, lo cual significaba que de algún modo Amy continuaba luchando con toda la magia que tenía a su disposición. Si eso era así, ella debía de hacer algo también por su cuenta.

—Ads sincronía— No hubo palabra que saliera realmente de su boca, solo un silbido suave hecho por el aire escapando de su garganta inmóvil, pero funcionó. Sincronía se activó, por lo cual solo debió extenderla más allá para alcanzar a Amy para sentirla. Amy se hallaba corriendo esquivando a la armadura mientras casteaba magias en carrera— Ads anulación— Eliminó toda magia sobre ella, incluyendo sanación y parálisis, lo cual hizo que parte de su cuerpo se relajase, sus ojos notaran de nuevo el mundo a su alrededor, y la sangre fluyese como un río fuera de su cuerpo— ¡ADS CURA! — Gritó con las lágrimas escapando de sus ojos con desesperación. Casi la mitad de su pecho haía desaparecido y sus órganos colgaban como masas extrañas de su cuerpo.

Mena observó desde el suelo. No podía moverse de dónde estaba o moriría al intento, su cuerpo pendía de un hilo muy fino y cura no era tan rápido como para tener oportunidad. Sin embargo una idea e vino a su mente— ¡AMY!— Gritó con todas sus fuerzas— Corre en dirección a Allan, solo tú y él tienen oportunidad contra este monstruo.

—¿Qué rayos dices?

—¡Corre a buscarlo! — Mena entonces acumuló tanta magia como su cuerpo convaleciente podía— Ads anulación— Expandió su habilidad para alcanzar todo en varios metros a la redonda, envolviendo incluso al niño que estaba frente a ellas. El niño por alguna razón cayó al suelo escupiendo sangre mientras apretaba su cuello con desesperación— Ads sincronía, ads valor, ads prisa— Recitó las tres concentrándose al máximo. Mena se hallaba consciente de que no podría luchar, sin embargo, podía anular la magia del niño y la armadura, mientras que si colocaba magia valor y prisa sobre Amy esta podría avanzar más rápido.

Sincronía en cambio se expandió como nunca antes Mena lo había hecho, más allá de los límites usuales, primero halló a Allan, y sus ánimos se vinieron abajo. Pudo sentirlo tirado en el suelo inconsciente, mientras que un hombre poderoso luchaba justo a su lado, nada más y nada menos que contra Jin. La diosa Emerant por su parte se hallaba justo al frente, deseando tocar a Allan y tomarle para sí.

Continuó extendiendo sincronía, para hallar un ejército de muertos tan enorme que todos los humanos sobre la tierra no podrían con ellos. Más allá al norte, tres generales luchando entre sí mientras que dos dioses observaban desde las lejanías. Por sobre sus cabezas en cambio el ser gigante semejante a un dragón se alzaba a miles de metros de distancia del suelo, comenzando a condensar tanta energía frente a él que podría destruir medio continente de dar contra la tierra. Y más allá, al sur pudo sentir la presencia de las niñas, Ciel y Sombra. Miry se hallaba mal herida y a poco de perder la vida, mientras que Mena, Shun y el lobo pequeño se habían ido por completo. Fue entonces que tanto Mena como Amy sintieron la desesperación llenar sus cuerpos.

Hasta entonces albergaron siempre la esperanza de que Miry o Allan llegase hasta ellas, que hubiese una solución para tal situación, pero la realidad les dio un golpe duro en la cara.

Amy comenzó a llorar mientras corría, sentía como se acercaba a Allan, pero en ese lugar se hallaban Emerant y Jin luchando contra un hombre alto y musculoso semejante a un general en potencia. ¿Qué debía hacer? El rango de Sincronía se había extendido más allá de lo posible y ahora sentía aquella enorme y descomunal cantidad de energía formándose en el aire. Para cuando llegó donde se hallaba Allan, la bola de energía descendía desde los cielos. Tan grande que abarcaba la ciudad de Merak, sus tierras adyacentes y más allá.

Amy se detuvo con lágrimas en los ojos. No había escapatoria de aquello. El miedo llenó sus sentidos, miedo y arrepentimiento. Miedo de lo inevitable, de la muerte, y arrepentimiento por tantas cosas que deseó haber dicho y hecho que nunca logró. Pero todo llegaba a su final. La luz del cielo descendió y llenó todo su alrededor. Era cegador y caliente, quemaba todo a su paso incluso aunque aún se hallaba a cientos de metros de distancia. Amy corrió hasta Allan y tomó su cabeza lanzando un lamento al aire. Lamento que Mena, Ciel y los niños compartieron desde las lejanías.

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Ardina era un hada que guardaba rencor en su alma. Nunca perdonaría a los dioses sus caprichos y los cientos de cambios que realizaron a la tierra de Matneim. Las hadas aún existían en diversos puntos del abyss, guardando sus energías, esperando que todos los enemigos cayeran. Pero sin poder suficiente para hacerles frente. A la espera de que se presentasen oportunidades y a quienes guiar contra los dioses y sus generales.

Pero, la fortuna no era buena. La raza de los humanos estaba muy por detrás de la raza demoníaca y bestial con la cual no se llevaban. Así sus escondites permanecieron ocultos durante siglos enteros.

No había mucha opción ni esperanzas en el corazón de las hadas, quienes con el pasar de los años se fueron pudriendo por dentro y fuera, entregándose al abyss casi por completo.

Ardina en ese momento observó la enorme esfera de energía que se acercaba a la tierra quemando y destruyendo todo a su paso.

No amaba a ninguno de aquellos humanos, pero algo en su corazón le decía que ellos, esos pocos que había guiado recientemente tenían el potencial adecuado. ¿Qué debía hacer? Su corazón se debatía. El estar allí era incluso motivo para debilitarla, pero por otro lado sentía como la muerte y el fin se acercaba, no solo para las hadas, sino también para esos humanos a los cuales había guiado. Un pequeño grupo de aventureros que se aferraban al amor que sentían por sus más allegados.

Ella sabía muy bien lo que era ese amor. Lo había experimentado en el pasado junto a su hermana y su amado. Había luchado en batallas miles de años atrás y perdido todo en ellas.

La ira de la pérdida se apoderó de Ardina hasta lo más profundo de su ser. Entonces expresó la primera magia que necesitaba usar en ese instante, sonriendo ante la estupidez que se hallaba haciendo en ese instante— Ads portal— Abrió tres portales a los pies de aquel grupo peculiar, se hallaba llena de confianza hacia ellos por alguna razón. Su instinto le decía que debía salvarles. Por eso terminó esa primera labor con una sensación de bienestar dentro de su ser.

Posterior a eso posó su vista sobre aquel rayo enorme de luz y alzó su brazo— Ads escudo— Concentró su magia hasta el límite. Escudo era una magia que detenía el avance de otras magias. Pero el nivel de aquella esfera de energía y el suyo no era equivalente. Pronto su barrera se rompió y la esfera de energía cayó sobre ella borrando su existencia por completo.

Ardina se retiró del mundo de los vivos con una sensación cálida y reconfortante, había hecho lo correcto. 

—¿No debemos escapar nosotros también? — Preguntó Daniela temerosa de lo que se avecinaba. Tariel la miró mientras afilaba un par de espadas y dagas que tenía a la mano.

—Debemos detenerlo o retrasarlo lo más que podamos.

—Esa parte de retrasarlo es la que no me agrada del todo— Daniela sabía muy bien lo que eso significaba, sacrificarse para dar mayor cantidad de tiempo y que el enemigo no lograse hallar el rastro del resto. Apenas un día atrás Vermont, Dimch, Giro y el resto se marcharon rumbo al noreste, al continente de Tylean. El estrecho que les separaba debía de hallarse a unos cuatro o cinco días de caminata desde donde se encontraban en ese momento, Lentis.

Helim por su parte se hallaba tranquilo asando unas papas frente al fuego, con una sonrisa extraña para las otras dos. Se mostraba abiertamente tranquilo, casi apacible, como si esperase que el enemigo llegase por la esquina en cualquier momento y tomase asiento junto a él por un poco de papas asadas.

—¿Cuántas trampas terminaste de colocar?

—Cerca de veinte, incluido el agujero que me pediste— Daniela hizo algo de silencio y buscó algo de fruta en su bolsillo. Aunque a decir verdad no tenía nada de hambre. No comía desde la mañana y creía imposible que pudiese tragar algo de comida en ese instante— ¿Crees que caiga en algo?

—Me da más miedo pensar que, aunque caiga en todas, se levantará como si no tuviese siquiera un rasguño.

—Pero preparé la trampa de fuego que me pediste.

—Quizás esa es la mejor oportunidad— Tariel finalizó la tarea con una de las espadas y miró a Helim— ¿Cuál es el plan viejo? ¿Esta vez nos dirás?

—Si pelear hasta que nuestros huesos sean polvo es un plan. Pues sí, tengo uno.

—No tengo ánimos para ese tipo de planes que incluyen morir como parte del proceso.

—Y yo que pensaba que eras una guerrera del abyss ¿La mayoría de los planes no son así? — Helim alzó el brazo para ofrecerle algo de papa a las chicas, pero ambas negaron con la cabeza— Tengo algo de cerveza, si alguna quiere.

—Me habría gustado es un buen poco de sexo— Tariel bajó la cabeza y luego miró a Daniela, invitándola a un poco de diversión justo antes de morir.

—¿Es en serio? — Preguntó bajando la voz— Normalmente no te digo que no, pero, en este momento no podría concentrarme ni tres segundos seguidos.

—En eso tienes razón— Sonrió Tariel pesando una daga en sus manos para memorizar el peso de esta antes de colocarla en su bolsillo con cuidado. Era una de las dagas que no solía limpiar ni afilar. La magia imbuida en ella era más letal que cualquier corte.

Daniela se sumergió en sus pensamientos un rato— ¿Dónde estaría Allan en ese instante? ¿sabría que a mitad de camino a Tylean había un general de los dioses? — No, lo más probable es que no. Él no tenía ese tipo de malicia, mucho menos hacía ellos, un grupo con el cual solían compartir. Lo cual indicaba que solo tenían mala suerte de hallarse allí y de encontrar a semejante enemigo. Allan no era capaz de ese tipo de cosas, no era capaz ahora, y no fue capaz en su vida pasada. Daniela por alguna extraña razón podía recordar su vida antes de llegar a Matneim, el mundo del abyss.

Sin embargo, nunca diría nada al respecto, en especial porque no deseaba recordar nada de aquello. Era una vida que desapareció para mejor, después de todo ¿quién querría a una prostituta ladrona del centro de Bogotá? Nadie. Tampoco había alguien a quien extrañasen o por quién volver.

Ambos quedaron huérfanos a temprana edad producto de un carro bomba en la época de un famoso narcotráficante en la ciudad de Medellín. Luego su tío les llevó a Bogotá con promesas que nunca se cumplieron. Increíblemente Allan se había mantenido sano, alejado de todas las cosas sucias que ella no. Trabajando en un pequeño restaurante por un mísero sueldo. Así al menos fue hasta el día que desapareció misteriosamente.

Daniela no le había buscado jamás, Bogotá era una ciudad enorme donde no se le prestaba atención a los desaparecidos sin dinero. Lo más probable es que alguien a quién su hermano le debiese dinero le apuñalase en algún rincón.

La muerte llegó a Daniela un par de meses después de forma abrupta. Un extranjero a quién le robó el celular llegó al prostíbulo a reclamar sus pertenecías. Un error que nadie debía cometer en tal ciudad. Sin embargo por error del destino en medio de un forcejeo Daniela terminó apuñalada en todo su abdomen. El chulo del lugar al cual pidió auxilio a gritos se asustó. Era una herida muy grande y el lugar no cumplía con ningún papel. De alguna forma le movilizaron hasta una vieja esquina del antiguo Bronx. Un lugar donde los mayores criminales operaban a plena luz del día.

Daniela murió sobre el suelo con la luz del día cegando sus ojos y con la boca ahogada en sangre.

Esperaba alguna clase de infierno, por tal motivo no le extrañó caer en un mundo plagado de criaturas espeluznantes que mataban a cualquier que se hallase cerca. Sin embargo, al llegar sabía que Allan se hallaba en aquel lugar.

Pese a buscarle y encontrarle, aquella sensación que guardaba desde su otro mundo no desapareció. Daniela sentía envidia de aquel pequeño hermano que de alguna manera parecía tomar siempre un mejor camino que el suyo. ¿Qué era lo que hacía? ¿Por qué Mena se interesaba en él?

—Allí viene— Expresó Helim y tanto Daniela como Tariel sintieron que el mundo se heló de pronto y la realidad se convirtió en algo pesado. Daniela salió de sus pensamientos con sentimientos amargos. No deseaba morir, sentía que de alguna forma, no vivía lo suficiente para disfrutar la vida.

—¿No estás bromeando viejo? — Preguntó Tariel levantándose de su lugar.

—Ads agua, ads regeneración, ads protección, ads prisa, ads valor— Daniela se percató que el viejo no solo colocaba las magias sobre sí mismo. Las estaba repartiendo— Ads camuflaje—Pronto la figura del viejo se desvaneció un poco. No desaparecía por completo, solo parecía que se hallaba difuso, como si los árboles del alrededor de pronto le cubriesen y su figura desapareciera. Tariel pasó por el mismo proceso y luego ella.

—Ads veneno, ads armadura— Tariel resopló mientras se movía por el lugar sin dejar rastro— Es todo lo que tengo para ayudar.

—Ads concentración— Recitó Daniela tomando una espada y aguardando en el lugar en el que se hallaba. No le veía sentido a moverse de allí mucho. Se trataba de un general, ya incluso podía sentir su presencia atemorizante acercándose desde lo lejos.

Aquel ser no parecía tener apuro alguno. Sabía muy bien que ellos se hallaban allí y se tomaba su tiempo para alcanzarles.

Daniela no deseaba morir, al contrario, odiaba su destino por ponerle en una situación de muerte desde el inicio. Siempre era igual, desde el momento de llegar a este mundo parecía que el destino deseaba verla morir de nuevo y ella se negaba. No iba a morir, no se iba a entregar así de sencillo. Y quizás, si sobrevivía, buscaría a una chica como pareja, no soportaría ni a un hombre más sobre su cuerpo. Eso haría, buscaría a una chica con quien compartir y se asentaría en algún lugar calmado y alejado de todo desastre, uno donde pudiera vivir tranquila y sin perturbaciones hasta la vejez. Si, ese era un excelente plan.

El suelo a sus pies tembló de forma errática. Daniela cayó al suelo rodando sin poder controlar su propio cuerpo.

Lo que parecía ser el tronco de un árbol de unos seis metros de grosor se elevó el en aire, y luego otro grupo exactamente igual a ese, como si naciera d ela nada un bosque gigante, y de pronto la madera se dobló formando una curva en el aire para descender estrellándose contra el suelo con estrépito y un chirrido horrible en el aire. Daniela sentía que el mundo mismo se estaba partiendo en dos pedazos. El viento resoplaba con fuerza obligándole a retroceder, caer, rodar por la tierra, golpearse y seguir rodando. La situación se repitió entonces una infinidad de veces, parecían raíces de miles de años arraigándose en cuestión de segundos, y siquiera había divisado al enemigo.

Tariel se deslizó hacía abajo por la enorme rama a la cual el musgo le crecía. Impresionada por hallarse a unos siete metros por encima del suelo, mientras que árboles gigantes tapaban la luz del sol por encima de su cabeza. Entonces notó el brillo de una delgada capa de agua y se lanzó en caída libre al suelo por su vida. Rodó ente la tierra y la hierba y alzó la vista de inmediato. La mitad del bosque fue cortado de súbito. Los troncos comenzaron a caer junto a un centenar de hojas. Solo quedaba esquivar y moverse por su vida.

—Es una pena, el nivel del manejo de magia que tienes te coloca en el pináculo de los humanos.

Daniela alzó la mirada, aquel ser que se hacía llamar un general se hallaba por encima de su cabeza, ramas salían de su cuerpo y estas se arraigaban y sujetaban a los árboles. Helim mientras tanto se hallaba sobre la copa de un macizo a varios metros de distancia. Parecía responderle algo al otro, pero era imposible de saberlo desde donde se hallaba.

—Es una pena que tu principal magia, agua, aquella que más has entrenado, revitalice la mía. Es casi como si el mundo conspirase en ponerte al peor enemigo frente a ti. Incluso habría accedido a presentarte frente al dios Trent. Con unos trecientos años más de vida serías un general valioso— Hubo un intercambio de palabras y Ulter, el general semejante a un árbol dejó salir de su espalda un centenar de ramas que fluyeron por el aire como dagas a velocidad vertiginosa.

Helim saltó de su lugar mientras un par de filos de agua cortaban cada una de las ramas enviadas a su cuerpo.

Tariel buscó a su alrededor. Todo era un caos de hojas y madera a su alrededor. Debía de hallar algo de las trampas o el material que recolectaron previo a la pelea, pero no lograba divisar nada. Probablemente todo terminase enterrado a un centenar de metros a sus pies a causa de aquellos árboles enormes. Entonces por sobre su cabeza observó a Daniela, corriendo por sobre las ramas como si se hallase en tierra firme. No podía quedarse detenida, no en ese instante.

—¿Qué haces?

—Los árboles muertos ¡muévete por los árboles caídos, solo puede manipular los vivos! — Daniela continuó su camino y desapareció de la vista mientras que Tariel no comprendía sus palabras. ¿Qué importaba si no manipulaba los árboles caídos? El punto es que podía crear más, cientos o miles de ellos a voluntad.

Tariel sacó las dagas que guardaba en su espalda y las arrojó contra Ulter. Pero este interpuso un centenar de ramas y estas fueron detenidas a mitad de camino.

Helim apareció girando frente al general y clavó una espada contra entre el tronco de su cuerpo. El arma se enterró en lo profundo, o eso pensó Tariel, hasta que observó el rostro preocupado de Helim. La espada no se enterraba, era engullida por el enemigo.

—Me toman por un ser de segunda y ofenden con sus ataques. Yo no soy este cuerpo físico que ven ahora. Yo soy el bosque, yo soy vida.

Del árbol frente a Tariel la figura de otro Ulter emergió desde un tronco, y otro más arriba, y una docena más en las copas de los árboles. Tariel fue atacada con un centenar de ramas filosas que se movían como el viento. Solo podía apartar los ataques que podía con su espada, mientras que una decena de ellas se clavaban en sus piernas y la sujetaban al suelo.

—Ads fuego— Helim pronunció mientras era clavado contra un tronco. Las llamas salieron de su cuerpo y recorrieron las ramas a su alrededor, deshaciéndolas a los segundos. Extendiéndose veloz, y… un cúmulo de árboles se movieron curvándose para cubrir el fuego, chocando contra otros troncos y rompiéndoles a su paso. Formaron una esfera de la cual las llamas no pudieron salir y se extinguieron.

Helim y su filo de agua rebanaron la geoda de madera como si se tratase de mantequilla antes de salir y verse sumergido por un millar de ramas que le atacaban. No importaba cuantas de ellas cortase, un millar más nacía de las ya rebanadas y se disponían a atacarle con la misma intensidad.

Tariel se hallaba cortando las ramas que atacaban sus piernas y que le mantenían cautiva mientras el resto impactaban contra su rostro y brazos. Las heridas brotaban de su piel a cada segundo, incluso podía ver sus músculos y parte de sus huesos en los brazos, pero no se iba a detener por ninguna razón. Fue entonces cuando escuchó el quejido sordo del viejo Helim. A quien Ulter perforaba en el pecho con una rama enorme y se acercaba hasta este, como si desease ver la muerte del viejo de cerca.

¿Cómo era posible? Así no tendrían siquiera oportunidad de defenderse. Aquello era una matanza, no una pelea. Ulter siquiera había recibido daño alguno hasta ahora.

Daniela estaba triste, no por las heridas en su cuerpo, sino porque cuando tuvo sus sueños más claros, estos se esfumaron tan rápidos como llegaron. Aunque quizás aquella no era una mala forma de morir. Su pierna derecha se hallaba desecha. Las ramas le habían perforado en varias secciones, pero aquello no importaba. Había encontrado lo que necesitaba y lo había regado como era debido. El mundo del cual venía era aterrador no por monstruos o criaturas extrañas, sino porque la avaricia humana fue tan lejos como para investigar todo aquello dañino y usarlo a favor.

La siguiente rama se incrustó en su abdomen y Daniela observó a Ulter y activó la única magia de ataque que pudo aprender en su estadía en ese mundo— Ads fuego— Lo primero que ocurrió fue que la grasa y el aceite que usaban ara las lámparas se encendió rápidamente atravesando las ramas del bosque para encender todo lo que se hallaba talado. Luego vino la explosión a un par de metros de distancia, causado por el pan y la avena que guardaban en sus bolsos para comer. Al Daniela haberlos liberado habían creado un aire en extremo volátil que estalló regando el aceite en los alrededores.

Ulter intentó controlar el fuego y suprimirle, pero al encapsularlo este estallaba por alguna razón y devoraba la madera más rápido que el fuego normal. El calor penetraba el interior de los macizos y estos sucumbían. 

Ardina pudo ver el resplandor de la energía, luego hubo paz. Su ser flotó sin rumbo y sin consciencia propia, ella apenas era consciente de la sensación externa. Sentía que fluía por un líquido en alguna dirección. Pasados varios minutos un punto de luz llegó hasta ella, una luz tan brillante que cegó sus sentidos, posterior a eso todo fue blanco.

Ardina fue capaz entonces de observar luz blanca y algunos pedazos de sombras. Luego de pronto todo fue negro y algo de luz llegaba hasta ella a cuenta gotas. Este proceso se repitió varias veces, hasta notar que además de la luz también había otro estímulo.

Lo que escuchaba no era exactamente una voz. Una voz habría necesitado respirar. Aquello en cambio era como notas musicales sostenidas infinitamente. Las notas iban haciendo acordes en una melodía agradable y placentera. Fue entonces, cuando ya había comprendido esas dos cosas que una sensación sobrecogedora le hizo sentirse diminuta e insignificante.

No tenía cuerpo físico, eso podía saberlo sin verse a sí misma. De alguna forma se sentía concentrada en un punto en el espacio.

Se hallaba en un extremo inferior de una recámara circular. En el centro estaba lo que parecía ser un sol, brillante y caliente. A su alrededor habían pedazos de tierra flotantes. Estos cúmulos giraban en torno al sol, produciendo los espacios de sombra que ella observaba. Luego el sol desapareció, y fue seguido por una tierra blanca semejante a la luna. Esta brillaba casi como un espejo, y algunos de dos rayos le iluminaban a ella. No obstante, la razón para ella sentirse tan pequeña e impotente no era aquello, podía saberlo. Sentía la presencia de algo tan grande cerca de ella que le atemorizaba.

—No temas Ardina del clan de las hadas— La voz resonó en la recámara, legó no solo hasta sus oídos, sino hasta su corazón. Le llenó de un regocijo inexplicable, y entonces Ardina supo de quien era la presencia con ella. Su voz tembló de alguna forma— Numer y Yisha.

—Es un placer verte hoy con nosotros Ardina— Hubo un ato de silencio. El hada no sabía cómo responder. En primera instancia se sentía llena y en paz de alguna forma, pero otra parte, los que estaban frente a ella eran dioses. Al igual que otros, que solo luchaban por su propio beneficio.

—Entendemos tu sentir— La voz que llegó hasta ella era femenina. Luego pudo observar la figura de una mujer envuelta en múltiples capas de tela que flotaban a su alrededor. Yisha debía medir quince veces lo que Ardina media. Aunque era difícil saber algo sobre tamaños en ese instante, no había nada con qué compararlo.

—Realizaste una acción muy noble allí abajo, en el mundo de Matneim— Observó la forma de un hombre que iluminaba el lugar. Su rostro era perfilado y su cuerpo se hallaba cubierto por una armadura refulgente.

—Sobrepusiste tus deseos propios, los de tu clan, aquello por lo cual luchaste durante siglos enteros y para lo cual te reservaste. Todo, por salvar a un grupo de humanos en específico y tratar de detener un ataque.

—¿Por qué lo hiciste? — Preguntó Numer sin moverse de su posición desde las lejanías.

—Yo, yo…— No hallaba las palabras, y era obvio que aquel par de seres deseaban una respuesta. Luego de un instante Ardina decidió sincerarse consigo misma y dejar que todo saliera de su cuerpo— Durante mucho tiempo sentí que los dioses abandonaron nuestra tierra, que no valía siquiera poner un plegaria a su nombre, mucho menos respetarles o guardar esperanzas. Pero hace un tiempo conocí a un grupo de aventureros que por alguna razón me lucían peculiares. Quise hacer que su fuerza fuese mía también, quería que lucharan por y a favor mío, o de lo que yo pensaba correcto. Comencé a tener esperanzas que, de alguna manera sería posible salvar a mi pueblo, pero no como antes lo pensaba — No había lágrimas que salieran de su ser de alguna forma, sin embargo sentía que lloraba —Por alguna causa se sentía triste pero llena, y le molestaba aún más tener esa sensación ante seres que tanto despreció por largo tiempo.

—Tiene sentimientos encontrados— Comentó la voz de Yisha.

Hubo un silencio en el lugar por algunos minutos, hasta que Numer habló— Tus acciones han creado un mejor camino del esperado, sin contar que has salvado a la humanidad entera de su extinción el día de hoy. Sin embargo, tendremos que pedirte que hagas algo más.

—¿Algo más? Ya morí para salvarles ¿qué más podría hacer?

—No has muerto Ardina. Hemos detenido tu tiempo a un par de segundos de que tu cuerpo se desintegre y te hemos traído aquí a fin de poder darte la solución el al problema que allí se presenta.

—¿Por qué yo?

—Decidiste pelear por la humanidad. Incluso si fue en tu último instante— La voz de Yisha se escuchaba por el lugar creando eco—No tenemos generales en la tierra actualmente. Pero parece que están por aparecer un par de ellos. Ha sido gracias a ti que esto se ha movido en tal dirección.

—¿No pueden ustedes directamente solucionarlo? Son dioses.

—Esa es tu forma de ver lo que está frente a ti. Somos seres que han llegado a un nivel de poder diez mil veces superior al tuyo, sin embargo, no somos omnipotentes. Para ti somos dioses, simplemente porque no puedes más allá de la enorme diferencia de poder que existe en nosotros u otros seres semejantes a los cuales llamas dioses.

—No son dioses.

—No, sin embargo tenemos nuestros planes y desempeñamos un papel en tu mundo. Yisha por ejemplo usa toda su energía para traer guerreros de otros mundos mes tras mes. Guerreros que puedan enfrentar las adversidades y se sobrepongan a otros generales. Yo por mi parte mantengo el abyss en todas sus capas, y evito que cualquier criatura salga de sus profundidades.

—Las criaturas están saliendo. Emerant logró salir del abyss y ahora muchas criaturas parecen estar evolucionando en la superficie.

—Un percance que será solucionado pronto Ardina— Comentó Yisha.

—¿Por qué mantienen el abyss? — Preguntó Ardina con curiosidad.

—Los guerreros necesitan un método para crecer, eso es el abyss. Un camino con obstáculos diseñado para crecer. Cada nivel está ideado para ser más difícil que el anterior. Superarlo significa llegar a un nivel trascendente, donde luchar contra generales o incluso dioses no sea descabellado.

—¿El abyss es bueno entonces?

—Es un mecanismo, quizás un mal necesario para que la mayor cantidad de vidas puedan ser salvadas y las razas no sean exterminadas.

—¿Qué necesitan que haga? — Preguntó el hada.

—Regresar, te daremos la energía suficiente para vencer al Behemot que ha sido convocado a la superficie del planeta— Respondió Numer.

—Sin embargo, la cantidad de energía que pasará por tu cuerpo será demasiada y tu cuerpo se desintegrará luego de algunos segundos.

—Ya pensaba estar muerta, no creo que importe morir nuevamente.

—Tu alma probablemente se perderá Ardina. No podrás ser convocada nuevamente a la vida, ni renacer en otra realidad. Solo tu consciencia quedará como remanente de tu existencia—Aclaró Yisha— Ese es el precio a pagar por salvar a los demás pueblos de Matneim.

Hubo un enorme silencio. Ardina no tenía idea previa sobe renacer o ser convocada a otro mundo, sin embargo, las palabras de Numer y Yisha le dejaban muy en claro su destino. Morir en el proceso y apenas quedar su consciencia vagando sin rumbo quien sabe si por la eternidad. Luego se calmó y pensó que había destinos peores que aquel— Solo un pregunta.

—La que quieras.

—Mi pueblo, la tribu de las hadas. ¿Logrará regresar a la superficie nuevamente en el futuro?

Hubo un silencio profundo en el lugar, hasta que Yisha rompió el silencio— Si mis cálculos son correctos, en menos de un par de años se decidirá si Matneim será hogar de las diferentes razas, o si los falsos dioses se harán dueños de todo lo existente— otro silencio en el lugar. Las luces y las sombras se movían girando entre ellas, como si una quisiera atrapar a la otra— No te puedo asegurar que las hadas regresarán. Ese será el momento decisivo para todos. Pero si te puedo decir que sin tu sacrificio de este momento todo estará perdido. Behemot destruirá cada ciudad y ser viviente sobre la superficie y sin esto no habrá esperanza posible.

Ardina asintió indicando estar lista y preguntó— ¿Qué debo hacer? — pero para el instante en que las palabras salieron de sus labios, se hallaba frente a una enorme esfera de energía y el salor sobre su cuerpo.

Aquella masa aún no tocaba la tierra, pero parecía destruirla y el cuerpo de Ardina se hundía en el suelo producto de la enorme fuerza contra ella. Dolía, cada parte de su cuerpo parecía estallar de dolor. Pese a todo, aún estaba con vida. Tardó un par de segundos en darse cuenta de ello, y en recordar el objetivo de su misión.

Había una esperanza. Alzó sus brazos y recitó la magia— Ads escudo— Una circunferencia de color verde brillante salió de la punta de sus dedos y se expandió por varios kilómetros a su alrededor. Ardina sintió el peso del mundo sobre sus hombros y lloró de felicidad. Si tan solo su tribu supiera que faltaban un par de años para que todo se decidiese. La esperanza estaba allí, a la vuelta de la esquina. Solo debía vencer en esta ocasión, no importaba lo difícil o lo caótico del asunto, si solo eso debía hacer, no había ninguna duda que lo realizaría y lograría.

¿Qué forma había de eliminar a esa cosa? ¿Qué magia podría servir? Escudo solo podría detener la magia ¿Cuál habría que pudiera eliminar a un ser de esas magnitudes? Quizás, si, había magias que pudieran hacer frente a seres de tal forma.

—Ads poder divino, ads aura divina— Un círculo dorado con un centenar que símbolos se dibujó a sus pies y extendió hasta donde la vista le alcanzó. Debía prepararse, quizás solo quedaban un par de segundos de vida. Debía usarlos sabiamente hasta el final, concentrar toda la magia que pudiera en un solo punto.

Sostuvo la magia escudo con su mano izquierda mientras apartó la derecha para concentrar toda la magia que pudiera— Ads energía— Nunca había usado esa magia, consumía en gran medida. Pero no importaba, usaría hasta la última gota de magia, incluso hasta lo último de su propia vida.

Una pequeña bola de energía cruzó el aire, atravesando el centro de la otra inmensa masa energética. Luego atravesó al Behemot por todo el pecho. Sin embargo Ardina no pudo ver aquello, su cuerpo se desintegraba. Aun así Ardina no sentía remordimiento, había una esperanza encendida, y eso era más de lo que había tenido en sus largos años de vida. 

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