48. RAZÓN

Miry era una tumb que permaneció huérfana encerrada en el palacio de la aldea tumb, por tanto sus conocimientos se resumía a los cuentos que las tumbs más ancianas contaban a las más jóvenes en las noches. Eran esos relatos su mayor fuente de información sobre el mundo exterior y sobre las reglas que regían la vida en el mundo de Matneim.

Para todos era sabido que los niños se alimentaban de la energía de la madre para poder nacer, por ello cada mujer en etapa de gestación debía guardar descanso, pues su cuerpo estaba débil. Por tal motivo Miry de inmediato relacionó que la energía usada para realizar magia era la misma que debía ir al bebé para que este creciera.

Lo que Miry no sabía, debido a que la ciencia en su mundo estaba muy atrasada era que de hecho la magia aceleraba el proceso de crecimiento de cualquier feto. La causa es que la energía usada para alimentar a un bebé era proveniente de los nutrientes descompuestos al comer. Mientras que la energía para la magia se trataba de la quema del alma y el espíritu e cada individuo. El acto de activar magia mientras se hallaba embarazada era para el bebé una fuente extra de energía para su crecimiento. Pero Miry no podía saber esta información, y por tanto se negaba a sí misma a usar todo tipo de magia mientras acariciaba la pequeña panza que se iba pronunciando.

En cambio permaneció la noche en vela, segura de que sus amigas llegarían para salvarle en cualquier instante. No fue hasta que el sol salió por entre los árboles que Miry comprendió que nadie iría en su ayuda y que debía luchar para salvarse a sí misma y su hijo. Fue en ese instante que comenzó a pensar en formas de escapar de allí, esconderse en el bosque y salvarse a como diese lugar. También por eso le sorprendió ver a Jine esa mañana a pie de su celda.

—¿Piensas morir?

—No— La respuesta fue sincera, a pesar de que Miry aún no hallaba la solución a no usar magia ni luchar pero lograr escapar del lugar.

—¿Escaparás?

—Si no hay más opción.

—¿Qué necesitas?

—¿Ayudarás?

—No creo en ti, pero tampoco creo que deban matarte antes de que nazca tu hijo. Además, los guardias dicen que tu res candidata a reina.

—No gobernaría la aldea tumb aunque mi vida dependiese de ello.

—¿Por qué odias a las tumbs? Eres una de nosotras.

—No odio a las tumbs, odio la aldea, la idea de estar acá, de reglas tontas que Miry no comprende mientras el resto del mundo pelea contra Emerant o los muertos en el norte. La aldea tumb no podrá permanecer, será arrasada y comida por no pelear.

—La guerra lleva cientos de años, las tumbs nunca han participado.

—La diosa Emerant salió del abyss, las reglas no son las mismas, las criaturas ahora crecen a ritmos increíbles.

—¿La diosa Emerant?

—La gobernante del abyss.

—¿No podía salir del abyss?

—Aparentemente no.

—¿Y qué tiene que ver eso con las tumbs?

—Que las criaturas no ven diferencia entre un humano y una tumb, atacan por igual a todos.

Jine permaneció en silencio un rato, como si reflexionase sobre algo, luego giró el rostro y preguntó— ¿Qué necesitas para escapar? No te daré ningún arma.

—Mis botas, y una tela flexible.

—¿Escaparás con la tela? — Preguntó la otra tumb.

—Necesito sujetar bien mi vientre, a un punto donde no se mueve incluso si peleo.

—Entonces solo eso, no te traeré nada más. El resto dependerá de ti.

—Gracias Jine.

—No me agradezcas, mi hermana tiene una hija desaparecida, se llama Gela, si la encuentras, tráela por favor, pagaremos cuanto desees.

—¿Fue vendida como esclava?

—No lo sabemos, desapareció hace casi un año. Mi hermana está destrozada, la niña tiene problemas en uno de sus brazos, le tiembla cada cierto tiempo. No podía ser una tumb guerrera. 

—Entiendo, si Miry ve a una tumb así, la traerá a la aldea tumb.

—Te agradezco, vuelvo en unos minutos.

El plan de Miry era simple, forzaría la cerradura de la puerta con un poco de magia fuego y fuerza bruta. Luego descendería hasta la zona de la guardia real, el mejor lugar para esconderse mientras los demás le buscaban por el resto de la aldea. Finalmente la nueva reina daría orden de protegerla y los guardias cerrarían el paso al palacio y árbol real. Allí sería más fácil ascender al punto más álgido de la copa de los árboles de la zona residencial y escapar por la zona superior del bosque.

Jine tardó medio hora en regresar, su mirada era turbia y se notaba a simple vista que se planteaba si sus acciones eran las mejores— La guardia actual es mi amiga, me dijo que en media hora saldrá unos minutos a comer, será el momento de salir.

—En media hora sal de la ciudad junto a tu hermana.

—¿Qué harás?

—Buscaré de escapar sin que nadie lo note, pero si lo necesito estoy dispuesta a incendiar el palacio real. El problema es que el fuego no se controla.

—Y se puede propagar. ¿Qué harán aquellos que se queden sin hogar?

—Vayan al sur, a la ciudad de Ibis, allí podrán vivir sin problema. En el extremo sur del lago.

—No dejes que tu hijo muera entonces— Jine se marchó dejando las cosas en el suelo junto a un emblema del gran árbol. Algo que Miry tenía mucho sin ver ni usar, un emblema de la familia real. Este estaba hecho en madera blanca total y decorado con detalles dorados. Era algo que la familia real usaba en el cabello. Sin embargo Miry decidió usarlo en sus botas, después de todo era la prenda más importante para ella.

Los minutos transcurrieron entonces como horas, el tiempo se hizo lento y la idea de salir le comía por dentro. Entonces la guardia de turno hizo un ruido y salió por la puerta del pasillo con estrépito. Miry estaba lista para salir cuando de la nada un brillo azul brotó desde el suelo. Unas líneas brillantes se dibujaron en la celda y luego se escurrieron por las paredes del lugar, llegaron hasta el techo y llenaron la instancia con su resplandor.

—Suprimida— La voz fue masculina, una voz grave y extraña que Miry no había escuchado jamás. Se asomó por la ventanilla de la puerta y observo a un hombre de piel azulada junto a un grupo de guardias— No podrás usar magia, ni aquí ni dónde vas, no vale la pena resistirse entonces.

—¿Qué sucede? — Preguntó Miry viendo como llegaban hasta su celda un comité bastante particular. En especial por la presencia de un par de seres de piel azulada que emanaban un aire gélido a su alrededor.

—Trajimos al jefe de la tribu Sheltar para evitar cualquier incidente en tu ejecución. A cambio tu sangre y la de tu hijo serán para ellos— Jeri era una tumb en extremo delgada de ojos saltones y orejas algo cortas— Aprésenla — Dio la orden y tres tumbs entraron en la celda para sujetar a Miry.

—¿No podemos matarla aquí mismo? — Preguntó el hombre de voz ronca.

—Tiene que ser en la plaza, su muerte debe ser pública, ella fue quien mató a mi madre, la antigua reina.

—¿Crees que me voy a dejar? —Miry alzó su brazo y activó dentro de su cuerpo las flamas, dejó que estas recorriesen desde su abdomen hasta su mano, pero las llamas no se activaron. No hubo nada. La sorpresa y el miedo le embargó ¿acaso se podía bloquear la magia de alguna manera? No estaba allí para averiguarlo tampoco.

Quizás no pudiese usar magia, pero aún tenía sus piernas, no dejaría que su hijo sufriera. Aquello era la prueba de su amor por Allan, no podía perderlo así.

Saltó por la habitación tomando impulso y velocidad, mientras rebotaba en las paredes, para finalmente poder propinar una patada a los barrotes de la ventana y hacer que estos cediesen ante su potencia. Miry salió por la ventana cayendo unos diez metros hasta la rama más cercana. Corrió sobre esta y saltó hasta el puente de madera cercano que se hallaba a unos cinco metros de distancia.

Jeri quedó boquiabierta viendo como la figura de la tumb saltaba ahora por sobre los árboles— ¡No habrá ningún trato de sangre si no logras matar a esa maldita tumb!

—No hay necesidad de exasperarse reina, ella es nuestra presa, no dejaremos que escape— El hombre alzó su brazo y dos tumbs cayeron muertas a los lados, la sangre viajó por el aire y se concentró en un solo punto. Una figura blanca se formó al cabo de un minuto.

No poseía rostro alguno, solo había en su cara un semicírculo rojo. Su piel era totalmente blanca y en extremo delgada. Sin sexo aparente, solo líneas rojas que cruzaban el cuerpo en diferentes lugares.

—Sigue a la tumb que acaba de salir de aquí, no la mates, tráela frente a nosotros. Yo me encargaré de matarla con mis manos.

—Acabas de matar a dos tumbs— Comentó la reina.

—¿Quieres a la prisionera, o no?

—Ya están muertas, diremos que Miry las mató al huir, pero no asesines a otras en el camino. No está incluido en el trato.

La figura blanca saltó por la ventana de cabeza al vacío. Giró su cuerpo en el aire y cayó sobre una rama moviéndose más rápido de lo que cualquier tumb hubiese presenciado previamente. La velocidad era tal que la corteza de los árboles y las tablas por donde aquel ser pisaba se convertían en añicos que llenaban el aire.

—¿Qué? — Una vieja tumb apenas pudo ver cuando una sombra blanca cruzó un puente y este se desintegró en pedazos. Las dos tumbs que se hallaban cruzando buscaron de sujetarse a las cuerdas que unían las tablas desde el interior, sin embargo estas también terminaron rotas.

Así los gritos llenaron de pronto la aldea, gritos de alarma y tragedia, gritos desesperados pidiendo detuviesen a la monstruosidad que destruía todo por donde pasaba.

Miry no pudo ver la sombra ni los destrozos hasta un segundo antes de que esta sellase sus movimientos. En un momento corría por encima de un tejado y saltaba a otro, cuando de pronto las casas y los trozos de madera saltaron al aire. Su cuerpo se halaba envuelto en un tenido blanco extremadamente apretado y un ser extraño le llevaba a rastras mientras se aferraba a un árbol. 

¿Qué rayos era eso? Afortunadamente ya no se hallaba encerrada en la habitación y las llamas ardían dentro de ella— ¡Ads fuego!

Las flamas brotaron de sus manos y se concentraron en la piel blanca que le envolvía. Las concentró lo más que pudo en un solo punto hasta que la flama se hizo de un amarillo brillante y comenzó a cortar la carne misma. La criatura comenzó a mover la cabeza desesperadamente sin poder gritar. Su cuerpo se movía por entre los árboles dando enormes saltos al tiempo que su cuerpo era desgarrado. Lo que Miry desconocía es que las bestias de sangre a pesar de sentir dolor, no podían dejar de lado su misión. Aquello era la razón de su existencia misma, su misión lo era todo, y estaban dispuestas a morir por tal causa.

La bestia de sangre modificó su cuerpo para obtener dos brazos más que salían desde su espalda y comenzó a golpear el rostro de Miry a fin de poder detenerle y transpórtale al mismo tiempo.

Miry sentía los golpes que le sacudían el cerebro. Aquello no era nada en comparación a luchar contra un bulette o un minotauro, sin embargo era difícil mantener la concentración en su magia bajo esas circunstancias. ¿Qué consecuencias habrían si aumentaba la intensidad? Pensó en su hijo, pero luego razonó que de otro modo aquel ser que vivía dentro de ella no podría nacer.

—¡Ads ignición! — Era una magia que apenas aprendió a usar, extremadamente potente. La inició desde el centro de su cuerpo y expandió a su alrededor. La carne que le envolvía se desprendió en pedazos debido a la enorme explosión que sucedió a mitad del aire.

La bestia de sangre se vio quemada a cuerpo entero. El aire a su alrededor era fuego mismo que amenazaba con consumirlo todo a su paso. Las ramas y el follase se secaron al instante e incendiaron. Las casas por debajo comenzaron a arder ante el calor abrazador que emanaba desde las copas de los árboles.

Miry aterrizó sobre una rama con vapor emanando de su cuerpo. El aire por encima de su cabeza aún se encontraba lleno de fuego, la combustión se esparcía en todas direcciones buscando oxigeno que quemar. Las tumbs en las cercanías corrían en todas direcciones sin saber dónde era seguro. El ataque provenía del cielo y fue tan rápido que nadie comprendió qué había sucedido. Todo se quemaba de la nada.

Miry observó su alrededor intentando reconocerlo. El tiempo había pasado, pero pudo ubicarse, se hallaba en la zona norte, cerca de la plaza y los caminos que salían dela aldea. Podía hacerlo, una vez estando afuera, era menos la cantidad de ojos que estarían detrás de ella y de ese modo escapar era más sencillo. Acarició su barriga antes de comenzar a saltar nuevamente.

Avanzó unos cien metros cuando algo le sujetó el pie. No era una mano, se trataba más de un nudo amorfo de piel. La criatura blanca reapareció justo a su espalda, quemada, pero luchando por retenerla.

—Ads ardor— Pronunció apuntando al pedazo de piel que se aferraba a ella. Sin embargo la bestia de sangre atacó con tres látigos de carne en dirección a Miry. Esta esquivó los dos primeros y quemó el tercero. De pronto el látigo en su pierna se volvió más grueso y la figura se desplazó por el suelo para rodearle y apresarle nuevamente. Miry cayó tendida al suelo. La piel blanca rodeó su boca nariz y ojos.

Forcejeó en primera instancia para escapar, luego para poder vivir pues estaba siendo ahogada. De pronto la cabeza comenzó a dolerle y todo fue negro. Perdió la consciencia mientras su pecho se alzaba desesperadamente.

Miry despertó respirando entrecortado. Se hallaba en la plaza imperial nuevamente. Frente a ella la guardia real le observaba desde unos veinte metros de distancia. Detrás de estos se hallaban algunas tumbs civiles o miembros del palacio. Podía reconocerles por los distintos trajes que portaban cada una de ellas.

Sintió las voces frías detrás de ella. Hablaban sobre su sentencia, y a pesar de que estas se expresaban en voz alta Miry apenas podía escucharles. Eran circunstancias extrañas, su muerte estaba allí y no le era sorpresa alguna, ella había matado a la antigua reina, sabía desde el inicio que este era su fin. No obstante ahora tenía un hijo en su vientre, uno que estaba segura se estaba agitando en ese instante con fuerza.

—Una asesina la cual ha confesado sus crímenes contra la aldea, los cuales incluyen el asesinato de nuestra antigua reina, traición contra sus hermanas, engendrar el hijo de un aventurero y no presentarlo a la aldea…

Detrás de Miry se hallaba la nueva reina, su hermana dos guardias, dos seres azulados y aquella criatura de piel blanca. La última no tenía siquiera rostro dando una apariencia fuerte y repugnante a la vez.

El suelo a sus pies brillaba con una luz azulada intensa. La magia no se podía realizar en ese lugar. Quizás podía luchar contra las tumbs, pero contra esa cosa blanca era muy difícil, aún más sin el uso de magia. Tampoco conocía las capacidades de aquellos seres de azul, pero el instinto le decían no eran nada débiles.

Se sentía sola en extremo, sola con su hijo en su vientre. Un bebé al cual le había fallado desde antes de nacer, ese era su mayor dolor, fallarle. No había podido siquiera verle, pero sentía que le debía la vida.

—Quizás— Podría usar su propia vida para estallarlo todo, aunque se hallaba la restricción de magia, eso quitaba la oportunidad.

Su ejecutor iba a ser aparentemente uno de los seres de azul, pues uno de ellos se acercó portando su lanza en la mano. Una lanza, ese sería el objeto que le cegaría la vida. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas copiosamente. Deseaba ver su rostro, verle crecer, saber que gustos tenía. ¿Acaso eso fue lo que sintió su madre justo antes de morir? — Mare, mamá, Miry va a hacerte compañía, te extrañé tanto…

Algo sucedió con su cuerpo, se sacudió violentamente sin ella poder controlarle. Se levantó de puntillas ante la orden del ser de azul que levantaba su brazo en el aire. De pronto el dolor embargó a Miry y la sangre comenzó a manar de su cuerpo por nariz, boca y ojos.

Miry giró a un lado, no deseaba verles a la cara, no así. Entonces notó como el árbol real se agrietó un poco, una grieta que subió por su corteza y… estalló.

La manera del árbol se rompió en añicos y tanto el castillo como las plataformas de madera, incluida en la que Miry se hallaba se desplomaron en caída libre en ese segundo.

Miry podía mover su cuerpo nuevamente, un pedazo de madera se clavó en su brazo, pero aquello no le importó en lo absoluto. Se hallaba en descenso y no había nada de donde sujetarse. Tanto madera, ramas, plataformas y tumbs se hallaban cayendo directamente al suelo. Los árboles más cercanos se hallaban a varios metros de distancia. Lo único que podía hacer era girar su cuerpo para caer sobre sus piernas. Estas claramente se romperían en pedazos, pero si giraba su cuerpo después de eso, sin duda podría salvar la vida que llevaba en su vientre.

Cuarenta metros de descenso transcurren en el lapso de dos segundos. Un periodo de tiempo tan corto que el cerebro apenas tiene tiempo de procesar. Afortunadamente para Miry, ya este al sentir su muerte inminente había liberado tiroxina y adrenalina en cantidades enormes. Aquello servía para reaccionar a cualquier impacto y moverse rápidamente.

El resultado fue Miry virando en el aire y notando como el suelo se hallaba frente a ella a solo pocos metros. Luego un círculo apareció frente a ella y un par de brazos le sujetaron de la cintura.

¿Era posible? Lo más probable es que hubiese muerto y estuviese alucinando al respecto. Allan se hallaba frente a ella mirándola fijamente, lucía mayor a como ella lo recordaba, pero su mirada era la misma. Una mirada tranquila que le brindaba paz. Le abrazó tan fuerte que podía sentir su respiración contra su piel. No quería soltarle por nada del mundo.

—Llegué tarde, lo siento.

—Pero llegaste. No pensé… —Sus lágrimas brotaron por primera vez de felicidad. Él había llegado, no solo para salvarla a ella, sino a su hijo. Podía sentir la esperanza llenándole. Con Allan allí, era posible.

—Ads vida, ads revitalia, sanación— La dejó bajar y ella sintió como la vida llenaba su cuerpo. Se hallaban en uno de los extremos de la aldea.

—¿Dónde estabas?

—Perdido, en un calabozo dentro del abyss.

—Fue mucho tiempo.

—Lo compensaré como deba hacerlo, lo siento mucho ¿cómo está? — Allan observó su barriga y ella sonrió.

—Creo que bien, he buscado de protegerlo cuanto he podido. No ha recibido golpe directo alguno.

—Bien, no te muevas entonces, debo ir a solucionar algo con un par de enemigos— Comentó este.

—¿No podemos escapar? Miry no quiere luchar más— Aun se podía escuchar el estruendo de pedazos de madera de miles de toneladas caer al suelo. La tierra temblaba y los árboles se mecían debido al temblor y el viento.

—La tribu Sheltar no te va a dejar ir así como así Miry.

—¿Los sheltar?

—Los que tenían piel azul.

—¡Oh sí! Miry los vio.

—Tienen criaturas capaces de rastrearnos. No podremos escapar incluso si salimos de la aldea y el bosque. Nos seguirán donde quiera que vayamos.

—¿Solo nos queda pelear?

—No, a ti te queda quedarte aquí. A mí me queda pelear, después de todo dañaron lo que es más valioso para mí.

—¿Te refieres a Miry y a tu hijo?

—Sí, me refiero a ti y al bebé.

—¿Puedes contra ellos? — Preguntó ella.

—Tendré que averiguarlo— Allan se introdujo en una puerta dimensional y desapareció del lugar.

Miry cayó de rodillas, estas temblaban descontroladamente y las lágrimas caían por cuenta propia— Ya estás bien, tu papá llegó a rescatarnos, ya no hay por qué preocuparnos, ya no hay porqué preocuparnos.

Hubo una nueva explosión y toda la aldea se sacudió. Las tumbs sacaban a cuantos podían de la aldea en carrera, los comerciantes corrían despavoridos en la zona inferior y las hojas llovían a cantaros en todas las direcciones. 

Hubo una nueva explosión y toda la aldea se sacudió. Las tumbs sacaban a cuantos podían de la aldea en carrera, los comerciantes corrían despavoridos en la zona inferior y las hojas llovían a cantaros en todas las direcciones. Miry podía sentir el sufrimiento del bosque, era como si los árboles llorasen.

Sentía el lamento y las hojas caer por doquier, el bosque moriría a ese paso. A pesar de sentirlo, no había nada que ella pudiera hacer para salvarle, moriría de una forma u otra. Además, pese a lo que cualquiera pensaría, el bosque no lloraba por su propia vida, sino por las vidas que se perdían dentro de él. Esa era la naturaleza de tal lugar.

Lo mejor que Miry podía hacer era irse, salvar a su hijo y…. pero Allan estaba allí ¿debía dejarle? ¿Después de todo? Algo dentro de ella le decía que se arrepentiría de hacerlo. La lucha había comenzado, ella podía sentirlo, el bosque entero resonaba mientras las tumbs huían del lugar.

Aquello era sin duda el fin de la aldea, sin el árbol real y el palacio, el resto eran casas en las copas de los árboles. ¿Qué sucedería con las tumbs entonces? La verdad poco le importaba, no les odiaba, pero tampoco tenía en su mente la necesidad de cuidarles. Era una dualidad dentro de ella. ¿Por qué debía de importarle ser de la realeza? Aquello no había traído prosperidad ni bienestar a las tumbs, no a las que ella conocía. Eran vidas probablemente valiosas, pero tampoco eran tan cercanas como para llorar y lamentar cada una de aquellas pérdidas.

Se movió acercándose a la lucha, lo podía saber debido a los sonidos de golpes y estruendos provenientes de aquella zona de la aldea. Sin embargo, algo no estaba bien. Un estruendo resonó y pudo notar como varios árboles cayeron en la lejanía, sus troncos cedían hacía un lado y quedaban torcidos. Sostenidos por otros a su alrededor.

Lo extraño es que ella conocía bien cuan fuerte era Allan, pero lo que comenzó a observar no tenía comparación. No era siquiera una lucha posible. ¿Qué estaba sucediendo? Apenas sus ojos podían ver las sombras de ellos cuando aparecían antes de desaparecer nuevamente y notar la sucesión de golpes resultantes.

¿Qué nivel era Allan? ¿Acaso era nivel cincuenta? ¿Había dominado por completo la magia prisa? ¿O era un nuevo tipo de magia puerta dimensional? El hecho es que desaparecían de pronto y reaparecían en cierto lugar.

Allan se hallaba luchando contra tres figuras. Dos de ellas lucían armaduras extrañas negras bañadas en rojo, mientras que la otra era la misma forma blanca que le había capturado con anterioridad.

Las espadas parecían volar y cada choque producía un estruendo y el viento de pronto explotaba con retraso. Una de las formas negras fue detenida y su espada no se pudo mover, pero la otra propinó una patada en la espalda de él. Allán voló atravesando el bosque, al chocar rompía incluso la madera y las piedras.

—¡No! — Grito. Moriría, pensó. Nadie podía sobrevivir a tal golpe, sin embargo Allan de pronto reapareció y de una patada destrozo aquella cabeza de hierro de una delas figuras negras.

¿Qué era eso? ¿Qué clase de fuerza era aquella? Siquiera era humanamente posible. No, los razonamientos de lo humano lo habían superado hace mucho. Pero siquiera era comparable a la vez que luchó contra el ángel. En aquel instante ella siquiera podía seguir el ritmo de la batalla y ver los movimientos de la espada. Ahora era imposible.

A pesar de que una de las figuras había sido reducida, la pelea no era menos intensa, al contrario, parecía que era más ardua y los golpes aún más fuertes.

Entonces Miry notó a tres figuras de cuerpos azulados. Se hallaban al igual que ella sobre un árbol cuya rama fue congelada casi por completo. La del centro la reconocía, era el líder de aquellos seres. Este la miró pero parecía no importarle, su aura y expresión le decían que Allan era más importante. La lucha que mantenía abajo era más relevante que tomar su vida. No, la vida era más relevante que la suya. Entonces se decidió.

Me moví a la izquierda y derecha, zigzagueando para esquivar los embates de aquellas dos figuras. Desplacé mi espada para chocar contra la del caballero mientras esquivaba los ataques erráticos de la figura blanca que podía despedazarse y crear nuevas extremidades en el proceso. Era como una masa de gelatina amorfa que creaba brazos y piernas a conveniencia.

No sabía qué clase de magia creaba a una criatura como esa, pero era aterradora. Emanaba un aura igual de imponente que la del cabalero negro. Peligrosa en extremo.

Mi control de la espada había crecido. Podía blandirla para desplazar aquellos golpes, incluso podía verles como si se movieran a una velocidad lenta, sin embargo, aunque lo viese, mi cuerpo no se movía a ese ritmo, así que muchas veces no podía esquivar del todo sus golpes. Tan solo me preparaba creado pequeños escudos de magia en el lugar del impacto. Ponía todas mis defensas en aquel lugar de impacto y luego aplicaba sanación y regeneración al instante en que me tocaba. Era la única forma de no morir contra aquellos golpes.

Tenía no obstante un par de cartas bajo mi manga, el entrenamiento había servido para conocer un poco más mis límites y saber que estaba usando apenas un atisbo de mi actual potencial. Las magias eran útiles de formas que yo no sospechaba y moldeables según el usuario le conviniese. Yo solo no había sido muy creativo y no había entrenado como era debido en mucho tiempo. Ello se debió a mi apuro por descender en el abyss y atravesar aquella mazmorra. Sencillamente no me tomé el tiempo para poder asimilar mis nuevas estadísticas.

Bloqué un golpe de aquella cosa blanca y dejé mi espadón en el aire para moverme más rápido y atacar a la armadura que se hallaba abierta luego de balancear su espada contra mí y esta estrellarse en el suelo.

Giré mi cuerpo en el aire y patee su rostro. Coloqué armadura en el pie para protegerme y apliqué magia electro en el proceso. Primero sucedió el golpe, luego la armadura resintió la magia y finalmente la explosión contra aquel rostro. Algo de sangre salió de allí, sin embargo aquello no era suficiente para matarlo, lo sabía bien. Por tanto me moví y propiné tantos golpes como pude directo a su rostro. Debía morir a como diese lugar.

La armadura negra se retorcía con cada golpe, pero aquella cosa aun así no quería morir. Entonces sentí como una cuarta pierna de aquella criatura blanca me golpeó en un costado.

No había armadura alguna en mi cuerpo. No me quedaba ninguna y la piel directamente sintió la explosión de poder. Mi espalda explotó y noté como mi piel se abrió como una flor por donde salió sangre.

—Ads sanación, ads revitalia, ads vida, ads regeneración— Grité cuando fui expelido en alguna dirección. Sentí como chocaba contra objetos sólidos mientras mi cuerpo estallaba de dolor en múltiples lados. Las magias funcionaban, pero el costo era alto. Me cansaban de forma rápida. Podía sentir como mi cuerpo se drenaba a raudales a pesar de magia revitalia.

La razón era simple. La velocidad con la que acumulaba energía incluso con magia revitalia, era mucho menor a la velocidad con la cual la gastaba. Quizás si amaestraba la magia revitalia podría solventar aquello, pero en ese mismo instante lo único que podía sentir era cansancio.

El mayor inconveniente se debía a que había usado cantidades enormes de magia previo a llegar a la aldea tumb. Esto fue debido a que no sabía dónde estaba ubicada la aldea y debía evitar cuanta lucha pudiese. Entonces solo saltaba de puerta dimensional en puerta dimensional a grandes distancias para atravesar las montañas. Pero luego de eso, me hallé perdido sin hallar la aldea de ninguna forma, solo podía usar más magia de puerta de un lado a otro sin pista alguna. O así fue hasta que vi un árbol enorme en las lejanías. Entonces supe donde se hallaba.

Me levanté solo para ver como la figura blanca batía su brazo en mi dirección. Me lancé nuevamente al suelo y rodé por este. Era peligroso, una decena de árboles fueron rebanados por aquel brazo que de pronto se había convertido en algo filoso.

Mi lucha se mantuvo así durante varios minutos. Ambos lanzábamos golpes que no recibían demasiado efecto en el otro. Yo bloqueaba y el de alguna forma suprimía los efectos físicos en cada golpe.

Golpee su rostro, pero mi mano solo fue engullida por aquella cosa viscosa y… No sucedió nada. Aquella cosa parecía invulnerable en varios sentidos. Eso complicaba en muchos sentidos una batalla. Entendí también que debía de ser un enemigo formidable y aterrador para las personas comunes. Apliqué magia— Ads electro, ads fuego, ads veneno— La respuesta era simple, donde la fuerza física no servía, la magia sí.

La cosa comenzó entonces a inflar su rostro y pensé que explotaría en cualquier momento. No obstante un nuevo brazo surgió e intentó cortarme nuevamente. Salté, dejando que su miembro pasara a un lado y se enterrase en un pedazo de tronco a mis pies.

Si quizás aquello no funcionaba, entonces debía ser más creativo aún. —Ads electro— imaginé una bola de magia donde la criatura estuviese en el medio y dejé que mi energía fluyera. Fue efectivo. Aquella bestia de sangre comenzó a retorcerse de un lado a otro de pronto y luego sus músculos se relajaron a los lados. Sus extremidades cayeron dejándome saber que, o estaba muerto o fuera de combate. Era difícil saberlo pues no sabía siquiera si respiraba.

Había vencido a duras penas a tres bestias de sangre, entonces alcé mi vista al jefe de la tribu Shltar, altivo como siempre, incluso en la distancia era obvio que esbozaba una sonrisa. Yo no era un contendiente para él. Solo aquel intercambio de miradas me dijo algo. Él era capaz de crear cuantas bestias de sangre fuesen necesarias. En cambio yo no resistiría tal embate, mi resistencia tenía un límite inferior al suyo.

—Es tonto continuar humano.

—No esperaba verte aquí, pensé que tu territorio estaba en las montañas.

—Te dije que no cruzarías las montañas.

—Y no las crucé— No mentí, no exactamente. Usar magia de puerta dimensional no era haber cruzado las montañas, no en el modo estricto de la palabra.

—¿Pretendes jugar conmigo humano?

—No pensé siquiera verte aquí.

—La tribu Sheltar y las Tumbs tienen un acuerdo juntos desde hace miles de años.

—Ammmm, creo que no comprendes lo delicada y fina que es la política actualmente. Esas cosas como acuerdos antiguos pierden validez fácilmente en la actualidad, más cuando se habla de guerras— Estaba aprovechando para recuperarme y dejar que mi cuerpo se rellenase de energía. La necesitaba si iba a luchar contra aquel hombre. Había activado revitalia un par de veces y el ritmo era fuerte, pero tardaría algo de tiempo antes de estar en mi cien por ciento.

—¿Sabes por qué existen los humanos? — No comprendí del todo su pregunta, pero noté que dio un paso adelante— Fue por error. Eran un tipo de raza que vivía poco, tonta y sin afinidad por la naturaleza. Pero se reproducía a un ritmo increíblemente rápido. En solo dos cientos años eran miles. Parecía que lo único en lo que eran buenos era en reproducirse. Por eso se les dejó vivir, eran perfectos para ser sacrificios y tributos a los dioses. Observé como el jefe de la tribu Sheltar saltó de aquella rama de árbol, mientras que en silencio recitó unas palabras que no pude escuchar. Sin embargo me preparé con magias de defensa. Aunque debo admitir, no sirvió de nada.

La tierra bajo mis pies se estremeció y desgarró de pronto. Sentí que mi cuerpo se despegaba del suelo y todo dio vueltas. A mi alrededor los árboles fueron arrancados en pedazos que salieron expelidos en dirección al cielo. Todo fue levantado: tierra, rocas, árboles, ramas, hojas e incluso yo.

Fue como si de pronto nada me sostuviese a la tierra y pudiese volar. No, peor aún, era como si lo que era debajo de pronto fuese arriba y a los lados. Algo muy difícil de explicar. Sencillamente no había ni arriba ni abajo ni ninguna dirección. Me hallaba girando en el aire junto a todo lo demás sin poder moverme.

Activé magia de puerta dimensional para salir de allí, pero no sabía cómo moverme hasta esta. Cuando me fui adelante sentí como subía y me alejaba del círculo.

—La magia es solo la manipulación de las leyes e la naturaleza. Cuando entiendes las leyes en la naturaleza, puedes hacer cosas increíbles.

De pronto caí al suelo. Sobre mí se estrellaron dos troncos y una roca enorme. Sentí que era destripado y presionado. Iba a desmayarme en cualquier momento debido al uso de mis magias de sanación. No debí haber luchado contra aquel ser. A pesar de eso salí de entre los escombros y pedazos. Noté como a mi alrededor toda una sección del bosque se hallaba destruida y resumida a pedazos de madera y tierra en escombros. Ya no existía la aldea tumb. Todo fue destruido y resumido a escombros.

La imagen frente a mí era desoladora. Todo se perdió en el lapso de un par de segundos.

—Esa es la diferencia en los conocimientos y el manejo de la magia— Estaba frente a mí. El jefe de la tribu Sheltar estaba frente a mí de pronto y era aterrador. No obstante me levanté del suelo y dispuse a enfrentarlo, de alguna forma— Ahora, ¿qué harás si no puedes usar magia?

Quedé helado ¿no poder usar magia?

—¿No sabías? — Un círculo azul se dibujó en el suelo destrozado y las maderas bajo mis pies— Puedes bloquear el vínculo natural de un usuario.

No supe qué hizo, pero su efecto fue inmediato. Toda magia se fue de mi cuerpo y sucumbí ante el dolor. Mi cuerpo no solo estaba extenuado, sino que también tenía múltiples heridas internas que no habían sanado aún. Todo eso legó de pronto y caí al suelo a escupir sangre.

Toda mi boca estaba llena de sangre, la respiración se entrecortó y sentí como me ahogaba con mi propio líquido espeso. Escupí nuevamente sobre mis manos rojas, y noté como una herida pasada se abría en mi tórax, era enorme.

Me nublé y caí de bruces. Noté como las piernas de aquel ser se hallaban frente a mí y recitaba algo. Era difícil escucharle, sin embargo pude ver como mi sangre comenzaba a ascender rumbo a su mano. No entendía que clase de magia era esta, siquiera como combatirla y hacerle frente.

—Conviértete ahora en un gran sacrificio de sangre a los dioses.

—¡Sacrificio de sangre una mierda! ¡Ads ardor! — El suelo entre él y yo fue abrazado por una línea roja y luego el fulgor de las llamas se alzó desde esta. La mano del jefe de la tribu Sheltar cayó justo a mi lado y ambos nos quedamos sorprendidos. Voltee mi rostro para ver a Miry envuelta en llamas de pies a cabeza.

Sus ojos estaban rojos y a pesar de que todo su cuerpo se hallaba envuelto en llamas sus brazos resplandecían intensamente. Era una flama casi blanca la que podías observar en sus puños.

—Miry no dejará que lo toques.

—Vienes a morir tonta tumb— Fueron las palabras del jefe Sheltar. 

—No vas a matar a Allan. Miry no te dejará.

—Es raro ver una elemental de fuego, aún más una tumb, por lo general ustedes tienen afinidad con el viento y el agua, no con el fuego. Supongo que podrás darme algo de diversión antes de morir.

—Miry…— Quise decir, pero mi boca solo escupió sangre. Tenía magia almacenada en piedras y compactada en mi interior, pero mientras estuviese bloqueando la magia, no podía hacer mucho, mi cuerpo no reaccionaba a mis deseos. Sentía como muchas partes de mí se hallaban rotas en el interior. Eso sin contar la impotencia que circulaba por mi cuerpo. Podía ver sus estadísticas, la diferencia abismal entre ellas era abrumadora. No quería que ella luchara, no quería ver cómo le hacían daño, por eso busqué de moverme, pero los ligamentos de mis piernas parecían haberse roto en algún momento. Aunque enviaba la señal a mis músculos, estos no conectaban con los huesos y no podía moverme.

Edad: 25

Profesión: asesina

Nivel: 15

Vida: 760

Fuerza: 47

Agilidad: 70

Inteligencia: 25

Resistencia: 65

Destreza: 52

Magia: 2

Habilidades aprendidas

Sigilo 3

Salto 2

Magia aprendida

Prisa 5

Fuego 5

Ardor 2

Ignición 2

Bendición 1

Miry no solo era fuerte, sino que además había pulido sus magias a un punto increíble. Comprendí en ese instante que su figura envuelta en llamas era la muestra de su nivel de magia. Había logrado hacerse una con ella. Su cuerpo no estaba sufriendo por el calor. De hecho se notaba que alrededor de su cuerpo una fina capa le protegía del contacto con la piel.

Aquello era de lo que Shun me habló antes, de legar a ser uno y perfeccionar una magia. Muy a pesar de eso, dudaba que pudiera siquiera ganar, aquel ser tenía estadísticas que yo no comprendía, eran cosas que no aparecían en la piedra del abyss.

Aquel era un ser que no podíamos vencer, no podíamos siquiera compararnos. Estaba curtido por la batalla y los cientos de años en sus espaldas. Probablemente uno que podía incluso derrotar al abyss entero con su poder actual. Lo cual me hizo pensar en porqué el abyss no había sido vencido. Con su fuerza, quizás era capaz de hacerlo.

Nombre: Heinstgr

Edad: 1732

Profesión: guerrero

Títulos: Rey Sheltar

Invocador sangriento

Sangre hirviente

Voluntad del no mago

Nivel: 67

Vida: 3370 + 330

Fuerza: 215 + 20

Agilidad: 123

Inteligencia: 83

Resistencia: 45

Destreza: 40

Magia: 3 + 1

Habilidad: 1

Habilidades aprendidas

Contrataque 1

Magia aprendida

Veneno 7

Hielo 10+

Tempano 5

Gravedad 3

Sangre 5

Busqué de levantarme, debía hacerlo. No podía dejar que Miry se enfrentase sola a aquella bestia de nivel 67. A pesar de no tener muchas magias, el grado de cada una de estas era superior en todos los sentidos. Incluso poseía títulos, algo que yo no comprendía de qué se trataba, pero mis sentidos me decían que se trataba de algo que le hacía diez veces más peligroso.

Miry de pronto desapareció. Lanzó una patada al aire y un aro de fuego se extendió de sus piernas. Heinstgr reaccionó esquivándole, como si su velocidad no fuese nada.

—Esto es inútil, resistirse es inútil— El fuego se extinguió y un aire frio nos rodeó por completo, sentí mi sangre helarse e incluso mis heridas se cerraron debido a que todo se congeló. Pese a eso no estaba mejorando, el frio comenzó a detener mi circulación y no podía mantener la consciencia.

—¡Muere con fuego! — Las llamas se extendieron en todas las direcciones y el hielo desapareció del ambiente dejando una nube de vapor por todo el lugar— Caliente, se cómo se siente el calor. Miry está a salvo en el calor.

Hubo una explosión y Miry conectó tres golpes seguidos, noté entonces como el rostro de aquel ser se torcía debido a los impactos. De pronto estaban luchando cuerpo a cuerpo y los impactos eran escuchados y sentidos a kilómetros de distancia. La tierra resonaba con cada impacto y se destrozaba.

—Parece que necesitas ayuda— Escuché una voz que llevaba mucho sin escuchar en mi oído. Noté la figura de Ardina frente a mis ojos, no era un cuerpo físico, me pregunté si se trataba de un fantasma o una alucinación producto de mi pronta muerte. Aunque no era a ella a quien deseaba ver antes de morir, a quien deseaba ver a mi lado se hallaba luchando frente a mí. El suelo retumbaba nuevamente— Parece que te estás enfrentando a uno de mis enemigos, te ayudaré solo por eso.

De pronto el ambiente se hizo tan frio que parecía que el tiempo se congeló, o quizás lo hizo, no supe identificar el rango de aquella magia. Lo siguiente fue una cantidad abrumadora de presión contra el suelo. Sentí como mis huesos se pulverizaban aún más y grité botando una bocanada más de sangre. No podía respirar, sin embargo escuchaba todo lo que sucedía a mí alrededor y trataba de ver la lucha infernal que libraba Miry. Sin embargo, parecía que la lucha terminó de pronto.

Heinstgr sujetó a Miry del cuello— ¿Por qué luchas pequeña tumb? Incluso pensaba dejarte ir sin tomar tu vida, y entonces vienes a enfrentarme directamente. Sacrificando tu vida…

Comprendí la verdad detrás de las palabras de aquel jefe de tribu y desee que Ardina se apresurase en su tarea. Heinstgr era alguien más diestro que yo con el uso de magia, y aparentemente comprendió las acciones de Miry desde el momento en que ella le atacó por primera vez. Miry no tenía una forma de estar a su altura, siquiera usando todo su maná en el proceso. Por eso comenzó a consumir algo más que eso, su propia vida.

Lo noté ahora debido a que la sostenía por el cuello a escasos metros de mí. Miry quemaba algo blanco que emanaba de su cuerpo.

—Él es mi razón, Allan, solo Allan. No puedo verlo morir. En cambio, mi vida no tan, tan valiosa— Noté las lágrimas en sus ojos.

—Si no aprecias tu vida, o la que llevas dentro de ti. Entonces se digna de ser un sacrificio— Giró su cuerpo estrellándola contra el suelo. La mitad superior de su cuerpo se apagó de repente y noté como el hielo se extendía por su cuerpo.

—Quité la barrera de tu cuerpo, pero solo serán diez minutos. Después de eso es probable que mueras— Era la voz de Ardina, yo tan solo asentí y usé la magia de sanación almacenada en mi cuerpo. Debía moverme de inmediato.

Una daga de hielo se enterró en el cuerpo de Miry, justo en su abdomen, y yo exploté.

—Es un aumento de diez niveles, solo eso, puro maná y estadísticas, pero el precio es alto…

No me importaban las palabras de Ardina. La única persona que me importaba era aquella que estaba allí frente a mí. Por tanto usé las magias almacenadas dentro de mi cuerpo y toqué su bello rostro. Le había fallado, su rostro tenía lágrimas pero sus ojos estaban cerrados y su aliento de vida se había ido.

—Por ella sacrificaría al mundo entero Ardina— Imbuí en su cuerpo tanta magia como pude y abrí puerta dimensional. Heinstgr estaba confundido cuando de pronto aparecimos entre el hielo de las montañas.

—Puerta dimensional, una gran magia— Bríndame algo de diversión antes de perecer humano— Expresó con su voz ronca. Yo no respondí. No tenía ánimos de argumentar, solo quería destrozarle y para ello le llevé al lugar más alejado que pude en un solo impulso.

No había escuchado bien las palabras de Ardina, ni prestado atención a los problemas que me traería el uso de aquel poder otorgado. Ella habló sobre destruir a su enemigo y eso coincidía con mi deseo. Deseaba matar al desgraciado que hirió a Miry frente a mí.

Revisé mis estadísticas y noté los cambios a los cuales el hada se refirió.

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 18

Profesión: Domador de bestias

Nivel: 34 +10

Vida: 1717 + 500

Fuerza: 96 +30

Agilidad: 89 + 15

Inteligencia: 60+ 40

Resistencia: 108 + 20

Destreza: 62 + 15

Magia: 3 + 1

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 3

Lectura 2

Manejo de cuchillo 5

Recolección 3

Protección 3

Atracción 3

Manejo de la espada 4

Sigilo 2

Domador 1

Magia aprendida

Prisa 4

Cura 3

Sanación 1 +1

Vida + 1

Revitalia 1

Poder 2

Regeneración 4 + 1

Veneno 3

Electro 1

Puerta dimensional 3

Fuego 3

Bendición 2 + 1

Escudo 1

Luz 1 + 1

Domar 1

Criar bestia 1

Valor 3

Concentración 2

Detección mágica 1

Dispel 1

Ciertamente se hallaban aumentadas y aquello me colocaba en una nueva liga, pero ya conocía el precio de ese tipo de poderes sin el entrenamiento previo. Me consumiría. Sin embargo en aquel momento no me importó. Grité a los cuatro vientos antes de lanzarme a atacar con mi espadón en mano.

Aquel ser se lanzó también en mi dirección y formó una espada de líquido carmesí que se solidificó al instante. Me hallé al segundo frente a él, esquivó mi primer corte y blandió su arma frente a mí dirigiéndose a uno de mis costados. Su expresión era fría, sin expresión. Llegué a pensar que disfrutaba de aquello o estaba concentrado en la lucha. Yo deseaba quitar aquel rostro y borrarlo, deseaba verle desesperado y suplicando por clemencia. Una que no tendría.

De pronto se alejó de mi cuerpo y su espada roja se alargó cual látigo y comenzó a blandirla a mí alrededor. La tierra se despedazaba ante cada corte. Aquella hoja era capaz de atravesar todo lo que se interponía a su paso.

Desee poder aprender sus magias, pero no había tiempo para aquello. Primero debía matarle. Además, en ese instante un torrente de información recorría mi mente y sentidos. Parte de los conocimientos de Ardina comenzaban a llegarme, especialmente aquellos relacionados con las magias que ya yo poseía en mi inventario. Era tonto de mi parte no aprovechar aquello.

—Ads luz— Me llené de esta magia, y dejé que recorriese todo mi cuerpo. Era una magia que no había capitalizado antes de forma adecuada. Ahora podía entenderlo, probablemente era de lo más poderoso que tenía en mi arsenal— Ads bendición, ads poder—Mis músculos se tensaron y comprimieron. Dolió, pero la ira que me llenaba no dejó que el dolor me importase en lo absoluto.

Alcé mi espada y detuve los tres siguientes ataques de la espada roja que se curvaba en el aire a su antojo. Desvié sus hojas a nuestro alrededor y el suelo estalló levantándome de donde me hallaba. Incluso la nieve se elevó en el aire. Aunque apara mí era como si se hallase suspendida a nuestro alrededor. Las espadas y nuestros movimientos eran más rápidos que la caída de cada partícula.

A pesar de hallarme en el aire sobre un peñasco de roca Heinstgr continuaba atacándome dese la distancia. Aquella hoja curva se movía a mí alrededor. Necesité concentrar algo de energía en la hoja para repelerla y detener su ataque incesante.

Caí al suelo y concentré aún más la energía. No solo la mía que mantenía almacenada, sino también la que Ardina me había otorgado, la cual era absurdamente abundante y quemaba en mi interior. Sentí incluso como gotas de luz emanaban de mi torso ahora descubierto por completo— Ads prisa, ads prisa, ads prisa— Me moví tan rápido que por primera vez noté como Heinstgr abría los ojos. Estaba perplejo cuando aparecí frente a él con mi espadón a menos de un centímetro de golpear su cuello.

Mi espadón tocó su piel, sin embargo algo le protegía. No pude cortarle, por tanto salió expelido contra la montaña trasera a nuestra posición y se enterró en las rocas.

Desde su posición en la montaña emergieron docenas de puntas rojas dirigidas a mí. Eran como flechas hechas de sangres solidificadas, duras como el hierro y frías debido a su naturaleza.

Debí repelerlas con mi espadón a gran velocidad y comenzar a moverme por el lugar. Sin embargo, sus ataques se hacían cada vez más rápidos y los patrones de aquellas cosas rojas eran más erráticos. Entonces lo vi, se acercó a mí a gran velocidad, corriendo por encima de las rocas dirigiendo su ataque cuerpo a cuerpo.

Me detuve y comencé a bloquear, la intensidad se mezclaba con alta velocidad. Podía ver como se emocionaba ante aquella batalla. Su mirada estaba concentrada en mí y cada uno de sus ataques iba dirigido a mi pecho.

Heinstgr se movía a mí alrededor, tan rápido que parecía flotase en el aire y se dirigiera de un lado a otro en ese estado. O quizás era el uso de su magia gravedad. No me importaba, yo bloqueaba cada una de sus hojas dirigidas a mí con precisión. Podía ver sus ataques claramente mientras la montaña se destrozaba a cada segundo a nuestro alrededor.

Las ondas de nuestros choques destruían el ambiente donde nos hallábamos y creaban un agujero donde parecía nos íbamos a hundir.

Noté en una fracción de segundo como alzó su brazo. Subí la mirada y vi una enorme lanza roja sobre nuestras cabezas. Al descender su mano aquella lanza de varios metros de largo cayó con gran estrépito incrustándose en la roca hasta hacerla añicos. Yo había esquivado lanzándome lo más hacía atrás que pude con toda mi velocidad.

El ritmo de aquella batalla comenzó a afectarme. Noté como si mis músculos empezaran a romperse. No le di mayor importancia, todo lo que en mi mente circulaba era la imagen de aquel ser muerto.

Al tiempo que yo tomaba distancia y me alejaba del choque de la lanza, Heinstgr armó otra espada de sangre en su mano izquierda, y ambos látigos comenzaron a dirigirse en mi dirección. Pude sentir la presión, recibí un corte en mi rostro y otro bastante profundo en mi antebrazo. A pesar de ello no tenía más opción que blandir mi espada y acercarme. Debía acercarme si deseaba asesinarle.

Fue en ese instante donde aquella figura apareció en mi espalda. Mis sentidos estaban más agudos y concentrados que nunca. Giré mi cabeza y luego todos mi cuerpo con una estocada directa a su tronco.

Heinstgr saltó de forma casi inhumana esquivando mi ataque, No obstante, yo no solo dependía de mi espada. Solté el espadón y propiné tantos puñetazos cuantos pude directamente contra su rostro. Noté como deformaba su rostro con cada puñetazo y le empujaba a una posición incómoda que se dirigía al piso. Entonces algo me golpeó desde la espalada y salí expelido varios metros chocando contra las rocas que cortaban a cada roce.

Alcé el rostro, la lucha no había terminado allí. Un millar de rocas de toneladas se alzaban en el aire. Me moví a toda velocidad a tomar mi espadón del suelo, y las rocas comenzaron a descender en mi dirección. Cortar, fue lo primero que se me vino a la cabeza. Podía cortarlas y desviar su potencia. Sin embargo, llevaba unas diez rocas cortadas que se dirigían a mí, cuando me percaté que su intención no era golpearme con ellas. Era atraparme.

Las rocas se agruparon de pronto a mí alrededor y apretaron mi cuerpo entero. Me vi envuelto, apretado y sin poder mover ni un músculo. Las rocas entonces empezaron a presionarme en todas las direcciones mientras la oscuridad me embargaba. Sangraba, podía saberlo sin necesidad de ver lo rojo en mi cuerpo, estaba siendo despedazado por dentro debido a la enorme presión.

Bajo otras circunstancias me habría sentido derrotado, pero la imagen del puñal contra Miry se hallaba aún fresca en mi cabeza. Mi cerebro no procesaba bien aquello, mi sangre hervía— Ads sanación, ads poder, ads bendición, ads poder, ads regeneración.

Lo corté. Me liberé moviendo mi cuerpo y rebané el cúmulo de rocas que apretaban mi cuerpo en dos. Ese infeliz planeaba matarme y enterrarme.

—Poder, poder, poder— Jadeaba, mi cuerpo estaba presionado por las magias activas, mis músculos se rompían a pesar de la magia de regeneración y sanación sobre mí. El daño era más grande y rápido que la velocidad a la cual podía curarme.

No obstante, necesitaba aquella velocidad y aquel impulso si deseaba matarle. Heinstgr alzó su brazo, pero quedó helado al verme justo a su lado. Mi espada cruzó el aire en posición ascendente y cortó su miembro izquierdo, y una patada se incrustó contra su rostro.

Habría salido expelido por el impulso, pero yo no le iba a dejar. Descendí la espada y corté una sección de su pierna. La había movido y no pude rebanarla en dos partes. Solo tajé la piel y músculos en la zona externa. Pero no me importó. Ascendí nuevamente y vi como la sangre salió despedida de todo su cuerpo. Realicé un corte en todo su abdomen, tronco y pecho— Ads anular magia— Quité cualquier rastro de magia en el ambiente, tanto de él como mía, y acto seguido clavé el espadón en su pecho empujándole contra el suelo.

Noté su cuerpo cortado en todas partes. La vida que se le escapaba y aun así no me sentí tranquilo ni satisfecho— AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH— Grité con todas mis energías allí, donde nadie más podía verme.

 

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