4. HABILIDAD

Desperté de una pesadilla donde un grupo de monstruos me atacaban. Miry estaba dormida a mi lado con una pierna encima de mi cuerpo. Era sexy y tuve un impulso muy masculino y digno de las primeras horas del día. 

Me levanté algo apenado escondiendo mi vergüenza y tranquilizando mi mente. Busqué comida y preparé un estofado de legumbres y hortalizas para cuando Miry despertó. Ella lo comió todo bastante feliz y me felicitó por preparar algo tan rico. 

Para una Tumb era sencillo guiarse hasta la ciudad por la posición del sol. No dudé de las palabras de mi nueva amiga y nos dirigimos a Utghardie con cuatro bolsas repletas de huesos, pieles y gemas muy pequeñas y verdes. Tardamos unas cinco horas en llegar a la muralla exterior de la ciudad. Los guardias se mostraron bastante sorprendidos de verme y aún más por Miry, a quien detallaron con la mirada. 

Nos dejaron entrar y nos dirigimos al centro de la ciudad para vender los artículos. Pude notar las miradas en mi amiga, Miry optó por tomar un pedazo de tela negra y vendar su rostro para ocultar su cara y orejas. A mí me pareció que eso era restarle belleza, ella era sencillamente única. A pesar de esto muchos hombres notaron el cuerpo escultural y desviaron la mirada a su paso. 

Busqué a la encargada que me había ayudado las otras ocasiones, ella me reconoció y atendió con una sonrisa. 

—No sé si te acuerdas de mí, pero yo…

—Si me acuerdo, eres el ruck que acabó con el fenrir. Allan Fenrir. 

—¿Cómo te llamas? —pregunté al percatarme que ella sabía más de mí que yo de ella. 

—Oh, soy Ciel. 

—Genial Ciel, quisiera cambiar estos objetos —Ciel me miró alzando una ceja y luego observó a Miry. 

—Se rumoreaba podrías estar muerto. Una chica ha venido a preguntar varias veces por ti. 

—¿De verdad? 

—Sí, creo que trabaja en el hospital. 

—Mena…

—Usualmente los aventureros nos notifican cuando realizan alguna incursión. Es sobre todo para poder mantener un registro y saber qué ha sucedido con cada uno. Muchos se pierden o mueren y …

—Claro, pero es que no fue planificado —le conté lo sucedido los últimos días a Ciel y esta escuchó con atención. Luego me condujo a una habitación donde guardar las bolsas hasta que trajera las otras. Fue un viaje de ocho horas más. Para cuando llegamos al centro de venta de objetos Ciel estaba de pie esperándonos en la habitación junto a otras dos encargadas deduciendo lo obtenido. 

Miry y yo estábamos agotados y hambrientos. Ciel había extendido un poco su turno y se notaba también bastante agotada y algo desarreglada, algo nada usual en su apariencia de cabello negro recogido, lentes y mirada penetrante. Debimos permanecer casi una hora más mientras calculaban los valores y repasaban las cuentas. Finalmente, Ciel sacó a las otras encargadas y se quedó conmigo y Miry a solas en la habitación. 

—Son ciento ochenta y cuatro huesos de pierna de goblin, algunos con raspones. Eso da un total de un dot de plata veintiocho cobres con ocho dots de hierro. Las gemas son de poco poder, a unos cincuenta dots de hierro por gema, siendo treinta de estas son quince dots de cobre. Por la piel de estos tres kobolds se pagarán un dot y medio de cobre por cada una. Lo que dan tres dots y medio de cobre más. Te habría dado diez cobres por la blanca, pero me dijiste es de la Tumb. 

—Es un pago por su ayuda —corroboré y Miry sonrió complacida. 

—Las botas de cuero de kobold blanco son muy buenas, excelentes para una Tumb. 

—Bien. En total tendrías un dot de plata, cuarenta y seis dots de cobre y cincuenta y ocho de hierro. Una suma bastante grande para ser un ruck. 

—Es mucho dinero —respondió Miry mirándome. Yo realizaba mis cálculos mentales pensando en cuantas noches con una buena cama era eso. Si podría regalarle algo a Mena y Melanie pues me sentía culpable por lo sucedido, y si podría obtener algo de armadura decente. 

—De hecho, es más de lo que cualquier ruck ha obtenido en dos semanas. Allan ¿me permitirías ver tus estadísticas? —Ciel se había levantado de la silla detrás de su escritorio y se acercó hasta nuestras sillas y se sentó en el borde del escritorio con mirada curiosa y cierta sonrisa. 

—¿Mis estadísticas? —me daban pena, y no quería dar mala impresión frente a Miry y ella. De hecho, pensaba que lo mejor es que nadie la viese. Yo sabía era débil, pero no debía de propagar esa información a todo el mundo. 

—Sé que es un poco grosero, por lo general se pide ver la tarjeta de gremio. Pero tu aún no la tienes y creo que tus parámetros deben ser interesantes —Ciel me sonrió de manera amable. 

—Entiendo —no estaba nada animado, pero tampoco sabía si era adecuado negarme a tal petición. Levanté mi brazo derecho, quité la camisa y recité las palabras —Ads dem —las líneas se dibujaron al instante mostrándome la información. 

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 17

Profesión: 

Nivel: 2

Vida: 103

Fuerza: 6

Agilidad: 13

Inteligencia: 17

Resistencia: 11

Destreza: 16

Magia: 0

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

  
 
 

 

Habilidades aprendidas

Nivel up 1

Manejo de cuchillo 1

Recolección 1

 

—Ya veo subiste a nivel dos y… —yo me hallaba frio, no revisaba mis estadísticas por la simple razón de que odiaba mi debilidad. Sin embargo, no fue el ascenso de nivel lo que me sacó de lugar y dejó perplejo. Ciel también se mostró impactada y Miry se acercó para ver la causa de nuestros ojos abiertos. 

—¿Habilidad? —. Miré a Ciel en búsqueda de alguna explicación. Esta me miró estupefacta y repasó el estado nuevamente. 

—Son muy raras las habilidades, nunca había visto que un aventurero de nivel dos tuviese una —se llevó una mano a la boca y se mostró pensativa —Ni tampoco a ninguno de nivel tres o cuatro. Creo que conozco solo a tres personas con alguna habilidad, pero la tuya es… y esto… —señaló la barra inferior donde se mostraban las habilidades aprendidas. 

—¿Qué significa eso? —Miry se me adelantó en la pregunta. 

—Esconde eso Allan, no dejes que nadie más vea tus estadísticas. 

—¿Por qué? —pregunté. 

—No son normales, y esa habilidad aprendizaje. Nunca he visto una habilidad como esa, por lo que entiendo te permite aprender otras habilidades y eso es… no solo raro y extraño, es único. 

—¿Es peligroso?

—Mucho. Si los otros aventureros se enteran. No sé lo que sucedería, supongo que algunos te tendrían envidia, otros te atacarían, intentarían comprarte información sobre la habilidad. 

—¿Y cómo la obtuve?

—¿No lo sabes? Por lo general un aventurero que tiene una habilidad resguarda el cómo obtenerla muy celosamente o vende la información a muy buen precio. Tú no solo tienes una única e increíble, esta además por lo visto te deja aprender otras habilidades. 

—Yo…

—No has crecido mucho en fuerza, de hecho, es muy baja, usualmente los que tienen fuerza tan baja se entrenan en cuchillos y dagas. Tú tienes una habilidad relacionada. No obstante, has subido mucho en inteligencia y destreza, supongo que es por tu habilidad. 

—Sí, supongo.

—Guarda eso y no lo muestres. Te rellenaré una tarjeta de gremio con tus datos, pero no pondré nada sobre tu habilidad. Si alguien pregunta por tus estadísticas muestra la tarjeta de gremio. Aunque deberás actualizarla cada vez que subas de nivel. Necesitarás tomar un gremio y un trabajo. 

—¿Qué hace un gremio?

—Pues es un equipo que asigna funciones y rangos gracias a tus habilidades y…

—No quiero un gremio, no me gustaría estar en un equipo —estaba seguro de eso. Mucho más después de ver mis estadísticas, de seguro me usarían de conejillo y a su antojo. 

—Pero en un gremio podrías…

—De verdad no quiero Ciel —respondí cortándole. 

—Supongo que cualquiera le querría con esas habilidades —Miry se sentaba sonriente. 

—Por eso no quiero. Además, no creo que me guste trabajar en equipo exactamente —tenía muy fresca mi incursión en equipo con Melanie, Mena y Vert. El resultado fue una herida de gravedad y un muerto. 

—Hay una solución, se puede crear un gremio por cinco dots de cobre. Aunque deben ser como mínimo tres miembros para fundar un gremio. De esta forma no tendrías que dar tus estadísticas a nadie. 

—Hecho, lo pagaré de mis ganancias de inmediato. 

—Todavía tendrías que encontrar a otras dos personas dispuestas a unirse. 

—Yo puedo unirme —Miry parecía disfrutar de aquello. 

—Al parecer solo una persona más. Pero sí deberás unirte a alguna profesión y reunirte con personas afines a ella. 

—¿Cómo funciona el sistema de profesiones? —pregunté, y Miry también se acercó interesada moviendo la silla sin levantarse de esta como una niña pequeña. 

—Miry también quiere saber, en la aldea Tumb no hay gremio ni Abyss. Tumbs son todas cazadoras. 

—Si, en realidad es un sistema que te clasifica según las operaciones que realizarás en el Abyss. No es algo infalible y excluyente. Solo es una guía para poder desempeñarte mejor. Por lo usual hay clanes y entre sus miembros se enseñan ciertos trucos. Siempre puedes actualizar una profesión, cambiarla y tomar una nueva. 

—Ok.

—Hay guerreros, magos, cazadores, recolectores, ladrones, hechiceros, escuderos, luchadores, asesinos… 

—¿Cuáles son las diferencias? 

—Un guerrero se especializa en el uso de armas y está en la vanguardia. Un mago usa magias de ataque, aunque son muy raros, solo conozco uno en esta ciudad y solo tiene una magia de ataque y tampoco es buena. Los cazadores se dedican a barrer las zonas del Abyss y eliminan a decenas de bestias al día. Un recolector es quien toma los materiales y hace el trabajo sucio de un aventurero, aunque no lo creas hay personas que se dedican a esto y ganan bastante bien y no necesitan pelear. Los ladrones son expertos en tomar objetos y posesiones de las criaturas, no tienen necesidad de eliminarlas, también son buenos para reducir el daño y disminuir a un enemigo. Los hechiceros brindan valor, infunden miedo en el enemigo, algunos incluso a muy buen nivel tienen el poder de curar en un área. Los escuderos usualmente son fuertes y tienen gran cantidad de vida, su labor consiste en tomar los golpes mientras el equipo causa daño. Los luchadores atacan con sus puños, sin necesidad de armas. Y los asesinos estudian técnicas sobre como matar criaturas sigilosamente o eliminar en un golpe. 

—¡Oh! Miry quisiera ser una asesina ¿se puede? 

—Depende ¿No estás inscrita en ningún gremio? 

—Una Tumb nunca se inscribe en gremio. Miry no sabía que debía hacerlo para entrar al Abyss. 

—¿Puedes mostrar tus estadísticas?

—Miry puede, ads dem.

 

Nombre: Mirynfehtber

Edad: 25

Profesión: 

Nivel: 3

Vida: 176

Fuerza: 12

Agilidad: 23

Inteligencia: 13

Resistencia: 20

Destreza: 23

Magia: 1

 

Magia aprendida

 

Prisa 1



—¡Eres nivel tres! —solté sorprendido. 

—Tienes una buena compañera, incluso ha aprendido la magia prisa, esa es bastante solicitada —señaló Ciel —. Con prisa serías una hechicera bastante rápido. 

—Me gusta lo de asesina. Miry es sigilosa. 

—Bien ¿Y tú Allan? ¿Qué tomarás? 

—Creo que me iré por cazador. Me gusta eso de despejar los pisos del Abyss. 

—Traeré entonces el dinero y los papeles para armar el gremio. Deberás traer al tercer integrante de tu gremio en los próximos dos días o perderás los cinco dots de cobre. 

—Descuida, ya tengo una idea de a quién podría traer. 

—Perfecto, ya traigo las cosas entonces —Ciel salió de la habitación cerrando la puerta. 

—Me debes una comida —fueron las palabras inmediatas de Miry. 

—Tranquila, yo también tengo hambre, iremos a ver a alguien y comemos en un buen lugar que conozco ¿Te parece? 

—Tú conoces la ciudad. 

—¿Tú quieres entrar al Abyss Miry? —pregunté mirándola. 

—Si. 

—¿Y por qué quieres ser una asesina? 

—Me gusta el sigilo —me percaté de la falta de su sonrisa usual al terminar esas palabras. Mentía. 

—La verdad. 

—¿La verdad? 

—No le diré a nadie. 

—Mi padre era un aventurero que murió en el Abyss, quiero venganza. 

—No lo sabía, lo siento —Miry sonrió y sus orejas decayeron un poco. 

—Los hombres no entran a la aldea Tumb. Una Tumb solo sale cuando se ha contratado para un trabajo, cuando se casa o cuando viola alguna ley, más nunca puede volver. Mi madre me tuvo y mi padre fue asesinado, mi madre no pudo volver a la aldea. Quiero matar a la criatura que mató al padre de Miry. 

—Yo… —no supe que decir.

—Por eso Miry querer ser una asesina ¿Por qué cazador? 

—No soy fuerte como para estar en la vanguardia y bajar hasta los pisos donde hay monstruos más grandes. Pero como cazador podría entrar y dedicarme a eliminar los monstruos de los primeros pisos. 

—Si eres fuerte, más fuerte que la mayoría. 

—Tengo apenas seis de fuerza, tú tienes el doble Miry —contesté con algo de pena. 

—Tienes cuatro habilidades, eso es ser muy fuerte. La habilidad es mejor que mayor fuerza, Miry lo sabe. 

—Bueno chicos, aquí está —Ciel traía una pequeña bolsita, una carpeta y un par de papeles. Lo primero en entregarme fue el dinero en la bolsa —Aquí hay un dot de plata, cuarenta y un dots de cobre y cincuenta y ocho de hierro. Deberías contarlo, antes que nada, ya desconté los cinco por la solicitud de gremio. Se me olvidó comentarte que los gremios pueden obtener mayores ganancias en algunos productos al venderlos y comprarlos, pero deben pagar una cuota anual de cincuenta dots de cobre. Algo por lo que no debes preocuparte aún, claro está.

Yo asentí mirando a Ciel, tragué saliva pensando lo que eran cincuenta dots de cobre, luego recordé que tenía el doble de eso y me calmé. El miedo radicaba en que un día atrás no tenía ni un dot de hierro en el bolsillo. Conté el dinero y le di cincuenta y ocho dots de hierro a Miry. 

—Esto es más de lo acordado.

—Trabajaste más de lo acordado —contesté. La verdad pensé que debía pagarle más. Gracias a ella había salido de aquel lugar y supe como extraer las gemas. 

—Pero yo quiero bastante comida. 

—Yo también —sonreí procurando cortar el tema allí. Ciel me miró y continuó. 

—Estas son sus tarjetas de gremio. Deberé llenarlas con los datos que me muestren ahorita. Solo omitiré los datos sobre tu habilidad Allan, por ser peligrosa. Eso significa que no puedes hablar de ella o yo estaré en problemas. 

—Es una promesa Ciel.

—Bien, deben llenar este formulario también para formar un gremio. Miry necesita elegir un nombre. 

—¡Fenrir! —levantó la mano. 

—Ese es el nombre que Allan…

—Y seriamos el gremio fenrir —estaba entusiasmada y yo le seguí la corriente. 

—El nombre está tomado por Allan. Si el gremio se llamase fenrir, quizás, pero no es algo usual. Los apodos suelen ser para diferenciarse y…

—Y si mi gremio se llama fenrir seremos identificables, si servirá Ciel. Tranquila —respondí. Miry se levantaba del asiento dando saltos. 

—Un grupo de fenrir, caminan como lobos, acechando en el Abyss —tarareaba. 

Salimos del lugar alegres. Miry llevaba en la espalda su piel de kobold blanco como si fuese un premio y yo me sentía bastante tranquilo con la bolsita de monedas en mi cintura. Era de noche y hacía bastante frio, Miry se dedicó a saltar las piedras del camino con la punta de sus pies. Primero pasamos por el hospital, donde busqué a Mena paseándome por los pasillos. 

La encontré cuando ya casi me iba del lugar. Estaba con una bata siguiendo a un médico para tratar a un hombre con una herida abierta en el pecho por la que salía una especie de flor amarilla repugnante. 

Debimos esperar otro rato sentados a que se desocupara y saliera. Al verme su expresión era fría y su mano se estampó contra mi rostro haciéndome mirar en otra dirección, no emitió sonido alguno, miro a Miry, a mí y luego habló. 

—Hay que suturar esa herida —me tomó de la mano y dirigió a una camilla. 

—Perdón, sé que me estuviste buscando en el gremio, la verdad lo siento —sentí que casi lloraría allí frente a ella. Mena era fría y no mostraba emociones como siempre, su mirada estaba centrada en la herida y empezó a coser con una aguja de hueso e hilo. Aquello ardía, pero yo no iba a mostrar mi llanto. 

—Te fuiste sin decir nada, en el gremio dijeron que probablemente estarías muerto. Melanie preguntó por ti a diario.

—¿Cómo está ella? 

—Salió hace dos días. Se recuperó bastante bien, está quedándose donde Vermont. 

—¿Y tú?

—Estoy bien, se trabaja duro, pero vale la pena. 

—¿Estás segura? ¿Dónde te estás quedando? Gané algo de dinero y podría…

—Me estoy quedando aquí, he reunido algo de dinero también. Fue una semana Allan, te perdiste durante una semana. 

—¿Segura? ¿Y si te invito a comer? 

—Podría ser, hoy solo he desayunado, no hubo tiempo para el almuerzo. 

—Entonces iremos a… —hice una mueca de dolor y apreté los músculos — a comer de inmediato. No te he presentado a Miry, me ayudó a guiarme de regreso cuando me perdí en el bosque. 

—Pensé los goblins te asesinaron. 

—Estuvieron cerca —busqué de sonreír, pero Mena alzó la vista y me miró con rostro acusador. 

—Miry está encantada de conocerte. 

—Igual Miry, soy Mena. Gracias por traer de regreso al imbécil. 

—Miry encantada de traer al imbécil —respondió ella sonriendo. 

—Las dos son encantadoras —dije con ironía —quería pedirte un favor Mena, acabo de crear un gremio y necesito a una persona, pensaba que tú…

—No tengo necesidad de un gremio. 

—No dije que la tuvieras, es solo una ayuda, yo te lo agradecería…

—Serán comidas por toda una semana. 

—Hecho. 

—Mañana entonces iré en cuanto pueda. 

—¡Mena se unirá al gremio fenrir y será Mena fenrir! —Miry dio palmaditas. 

—No me colocaré el nombre de fenrir. 

—Pero es el nombre de nuestro gremio. 

—No me colocaré el nombre de fenrir, deberán matarme primero. 

—Luchemos de una vez —Miry nunca parecía estar desanimada.

Eran las once de la noche cuando llegamos donde Vermont. El posadero nos recibió casi de inmediato con una sonrisa amable, al igual que la señora Katie. Entonces noté a Melanie en la otra esquina atendiendo las mesas con un vestido floreado. El lugar se hallaba repleto, mucho más lleno que de costumbre, la cerveza iba de un lugar a otro en la bandeja de Vermont y Melanie servía comida por el lugar. Noté la cabeza del animal con rostro de murciélago en una pared. 

 De pronto escuché un par de pisadas y un salto, fui derribado por una pequeña que se guindó en mi cuello haciéndome terminar en el piso. 

Amy, la chica cuya madre terminó muerta me sujetaba llorando, pero sonriente. Estaba mucho más arreglada y repuesta que la última vez que le había visto. Tenía el cabello marrón claro, ojos enormes del mismo color y cachetes redondos, se hundió contra mi pecho y allí se quedó mientras todos en el lugar se reían de aquello. 

—Amy estaba esperándote todos estos días —Vermont se acercó para pedir la orden.

—Perdona Amy, estuve algo perdido —contesté. 

—Estaba más perdido que una cabra en baile de goblins, Miry lo trajo de regreso —Sonrió la chica. 

—Debes presentar Allan —observó Vermont. 

—Señor Vermont, Amy, ella es Miry es una Tumb bastante diestra y me ayudó a regresar a la ciudad. 

—Un placer señor, Allan me dijo que aquí se come delicioso. 

—¿Te perdiste? —Amy se desembarazó de mi ropa y sentó justo al lado en una mesa para cuatro. 

—El bosque afuera de la ciudad es grande. 

—¿No estabas matando fenrir? —me miraba con cierta curiosidad e interés, tenía algo en la mirada que no supe identificar. 

—No, allí afuera, solo vi goblins y kobolds. 

—Un placer señorita Miry, mi esposa es quien prepara la comida, ahora tenemos a Melanie que nos ayuda, así que esperamos poder estar a la altura de su paladar. 

—Hola Miry, me llamo Amy. 

—Miry sabe que eres la niña fuerte que peleó junto a Allan contra el fenrir. Ahora Miry también es una fenrir —sonrió abiertamente. 

—Estofado para mí y Mena, y para Miry un plato vegetariano si puedes. 

—Claro, siempre hay un plato vegetariano para una hermosa Tumb —respondió el hombre y le detuve antes de irse. 

—¿En cuánto están las habitaciones? Para un mes. 

—Me queda una sola, Amy y Melanie tomaron la otra habitación. Cuesta seis dots de cobre, pero podría dejártelo en cinco con cincuenta de hierro muchacho. 

—Pensaba en una para mí y otra para Miry —contesté y el posadero hizo una expresión negativa con el rostro. 

—Miry puede dormir con Allan, no hay problema. 

—Si la habitación no es problema tengo una litera abajo, solo será cuestión de subirla ¿les parece bien? —ambos asentimos con la cabeza —Bien ¿estuviste con una buena racha eh? Tuviste preocupadas a varias mujeres, llegas y quedas rodeado de ellas. Eso se llama tener suerte. 

Yo sonreí y evité mostrar cuan sonrojado estaba —¿Tienes chocolate para tomar? —El chocolate era raro y relativamente caro. La mayoría de los aventureros bebían cerveza y sidra, pocos niños entraban al lugar y pocos lo compraban. 

—Si tengo, a veinticinco de hierro el vaso chico. 

—Trae cuatro entonces —me apetecía, estaba en deuda con Mena y Miry. Amy era una niña que me simpatizaba. Vermont me miró arqueando las cejas, pero luego me dio una palmada y se dirigió a la cocina. Aquello era considerablemente costoso, el chocolate era un lujo. Lo que sucede es que tenía dinero en el bolsillo y yo quería ese lujo. Días atrás estuve a punto de morir un par de veces, soporté no probar agua en dos días y pasé cierta cantidad de hambre resumiendo mis comidas lo más posible. Gastar en chocolate en ese momento no era mala elección. 

Melanie se acercó trayendo las bandejas de comida. En el lugar todos le sonreían y trataban con cariño.

—Hola Melanie. 

—Se ha dignado de aparecer el muerto —contestó mirándome de reojo. 

—Me perdí en el bosque —era raro tener que dar tantas explicaciones a tantas personas —. ¿Cómo te sientes? 

—Bien, ya estoy perfecta, aunque quedaron ciertas marcas —me mostró un poco de su cuello y una marca en su brazo. Eran líneas apenas visibles en su cuerpo, a mí me embargó un dolor enorme. Sentí que aquellas marcas las había hecho yo mismo y el estómago me dio un vuelco. Supuse que a un costado también debía tener marcas, a pesar de eso estaba allí frente a mi muy tranquila. 

—No debimos haber entrado de esa manera al bosque, lo siento. 

—Yo sabía lo que podía pasar, ninguno entró allí bajo el yugo de otro —siempre con esas expresiones educadas dignas de ella —ahora estoy trabajando aquí, la señora Katie es toda una dama.

—Me quedaré aquí a partir de hoy. 

—Así me comentó Vermont. 

—Hola, yo soy Miry —se presentó. 

—Yo me llamo Melanie, encantada de conocerte Miry, tienes unas orejas preciosas. 

—Gracias, Miry es una Tumb —estaba sonrojada y se sentó agachando la cabeza toda colorada. 

Comimos y Mena se despidió con la misma expresión de siempre rumbo al hospital, Melanie se me acercó para decirme al oído “Mena estaba preocupada por ti, preguntaba casi a diario si te habíamos visto, fue incluso a la muralla del Abyss”. Yo sentí algo de pena con todo aquello. Amy se quedó dormida en la silla y se retiró a la cama un rato después. Era una niña muy lista pero callada, noté como se comunicaba con la señora Katie por medio de miradas discretas y se movía por el lugar llevando platos y observando a los clientes. 

Pagué a Vermont la comida y la habitación, ayudé a subir la litera y me dispuse a descansar. Miry tomó la cama superior argumentando que así sentiría estaba sobre los árboles. 

Me acosté y quedé pensando en diez mil cosas. En la muerte de Vert y las heridas de Melanie, en lo callada que era Mena y que yo le preocupé después de todo. En la compañía de Miry y la formación del gremio. Medité sobre lo que debía comprar al día siguiente de protección para mí y Miry y si debía entrar al Abyss para eliminar criaturas allí. Sobre todo, pensé en mis estadísticas y mi nueva habilidad. Un arma de doble filo que debía aprender a usar cuanto antes.

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