41. DOMADOR

En el piso veintiséis hallé una marca sobre la parte superior de una piedra que daba la entrada a una pequeña recámara. Sabía muy bien lo que esta significaba gracias a mi contacto previo con los goblins. Aquel era el lugar de un mercader. Debí hacer un sonido y esperar afuera, escuché bastante ruido de la recámara interna e imaginé que el goblin estaba intentando escapar de mi antes de que le llamase. Me pregunté por donde podría escapar, pero sabía muy bien que los goblins tenían sus túneles de escape.

Luego de un rato volví a hacer un llamado y la cabeza de un goblin se asomó por un hueco a un lado de la recámara.

Tenía un rostro con un par de arrugas y un corte en una mejilla, su expresión era seria y se podían ver un bigote oscuro de la parte inferior de su rostro, de no ser por su tono azulado algo verdoso habría pensado se trataba de un enano.

—¿Comprar? — preguntó después de examinarme durante un instante.

—Comprar— Respondí casi de inmediato. Nunca había tratado con un vendedor goblin, de hecho, meses atrás siquiera sabía de su existencia. La cabeza volvió a entrar por su agujero y de la recámara salió un goblin bastante alto y fornido, quizás de un metro y medio de estatura, con brazos curtidos y una armadura de cuerpo tan buena que me quedé impresionado por la misma. No había visto a ningún goblin tan bien armado previamente.

—Pocos humanos comprar en el abyss— Soltó con los brazos cruzados.

—Tengo amigos goblins, sé que esa marca significa que hay un mercader.

—¿Eres de la nueva ciudad Ebis?

—Ibis— Corregí casi por instinto, el goblin me hizo señas para entrar a la recámara contigua. Esta increíblemente se hallaba iluminada por un par de gemas y una lámpara de aceite en un extremo. La entrada la cubrió con una roca luego de que entrase.

En el interior había una mesa de madera tosca y casi podrida, un par de sillas a su alrededor. En un extremo pude ver un grupo de armas recostadas contra la pared, una repisa con pieles, gemas, algo de cuerpo, un par de escudos. Me impresionó bastante el lugar, después de todo me hallaba en el piso veintiséis del abyss. ¿Cómo transportas una mesa hasta el piso veintiséis? A no ser que vivas allí, no le veía mucho sentido.

La pequeña tienda tenía un olor peculiar, no obstante, estaba bastante limpia, siquiera podías ver guijarros en el suelo mal puestos.

—¿Y? ¿Vienes de la ciudad?

—Si.

—¿Significa que ya comenzaron a adentrarse en el abyss?

—No, solo yo por ahora— Estaba algo absorto mirando mi alrededor cuando el goblin me ofreció un asiento.

—¿Por qué solo tú? — Se sentó frente a mí con aspecto gruñón.

—La ciudad apenas se está estableciendo, además, los aventureros ahora están concentrados en limpiar los terrenos aledaños a la ciudad, más cuando hay refugiados que están llegando de todas partes. Tanto humanos como goblins.

—Seh, refugiados… Tengo un primo que me envió una carta hace casi medio mes, me comentó que estaban recibiendo gente todavía y que había criaturas muy fuertes por los alrededores— Se mofó y levantó de su asiento, se movió hasta un estante que estaba a la derecha y de la parte trasera sacó una cerveza de miel— ¿Quieres? — Preguntó— esta va por la casa— la alzó de nuevo y yo asentí con la cabeza— Tengo tiempo sin hablar ni hacer negocios. Sin gente en el abyss los negocios mueren— Dio una fuerte risotada— Criaturas fuertes, eso es que no han entrado, llega a ver a un bullete azul, o una de las criaturas gigantes. Allí si correrás por tu vida.

—Pero estás lejos de las aberturas del abyss, de las antiguas al menos— Comenté.

—Estaba cerca de la abertura de Selyntos, fue horrible. El temblor lo derribó todo. Perdí mucho material ese día. Luego de eso subí a la superficie y estuve afuera por un par de días. En eso me enteré que se fundaría una nueva ciudad aquí. Y bajé, y busqué uno de los mejores puestos. Tengo una tienda aquí y en el piso nueve. Uno de mis empleados te vio pasar por allí hace unos días, dijo que quemaste todo. El pobre estaba muerto de miedo.

—Lo siento, estaba bastante apresurado por bajar para preocuparme por la quema de muertos— Me expliqué.

—Claro. No te preocupes, el chico recolectó algo de pieles y veneno ese día. Una buena cosecha, más si aparece de gratis.

Me sirvió la cerveza y yo di mi primer trago. Estaba bastante dulce, lo que significaba que fue hecha recientemente— Descuida, a medida que la ciudad crezca comenzarán a entrar, lo más seguro es que en un par de meses estén adentro.

—Bien ¿qué buscas y con qué comercias? — preguntó.

—¿Con qué comercio?

—¿Nunca antes has hecho trato con goblins? Pensé habías mencionado tenías amistades goblins.

—Las tengo, pero nunca indagué mucho sobre el asunto.

—A ver, tengo ítems que comercio solo por oro, e ítems que comercio solo por gemas.

—¿No se mezclan? ¿Por qué la diferencia?

—Items que compran humanos, esos se cambian por oro, por lo usual ítems poco poderosos, fáciles de conseguir. Hay ítems que comercio con las hadas, eso es más difícil, eso se cambia por gemas.

De inmediato razoné que, si él vendía esos ítems por gemas, significaba que las hadas también. Aunque obviamente el precio y valor de los artículos que él vendía debía de ser superior al encontrado en el piso treinta y ocho. Aquello me parecía justo, después de todo podía comprar en el piso veintiséis, antes de enfrentar a Behir.

—Pues me gustaría ver lo que tengas— Expresé siendo sincero— Aunque tengo conmigo son gemas, verdes, azules, rojas y moradas.

—¿No tienes gemas negras? — Preguntó, a lo cual yo negué con la cabeza— Una pena— El goblin se movió por el recinto y me indicó lo siguiera. Luego se acercó a una pared y movió una piedra para dar paso a una tienda completamente iluminada. Aquello era una cámara de al menos diez metros cuadrados llena de armaduras y armas, tantas que dejé escapar una exhalación de asombro.

No necesitaba la habilidad de lectura para notar que mucho del material en aquel lugar era superior al que yo poseía. Desde hachas a espadas, un par de orifalquio y otras de un material negro que no tenía idea de que era, hasta armaduras enteras de distintas formas y colores.

Los precios estaban marcados en una esquina con una etiqueta blanca. No era difícil de comprender. Noté que la mayoría de la mercancía buena se hallaba en gemas moradas o negras. De hecho, la espada que llamó mi atención tenía marcado el precio en nueve piedras negras. No me quería imaginar que clase de criatura tendría una gema totalmente negra en su interior.

Activé lectura de forma disimulada y fui notando los stats de los objetos. Había una gema negra con magia vida en esta. Su valor era de tres gemas negras. Apenas la vi y me acerqué el goblin habló detrás de mí.

—Tiene la magia vida, una verdadera ganga, a decir verdad, normalmente pediría cuatro o cinco gemas negras.

—Me imagino, es magnífico ver esto. ¿Tienes alguna por casualidad con la magia santuario? — Pregunté.

—No, hace mucho que no conozco usuarios que puedan hacer gemas santuario, y hace mucho que no veo una gema blanca para comerciar. La magia santuario no se puede meter en una gema negra, solo las blancas.

Yo por mi parte jamás había visto una gema negra, menos una blanca. Me quedé callado y asentí con la cabeza.

—Es raro preguntes por la magia santuario, los aventureros de ahora no saben de esas magias. ¿Abriste más el cuadro de magias muchacho? Debiste hacerlo, de no ser así sería difícil sobrevivir en el abyss por como está ahora.

—Tengo mis métodos— Comenté— ¿Dices que ha pasado tiempo desde que alguien pregunta por la magia santuario?

—Si, algo así como cuatrocientos años, años más años menos.

¿Selyntos ya existía entonces?

—Nada que ver. Selyntos debe tener a lo máximo doscientos años un poco más que Utghardie, menos que Adrem. Antes de eso estaba la ciudad de Kisha. Esa si que fue una gran ciudad.

—¿Qué sucedió con ella?

—Los muertos. El ejercito de los muertos arrasó con casi toda la humanidad. Quedaron algunos que se fueron al continente del este y al oste, a la zona de las bestias y al continente de los demonios.

—Actualmente no hay mapas que muestren el continente de los demonios— Había escuchado un mito sobre tal continente una vez. Pero lo dejé en eso, en un mito. Un cuento de niños de aquel mundo. No había mapas al respecto, de hecho, en Utghardie tampoco había mapas de más allá de la nación de los muertos y la nación de los orcos. Sencillamente había una brecha de información muy grande— ¿Tienes un mapa de entonces?

—Tengo alguno viejo, pero serán unas diez gemas rojas.

De esas me sobraban, compré el mapa y un par de botas que llamaron mi atención y estaban a un precio que podía costear.

BOTAS DE CUERO DE BULLETE CON PLACAS

Botas que ofrecen una protección fuerte ante cualquier objeto punzante y aumenta la defensa del usuario en un cinco por ciento. Se requiere una destreza mínima de 30 puntos para poder usar sus atributos y magias. Durabilidad 100/ 100

Magia imbuida:


Miedo 1: provoca una sensación de miedo en los enemigos cercanos lo cual reduce su ánimo de pelear y crea aberturas.

Armadura 1: Alta protección a proyectiles y ataques físicos. Vida +20

            Compré además un par de gemas de magias que yo no poseía y quería experimentar. Drenar y escudo mágico. Ambas ya tenían idea de sus usos debido a que las había visto previamente en la piedra del abyss. Por último, me llevé una que alguien a quien conocía necesita. La gema con la magia animar objeto me costó dos gemas moradas.

Salí del lugar despidiéndome del viejo goblin y comentándole estaría de regreso allí en unos cuatro a cinco días. La espada negra me había llamado demasiado la atención y la deseaba.

ESPADÓN DE MITRILO NEGRO DE LA PERDICIÓN

Espadón pesado capaz de romper armaduras e infligir daño verdadero en el enemigo. De alta resistencia y durabilidad, permite crear cortes anchos y profundos que dejan con daño de sangramiento al individuo. Durabilidad 100/100. Daño 780. Sangrado: -100 de vida cada 5 segundos.

Magia imbuida:

Poder 2: Magia que aumenta el nivel de fuerza del individuo al triple de su fuerza base. Permite perforar y proteger casi por igual.

Ceguera 2: Alta probabilidad de dejar al enemigo completamente ciego debido a un potente veneno en el filo de la espada.

Sus estadísticas de daño eran muy elevadas. Con ellas era incluso pensable enfrentarme a un Behir o algo superior. Probablemente podría agregar magia electro o veneno a la espada y hacerla aún más potente y con otro estado alterado. Añadir magia de fuego no era prudente, pues cerraba las heridas y el daño de sangrado era muy bueno también.

Básicamente aquella espada podía eliminar a la mayoría de las criaturas de los primeros pisos solo con su presencia, o así me gustaba pensar a mí. Sonreí y fantaseé con ella al retirarme de la tienda e imbuir magia prisa en las botas. Noté que estas eran pesadas en mis manos, pero particularmente ligeras sobre mis pies.

Necesitaba recoger las gemas que dejé en el camino y regresar a la superficie por varias razones. La primera es que llevaba una semana allí abajo y mis estadísticas habían subido, pero obviamente necesitaba continuar bajando y conseguir piedras negras para mejorar.

Segundo, me había quedado sin comida y tenía bastante hambre y ninguna intención de comer carne de naga sabor a cartón. Tercera, había prometido una actualización sobre las magias, aunque a decir verdad poco más había averiguado en el transcurso de la semana. Quizás agregar la información del mapa seria relevante para algunos, más no estaba seguro.

Por último, quería prepararme para descender al piso veintiocho, donde pude ver un calabozo. Ya había tenido experiencia con la entrada de un calabozo previamente. En aquella ocasión el esqueleto de la entrada me resultó un problema. Esta vez quería adentrarme y explorarlo por completo.

Mi gran sorpresa al llegar al recinto de Helim fueron los rostros tanto del viejo como de Amy. Me miraron de forma extraña y de inmediato supe que algo andaba mal.

—Miry y Mena están detenidas— Me comentó la menor.

—¿Qué? — Me dirigí casi en carrera hasta el edificio central, justo al lado del gremio de aventureros. Stella no se sorprendió de verme, de hecho, dio la impresión de estarme esperando.

—Tardaste— Me indicó a entrar con una sonrisa ¿qué hacía ella afuera? Sentada mirando la ciudad. Por el camino Amy me explicó lo sucedido, y Stella luego me lo amplió de forma más detallada.

—Se están formando en la ciudad ciertos barrios, al norte se está dejando a los idiotas que no quieren nada que ver con goblins, así que ellos deberán pagar un setenta por ciento más de impuestos. Aun así, algunos imbéciles aceptaron. Aparentemente prefieren comer mierda solo entre humanos que comer carne junto a goblins. La zona a nuestra derecha es el distrito comercial. El de la izquierda se está convirtiendo casi en una colonia únicamente goblin, mientras que al sur están los barrios bajos.

No era información desconocida. Nuestra casa quedaba en los barrios bajos, al igual que la taberna de Vermont. Aquello no nos molestaba, allí se vivía bastante cómodo y nuestra casa tenía una excelente vista de la ciudad.

—El punto es que no se permitió la entrada a los mercaderes de esclavos, y hemos sido muy meticulosos y algo estrictos con eso. Pero no hemos podido impedir que se pongan a las afueras de la ciudad a vender esclavos humanos, goblins e incluso tumbs— Cuando Stella dijo estas palabras me relajé. Comprendí por completo la situación y entendí que ambas estuviesen apresadas.

Caminamos al interior del recinto, el cual continuaban construyéndolo y olía mucho a polvo. Nos dirigimos al fondo pasando a un lado de las celdas. Mientras andaba comprendí que Stella no les puso en ninguna de las celdas regulares. El lugar donde encerró a las chicas se trataba de su propia oficina, la cual no tenía ventana alguna y se hallaba custodiada por un hombre con armadura hasta el cuello.

—Vamos a ver a las prisioneras— Comentó Stella al hombre y este se hizo a un lado— Miry salió y vió a un par de tumbs cautivos, intentó liberarlos, y cuando falló mató a los esclavistas. Los que estaban a su alrededor se lanzaron a atacarle y Mena se unió a la lucha. Ya te podrás imaginar.

—¿Y por eso las encerraste? — Pregunté arqueando una ceja. Probablemente yo habría hecho lo mismo. No comprendía del todo el pensamiento de tener un esclavo a pesar de que eran bastante comunes. Sin embargo, lo más probable es que estos supuestos esclavos se tratasen de personas que huían e intentaban salvarse de la reciente catástrofe del abyss.

—Armaron un revuelo y los mercaderes de esclavos tienen en la ciudad cierto poder económico, eso a pesar de no dejarles entrar. En buena parte fue por protección de ellas. Además de que no podemos tolerar que vengan y asesinen a las puertas de la ciudad.

—Entiendo, quizás el método no fue el más acertado— Agregué. Amy se sujetaba a mi ropa, aparentemente asustada por un par de sujetos encerrados en unas celdas que recién pasamos.

Stella abrió la puerta de madera y me pregunté si aquello era realmente una celda, si ellas eran prisioneras o invitadas de Stella en aquel recinto. El lugar era pequeño, pero de alguna manera habían logrado meter tres camas y una pequeña mesa donde todavía se notaban los platos de comida. Mena y Miry se hallaban en una de las camas conversando mientras que dos niñas tumbs saltaban entre las otras dos camas.

—Demás está decir que no quisieron soltar a las niñas tumbs que liberaron— Expresó Stella. Yo quedé con los ojos abiertos y recibí el abrazo de Miry, quien saltó de la cama, y luego el de Mena. 

—¡Las tenían prisioneras! ¡las estaban vendiendo como esclavas!

—Pues yo las veo bastante bien— Observé al par de pequeñas, una de ellas era mucho mas gordita que la otra. La tumb mas rellena tenía el cabello marrón y ojos apagados, se mostraba tímida y buscó de ocultarse detrás de la otra, que era obviamente más pequeña.

—Es cierto— Me informó Mena, no obstante, yo estaba algo absorto observando a las niñas.

—¿Quién eres? — La menor y más delgada tumb tenía el cabello oscuro, casi negro y alzó los puños lista para defenderse. Su tono de voz fue alto, pero se notaba tenía miedo pues sus rodillas temblaban. En eso noté que la zona alrededor de las muñecas de la niña tenía cicatrices de heridas.

—Ya le curé las heridas a ambas— Respondió Mena a mi mirada.

—Esta bien niñas, nadie les va a hacer nada malo— Respondió Miry— Pueden seguir jugando.

A pesar de eso ninguna de las dos continuó jugando y tan solo observaron a Stella y luego a Amy.

—Parece que tienen talento para meterse en problemas— Bromeé.

—Lo aprendimos de alguien bastante cercano— Mena me dio un codazo algo fuerte por las costillas.

—Deberán pagar una fianza para poder salir— Comentó Stella.

—¿De cuánto? — Pregunté.

—Pues aún no se han puesto los cánones para las fianzas, ni cuanto tiempo o dinero implica la muerte de un comerciante de esclavos. Podría ser dos de oro por las cuatro.

Aquella cifra podría parecer grande para un aventurero recién llegado o para un ruck, pero la verdad es que la cuota era ridículamente baja. Normalmente una fianza costaría más de quinientos de oro. Obviamente Stella estaba dándoles in indulto y facilidades por ser Miry y Mena.

—¿Qué van a hacer con las niñas? — Pregunté en tono serio.

—Pues tenemos dos opciones que hemos pensado— Respondió Mena— Podemos dejarlas donde Vermont, o quedárnoslas.

—¿Quedárselas? — Abrí los ojos.

—Miry igualmente debe ir a la aldea tumb en ocho meses o menos. No es tanto tiempo— Comentó Miry y recordé que ella me había dicho que todo niño que nace de una tumb debía ser presentado ante la aldea.

—Entiendo— Respondí y me dirigí a la muralla para intercambiar el medio centenar de piedras que tenía conmigo. Ciel no se hallaba en el lugar, pese a eso no hubo problema alguno para vender gemas con magia curación y magia fuego en su interior. Eran tantas que proporcionó unos trescientos bronces. No era mucho, pero una buena cantidad teniendo en cuenta que solo vendí las gemas verdes y azules, las rojas y moradas las guardé para mí porque aún podía usarlas.

Noté que a pesar de no estar abierta todavía la entrada al abyss, había muchos aventureros en el lugar, comprando información sobre los nuevos monstruos, insumos, tomando peticiones de limpieza de alguna zona, bebiendo junto a otros o intercambiando información de los sitios de avistamiento. El ambiente a pesar de ser animado, se notaba también la tensión de los presentes.

Regresé al edificio donde estaban Miry y Mena y entregué el dinero a Stella.

—¿Necesitas algo de papeleo?

—Ya lo llenaré yo, lo que si les pido es que no se muestren mucho por la calle, si es posible quedarse en casa… No es bueno que la gente vea a alguien matando gente en las puertas de la ciudad, menos que esa persona está libre solo un día después.

—Te agradezco Stella— Contesté antes de acordarme de una gema más— Toma, esta magia la necesitas, es manipulación de objetos, te permitirá manejar mejor la pierna sin necesidad de magia agua.

—¿Cuánto dura? ¿Una gema morada? — La miró con asombro—¿Dónde la conseguiste?

—Un comerciante que conozco me la vendió.

—¿Y la compraste para mí? ¿Y el viejo Helim?

—El viejo sabe manejarse con la magia agua, de hecho, creo que ya debió avanzar en sus estadísticas gracias al uso de esa magia. Con respecto a cuanto dura, depende de como la uses. Si usas la gema te durará poco. Si mandas a incrustar esa gema en la pierna, probablemente puedas durar con ella un par de meses. Supongo que también depende del uso que les des.

—Te agradezco. Justo cuando pienso que he podido pagar algo de mi deuda con ustedes, vienes y me das esto. A este paso no podré pagarles nunca.

—Claro, mi intención es que nos debas la vida misma y te quedes con nosotros al menos cincuenta años más— Bromee con ella y ambos reímos— Descuida, de igual forma te agradezco por cuidar de ese par de locas.

—Ahora estoy en su grupo, es lo menos que podía hacer.

—¿Vas al entrenamiento hoy con las chicas?

—¿Ellas irán? No creo que estén muy libres de tiempo con el asunto de las niñas…

—Yo si voy— Respondió Amy.

—Las niñas— Repetí mentalmente. Sin importar cuan calmado me mostrase, sabía a la perfección cuán problemático y difícil podía ser el que Miry salvase a ese par de pequeñas. No obstante, no podía hacer nada al respecto, el hecho ya estaba hecho. Las niñas estaban allí y fueron liberadas a la fuerza, sin padres por los alrededores lo peor era dejarlas en la calle, y a decir verdad eso tampoco me apetecía. Nunca he sido esa clase de persona. 

Stella abrió la puerta de la celda- oficina- habitación y noté como Mena y la niña delgada aplaudían mientras que Miry y la pequeña más rellena se hallaban ambas paradas de manos sobre el suelo. Me quedé mirando la escena un par de segundos a lo cual terminé por rendirme. No había caso discutir o intentar negociar aquello. Desde el momento en que Miry las vio apresadas, el destino estaba echado.

—Vámonos a casa, hay que ir a comer primero donde Vermont.

—¿Cómo se llaman? — Fueron mis primeras palabras para las pequeñas.

—Yo soy Tiana— Respondió la más rellena.

—Yo me llamo Fera— Contestó la otra más pequeña.

—Soy Allan ¿les gusta el chocolate?

Demás esta describir la reacción exagerada y llena de júbilo de Vermont y Melanie. El hombre cargó a las niñas tumb por toda la taberna mientras cantaba y repartía un par de platos. Luego les sirvió tanta comida que habría llenado a un cerdo, además de un plato de manzana que yo no ordené.

—A Katie les habría encantado verlas— Comentó soltando una lágrima— Las habría adoptado como suyas, más ahora que Melanie está embarazada— Comentó lleno de júbilo mientras servía una segunda ración de jarras llenas de chocolate— Tendré que conseguir más de esto— Bromeó al ver como Fera se atragantaba el vaso espumoso.

Yo procesaba la información ¿Melanie embarazada? ¿Qué acaso todos se habían puesto de acuerdo para llenar el lugar de niños? Pronto aquello no sería una taberna, sino un centro de juegos infantiles, o una guardería. Sonreí ante el comentario y me imaginé la cara que pondría si se enterase que Miry también lo estaba.

Si… se acercaba un bebé a nuestro seno, y yo comencé a percatarme de qué significaba todo aquello.

Al día siguiente quedé sin un céntimo, ni en mis bolsillos ni en el banco de la muralla. El par de niñas tenían unos gastos que yo no esperaba, sin contar el par de monedas de oro que debí pagar para poder sacar a Miry y Mena del encierro.

Fera tenía marcas por todo su cuerpo que pude notar cuando la ducharon, o al menos un par de segundos antes de que me lanzaran un banquillo y obligaran a irme del lugar. Las marcas más notorias eran en su cuello, y sus muñecas, sin embargo, parecía tener pequeñas quemaduras por la espalda.

Tania por su parte solo tenía las marcas en las muñecas, pero era mucho más retraída que la otra y tendía a conversar mucho más con Miry que con Mena. No culpé a la niña, Mena usualmente tenía cara de pocos amigos, su expresión era usualmente seria y seca. No obstante, ese día le vi sonreír de manera tierna un par de veces.

Me dispuse a escribir entonces sobre mis descubrimientos sobre la magia, sin embargo, no eran muchos. Pensaba añadir que a las criaturas se les puede curar, pero terminé olvidándolo, por tanto, solo anoté sobre el hecho que en el piso nueve y en diversos lugares del abyss se hallaban comerciantes goblins que tenían muy buenos objetos a la venta. En especial si tenías gemas para comerciar con estos.

Luego revisé lo escrito por Mena y Amy y quedé impactado, luego de mi explicación sobre los estadios en los cuales se podían manipular características a una determinada magia. Amy había hecho experimentos con este principio y determinado los cambios que se había que realizar a cada estadio para lograr ciertas magias derivadas.

Ads fluvio: creaba un charco en el suelo. Tanto Mena como Amy presumían se podía usar para desestabilizar al enemigo en la lucha.

Ads rocio: funcionaba para crear una fina capa de agua en el ambiente.

Ads flecha de agua: No creaba una flecha propiamente dicha, y requería que el usuario diese una forma puntiaguda a la bola de agua en su mano, sin embargo, era una potente arma contra bestias menores.

Me pregunté contra qué bestia la habrían probado.

También descubrieron que usualmente se les brinda ciertas propiedades a estas magias de forma intuitiva, mientras que si no se hace y solo se crea agua esta se forma como una bola sobre la mano que luego se desparrama por la misma.

Ads pared de agua: creaba una serie de columnas de agua que impedía la visión, detenía, desviaba o reducía la velocidad de proyectiles. Lo negativo es que consumía alta cantidad de energía el realizarla.

—¿Quiénes son estas mocosas y que hacen aquí? — A pesar de las palabras de Helim nos invitó a seguir a la zona externa de la cabaña— ¿Y por qué tienen orejas de conejo? ¿Por qué son tan orejonas?

—¡Déjalas quietas! — Se quejó Miry mientras que Mena ocultaba una ligera risa.

Tanía iba escondida detrás de Amy, obviamente comprendió que la chica maga era mejor protección que Fera. La otra miró de mala gana al viejo y apretó los puños.

No necesitaba ser un genio para comprender que Fera peleaba a la primera, y que eso era la razón de sus marcas corporales.

—Miré lo que descubrí ayer— Amy avanzó con el viejo recitando lo siguiente— ¡Obedece mis órdenes al comando de mi voz, fluye y cúbrenos con un manto para protegernos de todo mal, esfera de agua!

La esfera de agua que tenía en la mano se extendió hasta unos tres metros a nuestro alrededor, quizás más. Nos envolvió y quedamos en medio de aquella esfera acuática.

—Eso es increíble— Susurró Mena.

—¿Verdad que sí? — Amy giró la cabeza y la esfera de agua estalló empapándonos a todos.

—Una magia hermosa, digna de la señorita Amy— Giro se acercaba junto a Dimch, ambos estaban sudados y algo llenos de hollín en la cara.

—Una empapada digna— Dimch lanzó una carcajada y Amy le lanzó una mirada asesina.

Nunca imaginé que el viejo Helim le gustasen los niños. Actuó como si las orejas de las niñas le asustasen y comenzó a correr colina abajo siendo perseguido por las pequeñas.

—¿Giro, me podrías acompañar al abyss?

—Claro señor Allan, para mi es un honor si me piden entrar al abyss—Sentí que sus palabras fueron sinceras.

—¿Necesitas a Giro? — Me preguntó Miry.

—Tu no debes entrar con lo del niño— Respondí lo más bajo que pude.

—Lo sé ¿y las chicas? — Preguntó.

—Bajaré más allá del piso treinta, lo necesito es para recolectar piedras y materiales, necesitamos dinero y quiero comprar un par de cosas.

—¿En la tienda del goblin?

—La del piso veintiséis— Le confirmé antes de darle un beso.

—¿Entraremos ahora? ¿Para qué necesita a Giro señor?

—Recolección, de materiales, pero esencialmente de gemas.

—Giro irá con gusto, solo déjeme buscar lo necesario— El goblin entonces salió corriendo rumbo a la ciudad en dirección a nuestra casa, pues en la sala se hallaban todas las cosas y materiales de nuestro gremio.

Podría haberse dicho que aquel día era un día de campo en familia, a excepción del entrenamiento que comenzaron las chicas poco después y que yo debía adentrarme nuevamente en el abyss.

Acomodé mi bolso, me coloqué la armadura y los cinturones mientras observaba a Miry intentar modificar el flujo de la magia fuego para crear diversas formas. Le costaba trabajo, en especial porque la magia fuego era muy rápida, apenas ella la pronunciaba, esta salía de su mano o la punta de su daga.

Giro llego casi una hora después con una enorme bolsa de piel de ciclope, una pala, un martillo, un juego de cuchillos y una espada corta. Giro ya no era el flaco y desnutrido goblin que conocimos meses atrás. Ciertamente no había crecido tanto como otros goblins de casi dos metros, pero era considerablemente mucho más alto y fornido. A pesar de eso, continuaba vistiendo y conversando como un humano cualquiera.

Así inicié mi tercera incursión solitaria dentro del abyss, aunque estando con Giro, ya no era tan solitaria. Mi intención con traerle era limpiar zonas enteras sin preocuparme por la extracción de objetos o gemas. Giro no tendría que enfrentar ninguna criatura, solo quedarse cerca de mi y extraer todo lo posible.

Barrí los primeros cinco pisos sin mayor dificultad más que no dañar demasiado a las bestias— No necesitas recolectarlo todo, solo lo que veas que es de optima calidad, el resto quémalo.

—De acuerdo señor— Giro mostraba su valor y nueva fuerza moviendo los cuerpos de a varios al mismo tiempo. Creó una fosa en un momento y comenzó a quemar cuerpos de forma muy eficiente. Solo debía lanzarlos a esa fosa del resto de las cámaras. Se detenía únicamente a quitar algún colmillo o a revisar algún arma de los esqueletos.

Después de la quema subió hasta la cabaña de Helim y regresó a las pocas horas con comida, mientras que yo me dediqué a avanzar un poco más y a preparar algunas gemas con magia. Especialmente las rojas y moradas. La diversión comenzaría un par de pisos más abajo.

Avanzamos ese mismo día hasta el piso quince pues los cuerpos de los demonios nalfesnee no le era posible moverlos, por tanto, la incineración era muy semejante a mi método, quemarlo todo. Sin embargo, Giro insistió en quitar toda la piel de la espalda de los demonios nalfesnee gigantes, diciendo que esta era más dura que la normal y tendría valor para hacer armaduras. Ya que él estaba trabajando junto a Dimch, tomé muy en serio su opinión y le permití quedarse desollando aquellos seres mientras yo deambulaba por otras cámaras del piso diez buscando más nalfesnee.

Así busqué una recámara y descansamos unas diez horas tranquilamente hasta el día siguiente.

Los monstruos se regeneraron, por tanto, debí limpiar nuevamente el piso quince— Señor, haré un depósito en esta zona y marcaré la cueva para que podamos regresar. Giros me informó cuando la bolsa se hallaba llena de gemas en su totalidad.

—No, acércate a mí— Realicé junto a Giro siete saltos consecutivos con puerta dimensional. El goblin cayó sobre el piso de la casa de Helim y salió corriendo a vomitar en el patio. Yo me ocupé de desocupar la bolsa y tomar un par de manzanas que Amy me ofreció de manera gentil. Esta se hallaba jugando con Tania en ese instante mientras que Fera dormía y el resto entrenaba en la zona exterior.

—Esos saltos son horribles.

—Necesitamos hacer siete más para regresar— Le informé y Giro arrugó la cara, pero aceptó finalmente. Cuando regresamos al piso quince me hallaba extremadamente agotado y Giro se lanzó al suelo. Probablemente no vomitó nada debido a que su estómago ya se hallaba vacío.

Comimos y esperé a que estuviese repuesto antes de continuar. Destruí un nido de esqueletos que se hallaban dispersos del siguiente modo, escudos, luchadores, arqueros y magos al final. La formación era una locura. Aunque con salto logré posicionarme en la zona posterior y destruir toda su formación en un par de segundos. Usar prisa también habría funcionado, pues los escudos dejaban ciertas aberturas, pero debido a la poca luz, no podía ver bien las flechas, y temí algunas de ellas estuviesen envenenadas. Giro me esperó en la sala contigua hasta que todo quedó en silencio. 

A decir verdad, me estaba divirtiendo. Empecé a encontrar que los primeros pisos del abyss no eran tan aterradores como imaginaba, solo se trataba de desconocimiento de nuestra parte a la hora de utilizar las magias y los objetos disponibles. Estaba seguro que sí, alguien con más inteligencia y habilidad que yo, se disponía y averiguaba lo que yo sabía, era capaz de descender mucho más rápido.

Por ese momento me acordé de la espada negra de la perdición que deseaba. Solo que debía obtener gemas negras para poder comerciar por aquel artículo. Dudaba que el goblin me diese algún descuento. El problema es que yo nunca había visto una gema negra, sin embargo, se me ocurrían un par de monstruos que quizás podrían tenerla. Solo debía hallar a un Behir, o un ángel mutados a la máxima expresión, eso o un dragón de esos enormes que divisé a lo lejos cuando estuve por debajo del piso treinta. O quizás… Recordé el calabozo que se hallaba por el piso veintiocho y me apresuré en descender.

El piso veinte supuso un reto que debí afrontar por turnos. La zona no solo estaba llena de ciclopes, sino que además habían beartrolls y fenrirs, a un punto en que incluso era difícil andar por el lugar.

Usé primero fuego para las bestias más débiles, y luego activé atracción para concentrarlos a todos en un solo punto. El problema es que pronto aparecieron bestias que veían del piso diecinueve y dieciocho. No supe donde se ocultó Giro, así que decidí no usar más fuego y eliminarles a base de velocidad y puerta dimensional.

¿Tan fuerte era mi nivel de atracción?

Dimch me habría dicho que si, y habría terminado la frase con… afortunado.

Fui cortando y retirándome, cortando y retirándome. El veneno haría el resto del trabajo, el proceso fue tedioso y debí incluso retroceder hasta el piso diecinueve para que no se concentrasen en un solo punto y me rodeasen. Media hora después regresé a la cámara de jefe y fui eliminándoles uno por uno. Eran fuertes en extremo, noté que había un ciclope de piel negra con marcas doradas en su cuerpo. Su vida se hallaba por encima de diez mil, me lo tomé con calma y primero ataqué sus piernas. Esquivé la espada enorme que blandía.

¿De donde sacaría una espada de ese tamaño? Aquello me superaba unas cinco veces en tamaño por lo menos.

La espada crucé el aire con un silbido y se estrelló en el suelo con una fuerza increíble. El suelo estalló en pedazos y yo crucé el portal para atacar a otro ciclope en la zona trasera de su cuello mientras caía.

Me dediqué entonces a ver las estadísticas de semejante monstruo con mayor detenimiento, además de su increíble vida, solo tenía dos magias, regeneración y drena. Entonces noté lo jodido del asunto. Los cortes que le hice en las piernas habían desaparecido y tenía nuevamente el neto de su vida.

—¿No podías ser un ciclope normal? — Me quedé al tiempo que saltaba esquivando su ataque. Aunque debo admitir que, a pesar de quejarme, no consideraba que aquel monstruo fuese un serio rival.

En mi mente razoné mis siguientes movimientos y tracé lo que yo consideraba un plan. Aunque a decir verdad no era nada como lo que Mena planteaba, aquellos si eran planes serios. O mío era una idea, y un bosquejo de lo que debía suceder. Si algo extraño o anómalo ocurriese en ese instante, yo quedaría con los ojos abiertos y correría. Después de todo para eso tenía mi gema con magia puerta dimensional en el bolsillo.

Me acerqué lo más rápido que pude con prisa, asesté un golpe que le paralizó y donde la espada dejó un corte, clavé una de las dagas envenenadas, lo mismo hice con un segundo corte en la otra pierna. El efecto de regeneración se detuvo, aunque no estaba envenenado, así que debí comenzar a tasajearle una y otra vez hasta que finalmente cayó de bruces.

Giro salió detrás de un grupo de rocas sonriendo y feliz de tomar los recursos de aquel ciclope. Tardamos casi medio día en aquella habitación recolectando gemas y materiales. Después de un rato ayudé a Giro, pues la cantidad era muy grande y no se daba abasto.

La gema de aquel gigante era bastante grande, al menos mucho más grande que un puño de mis manos, incluso más cuatro puños, por lo cual supuse debía valer bastante. Eso me hizo sentir mejor con respecto al tiempo invertido allí abajo.

Después de aquello volvimos a saltar para dejar todo arriba y descendimos nuevamente. La casa de Helim estaba a oscuras y no había nadie en la habitación, lo cual no me extrañó pues nadie nos esperaba ese día. Comimos a las afueras del abyss y continuamos.

—Se ha vuelto muy fuerte señor.

—Te dije que no hace falta tratarme de señor.

—Es cuestión de respeto señor. Usted y su grupo apoyaron a Giro cuando los goblins le trataban distinto. Ahora algunos goblins respetan a Giro.

—¿Por qué? Si puedo peguntar.

—Giro está en el gremio mas fuerte de la ciudad, y además ahora también trabaja como ayudante de herrero.

—Para ustedes los goblins trabajar es importante, me refiero es como algo que infunde respeto.

—Para los goblins trabajar lo es todo señor. Aprendemos que trabajar significa vivir y apoyar el crecimiento de la tribu. A fin de cuentas, la tribu es más importante que un solo goblin.

—No lo había visto de esa manera— Admití mientras me lanzaba a atacar un beartroll que tenía pelaje negro y rojizo.

—Pero usted cuida a su tribu, todos se apoyan.

—Bueno— Realicé el corte y luego me retiré.

—No lo vi desde ese punto de vista— Admití— Para mi las chicas son… importantes después de todo. Son, todo.

—Pero ahora el señor va a tener un hijo.

—Yo diría que ya tengo dos, me surgieron de pronto y sin previo aviso.

—¿Las niñas que las señoras Miry y Mena recogieron?

—Exacto, las conozco lo suficiente para saber que no vana a querer soltar a esas niñas. No importa si es cuestión de ley o no.

—¿No importa si es cuestión de ley? — Preguntó Giro.

—Miry no es muy seguidora de la ley, y Mena hará lo que crea conveniente. A ninguna de las dos les importa mucho si los demás opinan diferente a ellas.

—Son fuertes, ese tipo de pensamiento las hace fuertes.

Guardé silencio sin saber que responder. La verdad las conocía lo suficiente para saber que si alguien se le ocurría la brillante idea de intentar quitárselas. Ninguna de las dos dudaría en eliminar a quienes estuviesen implicados, y si las cosas se saliesen de control, al resto de los presentes, y todo aquel que osase a oponerse. Así eran ellas exactamente.

Probablemente la razón para haber aceptado ser encarceladas fue por la presencia de Stella y la seguridad de que estarían con las niñas después de todo.

—¿Adónde vamos señor? — Preguntó Giro.

—A una tienda manejada por un goblin.

—¡Oh, consiguió una! ¡Las tiendas goblins son buenas!

—Esta es mucho mejor que buena— Señalé la entrada y Giro se asombró en extremo al ver el goblin que asomó la cabeza y nos permitió pasar.

—Es un honor estar ante Modrick— Giro bajó la cabeza a un punto en que pensé besaría los pies del otro.

—No mentiste cuando dijiste tenías un goblin amigo tuyo— El goblin mas viejo ayudó al otro a ponerse firme— Levanta esa cabeza, un aventurero no necesita bajar su cabeza ante este goblin, más si logra llegar al piso veintiséis actualmente.

—Es un honor poder conocerlo, señor.

—¿De donde lo conoces Giro? —Pregunté.

—Modrick es probablemente el herrero y vendedor mas famoso, probablemente también el vendedor más viejo.

—¡Oye! Que me simpatizó todo lo demás hasta la parte de viejo.

—Lo siento señor.

—¿Cómo se llaman ustedes? — preguntó el viejo goblin dejándonos entrar a la segunda recámara de su cueva, donde estaban las verdaderas armas.

—Giro.

—Allan, Allan Fenrir.

—Ferir, ese es un buen nombre de aventurero.

—Giro Fenrir— Esgrimió Giro con orgullo.

—¿Quieren algo de cerveza? — Y así comenzó una velada que duró varias horas y en la cual terminé casi inconsciente. Aunque eso era sencillo con mi poca tolerancia al alcohol.

Las conversaciones giraron en torno a cómo era el negocio previamente y sobre como los humanos perdían terreno constantemente. Modrick comentaba que si las cosas continuaban así estaba planteándose la idea de abandonar Arglory y dirigirse a Minfister, supuestamente en Cintiael estaban mejor armados y avanzando en el abyss. No podía reprochárselo, probablemente yo era el único humano o ser que estaba descendiendo actualmente en el abyss en toda esa zona. Eso significaba que el negocio no fuese bien, aún así Modrick era bastante alegre y nos brindaba cerveza de miel esa noche.

Estaba seguro de haber escuchado a Benjen decir que en menos de veinte días abrirían las puertas del abyss. Que solo estaba creando unas compuertas de protección y terminando de excavar la última sección. Entonces le comenté tal hecho, y este me respondió que lo más probable es que con suerte llegasen al piso nueve y comprasen allí. Sin embargo, me agradeció por el apoyo.

Aquello me hizo pensar donde cambiaba Modrick las gemas que obtenía de mi parte. Bueno, quizás lo hacía con las hadas, no tenía pruebas, pero estaba seguro de que así era.

No recuerdo nada del resto, pero a la mañana siguiente compré algunos equipos para las chicas y se los entregué a Giro.

Mi pensamiento es que él subiera con el uso de los túneles goblin y de esta forma yo poder continuar al piso veintiocho. Estaba seguro que el calabozo no era el mejor lugar para tener un goblin a mi lado. Además, había pasado abajo al menos dos días más, con lo cual, de no tener noticias mías de seguro se preocuparían. Sin embargo, yo no podía subir, debía avanzar para poder continuar y hallar la magia santuario. Eso sin contar poder descender por debajo del piso treinta, enfrentarme a Behir y luego encontrarme con Ardina. Lo cual estaba seguro atraería problemas de alguna forma.

No podía siquiera imaginar qué podía pedirme el hada. Eran una raza poderosa con magias avanzadas y conocimiento que de seguro superaba al mío ¿qué podía desear de mí?

Pensé en cosas obscenas y me dio un poco de asco, las hadas del abyss no eran nada atractivas como para esas cosas. Sin embargo, si era el caso ¿qué haría? Probablemente me resignaría, cerraría los ojos e imaginaría el cuerpo de Miry o Mena… incluso en caso de ser necesario, el de Amy.

Giro se despidió de mi bajando la cabeza en forma de gratitud. Yo en forma de gratitud le prometí le enseñaría algo de magia a mi regreso. Giro me ayudaba a reducir mis tiempos y proporcionar dinero a mi familia mientras yo me hallaba allí abajo, era algo importante.

Descendí hasta el piso veintiocho y maté un grupo de bulettes antes de acercarme a la puerta del calabozo. Este era claramente un lugar distinto al resto del abyss, pues se podían observar ladrillos de un tono vinotinto que guiaban hasta un túnel donde la oscuridad consumía todo.

Activé un grupo de gemas con magia fuego y las arrojé al suelo haciéndoles rodar para iluminar lo que había adentro. Entonces noté la figura de un caballero con armadura y un mazo de un tamaño colosal lleno de púas. Aquello era una criatura que no había enfrentado previamente en el abyss. Era el momento de luchar contra lo desconocido. 

            La armadura cubría cada parte del cuerpo, y en varias secciones se superponía. Su casco era puntiagudo y tan oscuro como el resto del metal, mientras que de las rendijas de la cara salía un resplandor azul bastante tétrico. Aquel ser estaba alerta, pero alguna razón no atacaría hasta que yo no me acercase y pusiera un pie sobre el piso de ladrillo.

Vi sus estadísticas y… no estaban. Simplemente aparecían en blanco y entonces pude escuchar una risa tétrica desde el interior de aquel calabozo. Activó magia Miedo, ¿o quizás era magia pánico? Ciertamente tenía ganas de retirarme huyendo de aquel lugar mientras podía. La risa retumbó causando eco en las paredes y aquello me puso los vellos de punta.

Di un paso al frente y me dispuse a atacar, no aprendería ni resolvería nada quedándome afuera de tal lugar.

Mientras más pasaba tiempo adentrándome al abyss me percataba de algo. Aquel lugar estaba diseñado para hacerte crecer y convertirte en más fuerte poco a poco a medida que descendías. Obviamente aquello debía de ser así con el fin de al final poder derrotar a Emerant. No obstante, aquel calabozo no correspondía en lo absoluto con el nivel al que estaba. De este emanaba un aura tan sombría y opresora que un aventurero de bajo nivel acabaría muerte solo de miedo.

Incluso con las bestias mutadas que rondaban actualmente, el calabozo estaba muy fuera de lugar. Si mi teoría sobre el abyss era correcta, los calabozos eran como una prueba o un punto donde el nivel subía a niveles insospechados. Si tuviese que decir o dar una impresión, diría que su nivel de dificultad correspondía a muy por debajo del piso cuarenta. Probablemente del piso sesenta o setenta, no estaba seguro.

Cuando pisé el primer ladrillo rojizo oscuro el ser con la armadura dio un paso adelante y arrojó su mazo con forma de porra puntiaguda en mi dirección como un proyectil. Me arrojé al suelo para esquivarla y me levanté en el acto, dispuesto a correr para atacar. En eso la porra- mazo se devolvió a mitad de camino, como si aún el aire fuese sujetado por alguna fuerza.

Me impactó con el mango por la espalda haciéndome caer al suelo— ¿qué carajos fue eso? — Alcé la vista para ver la risotada triunfal del caballero en armadura negra. El mazo llegó a sus manos y entonces desapareció y reapareció justo frente a mí con el mazo en alto, listo para golpear mi cuerpo —¡Mierda! ¡ads puerta! — El agujero se apertura justo en mi espalda, dejándome caer junto a mi bolso y el espadón. Fue este último el que sostuve y me dirigí en ataque, al igual que hice días atrás con el demonio.

No sirvió. El caballero oscuro alzó su mazó y batió un golpe tan potente que me propulsó por el aire directo a estrellarme contra las rocas. Activé nuevamente puerta dimensional y reaparecí frente a él. Aun con el impulso en retroceso que debí contrarrestar con mis pies apoyados en el suelo causando fricción.

¿Qué cosa era aquello? ¿había un punto débil en aquella cosa? ¿Dónde? Entonces el caballero se detuvo a mitad de camino moviendo la maza con fuerza. Observé que en el fondo otros dos seres de armaduras oscuras se movieron hacia adelante con una risa infernal.

¿Así eran las cosas? Sencillamente no tendría oportunidad. No de pelear de forma natural.

—Bendición, poder, poder, prisa, puerta— sentí el dolor esparcirse por cada músculo de mi cuerpo— Cura, regeneración— El dolor casi me hace caer. El brazo ardía y la sensación se extendía hasta mi pecho, como si hubiese una braza sujetada a mi cuerpo.

Lo mejor que podía hacer era avanzar tan rápido como pudiera. Me lancé por la puerta que se abrió y el siguiente portal lo coloqué detrás de los tres caballeros con armaduras.

—Oscuridaaaaad…— La voz de uno de esos seres se dejó escuchar al igual que una fuerte risa que resonó sobre la cámara al tiempo que las sombras cubrieron todo nuestro alrededor.

Noté aquellos ojos azules centelleantes en dirección a mí y un leve resplandor del mazo a punto de impactar en mi cuerpo. Alcé el espadón y deslicé el golpe a un lado. Podría haber impactado algún golpe de no ser porque el siguiente caballero oscuro blandió el mazo y me hizo retroceder. 

De pronto tuve al tercero justo en mi espalda ¿o acaso aquel era un cuarto? Era imposible saberlo con certeza, pues apenas podía ver a poco más de un metro frente a mi cuerpo. Giré el cuerpo en un salto brusco y veloz para impactar la espada en aquella cabeza.

Hubo un fuerte gong que resonó en el lugar y el casco de aquella cosa salió volando. En el interior se hallaba una cabeza flameante azul con una sonrisa enorme que me heló la sangre.

El aire detrás de mí se movió de forma brusca y activé puerta dimensional para escapar. Una punzada de dolor me hizo doblar las rodillas, sin embargo, mantenía mi razonamiento intacto. No iba a morir por aquello, aunque debido al dolor lo estaba deseando.

Respiré profundo y desaparecí dentro de otro portal. Reaparecí a un costado de una de las armaduras, lancé el ataque dejando que la espada cayese con todo el peso de mi cuerpo justo en su espalda. La armadura se rasgó con un brillo blanco que pude identificar

—Bendición— Repetí sin saber bien porqué esa magia funcionaba, pero estaba seguro que ella fue la que hizo que mi espada perforara aquella armadura oscura. Recibí entonces un ataque dirigido a la cabeza e intenté cubrirme con el espadón desde arriba. Sentí como algo en mis brazos explotó al igual que en las piernas. Sin embargo, me mantuve de pie recibiendo el golpe que originó que la tierra a mis pies se hundiese un poco. El caballero entonces comenzó a reír y asestar golpes contundentes contra mi espadón. Me mantuve a pesar de que sentía mi cuerpo hacerse añicos.

Una corriente de aire a mi alrededor me advirtió del siguiente golpe, pero no tuve oportunidad de reaccionar. Aunque incluso con tiempo y mayor velocidad, estaba deteniendo los golpes de la zona superior. Era imposible proteger mi flanco derecho. El golpe del mazo me impactó de lleno y algo filoso atravesó el cuerpo en la sección del abdomen. Fui lanzado quien sabe dónde.

¿Iba a perder así? Siquiera había entrado al calabozo ¿acaso era así de difícil? — Ads puerta dimensional— Susurré y me deslicé a la altura de las piernas del que tenía más cerca de mí. Corté y desaparecí en otro agujero. Salí del otro y blandí el espadón con una sola mano mientras cortaba el cráneo ardiente de aquel que había quitado el casco. Lo hice con una sola mano porque la otra sencillamente dolía demasiado y esa sección del cuerpo ardía como mil demonios.

Me dejé caer por otro portal y rebané una armadura a la altura del pecho. Repetí el procedimiento dos veces más cuando sentí que una mano tomó mi pierna izquierda y con una fuerza descomunal me lanzó al suelo. Todo mi cuerpo crujió y un gargajo de sangre brotó de mi boca. Aquella criatura oscura lanzó un grito al aire antes de blandir su mazo. Yo busqué mi espadón con la vista, pero no tenía ni la menor idea de donde se hallaba.

Mi muerte en ese momento lucía terriblemente oscura y con un ligero resplandor azulado que provenía de su mazo acercándose— Poder, poder, poder— Me levanté y di un golpe de mi puño desnudo contra la armadura, sentí el crujir de esta y sin pensarlo comencé a golpear tan rápido y fuerte como mi cuerpo me permitía. Impulsaba cada puñetazo con mi cintura, dejando que el movimiento continuase por mi espalda, hombro, hasta mi puño.

El dolor se esparció por todo mi cuerpo como un rayo. La armadura oscura frente a mí se rompió en pedazos y el ser cadavérico dentro de este cayó hacía atrás sin vida, aún con una sonrisa tétrica en su rostro.

Yo caí de frente, sintiendo la tierra contra mi cara, mientras mi mano se deslizaba hasta la pequeña bolsita de cuero donde tenía una gema con magia curación.

A pesar de usar la gema quedé tirado en el suelo por un largo rato, donde temí llegasen mas de esas cosas oscuras o se acercasen otra clase de criaturas. Cuando por fin las piernas me respondieron para levantarme noté que había cuatro de aquellos seres dispersos en el suelo. Aquello había sido una locura, mi cuerpo dolía en extremo. Debía de tener al menos una costilla rota y por el dolor diría que un hueso de la mano derecha también. Y eso era lo que la magia sanación no había sanado, a pesar de haber sido magia concentrada por Amy para curar al menos unas siete personas, pues se hallaba en una gema morada de suficiente tamaño.

Tomé mi espadón y mi mochila y me retiré un instante hasta una cueva cercana, la cual sellé a medias y me dispuse a dormir.

Desperté asustado escapando de una terrible bestia con forma de sombra. Todo era oscuridad a mi alrededor, no tuve oportunidad antes de activar alguna gema con magia fuego y mi antorcha había muerto apenas la dejé caer al iniciar la lucha contra los caballeros oscuros.

Apliqué un par de gemas cura sobre mi cuerpo y busqué de comer a medida que me movía por el lugar acercándome al punto de lucha. El suelo se hallaba resquebrajado y vuelto arenisco en varias secciones, incluso una pared fue golpeada y un agujero enorme se formó en esta.

Repasé los cuerpos con curiosidad y fui despojándoles de aquella armadura oscura, luego, siguiendo el ejemplo de Giro me decidí por enterrar aquello en las cercanías. En primera parte por ser un material pesado y el cual yo desconocía, pero que no podía cargar, segundo, no deseaba perderlo, pero la entrada del calabozo estaba frente a mi y esto me permitía descansar y reponer mis fuerzas.

Terminé de esconder todo y me dispuse a adentrarme en el calabozo. Al fondo del pasillo se erguía una puerta doble enorme con muchas inscripciones y relieves en esta. Me detuve un instante a observarla con las gemas de fuego y la antorcha. En la puerta había diferentes inscripciones, un circulo en el centro y diversos monstruos tallados en el acero de la puerta. Después de examinarla por unos minutos me fijé que aquello indicaba los distintos tipos de criaturas que se hallaban en el calabozo. Lo supe porque los caballeros oscuros estaban abajo, justo al fondo de toda la estructura y en pequeño.

Noté las fauces de algo que me parecieron lobos, unas cosas con plumas y un rostro feo, algo que parecía una mascara de madera, dos enormes hombres a los lados y por encima de todo y de un tamaño exagerado se hallaba algo delgado semejante a un esqueleto o un cuerpo descompuesto. Como si se tratase de un muerto.

Supuse que aquello debía ser el monstruo jefe del calabozo y por tanto, algo que yo no buscaría de enfrentar. Mi plan era sencillamente entrar, enfrentarme a lo que pudiera y salir con el uso de la magia puerta dimensional que tenía en mi bolsillo. Si algo fallaba, escaparía.

Abrí las puertas poniendo toda mi fuerza en ellas. Eran en extremo pesadas y tardé al menos medio minuto empujando para poder hacer que se comenzaran a separar y a mostrar una apertura donde parecían estar selladas. Las bisagras chirriaron con fuerza y entonces me pregunté si alguien más habría entrado a tal lugar, si alguien en algún momento habría abierta tales puertas, o aún mejor, si yo mismo, hace un par de meses atrás cuando vi un calabozo semejante a este podría haberlo logrado.

No, probablemente no, no con aquel nivel de fuerza. Probablemente actualmente tampoco tenía el nivel suficiente para aquel calabozo, pero lo probaría, lo pondría a prueba con mis propias manos y sentidos. El suelo a mis pies resplandeció con fuerza, una luz azul llenó el lugar y desaparecí.

Una luz fuerte me llegó desde el otro lado. Me encontraba en algún otro lugar con unas puertas igual de enormes y una extensa planicie frente a mi. Planicie tan basta y enorme como para que diez ciudades se establecieran, montañas elevadas y afiladas como puntas de lanza, y lo que parecía un castillo o un fuerte en ruinas a lo lejos.

¿Dónde estaba? Giré al instante, pero el abyss ya no se hallaba frente a mí. Las puertas de acero se cerraron y el círculo a mis pies desapareció de pronto, al igual que las puertas. No me hallaba en el abyss. Estaba en algún lugar del exterior con prados rodeándome— Joder, perdido por completo— Quedé frio ante aquel descubrimiento y entonces noté que algunas criaturas rugieron desde lo lejos. No estaba solo después de todo.

Había sido transportado por el círculo bajo las puertas del calabozo, quien sabe adónde. Algo estaba seguro, no estaba ni cerca de Utghardie ni de Ibis. Jamás había visto montañas tan afiladas y peligrosas como aquellas, ni sentido tanto frio en el aire. 

¿Qué tan lejos estaba de casa? Regresar me podría tomar días, semanas o quizás meses dependiendo de mi ubicación actual. De hecho, si estaba del otro lado del mar de Ilse sería problemático. No sabía nada de Minfister salvo que aquellas personas tenían serias rencillas contra Arglory.

¿Qué debía hacer? Tomé el bolso y comencé a buscar el mapa que había comprado al viejo goblin días atrás. Yo siquiera lo había revisado completo, especialmente por haber estado ocupado con la llegada de las niñas a la casa. No obstante, a primera vista pude notar que el mapa era mucho mas extenso y detallado de lo que había visto tiempo atrás en mapas de Utghardie. Pero eso significaba que estaba mucho más perdido que antes. Había islas sin nombres ni rutas comerciales. Aquello significaba que nadie llegaba hasta ellas, o que no tenían siquiera información sobre estas.

La presencia de una bestia me sacó de mis pensamientos y obligó a estar alerta. Lleba en carrera desde una zona inferior a la que me encontraba. Tardé un momento en poder divisarla de forma adecuada, se trataba de un par de fenrirs, o ¿eran algo más?

Los fenrirs tenían rostro semejante a la de un murciélago, esta en cambio eran rostros de lobo, pero su tamaño era incluso superior al de un fenrir, y sus formas mucho mas vistosas. Uno de ellos tenía un par de plumas de colores que brotaban del cuello y llegaban a su espalda juntándose a su cola.

Saqué las dagas de la parte de atrás y guardé el espadón. A las bestias con piel era mejor atacarles con magia veneno y dejar que el tiempo hiciera el trabajo por mí. De pronto sentí un impacto contra mi espalda y salí despedido no sé cuantos metros en el aire hasta estrellarme con un árbol.

Giré mi cuerpo para notar el punto de procedencia del golpe. Se trataba de un ser semihumano con rostro de persona, pero el cuerpo lleno de pelo y una larga cabellera que era sostenida por coletas frente a él. Su pelaje era gris y abundante. Lo más resaltante eran sus piernas con forma animal y sus puños, eran de acero puro y extremadamente grandes, incluso para su ser de dos metros de altura.

Se movió muy rápido, mis ojos apenas reaccionaron cuando estaba a menos de un metro de mi posición con el puño dirigido a mi cabeza. Me agaché, esquivé y rodé por el suelo para levantarme y alejarme en retroceso gracias a la magia prisa en mis botas.

El árbol recibió el impacto del puño de hierro. En la sección en la cual fue golpeada explotó en pedazos de astillas, mientras que el resto del árbol cayó a un lado. El par de lobos se acercaron hasta mí rodeándome, a estos no dudé en atacarles creando heridas que serían letales.

—Eres rápido­— Su voz fue ronca, se hallaba frente a mi y sus puños chocaron contra mis dagas. Apenas tenía tiempo para reaccionar y bloquear y desviar aquellos ataques. No podía poner resistencia en las dagas tampoco, puesto que estas se romperían. Lo frustrante era que no podía cortar las muñecas de aquel ser como me era costumbre porque el hierro cubría esta zona y la zona de piel se hallaba muy lejos.

Retrocedí con un portal y salté lo más lejos posible, especialmente para recuperar el aliento luego de una batalla de casi medio minuto donde apenas podía ver sus puñetazos y esquivar o desviarles.

—Puedes hablar— Contesté.

—¿Qué esperabas?

—Las criaturas del abyss por lo general no hablan— Quizás la excepción serían los caballeros y los goblins, aunque los primeros lo hacían para castear magias. También los ángeles y aquel demonio… Luego de pensarlo me di cuenta que varios monstruos podían hacerlo.

—No creo que hablar sea tan raro. Raro es tener a un aventurero por este lugar, lástima que debas morir.

—¿Por qué me atacas? —Pregunté mientras aquel ser me lanzaba un puño y debí agacharme para esquivarle.

Chasquee con la boca algo frustrado, a pesar de mi velocidad y de haberme encargado de los lobos, no podía propinar ningún golpe a aquel hombre bestia peluda. Sus movimientos además eran en extremo extraños y erráticos. Cuando vi una oportunidad de cortar cerca de su cuello me lancé, pero este retrocedió un paso, giró su cuerpo de manera de apoyar sus manos en el suelo e intentó golpearme con los pies desde tal posición.

—Debes morir, es una cuestión de tu o yo.

—No tengo intención de matarte si no es necesario— Solté.

—Tienes la intención de pasar este calabozo, si lo pasas, todo lo que está en su interior desaparecerá. Eso incluye a cada criatura que está aquí, solo por eso debes morir.

Logró golpear mi hombro y hacerme girar, entonces aproveché para fingir un ataque con mis dagas a su rostro, el golpe vino después, lancé una patada que impactó en la zona superior de su rostro. Su cara giró de forma brusca y allí realicé un corte, cerca de su mejilla, donde había menos cantidad de pelo que le cubriese. Vi la sangre salir y me alejé un poco.

—¿Veneno cierto? — El ser alzó el rostro y se limpió la sangre de la cara— Respeto eso, al menos estás luchando con todas tus fuerzas. Pero sabes, con este nivel de veneno podría tardar días enteros en morir— Se encogió de hombros.

—Supongo que es mejor que nada ¿no? Además, te ralentizará un poco, luego de eso podré cortarte un poco más.

Aquel ser se quedó de pie mirándome fijamente, luego soltó un suspiro— ¿Piensas pasar este calabozo aventurero?

—Me llamo Allan y pienso pasarlo.

—No es posible, no tienes nivel para derrotar lo que hay allí adelante— Señaló en dirección a las montañas y las ruinas del castillo.

—¿Es tan fuerte lo que hay adelante? — Pregunté.

—Yo diría que mi nivel de fuerza está aquí— Hizo una señal con su pie casi al ras del suelo— Lo que está allá esta por acá— Buscó de llegar lo más alto que pudo con su mano— La verdad pensé que si, en algún momento un aventurero entraba, me vaporizaría al instante. Así debía de ser el nivel de cualquier aventurero que entrase.

—¿Nadie antes ha entrado?

—Han entrado, cientos, hace cientos o miles de años. Nadie paso, todos alimentaron más al calabozo.

—Pues si no puedo pasar este calabozo, pues entonces me dirigiré hasta Arglory, estaba pensando guiarme por la dirección del sol— Contesté algo contrariado por su postura y tranquilidad. Era la primera vez que entablaba conversación de esta forma contra un enemigo, siquiera contra Jin pudo tener una conversación decente.

—¿Arglory? ¡Por Ular! Crees que estás en la superficie— Se rio de forma estridente— Además de débil es un novato. Vamos niño que no podrás ir a ningún lado, estás aún dentro del abyss.

—¿A qué te refieres? — Mi cuerpo comenzó a temblar ante aquellas palabras, por alguna razón comencé a temer lo que podría salir de sus labios.

—¡Estás en un calabozo! Esto es como una jaula. Verás, llegaste por un circulo que te transportó aquí. La única forma de salir es otro círculo que está allí, y solo puedes usarlo justo después de derrotar al jefe del calabozo. No hay otra forma.

—Pero me podría ir caminando— Comenté sin creer yo mismo en mis palabras.

—No pierdas tu tiempo, esto es un espacio creado a base de magia, está dentro del abyss. No puedes salir— El ser peludo se dio media vuelta y comenzó a caminar retirándose.

—¿Qué haces? — Pregunté.

—¡Iré a curarme esto! No tiene sentido pelear contra alguien tan débil. Perdí las ganas, lo mejor que puedes hacer es suicidarte, es la única forma en que podrás salir rápido de aquí.

—¿Cómo te llamas? — Pregunté.

—Shun, de la tribu de los Doria.

—Soy Allan.

—Vale novato— Se retiró alzando su brazo de hierro al aire.

Temblé y sentí miedo en tantos aspectos que pronto me derrumbé al suelo. No me daba miedo ser débil, era algo que yo comprendí hace mucho tiempo, justo después de llegar al mundo de Matneim por el faro de la ciudad de Utghardie. Lo que me daba miedo en ese momento es que mi propia debilidad me impedía salir de ese lugar y no tenía la menor idea de cuanto tiempo me tomaría salir de allí. Pero por lo que Shun expresaba podría pasar mucho tiempo, y Miry estaba embarazada, sin contar que mi cuerpo sucumbiría pronto.

Subí a un árbol y lloré de frustración un rato. Aquello me sucedía por avaricioso y buscar de avanzar más rápido. Estaba frustrado, a pesar de no haber hecho gran escándalo el tener un hijo era una gran noticia para mí. Me sentí feliz y con un calor en mi interior cuando Miry me dio aquella noticia. Ahora debía enfrentar que probablemente no le vería nacer. Sin embargo, media hora después me percaté que lamentarme no solucionaría nada, mientras tanto muchos lobos se paseaban por los prados a mis pies.

Descendí y comencé a cazar tantos lobos como pude, a degollarles, apuñalarles y a dejar sangre dispersa para que más se acercasen hasta aquel lugar. Convertí aquel lugar en un festival sangriento mientras asesinaba lobos sin descansar.

De esa forma pasé los tres primeros días en el calabozo, cazando lobos al punto de que toda la grama de unos cien metros a la redonda se hallaba teñida de un rojo cobrizo.

El cuarto día hallé a un lobo negro, imponente y con destellos verdes alrededor de su frente y espalda que llamó mucho mi atención. Especialmente por emanar un aura asesina y ser por mucho más grande que los demás que llegué a ver hasta ese entonces.

Su aullido me dejó paralizado cuando me lanzaba al ataque en su dirección. Sus ojos refulgían y brillaban. Todo aquel ser gritaba “te asesinaré humano”.

No dudé en hacer uso de mi velocidad, el espadón y la magia de puerta dimensional. Especialmente para poder acercarme y lograr asestar las primeras dos cortadas. La bestia era fuerte, no cayó ni pareció inmutarse con aquello, en cambio lanzó un zarpazo que me lanzó por los aires y casi me parte en tres secciones.

Necesité de cinco minutos y veinte cortes antes de que aquel lobo siquiera dejase caer una de sus piernas y se notase el daño del veneno en su cuerpo. No obstante, sus ojos continuaban refulgiendo, no me perdía de vista un solo segundo.

Lo curé con magia y continué luchando con este. ¿Por qué? Porque podía sentir que aquel era un reto. Sencillamente sus garras eran más rápidas que mis reacciones. Si ese lobo me ayudaba a subir de nivel y mejorar mis habilidades habría valido la pena.

Después de dos horas de lucha entre ambos noté que varias bestias se agolpaban alrededor de aquel claro, sin embargo, se mantenían a raya de nuestra lucha. El lobo mientras tanto había subido al menos dos veces sus estadísticas desde que comenzamos a luchar. Era cada vez más fuerte, ágil y peligroso, en especial luego de que la magia regeneración apareció entre sus stats.

El lobo gigante se lanzó en mi contra con gran velocidad y lanzó un gran mordisco directo a mi cuerpo. Yo me moví apenas a un lado y di un corte largo y profundo en su pecho antes de que este cayese casi muerto. Cuando le curé nuevamente este agachó la cabeza frente a mí y arrodilló sus patas delanteras. Aquella era la segunda vez que una criatura del abyss me pedía clemencia.

Tardé casi dos minutos en decidirme. Mi cuerpo y mente me decía que el impulso de matarle era el correcto, pero mi corazón veía aquella actitud sumisa ante sus ojos cerrados y su cabeza gacha.

Bajé la espada y busqué algo de carne seca de mi bolso para darle.

Así domé a un lobo del calabozo, mismo que llamé Sombra, debido a su pelaje extremadamente oscuro. 

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