43. CALABOZO

—¿Todo listo maestro? — Shun se unió a nuestro equipo luego de que le venciera doce veces seguidas y le curase en varias ocasiones. Sin embargo, era difícil estar a la par de este. Cada vez que Shun leveleaba conseguía mucha más agilidad y su estilo de combate se volvía mas agresivo. Eso sin contar que Shun tenía algo que yo no, conocimientos en artes marciales que le brindaban una soltura en las batallas.

Había comprobado con Shun satisfactoriamente que cualquier criatura del abyss se uniría a tu equipo de lucha luego de batallar varias veces con este y derrotarle sin matarle. Era como si su espíritu de lucha flaquease, pero aún deseasen estar vivos. En ese instante se convertían en una bestia que tu controlabas y su nombre y nivel aparecía en tus estadísticas.

Sombra por su parte estaba entrenando a otros dos lobos más pequeños que este por órdenes mías. De esta forma Shiro y Kuro, nombres de los nuevos lobos seguían en batalla a Sombra y le ayudaban a crear caos.

Shun era una bestia que prefería los ataques fortuitos y poco extendidos. Era una fuerza explosiva para usar en ciertos momentos.

—Listo, debemos pasar por villa Dolet para comprar lo necesario.

—Entiendo— Shun tomó el maletín en su hombre y nos dispusimos a partir con rumbo villa Dolet. Aunque se llamase villa, la realidad es que era sencillamente un mercado donde las criaturas con mayor intelecto negociaban armaduras y armamento.

A pesar de que yo no podía entrar a villa Dolet, Shun lo hacía y compraba los suministros necesarios. Sombra, Shiro y Kuro entraban y llevaban a cuestas la comida principalmente, que no era poca. Los tres lobos consumían el triple de lo que yo podía comer, incluso cuando entrenaba y me disponía a realizar caza de bestias, que era el momento de mayor gasto de energía, pues las magias que utilizaba terminaban por desgastarme físicamente.

Últimamente entendía que había distintos tipos de usuarios dentro del abyss y estos se relacionaban fuertemente con las profesiones.

Podías concentrarte en aprender magias y luchar solo a cuesta de ellas desde la distancia, estas creaban un estrés a nivel de gasto de energía y ese tipo de usuario resistía cierta cantidad de tiempo. Luego estaba el usuario que podía batallar cuerpo a cuerpo con ayuda de ciertas magias que funcionaban a la par de sus movimientos. Para esto era necesario un hechicero, o el usuario podía aprender estas magias y aplicarlas sobre si mismo. Aunque esto le agotaría más rápido que si peleaba normalmente.

Había otro modo de luchar, cuerpo a cuerpo y a costa de habilidades, o a costa de tu nivel de crecimiento. A medida que subías de nivel tus capacidades físicas aumentaban, a un punto donde después del nivel treinta difícilmente podías considerarte un humano.

También había usuarios que podían seguir a Shun y fortalecerse a base de artes marciales que complementasen su estilo de lucha. Era un modo más balanceado de crecer.

Yo por mi parte estaba practicando todas estas. Especialmente me centraba en dos partes, la primera era mi crecimiento de nivel y luego el crecimiento en los niveles de magia. De esta forma podía luchar al frente o barrer una zona a costa de magia sin necesidad de moverme por el lugar.

Otro punto que me percaté en mi estancia es que, con la profesión de domador de bestias existe una ventaja enorme. Y es que la ganancia de experiencia en una batalla es compartida entre la bestia y su maestro. Esto proporcionaba la ventaja que el maestro siempre estaría recibiendo experiencia incluso cuando fuesen sus bestias quienes realizaran el asesinato, y la desventaja que para hacerlas crecer estas necesitan sesiones de entrenamiento especial.

—Listo maestro— Shun regresó luego de casi una hora, Sombra venía detrás de él bastante feliz de llevar un bulto enorme lleno de comida. Según lo que Shun me explicó previamente, para cualquier criatura la comida era su mayor prioridad. Por lo general todos morían o pasaban hambre allí adentro, el canibalismo entre ellos era algo bastante normal, pero peligroso. Podías perder la vida en cualquier instante. Por eso la idea de un maestro que te entrenase y brindase comida era la mejor de las situaciones que cualquier criatura podría visualizar en su futuro, casi como un sueño hecho realidad.

—Vamos— Me levanté del suelo y saqué la capucha que ocultaba mi rostro para moverme nuevamente al bosque de Hugr. Estábamos en la sexta zona del calabozo.

Para comprender al calabozo debes imaginar que existen diez anillos concéntricos que van desde un prado, hasta bosques, ruinas y en todo el centro la fortaleza que tiempo atrás fue el mayor castillo. El castillo fue derrumbado por una criatura colosal que ahora evitaba en aquellas montañas picudas y las ruinas.

El bosque de Hugr era en extremo peligroso, estaba habitado por demonios roca, espectros, caballeros oscuros, shamanes de distintos niveles y varios tipos de quimeras. Los demonios roca eran lo más peligrosos, en especial por su tamaño y por nunca dejarse amaestrar, a pesar de haberlo intentado varias veces. Sin embargo, los más horribles eran las quimeras, había visto a seres espantosos con cabezas y piernas de león, cuerpos semejantes a un ogro y pedazos incrustados de metal o piedra antigua.

No obstante, aquel era un lugar muy amplio donde entrenar era bastante sencillo, además de eso teníamos trampas preparadas en los alrededores de cierta zona. Con lo cual podíamos cubrir varios flancos al tiempo.

—El maestro siempre es callado— Comentó Shun mientras llegábamos a nuestro lugar usual y descargábamos las cosas. Sombra dio un ligero aullido como expresando estar de acuerdo.

La verdad es que yo tenía la mente distraída pensando en Miry, Mena, Amy, las niñas y nuestro futuro hijo. Llevaba algo de tiempo afuera, encerrado en el calabozo sin poderlo completar ¿Cuánto tiempo había pasado? Llevaba en cuenta poco más de tres meses, aunque no tenía la menor idea si afuera del calabozo transcurriese igual. Shun tampoco tenía información sobre esto. De tal forma que estaba completamente encerrado y siquiera sabía sobre las personas que quería.

—Solo estoy algo pensativo.

—¿Es por los Onis maestro? — Shun preguntó.

—Los enfrentaremos mañana a primera hora.

—Será una batalla dura, digna de ver maestro. Me esforzaré y haré todo lo que sea necesario.

—¿Aunque después de ello piense ir directo a las ruinas de las montañas?

—¿Al castillo? No creo que nadie deba enfrentarse a esa cosa señor. La vi una vez dese lejos, no hay siquiera forma de describir el horror que sentí en ese momento. No tengo ánimos de acercarme a eso, pero si el maestro se dirige allí. Sombra y yo iremos con gusto.

No es que no comprendiese el sentimiento de ellos, cada vez les hacía luchar contra seres más poderosos, pero yo debía salir de aquel lugar, sin importar si un dios se hallase en aquel lugar. Debía llegar allí a cualquier costo y derrotarle.

Para eso primero derrotaríamos a los oni. Los onis eran bestias de unos cuatro metros de altura o un poco más, con cuerpos musculosos, aspecto humano, cabezas rapadas y maestros no solo en la lucha, sino además en un estilo de magia cada uno. Ya me había enfrentado a un casi unas semanas atrás y debí escapar para salvar mi vida. Sin contar que debí curar a Sombra y Shun tantas veces que terminé adquiriendo la magia Vida en el proceso.

No obstante, mis estadísticas ahora eran muy superiores a las de aquel momento, y consideraba era hora de retribuirle el favor a aquellas bestias enormes. Además, había dominado varias técnicas a la hora de luchar.

—Se acercan un grupo de espectros y un caballero— La voz fue de Shun, aunque mi detección mágica se acababa de encender alertándome. Shun parecía tener sentidos tan buenos como los de mi magia.

—Ads, flecha de luz bendita— Era un hechizo que aún no podía activar de forma silenciosa, aunque su expresión resumida me permitía acortar tiempo de ejecución. Tomé el arco que Shun llevaba y apunté donde detección mágica me indicaba. Se hallaba a unos cincuenta metros a nuestra derecha y acercándose.

—Luz— Invoqué para que esta atacase desde lejos. Los caballeros oscuros y los espectros eran débiles a las magias de luz y bendición. Mezclarlas era posible, siempre y cuando tuvieses suficiente energía y visualizaras la forma del ataque.

—Poder— Activé en los lobos— Sombra, Kuro, Shiro— Di la orden abriendo puerta dimensional en el suelo. Los tres lobos se adentraron en esta de inmediato sin dudar. Sombra lanzó un aullido y desapareció.

Eran fuertes, cada uno de ellos podía fácilmente con sus enemigos y destruían a las presas con el mayor de los gustos, pues al finalizar el día, aquellos que matasen más recibían mayor cantidad de comida. Usualmente Sombra se llevaba aquel honor.

Mientras avanzábamos Sombra llegó hasta nosotros con el casco del caballero en la boca y la lanzó a mis pies. Aquél era su señal de “lo hice maestro”. Era de temer que Sombra solo tuviese mayor poder de ataque que yo mismo cuando entré al calabozo.

—Bien hecho, habrá más comida para ti en la noche— Sombra aulló y se mostró altivo alzando su pecho peludo frente a los otros dos lobos.

—Ads dem.

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 18

Profesión: Domador de bestias

Nivel: 32

Vida: 1637

Fuerza: 94

Agilidad: 89

Inteligencia: 60

Resistencia: 108

Destreza: 62

Magia: 3

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 3

Lectura 2

Manejo de cuchillo 5

Recolección 3

Protección 3

Atracción 3

Manejo de la espada 4

Sigilo 2

Domador 1

Magia aprendida

Prisa 4

Cura 3

Sanación 1

Vida 1

Revitalia 1

Poder 2

Regeneración 4

Veneno 3

Electro 1

Puerta dimensional 3

Fuego 3

Bendición 2

Escudo 1

Luz 1

Domar 1

Criar bestia 1

Valor 3

Concentración 2

Detección mágica 1

Dispel 1

Bestias domadas: 4

Si no estaba listo en ese momento no sabía cuando podría estarlo. Respiré profundo y envié a Shun a recolectar aquellos materiales mientras Sombra y yo avanzábamos para cazar a las criaturas que se generaban en esa zona. 

La noche nos cayó cazando criaturas y buscando de subir nivel lo más rápido posible. Al final solo Shun recibió una promoción y nosotros nos conformamos con comer grandes cantidades mientras el cuerpo estaba totalmente molido de tanta lucha. Use el hechizo sanación sobre nosotros para sanar las heridas, revitalia para quitarnos el cansancio y vida sobre mi brazo izquierdo para que la enfermedad no avanzara. No es que sirviese de mucho, no era la magia adecuada para sanarle. Sin embargo, sentía como si las manchas negras se retiraban poco a poco. Por tanto, a pesar de no hallarme seguro lo aplicaba cada noche y esperaba lo mejor. Al menos no había avanzado hasta mi corazón y me había matado. Aquello era un gran avance.

Comí algo de jabalí salvaje pensando en mi querida tumb y su aversión a estos animales. Luego me dispuse a pulir nuestras armas, que eran variadas al igual que las armaduras. Después de un mes dentro del calabozo me percaté que no todos los monstruos reaccionaban igual frente a todas las armas. Aquellos con armaduras eran mucho más sencillos de derrotar con un martillo de guerra que con una espada. Los espectros se retiraban con flechas de luz, para los demonios pequeños las dagas eran lo mejor, mientras que las quimeras era necesario una espada o el espadón. Por tal motivo usaba todas las armas según el caso y conveniencia. Yo no era como Shun, que podía desviar el golpe de una espada con el puño de acero o golpear tan fuerte para aplastar un casco.

Para dormir tranquilos hallamos una cueva en la zona suroeste del bosque, la caverna era enorme, por lo cual los lobos podían entrar al interior, mientras que la puerta era cerrada casi en su totalidad por una enorme roca que movíamos a conveniencia. No era lo más seguro del mundo, pero lo suficiente para dormir sin temor al golpe de un martillo sobre nuestras cabezas o una lluvia de flechas.

Al día siguiente recolectamos nuestras pertenencias sobre los lobos y comenzamos a marchar rumbo a las zonas nueve y diez del calabozo. Las más difíciles.

El límite de la zona ocho con nueve se comunicaba gracias a un estrecho entre un par de mesetas. Al final de dicho estrecho se hallaba un demonio de roca. Aquel era un ser humanoide de gran musculatura. Solo su rostro tenía formas rocosas y afiladas, seis ojos rojos y líneas del mismo color que comunicaban estos. No sabía para que funcionaban aquellas líneas en su rostro, a excepción de ser aterradoras.

—Shun, llama su atención.

—Enseguida maestro— Shun empezó a correr rumbo a aquel demonio que nos esperaba con una lanza en mano para luchar. El demonio no era un enemigo que Shun pudiese derrotar, pero yo solo necesitaba que aquel ser se centrase un par de segundos en Shun, eso era suficiente para mí.

—Ads poder, ads prisa, ads bendición, ads regeneración, ads detección mágica, ads concentración, ads puerta— Salté en esta de inmediato y aparecí detrás el demonio. Este giró al instante por su alta velocidad de reacción y su magia de concentración activa. Alzó su lanza y buscó de cortarme mientras yo descendía, pero fui tragado por otro portal y desaparecí al instante antes de que la punta de la lanza cruzara mi cuerpo en dos.

Aparecí a un costado y con el impulso hice el primer corte en su brazo derecho. A pesar del poder de mi arma y toda mi fuerza no podía arrancarle el miembro de un solo tajo, pero la espada penetró hasta el músculo, haciendo efecto la magia electro que le paralizaba apenas un segundo. Suficiente para yo entrar en otro agujero a mi izquierda y salir desde el otro costado en la parte inferior, cortar su pierna, a la altura de su tobillo y meterme en otro agujero.

Con suficiente experiencia de combate no necesitaba caer al suelo. Tan solo debía mantener el impulso inicial y moverme entre los portales apareciendo y desapareciendo en cuestión de fracciones de segundos. Una estrategia efectiva contra seres que tenían altos reflejos, magia prisa y concentración activadas casi siempre, al punto que parecía su velocidad normal.

Realicé diecisiete cortes consecutivos antes de apartarme y aparecer al lado se Shun, Sombra, Shiro y Kuro.

—Debilitado, pero ahora viene el combo de magias, preparados.

El demonio dio un rugido al aire y mi vista se nubló a los lados mientras mis sentidos me indicaron le atacase de inmediato. La magia atracción estaba puesta en escena, lista para atraernos a una trampa.

—Ads dispel— deseché toda la magia que se hallaba en el aire. Me provocaba un gran gasto de energía, pero era mejor que ser atraídos sin remedio por aquella habilidad.

—Oscuridad— Del suelo a nuestros pies surgió una neblina oscura que nos dejó sin visión de nuestro entorno o enemigo. Las siguientes magias no las escuché, pero me conocía bien su combo de habilidades. Drenar y tempano. Drenar era una magia que nos debilitaba poco a poco mientras que este flujo de energía le recuperaba sus energías y curaba. Muy semejante a regeneración, pero que además nos hacia daño a nosotros.

No podíamos hacer nada con respecto a esa magia, salvo terminar la batalla lo suficientemente rápido para que nuestros cuerpos no se fatigasen demasiado y sucumbiésemos.

La siguiente magia era tempano, y se trataba de un peñasco de hielo del tamaño de un par de casas sobre nuestras cabezas. Mi solución fue activar puerta dimensional para retroceder.

Desde atrás pudimos sentir el estruendo de la muralla helada cayendo y estrellándose contra el piso. Shun me miró expectante, sé que deseaba que le enviase a ir por aquella lanza, la cual podía detener con sus manos, sin embargo, yo deseaba batir aquel enemigo por mi propia cuenta. Para este punto el demonio de roca debía haber activado magia prisa y estar a poco de embestirnos. Por tanto, me preparé con el espadón y zum. El choque dio lugar a chispas que me permitió ver su rostro incluso en medio de la oscuridad total.

De no ser por mis estadísticas no podría resistir aquella embestida. Se trataba de una bestia maciza de media tonelada o más de peso contra un cuerpo de apenas setenta kilos con una enorme espada. Solo mis estadísticas de fuerza y la magia de poder estaban a mi favor.

Desvié la lanza, con cuidado de no cortarme o ser rociado por un muñón húmedo que esta tenía cerca de la punta. La razón es que muños envenenaban esta zona para debilitar al enemigo con la menor cortadura. Y necesitaría retroceder para reponerme con magia regeneración o cura del efecto del veneno.

Después del desvió hice a mi espadón ascender con un corte contundente dirigido al cuello del demonio. No logré cortar su cabeza por completo, pero la herida fue lo suficientemente profunda para que cayese un chorro de sangre al suelo. El demonio se arrodillase y la oscuridad se disipara.

—¿Va a entrenarlo para domarlo señor? — Preguntó Shun, y la idea cruzó mi mente con ciertas ganas. Solo debía curarle y comenzar a pelear nuevamente con él. Además de ser fuerte tenía un paquete de magias muy competente. Sin embargo, había un gran problema a este método. Si comenzaba a curarle y este lograba subir de nivel mientras yo le entrenada y domaba, no sabía cuán fuerte podría hacerse. Probablemente en ese punto la batalla se fuese de mis manos y yo perdiese la vida, o alguna de mis criaturas. El riesgo era demasiado grande. El demonio con cabeza rocosa era el tipo de monstruo que yo podía dominar en mi estado actual. Sin contar que debía avanzar hasta poder enfrentar a los Onis, y de usar mis facultades domando al demonio perdería tiempo, esfuerzo y debería cancelar tal batalla para otra ocasión.

Blandí el espadón cercenando aquella cabeza antes de incinerarla con magia de fuego casi por completo.

—Vamos, debemos enfrentar a los Onis el día de hoy— Llevábamos toda la mañana gastada y apenas llegábamos al nivel nueve. Una zona repleta de nieve que cubría el piso y dificultaba la movilidad en varias zonas.

Cuando la nieve tenia más de un metro de espesor la mejor opción era ir a cuestas de sombra, Shiro y Kuro.

La magia de fuego no surtía efecto y se disipaba en su mayoría antes de poder derretir una cantidad de hielo considerable.

El piso nueve era lo más lejos que había avanzado antes. Estaba repleta de criaturas y lo que yo llamaba trampas mágicas. Círculos de magia enterrados bajo el hielo que eran imposibles de esquivar a no ser que mantuvieses detección mágica activa de manera constante. Aunque esto te desgastase de manera constante.

Allí enfrentamos a un grupo de shamanes y caballeros oscuros, un trio de quimeras que atacaban saltando entre los árboles y espectros. No eran difíciles en extremo, solo la nieve hacía de todo un proceso mucho más lento y tedioso. Sin contar que detección mágica me consumía poco a poco.

A mediados de la tarde nos sentamos a comer algo y un par de horas luego logramos divisar el lugar de los Onis. Era el inicio de las ruinas del castillo, en la zona superior a una larga escalera de piedra marmoleada.

Dos Onis se hallaban en la cima de las escaleras observándonos con desprecio. Eran altivos y poderosos en extremo. Uno de ellos era de una piel azulada, mientras que el otro tenía un tono verde casi negro. No sabía que magias usaba cada uno de ellos, pero tampoco es como si pudiese dar vuelta atrás. La nieve en esa zona caía de forma abundando, pero por alguna razón no se acumulaba en el suelo al igual que en otras zonas, como el bosque que recién atravesamos.

Miré aquellas bestias inmensas, el de verde debía medir poco mas de cinco metros, el otro un poco menos. El más pequeño portaba un hacha doble sobre su lomo, el mayor no tenía arma alguna. Ese me preocupaba más, lo más seguro es que luchase cuerpo a cuerpo.  

      Los Onis eran majestuosos, su presencia sola inspiraba el mayor de los temores. No necesitaban moverse de donde estaban a no ser que nosotros pisáramos su terreno y comenzáramos a ascender por las escaleras. Sus rostros calmados observándonos nos daba esa información.

Bajé del lomo de Sombra con precaución y observé a Shun y los lobos. Todos estaban nerviosos y expectantes. Aquella sin duda no sería una lucha fácil de superar.

—Quiero que estés preparado para cualquier situación— Le entregué a Shun un par de gemas con magia de sanación— No dudes en usarlas en ustedes— Luego busqué un par que mantenía con la magia revitalia— No sé cuanto tiempo estemos en esto, manténganse al máximo. Yo les apoyaré cuanto pueda, pero si no puedo.

—Haremos lo mejor para que el maestro pueda luchar en serio.

Luchar en serio… Shun sabía que me controlaba en la mayoría de mis batallas, lo que desconocía era la razón. Cada vez que me excedía sentía que el cuerpo por completo ardía y que mi brazo se desprendería de un momento a otro. Eso sin importar cuanta magia de curación usase. Además, la idea de regresar a mi hogar sin curar mi brazo y sin aprenderla magia santuario en los últimos tres meses, no era nada agradable.

Sabía muy bien que las chicas no me criticarían en lo absoluto, el mayor problema es que se preocuparían en exceso por mí.

—Pelearé en serio— Le informé. Tampoco es como si mintiera, la verdad sabía que debía dar lo mejor de mí en la siguiente batalla o aquel par de seres que nos observaban desde lo alto nos destruirían en un par de golpes.

—Sombra— Le di la orden y el lobo saltó a un agujero de la magia puerta desapareciendo de nuestra vista. Él sería mi arma de opresión desde las sombras. Una táctica que coloca presión sobre el enemigo al no saber de dónde puede surgir el próximo ataque— Vamos— Di la orden para avanzar y partimos en carrera rumbo a nuestro enemigo.

Apenas coloqué un pie sobre la primera escalera el Oni de un color verde Oscuro se abalanzó sobre mí, o, mejor dicho, apareció de pronto frente a mi cuerpo con su puño a un par de centímetros de mi rostro— Ads prisa— susurré mientras me apartaba hacía un lado. Simplemente mi vista no pudo notar cuando atravesó los diez metros de distancia entre nosotros. Entonces de pronto observé a mi costado y noté como el hacha del otro Oni rasgaba mi protección de titanio en el hombro y avanzaba con su filo por mi brazo, rasgando los músculos del hombro y más abajo por igual.

Eran demasiado rápidos para reaccionar en mi posición actual. El golpe no me había cortado el miembro completo por cuestión de suerte y centímetro, pero traspasó mi armadura y carne como si fuese mantequilla.

Afortunadamente se trataba de mi brazo enfermo, con el cual evitaba luchar y estaba acostumbrado al extremo dolor. Eso me permitió mantener un poco la calma— Ads Luz— Un destello blanco dejó todo nuestro alrededor en total ceguera. Aproveché entonces para entrar en un portal y moverme de mi actual posición— Ads prisa, ads prisa, ads prisa— No podía estar seguro de cuán rápido necesitaba ser en ese instante, pero junto a mis botas y tres magias de prisa de nivel cuatro debía ser lo suficientemente veloz para desaparecer del rango de visión de aquellos Onis.

Mi brazo por supuesto que dolía, era un estallido de sensaciones y electricidad pasando por mi cuerpo. En pare por la cortada, y en segunda instancia por activar tres veces la misma magia que colocaba mi cuerpo en tensión.

Activé la magia deprisa justo al salir del portal, esto debido a que había notado que la magia prisa tenía un mayor efecto de velocidad en los primeros segundos que la activabas y que luego iba descendiendo con el paso de los segundos. El detalle es que yo necesitaba tanta velocidad como tiempo fuese posible contra aquellas criaturas.

Noté que Shun propinaba una patada en la cabeza del Oni verde y Sombra salía de su escondite persiguiendo a un tercer Oni que se hallaba a bastante distancia de nosotros. No me preocupé por aquel tercer elemento, a pesar de significar que la situación se complicaba más de lo esperado.

—Ads poder— Apoyé a Shun para que su golpe no solo fuese certero, sino que significase una mella en el Oni de color verde oscuro. Al tiempo blandí el espadón para cortar el brazo del contrariado Oni del hacha. ¿Por qué el brazo y no directamente el cuello? Porque aquella hacha era más potente que mi espada, y ya mi cuerpo lo había demostrado.

Corté el miembro suprior del aquel Oni de forma limpia y solté el espadón para tomar la parte del brazo con el hacha y moverle directo a su rostro. No fue un golpe limpio, pero cortó aquella cabeza en dos partes y eso era más que suficiente. Un Oni menos del cual preocuparme. Me dirigí entonces a blandir aquella hacha contra el segundo Oni, el de verde que luchaba con artes marciales, todo mientras observaba como si el mundo se moviese de forma lenta. Shun apenas había terminado de propinar el golpe y buscaba de girar su cuerpo para ocasionar más daño en otros puntos.

Entonces algo se incrustó en el piso a mis pies, cortando parte de mi pierna izquierda y enterrándose en el suelo. Giré para verlo, se trataba de la punta de una lanza. Apenas pude comprender este hecho cuando escuché un fuerte zumbido, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo desde los pies a la cabeza. La magia electro que acababan de lanzar era de un nivel tan superior que no pude resistirla. Mis sentidos se nublaron y caí al suelo de espalda, apenas lo suficientemente consciente para ver como el Oni verde de pronto se hallaba contra mi cuerpo y su puño enterraba mi cuerpo contra aquellas escaleras.

Mi habilidad de protección se activó, yo por mi parte interpuse la magia escudo. Sin embargo, ambas se rompieron en añicos mientras mi cuerpo recibió el impacto de sus puños. Sentí que estallaba en pedazos, al igual que las escaleras donde nos hallábamos, que explotaron y se volvieron añicos.

Conectó de forma directa tantos golpes que mi armadura se rompió y en ciertas partes se enterró a mi cuerpo. La sangre comenzó a brotar y yo tan solo observé una silueta oscura rodeada de nieve que me golpeaba sin cesar. Aquello no se trataba de ninguna magia, era una fuerza descomunal dando de lleno contra mi cuerpo, una fuerza capaz de destruir el concreto y las rocas. Esa clase de fuerza estaba impactando unos diez, veinte golpes en apenas un par de segundos. Por un instante mi cuerpo dejó de sentir el impacto de aquellos golpes y se sintió relajado. Mi mente paseaba por escenas que no correspondían a mi realidad. Pensaba en Miry, Mena y Amy. Extrañaba el calor y la sensación de estar con ellas. Deseaba tanto abrazarlas… Quería ver a Miry, por encima de todo estaba Miry, mi amada y tierna Miry, quien siempre estaba allí para darme un abrazo fuerte y decirme las palabras exactas que mi espíritu necesitaba. Sin contar que ahora tendríamos un hijo, un fruto de ambos, una prueba viviente de nuestro amor.

Podía sentir una magia fluyendo por mi cuerpo. Shun usaba las gemas con magia sanación y revitalia que le había entregado sobre mi cuerpo.

Demás está decir que aquella magia no bastaba para curar las heridas que estaba sufriendo, sin embargo, me dieron ánimos y despertaron de aquel lapsus de letargo.

—Escudo, escudo…— Dejé incluso de decir las palabras, pero concentré mis energías en formar más escudos, invocando aquella magia sin pronunciar palabra alguna. Armé así unos seis o siete o escudos, quizás más. Lo hice hasta que de pronto el Oni sintió como si su brazo golpease una pared y no pudiese moverlo.

Activé el electro más fuerte que pude imaginar. Mi mente no era la más creativa, pero tenía la viva imagen de un rayo cayendo sobre mi cuerpo, eso era suficiente para golpear aquel ser. Luego me fui con magia poder para quitármelo de un solo golpe. Impacté su barbilla con todas mis fuerzas y empujé su cuerpo gigante fuera de mi cuerpo con una patada.

¿Eran ideas mías o la electricidad envolvía mi cuerpo mientras me movía ahora? Me moví a un lado y observé la situación, Había al menos otros tres Onis que llegaban desde lo lejos. Sombra aullaba al aire mientras Shiro y Kuro mordían los brazos de uno. Ambos lobos estaban sangrando en gran cantidad, dejando grandes manchas sobre la nieve y las rocas. ¿Sombra activó atracción? Estaba seguro que eso fue lo que hizo su aullido, sin embargo, ¿Cuándo aprendió esa habilidad?

Un centenar de enredaderas surgieron de pronto del suelo a mi alrededor envolviéndome ¿qué clase de magia era esa? ¿quién la ejecutaba? No me importó en lo absoluto y comencé a cortarlas con las dagas en mis manos. Mi espadón se hallaba a algo de distancia y no podía hacer nada más que luchar con lo que tenía a la mano. De pronto algo sucedió, una magia llenó el aire a mi alrededor y comencé a moverme lento, o al menos mucho más lento que antes, y las vides se aferraron a mis brazos.

—Ads dispel— Borré todo rastro de aquella magia y corté el resto de las enredaderas. Corrí hasta el espadón y lo enterré en el pecho del Oni de color verde. En ese instante vi como Shun fue expulsado por los aires a decenas de metros detrás del lugar de la lucha. El golpe que recibió fue tan fuerte que la sangre dejaba un rastro en el aire a su paso.

No sabía si estaba vivo o muerto— Ads vida, sanación—Susurré en su dirección— Ads regeneración— El combo de aquellas tres debía de mantenerle con vida y salvarle de las garras de la muerte.

Corrí entonces en dirección contraria, rumbo a la batalla. Mis lobos no estaban en mejor posición y no deseaba perderles.

Desaparecí adentrándome en un portal para aparecer más rápido justo detrás de uno de aquellos seres. Corté sus piernas y luego realicé un gran corte en su espalda. El siguiente tenía un color rojizo, y apenas acercarme sentí un fuerte calor emanando de este. Corté sus brazos y luego su cuello.

Desaparecí por medio de puerta dimensional y clavé mi espadón en la espalda del Oni de azul oscuro que sujetaba a Sombra por su cuello. Fue entonces que de pronto sentí un golpe que me envió volando contra los árboles. Los troncos se rompían ante mi impacto, al igual que los huesos en mi interior. Viajé por entre las ramas con una innumerable cantidad de golpes contra la madera— Ads sanación, ads sanación, ads revitalia, ads regeneración— Iba a morir a ese paso, mi sangre brotaba por tantos lugares que simplemente parecía un rio bajando por mis piernas.

Me estrellé contra una roca y aquello me dejó sin aliento.

A mi lado vi una pierna negra— ¡Mierda! — Esquivé lanzándome al suelo, la patada siguió su curso y la roca donde me hallaba se rompió en añicos. Un Oni de color negro se hallaba frente a mi con una sonrisa.

—Ads poder, ads prisa, ads prisa, ads poder, ads concentración— Me quedaba sin energías para lanzar cualquier magia más. Había pasado mi límite mucho tiempo atrás y aquella lucha se extendía por más de lo que yo esperaba y soportaría. 

            Aquel Oni era poderoso en extremo, portaba una espada curva que debí detener sin cesar. No había tiempo para equivocaciones. Yo me encontraba a mi máximo exponente, con una velocidad sobrehumana y un nivel de fuerza por encima de cualquier ser común y aun así era difícil mantenerle el ritmo al Oni.

El choque de nuestras espadas ocasionaba ondas de aire y sonido que estremecían el bosque en el cual nos hallábamos y desviaba por completo la nieve que caía a nuestro alrededor.

Golpeó con su espada a un costado y al yo esquivarle lanzó una patada justo donde mi cuerpo se apoyaba. No salí volando gracias a mi protección y magia de escudo. Pero aquel golpe ciertamente había sido certero. No solo eso, me había provocado en moverme en una dirección de manera premeditada para que yo cayese en su trampa. Era un tipo de estrategia que ningún otro monstruo usaría. Eso demostraba su nivel de inteligencia. Por un instante creí que ese Oni sería un aliado formidable si lograba domesticarle, pero era casi imposible. En ese instante me hallaba blandiendo el espadón arriba y a un lado para detener sus embestidas.

El Oni obviamente tenía cierta ventaja sobre la lucha. En primera instancia yo debía mantener mi concentración para saber cuanta energía darle a cada una de mis magias. Sin embargo, yo tenía un límite claro de poder. Me estaba agotando y haciendo más lento. Por tanto, era hora de usar otro tipo de estrategia.

Me separé de la lucha retrocediendo. La espada curva de aquel Oni enorme atravesó el tronco de un árbol cortándole en dos partes, mientras que yo me moví detrás de este y dirigí cerca de otro macizo próximo. Lo cortó nuevamente, yo me separé y dirigí a un tercero. Esta vez, cuando la espada cortó la madera del tronco del árbol, yo me moví de tal forma de quedar oculto detrás de aquel grueso tronco que caía.

El Oni de pronto me perdió de vista y yo activé puerta dimensional para atravesar el árbol en su extensión y cortar una pierna de aquel ser gigante. Era una estrategia de lucha que había experimentado de primera mano contra Shun. Él, como experto en artes marciales, usaba su entorno para que le beneficiase en la lucha, algo que yo nunca habría puesto en práctica previamente.

Una pierna menos era un factor decisivo en la pelea, de esa forma no podría moverse en mi contra con esa velocidad atroz…

Quedé con los ojos abiertos al ver que del lugar de la cortada nacía una nueva pierna mientras el Oni gritaba algo inentendible al aire. Era un nivel de magia de regeneración que no podía siquiera imaginar.

No podía quedarme parado sin hacer nada. Me lancé sobre su punto ciego para realizar un corte en su espalda u hombro. Sin embargo, aquel ser se dio media vuelta y propinó un fuerte golpe directo a mi cara.

Fui expelido varios metros hasta chocar contra una pared de piedra. Mi mente revoloteó en ese instante, pero ya tenía encima a aquel Oni. Abrí un portal y salí justo detrás de la pared de piedra que tenía a mis espaldas. Me preparé para el momento justo entonces.

El Oni lanzó su ataque con toda su potencia, lo más probable es que supiese yo me hallaba allí, justo detrás de aquella pared. No había otro lugar donde ocultarme. Por tanto, la espada cortó los ladrillos y rocas blancos y fue a por mí. Yo me hallaba un poco más atrás, esperando el instante justo. Fue un segundo después, su espada creó un punto ciego en su propia vista, sin contar la cantidad de escombros que cayeron por su corte y el derrumbamiento de aquella pared. Me lancé escondido entre estos con toda mi velocidad y clavé el espadón en su ojo. Lo perforé y seguí hundiendo la espada hasta sentir el crack de su cráneo al romperse y ceder ante mi filo. Continué hundiendo la espada, hasta que llegó a la base y el Oni cayó de bruces para atrás. Totalmente muerto.

Estaba cansado, afortunadamente no había ningún otro Oni en las cercanías. Disparé la magia fuego para quemar aquel cuerpo y quité mi espadón. Una pequeña humareda negra comenzó a emanar del cuerpo, eso les indicaría a Sombra, Shun, Shiro y Kuro donde me encontraba. Pronto llegarían, así que mientras tanto me senté en el suelo de piedra y busqué de ver mis estadísticas. No había aprendido ninguna magia en la batalla, no tuve tiempo de observar los casteos de estas de forma detallada en ningún instante. Apenas pude luchar contra ellos y ganarles.

Los Onis eran veloces en extremo, miré el cielo sorprendido de aquellas velocidades. Hubo un pequeño temblor en la tierra y luego cesó. No era extraño aquello, desde el piso ocho se podían sentir levemente cada cierto tiempo. Me puse a pensar en cómo las personas de antes pudieron siquiera entrar a este calabozo, era comprensible que no pudieran salir. Aunque quizás, con suficiente tiempo cualquiera podría. ¿Cuánto se necesitaba para crecer al nivel de un Oni? Probablemente una persona normal le tomaría dos a cuatro años. A él probablemente un par de veces más, pero eso era gracias únicamente a su habilidad de aprendizaje, sin ella habría sido imposible llegar hasta ese punto.

Suspiré y busqué en mi bolsa mis gemas, apliqué una de cura y esperé otro rato, era extraño que Shun y los demás no hubiesen llegado ya hasta donde me encontraba. Ciertamente mi pelea con el Oni negro nos había alejado bastante de las escaleras, pero tampoco tanto como para que ellos no pudieran ver el humo.

Miré con mayor detenimiento mi alrededor, al frente el bosque, luego una pequeña planicie, las rocas donde yo me encontraba y detrás de mí, un centenar de murallas blancas en ruinas… Quedé helado, primero por comprender dónde me hallaba, la segunda razón fue un rostro enorme que podría ser confundido con un edificio entero.

Aquello era una bestia sin precedentes, el rostro era de un blanco impoluto, con cuencas vacías y oscuras por ojos, dientes que salían de la misma piel ¿o acaso todo eso era hueso? Se veía de cierta forma putrefacto y formas afiladas a los lados.

Me miraba de forma intensa a pesar de sus cuencas vacías. Era obvio que este sabía yo me hallaba allí. ¿Cuánto mediría aquella cabeza? Quizás veinte metros o más. Entonces sentí a mi izquierda una avalancha. Luego de mirarla comprendí que se trataba de su mano arrasando estructuras, paredes, nieve, rocas y todo lo que se hallaba frente a él.

—Ads escudo, ads escudo, ads escudo, ads escudo— Sentí el golpe contra mi costado y fui arrastrado junto a un centenar de cosas, hasta que de pronto me percaté de la sensación de ingravidez. Abrí los ojos y me hallaba en el aire, a cientos de metros de altura junto a un millar de cosas, rocas y nieve de un tomo gris. Mi pierna derecha no estaba, había sido arrancada de su lugar y un pedazo de músculo quedaba guindando al aire.

Desde allí pude ver al monstruo, el jefe del calabozo.

Se trataba de un monstruo de al menos ciento veinte metros de alto. Delgado en extremo, con costillas expuestas, totalmente blanco de principio a fin. El castillo estaba justo debajo de él. En ruinas obviamente porque cada vez que se movía destruía aquellas paredes.

Aquella cosa alzó la cabeza mientras yo caía fruto de la ingravidez, estaba más que asustado, me hallaba en pánico. No podría soportar una caída desde tal altura, y aquella cosa ahora me veía con sus ojos totalmente negros.

Abrió la boca en toda su extensión y noté un resplandor rojizo de aquella boca. No sería una magia cualquiera, aquel fuego consumiría incluso mis huesos si no esquivaba en ese instante.

—Ads puerta— Apenas pude decir debido al viento, mi velocidad y lo poco de energía que restaba en mi cuerpo. Sin embargo, debido a esta última no funcionó y debí sacar apresuradamente las gemas de mi bolsillo. Estas salieron de su lugar cayendo junto a mí. Entonces noté una que me ayudaría más que puerta dimensional en ese instante— Revitalia— Absorbí aquel poder mágico que me recuperaba y daba algo de energía para continuar.

La llamarada salió de la boca. Todo se convirtió en un infierno de llamas en el aire. Yo apenas pude desaparecer de donde estaba, tomé el espadón y salté nuevamente con magia de puerta dimensional. Reapareciendo sobre su cráneo para incrustar allí mi espadón. Este se rompió mientras se incrustaba allí adentro.

No obstante, el jefe del calabozo aún podía moverse. Lo cual significaba que no estaba muerto, ni cercanamente.

—Ads ignición, ads ignición, ads electro, ads luz, ads electro, ads electro— Coloqué todas mis energías en aquellos ataques, dejando que el pedazo de espadón aún incrustado crease la abertura y permitiese que las magias fluyeran al interior.

La criatura lanzó un grito que de seguro recorrió todos los rincones de aquel calabozo— ads electro, ads electro— No podía más, pero afortunadamente la criatura caía al suelo conmigo en su cabeza.

El golpe del suelo me lanzó hasta el bosque, donde caí consciente, pero sin poder siquiera moverme. 

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