50. TURBULENCIAS

Amy estaba asustada, era su primera vez en altamar y el tamaño de las olas decía que las aguas oscuras deseaban tragársela, tanto a ella como a toda la embarcación. Luego de atravesar las largas llanuras hasta Adrem, fueron movidas por las montañas y llegaron hasta un pequeño puerto ilegal y tomaron rumbo a Yuntal. Una isla al norte de Minfister que colindaba además con la nación de Sinner, el país de los muertos.

—¿Luchamos? — Amy estaba tentada a ayudar, a pesar de hallarse atada y enjaulada aquello no era un verdadero impedimento para ella.

—No, él está allí atrás— Comentó Mena calmada de brazos en su pequeña celda. A pesar de que el agua se colaba y caía sobre sus cuerpos y rostros Mena no daba brazo a torcer. No iba a usar sus magias frente aquella persona. Estaba dispuesta a esperar cuanto tiempo fuese necesario a que fuese el momento adecuado para escapar solo con el uso de sus fuerzas y habilidades. Incluso si eso significaba que el mar volcase la embarcación y quedaran a la deriva en altamar.

Habían confirmado que aquel chico podía robar magias de otras personas y usarlas para sí mismo como si fuese un experto en ellas. Sin embargo, no sabían si aquellas personas luego recuperaban sus capacidades o no. Por tanto, mientras aquel chico estuviese presente, ambas negaban usar sus capacidades mágicas. Incluso a pesar de los percances que la embarcación sufría en esos momentos.

Luego de siete horas de viaje en barco, donde el mayor problema fue enfrentarse y ahuyentar a una criatura acuática de cuello largo, una tormenta les atacó sin clemencia. Además de las aguas turbulentas que amenazaban con voltear la embarcación, una serie de bestias comenzaron a cazar a sus presas en pleno revuelo. Aparentemente aquel era el mejor momento para devorar a las bestias más pequeñas, y saltaban de un lugar a otro, a veces terminaban subiendo a bordo.

—¡Es una ola muy grande!

—¡Giren! ¡Hay que atravesarla de frente!

—¡Ads fuego! — El chico activó la magia y una línea de fuego se dibujó en el aire. La línea serpenteó por el aire y de pronto cruzó la cabeza de una bestia marina, esta cayó al agua con un chirrido. Las capacidades del chico eran aterradoras. No solo manejaba una gran cantidad de magias, sino que parecía perfeccionarlas en poco tiempo.

Amy y Mena podían comprender cuan aterrador era aquel personaje. Aquella magia de fuego fue comprimida al extremo en una sola línea que salió desde sus dedos y atravesó la cabeza de la criatura. Debía entonces controlar el flujo de magia suficiente para mantener la finura de la línea, pero lo suficientemente potente parea atravesar la carne del enemigo. Aquello requería un control y conocimiento de gran nivel, no solo de la magia que poseía, sino del gasto de aquella que casteaba.

—¡Gracias Kant! — Expresó el capitán del barco al tiempo que timoneaba y esquivaba el cuerpo de la bestia. Kant era el nombre del chico de Cintiael, quien ademas de talentoso era bastante engreído y constantemente repetía cosas sin sentido cómo “estar en un isekai” “el poder del elegido” entre otras.

No conocían el rango de magias que aquel chico manejaba, sin embargo, una estaba claro que no poseía. Sanación.

Lo certificaron luego de que este curase a tres miembros de la compañía por separado, siendo más sencillo tratarles con un solo hechizo.

También había un par de las cuales ellas no tenían, como Ilusión, parálisis, sueño y freno. Mena había vivido muy fuerte los efectos de la magia ilusión una tarde casi una semana atrás mientras esperaban en el puerto.

El chico había usado la visión de un pequeño ejército de goblins atacándoles. Amy caía presa de las criaturas, y luego de ser asesinada Mena debía escudarse del chico.

Lo que Kant no esperaba es que tanto Mena como Amy hubiesen entrenado tanto su cuerpo. Lo suficiente para poder vencer a cuantos goblins atacasen sin necesidad de hacer uso de ninguna magia. El resultado fue que Mena eliminó a todas las criaturas inexistentes y por ultimo golpeó y pateó al chico. Todo lo que necesitó fue las sogas con las que le oprimían y un par de rocas que tomó del suelo. Cuando Kant cayó al suelo, las visiones desaparecieron y Mena fue reducida por el grupo que le acompañaba.

—¡Eres una insolente, una bruta desagradecida! — Carol era una de las compañeras de Kant. Una chica pelirroja pequeña con muchas pecas en la cara que hablaba de cierta forma graciosa, como si cantase cada frase.

—¡Agradece que no hay ninguna flecha cerca, o la tendría incrustada entre ceja y ceja ahora! — Exclamó Mena dejándose encerrar nuevamente sin colocar resistencia.

—Eres una imbécil. Te están rescatando de esta tierra de bárbaros y así es como pagas— La chica podía decir tonterías, pero manejaba muy bien la magia veneno y era experta en montar trampas para los enemigos. Lo había presenciado un par de veces, gran parte de la avanzada contaba con su magia veneno para aplicar a las armas.

Mientras viajaban en altamar Carol se hallaba escondida en algún camarote pues hallarse en la cubierta le producía vómitos constantes y mareo. Lo cual tanto Amy como Mena agradecían debido a que no la soportaban. La chica cada vez que tenía una oportunidad la aprovechaba para relatarles historias de Kant, o insultarlas por ser demasiado bestias para comprender que su rapto era por su propio bien.

—Si la embarcación se voltea, puedo usar mi magia de agua— Comentó Amy— Se siente muy fuerte aquí en altamar.

—Debe ser por estar rodeada de agua— Hubo un instante de silencio pues un rayo impactó el líquido en las cercanías— Si Kant no nos está viendo podríamos huir rápido.

—También creo que podríamos ocultarnos bajo en agua. Solo es cuestión de hacer una bola de agua, como la he hecho antes— Amy los últimos meses había probado crear una esfera líquida que detuviera proyectiles. La misma estaba creada para otra función, pero mantenía una buena cantidad de aire en su interior, lo cual permitiría ocultarse por algunos minutos bajo la superficie.

—Solo si él no nos ve. Si llega a robar tu magia de agua estaremos perdidas. Luego estaríamos en el agua rodeadas de monstruos y sin poder ocultarnos, o peor, ahogándonos.

Mena se hallaba abiertamente frustrada de no poder realizar magias en presencia del chico. Había planeado un escape el primer día mientras todos en el campamento dormían. Lo que ella no esperó es que el chico durmiese frente a la jaula y turnase turnos con Carol para vigilarles.

La tormenta continuó, al igual que los gritos de las chicas que se hallaban cautivas en jaulas al igual que ellas dos. Había al menos unas tres tumbs, otras humanas y un grupo bastante grande de hombres atados todos en una misma celda. Solo Amy y Mena tenían una celda propia para cada una de ellas y las habían reforzado con remaches y soldando el cerrojo con magia de fuego. Aunque aquello no preocupaba a ninguna de las dos.

—¿Por qué no se callan? ¡No puedo escuchar ni mis propios pensamientos con sus voces estridentes! — Mena se quejó del grupo de chicas a los lados que gritaban de forma descontrolada ante las enormes olas.

—¡Vamos a morir ahogados! — Gritó una que se hallaba acostada en el suelo de la celda mientras retorcía su cuerpo para desatarse las cuerdas en la espalda.

—Mejor eso a terminar vendidas como esclavas— Comentó Mena en voz baja.

—Serán vendidas en la ciudad de Yuntal, aunque si hubiesen sido chicas buenas yo las habría comprado y liberado— Kant se acercó sentándose sobre la jaula.

—Suena más tentador ser tragada por una criatura marina, gracias— Soltó mena sin moverse. Amy mientras observaba de forma atenta, deseando cualquier descuido para tomar una iniciativa. Mena le había detenido muchas veces de hacer magia para escapar.

—Sé que ustedes dos piensan que somos los malos, pero en realidad les hemos salvado— El chico se detuvo de hablar mientras otro rayo impactaba iluminando el cielo— Nada en esas tierras de Arglory iban a sobrevivir después de todo. El imperio de los muertos va a arrasar con toda esa tierra y se expandirá. Ante eso, ser vendidas como esclavas no es un mal trato. Como te dije, podría comprarlas o incluso, si demuestran sus dotes de pelea, podrían entrar al coliseo a competir. Además, no digas que no quieres entrar en mi harem. Probablemente pienses en este momento que no eres una chica de compartir con otras, pero te seguro que nunca he tratado mal a una chica, y todas comparten…

—Deja de intentarlo, Mena ya tiene a alguien, no podrás hacerla cambiar de parecer— Comentó Amy— Tampoco lo intentes conmigo, por Numer y Yisha, no me interesan los chicos como tú.

—¿Ya tiene a alguien? ¿Los chicos como yo? — Kant se levantó de sobre la celda bastante impactado, luego se agachó para verlas a aquella altura— Pues puedes olvidarte de quien sea, como dije, no quedará nada de Arglory. Los abyss se abrieron y el rey de los muertos dijo levantará a toda criatura muerta dentro y fuera del abyss de las tumbas. Necesitarías a alguien tan fuerte como yo si quisieras permanecer en tal sitio— Sonrió— Pero por lástima solo puede haber un elegido en un isekai, y todavía no es mi tiempo para brillar contra el rey de los muertos ni contra los demonios.

—Allan de hecho es mucho más fuerte que tú— La de la voz fue Amy,

—¿Allan? Creo señorita Amy, que usted todavía no comprende mi manejo de las magias y mi habilidad.

—Lo comprende bien idiota— Esta vez fue Mena quien habló— Amy sabe usar magia mejor que tú, y aun así, ni ella ni yo nos comparamos con Allan.

—¿Sabes usar magia mejor que yo? — El chico quedó en silencio un instante— Me gustaría verlo— Una expresión llena de malicia apareció en su rostro— ¿Qué pasaría si te obligo a usar magia? Por ejemplo, ¿qué sucede si lanzamos a la señorita Amy al agua mientras esta enjaulada? — Sonrió, pero su rostro de pronto se convirtió en una mueca— ¿Te ahogarás o me mostrarás el uso de tus magias? Si eres tan buena…

Mena se abalanzó de pronto en la jaula. Las ataduras arecían haberse disuelto de sus manos y las sogas se hallaban sujetadas por ella. Kant observó como la figura femenina en menos de un segundo se lanzó hacía adelante, la soga que sostenía de pronto pasó por entre los barrotes y se ajustó rodeando su cuello. De inmediato se quedó sin aire y notó como era asfixiado por Mena con todas sus fuerzas.

—Si tocas a Amy te mató ¿Lo comprendes? — La mirada de Mena era asesina, a Kant no le quedó la menor duda que se hallaba diciendo la verdad. Sin embargo, aún el podía escapar de algo como eso.

—Ads, fuego— Escupió con lo que quedaba de aire en sus pulmones y una pequeña hoja naranja cortó las ataduras dejándole respirar.

—Parece que todavía no lo comprendes— Mena se movió en la jaula y sacó una de sus piernas para re atrapar el cuello del chico y realizar presión contra los barrotes de la jaula— Ads anulación— Susurró— Ahora intenta hacer tu inútil magia niño idiota, dame el gusto de verte morir ahora.

Kant luchaba con sus dedos para quitar la pierna de su cuello desesperadamente. Hundió las uñas, pero aquella mujer no le soltó y su cuerpo pronto perdería el conocimiento.

—¡Deja de hacer escándalo! — Mena gritó cuando un marinero clavó un cuchillo en su pierna para que liberase al chico. Mena dejó de apretarle y retrocedió en su celda producto del dolor. Amy se movió para curarle.

—¡No! —Mena le miró de forma decidida— No es nada esta herida— Mena apretó su mano contra la pierna ensangrentada mientras la sal del mar le escocía la herida. A pesar del dolor estaba feliz, Kant ahora vomitaba sobre el piso de la embarcación mientras respiraba a grandes arcadas. 

La tormenta menguó luego de varias horas, Mena mientras tanto sufrió de un fuerte ardor en la herida, a pesar de haber vendado esta con un pedazo de tela de la remera de Amy. La segunda insistía en curarle cada vez que podía, pero Mena no iba a permitir que robasen aquella magia de Amy de manera tan fácil.

Era preferible mantenerse calmada y soportar el dolor y ardor que perder tal magia. Después de todo, incluso si eran vendidas como esclavas, ambas podrían escapar fácilmente siempre y cuando no estuviesen cerca de Kant.

Cortar sogas o romper unos barrotes no eran cosas de mayor dificultad. Solo debían mantenerse vivas y cuerdas hasta entonces. Aguantar cualquier cosa y superar la adversidad, a fin de cuentas, no había nadie que pudiese salvarles. Stella probablemente se hallaba muerta luego de aquella enorme explosión, eso o mal herida en la nieve, en cuyo caso tampoco tenía muchas posibilidades de vivir. Allán se hallaba perdido en el abyss, si en algún momento lograba salir de allí con vida, sería muy tarde y nunca tendría pista sobre el paradero de ambas, y Miry era prisionera de las tumbs, probablemente a poco de ser ejecutada.

Mena deseaba llorar y desahogarse de alguna manera, pero Amy estaba allí a su lado, si demostraba debilidad esta de seguro caería presa del pánico y no quería aquello. Sin embargo se sentía desamparada e impotente frente a la situación de los demás.

—¿Crees que nos buscarán? — Las palabras de Amy se colaron hasta su celda, la pequeña se apoyaba ahora contra los barrotes más cercanos de su compartimiento. Habían sido movidas al interior de la embarcación, se hallaban en uno de los pasillos mientras que Carol les vigilaba desde pocos metros de distancia sentada sobre un cajón de madera.

—¿Te refieres a Miry y Stella? — Mena no sabía que responder, y era obvio que la pregunta había rondado la cabeza de ambas chicas, solo que ninguna buscó de expresar sus pensamientos de forma abierta previamente. Ambas temían lo peor.

—Y Allan…

—No sabemos dónde está Allan, siquiera sabemos si murió dentro del abyss y…— un par de lágrimas escaparon del rostro de Mena, quien dejó de hablar y calmó su respiración antes de poder retomar sus palabras sin hacer notar sus emociones que brotaban cuando pensaba en la vida de los demás. No era capaz de decir lo que pensaba que había sucedido, llevaba tiempo tragándolo todo y las emociones parecían luchar por salir de su cuerpo— Y no sabemos si ya ha logrado salir del abyss. Además, tendría que saber sobre nuestro secuestro en las montañas, no es muy probable.

—Quiere decir que debemos salir de esto solas nosotras dos.

—No te desanimes, no es tan difícil. Supongo que la mejor oportunidad será justo después de que seamos vendidas, nos mantendremos calmadas durante un tiempo. Luego solo será cuestión de escapar mientras nos hallamos en camino, o cuando no nos vigilen tanto.

—¿Crees que Allan y Miry están muertos verdad? — La pregunta derrumbó los pensamientos fríos de Mena, una sensación escalofriante le recorrió cuando notó que Amy lloraba en silencio recostada contra los barrotes.

No respondió a la pregunta, solo se acercó a la más pequeña para abrazarla por entre los hierros y llorar junto a ella. Lloró tanto como pudo y dejó de contenerse. Deseaba que no fuese verdad, pero indudablemente estaban muertos y no había podido hacer nada para salvar a ninguno de los dos. Así había sucedido nuevamente, justo igual que con Vert, o como luego con la señora Katie. Ella simplemente había presenciado las muertes sin hacer nada, sin cambiar nada de lo ocurrido.

Si hubiese sido fuerte ¿Habría cambiado las cosas? ¿Qué debía hacer para generar un cambio? ¿Qué tan difícil era? ¿Por qué le hacían pasar por tanto dolor? Con estos pensamientos fue quedándose dormida, sin percatarse que Amy había usado magia regeneración en ella.

Los días que continuaron fueron un infierno, en especial por el hecho de que a ambas dejaron de darles comida. La intención era obvia, debilitarles lo suficiente como para que no pudieran defenderse ni hacer magia. Amy recibió un poco de pan de centeno al cuarto día, del cual logró guardar un poco entre su cuerpo para brindarle a Mena. Pero las raciones eran muy escazas y para el séptimo día Mena ardía en fiebre sin poder moverse de su lugar y con un fuerte dolor en el estómago. Como una daga incrustada en este que le dolía e forma constante sin permitirle descansar ni dormir.

—Te dije que estarían débiles— Mena pudo ver por el rabillo del ojo como un par de cazadores se acercaban a las jaulas y abrían la que pertenecía a Amy.

—Me gusta esta, así tiernitas son más ricas.

—Pero a esa de seguro la venderán a algún noble que querrá divertirse, si está virgen valdrá más— Comentó el otro hombre.

—No seas aguafiestas, el jefe no se va a enterar de nada, solo hay que vigilar la puerta.

—¿Qué creen que hacen? Esas dos no están en el menú— La voz que les interrumpió era la de Carol desde el otro extremo del pasillo.

—¿Tú también quieres un poco? — El más ebrio de los dos se bajó el pantalón raído y mostró su miembro viril— También tengo verga para darte a ti si quieres.

—Te voy a… — Se abalanzó de forma descuidada directo al hombre con los pantalones abajo. Incluso Mena en medio de su fiebre pudo notar su error producto de no tener suficiente experiencia. Si fuese solo ese hombre a quien se enfrentase, habría vencido de forma sencilla. Pues ocultó su daga en la zona trasera de su cuerpo, sin embargo, el otro cazador solo necesitó moverse hacia adelante e interponer su brazo. Carol golpeó directamente con su rostro y cayó hacía atrás mientras se hallaba aturdida por el impacto contra su nariz.

—Ellas son de Kant—Comentó Carol abriendo los ojos para revisar si había sangrado por la nariz.

El cazador que se le había golpeado se lanzó sobre esta y al instante rasgó su ropa dejando ver su entrepierna desnuda llena de pocos vellos y una zona rosada expuesta. De inmediato se lanzó con su rostro sobre su sexo para lamerlo completo. Mena sin embargo veía a Amy forcejear pues el más ebrio ahora pasaba sus manos por debajo de su ropa hurgando su pecho mientras su lengua se movía por su oreja.

Hubo un silbido, y un quejido y todo quedó en silencio. La cuchilla que Carol llevaba había caido y sido tomada por Mena, quien no dudó en arrojarla al hombre que sujetaba a Amy. Esta no se enterró en su carne, pues debido al movimiento y la debilidad de Mena no pudo hacer un tiro certero. Aun así el filo atravesó la carne y rasgó la mitad de su cara, exponiendo su lengua desde la zona interna y grasa amarilla.

A pesar de semejante herida, aquello no era fatal, pero todos quedaron en silencio fue por otra razón. El hombre soltó a Amy sujetando su rostro y cuello. Sus miembros comenzaron a moverse de forma descontrolada y su amigo quedó estupefacto ante la escena.

Su lengua de pronto se volvió regordeta impidiéndole respirar, al punto en que el ebrio no dudo en morderla hasta cortarla dejando brotar la sangro por toda su boca. Sus ojos se tornaron rojos y luego morados, hasta que finalmente arqueó su cuerpo y dejo de moverse.

Carol entonces escupió esparciendo veneno sobre el rostro del otro hombre, el cual gritó con todas sus fuerzas y se levantó corriendo por su vida. Cayó gracias a sus pantalones abajo y se retorció en el suelo mientras gritaba con todas sus fueras. La puerta del pasillo se abrió y tanto Kant como el capitán vieron como el hombre rasgaba la madera tratando se acercarse a ellos. La sangre brotó de sus orejas y entonces murió.

Carol ya se hallaba de pie e intentaba arreglar su ropa cuando fue cobijada por Kant y llevada a un camarote aparte, mientras que el capitán dio la orden de tirar el par de cuerpos por la borda. Sin embargo varios marineros estaban renuentes a tocarles siquiera. No fue hasta comprobar que podían transportarlos sujetándoles con telas, que accedieron a la petición.

Amy fue encerrada nuevamente y Mena sucumbió ante la hambruna y cayó desmayada. No obstante al día siguiente pudo ver como Carol llevaba un par de manzanas y algo de papas asadas con salsa de carne hasta ambas jaulas. Tanto Mena como Amy devoraron aquella comida como si fuese lo más valioso e increíble que hubiesen probado en su vida.

No estaban satisfechas ni repuestas, pero sin duda dejaron de sentir el dolor constante en sus estómagos.

Los días siguientes no fueron tan amenos, pero al menos hubo pan y leche para no morir de inanición. Carol estaba agradecida por la ayuda y ya no hablaba mientras les vigilaba, sin embargo su postura sobre Kant continuaba siendo la misma. Por tal razón Mena no podía verla de buena forma.

Luego de casi dos semanas en altamar llegaron al puerto de Yuntal. Una ciudad formada en una isla al norte del mar de Ilse. Este puesto servía como lugar de comercio y lugar de avanzada que constantemente era visitado por aquellos que luchaban en el fuerte Helkaya. El fuerte era la sección de Minfister que colindaba directamente con las montañas en el paso a la nación Sinner, donde habitaban los muertos.

Mena y Amy al sentir el frio hundirse en sus huesos pensaron que verían un lugar nevado. Sin embargo fue todo lo contrario. Yuntal era una isla rocosa grisácea con tonalidades amarillentas y llena de una arena naranja que se impregnaba en la piel de cualquiera que se movía por allí. La arena era extremadamente fía al contacto y congelaba la piel.

El puerto era un lugar de comercio ampliamente concurrido donde veías cientos de barcos cargando y descargando mercancías mientras los vendedores abarrotaban las calles en todas las U amplitud de aquel puerto hacía ver a la zona portuaria de Utghardie como una zona de recreo. El puerto se extendía hasta donde la vista lograba llegar y el aire se hallaba perfumado por múltiples especias y olores extraños.

Amy le hizo señas a Mena cuando vio como un grupo de hombres viajaban sobre lo que eran lagartos gigantes de color marrón, verde y rojizo. Ninguna supo reconocer a tales criaturas ni el material que usaban en aquellas armaduras, que era de distintas tonalidades, una azul claro y otra verde esmeralda. Yuntal era por tanto un lugar donde muchas culturas se unían y los guerreros se preparaban para luchas donde probablemente no saldrían con vida.

—¿Son estás? — Mena notó como un hombre vestido de blanco se acercaba hasta ambas acompañado del capitán y Kant.

—Te dije hombre que puedo pagarte, cien de oros por cada una. No me niegues que es una gran oferta— Kant conversaba.

—Si son tan fuertes como ustedes mencionan pueden ser aún más valiosas en el coliseo señor— El capitán parecía no prestarle atención a Kant.

—Quinientos de oro por cada una de ellas es una enorme cantidad, probablemente a la más pequeña podamos venderla a algún noble, eso si todavía no ha tenido relaciones con algún hombre— El hombre vestido de blanco observó al capitán y este sonrió abiertamente.

—Nadie las ha tocado, a ninguna de las dos, puedo asegurarlo.

—Si me engañas Pulmer, lo vas a tener que pagar muy caro, todavía me debes dinero de la otra embarcación.

—Nunca le mentiría señor Shario, valen más de quinientos de oro, son únicas. Las más fuertes, se enfrentaron al chico Kant, por eso el crio las quiere para él.

—Colócales el collar y prepáralas entonces, te pagaré donde siempre, no puedo traer mil de oros aquí al puerto— El hombre se marchó y Mena sonrió llena de satisfacción. Ser vendidas para estar en el coliseo era algo bueno, ninguna de las dos debían ser violadas. Además este incauto hombre tendría las manos vacías, pues apenas se alejasen de Kant, nadie les impediría hacer magia a sus anchas y liberarse para luchar.

Ambas fueron sacadas de las celdas y vertieron una cubeta de agua helada sobre sus cuerpos, y entonces sin previo aviso colocaron en el cuello de ambas unas argollas de metal que refulgían con grabados de color azul. La sensación fue extraña y Ambas se miraron una a la otra. Comprendieron lo que era aquello sin necesidad de ninguna palabra. Aquella cosa de metal en sus cuellos bloqueaba por completo el uso de magia en sus cuerpos.

La debilidad les embargó y tanto Mena como Amy sintieron que sus planes se venían abajo. Eran transportadas como esclavas en Yuntal junto al resto de los prisioneros. 

—¿Dónde nos llevan? —La mirada de Amy gritaba desesperación y miedo.

—Calma, todavía no lo sé— Avanzaban con las manos encadenadas al sujeto del frente en tres líneas casi interminables. Casi todos eran hombres ya en su treintena de edad. Mostraban pantalones tan desgastados que parecían se despedazarían en cualquier instante y torsos desnudos. Sin embargo la atención se hallaba en el grupo de tumbs que se movían junto a ellos y el par de magis.

—Magis— Comentó un hombre a otro viendo a Mena y Amy. Mena comprendió que se referían a ellas y las identificaban como usuarios de magia gracias a las argollas de hierro que tenían en sus cuellos. Aquella cosa de alguna forma podía suprimir todo impulso mágico en sus cuerpos.

Solo otros dos hombres portaban al igual que ellas argollas en sus cuellos, uno gordo que parecía estar en sus veinte años, y otro como de cuarenta años con cabello largo y rostro decaído. Ninguno parecía muy amistoso para siquiera establecer una conversación y preguntar por las argollas. Sin contar que, si ellos las tenían en sus cuellos era porque no podían quitarlas de allí.

Avanzaron a pie durante un día entero bajo sol y el frio de la noche. Primero cruzando las llanuras áridas y luego un pequeño poblado que daba a un pequeño puerto, donde abordaron barcazas junto a varios mercenarios y dirigieron a tierra firme, abandonando Yuntal en apenas un día de haber estado allí.

—El coliseo no puede ser tan malo— Comentaba Amy.

—Dudo que puedan enfrentarse a nosotras, o soportar un golpe de cualquiera de las dos— Mena le sonrió a Amy.

—Pero mis estadísticas no son las mejores en términos de fuerza— Comentó la pequeña.

—Eso es porque estás comparándolas a las mías, o las de Miry, pero en definitiva no eres nada débil. Probablemente una patada tuya pueda noquear a cualquiera de los hombres que van aquí con nosotros.

—Quizás— Amy revisó sus estadísticas una vez más.

Edad: 13

Profesión: mago

Nivel: 13

Vida: 669

Fuerza: 25

Agilidad: 30

Inteligencia: 43

Resistencia: 49

Destreza: 42

Magia: 3

Habilidad: 1

Habilidades aprendidas

Atracción 2

Contrataque 1

Magia aprendida

Regeneración 2

Valor 1

Cura 3

Agua 3

Sanación 1

—Lo que es más importante, no necesitas pelear directamente contra nadie aquí. Eres ágil, solo tendrías que esquivar todo y activar la habilidad de contrataque cuando sea necesario— Mena sonreía, pero se hallaba consciente que Amy no era un usuario de luchar en primera fila, se había ido especializando poco a poco en el uso de magias y su manejo. Lo cual le brindaba una gran cantidad de daño a los enemigos, pero desde larga distancia. Aun así, había entrenado junto al viejo Helim cargando maderos y rocas, nadie era débil después de aquello. El punto donde ella no tenía mucha experiencia era en la desesperación. En un coliseo la mayoría estarían desesperados por salvar sus vidas, probablemente se tratase de hombres que fueron privados de libertad durante toda su vida, con una gota de esperanza de libertad si vencían en la arena. Bajo esas condiciones Amy jamás había peleado, y una persona en tales circunstancias no estaría dispuesta a rendirse sin importar cuanto golpeases.

Mena revisó sus propias estadísticas mientras avanzaban en la caminata interminable. Era de madrugada y el frio calaba en los huesos, pero no había de otra más que avanzar junto a los demás— Ads dem.

Edad: 18

Profesión: Hechicera

Nivel: 18

Vida: 907

Fuerza: 47

Agilidad: 84

Inteligencia: 50

Resistencia: 39

Destreza: 52

Magia: 1

Habilidades aprendidas

Anulación 1

Magia aprendida

Valor 3

Sincronía 4

Cura 3

Fuego 1

Prisa 1

Tenía cuarenta y siete en fuerza, debía apegarse a eso y su agilidad si deseaba sobrevivir en un coliseo sin uso de magias. Aunque, si por alguna razón, en algún momento alguien les quitaba aquellas argollas. Entonces no tendría el menor problema en escapar y llevar consigo a Amy. Regresar a Arglory no sería mayor problema, podría robar alguna embarcación mediana y moverse por el mar. Las bestias marinas no eran oponentes para ninguna de las dos, y había prestado atención a cómo los tripulantes manejaban las velas y sogas en la embarcación rumbo a Yuntal.

Habían atracado en la ciudad de Merak. Un puerto lleno de soldados con trajes negros y blancos en cada esquina. La ciudad era imponente a la vista. Se hallaba construida en la ladera de un risco enorme de piedra oscura. A un lado se observaba una estatúa cincelada en la misma piedra tan enorme como la montaña de donde había salido. Esta mostraba a un hombre con una mano extendida con la palma hacia arriba, y la otra sobre su pecho, como si realizara una oración.

Mena notó que uno de los esclavos junto a ella se detuvo para hincarse en el suelo deteniendo la línea. Por tal motivo fue golpeado varias veces con una vara de metal. Aquella estatua enorme debía de significar algo para aquel tipo, sin embargo >Mena no logró identificar de quien se trataba y continuó su marcha tortuosa por otras cinco horas mientras amanecía y los primeros rayos del sol quitaban el frio de su cuerpo.

Fue después de dos días de caminatas sin fin que les fue permitido descansar. Varios guardias y mercenarios pasaron por las interminables filas quitando los grilletes de las muñecas y repartiendo cuencos con avena y gachas de carne.

Amy frotaba sus muñecas y los pies. Los zapatos se habían roto y una herida se mostraba en su talón izquierdo. Primero formando una burbuja, que debido al roce terminó reventando para dejar expuesta la carne, esta terminó cediendo en cierto punto, dejando una herida y el pie envuelto en sangre. No era una vista agradable, pero tampoco extraña. Mena ya había visto como varios hombres dejaban huellas de sangre en la arena mientras marchaban interminablemente. No portaban zapatos y sus pies rotos dejaban las formas marrones de sus pisadas.

—Estarás bien, solo es cuestión de cuidado por un par de días— Mena ayudó a vendar la pierna de Amy antes de probar su tazón de comida. Era asquerosa, aquella cosa era pegajosa y casi sin sabor alguno, a pesar de todo terminó tragándolo por completo. Llevaba dos días sin comer y caminando inclementemente. Su cuerpo no podía más del agotamiento y apenas era una mañana.

—¿Cómo pueden comer esto? — Amy arrugaba la cara mientras terminaba de tragar. Los pedazos de carne eran diminutos y no daban casi nada de sabor a la mezcla.

—Asqueroso, pero alimenta— Habló un hombre moreno y musculoso que se hallaba cerca. Mena apenas se mostró interesada, descansaba recostada en la arena casi naranja. A pesar del calor, sentía como sus fuerzas se reponían y los músculos de sus piernas entumecidas palpitaban nuevamente gritando de dolor. Aun así, era relajante descansar— Deben descansar lo más que puedan, si nos dieron avena hoy, de seguro deben querer que participemos en el bautismo.

Amy frotaba sus piernas cuando escuchó de nuevo al hombre— ¿El bautismo?

—¿Son magis, cierto? ¿ambas? — El hombre no pareció prestar atención a la pregunta de Amy y señaló las argollas en los cuellos.

—Podemos usar magia, pero esto nos bloquea el flujo, con esto es imposible hacer cualquier magia— Expresó Mena.

—Mujeres y magis, es una pena— El hombre bajó la cabeza.

—¿Qué es una pena?

—El bautismo. Pocas mujeres sobreviven, pero los magis aún menos. Supongo que su dios no está de su lado este día. Es una pena, ambas son muy jóvenes y lindas. Podrían haber sido vendidas como esclavas sexuales, o como criadas para algún noble. Es una pena que terminaran en el coliseo— El hombre se encogió de hombros mientras saboreaba su avena. 

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