39. INCURSIÓN

Pasados tres meses desde encontrar la piedra del abyss la ciudad había crecido en gran medida. Lo que en un principio fue un proyecto para hacer una ciudad con murallas concéntricas, se estaba convirtiendo en una ciudad sin forma con murallas que protegían secciones.

El gobierno de Benjen y Helim acuñó monedas de hueso, hierro, acero, plata y oro. Aunque las dos últimas eran escazas y preciadas. Miry, Mena y yo empezamos a trabajar en la construcción de murallas y viviendas. Era algo bien pagado con alta demanda y relativamente fácil, pues las magias de fuego de Miry nos permitían calentarla arcilla y solidificarla rápido. Mena se encargaba de los tamaños, proporciones y medidas, mientras que yo ponía las piedras enormes y bloques en su lugar.

De esa forma empecé a acostumbrarme a usar magias en mi día a día y a tener más resistencia corporal. Debía activar y desactivar poder constantemente y mantener un aura de regeneración el día entero para soportar el dolor en mi brazo.

En las tardes nos dirigíamos a las afueras, donde Helim pidió se ubicase su cabaña. Allí comenzamos a entrenar dos meses atrás junto a Amy, Daniela, Stella, Dimch y Giro. Los últimos cuatro fueron obligados a soportar un tronco en sus espaldas.

Para Amy, Mena, Miry y yo Helim tenía una sorpresa nada grata. Unos bloques de piedra enormes, sujetados con cadenas y pedazos de cuero para llevar encima. Las piedras producían dolor en la zona de la columna, y correr con ellas era un infierno, pues al rebotar sentías en golpe en la parte baja o contra los hombros. El roce constante provocaba ampollas o rompía la carne y te producían un sangrado apenas visible pero que ardía como nada en esta vida.

Nos quejamos y estuvimos a poco de desistir en al menos veinte ocasiones distintas. Pero finalmente la voluntad nos permitió aguantar un mes de aquel calvario y continuar adelante. Mena y Miry eran mi ancla, a pesar de que se quejaban, parecían resueltas a darlo todo y no dejarse caer en los entrenamientos. Y yo debía seguir el ritmo de ellas por cuestión de orgullo, competencia y valentía. Amy por su parte sollozaba, pero no dejaba caer su roca. Se retrasaba en las carreras, pero no dejaba de avanzar.

Para ella era más difícil todo. Llevaba su roca a cuestas, además de la magia regeneración para soportar el dolor, y un guante de agua que debía mantener día y noche. Su mayor problema era que, al dormir, el guante de agua se deshacía y debía comenzar nuevamente la cuenta de días con el guante de agua.

En esos días le observamos frustrada y sensible a cualquier comentario. La irritación se notaba a distancia y nadie le decía nada que pudiese armar un lio sin razón.

Después de eso dejamos de usar las rocas, pero los entrenamientos mágicos no eran mejores. El uso de la magia desgasta al individuo. La sensación más semejante que se me ocurre es imaginar que usar magia es como correr a máxima velocidad con un morral a cuestas. Agota rápidamente y el cuerpo exige un descanso. La respiración falla luego de un par de minutos y la mente comienza a jugar sucio, diciéndote que debes detenerte y que nada más importa.

Si no has corrido durante tres horas no entenderás lo que se siente hacer dos minutos de magia. Sencillamente la mente te dice que te detengas o morirás.

Para compensar tan alto gasto de energía necesitas comer en grandes cantidades, en especial carnes. Razón por la cual Miry abandonó su dieta de vegetales y frutas y comenzó a consumir carne de jabalí. Probablemente como venganza a la especie.

Sin embargo, hacer magia sobre nosotros no fue tan extenuante como lo que prosiguió. Aprender a colocar magia sobre objetos y nuestros compañeros. Para ello se debe comprender que existen magias que fluyen más fácil que otras por el cuerpo de una persona.

La magia de regeneración, valor, sincronía, cura, sanación eran de este tipo. Al ser lanzadas sobre otra persona sentías como si una corriente de agua unida a ti fluía por el aire y cubría a esta persona por completo. Otras magias, como prisa, agua, poder y puerta dimensional eran muy complicadas.

Podías aplicar el poder y sentir como fluía por el aire, pero al llegar a la otra persona o al objeto, es como si existiera una pared que no permitiese esta continuase. A pesar de no funcionar la magia continuaba estando en funcionamiento y el agotamiento llegaba tan rápido que resultaba frustrante.

También había magias que era en extremo complicado de aplicar a la vez. Miry sufría cada vez que intentaba aplicar fuego o ignición mientras mantenía prisa o sigilo. Sencillamente el fuego requería de demasiada concentración y anulaba la otra.

Amy describía el aplicar cura mientras mantenía la magia agua activa como dividir la mente en dos partes. Sencillamente perdías de vista una de las dos y esta se debilitaba en comparación a la otra.

Por mi parte mezclar poder con prisa o puerta dimensional era una catástrofe. Terminaba tropezando, o achicando la puerta mientras era construida, y temía partirme en dos pedazos mientras la cruzaba. Eso a pesar de estar seguro en dos ocasiones había combinado las magias a mi antojo y en varios niveles.

Uno de los experimentos mas graciosos y divertidos fue el de combinar una misma magia en múltiples ocasiones. Mena aplicó valor sobre nosotros una y otra vez, a un punto donde sentías una confianza extrema e irracional. En ese estado la idea de lanzarte de un acantilado de quinientos metros de altura te resultaba posible, nada descabellada y tu mente y fuerza te decía que incluso saldrías vivo de aquello, cuando obviamente no era así.

Sincronía en varias ocasiones resultaba extraño y una experiencia casi sexual que no deseábamos experimentar en el exterior de día y en compañía de Dimch, o un goblin. Mezclar la magia fuego siete veces lograba un efecto curioso, la magia ardor. Una potente explosión que se extendía en el aire en una gran área.

Poder mezclada dos veces era peligroso, daba una explosión de fuerza que me permitía romper incluso una roca con mis puños. Pero los huesos de las manos se quebraron en el acto y debí recibir curación y sanación.

—Duele mucho— Comenté a Helim aquella tarde y este se quedó observándome.

—¿Qué quieres muchacho?

—Nada, solo comentaba que duele, le pediré a Amy que me aplique algo de sanación— Señalé mi brazo.

—Necesito hablar contigo, mañana, en la noche, no vengas a entrenar mañana.

—¿Y eso? ¿Por qué?

—No sé, inventa cualquier excusa, solo hazlo niño— Helim me hizo señales para que me marchase. Me retiré de allí y regresé con el resto a nuestra nueva casa. Una cabaña que se hallaba casi vacia en su gran extensión. Teníamos apenas una semana de haberla terminado de construir. No era nada ostentosa, solo dos habitaciones, una sala y una cocina.

La sala estaba llena de nuestras armaduras, armas, pieles secas, huesos y piedras. Básicamente era el botín de nuestro gremio y donde todos dejábamos cualquier suministro. La cocina era el lugar destinado para la comida, pero nunca la usábamos, nos movilizábamos hasta la taberna de Vert para comer. Las habitaciones eran meras paredes con camas y ventanas. Una para Amy, otra para Daniela, Mena, Miry y yo.

Nuestra cabaña no era nada ostentosa ni lujosa en ningún sentido. Era una mera excusa de donde dormir. Sin embargo, se hallaba en una pequeña colina y desde la ventana se podía observar parte de la ciudad y sus velas en la noche. Y para mi ero era algo digno de ver.

—Con un poco de magia valor yo podría cocinar sin miedo al fuego— Expresó Amy.

—Eso no evitará que te quemes como una idiota, y podrías meter la cabeza al horno son siquiera darte cuenta del peligro— Señaló Mena en forma tajante.

—No hablen de comida— Señaló Miry— Miry comió demasiado, Miry va a regresar todo…

—Te dijimos que tres platos era demasiado.

—Pero Miry usó dos veces ignición, y sigilo junto a fuego. Si no comía iba a morir.

—Comer demasiado también es una forma de morir— Comenté con algo de sorna.

—Una forma deliciosa de morir— Miry subió las escaleras rumbo a la habitación mientras que yo me quitaba la armadura e intentaba acomodar un poco el cúmulo de huesos y pieles para una de las esquinas de la sala.

Daniela llegó un rato después. Solía quedarse junto a a Abert y Tariel a beber un poco en la taberna. Estos dos estaban trabajando a las afueras de la ciudad, cazando criaturas y protegiendo las murallas.

Los monstruos cada vez se hacían mas grandes y audaces en sus ataques. Una semana atrás llegaron con la noticia de tres arañas superiores a los tres metros de altura y garras afiladas como acero. Luego de luchar fueron derrumbadas dos de ellas gracias al uso de ballestas, pero la última escapó.

Los refugiados también llegaban a diario con diferentes historias. Aparentemente las ciudades de Adrem e Ibis eran quienes recibían refugiados, de Rilaed no se tenía noticias, no había refugiados de por aquel lugar. Rilaed y Feliure ya no eran los paraísos soñados por los aventureros, había nuevos abyss en sus cercanías y en el primero se decía varios dragones surgieron de las profundidades.

Lo peor sucedió casi un mes atrás, cuando a las puertas de la ciudad llegó un grupo de personas que se dedicaban a la trata de personas. Ofrecían esclavos para enfrentar a las criaturas del exterior.

Los guardias les dejaron entrar, o al menos así fue hasta que las noticias llegaron a oídos de Benjen y Stella. Los esclavistas fueron asesinados por los guardias y los esclavos tratados como refugiados.

Yo estuve muy feliz ante aquella decisión, pero Miry comentó que era lo peor que pudieron haber hecho. Los esclavistas tenían fuertes conexiones con los grupos de mercenarios y en un mundo donde o había casi ciudades resistiendo los embates de las criaturas era peligroso y malo enemistarse con los mercenarios. Mena y Miry discutieron varias horas sobre el tema. Ambas estaban de acuerdo en algo, los mercenarios serían necesarios en un momento u otro para mantener las pocas ciudades restantes.

Aklentris fue destruida al igual que Utghardie por los orcos, y estos avanzaron en gran medida rumbo al norte. Probablemente luego tomarían los despojos y ruinas de la ciudad de Selyntos. Los grupos de refugiados hablaban también de una avanzada de soldados que protegían y hacían un camino ligeramente seguro desde Selyntos.

Tariel por su parte se mostró muy molesta con Benjen, Helim y Stela por dejar que los refugiados entrasen a la ciudad. Más después de que su grupo fuese casi asesinado a las puertas de Selyntos.

—Deberían dejar morir a esos malnacidos— Tragó un poco de cerveza de miel recién preparada. Esta era mucho mas dulce y el sabor fermentado no era casi perceptible, pues los barriles eran muy recientes para que el tiempo hiciera su trabajo.

—También es comprensible, no todos son malas personas, la mayoría de los que llegan no son soldados, algunos aventureros— Señaló una chica de nombre Clari que se había unido al gremio de los capas rojas. El primer gremio creado dentro de la ciudad y en ser fijado a la piedra del abyss en la creciente muralla interna.

La decisión de mi hermana me sorprendió un poco al principio, luego comprendí que gran parte de nuestro gremio se había dividido el día en que me volví loco y perdí la consciencia. Nadie en su sano juicio desearía estar en el mismo gremio que alguien así. Era sencillamente peligroso, y los rumores se esparcieron bastante rápido al respecto.

—Estoy de acuerdo con Tariel— Repuso Hyn, a esa gente le habría valido mierdas que nosotros hubiésemos muerto o no. No entiendo el por qué debemos dejarlos entrar, o protegerlos.

—No les protegemos, ganamos suministros y mejores armaduras gracias a nuestra caza de criaturas— Expresó Tariel.

—A mi no me importa, siempre y cuando pueda beber cuanta cerveza quiera— Ment pidió otra ronda. Vermont les atendía directamente pues eran ruidosos y algunos de los presentes se molestaban por aquello.

—Benjen tomó la decisión, además de otra forma serían más goblins que humanos en la ciudad— Apuntó Colbert.

—Igualmente hay mas goblins en la ciudad, llegan de a docenas a diario— Soltó Hyn antes de dar un largo eructo.

—Eres un cerdo Hyn— Señaló Clari apartándose de la mesa para ir hasta la barra.

—¿Qué han escuchado de la ciudad de Emma? — Preguntó Dina, quien lucía como la más joven del grupo.

—¿Además de un grupo de minotauros capaces de lanzar magia? Nada más— Expresó Tariel— Lo siento, sabes que si veo a alguien de allá le preguntaré Dina. Espero que el resto de tu familia se encuentre bien.

—No tengo muchas esperanzas…

Esa fue la conversación que escuché dos noches atrás antes de regresar a casa. Daniela se mantenía ahora con aquel grupo y cada vez faltaba más a los entrenamientos con Helim. Dimch era otra preocupación, por momentos se mostraba muy motivado, en otros se alejaba por completo del grupo y tomaba las lecciones como algo obligatorio.

A ciencia cierta no tenía idea de qué sucedía en sus cabezas, pero tampoco tenía ánimos de averiguarlo o preocuparme por ellos. Por mi parte el dolor del brazo continuaba avanzando hasta una porción del pecho. Mena y Amy se estaban esforzando y llevando al límite para avanzar en las magias y lograr los requisitos para la magia santuario. Sin embargo, era difícil, sufrían de dolor al tener sobre sus cuerpos la magia poder. Amy incluso se desmayó al recibirlo de mi parte dos veces el mismo día. Según Helim, probablemente su cuerpo joven no estaba preparado para aquella explosión de fuerza y sus músculos se rompían.

—Te toca una sesión de sanación—Señaló Mena subiendo las escaleras y Amy asintió con la cabeza. Me dirigí a mi habitación, donde Miry descansaba y me quité la camisa recostándome boca abajo en la cama. Sentí entonces una sensación fría llenando mi brazo y quitando parte del dolor.

—Gracias, debe ser extenuante tener que hacer una sesión de sanación luego del día de hoy.

—Solo detengo que avance esa cosa del brazo, no es como si estuviese sanando nada en realidad.

—Me quita el dolor— Comenté relajándome un poco más hasta cerrar los ojos— Hay días en que duele bastante y no puedo dormir de ese lado.

—Me da pena que las cosas sean así— Comentó ella, y yo sentí cierto tono melancólico en su voz, más el sueño me venció y terminé dormido.

Desperté a mitad de la noche debido a un sonido peculiar. Me arropé y procuré recuperar el sueño, pero me percaté del jadeo y el rostro rojizo de Mena en la cama contigua. Abrí los ojos como lámparas sin dar crédito a mis ojos. El brazo de Daniela se hundía entre las sábanas en la intimidad de Mena proporcionándole placer con sus dedos. Mena por su parte me miraba con el rostro rojo y la boca abierta jadeante.

Quedé estupefacto, y la sorpresa dio paso a un estado de excitación sin precedentes. Me mantuve quieto con los ojos clavados en la figura lasciva y contorneada de Mena moviéndose entre las sábanas siendo invadida por mi hermana. Su respiración se aceleraba y un orgasmo llegó hasta ella. Notable por el arco que formó su espalda y la expresión de su rostro al apretar los dientes y luego liberarlos y caer agotada.

Miry se despertó y se recostó sobre mi hombro para ver aquello. Era una de las situaciones más excitantes que podría imaginar.

Entonces mi hermana se levantó y vi aquellos pechos enormes y la maraña de cabellos descender por debajo de la sábana hasta la intimidad de Mena. Sus piernas abiertas recibieron las caricias de la mano de la chica y la sábana rodó dejando al descubierto sus senos.

No se que movimientos realizaba Daniela, pero podía observar a Mena hincar las uñas en la cama aferrándose a la realidad.

—Miry quiere… — Se movió entre nuestras sábanas y yo sentí que en algún lugar había un dios que me adoraba y me brindaba el mejor momento de mi vida. Si al día siguiente moría, lo haría feliz y con una sonrisa.

Miry apretó mi miembro ya erecto entre sus dedos y bajó su cabeza hasta este. Sus labios rodearon mi falo y una sensación caliente le embargó para ser succionado. Tomé a Miry del cabello y comencé amover mi cintura contra su boca, dejándome llevar por un placer. Mi mirada estaba clavada en Mena quien apretaba los dientes y volvía a relajarse.

Miry me succionó con fuerza, justo en la punta y yo pensé que moriría en aquel instante, mis piernas fallaron y una corriente recorrió mi cuerpo. Si seguía así no duraría. Me levanté y guie a Miry hasta hallarse sobre sus rodillas y con el rostro hundido en la cama.

Aquella era una posición que me fascinaba. Aquella intimidad era abultada, suave, tibia y húmeda. Era esta última particularidad la que me encendía en extremo. Hundí mi boca en sus jugos y labios y dejé que mi lengua la recorriese mientras mis dedos apretaban su trasero.

No supe cuanto tiempo me hundí allí. Solo me detuve cuando los gemidos de Miry compitieron contra los de Daniela, quien sujetaba a Mena del cabello y la guiaba y apretaba contra su entrepierna.

Solo entonces me levanté y dejé que mi miembro se hundiera en la calidez de Miry.

—Por Yisha…

Tomé su cintura y comencé el movimiento frenético contra sus caderas. La obligaba a hundir su rostro sobre las sábanas y ahogar sus gemidos entre la cama.

Allí donde estaba podía ver a mi hermana con su cuerpo voluptuoso sentada sobre el rostro de Mena, restregando su vagina contra la segunda con ahínco y frenesí.

No mentiré, desee penetrar a Mena, con sus piernas abiertas y su entrepierna con labios rosados pequeños. Y a mi propia hermana, y ver como sus enormes senos rebotaban mientras la penetraba. Eso me hizo ponerme más duro de lo usual y dar con mayor fuerza a una Miry que sujetaba con fuerza las sábanas.

Giré a Miry, la besé con pasión y me coloqué en medio de sus piernas y estas rodearon mi cintura. Allí descargué mi ira y lujuria, con mi rostro hundido en su hombro y con el calor de su cuerpo contra el mío. Tomándole del cabello, besando su cuello y labios al tiempo que mis caderas se movían y mi miembro se enterraba en su calidez.

Noté como llegó la primera vez y bajé el ritmo un segundo, noté su mirada, la besé y continué. Yo busque de alzar su cuerpo un poco, para sentir el choque de mi miembro contra el final de su cavidad. Y al lograrlo llegué con fuerza dentro de ella. Allí me derrumbé, ante una sonrisa cómplice y un beso suave de Miry.

—¿Te gusta verdad? — Giré mi rostro para ver a Mena empinada sobre la cama, y Daniela hundiendo un dedo dentro de ella una y otra vez, Mena no respondió y Daniela aumentó el ritmo a un punto frenético— Debes decirlo, ¿te gusta?

—Si… — La respuesta fue suave y tímida, casi inaudible entre jadeos.

—¿Lo quieres dentro? — No hubo respuesta y Daniela apretó el trasero y ejó de mover su otra mano.

—No…

—¿Lo quieres dentro? No mientas.

—Si, lo quiero— Fue la respuesta baja de Mena y tanto Miry como yo observábamos la escena con atención.

—Ven hermanito, es hora de que la penetres— La voz de Daniela llegó hasta mí, pero mi cerebro no procesó aquella información. Vi a Miry y esta no dijo nada, luego a Mena y Daniela y todavía no comprendí y razoné bien la situación— Ven, no la hagas esperar.

Miry fue quien me dio un empujón y se levantó juntó a mí.

—¿Qué es esto? — Pregunté cuando Miry jugaba con mi miembro que rápidamente se endurecía nuevamente y lo apuntaba al trasero de Mena. Si acaso aquello era una trampa, era la mejor del planeta, ningún hombre, jamás podría escapar de aquella jaula tenaz.

—Es mi regalo. Mena jamás te lo diría por su propia boca. Primero moriría antes de decirte una palabra. Pero aquí está, solo debes tomarla y aprovecharte del momento— No supe si aquella sonrisa en el rostro de mi hermana fue de malicia, de complicidad o si en verdad disfrutaba aquello. Pero no me importó. Sentí el calor de la entrepierna de Mena y mi miembro se hundió en ella.

Sus caderas y su trasero eran mas pequeñas que las de Miry, pero su piel era tersa y todo se sentía perfecto en su lugar. Noté como Mena mordió las sábanas y comenzó a mover por si misma su cintura para sentir el roce contra mi virilidad. Miry me besó y mi hermana se retiró un poco para abrir sus piernas y tocarse. No me importó, mi mente en ese instante estaba en Mena y su interior tan apretado y húmedo que me absorbía.

—Si, Miry quería esto, pero Mena no se dejaba.

—¿En serio? — Pregunté con mi voz entrecortada. Mena me tomó por sorpresa y recostó toda su espalda contra mi pecho, y mientras continuaba empujando dentro de ella alcanzo a darme un beso en la boca.

La besé con lujuria y llegué nuevamente. Mi cuerpo se relajó, una punzaba en mi brazo me obligó a caer sobre la cama y luego me quedé dormido.

Desperté a la mañana siguiente con la voz de Miry.

—Levántate, hay que ir a trabajar. Se hallaba vestida y esperando en la puerta de la habitación— Es tarde.

Yo me hallaba en nuestra cama y no había ningún rastro de lo sucedido. Aquello me hizo pensar si no fue un sueño lo sucedido, pero mi mente lo descartó. Mis sueños no eran tan buenos y lujuriosos. Si mi mente pudiese crear un momento tan perfecto, simplemente sería el mejor en crear magias y el hombre más inteligente del mundo.

Sonreí nervioso y me vestí con premura para ir a trabajar. Ese día teníamos que extender una nueva muralla hacia el oeste, esta debía extenderse varios kilómetros y cubrir una gran área donde estarían algunos campesinos y los nuevos fabricantes de cerveza.

—¿Quieres huevos revueltos? — Mena me hizo tal pregunta con tanta naturalidad al salir de la habitación que nuevamente dudé de lo sucedido.

—Si— Pero después de un breve momento me di cuenta que a pesar de no ser un sueño. Mena volvía a ser Mena nuevamente y nada había cambiado. Su actitud sería la misma de siempre. Probablemente en ese sentido ella era mucho más madura que yo. Probablemente aquello había sido simplemente sexo y yo no debía hacerme ilusiones o pensar que algo sería distinto por tal causa.

Quedé con las preguntas en la cabeza durante toda la comida. Tomé algo de pan y los tres salimos de la casa. Amy me detuvo para darme un fuerte y largo abrazo que me tomó desprevenido. Daniela se retiró antes, pero me había dejado una nota al lado de la cama, una cual no revisé. Esa mañana el trabajo fue intenso. Los goblins habían iniciado la estructura y el avance era enorme. Otros diez hombres colocaban las rocas en parejas junto a mí, por lo cual avanzábamos unos treinta metros cada veinte minutos. Avanzar rápido en conjunto a estructuras fuertes era primordial. Las ejecutábamos de escasos dos metros, luego estas eran levantadas aún más por otro grupo. Nuestra prioridad era el crear una cerca que blindase los terrenos más cercanos, mientras que los grupos de exterminio se encargaban de las criaturas alrededor.

La tarde llegó en extremo lenta y me separé de Miry con un beso y una excusa de dirigirme primero donde Benjen para crear el gremio como tal y preguntarle algunas cosas. Excusa que terminé ejecutando realmente.

Ciel me dio la bienvenida a la pequeña casa que funcionaba de banco y sala de aventureros. Extrañamente los aventureros actualmente no se adentraban al abyss, sino que limpiaban las zonas aledañas de la ciudad.

—¿Qué te trae hoy por acá?

—Vengo a conformar el gremio ¿Han abierto algo más de la piedra del abyss? — Pregunté aprovechando la ocasión.

—Nada relevante, estamos estudiando las nuevas profesiones. Hay unas que no son siquiera entendibles, en especial una llamada nigromante y tecnopata.

—A mi me llama la atención el de paladín. Por la habilidad de poder parece que soy apto para esa.

—¿Vas a cambiar hoy de profesión? — Preguntó Ciel guiándome hasta la recámara donde estaba Benjen y la piedra.

—No, no tengo apuro todavía. No tenemos planes de entrar todavía al abyss, ni las chicas ni yo.

—¿Van a combatir a las criaturas de afuera?

—Quizás. Pero mientras estamos en los entrenamientos con Helim, aun no nos acoplamos como equipo totalmente.

—Eso es algo difícil, pero ustedes son bastante fuertes y solventan bastante rápido.

—Hemos tenido suerte algunas veces.

—Tienen talento y habilidades, no necesitas ser humilde respecto a eso. ¿Cómo sigue tu brazo?

—Sigue doliendo, pero nada de qué preocuparse— Mentí. Entremos en la habitación y observé a Benjen repasando varios documentos sobre entregas de materiales y pagos. Le saludé con un estrechón de manos y continué a la siguiente sala donde se hallaba la piedra del abyss.

—¿Qué nombre piensan ponerle al gremio?

—¿Podemos cambiarlo? — Pregunté.

—Supongo que sí, varios aventureros han llegado y no hay datos de ellos, no sé si fueron borrados de la otra piedra del abyss donde estuvieron.

—Creo que me quedaré con el nombre de fenrir.

—Pero es una bestia— Repuso ella, a lo cual yo me encogí de hombros. Era el nombre al cual nos habíamos acostumbrado —Será gremio Fenrir entonces, aceptaré tu pago— Le entregué una moneda de plata y salí del lugar. Los demás debían movilizarse hasta allí para actualizar sus datos.

Luego de eso pasee por la taberna y me dedique a recorrer un par de tiendas nuevas que instalaban en la ciudad. Ciertamente había nuevos materiales a disposición y yo tenía algo de dinero extra, pues el gasto de una habitación ya no estaba. Sin embargo, nada de lo que veía llegaba al nivel de los objetos de nuestro gremio.

Llegué donde Helim un poco tarde. Las chicas finalizaron su entrenamiento un rato atrás y no me las encontré. Pasé directamente a la cabaña del viejo para conversar, aunque ya me imaginaba el tema sobre el que iría dirigida toda la atención. Mi brazo, la pérdida de control meses atrás, y como el dolor no me dejaba avanzar ni manejar ciertas magias. Obviamente eso implicaba que debía desarrollar algún tipo de estrategia o modo de pelea para mí. Era algo que yo venía pensando desde días atrás. Una forma de pelear que no afectase ni el rendimiento del equipo, pero que no pusiera en riesgo a todos por otro arrebato de poder.

—Hola viejo.

—¿Viejo? ¿Qué viejo? — Helim se hallaba sentado en la mesa, y junto a este estaba Amy, Mena y Miry observándome con rostros preocupados.

—¿Qué sucedió?

—Siéntate enano. La idea era hablar solo contigo, pero estas locas sin remedio se metieron y decidieron estar presentes el día de hoy.

—¿Qué pasa? — Pregunté sin moverme de mi lugar. Entonces noté que todo mi equipo se hallaba allí, desde mis protectores hasta el par de espadas y las dagas.

—Miry no está de acuerdo— Miry se cruzó de brazos en la mesa.

—Al paso que vas calculo que en un año estarás muerto muchacho— Helim fue tan serio en sus palabras que no me quedó duda alguna sobre su veracidad. Solo le observé a él y luego a las chicas.

—¿Moriré?

—La chica maga ha estado luchando como puede contra lo que tienes adentro. Lo más probable es que debido a lo que hiciste en pelea previamente parte de tu propio cuerpo esté muerto y parece que esa putrefacción se va extendiendo. Según lo que la señorita hechicera me ha dicho, el hada del piso treinta y ocho expresó que necesitas una magia de nombre santuario para mejorarte.

—Pero con sanación…

—La chica ya no puede frenar el avance, en un par de meses perderás movilidad del brazo y se esparcirá por todo tu pecho, con suerte no morirás del corazón.

—¿No habías dicho un año antes? — Estaba nervioso, aquello no era una broma y Miry bajaba la vista, pero estaba seguro rompería a llorar en cualquier instante.

—Eso si no fallan tus pulmones o el corazón, con suerte, un año. Del resto es obvio que no durarás mucho— Esta vez fue Mena quien habló.

—¿Hay algo que podamos hacer? — Casi me atraganto con mis propias palabras.

—Nada que nosotros podamos, pero quizás exista una solución. Y ese era mi plan para el día de hoy hasta que estas señoritas en esperarte aquí. Si hay un lugar donde puedas conseguir la magia santuario.

—¿Don…? — Sabía la respuesta, pero no deseaba esa respuesta.

—Abajo, en el abyss, descendiendo aun más allá del piso cuarenta.

—¿Es en serio viejo? Casi morimos allá abajo.

—Casi mueren las chicas, y es que ellas no están preparadas quizás todavía para descender aún más. Pero tu chico, tu sobreviviste y derrotaste a los enemigos que el Jin invocó allí. Debes bajar. 

—¡No quiero! — Miry se levantó de su asiento en un grito y Amy rompió en llanto.

—Bajar más suena como un suicidio, Pero creo que, si alguno de nosotros puede hacerlo, eres tú, más con la magia de puerta dimensional, podrías bajar una y otra vez. O subir pisos y evitar aquellas batallas que no te convengan— Comentó Mena.

—Podría regresar aquí con puerta dimensional, dada la necesidad— Mentía. Puerta dimensional actuaba únicamente en un radio relativamente corto. Pero algo si era cierto, podría bajar varios niveles con la magia y escapar de algunos encuentros.

Observé a mis compañeras y empecé a analizar la información— ¿Tu has bajado más allá viejo?

—Si, y solo soy un nivel veintidós— Comentó Helim.

—Claro, como si nivel veintidós fuese poco.

—No tengo una habilidad que me permita aprender otras, ni aprender magias. Tampoco tengo un modo donde pierdo la consciencia y destruyo todo a mi paso— Comentó este.

—¿Es posible?

—Difícil, si, sin duda, pero posible. Si un viejo como yo puede— Helim se cruzó de brazos y yo observé a los demás comprendiendo la situación.

—¿Qué necesitaría hacer?

—Debes bajar solo, y subir de nivel tan rápido como puedas. Regresar solo cuando necesites suministros. Nosotros te dejaremos todo acá, desde comida, ropa hasta armadura y armas. Pero debes bajar tanto como puedas, hablar con el hada y continuar más abajo, hasta que consigas la magia santuario al menos.

—¿Y si la magia está en el piso noventa, o cuatrocientos? — Pregunté.

—Pues tendrás mucho que bajar, o morirás en un par de meses.

—No lo hagas Allan— Miry me miró mientras sus lágrimas caían.

—Ya lo escuchaste, no son muchas opciones— Repuse e hice silencio. Luego repasé todo lo sucedido, incluso la noche anterior y comprendí lo que significaba— Además, ustedes saben que no hay otra opción ¿Cierto? Por eso están aquí. Solo yo no lo sabía— Me dirigí a colocarme mis armaduras en silencio, sintiendo una presión en el pecho tan grande que este reventaría.

Deseaba gritar, llorar y maldecir a mi suerte. Por un rato había olvidado el abyss y las batallas interminables, pero aparentemente había gastado la mayor parte de mi tiempo sin avanzar.

—Si bajas, promete que vas a volver. Vendré todos los días, todas las noches y te veré acá— Miry me brindó un abrazo suave.

—Todas vendremos a verte y a traer lo que necesites— Agregó Mena.

—Y curarte cuantas veces sea necesario— Amy se levantó y me abrazó junto a Miry. Fue entonces cuando escuché la voz de esta última contra mi oreja. Su voz temblaba y sonaba tan nerviosa pero confidente que tardé en comprender sus palabras.

—Regresa, tendremos un hijo. Miry tendrá un hijo de Allan. No puedes morir allá abajo. 

Frio. Una corriente recorrió mi cuerpo y miré a Miry sin comprender bien sus palabras un instante. Luego de procesadas le abracé— ¿Es en serio? — Una alegría mezclada de una sensación extraña me embargo. Luego observé al resto de los presentes y me percaté que nadie más estaba al corriente de la noticia —¿No saben?

—Es complicado. Miry y Allan necesitan ir a la aldea tumb para poder tener a un niño— Susurró nuevamente en mi oreja.

—¿Qué sucede? — Preguntó Amy y yo noté que Miry no quería decir nada.

—Nada— Miré a Helim— ¿Qué me aconsejas viejo?

—Sabemos mejor como funcionan las magias y los niveles. Subir de nivel debería ser mucho más fácil que antes. Debes priorizar subir de nivel antes de bajar. Cuando sientas que no puedes. Retrocede, guarda fuerzas, sube de nivel y vuelve a intentarlo.

—Suena lógico— Razoné, a pesar de eso las piernas me temblaban ante la idea.

—Preparé raciones para unos tres o cuatro días, espero eso sirva para ir y venir a por más.

—¿Debo ir de inmediato?

—No sé muchacho, no soy yo quien se puede morir en un par de meses…

—Ya, entiendo— Terminé de ajustar las correas de las armaduras y sonreí ante Miry, Mena y Amy. La intención era brindarles algo de valor. Supongo que quizás aquello no servía debido a que yo tampoco estaba seguro de tener valor para tal locura.

—Tengo una entrada al abyss aquí atrás— Señaló la despensa y aquel descubrimiento no me extrañó en lo absoluto.

—Haz estado bajando viejo loco.

—Solo un par de pisos, he verificado sobre los niveles. También he notado que los monstruos han estado cambiando, principalmente de tamaño, y cuesta más matarlos.

—Que gran noticia— Sonreí con sarcasmo.

—¿No es peligroso tener un agujero al abyss aquí atrás? — Preguntó Amy.

—Tenemos un agujero de kilómetros de ancho un par de metros por allá atrás. Este pequeño agujero no es nada.

—El viejo está loco, el abyss es parte de su casa— Respondió Mena.

—El viejo está loco… — Helim comenzó a mofarse— ¿Quién les invitó aquí? Veamos quién les enseña magia el día de mañana…

Tomé la armadura de orifalquio reluciente, la espada, el espadón, un juego de dagas y un cuchillo para despellejar. Unas diez gemas que prepararon en un bolso y comida para un grupo de siete personas una semana. Lo justo para apenas sobrevivir. Tomé una antorcha del suelo, bañé en aceite la punta y recité la magia fuego para que esta se encendiera.

—Estaré aquí todas las noches— Miry me dio un último abrazo.

—Todas estaremos— Mena fue muy tajante en aquello y noté una pequeña sonrisa. Esa era su manera de desearme lo mejor, una sonrisa débil pero que significaba mucho.

—Ads curación— Amy recitó sobre mi brazo una última vez y con tales muestras de cariño abrí la trampilla en la despensa del viejo Helim. La oscuridad del abyss me saludó junto a un viento gélido. Tomé la soga que estaba atada a una viga de la casa y comencé a descender aparatosamente.

Resultaba complicado sostener la antorcha en la mano derecha y descender la soga con la izquierda. Además, el peso de la mochila me desbalanceaba de un lado a otro. Continué así por unos cinco o siete metros, hasta obstinarme y activar puerta dimensional. La formé juntos debajo de mi y me dejé caer.

Aterricé en una cámara angosta de tierra compactada. El aire tenía un fuerte olor a humedad, pero no logré ver a ninguna bestia en las cercanías— ¡Estoy bien! — Grité a las chicas. Sin saber que Miry intentó ir detrás de mí y debió ser noqueada por Helim.

—¿Crees que va a sobrevivir? — Le preguntó Mena al viejo mientras movía el cuerpo inconsciente de Miry.

—Debe. Todo el tiempo ha tenido a una asesina, una maga muy potente y a la mejor estratega para cubrirle las espaldas. Sin eso habría muerto hace mucho. O usa sus habilidades o morirá allí abajo— Soltó el viejo, Mena y Amy miraron el agujero y cargaron a Miry para llevarla hasta su casa.

Yo apunté la antorcha en la dirección de la salida y noté unas rocas caídas en otra sección. Obviamente el viejo Helim había bloqueado la otra salida para crear una cámara más segura. Intenté relajarme y observé mis estadísticas.

Edad: 18

Profesión: cazador

Nivel: 13

Vida: 653

Fuerza: 48

Agilidad: 48

Inteligencia: 37

Resistencia: 46

Destreza: 47

Magia: 1

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 2

Lectura 1

Manejo de cuchillo 2

Recolección 1

Protección 2

Atracción 2

Manejo de la espada 2

Magia aprendida

Prisa 3

Cura 1

Poder1

Regeneración 1

Veneno 1

Puerta dimensional 1

Fuego 1

Bendición 1

Escudo 1

En teoría debía ser capaz de llegar al piso veinte completamente solo y sin el mayor problema. Tenía un paquete de magias que sería la envidia de cualquier aventurero. Procuré grabarme los principales atributos y inicié mi marcha.

Lo primero en encontrarme fue una rata enorme, de aproximadamente medio metro, con dientes largos y afilados mirándome en la oscuridad. Saqué mi espadón y planté cara cuando esta se abalanzó en mi dirección. Esquivé moviéndome un poco a la derecha y la rebané en dos pedazos.

No fue nada difícil, en un par de segundos estaba picada en dos y la sangre manaba por el lugar. Aquello llamaría la atención del resto, así que me preparé para la llegada de más.

Era difícil concentrarse del todo. Mi mente aun se hallaba jugueteando con la idea de que Miry se hallaba embarazada. Ciertamente no era sorpresa, nosotros habíamos tenido buena cantidad de sexo en diferentes momentos. Pero la situación en la cual me enteré fue impactante. Solo un par de minutos después de saber que estaba a poco de morir. Era un momento donde no sabías si reír, llorar, gritar, saltar o derrumbarte. Oye vas tener un hijo, pero te morirás en un par de meses.

¿Sería chico o chica? ¿Sería tumb o humano? ¿qué nombre debía ponerle? ¿Se molestaría la tribu tumb más con Miry? Aunque en realidad no sabía cómo podían molestarse más que por el asesinato de su reina.

Aparecieron tres ratas igual de grandes que la primera, me moví a la izquierda y lancé una daga a la primera y asesté la espada en la cabeza de la segunda. Choqué contra algo duro, pero la piel cedió creando un corte profundo y largo. La primera se hallaba chillando y la otra se le lanzó encima. Solté el espadón y saqué la espada para clavarla en su abdomen. Rematé luego a la otra y observé los tres cuerpos.

Me percaté que el espadón no era la mejor opción. En el ataque anterior me acerqué bastante a la pared y el espadón chocó contra el techo o alguna pared.

Saqué la daga de orifalquio de la rata y apliqué algo que había aprendido hace pocos días— Ads veneno— Deslicé mi mano por todo el filo de la hoja y concentré mis energías en que la punta se fundiese con la magia.

El sujeto de prueba no tardó en llegar. Un naga apareció por la puerta y se lanzó en mi contra. Hice un corte limpio en su rostro semi humano y me aparté retrocediendo a zancadas. El nada mostró los dientes, pero luego se sacudió violentamente antes de caer al suelo muerto. La magia había sido un éxito. Aquella carne no se podría comer, pero el naga no había sido problema alguno, prácticamente había muerto solo.

Adelante encontré una recámara lateral cuya entrada era bastante pequeña. Así que entré, tiré mi bolso, el espadón y me dispuse a salir a cazar ratas— Ads prisa— Recorrí de un jalón el camino serpenteante siguiente. Encontré a dos arañas y dos ratas, a todos les hice apenas un corte y me aparté de ellas.

Lo siguiente fueron cinco ratas juntas en una pequeña cámara lateral. Corté a la primera y me retiré, luego a la segunda e hice lo mismo. Aquello era bastante fácil… Sentí el dolor en la pierna y noté como una rata enterró los dientes en la parte baja de mi pierna izquierda y los dientes perforaron el cuero y la carne.

Quise gritar, pero clave la daga en su cabeza y apliqué dos magias— Ads regeneración, ads cura— Era pesado hacer ambas, pero el dolor se fue casi de inmediato y pude hacer os cortes en las otras tres que tenía al frente.

Al finalizar noté como la herida se cerraba, me había confiado y me hirieron unas simples ratas. Sencillamente por no estar concentrado en mi alrededor.

Había varias cosas que deseaba probar, el uso de las magias y las clases de Helim sirvieron de bastante. Probablemente otros aventureros con magia veneno en un cuchillo habrían avanzado bastante en un pasado. Aligeraba la carga de trabajo.

Si esto era así ¿qué pasaría con otras magias en otros objetos? Comprendí entonces la fuerza de Helim, quien con apenas nivel veinte había bajado tanto en el abyss. El viejo era sencillamente un monstruo.

Regresé a la pequeña cueva que me serviría como refugio y dejé la antorcha a un lado y pasé a comer algo. El abyss proporcionaba siempre un olor nauseabundo, pero allí en el primer piso no era tan fuerte. Probablemente el olor provenía de los cuerpos que había dejado atrás. Debía hacer algo con ellos.

Quemar los cuerpos era la mejor y opción más segura, sin embargo, necesitaba una recámara grande para ello y llevaría tiempo. Por otra parte, me brindaría un par de gemas que podría imbuir con magias que usar a futuro.

Me quedé dormido, no supe por cuanto tiempo, pero calculé un par de horas. Me despertó una araña enorme que intentaba entrar por la abertura de la cueva. Necesité cortarla dos veces y esperar. Fue difícil quitar el cuerpo de la abertura y salir por el estrecho lugar. Necesité moverme por los alrededores y hallar una cueva lo suficientemente grande para apilar los cuerpos dispersos del día anterior e invocar la magia fuego para quemarles.

Mientras los cadáveres ardían, me ocupe de un par de ratas más, tres goblins y unas armas que parecían hecha de piedra maciza. Cabe resaltar que a estas últimas no pude cortarles y dejar que el veneno actuase. Fue necesario activar poder para que la daga siquiera penetrase la coraza que tenían. Hallé también un descenso al piso dos.

Las gemas que soltaron eran verdes en su mayoría, y unas diez azules. Aquellas eran las de menor grado, nada potentes de por sí, pero una idea me estaba escociendo la mente desde horas atrás cuando luchaba contra las ratas y debía soltar la antorcha y dejarla en el suelo.

—Ads fuego— recité y varias de las gemas verdes se pulverizaron. Otras un poco mas grandes aguantaron la magia y brillaron un leve instante. Guardé la mayoría en el bolsillo y tomé un par— Ads— Concentré mi mente en que la flama fuese baja y tranquila. De inmediato solté las gemas al suelo porque estas comenzaron a arder lentamente.

Me quemaron ligeramente, pero el experimento era un éxito. Aquello brindaba un haz de luz tenue, pero mucho mejor que nada. Tenía además suficientes para formar un camino iluminado. Descendí al piso dos no sin antes lanzar varias gemas por delante para ver el camino. No tenía tantas para gastarlas todas, así que las pateaba a medida que avanzaba para mantener un pequeño suministro.

Los monstruos ciertamente estaban evolucionando de cierta manera dentro del abyss. Un naga enorme se lanzó contra mí y debí activar prisa y cortar uno de sus costados. No podía mover esa cosa enorme por todo el abyss hasta el piso superior, la quemé allí mismo y el pasillo se llenó de un humo negro que picaba en la vista y hacía imposible respirar. Debí dirigirme en sentido contrario y continuar el camino. Hallé el descenso al piso tres y bajé para iniciar la lucha contra los nagas.

Antes era fácil saber que criaturas ibas a encontrar en cada piso, ahora no era así. Me sorprendí al ver a un esqueleto deambulando por el piso tres. Debí usar el espadón para destruirle, ya que mi daga con veneno no iba a servir.

¿Qué estaba pasando en el abyss? ¿Por qué tal desorden de criaturas?

Continué matando a cuanta criatura observase, busqué una nueva recámara donde descansar y coloqué allí un par de materiales que me resultaron intrigantes. Gemas, el bolso y me decidí a prepararme un poco más para continuar mi descenso. Aquello no fue muy difícil de lograr, pero claro está que mi nivel ayudaba mucho a tal avance. Y apenas me hallaba en el piso tres. No era el mayor de los avances del planeta. Con Miry había logrado descender hasta el piso cinco sin ayuda de nadie más en un solo día.

La magia veneno había funcionado con la daga, así que la apliqué a la espada y el espadón. Tardé un buen rato en ello y terminé agotado al punto de necesitar comer porque el estómago me ardía. Luego de eso me quité la armadura y comencé la siguiente parte de mi improvisado plan. Imbuir magia escudo en mis protectores, poder en el espadón y magia prisa en las botas.

Luego de tres intentos logré imbuir magia escudo en la ropa y prisa en las botas. Pero mi espadón se resistió a recibir la magia poder, o simplemente me hallaba ya tan agotado que mi mente no lograba concentrase lo suficiente en ello. Lo cierto es que estaba preparado para descender como nunca antes lo había hecho. 

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