49. NUEVO CAMINO

Deambular por una montaña helada sin camisa, una bota dañada y cortadas por todo el cuerpo es un infierno. Por alguna razón las magias no funcionaban. Era como si me hubiese quedado sin nada de energía, o como si de alguna forma no fuese capaz de acceder a ella. El hecho fue que, al no poder hacer magia alguna, me tocó comenzar a caminar por entre las montañas.

Arrastre mi espadón junto al resto de mi cuerpo, pensando en rendirme a cada segundo. Luego recordaba a Miry y continuaba mi camino. Las heridas en mi cuerpo se abrieron como flores con un aspecto casi morado. El dolor se mantenía de forma constante y no me permitía caer desmayado sobre la nieve.

A pesar de todo, el cansancio ganaba terreno en mi cuerpo. Deseaba caer sobre la nieve y cerrar los ojos, a pesar de estar consciente que eso significaba una muerte segura.

Aquella noche no nevó, pero el frio no me permitió avanzar más. Solo pude cavar un agujero en el suelo y esconderme allí. Temí toda la noche morir de hipotermia mientras dormía. Todo lo que debía hacer era recostarme. Por eso permanecí agachado e incómodo. En varias ocasiones caí y me golpee el rostro contra la roca que estaba frente a mí. Quise desfallecer y dejar de sentir tanto dolor y cansancio, pero debía levantarme.

Fue la noche más larga en toda mi vida. Los minutos transcurrieron como horas interminables y mi mente me exigía descansar, a pesar de que eso significaba morir. Más de una vez desee terminar con mi vida bajo esa situación.

Debí salir de mi escondite antes de que el sol saliera en el horizonte. La razón es que mi cerebro me jugaba sucio y mis fuerzas internas se iban. Mi mejor opción era caminar. Si la muerte me hallaba, me encontraría en camino a la aldea tumb.

Afortunadamente fue una figura más agradable quien me halló.

—¡Maestro! —Shun y Sombra llegaron hasta mi lado y prestaron auxilio— ¡Está helado!

—No puedo…. hacer… magia— Tardé más de veinte segundos en poder pronunciar. Debía de lucir deplorable, por la mirada de aquellos dos.

Shun me subió al lomo caliente de Sombra y sanó las heridas con gemas de magia. Pronto pude sentir calor regresar a mi cuerpo y me quedé dormido, a pesar del movimiento productos de los saltos de Sombra, no sentí nada en lo absoluto. Desperté mucho después del incidente.

Abrí los ojos mientras me hallaba en algún lugar cálido y Shun avanzaba a un lado de sombra— ¿Dónde estamos? ¿Y Miry?

—Descanse maestro, debe reponerse— Noté los enormes árboles y sentí que me acercaba a la aldea tumb. Luego recordé que no quedaba nada de aquel lugar. Por desgracia terminé durmiendo nuevamente debido al cansancio acumulado y el uso excesivo de magias sobre mi cuerpo. Recuperarme sería cuestión de tiempo.

—No creo que te escuche— Sentí una voz cerca.

—Claro que puede escucharnos. ¡No está muerto, solo está dormido Stella!

—Lleva dos días dormido, además deberías estar durmiendo tú también. Debes descansar.

—No puedo, me duele mucho en la cintura. Es…

—¿Quieres otra gema con magia cura?

—No me quita del todo el dolor— Expresó la tumb.

—Los siento, pero no tenemos a Amy, nosotras estamos haciendo todo lo que podemos.

—No es una queja— Abrí los ojos con llanto mezclado en mi ser. Miry se hallaba a mi lado recostada en una especie de cama improvisada sobre paja y pieles. A su lado pude notar un pequeño bulto que se movía de un lado a otro. La felicidad de verla a ella viva y a su lado aquella pequeña masa llena de vida me embargó. Sentí que mi pecho se derretía y las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas sin remedio.

Stella se hallaba sentada al frente, recostada contra una pared, mientras que Ciel se hallaba corriendo con una manta caliente.

—¡Despertaste! — Miry estaba por moverse cuando fue intervenida por Stella.

—Ni se te ocurra moverte, debes descansar todavía— Me miró— Entiendo que estén felices, pero deben descansar ¡ambos!

—¡Es un bebé! Un bebé Allan, Miry tuvo un bebé— Sollozaba mientras alzaba a la criatura que rompió en llanto.

—¡Es un niño Allan! — Ciel se acercó para poder mover a la cría de su lugar hasta donde me hallaba.

—¿Ya despertó el maestro? — Por una puerta de madera entró Shun apenas asomando su cabeza.

—Acaba de despertar, pero aún no ha dicho una sola palabra— Respondió Stella.

—Lo siento, yo…— Estaba en shock. Ciel me ofrecía una piel donde el pequeño bulto se removía y lloraba con todas sus energías— ¿Puedo? ¿Y si se me cae?

—¡Estás en una cama Allan por Numer y Yisha! ¿Dónde va a caer?

Lo tomé con cuidado y le observé bien. Era un cuerpo caliente que se removía entre una piel y agitaba las manos desesperadamente. Sus ojos estaban cerrados por completo y apretaba la cara entera como si algo le doliese mientras lloraba con todas sus fuerzas. Sus gritos eran audibles incluso en la distancia. Sus dedos eran mega pequeños y débiles. Temí partirlos si los sujetaba.

Nunca había visto a un niño tan pequeño, lucía indefenso y arrugado. Me era extraño a la vista. Entonces noté un par de orejas alargadas que nacían desde los lados de la cabeza y ascendía a la parte superior de su cabeza. Era el signo característico de las tumbs, sus orejas. Estas se hallaban dobladas y no tenían pelo sobre ellas.

—Es una tumb— Expresé.

—Es un niño tumb— Comentó Miry bajando la cabeza.

—¿Es un niño? ¿Hay niños tumbs? —Pregunté, a lo cual Miry negó con la cabeza mientras se ocultaba— ¿Y por qué te ocultas?

—Es un niño tumb, no es normal— Contestó esta encogiéndose de hombros. Noté que Ciel miraba de un lado a otro como preocupada.

—¿Y cuál es el problema de que sea un niño tumb? — No entendí el problema en el asunto. Era un niño, con orejas, pero a fin de cuentas un niño. Bajé la murada y comencé a observarlo mejor, aquel era mi hijo. De alguna forma lo había creado yo junto a Miry. Entonces pensé en la magia, no había magia más poderosa que esa. Incluso podía sentir la conexión entre nosotros solo con tocarle.

—Bien, pasamos el momento emotivo— Stella se levantó apoyándose sobre un pedazo de madera— Hay asuntos importantes que debemos atender y pensamos que era mejor discutir cuando estuvieses despierto.

Coloqué mi mano para que el bebé la tomara con sus manitas— Supongo que han pasado varias cosas. ¿Cuándo fue? — Pregunté refiriéndome directamente al nacimiento del niño.

—Casi inmediatamente que desapareciste con el hombre de la raza Sheltar. Comencé a tener dolores de vientre y no pude moverme de donde estaba.

—¿Tuviste al niño allí?

—Un par de tumbs se acercaron para ayudarme. No pude ir a otro lugar, el dolor era fuerte y debía hacerlo en ese momento. Pensé que el niño estaba muriendo, o que Miry lo estaba haciendo. Fue confuso— Expresó Miry mirándome.

—Nosotros la encontramos varias horas después, Miry llevaba un rato allí tirada. Las tumbs la ayudaron a concebir, pero luego se retiraron. Por suerte Sombra tiene muy bien identificado tu aroma y lo siguió junto con Shun— Expresó Stella— Después nos percatamos que tu no estabas y Sombra nuevamente comenzó a rastrear tu aroma.

—Entonces nos salvamos por la nariz de Sombra. Tendré que darle algo de carne— Comenté sintiéndome agradecido.

—Sombra estará feliz de saber que el maestro le dará carne— La verdad fue más sencillo hallarles de lo que parece. En primera instancia seguimos la destrucción del bosque. Después de eso repetimos la estrategia y seguimos rumbo a las montañas. Luego de hallar el espadón del maestro debimos dar vueltas por el lugar hasta hallarle.

—Gracias Shun, la verdad creo que hubiese muerto si no me hubieses rescatado de la nieve.

—Quedó muy mal herido maestro. Pero no creo que hubiese muerto.

—Difiero— Entonces intenté usar magia sanación, pero nada salió de mi cuerpo. Era como si no tuviese energía dentro de mí para realizar tal acción. Conocía bien la sensación. Me hallaba nuevamente como cuando llegué a este mundo. Sin magia— No puedo usar magia por lo que veo.

—¿No puedes usar magia? — Stella y Miry me observaron de forma preocupante.

—Aparentemente no. Aunque creo que Ardina dijo algo sobre secuelas en mi cuerpo y probablemente morir si usaba sus poderes…

—Te arriesgaste— Repuso Stella— Era un enemigo dificil.

—De no haber usado todo lo que tenía, lo más probable es que hubiese muerto. Heinstgr era de nivel sesenta y algo. Demasiado poderoso para nosotros.

—¿Lo derrotaste? — Esta vez me preguntó Miry observándome seriamente.

—Si, le maté antes de buscar de regresar.

—Maestro, pero nosotros no vimos ningún cuerpo— Comentó Shun.

—Me había movilizado del lugar para cuando ustedes me hallaron. Llevaba un buen rato caminando y alejándome del lugar.

—¿Qué nombre le pondremos a nuestro hijo? — Intervino Miry. Aquello era un tema que habíamos tocado superficialmente sin embargo habían un par de ideas sobre la mesa. Ideas que habíamos discutido previamente sin saber todavía el sexo del niño. Luego, por yo hallarme en el calabozo y por el nacimiento prematuro… no pudimos decidir.

—¡Miry, creo que es más importante decidir donde iremos ahora! — Agregó Stella. No obstante yo notaba que ahora el bebé en mis brazos se calmaba y comenzaba a jalar con sus pocas fuerzas mis dedos para meterlos a su boca.

—Me gustaban los nombres de Terric y Millen— Expresé. Entendía los pensamientos de Stella, pero comprendía aún más la sensación de Miry. Aún más luego de que estuvo preocupada porque se trataba de un niño tumb. 

—Creo que Millen me gusta más— Miry tarareo con el nombre y lo repitió varias veces mientras buscaba de comprender como sonaba.

—Bien, entonces él será Millen— Bromee con su cabeza casi calva y comenzó a llorar nuevamente.

—Va a seguir llorando si lo molestas— Ciel me lo quitó de los brazos y comenzó a arrullarle mientras caminaba de un lugar a otro.

—¿Está despierto? — Me sorprendió ver a Fera entrar al lugar preguntando por mí. La verdad dudaba caerle bien a la pequeña. Tania entró justo después para esconderse detrás de la otra.

—Hola Fera, hola Tania.

No esperé lo siguiente. La delgada tumb se movió por la pequeña habitación hasta donde me hallaba y posicionó junto a mi izquierda— ¿Por qué abandonaste a mamá Miry con el bebé en medio de una aldea destrozada?

—Yo… — Quedé en silencio y observé a los demás y luego a la pequeña— Tuve que deshacerme de un enemigo y…

—¡Y dejaste a una tumb que estaba a poco de dar a luz, sola, en medio de los escombros! — Abrí la boca y la volví a cerrar. Fera entonces salió igual de molesta que siempre con Tania siguiéndole los pasos.

—Me agrada esa niña— Comentó Stella con una sonrisa.

—Yo…

—No te preocupes, se le pasará enseguida. La verdad estuvo bastante preocupada y venía a cada rato cuando estabas durmiendo— Comentó Ciel.

—Bien, ya que terminamos con la parte emocional. Necesitamos definir cuando nos moveremos de aquí y como sobreviviremos los próximos días aquí metidos en medio de la nada. Además ¿cómo no puedes usar magia? —Expresó Stella.

—¿A qué te refieres? ¿Dónde estamos? — Pegunté en respuesta.

—Estaos cerca de los restos de la aldea tumb, fue destruida hasta los cimientos por ese Heins lo que sea. Los árboles que eran pilares de la ciudad fueron acabados, así que la mayoría de las tumbs huyeron del lugar. Aunque, muchas otras quedaron sepultadas en medio del desastre.

—Eso fue mi culpa, pude haber llevado a Heinstgr lejos desde el inicio.

Stella hundió los hombros e hizo señal de que no tenía idea— Puedo haber sucedido de cualquier otra forma, pero no fue así. Sucedió y punto, no hay nada más que discutir al respecto. Si hubiéramos llegado… si hubiésemos huido antes. No es lo que importa ahora.

—Entiendo.

—A veces creo que no tienes sentimientos Stella— Intervino Ciel mirándole con reproche.

—Con lamentos y posibles no salvaremos a nadie. Ya sucedió, no hay nada que hacerle. El punto importante es ¿qué haremos?

—¿Y esta cabaña? Pensé que estábamos al sur, en la cabaña… —Luego recordé que aquello probablemente fue destruido por la nieve y nuestro primer encuentro con el jefe de la tribu Sheltar.

—Esto lo construyó Shun, la verdad fue bastante rápido.

—Demasiado— A pesar de ser un simple cuadro de apenas cinco metros de largo por cinco de ancho, era increíble que él solo lo hubiese hecho.

—Para nada maestro, había mucha madera por el lugar, no necesité cortar nada, solo hacer las muescas para que los troncos lograsen encajar entre ellos. El resto fue armar.

—¿Y tú Miry? ¿Quieres ir a ayudar a la aldea? — Interrumpí para preguntar.

—No… — Bajó la cabeza e intentó explicarse— Miry no siente que les deba algo. Ciertamente es una lástima que muchos murieran, y se quedaron sin hogar. Pero ahora me preocupa más la situación de Amy y Mena. Stella me explicó lo que sucedió. No sabía que vinieron y fueron llevadas…

—Sí, está la situación de Amy y Mena— Repuse pensando.

—Shun y yo entendemos que Miry y tú van a dirigirse para seguir a Mena y Amy a Cintiael. Pero creemos que ambos deben descansar antes de semejante viaje, sin contar que acaban de tener un hijo. Un bebé a esa edad no está en posición de andar viajando. Y después de llegar a Adrem no tendremos otra opción más que tomar un barco y atravesar el mar. Es eso o dirigirnos a la tierra de los muertos, Sinner. Y no tengo ánimos de hallarme con ellos tan al norte.

—Tampoco creo que debamos dirigirnos tan al norte. Por algo la nación de los muertos no ha sido limpiada jamás— Amy y Mena fueron secuestradas por un usuario de habilidades peligroso y peculiar. Se dirigían a la ciudad de Cintiael, la cual además se hallaba en otra nación, Minfister, una que mantenía guerra con Arglory.

—Y ahora debemos añadir el hecho de que no puedes usar magia.

—No creo que eso sea un problema.

—¿Es algo transitorio? — Preguntó Stella y Miry.

—Lo más probable. Además cuando llegué a este mundo no podía usar ninguna magia, sin embargo aun así podía hacer uso de ciertas habilidades. Creo que con eso podremos solventar por ahora mientras mi aptitud mágica regresa.

—Entonces crees que será momentáneo.

—Creo que me excedí usando magia, entonces sí.

—¿Entonces cuánto tiempo nos quedaremos aquí? — Preguntó Stella.

—¿Un mes? — Pregunté.

—Cinco días— Propuso Miry.

—¿Cinco días? En cinco días no has siquiera descansado— Le contesté.

—Pero son Amy y Mena, no podemos dejarlas secuestradas en Cintiael.

—Tampoco podemos irnos tan rápido. Si alguno de ustedes dos se enferma, o peor, si Millen se llega a nfermar o estar en peligro porque ustedes dos estaban apresurados en salir. Tendremos peores problemas y algo más fuerte que solo buscar a Amy y Mena. Debemos pensar lo más racional posible— Stella suspiró— Entiendo su preocupación. Comprendo que ellas son casi partes de su familia y no las van a dejar abandonadas, pero lanzarnos a la deriva será peor. Si lo pensamos en términos más lógicos, el hecho de que las secuestrasen se puede deber a dos situaciones— Tanto Miry como yo escuchamos con atención. Stella podría ser alguien muy estricto y seco, pero al mismo tiempo era prudente y calculadora— La primera situación es que se percatasen de su potencial de lucha, y las secuestrasen para pelear o venderlas como esclavas de lucha.

—¿Las vieron pelear? — Pregunté.

—Usó lectura en nosotros, sabe nuestras estadísticas.

—Entonces es probable.

—La otra opción es que las vendan como esclavas sexuales— Expresó Stella, tanto Miry como yo arrugamos nuestras caras. Aquella era una de las peores opciones posibles y probablemente una de las que no terminarían bien. Amy y Mena eran fuertes, nadie dudaba en que usarían toda su fuerza de verse en una situación como esa.

—No coloquen esas caras, esa no es la peor de las opciones. Pueden ser esclavas usadas en la guerra contra los muertos, ser usadas como ejecución de advertencia para todos los que son de Arglory, pueden ser vendidas para trabajar en minas, como experimento mágico…

—Ya Stella, no mejoras la situación— Sencillamente cada palabra era como una daga.

—El punto positivo es que en cualquiera de estos casos, están vivas. Actualmente deben hallarse en algún barco con destino a la nación de Minfister. Y estarán vivas durante cierto tiempo.

—¿Hay manera de acortar camino para llegar hasta donde están ellas lo más rápido posible?

—Quizás con los lobos podríamos acortar la brecha un par de días— Intervino Shun.

—Pero probablemente sea la misma cantidad de días que ya hemos perdido, y perderemos aún algunos más mientras Allan y Miry se recuperan por completo.

—¿Qué quieres decir?

—Que probablemente para cuando lleguemos a la nación de Cintiael, Amy y Mena lleven al menos medio mes, no, quizás un mes en el lugar. Y lo más probable es que ya hayan sido vendidas. En cuyo caso deberemos buscar a sus compradores. Y movernos por aquel lugar.

—Necesitaremos dinero— Comenté.

—Siempre hay un lugar donde se puede hacer dinero fácil y rápido— Stella nos miró a ambos.

—El abyss— Respondimos Miry y yo con una media sonrisa.

El abyss a pesar de ser un lugar donde cualquier aventurero podría encontrar la muerte. Para Miry y para mi resultaba un lugar donde podíamos cazar criaturas y conseguir dinero rápido para diferentes fines. Incluso en ese momento para mí, cuando había perdido mis armaduras, todavía poseía mi espadón, y con solo eso era capaz de librarme los diez primeros pisos del abyss sin mayor problema. Aun sin magia para apoyarme.

—Yo les propongo una semana y media de descanso para iniciar nuestra marcha. Y que Miry no pueda levantarse de cama al menos hasta que debamos embarcar y zarpar rumbo a Cintiael— Escuché con atención las palabras de Stella. Parecía un trato justo.

—Una semana para partir. Una semana es lo máximo que una tumb como yo podría rastrear a alguien en un bosque, luego de eso perdería a su presa. Creo que es algo justo, ninguno queremos perder a Mena y Amy.

—Una semana entonces ¿te parece bien Allan? — Preguntó Stella.

—No tengo problema. Pregunta, ¿durante esa semana puedo entrenar con la espada? — Inquirí.

—A eso no se le podría llamar entonces descanso.

—No necesito hacer ningún movimiento brusco, ni usar magia, siquiera correr. Solo siento que debo pulir mis movimientos de la espada.

—¿Entonces vas a concentrar y perfeccionar tu estilo de la espada— Stella sonrió cruzándose de brazos al tiempo que tomaba asiento sobre una silla de madera.

—No sé si sea eso, pero creo que puedo avanzar de cierta manera por ese camino.

—Siempre y cuando Shun pueda vigilar tus movimientos. No creo que exista ningún problema.

—Yo iré a calentar algo de agua. Necesitamos desinfectar las camas donde están… —Ciel se movía de un lado a otro y yo me levanté. Me dio placer ver a los niños jugando en la zona posterior mientras que los lobos les observaban de cerca. Si alguien con malas intenciones se acercaba, estaba seguro que los lobos les atacarían sin piedad.

—¿Está bien que tengamos un niño tumb? — Me preguntó Miry con mayor confianza cuando los demás salieron de la pequeña habitación.

—Miry, quizás se deba al hecho de que no recuerdo nada de mi vida anterior, y todo lo que conozco, y el mundo que entiendo sucedió luego de despertar en el faro de Utghardie Pero la verdad no entiende que tiene de malo tener a un niño tumb amor— Me acerqué para hacerle cariño, pero Miry me dio un pequeño golpe sobre mis manos.

—¡No juegues con sus orejas! ¡Son frágiles! y la gelatina dentro de las orejas no se pondrá dura hasta dentro de un tiempo. Si las tocas entonces no tendrá las orejas hacia arriba, sino que le caerán sobre la cabeza, y eso es muy feo. 


Los siguientes días me fueron un poco extraños. Ya había estado lejos del abyss y la ciudad, pero generalmente estaba haciendo algo importante en lo cual podía concentrar toda mi atención. Ahora no había nada que pudiera hacer de forma inmediato, salvo entrenar con mi espada y ayudar a cocinar la carne de nuestras comidas.

La mayoría de las labores eran realizadas por Ciel en el hogar y por Shun y Sombra con la caza de monstruos de los alrededores. Incluso los niños jugaban y eran vigilados por Stella, Kuro y Shiro. Miry permanecía acostada con Millen, y yo sentía que no tenía nada que hacer. O al menos nada que fuese relevante en términos reales.

—Avanza muy rápido maestro, su capacidad para copiar movimientos es muy buena. Entender el camino de la espada y conseguir un estilo propio es difícil, requiere años de práctica.

—¿Años? — Me movía con soltura, y sentía que la espada se convertía en una extensión de mi propio cuerpo. Uno para llegar más lejos en cada ataque, uno que podía doblar para apoyarme y moverme mejor por algún terreno.

No creí que estuviese avanzando en gran medida hasta que revisé mis estadísticas y noté que manejo de la espada había subido a nivel cinco. Aquello era un gran avance sin necesidad de constantes luchas contra criaturas.

Habría realizado cultivo de mis magias y buscando crecer mi fuente espiritual, pero mi magia no regresaba, y así resultaba muy difícil. No me era posible cultivar y comprimir la magia dentro de mí, sin sentir la magia dentro de mí. A pesar de eso Shun insistía en que debía hacerlo siquiera unos minutos al día.

—¿Qué crees que sucedió con el embarazo de Miry? — El tema que Stella sacaba a la luz mientras yo me movía lentamente con mi espada no era nuevo. Lo habíamos comentado un par de veces.

—No sé, según las tumbs tienen embarazos de ocho meses. No sé por qué nació a los cinco meses y medio.

—¿Crees que tenga algo que ver con su uso de magia? ¿O con el hecho de ser un tumb varon? O quizás pueda deberse a que ustedes son quienes lo engendraron, podría ser posible que el alto nivel de ambos fuese un factor decisivo.

—No lo sé Stella— No me hallaba molesto. Al contrario, mientras manejaba mi espada me sentía más tranquilo y calmado que nunca. Usar un espadón para realizar los movimientos de la espada según no era la mejor decisión, porque este podía desviar mis movimientos. Pero aún así continué. Sentí que no podía entrenar con una espada regular porque usualmente luchaba era con el espadón.

—¿Revisaste sus estadísticas?

—Normales, ya te dije. No tiene nada de especial— Mentí. Pero gracias a mi calma con la espada pude hacerlo de forma natural.

Nombre: Millen Fenrir

Edad: 0

Profesión:

Nivel: 0

Vida: 13

Fuerza: 1

Agilidad: 2

Inteligencia: 1

Resistencia: 1

Destreza: 3

Magia: 5

Habilidades aprendidas

Magia aprendida

No pensaba decir nada sobre aquella anormal habilidad para la magia de nacimiento. No tenía la menor idea de qué lo había ocasionado, pero definitivamente Millen merecía una infancia normal, como cualquier otro niño, o tumb. Y yo pensaba dársela. Stella no era mala, pero si le decía sobre aquella afinidad de Millen, probablemente le entrenaría desde el primer año de edad y lo convertiría en un monstruo mágico.

El tema del embarazo de Miry continuó en el aire por un par de días más. Sabíamos que no era normal, pero teníamos poca idea del porqué del poco tiempo. A fin de cuentas fue un tema que quedó relegado ante una preocupación más grande. El paradero de Mena y Amy y la forma de llegar más rápido hasta ellas.

Shun había guardado el mapa que yo compré al viejo goblin en el abyss y con este comenzamos a trazar rutas imaginarias. Cruzar Illain y llegar hasta Adrem no sería un problema. El mayor inconveniente sería después de eso. La entrada a la nación de los muertos, Sinner, estaba muy cerca. Y la ciudad reclutaba normalmente a cualquier guerrero con capacidades para el combate. Por tanto debíamos ser cuidadosos y no cambiar nuestros suministros por la ruta comercial más clara.

—¿Es seguro comerciar en el mercado negro? — Preguntó Shun mientras yo pulía un pedazo de madera curvada para una rueda.

—Seguro, aunque obviamente tendremos menos ingresos que si cambiásemos en la muralla. Pero nada que no se pueda solventar con una buena cantidad— Comentó Stella.

—¿Ustedes sabían que había comercio negro en la ciudad de Utghardie? — Pregunté refiriéndome a ella y Camus. Stella sonrió dejándome muy en claro que tenía toda la información.

—No es extraño que exista un mercado negro. Siempre permite a muchos hacer negocios por fuera de la muralla. El cuerno de Bulette muchos lo compran en el mercado negro porque dicen que estimula la virilidad. Hay un plato de comida que se prepara con las garras de beartroll. Hay toda clase de negocios fuera de lo regular.

—Si escuché lo de los bulettes, nos pidieron un par de veces un par de cuernos. Pero estábamos llenos con el pedido de Selyntos— Comenté recordando una noche en la taberna de Vermont cuando Abert nos presentó a un conocido que necesita cuernos de bulettes. El hombre lucía temeroso y buscaba de hablar en voz baja, mientras que nosotros no entendíamos su actitud.

—¿Qué tan peligroso es tomar la ruta de aquí? — Preguntó Shun mostrando la sección donde iniciaba la nación de los muertos. Una parte que se llamaba “La atalaya” y otra “la tumba”.

—Peligroso. Los muertos son enemigos muy fuertes. Pagan mucho por eliminar a solo uno de ellos. Si llegamos a la tumba podríamos enfrentarnos a cientos o miles de ellos—Comentó Stella.

—Si estuviese en mi mejor condición— argumenté.

—Quizás con unos veinte como tú podríamos cruzar— Expresó la mujer y yo fruncí el ceño. Veinte personas como yo. Aquello era un poco desalentador. La otra ruta era descendiendo y moviéndonos en horizontal, pasando a Feliure y de allí una ruta directa a Cintiael. Sin embargo, a mitad de camino se hallaba una isla la cual llamaban “la fosa”. La Fosa se trataba de un abyss en una isla desierta. El abyss se había desbordado mucho tiempo atrás y en los alrededores habitaban bestias marinas gigantescas. Dato relevante a la hora de ir por agua, por eso la mayoría de los barcos cruzaban con destino a la isla de Yuntal, que era un centro de comercio en el norte y vanguardia para la lucha contra los muertos. O con meta en Merak, un poco más al sur que Yuntal y en tierra firme. Desde este último salían excursiones directas a Cintiael.

Me sorprendió que Stella tuviese conocimiento sobre todos estos lugares como si fuese la palma de su mano a pesar de no haberles visitado previamente. Aunque tenía sentido después de pensarlo respecto a las relaciones que Utghardie como ciudad mantenía en un pasado.

Por esos días me pregunté el cómo estaría mi hermana y si habrían tomado rumbo junto con Vermont hacia el este, a la región que solo aparecía en mi mapa antiguo. Era una ruta arriesgada, pues más allá de la ciudad de Emma no teníamos registros actualmente. Sin embargo, los problemas deberían ser menos en aquella dirección.

Al quinto día sin dilación partimos rumbo a la ciudad de Illain. Era un viaje corto de apenas dos días, por lo cual convertimos parte de la cabaña en madera para la carreta. Éramos varios, pero los lobos resultaban una ayuda eficiente para aligerar el trayecto.

Illain era una ciudad que se dedicaba en su mayoría a la extracción de joyas en las montañas cercanas y a la caza de criaturas del abyss. Sin embargo, cuando un segundo abyss emergió en sus cercanías y las criaturas empezaron a mutar, las cosas se complicaron en gran medida. La mitad de la ciudad se vio derrumbada y las bestias atacaron desde todas las direcciones. Por tanto sus aventureros se convirtieron en milicia de un momento para otro.

Ahora podías ver a los civiles caminando con armaduras en medio de calles donde muchas de las casas se hallaban derrumbadas. Niños pidiendo comida en la calle mientras que los aventureros deambulaban de un lugar a otro buscando de comerciar. La carne de las criaturas se convirtió de un día para otro en la moneda local del lugar.

Ciel no podía ver a los niños sentados en las calles ofreciendo gemas a cambio de carne porque deseaba adoptarlos a todos. Lamentablemente lo más que podíamos hacer era comprarles artículos (incluso son necesitarlos) para darles de nuestra reserva. La cual era abultada debido a que Shun y los lobos eran excelentes cazadores.

Sombra no parecía muy feliz de brindar a los demás de la carne que él había cazado y era parte de su despensa personal. No obstante se mantuvo tranquilo en todo momento ante mi mirada. 

—Así no era la ciudad de Illain— Comentó Miry.

—Las criaturas están causando estragos por doquier, no es de extrañar. El nuevo abyss les ha dejado sin capacidad para resistir— Comentó Stella. Aunque era algo que todos sabíamos. La guerra contra las criaturas se estaba perdiendo en múltiples lugares y los humanos no se daban abasto ante la cantidad de labores y ataques en diferentes frentes.

—Me da sentimiento ver a los niños así— Comentó Ciel.

—Avancemos, lo único que podemos hacer por ellos ahora es eliminar bestias. Cuantas podamos mejor— Stella cercenó la conversación en tal punto.

Me mantuve en silencio cuanto pude, la situación resultaba deprimente y nosotros no estábamos para quedarnos a solventar problemas. Indicarle a un grupo de niños que viajasen al este o incluso a Ibis era condenarles a una muerte por criaturas en el camino.

Sin embargo, casi una hora después, cuando salíamos de aquella ciudad, Shun y yo avanzamos por los alrededores destripando cuanta bestia se cruzaba en nuestro camino. No hubo misericordia ni búsqueda de placer, se limitó a una simple carnicería.

Entonces noté la razón de la ruina de la ciudad de Illain. La cantidad de bestias era superior a lo que los aventureros podrían manejar. Incluso hallamos a un grupo de goblins de unos tres metros de altura con trajes de cuero y hachas de tamaño enorme. Shun insistió que se trataba de trolls, yo que eran goblins mutados. Era difícil discernir la diferencia, pero jamás había visto trolls con buenas armas, en cambio los goblins…

Shun me alentó a domesticar a algunos de aquellos goblins, pero me negué por la simple razón de ya ser un grupo bastante grande. No sabíamos cómo íbamos a cruzar el mar con tres lobos enormes. Dudaba en gran medida que alguien pensara que ellos se hallaban domesticados y solo seguían mis órdenes.

La ruta que tomamos fue en línea recta horizontal, rumbo a Feliure. Para ello atravesaríamos en un par de días un pequeño pueblito de nombre Kisha. Al menos deseaba que siquiera en pie ante la lucha contra las criaturas. Después el camino era solo terreno baldío hasta la costa. Allí decidiríamos si subir e ir por tierra para llegar a Feliure desde tierra, o si buscábamos algún bote para llegar a la península más rápido. A partir de allí debíamos buscar un barco con rumbo directo a Cintiael, sin pasar tan cerca de la isla que llamaban la fosa. El camino frente a nosotros era largo, pero debíamos de avanzar para encontrar a nuestras compañeras.

—¿Qué es eso que preparas? — Miry se halaba de pie acercándose al área de cocina improvisada conformada por un pequeño fogon y una mesa que solían transportar. Ciel se hallaba ocupada mezclando algo de harina.

—Son galletas con mantequilla. También quiero preparar aquellos hongos de allá para más tarde en la noche— Ciel contestó de forma amable y Miry se acercó un poco más hasta la mesa. Miraba con atención los movimientos que Ciel ejecutaba sobre la masa.

Millen se hallaba dormido, luego de haber llorado por casi media hora seguida, incluso luego de haber comido. Los niños estaban explorando parte del bosque que se hallaba en la rivera del rio el cual atravesaron. No había peligro, pues Stella y los lobos iban con ellos. Debían regresar con madera suelta y frutos u hongos que encontrasen. Por otra parte Shun y Allan entrenaban en el uso de la espada.

De hecho, últimamente, en cada oportunidad que tenían, Allan se dedicaba al entrenamiento con su espada. Según él y Shun, lograban grandes progresos con aquel método en el cual gastaban varias horas del día.

—¿Cómo sabes hacer esas cosas? Miry apenas sabe cómo preparar carne, zanahorias y arroz— Comentó la tumb.

—Aprendí algo con la persona que me crió, pero la verdad la mayoría lo pude perfeccionar fue después de tener a mis hijos.

—¿Miry puede ayudar?

—¿Quieres aprender a hacer galletas? — Preguntó Ciel y la tumb asintió con la cabeza.

—No es difícil, pásame la leche, preparemos un poco más de masa, a los chicos les encanta.

—Creo que a Allan le gustan las galletas— Miry pasó la leche y siguió las instrucciones de Ciel al pie de la letra. No era difícil, era una mezcla de leche, huevo, harina y azúcar. Debía agregar más harina junto a un poco de manteca mientras buscaba que la masa fuese dura pero elástica— ¿Crees que a Millen le gustarán las galletas?

—Creo que es muy pronto para averiguarlo, deberás esperar que tenga siquiera un año. Con un par de dientes podrá comer cuantas galletas le prepares.

—¿Siempre preparas galletas para tus hijos? — Miry recordó una vez donde Ciel les regaló un paquete de galletas y otras cosas antes de entrar al abyss.

—A veces, mientras estaba en la ciudad me ocupaba mucho tiempo en el abyss y la muralla. Cuando comencé a estar solo con ustedes me libré de bastante tiempo. Podía ir a casa a cocinar y luego regresar a esperarles. Por lo general tardaban medio día, luego comenzaron a tardar hasta tres días en regresar. Era bastante tiempo libre.

—Oh, entiendo— Miry guardó silencio un largo rato, luego pareció recordar algo y continuó la conversación— Mi mamá preparaba muchas cosas, pero no recuerdo nada de lo que hacía, al menos no sobre la comida.

—¿Te criaste en la aldea tumb? — Preguntó Ciel.

—Afuera, Mare era fuerte, pero se enamoró de un hombre y abandonó la aldea. Las tumbs de la realeza no podían hacer eso. Fue castigada, pero estando afuera de la aldea, nadie pudo castigarla. Hasta que las tumbs llegaron.

—Parece que había muchas reglas para las tumbs.

—Reglas simples. No salir sin permiso. No quedarse afuera sin permiso. No tener hijos sin permiso.

—Pero ahora la aldea…

—Las tumbs sobrevivirán. Al menos aquellas que evitaron morir en la aldea— Miry bajó la cabeza.

—No es tu culpa— Repuso su compañera.

—Solo pienso en que hubieron muchas muertes. Y en que a Miry le habría gustado aprender a cocinar de su madre.

—Yo no conocí a mi madre— Expresó Ciel— Crecí en Selyntos hasta cierta edad, pero mis padres murieron por el abyss, me crio una señora que vendía frutas. Después de eso busqué de aprender algo de matemáticas, era importante para poder vender. Pero hubo una enfermedad y la señora murió. Fue entonces cuando fui a Utghardie, era un lugar mucho más pequeño y aceptaba toda clase de personas— Ciel comenzó a cortar pedazos de la masa para hacer pequeñas bolitas, luego indicó a Miry que hiciera lo mismo— Allí conocí a mi esposo y tuve a mis hijos. Encontré trabajo en la muralla y luego pensé que podría vivir esa vida para siempre.

—Lo siento por tu esposo— Comentó Miry.

—Están vivos mis hijos, eso es suficiente.

—Ahora tienes a Allan—Hubo un silencio y Ciel sintió un sudor frío recorrerle. Miró a Miry y esta le devolvió la mirada, no hubo palabras, pero era obvio que ella lo sabía. Sintió pena en su corazón y de inmediato dejó la masa en sus manos y bajó la cabeza buscado de inclinarse ante Miry.

—Yo… de verdad lo siento, lo siento Miry. Lo hice desesperadamente. Pensé que…

—Miry no está molesta.

—Lo siento, pensé que si le entregaba mi cuerpo a Allan, él sentiría cierto grado de obligación hacía nosotros. Quería que cuidara a mis hijos, fue un acto egoísta.

—Querías salvar a tus hijos, eso no es egoísta— Miry continuó moldeando pequeñas pelotas de masa— Pienso que mi madre habría hecho eso mismo si hubiese tenido la oportunidad y con eso salvarme. Yo quizás… —Miry hizo silencio— Amy nos contó sobre como peleaste contra los orcos en el abyss para proteger a tus niños.

—Mis hijos lo son todo. Solo permíteme llegar a la próxima ciudad y me separaré de ustedes. Solo que…

—¿Separarte de nosotros? — Miry la miró de pronto sin comprender —¿Para qué quieres separarte de nosotros?

—Pues, obviamente para no importunar entre tú y Allan— Ciel mantuvo su cabeza gacha, sin embargo le daba curiosidad el rostro de Miry, su voz de verdad sonaba como si no comprendiese sus intenciones al separarse del grupo.

—¡No quiero que te separes de nosotros. Nadie te está diciendo que te separes!

—Pero yo y Allan.

—Te dije que no me molesta, en cambio tengo una pregunta ¿amas a Allan?

Ciel quedó fría como piedra. Abrió los ojos y observó detalladamente a Miry, esta era muy sería en sus palabras. No había rastro de duda en su rostro. Luego Ciel comenzó a sentir aun mayor pena. Finalmente abrió la boca y aceptó la verdad— No.

—¿Lo hiciste solo por tus hijos? ¿Qué piensas de Allan?

—Allan es… me sentí muy bien con él, debo admitir. Pero no creo que fuese amor, fue más lujuria si debo ser sincera. Allan es, distinto— Esa era la mejor forma que podía expresarlo. Sentía cierto grado de seguridad junto a él y estaba segura de que podía confiarle la seguridad de los niños.

—Allan no es de este mundo— Expresó Miry de pronto y Ciel quedó extrañada. No comprendió a qué se refería con sus palabras— Allan llegó de otro mundo, por alguna razón vino de otro mundo. A veces Miry siente celos de Mena. Mena es confiable y Allan le sigue, pero luego Miry se dio cuenta que amaba a Allan y este la amaba a ella. No importaba si otras personas podían ver lo bueno que era Allan, de hecho es gratificante ver como los demás ven sus mejores cualidades. 

—Es fuerte y confiable— Admitió Ciel de pronto.

—¿Allan ama a Ciel? — Preguntó de pronto Miry.

—No, no creo.

—Debo hablar con Allan, no debería hacer esas cosas con personas que no ama.

—¡No! — Ciel le detuvo— Como te dije, fui yo quien le buscó. La culpa fue mía. Incluso siento que Allan después de eso me miraba con pena.

—¿No hablo con Allan? — Miry aun pensaba moverse para dirigire donde el chico y la mano de Ciel le detenía.

—¡No! Me dará más pena si lo haces Miry.

—¿Qué hará Ciel? — Inquirió la tumb— ¿Qué quieres hacer?

—Si no es atrevimiento, trabajaré y les ayudaré con todo lo que necesiten. A cambio déjame quedarme con ustedes hasta donde hallemos un lugar seguro.

—Ciel y sus hijos pueden quedarse hasta donde quieras. Miry no tiene problemas— Luego se detuvo y guardo silencio unos segundos— Aunque Ciel deberá enseñar a Miry a preparar más comida. Miry quiere aprender esas cosas.

—No tengo ningún problema— Ciel soltó un par de lágrimas las cuales secó con su ropa. No deseaba darle un mal sabor a las galletas por culpa de sus lágrimas saladas— De verdad gracias Miry.

—No necesitas agradecer, Ciel ayudó mucho a Miry y Allan mientras estuvimos en el abyss. Además, Ciel continúa ayudando, es natural estar juntos. 

—Gracias, mil gracias Miry.

—Pero habrá noches en que Allan será solo de Miry, hay veces en que Miry no quiere compartir.

—No entiendo eso de compartir— Expresó Ciel con pena. No estaba enamorada de Allan, estaba segura de eso, sin embargo, la sensación, la lujuria y el placer que experimentó esa noche, continuaba recordándola muy bien. Era algo que toda mujer deseaba cada cierto tiempo.

—Dije que Allan no es de este mundo, creo que fue enviado por alguna razón. Siento que en algún momento Allan se irá. Después de cumplir lo que sea que debe hacer aquí. Se marchará. Asi que Allan no es de Miry, tampoco de Mena, ni podría serlo de Amy o Ciel, creo que Allan no puede ser totalmente de ninguna porque no es de este mundo.

—No es de este mundo…— Ciel quedó en silencio antes de avivar el fuego para colocar las galletas a cocer. La mujer no había pensado en tal opción. Allan obviamente llegó desde el faro de Utghardie, no nació en el mundo de Matneim. ¿Acaso los que llegaban gracias a los dioses, eran de otros mundos? ¿Era eso posible? Y en caso de ser así, ¿para qué? Miry podría decir que Allan tenía un destino y una meta trazada, pero ¿qué era de los demás que llegaban bajo las mismas circunstancias? Ciel estaba muy consciente de cómo los rucks solían morir apenas llegaban. En Utghardie por ejemplo, en ese preciso momento debían de llegar rucks que eran recibidos por una ciudad de orcos.

¿Qué posibilidad tenían un grupo de chicos sin conocimientos ante una multitud de orcos? Lo más probable es que las chicas fuesen violadas repetidas veces hasta morir, y los chicos degollados apenas salieran del faro. Esa era la realidad. ¿Allan era tan especial?

Ciel alzó la mirada, se hallaban en un lugar donde obviamente habían criaturas enormes sueltas, sin embargo, el ambiente a su alrededor era de completa paz. Entonces sintió una leve esperanza, una sensación suave que le permitía creer— Quizás…

—¿Cuándo iremos a rescatar a mamá Mena? — Tania se hallaba acostada al lado de Millen mientras que Miry se hallaba frente a ella, y Fera justo detrás. Los demás se hallaban alrededor de la fogata en la parte exterior. La cama se hallaba dentro de la pequeña carreta que se convertía en habitación por las noches. Fue Fera quien le contestó.

—No seas tonta, ya estamos en camino para ayudarlas.

—¿De verdad mamá Miry? — Inquirió Tania.

—Sí, ya estamos en camino.

—¿Qué tan lejos?

—Estamos a bastante distancia, primero debemos pasar por un par de ciudades antes de poder hallarlas.

—¿Y estarán bien? — A pesar de que solo Tania hablaba, Miry notó que Fera se mantenía muy pendiente de todo rastro de información. Debía de hallarse preocupada también, pero debido a su naturaleza llena de soberbia, no lo admitiría.

—Ellas todavía deben estar en camino, así que debe estar bien. Sin embargo, sabes que tanto Mena como Amy saben cuidarse solas. Son fuertes.

—Amy es la mejor maga que existe, y Mena es muy inteligente— Las palabras de Fera eran casi como un rugido. Millen se movió en su lugar intentando atrapar los dedos de Tania para llevarlos a la boca, cosa que hacía cada vez que podía.

—¿Qué pasa si no las encontramos? — Preguntó Tania, Miry guardó silencio buscando una respuesta dentro de ella. Mea y Amy eran importantes, tanto para ella, como para el resto del equipo. Incluso, si decidían no volver a entrar al abyss y vivir una vida pacífica, sin Mena y Amy era impensable. ¿Qué era ella capaz de hacer si algo le sucedía a cualquiera de las dos? Un escalofrío le recorrió y comprendió que probablemente se repetiría el caso de la aldea tumb. No le importaba si todo era destruido. Después de todo, había comprendido algo importante durante su rescate, y era que ni ella, ni Allan, eran héroes. Tal vez no eran los villanos, pero su atención tampoco estaba enfocada en salvar a todas las personas.

Quizás meses atrás lo habían intentado con la ciudad de Utghardie, pero si un grupo de personas se colocaban en contra de ellos. Ninguno de los dos iba a dudar en aniquilar y hacer lo necesario para poder sobrevivir. En un par de meses pasaron de ser los salvadores de una ciudad, a los aniquiladores de otra. ¿Qué tanta diferencia había en ambos lugares? Miry pensó que quizás ellos habían cambiado su forma de ser y pensar. O quizás todo se trataba de quienes eran amigos o enemigos.

A Miry le costaba entender todas esas cosas, a veces las personas no parecían comportarse de forma agradecida con quienes le ayudaban, o los malos no terminaban perdiendo como se suponía sucedía en las historias. A pesar de eso ella no iba a renunciar a esas fantásticas historias. Por esa razón esa noche se dedicó a contar una de aquellas a las niñas y los hijos de Ciel. Probablemente podrían crecer con aquellos pensamientos llenos de heroísmo en su corazón.

Jao y Siren, los hijos de Ciel, resultaron un par de chiquillos bastante animados que cada vez que podían gustaban de jugar a las carreras. Jao tenía el sueño de convertirse en un gran aventurero y combatir en la ciudad de Adrem a la horda de los muertos junto a los guerreros Omni. Siren por su parte deseaba ser cantante, y podías escuchar como procuraba cantar cada vez que podía. Tania parecía disfrutar de su compañía. Mientras que Fera no tenía objeción con luchar con palos contra Jao. En especial porque terminaba venciéndole la mayoría de las veces.

La caminata se avanzaba mucho durante la mayoría de la noche y parte del día. Todo gracias a los lobos que adelantaban gran parte del trayecto mientras los demás descansaban. A pesar de eso el camino era largo y todos necesitaban restaurar energías, en especial Sombra, Kuro y Shiro. Shun y yo salíamos a cazar cuanta bestia podíamos. Luego Shun iba probando cuales de ellas eran comestibles cuáles no.

Comer bestias a veces no era agradable. No era como los cuentos de algunos aventureros de taberna, que decían que comer carne de bestias aumentaba los poderes. No producía ningún cambio en el organismo salvo por llenar el estómago. Pero algunas carnes eran exageradamente duras o incluso venenosas e imposibles de digerir.

Pasamos un par de días de caminata cuando avistamos la ciudad de Kisha desde una montaña a lo lejos. Para llegar hasta la ciudad debíamos atravesar una pequeña montaña hecha de piedra pura. Esta poseía acantilados prominentes y pocas zonas llenas de tierra en algunas partes. La vegetación tampoco crecía de forma uniforme. Los pocos árboles se sujetaban de los peñazcos con fuerza y desafiaban las leyes naturales. Fue sorprendente ir caminando y de pronto ser recibidos con una lluvia de piedras desde un acantilado.

Debimos resguardarnos y usar nuestra pequeña cabaña carroza como escudo para poder salvaguardarnos del ataque, en especial cuando nos encontrábamos con Millen y los niños junto a nosotros.

—¿Quién nos ataca? — Noté que Stella tenía un enorme terrón de tierra sobre la cabeza mientras que Ciel se hallaba tendida sobre Tania, Jao, Fera y Siren como si fuese a usar su propio cuerpo como escudo. A decir verdad no había necesidad, Shun Sombra y yo giramos suficientemente rápido el carromato para poder salvaguardarnos a todos.

—¿Vamos maestro? — Asentí con la cabeza e hicimos señas a los lobos para que cubrieran la retaguardia. La única razón para no haber atacado antes era la presencia de los niños, pero después de colocarles bajo protección. No había nada que temer.

Salí desde la derecha de nuestro escondite corriendo por el acantilado. Sentía como mi pie no se mantenía firme en el ascenso, pero solo debía aumentar mi velocidad y compensarlo con mis estadísticas. Me preocupé cuando vi como una roca de gran tamaño comenzó a caer en nuestra dirección con gran estruendo. Podía romperla en dos pedazos usando toda mi fuerza y mi espadón. Pero igualmente caería, y debajo de nosotros se hallaban Ciel, Miry, Stella y los niños.

—¡Sombra! — El lobo enorme recibió el impacto directo de la roca y con un movimiento de su cuerpo entero desvió esta a un lado del camino que transitábamos.

Me había detenido al igual que Shun para observar la situación. Sombra cayó al suelo aullando de dolor, obviamente no era una herida de muerte, quizás se había roto uno o dos huesos, nada que una gema de curación no remediase. Nosotros terminamos de subir la empinada cuesta. Blandí mi espada y estaba a poco de bajarla cuando me percaté que se trataban de un pequeño grupo de hombres mayores y un par de chicas, armados con piedras, palos, escardillas y herramientas de arado.

—¡Espere maestro!

—¿Qué hacen ustedes con criaturas? —Escuché un par de gritos y los rostros asustados de aquellos hombres.

—¿Por qué nos atacan? — Pregunté.

—Criaturas de abyss— Señaló un chico joven en dirección a mis lobos.

Tuve ganas de rebanarles, al menos por ser tan estúpidos para no percatarse que nosotros íbamos con los lobos y que estos no nos atacaban. Además, Sombra se hallaba herido por una roca en la parte de abajo. Por su contextura y su reacción deduje que no debía de ser una herida fatal, pero aun así, todo sucedía por tonterías de personas a quienes no conocíamos.

—¡Esos son mis lobos! ¡Vienen conmigo y mi familia! — Repuse.

—¡Está siendo dominado por una criatura demonio! — Un viejo señaló a Shun y yo casi suelto la risa ante la acusación.

—Cambié de opinión maestro, mátelos a todos— Shun desenfundó su arma y comenzó a avanzar.

—Calma Shun— Ya estaba bastante iracundo, pero aun así busqué de guardar mi compostura— No somos criaturas ni dominados por ninguna. Shun aquí es mi discípulo, mientras que allí abajo está mi familia. Mis lobos me ayudan a protegernos y a movilizarnos— Comenté bajando el espadón mientras que los hombres comenzaron a discutir sin dejar de observarnos. Era tedioso.

—Deben ser de la ciudad de Kisha— Expresó Shun y acertó al instante. El grupo de hombres eran lugareños que protegían aquella sección que se dirigía a la villa de toda clase de criaturas. Kisha no era una ciudad, en cambio se trataba de una villa con menos de doscientos habitantes. La gran mayoría eran ganaderos y agricultores que trataban sus propias tierras. Luego de que el abyss soltase a cualquier cantidad de bestias, los hombres se habían puesto de acuerdo para proteger las secciones por las cuales podían entrar las bestias. De esta forma habían protegido a la villa.

Mi primera tarea rumbo a Kisha fue curar a Sombra y revisar los pedazos restantes del carromato. Los hombres se disculpaban con nosotros, y, aunque entendía sus intenciones y proceder al atacar con piedras. Aún así les odiaba por quitarnos nuestro principal medio de transporte y comodidad, sin contar la herida de Sombra y el susto por parte de todos. 

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