42. LA SOLEDAD

Miry sentía una relación de amor- odio por la raza de las tumbs. Estaba orgullosa de ser una, de poder correr más rápido que el resto, de tener sus orejas altas y firmes y sobre todo de ser hija de su madre. No obstante, sentía un inmenso asco por la mayoría de la aldea tumb.

Una cazadora tumb y su grupo le cazaron y atraparon años atrás luego de la muerte de su madre, después de ello Miry debió soportar las burlas y desprecios del resto de la aldea. La razón es que Mare debió quedarse o dejar a Miry en la aldea, especialmente por ser ella misma descendencia del linaje real de las tumbs, y por consiguiente Miry también. El linaje real no tenía permitido salir a las afueras de la aldea a no ser de ciertos eventos o contratos de comercio.

Los contratos de comercio después de todo eran un punto vital para la aldea. Las tumbs comerciaban servicios como mercenarias o escoltas a diferentes grupos, pero en especial trabajaban para aventureros de la ciudad de Ilain, Yisaid, y en raros casos llevar suministros al pueblo de Indier, al norte.

Las tumbs eran conocidas por ser mercenarias capaces y veloces que acababan con sus presas en cuestión de segundos.

No obstante, ese no era el caso de Miry. Miry no tenía derecho a entrenar junto a las guerreras por hallarse apartada del resto de la aldea. Tampoco podía huir, pues su linaje no lo permitía. Mucho menos aspirar a la corona. Su vida estaba consagrada a crear atuendos para la reina y sus dos hijas, eso mientras pagaba por los errores de Mare.

Entre las tumbs a las que veía a diario en el gran árbol, había dos a las cuales odiaba más que a cualquier otra tumb. Primero estaba Yila, quien había matado a su madre y pertenecía a la escolta real. Luego estaba Sera, la reina de las tumbs, su tía. Jeri y Viny eran también molestas, pero a sus primas no las odiaba tanto, solo debía dejar de escucharlas y no prestarles atención, así se cansarían y se marcharían luego de un rato de burlas.

Miry esperó así durante nueve años. Soportó en medio de lágrimas el maltrato de todos a quienes conocía. Trabajó como una esclava mientras que, en secreto en las noches intentaba replicar todo lo que podía ver desde el cuarto de costura.

La habitación de costura se hallaba en el gran árbol, y por coincidencias del destino, la ventana daba directo a una de las salas de entrenamiento de las espadachinas reales. Claro está que Miry no tenía ninguna espada real para practicar. En cambio, de eso tenía un pedal de la máquina de coser enorme que solía usar. Solo debía desprender aquel pedal todas las noches para practicar antes de dormir. Entonces así fue como fue soportando el tiempo.

Fue entonces cuando Sera salió por casi medio mes a negociaciones, y regresó con una noticia que la dejó helada. El acuerdo firmado indicaba que cada dos meses vendrían un grupo de hombres a fecundar a las tumbs. Y que cada año serían entregadas diez tumbs a las ciudades de los hombres. O al menos esa fue la versión dicha al resto e las tumbs. Miry pudo escuchar la verdad en el gran árbol, las tumbs entregadas serían vendidas como esclavas. Además, aquellas que entregarían serían las de casta baja, las que no eran aptas para ser luchadoras.

¿Quién era más casta baja en toda la aldea que la propia Miry?

Lloró entonces por casi dos días enteros, hasta que las lágrimas no salían sin importar cuanto llorase. Después de secarse decidió que ella no sería vendida como esclava. Ya había vivido muchos años de eso, sería como su padre una aventurera. Esa noche se dirigió a conversar con Yila y a pedir su liberación. Ella trabajaría como aventurera y pagaría por su estadía en la aldea tumb, era algo que algunas tumbs hacían.

—¿Tú? ¿Aventurera? ¿De dónde sacas esas tonterías? Mare te metió demasiada fantasía en la cabeza. Aquí tienes comida y un techo, solo debes coser y hacer prendas de ropa. No sabes lo que hay allí afuera, no sabes lo que es tener que ir al abyss.

Miry quedó sin palabras, era cierto, no lo sabía. Al menos no en la actualidad. Hace nueve años atrás había cazado y se mantuvo en el bosque por si sola durante varios meses. Pero salvo problemas con un par de jabalíes, no hubo complicaciones mayores.

Yila entonces se dio media vuelta y comenzó a retirarse por aquel pasillo mientras continuaba diciendo cosas sobre Miry.

Probablemente ella no sabía lo que era enfrentar criaturas del abyss, pero tampoco deseaba permanecer allí. Fue entonces cuando tomó la palanca de la maquina de coser y se lanzó al ataque. Ciertamente fue un ataque vil y rastrero. Yila se hallaba de espaldas, pero aquello no le importó. Miry saltó sobre la pared y tomando el mayor impulso asestó un golpe sólido en la cabeza de Yila, quien apenas giró y abrió los ojos para ver a su agresora.

¿Estaba muerta? No lo sabía con certeza. Miry vio la sangre manar de entre las orejas de Yila, pero parecía respirar. Sorprendentemente no sintió ansias, ni temor. Se sintió extrañamente tranquila y relajada. Yila abrió los ojos y vio a una tumb que sostenía el pedazo de hierro firme entre sus puños y la veía como escoria.

Si, eso era, era la basura que había matado a su madre, a Mare ¿por qué debía mostrar piedad?

Miry blandió el pedazo de hierro y propinó tanto golpes como fueron necesarios para que todo aquel cráneo quedara vuelto añicos.

Entonces procedió a llevar aquel cuerpo hasta la sala de costura, la desnudó y tomó su ropa y aquella espada. Una espada delgada que recordaba muy bien. Sintiéndose a gusto caminó por el pasillo dirigiéndose a la sala real. Había alguien más, otra basura que despachar.

Solo la guardia real tenía derecho a salir por detrás del asiento de la reina. Era de noche y en aquel instante las defensas eran bajas. Miry pudo abrir la puerta de la recámara principal sin mayor problema y hallar frente a ella el trono de madera donde la reina Sera se hallaba comiendo junto a sus dos hijas.

Miry no discutió ni argumentó. No dijo ninguna frase de odio en particular, esencialmente porque no sentía odio en ese instante, aquello fue un momento tranquilo en el cual abanicó la hoja de la espada y esta cortó tanto la madera como la cabeza de la reina. Jeri vio horrorizada como la cabeza voló cayendo sobre la mesa, mientras que Viny comenzó a dar gritos ensordecedores.

¿Por qué gritaban? Miry solo estaba haciendo lo necesario.

Escapar con el traje de la guardia imperial fue relativamente sencillo, solo necesitó matar a otras dos guardias antes de poder adentrarse en el bosque. Fue entonces cuando Miry notó que su cuerpo olía a sangre y a muerte, un olor que sin importar cuantas veces se lavó, no logró quitar de su piel y pelaje.

Después de aquello Miry comenzó a vagar sin rumbo hasta que llegó a la ciudad de Ilain, allí fue contratada dos veces por un grupo de aventureros. En ambas ocasiones debió asesinarles mientras dormían, esto a que siempre intentaban tocarla y propasarse con ella. ¿Qué clase de bestias se comportaban así?

Al tercer intento halló a un par de cazadores que se dirigían a la ciudad de Utghardie, eran toscos y sin talento, apenas mataban algún par de goblins en escaramuzas muy sucias. Sin embargo, podían alejarla de aquel lugar, de la aldea tumb, así que decidió soportarles lo suficiente hasta que fuese el momento adecuado.

Fue entonces que sucedió algo extraño. Hallaron todo un campamento goblin aniquilado.

El fuego aún se hallaba encendido y las ollas calientes, los cuerpos estaban esparcidos por todos lados y apenas un par de ellos con cortaduras ¿qué había sucedido? Los cazadores buscaron la respuesta durante un par de minutos. Lo más seguro era que se tratase de una guerra interna, después de todo los kobold, goblins y los boggart solían tener rencillas por territorio, era algo que todos sabían. Pero Miry en cambio notó algo, un ligero olor a veneno en la comida, un olor que una tumb no pasaría por alto.

Continuaron el camino y los cazadores estaban más tensos que de costumbre y comenzaron a sentirse nerviosos y temerosos. Miry pudo notarlo en sus miradas y en sus palabras. Descargar contra una tumb en esa situación no era extraño, y Miry estaba dispuesta a dejarlo pasar cuando… Se escuchó algo que sonaba como un goblin, pero no lo era.

Aquel era Allan, un aventurero bastante joven que buscó de ayudarle solo por verla en aprietos. Miry se sintió agradecida en gran medida. O al menos ese fue su primer pensamiento, hasta sentir aquel hedor proveniente del chico. Un hedor a veneno y a sangre. Aquel joven aventurero a pesar de sonreír, olía a muerte, exactamente igual que ella.

¿Qué pasaría si le seguía? ¿Acaso aquel joven aventurero la mataría? ¿O podría ver como mataba a sus víctimas? Miry llegó a preguntárselo ligeramente mientras conversaba con aquel chico luego de ser rescatada. No tardó en sacarle la información a aquel chico, él era el responsable de las muertes de la tribu goblin. Sin embargo, aquel muchacho le pidió ayuda. Probablemente él podría sentir el mismo aroma que llenaba el aire. ¿Quizás entre asesinos se cuidaban la espalda? Miry estaba un poco confundida respeto a eso.

El chico no solo la llevó al gremio de aventureros y pagó su deuda, sino que además le brindó algo de comida y se preocupó por una compañera caída en días anteriores. También le dio cuero de kobold para unas botas. Miry siempre quiso unas buenas botas, unas que fuesen de ella. Por primera vez tendría botas hechas para ella.

Era sencillamente extraño, así no se comportaban los aventureros que ella conocía. Fue entonces cuando recordó las viejas historias de su madre y el cómo ella y su padre se conocieron. ¿Era eso entonces? ¿Acaso había hallado a un aventurero con la misma integridad de su padre? Quería verlo con sus propios ojos.

Se quedó con aquel joven aventurero y comenzó a practicar las rutinas de ejercicios que veía siempre por la ventana. Ya estaba inscrita además como aventurera, así que entrar al abyss sería lo mas normal.

De esa forma comenzaron a pasar los días, con la necesidad de entrar al abyss y hacerse más fuerte. Miry estaba consciente que la buscarían de la aldea tumb, por tanto, solo debía ser lo suficientemente fuerte como para sobrevivir y lograr aniquilar a todo aquel que se pusiera en su camino. Sin embargo, algo comenzaba a surgir dentro de ella. No podía despegar los ojos de aquel joven aventurero, era fuerte, valiente y procuraba cuidarla en todo momento.

Lo mejor de todo era el final de cada día. Regresaban juntos a una pequeña taberna a comer como si fuesen familia de toda la vida. Aquel aventurero no la miraba como la desgraciada hija de Mare, tampoco la miraba como una tumb cualquiera. Su mirada era la de alguien que la quería. Aquello hizo que Miry pasara varias noches sin poder dormir bien, con el corazón latiendo a mil y asomándose a la cama inferior donde dormía aquel joven para ver su rostro.

Él debía saber que ella era una asesina ¿por qué confiaba así en ella? El siquiera se preocupaba porque ella pudiera matarle, y más de una vez Miry se llevaba sus dagas a la cama.

Fue entonces cuando una noche decidió hacer algo, una prueba para ver que tan correcto eran las intenciones de aquel joven. Sin embargo, aquella prueba era bastante arriesgada y vergonzosa, la tumb debió tomar al menos cinco cervezas de miel para poder armarse de valor para hacer aquello.

Su plan consistía en desnudarse y meterse en la cama de aquel joven completamente desnuda. Si el joven buscaba de abusar de ella tenía preparada una daga debajo de la almohada de la cama.

Respiró profundo y sudando como nunca antes se metió sin ropa alguna en la cama de aquel chico. Pero el chico no se despertó, siquiera se inmutó por la visita nocturna de Miry, eso la dejó fuera de lugar.

La noche siguiente volvió a intentarlo, y la siguiente a esa, y así consecutivamente. Hasta que de pronto se percató que la daga no estaba debajo de la almohada y que de hecho era muy cómodo dormir con el calor corporal de aquella persona. Su aroma le ayudaba a conseguir el sueño. Y por tanto las demás noches no dudó en quitarse toda la ropa, meterse bajo las sabanas y abrazarle para sentir ese calor corporal.

—¿Estás enamorada de Allan cierto? — Miry se encontró acorralada con las palabras de Mena y Amy una noche luego de regresar del abyss.

—Miry no sabe, quizás Miry quiera a Allan como un esposo— Dijo, mientras sentía como sus mejillas ardían del calor y la vergüenza. No es como si ella no lo supiera, estaba enamorada de aquel aventurero. Sencillamente era perfecto, la respetaba y cuidaba, la trataba como una igual, y cada vez que estaba con él sentía que allí estaba su familia. Nada más importaba. Pese a eso él no parecía corresponderle. Ciertamente no se molestaba por las visitas nocturnas, pero no buscaba de besarla, ni de tocarla. Después de tantos días durmiendo juntos, Miry pensó que aquello sería natural.

Lo más impresionante sucedió entonces. Un día fueron invitados a descender para enfrentar al monstruo del piso treinta y una criatura apareció en el piso veintisiete, donde todos estaban reunidos. Jin llegó para causar estragos. Invocó a un ángel de los pisos inferiores y el caos reinó. Miry en un principio estuvo algo curiosa, era la primera vez que veía a una criatura tan linda y de cierto modo perfecta. Sin embargo, luego sintió miedo, cuando el ángel destrozó a los mejores guerreros en un segundo.

Lo supo en ese momento, o escapaba o moriría allí abajo, aquel ser estaba fuera de los límites de cualquier otro ser vivo. Miry corrió y de pronto el ángel se paró frente a ella. Quedó paralizada, el ángel alzó un martillo de guerra que portaba. Eso era el fin de su vida, el fin de su existencia. Aunque un final como ese lo tenía merecido. Después de ello ella era una simple asesina. Pero cuando cerró los ojos y esperó el golpe una silueta se interpuso entre ella y el ángel. Era aquel aventurero que le hacía palpitar, Allan la estaba defendiendo de pronto.

La batalla no fue larga, de hecho, sucedió todo en el transcurso de poco más de un minuto o dos. Pero Allan venció aquel ser de inmenso poder.

¿Cómo podía demostrarle a él que ella le quería? ¿Cómo le decía que estaba dispuesta a enfrentar cualquier bestia para poder estar a su lado? Lo único que se le ocurrió fue besarle al despertar de aquella cruenta lucha.

        No obstante, y a pesar de haber demostrado que le gustaba, Miry decidió que aquel no era momento todavía de entregar su cuerpo entero a aquel joven aventurero. Sin importar cuan valiente y poderoso fuese, ella debía ver el compromiso que este tenía para con ella. O quizás solo necesitaba tiempo para sentirse preparada mentalmente. Estaba segura que un evento tan importante debía vivirlo únicamente con aquella persona con quien compartiría la vida entera.

Dejó pasar un par de semanas antes de sentir el calor y el fulgor del cuerpo de aquel joven aventurero contra el de ella. El movimiento de su cintura, el sabor de su boca, el sudor de sus cuerpos mezclados. Todo era tan exquisito, que de haber sabido lo divino que esa experiencia se sentía lo habría buscado de experimentar mucho tiempo antes. Sencillamente en ese instante olvidaba todo su pasado, sus preocupaciones, la guerra goblin que se avecinaba, las heridas, su madre…

Así llegó la guerra goblin y casi todos murieron, y entonces llegó también la hermana de Allan, sin contar que Mena parecía también estar interesada en Allan. Finalmente, un escape por debajo de la ciudad fue necesario y todos terminaron infectados por la magia peste, y descender fue casi obligatorio.

Esos días no tenía tiempo de descansar, siquiera de tener un momento a solas con Alan, la tensión crecía en el grupo a medida que bajaban por el abyss. Miry tan solo veía a su amado esposo a cada rato. Parecía que Allan se estaba esforzando más que nunca, dándolo todo, pero que pronto terminaría todo. Morirían allí abajo sin remedio.

Era una especie de sensación que recorría todo su cuerpo diciéndole que se acercaba la hora. Mena también podía sentirlo, el momento estaba cerca, pero ninguno de los tres podía detenerse, ninguno podía parar. El instinto el deber de los demás le jalaba, y Allan creía que tenía una responsabilidad con la gente de Utghardie que sobrevivió. ¿Por qué era así de recto? ¿Por qué no le decía a Miry para escapar lejos y vivir lejos los dos? Miry habría aceptado, incluso si Mena los acompañase y viviesen juntos los tres, Miry habría aceptado aquello e iniciado una nueva vida.

¿Debía decirle que se alejaran de todo aquello? Ella solo quería estar con él. La aldea tumb estaba lejos, sus preocupaciones también, nadie podría cazarla si se movía a algún lugar alejado de toda civilización. Podrían estar los dos solos, tener hijos, hacer aventuras juntos, dormir y descansar mientras se daban calor corporal, donde la soledad no regresase a por ella… En cambio, estaban en el fondo del abyss, donde la soledad se siente a cada instante y solo puedes apoyarte en tus compañeros para continuar.

Entonces murió.

Miry no sabía explicar como era aquella sensación, ella sencillamente giró para ver a Allan, a esa persona que desapareció la soledad de su vida, aquella que le daba calor y le hacía sentir que todo estaba bien. Pero las luces se apagaron y no supo nada más.

Luego despertó nuevamente con la ayuda de un hada maliciosa. Allan estaba luchando en ese instante como un demonio, dando saltos y moviéndose a un ritmo que siquiera una tumb podría igualar. Cortaba a los ángeles, pero uno de los demonios usó una magia de fuego superior y todo se envolvió en llamas. El aire y todo su alrededor comenzó a arder como si fuese el fin del mundo. Pero incluso si era el fin del mundo, Allan estaba allí luchando ¿qué otra cosa podía hacer ella? Si iba a morir, definitivamente deseaba morir a su lado.

No murió, no nuevamente, y lograron salir del abyss luego de un par de días.

Miry decidió que viviría al máximo, tendría sexo a diario, frente a todos y daría rienda suelta a su vida. Comería lo que nunca había comido, caminaría por los lugares más recónditos y haría feliz a esas personas que estaban a su lado.

Un par de meses después resultó estar embarazada y su corazón dio un vuelco de alegría. No podía dejar de ir al rio a verse la panza, aunque esta no hubiese crecido todavía. Comenzó entonces a imaginarse una casa llena de niños y… Recordó que debía llevar a su futuro hijo ante la aldea tumb. Lo más probable es que fuese necesario, o serían perseguidos. La aldea tumb era muy estricto con ese tema. Aunque por otra parte podrían atacarla a ella, o a su bebé por sus crímenes. En dado caso no iría. Quizás algo así fue lo que pensó Mare antes de irse lejos.

Fue en ese momento en el cual halló a un par de niñas tumbs vendidas como esclavas. La ira invadió su cuerpo. Ninguna niña debería tener ese final. No dudó en asesinar a aquellas personas, eran más de la basura que debía ser erradicada.

No obstante, los problemas solo estaban a la vuelta de la esquina, inmediatamente después de eso Allan desapareció dentro del abyss. Sin importar cuanto bajaban Amy, Mena y ella a buscarle. Incluso llegando hasta las puertas del piso treinta. Allan no estaba en ningún lugar. Nadie decía nada, pero todos temían que Allan estuviese muerto, después de todo tres meses habían transcurrido desde entonces y Miry volvía a sentirse cierto grado de soledad.

Ahora estaban las pequeñas niñas tumbs y en su vientre se hallaba el fruto de su amor. Sin embargo, no estaba esa persona que le hacía sentir que todo estaba bien.

Fue una mañana entonces cuando a la puerta de la casa tocaron con gran fuerza. Miry se levantó contrariada notando un olor que pudo reconocer casi al instante. Tumbs.

Corrió a la parte superior de la casa para despertar a las demás chicas. Si descubrían allí a las niñas se las llevarían con ellas. De seguro venían por ella, no por las niñas.

—¡Llévatelas! — Miry y mena cruzaron miradas.

—¿Tú que harás?

—Ganaré algo de tiempo— Sonrió a pesar de que sus piernas temblaban y temía lo peor.

—Estás embarazada.

—Las niñas Mena— Amy se hallaba bajando por una soga desde la ventana— las matarán. Yo estoy embarazada, no me harán nada hasta llegar a la aldea.

Mena asintió y escapó por la ventana llevando a cuestas a Fera y Amy con Tania sobre la espalda.

Miry ofreció resistencia y la casa resultó destrozada y cayendo sobre ellas, pero al final terminó siendo apresada y llevada para pagar por sus crímenes a la altea Tumb.

Mena vio desde lejos como una humareda y el color naranja de las llamas llenaban un punto de la ciudad. Miry debía estar usando todo su arsenal para poder quedarse con ellas. 

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