35. FUNDACIÓN

Desperté con el dolor del brazo izquierdo. me retorcí para sentir la mano de Miry sosteniéndome mientras Mena me curaba. Noté sus miradas llenas de preocupación ante el brazo oscuro y mi dolor.

Ardina logró pegar nuevamente el brazo a mi cuerpo con la magia sanación y bendición. Pero fue muy clara al expresar que aquel demonio había usado magia muerte en su arma. Al cortar mi brazo me salvé de no terminar encadenado a tal destino, pero mi miembro estaba siendo rechazado por mi cuerpo. Necesitaba de una magia llamada aura divina u otra de nombre santuario para disipar la magia de muerte allí impuesta.

Por otra parte, me excedí en el uso de magias y habilidades, al punto en el cual mi cuerpo no soportó la presión y se rompió. Había decenas de huesos fracturados al punto de convertirse en casi polvo. Cuando fui auxiliado por Ardina y Mena estaba cerca de la muerte.

Ahora el brazo lucía un color casi morado y no se mostraba bien en ningún sentido, además cada cierto tiempo producía una corriente de dolor que iniciaba en los dedos hasta llegar al hombro.

—Vas a estar bien— Miry tocaba mi cabeza con sus dedos.

—Lo sé— Busqué de levantarme al notar que Mena finalizaba su sesión de curación— Aún nos falta para reunirnos con el resto— Ascendíamos por el piso tres luego de encontrarnos con un par de goblins que indicaron todos se hallaban arriba, afuera del abyss, tanto humanos como goblins sobrevivientes.

No pudimos derrotar a Behir en nuestro regreso en mi condición mientras ascendíamos, por tanto, Giro debió ayudarnos y guiarnos por caminos que solo los goblins usaban. Incluyendo un par de agujeros por donde debimos avanzar arrastrándonos debido a lo angosto. Yo hasta ese momento no había descubierto mi miedo a los espacios reducidos. Pero avanzar sintiéndome atrapado por el abyss por arriba y abajo fue aterrador.

El piso cinco del abyss, donde debía estar nuestro grupo se hallaba repleto de cuerpos de orcos, goblins y humanos. Dejando muy en claro que una batalla cruenta se desarrolló allí apenas pocos días.

Aquellos cuerpos necesitaban ser enterrados o incinerados, por tal razón Miry activó ardor y dejó que el fuego hiciera el trabajo. Aquella hoguera gigante duraría días enteros antes de apagarse, sin contar que cientos de recursos se perderían. No obstante, la putrefacción que se respiraba en tal lugar era enfermiza y nauseabunda.

Me dio cierta esperanza el no observar ningún cuerpo conocido entre los muertos. Mena y Miry se hallaban igual, noté que no decían nada, pero giraban todos los cuerpos para ver sus rostros y cerciorarse no se trataba de Amy.

Giro era un guía y recolector excepcional. Llevaba consigo todo un bolso con sangre de ángel, plumas, una armadura, una espada, la cadena, cuernos, piel y varias gemas del camino. Aparentemente se conocía cada rincón de aquella sección de abyss. Yo por mi parte portaba el martillo enorme, mientras Mena un nuevo y flamante arco.

En ocasiones se sentaba decidiendo que camino tomar mencionando las complicaciones de la ruta con Mena. Luego de un par de minutos volvíamos a estar avanzando en camino de ascenso. Miry a ratos se quejaba de la mugre que teníamos encima. Aquello era una mezcla de sudor, sangre seca, lodo y tierra en diferentes proporciones. Incluso yo tenia mechones de cabello duro y sucio.

—¿Cuánto falta? —Preguntó Miry.

—Poco, poco. Estamos muy cerca de una salida goblin del abyss. Salida que usan comerciantes goblins, muy conocida y fácil de recordar.

—Pagaría en monedas de oro por un estofado, algo de chocolate y poder dormir donde en la posada de Vermont y Katie— El comentario provino de Mena y ella misma se censuró después de aquello— Lo siento, hablé sin pensar, la señora Katie…

—Eso es agua derramada— Señalando que no había nada que hacer. Aún tenía aquella muerte muy en la mente, pero en comparación al dolor que sentí al ver a Miry y Mena siendo asesinadas. EL dolor de la señora Katie no era nada. De hecho, se convertía en un recuerdo sombrío junto a Vert y Teresa. A los dos últimos comenzaba a costarme recordar sus rostros de forma precisa.

—Al fin, este es el ascenso al piso dos y piso uno— Giro se adelantó un poco mostrándose amigable.

—Las criaturas del abyss han estado muy inquietas— Comentó Miry.

—¿A qué te refieres? —Preguntó Mena.

—Pues, se dirigen a la salida del abyss, normalmente es lo contrario, mientras más cerca de la entrada estás, menos criaturas hay— Alegó.

Aquello era cierto, nuestro retraso desde el quinto piso se debió a la cantidad de arañas, ratas y nagas que atacaban. Normalmente era extraño hallar mas de diez criaturas en una cueva pequeña. Ahora aparecían de a veinte o treinta de ellas, y eran Miry y Mena quienes debían eliminarlas. Yo no podía hacer esfuerzos fuertes pues mi cuerpo estallaba en dolor y terminaba en el suelo jadeando.

—¿Crees entonces que sea cierto, las criaturas están saliendo del abyss? —Preguntó Mena.

—Si, esa loca desnuda lo dijo, y Jin también.

Yo arrugué el entrecejo, no sentí ni una pizca de falsedad en las palabras de aquel par. Estaba seguro que ahora las criaturas del abyss podrían salir a conveniencia. Lo cual implicaba que nos dirigíamos al espacio exterior, donde aún debíamos librarnos de peligros. Y mis condiciones actuales no eran las mejores deseadas.

—¿Necesitas ayuda con eso Giro? — Pregunté al goblin que iba en nuestra retaguardia.

—No señor, no es pesado, solo no estoy acostumbrado a mi propia fuerza, creció cuando hice el ritual del fuego, se siente extraño.

—¿Fue bastante? —Preguntó Mena.

—Unos tres puntos de fuerza, es mucho. Se siente ligero llevar todo esto— Respondió Giro.

—Igual me gustaría ayudar un poco más— Repuse.

—No, llevar esto es lo menos que puedo hacer. Ustedes pelearon contra Jin y esos demonios y ángeles. Ayudar con lo recolectado es muy poco, además mi tribu goblin logró sobrevivir la batalla contra los orcos. Eso quiere decir que mi madre debe estar viva y a salvo.

—¿Luchas por tu madre Giro? —Preguntó Miry.

—Mi madre es especial, cuando todos los demás goblins me golpeaban o lastimaban, ella siempre me defendió. Si mi mamá está a salvo, puedo continuar luchando, puedo ayudar a otras cosas.

Me quedé pensativo sobre Giro y su lucha por su madre. No era tan distinto a nosotros después de todo el asunto. Estaba peleando por alguien, o al menos esforzándose en llevar nuestras cosas, aquello era su forma de ayudarnos.

Tuve un fuerte dolor en el estómago, pero reprimí dar señas de dolor, pues Mena detendría la marcha para otra sesión de cura. Y yo por mi parte estaba cansado de sentirme una carga mientras eran Mena y Miry quienes peleaban al frente.

También sentía que debíamos apresurarnos para poder suministrar la sangre de ángel que llevábamos con nosotros a los enfermos de la magia peste. La sangre de ángel era el beneficio de toda aquella batalla en el piso treinta y ocho del abyss.

Al no poseer frascos en las cuales almacenarla optamos por meterla en nuestras cantimploras de agua. Las cuales eran de cuero seco y curado, cosido de una forma que evitaba cualquier fuga.

Mena calculó que con toda aquella sangre debían de salir al menos unas cincuenta dosis. Eso si no lograban diluirla sin disminuir el efecto. Quizás alcanzaría para cien personas, pero entonces mi mente sacaba cuentas a sabiendas de que el campamente mantenía a al menos unas trecientas personas. Salvar a un tercio de la población no era malo, sin embargo, tampoco era el panorama más alentador. Las esperanzas estaban entonces en que mi hermana, Daniela, hubiese conseguido la forma de duplicar la sangre de ángel con nosotros.

—¡Es una salida! — Grito Mena de pronto y todos comenzamos a correr en dirección a la luz que se asomaba desde el primer piso. Yo, aún con dolor salté las escaleras para llegar hasta aquella abertura y la superficie.

Salí del abyss casi con lágrimas en los ojos y me lancé al suelo al igual que las chicas. El sol daba contra mi rostro y el viento resoplaba por entre los árboles con ruidos a nuestro alrededor. La tierra olía a pasto y humedad, y… Era magnífico el poder estar afuera.

Tardé un rato en notar que Giro conversaba con otros dos goblins que estaban afuera de aquella abertura y escape del abyss. Hacían guardia con largas lanzas, cascos y armaduras de cuero. Obviamente un buen equipo si deseabas enfrentarte a ratas y arañas.

—¡Sentí que nunca saldría del abyss! ¡Miry está feliz! Una tumb no le gusta estar tanto tiempo alejada de los árboles, ni tanto tiempo allí debajo.

—Yo extrañaba el calor del sol, el frio del abyss termina metiéndose en los huesos y es imposible dormir bien así— Comentó Mena sentándose en la tierra.

—Yo solo quiero llegar y comer algo de carne, un buen vaso de chocolate— sonreímos felices. El mundo exterior nos daba la bienvenida nuevamente. En especial después de casi morir dentro del abyss, ese respiro de aire fresco, era como una nueva vida.

Estaba agotado en extremo, mi cuerpo pedía descanso a gritos y supuse las chicas se hallarían en igual circunstancias.

—Giro se acerca— Comentó Mena observando al goblin girando sobre el suelo.

—El grupo está muy cerca de aquí, caminando solo un poco. Han armado tiendas para protegerse— Expresó el goblin acercándose— Hay muchas ratas, arañas, nagas y beartrolls afuera del abyss. Todo es confusión, pero los jefes han ordenado que se hagan patrullajes y hay guardias por toda la zona. Debería de ser seguro el lugar.

—Gracias Giro, solo estábamos felices de poder salir— Comenté levantándome del suelo.

—Yo también estoy feliz, han sucedido muchas cosas. Debo informar a mi jefe sobre lo sucedido allí abajo, y sobre las hadas.

—Deja que nosotros te ayudemos con eso Giro— Intervino Mena— Quizás con nosotros hablando a tu favor la historia les sea más verosímil al señor Otrit.

—Le agradezco mucho señorita Mena. Estaré muy feliz y agradecido con ustedes por tal ayuda.

—Si debemos estar cerca, escucho ruidos en esa dirección—Comentó Miry señalando el este.

Avanzamos lento, el estar afuera y a salvo hizo que nuestro cuerpo se relajase y todo el agotamiento se sintiera de golpe. Yo caminaba con dificultad debido a un fuerte dolor en un costado. Pronto los árboles empezaron a ser más distantes entre sí y adiviné donde nos encontrábamos, aquello estaba muy cerca de la cabaña del viejo Helim.

Me alegre de pensar en él y Mu junto al resto de sobrevivientes. Pronto el ruido de las personas y goblins llegaron hasta nuestros oídos, y un buen número de carpas y tiendas se lograron divisar entre el follaje de los árboles.

Me impacté mucho al ver a humanos y goblins andando de un lado a otro como si fuese normal la convivencia. Las tiendas se agrupaban en conglomerados pequeños y se extendían por toda la enorme planicie que rodeaba el hogar de Helim.

—¡Allan, Miry, Mena! —Escuché la voz desde un costado y todos volteamos por instinto. Desde el interior de una tienda Melanie sacaba la cabeza para saludarnos. Yo casi rompo en llanto, pero fui ganado por Miry, quien abrazó a la chica antes de entrar al interior de aquel lugar.

—Es un placer poder verte Melanie— Expresó Mena con aquel tono solemne que usaba para tantas cosas.

—Casi no los reconozco, están todos… — No terminó la frase, pero tampoco era necesario. La realidad es que nuestro aspecto daba asco a la vista. Teníamos lodo, sangre, sudor y quien sabe que más sobre nuestros cuerpos.

Ni Giro ni nosotros éramos capaces de sentir nuestro aroma, pero para Melanie fue como estar frente a unas diez bolsas de basura llena de carnes putrefactas. Sencillamente estaba a poco de vomitar de la repulsión.

—Debemos bañarnos— Miry era quien se preocupaba más por aquello. Odiaba sentirse así de sucia, o que su nariz no funcionase como era debido.

—Hay un riachuelo cerca, deberían pasar por allí primero— Comentó la chica sentándose al lado de una cama. Entonces noté a Abert tendido sobre esta inconsciente.

—¿Qué le paso?

—Fue herido en la batalla, pero ya está bien. Amy dijo que solo necesita descansar.

—¿Cómo está Amy? — Preguntamos casi al unísono, Miry, Mena y yo. 

—¡Está bien! — Supongo debe estar ocupada o con Stella ahora. Si quieren yo la busco, mientras tanto ustedes mejor tomen una ducha. No es lejos, es en aquella dirección, deben caminar como por… quince minutos, se encuentra bastante fácil. La mayoría usa la parte de abajo, pero si suben un poco podrán estar más tranquilos.

—¿Yo que hago? — Preguntó Giro mirándonos. Era obvio que, para él, eso de bañarse no era una prioridad.

—Pues puedes ir con Melanie y ver en que tienda se está quedando Amy, una compañera nuestra pequeña, como de esta estatura. Puedes dejar todo lo recolectado en ese lugar. Luego creo deberías ir a ver a tu madre— Comentó Mena.

—Eso haré señorita Mena.

Tomamos la ruta rumbo al río, no era como si no lo conociéramos. Nos habíamos duchado previamente en el cuando nos quedamos con Helim. La única diferencia era que ahora antes del bosque se hallaba un campamento goblin muy ruidoso que brama y estrellaban vasos de madera y barro.

Mena me señaló unos toneles de vino y me pregunté de donde podrían haber sacado el licor. No obstante, no era de mi interés y continué el camino.

Llegamos al rio y subimos a la sección que se hallaba más al norte, lo más cerca de nacimiento. Para ello debías subir saltando por un par de rocas y escalar un risco húmedo y resbaloso. Era eso o darle la vuelta a casi media montaña para poder disfrutar de una zona donde el agua se hallaba cristalina y extendía por unos cien metros de forma suave y parsimoniosa.

Solo en una ocasión había subido hasta allí, pero jamás habíamos entrado. Los entrenamientos con Helim eran devastadores y nuestros maderos no nos dejaban acceder de forma sencilla hasta ese lugar.

—Miry se va a quedar en el agua hasta que sea tarde —Alegó esta sacándose las botas blancas que lucían ahora de un color marrón tirando al morado.

Yo procedí a retirar mi armadura de titanio. El metal tenia serias abolladuras, en especial una que se hallaba en la axila que me lastimaba al andar. La armadura inferior de cuero estaba desecha casi por completo. El exceso de humedad, sudor lograron ablandarla dejándole un mal aroma y una contextura que no era la esperada. Aquello no serviría para detener flechas enemigas en tal estado.

No me sorprendía que eso sucediese. No usaba camisa debajo de aquello desde que Miry fue revivida, pues toda su armadura y ropa fue destrozada en la zona del pecho.

Entre al agua con calma, sintiendo el frio del agua mojar mis pantalones. Me los quité dentro del agua y coloqué sobre otra roca para ver como quitaba el sucio pegado a la tela. Entonces giré mi cabeza ante el ruido de las chicas y quedé impactado.

Miry se hallaba totalmente desnuda, con su cuerpo voluptuoso, senos grandes de pezones dorados, caderas anchas y un apenas visible vello púbico en su entrepierna. Mena por su parte terminaba de quitar su ropa interior y de mostraba como los dioses la enviaron al mundo. Sus senos eran mucho más pequeños que los de Miry, sus pezones eran rosados y desde mi visión a algunos metros, delicados. Su trasero no era enorme, pero tenia una forma redonda perfecta que en la zona inferior se cortaba de forma abrupta para dar paso a sus piernas torneadas.

Agradecí que el agua me llegaba al pecho, pues mi miembro se colocó erecto al instante. Las ganas de sexo subieron hasta mi cabeza nublando mis pensamientos.

—Miry va a necesitar otra armadura— Comentó la tumb colocando los restos de la suya a un lado del rio, sobre las rocas, mientras tomaba la ropa para meterla al agua. Mena por su parte notó mi mirada y se colocó totalmente roja, por esto no se percató del empujón de Miry y cayó con estrépito al agua.

—¡Miry! — se quejó esta alzando el rostro del agua, pero la tumb se lanzó de clavado y comenzó a nadar como si desease aquello desde hace mucho tiempo. La fuerza de sus piernas le impulsaba a gran velocidad, y solo en un par de brazadas podía avanzar toda la extensión del lugar— No sabía que las tumbs fuesen buenas nadadoras.

—La mayoría de las tumbs no nadan— Expresó esta sacando la cabeza del agua al tiempo que se acercaba hasta mí. Yo por mi parte sonreí de forma tonta e hice como si restregase mi ropa contra la roca. El trasero de Miry lograba sobresalir del agua, y antes, cuando se alejaba de mí, logré ver los labios de su zona íntima abombados entre el agua.

—Tengo el cabello hecho un desastre— Expresó Mena— Incluso tengo un nudo aquí que no puedo quitar. Y no me pienso cortar el cabello tan corto.

—Te ayudo— Miry tomo el cabello y comenzó a pasar sus dedos por este hasta que quedó totalmente desenredado.

—¡ALLAN, MENA, MIRY! — El grito de Amy me sacó de lugar y giré mi cabeza. La pequeña terminaba de escalar el risco para hallarnos en el agua. Corrió por la orilla mientras comenzó a quitarse la ropa a mitad de camino. La realidad fue que terminó mojándola toda.

Hasta entonces nunca había visto a Amy con ojos lascivos, pero pude notar aquellos senos que apenas empezaban a crecer con puntas oscuras y pequeñas. Terminó de quitarse la ropa dejando esta flotando sobre el agua para nadar y lanzarse sobre Miry.

—¡Los extrañé mucho!

—Miry y los demás también te extrañamos, el grupo no es igual sin ti.

—Pasaron muchas cosas, pensé que iba a morir, y ustedes me dejaron sola y… — Rompió en llanto, a lo cual la tumb se quedó sorprendida, pero Mena reaccionó acariciando su cabello.

Hasta entonces decidí acercarme un poco a las chicas, había evitado la cercanía por obvias razones, sin embargo, estaba feliz de poder ver a Amy de nuevo. Había estado preocupado por ella, e incluso le soñé muerta un par de veces y desperté sudando frío. Era un temor que me dejó el haga Ardina y ver la muerte de las chicas en el piso treinta y ocho del abyss.

Amy nadó hasta mí y me abrazó fuertemente. Fue entonces cuando pude sentir aquellos suaves y pequeños senos contra mi pecho. Pero lo que me volvió loco fue notar como pasó sus piernas por mi cuerpo para rodearme, dejándome la sensación de su vulva contra la parte baja de mi abdomen.

La pequeña lloraba en mi hombro, pero mi mente solo estaba en mi miembro erecto a punto de estallar. Estaba seguro que incluso mi punta estaba rozando su pequeño trasero, pero era imposible de asegurar, pues el flujo del agua movía todo.

—No quiero que se vuelvan a ir sin mí— Expresó casi en una orden.

—No lo haremos— Repuse abrazándola y buscando de mantener toda la cordura que mi cuerpo podía reunir. Estaba seguro que tocaba la entrada a su zona con mi miembro erecto y que un solo movimiento terminaría por hundirlo hasta el final. Pero Amy se separó de mi de pronto mirándome con sus ojos rojos.

—¿Qué te sucedió en el brazo? Está morado.

—Se lo cortaron en plena batalla, una historia larga de detallar— Intervino Mena.

—Sanación — Expresó Amy extendiendo su mano hasta mi brazo. Una sensación reconfortante me llenó y sentí que el dolor en mi cuerpo disminuyó en gran medida, en especial el de la espalda y el costado. No obstante, el brazo continuó con aquel color desagradable luego de unos instantes.

—¿Aprendiste curación? — pregunté sorprendido por aquello.

—Estábamos a punto de morir, apareció por suerte— Respondió la más pequeña del grupo— Pero no sirve— Amy se dio por vencida al notar que el color de mi brazo no cambiaba.

—Tiene alguna especie de maldición, necesitamos una magia mucho mas poderosa que puede eliminar maldiciones— Respondió Mena.

—¿Y donde se consigue esa? — Preguntó la maga.

—No tenemos la menor idea por ahora. Pero creo que debemos ver como avanza la herida, y si varias sesiones de cura o sanación podría surgir efecto sobre él. También trajimos bastante sangre de ángel, debemos probar si esta puede surgir algún efecto sobre esta clase de herida.

—¿Y cómo saben que existe esa magia que ustedes están…

Dejé de prestar atención a la voz de Amy pues Miry se posicionó frente a mi dándome un suave y largo beso. Yo me dejé llevar y sentí la calidez de su boca contra la mía, la sensación de su cuerpo, su respiración y todos esos sentimientos aflorando hacía mí.

La apreté fuerte tomándole de la espalda. Estuve a tan poco de perderla, de no poder estar más junto a ella, a esa sonrisa, a esos labios. Era algo increíble, pero en ese beso comprendí que, sin aquella chica, sin mi hermosa compañera tumb, yo me volvería totalmente loco y sin rumbo.

Entonces sentí como la mano de Miry se deslizó por todo mi Miembro erecto y jugueteó con este por debajo del agua. La sensación nuevamente nubló mis sentidos y me dejé llevar por aquel impulso placentero que subió desde mis piernas hasta mi espalda.

—Miry quería besar a su esposo— Comentó esta con una sonrisa cómplice. Su mano continuaba masajeando mi falo y yo apenas podía responder.

—Yo también quería besarte Miry— Contesté con apenas fuerzas mientras nos movíamos alejándonos de las otras dos chicas hasta el grupo de rocas donde se hallaba mi ropa.

—Cuando sentí que estaba muriendo, Miry quiso besar a su esposo, Miry solo logró pensar en Allan en ese instante— Comentó esta y yo sentí un nudo en la garganta. El recuerdo de su mirada mientras moría era desgarrador para mí. Era un punto donde mi cuerpo y ser explotó y dejó de importarme mi propia seguridad.

Besé nuevamente a Miry mientras sentí como su cuerpo se acomodaba frente al mío. Mi lengua recorrió su boca y nuestros labios juntos buscaron de sofocar la pasión del otro. Deslicé mis dedos por sus senos y descendí para apretar su trasero y un poco mas abajo hasta su intimidad.

Su vulva era suave y caliente, aún cuando el contacto del agua era frio. Mis dedos resbalaron rozando toda su entrepierna y se hundieron con facilidad. Miry me miró fijamente mientras sus uñas se cavaban en mi pecho y respiraba entrecortado.

Hundí y saqué mis dedos varias veces y con fuerza mientras Miry se aferró a mi cuerpo en un abrazo hasta que finalmente mordió mi cuello y lanzó un gemido suave al tiempo que tensó todos los músculos del cuerpo. Comprendí que le había hecho llegar al notar su mirada.

—Quiero más— Comentó en voz baja a mi oído al tiempo que yo me acomodaba sobre una roca sentándome en esta, aunque la mitad de mi cuerpo se hallaba aún sumergido.

—Las chicas están allí, y Mena nos está mirando con reproche— Sonreí haciéndome el inocente mientras Mena clavaba la mirada en mí.

—No me importa, Miry quiere más— Noté su tono y apenas pude reaccionar cuando se dio media vuelta y se sentó sobre mí. Tomó mi miembro entre sus dedos y dejó que este se deslizara hasta el fondo de su vagina. Quedé atónito, por una fracción de segundo. Al siguiente, sentí que moría y llegaba al cielo.

El interior se hallaba tan caliente que temí mi miembro duro se derritiese dentro de ella. No pude controlarme y tomándole de las caderas empecé a embestirla con fuerza. Mi único pensamiento era el de hacer que la punta de mi pene llegase hasta el fondo de su vulva.

Tomé uno de sus senos y lo apreté al tiempo que nuestras bocas se encontraban en un beso salvaje— Si, Miry quiere más, así…— no hubo recato alguno, ni en nuestros movimientos ni en sus gemidos.

—¿Qué creen que están haciendo aquí afuera? — Sentí la voz y reclamo de Mena al tiempo que se acercaba. Pero no me importó en lo absoluto. Mordí el cuello de Miry y lo hundí aún mas fuerte.

—Miry tiene sexo con su esposoooo— respondió la tumb apoyando sus manos en mi pecho para moverse con mayor fuerza y dar varios sentones contra mí. El agua alrededor chapoteaba con su enorme trasero en cada embestida.

—¡Eso no es algo que puedan hacer acá!— Contestó la otra.

—Es divino Mena, está tan caliente allí abajo— Contestó Miry mientras yo me levantaba del agua y clavaba con todas mis fuerzas. Miry estaba inclinada casi en cuatro, dejándome la hermosa escena de su enorme trasero siendo abierto y mi falo enterrándose hasta el fondo de ella. Entonces noté que Mena estaba de pie a mi izquierda a poco menos de un metro de distancia, con sus senos afuera y la vista clavada en mí. Y Amy se acercaba colocando su rostro casi en las nalgas de Miry, detallando todo con atención. No negaré que aquello aumentó mi lívido y empecé a penetrar a Miry como si no hubiese un mañana.

—¿Qué haces Amy? — La voz de Mena estaba cortada. Amy paso una de sus manos por mi pierna y la otra palpó una de las nalgas de Miry que rebotaba con cada embestida.

—Parece que a Miry le gusta.

—A Miry le encanta…

Y entonces llegué a mi límite y todo mi calor se vertió dentro de ella. Perdí mis fuerzas y caí sentado sobre la roca con estrépito.

Siendo sincero, fue de hecho la excitación del momento lo que me hizo llegar en aquel instante. Ni mis mejores sueños eran tan intensos como aquel instante.

Miry se dejó caer sobre mi cuerpo posando su cabeza en mi pecho.

—¡Son unos cochinos! ¡Esas son cosas que no pueden hacer a plena luz y afuera! — Mena se hallaba horrorizada a mi lado mientras Amy parecía divertirse en extremo con aquello, se reía abiertamente del suceso.

Finalmente Mena se fue molesta del río, pues ni Miry ni yo nos disculpamos por el incidente. Probablemente aquel no era el lugar ni la forma, pero en ese instante yo estaba al borde de desmayarme, con una mezcla entre satisfacción y placer mezclada con agotamiento extremo.

Amy comenzó a jugar a nadar como si nada hubiese sucedido y después de un rato Miry comenzó a enjuagar su cabello y el pelaje de sus orejas.

—Va a estar molesta un rato— Comentó Amy, y yo repuse que tenía razón. Probablemente aquello fue algo demasiado sinvergüenza de nuestra parte y Mena no descansaría en exponerlo en nuestras caras una y otra vez. 

—Pero si ya nos hemos vistos desnudos ¿por qué debo ser recatada en eso? Miry no comprende— Obviamente Miry tomaba la desnudez como algo íntimo y relacionado directamente con la pérdida de la vergüenza. Yo por mi parte estaba de acuerdo en parte, en otra sentía que el solo hecho de haber visto desnudas a todas ellas era ya de por si una falta.

Sin embargo, después de haber disfrutado tal sesión de sexo no me iba a poner a discutir sobre ello. Estaba relajado y pronto salí del agua con los pantalones húmedos pero limpios.

Noté que nuestro grupo necesitaba armaduras con urgencia si planeábamos enfrentar a cualquier clase de monstruo a futuro. Para nuestra fortuna teníamos el mejor material existente a nuestra disposición.

—Y nosotras dos nos morimos, pero Allan quedó luchando contra aquellos ángeles solo, cuando Miry despertó ya dos de ellos habían sido eliminados, pero el demonio rojo lanzaba llamas a todo el aire y quemaba todo— Miry relataba el hecho a Amy mientras andábamos por el bosque. Entonces noté a una pequeña sombra que se acercaba en carrera y que abrió mucho los ojos al vernos.

—Señores, hay una reunión en el campamento y los están solicitando— Giro bajó la cabeza ante nosotros. Me dio algo de gracia aquello, pues no me sentía merecedor de tal acto y respondí con naturalidad.

—De inmediato vamos para allá.

Nuestra imagen no era la mejor, estábamos húmedos, las armaduras de cuero destruidas por el agua y sudor, las de metal rasgadas o destrozadas y la ropa raida a un punto increíble. Al menos no olíamos como ratas de alcantarilla y nuestro cabello ya se movía con naturalidad y no en enormes capas de sangre seca.

—¿Cómo revivieron?

—Allan hizo un pacto con un hada por nuestras vidas— Sonrió la tumb— Allan es el mejor esposo que una tumb puede tener. Tenía solo un minuto para revivirnos y no lo pensó en lo absoluto, tomó la decisión en el momento.

—Las hadas son poderosas entonces— Expresó Amy mientras Giro se acercaba para escuchar el también, a pesar de que él mismo había visto la lucha desde lo lejos.

El goblin no se retiró de inmediato como le ordenamos, sino que corrió para esconderse cerca y observar desde la seguridad de una roca. Así había presenciado la muerte y resurrección de las chicas, las olas de fuego y a mi luchando contra los ángeles.

El campamento de goblins y humanos era un lugar lleno de mucho ruido, donde todos iban y venían a un ritmo apresurado y nadie nos prestó mucha atención mientras nos movíamos. Observé a un par de rostros conocidos, pero me imaginé que la reunión debía de estar esperando por nosotros. Por lo tanto, no había tiempo para aquello, debíamos movilizarnos hasta allí por entre las tiendas y carpas esparcidas en el lugar.

Me sorprendió ver que no había luchas entre humanos o goblins. Cada quien parecía hallarse ocupado en sus propios asuntos lo suficiente para pasar uno al lado de otro ignorándose.

Observe una fragua a lo lejos y pensé que tal vez iría a ver qué hacían luego de la reunión, eso o comería un buen estofado de Vermont y luego dormiría por tres días. Lo que sucediese primero.

La campaña principal de reuniones era enorme, y estaba conformado por un grupo de carpas rojas unidas en una sola mucho mas grande. Observé a Tariel en la entrada con una botella de cerveza de miel en su mano y sonreí, aquello significaba que mi hermana estaba también adentro.

Mena llegó entonces corriendo hasta nosotros para unirse a la comitiva mientras entrábamos al lugar pasando las aberturas de tela.

—Siento lo de hace un rato— Repuse. Mena me miró sorprendida.

—No importa, ni una palabra de eso. Preocúpate en cambio de no mencionar a Camus, está muerto.

—¿Qué? ¿Camus murió? — Respondí en voz alta sorprendido a la vista de todos los que se hallaban adentro del lugar. Stella, Vermont, Benjen, el jefe goblin Otrit, Dimch, Helim, Ciel, Daniela y otro par de goblins se quedaron mirándome. Tomé asiento apenado procurando guardar silencio mientras Miry, Mena, Amy, Giro y Tariel tomaban asientos.

Saludé a mi hermana, pero esta obviamente tenía mayor interés en Mena, por tanto, terminé prácticamente ignorado. Vermont por su parte me estrechó la mano con una sonrisa amplia y aquello resultó reconfortante. Ciel casi se nos lanzó encima y propinó besos en las mejillas hasta que ya no pudo más y Stella hizo silencio para comenzar la reunión.

—Antes que nada, necesitamos presentarnos. Soy Stella, antigua vicecapitana del gremio de los caballeros oscuros de Utghardie. Ahora actúo como cabecilla de esta alianza, ellos son Benjen, Ciel, Tariel, Vermont, Dimch y Helim. Están a cargo de diversas áreas dentro del campamento. Ellos son el jefe Otrit, el jefe Hulier, y el jefe Bimgler, los tres son jefes de sus respectivas tribus goblins. Por otra parte, ayer en la noche llegaron Tariel y Daniela, representan un grupo que fue hasta Selyntos por ayuda. A la chica maga Amy ya la conocen bastante bien. Los recién llegados son Mena, Miry y Allan, estaban junto al goblin Giro en el piso treinta y ocho del abyss buscando una cura para la magia peste que nos afectaba. Aunque creo sufrieron un percance mayor en el camino.

Cada uno de los jefes goblins se levantaron asintiendo ante las palabras de Stella. Era obvio reconocían el orden de poder en el lugar, pero eran importantes entre sus propias tribus.

—Es un placer verlos con vida chicos. Las situaciones han sido bastante caóticas, es bueno ver caras amigas nuevamente— La voz fue de Stella, quien estaba sentada en un extremo de las mesas, obviamente ella era quien dirigía todo en ese momento. Su voz no sonaba tan punzante y recta como antes, esta vez era más suave y relajada. Para mi resultaba extraño verla en esa posición. Lo usual era ver a Camus en la cabecera de la mesa mientras Stella guardaba silencio de pie en la parte de atrás o sentada a un lado.

—Ahora cuenten el desastre que hicieron allí debajo en el abyss— Soltó Helim mirándonos fijamente y yo quedé boquiabierto observando al resto. Era difícil tener que hablar sobre todo aquello. Las ideas vinieron a mi cabeza todas desordenadas. ¿Qué debía contar primero? ¿La muerte de los goblins? ¿la negativa de las hadas en ayudarnos? ¿la espera y aparente rencilla de Jin contra nosotros sin razón alguna?

—Calma Helim, es obvio que están bastante contrariados por todo lo que ha sucedido y todo esto. Creo que es mejor hablemos nosotros y les expliquemos la situación— Opinó Benjen.

—Estoy de acuerdo, creo que hay muchas cosas por el contar de parte y parte— Stella respiró hondo— Primero que todo, como podrán haber notado, Camus murió en batalla abajo en el abyss. Sucedió mientras nos enfrentábamos a los orcos que invadieron. Camus había pactado una alianza con los goblins. Hemos respetado esa alianza, como pueden observar, aunque creo fueron ustedes quienes iniciaron dicha alianza. Jefe Otrit.

—Nos complace verlos con vida y de regreso. Su tribu contribuyó de manera directa en la derrota de los orcos, y pudimos salir del abyss a salvo gracias a los humanos, así que consideramos han pagado su deuda con nosotros— Escuché las palabras del jefe goblin notando que su dicción y manejo del idioma había mejorado— Fueron momentos muy difíciles y murieron muchos goblins y humanos, pero aquí estamos. Tengo entendido que nuestros goblins que acompañaron al bosque de las hadas también fueron asesinados. Una terrible noticia, eran grandes goblins, fuertes guerreros.

El jefe Otrit no hizo mención alguna de Giro en ningún instante. Noté que el extraño goblin estaba con la cabeza baja fija en la mesa. Mena por su parte me tomó de la mano e hizo señal con la mirada de que no era el momento de expresar mi opinión.

—¿Qué sucedió con la enfermedad peste? —Preguntó Miry.

—Hemos sanado a la mayoría gracias a Amy, logró desarrollar la magia sanación y esta puede aplicarse directamente. Es un proceso agotador, pero los más graves están a salvo— Comentó Stella.

—Nosotros trajimos sangre de ángel— Expresé con apuro. Comencé a sentir que, si Amy había desarrollado la magia, nuestro esfuerzo había sido en vano. Y no es que estuviese celoso de Amy, era solo que la muerte de las chicas era algo doloroso y fuerte para mí. El solo hecho de pensar que aquello fue un esfuerzo fútil, me exasperaba.

—Necesitaremos estudiarla a fondo y ver qué otras propiedades tiene esta sangre, o si podemos desarrollar alguna especie de vacuna o antídoto que sea copiable a base de esta— Benjen alzó la mano— Me tendré que dedicar a esto de lleno, pero regresamos al punto que te dije anteriormente Stella. Necesitaremos eso, con mi habilidad de lectura no será suficiente si deseamos mantenernos aquí.

—Lo comprendo Benjen, pero ese es otro tema.

—¿Cuál tema? ¿Qué es necesario? — Intervino Mena.

—Creo que nos estamos apresurando con los temas. Pero explicaré lo más básico para que pueda ser claro— Stella se levantó de la silla y mantuvo de pie apoyando ambos brazos en la mesa— Han pasado muchas cosas, tenemos la situación de las criaturas que están saliendo del abyss actualmente encima de nosotros y ciudades como Selyntos y Adrem están en caos por ello. No esperaban un ataque desde adentro, por otra parte, ayer llegaron un par de comerciantes y goblins que hablan sobre nuevos abyss que han aparecido en varios lugares.

—Es un hecho, tenemos nuevos abyss y criaturas afuera atacando a todos— Comentó el jefe Otrit ante las caras de otros dos goblins que asentían con la cabeza.

—Lo cual significa que las puertas se cierran para nosotros y que los peligros son más abundantes. Estamos enfrentándonos a algo nuevo y sin precedentes en nuestro mundo. Lo cual me hace pensar que esta alianza entre humanos y goblins, ha llegado en un punto crucial para nuestras razas, si de verdad deseamos sobrevivir a todo este caos.

El ambiente se sintió solemne con cada palabra de Stella. Los jefes goblins alzaban sus pechos de forma visibles y miraban alzando la barbilla.

No importa que raza seas, aquello era orgullo en su forma más básica.

—Hemos estudiado la idea de fundar una ciudad basada en nuestra alianza, la que probablemente sea la primera ciudad humano- goblin en todo nuestro mundo, Matneim. Esto traerá beneficios y problemas en muchos aspectos. Políticos, sociales, y económicos, pero tengo la certeza de que es un avance en nuestra forma de ver la vida y a otros seres vivientes. Lamentablemente si pensamos poder ser competencia comercial y tener relevancia dentro de nuestro mundo, necesitamos un abyss, no solo un acceso o un sumidero. Necesitaremos una mesa y el cristal que está en su desembocadura. Adrem y Selyntos no estarán de cuerdo con esta ciudad ni la alianza…

—No están de acuerdo siquiera con nuestra existencia— Interrumpió Tariel de mala gana.

—Así es, ciertamente Tariel— Stella repasó a los presentes— Lamentablemente ayer llegó nuestro grupo desde Selyntos, con la noticia de que todo ciudadano de Utghardie es considerado una amenaza y la orden es ser ejecutados en la entrada. Eso nos quita aliados y llena de enemigos en todas direcciones.

—Nuestros compañeros hablan sobre un abyss cerca del lago Ibis que da rumbo al estrecho que conduce a la ciudad de Emma. Eso queda como a tres días de acá, quizás algo más si somos muchos.

—Lo más probable es que nos tome cerca de medio mes poder mudar todo lo que tenemos y todos los campamentos hasta ese lugar. Sin contar que habrá que limpiar la zona de cuantas criaturas estén allí y ver como asegurar el perímetro.

—Nosotros podemos— Intervino Miry.

—Pero primero tendremos que descansar, al menos un par de días. Nuestras heridas están sin sanar todavía, muy recientes— Atajó Mena ante los demás y los ánimos de Miry y míos.

—¿Qué piensan los jefes goblins? —Inquirió Stella.

—Los goblins hemos deseado una ciudad desde hace mucho tiempo. Un lugar al que los goblins puedan llamar hogar y poder defender, donde sus hijos y mujeres puedan dormir seguras. Si ciudad es posible, nosotros los goblins ayudar, no hay duda— La voz de Otrit resonó.

—Bien, una ciudad entonces. Será tanto trabajo que lucirá como una locura, pero podremos hacerlo posible, siempre y cuando estemos dispuestos a trabajar. Además, a esa distancia, los orcos no representarán un problema. Ahora, quiero escuchar la historia de los chicos que bajaron hasta el piso treinta y ocho.

Yo quedé frio con aquello y miré a todos los presentes ¿Por qué era tan difícil hablar frente al público? — Yo…

Mena se levantó y con voz fuerte empezó la historia, desde la guerra contra los orcos, la alianza con el jefe Otrit y nuestro descenso hasta el piso treinta y ocho. Hubo preguntas de cada uno de los presentes, aparentemente la historia resultaba fascinante para los presentes. Giro debió levantarse y dar testimonio de su experiencia, en especial al llegar al tramo sobre las hadas.

Entonces las preguntas giraron en torno a la información que Ardina nos brindó. La cual había sido mucha y muy específica, pero Mena no alcanzaba a recordar todo, o se guardaba para sí misma algunos detalles. Como los requerimientos para la magia vida o sanación. No obstante, la información que todos tomaron con mayor relevancia, era el método para develar el cuadro de magias, habilidades y cómo poder descubrir los requisitos de cada uno. Aquello era un conocimiento que la humanidad no tenía con antelación. Claro, que ahora no teníamos una mesa donde poder ver ninguna estadística.

—Eso hace que el llegar y tener un abyss sea más apremiante— Concluyó Benjen— Con esta información podremos guiar a nuestros aventureros mucho mejor y darles consejos sobre como subir y los pasos necesarios para mejorar en sus disciplinas.

—Estábamos luchando a ciegas— Comentó Stella.

La historia entonces continuó hasta la parte en donde hallamos a Jin, y la lucha contra los ángeles. Fue entonces cuando los jefes goblins se mostraron más interesados y agudizaron el oído, incluso pidiendo a Giro que corroborara ciertas partes de información.

—Miry y yo morimos en batalla y fuimos revividas por el hada de nombre Ardina a petición de Allan. Después de eso, al despertar, Allan había matado a dos ángeles pero el demonio mayor arrojaba fuego en todas direcciones. Miry y yo nos encargamos de este mientras Allan despedazó al otro ángel. El problema es que ya entonces todo el caos había iniciado y todo estaba temblando. Allan se lanzó contra Jin, pero su golpe fue detenido por…— hizo silencio y me observó, y luego al resto— Por la diosa Emerant. No hubo manera de hacer nada entonces.

—¿Qué?

—¿Emerant?

—¿Vieron a la diosa Emerant? —Las voces se alzaron y las preguntas inundaron el lugar.

—Se presentó ante nosotros y dijo que aquello era su victoria, antes de irse— mena cortó el asunto de forma seca y sentí que así lo deseaba.

—Esto es una locura, no hay forma de luchar contra una diosa— Comentó Tariel.

—Había mitos, pero creo que esto lo certifica— Alegó Benjen.

—No se puede— la negativa de Vermont.

—No se puede pelear contra un dios, a no ser que tengas a otro dios de tu lado— Aquellas fueron las palabras de Helim. Palabras que quedaron resonando en mi cabeza incluso después de que finalizara la larga y ajetreada reunión. 

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