51. COLISEO

El pueblo de Kisha fue una pérdida de tiempo. El jefe del poblado intentó mantenerles en aquel lugar, primero ofreciendo un gran festín, y luego con una obra de teatro. Su finalidad era que Allan y Shun permanecieran en la villa para cuidarles las espaldas a cambio de un hogar y comida.

Probablemente en otros tiempos habrían aceptado la oferta, pero no tenían tiempo para perder. Cuando los aldeanos se molestaron por la negativa fueron Miry y Stella quienes amenazaron con fuego y golpes. No fue necesario usar demasiada fuerza, los civiles eran débiles y la villa estaba repleta de mujeres que se quedaron sin esposo a causa del desastre.

Tomaron madera a la fuerza y para la mañana siguiente partían nuevamente rumbo a Feliure con un carromato improvisado sin techo. Un camino largo que debían acelerar cuanto más pudiesen. Afortunadamente Sombra se había recuperado al instante gracias a la magia de curación y sus energías se hallaban repuestas después de un día de descanso y carne de monstruo cazado por Allan.

Avanzaban la mayoría del día y noche, tomando treguas únicamente para que los lobos comieran y durmiesen lo necesario. Era ese tiempo el cual Allan usaba en su máximo exponente para entrenar. Había tomado sus tareas como una escritura que debía seguir al pie de la letra. Labor que Miry apreciaba debido a que demostraba su tenacidad y ganas de protegerle, tanto a ella como a Millen y las niñas.

A medida que se acercaban a la costa las criaturas crecían en grandes cantidades. De encontrar a un par de bestias cada kilómetro la concentración subió a cientos. Aquello les preocupaba únicamente por el bienestar de las niñas, y porque las horas de descanso eran turnadas en todo el grupo. Siempre debía de existir un ojo que vigilase, incluso en la oscuridad donde los lobos tenían mejor vista.

A pesar de la velocidad en el viaje les tomó casi dos semanas enteras llegar hasta la costa oeste. Donde el siguiente reto era crear una embarcación propia, esto debido a que Feliure se hallaba en un itsmo, y rodear por tierra les tomaría casi una semana entera. Shun y Stella decidieron que el ritmo sería más rápido si creaban una embarcación mediana en ese punto y solo surcaran las costas de Feliure sin realizar una parada real.

El mayor problema eran Sombra, Shiro y Kuro, quienes crecían a un ritmo asombroso y requerían ser llevados en el interior de la embarcación. La tarea que parecía sencilla se convertiría en titánica al cabo de dos días de trabajo.

Fue por aquellos días donde Allan una noche logró escuchar la voz de Ardina. Miry despertó sobresaltado, mientras que Stella apretaba en secreto un puñal, lista para atacar lo que apareciera frente a ella.

Ardina no era una figura encantadora que deseases te apareciera en un momento de la noche. Sin embargo Allan le dio la bienvenida con una expresión calma cuando esta logró formar una figura casi etérea frente a él.

—Comprenderás que no tengo tiempo— Comentó el hada observando a los presentes.

—Nuestros encuentros parecen siempre cortos.

—No puedo mantener esta forma en el exterior por mucho, solo debido a nuestro contrato, quizás un par de minutos.

—No viniste a saludar— Comentó Allan.

—Nunca lo hago. Me dio placer que vencieras en tu antigua pelea, aquel era un enemigo de las hadas desde siglos atrás. Claroq ue solo fue posible a la ayuda brindada.

—Creo que el precio fue saldado— Se adelantó Miry— Allan no tiene magia actualmente y tu enemigo está muerto.

—No vengo para cobrar, vengo para advertirles— Ardina les miró con severidad un par de segundos— Tienen tres caminos, pueden ir a salvar a sus amistades o dirigirse al territorio de los demonios. Al sur de Minfister. O regresar y dirigirse al este, a las zonas más salvajes, Tylean, donde viven las razas semihumanas, como las tumbs.

—¿Por qué iríamos al sur al reino demoníaco o a Tylean? — Preguntó Allan.

—Puedo ver el futuro Allan. Lograrán su cometido, encontrarán a sus seres queridos.

—Esa es una excelente noticia— Comentó Stella.

—Pero morirán todos en el proceso— Intervino Ardina.

—Ya no me agrada tanto.

—¿Moriremos? — Preguntó Allan.

—El rey de los muertos ha declarado la guerra, no podrán hacer frente a lo que viene.

—Creo que una vez ya habías dicho que yo moriría— Se cruzó de brazos Allan— Quizás puedas brindarme una ayuda nuevamente y nosotros…

—No es un enemigo al cual puedas, puedan o podamos vencer. No importaría si yo o todas las hadas te diésemos toda nuestra energía hasta morir. No cambiaría nada, estamos hablando de un enemigo al nivel de un dios. No existe fuerza mortal que pueda hacerle frente.

El silencio se sembró en todos los presentes. Miry y Stella se observaron sin decir una palabra, solo Allan preguntó— ¿Por qué me lo cuentas?

—Hay todavía enemigos que destruir, y aún no pagas tu deuda conmigo. Debo velar por mis intereses.

—Aun así iremos a Minfister, Nuestras amigas están en Cintiael, no podemos abandonarlas.

—Temí que eso dirías— Ardina comenzó a desaparecer— Aunque tu rumbo y destino está en Merak, no Cintiael. Allí se encuentran ambas, pero recuerda, encontrarlas será igual a una sentencia.

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La siguiente hora fue de descanso sobre el calor de la arena. Esta subió bastante rápido y las pocas plantas en los alrededores se llenaron de seres buscando cobijo de los rayos del sol. Mena y Amy por su parte no buscaron nada de aquello. Conversaban con Roa, el hombre moreno y corpulento. Estaban interesadas en el método para quitarse las enormes argollas de metal del cuello.

—Hay varias formas— El hombre hablaba bajo mientras observaba con detenimiento y cuidado a los mercenarios a su alrededor. Lo que decía no era secreto, pero a veces los guardias podían perder la paciencia por cualquier motivo y terminar propinando una golpiza hasta la muerte. Algunas veces solo buscaban una excusa para sacar la frustración de estar días enteros sin dormir— La primera es teniendo una llave, los comerciantes suelen tener una, o los jefes del coliseo tal vez, Pulmer debe tener una— El hombre lanzó una mirada rabiosa alrededor— Si veo la que tiene Pulmer seré capaz de robarla para ustedes, después de matar al imbécil hijo de su puta madre, claro está— Sonrió ampliamente.

—No creo que debamos esperar por esa solución— Comentó Mena en voz baja y el hombro soltó una risa.

—Claro, es de tontos pensar en salvarse con una llave, solo he visto un caso donde un chico lo logró. No funcionó para nada tampoco, lo mataron a los pocos metros de donde logró escapar.

—¿Hay muchos magis aquí? — Preguntó Amy.

—Lo normal, la mayoría son contratados por el ejército, o se unen a un clan o al gremio de aventureros. Depende mucho de quien les reclute primero apenas vean que tienen aptitud mágica—El hombre se agachó un poco— ¿Ustedes como terminaron como esclavas? ¿Deudas?

—No me has dicho cuál es la otra forma de quitarnos esto— Mena señaló el pedazo de metal en su cuello.

—El otro método es el que cualquiera intentaría, con una palanca y girar. El problema es que la mayoría terina partiéndose el cuello por eso. Muchos mueren, otros no tienen tanta suerte y terminan sin poder mover su cuerpo debido a la rotura.

—¿Es mejor morir? —Aquello llamó la curiosidad de Amy.

—Claro, sin poder mover ninguna parte de tu cuerpo— Se burló— Así mueren de hambre y sed, son abandonados y nadie puede salvarles. Vio a uno que apenas podía mover los ojos y la boca. Siquiera podía tragar bien el agua cuando se la dabas, se ahogaba con ella. Murió a los tres días.

—Bien, olvidemos la opción de la palanca— Comentó Mena— ¿Alguna otra?

—Pues algunos magis tienen amistades magis, si tienen a alguien que pueda hacer magia de fuego para hacer un corte… Claro, que si lo atrapan, serán tres magis en el coliseo.

—Aunque dices que eso de nada importa. Igualmente vamos rumbo al bautismo ¿cierto?

—Muy seguro de que si, un bautismo es lo más seguro ¿no vieron a las personas en la ciudad de Merak? Iban bien vestidas, no sé qué día sea hoy, pero probablemente sea día de fiesta en el coliseo. ¿Me contarán cómo dos chicas magis terminaron aquí?

—¿Nos contarás tú? — Preguntó Amy.

—Somos aventureras de Arglory, nos tomaron como esclavas en el camino— Aclaró Mena.

—¿De Arglory? ¿Cruzaron el mar de Ilse? ¿Cómo?

—Una embarcación.

—Una embarcación… — El hombre alzó la vista, ambas comprendieron que intentaba imaginar algo— Dicen que en Arglory no hay esclavos ¿es cierto?

—No los hay, por eso nos tomó por sorpresa que nos atrapasen para ser vendidas aquí—Alegó la mayor de las chicas.

—Arglory… sería genial si no fuese una tierra llena de locos y criaturas gigantes.

—¿Criaturas gigantes?

—¿No las hay? — Inquirió el hombre irguiendo su cuerpo.

—Algunas, pero nada contra lo cual no podrías pelear en términos normales.

—Siempre he escuchado que hay criaturas gigantes, que allá las personas son débiles y no avanzan bien en el abyss. Que el imperio de los demonios no ataca ni saben sobre el árbol del mundo, o el laberinto que nos separa del continente de los demonios.

—Pero ustedes no tiene que pelear contra los orcos.

—Eso es cierto, los orcos no llegan hasta Minfister, lo que ambos enfrentamos son…

—Los muertos del norte— Amy y Mena respondieron casi al unísono.

—Esas no son mentiras ¿me equivoco?

—Solo olvida la parte de las criaturas gigantes, Arglory tiene ciudades igual que acá. O las tenía, hasta que el abyss comenzó a lanzar criaturas hacia afuera hace meses.

—Aquí fue igual, se abrieron nuevos abyss. Muchos esclavos fueron usados para explorar en algunos lados, mi primo Gunter fue uno. Nos contaron después que fue mordido por una araña— Hizo silencio— Si ustedes fueron aventureras quizás tengan oportunidad dentro del bautismo. Rezaré por ustedes.

—¡Hora de levantarse! — Los guardias comenzaron a gritar a los presentes. No encadenaron nuevamente a nadie, pero el grupo de mantuvo unido y comenzó a avanzar pegados unos a otros.

—No nos has contado sobre tu razón para estar aquí Roa— Continuó Amy con la conversación, mena intentaba ver por donde eran guiados, sin embargo era empujada de un lado a otro y la multitud era de mayor tamaño que ella.

—Yo nací esclavo, pero trabajaba para una casa de cosecha, un poco más al sur de acá— Se detuvo de hablar y luego continuó— No importa hablar de eso, vamos a un bautismo— Suspiró— Maté al jefe de la familia para la que trabajaba.

—¿Lo mataste?

—El hijo de su puta madre tomó a mi hija por la noche.

—¿La mató? — Preguntó la más pequeña.

—No, la tomó— Hizo señas llevando sus manos frente a su cuerpo y batió las manos dos veces frente a él. Amy entendió la señal y guardó silencio.

—¿Te sientes mal por haberlo matado? — mena notó que el hombre mostraba un rostro sombrío.

—Me lamento de no haberle matado antes. Mi hija está muy pequeña— Roa miró a Amy— Quizás de tu edad, o un par de años menos.

Guardaron silencio, Amy comprendió la razón del hombre y en silencio estuvo de acurdo en su acto de asesinato. El gremio Fenrir no era muy distinto, si alguno era presionado o maltratado, lo más probable es que los demás matasen a quien fuese con sus propias manos. Amy sonrió al percatarse que en esos momentos pensaba en Miry y Allan. Deseaba verles con todas sus fuerzas, pero se hallaban a kilómetros de distancia. Pese a todo todavía tenía a Mena a su lado, ambas se cuidarían la una a la otra, estaba segura de eso.

Avanzaron por media hora alejándose un poco de la ciudad, para arribar a un complejo con pequeños edificios y rebullicio muy fuerte de personas que comerciaban y se movían e un lado a otro. Los prisioneros sin embargo deambulaban a un lado de aquella pequeña ciudad, por un camino donde apenas se podía ver en la lejanía la libertad de los demás.

E coliseo era un edificio circular enorme al final de aquel enorme paraje. Imponente y tan ancho que Mena calculó tendría el diámetro de una entrada al abyss. Suficiente para albergar a media ciudad de Utghardie si era necesario. Con unos casi veinte pisos de altura era visible desde las lejanías.

—Recuerden, si quieren sobrevivir es mejor que se mantengan juntas, no vayan a los bordes, en el centro, aunque sea más revuelto pasarán más desapercibidas. Solo fui una vez a un bautismo, pero recuerdo muy bien cómo fue.

—¿Tan horrible? — Suspiró Mena.

—Una carnicería total. No sobreviviremos, la mayoría morirán.

—No le veo el sentido a realizar una matanza de esclavos ¿no es perder dinero? — Preguntó Amy. 

—Es una forma de brindar entretenimiento. Mientras más sangre esparzan las personas estarán más contentas. Además de seguro venden los boletos de entrada y cualquier clase de comida allí adentro. Los duelos deben ganar todo lo que invierten solo en esa parte— La que respondió fue Mena.

Cruzaban el umbral trasero donde puertas de hierro les daban la bienvenida a las catacumbas subterráneas del lugar. Agujeros oscuros con paredes de piedra apenas iluminadas que les dirigían directo al centro del lugar.

Los guardias de pronto se quedaron en la retaguardia y en las paredes superiores del lugar. Todos fueron bañados con agua fría desde arriba y empujados para avanzar por la puerta principal. Del otro lado se podía escuchar el rugido de cientos o miles de personas.

Mena apretó los dientes. Parecía que aquella estructura caería en cualquier instante. La arena completa temblaba ante los gritos y piernas de los espectadores ansiosos.

—Puedo admitir que esto da miedo— Amy tomó la mano de Mena. El aire a pesar de ser caliente no compensaba el sudor frío que corría por los cuerpos de todos los presentes. La mayoría gritaba por auxilio o lloraba mientras eran empujados desde atrás— ¿Sabes dónde está Roa? Lo perdí de vista.

—Lo veremos más adelante— Expresó Mena.

No había opción. Debían avanzar estando impotentes al centro, donde la luz entraba y dejaba ciego a todos.

—¡BAUTIZO, BAUTIZO, BAUTIZO! — Las voces aclamaban desde todas las direcciones. Mena y Amy avanzaron hasta que salieron a la arena junto al resto de los esclavos y las puertas traseras de hierro fueron cerradas.

—Estaremos bien— Mena apretó la mano de Amy, confía en mí.

—¡BAUTIZO, BAUTIZO! — El lugar de hallaba repleto de personas acomodadas en distintos niveles del lugar. Alzaban banderines de colores y gritaban con todas sus energías, mientras que muchos de los esclavos golpeaban las puertas o pedían clemencia desde abajo.

¿Cuántos eran? Mena calculó que allí abajo debían de haber al menos quinientos esclavos. Quizás más, no podía saberlo con certeza. 

El coliseo entero quedó en silencio sin aviso, como si todos hubiesen contenido la respiración. Un hombre que apenas era visible y vestido de blanco con rojo alzaba los brazos desde el palco principal y saludaba a las personas. Mena no alcanzó a entender lo que decía. Era mucha la distancia y a pesar del silencio de la multitud, permanecían los llantos y quejidos de muchos esclavos.

Hubo gritos y aplausos, mientras que los esclavos se movían en distintas direcciones, moviéndose de forma nerviosa a distintos puntos de la arena. Amy estaba justo al lado de Mena, ninguna de las dos se movían del centro del lugar. Donde había un pequeño grupo de armas. Roa se hallaba en el otro extremo con una lanza fuertemente tomada.

—Están tomando las espadas— Señaló Amy. La mayoría de los esclavos tomaban un escudo, una espada y algunos optaban por un hacha— ¿Qué deberíamos tomar?

—Pues no veo muy viable el arco aquí— Mena señaló un par, pero a cuentas de que la mayoría no lo tomaba, no parecía muy valioso en cualquier tipo de lucha— Creo que lucharé cuerpo a cuerpo,. Quizás una daga estaría bien.

—Yo nunca he luchado cuerpo a cuerpo— Amy parecía frustrada.

—Solo debes confiar en tus habilidades.

—¿Y si no son suficientes?

—¿Confía en mí? El punto es que debes permanecer la mayor cantidad de tiempo sin recibir daño. Procura básicamente esquivar todo lo que se avecine en tu dirección.

—Suena fácil que lo digas.

—Será sencillo, la mayoría aquí apuesto jamás ha pisado el abyss. Muchos son esclavos de toda la vida.

—¿Qué pasa si nos ponen a pelear una contra la otra?

—Pues entonces debes herir mis piernas o brazos, una herida profunda pero limpia. Algo que puedas curar después.

—Pero con esto no puedo hacer magia— Amy se refirió a la argolla en su cuello.

—Preocúpate por eso luego. La primera misión es sobrevivir a esta arena.

El coliseo rebosó en aplausos y un gran estruendo que anunciaba que algo sucedía. Entonces se abrieron cuatro puertas de la arena. Mena quedó anonadada ante la cantidad de bestias que salieron de aquel lugar, sin contar un grupo de criaturas que fácilmente medían más de diez metros de altura.

—¡Cambio de planes, quédate muy cerca de mí! — Mena tomó el arco y un grupo de flechas y comenzó a apuntar a su alrededor.

La arena se convirtió en un caos en cuestión de segundos. Algunos gritaban mientras avanzaban contra unos pequeños demonios de color rojo, goblins y esqueletos. Otros corrían buscando escapar de semejante marejada de criaturas. Probablemente había unas tres o cuatro criaturas por cada persona allí, eso sin contar las más grandes.

Mena se hallaba agachada apuntando rápidamente para eliminar a dos pequeños demonios que se acercaban. Fue una flecha para cada uno de ellos, mientras que Amy monitoreaba la zona alrededor.

—A las cuatro— Gritó la pequeña y Mena tan solo sacó otra flecha, acomodó su pierna izquierda usando la derecha como pivote y giró sobre sí misma para perforar el cráneo de un goblin que se acercaba.

Un demonio se abalanzó sobre un hombre delgado y hundió sus dedos contra los ojos de aquel hombre. Pronto la sangre comenzó a manar de su cabeza al tiempo que sus gritos se dejaban oír en todo el lugar. Amy notó como un esqueleto entonces clavó una espada en su abdomen y la sacó rápidamente. El hombre cayó al suelo sin energías de moverse.

—¿Qué es…? —Mena Abrió la boca, conocía muy bien a esa criatura, la había enfrentado cientos de veces, pero jamás de ese tamaño.

—Eso es peligroso— Amy tragó saliva al ver a un Bulette de ocho metros de alto corriendo por un lado de la arena llevándose todo por delante. Su zona delantera pasaba casi al ras del sueño volcando a personas y bestias por igual, mientras que atrás sus patas aplastaban a quienes estuviesen en el camino— ¡Se acercan! — Amy notó a dos goblins que se avecinaban desde atrás y corrió en dirección a estos dos. Tal como Mena imaginó, sus habilidades eran suficientes para mantenerse con vida en aquella situación. No, no solo eso. Sus habilidades les colocaban tan arriba que incluso parecía que era trampa la velocidad, fuerza y agilidad que tenían.

Amy se movió casi como una sombra, su vestido harapiento se movió entre lo amarillo del suelo de la arena dejando una estela a su paso. El primer goblin solo notó que su cuerpo giraba en el aire. El segundo recibió un puñetazo directo a su rostro.

El cuerpo del segundo goblin se movió sin que él lo pudiese notar, su cabeza se estrelló contra el suelo y explotó en pedazos, mientras que el cuerpo apenas podía seguirle y caía con retraso. El primero que se hallaba ahora en el suelo sintió como una daga se clavó a gran velocidad en su cuello seguido de una sombra que le dejó sin vida.

—Roa nos dio un buen consejo al decir que nos quedáramos en el centro— Comentó gritando Amy.

Una bestia de gran tamaño tomó a un hombre delgado con sus garras y partió en dos pedazos, solo para llevar el torso lleno de entrañas a su boca y chupar aquel contenido.

Mena sintió que se preocupaba sin necesidad alguna realmente. Amy podría no tener buenas experiencias luchando cuerpo a cuerpo debido a que siempre fue usuaria de magias, sin embargo, aquellos enemigos no eran siquiera oponentes dignos para ella. Se rió ante aquella visión y soltó el arco y las flechas. No podía dejar que Amy se llevara la atención de todos los presentes.

—¡Hay que evitar al bulette! — Comentó Mena notando que este se dirigía a uno de los costados de ambas, y que, cualquier fallo podría ser causa para ser pisoteadas hasta la muerte. La mayor de las chicas se movió hacia adelante, fijando como objetivo a un grupo de esqueletos que avanzaban en grupo acribillando a los presentes.

Si activaba sus habilidades era como si el mundo entero se moviese a un tercio de la velocidad normal. Era lento todo, fluido, pero muy lento. Lo suficiente para correr, esquivar un par de flechas, una espada que se balanceaba frente a ella, golpear a un esqueleto en el pecho y destrozar sus huesos, saltar y patear a otro en la cabeza para hacerla volar.

Amy se movía a su alrededor encargándose de algunos demonios de medio metro de altura y piel roja. No eran extremadamente fuertes, pero su piel era mucho más resistente que la piel de goblin. Por tanto debías de hundir con mayor fuerza la daga para cortar la piel, y sostenerla con fuerza manteniendo rígida la muñeca, para que el filo desgarrase la carne.

En eso Mena observó un tipo de criatura que no había visto nunca antes. Era negra, con forma y tamaño semejante a un fenrir, pero no tenía piel, ni cuerpo exactamente. Era como si estuviese formado por un líquido negro oscuro. De este brotaban unos cuatro tentáculos y con estos atacaba a los presentes.

Mena estaba por atacar cuando uno de los tentáculos se lanzó deprisa contra ella, tomándole por sorpresa golpeando su rostro. Luego le tomó de la pierna y lanzó con fuerza contra el suelo. Un hombre fornido de cabeza rapada se acercó en carrera y posó frente a ella. Sorpresivamente bloqueó el siguiente ataque de los tentáculos con un par de argollas en sus muñecas, mientras que abría sus piernas.

—Nunca has enfrentado a un muerto ¿cierto? — El hombro respiró profundo y bloqueó los otros tres ataques solo con sus argollas.

—¿Un muerto? Me importa muy poco— Mena se abalanzó a la criatura y esquivó los siguientes dos ataques. Alzó su daga y aceleró su cuerpo para realizar un solo corte en la zona del cuello. La daga atravesó aquello como si fuese mantequilla, y la cabeza giró en el aire. De pronto un segundo cuerpo se formó a partir de aquella cabeza y al primer cuerpo le surgió otra. Ahora se hallaba ante dos bestias casi líquidas cuyos tentáculos atacaban de forma constante.

—A los muertos no se les mata cortándolos, debes usar magia o propinar tanto daño cuerpo a cuerpo como sea posible— Mencionó el hombre y se movió a gran velocidad frente a una de las bestias. Propinó entonces una serie de golpes que resonaron contra el líquido y la bestia aulló como si aquello le doliese y el hombre retrocedió unos tres metros nuevamente.

—Comprendo ¡Amy! — Mena llamó a la chica menor y se lanzó contra una de aquellas cosas negras. Esquivar los tentáculos no era difícil, más porque a poca distancia eran poco eficientes y torpes. Comenzó a dar puñetazos a gran velocidad contra aquel cuerpo, principalmente en la cabeza, haciendo que esta retumbara de un lado a otro sin dejar chance a escapatoria alguna.

Normalmente un goblin apenas sería capaz de soportar uno o dos golpes de Mena en su máxima potencia, un beartroll quizás seis u ocho de ellos. Un bulett era capaz de resistir unos veinte a treinta hasta caer semi inconsciente. Pero aquella cosa negra recibió una sucesión de más de cien golpes en cuestión de menos de un minuto y se mantuvo en pie.

Para cuando Mena sintió que sus brazos se entumecían y el aire le faltaba en gran medida, fue cuando la masa líquida se desplomó al suelo y regó por el mismo como si jamás hubiese una bestia allí.

Amy era mucho más lenta con el otro. Golpeaba con todas sus fuerzas, esquivaba y luego volvía a golpear en una sucesión interminable. Mena decidió que aquello les tomaría demasiado y aún quedaba una buena cantidad de bestias en la arena. Por tanto saltó sobre el segundo cuerpo negro y propinó una patada tan fuerte como su cuerpo pudo. Se hallaba imitando uno de los ataques más icónicos de Miry en ese instante.

Fue efectivo, la bestia de color negro se desparramó en el suelo como un líquido de mucho espesor y dejó de luchar.

—Eres un guerrero Omni ¿me equivoco? — Amy se acercó al hombre de cabeza rapada mostrando sus respetos. Mena no se había dado cuenta, pero comprendió de inmediato que aquel hombre supiera enfrentar a los muertos. Su tribu se dedicaba a la caza de muertos desde tiempos inmemoriales.

—Supongo que ustedes son de Arglory, es un placer luchar junto a buenas guerreras— El hombre bajó la cabeza.

Mena mostró sus respetos y luego observó las manchas negras en la arena. Si no podían ser vencidas con armas regulares, debido a que eso hacía que los muertos se multiplicasen, y solo se debía usar magia o batallar cuerpo a cuerpo… Era comprensible porqué el ejército de los muertos era temido. Ella no habría podido siquiera contra diez cosas como esa. La única razón por la cual ganó, es que pudo hacer un uno contra uno.

Quedaban pocos hombres en la arena, o al menos pocos con vida. El suelo amarillo estaba teñido de sangre y tripas en cualquier dirección que mirases. Un hombre se hallaba a pocos metros de ella, la mitad inferior de su cuerpo fue pisada por el bulette y había sido esparcida por la arena. Mientras que parte de su pecho y cabeza permanecían intactos, permitiéndole gritar y pedir auxilio. Aunque para él no había esperanzas.

—Me encargaré de ese grande— Mena buscó de reunir fuerzas mientras miraba a una criatura de unos tres metros de altura. Su pelaje rojo, su cuerpo prominente con músculos marcados, que lanzaba las garras a todo lo que se movía frente a él y aplastaba con su enorme cola a los que se acercaban desde atrás. Aún le dolía el lugar donde fue golpeada contra el suelo. Probablemente tenía la mitad del rostro hinchado, luego de que aquel tentáculo le hiciera estrellarse contra el suelo.

—Yo iré por los pequeños rezagados— Alegó Amy avanzando contra unos goblins que perseguían a dos hombres malheridos.

La bestia de pelaje rojizo resultó ser lenta y torpe, aunque su piel era tan gruesa que la daga apenas sirvió para atravesar su piel. Pero Mena logró golpear su rostro y subirse sobre su cuello y sujetarse de la daga clavada. Con esta se dirigió la dirección de la criatura contra el bulette de gran altura que se acababa de estrellar contra uno de los costados de la arena.

Varios de los espectadores que se hallaban en aquella sección cayeron a la arena y fueron pisoteados hasta la muerte por el bulette. Aquellos que miraban parecían eufóricos y vitoreaban ante cada muerte en la arena. No importaba si eran los esclavos o aquellos que recién cayeron debido al golpe del bulette, solo querían ver muertes frente a ellos.

El bulette no tenía debilidades por la parte de arriba, su coraza en la parte del frente y superior era como si fuese piedra. Pero en la parte de abajo era distinto, su piel era blanda y sencilla de cortar. Sin embargo no habría podido acceder a aquella zona de no ser porque la enorme criatura se había estrellado contra la pared y ahora luchaba por zafarse.

No fue difícil posicionarse y atravesar toda la zona inferior mientras rasgaba el abdomen. Salió a tiempo para sentir el estruendo de la criatura caer al suelo. 

Se hallaba envuelta en sangre de algunas criaturas, y en aquella cosa negra desagradable. Procuró limpiarse notando que las últimas batallas se llevaban a cabo por parte de los pocos sobrevivientes. Las bestias habían sido reducidas por algunos que aparentemente sabían luchar. Sin contar a Amy y ella, quizás en toda la arena habría unas diez personas que todavía se mantenían en pie. Roa no era uno de ellos.

Amy halló al hombre agonizando en la arena cerca del centro, su estómago fue perforado y grasa amarilla junto a las vísceras rosadas amenazaban con escapar. Amy buscó a Mena con la mirada y buscó desesperadamente de quitar aquella argolla de su cuello, pero los esfuerzos resultaron en vano. El hierro no cedía pese a su fuerza y el hombre se ahogaba en su propia sangre.

Con magia solucionar una herida así no era nada del otro mundo. No era excesivamente profunda, solo se extendía en toda la extensión de la región abdominal.

—No hay nada que hacer— Mena posó su mano sobre el hombro de la más pequeña y esta comenzó a llorar. Roa comenzó a sonreír mostrándose bastante tranquilo, incluso a pesar de su muerte inminente.

La arena rugió en aplausos y estruendo y se detuvo de forma abrupta con el sonido de cuernos que llamaron la atención de todos los presentes. Cuando Amy regresó la mirada al hombre este ya se hallaba muerto.

—¡Declaro finalizado el bautizo! — Desde la posición en la cual se encontraban ahora era posible escuchar a lo lejos la voz de aquel hombre que parecía ser el jefe del lugar, y quien presidía los juegos de la arena en el inicio de la ceremonia— ¡Ha sido una lucha interesante y placentera! — Los espectadores bullían exaltados de la emoción— ¡Todas las criaturas derrotadas, lo cual significa que todos los aquí presentes se han ganado el derecho a convertirse en gladiadores de la arena, un día glorioso!

—¿Los escuchas? — Preguntó Amy.

Mena los podía escuchar, eran gritos que iban dirigidas a ellas dos sin la menor duda— ¡Magis, magis, magis! — Muchos de los presentes quedaron extasiados ante sus capacidades.

—No sé si sea bueno que nos aclamen de esa forma.

—Ser aclamado por un bautizo no es malo, deberían alzar sus manos siquiera y saludar— Se acercó a ellas un hombre delgado de piel blanca con una larga lanza— Es como una obra de teatro, nosotros somos los protagonistas y desean vernos brillar ahora, si saludan el público les amará.

—Hay gente muerta por toda la arena, no me parece respetuoso— Comentó Amy.

—¿Y? La mayoría de los que se encuentran aquí gritando son personas de los barrios bajos de la ciudad. Ellos están acostumbrados a ver muertos. Aventureros muertos del abyss, ladrones muertos en las calles, esclavos que fueron golpeados por sus amos o algún noble. Al menos están allí, en el suelo, y no murieron más al norte, contra el ejército de los muertos. Esos cuerpos nunca regresan.

Mena se hallaba de acuerdo con el hombre, pero no iba a expresarlo. Amy por su parte se mostraba abiertamente inconforme con aquello, por su parte buscó al hombre de cabeza rapada— Muchas gracias por decirnos como derrotar a la cosa negra que vimos antes— Expresó bajando un poco la cabeza, y el hombre solo respondió bajando otro tanto la cabeza.

—No te va a responder— Soltó el hombre de la lanza— los Omnis guardan sus palabras, usan solo las que necesitan y si la situación lo amerita.

—¿Guardar las palabras? — Preguntó Mena.

—Cosas de su cultura— Respondió el otro encogiéndose de hombros, estaba saludando con entusiasmo mientras agitaba la lanza ante el público— Es como guardar sus fuerzas para cuando es necesario, ellos creen que en sus palabras hay fuerza.

—Por la gloría de nuestra tierra, solo los más fuertes…

—¿Qué sucederá ahora? —Preguntó Mena al hombre.

—¿Ahora? Nada, lo más seguro es que tengamos un gran recibimiento por parte de nuestro anfitrión y comida.

—¿Crees que nos darán comida? — Preguntó Mena, no deseaba admitirlo, pero moría de hambre. Aquella avena insípida con gachas de carne no saciaron los días sin comer previos.

—Nos darán casi cualquier cosa que pidamos. Somos ganadores, y al nosotros ganar, nuestro anfitrión gana renombre y dinero. Siempre y cuando puedas vencer en el resto de contiendas, no te faltará nada.

—Suena como si hubieses elegido venir al bautizo por tu propia cuenta— Señaló Mena.

—Pertenecía al ejército, era esto o ir al fuerte Helkaya para enfrentar a los muertos. Prefiero vivir como esclavo que morir allá.

—Pero aquí trajeron a uno de los muertos esos, ¿no lo viste? — Preguntó Mena limpiándose la sangre que tenía en las manos.

—Uno de clase baja. Incluso si hubiesen traído cinco de esos, en algún momento era derrotable. Pero enfrentarse a miles o millones de ellos que avanzan como marejada. No sabes lo terrorífico que es.

La euforia del público se apaciguó rápidamente y las puertas de la arena se abrieron para darles paso al interior, donde eran guiados por guardias por los caminos estrechos y mugrientos. Ni Mena ni Amy notaron al entrar que en ciertos lugares habían celdas donde se hallaban recluidas personas y bestias por igual.

—Si los muertos son tan fuertes y hay tanta cantidad de ellos ¿por qué no han vencido a los bastiones humanos? — Inquirió Mena al hombre.

—No tengo la menor idea. Es una pregunta que muchos en el ejército se hacen. Han logrado invadir y apropiarse del fuerte varias veces, en ocasiones por decenas de años, pero nunca buscan de avanzar más al sur, ni a Merak, ni a Cintiael.

—¿Es cierto que hay una muralla para mantener a los muertos del otro lado? — Preguntó Amy recordando los cuentos que escuchaba en la taberna del viejo Vermont.

—Ninguna muralla, a no ser que hables sobre las montañas. La verdad es que pocos muertos buscan de cruzar directamente las montañas, lo más normal es que crucen por las llanuras— Los guardias se detuvieron y les indicaron permanecer en una habitación polvorienta donde apenas entraba la luz por unas rendijas.

—Pero el rey de los muertos declaró ahora la guerra a la humanidad, dijo que levantará a todos los muertos del abyss— Fue otro hombre quien habló. Este era tan grueso como alto y sostenía un mazo contra su hombro.

—He escuchado algo de eso un par de veces, aunque nunca lo he creído mucho— Respondió Mena— Nunca entiendo cómo fue que escucharon esas palabras del rey de los muertos, ni tampoco el porqué, si tiene el poder para hacer tal cosa, no lo ha hecho hasta ahora ¿es que necesita ingredientes para levantar a los muertos del abyss?

—Algunos dicen que el rey muerto necesita el hierro de las minas que están cerca del fuerte, que por eso siempre lo invade— Comentó el hombre robusto en voz baja, como si se tratase de un cuchicheo o secreto.

—Pues la última vez tuvo el fuerte por casi quince años, era tiempo suficiente para haber vaciado las minas de haberlo querido. Yo creo que el fuerte es una posición ofensiva en contra de Yuntal. Tendría más sentido en términos de estrategia— Alegó el hombre de la lanza.

La conversación fue tornándose más acalorada y alejada del tema principal con la adición de otros dos hombres al tema. Mena y Amy permanecieron calladas, pero atentas. Aquello era mucha información gratis sobre el ejército y la situación constante contra los muertos.

Permanecieron en la habitación custodiados por aproximadamente media hora, cuando las puertas se abrieron y un grupo de hombres entró en la sala.

—Las chicas magis, el Omni, ustedes tres vienen conmigo— Quien les llamó era un hombre delgado de nariz respingada y cabello cobrizo. Apuesto y de ropa impecable. Les llamó con la mano mientras detrás de él dos sujetos musculosos le resguardaban. Los guardias dieron su asentimiento y los tres se acercaron.

—¿Quién es usted? — Preguntó Mena.

—Mi nombre es Xue, acabo de comprarles a Pulmer por mil de oro.

Mena abrió la boca al igual que Amy. Mil de oro era una cifra inimaginable, tan enorme que podrías construir casas y negocios por donde quisieras y quedarte con suficiente para vivir holgazaneando más de un año entero. Ninguna de las dos podían siquiera imaginar tal cifra, mucho menos pensar que alguien pagaría tal suma por ellas. Mena calculó que aquella fue la razón por la cual Pulmer les compró sin prestarle mucha atención al precio previamente. Tenía planeado ganarle mucho a aquello, y era obvio que ambas lucharían para sobrevivir. Era una apuesta bastante segura y con gran cantidad de ganancia.

—¿Cómo se llaman ustedes?

—Yo soy Mena, y ella es Amy.

—¿Y el hombre? — Preguntó Xue.

—No lo sabemos es un omni, no parece hablar mucho.

—¿No están juntos los tres? — Preguntó el hombre refinado.

—Para nada, nos conocimos en la arena. Nosotras venimos de Arglory, fuimos tomadas esclavas allí.

—Ese desgraciado de Pulmer, me dijo que estaban los tres juntos y debí comprarlos a los tres por ese precio. Astuto canalla— Sonrió— Bien, creo que es hora de irnos de aquí, el aroma de estas barracas no es el mejor y hoy tengo una cita con lady Afiune.

El hombre dio media vuelta y el resto le siguió rumbo a la ciudad de Merak. A pesar de lo amable que el sujeto se mostraba, Mena y Amy fueron encadenadas de manos para avanzar por la ciudad.

Aparentemente Merak poseía más de un distrito, y no todos tenían la misma apariencia. El primero que las chicas observaron era lo más semejante a barrios bajos y una zona comercial. En cambio ahora se movían por un lugar lleno de árboles de flores rosadas y azules, con jardines amplios frente a las casas o comercios. El aroma de pan recién horneado se sentía a varios metros de donde un grupo de gente comía en pequeñas mesas a la intemperie.

Finalmente cruzaron media ciudad para llegar a una enorme mansión, que al lado poseía un edificio enorme sin decorar.

—Este será su hogar de ahora en adelante. Pueden pedir lo que quieran de comida, armas y lo que necesiten para entrenar. Si tenemos suerte para dentro de una semana programaré algún enfrentamiento para ustedes. Si tienen algún enemigo al cual quieran enfrentar, sería ideal para mí, puedo arreglar lo que quieran dentro de la arena— Sonrió como si aquello fuese el trato más especial para ellos— Está prohibido salir, no deseo que escapen. No pueden tener sexo con otros guerreros, no pueden tener hijos, por razones obvias— Se detuvo a pensar— Y… creo que esas son todas las leyes aquí. Si las necito las llamaré, y si van a pelear generalmente se les avisa como tres días antes y contra quién y qué armas suele usar, nada muy complicado.

—¿Está permitido rezar? Necesito un lugar en silencio para rezar— Comentó el guerrero Omni.

—No creo que tengamos un lugar silencioso, pero si me dices tu nombre pudo arreglar eso para ti. Supongo que no necesitas algo demasiado grande.

—Kron.

—Bien Kron, Mena, Amy, fue un placer conocerles— Se retiró y el grupo entró al edificio de manera calmada. 

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