3. CAZADOR

Al día siguiente desperté en el hospital y salí con los primeros rayos del sol. Mi ropa estaba destrozada, pero no tenía ninguna otra que llevar encima y no me apetecía andar desnudo. 

Caminé lento y pedí en la muralla externa una pala prestada. Deambulé por entre los árboles y hallé el cuerpo de Vert. Su cadáver había sido picoteado y mordisqueado. Sus entrañas estaban regadas y sentí cierta ira invadirme. Su arma tampoco estaba. 

Observé un poco los alrededores y comencé a cavar un agujero y sin percatarme a derramar lágrimas. Al principio pequeñas y temporales, luego amargas, enormes y en copiosas cantidades. El vacío se instaló en mi pecho y me di cuenta que sentía como si me hubiesen quitado a mi mejor amigo, o a mi hermano de toda una vida. 

Mi llanto era profundo y sentí ganas de dejarme caer en el pequeño hoyo que llevaba. ¿Qué acaso no teníamos planes de una posada? ¿Dónde quedaba aquello de cuidar juntos de las chicas? ¿Cómo podía morir tan de prisa? Aquello no fue heroico ni digno de mención. 

—No me dijiste si te gustaba Mena o Melanie —clavé la pala más profundo sin ver su cuerpo, estaba tan destrozado que dolía — Melanie es especial, sería una esposa magnífica, pero Mena es fuerte, una compañera en quien confiar —Suspiré hundiéndola nuevamente. La tierra estaba suelta por aquella zona —Creo que a Mena le gustabas. 

No sé la causa. Una ira repentina me llenó —¡Debiste cubrirte mejor! ¿Qué pasó con lo entrenado con las chicas? ¿Solo estabas viéndoles el culo? ¿Cómo Vert? ¿Cómo? —arranqué a llorar nuevamente y decidí que, mientras más rápido terminase mejor me sentiría. 

No escuché el silbido, solo sentí una punzada fuerte en la pierna izquierda. Bajé la mirada y vi la punta de una flecha sobresaliendo de mi muslo atravesado. Se me heló el cuerpo y giré. Un grupo de cuatro goblins se lanzaron sobre mí. Aquello era una trampa. 

Sentí en carne viva lo que sintieron el par que matamos el día anterior. Ser rodeado y atacado por sorpresa, además, a mí sí me lograron herir a la primera. No podía escapar, quizás sería más rápido que ellos, pero estábamos en una zona alejada de otros guardias, y los goblins son famosos por conocer el bosque por completo. 

Apreté los dientes y me preparé, probablemente moriría allí, al lado del cuerpo de Vert. Tres de ellos eran de estatura media y de un verde oscuro, no obstante, estaba aterrorizado por el cuarto de ellos. Era excepcionalmente alto y fornido, de piel grisácea y dientes afilados prominentes. 

El primero de los pequeños se me lanzó encima con una daga en la mano y le golpee en la cabeza abanicando la pala. Cayó a la tierra y no se movió, yo aproveché para sacar mi espada corta de su funda y cuadrarme en posición. 

Todo sucedió muy rápido, el siguiente me atacó de frente con su espada. Retrocedí y me agaché para evitar el siguiente ataque. Propiné una patada al segundo y crucé mi arma con la suya. El problema radicó cuando se vino contra mí el más grande. Tuve la agilidad para ver el movimiento de su brazo e interponer mi espada a la suya. Hasta entonces no había comprendido la diferencia en fuerzas. El resultado fue que mi cuerpo sintió la explosión en mis brazos y mi espada se rompió mientras los miembros superiores salieron expulsados hacia atrás.

Quedé boquiabierto y recibí el puño con el costado de mi cuerpo. Volé, choqué contra el tronco de un árbol y caí al suelo con la vista nublada. Vi cómo se acercaban hasta mi cuerpo y perdí el conocimiento. 

Sentí el calor y crepitar de las llamas frente a mí. El ruido llegó y abrí los ojos con confusión, dolor en mi pierna y cabeza. Me encontré frente a una fogata, la noche caía y a mi alrededor había al menos unos siete goblins. Cuatro de ellos estaban sentados alrededor del fuego bebiendo y comiendo. Hablaban en su idioma de forma bastante animada moviendo los brazos y pasando la bebida entre sus manos. 

Me hallaba amarrado de pies y manos con sogas gruesas sobre el suelo húmedo. La flecha continuaba clavada en mi pierna, no necesitaba verla, dolía y ardía. Tenía un moretón horrible en ambos antebrazos y el costado izquierdo. 

A un lado, había un par de palos con conejos muertos atados y un enorme pedazo de carne. La pierna de algún animal obviamente. Una cacerola hervía en el fuego mientras uno de los seres lanzaba al agua hirviente lo que parecía una papa.

Los otros tres goblins llegaban con un jabalí muerto y atado para lanzarlo a las llamas sin preámbulo. Uno de ellos era extremadamente pequeño, ataviado con huesos y un pequeño bastón. Los otros dos eran de piel grisácea, altos y corpulentos. Les faltaba un palmo para ser un troll. 

Me pregunté la causa de hallarme con vida en semejante lugar, principalmente el hecho de hallarme con vida. Podrían haberme matado mientras estuve inconsciente y no haber sentido nada de aquello. Ahora me encontraba en tal sitio, donde llegaba el hedor a goblin, madera quemada, humedad y cerdo cociéndose lentamente, la grasa en especial daba un olor que llenaba el aire. 

Reconocí al goblin enorme que me golpeó previamente. Se sentó con estrepito sobre una roca y arrancó una pierna del jabalí de un tirón. Me imaginé que aquello podría ser mi brazo, desprendido de tan solo un jalón,a lo cual solo pude tragar saliva. 

Uno de los goblins se acercó a mí con expresión curiosa, o eso pensé al principio. Luego pude ver a sus ojos y lo noté, era ira. Una furia que iba por todo su cuerpo y escapaba por sus ojos hasta mí. No fue difícil adivinar sus razones, asesiné a sus compañeros el día anterior, además despedacé sus cuerpos. No quedaba duda, tenían sus razones para matarme. 

El más alto del grupo se levantó y me propinó una fuerte patada para luego enterrar mi cuerpo contra el lodo. Sentí que mis costillas se rompían bajo el peso de su pie, mientras los demás reían abiertamente. El pequeño se acercó a mi rostro y me gruño escupiéndome, hablando en su lenguaje. Torció la flecha en mi muslo con satisfacción mientras grité de dolor y rio abiertamente junto a sus compañeros. 

El grandulón sacó la flecha de mi pierna y en su lugar clavó su daga. Yo me retorcí de dolor y lloré mientras el resto festejaba y comía. 

Resulta curioso, pero ya en ese momento estaba listo para morir. Rendirse es sencillo, consiste en dejarte llevar por lo que sucede y esperar que el filo de la daga llegue y atraviese tu cuerpo. Tienes el miedo al dolor, pero la certeza que después de eso todo habrá acabado. Tu cuerpo se calma y observas todo con atención y parsimonia. Esperando que llegue el momento de abandonar este mundo. 

Fue gracias a esta templanza y estado de calma que logré observar las hojas a mis pies. Era Fermaria, lo que Mena llevaba en la mano el día anterior en el hospital. Un potente analgésico que colocado sobre el agua durmió a un hombre con una pierna cortada. 

Tomé un puñado. Primero unas cuatro, luego unas siete más. Me arrastraba lentamente por el lugar como si me lamentara por mi dolor. Me había desatado las manos mucho antes, pero seguía tendido en el suelo y las ataduras de mis pies continuaban fuertes. ¿Por qué me desaté y quedé allí? Estaba listo para morir, pero las ataduras en las muñecas me escocían de dolor. Aunque esperes que tu final llegue, evitarás todo el dolor posible. 

Me arrastré hasta la fogata y fingí pedir algo de comida. Fue natural que el mayor de ellos se levantase y me lanzara una patada. Yo tan solo aproveché para arrojar una veintena de hojas sobre la cazuela que sacaron del fuego. 

La luna ascendía y observé como comieron, bebieron y uno de ellos buscó de afilar una espada. La hora de matarme se acercaba y yo esperé paciente, sin saber con certeza que esperaba, si era mi muerte o la de ellos. 

Cayeron al suelo después de veinte largos minutos. Tardé un rato en lograr quitarme las sogas de las piernas, principalmente porque las manos se me entumecieron un poco por el contacto con las hojas. Me coloqué una más en mi pierna ensangrentada y tapé la herida. Y … descansé. Me senté frente a la fogata debido al frio, al lado de los goblins desmayados. 

Estaba algo embriagado, no sé si por la libertad, la victoria o la hoja en mi pierna. Lo cierto es que vi aquellos seres a mi lado y me planté salir corriendo de allí y huir. Luego recordé la muerte de Vert y toda mi sangre hirvió. Por culpa de su raza mi amigo estaba muerto y no había nada para reparar aquello. 

Les maté rápido, dos de ellos intuí que de hecho ya estaban muertos cuando enterré un cuchillo en sus pechos. Era triste, minutos antes podría haber sido yo. Sin duda ninguno de ellos deseaba morir, y allí estaba yo clavando puntas filosas en sus pechos y girando para que no se levantasen. El mayor de todos abrió los ojos mientras la muerte se acercaba hasta él. Esa noche comprendí lo fría y cruda que es la muerte. 

Cruel, la muerte llega y te despoja de todo, en un instante u otro. 

Tarde en reponerme, comer algo del jabalí asado y detallar mi alrededor. Estaba muy adentrado en el bosque y no sabía guiarme por las estrellas. Estaba perdido y más en lo profundo de lo que me había aventurado jamás. Aunque a decir verdad no tenía demasiada experiencia. 

Me levanté de la fogata y rebusqué entre sus cosas, no encontré mi espada corta. Tenía el vago recuerdo de que esta se había roto cuando el goblin enorme me atacó. Entonces decidí buscar una espada adecuada. 

Me llamó la atención una pequeña de mango rojo muy bien elaborada. Obviamente perteneció a algún aventurero antes, demás está decir que no me importó. Entonces noté una bolsa recostada sobre un árbol y registré en ella. Encontré otras dos espadas, una daga, una camisa, un protector para piernas y un martillo con una punta en esta. Un arma hecha para reventar escudos de madera. No había ningún escudo en el lugar. 

Me dirigí hasta uno de los goblins y tomé los protectores de sus manos, eran de cuero negro y curtido, pero era mejor que no tener nada. Entonces me dispuse a retirar sus huesos. 

Tardé horas, y el amanecer llegó cuando yo finalizaba mi tarea. Entonces comprendí un par de cosas, aquel era terreno plagado de goblins y mientras la sangre de estos estuviese en mi ropa no me sentirían tanto. Por otra parte, no tenía la menor idea sobre cómo llegar a la ciudad. Lo mejor que podía hacer era resguardarme y descansar un poco. 

Metí los huesos en una bolsa y trepé hasta un árbol y los até a una rama. Luego descendí y tomé hojas de Fermaria, los dos conejos y algo de jabalí. Subí lo más alto que pude y me até al árbol para dormir. 

Desperté asustado y sin comprender nada. Pronto capté que nada de aquello había sido un sueño, la pierna me dolía horriblemente. Perdí grandes cantidades de sangre y mi vendaje fue maltrecho. Allí donde estaba sobre la copa de un árbol, deshice mi antigua camisa y me dispuse a realizar una mejor cura de aquella herida o perdería mi pierna. 

Fue entonces que escuché el sonido de la lengua de los goblins a mis pies. Al instante me embargó el miedo, este solo se disipó suavemente con el pasar de los minutos. 

Era un grupo de cinco de ellos, iban mejor armados que los primeros y lucían mucho más peligrosos. Uno de ellos era alto, portaba lanza, zapatos de cuero, un casco metálico con cachos y protectores de cuerpo. 

Yo permanecí en silencio observando desde las alturas, procurando no hacer ruido alguno. No tardé en notar no se irían de inmediato pues se sentaron y prepararon un poco de comida.

Desde mi escondite tenía una visión bastante distinta. Vi a un par de criaturas de mediana estatura pasar por allí y escapar de la vista de los goblins. La única forma en que podría describirles es con la palabra “sapos”. Su rostro era como el de una rana y llevaban lanzas a un lado. Desaparecieron de inmediato bajando por la zona del este. 

Pasada una hora, observé a otros dos goblins acercarse junto a un perro. O algo bastante semejante a un canino, pues tenía poco pelaje y una enorme joroba en la zona trasera que le daba un aspecto más escalofriante. Desde donde estaba era imposible calcular su tamaño. 

Los grupos se juntaron, compartieron comida y luego los otros dos se marcharon. Fue entonces cuando observé algo muy interesante y peculiar. Llegó un goblin bajito y cabezón con un atuendo bastante similar al que llevaba el menor de los que asesiné. Portaba colgantes y calaveras en su cuello, además llevaba un bastón bastante similar al que observé por la noche. 

Llegó y dio indicaciones a los otros presentes. Estos se movieron de prisa y colocaron los cadáveres sobre el fuego que apenas tenía vida en ese momento. Se paseó por el lugar y bramó algo en su lengua, después los cinco goblins se sentaron y quedaron rectos, todo mientras el pequeño dibujó en el suelo alrededor de la fogata un círculo y recitó algo antes de quedarse de pie. 

El fuego de pronto se tornó azul, yo sentí un frio y un ambiente pesado instalarse a mi alrededor. Era como si llenaran el aire con una mezcla densa que no te permitiese moverte bien. Y entonces las llamas azules crepitaron y los cuerpos se esfumaron como si fuesen polvo que el viento se lleva. Se diluyeron a una velocidad impresionante dejando solo fuego amarillo nuevamente tras de sí. 

El goblin pequeño grito y refunfuño un par de veces más, antes de marcharse entre los arbustos, los otros cinco le siguieron sin rechistar. Mi mente me instó a irme de allí, el sol salió y a medida que subía pude hacerme una idea de que esa era la dirección de la ciudad, pues había observado a este salir desde el faro. Esa fue mi prudente mente. 

Mi cuerpo no actúa tan prudentemente, mi corazón es irracional y se deja llevar fácilmente por la sensación y los sentimientos. Por lo tanto, seguí al grupo de goblins pasando de rama en rama por la copa de los árboles. Dejé mi trapo ensangrentado atado al tronco para recordar el lugar y tener alguna guía. 

Desde arriba es más fácil guiarse por el bosque, aunque más difícil avanzar. Afortunadamente no me interesaba ir rápido y el lugar al que los goblins se dirigían estaba a solo media hora de caminata. 

Debía mantenerme a suficiente distancia como para moverme sin que me escucharan, yo no era el ser más cuidadoso y silencioso del planeta. Descendimos por una cuesta y los árboles comenzaron a juntarse de tal forma que no había suelo de tierra y cada ejemplar era más alto. Esto me dio cierta libertad y facilidad pues las ramas eran más gruesas y menos ruidosas. 

Me impulsaba la ira en primer lugar. En segundo, una enorme curiosidad por lo que hizo aquel goblin pequeño con los cuerpos de sus compañeros. No era normal que unos cadáveres se esfumaran en el aire. Tercero y último, por mi gran sentido de idiotez que me guía donde menos debería ir. 

Llegaron a un grupo de ruinas de piedra que daba la impresión de ser una fortaleza abandonada cientos de años atrás. Estaba repleta de enredaderas, tierra y zonas mohosas. Las rocas parecían mantenerse aún una sobre la otra gracias a la fuerza del barro incrustado y las plantas que se tejían entre ellas. 

El lugar estaba infestado de aquellos seres, calculé al menos unos cien de ellos más unas criaturas grises con pequeñas tonalidades rojas y cabeza de lagartija. Supuse eran kobolds, había hojeado algunas páginas de un libro que Vermont guardaba celosamente detrás de la barra de la posada. 

Todos conversaban en el lugar y desempeñaban diversas funciones. Yo me quedé observándoles en silencio desde lo alto de los árboles. Esperé paciente a que se descuidasen para agregar mi puñado de hojas de Fermaria en la olla enorme de comida o en el barril que tenían en el costado izquierdo. 

El problema es que eran demasiados para pasar inadvertido, y aunque la mayoría se hallaba buscando comida, pelando papas, caminando, conversando o realizando alguna tarea. Con uno solo que girase su cabeza y viese mi figura, con tal insignificante situación, yo estaba perdido. No era el mejor guerrero, ni más decir del más fuerte. 

Por otra parte, había perdido de vista al goblin pequeño de cabeza chata que realizó aquella cosa con los cadáveres. No me percaté del tiempo, la noche llegó y el frio me obligó a acurrucarme sobre una rama y permanecer tiritando lamentando no haber regresado a la ciudad. Llevaba mucho tiempo sin descansar y mi pequeño sueño no fue suficiente para recuperar energía. Eso sin contar que dejé los conejos y la carne de jabalí atrás en los árboles. El hambre no tardó en hacerme compañía. 

Comencé a notar incluso orden de jerarquías dentro de su comunidad, y como se movían por un lugar y otro. Como dejaban marcas en los árboles con las lanzas o cuchillos al caminar. Estaba distraído pensando en comida y viendo a un par de kobolds gruñir cuando noté la presencia del goblin enano y como los demás se reunían alrededor de este. 

De nuevo realizó un círculo en torno de la hoguera y se colocó a rezar al frente de esta. Entonces otra cosa extraña sucedió, un par de goblins se acercaron a las llamas y entraron en ellas como si fuese un parque con atracciones y venta de gemas a precios de ganga. Lo mejor fue ver como salieron del otro extremo con una silueta distinta. Altos y fornidos como guerreros. Eso me dejó impactado, sin importar lo que dijeran en la ciudad, eso era magia y de gran nivel. 

La noche dio paso a una pequeña celebración y todos se lanzaron a dormir en sus lugares. No pude hacer nada pues había quienes patrullaban en la noche. Tuve la sensación de que ellos tenían mejor visión que yo y decidí regresar por entre los árboles. Tardé horas en encontrar el otro lugar, sin embargo, pude comer y dormir. 

Desperté y visualicé de nuevo a aquellos seres con aspecto de sapos deambulando por la zona. El sol estaba algo alto así que debí dormir suficiente. No obstante, tenía el cuerpo entumecido y el trasero me dolía por estar tanto tiempo en la misma posición contra la madera. Entonces me dirigí al campamento goblin y me quedé a la expectativa de ver al enano hacer magia nuevamente. 

El espectáculo solo se repitió por la noche y tres goblins se convirtieron en sus formas altas y macizas. Yo presté mayor atención a las palabras del goblin enano y sus movimientos, procuré grabarlo todo en mi mente paso a paso. 

Así pasé otros dos días, regresando para comer y dormir y viajando hasta el campamento para observar la ceremonia nocturna. Para entonces comencé a reconocer algunos rostros entre ellos. Había uno de nariz alargada, otro de cara plana, estaban el barrigón y el gritón. Esos solían hacer rondas de vigilancia. 

También noté como luchaban contra los seres con forma de sapo y guardaban celosamente su territorio. Los grandes y fuertes eran quienes cazaban usualmente junto a un grupo pequeño que les acompañaba. Esos eran los próximos a ser convertidos en altos y fornidos. 

Actué la quinta noche convencido de conocerme sus manías y movimientos. Me aproveché de que durante el día estuvieron luchando contra un pequeño grupo de seres rana y estaban bastante susceptibles al movimiento. Lancé una roca al otro extremo y observé como los guardias salían a investigar en aquella dirección. Descendí y paseé por la zona trasera del campamento, me escabullí por las camas y seres durmientes y deposité mis hojas pulverizadas sobre la comida. 

Subí y me regresé a mi lugar para dormir, nadie comería hasta el día siguiente. Las sopas eran para las mañanas y noches, en horas de la tarde solían disfrutar de carne. Desperté de mi escondite y dirigí entre los árboles. Ya me conocía el camino y saltaba entre las ramas con tranquilidad. Llegué al campamento y encontré a la mayoría lanzados en el suelo sujetando sus cuellos, mientras otros se arrastraban por la tierra húmeda. 

Deseé haber llegado un poco más tarde, la escena me dio un poco de dolor. Más no reparé en descender y tomar un cuchillo para sacar de aquel sufrimiento sus vidas. 

Noté como sus miradas se clavaban en mi justo antes de matarles. Me veían con cara aterrorizada. Yo procuré hacer todo aquello lo más deprisa posible, quería asegurarme que nadie más sufriera el destino de Vert. Me llevó casi una hora eliminar a todos los presentes. Goblins y kobolds. Dos horas más buscar entre sus pertenencias objetos que me sirvieran.

Un kobold que lucía bastante fuerte llevaba un traje de cuero negro que a mi parecer era excelente y de mi talla. Probé todo el traje y me dispuse a recolectar los materiales. Tardé el día entero y parte de la noche en sacar los huesos de aquellos seres. Tomé las bolsas y las oculté en un agujero, luego apilé los cuerpos pensando lanzar algunos a la hoguera a la mañana siguiente.

Esa noche dormí tranquilo al pie de la fogata con rostros de goblins acosándome en sueños. 

Desperté en la madrugada con el sonido de cosas que se caían a mi alrededor. Un par de goblins exploradores se acercaron y comenzaron a dar gritos ante la escena dantesca. Me levanté y cruzamos miradas. Tomé mi cuchillo y esperé que atacaran. 

No sé qué imagen debía de dar, pero vi temor en sus rostros, quizás porque llevaba días sin ducharme, estaba lleno de tierra y sangre. Me aproveché de aquello y me abalancé de frente. El primero de ellos sacó un escudo de la espalda y procuró cubrirse de mi ataque. Pero yo no pensaba en cortar, salté con todas mis fuerzas y me fui contra su cuerpo, caí y clavé mi cuchillo como un desquiciado sobre su pecho. 

El segundo fue más ágil y me atacó con su espada. Me aparté rodando por la tierra y le observé detalladamente. Llevaba protectores mucho mejores que el resto y sus movimientos eran más coordinados y precisos. 

Atacó tres veces de manera muy acertada y yo esquivé todas por poco margen. Ataqué rumbo a su rostro y este giró en el suelo y se colocó en mi espalda. Corrí por temor a ser apuñalado y me posicioné nuevamente frente a frente. 

La lucha entonces se volvió lenta y se basaba en golpes que iban y venían y eran esquivados. Me fijé especialmente en los movimientos de sus piernas y en cómo se movía a un lado buscando mis costados. En el arco y como extendía todo su cuerpo en el ataque procurando alcanzarme, en el agarre del arma para mayor estabilidad. Acostumbré mis ojos a ese movimiento y mi cuerpo se movió solo. 

En el siguiente ataque esperé hasta el último instante para moverme un poco de lugar más hacía el centro y su cuerpo. El goblin reaccionó moviendo su espada en dirección a mi rostro y yo me protegí con el costado de mi cuchilla. Pasé frente a él y corté desde la muñeca hasta el antebrazo. 

Su espada cayó al suelo y salió despedido en carrera. Yo me lancé detrás de él. Si llamaba amigos, yo estaría muerto. Bajamos una colina por entre los árboles. Él tropezó y yo asesté mi arma en su espalda con un grito y un salto demasiado dramático. Todo terminó entonces. 

El problema principal es que de pronto giré observando mi alrededor y me había adentrado más en el bosque y no tenía ni la menor idea de donde estaba. ¿Qué se hace en momentos como ese? (además de hacerte bolita y rodar). Retrocedes y buscas de regresar por donde llegaste, si eso falla entonces escalas a un árbol y buscas una guía en el terreno. Yo hice ambas sin ningún resultado. 

Estaba tan perdido que solo el sol me indicaba por donde debía de encontrarse la ciudad, yo deseaba volver al campamento porque en este tenía gran cantidad de huesos para vender, al menos unos 150 dots de cobre, o lo que era igual, un dot de plata y aquello era una cantidad de dinero tan grande que me podría permitir vivir con comodidad más de un mes. 

El sol ya salía en el horizonte y me daba la vaga idea de la dirección de la ciudad. Entonces escuché un par de voces a mis pies y decidí esconderme. Un grupo de aventureros caminaba por entre los árboles. Tres hombres y una mujer. Tarde un instante en observar bien, mi vista me decía algo, pero mi mente lo negaba. 

—Es algo simple para una Tumb como tú —el hombre que iba en la retaguardia empujó a la chica y esta tropezó con una roca más no cayó al suelo. Le observó de reojo nada más y se limitó a seguir en silencio. 

—Es inútil una Tumb que no sepa guiar rápido a una guarida. No dormir por perseguir a kobolds de montaña. Menuda tontería.

—En la noche es el mejor momento para acercarnos, son rápidos en este terreno —expresó la chica. Era alta de cabello marrón claro y con orejas de liebre en la parte superior de su cabeza del mismo color de su cabello. 

—Calla, tonta Tumb —repuso el de atrás empujándola. 

—Si no encontramos a esos cinco kobolds en unos minutos, a mí se me ocurren otras formas de darle utilidad a la Tumb —sonrió el tercero de los aventureros, un hombre que tenía una armadura de hierro. 

La chica alzó la cabeza e intentó escapar, pero el que iba atrás le propinó una fuerte patada y le hizo caer sobre un árbol. 

Yo no esperé al siguiente golpe y comencé a gritar —¡Alá kavuzcnamun, serf milem kavuzcnamun! —Había aprendido los gritos de los goblins en el tiempo de escucharles. Salté a otra rama y repetí la operación con otro tono —¡Alá kavuzcnamun, serf milem kavuzcnamun! ¿Alá?

Es un grito al que cualquier aventurero que se enfrente a goblins está acostumbrado, no sé qué significa exactamente, pero sé que después de eso toda una horda de goblins salen al ataque. Los hombres huyeron por la derecha en carrera mientras la mujer se quedó tendida en el suelo. 

Cuando llegué abajo la encontré limpiándose la ropa y los brazos. No tenía ni rastro de miedo, en cambio me miró con una sonrisa y espero a que me acercara. 

—Eso fue interesante, pero no hablas muy bien goblin. 

—¿Ah? ¿No?

—No, me dio algo de risa de hecho. 

—Oh —La observé bien. Portaba un traje hecho en acero, cuero negro y detalles en un amarillo eléctrico. Sus botas se alzaban hasta la altura de sus rodillas y dejaba uno de los muslos al descubierto. Su traje iniciaba en la entrepierna y cubría sus voluptuosos senos. Era demasiado hermosa, de ojos verdes y sonrisa enorme. 

—Me llamo Miry ¿y tú? 

—Allan. 

—Miry es una Tumb —sonrió mostrándome las orejas. Era la mujer más hermosa y sensual que yo hubiese conocido en toda la vida. Aunque no tenía idea de cuantas mujeres hubiese conocido o cuanta vida vivido.

—Eso… eso escuché de los hombres ¿por qué no te defendiste? —era inútil, intenté sonar despreocupado, pero tenía los cachetes colorados y ardiéndome. 

—Fue un contrato con mi aldea, una Tumb no puede faltar a un contrato, pero ellos huyeron así que ya no estoy atada. 

—Entiendo.

—¿Qué haces por aquí? ¿Eres humano? 

—Claro que soy humano —reí. 

—Estás todo lleno de sangre de goblin. Apestas a goblin de hecho, en vez de gritar pudiste haberte acercado y el olor les habría ahuyentado. 

—Que cortés —comenté.

—Solo digo que podrías tomar una ducha, hay un riachuelo allí abajo. 

—¿En serio? Yo no tenía la menor idea. 

—Soy una Tumb, mi trabajo es saber moverme y reconocer el bosque —sonreía y yo me preguntaba si siempre estaba sonriendo y enamorando a todo con quien se encontraba. 

—¿Dónde? Me gustaría algo de agua —yo no había tomado nada de líquido en dos días. En el campamento goblin había, pero no quise tomar nada de allí por miedo a que estuviera envenenado. 

—Ya te enseño el lugar —descendimos unos cien metros por la ladera y llegamos a un riachuelo de aguas limpias y casi cristalinas. Me sumergí casi de inmediato y limpié concienzudamente, sobre todo mi cabello negro, que estaba lleno de barro. 

No puedo detallar el deleite de ver a Miry meterse al agua y ver como la ropa se ajustaba a su cuerpo. 

—Los kobolds están muy alterados, se rumorea que un aventurero eliminó toda una guarida de goblins en unos minutos. 

—¿En serio? —fingí hundirme en el agua y restregarme el cabello. 

—Fuiste tú ¿cierto? Miry está casi segura.

—¿Yo?

—Nadie puede bañarse así en sangre de goblin. 

Me quedé en silencio y sumergí en el agua, al salir tenía el rostro de Miry casi contra mí y sus prominentes senos tan cerca que podía sentir su aroma. 

—No tienes que decir nada si no quieres, pero sé que fuiste tú. 

—No diré nada entonces. 

—Aunque si tengo curiosidad para saber cómo lo hiciste. 

—¿Por qué cazaban kobolds ustedes? —desvié la conversación. 

—La piel de kobold se vende bastante bien, sobre todo la de kobold blanco —la chica lo mencionó y yo recordé que había un par de kobolds muertos allí atrás. Kobolds a los que yo no había siquiera tocado ni despellejado. Entre ellos uno blanco. 

—Yo me perdí en el bosque —no era mentira después de todo. 

—¿De dónde eres? 

—Soy un ruck, aparecí en Utghardie un par de días atrás. 

—¿Un ruck que ha eliminado una guarida de goblins? Esto si es interesante para Miry ¿Seguro que no me mientes? 

—No dije nada de haber eliminado al grupo de goblins. 

—Yo no pregunté sobre eso. No le puedes mentir a la nariz de una Tumb —sonrió dando saltitos en el agua. Se dirigió a una roca y escuché un chapuzón detrás de este. Me sentí tentado a lanzar la vista, pero temí terminase siendo eliminado por una hermosa Tumb. 

—¿Qué harás ahora que te alejaste de tu grupo? —pregunté al salir del rio y sentándome en una roca. 

—Miry se está preguntando lo mismo.

—¿Por qué? ¿No puedes regresar a tu pueblo? 

—Mi aldea es pequeña y es primera vez que Miry sale tan lejos. Es interesante conocer el mundo. 

—¿Quedarás viajando?

—¿Qué tan lejos queda Utghardie? —preguntó mirándome. 

—No sé, me perdí, te lo dije. Solo sé que está en la dirección de donde sale el sol. 

—Entonces solo debe estar al este. Por lo espeso del bosque en aquella dirección, puede estar como a un día. 

—¿Por lo espeso del bosque? —pregunté curioso.

—El bosque cambia y susurra las pistas necesarias para moverte, siempre es así. Aquí los árboles son muy viejos y el suelo huele a goblin. No colocarían un campamento tan cerca.

—Oh. 

—¿Quieres que te ayude a llegar a tu ciudad? 

—¿Cuánto cobrarías? 

—Cuarenta de hierro y comida —sonrió alegre. 

—Cincuenta y me ayudarás a llegar de nuevo al campamento goblin. 

—¿Sí fuiste tú? Miry lo sabía —sonrió dando saltitos por las rocas.

—Debo llevar los huesos y buscar la piel de kobold. 

—¿Había kobolds con ellos? 

—Unos tres, son feos. Uno de ellos es de piel blanca —especifiqué. 

—¿Y las gemas? 

—No sé cómo obtener gemas, te dije. Soy un ruck que llegué hace pocos días. 

—Saco las gemas por ti y me quedó con la piel del kobold blanco. 

—Hecho —la idea me resultó interesante. Miry me acompañaría todo el camino y ayudaría con las gemas, de las cuales yo no tenía ni la menor idea. 

Deambulamos un rato y yo le expliqué lo sucedido y cómo me perdí. Miry me escuchó con atención y asintió mientras observaba una ladera. 

—Lo que sucede es que aquí el camino natural se curva, de seguro lo bajaste en carrera sin notarlo y luego subiste pensando estaría por esta zona, cuando en realidad está aquí atrás. Miry lo imagina —respondió con naturalidad guiándome. Tenía razón, llegamos al campamento goblin en unos minutos. Todo se hallaba como yo lo dejé. 

Le expliqué a Miry que no debía tomar ni probar nada de la comida o agua en el lugar, pues yo había colocado una potente droga en esta y no sabía si lo demás se había contaminado. Miry me miró de mala manera y regañó por no haber enterrado después tal contenido peligroso. 

Comenzamos con la tarea de retirar la dura piel de los kobold, a recolectar y movernos de un lado a otro. No tardé en notar las habilidades de Miry y entendí la razón de contratar una Tumb. Era ágil, diestra con el cuchillo, muy despierta y se guiaba por el bosque como si fuese su jardín de juegos. Luego recolectó algunas hierbas y frutas y comimos. No comía carne, lo cual no me extrañó. 

El proceso para recolectar las gemas resultó ser un cantico colocando el cuerpo en medio de un círculo. El mismo proceso que yo observé antes por parte del goblin enano. No todos los cuerpos desaparecían dejando una linda gema, muchos no dejaban nada. Miry me explicó que ello se debe mucho a la fuerza y la destreza del goblin. También me detalló que las gemas tienen diferentes colores y valores. Las verdes eran siempre mucho más pequeñas, débiles y baratas. Luego estaban las azules y por último las raras gemas rojas que eran usualmente grandes y poderosas. 

Al terminar teníamos unas ocho bolsas enormes llenas de huesos y materiales. Cada uno podía cargar apenas dos, así que aquello implicaba al menos dos viajes al lugar. Como los arreglos nos tomaron tanto tiempo la tarde dio paso a la noche y decidimos pasar la penumbra allí, donde teníamos la fogata y podíamos observar mejor nuestro alrededor. 

Miry me contó una historia, un mito muy arraigado en la tribu Tumb apenas conocían, sobre cómo se originó el Abyss. La historia iniciaba con dos enamorados Numer y Yisha. Numer era poderoso y capaz de manejar los elementos a su antojo, fuerte e imponente. Yisha era sabía y diestra no solo en combate, sino también en diversos ámbitos. Ambos eran incansables y disfrutaban la compañía del otro. 

Por aquel entonces la tierra estaba plagada de criaturas y los seres con inteligencia apenas podían sobrevivir. Numer demostraba su poder erradicando criaturas nocivas y Yisha constantemente ayudaba a ciertas razas a prosperar enseñándoles cuanto podía sobre el uso de herramientas. 

El problema era la hermana de Yisha, Emerant, quien estaba enamorada de Numer también. Emerant era el ser más hermoso y sensual, tenía el don de la magia y entender a las diversas criaturas. Constantemente tentaba a Numer y no se daba por vencida a pesar de que Yisha y él se hallaran juntos. O al menos así fue hasta que nació el primer hijo de Numer y Yisha, Grimm. 

Emerant entró en tal estado de cólera que secuestró al niño y lo entregó al jefe de los demonios. Este lo asesinó. Entonces Numer viendo tal acto decidió crear un foso tan profundo que nadie pudiera jamás penetrar y sepultó allí a Emerant para que nunca más viese la luz del día ni sintiera compañía. Pero Emerant poderosa en las artes mágicas vinculó su poder con el de cada criatura maligna y creó el Abyss para procurar salir junto al ejercito de las criaturas y dominar todo lo que se hallaba en la tierra. Y después matar a Numer y a Yisha por no corresponder su amor. 

Yisha notó las intenciones de su hermana y decidió convocar a los más aptos guerreros periódicamente. Estos aparecerían en los grandes faros de cada ciudad, regular y por turnos. Todos con la única intención de entrar al Abyss y detener a su hermana Emerant. 

Yo escuché atento y esperé que ella continuase, pero Miry guardó silencio y yo comprendí aquel era el final. Era un final abierto y no me llenaba por completo. Numer y Yisha eran los dioses de aquel lugar. Ya había escuchado a muchos nombrarlos al decir plegarias. 

Después de cavilar un rato decidí preguntar algo— ¿En las otras ciudades también aparecen rucks? 

—Miry sabe que sí. Un mes aparecen en una y luego en otra, y es un círculo. 

—Significa que hay más de un Abyss.

—No, solo hay un Abyss, pero hay varias entradas. A veces los aventureros se pierden y salen por otra entrada del Abyss en otra ciudad. 

—Oh, ya entiendo —repuse. 

—Esa herida necesita curar mejor, Miry sabe cómo —. La chica con orejas de conejo sacó de un bolsillo de cuero un par de plantas, las mascó en la boca antes de ponerlas sobre mi herida en la pierna. Los últimos días dolía mucho al tacto, pero del resto podía caminar bastante bien y la herida solo se abría cuando realizaba movimientos bruscos. 

—Gracias Miry, eres una Tumb increíble —le agradecí antes de acostarme a dormir. 

Leave a Reply

Your email address will not be published.