27. COALICIÓN

Aquello era un agujero goblin que serpenteaba metros y metros en las profundidades. Por lo general nunca tomarías esos caminos de hallarte en el abyss. La razón es que los agujeros goblins se bifurcaban decenas de veces y se extendían por kilómetros antes de llegar a cualquier lugar. Para un aventurero aquello era peligroso en extremo. Las posibilidades de emboscadas desde cualquier bifurcación eran altas, además de que nadie conocía tales pasajes como ellos.

Por otra parte, los caminos goblins a veces podían tener dos metros de alto y en otros reducirse hasta medio metro y requerir ir a gatas por ellos en total oscuridad.

Afortunadamente las rutas tenían ciertas marcas sobre sus entradas y paredes, por tal motivo era fácil identificarlas, esquivarlas o preparar trampas a sus salidas.

Aquel agujero era extraño, yo no había visto uno semejante, tampoco es que me hubiese metido en muchos caminos goblin. En nuestras incursiones dentro del abyss no eran tan frecuentes de observar, pues las salidas marcadas normalmente se bloqueaban y la mayoría de seres se reproducían en paredes y suelo.

El camino viraba en descenso y luego se extendía por diez a quince minutos en una sola dirección, pasando de diferentes cruces. Todo hasta llegar a un lugar cuyo hedor causaba nauseas desde lejos. Sentí que la cabeza me daba vueltas y noté que Miry estaba con el rostro entre sus manos y su tez era de una mezcla de blanco con verde. Totalmente mareada y a poco de vomitar.

Aquello era un hall enorme donde cientos o miles de goblins se congregaban en pequeñas tiendas con fogatas, bailes, comidas, gruñidos y peleas. A medida que avanzábamos por el lugar el bullicio desaparecía y le suplantaba un silencio profundo. Nadie se acercaba a nosotros a pesar de las miradas y murmullos evidentes. Mena comentó que el goblin parlanchín y el gris debían de ser importantes para que nadie se atreviese a lanzar siquiera una flecha o tomar un arma en su presencia.

Obviamente nuestra presencia no era deseada, las miradas de la mayoría se dirigían a nosotros con desprecio, se levantaban y cruzaban sus brazos. Sin embargo, nadie se reveló ni emitió sonido. Me pareció particular la presencia de pocos Kobolds entre los goblins. Pese a ser miles de estos últimos apenas pude divisar unos veinte de los primeros.

Al fondo de la enorme cámara se hallaba un pequeño agujero. Debimos agachar las cabezas para adentrarnos. La sala era circular, mucho más pequeña y con un fuerte olor a carne en salsa. La boca se me hizo agua sin querer.

Al frente se hallaba un goblin de piel casi blanca de muy baja estatura y colgantes en el cuello. A su lado se hallaban dos goblins que tardé en rato en comprender se trataban de féminas de su especie.

—Bienvenidos —la voz del viejo goblin fue clara y entendible.

Me quede de pie frente a él sorprendido, era el segundo goblin que pronunciaba nuestro lenguaje, esta vez con perfecta dicción.

—Me complace aceptasen la invitación. Tomen asiento, están invitados a tomar asiento— Realizó señas con su mano sobre un par cojines feos que habían frente a nosotros. Justo adelante de esto había algo de comida, más que todo carne en diferentes presentaciones. No obstante dudé de la procedencia de dicha carne. Lucía más oscura de costumbre, incluso estando dentro del abyss.

Un par de lámparas de aceite se mantenían encendidas a los lados, brindando del lugar de algo de luz danzante y calidez. Pensé que podía usar aquellas lámparas si las cosas se ponían feas. Arrojar el aceite por el suelo, quizás Miry usaría fuego y saldríamos de allí arrasando con cuantos pudiésemos.

No deseaba pelear, ni eliminarles a todos, menos cuando la curiosidad me ganaba. Pero el tener una ruta de escape cuando te sientes arrinconado te ayuda a estar calmado y sentir que el juego está en tus manos.

—Usted sabe también hablar nuestra lengua —Comentó Mena.

—Soy… —se detuvo y razonó un segundo — en su lengua se pronunciaría Otrit, el jefe de esta tribu.

—Soy Mena, jefe de este grupo, ellos son Miry y Allan —Bajé la cabeza en forma de respeto.

—Es un placer conocer a tan grandiosos guerreros.

—El placer es nuestro Otrit.

—Disculpen la rudeza de mis súbditos, no es normal tener invitados, nunca invitados humanos. Por favor insisto en que tomen asiento —Señaló al par de cojines tirados sobre el suelo de roca —Todos están intrigados por haberles hecho llamar aquí el día de hoy. Supongo notaron las miradas. Sin embargo, si son tan excelentes luchadores como demostraron hace un instante, tienen más que merecido el estar aquí frente a mí. Pueden comer lo que gusten.

—Gracias.

—Supongo que están extrañados por esta reunión.

—Es difícil entender las razones.

—La guerra señorita Mena, la guerra es siempre razón suficiente para movilizar tribus enteras y hacer alianzas peligrosas.

—¿Para eso nos llamó? ¿Para hacer una alianza peligrosa?

—Todas las alianzas son peligrosas. Toda alianza implica juntar dos partes que no lo estaban, eso de por sí ya es muy difícil. Todos desean lo mejor para los suyos, nadie pelea por alguien a quien no conoce.

—Es cierto.

—¿Puedo preguntar cómo está la ciudad de Utghardie? —No sentí nada oculto en su pregunta, sin embargo me sentaba sospechosa.

—Destruida y tomada por los orcos —Contestó Mena de forma tajante.

—¿Por qué no la defendieron? —Inquirió el viejo goblin.

—Dígame Otrit ¿Qué es más importante? ¿Los edificios o sus habitantes? —Preguntó Mena. El anciano sonrió como si la pregunta le hubiese complacido.

—Una ciudad no existe sin habitantes. Y la aparición de los orcos fue algo repentina. Nadie estaba preparado para enfrentárseles.

—Eso noté, están en guerra ahora con los orcos ¿puedo hacer un par de preguntas? ¿Cómo es que terminaron en guerra con los orcos? Ahora, ustedes no son del abyss ¿o me equivoco? Quiero decir, no son como los otros.

—Me temo que tienes razón en parte. La mayoría de nuestra tribu pertenece al exterior, pero me temo que los orcos están ampliando sus territorios y debimos replegarnos hasta nuestros terrenos aquí dentro del abyss y luchar por no desaparecer. Esto nos obligó a entrar en la guerra. Aunque déjame dejarte algo en claro pequeña capitana humana, todas las tribus de goblins son distintas.

—Entiendo —Mena se mostró apenada — Los orcos también tomaron la ciudad de Utghardie.

—Y tomarán todo lo que puedan en búsqueda de prepararse contra el rey muerto de Sinner —Aquel nombre lo había escuchado un par de veces en la taberna. El rey muerto era quien regía las tierras más al norte del continente, y con quien las naciones humanas de Minfister y Arglory mantenían lucha constante en el norte. Pero aquello estaba tan al norte que nadie en nuestra ciudad pensaba en ello, era una guerra lejana de la cual apenas se sabía algo cuando alguien regresaba de Selyntos o Adrem. La nación de Arglory, donde estaba Utghardie, luchaba contra la nación de muertos de Sinner, y contra Minfister, la nación del oeste. Pero la guerra no llegaba a nuestra pequeña ciudad al sur, aquello era como cuentos para asustar niños. Algo que escuchabas y charlabas mientras todos bebían cerveza o comían en la taberna, no era algo real para los habitantes de Utghardie. A pesar de eso Mena, Miry y yo intercambiamos miradas.

—¿El rey muerto de Sinner? ¿Qué tiene que ver en la guerra?

—¿No lo saben? Bueno es entendible, estamos muy al sur como para pensar en la guerra del norte, pero la realidad es que se avecina una gran lucha contra el rey muerto. Las tropas de muertos se han agolpado en las fortalezas de la frontera, el rey amenazó con levantar a los muertos del abyss para tomar las tierras.

—¿Y por qué los orcos están preocupados? Están completamente al sur —Preguntó Mena, obviamente más centrada que yo, quien deseaba preguntar si aquello era posible, despertar a los muertos del abyss. Por cálculos simples adivine debían ser miles y miles los muertos allí abajo.

—Porque los humanos no tienen oportunidad alguna de ganar la guerra. Son los más débiles entre las razas que se adentran en el abyss. Sin mencionar que los orcos necesitan ciertas áreas para poder tomar recursos.

—¿Por qué nos pidió esta reunión señor Otrit? —Mena se adelantó a que yo abriese la boca, iba a comentar que eso significaba que el problema del rey muerto nos afectaba a todos por igual entonces. Obviamente nuestra jefe de grupo había notado mi ansiedad, pues intercambió miradas con Miry, y esta última me tomó del hombro obligándome a calmarme. Luego comprendí que quizás era un error decir esas palabras en ese momento.

—Necesitamos de la ayuda de poderosos guerreros como ustedes para enfrentar a los orcos. El día de hoy mis seguidores me informaron se unieron a la batalla y apoyaron nuestras tropas de manera formidable.

—Pero usted acaba de decir que los humanos somos los más débiles en esta pelea y avance dentro del abyss —El goblin gris y alto no se mostraba nada agradable ante nuestra presencia, pero se limitaba a mostrar los dientes o asentir ante las palabras del jefe.

—Y lo son, sin embargo, ustedes pudieron vencer a los orcos y frenar su avance en cierto momento el día de hoy —Sonrió de una forma que me pareció algo siniestra —La verdad pensé perderíamos el día de hoy a más de la mitad de nuestras tropas y deberíamos replegarnos a pisos inferiores. Es una suerte el poder estar aquí ahora, una suerte que estoy seguro se debe en parte a ustedes.

—Vimos la lucha y nuestra ciudad ya ha sufrido el embate de los orcos, supongo que nos hemos sentido identificados en la pelea. Sin embargo, me temo debemos rehusarnos en su petición señor Otrit, tenemos una misión aparte y la vida de nuestro pueblo depende de ello.

—¿Puedo preguntarles cuál es su búsqueda? —intervino el jefe de los goblins, Mena, Miry y yo intercambiamos miradas. Era más que obvio habían partes de la historia no eran prudentes de comentar a los goblins, como que estuvimos en lucha contra ellos, que dicha batalla fue iniciada por mis actos al eliminar toda una tribu, o que la enfermedad fue provocada por un anciano semejante al que teníamos frente a nosotros.

—Estamos buscando la cura para una magia que desconocemos, nuestra gente está a punto de morir por ella.

—Los hombres desconocen muchas magias —comentó el anciano.

—Me refiero a la magia peste.

—Peste, ya veo —entrecerró los ojos —una magia poderosa si no se controla, pero fácil de curar si tienen magia sanación.

—¿Sanación? —preguntamos casi al unísono los tres.

—Sanación, va por encima de magia regeneración y cura. Más poderosa, permite quitar algunos estados alterados como el miedo, el veneno o la peste.

—¿Tienen esa magia? ¿Podrían ayudarnos? —Mena miró fijamente al anciano goblin.

—Soy quien sabe más de magia en mi tribu y no manejo la magia sanación siento decir, me agradaría tenerla para poder negociar con ustedes a cambio de protección.

—Entiendo —repuso mi compañera —estamos buscando la sangre de ángel, no sabemos hasta qué piso debemos llegar, pese a ello si sabemos que esta puede curar la magia.

—Sí, sangre de ángel poderosa, ayuda a crecer y cura. Sin embargo ángel encontrarse en piso cuarenta y cinco.

Aquello era un dato relevante, al fin alguien nos daba siquiera información sobre el piso al cual debíamos alcanzar —Es algo difícil, lo sabemos —repuso Mena.

—Muy difícil, en especial por jefe de piso cuarenta, el balrog no es un enemigo común. Los goblins no pueden derrotar a este enemigo.

—¿Ustedes pelean dentro del abyss? —pregunté sin poder contener la pregunta en mi cabeza.

—No todas las criaturas son iguales, hay criaturas que nacen en la superficie, como cualquier otra, huevo o una madre le tiene, esta criatura crece y muere. En cambio, hay otro tipo de criaturas, entre ellas goblins. Goblins que no piensan ni pueden aprender idioma, ni idioma goblin o idioma humano. Criaturas que no comprenden muy bien, nacen de las paredes y tierra, llevan gemas en su interior y solo buscan la lucha. A veces logramos hacer equipo con esos goblins, pero es difícil, no piensan — El anciano parecía triste en ese punto —Los que venimos de la superficie peleamos dentro del abyss. A veces hacemos alianzas con goblins de adentro por razones. A veces debemos matar para poder avanzar.

—Eso quiere decir que nuestra meta está en el piso cuarenta y cinco, agradezco su…—Mena iba a terminar la frase cuando fue interrumpida por la mano alzada del anciano goblin.

—Creo que si podemos formar una alianza —habló el viejo con tono suave y profundo, se tomó su tiempo para continuar hablando —existe un claro en el bosque del piso treinta y ocho, hay un lugar sagrado y escondido. Las hadas son peligrosas y cambian sus pensamientos a cada instante, pero tienen pociones más poderosas y magia sanación con ellas.

—¿Qué? ¿En serio?

—Las hadas venden sus servicios, pero no son nada amigables ni económicas. Necesitarán materiales o monedas. Llegar hasta ellas no es fácil, el bosque del piso treinta y ocho es peor que un laberinto. Peor que el abyss, perderse es sencillo, salir muy difícil.

—Señor… —El joven goblin se mostraba preocupado por sus palabras.

—¿Ustedes saben cómo llegar hasta allí? —Preguntó Mena, yo estaba ansioso por aquello, el piso treinta y ocho sonaba como algo más cercano y posible. Además ¿hadas? Por alguna causa pensaba en los cuentos que les enseñaban a los niños sobre hadas hermosas que encantaban hombres y…

—Sabemos cómo llegar y podemos guiarles, pero a cambio pediremos su protección.

—¿Podemos discutirlo un instante? —Mena giró su cabeza a nosotros ante el permiso del viejo goblin. Yo estaba a poco de dar mi opinión cuando Miry se me adelantó.

—Es peligroso, no sé si las hadas sean de fiar, tampoco si los goblins lo sean, podrían emboscarnos en ese tal bosque, Miry lo sabe.

—O podemos conseguir una cura. No sé nada sobre las hadas, pero creo que los goblins necesitan ayuda, de no ser así no la pedirían a humanos —Susurrábamos con nuestras caras casi pegadas entre nosotros, Mena como era usual se mostraba precavida aunque abierta a sugerencias.

—Si las hadas venden sus productos y servicios ¿con qué vamos a pagar? No tenemos nada que pueda servirnos para cambiar —pregunté con algo de inquietud.

—Tenemos algunas cosas de orifalquio —intervino Miry, y yo asentí con la cabeza dándome cuenta de esa pequeña gran omisión, aunque no sabía si ello era valioso para las hadas.

—Entiendo —Mena quedó un rato en silencio y asintió con la cabeza antes de dirigirse al anciano goblin.

—¿Cuándo será la próxima batalla señor Otrit, y en cuanto tiempo podríamos llegar hasta el piso treinta y ocho a la zona de las hadas?

—Camino peligroso y no mostrar caminos goblins, deberán usar camino humano, pero en dos días podrían encontrar a las hadas.

—Eso significa que tardaríamos dos días en ir, y dos días en volver.

—Podemos replegar nuestra tribu por cuatro días señorita Mena, esperar y ocultarse es mejor opción que luchar contra los orcos.

—¿Usted cree señor Otrit?

—Hay batallas que se ganan al no luchar — El viejo goblin se tocó la cabeza como si aquello fuese algo obvio. 

—Si hacemos esto, necesitaremos un guía y un recolector señor Otrit.

—Si aceptan, Ulmir el guerrero irá con ustedes —Señaló al goblin corpulento y poco amigable que con recelo rumió todo el tiempo —También recibirán la ayuda de Kot— Señaló al goblin que sirvió como guía hasta los aposentos del jefe —Es el mejor entendiendo su lengua y conoce bien los caminos del abyss. Podrá guiarles por donde ustedes desean. Y por último, pero no menos importante, necesitarán un par de goblins que puedan llevar los recursos para vender y otro que tome los restos— Sonrió con algo de malicia y se dirigió a sus súbditos— Traigan a Heltmer, Cotfin y Giro — Noté como un par de goblins, incluyendo a Ulmir voltearon sorprendidos ante el nombre de Giro, sin embargo el anciano se mantuvo en su petición y luego de unos minutos otros tres goblins se hallaban entre nosotros.

Heltmer y Cotfin eran delgados pero altos y de ojos grandes, yo me pregunté si se trataba de hermanos por la similitud entre ellos. Aunque Heltmer tenía una piel algo azulada y Cotfin mucho más grisácea. Ambos hicieron una inclinación ante el anciano antes de que este les presentase.

—Son confiables y muy buenos tomando recursos. Cotfin es diestro haciendo flechas con punta de hueso también.

—Arghmasbh ilt orgermash port guvm— Comentó este, a lo cual de inmediato Kot tradujo a nuestro idioma.

—Penetrantes y con veneno.

—Un placer Cotfin, tú también Heltmer— Miry saludo levantándose antes que Mena y yo.

—Él es Giro, conoce muy bien las rutas y el bosque del nivel treinta y ocho, también ha tratado con las hadas previamente —Comentó Otrit indicando que pasara el último de los tres goblins adelante.

Noté que Ulmir escupió el suelo a un lado, pero Giro no se inmutó por ello, tan solo avanzó hasta estar frente a nosotros. Era un goblin de tamaño mediano, joven y extraño a simple vista. Notable pues llevaba a diferencia de cualquier otro goblin que hubiese visto antes ropa claramente humana. Lucia vaqueros rotos en las rodillas, un sueter verde con negro y un par de collares en su cuello. Giro apenas saludo con la cabeza y se retiró de inmediato.

—Cuatro días señorita Mena.

—Me parece perfecto, partiremos de inmediato si no les molesta —Contestó esta y el anciano goblin sonrió mandando a todos a salir de la habitación.

—Un placer que podamos colaborar esta vez— Kot se posó frente a nosotros al salir de la tienda —¿En cuánto tiempo están listos para partir? ¿Necesitan algo para goblin ayudar?

—Estamos listos para irnos de inmediato Kot, esperaremos por ustedes para partir —Mena nos observó a Miry y a mí. Ambos estábamos un poco inexpresivos, más sorprendidos por lo sucedido que nada más— Creo que no necesitamos nada.

—Asiv alg but gabat resh —Comentó a Ulmir, luego se dirigió a los otros tres —Umjit alg but gabat arg bitish, resh resh resh— Por el gesto con sus manos y lo rápido que estos salieron corriendo en diferentes direcciones supuse que “resh” era algo como apúrense, o rápido.

Me sentía un poco temeroso de andar con goblins en nuestro equipo. Sentía que en cualquier momento seriamos atacados por ellos desde la parte trasera y recibiríamos alguna herida de gravedad. Confiaba plenamente en Mena y sus decisiones, pero ni un poco en los goblins. Presencié la muerte de Vert solo unos meses antes y tenía la escena aun en mi mente.

Lo otro que pensaba es que si estos goblins eran de la superficie de seguro se hallaban en la guerra contra la ciudad de Utghardie. Probablemente tenían rencor hacia nosotros y de no haber aparecido los orcos, yo habría acabado con ellos.

El goblin alto, corpulento y gris de nombre Ulmir parecía sentirse igual a mí. Desconfiaba y se alejaba de nuestra compañía mirándonos con abierto desagrado y escupiendo al suelo cada vez que podía.

—Se acerca un grupo de… bullets y creo que un par de beartrolls— Comentó Miry alzando sus orejas mientras Mena detenía al grupo. Deambulábamos por el piso dieciocho sin muchos problemas previos. Los goblins nos habían guiado por un laberinto que solo ellos conocían pudiendo avanzar de forma más rápida.

Noté entonces como Cotfin y Heltmer se dispusieron a sacar una soga para amarrarla a una roca a un costado del camino —¿Qué hacen? — Pregunté a Kot al instante.

—Trampas para cazar a los bullets —Contestó este como si fuese natural.

—No hace falta Kot, diles que no gasten recursos aquí —Contestó Mena antes de activar sincronía en nosotros tres.

Miry se lanzó en carrera antes que yo, dirigiéndose a un túnel completamente oscuro mientras los goblins quedaron sorprendidos por nuestra velocidad. Mena nos siguió en carrera con su arco y flechas preparadas.

Me encontraba un poco temeroso de un ataque trasero por parte de los goblins, pero sincronía estaba activa y Mena no era fácil de sorprender. Sin embargo, aquello pasó rápido por las expresiones de asombro al ver a Miry pelear. Si jamás has conocido a una tumb, o nunca le has visto luchar es completamente normal. Esta se movía a un ritmo indescriptible, saltaba con un fuerte impulso y no se dirigía directamente a los enemigos, sino que se catapultaba a una pared, al techo y luego aterrizaba con una potencia descomunal, aplastando a quien se hallase debajo, o rompiendo el suelo a sus pies por la fuerza de sus piernas.

Al verle luchar pensarías que su potencia se hallase únicamente en sus miembros inferiores, sin embargo luego sus brazos se movían con la misma velocidad y las dagas cortaban todo a su paso, incluso armaduras de cuero reforzado.

Mena disparó un par de flechas a los pies de los Bullets y estos al alzar sus patas yo me dispuse a eliminarles. El corte debía realizarse en el pecho a la altura de donde debía estar su cuello.

—Viene algo más— Comentó Mena desde atrás. Sin embargo, yo no pude observar nada desde mi posición, el túnel frente a mí se veía oscuro y el resplandor de las lumbres sujetadas por los goblins dibujaban sombras raras.

—¿Qué es eso? —preguntó Miry. Su tono fue de temor, lo percibí de inmediato en su voz, sin contar que sincronía me permitió sentir también su temor sobre la piel.

—¡Debemos irnos por otro lugar! —Kot se mostró urgido al tiempo que un bullet se desviaba de nuestra trayectoria y se dirigió directo contra la pared, se estrelló contra esta y lo intentó nuevamente, dos y tres veces hasta caer completamente noqueado al suelo.

—Eso fue raro —comentó Miry, a quien los bullets no le caían bien, siquiera para asesinarles. Aprendí con el tiempo que todo aquello semejante a un jabalí era motivo de repulsión y temor por parte de la tumb.

Los goblins empezaron a gritar de pronto y Kot se mostró muy nervioso tomando a Mena de la blusa para que se retirase— Hay que irse, hay magia en el aire.

La primera que lo notó fue Miry, quien no solo se hallaba adelante, sino que su vista aguda le permitía notar más que a nosotros. Yo tan solo noté una mancha negra moviéndose.

—¿Es un esqueleto? ¿Un esqueleto campeón? —Preguntó la tumb.

—Es un lord muerto —contestó el goblin.

—¡Fuego! —Gritó Miry, y una bola de llamas se abalanzó por el túnel alumbrando las paredes con un naranja brillante. Entonces pudimos observarlo. Aquel esqueleto era enorme, con armaduras oscuras sobre su cuerpo. El escudo que portaba cubría más de la mitad de su cuerpo, desde sus pies hasta sus hombros, y a un lado una enorme espada brillaba.

La llamarada chocó contra el escudo del esqueleto y desapareció. No sucedió nada. Nos quedamos paralizados ante la reacción del esqueleto. Una risa espectral retumbó por el pasillo hasta nosotros— Débiles— un frio recorrió mi cuerpo de pies a cabeza —Miedo —Expresó en voz grave. Sentí entonces mi cuerpo temblar y desear huir de allí, era como si aquel ser hubiese duplicado su tamaño, las sombras se hubiesen extendido hasta nosotros.

—No podemos ganarle a eso —Comento Kot echando para atrás —Son muy extraños, muy raros. 

—¿Lo habían visto antes? —preguntó Mena al goblin.

—Nunca, pero he escuchado historias ¿Ves cómo se acaba la piedra en esa sección de la pared? —Era cierto, la roca terminaba de forma brusca y daba paso a ladrillos amarillentos perfectamente colocados —Significa que viene un calabozo.

—¿Por qué nos guiaron hasta aquí? —preguntó Miry.

—No lo hicimos, ustedes vinieron mientras mataban, el camino es por atrás— Comentó Kot con voz temblorosa.

Mi cuerpo se tensó y me preparé para lo peor. No era la primera vez que sentía esa sensación de piernas de gelatina, cabeza nublada ante la posibilidad de la muerte y el corazón bombeando sangre como loco. Cuando el ángel se lanzó contra Miry me sentí exactamente igual, también cuando aquel orco enorme me lanzó por los aires en el campamento goblin.

Conocer esa sensación en tu cuerpo no te prepara para ella, tan solo no te deja entrar en crisis y locura, te mantiene un instante firme en vez de salir corriendo.

—Valor — Pronunció Mena y sentí como si un líquido caliente reconfortase mi cuerpo —Ataquen sin magia.

Miry y yo asentimos con la cabeza antes de partir en carrera por el oscuro túnel. Miry pasó delante de mí posicionándose a mi izquierda, así que yo me crucé y coloqué a la derecha y apunté el golpe a su pecho en primera instancia. Interpuso el escudo y mi espada larga chocó de manera estrepitosa, justo lo que esperaba. La solté y giré sobre mi cuerpo para asestar con la espada corta que tenía en la otra mano.

Mi espada y la suya chocaron. Entonces pude ver su sonrisa maniática cadavérica debajo del casco negro que portaba. Su fuerza era superior a la mía, sin embargo, no era explosiva. Me doy a entender, una fuerza explosiva habría hecho mi espada pedazos y reventado mi cuerpo. Pero, no fue así, nuestras espadas habían chocado, y yo tenía suficiente fuerza para soportar mi cuerpo que estaba en el aire y lanzarme con el mismo movimiento hacia arriba.

Choqué de forma abrupta contra el techo de la cueva y caí al suelo con estrépito. Miry había aprovechado deslizarse a la altura de sus piernas y cortar donde debían estar sus tobillos y rodillas.

—Vienen más— Mena dio aviso —Debemos irnos.

No es como si no quisiera irme, solo que estaba al menos siete metros por delante del resto y Miry luchaba frente a mí. La criatura era suficientemente fuerte y rápida para bloquear los ataques de Miry y míos. Definitivamente no era normal tener algo así de fuerte en esos pisos. No estaba preparado, pensé tendría hasta el piso treinta para calentar un poco antes de tener que enfrentarme a algo verdaderamente desafiante. Imaginé que aquello debía ser de pisos de adelante.

Me levanté apretando mi espada corta, la larga quedó adelante tirada en el suelo cerca del lord. Levanté la vista y aquella cosa se posó frente a mí. Sentí pavor, era enorme y la espada se alzó en toda su extensión para caer sobre mí. No importaba si interponía mi espada para cubrirme. Moriría allí, en ese instante.

El golpe que sentí fue de Miry, quien me propinó una patada contra mi costado derecho y se desplazó entre mi persona y la espada. Interpuso una de sus dagas en medio y dejó que la espada se deslizara hasta chocar con el suelo.

—Esta pelea es mía — Sentí el tono decisivo de su voz. Observé su rostro, aún al borde de la penumbra y con solo un par de lumbreras alrededor para dar visibilidad me percaté del brillo en su mirada y sus dientes apretados en la boca.

—¿Qué sucede?

—Esta pelea es mía, retrocedan.

—Tienes treinta segundos— Soltó de pronto Mena tensando su arco para lanzar flechas a la penumbra del pasillo. Logré escuchar un gong muy claro, habían chocado contra metal. Algo metálico se acercaba desde las sombras.

La tumb lanzó un par de dagas al lord seguido de su magia “fuego” yo estaba por repetirle que aquello no le hacía efecto a aquel esqueleto, sin embargo Miry salió disparada hacia este y luego saltó a una de las paredes. Impulsándose sobre esta se dirigió nuevamente al suelo atravesando las llamas frente a ella. Al inicio no entendí para que era aquella treta, hasta percatarme que el lord alzó su escudo e ignoró una de las dagas que se incrustó en su pecho. Miry se apoyó de esta y girando su cuerpo en el aire se desplazó detrás de este jalando la daga con ambas manos. Esta chirrió al atravesar la armadura y cortar el par de cartílagos que sostenían el brazo derecho.

—Fuego, fuego, fuego.

Las flamas penetraron la armadura y el esqueleto se incendió entero. Las llamas brotaron de cada hendidura. Hubo un grito grave desde el interior y el lord cayó de rodillas al suelo.

—¡Vámonos! —El tono de Mena fue autoritario. Nadie dudó nuevamente. Miry tomó mi espada enorme del suelo y sus dagas antes de partir en carrera al igual que el resto.

—¡Por aquí guerreros, por aquí, rápido! —Kot estaba asustado, era notable en su voz. Quizás los goblins eran más cautos e inteligentes que nosotros.

—¿Por qué insististe en luchar contra eso? —Pregunté a Miry mientras tomábamos una curva y escaleras para el piso siguiente.

—Miry prometió proteger a Allan —Contestó la tumb con rostro serio y se adelantó al piso siguiente.

—Déjala— Mena me tomó del hombro un instante y habló muy bajo al pasar a mi lado —Se está poniendo a prueba a sí misma. Debemos saber que tan fuerte somos y si podremos descender, de no ser así moriremos todos.

—Pero no era necesario que… —Sentí su mirada más recriminante.

—Aceptamos venir aquí abajo contigo. Creemos en tu fuerza, pero también depende de nosotras, esto no es algo que podrás hacer solo.

Quedé de pie, paralizado, como una pieza de porcelana en chiquero de cerdos. Mal colocado. Había arrastrado a Miry y Mena sin tomar en consideración el miedo que ellas podían sentir por descender y enfrentarse a la muerte. Me preocupaba mi muerte, pero había pensado muy poco, por no decir casi nada en la de ellas. De hecho, me detuve a pensarlo en retrospectiva y en todos los casos más fatales que registré en mi mente, me imaginaba a mí mismo muerto, pero no a ellas. Así de poco empático era yo.

—Nunca he visto aventureros luchar así como ustedes, la tumb es impresionante —Kot se movía a un lado— Heltmer y Cotfin están un poco desanimados por no haber podido tomar esos recursos. Pero era peligroso quedarnos cuando se acercaban más de esas cosas.

Ciertamente, la cercanía de más monstruos nos hizo retroceder y descender en el abyss, pese a todo yo estaba de pie en las escaleras con un pensamiento. ¿Qué tan inconsciente era de la realidad? Kot no había dudado en expresar su temor y su opinión sobre retroceder. Y era un goblin, una raza que ha avanzado más profundo en el abyss. Yo en cambio estuve a poco de ser asesinado de no ser por Miry. Si deseaba avanzar debía ser más precavido y acertado en mis decisiones. Una de esas cosas que no se me suelen dar. 

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