32. RUPTURA

—¡Deben realizar una barricada en la entrada secundaria, todo lo que encuentren, derrumben la entrada si es necesario! — Stella daba la orden a todo pulmón. Amy podía ver el pánico en sus rostros. Nadie esperaba que los orcos atacasen tan pronto.

Las diferencias de color y tamaños no importaban en ese momento, el miedo atacaba a todos por igual y tanto hombres como goblins corrían de un lado a otro bajando las tiendas de campaña y buscando armas en cualquier lugar.

—¡Señor! —Frente a Camus se presentó un chico muy joven con todo su cuerpo firme para mostrar su respeto —El goblin Otrit está ordenando que un batallón de goblins bloqueen la entrada principal ¿Qué hacemos nosotros? — Camus iba a abrir la boca, pero las ordenes las impartió Stella como si fuese obvio ella era quien organizaba todo aquello.

—Batallón uno fue mandado a bloquear la entrada secundaria, batallón b y c deben posicionarse justo detrás de los goblins. Pelearemos en igualdad de condiciones. Si llegan los orcos deben cubrirlos con flechas hasta que los goblins resistan. No podemos dejarles pasar hasta esta zona.

—¿Yo que voy a hacer? —Preguntó Amy con las piernas temblando.

Stella miró a Camus y este asintió con la cabeza —Creo que lo mejor que puedes hacer por ahora es buscar al señor Vertmon y Melanie y buscar de mantenerte atrás, si ves algún herido cúrale.

—¿Yo no voy a luchar? —Tenía miedo, un miedo muy profundo instalado en su pecho, pero también odiaba ser tratada como una niña. Deseaba tanto que Mena, Miry y Allan estuviesen allí, de ser así las cosas serían tan distintas.

Tan solo una semana y media atrás había luchado junto a ellos contra orcos y goblins en la muralla de la ciudad. Ahora sin embargo no se encontraban ellos y por tanto sentía que se hallaba al descubierto, sin protección alguna. Dimch era casi que su guardespaldas, no obstante, no era igual. ¿Qué debía hacer? Ciertamente deseaba salir corriendo de allí.

Stella era alguien confiable, al igual que Camus, aun así, sentía que Mena habría hecho un mejor trabajo bloqueando la entrada secundaria mucho antes o movilizando a todos a un punto más seguro.

—No podemos arriesgar a la única persona que puede curar a los enfermos —respondió Camus a la pequeña y de inmediato sostuvo con fuerza a Stella y avanzó hasta otra tienda.

—¡Amy! —Melanie se acercó en carrera.

—¿Qué sucede? —El campamento era muy grande, pero trescientas personas era muy poco, así que era fácil hallar a cualquiera, incluso cuando todos corrían y los goblins se hallaban dispersos entre ellos.

—¡El señor Vermont quiere que vayas, parece preocupado!

—Los orcos llegaron, va a iniciar una batalla.

—¿Es cierto? Abert estaba comentando, me dijo me escondiese o me escapase por una entrada secundaria.

—Probablemente sea lo mejor, la acaban de mandar a cerrar. Probablemente derrumben la entrada.

—¿Qué? ¿Pero por donde escaparíamos? —Melanie abrió aún más los ojos.

—No sé. Supongo que no hay opción de escapatoria.

—Pero eso es una locura, todos podríamos morir aquí —Amy notó la cara de espanto de la chica y buscó de tranquilizarla.

—Para eso se formó la coalición con los goblins, para poder resistir esta batalla, seguro será dura, pero se superará.

—¿Tu crees? —Melanie bajó la cabeza mientras avanzaban —A veces me pregunto si estuvo bien abandonar el camino de los aventureros. Me sentía segura trabajando en la taberna, con la señora Katie y el señor Vermont, pero ahora, siento que soy una carga y que no puedo siquiera sujetar una espada.

—¿Por qué lo dejaste?

—Vi morir a alguien y después de eso no quise continuar, además fui herida y sentí que me matarían.

—Cierto, Allan nos contó un poco de eso a Miry y a mí —Estaban cerca de la fogata donde el señor Vermont preparaba algo de sopa de naga —Mena también estaba en ese grupo ¿no?

—Mena es distinta, siempre se mostró más fuerte que los demás. Pensé que ella y Vert serían los capitanes de nuestro grupo, eran casi intocables.

—Pero no habían luchado antes.

Pero si habíamos practicado con las armas, nuestros movimientos. Allan parecía que no podía sujetar bien siquiera una espada, luchaba con ella como si le pesara, por eso prefería tener un cuchillo siempre. Ambos éramos torpes, mientras que Vert realizaba los movimientos de forma rápida.

—No sé que decirte.

—Descuida, solo pensaba en voz alta, estas situaciones me ponen los nervios de punta.

—¡No puedo hacer que esta sopa tenga siquiera un sabor decente, he agregado todas las raíces que puedo y todavía sabe a caracol, es asqueroso! —Vermont resoplaba tomando asiento frente a una cacerola. Al verlas acercarse las animó para que se sentaran a su lado.

—Descuide, no creo que nadie coma sopa en este momento. Los orcos están movilizándose.

—Eso es obvio, pero de seguro atacarán dentro de horas o mañana cuando…

—Están a poco de atacar ahora— Intervino Amy cortándole. El señor Vermont abrió los ojos sin dar crédito a sus oídos.

—Es cierto, por la zona de allá se pueden escuchar unos tambores a lo lejos, y los goblins están corriendo de un lado para otro.

—¡Entonces no tenemos tiempo para estas tonterías! —se levantó de un salto y buscó su morral —¡Debemos irnos cuanto antes! —Volteó a mirar a Amy— De eso quería hablarte, quiero que nos marchemos juntos a Selyntos, le pagué a Abert para que me averiguase una ruta hasta el primer piso. No será sencillo, pero podemos hacerlo. Después de allí será cuestión de hallar una salida o hacerla nosotros mismos. No importa cuanto tengamos que cavar. Tengo algo de dinero, unos treinta dots de oro, lo cual obviamente no es mucho, pero podremos llegar y buscar de trabajar en…

—Dudo que podamos salir— Intervino Amy —Vengo de reunirme con Camus y Stela, y ordenaron tapar la segunda entrada. Dejarán solo una con la finalidad de poder contener todo lo que puedan a los orcos.

—¿Qué está pensando Camus? ¡eso es una locura! ¡No pueden bloquear esa entrada, significa encerrarnos!

—La intención es poder resistir lo más posible sin que nos rodeen por completo.

—Bueno, desde ese punto de vista no suena tan ilógico. ¿tú que crees Amy? ¿hay posibilidad frente a los orcos? Yo no puedo hacerme una idea real, jamás he peleado contra un orco, en mis tiempos aventurarme al piso diez del abyss ya era bastante problemático. Tambien pagaban mejor por los materiales que conseguías, así que era más rentable.

—Pues… —Dudó— La verdad los orcos son muy fuertes. Además, en la batalla de Utghardie descubrimos que tanto los goblins como los orcos tienen magias que nosotros desconocemos. Supongo que tener a los goblins de nuestro lado hará las cosas más equilibradas. O eso creo, al menos los goblins son muchos, eso está a favor.

—La verdad yo no le tengo mucho aprecio a los goblins —Susurró Melanie observando a un grupo de cinco que corría en dirección a la entrada principal.

Dimch se mantenía en silencio con algo de incomodidad. La presencia de Melanie le recordaba la perdida de Teresa, un recuerdo que todavía le abrumaba e impedía dormir de forma cómoda. Además, en algún otro lugar de aquellas cuevas la lucha contra el ejercito orco iniciaba.

El no era el mayor guerrero, ni el más diestro, sin embargo, tenía cierto deseo de luchar en ese momento. Los recuerdos de Teresa estaban todavía frescos y su sangre hervía de solo recordarla.

Dimch tomó un poco de sopa en un cuenco y le dio una pequeña probada. Ciertamente el sabor era asqueroso y procuró botar su contenido de la manera más amable posible. Tirándola al suelo mientras Vermont no le observaba.

Unas trompetas de guera se dejaron escuchar desde lo lejos, seguido del grito de personas y goblins. Ninguno de ellos alzó la cabeza. Un temor comenzó a formarse en sus corazones de forma estable. Eran muy pocos hombres en la lucha y no podrían resistir. De un momento a otro la lucha llegaría hasta ellos.

—Creo que no sería mala idea el ponernos protectores— Sugirió Vermont con una sonrisa entrando a una tienda y sacando un grupo de armaduras de cuero reforzado para brazos y piernas. Amy se sintió un poco mal, de todos ella era quien tenía una protección más decente y costosa. Aquello era producto de las incursiones al abyss junto a Miry, Allan y Mena. En comparación con sus refuerzos de orifalquio, los protectores de cuero reforzado eran juguetes sin sentido.

Melanie empezó a llorar en silencio mientras se colocaba las piezas en las piernas —Abert está allá luchando…—Dejó escapar casi en un lamento.

—Descuida chica, todos estaremos bien, solo debemos sobrevivir este día, o noche, no tengo idea de que hora será en la superficie —Benjen se acercó ayudando a Stella de un brazo y junto a Ciel y dos niños.

—El ambiente está muy tenso, somos pocos los que estamos acá —Pronunció Ciel tomando asiento cuando se escuchó un fuerte sonido semejante a una explosión.

Amy no volteó a ver al fondo como hacía el resto, en cambio se fijó en la cara crispada de Stella y como se mordía el labio y apretaba las manos de forma instintiva. Si alguien deseaba estar en el frente luchando, era definitivamente ella.

—Se intensifica la lucha— Benjen expresó en tono serio y grave.

—Confiemos en que podrán detenerlos allí y todo estará bien —Expresó Ciel acariciando el cabello de uno de sus chicos.

—Pasarán, solo es cuestión de tiempo, pero los orcos llegarán hasta acá.

—¿Cómo puedes decir algo tan cruel Stella? — Ciel se hallaba crispada y su voz dejaba notar que faltaba poco para que rompiese en llanto.

—He peleado en varias batallas. Incluso una vez en contra de los muertos. Jamás habíamos estado en una situación tan desventajosa, no hay muchas formas de sobrevivir aquí. Si yo fuese ustedes estaría buscando armas para pelear hasta que se me acabe el aliento— Mostró que en la cintura llevaba una espada y una daga, aunque dada su condición Amy dudó sobre lo que sería capaz.

Dimch en cambio parecía convencido de aquello y sujetó su martillo de guerra con fuerza mirando de soslayó la lejana entrada principal.

Fue en ese momento de tensión cuando sucedió lo que nadie esperaba. Una enorme explosión hizo retumbar el abyss y sentir un fuerte miedo entre los presentes. Las paredes y el techo se agrietaron y de pronto colapsaron. Una marejada de cientos de orcos cayó desde el piso superior sobre las tiendas.

En dos segundos se pusieron de pie y observaron su alrededor, la mayoría del lugar desierto y lleno de humo.

Amy se hallaba a lado del señor Vermont, quien le empujó y Melanie. Afortunadamente los tres estaban a salvo mientras a su derecha se observaba un pedazo de roca enorme que se estrelló contra el suelo y a escasos dos pasos unos cuatro orcos mostrando sus dientes, felices de hallar presas fáciles para comenzar su festín.

Impresionantemente Dimch salió de sus espaldas y recibió a uno de ellos con un golpe directo a su cráneo.

El orco no logró saber qué ocurrió. Su cuerpo dejó de tener consciencia propia y de pronto fue expulsado contra la tierra. Apenas tocó esta se hallaba muerto, y sus compañeros mostraban los dientes y amenazaban con sus espadas.

Imagino una forma afilada cerrando sus ojos durante un segundo y concentró sus energías en ello, luego en su velocidad, debía desplazarse tan rápido como fuese posible —¡Agua! — Una lanza líquida brotó frente a Amy y atravesó al orco más cercano. Había entrenado aquello un par de veces, pero no esperó saliese tan bien, más cuando estaba sorprendida y muerta del miedo.

—¡Levántense, es hora de luchar! —Para sorpresa de Amy, Stella se hallaba a unos siete metros completamente de pie, con su pierna cortada alzada y sosteniéndose sobre una sola pierna. Aun así se encontraba completamente erguida y con la espada frente a ella. Una estatua no habría logrado hallarse tan recta y firme.

Probablemente eso resultó tonto al orco que se lanzó sobre ella. Stella apenas movió su cuerpo girando levemente a un lado, dejándole pasar, no sin antes clavar su espada en su cuello y sacarla de forma limpia para apuntar el próximo contendiente.

—Ads regeneración— Susurró Amy dejando un aura en todos los presentes. La activó especialmente al notar que uno de los hijos de Ciel tenía la cabeza sangrante producto de una roca. ¿Qué debía hacer? Ella no era una usuaria de lucha cuerpo a cuerpo. Por lo general se quedaba en la retaguardia mientras Allan y Miry se encargaban de enfrentar a todos cuerpo a cuerpo. Ahora no tenía tan lujo, Al menos cuarenta orcos se hallaban alrededor de ellos armados por completo.

—¡AHHHHH! — Dimch interpuso su martillo a un ataque de una espada y retrocedió un paso antes de dar un martillazo al pecho de aquel orco, no obstante, recibía una herida de espada en el brazo izquierdo.

—¡Malnacido imbécil! — Vermont ondeó el hacha frente a él mientras Melanie se quedaba detrás junto a Ciel y los niños. Poco a poco se formaba un círculo y eran rodeados. 

—¡Todavía quiero cogerme un par de culos y tener sexo con un trio de rubias! —Benjen sacó de su bolsillo unas cuatro esferas pequeñas negras, las encendió por fricción contra un pedazo de pedernal y lanzó al aire. Las esferas estallaron al instante sobre las cabezas de un grupo de orcos que apenas lograban aterrizar desde el piso superior creando caos. El estruendo se sintió en toda la recámara del abyss e hizo retumbar el suelo.

Amy pensó que todo se derrumbaría bajo sus pies, pero no fue así. Varios orcos terminaron mutilados y sus restos volaron por entre los presentes llenando el aire de un aroma nauseabundo. De pronto se escuchó la voz de Stella gritando en lengua orco y estos se mostraron confundidos ante el hecho.

—¡Ads Agua! —Amy concentró su energía y en su mente le brindó la forma más semejante a una flecha. Era difícil de moldear, en extremo y tomaba casi toda su concentración. Dimch entonces bloqueó un ataque al cuerpo de la chica con el martillo y Vermont se levantó del suelo ayudado por Melanie. La forma fue lo más afilada que podía y alzando su brazo la dirigió entre los orcos. La daga de agua cruzó el aire y perforó los cuellos de dos orcos y continuó a la derecha por otros tres que se hallaban allí. Comenzó a bailar alrededor de ellos.

Un grupo de goblins se acercó hasta ellos atacando a cuanto orco lograban acercarse. El grupo de batalla se comenzaba a concentrar en aquel punto y los orcos estaban sorprendidos ante una maga que lograba perforar a quien se acercase con una flecha de agua.

—Si vuelves a lanzar bombas sin advertirnos Benjen, seré yo quien te patearé las bolas hasta que no queden nada de ellas— Stella se hallaba de pie espada en mano con todo el rostro lleno de tierra.

—¡Flecha! —Gritó de pronto Melanie, quien vio como una cruzó el aire y se incrustó en el pecho del señor Vermont, quien se interpuso en el camino de Amy para cubrirle.

El hombre bajó la mirada y observó el pedazo de madera prominente de su pecho. Y con dolor lo tomó entre sus manos y sacó la punta con un grito agónico y fúrico que llenó la estancia. Lleno de energía se lanzó a la batalla blandiendo su hacha en carrera, cuando otra flecha se clavó en su pecho y le hizo caer al suelo mugriento.

—¡Vertmont! —Gritó Melanie. Amy había perdido su concentración al ver como el hombre caía a su izquierda. La flecha de agua desapareció cayendo al suelo como simple agua.

¿Cómo había pasado aquello? Notó entonces que un grupo de orcos apuntaban sus arcos desde el risco del piso superior. El agujero por donde cayeron les terminó brindando una ventaja de lucha. Ellos se hallaban en posición superior.

Fue Melanie quien tomó el hacha con el rostro envuelto en llanto y se colocó frente al hombre que escupía sangre en el suelo. Lanzó un grito mientras se lanzó a un ataque desesperado blandiendo el hacha de un lado a otro.

Los goblins rezongaban algo en su lengua y un par de ellos comenzaron a disparar flechas contra los orcos en la zona superior.

—Esto comienza a verse feo y esta es mi última carga. Después de esto estamos jodidos— Benjen sacó otras tres esferas y las lanzó a un grupo de orcos al frente. El estallido llenó el aire de polvo, piedras y ruido.

Aquello no eran bombas grandes capaces de destruir todo a su paso. Tan solo tenían efecto en unos cinco metros de radio, pero los pedazos de orco quedaron en el suelo y el desorden causado les beneficiaba. Los goblins parecían agradecer aquello puedo un par de ellos asestaban sus flechas a los enemigos en la zona superior.

—¡No! — Ciel detuvo la espada de un orco con su mano desnuda, y el filo atravesó la piel, músculo y hueso hasta por debajo de la muñeca. Sus dos hijos gritaban mientras la mujer lloraba intentando de tener a aquel orco frente a ella —¡A mis hijos no! —Su mirada era la de una mujer decidida a darlo todo.

Los gritos a su alrededor les hizo notar que Camus y su grupo no estaban lejos. De alguna forma habían retrocedido y replegado hasta encontrarse a pocos metros de distancia. Los goblins a su alrededor no eran fuertes, pero peleaban en grupos que abrumaban a los orcos circundantes.

—¡Ads sanación! ¡Ads regeneración! —Un aura se esparció alrededor de Amy. A este paso morirían todos si ella no los curaba. Aquello le agotaba a un punto extremo, podía sentir que la energía le abandonaba y su cuerpo se tornaba frio, mientras que sus piernas temblaban como gelatina y le decían no duraría mucho de pie.

Vermont se levantó sorprendido por aquello mientras la herida en su pecho empezaba a cerrarse. Benjen ahora tacleó al orco frente a Ciel y esta se recuperaba en el suelo con su hijo e hija sobre ella llorando.

—¡Camus está luchando contra Geth! —Comentó Stella en un grito y todos observaron en la lejanía y entre los cuerpos como había una concentración de soldados y orcos al ritmo que bramaban y gritaban al ritmo de la lucha.

Geth era un enemigo formidable, fuerte, ágil y con habilidades que Camus siquiera comprendía como podían ser tan potentes. Eran habilidades que él ya había visto en algunos aventureros, pero que en conjunto causaban estragos en la batalla.

—¡PANICOOOOOOO! — Gritó el orco con voz ronca al aire y Camus sintió como su cuerpo palidecía ante la enorme montaña de músculos del orco. Deseaba escapar de allí con todas sus fuerzas. Retirarse y reunir fuerzas, o mejor, jamás volver a ver a aquel enemigo. Sus manos aún estaban sentidas de chocar sus espadas una contra la otra. Siquiera protección pudo frenar aquel estallido de poder —COONNCENTRRRACCION— Su voz era áspera, pero su mirada fue tan certera y afilada que el hombre pudo sentir leían cada uno de sus movimientos— ADS FRENARRRRR— Ese era la peor de todas sus habilidades. Camus sintió que el aire se volvió tan denso como si fuese un líquido, y moverse en medio de este era difícil y lento. Sus movimientos se hacían torpes a semejante velocidad.

No obstante, pudo detener la arremetida del orco y el ataque subsecuente con la espada desde un costado. Moviéndose tan lento solo podía realizar los movimientos exactos y más necesarios para protegerse.

Rotó su cuerpo al tiempo que soltó su espada y rotó la mano para tomarla nuevamente e interponer su espada ante la de su enemigo. Las chispas brotaron mientras activó protección y energía. Su cuerpo soportó el embate apenas moviéndose de su lugar.

Debía ganar a como diese lugar. No había camino para rendirse y retirarse en ese momento.

No llegó a notar que el orco sacó una daga con su mano izquierda de la espalda. El filo helado se clavó en el cuello de Camus. La sangre caliente llenó su boca con un sabor metálico y cayó al suelo.

¿Esta era su muerte? El miedo llenó su cuerpo mientras la vida se le escapaba de las manos. ¿Tan débil era? Había pasado la mayor parte de su vida entrenando. Desde niño jugando con espadas de palo buscando ser más fuerte y allí se acababa el camino.

Sacó la daga de su cuello y se levantó mareado. La mayoría de su visión era oscura y difusa, pero allí frente a él estaba Geth, el jefe orco, no necesitaba nada más.

Blandió su espada dispuesto a acabar con todo allí mismo, pero una espada se clavó en su espalda perforando todo su cuerpo y saliendo por el frente. Camus levantó la mirada, aquello no había sido Geth, fue obra de otro orco. Aquello no era siquiera honorable o limpio. Pero ese era su error, pensar que los orcos lucharían de forma honorable. Cayó al suelo y sucumbió ante la oscuridad dejando de sentir su cuerpo, hasta que sus pensamientos se volvieron difusos y dejaron de existir.

El clamor de victoria de los orcos llegó hasta los oídos de Amy y Stella. Regeneración y Cura estaban activas en ese momento pues Dimch y Benjen estaban heridos, mientras Melanie, Vertmon y Ciel luchaban a manos desnudas contra los orcos más cercanos.

Amy no logró ver de donde salió, pero una daga se incrustó en su abdomen y la sangre comenzó a manar como afluente rápidamente. No era tan doloroso como pensaba, el frio le invadía desde el lugar de la herida y sus fuerzas se iban. No se percató de cuando cayó al suelo y golpeó su cabeza. Entonces rozó su cabeza contra una roca y observó su alrededor. Todos luchaban a muerte por sus últimos momentos de vida.

Quizás si usaba sanación una vez más, pero estaba en su límite y esta requería demasiada energía. Dudó que tal magia funcionase estando tan débil. Se iba y extrañó a Mena, Miry y Allan. La roca nuevamente rozó contra su cabeza en la zona rapada y recordó el pacto realizado.

En ese momento Mena lloraba y le temblaban las manos mientras cortaba el cabello.

Les había jurado mantenerse viva hasta que ellos regresaran, y eso iba a hacer. Se levantó del suelo y clamó desde lo más profundo de su ser —¡AGUA! — Aquello no era una petición, era una orden. Una docena de estacas de agua brotaron del suelo y se elevaron atacando a los orcos desde un punto donde no podían siquiera protegerse.

—¡AGUA! — Un torrente cayó desde arriba y luego ascendió cortando todo a su paso. Amy se quedó paralizada, esa nueva invocación no fue producto de ella. La voz ronca y el cuerpo pequeño del viejo Helim cayó desde el piso superior con gran estruendo —¡Te enseñaré como se hace magia niña maga!

El agua se concentró a un lado y luego se movió como si fuese una espada gigante frente al viejo. Cortó de pronto a una decena de orcos frente a él y partió en carrera activando prisa — Ads camuflaje— pronunció al tiempo que desaparecía frente a la vista atónita de los presentes. El miedo se esparció como pólvora entre los orcos quienes observaron como una estela de agua cruzó el lugar cercenando cabezas y en el otro extremo una bola de fuego se formó consumiéndoles.

—Cura— Amy se sentó en la tierra curándose a si misma. Agradecida de ver a Helim unirse a la batalla. El viejo asesinó a tantos en un instante que pudo notar frente a ella un claro despejado con cuerpos negros esparcidos en el suelo. Aquel hombre era el más fuerte que jamás conoció y su nivel de magia estaba muy por encima del suyo.

Entonces apareció nuevamente frente a ellos para ayudar a Stella a ponerse en pie al igual que Amy. Hasta entonces la chica no lo había notado, pero uno de los brazos del viejo estaba hecho completamente de agua. Este se movía de forma constante sin abandonar la forma de un brazo.

El viejo notó la mirada de Amy y comentó —Lograron cortarme el brazo, esto fue una solución momentánea… Mu en cambio… mataron a Mu. Mataré a todos estos malditos orcos. Morirán todos.

Amy se resignó a asentir con la cabeza, estaba segura de que el viejo estaba llorando en sus adentros. Mu era su compañero desde hacia años, y los orcos le asesinaron frente a él.

—Si vamos a morir hoy, moriremos peleando— Expreso Stella de pie apretando el puño de su espada.

—¿Morir? — Helim preguntó extrañado— Hoy no vamos a morir, los orcos están retrocediendo. Todo el abyss está temblando, algo extraordinario debe estar sucediendo abajo.

Amy no lo había sentido, el suelo vibraba y no era producto de la batalla que allí se libraba. Era como si una fuerza enorme se desatara a sus pies, como si el abyss entero se resintiera y fuese a estallar —¿Qué es esto? — El zumbido iba en aumento y las piedras pequeñas vibaraban bailando en el suelo.

—No me preguntes a mí, no tengo idea. Solo vine a matar a todos los orcos ¿me ayudarán?

—Será un placer viejo— Soltó Stella mientras Amy reunía todas las fuerzas que en su cuerpo quedaban. Lucharía hasta el final. 

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