45. PETICIÓN

Estaba furioso. Salí de la habitación principal del gremio con ganas de golpear todo lo que estuviese frente a mi. Sin embargo, controlé mis impulsos cuando noté a Ciel esperándome con rostro lleno de preocupación. No podría golpear a Ciel, ni en mil años. Debí respirar profundo y calmar mis ansias asesinas.

—Escuché lo que dijeron.

—Siento que las cosas fuesen así— Comenté con la mayor calma que pude.

—Yo me enteré muy tarde sobre Miry y la partida de las chicas— Ciel me guió hasta una de las salas donde se contaba el dinero de los aventureros. Noté que Shun y Sombra estaban de pie ante la vista de todos sin inmutarse con el resto, su vista estaba fija en mí. Les indiqué con la mirada que pronto estaba con ellos.

Ciel me llevó hasta una recámara adjunta y sentó frente a una mesa— Necesito conversar contigo, y privacidad si es posible— Cerró con llave la puerta y pasó a sentarse frente a mí.

—¿Sucede algo?— Ese tipo de comportamiento no era usual en ella, sin contar la expresión de su rostro y la forma en la que movía sus manos.

—No voy a excusar a Benjen. Sin embargo, creo que debo comentarte que él no está en la mejor posición actualmente.

—No necesito que me digas algo bueno de Benjen, Ciel.

—No es eso, es que no sé por dónde iniciar. Es algo que me avergüenza— La observé sin decir nada, mi mente daba vueltas en las distintas cosas pendientes. Miry estaba camino a la aldea tumb o ya en esta. A no ser que Mena y las demás lograran interceptarlas. Por otra parte estaban las niñas tumb en donde el viejo Vermont.

—Estoy un poco apresurado.

—Tengo una petición muy egoísta que hacerte.

—¿Qué será?

—Quiero poder ir contigo, pero estoy consciente que tengo dos niños, y dos niños a las afueras de la ciudad es un peligro extra, y una carga que no es tu responsabilidad… es la mía, sin embargo.

Ciel expresó todo aquello sin tomar aire.

—¿Ir conmigo?

—Stella se fue junto a Mena y Amy detrás de Miry. Helim nunca tuvo intenciones de gobernar ni poner orden en una ciudad. Desaparece por varios días y no se le encuentra ni en su cabaña— Informó Ciel y yo me imaginé dónde debía ir en aquellos momentos. Después de todo su fiel compañero Mu, había muerto a manos de los orcos. Debía estar en el abyss, descargando su furia contra todo ser que observase en su camino.

—El problema es que los grupos de gente poderosa se están moviendo. Los comerciantes de esclavos están llegando y hemos incluso confirmado gente de Minfister. Y allá los esclavos son algo normal, pero aquí no. Arglory no va a resistir mucho tiempo. Entonces este terreno lo disputarán los orcos, los muertos o Minfister.

—La situación está complicada.

—Más de lo que parece. Los goblins tampoco ven con malos ojos lo que pasa. Para ellos mientras el sistema les brinde un par de murallas y el comercio avance. Todo está bien. Bajo esas condiciones, mis hijos no están seguros. No puedo pedirte que te los lleves, no son tus hijos ni responsabilidad. Solo me queda rogar que nos dejes ir con ustedes.

—No sabes dónde me dirijo yo.

—Lo más seguro es que a la aldea tumb y busques a Mena, Stella y Amy. Después de allí solo hay una opción segura. Viajar al este.

—Al este…— Me planteé la idea. Al este estaba el continente de las bestias,era un lugar donde los conflictos no llegaban. De hecho probablemente Minfister o el ejércitos de los muertos sabían de la existencia de este lugar.

—Estoy dispuesta a ser tu mujer, tu amante, esclava, puedo limpiar su hogar, hacer la comida, limpiar las armas o recolectar lo que sea necesario.

—Calma Ciel— Le detuve. Con cada palabra me percataba más de su estado y desesperación. Para que Ciel, una mujer que ostentaba y demostraba ser tan recta, me ofreciera su cuerpo, significaba que estaba dispuesta a todo. La verdad es que Ciel era una mujer madura con buenos senos y una cintura bastante pronunciada. No podía decir que no me tentaba la oferta de su cuerpo, pero no era mi principal preocupación en ese instante.

El verdadero asunto es que yo planeaba un viaje que podía resultar peligroso, y la idea de un par de niños en parajes que yo mismo desconocía, era descabellado. Luego recordé algo más alarmante, yo no podía dejar a las niñas tumb. Miry me mataría de saber las dejé abandonadas en la ciudad a mí regreso.

—No necesitas cargar con nosotros. Tengo dinero y puedo gastarlo en un carro mató y caballos. Incluso pagaré la comida del viaje para todos. Por favor Allan.

—¿En verdad crees que la ciudad está tan mal?

—Las criaturas sólo están creciendo en tamaño y dificultad. El libro que escribiste ha ayudado mucho a un centenar de aventureros, y están logrando controlar mucho mejor su magia. Pero no creo que se posible avancen mucho más de lo que avanzan actualmente. A este paso, probablemente a la ciudad le quede año y medio o dos años. Está es la mejor oportunidad que le puedo brindar a mis hijos, es el mejor momento para escapar. No conozco nadie que sea tan fuerte como tú o las chicas. Sin contar que la ausencia de Stella agrava mucho la situación. Dime ¿Si mañana atacan la ciudad, quién la defendería? Hay un par de aventureros de nivel nueve, pero tú eres nivel quince por lo menos.

—Treinta— Mentí, me dio algo de pena decir mi verdadero nivel.

—¿Treinta?— Noté como abrió los ojos e intentó calmar su respiración— Nadie que conozca, jamás ha llegado tan lejos. Debiste bajar ¿cuántos pisos? ¿Sesenta, setenta? Es… — Se detuvo y me miró con rostro firme— Eso me deja más segura, déjanos ir contigo. Si puedo ayudaré en el rescate lo haré, como dije, haré lo que sea, lo que quieras, cuando sea… solo deja que mis hijos vayan.

Alcé la cabeza y respiré profundo— No creo poder decirte que no Ciel— ¿Podía negarme? Ciel era de las pocas personas que me instruyó cuando recién era un ruck. Me había aconsejado no hablar nada de mi habilidad cuando la descubrimos. Era difícil tener que dejarla después de haber dicho lo que dijo. Eso además me hizo pensar en las otras personas dentro de la ciudad que me eran importantes. Sin embargo, yo no era una caravana. Yo no podía proteger a veinte personas, menos cuando tantos eran simples civiles— Estoy saliendo en treinta minutos, nos vemos en la posada de Vermont— Antes de salir por la puerta me di la vuelta— Lleva a los niños y compra comida. Suficiente para una semana.

No sabía si media hora era tiempo suficiente, pero yo estaba más que apurado, y un grupo extra de personas tan solo nos retrasaría. De por sí era bastante considerado en permitirles ir con nosotros. No era por ser mala gente, pero yo siquiera recordaba los nombres de los hijos de Ciel. Lo cual probablemente era algo de mala educación teniendo en cuenta que ella les obligaba a saludarnos y tratarnos como sus salvadores cada vez que nos veía.

Shun, Sombra, Shiro y Kuro me esperaban con un tono serio, quizás reaccionaban a mi expresión facial. Ya no me hallaba extremadamente molesto como minutos antes, pero si estaba bastante preocupado y con ganas de dar tantos saltos como fuese necesario para estar en la aldea tumb en ese instante.

Los del gremio de aventureros nos miraban de mal talante. No fingí indiferencia o buena voluntad hacia ellos, encendí mi mano en fuego y les provoqué justo antes de irme abriendo portal a nuestros pies. Estaba lo suficientemente cabreado para tener que prestar atención a semejantes individuos.

La conmoción obviamente fue igual de fuerte al llegar de pronto a la entrada del establecimiento de Vermont. Extendí magia escudo entre los demás y les ordené se quedasen allí afuera tranquilos mientras yo entraba y solucionaba un par de asuntos. Luego, deberíamos partir rumbo a la aldea tumb, en una misión de rescate. Shun solo inclinó su cabeza ante mí cuando pronuncié aquellas palabras.

—¡Allan!— Melanie soltó un par de botellas de cerveza que iba a servir al verme y Vermont saltó de donde se encontraba solo para darme un fuerte abrazo. Luego me miró a los ojos y negó a la cabeza, como si se diese a sí mismo alguna respuesta en su cabeza.

—¿Cómo estás muchacho?— Casi rompo a llorar ante él. Los ojos clamaron por soltar un par de lágrimas y mi voz se cortó toda.

—Bien, pero Miry está…— Debí tragar el resto de la oración pues no iba a poder hablar sin caer en llanto.

—Lo sé chico. Las chicas me dejaron aquí a las pequeñas justo antes de salir— Me miró, apretó el ceño y buscó un tarro de chocolate del mostrador. Lo colocó en mis manos a pesar de que este era de un cliente y luego le gritó que ese lo pagaba la casa.

—Iré a buscar a Miry— Logré decir después de tragar un sorbo profundo— No tengo tiempo que perder, pueden haber llegado a la aldea tumb ya en este instante.

Vermont asintió mientras Melanie abandonaba las labores y se acercaba a nosotros para escuchar— Las tumb son bastante rápidas, puede ser que estén por llegar a su velocidad, pero Miry está embarazada. Las tumbs no le harán daño hasta que el niño nazca. Hay algo de tiempo— Sonrió y aquello me llenó. Miry también había dicho antes que las tumbs no mataban a otra embarazada, primero esperaban que la madre diese a luz. Luego hacían pagar a la madre, y si el crimen era muy fuerte, al hijo. De igual forma me hallaba preocupado.

—Voy a llevarme a las niñas— Comenté.

—¿Las llevarás? ¿No es peligroso?— Preguntó Melanie.

—Tengo un par de escoltas— Melanie ya había visto tanto a Shun como a los lobos, pues el bullicio afuera era bastante grande.Se podían sentir desde abucheos hasta gritos. Y los comensales del establecimiento estaban agolpados en la puerta— Además llevaré a Ciel y a sus hijos, haremos una caravana para salir.

—Será un viaje largo entonces— Vermont se dirigió a la parte de atrás— Ve a buscar a las niñas, prepáralas para salir Melanie— La chica atendió a las palabras y se encaminó rauda a la zona trasera.

—Tendrás que llevarteun par de cosas— Comenzó a alistar comida y en ese instante e detuve.

—Vermont,quiero que tu y Abert se lleven a Melanie, Giro y Dimch al este.

—¿Al este?

Saqué de mi bolsillo mi mapa y lo coloqué frente al hombre— Por acá, al noreste de la ciudad de Emma, a esto le llaman el continente de las bestias. La realidad es que está habitado por semihumanos, no son peligrosos. Esta es una zona segura. La guerra de Minfister ni los muertos, ni los orcos llegarán allí.

—¿Estás seguro muchacho?

—Estoy seguro que las situaciones no son buenas. Y que Minfister no tiene poder hasta allá.

—El este entonces ¿eh?

—No te aceptaré la comida esta vez, quiero que se preparen y salgan cuán pronto puedan. Si llegan a este punto. A la ciudad de Sheca, yo les buscaré allí luego de terminar los asuntos en la aldea tumb. 

—¿Podrás?

—Llegaré rápido a la aldea tumb, no sé cuánto tiempo toma llegar a Sheca, pero no será mucho. Ustedes la tendrán más difícil. Si le pides ayuda a Tariel, podrían llegar más rápido.

—Pedirle ayuda a Tariel, suena como una buena idea, esa mujer nos llevaría al fondo del abyss si le pagan lo suficiente.

—Eso me recuerda, si puedes intenta llevar contigo a Daniela, es terca y se negará en un principio. Si todo falla dile que allá le esperará Mena.

—No creo se niegue si le digo que tu nos buscarás allí. Daniela es bastante apegada a tí, aunque no lo demuestre chico. Cuéntame ¿cómo es la ciudad de Sheca?

—No la conozco.

—¿Y quieres que vayamos allí?

—Acabo de tener una discusión con Benjen y una conversación con Ciel, te aseguro, es la mejor opción en este momento.

—Bueno, los aventureros dicen que los muertos están avanzando hasta Adrem, significa que después vendrán a Selyntos o acá. Escapar parece una vía razonable.

—¿Qué? ¿Por qué? ¡No quiero!— Fera se acercaba junto a Tanie detrás de ella— ¿Por qué tengo que ir con él? ¿Por qué tengo que ir contigo? — Me miró con los ojos fijos y se cruzó de los brazos— Este hombre dejó sola a mamá Miry, y se la llevaron por su culpa.

Sus palabras calaron profundo en mí. A pesar de ser una simple niña, o quizás por ser tan solo una niña, sus palabras fueron cargadas de toda la verdad. Yo abandoné a Miry durante un largo tiempo, y en mi ausencia esta fue llevada. Respiré profundo y noté la mirada del viejo Vermont en mi dirección.

—Quiero que vengan las dos porque no conozco la aldea tumb. Iré a rescatar a Miry— Respondí de la forma más recta que pude.

—¿Vas a rescatar a mamá Miry?— Tania salió desde atrás de la otra pequeña, se acomodó las orejas, las cuales tenía caídas a los lados y miró a Fera, diciéndole algo apenas moviendo los labios.

—¡No podrá rescatar a nadie! ¡Nadie puede enfrentarse a la guardia real!— Fera le reprendió— Miry era fuerte y no pudo enfrentarlas.

—Miry está embarazada— Comencé a explicar— Esa es la primera razón por la cual no podía luchar de verdad, la segunda es que les brindó tiempo para que Mena y Amy las sacara a ustedes y las pusiera a salvo. Y lo tercero es que yo soy mucho más fuerte que Miry.

—¡Jah!— Fera volteó la cara para no verme, mientras que Tania parecía decirle un par de cosas mientras me miraba con algo de temor.

—Si no me crees puedes ver a mis súbditos allí afuera— Atraje su atención— Son lobos que podrían tragar a cinco tumbs al mismo tiempo.

—¡Mientes! ¡Eres un mentiroso! ¡mamá Miry decía que tu nunca le abandonarías, pero eso fue lo que hiciste!
—Puedes verlo por ti misma allí afuera— Señalé en dirección al tumulto de personas que se hallaban en la entrada del lugar— De hecho ¡Shun, Sombra!— Abrí la magia de puerta dimensional y el par de figuras aparecieron desde el suelo. Sombra de hecho era tan grande que no cabía por completo de pie, y debió echarse en el suelo mientras que las mesas rodaban por el lugar con estrépito. Vermont y Melanie dejaron escapar un par de gritos, especialmente debido a las fauces del lobo de color negro.

Tania se escondió detrás de Fera lanzando un grito al aire.

—Shun— Hablé y lo hice con voz alta para que las niñas pudieran escuchar a pesar de los gritos de Tania— Nos dirigiremos a la aldea tumb, a rescatar a mi persona más preciada en el mundo. Mi esposa, Miry, y mi futuro hijo que está en su vientre— Noté como Shun abría los ojos ante mis palabras, notando el tono de voz y el nivel de relevancia que tenía esta persona para mí— La han secuestrado y debemos rescatarla a como de lugar. Sin embargo, Fera y Tania opinan que no podremos enfrentarnos a la guardia real de la tribu de las tumb. ¿Tú que me dices? ¿podremos rescatar a Miry? Ellas son hijas adoptivas de Miry, por tanto también mías, y pienso llevarlas con nosotros a la aldea.

—Señoritas— Shun se dirigió frente a ellas y se arrodilló, punto que me sorprendió bastante e hizo que Tania diera otro grito, mientras que Fera apretaba los puños y los dientes, pero no se movía de su lugar— Les aseguro que no existen guerreros suficientemente poderosos para poder enfrentar a nuestro maestro, sin embargo, si todo falla, puedo asegurarles que estaré feliz de dar mi vida a fin de rescatar a la esposa de mi maestro y su hijo. Además, puedo darles la seguridad de que nadie les tocará en nuestro viaje, ni humano, tumb o criatura alguna. Y creo que Sombra opina igual que yo.

Sombra dio un resoplido seguido de un enorme aullido que envió varias sillas volando y Vermont me miró de mala manera, motivo por el cual saqué mediante magia al lobo. Fera por su parte guardó silencio y se cruzó de brazos.

—Cuidalas. Nunca tuve hijos o nietos, así que ha sido divertido tener que cuidar a esta par de niñas. Y lleguen a la ciudad de Sheca lo suficientemente rápido para poder ver al bebé de Miry recién nacido. Moriría feliz si pudiera cargar al niño— Sentí que Vermont me hablaba de la forma más sincera posible.

—Yo hablaré con Abert, si le digo lo que mencionaste no se opondrá a viajar de inmediato— Comentó Melanie.

—¡Shun! ¿Donde debo ir?— Resolvió la pequeña Fera y yo sonreí, mientras que este se levantó y las guió hasta la puerta del frente.

—¿Tu también estás a poco de dar a luz cierto?— Pregunté a la tierna chica que lucía una panza tan enorme que parecía a poco de estallar— Tomen esto, contiene magia curación, esta otra tiene magia regeneración— Es mi regalo, con esas dos deberían estar a salvo durante el parto— Le brinde dos gemas moradas de las grandes que poseía. Contenían suficiente magia para unas siete personas cada una. Era más que suficiente para resguardar su vida y la del bebé apenas nacieran. Sin embargo me dió un poco de miedo y le entregué otra gema de curación al viejo Vermont, sabía bien que este la usaría únicamente cuando fuese necesario de verdad.

Al salir de la cabaña pude notar un carromato de madera con ruedas reforzadas en acero y un grupo de cuatro caballos al frente. Ciel me miraba con un rostro lleno de preocupación, como si pensara que yo me iba a arrepentir de la decisión tomada y la dejaría varada.

—Traje dinero— Se bajó del carromato— Son unos treinta de oro, fue lo que me quedó luego de comerciar con ese idiota de Gunter, me vendió el carromato al doble del valor.

—No hará falta, sin embargo, lo tomaré— Agarré la pequeña bolsa de las manos de Ciel.

—¿No la necesitaremos?— Preguntó abriendo los ojos.

—Tengo gemas para comerciar— Respondí.

—Ellos también irán con nosotros— Le informe a Shun mientras este veía el carromato— No nos van a retrasar… tanto— Comenté ante su mirada— Además el carromato servirá para llevar comida, las cosas y a las niñas— Repasé dirigiéndome a la parte posterior mientras que notaba un par de caras conocidas. Los hijos de Ciel se hallaban en el interior del vehículo con rostros pálidos. La niña debía tener cerca de siete años, quizás ocho, el niño parecía algo mayor, probablemente diez o doce. Me era difícil calcularlo. Les saludé con una sonrisa y un apretón de manos antes de indicarles a Fera y Tania que subieran a bordo.

—Creo que sería mejor prescindir de esas bestias y atar el carromato a Sombra señor, dudo sean suficientemente veloces y llevariamos menos carga con nosotros.

—Tienes razón, pero ella se empeñó en comprar esos caballos, sin contar que estaremos mejor si Sombra puede maniobrar junto a Shiro y Kuro a nuestro alrededor.

—Bien pensado maestro.

—¡Lleven esto!— A pesar de decirle que no aceptaría su comida, Vermont llegó con un pastel de manzanas enorme y unas cinco barras de chocolate— No me mires así muchacho, esto se preparó para las niñas, sería un desperdicio dejarlo a que se pierda aquí.

Sonreí recordando a la señora Katie, ella no habría dejado que partiesemos sin darnos al menos siete raciones de comida para el viaje. Noté entonces que Vermont estaba muy encariñado con las niñas. Giré la cabeza para ver a las pequeñas. Tania se ocultaba de la vista de los hijos de Ciel mientras que Fera se hallaba sentada con la espalda erguida mientras apretaba sus puños.

—Nos veremos en Sheca muchacho— Me abrazo y en ese instante le entregué la bolsa con dinero que me había dado Ciel— ¿Qué es esto?

—Llega allá. lo más rápido que puedas. Estaré tranquilo de que lleguen a salvo, contrata a quienes necesites— Respondí antes de montarme sobre Sombra y solicitar a los presentes que se alejaran del carromato y nuestro alrededor. Entonces usé magia de puerta dimensional y salimos de la ciudad al instante.

El carromato cayó con algo de violencia y los caballos se asustaron en extremo. Empezaron a relinchar y escuché desde la parte de atrás los gritos de los niños y Ciel.

—¿Qué pasó? ¿dónde estamos?— Ciel se asomó a la parte delantera impactada por el revuelo y el cambio de ambiente.

—Afuera de la ciudad— No tenía ánimos de dar explicaciones a los guardias sobre mis criaturas o el motivo de mi salida, mucho menos si gran parte de la ciudad estaba siendo dominada por grupos de comerciantes y esclavistas. Probablemente no tenían las mejores intenciones para conmigo o Miry.

—¿Cómo?— Luego pareció comprender que fue mediante magia y salió de la parte de adentro— Avisa antes de hacer eso, de pronto todo fue oscuro y dio bastante miedo allí adentro.

—Lo siento— Respondí y comenzamos a avanzar rumbo al norte. Me hallaba cansado y Shun parecía haberse dado cuenta. Dar los saltos agotaba energía en grandes cantidades. Mi habilidad para ello había mejorado considerablemente, permitiendo hacer los agujeros más grandes, más rápidos y recorrer mayores distancias, a no ser que llevase mayor cantidad de peso. A mayor peso, más difícil de transportar y terminaba gastando más energía.

—¿Está bien maestro?

—Descuida, creo que puedo hacerlo una vez cada hora. 

Al norte del lago de Ibis tres sombras se movían a gran velocidad por la llanura, Su ritmo era tal que las bestias circundantes apenas tenían oportunidad de notar su presencia cuando estas ya habían desaparecido de la vista. El viento mismo resultaba mucho más lento que el trío que avanzaba por aquella planicie. Llevaban ese ritmo desde su partida de la ciudad, los tres celajes se movían casi al unísono.

—Deberíamos descansar— Sugirió Mena. Llevaban al menos trece horas de carrera sin detenerse y la magia prisa les agotaba en gran medida.

—Pensé que para este punto ya les habríamos alcanzado— Contestó Stella.

—Las tumbs son rápidas, pero quizás no vayan a pie, llevar a Miry debe ser difícil.

—En eso creo que Amy tiene razón— Stella cortó un tronco en el camino con su espada sin detenerse en ningún instante.

—¡Tenemos compañía adelante!— Informó Mena. A medio kilómetro de distancia se observaba un par de bestias que corrían en su dirección a cuatro patas. El primero lucía como un oso, era de al menos unos dos metros de alto, pelaje rojizo muy fuerte y garras que brillaban a cada salto. El segundo lucía como un caballo de color morado cuya crin daba colores traslúcidos.

—Vienen con magia— Corroboró Stella.

—El caballo viene con magia prisa y alguna otra— Informó Amy.

—La mejor forma de luchar contra la magia prisa es con más magia prisa— Comentó Stella con una sonrisa y volvió a activar la magia para sí misma— Derribaré al caballo.

—Ads prisa.

—Ads viento— Agregó Mena para crear una mejor posición y facilidad de movimiento a su compañera justo a su lado.

—Ads agua— Amy dejó de correr, pese a ello se movía igualmente a la misma velocidad que el resto, esto debido a una capa de poca fricción bajo sus pies y el poder de la inercia. Se hallaba apuntando a una de las bestias con su mano derecha frente a ella. Cinco dagas de agua se formaron desde sus dedos y cruzaron el aire. La bestia solo pudo notar como las cinco pequeñas siluetas formaron un arco rodeandole para incrustarse en su costado. Cayó al suelo sin vida pocos segundos después debido a los impactos internos y el desangramiento.

Stella bailó frente al caballo para esquivar sus patas. Aquel ser superaba en tamaño a cualquier ser humano, por ello le fue relativamente fácil situarse debajo de su torso y realizar un corte largo y profundo.

La bestia cayó a pocos metros de su compañera respirando entrecortado para luego dejar de jadear. Las tres chicas se detuvieron entonces por orden de Mena.

—Debemos descansar— repuso la jefe de equipo con mirada seria.

—¿Segura? probablemente tengan alguna clase de vehículo, y podrían tomarnos ventaja.

—Tampoco vamos a durar mucho corriendo sin descanso— Apuntó Mena— ¿Cómo va tu pierna?— Preguntó a Stella.

—No ha dado problema alguno, la magia funciona a la perfección— Respondió esta tirando un bolso al suelo para sacar algo de comida— Es demasiado potente esta gema.

—Ya lo creo— Expresó Amy, quien más que nadie se hallaba consciente de cuánto costaba mantener una magia por meses enteros. Sencillamente era algo imposible para un ser humano, no solo por la falta de concentración, sino también por la capacidad de energía que este debería tener para mantener el flujo de forma continua.

—Hace buen tiempo, pero se va a hacer tarde.

—¿Quieres que pasemos la noche aquí?— Preguntó Stella— la noche puede ser un buen momento para avanzar, el clima es más frío.

—Pero no conocemos el terreno, sin contar que nos dirigimos a aquellas montañas— Señaló Mena a un par de montañas completamente cubiertas de nieve— la temperatura bajará demasiado. Ninguna de nosotras trajo ropa abrigada.

—Tenemos magia fuego— Expresó Amy.

—Y yo podría meter la magia en la ropa— Mena se quedó pensativa— Quizás con algunos refuerzos. Pero será difícil.

—Miry habría derretido esas montañas antes de permitir que nos llevasen— Señaló Amy.

—Lo cual me hace pensar en por qué Miry se dejó llevar en primer lugar. Perfectamente pudo haber quemado la ciudad entera si quisiera— Comentó Stella sentándose en el suelo al tiempo que repartía algo de la comida que tenían.

—Era peligroso, supongo que está manteniéndose tranquila por el embarazo— Comentó Amy, aquello era algo que ella también se preguntaba, obviamente Miry tenía maneras de luchar con magia, pero no tenían todavía la menor idea si el uso de esa energía afectaba al bebé. Después de todo ambos, tanto los bebés, como la energía para nutrir la magia, nacían de la barriga.

—Será mejor que nos preparemos lo suficiente, si vamos a pasar esas montañas, será difícil.

—Yo calculo que estamos a menos de medio día de las tumbs, probablemente estas ya se encuentren en la base de las montañas. Eso pensando que se mueven en vehículos de alguna clase.

—¿Vehículos?— Preguntó Amy mirando a Stella.

—Pues si logras dominar a un par de bestias como estos caballos y haces que tiren de un trineo pequeño… Podrían llegar mucho más rápido, probablemente podrían estarse alejando a mucha velocidad nuestra— Contestó la aludida.

—También me imagino usan algo para moverse, de no ser así ya las habríamos encontrado. Dudo que las tumbs tengan equipo ligero con magia como el nuestro, sin contar con aplicar magia prisa por encima de este— Mena mordiendo una papa cocida a la cual aplicaba un poco de sal.

—Pero el terreno es grande, si van más cerca del lago que nosotras— Se encogió de hombros Amy.

—Te dije, hay formaciones que sugieren arenas movedizas por esa zona, no se puede avanzar bien por allí.

Comieron y descansaron en aquel lugar por cerca de dos horas, al menos hasta que sintieron que sus niveles de magia se restituían lo suficiente para continuar con el camino. Aceleraron el paso y para horas de la noche llegaban a las impetuosas montañas, donde la nieve caía y dificultaba la visión.

En la cercanía a las montañas paseaba un río cuyas aguas daban impresión de ser negras debido al color de las rocas en el fondo. La tierra abandonaba aquel paraje e incluso el suelo donde se hallaban paradas era de roca maciza. La vegetación crecía en las grietas dejandose llenar por el líquido que prácticamente manaba bajo el suelo. De haber tierra aquello habría sido lodoso, en cambio era sencillamente húmedo, tanto para los pies, como en el ambiente.

El pie de las montañas era un lugar extraño. La vegetación en el suelo y el color verde se corrtaba de forma abrupta y era suplantada por tonalidades grises y blancas. El aire frío llenaba sus pulmones y pronto les obligó a dejar de correr, para solo avanzar caminando mientras intentaban no hundirse en la nieve. Las bestias a medida que se acercaban a la montaña parecían hacerse más enormes, sin embargo, al estar ya en esta las criaturas dejaron de aparecer en el camino. Eso picaba la curiosidad de Stella y Mena, ambas estaban muy conscientes que la nieve no era un obstáculo para una criatura de ocho metros de altura. Por tonto no fue una sorpresa para ninguna ver a un grupo de personas luciendo atuendos de aventureros a unos pocos cientos de metros de distancia por delante de ellas a mitad de una de las montañas.

—¿Qué harán? ¿por qué suben allí si pueden ir por un costado?— Preguntó Amy.

—Lo más probable es que sigan a alguien, o a un grupo, y para eso están subiendo la montaña, para ver el camino que tomó el otro grupo— Contestó Stella temiendo que ambos grupos tuvieran el mismo objetivo.

—También van detrás de las tumbs ¿tendrán a más de un prisionero? — Preguntó Mena observándoles desde abajo a lo lejos.

—No están buscando prisioneros… están cazando— Contestó Stella al tiempo que notaba una ballesta y un arma semejante a una red— Creo que deberíamos…

De pronto la figura de un chico se dibujó de la nada detrás de las tres. Cabello negro y largo a la altura de sus mejillas, un rostro algo risueño, pero de cierta forma escalofriante y ojos oscuros algo achicados en los extremos— ¿Qué hacen tres lindas chicas solas en el bosque?— El chico sonrió para luego alzar su cabeza al cielo y lanzar una carcajada— Siempre quise decir eso, es todo un cliché, pero resulta tan gratificante el poder decirlo siquiera una vez en la vida. Descuida, se que no me entienden, pero vengo de un mundo donde los personajes más interesantes dicen esta frase siempre.

Todas quedaron en silencio un par de segundos, mientras miraban al extraño sujeto. Iba vestido con ropa fuera de lugar, una camiseta de color negro, una chaqueta gris y plumaje cerca del cuello. Guantes y botas de cuero de tonalidad blanca que jugaban bastante a tono con el resto de la indumentaria, pero ni un solo protector.

—¿Están cazando a las tumbs, cierto? Hay una amiga nuestra secuestrada por el grupo de ellas, podemos ayudarles a cazarlas a cambio de mantener a salvo a nuestra compañera— Se acercó Stella para negociar con cautela.

—Yo solo fui contratado para proteger a ese grupo de inútiles que están allá arriba— El chico se encogió de hombros— Pero a decir verdad, no solo estan cazando tumbs, están cazando todo lo que puedan, en especial esclavas guapas como ustedes. Ads lectura— EL chico abrió sus ojos y no dudó ni un segundo en atacar— Ads fuego, ads viento— Alzó su brazo y una inmensa bola de fuego se lanzó directo a Stella. Esta respondió activando prisa y se posicionó justo a su espalda, lista para clavar una daga en su tórax, pero de pronto, su cuerpo se movió de forma lenta y pesada.

—¿Qué?— Stella miró al chico asustada, luego revisó su brazo pronunciando las palabras— Ads dem— y quedó boquiabierta y en extremo asustada.

—Ads freno, una solución simple contra la magia prisa, pero lo que te espantó no fue eso, lo que te causó miedo fue mi habilidad, “robar”; lo siento señorita, si tal vez hubieras enfrentado a otra persona tu victoria habría sido sencilla. Más con esa velocidad, pero ahora no podrás volver a moverte así.

Mena y Amy no lograban entender la situación, y el porqué Stella de pronto desactivó su magia y se quedaba de pie frente al chico. Sin embargo Amy no se iba a quedar parada allí solo mirando— Ads agua— La concentró tan rápido como pudo y lanzó el ataque al chico desde siete puntos distintos.

—¡No hagan nada! ¡Este chico puedo robar las magias!— Gritó Stella al instante mirando a su adversario con pánico.

—Ads anulación— Mena lo activó al instante siguiente anulando la magia de Amy. Su finalidad era proteger su magia de aquella persona. Había reaccionado rápido debido a su estado de alerta y la magia concentración que tenía activa de forma natural sobre la ropa. Comprendió al instante que aquel chico no era normal, y probablemente tan peligroso como Allan. Solo así Stella estaría de pie sin hacer nada.

—¡No importa lo que suceda, no usen sus magias frente a este tipo!— Se decidió al instante, el chico en cambio la miraba con una sonrisa que le daba mala espina desde lo más profundo de mi cuerpo.

—Descuiden, las venceré y las haré parte de mi harem lo más seguro. Después de todo es el camino de un protagonista de un isekai como este— Sonrió nuevamente, sin notar que Stella activó magia sin pronunciar palabra alguna. Aquella era su mejor, más potente y peligrosa arma. Una que siquiera ella misma lograba controlar aún.

Una bola de fuego se formó entre aquel chico y Stella y se expandió tan rápido que apenas los presentes pudieron reaccionar. Una explosión llenó el lugar de pronto y el ruido captó la atención de aquellos que se hallaban en la parte superior de la montaña. La nieve comenzó a caer formando una avalancha y un centenar de escombros, rocas y agua fue expulsada en diferentes direcciones.

—No se muevan— El chico había usado prisa, bendición, regeneración y sanación en apenas un segundo. Posicionándose detrás de Amy para colocar el filo de una espada sobre su cuello. Mena le observó y se quedó en el suelo sin moverse. Molesta y frustrada por semejante adversario, sin embargo bastante segura lo que debía hacer en ese instante. Permanecer tranquila y seguir el juego de aquel despreciable sujeto— Descuiden, no buscaré hacerles daño si puedo evitarlo. Solo tendrán que venir conmigo a Cintiael, solo eso— Sonrió mientras buscaba con la vista a la tercera de las chicas.

Stella cayó al agua helada del río inconsciente, y las aguas le arrastraron río abajo.  

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