29. DESCENSO

Sentí recelo de responder tal pregunta, resultaba ser algo personal de cierto modo. ¿Por qué decirle cuan frecuente bajaba al abyss? Supuse que Mena se sintió igual por su forma de mirarme. Fue después de un rato de caminata que comprendí lo que sucedía. Los goblins sentían tanta curiosidad como nosotros por ellos.

Nunca se había producido una alianza y menos una mezcla como la nuestra mientras se descendía por el abyss. Por tanto, había cientos de preguntas y mitos que ambas culturas habían escuchado de los otros.

-Solemos bajar a diario al abyss, Miry lo sabe- Nuestra tumb respondió muy tranquila.

-¿En serio? Eso ser raro o peligroso, ambas dos- Respondió Kot, mientras Ulmir asentía con la cabeza y colocaba lo que quedaba de leña al fuego para calentarnos. El piso veinticinco estaba repleto de toda clase de criaturas. Eso incluía a goblins oscuros, bulettes y zampanos. Estos últimos eran seres humanoides corpulentos con rostro de cerdo. Portaban mazos, espadas o garrotes y peleaban en grupos de tres o cuatro, por lo cual resultaba arduo, más si habían goblins oscuros flecheros en los alrededores.

Debimos activar el último repelente que teníamos. Una pequeña botellita llena de un líquido de olor horrible y fuerte que los goblins nos dieron.

-¿De qué está hecho ese repelente? Luce raro -Preguntó Mena.

-Esto es orina de dragón del bosque.

-¿Orina de dragón? -Pregunté sorprendido.

-Si, difícil de conseguir. Todas las demás criaturas huyen cuando sienten el aroma.

-Supongo que ninguno quiere encontrarse con el dragón- Miry lanzó una pequeña risa.

-Los dragones comen y queman todo lo que encuentran, desde goblins hasta humanos, todo es comida para ellos- Aclaró Kot mientras nos asentábamos alrededor de la fogata. Heltmer y Cotfin terminaban de arreglar los huesos y algunos despojos que llevábamos con esperanza de intercambiar con las hadas. Por otra parte, Giro, el goblin que se vestía como humano tomo asiento sobre una roca bastante apartado de nosotros y a nadie pareció importarle.

-Pero yo he visto estos frascos con repelente en tiendas humanas- Comentó Mena. Era cierto, yo también los había visto un par de veces.

-Claro, comerciantes humanos siempre venir y comprar repelente a goblins, es natural. Repelentes, materiales, armaduras de cuero.

-¿Qué? -Esta vez fui yo quien se sorprendió -¿Los comerciantes humanos?

-Todos saben, goblins vender.

-Siento decirte que no Kot, quizás algunos comerciantes sepan eso, pero la mayoría de los humanos no saben que ustedes venden materiales o repelentes.

-¿No? – Kot miró a Ulmir y este escupió el suelo con molestia -Suponíamos que sí.

-¿Cómo íbamos a saberlo?

-Pues entre humanos hablar y decir lo que sucede ¿no?

-Pues imagino que los comerciantes que lo saben se guardan esa información con recelo, se les dañaría el negocio si todo mundo sabe que pueden comprarles a ustedes- Comentó Miry.

-Miren, si haber símbolo así en las paredes de entrada a una cueva o en un árbol, significa que goblin vende- Kot parecía muy alarmado con la información del desconocimiento humano. Entonces se levantó y con los dedos realizó un dibujo sobre el suelo, era como un triángulo sin terminar que finalizaba en líneas descendentes en la punta inferior.

Reconocí el símbolo, no dudé que nosotros sin saber hubiésemos matado a un par de vendedores dentro del abyss. Probablemente Mena y Miry tenían lo mismo en mente.

-¿Ustedes suelen entrar mucho al abyss? -Mena cambió de súbito la conversación.

-No mucho. El abyss es peligroso y goblins solo entrar cuando es necesario, para hacer comercio, para conseguir materiales de venta, comida.

-Entiendo, como la mayoría de las personas, lo evitan si es posible. Aun así han llegado más profundo en el abyss.

-Goblins saben trucos que humanos no, caminos y trucos del abyss- Kot nos observó- Pero esta vez iremos por caminos humanos, goblins no pueden enseñar todo -Comentó como si estuviese alarmado.

-Kot, ¿Por qué Giro no se sienta ni camina con ustedes? -Pregunté observando al alejado.

-Giro distinto, Giro no actúa como goblin, no verse bien entre goblins.

-¿Verse bien? -Preguntó Mena, y pude notar un nuevo escupitajo de Ulmir al tiempo que Heltmer y Cotfin bajaban la cabeza.

-No actuar como goblin, no puede estar con los goblins.

Nadie discutió contra aquellas palabras, Miry, Mena y yo estábamos frente a una cultura desconocida y sentíamos que tenían sus razones para hacer aquello, o al menos de no ser así, la reacción del resto no sería tan generalizada. Sin embargo, mi instinto de estupidez prevaleció y luego de un rato me acerqué con un plato de comida para el goblin. Este me observó sorprendido e hizo una pequeña reverencia con la cabeza antes de recibirlo.

Estaba por retirarme cuando escuché su palabra clara, fuerte y con pronunciación correcta- Gracias- Voltee sorprendido, pero Giro el goblin se hallaba mirando a la lejanía de un pasillo del abyss ¿Sabía hablar nuestro lenguaje o solo había aprendido esa palabra? No es como si fuese muy difícil decir gracias después de todo. Quedé con ese pensamiento el poco tiempo de descanso que tuvimos, algo como dos horas de sueño cada uno. O esa impresión tuve, era imposible calcularlo en realidad.

Dormir en el abyss no es para descansar por completo, es para evitar el agotamiento extremo. Sin contar que nadie quiere dormirse totalmente en un laberinto lleno de criaturas de todos los tipos. Con suerte deseas reposar un par de minutos para no caer desfallecido en algún instante.

La oscuridad constante del abyss es otro factor determinante, olvidas el sentido del tiempo y no sabes cuándo es de día o de noche. Había escuchado casos de personas que permanecían dentro por semanas y luego permanecían despiertos por treinta horas y dormían otras treinta como si aquello fuese su ritmo normal.

Yo llevaba casi una semana dentro del abyss, calculaba que debían ser cerca de siete días. Horas más, o un par de horas menos, el punto es que era demasiado tiempo y mi cuerpo se quejaba del poco descanso cuando reanudamos la marcha.

En el piso veintiséis descubrí que los zampanos no eran nada difíciles. Sus brazos tenían una piel excesivamente gruesa, al igual que la del pecho y hombros, pero más abajo, en el abdomen esta era suave y se cortaba fácilmente con el filo de la hoja.

-Sincronía- Pronunció Mena antes de que Miry y yo partiésemos al ataque. Después de un rato Ulmir se nos unió a la batalla, su contextura gruesa no era gratuita, luchaba como un pequeño escudo. Soportaba los golpes de garrote de zampanos o atrapaba a los bulettes en plena carrera para detenerles, luego los volteaba y era muy sencillo eliminarles clavando un cuchillo en su zona inferior. Comprendí que con algunos guerreros como Ulmir, era muy sencillo que los goblins pasaran esos pisos con tranquilidad.

Noté mientras avanzábamos que Giro caminaba distinto a los otros goblins. Mientras los demás andaban un poco encorvados hacia adelante y dejaban sus brazos colgando, Giro se mantenía totalmente recto y sus brazos permanecían a los costados de su cuerpo.

-Se comporta como un humano, para un tumb es fácil de notar- Miry adivinó mis pensamientos.

-También lleva un cuchillo en la parte de atrás como hacen algunos aventureros. Los goblins suelen llevarlos a los lados y totalmente visibles- Especificó Mena- ¿Creen que sea por eso que los demás no le tratan?

-Pues con nosotros no tienen ningún problema- Comenté.

-Pero nosotros somos humanos, y una tumb. No es extraño que nos comportemos como humanos, en cambio para un goblin…

-Miry no se comporta como humana -Comentó la tumb. Yo por mi parte sonreí y le di un abrazo con cariño y jugué con sus orejas. En mi particular Miry era casi una humana, a excepción de su forma de ver el mundo y las relaciones personales.

-Hablando de otra cosa ¿alguno tiene idea de cómo vamos a enfrentar a Behir? He estado dándole vueltas a la cabeza y no se me ocurre idea alguna para salir vivos de allí.

Mena tenía razón, el piso treinta estaba cerca y Behir dentro de este, eso sin contar a la infinidad de criaturas que se congregarían en ese piso para proteger al jefe. Behir era temible no solo por su velocidad y la fuerza de sus coletazos, también por la cantidad de monstruos que le rodeaban.

La primera y única vez que le habíamos enfrentado, fue con un centenar de hombres de apoyo, eso sin contar la velocidad de Stela y la fuerza de Camus, y pese a ello muchos resultaron muertos. Ahora éramos solo nosotros tres más un par de goblins.

-Necesitan flechas penetrantes y con veneno de las que Cotfin hace- Giro pasó a mi lado explicando en voz baja. Mena, Miry y yo quedamos sorprendidos y nos acercamos a este de manera disimulada del resto.

-¿Envenenadas?

-Behir no puede luchar bien cuando está envenenado, se mueve lento. Además, le llama la atención cualquier cosa brillante. Es fácil de vencer si sabes cómo hacerlo.

Quedamos sorprendidos, por no decir estupefactos. Giro había explicado aquello como si fuese de conocimiento común, y la realidad es que ninguno de los que luchamos contra el jefe del piso treinta pudimos descubrir en más de una hora de combate.

-¿Así lo han logrado los goblins? – Preguntó Mena.

-Los goblins no suelen pelear contra jefes, hay caminos pequeños y ocultos, pero así lo hacen los orcos- Giro terminó de hablar y se alejó nuestro tomando la vanguardia por delante de Kot.

-No creo que mienta- Miry leyó mis pensamientos.

-Suena bastante creíble la información- Sopesó Mena -Le pediré a Cotfin algunas flechas penetrantes y envenenadas, no perdemos nada con intentar. Aun así, debemos tener planes de respaldo y coordinar muy bien como nos vamos a mover mientras estemos en el piso treinta.

La conversación se vio interrumpida por una sala llena de beartrolls y bulettes. Tantos que incluso para ellos era difícil moverse y los bulettes perdían por completo su ferocidad al no poder correr a gran velocidad.

Los pisos siguientes estaban igual de repletos y tardamos horas en poder descender hasta el treinta. Nunca observé tantos monstruos juntos y terminé sudado, enlodado y cubierto de sangre y pestilencia.

Era difícil tener que luchar sobre restos de beartrolls regados por el suelo. La sangre se vuelve lodo al contacto con la tierra y todo se vuelve resbaloso. Achaqué la culpa a eso cuando me clavaron una espada por un costado y terminé tendido en el suelo desangrándome. Mena debió curarme tan rápido como pudo pues la sangre no paraba de manar. Tanto ella como Miry tenían lágrimas en los ojos cuando me levanté desorientado.

Acampamos a la entrada cerrada del piso treinta para reponer fuerzas, aunque comida no quedaba técnicamente nada. Sentarse en el suelo frente al fuego nos permitía tranquilizarnos y tomar algo de aliento previo a continuar.

Cotfin accedió a preparar un buen número de flechas penetrantes cuando Kot le tradujo nuestras intenciones. Entonces comprendí una de las funciones del hueso, ligamentos y piel de las criaturas.

Al no disponer de madera el goblin debió usar los materiales recogidos. Aun así, comenzó su tarea con gran pericia. Rebanó ligamentos y pedazos de piel en tiras largas que dejó a un lado del fuego.

Después procedió a cortar varios huesos de maneras distintas, un par de ellos en su extensión horizontal y otros por la mitad. Los primeros noté los fue puliendo como si fuese madera, mientras que los últimos llevaron más trabajo. Con una herramienta hecha de hierro que llevaba en una bolsita Cotfin empezó a tajar lentamente la punta de las flechas. En este punto Heltmer empezó a ayudarle pues el proceso era lento.

Las puntas perforantes eran circulares, muy puntiagudas y delgadas. El proceso consumía algo de tiempo, pero Mena quedó impresionada por la calidad de las flechas resultantes.

Los ligamentos eran luego usados para amarrar bien los dos pedazos de hueso, mientras que la parte trasera usaban un pedazo triangular de piel seca reforzada y adherida de la misma manera.

El veneno lo guardaba Heltmer en un pequeño frasco. Era una sustancia viscosa y casi negra. Nadie me quiso decir de que estaba hecho tal veneno, sin embargo, Mena accedió a usar guantes para maniobrar con tales flechas.

Pude ver cómo le costaba manejar el arco con los guantes puestos. Era vergonzoso, pero usual que en el fragor de las batallas Mena acabase rasgando sus manos con sus propias flechas. Con las puntas envenenadas la historia era distinta y vital el uso de guantes.

Miry por su parte se hallaba puliendo un pedazo de metal al igual que Ulmir para distraer a Behir.

Notamos que sin palabras los goblins habían trazado su propio plan de ataque que incluía flechas envenenadas y objetos brillantes distractores. Para ellos aquello era tan natural que no concebían otra forma de hacerse.

-Creo que se me dañó el olfato, no puedo sentir el aroma de las cosas- Miry se quejaba de aquello desde horas atrás. Obviamente para ella era muy importante el olfato.

-No creo que se te dañase, es solo que ha recibido demasiado estímulo y no percibe la diferencia de aromas en el aire- Mena buscaba de decir las cosas de manera agradable sin expresar que el olor corporal de los goblins terminaba por saturar el olfato de cualquiera.

            —¿Si se me daña que hago? —Preguntó la tumb.

—Dudo que exista una magia para reparar el olfato— Comenté con algo de sorna y Miry me observó con rostro molesto— Calma, estará mejor apenas salgamos del abyss, deja que sienta el aroma de los árboles y todo mejorará.

—¿Tú crees?

—Estoy seguro, hemos pasado demasiado tiempo dentro del abyss. Yo siento que la piel se funde con el lodo y se hará marrón.

—Habría dicho que te convertirás en un orco— Comentó Mena con una sonora burla— Pero con lo corto de estatura de seguro terminas como goblin.

—Más adelante hay un rio, poder bañaros—Kot se acercó con un paquete de flechas que dejó en el suelo.

—¿Un rio en el abyss?

—¿Nunca bajar a nivel treinta y uno? — Preguntó Kot intrigado ante Mena.

—No.

—¡Oh, entonces ser sorpresa para ustedes!

El goblin nos dejó con la interrogante y se levantó para continuar con los preparativos. Abrimos las puertas de Behir unas tres horas después, lamentablemente no para derrotar al jefe, sino para dejar salir y enfrentar a un grupo enorme de beartrolls que bloqueaban la entrada.

Afortunadamente para nosotros los beartrolls son lentos. Ciertamente sus cuerpos son robustos y con una piel muy gruesa. Pero sus brazos pesan tanto al igual que las hachas o espadas que portan, que, mientras ellos alzan su extremidad para asestarte, tu tienes tiempo de llegar frente a este y clavar cualquiera de tus dagas en su dura carne.

Las cosas se dificultan en gran medida cuando hay un grupo grande. El truco es entonces retroceder hasta una parte angosta, de esas que no querrías estar si hubiese flecheros.

Allí sus cuerpos les obligan a ir de uno en uno y al alzar sus espadas muchas veces estas chocan contra el techo del abyss. Lo eliminas lo más rápido que puedes y dejas caer al suelo para esperar el siguiente. Algunas veces estos tropiezan con sus propios cuerpos y caen. La tarea es simple, pero extenuante.

Imagínate tener que correr y frenar bruscamente repetidas veces, y además de eso verte obligado a girar y mover tu brazo tan rápido que el filo de tu arma pueda penetrar la dura piel y los tensos músculos. De otra forma no podrás hacerles daño, por tal motivo muchos practicaban en la ciudad comprando piernas de cerdo o jabalí. Estas las colgaban de una cuerda y golpeaban con el cuchillo. Intentar enterrarlo de cerca y sin velocidad es laborioso, sientes como los músculos tensos se niegan a dejar pasar el filo y debes poner todo tu empeño en hundirlo. Si avanzas con una hoja bien afilada y suficiente velocidad, el trabajo es mucho más sencillo, la carne de corta como mantequilla.

Terminamos de encargarnos de ellos casi una hora después y abrir las puertas del piso treinta para enfrentar a Behir en esas condiciones era pavoroso.

Descansamos tirados en el suelo un rato. Ulmir había resultado de gran ayuda, pese a su contextura se movía bastante ágil y buscaba de derribar a los beartroll con un golpe de hacha en sus piernas.

Miré los cuerpos y pensé, que, si una ciudad necesitase piel para una guerra, o abrigos para cinco inviernos, allí los encontrarían muy sencillo, toda una dotación tirada al suelo.

Finalmente abrimos las puertas de Behir y avanzamos al interior del piso treinta. Aquello era una cueva que no me resultó tan escalofriante como la primera vez, incluso estaba caliente gracias a los charcos de aceite hirviente esparcidos en varias partes del suelo. Aquello lo agradecí pues mis manos podían olvidar el entumecimiento del frio.

Apenas pudimos avanzar cuando las puertas a nuestras espaldas se cerraron y todo fue silencio. Entonces aparecieron las bestias, un centenar de monstruos avanzaba hacía nosotros. Esencialmente beartrolls, bulettes y algunos goblins.

—Hay que subir— Expresó Kot tomando a Mena de la mano e indicando un par de riscos por encima de nosotros a un costado de la cueva. La chica asintió no sin antes pronunciar.

—Valor… Sincronía— Nos observó con cierta alarma y avanzó junto al pequeño goblin. Ulmir entonces rezongó y escupió en su lenguaje y Giro atendió sacando de uno de sus bolsillos una cuerda y un silbato, este lo accionó haciéndole girar con la cuerda al tiempo que empezó a correr.

Los bulettes reaccionaron al sonido y empezaron a desviarse hasta donde se hallaba este, sin esperar que entre ellos y el goblin hubiese de por medio unos de los charcos de aceite hirviente.

Me sorprendí por la facilidad con la que los goblins trataban ciertos asuntos, ciertamente tenían una mayor pericia dentro del abyss. Sin embargo, no tenía tiempo para estar boquiabierto. Activé prisa y comencé a moverme, al instante sentí como Miry me seguía de cerca para enfrentar al centenar de beartrolls y goblins frente nuestro.

En la cueva no podía dirigirme a ningún lugar angostos, aunque esa fuese la forma más segura y como la mayoría de los aventureros procedían frente a beartrolls. Yo me abalancé hasta estar a menos de un metro de ellos y balanceé mi espadón de derecha a izquierda en un solo movimiento. No supieron siquiera cuando la hoja les atravesó y cortó en dos.

—Fuego— La magia de Miry se esparció desde su daga dejando un rastro flameante mientras la tumb avanzaba y cortaba entre las filas de beartrolls y goblins con facilidad gracias a su agilidad. 

Yo corté una pierna y pasé mi espada corta por el cuello de otro cuando sentimos en nuestros cuerpos el temor y la sensación que Mena irradió previo a sus palabras— ¡Behir! —La serpiente gigante asomó su cabeza desde el costado izquierdo por uno de los agujeros en las paredes. Pronto asomó sus patas y toda la masa grisácea se abalanzó al terreno estrellando su cabeza de primero y girando con todo su cuerpo.

Solté el espadón y corrí hasta Miry para tirarle al suelo, aquel ataque ya lo había visto de cerca. Todo pareció estallar y un centenar de rocas volaron sobre nosotros. La serpiente lanzó un rugido que fue seguido por los gruñidos de Ulmir, Heltmer y Cotfin que se unían a la batalla en carrera.

Sentí el zumbido de un par de flechas de Mena al tiempo que Kot gritaba— ¡A los ojos, a los ojos! ¡Veneno más rápido en los ojos!

—¡Es difícil apuntar con estos condenados guantes!

Miry se alzó antes que yo, tomó una espada del suelo y la lanzó y clavó de lleno en el cuerpo de Behir. La enorme bestia grisácea enfurecida arremetió con su cola, la cual pasó por encima de nosotros.

Corrí a un lado para tomar mi espadón y detener el siguiente embate de la cola. Clavé la espada al suelo y esperé con todas mis fuerzas el golpe del látigo. Behir estrelló su cola contra la espada con tal fuerza que mis brazos retrocedieron y un aura azul se activó. Protección impidió que el daño pasara a mi cuerpo. La cola se retrajo y vi de pronto la cabeza dirigiéndose a mi con sus fauces abiertas y sus colmillos amenazantes.

Me aparté de la espada y corrí a un lado. La cabeza pasó devorando todo a su paso mientras que el espadón salió despedido por el aire. Behir volteó y dirigió su atención a mi nuevamente. ¿Acaso activé atracción sin fijarme, o el jefe me quería a mi como su presa?

Aquello me causaba miedo, pese a ello e, terror realmente llegó cuando un segundo Behir se lanzó a la cueva desde el costado derecho por encima de nosotros.

Lo observé pasar en toda su extensión y casi me distrae completamente del primero que se acercó con su boca a mí. Giré y esquivé por pocos centímetros. Caí al suelo y observé una espada de beartroll en el suelo, la alcé y clave en la serpiente que aún se movía. El resultado fue una larga y enorme herida que se extendió por todo su costado derecho hasta que el propio impulso me hizo soltar la espada. Noté como su piel se tornaba entonces roja, sello inequívoco de que quedaba con la mitad de su vida, cuando sentí el filo y escozor de una espada clavarse en mi antebrazo y chocar contra mi hueso.

Observé la espada y luego al beartroll que causó la herida. Lo miré como si no comprendiese la situación a pesar de que el dolor que causaba era más que evidente. Sentí el ardor, el escozor comiendo mi piel y huesos y grité de pronto.

Propiné una patada al beartroll y me aparté tapando la herida del brazo. Nunca había sentido una herida tan profunda y dolorosa, o eso me pareció a mí en ese instante. Ardía terriblemente y era imposible concentrarme así. Fue entonces cuando recordé parte del entrenamiento con Helim y calmé mis nervios y ganas de huir de aquel lugar.

Tomé una espada del suelo y me lancé contra aquel beartroll para clavarla de lleno en su pecho. Pude sentir músculos y huesos en mi camino, al igual que su desesperación en la mirada al verse apuñalado de tal forma. No me importó en lo absoluto. Behir a un lado se movía de un lado a otro sangrando por la herida y Miry se hallaba sobre el segundo con su daga clavada mientras gritaba— ¡Fuego, fuego, fuego! — Y las brasas descendían desde su mano y daga hasta el interior del segundo Behir rojizo que se estremecía en todas direcciones.

No me percaté de cuando Mena hizo uso de la magia cura en mí. Pese a ello la herida fue sanando y dejando de dolor poco a poco. No quería verla pues me daba pánico la forma en la que los músculos y tendones se mostraban expuestos.

Los Behir murieron pocos minutos después sin ofrecer mucha resistencia, el veneno en su sistema les consumió poco a poco sin importar sus esfuerzos o llamaradas. Los beartrolls y goblins restantes huyeron en su mayoría. Ninguno de nosotros notó que Heltmer había sucumbido producto de una roca cuando el segundo Behir saltó sobre nosotros. Cotfin rompió en llanto de manera desconsolada mientras Kot intentaba animarle.

Sentí algo de culpa porque nunca me preocupé por los goblins que estaban con nosotros, también porque no me percaté de su ausencia sino hasta que Ulmir trajo el cuerpo a rastras y esencialmente por ser la primera vez que observé a un goblin llorar por sus iguales.

—¿Cómo sigues de la herida? — Mena se acercó a mi al tiempo que Miry llegaba para revisarme.

—No fue tanto— Contesté consternado por la escena de los goblins, ante eso mi cortada no había sido tan importante.

—Dolió demasiado— Expresó Miry de pronto, olvidé que debido a sincronía los tres podíamos sentir el dolor de otros— Pensé me había mordido el brazo, tardé en darme cuenta que no era yo.

—Yo me desconcentré y casi me caigo por el risco del dolor. Kot me ayudó a mantenerme arriba— Expresó Mena y yo no supe que decir.

—Está curada, gracias.

—Te dije que eras débil por el flanco derecho—Repuso Miry. Yo por mi parte me encontraba absorto en la escena triste de los goblins sobre el cuerpo de Heltmer.

No hubo ceremonia, su cuerpo terminó tapado por su propia manta junto a una espada. Tomamos los tres cuernos de Behir (uno de ellos estaba roto, no sabíamos la razón, pero presumimos fue en medio de la lucha) y buscamos de hacer una hoguera lo suficientemente grande, pero resultaba imposible y debimos continuar al piso treinta y uno.

Las puertas se abrieron ante la expectativa de todos. No hubo cantidades enormes de monstruos, solo un enorme y oscuro pasillo que descendía por varios metros como escalera de caracol. Miry y yo llevábamos un par de buenas antorchas con fuego y aceite y eso era mejor que nada. Al llegar al piso treinta y uno comprendí las razones para que Kot insistiese no llevásemos antorchas.

El piso estaba increíblemente iluminado por completo como si fuese de día en su interior y frente a nosotros una pradera se extendía como un campo sin fin. Tal como Kot mencionó, fue una sorpresa total para nosotros tres.

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