5. PISO UNO

—¡A levantarse! —Miry se lanzó sobre mí y zarandeó fuertemente, yo apenas abrí los ojos y noté aquella hermosa figura apenas escondida por una delgada camiseta y me senté en el acto. Miry saltó de la cama haciendo estiramientos —. Hay que entrenar fuerte si queremos entrar al Abyss, es peligroso entrar sin entrenar antes. 

—Hoy no entraremos —expresé. 

—¿No?

—Hay que ir con Mena a que se inscriba en nuestro gremio, hay que averiguar sobre nuestras profesiones y necesitamos algo de protección. 

—Entonces hay que levantarnos y entrenar para entrar mañana. 

—Si sabes que podemos entrar en unos dos o tres días ¿Cierto? 

—¿Y para qué esperar tanto? No te harás fuerte entrenando un solo día, necesitas una rutina. 

—¿Sigue en pie el trato de entrenarme en lucha? 

—Por casa y comida, sigue en pie. Pero no sirve si no te levantas a entrenar.

Me levanté comprendiendo que Miry no se detendría, además la vista de la chica haciendo ejercicio con aquella ropa era alucinante. No diré que me arrastré de la cama, pero fue lo más semejante, y ya de pie me coloqué a hacer sentadillas junto a ella. Demás está aclarar que el ritmo de ella era superior al mío. 

Salimos dispuestos a trotar un poco. Cuando terminamos habíamos dado unas cuatro vueltas a la muralla del Abyss y yo estaba con el corazón en la garganta, los pulmones trabajando a toda marcha y bañado en sudor. No regresé a la casa a cambiarme pues no tenía otra ropa que ponerme. Eran apenas las ocho de la mañana y nos dispusimos a recorrer las distintas tiendas. 

Llegué a un acuerdo con Miry, yo le pagaría un mes de comida y alojo, a cambio ella me acompañaba al Abyss y entrenaba. Miry era hábil para hacer tratos, por mi parte me lucía como algo justo, no tenía ni la menor idea sobre el funcionamiento de mi habilidad o las aprendidas. Por lo tanto, mi fuerza se resumía a mi arma, destreza en combate y estadísticas, lamentablemente estas no eran las mejores. 

Me conocía mejor la ciudad, si debía prepararme para el Abyss necesitaba comprar ropa y armadura. Había excelentes tiendas, pero todo resultaría muy caro, en cambio en la plaza del oeste se colocaban los vendedores pequeños y aprendices de herreros entre otros. Allí era más barato, siempre y cuando supieras observar y comprar adecuadamente. 

Llegamos al lugar, estaba repleto de personas. Aventureros y vendedores esparcidos en pequeñas tiendas con mostradores hechos con mesas de madera y tiendas de lona para evitar el calor. 

Mi bolsa estaba atada a mi cintura con un dot de plata y treinta y cuatro dots de cobre. O lo que era igual, ciento treinta y cuatro dots de cobre. El detalle es que yo no tenía nada, salvo lo que traía encima y los protectores que robé de los goblin y que aún hedían.  

Primero tomé un par de camisas, una negra y otra de un tono vinotinto, ambas me quedaban ajustadas. Allí gasté ocho cobres, un par de pantalones me tomaron diez más. 

Nos dirigíamos a la zona de protectores cuando un jabalí escapó del amarre de su dueño y comenzó a andar por el lugar. Las personas corrieron en todas direcciones y Miry abrió mucho los ojos lanzando un grito ensordecedor. Nunca había visto ese rostro en ella, de pronto el jabalí apareció del otro lado del corredor de tiendas y Miry se lanzó a mis brazos y comenzó a escalar por mi cuerpo lanzando gritos.

Un par de hombres enlazaron al animal, sin embargo, Miry aun escalaba hasta colocar su entrepierna contra mi cara. La zona donde iniciaba su traje, justo la entrepierna chocó contra mi boca y se agitó en todas direcciones al tiempo que la chica me tomaba del cabello. 

—¡Corre! ¡Es un jabalí corre! —se restregaba aún más. Yo no habría podido emitir palabra, aunque quisiera —¡es un enemigo, hay que eliminarlo! —Se agitaba y yo moría asfixiado en un estado de éxtasis y felicidad. 

Caí al suelo sonriente e inconsciente. Los presentes comentaron después que jamás habían visto a alguien recibir tan de buena gana la muerte. 

—Los jabalís son los enemigos de las Tumb —se explicó Miry cuando se llevaron al animal y desperté. 

Quedé con una divina sensación y aroma impregnado en mi rostro, así que mi sonrisa era notable en un kilómetro a la redonda.  Miry quiso una camisa y acepté de buen gusto, fueron siete cobres. Después de eso conseguí un par de protectores de cuero para manos en siete cobres, unos guantes en uno. Capas para ambos por seis cobres, zapatos por diez y mandamos a hacer las botas de cuero blanco de kobold por tres. 

Había perdido mi bufanda verde olivo con los goblins. Me enamoré de otra exactamente igual y la compré por un cobre.

Observé unos protectores de hierro, no obstante, Miry me enseñó que en términos de protectores para piernas y pecho debía de ser más exigente. No valía la pena gastar menos en ellos y terminar siendo perforado por una espada o flecha. Caminamos un poco más y conseguimos otros de acero que la chica examinó detalladamente. Eran más costosos, pero según ella era lo adecuado si deseaba entrar al abyss. Compré los protectores de piernas por diecisiete y el de pecho por veintidós de cobre. 

Un cuchillo de acero me tomó quince cobres. Observé cientos de armas y me enamoré de algunas que se hallaban imbuidas en magia. 

Por último, terminamos entrando a una tienda que vendía magia almacenada en gemas. Compré dos gemas verdes de cura 1, otras eran más potentes, grandes y provocaba tener algunas de ellas. El dinero no me alcanzaba. Gasté diez cobres en ello. 

Miry corrió dando saltos pidiendo que le comprase un perro topo, una liebre ardilla y un urf de un azul chillón. Tuve que negarme, el dinero no daba para aquello. 

Quedé con únicamente diecisiete cobres en el bolsillo. Nos dirigimos a la posada donde cuadré con Vermont y pautamos catorce cobres por las tres comidas del día durante un mes. 

Solo tres cobres en el bolsillo, pero me sentí más cerca de poder adentrarme en el abyss y con un mes de techo y comida. 

Desperté dos días después con el revoltijo de tripas y cara de muerto andante. Ese día el entrenamiento sería mucho menos. Solo lo necesario para poder entrar al abyss con todas las energías. Lo más relevante que sucedió en los días anteriores fue la discusión de Mena con Miry por no querer tomar el nombre de fenrir cuando se unió a nuestro gremio. A la final cedió por cansancio e insistencia, pero me miró de mala gana y se marchó lanzando la puerta del lugar. Tuve que llevarle los almuerzos al hospital porque no tenía ganas de salir de allí después de aquello. 

Habría escapado de poder. El abyss era magnífico para ganar dinero, y había algo en este que atraía la atención. Aun así, tenía un pánico arraigado y de haber podido habría trabajado como panadero, criador de pollos o cerdos. También pensaba en Vert y Melanie a quien veía constantemente, su cicatriz era como una punzada que se clavaba dentro. No dejaría que a Miry le sucediera eso nunca. 

Buscamos las botas de cuero blanco de Miry y nos dirigimos a la muralla que rodeaba al abyss. Pasamos saludando a Ciel y anunciando nos dirigíamos a las profundidades. 

—¿Bajarás? ¿Te sientes preparado? Aún eres un ruck que llego hace apenas dos semanas, muchos dirían que es muy pronto. 

—Hay que ganarse la vida. 

—Miry protegerá a Allan, Miry está emocionada, es importante. 

—Supongo ¿Se reunieron con los de su profesión? —preguntó Ciel mirándonos inquisitivamente. La verdad si lo habíamos hecho, pero tanto Miry como yo lo consideramos infructuoso. A Miry le ofrecieron clases pagadas sobre cómo asesinar, mientras que a mí me mostraron un par de mapas de los primeros cinco niveles del Abyss y las zonas de trampas. En ambos casos no teníamos suficiente dinero. 

—Si —respondí. 

—A Miry la miraron feo por ser una Tumb —señaló. Como siempre Miry era espontánea y no se reservaba nada.

—Todavía hay aventureros que no se adaptan a otras razas. Puedes presentar una quejar formal si lo deseas. 

—No hace falta —se cruzó de brazos frunciendo la boca. 

—Les recomiendo que no bajen más allá del quinto piso, primero adáptense al ambiente. Procuren mantenerse por los caminos que están iluminados. Muchas criaturas quitan y destruyen nuestras lámparas, pero eso sobre todo ocurre en los pisos inferiores. En los superiores se mantienen. 

—Hoy será un día para aprender lo que podamos.

—Les deseo suerte chicos —nos condujo hasta la zona trasera donde unas escaleras subían en la oscuridad hasta la zona superior de donde entraba luz. Ascendimos y al salir lo primero que pudimos observar fue el abyss. Tanto Miry como yo quedamos absortos. De cerca era un espectáculo increíble. 

El abyss tenía como unos quinientos metros de ancho y se achicaba cada vez más hacía el interior dejando ver un fondo de tierra que era tapado por formaciones nubosas y de neblina que dificultaba la visión. Todo estaba hecho de piedra, árboles y enredaderas en cualquier dirección. 

A mi derecha pude observar un agujero y un camino enorme de tierra. 

—Eso fue el dragón de hace unos días —un guardia nos ayudaba guiándonos, pude también observar otros aventureros que regresaban de las profundidades con una bolsa de cuero enorme. 

—Cierto ¿Cómo fue que escapó? 

—Sorprendió a todos. Nunca antes habíamos visto un dragón de esas dimensiones. A veces sucede que sube un monstruo de niveles muy inferiores. Aunque no es tan frecuente. 

—¿De qué nivel era ese dragón? —preguntó Miry, a quien Vermont le había relatado toda la historia ya que Amy siempre se lanzaba a mi cuello con un gran abrazo al verme. 

—No lo sabemos señorita. Aún no lo han encontrado. 

—¿No?

El encargado negó con la cabeza señalándonos unas escaleras de piedra que comprendí era una de las entradas —No, los caballeros están buscando en los bosques, pero no se ha encontrado. Fue extraño de verdad porque suelen pasar monstruos a los niveles superiores, pero nada tan fuerte, nada tan enorme. Por lo usual cuando algo sube por encima del piso treinta se arma una quest. La quest reúne a la mayor cantidad de aventureros posibles para que se enfrenten al ser, porque suelen ser muy poderosos. En muchos casos se debe dar una alerta y las personas no bajan hasta ese piso por precaución. 

—¿Ahorita no hay nada así, cierto? 

—No, afortunadamente no. Y de seguro no sucede nada como eso en varios años. Son casos raros. 

—Oh. 

—¿Es la primera vez que entrarán al abyss? —preguntó a lo cual asentimos con la cabeza —Los primeros niveles son fáciles, encontrarán ratas, arañas, algunos goblins. Primero apréndanse el camino y no se adentren demasiado. Cualquiera se pierde con facilidad allí abajo. Tomen las garras, el veneno, los huesos que puedan, las gemas y regresen. Si se pierden en el abyss. Aunque alguien pagara para encontrarlos. Es difícil. Es enorme. 

—Entendido —expresó Miry. 

Caminamos por la escalera sin dejar de ver el enorme agujero y nos adentramos a una grieta que rompía el suelo en dos zonas. Entramos y todo fue oscuridad hasta que notamos como ciertos cristales brillaban con un azul tenue y más arriba habían colgadas unas pequeñas lamparitas con gemas que irradiaban una luz verde bastante fuerte. 

—Estamos adentro —expresé. 

—Siempre quise poder llegar aquí, pensé que nunca lo lograría. 

—Ahora debemos mantenernos vivos. 

—Si —. Avanzamos caminando algo lento y deteniéndonos a aprendernos el camino, no nos separábamos del rango de las luces. De inmediato comprendí por qué muchos se perdían en aquel lugar. El primer piso era amplio y lleno de calles, y a los lados de estas vías había pequeñas cuevas que daban en dirección a otros tres lugares, incluso una de ellas me pareció bajaba. 

Cuando las personas decían ratas, imaginé que se referían a algo como las ratas que vivían en las afueras, con apenas unos quince o veinte centímetros de largo y escurridizas. 

Lo que vimos fue algo cuyo cuerpo debía medir unos setenta centímetros con una larga cola y dientes prominentes y amenazadores. Calculé que debía poder arrancarme la piel en un instante con aquella dentadura. Lo peor de todo es que era rápida. Se lanzó sobre nosotros desde un pasillo contiguo y Miry lanzó un enorme grito antes de patearla con todas sus fuerzas. La estrelló contra la pared y se lanzó a patearla tan fuerte y repetidas veces que aquel ser chilló una y otra vez hasta que se murió. 

Yo no pude contener la risa, era un espectáculo. Aquella debió ser la muerte de rata más rara y graciosa en la historia del abyss. Entonces sentí la punzada de cientos de miradas desde las paredes de los cuartos vecinos y me preparé con el cuchillo en la mano. 

—Vienen más Miry. 

—Ya lo sé —No había notado que se hallaba de pie a mi lado con su cuchillo también en la mano. 

Tomé mi empuñadura como aprendí de aquel goblin con quien luché y respiré profundo. Lo siguiente fue una sucesión de ratas que provino de casi todas direcciones. Miry comenzó a gritar dando patadas a todas las que venían mientras yo esperé a que llegaran hasta mí. A la primera la atravesé por el costado con el cuchillo por completo. La siguiente saltó y corté por la zona inferior. 

Pasó un rato cuando tuvimos a todas las ratas muertas. Eran unas diez de ellas, me decepcioné al notar eran tan pocas. 

—¿Cómo hiciste eso?

—¿Hice qué?

—Parecía que estabas bailando… muestra tus estadísticas. 

—Ads dem —pronuncié y observamos como la habilidad de “manejo del cuchillo 1” estaba brillando. 

—Increíble. 

—¿Qué significa? 

—Que no necesitas activar tus habilidades para usarlas, se activó por si sola. 

—¿Cómo se suelen activar? 

—Pues las personas suelen decir las palabras para activarlas, Miry lo sabe. 

—Pues yo ni siquiera sé cómo las obtuve.  

—Sigue usando el cuchillo como ahorita, si lo haces y entrenas esa habilidad constantemente esta subirá de nivel. Miry debe entrenar su magia. 

—Tomemos las garras de estas cosas y sigamos entonces. 

La siguiente cueva estaba habitada por un par de arañas, entonces pude observar la habilidad de Miry, la chica pronunció las palabras “ads prisa”. Lo siguiente fue ella moviéndose a una velocidad increíble. La observé y al tiempo no, era como si su cuerpo fuese una silueta. Pateó una araña, saltó a una pared, apoyó las piernas y se lanzó de frente contra la otra y la atravesó con su cuchillo en dos. 

Regresamos vendiendo las garras y algo de veneno, apenas pudimos ganar unos sesenta de hierro. Era muy poco, pero no había en qué gastarlo. Solo debíamos entrenar para mejorar nuestras estadísticas y avanzar. Un mes no era tiempo suficiente, pero era la mejor oportunidad. 

Al llegar a la posada Amy se lanzó sobre mí y acostó en mis piernas cuando me senté a comer. 

—¿Avanzaste en el abyss? 

—Si. 

—¿Eres fuerte? —preguntó la pequeña y me quedé un rato pensativo en ello. No lo consideraba, pero pensé en cómo debía de ser para alguien menor —. Si —respondí con tal seguridad que me sorprendí a mí mismo y a Miry, quien me miró con curiosidad. 

—¿Podrás derrotar al abyss Allan? 

—Lo venceré, venceré a Emerant. 

—Algún día entraré al abyss con ustedes. Los ayudaré —me sorprendí a las palabras de Amy. 

—Tienes que crecer primero.

—Lo haré, creceré y les ayudaré. Iré, así sea como recolectora. Ya averigüé y puedo hacerlo. 

—¡Amy! —la señora Katie se acercó y levantó a la niña de la mesa tomándole por una oreja. 

—Pero yo quiero…

—Nada de tonterías, te falta crecer bastante para que salgas a arriesgar tu vida —Amy fue arrastrada a la zona trasera por la mujer mientras yo me quedé impactado por sus palabras. 

—Parece que tendremos una miembro más en el gremio fenrir —exclamó Miry tomando unos tomates asados. 

—No bromees con eso, Amy es solo una niña. 

—Ella está hablando en serio Allan, la señora Katie no podrá detenerla. 

—Tiene razón, Amy ha estado haciendo preguntas sobre el abyss a todos los que entran —Melanie se acercó sirviendo a un par de personas en las mesas. 

—¿Y cómo es eso que derrotarás a Emerant? —Miry sonrió con suspicacia mirándome. 

—Es tonto entrar al abyss sin pensar ganar —era el primer día y la victoria muy pequeña, no obstante, comenzaba a sentir algo crecer dentro de mí. Una sensación de poder. 

—Amy no se va a dar por vencida Allan, tengo esa impresión de ella— Miry continuó comiendo y yo también. 

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