52. LA CAIDA

Mena se hallaba tranquila a la espera de la siguiente pelea. Xue había arreglado tres contrincantes para ella y Amy esa semana. En su opinión no eran siquiera oponentes dignos, pues caían apenas con un par de golpes, o al menos así fueron los dos primeros. Era una lástima, porque tanto ella como Amy se dedicaron a entrenar día y noche para mejorar sus tácticas y habilidades de batalla sin el uso de magias.

No era tan difícil luego de haber luchado tanto tiempo junto a Allan, Miry o incluso Stella. Solo debían recordar los movimientos que usaban y recrearlos una y otra vez hasta que se sintieran propios y fáciles de usar ante cualquier situación.

Amy por alguna razón buscaba de emular los movimientos de Miry para el uso de las dagas. Se trataba de ataques sigilosos y certeros que iban por puntos vitales del cuerpo. Aunque en las últimas batallas no fueron necesarias las armas siquiera.

Amy tuvo que enfrentarse a un hombre gordo que usaba un hacha enorme, pero no resistió la combinación de su velocidad y un fuerte puñetazo directo a su abdomen. El hombre sencillamente se derrumbó, luego de que su armadura de cuero ligero estallase al impacto. Cayó a unos tres metros de distancia de donde se hallaba parado y quedó tendido inconsciente sin haber propinado siquiera un golpe.

El segundo contrincante de la pequeña era un hombre ágil que peleaba con un palo de madera que escondía una pequeña cuchilla. A pesar de su velocidad no era rival para Amy, tampoco era el mejor combatiente. Fue neutralizado con solo romper su arma y el sujeto se rindió pacíficamente. El tercero fue un caso extraño. Se trataba de un domador de bestias que subió al escenario junto a un par de beartrolls mutados. Cualquier otro contrincante habría aullado de miedo, mientras que la audiencia rugía en favoritismo por aquel hombre.

El domador se mostró confiado, probablemente por su experiencia dentro de la arena, o quizás por tratarse de una pelea contra una niña de solo trece años. El resultado fue desastroso. Amy avanzó contra él mientras este saludaba a la audiencia, nadie esperaba un ataque tan pronto, debido a que por delante se hallaban los beartrolls. Sin embargo, Amy atravesó el espacio tan rápido que las bestias apenas reaccionaron, y el impulso de su cuerpo, junto con un codazo enviaron al hombre a estrellarse contra la pared de la arena, donde quedó incrustado inconsciente o sin vida. Luego vinieron los beartrolls, pero sin un amo el cual les indicase como actuar, eran simples bestias mutadas del abyss. Un par de petada y una serie de puñetazos a sus cabezas y estas cayeron al suelo abatidas.

Los contrincantes de Mena no proporcionaron nada de entretenimiento, o tal vez es que ella esperaba mucho previamente. Tal vez a un guerrero Omni, con su capacidad de bloquear ataques con sus argollas de los antebrazos y su increíble fuerza proveniente de su respiración y las palabras inscritas en cada puño. O un maestro en alguna arma. Pero nadie así apareció en los primeros dos combates, lo cual era frustrante pues Mena había entrenado día y noche como nunca antes. Aunque, la verdadera razón para tal entrenamiento no se debía a las posibilidades de enfrentarse a un buen maestro, sino a la pelea que había solicitado al señor Xue.

Mena eligió un contrincante fuerte, uno que deseaba no solo vencer, sino humillar ante los demás. Kant.

Xue había quedado sorprendido ante la elección de Mena, pero según el mismo, casi cualquiera podía participar en la arena, siempre y cuando no se tratase de un noble. Solo que, los esclavos y los aventureros eran más usuales en esta, pero mediante un desafío público se podía llegar a casi cualquier competidor.

—¿Es acaso una rencilla de una expareja? — Preguntó Xue.

—No. Es el malnacido que me trajo aquí a Merak como si yo fuese una esclava.

—Entonces es más un tema de venganza en búsqueda de tu libertad. Eso es mejor, por lo general las peleas de pareja no son muy buenas para la arena. Recuerda que quiero verte vencer a todos los que se enfrenten a ustedes, no me importa si el enemigo es fuerte, pero que venzan.

—Mientras el enemigo sea fuerte a ti te servirá ¿cierto?

—Mientras más fuerte sea el enemigo mayor reputación me traerá a mí. Ya tengo un par de ofertas de venta para ustedes dos, pero son unos idiotas de aquí de Merak. Necesito que las personas en Cintiael hablen de ustedes, porque al hablar de ustedes hablarán de mí inmediatamente y mi postulación para el senado de Cintiael será mucho más sencilla.

—Todo es cuestión de política entonces. Supongo que Kant te servirá.

—Sirve de mucho, es reconocido como un aventurero fuerte en Cintiael, pero dependerá de si aceptará la lucha o no. Sé de buena fuente que se encuentra en la ciudad, pero que acepte la pelea es un asunto distinto, no es posible obligarle a participar, aunque no aceptar un desafío es deshonroso también.

—Estoy segura que aceptará, es un engreído que piensa es fuerte, es todo.

—Colocaré el aviso entonces esta semana, suerte.

Desde aquello había pasado una semana y Kant no dio respuesta alguna al desafío. Hoy en cambio se debía enfrentar a un aventurero de nombre Julio que había llegado al piso treinta y cinco del abyss y era de nivel doce.

Probablemente una antigua Mena habría estado nerviosa, pero ahora solo quedaba espacio para las ansias, deseaba destruirle para regresar a la ciudad, pedir un plato enorme de carne y colocarse nuevamente a entrenar hasta que Kant aceptase el desafío.

No estaba buscando de escapar, la razón era simple. Xue había dejado muy en claro que solo las necesitaba para obtener renombre y llegar al consejo. Después de eso podrían comprar su libertad de forma sencilla y partir rumbo a Arglory, aunque Xue advertía que la amenaza del rey de los muertos era seria, y pronto se avecinaba una batalla contra este, y Arglory no estaba preparada para afrontarla, por lo cual caería por completo. Sin embargo Mena decidió que estaba preparada para ello si así fuese. De hecho pensaba pasar por la aldea tumb y ver si conseguía rastros de Miry allí, luego por Ibis a ver si alguien sabía de Allan. Si el resultado era negativo se dirigiría a Utghardie, para destronar a Geth o morir cerca de la tumba de Vert, donde había aparecido e iniciado su aventura en Matneim.

Las trompetas resonaron y Julio se hallaba ya en la arena. Mena salió tranquila observando su alrededor. Gracias a otros luchadores sabía que algunos colocaban trampas a la salida del contrincante. Algunas de ellas imperceptibles, como veneno que hacía daño al tacto sobre la arena. Esto para luego lanzarla al adversario o provocarle una caída que terminaba causando más daño del esperado. Otros hacían uso de vidrios o pedazos de metal cortado, que al dejarlos caer se confundían con la arena, pero cortaban a aquellos que iban descalzos o caían de alguna forma.

—¡Magi! ¡Magi! ¡Magi! — El clamor se dejaba escuchar por la arena. Las personas golpeaban con sus pies creando un sonido atronador en el aire.

Julio no se mostraba altanero, se hallaba en posición de batalla con una lanza larga pero gruesa que daba la impresión de ser poco flexible, pero de gran potencia. Lo cual iba de la mano con la forma de la hoja en la punta, la cual era semejante a una gota de agua, filosa por ambos extremos. Mena sonrió ante encontrar a un oponente siquiera digno de una batalla. Lo sabía por la cautela que este guardaba ante cada movimiento de ella colocando la lanza justo al frente, como una pared intermedia entre uno y el otro.

Se lanzó hacia adelante, no llevaba arma alguna, no porque menospreciase a sus oponentes, sino porque el arco no le funcionaría en la arena y no tenía tiempo para aprender otra arma y no saberla usar sería fatal.

El hombre giró el arma al frente y lanzó una estocada que se dirigió a un costado de Mena. La chica se lanzó al suelo barriendose por este mientras giraba y esquivaba la estocada que de otra forma debía ser mortal. Dudaba que aquella arma no estuviese bañada en veneno. Aparentemente era algo de uso común en Merak, al igual que las lanzas como armas.

El mayor problema de enfrentarse a un usuario que usaba una lanza es que existía una seria diferencia en términos de distancia, y borrar esa distancia era difícil si la otra parte tenía un gran manejo del arma. A gran velocidad esta cubría casi todos los ángulos del sujeto. La solución más simple pero efectiva era esperar y visualizar bien el arma, para que cuando pasara, la persona se acercase y redujese la distancia, eso o agarrar la lanza por la sección de madera. Pero muchos usuarios incluso envenenaban la sección de madera junto a un muñón de tela que salpicaba en todas direcciones.

Mena esquivó un par de estocadas y luego se retiró debido a que el hombre dio un salto e hizo que la lanza cayera con gran velocidad y fuerza golpeando el suelo.

—Debí traer algún arma—Había algunas especializadas en contrarrestar lanzas. Pero Mena pasó de ellas y ahora se hallaba sola— ¿qué haría Stella? — Imaginó a la mujer en la arena y comenzó a moverse detrás de ella. El estilo de Stella se basaba en el uso de la magia prisa junto a ataques directos, sencillos de aplicar, pero a puntos donde el dolor causaba parálisis a cualquier clase de individuo o criatura. Por lo general, cuello, nariz, ojos, parte trasera del codo, rodilla, hombro.

Visualizó a la mujer frente a ella y se acopló a la imagen para realizar el movimiento que veía en su mente.

La lanza se dirigió a ella con un movimiento horizontal en forma de abanico. Saltó con todo el impulso de su cuerpo y giró en el aire para mantener sus manos en posición hacía abajo y sujetar la lanza en caso de que esta ascendiese. Mientras que sus pies conectaron directamente con el rostro de Julio.

El hombre retrocedió un par de pasos sin soltar su arma, y Mena tampoco. Julio reaccionó abriendo bien sus ojos, observando a Mena a medio metro de él sujetando con su mano izquierda el arma. Quedó sorprendido, esta táctica nulificaba la lanza casi por completo. Se hallaba tan cerca que no podía dañarla con la punta de la lanza, tampoco soltarla, pues esta quedaría en posición de su enemigo. El único paso posible era atacar mientras mantenía posición del arma.

Así lanzó la siguiente patada, que fue esquivada y pronto el calzado de mena alcanzó su quijada, haciéndole volar dos metros atrás y cayendo casi sin consciencia. No necesitaba nada más que aquello, Mena sujetaba ahora la lanza con tranquilidad mientras él se hallaba indefenso. El resultado de la contienda era obvio, y él no deseaba morir sin necesidad. Por tal motivo alzó los brazos y bajó la cabeza.

La arena revivió de pronto como un ser viviente dormido mientras la pelea transcurría. Los gritos rompieron el silencio y un clamor se dejó escuchar entre los presente de forma clara— ¡Magi, magi, magi! — Mena se permitió alzar su brazo y sentir el clamor de la gente embargarle. Le querían, ella era una de sus favoritas y bendecidas. La seguirían y gritarían su nombre, o bueno, gritarían “magi” cuantas veces fuese necesario.

Regresó a casa escoltada y junto a Xue, quien parecía estar más emocionado que ella, debido a que un representante de Cintiael había visto la pelea y concretado una cita para hablar de negocios importantes.

—¿Cómo te fue? — Amy le esperaba sentada frente al campo de entrenamiento dentro del hogar. Otros guerreros se preparaban en el lugar, pero ninguna de ellas trataba con ellos. Eso debido a que el primer día uno de ellos intentó colocar una mano sobre Mena y acabó con una rotura de hueso que debió sanar un mago en la ciudad.

—Victoria, no fue sencilla, pero tampoco fue una pelea larga. Yo diría que fue corta. No sé, menos de cinco minutos.

—Con Kant quizás sea distinto, habrá que entrenar— Amy se levantó tomando un par de dagas de un madero cercano.

—No sé, hoy me sentí extraña cuando gritaron magi en la arena.

—¿También lo hicieron contigo? — Amy volteó y se quedó callada un momento— Conmigo fue una sensación como si bebiese cerveza de miel, mucha. Nubló todos mis pensamientos hasta que llegué aquí.

—Por eso tenías esa sonrisa idiota.

—Se sintió bien.

—Si, se siente bien ganar y que los demás te reconozcan así. Es como si…

—Como si te adoraran.

—Si… — Repuso Mena pensando en aquello. 

—¿Qué harás ahora?

—¿Sobre qué?

—¿Te has planteado la idea de quedarnos aquí y continuar como guerreras del coliseo?

—¿Qué? Yo no…— Se sorprendió ante las palabras de Amy e incluso había subido el volumen de su voz llamando la atención de un par de hombres que entrenaban a pocos metros realizando sentadillas. A decir verdad era algo que ciertamente había pensado, de hecho, el pensamiento había merodeado su mente minutos atrás luego de la ovación de la multitud en la arena. Lo podía sentir, una fuerza extraña que le decía que podía brillar allí y ser invencible. Pero… —No te mentiré. Lo pensé, pero no creo que sea lo más adecuado ni lo que quiera.

—¿Por qué? Después de todo…

—No están muertos Amy, aunque toda la lógica te diga que si, aunque el planeta entero te lo dijese, no lo están.

—¿Cómo lo sabes?

—Estás pensando en quedarte aquí solo porque piensas que Miry y Allan están muertos— Mena se sentó y la miró directamente a los ojos y recitó en voz muy baja— No lo están, y tú solo estás procurando huir.

—No me respondiste— Refutó la menor.

—No lo comprendes— Mena suspiró y recuperó la compostura recostándose en la pared para conversar. Frente a ellas se habría un pequeño campo de entrenamiento que podían usar todo el día de ser necesario. Solo había ocho personas en aquel lugar como parte de los guerreros de Xue. Por tanto para Mena y Amy resultaba sencillo ocupar las herramientas o correr en cualquier instante— Si fueses Miry, y te dijeran que fuimos raptadas a mitad de un combate, conra un aventurero que puede robar magias ¿qué pensarías?

—Pues, en primera pensaría que peleamos.

—No lo hicimos, claroq ue había razones para no hacerlo y permanecer quietas. Ahora, imagina que luego le dicen que fuimos vendidas como esclavas a Merak y que estamos en el coliseo. Que incluso luchamos contra una bestia del ejército de los muertos y nos lanzaron al bautizo. ¿qué pensarías?

Amy miró a Mena torciendo la boca— Que de seguro estamos muertas.

—Pero no lo estamos ¿verdad?

—No.

—Y de hecho no solo hemos vencido, sino que nos adaptamos bastante rápido a la situación, hemos entrenado sin parar y ya conseguimos un medio para escapar de la esclavitud, lo cual se convertiría al menos en un estado temporal.

—¿Quieres decir que…?

—Ni tu ni yo somos más fuertes que Miry, menos que Allan. Ahora, por un instante imagínate lo que debe haber ocurrido con cualquiera de ellos.

—Miry no luchó en ciudad Ibis— Se quejó Amy.

—Probablemente por razones muy semejante a las nuestras, tenía un niño en el vientre Amy, lo evitaría a como diese lugar. O al menos lo haría hasta que luchar fuese la única opción que quedase.

—Quieres decir que muy probablemente están vivos, los dos.

—Están vivos. Pero imagínate a Miry, pronto tendrá a su hijo y debe estar ocultándose en algún lugar del bosque cerca de la aldea tumb, o en la zona de las montañas. Definitivamente estará más ocupada buscando de sobrevivir y poder tener al bebé.

—¿Y Allan?

—No sabemos si bajó más allá del piso cuarenta. Esa tal Ardina le encadenó cuando nos salvó a Miry y a mí, probable esté trabajando para ella.

—Me gustaría creer eso, tengo ganas de verlos, aunque dudo que todo sea tan lindo como lo colocas.

—También están Stella y Daniela.

—No creo que Stella esté muerta, o al menos no murió en la explosión, pensé mucho sobre eso. La había usado antes, no creo que la matase, pero el frio de aquella montaña. Por otra parte dudo que Daniela esté buscando siquiera a Allan, o que lo busque en algún momento. Ella después de todo estaba celosa de que a ti te gustase Allan.

—Yo… — Mena abrió los ojos y se sonrojó— Nos escuchaste.

—Casa pequeña y paredes delgadas, tampoco soy una niña que no escuche o entienda como son las cosas. Escuché muchas cosas, algunas incómodas de hecho.

—No me digas que…—Mena se ruborizó y escondió la cara— Lo siento.

—Lo disfruté, y lo entiendo— Comentó Amy con una sonrisita— hay cosas que son picantes y el gusto permanece.

—No me digas que tú…— Mena ensombreció el rostro y observó a los hombres de la arena.

—No, aunque Yao se acercó bastante, pero me pareció tonto que se acercase diciéndome que soy bonita y se había enamorado de mí.

—Eran mentiras…

—Me vio cara de niña tonta— Mena se mostró molesta y Mena comenzó a reir ante el descubrimiento de aquellos pensamientos de la menor.

—Sabes que hace dos días Xue lo llamó.

—¿A Yao?

—Sí, tu sabes… — Mena sonreía y no dijo nada más. Todos en aquel lugar sabían de los gustos de Xue por otros hombres. Usualmente llamaba alguno por las noches para hacerle compañía, aunque el favorito de todos era Galio. Un chico joven fornido pero que en realidad no tenía talento para la lucha. Krun no había sido llamado ninguna vez. Mena se preguntaba si aquello era por gustos propios de Xue, o por miedo de algún tipo de enfrentar al Omni.

—Entonces tuvo algo de diversión— No paraba de reir.

—No ceo que fuese la que esperaba después de todo— Soltaron carcajadas antes de regresar al entrenamiento. A pesar de no poder cultivar sus magias, realizaban meticulosamente las rutinas para la formación de los músculos y resistencia corporal que aprendieron.

Fue en horas de la tarde cuando Wance, uno de los guardias llegó con un recado directo de Xue para Mena— Aceptaron tu desafió, será de aquí a cinco días. EL señor dijo que te preparases para ello.

—¿Podré usar magia? — Preguntó Mena.

—No creo, el señor no dijo nada de eso, y por seguridad.

—Si ya lo entiendo— Mena sabía que Xue no les había quitado las argollas de los cuellos por seguridad. No pensaba que les fuesen a matar, pero ambas eran un bien preciado que deseaba mantener y se imaginaba que con magia podrían escapar fácilmente. Lo que él desconocía es que el nivel de fuerza de ambas era lo suficientemente potente para destrozar algunas paredes del lugar y salir sin problemas— me prepararé entonces.

—Kant ¿cierto? — Amy se acercó a escuchar.

—Si.

—Quiero ver esa pelea— Sonrió la menor.

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Daniela se hallaba cansada, llevaban casi tres días de caminata continua sin descanso salvo para comer algo de fruta. No habían dormido y eso comenzaba a afectar al grupo entero, el cual se movía casi por instinto como si fuesen zombies. Pero la verdad es que huían de la ciudad de Enma. En un principio pensaron que sería un refugio seguro previo a dirigirse las al este, pero a medida que se acercaron al lugar, pudieron notar que algo no estaba bien, y que en las entrañas de la ciudad algo se estaba escondiendo. O mejor dicho, había hecho de la antigua ciudad su guarida.

El camino estaba cubierto de cuerpos humanos mutilados de todas las formas. Desde empalados con palos llenos de pedazos de acero, hasta cuerpos partidos por la mitad en descomposición.

El hedor llenaba el aire hasta que lo nauseabundo impedía respirar bien dese varios kilómetros a la redonda.

En principio pensaron que se trataba de algún grupo de bestias mutadas, enfrentaron muchas de camino. Pero luego Helim y Tariel notaron que los cuerpos nunca se hallaban en el camino principal, sino a los lados. Las heridas no eran desgarrantes, sino cortadas con precisión en muchos casos, lo cual sugería que usaron armas y nunca mordieron la carne, lo cual desechaba a las bestias. Sin contar que las mujeres mostraban signos obvios de haber sido violadas previo a su muerte.

—Pueden ser humanos— Expresó Tariel tocando un cuerpo que tenía una cortada perfecta y larga a lo largo de toda la espalda. Vermont, Dimch, Giro, Melanie, Abert se hallaban cerca mirando con algo de asco los cuerpos. Mientras tanto Ment, Clari, Hyn, Colbert y Mina se hallaban patrullando la zona en los alrededores buscando cualquier señal de enemigos cercanos en el camino.

—No creo que sean humanos, esta hacha es enorme, un humano apenas podría sujetarla— Comentó Helim señalando un arma enterrada contra un tronco, esta medía al menos metro y medio de largo.

—¿Qué piensas entonces?

—Probable que sean orcos— Repuso el viejo tocando la sangre de uno de los cuerpos.

—¿Llegaron hasta la ciudad de Enma? — Preguntó Vermont.

—Puede ser, nada se los habría impedido, las guardias de camino hace mucho que desaparecieron con la apertura del abyss y las criaturas mutantes, solo debían avanzar.

—Pero esta sangre es fresca, no se ha puesto marrón aún— Señaló Tariel, y aquello era lo que refutaba la teoría de los orcos, de ser así todavía habrían encontrado patrullas de orcos en las inmediaciones y habrían cortado algunos miembros de los cadáveres para comerlos— Aunque creo que eso no importa ahora, el punto es simple, no podemos movernos por el camino hasta Enma, debemos desviarnos un poco y dirigirnos más hacia el norte.

—Creo que tienes razón— Puntualizó Abert aún con asco ante los muertos.

—Yo no creo que sean orcos, pero sí creo que deberíamos ir más al norte, lo que sea, no es bueno— Opinó Giro.

—Según el mapa que copiaste de Allan hay un pequeño poblado más al noreste llamado Lentis. Quizás sea nuestra mejor opción— Comentó Tariel desplazando un pequeño pedazo de papel donde se observaba una copia muy ruda del mapa que Allan había comprado.

—Son casi siete días de aquí a Lentis, eso sí copiamos bien el mapa. Podría ser un par de días más— Comentó el viejo.

—Quieres ver qué sucede en Enma, no mientas viejo— Expresó Tariel.

—No sabemos que hay en Tylean, aunque Allan diga que la guerra no llegará allá, puede ser un territorio ya tomado incluso por orcos o muertos. Debemos ser cautelosos y observar muy bien, incluso el camino— Helim se levantó y cruzó de brazos— pero no todos podemos ir a la ciudad de Enma a ver qué sucede allí, necesito dos personas que vengan conmigo, los demás pueden ir a Lentis y adelantarse, nos veríamos allí para continuar. 

—¿Para qué carajos vamos a Emma si sabemos que está ocupada? —Tariel se mostraba abiertamente molesta con Helim. Llevaban media hora de caminata dentro de la ciudad y lo único que observaban eran cadáveres en los alrededores.

—Una mera superstición, esperemos que me equivoque.

—¿Superstición de qué tipo? — Preguntó Daniela.

—De las que te pueden helar la sangre niña— Comentó Helim agachándose para tomar un pedazo de tela— Esta gente estaba oculta dentro de la ciudad.

—Alguien los sacó— Tariel continuaba opinando que aquello solo podía ser obra de los orcos, pero Helim insistía. Además, en todo el camino no habían observado un solo orco en el camino, ni algún sobreviviente, ni humano ni criatura viva.

—Piénsalo un poco. La ciudad probablemente cayó hace tiempo, apenas las criaturas del abyss comenzaron a salir y mutar en lo que sea que muten esas cosas. A Ibis llegaban casi todos los días refugiados desde Emma. Eso quiere decir que esta gente había hallado algún modo de permanecer aquí, probablemente escondidos.

—Lo suficientemente bien para que las criaturas no les encontrasen.

—Pero algo los encontró— Puntualizó Helim e hizo silencio. La ciudad parecía detenida en el tiempo, siquiera el viento soplaba para hacer que algo se moviese o causase algún ruido.

—¿Crees que exista una criatura capaz de rastrear otros seres? — Preguntó Tariel.

—No es tanto si puede rastrearlos, me preocupa es que pueda eliminarnos como moscas.

—Oye viejo, si existe algo así ¿qué hacemos aquí entonces? — Preguntó Tariel, Daniela por su parte mantenía sus sentidos alerta, el extremo silencio le ponía los nervios de punta.

—Una vez me hallaba en el abyss. Estaba escondido en un agujero pues tenía una herida en el abdomen por un bulette. No iba a luchar así y la zona estaba repleta. Me hallaba en el piso treinta y cinco y debí subir hasta el veintinueve a resguardarme. Entonces escuché algo que no esperaba, era una voz, una voz humana dentro del abyss, no era ningún humano.

Me paralicé del terror de escuchar algo así allí abajo y en medio de semejante oscuridad. Afortunadamente yo me encontraba sumergido en un hueco casi tapado por completo, era casi imposible hallarme. Solo había una pequeña rendija que dejé previamente para evitar cualquier ataque y observar la zona. Vieja costumbre.

Lo que vi no era normal, se trataba de un ser que solo puedo describir como la misma muerte. No era el rey de los muertos, esto era peor, era algo que no puedo explicar. La tierra se desmoronaba a su paso y un par de criaturas que se hallaban cerca cayeron muertas al instante a su lado, posterior a eso su carne y huesos se pudrieron casi al instante.

Su nombre era Gravel, lo pude saber porque hablaba con algo o alguien más. Gravel no tenía un cuerpo como tal, parecía más una sombra andante. Hablaba un tema que se quedó guardado en mi ser para siempre, algo que me motivó a ir más abajo en el abyss.

—¿De qué hablaban? — Tariel se recostó contra una pared. Se hallaban ahora en una callejuela de la antigua y abandonada ciudad de Emma.

—De los dioses y sus peleas y de cómo sus generales saldrían cuando fuese el momento adecuado.

—¿Es en serio? — Daniela tragó saliva sintiendo que sus energías se iban un poco con aquellas palabras.

—Creo que ya estamos muy mayores para cuentos de terror Helim— Apunto Tariel.

—Las peores historias de terror son las reales— Helim frunció el ceño— No pude escuchar mucho más, solo palabras, o eso creí. Después pasé días enteros intentando darle sentido a lo que había escuchado. Eso fue hace años.

—¿Y?

—Pues, ya uno de los dioses se encuentra afuera. Emerant, eso quiere decir que…

—¿Qué los demás dioses comenzarán a mostrarse más activos? — Preguntó Daniela.

—Enviarán a sus generales a actuar— Especuló Helim.

—¿Y crees que eso es lo que tenemos aquí? — Preguntó Tariel.

—¿Me equivoco? — Preguntó Helim ahora mostrando como sus manos temblaban mirando al fondo del callejón. Tariel y Daniela retrocedieron instintivamente cuando un grupo de raices emergieron de la pared junto a un rostro de madera corroida por el tiempo con moho cubriendo varias secciones.

—Hace mucho que un ser humano no reconoce a alguno de nosotros, o que conoce los orígenes y sus dioses. Me encuentro sorprendido— El resto del cuerpo se formó de las sombras. Su ser estaba completamente hecho de troncos y ramas. De pie medía unos dos metros de altura, delgado y con ramas en la espalda que giraban por encima de cabeza como si un círculo le envolviese.

—¿Qué carajos es eso viejo? — Tariel sacó su espada y la colocó justo al frente de ella.

—Hay que correr— Daniela lo supo con solo sentirlo. Su cuerpo comenzó a gritar que debía salir de aquel lugar a toda prisa. No era un enemigo que pudieran vencer. Se sentía como si aquella cosa fuese una existencia superior, y ellos meros insectos parados frente a él.

—No sé quién sea, pero es quien ha matado a todos los que aquí se hallaban— Helim se hallaba de pie, tranquilo ante un enemigo increíble. Sentía miedo, pero demostrarlo no iba a mejorar sus oportunidades al momento de luchar. Mantener la calma era vital en ese tipo de situaciones. 

—¿Por qué lo trajiste hasta nosotros? — Peguntó Tariel.

—No lo hice. Venía siguiéndonos desde hace mucho rato— Respondió Helim. Tariel comprendió que de hecho, al hacerle salir en ese momento les brindaba un poco de ventaja. Se hallaban en una callejuela cerrada. El ser se encontraba contra la pared mientras que ellos tenían una salida justo a sus espaldas.

—No te has equivocado, ahora que Emerant está afuera del abyss está reclamando territorios que no le pertenecen. La tregua entre los dioses ha finalizado, es hora de que estos luchen para poder definir cada territorio. Nosotros, sus generales estamos definiendo cada pedazo de tierra y sangre para nuestro dios.

—¿Para cual dios trabajas? — Preguntó Helim.

—No tengo por qué responderte.

—Cierto, no tienes, pero dudo tengas prisa en matarnos— Puntualizó Helim.

—En eso tienes razón, no hay placer en matarlos inmediatamente— El hombre árbol se movió al frente— ¿cómo descubriste que un ser superior estaba detrás de ustedes?

—En el camino había plantas que no crecen en esta zona ni época del año, además de hojas muy raras y raíces saliendo de la boca de un cuerpo. No era normal.

—Y aun así viniste— Replicó el ente.

—Me urge saber si hay dioses que estén a favor de los humanos, en caso contrario no importa que camino tomemos, todos estamos muertos.

—Sagaz. Si hay un par de dioses que están a favor de los humanos, Numer, Yisha. Atum no decantará por ninguna raza en particular.

—¿Y tú a quién sirves?

—¿Cómo sabes que no soy un dios?

—Un dios no necesita matar por su propia mano— Repuso el viejo.

—Sirvo a Trent. Me llamo Ulter.

—No es un dios que conozca— Comentó Helim. Tariel había retrocedido hasta la entrada de la callejuela. Mientras que Daniela corrió por su vida y ahora se hallaba a varias calles de distancia.

—¿Estás ahora listo para morir?

—Ese es un gran problema de los dioses, no conocen a los humanos. Nunca estamos listos para morir— El viejo ya había susurrado previamente para activar su magia y la concentró mientras transcurría la conversación.

A la derecha Ulter se hallaba la pared de madera de una cabaña. De pronto esta se rompió en tablillas. El agua salió a presión en finas líneas que se cruzaban entre sí, cortando todo lo que se interponía en su camino. El ser fue cortado a la mitad, pero nadie pensó que aquello terminó hasta allí. Helim retrocedió cuando las raíces se movieron destrozando el suelo a sus pies dirigiéndose hasta él.

Una hoja afilada de madera emergió del suelo y de pronto todo el suelo tembló a sus pies. Una manó gigante hecha de lianas y madera emergió del suelo. Las casas se derrumbaron al instante y una hoz de madera se clavó al suelo dividiendo un parque a la mitad.

—Ads agua— Dos hileras líquidas salieron de las manos del viejo y cruzaron el aire formando una equis enorme. La mano se rompió, a mitad de la caída unas lianas se juntaron para formarla nuevamente.

—Ofrezcan su ser a Trent— La voz fue trémula. Emergió del suelo mismo y en ese instante un ser de unos veinte metros de altura salió del suelo mientras que un centenar de árboles llenaban el lugar, formando un bosque al instante.

—Odio cuando violan las leyes de la magia ¿qué clase de magia permite crear un bosque de la nada? — Tariel saltó de una rama a un tejado que se desmoronaba pues un árbol se levantaba debajo de esta. Se deslizó descendiendo por el tronco y continuó corriendo. El viejo les había metido en un apuro sin igual, tendrían suerte si lograban escapar o esconderse. ¿Qué carajos era el general de un dios? ¿Para qué llegaron hasta la ciudad de Emma? Podrían haber estado de camino al pueblo de Lentis.

Hubo un fuerte viento y los árboles fueron cortados de pronto a la altura de los cuatro metros. De hecho todo lo superior a cuatro metros de alto fue rebanado por un filo de agua que cruzó un espacio de cien metros a la redonda.

Una lluvia torrencial comenzó a caer en todas las direcciones, luego una enorme bola de fuego se formó en el aire y explotó. El resultado fue una densa niebla que se extendió por el aire al instante con gran estrépito. Los troncos se mecieron y las cortezas continuaron creciendo, pero ahora se hallaba todo cubierto de una densa neblina que no dejaba ver a más de dos metros de distancia.

Tariel casi ataca al viejo cuando le observó corriendo justo al lado de ella y acelerando aún más— ¿Por qué vas tan lento? — Se quejó este— Ads camuflaje— Pronunció tocando su brazo. Tariel notó como su cuerpo de pronto desaparecía convirtiéndose en una silueta casi transparente que cruzaba la neblina. Helim se desvanecía justo a su lado. Aquella magia era increíble, quizás por eso se había mostrado tan confiado al dirigirse a aquella ciudad. 

Mena se levantó temprano aquella mañana afeitó una parte de su cabeza y recordó aquella promesa que una vez juró junto a Miry, Amy y Allan. Limpió su cuerpo con cuidado dejando que el agua le cubriese y caminó decidida al coliseo.

—¿Te dejarán usar magia?

—No— rezongó Mena desde atrás. Avanzaban en una especie de caravana. Xue la encabezaba sentado sobre una pequeña plataforma que cargaban cuatro esclavos en sus espaldas. Krun no había expresado palabra alguna desde la última vez en la arena, pero al menos ahora les acompañaba en el camino con un rostro solemne. Sin contar que no permitía que la multitud se acercara a ninguna de las dos.

Xue a pesar de todo no recibía mucha atención, pero las personas clamaban a gritos desde las casas por las magis, y un par de hombres y niños salieron a intentar acercarse.

—Me parece injusto que no te permitan usar magia— Repuso Amy frunciendo el ceño.

—Igualmente no creo conveniente usar magia frente a Kant, sería como darle otra arma para usar en mi contra. Calma, ganaré sin necesidad de usar magia.

—Eres buena y fuerte, tanto como un Omni, mantén la calma y confía en tu fuerza interior— Krun fue quien habló. Parecía haber buscado el momento adecuado para decir aquellas palabras y no decir nada más.

—Aprecio tus palabras Krun.

—¿Crees poder hacerle frente?

—Le patearé las bolas, tanto que será inútil tener su preciado harem— Repuso la mayor.

—Quizás después de esto nos podamos quitar estos collares— Amy había intentado el día anterior forzar la argolla, pero solo le dejó un serio moretón en una zona del cuello. Ninguna de las dos volvió a intentarlo. También tenían la opción de escapar rompiendo algunas de las paredes. Pero ambas parecían desear aquella lucha. Era una especie de cuenta sin cobrar que debían saldar de una forma u otra antes de seguir adelante.

La verdad en la ciudad de Merak había pocas cosas que pudieran amedrentar a ambas, por no decir ninguna salvo las criaturas del abyss.

El coliseo lucía tan imponente como siempre y el tiempo tan implacable como todos los días. El sol abrazaba y pocas nubes disipaban aquel ardor en los hombros. Los espectadores rugían desde las gradas y pisaban con fuerza una y otra vez. Ellos no eran los únicos contendientes del día. El escenario ya se hallaba derramando sangre y el rugido de una bestia se escuchaba desde lo lejos cuando Mena y Amy llegaron y avanzaron por los túneles oscuros y subterráneos del lugar.

La espera se hizo eterna, se acercaron a una zona donde la luz de la arena atravesaba una rendija y aguardaron el turno siguiente.

—Las veré desde las tribunas— Xue se despidió y retiró casi al instante.

—Nosotros subiremos apenas salgas— Comentó Amy. Al lado de la salida había una pequeña escalera que no se elevaba hasta las tribunas, sino que permitía ver por encima de la cerca de madera que rodeaba la arena. La pequeña se encontraba sorprendida por la tranquilidad de Mena. Lucía tan fuerte y valiente. Sus protectores eran e metal ligero y se reducían a cuello, costados, brazos y piernas. Había tantos puntos desprotegidos que resultaban preocupantes. Ninguna habría saldo así a luchar al abyss, sería un suicidio. No obstante, para luchar en el coliseo era una protección bastante buena, superior a la que la mayoría lograría tener.

La espera duró al menos cinco minutos más, podían saberlo por los gritos y aplausos de la audiencia. Definitivamente alguien murió en aquel lugar.

Las puertas se abrieron y Mena observó a Amy y Krun que aún permanecía a un lado en silencio.

—Suerte.

—Te veo en un rato.

—Eso espero— Recibió un beso en la mejilla y un abrazo fuerte de la más pequeña del grupo. Estuvo a poco de llorar, había deseado tanto ese abrazo en las últimas semanas y ahora lo obtenía de forma improvista y corta antes de salir a luchar. Se sintió llena y resuelta a pelear contra Kant.

Amy y Krun subieron tomando sus lugares mientras Mena avanzaba con el puño derecho alzado al aire. El público parecía que iba a tumbar la arena con sus pies. Los gritos se dejaban escuchar y llenaban el aire con un coro— ¡MAGI, MAGI, MAGI! — Título increíble teniendo en cuenta que nunca le habían visto hacer magia.

EN el otro extremo Kant hizo aparición y el ambiente se caldeó nuevamente. El chico avanzaba exaltando al público para hacer mayor cantidad de ruido en su favor— ¡KANT, KANT, KANT! — Era obvio que el chico era más que famoso en el lugar. El público gritaba hasta quedarse sin aliento y golpeaban el suelo como un trote o marcha militar.

Finalmente todo quedó en silencio. En el estrado principal alguien se levantó y comenzó a hablar. Mena nunca podía escuchar a esa persona, incluso si gritaba.

—Pensé que no deseabas verme más.

—Me ganaron las ganas de patearte ¿qué te puedo decir? — Se encogió de hombros la chica.

—¿Si venzo considerarás unirte a mi comitiva?

—¿A tu harem? No tendría sexo contigo ni en esta ni en otra vida. Lo siento, solo tengo ganas de patearte hasta cansarme.

—Esta pelea no la vas a ganar Mena, puedo usar cuanta magia quiera aquí, y soy muy bueno con ella— Ella lo sabía bien, conocía su nivel de magia y como detectarla. De hecho podía ver los movimientos del chico en ese preciso instante. El hombre en la tribuna dejó de hablar y entonces se activó.

Un hilo de fuego se formó justo a los lados de sus piernas y al segundo siguiente se cerró. La habría cortado de no ser por el salto de la chica. Mena retrocedió y despegó en carrera, lo siguiente que la audiencia pudo observar fue la patada que se clavó en el rostro de Kant. Sin embargo, no hubo caída alguna. El chico se recuperó tan rápido como la otra atacó y ahora esquivaba a gran velocidad los intentos de ataque de la otra.

Pocos personajes en el público conocían tan bien la magia como Amy, quién notó al instante que Kant había activado prisa, bendición y regeneración para hacer frente a Mena cuerpo a cuerpo. Sin embargo un puño llegó nuevamente a su rostro y el impacto se dejó escuchar en todo el lugar. Un par de gotas de sangre caían del labio superior de Kant.

—Ads cura. Parece que eres buena aún sin magia. Tendré que insistir en que te unas a mi equipo, eso o comprarte y hacerte rendir a la fuerza— Ads ilusión— Mena y el público de pronto vieron como el chico desapareció y fue suplantado por una criatura mágica en su lugar. Solo algunos podían ver el flujo del maná e identificar su origen— Ads espejismo— figuras de Kant y diferentes criaturas se mostraron por toda la arena y comenzaron a moverse para atacar.

Mena saltó, pateó en el aire al que provenía de la derecha y golpeó con su puño al de la izquierda. Cayó sobre su brazo izquierdo y giró sobre este para propinar otras dos patadas y ponerse de pie. Fue alcanzada por una bestia que le tiró al suelo e hizo girar en la tierra. Pero no había tiempo para preguntas. Golpeó fuerte a esta en la cabeza para hacerla desaparecer, interpuso su brazo para soportar el golpe de un Kant que descendía con una patada a su cabeza. Le desvió y luego golpeó el estómago de la figura con todas sus fuerzas.

Una bestia salió del suelo de arena tomando sus piernas. Había quedado sin equilibrio y fue arrojada al aire. Mena allí se hallaba sin poder hacer nada, a mitad del vuelo era imposible hacer nada con sus fuerza física y el impulso era lo suficientemente fuerte para impedirle tomar el control de la situación. Fue recibida por un Kant que saltó y con una patada envió a Mena al suelo de la arena, donde cayó con estrépito y un fuerte sonido.

El público se hallaba en total silencio, solo se podía escuchar el sonido de la intensa batalla en la arena. Era probablemente lo más fuerte que habían visto en tal lugar. Siquiera los bautismos llegaban a ese nivel de intensidad.

De pronto un fuerte fuego envolvió el lugar donde se hallaba Mena, sin embargo la chica salió por entre las brasas dirigiéndose a un Kant que se hallaba en el medio de la arena. Pateó su rostro y propinó una serie de puños a su estómago. Cada uno de ellos tan potente como el anterior, al punto donde todos los espejismos desaparecieron y el chico se vio levantado del suelo por algunos centímetros.

—Ads freno— pronunció el chico y Mena pudo sentir como su cuerpo se volvió increíblemente pesado. Su ritmo parecía lento en extremo, su mente trabajaba rápido pero su cuerpo iba a otro tiempo, muy atrás— Ads poder— El golpe en su abdomen rompió algunos huesos de seguro. Sintió su mundo nublarse por completo y su cuerpo moverse sin su consentimiento. Una bocanada de sangre escapó de ella sin aviso y recibió otros cinco golpes consecutivos en el tórax.

Voló por la arena hasta incrustarse contra la pared de madera y quedar allí durante unos segundos antes de caer al suelo de arena. Si tuviese magia podría curarse, podría sanar sus heridas y regresar a la lucha, sin embargo ahora lo único que veía era el suelo amarillo y polvoriento, y un par de pies que se acercaban a ella. Podía escuchar que decían su nombre, pero no lograba dilucidar de dónde. Estaba segura que se trataba de Amy, desesperada por quitarse la argolla para curarle.

Algo se había roto dentro de ella, el abdomen dolía de tan solo respirar y la sangre empezaba a bloquear su vía respiratoria haciéndole sentir la humedad en la nariz y la dificultad en cada inhalación.

Alguien le ayudó y colocó en posición sentada ¿quién sería? Nadie en su sano juicio entraría a la arena de coliseo mientras otros luchaban. Probablemente eran Amy o Krun desesperados. Alzó la cabeza y tragó la sangre de la boca. Allan se hallaba frente a ella, la observaba con un rostro relajado, como si fuese un sueño. Quizás era eso, un simple sueño y aquello era su delirio antes de caer sin conocimiento. Pero la imagen se volvía más nítida a cada segundo, era Allan quien hablaba con Miry justo a un lado.

¿Qué hacían allí? ¿Cómo llegaron hasta tal lugar? ¿De verdad estaban allí con ella?

—Sánala— Allan entregó una gema a Miry y esta recitó.

—Ads sanación— El maná se extrajo del cuerpo de la tumb, pasó por la gema y llegó al cuerpo de Mena haciéndole recuperar la consciencia y disipar el dolor al igual que la sangre que llenaba su garganta y nariz.

—¿Qué hacen aquí? — Preguntó mirando ambas figuras, su voz se quebró en algún momento y las lágrimas empezaron a caer sin poder contenerse.

—Las extrañábamos— Respondió el chico. Su voz sonaba más grave que antes, pero sin duda era él. Llevaba el cabello largo, pero rapado por completo a un lado, al igual que Miry ¿por qué lo habrían hecho? Lloraba. Su cuerpo dejó de luchar y sintió todo el cansancio de pronto. Estaban allí junto a ella, y Mena sintió por primera vez en mucho tiempo que deseaba rendirse.

—Llevamos días buscándolas— Comentó Miry sonriente.

Mena miró a Miry y luego a Allan y se quedó mirándole un momento— ¡Dame un beso!

—¿Qué?

—¡Un beso! Quiero un jodido beso Allan.

—¿Yo? — Allan notó que Miry sonreía asintiendo y se acercó para hacer lo correspondiente.

Mena sintió el calor contra su boca, la humedad y la ternura en un beso. No fue un beso ardiente, fue un beso suave y tierno que llenó su mente de una sensación de satisfacción y paz. Mena abrazó al chico y luego a Miry con una sonrisa, lloraba sin querer de la alegría. Luego pudo sentir los abucheos y gritos del público en la arena. Kant sin embargo se hallaba de pie esperando— ¿Están conscientes que acaban de irrumpir en una pelea justa?

—¿Te parece esta una pelea justa? — Reclamó Miry en un grito.

—Ella fue quién pidió esta pelea, creyendo que puede ganar sin usar magia y solo las estadísticas. — Contestó Kant.

—¿Tú quieres saber si alguien puede ganar sin hacer uso de magia? — Allan se levantó y caminó hasta el chico— Te voy a demostrar lo que es una batalla injusta desde un principio. Recuerda gritar ayuda cada vez que no puedas soportar más. Te dejaré usar magia de cura cuantas veces quieras.

—¡Allan, él puede robar las magias de los demás! — Gritó Mena.

—Descuida, no puedo usar ninguna magia actualmente. Le venceré solo con estadísticas. Ads lectura— Susurró Allan sacando su espadón de la espalda.

—Yo no traje ningún arma.

—¿Esto? No pienso usarla, estoy tirándola, si te atacase con mi espada te mataría al primer golpe. Perdería sentido esta lucha— Allan lanzó a un lado el espadón para que Miry la recogiese y tanto ella como Mena se retiraran del lugar.

—Hay que irnos, Miry lo sabe— Repuso la tumb tomando el espadón y luego sujetando a Mena— Vimos cómo te golpeaban, Allan no se va a contener— Se retiraron por una puerta lateral de la arena mientras Allan se acercaba más al centro.

—————————————————

Avancé calmado, podía ver sus estadísticas, era impresionante la cantidad de magias que aquel chico poseía. Sin embargo, iba a derrotarlo. No, no solo iba a derrotarle, iba a hacerle comer tierra una y otra vez.

Nombre: Kant

Edad: 20

Profesión: Mago

Nivel: 20

Vida: 1032

Fuerza: 41

Agilidad: 31

Inteligencia: 48

Resistencia: 28

Destreza: 55

Magia: 3

Habilidad: 1

Robo 2

Habilidades aprendidas

Protección 1

Sigilo 2

Magia aprendida

Prisa 2

Cura 3

Revitalia 1

Poder 2

Regeneración 2

Veneno 3

Fuego 3

Bendición 2

Valor 2

Concentración

Detección mágica 1

Dispel 1

Freno 2

Ilusión 2

Espejismo 2

Sueño 1

Mudez 1

Viento 2

Hielo 2

Espinas 1

Era fuerte, era un error no verlo de esa manera. Debía haber avanzado gracias a sus magias, y probablemente perfeccionado el usarlas en diferentes conjuntos y combinaciones una infinidad de veces. De hecho, aquel arsenal tan basto le brindaba oportunidades que yo no poseía. Repasé mis estadísticas y me preparé para luchar.

—Ads dem.

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 18

Profesión: Domador de bestias

Nivel: 35

Vida: 1789

Fuerza: 99

Agilidad: 92

Inteligencia: 62

Resistencia: 114

Destreza: 62

Magia: 3

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 3

Lectura 2

Manejo de cuchillo 5

Recolección 3

Protección 3

Atracción 3

Manejo de la espada 7

Sigilo 2

Domador 1

Magia aprendida

Prisa 4

Cura 3

Sanación 1

Vida + 1

Revitalia 1

Poder 2

Regeneración 4

Veneno 3

Electro 1

Puerta dimensional 3

Fuego 3

Bendición 2

Escudo 1

Luz 1

Domar 1

Criar bestia 1

Valor 3

Concentración 2

Detección mágica 1

Dispel 1

—Déjame preguntarte algo ¿eres como yo?

—No creo ser como tú— Respondí.

—Me refiero a que ¿Vienes de otro mundo verdad? —La pregunta de Kant revoloteó en mi mente. Ciertamente debía ser así, recordaba a Daniela, pero nada más.

—Aparecí en un faro, al igual que muchos otros.

—Los que aparecemos en el faro somos enviados de otro planeta. Sabía que debías de ser otro igual. Dime ¿lo recuerdas? ¿Recuerdas tu vida anterior? —Hubo un silencio entre ambos. Yo sabía que el chico estaba recolectando maná en su cuerpo y recuperando fuerzas. No me importaba. Sin embargo, el público parecía empezar a impacientarse.

—No, nunca he recordado nada de aquella vida. Tampoco tengo interés en eso— Era la verdad. Yo no me imaginaba otra vida más que la actual. En este mundo tenía a Miry, Millen, Tania, Fera, Mena, Amy, sin contar con la compañía de Stella, Ciel, Shun, Sombra, los hijos de Ciel, Jao y Siren, Shiro y Kuro. También habían otros que se hallaban lejos, pero igual habían dejado mella de una forma u otra. Quizás tuvo otra vida, sin importar como fuese, no abandonaría la actual por todo aquello.

—Es una pena, pensé que lo recordarías, entonces comprenderías que esto es un puto isekai. Un héroe como yo no puede perder en un mundo como este.

—¿Un héroe como tú?

Desde el cielo cayeron tres pedazos de hielo de enorme tamaño despedazándose contra el suelo del terreno y bañando al público presente con peñascos fríos. Algunos de estos eran lo suficientemente grande para matar personas y mucha de la audiencia comenzó a correr para escapar— Ads poder, ads regeneración, ads concentración, ads bendicion, ads revitalia, ads prisa— Una densa niebla se extendió por el lugar. Kant esperó para poder ver a su contrincante, dudaba haberle vencido con simple magia de hielo, aunque cuando la mezclabas con magia de viento para hacerla caer desde tan alto podía causar estragos en casi cualquier criatura o ser.

Yo me moví por el terreno esquivando os impactos a medida que caían. Los peñascos se rompían y creaban un terreno lodoso que luego se enfrió en gran medida. Eso dejaba la tierra fría y cubierta de escarcha y hielo, sin lugar a dudas un terreno modificado en un solo segundo. Entonces ví a Kant frente a mí y este activo sus magias para moverse con prisa en sus pies. Se acercó a mí en un segundo colocando su puño a un palo de mi rostro. Eso era todo lo que yo necesitaba, había luchado contra un ser que superaba por mucho las capacidades de un ser humano, y me había entrenado día y noche las últimas semanas solo para poder enfrentar a un ser semejante a este. Claro que a Heinstgr le había vencido, pero Ardina expresó que algo superior se avecinaba a Merak.

En esa milésima de segundo dejé a mi cuerpo actuar según mi entrenamiento. Salté girando mi cuerpo casi en paralelo al piso y la patada se incrustó en el rostro de Kant. Pude observar que debido a la velocidad de mi movimiento él no pudo siquiera reaccionar y desfiguré su rostro solo con el impacto. Luego procedía a golpear su cuerpo solo con mis puños y por último di un golpe con toda mi velocidad en su abdomen. Sentí el choque del aire rompiéndose ante mi puño. Los enormes carámbanos de hielo se rompieron debido al impacto sónico y Kant salió expelido de la arena. Rompió las maderas y aterrizó en algún lado del fondo de la arena.

Aquel idiota había atacado y herido a Mena usando magia. Todo por sentirse superior. ¿Qué tan superior debía estarse sintiendo ahora?

Estiré el cuello y esperé. Kant salió sano y salvo del agujero. Obviamente había usado magia para curarse. Cualquier persona habría muerto de solo recibir tal impacto. Mis golpes eran el equivalente a que una roca de una tonelada te golpeara a unos cien kilómetros por hora. A esa velocidad, pero con semejante fuerza el cuerpo se convertía en puré de órganos. Solo con magia podías resistir una pelea de tal magnitud.

—Ads prisa, ads prisa, ads prisa, ads freno, ads freno— Comprendí al instante lo que hacía ads freno. Creaba un ambiente ligeramente más espeso a mí alrededor. Por tanto moverme por este debía de ser más difícil y lento— Ads fuego— Comenzó a expulsar una serie de pequeñas bolas de fuego de sus manos en mi dirección.

Mi ventaja no era solo mi velocidad debido a mis estadísticas, y esto era lo que él no podía ver. Yo también entrené mucho en el camino de la espada y buscaba de perfeccionar esta habilidad de forma constante. Ello me obligaba a reducir mis movimientos a solo los necesarios, a respirar en el momento adecuado, usar los músculos requeridos en cada movimiento.

Esquivé las bolas solo girando un poco a los lados. No necesitaba hacer demasiado esfuerzo para aquello. Kant venía justo detrás de ellas. Me pregunté contra qué clase de enemigos se había enfrentado aquel chico previamente. Obviamente nada semejante a lo que yo viví, probablemente solo criaturas del abyss y aventureros regulares. No había enfrentado seres superiores, por tanto esas tácticas básicas no servían en lo absoluto.

Me agaché y preparé, propiné una patada directo a su tórax. Salté y golpee su rostro para dejarle en el suelo. Luego de allí volví a golpearle una y otra vez, apunté a sus brazos y piernas. Las destrocé dejando que los huesos se rompieran y salieran por entre la carne.

—Ads cura, ads cura— Los brazos se rearmaron. Y Kant gritó con todas sus fuerzas, expulsó una onda de magia de viento en todas las direcciones. La tierra de pronto se llenó de enredaderas llenas de espinas y un centenar de carámbanos de hielo comenzaron a alzarse atacándome.

Era una buena estrategia, no atacarme cuerpo a cuerpo significaba que yo debía moverme y protegerme desde la distancia. Mientras que él podía recuperar energías y sanar las heridas. Pero no contra mí. Avancé incluso con los hielos por delante, los despedacé al paso y golpee su pecho con un solo golpe. El chico cayó de espaldas.

Me preocupé un instante, pensé que había fallado el golpe y le había matado de forma fulminante. Luego pude ver su respiración cortada y los ojos abiertos.

Entonces noté como dos chicas desconocidas corrían hasta mí. Una de ellas con una mirada asesina en su rostro y una espada corta impregnada en veneno. Tomé el arma desde la empuñadura sujetando su mano, luego giré su cuerpo y la hice caer al suelo para neutralizarla y desarmarla.

—¡No le hagas más daño! — Una chica de probablemente dieciocho años se hallaba frente a Kant con los brazos flexionados preparada para luchar si era necesario.

—Ya lo vencí, no tengo nada que hacerle.

—¿No vas a matarlo? — preguntó la chica en el suelo.

—No, solo golpearlo un poco para que deje de ser tan altanero— Respondí largándome del lugar— Que aprenda que si se puede vencer a las magias con el solo uso de las estadísticas de una persona. Solo debes ser lo suficientemente fuerte— Caminé hasta Mena, quien se hallaba con Amy, Miry y un hombre extraño.

Hasta entonces no me había percatado sobre la situación en el terreno de juego. Parte del público gritaba exaltado a más no poder. Mientras que otros corrían y auxiliaban a los heridos que dejó la lucha. Una parte de las gradas había sido destruida a causa de los peñascos de hielo y luego otros habían sido expulsados al aire a causa del estallido de viento. El miedo se mezclaba de forma extraña con euforia y alguien hablaba desde uno de los palcos centrales. No me importaba menos. Había hallado a Mena y Amy, eso era todo lo relevante.

——————————————————

Daniela corría con todas sus fuerzas en ese instante, no esperaba ser seguida tan de cerca. Había dado el mensaje del viejo en Lentis, o lo que quedaba de aquel pequeño pueblo. Ruinas en las cuales el resto del grupo se hallaba escondido. Las instrucciones eran simples, ella debía adelantarse y dar el aviso para que el resto cruzase el estrecho a Tylean antes que el resto.

Ella, Tariel y Helim esperarían y enfrentarían a la atemorizante criatura. De otras formas era obvio que de un momento a otro seguiría al otro grupo y les alcanzaría antes o después de arribar a Tylean. No podían permitirlo. 

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