47. BASES

Desperté con un severo dolor de cabeza y observé mi alrededor. Todo se hallaba tranquilo, todo excepto mi corazón que latía fuerte a causa de una imagen de aquella bestia de sangre atacándome.

Me hallaba en una sección de un bosque donde los árboles eran espesos y las raíces se hundían profundo en la tierra. La tierra era húmeda y se observaban pequeños vestigios de nieve y hielo en los alrededores. No debíamos hallarnos tan lejos de las montañas. Shun se hallaba concentrado en revolver una sopa sobre una pequeña fogata.

—¿Dónde estamos? — No reconocía aquel lugar, y las niñas Ciel, Stella ni los lobos se hallaban con nosotros.

—No lo sé señor, tampoco he podido centrarme en la búsqueda del resto— Respondió este notando que yo observaba mi alrededor.

—¿No sabes dónde están los demás? — Pregunté.

—No sé dónde estamos nosotros. Cuando usted realizó varios saltos apenas tuve tiempo para seguirlo. Fueron varios y en un lapso de tiempo muy corto. Creo que nos hallamos varios kilómetros al este de donde deberíamos. Por encima del lago Ibis, supongo.

—Solo debemos dirigirnos al oeste entonces— Busqué de levantarme y noté que Shun aún se hallaba con medio brazo cortado. La regeneración funcionaba en él para recuperar extremidades, a diferencia que en un humano. Por tal motivo me extrañó que faltase aún el miembro.

—No podemos, hay varias de esas cosas por el camino.

—¿Te refieres a las bestias de sangre?

—Conté al menos tres de ellas, parece que están vigilando la zona en los alrededores de la montaña.

—¿Por nosotros?

—Es muy probable.

—Tres…— Tres de aquellas cosas. Uno solo casi me mató sin darme posibilidad a defenderme.

—Logré traerlo aquí hace dos días, desde entonces busqué que pudiera reponerse y despertase.

—¿Tres días? —Tardé un instante en procesarlo. Miry no solo debía de haber llegado a la aldea tumb, sino que además Ciel, Stella y los niños se hallaban en algún lugar del bosque al oeste— Ads regeneración, ads revitalia— Activé ambas y procurando curar a Shun mientras buscaba de comer un poco. Mi cuerpo necesitaba energía, revitalia solo recuperaba una parte para mantener mis magias, pero el organismo me exigía comida.

Devoré tres platos de sopa y un par de piernas de conejo como si mi vida dependiese de ello. Mi mente divagaba cuando una pregunta llegó hasta mis oídos.

—Maestro ¿usted como peleaba antes?

—¿Cómo? ¿A qué te refieres?

—Disculpe mi rudeza maestro, pero siento que usted antes no peleaba usando magias. De hecho, mientras más veo su estilo de pelea, las únicas magias que parece dominar son la magia prisa y puerta dimensional. Para todas las demás, parece tardarse mucho en poder convocarlas, o se detiene un instante.

Guardé silencio un poco apenado, ciertamente prisa era la única magia que sabía activar sin necesidad de usar un canto, y puerta dimensional había practicado para hacerlo lo suficientemente rápido.

—¿Qué sugieres?

—Le recomendaría centrarse en las bases, recientemente ha subido de nivel y creo que usted mismo no está consciente del nivel que osee su propio cuerpo. Despues de esto podría concentrarse en añadir ciertas magias a su repertorio. Algunas que potencien sus mejores cualidades.

—Mis mejores cualidades… — ¿Cuáles eran? ¿Aprendizaje quizás?

—Su velocidad. No he visto ser que sea más rápido que usted cuando usa por completo la magia prisa.

—Esa bestia de sangre era rápida— Le informé.

—En la lucha contra los Onis usted se movió mucho más rápido que esa cosa, estoy muy seguro.

—¿Más rápido?

—Estoy completamente seguro maestro.

Revisé mis estadísticas. Probablemente había buscado de subir en ellas descuidando los fundamentos. Ciertamente no estaba entrenando como cuando Miry me despertaba todas las mañanas para correr, mucho menos como si me encontrase con el viejo Helim. Sin embargo, en ese instante no tenía oportunidad de dedicarme únicamente a entrenar. Había una situación de peligro y rescate en varios frentes.

Edad: 18

Profesión: Domador de bestias

Nivel: 34

Vida: 1717

Fuerza: 96

Agilidad: 89

Inteligencia: 60

Resistencia: 108

Destreza: 62

Magia: 3

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 3

Lectura 2

Manejo de cuchillo 5

Recolección 3

Protección 3

Atracción 3

Manejo de la espada 4

Sigilo 2

Domador 1

Magia aprendida

Prisa 4

Cura 3

Sanación 1

Vida

Revitalia 1

Poder 2

Regeneración 4

Veneno 3

Electro 1

Puerta dimensional 3

Fuego 3

Bendición 2

Escudo 1

Luz 1

Domar 1

Criar bestia 1

Valor 3

Concentración 2

Detección mágica 1

Dispel 1

No obstante, cruzar por donde se hallaban las bestias de sangre era en extremo peligroso. De haber tenido más tiempo habría decidido dar vuelta al lago Ibis para evitarles y desviarme un poco para llegar a la aldea tumb. Pero aqueo no era un viaje de placer, debía apresurarme, incluso en mi decisión y plan a seguir.

No obstante, ninguna buena idea se me vino a la mente para eludirles se me vino a la mente, por tanto, busqué un lugar apartado y comencé a entrenar de forma concienzuda. No tardé en darme cuenta que las palabras de Shun eran ciertas. Cargar ahora un tronco del doble de mi contextura no era un reto mayor. Mucho menos llevarlo en la espalda para correr. Debí hallar un pedazo de árbol el cual me sirviese y representase algo de peso antes de ponerme a correr un rato.

Mi cuerpo se sentía ligero y un par de kilómetros fue cuestión de un par de minutos. ¿Cuánto habían subido mis habilidades más básicas? ¿Y cómo debía pelear cuando me movía a una velocidad tan alta?

La simple idea jugueteó en mi cabeza y comencé a moverme como si tuviese una pelea real. Activé prisa y poder en silencio sin procurar detenerme y comencé a lanzar golpes al aire. Los primeros algo dudoso de estarlo bien, luego cerré los ojos y me dejé llevar un pequeño instante, hasta que escuché un sonido atronador justo frente a mí. Abrí los ojos sorprendido.

Mi mano parecía chocar contra una pequeña pared de aire y de pronto explotaba justo en el puño. Si el movimiento comenzaba desde mis hombros y espalda el efecto se potenciaba. Los puños reventaban en el aire y causaban una pequeña explosión que incluso zarandeaba mi rostro. Eso era el nivel de mi poder. Eso era la velocidad que poseía en ese instante y no estaba aprovechando.

No entendía bien que causaba las explosiones, pero no dudé en probar su efecto contra una roca. Me moví lo más rápido que pude y lancé mi puño contra aquella maza sólida de unos cuarenta metros de alto. Solo noté como la zona donde golpeé se hundió de pronto y la parte trasera de aquella roca estalló en pedazos.

Era destructivo en extremo. Así pasé las siguiente cinco horas, o más, hasta que una idea surgió en mi mente. Una forma de eludir aquellos seres. 

Llegué hasta donde Shun cansado pero sonriente, era increíble que hubiese avanzado tanto en un solo día, o quizás esto ya era un logro pasado, pero apenas lograba comprender su resultado. No me importó y senté sonriente y le conté mi manera de eludir aquellas bestias de sangre a Shun. Noté como este me escuchó en silencio por los siguientes minutos y luego puso su rostro serio.

—Maestro, quizás sea molesto esto de mi parte, pero ¿le parece bien si yo rescato a su familia que está junto a sombra?

—¿Qué quieres decir? —No entendí a qué se refería, o bueno, al menos no me fue claro su plan de acción.

—Revisé el lugar con mayor detenimiento ahora que usted despertó, pude ver el lago de Ibis, estaos en la zona norte de este. No se encuentra lejos, quizás a un par de horas de caminata. Podría nadar y atravesar el lago hasta llegar a la zona oeste, deben ser unas cinco horas de nado a lo máximo. Allí encontraré a Sombra y los niños. Creo que es el plan de acción más rápido.

—Me parece genial, podríamos hacer eso, y yo dirigirme al paso. Debe haber una forma de atravesar las montañas sin ser descubiertos, y llegar para el día de mañana a la aldea tumb.

—Maestro, mi condición es que usted entrene al menos por cinco días.

—¿Qué?

—Lo siento maestro, pero creo que usted ha descuidado sus bases, y no sabe cultivar su fuerza interior. Tampoco ha entrenado el espíritu de su espada. Note como en solo en mediodía pudo avanzar de gran manera. Piense en lo que podría lograr en cinco días.

—No tengo cinco días Shun, Miry está…

—Va a morir en el paso maestro. Probablemente pueda atravesar a las bestias de sangre, y quizás hasta derrotarlas, pero no podrá derrotar a quien las creo. Es obvio maneja un tipo de magia muy superior a la suya. La única forma es que usted se iguale en técnicas.

—Cinco días es mucho tiempo, Miry…

—Maestro, usted necesita al menos veinte días de entrenamiento intensivo, o así lo creo yo. Le pido cinco días para pulir sus habilidades básicas debido a que sé muy bien la situación de la señora Miry y la causa de su premura.

¿Qué debía hacer? Comencé a plantearme la idea de realizar varios saltos con puerta dimensional. Probablemente podría llegar en un par de horas si hacía esto, aún más. Podría pasar desapercibido, rescatar a Miry y luego… No podía regresar al sur por el paso cortado de la montaña. Probablemente podría dirigirme al oeste, rumbo a Cintiael, para rescatar a Mena y Amy también. Pero Miry estaba embarazada, no podría correr o moverse conmigo de tal forma. Por tanto, necesitaba un medio de transporte para ella. Y eso regresaba a la necesidad de que el paso por el sur estuviese abierto para que Sombra atravesara las montañas. Eso sin contar que Miry me reclamaría por el bienestar de las niñas. Tania y Fera eran importantes para ella, no podía simplemente decirle que me fui dejándolas atrás, cerca de un grupo de bestias de sangre que se movían a velocidad de prisa nivel cinco.

—¿Qué es eso de cultivar el espíritu? — Pregunté desistiendo de mi pensamiento de un rescate inmediato. Por otra parte yo no era el más devoto partidario de los entrenamientos intensivos. O al menos no lo era mientras estaba solo. Mis mejores sesiones de entrenamiento eran en compañía de las chicas, por el simple hecho que, competir entre nuestro propio equipo nos hacía crecer. Era una rivalidad interna que manteníamos.

—Es una técnica que usan algunas criaturas inteligentes para poder usar magia— Comentó Shun.

—¿No nacen con magia?

—Algunas si, otras no. Hay criaturas que son más fuertes o mejores que otras, nacen con mejores habilidades, hay otras que avanzan por si solas, u otras que avanzan como especie, como los goblins que estaban en su ciudad.

—Tienes razón, los goblins crecen como sociedad.

—Yo entrené con mis dos hermanos, ambos lamentablemente fallecieron dentro del calabozo, pero mi hermano mayor era un buen cultivador. Yo apenas puedo usar magias pequeñas, pero él podía usar la magia electro que usted usa maestro, y lamento decir que era muy superior en ella.

—¿Qué tan bueno?

—No creo que pudiere ganarle a usted, creo que usted tiene mayor cantidad de maná, o energía espiritual, como usted le dice. Pero él pulió muy bien una de sus magias, a un punto increíble.

—¿Cómo murió? — Pregunté curioso.

—No lo sé. Simplemente desapareció y no regresó jamás. Supongo que quizás se enfrentó a los Onis, no sé, no tengo idea, solo adivino.

—Quiere decir que no estás seguro que esté muerto— Repuse sonriendo.

—No hubo aventureros en un buen tiempo en ese calabozo. Mi hermano no tuvo un maestro como usted.

—Entiendo— Sin aventureros entrando y saliendo, era difícil que alguien escapase de aquella prisión dimensional. Tampoco tenían forma de hacerlo debido al coloso custodiando la estructura de salida— ¿qué era lo que hacía tu hermano con la magia electro?

—La dejaba pasar por todo su cuerpo, esto le permitía moverse más rápido y además golpeaba mucho más rápido y potente.

—Era fuerte entonces— Repuse.

—Uno de los más fuertes, pero como dije, solo tenía maestría en esa magia, buscó de especializarse en ella. De dominarla por completo.

Sentí pena de mí mismo, especialmente porque Shun me llamaba maestro desde el día que le vencí como bestia. Sin embargo allí estaba, enseñándome sobre los principios básicos.

—¿Cómo hago eso del crecimiento espiritual?

—Debe hallarse en paz consigo mismo y enfocar toda su energía en su pecho, buscando que su maná se concentre en ese punto, justo en el centro. Luego de eso puede imaginar el maná como alguna de sus magias, pero lo principal es concentrarlo todo en un punto.

Me coloqué en posición e intenté. No era tan sencillo como Shun lo decía, o sencillamente yo no tenía aptitudes para eso. Estuve cerca de tres horas sentados buscando algo de energía en mi pecho, y aunque podía usar magia, no hallaba ninguna concentración ni forma de condensar mi energía en un punto.

Así comencé aquellos días de entrenamiento. Shun se había marchado el día anterior y la noche fue bastante pacífica. Inicié con una rutina de correr, flexiones y sentadillas, lo más usual que practicaba con Miry o con el viejo Helim. Luego pasaba a buscar de romper mis límites físicos en cada movimiento. Y finalmente me sentaba en tranquilidad a buscar la energía dentro de mí.

El primer día fue tan infructuoso que terminé dormido y en horas de la noche cuando desperté congelado por el frío, debí retomar mi práctica. De igual forma, era infructuosa, en especial porque mi mente estaba con Miry, preocupado con ella y su bienestar. Quería abandonar todo e ir con ella de inmediato, pero estaba consciente que Shun tenía razón en varios puntos. Además, Miry era fuerte, y probablemente resistiría. Quizás quemaría toda la aldea primero antes de permitir que hicieran algo al bebé que llevaba dentro de sí.

El segundo día tomé el tronco más grande y me dispuse a entrenar mi cuerpo. Después pasé a memorizar los golpes de espada. Notando que realizaba algunos movimientos innecesarios. El problema principal es que mi mente y mis ojos notaban tales movimientos extra. Pero yo no tenía tanto dominio sobre mi cuerpo para suprimir tales movimientos.

Uno de los casos más normales era mientras realizaba un arco horizontal con mi espadón, que pesaba cerca de quince kilos, lo cual era extremadamente ligero para un espadón, con una sola mano. Mi brazo temblaba mientras realizaba el movimiento lento, eso significaba que la hoja en la punta se movía oscilando de un lado a otro. Un problema que se podía solucionar de dos formas. La primera era tomar el espadón con ambas manos, pues este tipo de armas fueron diseñadas con ese propósito.

La otra forma era lograr tener completo dominio de cada uno de los músculos implicados en tal movimiento. Fue en esta segunda en la que me concentré aquel día. Yo era un usuario de dos espadas, debía aprender a controlarla con ambas manos.

Me centré en mi espada y cuerpo por completo ese día. Al punto que en horas de la noche yo continuaba blandiendo mi espada con movimientos lentos pero precisos. Mi mente dejó de pensar en el tiempo y me movía concentrado en la perfección de cada movimiento. Entonces noté una sensación extraña emanando e mí. Como un vapor que era expelido de mi piel mientras la temperatura bajaba. Algo que solo sucedía mientras realizaba los movimientos con mi espada. No supe de qué se trataba y decidí comer.

No practiqué nada de concentrar mi espíritu. Mi mente estaba inquieta nuevamente con Miry, y si Shun ya habría llegado con las niñas y estarían bien todos. Mena y Amy además estaban en camino a Cintiael. Las situaciones no eran buenas y yo estaba en algún lugar de un bosque puliendo mis habilidades.

Aquella noche no dormí y continué moviendo mi espada, mientras más lo hacía notaba patrones de movimientos que eran más efectivos que otros. Comencé a imaginar a un ejército de orcos a mí alrededor y como debía irles eliminando uno a uno. Cada movimiento debía ser mínimo, lo suficiente para esquivar cualquier ataque y cortarles al menor esfuerzo.

Los orcos eran buenos enemigos, pero luego pasé a los onis, seres increíblemente rápidos y fuertes que eliminaban con un solo golpe. Allí me dejé llevar por mi lucha imaginaria. El vapor salió nuevamente de mi cuerpo y mi mente fluyó con la lucha. Al punto que de pronto me hallaba moviéndome sin siquiera pensarlo.

MI cuerpo se movía usando magia prisa para realizar pasos y esquivar aquellos ataques con el mínimo esfuerzo. Mientras que mi espada se movía de forma lenta, sin perder de vista la perfección del movimiento.

Amaneció de pronto y yo me detuve de mi entrenamiento. Comí un par de frutas, cacé un alce de montaña y me quedé dormido mientras esta se cocía a fuego lento.

Desperté un par de horas después, sintiendo un fuerte instinto asesino en las cercanías. Un grupo de criaturas habían rodeado mi posición actual. Se trataba de bestias que mutaron para adaptarse mejor al frío del lugar, con largos pelajes o pedazos de cristal semejante a hielo. Uno de ellos era un lobo hermoso con hielo en forma de cresta en su espalda. Lo habría domesticado de no ser porque mi entrenamiento era prioridad y no tenía tiempo para aquello. Me dio pena matarlo, así que tan solo le herí, y dejé ir corriendo mientras activé regeneración en él.

No supe en qué momento tomé cierta fascinación por los lobos y sus distintos tipos. Quizás fuese por ser sombra tan fiel a mí, que en mi mente todos los lobos eran igual de buenos compañeros.

Ese día decidí iniciar mi sesión de entrenamiento con el crecimiento espiritual. No había una causa especial, solo desee hacerlo así. Me senté entonces, crucé mis piernas y busqué mi energía interna. Todo sin resultado por más de cuatro horas, hasta que de pronto mi mente comenzó a divagar y me imaginé algo de fuego dentro de mi cuerpo. Y la energía comenzó a fluir en dirección a mi pecho.

Shun había sido muy claro, debía concentrar la energía en un solo punto, hacerlo denso y fuerte en un solo lugar. Lo que no esperaba era que mi energía se viese y sintiese como fuego dentro de mi cuerpo, aquello era difícil de centrar en un solo punto.

Mientras más intentaba que las flamas de mi interior se concentrasen, más grande se hacía la flama. Crecía y se expandía, y de pronto sentí como todo mi cuerpo ardía. Literalmente.

Abrí los ojos y me quemaba a mí mismo, las llamas brotaban de mi piel y me quemaban. Abrí puerta dimensional y caí en la parte norte del lago Ibis, aun así mi cuerpo parecía quemarse, las llamas eran más fuertes y mi cuerpo ardía. Me desesperé buscado de apagar las llamas, hasta que finalmente me hundí mientras sentía como mi piel escocía a un punto insoportable. Activé magia regeneración por instinto, pero la velocidad en que mi cuerpo se quemaba era superior a la que podía curarme, o quizás es que mi propia magia aceleraba el proceso de quemado.

Apagué todo y me dejé hundir en el agua. Las llamas se apagaron y pude descasar de semejante agonía.

No sabía que había hecho mal, pero en definitiva, el entrenamiento del espíritu interior no debía terminar así. Salí del agua y me curé luego de un par de minutos, cuando dejé de tener miedo en usar magia y pude recuperar algo de fuerzas.

Quizás el imaginar mi energía interior como llamas no era la mejor idea. Probablemente debí iniciar por algo más sencillo que fuego. Sin embargo, no estaba de ánimos para terminar casi quemado por completo de nuevo, por tanto proseguí con el entrenamiento dela espada. Aquello si me era de beneficio y me sentía cómodo en la práctica. 

Un poco de carne de ciervo, sueño y una noche tranquila me ayudó a mejorar mi estado de ánimo respecto al entrenamiento. Fue ese mismo día el cual escuché un sonido extraño proveniente del cielo. Era un martilleo constante, algo que trascendía las montañas y el bosque en el cual me hallaba. Era imposible saber su procedencia, pero lograba hacer retumbar el cielo.

Me pregunté si alguien más lo podía escuchar al igual que yo. Era un sonido que te helaba la sangre por lo extraño que resultaba.

Solo algo me dejaba en claro. Quien golpeaba el martillo debía ser alguien poderoso, y algo importante sucedía en alguna parte. Aquello me hacía pensar en mis seres queridos y en que debía terminar mi entrenamiento para ir a rescatar a Miry lo más pronto posible,

No intentaría el crecimiento espiritual nuevamente con la magia fuego, no estaba feliz de morir incinerado. Preferí intentar con magia regeneración y magia curar. A fin de cuentas ¿qué efecto negativo podía ocurrir con estas? Sin embargo fue mucho más difícil llegar a concentrar algo de mi atención en estas.

Por lo usual yo activaba la magia y la dejaba fluir por todo mi cuerpo, en este caso debí resumir todo su potencial a un solo punto de mi cuerpo. Al pecho, y allí intentar reducirlo hasta un mero punto. Tres horas me tomó poder convertir tal magia en un solo punto, uno que brillaba fuertemente en mi pecho. O al menos así lo imaginaba yo. En el exterior mi cuerpo estaba igual que siempre, sin ningún cambio aparente. Lo impresionante fue que desactive la magia, pero el punto continuaba allí, era un punto de energía listo para ser usado en cualquier momento.

Según la explicación de Shun, aquello no era la finalidad del entrenamiento. La finalidad del crecimiento espiritual era concentrar el mana o la energía en un solo punto, y luego esta sería mucho más fuerte. Por lo tanto yo podría hacer magias más poderosas o mantenerlas por mayores cantidades de tiempo. Al punto donde a magia podría estar activa todo el tiempo sin necesidad de castearla.

Mi resultado era distinto. O eso sentía yo. Era como tener una gema con magia curación en mi interior. No me molestaba, pero obviamente debía aprender mucho sobre las magias, porque definitivamente ese no era mi propósito.

Después de aquello necesité comer y dormir nuevamente. Pero el martilleo volvió a despertarme. Ponía mis nervios de punta, y así no podía entrenar. Lo más que me quedaba por hacer era partir de allí, enfrentar lo posible y dirigirme a la aldea tumb. No estaba con tiempo para entrenamientos, lo sentía por Shun, pero había cumplido hasta donde pude mi promesa.

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La aldea se trataba de un centenar de casas sobre las copas de os árboles en lo más profundo del bosque. Su ubicación se hallaba custodiada por tumbs cazadoras que se camuflaban entre la vegetación con bastante astucia.

Ruidos de pájaros se escuchaban desde kilómetros de distancia, algunos verdaderos, otros creados por las tumbs para comunicare desde las alturas. Los sonidos pululaban en toda la aldea, la niebla en los alrededores les ocultaban del resto del mundo. Solo algunos tenían permiso de entrar y así podías ver a los humanos en la zona inferior comerciando en pequeñas tiendas hechas de bambú.

La urbe y la aldea como tal no se hallaban allí, en la superficie, se encontraba arriba, a unos cuarenta metros de altura, donde los árboles y el follaje les cubrían. Allí los puentes de madera eran firmes y trazaban caminos entre los macizos del lugar.

El palacio real se hallaba justo al lado del árbol madre. Una sequoia con al menos tres mil años de antigüedad. Tan alta que su sombra evitó que otros árboles crecieran a unos cincuenta metros a la redonda. Su tronco de unos trecientos metros de diámetro le permitió crecer hasta donde las nubes iniciaban a formarse. Su sombra cubría el resto del bosque, dándole un aspecto mohoso en la zona más cercana a la superficie.

El palacio se alzaba entre el resto de las estructuras, su madera casi blanca resaltaba y podía ser observado desde casi cualquier punto de la aldea. Pero desde las ventanas de este poco se podía ver de la aldea, salvo las salas de entrenamiento, el salón de la guardia, el salón principal y las residencias de la guardia.

Desde la celda Miry podía observar los campos de entrenamiento. Era una vista que recordaba muy bien de años atrás. Así gastaba sus horas mientras entrenaba sus piernas al ritmo de la guardia. Sin embargo ahora no podía hacer eso, una vida crecía dentro de ella y no podía permitirse el dañarla por cualquier cosa.

Miry estaba segura de poder quemarlo todo, pero no sabía cómo el uso de su magia podía afectar la vida que crecía dentro de ella. Y no estaba dispuesta a perder ese pequeño retoño por la búsqueda de la libertad. Aquello era muestra de su amor y el de Allan.

¿Dónde estaría Allan? Le habían perdido en el abyss, sin embargo, estaba segura que él no estaba muerto. Podía sentirlo en su pecho, estaba vivo, de no ser así el dolor sería insoportable. Pero afortunadamente no había dolor alguno, tan solo extrañaba su ausencia. Sin embargo allí estaba su vientre, creciendo a ritmo acelerado. A veces incluso le daba la impresión de sentirle moverse y su corazón palpitaba aceleradamente.

La parte negativa era el constante dolor de caderas, en la punta de los senos, eso sin contar las ganas de querer comer carne de jabalí con miel y cerveza fría. Algo que ella jamás habría comido, pero tenía un antojo atroz de aquello.

—Deberías pedir clemencia, la reina Jeri de seguro perdona la vida de tu hijo y podrás vivir hasta que este nazca— La tumb que se hallaba del otro lado de la recámara era Jine, una joven perteneciente a la guardia que tenía como tarea custodiar aquel lugar— Asesinar a la reina fue un crimen atroz, pero la vida de tu hijo…

—De lo único que me arrepiento es de no haber asesinado a Viny y Jery junto a su madre.

—¡No puedes decir eso Miry! ¡Solo por eso ya te podrían colgar! La aldea necesita de una reina siempre.

—La aldea no necesita ninguna reina. Los aventureros no necesitan ningún rey. Ningún rey podría domarles, son fuertes y no estarían bajo el yugo de nadie.

—Por eso son peligrosos y no se permiten en la aldea— Repuso la otra.

—Miedosas. Una aldea de miedosas que están encerradas entre árboles. ¿Qué harías Jine, si a tu hija la dieran y vendieran como esclava?

—Las tumbs no son esclavas Miry.

—Hace menos de cuatro meses rescaté a un par de niñas tumbs Jine. Eran esclavas, estaban en la ciudad de Ibis.

—Mientes Miry.

—No miento. Se llaman Tania y Fera.

—No hay tumbs esclavas Miry.

—Cree lo que quieras, pero hay niñas desaparecidas ¿verdad? — El silencio se dejó escuchar desde el otro lado de la celda.

—¿La reina lo sabe?

—Sera fue quien proclamó esa ley. Son vendidas como esclavas a las defectuosas, las hijas de tumbs en el exilio o aquellas que son excluidas.

—¿Dices que por eso la mataste Miry?

—No, Miry la mató porque ella mató a mi madre y yo deseaba escapar. Miry tiene razones más simples.

—¿Sabes que no te creo verdad?

—No te pedí me creyeses. Miry solo contesta lo que estás preguntando.

—Dicen además que eres peligrosa, que has bajado al abyss y sabes usar magia avanzada.

—No soy la mejor usuaria de magia, soy más de luchar frente a frente. Pero si he bajado al abyss. 

—¿Qué tan profundo? Sheila ha descendido hasta el piso diez. Dice que es muy peligroso, que hay esqueletos que se mueven por si solos y plantas carnívoras que escupen veneno.

—He bajado hasta el piso veintiocho, allí morí una vez.

—¿Moriste?

—Estábamos luchando contra ángeles y demonios, Miry fue superada y me mataron. Allan hizo un pacto a fin de que yo viviese nuevamente. Usaron magia vida.

—¿Hay magias tan fuertes? ¿Por qué mientes sobre todo lo que te pregunto Miry? — La mujer sonrió pero de pronto giró la cabeza, se escuchó un silbido en el lugar y una pequeña bola de fuego, del tamaño de una canica se estrelló contra la pared del frente y allí quedó ardiendo.

La pequeña esfera luego se apagó y dejó todo ennegrecido. Jine no pudo creer lo que sus ojos veían. La puerta de acero de la habitación tenía una perforación limpia y al rojo vivo. Miry había hecho una magia tan poderosa que era capaz de perforar el metal.

La tumb tragó saliva y observó su armadura en el pecho y el pequeño escudo que portaba. La puerta era incluso más gruesa que el escudo. Si algo así hubiese sido lanzado hacia ella, no habría podido esquivarlo, su protección de nada habría servido. Ese era el nivel de la prisionera a la cual custodiaba.

—Si… si tienes tanta magia ¿por qué te dejaste apresar? ¿Por qué no escapas?

—Tengo un hijo en mi vientre, no sé si usar magia pueda dañarlo, así que no usaré magia ni pelearé de forma que pueda dañarlo.

—Pero mañana, vas a morir, tanto tú como tu hijo— Jine estaba sorprendida de sus propias palabras, sin embargo era lo que pensaba, no tenía sentido que alguien así muriese de forma tan pasiva— ¿Vas a escapar verdad? — Apretó la empuñadura de su espada preparada para el ataque.

—No, solo quiero descansar y esperar el día de mañana. No pienso morir, solo no quiero tener que usar magia o pelear cuerpo a cuerpo en este estado, esperaré a que las chicas vengan por mí.

—Estás segura que vendrán.

—Toda la aldea tumb no podría enfrentar a ninguna de ellas.

—¿Qué hay del aventurero, el tal Allan que mencionas?

—Está en el abyss, probablemente tan profundo que no sabe lo que me ha sucedido.

—¿No estará muerto? —Preguntó Jine, después de todo, todos morían en el abyss.

—Está vivo. Es el más fuerte de nosotros, no me dejaría sola con nuestro hijo, incluso si tiene que pelear con miles de criaturas él solo.

—¿Has visto el mar Miry? — Jine llegó a la pregunta que más le interesaba.

—Lo he visto.

—¿Cómo lo describirías?

—Hermoso e inmenso. Da miedo en cierta forma, tan grande que no tiene fin a la vista, puedes subir la montaña más alta y todo lo que ves es agua en todos lados, extensiones enormes de agua que al final se vuelven oscuras y casi negras. Pareciera el fin del mundo. Y tan profundo que existen miles de criaturas en sus aguas.

—Dicen que hay criaturas gigantes en las profundidades.

—No lo dudo, esa oscuridad solo me recuerda al abyss.

Jine quedó en silencio sin decir nada más. Pensando en el mar y su extensión enorme de agua. Pensaba en ríos pegados uno tras otro. Largos y extensos como jamás había visto. Miry por su parte continuó viendo los entrenamientos de la guardia real. Amy y Mena no debían tardar en llegar, probablemente esa misma tarde o en la noche, llegarían por ella. 

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