34. TUMBS

Miry sintió el golpe de la mesa contra su cabeza y despertó somnolienta, se estaba quedando dormida mientras comía un plato de avena dulce. Su pequeña mano se había llenado de la sustancia viscosa y de pronto fue atajada por su madre para limpiarle con un trapo.

—Ten más cuidado Miry.

—¡Está bien mamá!

—Termina la avena, o no podrás salir.

—Tampoco hay muchos con quienes jugar— Se quejó la pequeña.

No era algo de extrañar para ninguna de las dos. Su madre, Mare, estaba muy consciente que allí, a mitad del bosque entre la ciudad de Ilain y la aldea tumb no había nada con quien jugar para Miry. Nadie se atrevía a hallarse afuera del resguardo de las ciudades, y solo había otras dos tumbs en la misma situación que ella, exiliadas por decidir quedarse al lado de un hombre. Aquel era su pecado, y sentía el mayor de los pesares de que su hija pagase por ello.

—Puedes jugar en la alberca— Comentó Mare y la niña sonrió abiertamente para tragarse la comida a toda velocidad. Miry amaba los árboles y nadar en una pequeña alberca que su padre le construyó hacía más de un año.

—¿Hoy vendrá papá?

—Debe estar llegando para la tarde— Comentó la mujer sentándose en la mesa junto a la niña con algo de té caliente.

—Mamá ¿tú conoces Adrem?

—Te he dicho bien que sí, fui una vez con tu padre… Ya sé por donde vienes con tu pregunta— La tumb sonrió ante la pequeña.

—Me gusta esa historia.

—Una tarde llegó un grupo de hombres pidiendo ayuda a las tumbs para un viaje a la ciudad de Adrem, era un grupo de aventureros y un comerciante con un carromato lleno de cosas fabulosas para vender e intercambiar en la gran ciudad. El camino era peligroso y largo, tomaría casi un mes de viaje, así que el pago fue costoso, veinte monedas de plata y una de oro para las tumbs.

Se nos encargó a tres tumbs dar compañía y cuidar aquel viaje junto al grupo de aventureros. Pronto me di cuenta que entre los aventureros había uno de nombre Tyr que era muy apuesto pero reservado, el no buscaba de entablar conversación con nosotras las tumbs, buscando lo que todos los hombres buscan en nosotras.

—¿Qué es lo que todos los hombres buscan en las tumbs? — Preguntó Miry frunciendo el entrecejo.

—Eso es algo que descubrirás a su tiempo Miry, cuando tengas mas edad y puedas comprender mejor como funciona el mundo.

—¡Pero ya tengo once mamá!

—¿Quieres que continúe la historia o no? —Miy frunció el entrecejo ante aquellas palabras, pero asintió complacida de seguir escuchando aquello— Fue extraño en un principio, pues los demás hombres nos hablaban y traían flores, y ciertamente a las tumbs les gustan las flores. Pero ninguna estaba interesada en ningún hombre de allí. Mi superior Yila era muy amiga de la reina Sera, y no iba a permitir que nada en aquella misión saliese mal.

—¿Cómo es la reina de las tumbs mamá?

—¿Sera? Sera es… — Mare guardó silencio observando a su hija— Sera es hermosa, es una reina en todo sentido.

—Me gustaría conocer a la reina Sera algún día.

—Algún día la conocerás mi amor, Sera es la reina de todas las tumbs, incluso si vivimos afuera de la aldea tumb.

—¿Podremos ir algún día?

—Algún día podrás ir, pero recuerda que una tumb que está ligada a un hombre no puede permanecer en la aldea.

—Continuo con la historia— Repuso Mare— Habíamos pasado una semana de viaje con algunos enfrentamientos contra goblins, cuando apareció un grupo de minotauros. Eran como jabalíes gigantes con cuernos. Horrorosos, musculosos y fuertes en extremo.

Hirieron casi de inmediato a uno de los aventureros, así que el resto debimos apañárnoslas para poder luchar lo mejor que podíamos. Estábamos además en una planicie, sin árboles a nuestro alrededor, y todos saben que las tumbs…

—Somos más débiles cuando no hay árboles donde saltar a nuestro alrededor —Recitó la pequeña.

—Los minotauros eran fuertes, y entonces el guerrero de nombre Tyr corrió detrás de ellos y logró clavar su cuchillo detrás del cuello de dos de los minotauros. Yo por mi parte quedé sorprendida, más no dije nada respecto a aquello. Evitábamos mantener comunicación con los humanos.

Dos noches después sucedió un accidente dentro de nuestro grupo, un par de hombres atacaron a Yila, yo por mi parte escuché los gritos desde el bosque y me acerqué y casi fui atacada también, Entonces llegó el hombre llamado Tyr y asesinó a uno de sus compañeros y reprendió al otro, así las tumbs estuvimos a salvo, y yo comencé a confiar en ese aventurero, pues toda tumb sabe que un hombre de verdad es aquel que está dispuesto a hacer todo para salvar a quien ama.

En las noches empecé a conversar con él sobre las cosas que solo los humanos sabían, sobre las ciudades, sobre el abyss, sobre las criaturas que allí habitaban, y me di cuenta que el mundo de las tumbs era muy pequeño. La aldea tumb es solo un punto en un enorme mundo peligroso.

Cuando faltaban casi dos días para llegar a la ciudad de Adrem un trio de muertos nos atacaron, y tu padre Tyr me protegió en todo segundo. Entonces estuve segura que aquel hombre era el hombre de mi vida, y que no debía tener miedo de él.

—Y al regresar a la aldea tumb te viniste aquí a vivir con él— Finalizó Miry.

—Y tuve a una tumb necia y preguntona como hija— La miro sonriente— ¡Ve a lavarte esa cara y luego si quieres puedes ir a la alberca!

—¿Crees que papá me pueda dar otra clase sobre como usar las dagas?

—¿Quieres otra clase? La vez pasada pudiste matar un par de conejos.

—¡Pero y si aparece un jabalí! Quiero estar preparada para saltar y luego poder asestar el golpe atrás de su cabeza, como hace papá— Expresó la niña.

—Quizás, ya le preguntarás a tu papá. Pero hoy no, mañana, cuando llegue debes dejarlo descansar. El abyss es un lugar peligroso.

La cabaña no era un lugar enorme, apenas dos habitaciones, un baño y una cocina que funcionaba como sala. Las paredes marrones estaban recubiertas con una resina que sellaba cualquier abertura entre las maderas. La cocina era un grupo de mesas, llenas de batatas, lechuga, tomates y un par de conejos secos que Tyr amaba comer. En una esquina había un fogón hecho de barro circular, y sobre este una olla grande y negra de hierro.

Mare observó los conejos y pensó en hacer un buen estofado para su esposo con algo de granos, aquello le pondría de buen humor al regresar.

Tyr esta vez estaba reuniendo dinero para un par de libros que Miry deseaba y necesitaba. La pequeña tumb estaba aprendiendo a leer bastante rápido y deseaba la historia del caballero de Mithril. Además, necesitaban el de fundamentos y geografía. Sería excelente tener mapas donde ella pudiera ver cuan grande era el mundo y no solo pensar en la aldea tumb.

Miry salió del baño en ropa interior saltando lista para la alberca. Esta se hallaba detrás de la casa y era una piscina hecha con madera y pequeños remiendos de metal. El agua se mantenía estancada debido a la resina usada en el fondo.

No era algo demasiado grande, apenas con cinco metros de cada lado. En un principio fue un regalo de Tyr para Mare, pero ahora era el lugar de juegos de Miry. La pequeña se lanzó de frente golpeándose el pecho para luego hundirse.

—Y viene un gran dragón de agua a… ¿Cómo es que se llama ese lugar mamá?

—Feliure— Repuso está sentándose en una orilla mientras escondía una daga en la parte trasera. Los peligros en las afueras eran siempre existentes.

—A Feliure, pero los aventureros corren así y ¡zush! Y de pronto el dragón vira así, pero los aventureros corren por ambos lados al mismo tiempo, y Miry viene por un costado, las personas gritan y…

—¡Miry, sal del agua! —Su mamá la tomó del brazo y sacó de la piscina de un solo jalón y la llevó alzada hasta la puerta trasera de la casa. Entró junto a esta y se quedó observando por una ventana.

Miry comenzó a temblar de frio mientras se secaba sin entender el repentino arrebato de Mare— Esto es malo—Repuso la tumb mirando por la ventana y luego a Miry— Ven acá.

—¿Qué pasa mamá? — Preguntó la pequeña tumb al ver como Mare quitaba la enorme olla de hierro y observaba el agujero donde al fondo estaban los carbones fríos de la comida del día anterior.

—Miry, quiero que seas valiente.

—¿Valiente?

—Confía en mí, todo va a estar bien, ahora vas a entrar aquí y te vas a quedar allí sin importar qué suceda— Mare cargó a la pequeña y delgada niña y la introdujo por el agujero de piedra y barro.

—¿Aquí? ¿Por qué?

—Escúchame bien Miry, llena todo tu cuerpo con carbón, así no podrán olerte ¿sí?

—Está bien.

—Miry, repite después de mí.

—¿Ah? — Preguntó la niña observando el rostro de su madre, mientras que afuera se escuchaban algunas pisadas.

—Miry, debes ser valiente. Répitelo.

—Miry debe ser valiente.

—Miry, no vas a salir de este lugar hasta que todo esté bien, bajo ninguna circunstancia— Mare sentía que el mundo se venía abajo, pero no iba a llorar frente a Miry en ese instante, acarició su cabello y la miró con fiereza.

—Miry no va a salir de este lugar hasta que todo esté bien.

—Miry, debes ser inteligente, no saldrás. Miry ¿Lo sabes?

—Miry lo sabe, Miry no saldrá de este lugar— Repitió la pequeña y Mare sonrió soltando su cuerpo para que esta cállese al fondo junto a los carbones negros. Luego de esto cargó la pesada olla de hierro y la colocó sobre el agujero.

La puerta de la casa sonó mientras Miry observaba que todo era oscuridad alrededor a excepción de unas piedras flojas a un costado por donde entraba luz. No fue difícil empujar estas y hacer que un agujero apareciera.

Miry salió del agujero llena de carbón por todas partes— Miry debe ser valiente, Miry lo sabe— Entonces escuchó voces en la parte superior de la casa. Por encima de su cabeza se podían observar las maderas del piso de la cabaña y un grupo de tumbs que se hallaban junto a su madre, Mare.

Aquellas tumbs eran muy bonitas, aunque ninguna como su madre. Aunque si portaban dagas y armaduras en la zona de su cintura. Hombros y pecho.

—A esto te has rebajado Mare— Comentó una de ellas.

—Mi elección Yila, creo que no ha sido la peor.

—Supe tienes una hija ¿Dónde está?

—No está aquí, está en la ciudad, con su padre— Comentó esta.

—Tyr está muerto, lo mató un beartroll en el abyss, es la noticia que tenemos de la ciudad. Por tanto, tú y tu hija deben regresar a la aldea tumb.

Miry observó a aquella Tumb, era de piel morena y ojos claros, robusta y de aspecto frio, parecía muy seria cuando se refería a Mare. Pero aquella información no podía ser cierta ¿su padre estaba muerto? ¿desde cuándo? ¿Un beartroll le había matado? ¿cómo?

—¿Quién te envió aquí Yila? ¿Fue acaso Sera?

—Las órdenes son órdenes, ambas deberán regresar a la aldea tumb. Tu serás ajusticiada, ya luego veremos que sucederá con tu hija.

—¿Qué sucede si me niego a ir Yila? —Preguntó la tumb sin mover un solo pie de aquel lugar.

—No hagas esto Mare. Sabes lo que sucederá, fue tu elección desde un inicio ¿si querías tener un hijo de un hombre no había problema alguno, pero irte a vivir con él? Renunciaste a todo por una tontería.

—No me vas a amenazar a mi y a mi hija Yila— Pronunció Mare sacando la daga de su espalda, lista para luchar. Lo siguiente fue un par de ataques de parte de las otras dos tumbs que acompañaban a la superior. Mare era rápida y se movió saltando sobre las mesas, esquivando y cortando a estas en los brazos hasta hacerles soltar sus cuchillas.

Yila se movió de forma brusca contra Mare y esta se estrelló contra la pared. No era el exceso de velocidad, era la fuerza de aquella tumb lo que redujo a Mare, de pronto la daga se incrustó en su cuello y Yila la soltó.

—Esto es una muerte piadosa Mare, sabes que habría sido peor en la aldea. Dime la ubicación de tu hija, o tendré que buscarla yo misma por todo el bosque.

Mare no hablaba, en parte por la sangre que escapaba de su boca ensangrentada, pero su mayor razón era que allí, debajo de las tablas por un pequeño agujero y en medio de la oscuridad podía ver el rostro de Miry asustada —Miry, se valiente. Miry no salgas ¿lo sabes? —Susurró la mujer.

—Miry lo sabe— soltó la niña mientras las lágrimas caían de su rostro y la vida se escapaba del cuerpo de su madre. 

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