46. LA CALMA

 —¿Y ahora qué?— Preguntó Ciel mirándole.

—Descansar, los lobos están agotados— Comenté al momento de hacer una pausa en su avance. Había soltado a los caballos debido a que eran mucho más lentos que los lobos y además representaban una carga extra al momento de aplicar la magia de puerta dimensional. Por otra parte ahora nos hallábamos en el inicio de las montañas heladas y para ese tipo de terreno los lobos eran muy superiores.

El puñado de nubes sobre nuestras cabezas sugería que pronto una tormenta se desataría, y debido a la altura y baja temperatura, la nieve nos bloquearía el paso. Cuando fuese así sólo podríamos saltar mediante magia. Aquello era algo que me tenía preocupado. No tenía idea de adónde me dirigiría, y no es como si mi magia esquivase los objetos sólidos, solo abre una puerta. Lo que hubiese del otro lado era netamente mi problema. Era algo que ya me había sucedido en el abyss. Cuando abría una puerta sin ver bien el destino, podía salir muy arriba o muy abajo de la superficie. De ser muy arriba terminaba cayendo uno o varios metros hasta el suelo. Si quedaba muy abajo sucedía que del otro lado había una pared completamente maciza que no podía atravesar. Una vez me dí un fuerte golpe en la cara y en la muñeca de mi mano por culpa de aquello.

Las montañas ciertamente eran un bloqueo de grandes proporciones, pero nada que no se pudiera solventar. Calculé llegaríamos a la aldea tumb al día siguiente. Lo cual cerraría bastante el margen de distancia entre Miry, las chicas y yo.

No sabía sobre la situación de Miry o el bebé, pero por lo que las personas decían, Miry debía hallarse a salvo gracias a estar embarazada. Para mi la preocupación era misma, o quizás el doble de antes debido a que ahora no solo pensaba en ella, sino también en el bebé.

Pasé a soltar a Sombra de la carreta y a pesar de que este supuestamente se hallaba cansado, no dudó en salir corriendo junto a Shiro y Kuro. Los niños se asomaron desde la parte trasera de la carreta para ver a los lobos jugar y arrastrarse en la nieve. Fue entonces cuando Tania giró la cabeza para verme. Su mirada era tierna, y podía notar como sus labios temblaban antes de atreverse a preguntar.

—Vayan y jueguen un rato— Les indiqué y esta dio un salto fuera del carromato para comenzar a correr por la nieve. Me impresionó que no tuviesen frío. Ciel había preparado algo de ropa abrigada y un par de bufandas, para nada excesivo. Fera se podría mostrar ruda y hasta violenta, pero a la hora de jugar corría y se reía igual que cualquier niño.

—¿Podemos mamá?— Preguntó el chico, cuyo nombre era Jao. Aproveché de prestar atención a sus nombres cuando Shun les preguntó por ellos. Jao y Siren, el primero tenía trece años, aunque a mi me dió la impresión de que era bastante corto de estatura para ello. Siren, la chica era bonita de rostro, con facciones delicadas igual a su madre. Con apenas seis años hablaba poco y algunas veces confundía las palabras.

—No se alejen mucho— Respondió Ciel alzando un dedo. Me percaté además que Ciel trataba a sus hijos muy semejante a como trataba a los aventureros del abyss. Era recta, pero colaborativa; podría darte un regaño con una sonrisa tierna en la cara.

Shiro y kuro se unieron a los juegos de los niños. Les tomaban de la ropa y lanzaban a los lomos para correr a gran velocidad. Sonreí a pesar de pensar que aquello podría causarles alguna herida si llegaban a caerse. Sin embargo, no dije nada al respecto, probablemente Ciel no les dejaría jugar y a decir verdad contábamos con magia suficiente para curarles en cualquier caso.

Shiro y Shun en cambio se alejaron a conseguir comida y registrar la zona. Estaban cazando bestias mutadas, lo podía saber por mis estadísticas, las cuales subían si ellos peleaban, pero no me importaba, mientras ellos se hicieran más fuertes nuestra fuerza de combate crecía en gran medida. Shun se había vuelto un compañero de confianza, y para las niñas alguien con quien podían conversar. Conmigo por otra parte eran más renuentes. No podía culparlas por aquello tampoco, yo no me acerqué lo suficiente apenas les conocí y luego estuve desaparecido por un largo periodo de tiempo. ¿Que confianza tendrías en un pariente al que solo viste una vez?

—¡Prepararé el fuego! ¿Me traerías algo de la carne que está en esa canasta allá atrás? — Pregunté a Ciel mientras apilaba un poco de madera y piedras en una pila para cocinar un poco de comida. Estaba más que hambriento, mi cuerpo me pedía energías en ese preciso instante.

Ciel luego insistió en cocinar ella y yo me debí quedar atrás observando a los chicos jugar por un rato. Jao y Siren parecían haber entablado rapidamente amistad con Tania y Fera. En especial Tania y Siren, quienes se ayudaban a levantarse del suelo mutuamente.

Entonces escuché un aullido alzándose en el aire y alcé mi cabeza. Aquella era la señal de Sombra para decir que había enemigos en el lugar, la reconocí al instante y abrí puerta dimensional bajo los pies de los chicos para que aparecieran al lado de la fogata y me introduje yo en otro. Aparecí en el bosque a unos dos kilómetros de donde estaba, listo para enfrentarme a cualquier adversario, pero fue Shun quien llegó hasta mí.

—¿A qué se enfrentan?— Pregunté.

—Es una mujer maestro. No es fuerte, pero ha hecho estallar dos bolas de fuego consecutivas y casi quema el hocico de Sombra. Sombra aulló sin necesidad, nos encargaremos.

—¿Es una mujer?— Pregunté con curiosidad. Shun tan solo asintió con la cabeza, y en ese momento pude notar a Sombra corriendo por entre los árboles a unos cien metros de donde me encontraba. Buscaba de alcanzar a una figura que se movía por entre el follaje a gran velocidad. Entonces sentí reconocer aquel patrón de ataque y desaparecí del lugar para moverme a otro lugar.

Reaparecí a un lado de la figura mientras ambos corríamos a gran velocidad, esta giró la cabeza y ante la sorpresa de ambos ella tropezó y cayó sobre mi cuerpo. Cualquiera habría imaginado una suave caída y un reencuentro adorable. No fue así, caí junto a ella por una cuesta abajo y ambos rodamos por el suelo debido a la inercia a la cual nos movíamos. Sentí como una rama se incrustó en mi espalada por un costado y continué rodando un buen rato.

Al detenerme vi el rostro sucio y el cabello lleno de tierra de Stella. Su cara estaba a solo un palmo de distancia de la mía, no obstante no era una situación agradable en lo absoluto. La quité de encima notando que se hallaba inconsciente y procedí a curar mi herida y las de ella.

Stella tenía muchas heridas, su ropa estaba desgarrada casi por completo, podía ver incluso sus senos sin cubrir y parte de su ropa interior más íntima. Habría sido feliz con la escena, de no ser que tenía terribles cortadas en un brazo, una laceración profunda en una pierna y sangre coagulada por toda la cabeza.

La mujer había roto parte de su ropa para crear vendajes mientras procuraba curarse. La zona de su pierna donde se hallaba su pierna de metal estaba morada. Obviamente aquel equipo mágico nunca fue creado para zonas donde hubiese tanto frío Las heridas tenían rastros marrones al igual que sus manos, aquellas no fueron hechas recientemente. Obviamente Stella estuvo luchando con alguien antes de encontrarse con Shun y Sombra.

—¿Está bien maestro?— Shun llegó junto a Sombra a nuestro lado.

—Es una amiga, se supone que iba junto a Mena y Amy para rescatar a Miry— Ya había verificado mi alrededor, no había señal alguna de las otras chicas. pero algo no me cuajaba en la mente ¿Acaso les alcanzamos en solo un día? se suponía que ellas partieron casi una semana antes. Sencillamente no era posible aquello.

—Ads revitalia— Pronuncié y vertí la magia sobre el cuerpo de Stella.

La mujer no tardó en abrir los ojos y mirar a su alrededor, luego de eso se movió violentamente mientras buscaba una daga en su cintura para atacar. le detuve con las manos e intenté tranquilizarla, obviamente todavía pensaba se hallaba bajo ataque.

—¿Allan?— Finalmente dijo luego de verme a la cara— ¿En serio eres tú?

—Eso puedo preguntarte yo a tí. Empezaré a pensar que este mundo es muy pequeño para encontrarte en este lugar— Noté que ella miraba a mis bestias domadas— No te preocupes, están bajo mis órdenes, son mis aliados— Noté que aún así o parecía muy confiada en mis palabras— Conseguí la profesión domador de bestias, puedo entrenar bestias y estas están bajo mis órdenes.

—¿Donde estabas?— Me miró fijamente al preguntar.

—Un calabozo en el piso veintiséis del abyss, al entrar no pude salir hasta no pasarlo por completo, fue difícil.

—Fueron tres meses— La mujer se levantó del suelo— ¿Todavía tienes contigo el arma que te regalé antes de que te fueras?— Preguntó.

—¿Cual arma? Nunca me has dado un arma Stella— Respondí contrariado.

—Bien, debía confirmar que de verdad eras tú— De pronto ella se lanzó sobre mi cuerpo y me abrazó con fuerza, sus piernas fallaron y debí sujetarla con mi fuerza. Fue tan repentino que me costó percatarme que Stella estaba llorando sobre mis hombros. Stella, probablemente una de las mujeres más fuertes que hubiese conocido, quizás a la par de Mena en temperamento, estaba sobre mis hombros derramando sus lágrimas como si fuese solo una niña pequeña.

—¿Qué pasa? ¿qué sucedió?— Shun me miraba sin comprender bien la situación y yo le devolví la mirada llena de desconcierto. Sin embargo mi compañero se retiró dejándonos solos.

—Iremos a cazar a un par de cerdos maestro— Repuso Shun— Nuestras más sinceras disculpas por atacarle señorita— Shun bajó la cabeza y se retiró.

—Soy un fracaso Allan, no soy capaz de proteger a nadie.

—¿Qué dices?— Stella se apartó un poco y notó su ropa ante mi mirada.

—Siento la apariencia tan indecorosa, he estado peleando los últimos días contra una tribu que aparentemente custodia esta montaña— Tapó su pecho desnudo con uno de sus brazos.

—¿Hay una tribu?

—Eso no es lo importante ahora. Abrió los ojos y me tomó de los hombros— Hace una semana atrás, las tumbs llegaron a la ciudad, se llevaron consigo a Miry, la secuestraron.

—Lo sé. Me dirijo ahora a la aldea tumb a rescatarla— Interrumpí, pero Stella apenas notó mis palabras.

—Mena, Amy y yo salimos a rescatarle, pero fuimos interceptados por un grupo muy extraño al pie de la montaña— Señaló la dirección— Eran cazadores de esclavos, pensamos que estaban detrás de las tumbs de inmediato, era la suposición más natural. Pero no era así. Aunque eso no importó en ese momento, un guardia que iba a en compañía de los cazadores notó nuestra presencia y nos atacó. Era fuerte, lo confronté al instante, pero entonces usó una habilidad muy extraña, una que no esperaba.

—¿Cual?

—Robar— pronunció— es una habilidad que le permite quitar habilidades a otros usuarios. Al menos durante cierta cantidad de tiempo. Quitó de mis estadísticas la magia prisa y concentración al menos durante dos días enteros.

—¿Hay una habilidad capaz de robar magias de otros?

—Solo las que el usuario esté usando en ese momento, no pudo robarme mis otras magias, solo las que usaba en ese preciso momento. Las demás estuvieron intactas.

—¿Qué sucedió con las chicas?— pregunté mientras avanzabamos por el bosque con un andar lento.

—Las capturaron, les previne a Mena y Amy de usar sus magias y habilidades frente a aquel sujeto, pensé de hecho que borraba las magias de nuestras estadísticas permanentemente.

Entendí de inmediato la situación y me imaginé la escena. Probablemente yo les habría advertido de lo mismo— Las recuperaste dos días después, no había forma que lo supieras en ese momento. ¿Sabes qué hicieron con ellas?

—Desperté con hipotermia casi una hora después, pero no fue difícil seguirles la pista. El chico hace magias de gran nivel, parece tener mucha energía en su cuerpo. El problema es que no seguían a las tumbs, estaban buscando a una tribu que vive dentro de las montañas. No había conocido seres como esos.

—¿Qué clase de tribu?

—Más que una tribu yo diría que son una especie misma. Son de piel algo azulada y tienen magia de hielo de alto nivel. Hubo un enfrentamiento y luego de eso no pude seguirles. La tribu pensó que yo me encontraba con aquel grupo de cazadores y me persiguió y atacó con todo lo que pudieron. Los cazadores se marcharon, murieron un par de ellos en la confrontación.

—¿No sabes dónde están?— pregunté.

—Se dirigen rumbo a la ciudad de Cintiael, son de allí.

—¿A Cintiael? ¿En Minifister?— Abrí la boca. Al principio no estaba alarmado, debido a que Mena y Amy eran extremadamente fuertes. Más que la mayoría de aventureros que conocía. Pero luego escuché su paradero. Minfister. Aquello era tan lejos que a cualquier persona le tomaría al menos un par de meses en llegar hasta allí. ¿Cómo podía haber sucedido eso?

—Si, en Minfister me temo. La parte positiva de ello es que les tomará tiempo llegar hasta allá.

—Y a nosotros también. Por ahora creo que debemos rescatar a Miry, luego supongo debemos acortar cuanto camino podamos hasta Minfister— Las cosas se complicaron, las había imaginado rescatando a Miry, o probablemente quemando toda la aldea tumb al momento que yo llegase. No secuestradas.

—Por su ubicación dudo estén cruzando la nación de los muertos al norte. Lo más probable es que tengan alguna manera de pasar por Adrem y luego una embarcación.

—Probable— Temí asintiendo un poco. Si disponían de una embarcación era problemático. Tampoco dudé pudieran pasar por medio de Adrem, aquella zona debía hallarse en caos, especialmente por los muertos al norte y las bestias mutadas de todos los alrededores. No debía ser fácil. La idea que se me venía a la mente era la de una ciudad sitiada, probablemente llevaban meses resistiendo, pero de un momento a otro caerían a causa del intenso ataque. a no ser que dispusiera de suficientes hombres para luchar y repeler ambos bandos al mismo tiempo, lo cual dudaba.

—El problema será cruzar con esa tribu allí en las montañas.

—¿Son poderosos?— Pregunté algo curioso.

—Tienen magias que no tienen sentido, demasiado fuertes. De hecho, si me lo preguntas, la tormenta que se avecina es producto de uno de ellos.

—¿Alguien capaz de producir magia para cambiar el tiempo?— Alcé la vista. Las nubes ciertamente se formaban demasiado rápido. Probablemente tendríamos cerca de media hora antes de que la nieve y los vientos nos alcanzacen.

—Los he visto usar mucha magia de hielo. En la primera batalla que tuvimos uno de ellos hizo que una avalancha de nieve se desplazara hacia nosotros. Terminé como a dos kilómetros de donde me hallaba en primer lugar, sin contar que casi morí enterrada.

—Peleaste varias veces.

—Tres, aunque la última tan solo pude huir por mi vida.

—Necesitarás descansar— Noté que cojeaba y parte de sus heridas tenían rastros morados e inflamación en los alrededores. ¿Qué clase de enemigos debían de ser para dejar a Stella en ese estado? Podía ver sus estadísticas en ese instante. Stella definitivamente no era débil en lo absoluto.

Nombre: Stella Fenrir

Edad: 33

Profesión: Guerrera

Nivel: 14

Vida: 730

Fuerza: 39

Agilidad: 79

Inteligencia: 90

Resistencia: 68

Destreza: 52

Magia: 1

Habilidades aprendidas

Manejo de la espada 5

Manejo de cuchillo 4

Contrataque 2

Magia aprendida

Fuego 1

Prisa 2

Concentración 2

Agua 1

Viento 1

Stella no solo había entrenado sus magias y habilidades de combate. También se había hecho mucho más fuerte en sus estadísticas generales. Lo cual significaba que su destreza en combate debía de ser por lo menos tres veces más fuerte y amplia que cuando les dejé tres meses atrás.

Luego me imaginé cuán fuertes debían de ser Mena y Amy, especialmente la última con su alta aptitud para la magia. Si desataba todo su arsenal cualquiera estaría en problemas, aunque si se enfrentaba a un usuario que era capaz de robar las magias, aunque fuese momentáneamente. Ello implicaría quedarse sin cartas de triunfo rápidamente.

. —¡Shun!— No tardó en aparecer frente a mi. Me pregunté cómo lograba ocultar casi siempre su presencia, pero hallarse siempre tan cerca como para aparecer ante mi llamada.

—Maestro.

—Necesitaremos madera seca para quemar. Y construir un refugio además de la carreta. Somos muchos y una tormenta se acerca.

—¿Un refugio como el que improvisamos aquella vez?— Preguntó. En el calabozo hubo un momento donde llovió por cerca de dos días enteros y nos hallábamos cerca de una montaña. La única forma de cubrirnos fue crear una especie de refugio. El truco se hallaba en cortar troncos enteros sin hacer tablas, y solo crear aberturas en las secciones de arriba y abajo. a fin de que entre ellos crearan puntos de apoyo y fueran sustentables.

—Igual que esa vez— No era una tarea difícil de realizar. Pero sin duda requerirían de mi ayuda. Por tanto dejé a Stella por su parte camino a nuestro pequeño campamento y me dispuse a cortar los troncos de los árboles que observé. Shun procedía a golpearlos cerca de las puntas, dejando aberturas en esa zona y Sombra y yo luego comenzábamos a moverlos para apilarlos de forma que armasen un cuadrado. Finalmente pasamos los retazos más grandes al techo, donde no importaba si sobraba material, siempre y cuando no cayese sobre nuestras cabezas todo estaría bien.

La tormenta cayó casi una hora después de nosotros iniciar nuestras tareas. Para entonces teníamos dos cuadrados de cerca de dos tres metros cuadrados cada uno más la carreta, la cual desmontamos y dejamos en el suelo. Era un peligro si en algún momento debido a los fuertes vientos esta comenzaba a rodar por el lugar.

Cuando el viento comenzó a soplar Shun decidió preparar un par de fogatas dentro del lugar. Shiro y Kuro entraron junto a los niños y Sombra se lanzó en la entrada del lugar dejando que su frondoso pelaje tapase la única entrada.

Stella fue muy reacia a dejarse curar en un inicio, deseaba ayudar en todo lo posible. Pero luego de dos sesiones de curación, una buena comida y un poco de magia de revitalia , cayó dormida en la habitación central sobre un grupo de pieles que teníamos

Aislé un poco cada habitación, en especial la última, debido a que no tuvimos tiempo de aplicarle barro a las paredes para sellarla e impedir entrase el frío. El viento en la parte de afuera silbaba con fuerza y pronto una capa de nieve cayó sobre todo el lugar creando una espesa capa de nieve.

Transmití algo de calor y reduje en gran medida las fogatas mientras pasaba por las tres habitaciones. Los niños se lanzaron y dormían a los lados de Kuro y Shiro. Me pregunté cuál sería su fascinación por dormir al lado de ambos lobos. De no ser por hallarse domesticados Shiroy Kuro serían terribles bestias.

Logré domesticarlas luego de asesinar a toda una manada que nos había rodeado. Kuro y Shiro fueron los últimos en quedar en pie y me atacaron por cerca de una hora sin descansar, cubriéndose el uno al otro. Su acto de valentía y coraje para mantenerse firme fue lo que me movió a domesticarlos. Esa muestra de lealtad a su compañero me llamó mucho la atención.

—Ven— De pronto la mano de Ciel me tomó y guió hasta el último compartimiento de la pequeña cabaña— Pienso cumplir mi palabra— Comentó mientras quitó las mangas de la blusa de sus hombros y dejó que su ropa cayese por su cuerpo.

A pesar de la fuerte oscuridad en el lugar pude notar la forma de su desnudez. Ciel era una mujer que jamás me imaginé hallar desnuda frente a mi, menos de una forma tan gentil y delicada. Tragué saliva y me planteé un centenar de interrogantes durante una fracción de segundo. Mismo instante que le tomó a mi miembro pasar de un estado relajado, a completamente duro y palpitante.

Aquella mujer no tenía una figura esbelta en ningún sentido. Sus senos eran grandes y caían un poco en su pecho, la aureolas de sus pezones eran enormes y de un tono cercano al marrón claro. Su trasero era ancho y su cintura no se hallaba partida. No era una mujer que hubiese peleado y entrenado toda su vida. En cambio tenía algo de barriga, y su piel por encima mostraba rastros de grasa.

No por ello dejaba de lucir hermosa y terriblemente atractiva completamente desnuda.

Me quedé mirándola en silencio un par de segundos. Absorto sin saber qué decir obviamente. Estaba enamorado de Miry, y quizás tenía un par de sentimientos mezclados por Mena. Pero en ese instante mi cuerpo palpitaba y deseaba sentir su sudor contra el mío. Especialmente luego de tener tres meses sin nada de acción. Mi miembro se hinchó aún punto donde incluso sentí algo de dolor en la punta e incomodidad.

—No me mires así, sé que no soy esbelta.

—No es eso, te aseguro, me estoy controlando mucho de no hacerte mía en este instante— Respiré e intenté ser lo más sincero y racional posible. Eso a pesar de que mi mente solo me decía que deseaba chupar aquellos senos enormes y clavar mi cimbrel hasta lo más profundo de aquella mujer— Solo necesito saber si estás segura de esto.

—No…— Su respuesta fue calmada y vi como Ciel se dejó caer al suelo— Pero lo prometí, pienso darte mi cuerpo a cambio de que salves y mantengas protegidos a mis hijos.

—Yo…— Dudé. Por una parte estaban mis ganas de tener sexo. Un instinto que me jalaba a ser más determinado y hacer lo que deseaba. Por otra parte entendía que lo hacía era por sus hijos— No tengo razón para salvar a tus hijos, pero tampoco para dejarles morir. La verdad, no creo ser un Salvador, pero si está en mis manos, y tengo la posibilidad. Los salvaría— Me senté sobre las pieles y la miré— Creo que no te he agradecido antes como es debido por ayudarme cuando recién llegué a este mundo.

—¿Agradecerme?— Preguntó alzando su cabeza para verme.

—Me diste un par de buenos consejos en los primeros días. Pudiste haberte aprovechado de que era solo un ruck.

—¡Nunca habría hecho eso!

—¡Exacto! Eso me permitió pasar inadvertido al inicio y comprender mejor mis habilidades.

—Es lo que cualquiera en la muralla hubiese hecho— Respondió ella, a lo cual yo la mir’de manera fija.

—Sabes que no…

—Bueno, es cierto que hay algunos descarriados que venden la información, pero eso solo incentiva que aventureros cacen a otros aventureros y terminan con más muertes y…

—Gracias— Bajé la cabeza un poco más calmado, aunque no negaré que mis ojos deambulaban por toda su piel desnuda.

—Bueno, después de todo no espere tampoco que te sintieras atraído por una mujer como yo— Se rió con nerviosismo y yo guardé silencio— He visto la figura de la señora Miry, Mena. Tiene cinturas delgadas y formas muy pronunciadas. Las mujeres nos fijamos en eso.

—¿De verdad se fijan en cosas así?

—Todo el tiempo, es como una competencia entre nosotras. Yo salí hace bastante de esa competencia, nunca fui la chica más estilizada, crecí en una granja, así que lo mío no era entrenar, sino labrar la tierra y alimentar cerdos.

—No me habría imaginado eso, siempre eres tan altiva y recta. Pero descuida, podrías no hacer ejercicio, pero si que tienes un cuerpo muy deseable.

—¿Bromeas?

—Ciel me estoy controlando aquí a tu lado, tengo muchas ganas de hacerlo, no me tientes tanto. 

—¿Tentadora? que buen halago para una mujer de mi edad, gracias— Se levantó de forma lenta y yo pude notar toda su entrepierna allí frente a mi, escondida entre el espacio de sus piernas. Su piel no era tersa, había pequeños bultos pero su frondosidad lo compensaba con creces.

Pase mi mano por toda la forma de su trasero, noté como sus poros se hallaban abiertos y sus piernas temblaban ante mi roce. No supe si aquello era por excitación de ser tocada, o por nervios.

—Allan…— Expresó en voz apenas audible— Soy una mujer mayor, si haces eso, yo, querré más.

—¿Te gusta?— Apreté su trasero con una sonrisa. Luego de un tiempo y varias experiencias sexuales sabes muy bien las reglas implícitas de tal acto. Desde el momento en que ella se desnudó frente a mí supe que tendríamos intimidad, y que ella lo quería tanto como yo. Solo debía ser paciente y moverme de forma adecuada. El sexo después de todo era como una batalla. No gana quien ataca primero, o quién es más fuerte, gana quién sabe cómo moverse frente a su oponente. En el sexo gana quien espera paciente por el momento exacto para desenfundar y atacar.

Mi mano se deslizó por su forma hasta la línea de su trasero y dejé que mi mano descendiese hasta su entrepierna.

—Sí, tenía mucho sin… que placer— Tapó su boca con las manos pero flexionó sus piernas. Palpé su vulva hinchada y húmeda. Sus jugos se corrían por entre sus labios y el clítoris se hallaba abultado y sensible. Deslizar mis dedos por aquella delicia fue excitante n extremo. La humedad era tal que las yemas terminaban por entrar en ella de forma natural.

Hundí dos de mis dedos y comencé a juguetear con su zona hasta que sus piernas desfallecieron y se dejó caer sobre mi en las pieles. Respiraba entrecortado cuando se dió vuelta y dirigió hasta mi entrepierna. Sacó mi bulto y sin previo aviso le tragó completamente. El calor de su boca envolvió mi miembro desde la punta hasta la base. Comenzó a chupar con tal violencia que mi primera descarga fue directo a su boca luego de un par de minutos.

Había cierto miedo en el ambiente entre los dos. Mantuvimos el silencio en todo instante mientras ella se acomodó para sentarse sobre mí y dejar que mi falo la penetrara por completo. Las habitaciones eran en extremo pequeñas y el ruido despertaría al resto. Por tanto todo fue en completo silencio, o al menos el mayor posibles pues su pelvis chocaba contra mis piernas con cada embestida.

Sus senos saltaban de forma obscena y aquello era más tentador, su lengua jugaba con la mía mientras sus manos se aferraban a mí con desesperación. Me llevó un buen rato comprender que Ciel no había probado el placer carnal desde hace mucho tiempo y era una bomba de sensualidad por explotar. Se estaba dejando llevar solo por sus deseos carnales. Entre ella y yo no había sentimientos profundos de por medio, solo deseos de placer por un breve instante, y aquello no estaba mal.

—Me van a escuchar— A pesar de sus palabras su vulva chorreaba jugos divinos mientras le colocaba sobre sus rodillas y embestía desde atrás. Noté como su espalda se curvaba y empinaba su trasero. Lo hundí hasta que sentí el fondo de su ser y continué empujando con fuerza y silencio.

Sus nalgas eran enormes. Al punto en que así de abiertas superaban el ancho de mi pelvis— Una mujer, con hijos… no debería…— Susurraba y yo solo le hundía más contra ella.

Me separé y manteniéndola en esa posición descendí para sentir el sabor de su entrepierna. La morbosidad me ganaba y el placer de tenerla era superior a cualquier pensamiento.

—Está sudado.

—Está delicioso— Me importó poco sus palabras y chupe su clítoris mientras hundí mis dedos en su cavidad con fuerza y velocidad, hasta que le escuché chillar y caer.

—Stella me va a escuchar Allan— Preté sus senos mientras la penetré desde atrás. Tardé varios minutos en aquella posición mientras notaba sus dedos apretando las pieles. Descargué todo en su interior y continué embistiendo., no descansé hasta poder llegar por tercera vez y notar como su zona dejaba caer viscosidad sobre el suelo.

Desperté desnudo envuelto en un par de pieles y me levanté de un salto. Ciel se hallaba en la habitación contigua preparando avena, pero el ruido estridente le alertó tanto como a mí. Era un sonido atronador, como si rocas enormes cayesen en la distancia y se acercasen poco a poco. Habían pasado muchas horas desde la divina experiencia junto a Ciel, pero aquello no importaba ahora. La observé con los ojos abiertos y luego fue Shun quien llegó desde la primera habitación.

—¡Despierten!— A pesar de su voz Stela ya se hallaba consciente y sentada expectante, mientras que Sombra se movía en la puerta.

—¿Una avalancha?— Pregunté, a lo cual Stella me miró con los ojos abiertos y asintió con la cabeza.

—¿Qué hacemos?— Pregunté mientras escuché a Sombra alterado lanzando aullidos.

—Resistir, aunque dudo que esto aguante la potencia de la nieve— Comentó Stella. Entonces usé lo primero que se me vino a la mente. Activé puerta dimensional justo debajo de cada uno de los que allí nos hallábamos. Once agujeros que tragaron a todos y nos dejaron caer en nuestra misma posición a casi dos kilómetros de donde nos encontrábamos previamente. Me sorprendí al notar que ya era casi de mañana y los primeros rayos de luz dejaban ver una nube blanca que no solo bajó desde la montaña, sino que cubrió todo en su extensión bloqueando cualquier rastro de vista.

Pasamos sorprendidos un instante. Yo me hallaba desnudo de la cintura para arriba y con frío por todo el cuerpo, pero impactado por la escena. Los niños estaban obviamente asustados porque las nubes blancas de nieve se acercaban cada vez más. Fue entonces cuando noté que tres aves enormes salieron de entre las formaciones blancas y se dirigieron donde nosotros nos hallabamos. 

—Maestro.

Miré a Shun— ¿Qué sucede?

—Debemos irnos— expreso y noté la expresión facial en su rostro, tenía miedo— Son muy fuertes— Apretaba sus puños mientras observaba a las tres aves. Yo no supe qué pensar, no conocía monstruo en la superficie que fuese superior a Shun o Sombra.

—¿Qué tan fuertes?

—Más que los Onis— Me miró y yo quedé casi sin palabras. ¿Cómo esas simples aves? De improvisto el aire se llenó de electricidad y un centenar de rayos cayeron al suelo.

—¡Sombra, Shiro, Kuro! ¡Cuídenlas!— Abrí tres portales. Sombra recogió a Ciely Stella mientras los lobos menores tomaron sobre sus lomos a sus espaldas y desaparecieron por medio de los portales. Los envié tan lejos como podía —¡Shun conmigo! ¡ads dispel! ¡ads bendición! — Eliminé la lluvia de rayos, sin embargo, de pronto un frío voraz caló hasta mis huesos. Noté como los árboles a nuestro alrededor se congelaban a un punto donde parecían vidrio.

De la nada las aves se dirigieron al suelo y aterrizaron frente a nosotros. Hubo un silencio fuerte y mientras tanto Shun y yo comenzábamos a recitar las magias de refuerzo que conocíamos. Frente nuestro, la espesa nube de nieve comenzaba a disiparse y un grupo de sombras se observó desde nuestra posición.

—Ads fuego— Debí sacar la magia de fuego y explotarla en su mayor expresión a nuestro alrededor. Aun así podía ver cómo las llamas luchaban por mantenerse vivas contra el hielo que intentaba avanzar hasta nuestra posición. El resultado era un vapor que emanaba justo a nuestro alrededor.

—No son bienvenidos aquí— La voz que llegó hasta mis oídos fue fuerte y clara, era la voz de un hombre imponente y decidido. Me dió la impresión que debía ser exageradamente fuerte. Tardé casi un minuto en poder ver su rostro.

El hombre iba sobre un caballo blanco con azul, su piel tenía una tonalidad semejante al cristal, azulada y brillante en ciertas regiones. Portaba una delgada ropa blanca que cubría parte de sus hombros y caía por el resto de su cuerpo. Su mirada fría y la mueca de desprecio en su rostro me dijeron que no era alguien con quien yo desease pelear. Portaba en su mano derecha un tridente artesanal.

—Necesitamos cruzar las montañas y dirigirnos a la aldea tumb— Respondí lo más firme que pude. No solo se hallaba este ser, detrás de él podía observar decenas de jinetes con el mismo porte altivo.

—No hay paso por las montañas.

—Un grupo de tumbs pasaron hace un par de días, entre ellas una de ellas estaba embarazada y fue secuestrada. Necesitamos rescatarle.

—Tendrán que dar la vuelta, las tumbs pueden cruzar nuestro territorio, es un acuerdo de cientos de años. Los humanos no pueden.

—¿Cientos de años?— Pregunté por curiosidad, el caballo avanzaba hasta nuestra posición de forma intimidante, tanto Shun como yo permanecimos en alerta, listos para un ataque. Sin embargo, el caballo se detuvo cuando sintió la magia de fuego repeler al frío. Obviamente no quería pisar aquello, noté que aquel ser también observó la magia en acción y frunció el ceño.

—Hay un dios sobre la superficie de estas tierras nuevamente. El maná está fluyendo a todas las criaturas. La raza de los Sheltar tiene el derecho sobre estas montañas sagradas, el paso está cerrado.

—Sheltar…— Repetí en voz baja y comencé a repasar en mi mente acerca de aquel nombre. No lo había escuchado jamás, tampoco alguna historia sobre una tribu que cerrara el paso a mitad de las montañas rumbo a la aldea tumb. Era el tipo de historias que Miry me habría contado una y otra vez en una noche.

Eso significaba dos posibles cosas. O nadie sabía de la existencia de los Sheltar por omisión o porque todos los que se encontraron con ellos terminaron muertos. O antes de que Emerant saliera a la superficie no existían.

—Identifico que eres un humano con habilidades, te sugiero te retires antes de que mande a mis bestias a eliminarte— Se escuchó un rugido en el aire y las aves también se mostraron sedientas de pelea.

—¿Qué hacemos? — Pregunté a Shun.

—No lo sé maestro. dar la vuelta nos podría tomar varios días, quizás una semana de retraso.

—Una semana… — Era esa posibilidad o luchar en ese mismo instante. Y la energía que emanaba de aquellos seres dudaba que pudiese enfrentarles. La magia de fuego luchaba a nuestro alrededor para que el hielo no nos asesinase.

Bajo otra circunstancia yo habría optado por el diálogo y aceptado la oferta de desviarnos, pero en mi mente solo podía imaginarme a Miry sufriendo o incluso muerta junto a nuestro bebé. La idea me comía por dentro desde hace mucho y atormentaba. Una imagen de aquello se me vino a la cabeza y observé con enojo a aquel ser. Noté que Shun sólo estaba expectante y conocía mi temperamento. Yo no era de buscar pelea, pero bajo ciertas circunstancias.

—Fuego— Extendí la barrera unos cuarenta metros a nuestro alrededor y la separé en dos áreas. Shun y yo nos transportamos a las cercanías para buscar nuestras armas que estaban enterradas en la nieve a espaldas de aquel pequeño ejército. En un principio pensé que la distancia era poca, pero al transportarme me percaté que estábamos a más de tres kilómetros de distancia. Sin embargo, apenas dio tiempo para tomar el espadón y dos dagas cuando el suelo a nuestros pies tembló y un centenar de riscos helados emergieron de la tierra.

Salté sobre ellos protegiéndome con el espadón mientras invoqué magia fuego. Pese a ello los témpanos eran muy grandes y no se derretían de inmediato. El resultado eran formas puntiagudas de hielo que debía esquivar mientras me movía y otras más salían del suelo.

Las aves se arremolinaron sobre nuestras cabezas y una lluvia eléctrica llovió sobre nosotros. Activé dispel para disipar aquel exceso de ataques y me dispuse a avanzar a toda velocidad. Cosa muy difícil a pesar de la magia prisa, puesto que la nieve era muy alta, los pies se hundían con facilidad y correr era imposible. No a menos que subiera el índice de calor de todo el lugar. Quizás si fuese un genio de la magia de fuego como Miry, podría estar incinerar los a todos, o tal vez si fuese un genio en el uso de todas las magias como Amy, o un estratega destacado como Mena. Pero la realidad es que mi mayor beneficio actual era mi capacidad de aprender de mis enemigos y un variado arsenal de magias y habilidades. Por tanto, solo podía era probar distintos combos de habilidades y magias, y confiar en que todo funcionaria de alguna manera.

—Ads fuego— Recité y empujé las llamas al frente para crear un camino. Noté que Shun lanzó una daga a una de las aves a máxima velocidad y está comenzó a caer a un ritmo vertiginoso hasta estrellarse en el suelo con un chirrido horrible. las otras dos descendieron y atacaron con sus picos brillantes y fuertes como acero a alta velocidad. No tuve duda que aquello nos cortaría en dos pedazos si llegaba a tocarnos. Sin embargo, me mantuve en carrera hacia una de estas bestias. De cerca podía decir que medían casi veinte metros de un ala a la otra.

Esas aves eran cazadores del mundo exterior, jamás algo así de grande podría volar a libertad en el abyss. Había cámaras enormes, pero por lo general los pasillos eran estrechos.

Se acercaba con rostro amenazante, corrí a pesar de que una flecha rozó mi mejilla salida de algún lugar desconocido. Mi objetivo estaba claro, era aquella ave. Viré mi cuerpo en el suelo a último instante y me levanté lanzando un golpe descendente con mi espalda. El ala izquierda del ave se desprendió sin poner resistencia. La bestia cayó al suelo moviéndose de forma espasmódica.

Shun por su parte se hallaba sobre el lomo de la otra con un hacha clavada en la espalda, mientras subían y planeaban por el aire de forma peligrosa. Sonreí ante la vista frente a mí, un pequeño ejercito a caballo se alzaba, quizás unos doscientos de ellos. Una vista horripilante, a no ser que casi un año atrás hubieses luchado contra un ejercito de miles de goblins y orcos. Respiré profundo dejando que el aire llenase mis pulmones antes de proceder a avanzar nuevamente contra mi enemigo. Podía ver como se movían como una caballería con lanzas al aire. Mientras corría del suelo empezaron a florecer filos de hielo que se veían derretidos inmediatamente por las flamas que mantuve a ambos lados de mi camino.

Los guerreros Sheltar no eran rival para mi espada y mi velocidad. Sus movimientos a caballo eran torpes en comparación a mi postura inclinada y el movimiento ascendente del espadón. Corté el abdomen de un caballo, el cual cayó de forma estrepitosa estrellando su frente contra el suelo. Su jinete mientras tanto vio su cuello cercenado por mi espada y no sintió la caída aparatosa. El siguiente arrojó su lanza y esta rozó mi muslo interno por no tener casi tiempo para esquivarle. Rebané su torso y dejé que los dos pedazos cayeran al suelo mientras su caballo huía relinchando despavorido.

De pronto ninguno marchó hacía mí. Las tropas se detuvieron a unos diez metros de distancia de mi y yo me separé un poco más retrocediendo.

Jadeaba a causa del calor que emanaba a mi alrededor y el vapor que ascendía. Mi mente se veía sacudida por el exceso de calor y sentía que me desmayaría. Pero el frio me mataría en un instante si no luchaba de ese modo. Sin contar que no podría moverme siquiera un metro o esquivar cualquier ataque.

—Me complace ver a un guerrero— El aparente jefe de la tribu avanzó hasta donde lo podía ver. No parecía siquiera haberse inmutado ante la muerte de sus hombres— Lamentablemente ni yo ni mi tribu hemos logrado recuperarnos por completo de nuestro letargo, sin embargo— Alzó su arma al aire y comenzó a recitar algo. Yo retrocedí metiéndome dentro de un portal y reapareciendo cerca de Shun, quien se había librado de la otra ave y se hallaba tendido en la nieve.

—Peligroso— Susurró este. Y yo no necesitaba que él lo dijera. La concentración de energía en el aire era tanta que se podía sentir y tocar. Aquel ser estaba concentrando cantidades tan enormes de energía que podría transportar a unas mil personas de Adrem a Ibis sin problema alguno.

—Esto es magia de sangre guerrero, seguro jamás has visto nada semejante.

Shun se acercó hasta mi y me sujetó del hombro, ninguno de los dos procesó lo que vimos en ese instante. La sangre del suelo comenzó a flotar formando hilos rojos que se concentraron en un solo punto. Al principio solo fue una esfera de sangre, pero pronto la nieve comenzó a juntarse en aquel punto, como si se crease un vórtice que tragaba todo. Incluso los pedazos de piel y los cuerpos de los guerreros, las aves y caballos. Se formó de pronto un amasijo asqueroso.

—Debemos irnos señor. Eso no es bueno, puedo ver como el maná está viajando por el aire hasta esa cosa.

Shun solía hablar de la energía con la palabra maná. Pero significaba exactamente lo mismo para él que para mí. Aquello era la fuente de poder mágico de las cosas, y aquello estaba absorbiendo cantidades ridículas.

—¿Qué haremos con los demás?

—No sé, siquiera sé si podremos sobrevivir nosotros contra esa cosa— Comentó Shun señalando la masa viscosa.

—¿Qué hará? — Me tragué la siguiente pregunta. Un brazo emergió de la masa de sangre, y luego otro. Ambos debían medir unos cuatro metros de largo. Se apoyaron en el suelo mientras la masa comenzó a formar un caparazón de huesos y músculos colgantes.

Una calavera emergió dirigiendo su vista hasta nosotros. La cabeza giró contorsionándose de diversas formas y yo sentí miedo. Un miedo superior, el miedo a un ser que estaba fuera de la compresión y de los pensamientos. Aquella cosa siquiera parecía posible o natural. No estaba bajo las reglas naturales de la magia ni tenía explicación. No obstante, el miedo no provenía de su sola presencia, sino del aura que emanaba de ella. Era incluso visible, como un humo rojo envolviéndole.

Un par de piernas aterrizaron en el suelo, fuertes, musculosas y grises. El tronco terminó de armarse y yo no seguí esperando. Me lancé al ataque en carrera. Activé prisa y fuego en el camino. Salté gracias al portal y ataqué con todas mis fuerzas.

Su mano se movió a un ritmo impresionante, de pronto vi una cabeza emerger desde el hombro y el golpe a un costado. Me sumergí en otro portal para atacar nuevamente desde un costado a la figura que ahora debía medir unos tres metros de altura. A pesar de mi velocidad y que aparecí de pronto a su lado, un golpe desvió la dirección de mi espada, giré en el aire y recibí una patada contra mis costillas. Me estrellé contra el suelo y reboté. Sentí que algo dentro de mí se rompió. Probablemente todas mis costillas, por tanto, usé sanación y un portal para aparecer a suficiente distancia de este, a unos doscientos metros.

Salí del portal y… el puño de aquella cosa estaba directamente contra mi cabeza— Ads sanación— Escuché la voz de Shun mientras apretaba una gema en sus manos y me veía con preocupación.

Salí expelido y casi inconsciente— Ads poder, ads poder, ads poder— Sentí mi cuerpo crujir y las marcas negras en mi cuerpo arder de ponto. No sabía lo que aquello significaba, pero tampoco tenía tiempo para preguntármelo— Ads regeneración, ads regeneración— me estrellé contra un árbol, e tronco estalló por mi impacto y de pronto noté como una espada enorme brotaba del brazo de aquella cosa. Estaba justo a mi lado y el filo a poco de incrustarse en mi abdomen. No podría sobrevivir a eso. Interpuse el espadón y viré mi cuerpo. No obstante, sentí una patada contra un costado y fue lanzado de nuevo por los aires.

—Ads portal— Me transporté para permitirme alejarme unos dos kilómetros del lugar y dejar que mi cuerpo aterrizara.

Mi cuerpo tembló y sentí la muerte venir a por mí. Aquella cosa enorme y de piel gris desapareció tres veces y de pronto se halló justo frente a mí cuerpo. ¿Qué rayos era eso? No conocía ser alguno con tal capacidad de movimiento.

—Ads prisa, ads prisa— Me dio tiempo de pronunciar antes de recibir el primer puñetazo. Bloqueé con el espadón y sentí que esta se resentía del golpe, el siguiente puñetazo lo esquivé por poco, apartando mi cuerpo hacia atrás. De pronto aquella cosa lanzó una patada a mi punto ciego. Solo pude esquivarla debido a que tensionó los músculos de su abdomen y aquello era una vieja costumbre de luchar contra Helim y Mu. Sin embargo, de pronto brotó un tercer brazo de su espalda y me conectó directo en la cara desde arriba. Era un ataque que no preví y me dio de lleno. Giré y caía al suelo sintiendo la nieve contra mi rostro. De pronto una de sus manos se posó sobre mi cabeza, un pie pisó uno de mis brazos y el otro brazo sujetó el resto de mi cuerpo.

Sentí de pronto como mi costado fue atravesado por un filo enorme. Lancé un grito ahogado, aquella cosa me partía en dos pedazos en carne viva. No podía ver siquiera como me despedazaba pues su mano cubría mi rostro por completo. Grité y mordí, me opuse y todo en vano.

—¡Maestro! — Escuché el grito de Shun desde algún lugar, y de pronto la mano de mi rostro dejó de apretarme. Shun se hallab justo frente a mi, mientras que tres brazos se hallaban aun en el aire. Dos de ellos pertenecían a la bestia que nos atacaba, mientras el tercero era el brazo izquierdo de Shun.

Él había cercenado dos brazos de aquella cosa, pero al instante esta reaccionó y cortó el de Shun desde el hombro.

Noté entonces como un nuevo brazo surgía del abdomen de aquella cosa junto a una espada ligera. Se dirigía directo al cuello de Shun que se hallaba apenas terminando de aterrizar y no podía ver el ataque en su contra.

—Ads portal— Me abalancé con él y desaparecí del lugar. No supe que tan lejos nos envié, pero apliqué magia portal unas cinco veces más junto a Shun antes de detenerme y observar mi alrededor.

Me hallaba en un bosque verde y a mi lado se extendía una planicie. Las montañas estaban extremadamente lejos y apenas visibles. Mi cuerpo temblaba y me derrumbe a causa de mi propio espadón enterrado contra mis costillas.

—Debe vivir maestro— Noté como la mitad derecha de la cara de Shun no estaba en su lugar. Los huesos y algo viscoso se asomaban en su lugar.

—Ads sanación recité antes de perder el conocimiento a causa de excederme en el uso de las magias. 

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