28. MURMULLOS

Ahora sabemos la razón por la cual ninguna bestia escapa del abyss, es casi imposible atravesar eso excavando— Joel se hallaba tirado sobre la grama boca arriba recuperando el aliento. Todo su cuerpo estaba cubierto de tierra al igual que el resto de los presentes.

—Es horrible tener que excavar hacia arriba. No quiero tener que hacerlo jamás, no nuevamente —Hyn jadeaba.

—Al menos estamos vivos— Comentó Clari con una sonrisa.

—Serán llorones, Daniela y yo fuimos quienes debimos cubrir la entrada— Tariel se hallaba sentada tomando un poco de agua junto a Daniela. Ciertamente fueron ellas dos quienes se atravesaron en la entrada de la pequeña cueva para no dejar que interrumpieran la labor de los tres hombres.

Daniela estaba agotada y sorprendida. Habían sucedido tantas cosas en las últimas horas que todo lucía en su memoria como un torbellino.

—Debemos colocar una roca grande sobre esa entrada. No podemos dejar una abertura del abyss así de expuesta —Comentó Tariel y todos se miraron, estaban desanimados de tener que realizar mayor esfuerzo— A no ser que quieran una flecha de goblin atravesándoles la cabeza— La reacción fue inmediata. Los hombres se levantaron a buscar alguna roca para colocar sobre el agujero que dejaron detrás. Las palabras de Tariel venían llenas de malicia, Oly y Juni habían muerto producto de flechas cuando atravesaron una inmensa batalla entre orcos y goblins en las profundidades.

—Eso fue cruel— Comentó Daniela.

—No gano dinero por ser bonita y dulce con ellos. Hay que tapar ese hoyo y ver en qué dirección ir.

—¿Dónde estamos? —Preguntó Daniela observando los árboles que se alzaban alrededor. Era imposible notar referencia alguna o montaña con tanto follaje alrededor.

—Pues no salimos bajo el agua. Por un momento pensé tendríamos tan mala suerte para morirnos ahogados— El grupo de hombres regresaban con una roca enorme la cual desplazaban girándola —Déjenla sobre el agujero y coloquemos alguna marca que podamos reconocer por si necesitamos descender alguna vez.

—¿Algo como por aquí se baja al abyss? —Preguntó Joel.

—No tan obvio, debe ser algo que nosotros reconozcamos nada más.

—¿Te imaginas a un montón de goblins entrando y saliendo por este agujero? —Hyn dejaba caer la roca con estrépito sobre el agujero.

—Lo único que me imagino ahora es un plato caliente de estofado con una jarra de cerveza fría y caer a dormir en un buen lugar —Apuntó Joel.

—Y tendremos de todo eso cuando lleguemos a Selyntos —Expresó Tariel— Si alguno sabe dónde estamos será más pronto.

—Pues a mí no me luce como nada que viese antes, está muy tupido todo, hay demasiados árboles como para ver nada. Quizás debamos subir a la copa de alguno y observar mejor— Repuso Hyn.

—A mí me recuerda a los bosques que hay al norte —Expresó Clari.

—Nunca he visto este árbol raro al norte— Joel tocó un tronco cuya corteza se rompía y resquebrajaba con machas naranjas.

—Pues no estamos bajo el agua y no estamos al sur, o el suelo estaría más árido y nosotros rodeados de un sinfín de orcos —Respondió Hyn.

—Joel, sube al árbol y ve si puedes ver montañas o algo que nos guie.

—Como un grupo de gente o una ciudad— Bromeó Hyn ante la mirada de pocos amigos de su compañero.

—Si veo a un grupo de cerdos sabré que tu familia va en camino a Selyntos Hyn.

—Si se trata de arpías sabremos que se trata de tu familia— Comentó Hyn. Daniela no tardó en comprender el chiste y se sonrió. Había escuchado como a los hombres que buscaban a cualquier mujer se les llamaba arpías o familia de arpías.

Joel no tardó en subir y lanzar un par de gritos dese las alturas. Todos se hallaban atentos pues no era raro encontrar criaturas en bosques tan espesos. No obstante, nada apareció frente a ellos, el terreno parecía halarse libre en varios metros a la redonda.

Había un grupo de montañas a nuestra izquierda, el sol se estaba ocultando y un rio parecía escurrirse entre la maleza a unos cientos de metros frente a nosotros. O al menos eso fueron las noticias que Joel trajo consigo. No era el mejor para dar indicaciones y pronto Tariel le pidió que anotase en papel todo lo que había visto lo mejor que pudiese.

—Si Joel tiene razón— Su expresión era dura y la voz tajante— debemos estar cerca del rio Selvi, por lo cual no hemos avanzado demasiado y nos hemos desviado un poco al oeste. Deberíamos seguir un camino lo más recto posible en esta dirección —Señaló lo que era probablemente el norte— Cruzar el rio y avanzar un par de días hasta Selyntos.

—¿Tan lejos estamos? Pensé nos habríamos alejado más de Utghardie.

—Aparentemente no fue así.

—Es solo que recorrimos tanto del abyss —Hyn se mostraba decepcionado.

—El sol se está ocultando, lo mejor por ahora será buscar de pasar la noche por acá y armar una hoguera para protegernos de alguna bestia —Puntualizó la líder del equipo— Busquen agua, comida y leña.

—Pienso que deberíamos armar un par de piedras y palos con los nombres de los caídos—Sorprendió un poco el comentario viniendo te Joel, quien se mostraba irrespetuoso y altanero normalmente. Sin embargo, la costumbre no era extraña. Usualmente se enterraban a los muertos fuera y dentro del abyss y de colocaban algunas piedras y un par de maderos señalando una x, esta marcaba un caído en batalla. El problema es que no había cuerpos que enterrar, todos habían sido dejados atrás en carrera.

Juni, el último en ser asesinado había perecido escapando cuando fue alcanzado por varias flechas, una en su rostro, otra cerca de su cuello y finalmente un par en el pecho atravesando su armadura de cuero curtido. El viejo pereció mientras miraba al resto correr, Daniela pudo notar como alzaba su mano pidiendo la ayuda de sus compañeros, pero nadie le auxilió. Todos estaban demasiado asustados luego de que un centenar de goblins perseguidos por orcos se adentrasen en un par de pasajes detrás de ellos.

—¿Qué sucede chica? ¿Ahora te arrepientes de venir con nosotros? Te dije que no era una misión para ti— Tariel se sentó a un lado de Daniela, quien tenía el rostro gacho y no había probado casi nada de su estofado de conejo que Clari recién preparaba.

—No es eso, solo no pensaba que muriesen tantos. Pensé llegaríamos más a la superficie.

—Y aún nos falta un largo camino a Selyntos— Comentó la otra con sorna, pero al ver que Daniela no reaccionaba cambió su tono a serio nuevamente— No es tan raro que mueran tantos en una incursión del abyss, incluso en los primeros pisos. Sin contar que veníamos siendo perseguidos por orcos y goblins.

—Supongo.

—Acabas de venir de un grupo atípico como lo es el grupo Fenrir, sin embargo, debes acostumbrarte a la realidad del abyss. Ese agujero es cruel y se traga a todos. Todos mueren en un instante u otro a manos del abyss.

—Si todos mueren ¿Para qué entrar?

—No sé. En mi caso creo que quiero una aventura y ver hasta dónde puedo llegar. Pero cada quien tiene su historia. Clari viene de una familia de granjeros y ha sido recolector un par de veces. Hyn tiene familia que son herreros, pero su hermana fue violada por unos goblins hace varios años y decidió entrar al abyss a asesinar cuanta criatura encontrase— Tariel vio al escudero sirviéndose un poco de conejo y haciendo caras al tiempo que conversaba con Joel— Supongo que después se percató no es tan bueno con las armas y le viene mejor un escudo. Todos tienen sus razones. ¿Cuáles fueron las tuyas?

—No había entrado al abyss hasta que sucedió lo de la guerra goblin y atacaron los orcos.

—Pues allí están tus razones. Los orcos te empujaron a eso, y mírate, sobreviviste cuando otros murieron.

—No me hagas recordarlo— Comentó Daniela cabizbaja. No les tenía cariño a los recientemente muertos, pese a ello era difícil recordar sus expresiones previas a fallecer.

Parecía que desde que apareció en ese mundo solo había visto muerte por doquier. No podía comprender como las personas vivían tan tranquilas ante tales condiciones, cómo se habían acostumbrado a ver criaturas, a no salir de las murallas de la ciudad a no ser con compañía de aventureros. El abyss era parte de su sociedad y de concebir el mundo, era natural ver tantas muertes, que la mayoría no llegase a una edad adulta y morir jóvenes en busca de fama y fortuna dentro de las profundidades.

Ciertamente Daniela no podía recordar su vida previa, sin embargo, sabía que tuvo una pues recordaba a su hermano menor y él a ella. Eso significaba que no había nacido en aquel faro en Utghardie. Pero, estaba segura que venía de un lugar donde las muertes no eran tan comunes y el abyss junto a sus horrores no se hallaba. Probablemente alguna tierra lejana, alejada de toda aquella locura.

Fue entonces cuales serían las razones de su hermano para entrar al abyss, y no tardó en hallar una respuesta que la convenció. Las chicas. Debía sentirse comprometido con ellas y con mantenerlas a salvo.

Dio un largo y hondo suspiro antes de continuar conversando con Tariel —¿Por qué los orcos nos perseguían? No entendí eso.

—No sé, no llevamos nada de gran valor hasta donde sé. Por un momento pensé que nosotros no éramos el objetivo principal, quizás para usarnos de carnada, para violarnos a nosotras… He escuchado que las mujeres orco son extremadamente feas.

—Yo también.

—No quiero pensar que nos ven como presas fáciles— Tariel dio en el punto que rondaba la cabeza de Daniela desde que iniciaron la carrera de supervivencia dentro de las cámaras del abyss. Eran débiles y los orcos les cazaban sencillamente por eso.

—Pero somos más inteligentes— Respondió Daniela en voz baja, deseando que sus palabras fuesen ciertas. Después de un rato de reflexión y recuerdos desagradables decidió buscar algunas setas y tubérculos que poder comer más tarde.

El bosque se tornaba más espeso al oeste, esto pudo notarlo porque el musgo se cumulaba en mayor cantidad y el suelo se hallaba forrado de hojas y al fondo resultaba fangoso. Propio de un lugar con poco transito y movimiento. Este tipo de sitios era el hogar perfecto para diversas flores y hongos, solo era cuestión de reconocer aquellos que eran aptos para el consumo de los venenosos.

La noche pronto tomó a la compañía, quienes apenas pudieron encender algo de fuego con tanta humedad. Clari consiguió algo de papa, mientras que Daniela unas diez setas. Nadie logro cazar nada y se tuvieron que conformar con un poco de carne de naga cocida en una sopa ligera. 
Hyn entonces relató la historia del caballero de plata. Un héroe de antaño que se enfrentó a un centenar de criaturas que escaparon del abyss en la ciudad de Ilain cuando apenas se formó el abyss de tal ciudad.

La historia hablaba sobre un pequeño agujero lleno de vapores que una tarde llena de temblores creció hasta hacerse gigante y tragar casas enteras. Las personas del pueblo al principio corrieron desesperadas, pero luego la curiosidad ganó sus impulsos y regresaron para observar el desastre.

Fue entonces cuando una estampida de arañas gigantes, peludas y negras brotó del suelo invadiendo la ciudad. Ellas fueron seguidas por un hermoso y temible dragón de un color verde intenso. Con ojos tan brillantes que parecían esmeraldas. Un dragón tan hermoso que, de no ser por el desastre y la cantidad de muertos, los pobladores le habrían criado como la mascota de la ciudad.

Los muertos se contaron por centenares y muchos debieron esconderse dentro de las murallas de la ciudad, mientras que otros lograban escapar del fuego y los colmillos de araña.

La noticia llegó entonces a la vecina ciudad de Yisaid, donde descansaba el guerrero de plata junto a dos compañeros guerreros omni. Los tres eran fuertes por si mismos, pero en equipo eran una fuerza imparable.

El primer guerrero omni era diestro en la lucha cuerpo a cuerpo y usaba sus puños como armas. El segundo era experto en el uso de la espada y podía cortar árboles enteros con solo mover su brazo. El último era el guerrero de plata, un hombre que usaba magia avanzada para vencer a sus enemigos y que era recordado por jamás ensuciar la vestidura plateada que portaba.

—Yo escuché que el guerrero fue bendecido por los dioses con esa armadura, y que nada podía hacerle daño, siquiera el fuego de dragón— Expresó Joel emocionado.

—Y yo he escuchado que la armadura tenía una magia avanzada que repelía cualquier daño— Comentó Tariel con una papa cocida en la mano —El punto es que era fuerte y la armadura era increíble, probablemente no fuese de plata, sino de Mithril.

—La historia se llamaría el caballero de mithril— Agregó el otro.

—Es más increíble caballero de plata, supongo.

—Sin contar que todo mundo reconoce el mithril, es extraño y el color es más como… no sé cómo decirlo, como cambiante.

—El punto es que el caballero de plata logró vencer al dragón luego de tres días enteros de batalla. Y la ciudad de Ilain conserva el cráneo original del dragón junto a una estatua de aquel caballero.

—Me gustaría ver la ciudad de Ilain, he escuchado que la estatua del caballero es de cientos de metros de alto y que debes atravesar la espada de piedra para entrar a la ciudad— Comentó Clari.

—La ciudad se encuentra cerca de un risco y los pobladores hicieron la estatua en el risco como tal, y la entrada es un largo túnel— Intervino Joel— La visité una vez de pequeño con mis tíos en una caravana, es impresionante. Sin contar que es lo más lejos y al norte que he llegado jamás. 

Daniela se mantenía callada pero atenta a todos los detalles de las historias. Eran totalmente nuevas para ella, a pesar de ser algo natural para el resto. De hecho, eran aquellos cuentos los que todos contaban una y otra vez cada noche que se sentaban a beber cerveza en las tabernas, pero para ella eran completamente desconocidas y difíciles de entender en algunas partes, en especial aquellas que hablaban de fechas o direcciones.

—Es lo más al norte que puedes ir estando seguro. Si vas más al norte estarías en Rilaed ¿no? —Pregunto Clari.

—No, primero esta Yisaid, luego, mucho más al norte está Rilaed, que es donde viven los omni, y la ciudad colinda con el territorio de los muertos— Corrigió Tariel.

—Dudo que sea bonito estar tan cerca de la nación de los muertos—Clari tuvo un escalofrío.

—Todos parecen temerle siempre a la nación de los muertos… ¿Cómo es que se llama? —Preguntó Daniela.

—Sinner, y es que el rey de los muertos tiene la capacidad de levantar a cualquier persona o criatura muerta en sus tierras y hacerla luchar en sus filas.

—¿Y la persona muerta no recuerda nada de su vida? — Daniela se hallaba sorprendida ante la explicación de Tariel.

—Supongo que no, pues pueden atacar a su antiguo grupo sin ningún problema, y son muy difíciles de eliminar.

—¿Cómo se mata a los muertos?

—Hay que cortarles la cabeza, quemar los cuerpos antes de que se conviertan, o quitarle las piernas antes para que así no puedan atacarte— Aclaró la cabecilla del grupo.

—La peor parte es que los muertos son capaces de usar las habilidades y poderes que tenían en vida. Es un ejército que se hace cada vez más grande e imposible de destruir— Expresó Joel antes de mordisquear un pedazo de carne de naga duro.

—¿Y cómo los detienen?

—Pues tengo entendido que hacen agujeros, con aceite hirviendo, hogueras enormes. Lo que se tenga a la mano muchas veces.

—Yo creo que el rey muerto no ha podido avanzar porque debe luchar de este lado contra la gente en Adrem, contra los omni en Rilaed, y del otro lado del charco debe enfrentarse con la gente de Yuntal de Minfister.

—Pero Minfister está contra Arglory—Inquirió Daniela temiendo errar.

—Minfister y Arglory están en guerra por algunos terrenos desde hace años, en especial por una isla que hay en medio de ambas. Pero el problema con el ejército de los muertos es mayor. Ambas luchan a la par contra los muertos.

—Es como un acuerdo.

—Algo así, nada muy formal, pero a nadie le conviene que los muertos ganen terreno y se haga más poderoso —Comentó Joel.

Daniela quedó pensativa con toda aquella información y decidió retirarse a la pequeña tienda de campaña que compartía con Clari. Tampoco deseaba permanecer mucho tiempo afuera pues la temperatura bajaba y notaba como Tariel y Hyn paseaban sus manos por sus piernas hasta zonas más íntimas, y ella bien sabía lo que aquello significaba.

Clari entró a la pequeña tienda al tiempo que se escucharon un par de gemidos del otro lado del campamento. Era algo incómodo cuando el lugar era tan pequeño y ellos tan pocos. Pese a ello Daniela no podía recriminárselo, el sexo era una manera de no pensar tanto en lo sucedido durante el día y de relajar el cuerpo.

Si allí estuviese Mena probablemente ella habría hecho lo mismo. Era algo de instinto natural después de todo… Y con este pensamiento se quedó dormida.

Despertó sobresaltada al sentir a Clari sobre ella. Abrió los ojos como platos y buscó rápida entre su ropa el cuchillo para clavárselo en la entrepierna a aquella canalla que pensaba violarla a mitad de la noche. Pero Clari tapó su boca con una mano y con la cabeza hizo señales del exterior.

Daniela prestó atención y su cuerpo se heló de pronto al escuchar aquello. Eran voces que tenían una conversación en la cercanía.

Giró la mirada y notó que la fogata se hallaba apagada y todo a oscuras. Clari podía tratarse de una simple recolectora que servía de cocinera, pero sostenía un cuchillo frente a su pecho aguzando sus oídos lo más que podía.

La chica cocinera quitó la mano de la boca de Daniela y esta se limitó a mover los labios “¿Y los demás?

“No sé, acabo de despertar”

“¿Sabes qué son?”

Clari negó con la cabeza “están cerca ¿cierto?”

“Bastante” expresó Daniela sentándose en el suelo tomando su espada corta y concentrando sus sentidos para detallar las palabras. No sonaban como orcos, tampoco como goblins, pero sus palabras tampoco eran humanas. De hecho, se comunicaban por sonidos graves y resoplidos. Daniela miró a Clari “hay unos cinco en esa dirección” Pronunció moviendo los labios en silencio y lo más comprensible posible “Y al menos otros tres en aquella otra, no sé cuantos más”

“¿Qué haremos?”

“Hay que…” Daniela observa la silueta de Joel arrastrándose por el suelo hasta entrar a la tienda por debajo de la lona. Su cuerpo estaba totalmente enlodado.

—Minotauros… —Alcanzó a decir antes de que Clari le tapase la boca con la mano.

—¡Ahora! —Se escuchó el grito de Tariel desde la otra esquina del campamento y todos se observaron con caras sorprendidas. No hubo tiempo de pensar tampoco demasiado, Tariel les había expuesto con aquel grito de batalla. Daniela salió de la lona en carrera buscando reconocer la situación afuera. Fue entonces que notó a Hyn casi desnudo con un escudo frente a él, deteniendo el hacha de un minotauro enorme y rojizo. Tariel por su parte lanzaba un par de pequeñas dagas a otro a la derecha antes de abalanzarse a la lucha.

Un grupo de cinco minotauros salieron entonces de la espesura a su izquierda. No había manera de que ella pudiera pelear contra aquello, incluso con la ayuda de Joel y Clari. Fue en ese instante que pensó sobre lo que habría hecho Allan, Miry, Mena y Amy. Sin embargo, ellos eran fuertes y de seguro se habrían lanzado a la lucha sin mayor problema, por lo tanto, no vino ninguna idea brillante en su ayuda.

—¡Escapen! — Fue Joel quien se levantó del lodo y como si lo hubiese ensayado miles de veces tomó la lona de la tienda, y la lanzó al aire bloqueando la visión del quinteto que se aproximaba. 

Cualquier otro aventurero habría escapado al instante, pero Daniela no llegó a escuchar las palabras de su compañero ni el grito de Clari a su lado. Solo vio una oportunidad y la tomó sin dudar. Corrió tan aprisa como sus piernas le dieron, visualizó por delante de ella a aquellos a quienes había visto correr y luchar decenas de veces contra enemigos superiores. Miry y Allan.

Corrió pegando su cuerpo al suelo y posicionando su espada a un lado de su cuerpo, hasta estar a un paso de las piernas del minotauro más cercano. La espada cortó la lona y atravesó la carne del cuello, rebanó todo lo que se halló frente a ella mientras Daniela daba un salto y caía detrás de los cuatro minotauros restantes.

Giró sobre sus piernas para asestar otra estocada contra el cuello de un segundo minotauro, sin embargo, esta vez la espada no rebanó por completo, sino que se quedó atrapada en la carne a mitad de camino y Daniela sintió una patada en su abdomen. Tan fuerte que le hizo doblar alzarse en el aire por una pequeña fracción de segundo y caer con el rostro contra la tierra.

Despertó sobresaltada por el grito de Clari a quien le arrancaban la ropa al tiempo que cortaban parte del abdomen con las enormes garras. Joel se hallaba en el piso con un hacha clavada en su pecho y el rostro desgarrado.

Hyn estaba sobre el cuello de un cornudo intentando sostenerse mientras Tariel le quemaba el pecho con una antorcha en llamas.

Daniela sintió un porrazo a un costado de ella. Una de las bestias se acercaba con un pedazo de tronco como si se tratase de un mazo.

Sintió desesperanza y miedo, estaban a poco de morir allí en medio del bosque, de la nada. Sin ninguna ayuda y donde nadie se enteraría siquiera.

Se levantó lanzando un grito frenético rumbo al minotauro que se hallaba sobre Clari pasando la lengua por sus senos. Sentía ira por sus venas, impotencia e ira. Detrás de ella hubo un gruñido y volteó a tiempo para observar como el garrote del otro minotauro fue arrojado hacia ella.

No hizo un mayor esfuerzo, solo se dejó caer hacia adelante mientras el tronco cruzó el aire y se estrelló contra la otra bestia sobre Clari. El minotauro cayó al suelo y Clari salió como pudo de debajo de aquel ser.

Daniela no supo tampoco cómo, pero Tariel se hallaba ahora encargándose de la otra bestia clavando una de sus propias hachas con el impulso de todo su cuerpo contra su hombro y pecho. El cornudo cayó con estrépito al suelo y todo fue silencio durante un largo rato, un silencio que solo dejaba escuchar sus propias respiraciones entrecortadas al tiempo que observaban los cuerpos de minotauros dispersos y a Joel muerto sobre el fango.

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En la taberna del puerco y el ave dentro de la ciudad de Selyntos. Veltos buscaba un lugar donde tomar asiento para beber una pinta de cerveza de roble bien fría junto a Wolken, quien ya había tomado un par previamente.

—Travis ha estado pidiendo revisiones cada vez más exhaustivas y las celdas deben estar brillantes. Como si no estuviesen hechas de piedra igualmente.

—A mí me tocó una vez limpiar una habitación donde hicieron una sesión de interrogatorio. Todo estaba lleno de sangre y Travis no quería ver ni una mancha en las paredes. Fue horrible, tuve que limpiar todo como diez veces.

—Dos pintas frías y algo de pan para comer mientras— Veltos pidió a la cantinera y al retirarse se quedó un rato concentrado en el trasero redondo que se notaba por debajo de la falda.

—¿Pan? —Preguntó Wolken.

—Es que el pan lo guardan allí abajo y debe agacharse a recogerlo — El hombre alzó una ceja y luego sonrió amable cuando recibió el tarro de cerveza.

—¿Cómo vas con Rosa?

—No voy. Se molestó mucho luego de la incursión que tuvimos en los caminos de Adrem. No quiso creer que estuvimos tres semanas en eso.

—¿Creyó que estabas con otra?

—Exacto.

—¿Y es cierto?

—Para nada, llegue a ir dos veces a un burdel, pero nada serio. Con decirte que una de las veces debí ir como escolta de un caballero.

—Es difícil tener que ir al centro de diversiones y quedarte mirando nada más.

—Y cuidar que al otro no le corten el miembro.

—Deberían pagarnos el doble en momentos como ese— Brindó Wolken haciendo sonar ambas bebidas antes de voltear a ver los alrededores. El lugar estaba tan repleto como todas las noches. La mayoría de los presentes eran aventureros que descendían al abyss, otros trabajadores o soldados cansados. El puerco y el ave era un santuario de descanso del arduo trabajo.

—He pensado en eso del sueldo, con las cosas que están sucediendo ciertamente deberían pagarnos más. Escuché que a los soldados en Adrem les han doblado el sueldo, están ganando una moneda de oro al día.

Wolken negó con la cabeza— No creo que puedan pagar tanto. Aunque si lo piensas, con las cosas con los muertos como están, dudo que alguien llegue siquiera pueda pasar de un mes.

—Están fuertes las cosas con el ejército de los muertos.

—Pero una moneda de oro al día… suena tentador ¡eh!

—Claro, aunque de seguro pedirán que desarrolles habilidades o magias de esas nuevas de las que los aventureros hablan.

—Tengo un primo que desarrolló manejo de la espada. Dice que es muy bueno a la hora del combate, aunque solo pelea contra goblins salvajes y una que otra arpía.

—Hablando de goblins— Veltos bajó la voz hasta hacerla casi un susurro —Sabes de Utghardie.

—Todo el mundo lo sabe, fue destruido por completo.

—Pues no fueron los goblins, aparentemente los orcos hicieron un segundo ataque luego de que los soldados habían repelido a los goblins. Pero los orcos fueron superiores, arrasaron con todo y volaron la entrada de la ciudad.

—¿Quién te dijo eso?

—Llegaron a las puertas unos tres soldados hace casi un día, estaban en muy malas condiciones. 

—¿Por la batalla?

—No, una enfermedad mágica. Travis mandó a ejecutarlos. Aparentemente la ciudad fue maldita con una extraña enfermedad previo a ser destruida. La orden que tenemos es de no dejar entrar a ningún superviviente, todos serán ejecutados.

—Eso suena algo feo.

—Pero es por el bien común, dos de los tres que llegaron estaban enfermos y parecían a punto de morir. No quiero imaginarme lo que sucedería si una enfermedad así se esparce por Selyntos. 

—Claro, sería terrible, es comprensible que los maten a todos. Horroroso, pero entendible.

—A veces uno como soldados ve cosas muy feas…

—Y te repito compañero, por eso deberían subirnos el sueldo — Wolken alzó su copa y tragó todo su contenido con estrépito antes de pedir otra ronda de licor. 

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