26. PENUMBRA

      Yo avanzaba en medio de la oscuridad total, no había sistema de luz a pesar de hallarnos en el piso cinco del abyss. Aunque probablemente nos encontrábamos fuera de lo que cualquier aventurero de Uthgardie hubiese recorrido alguna vez o los orcos hubiesen destruido el sistema de iluminación.

En la recamara anterior hallamos un nido de plantas carnívoras. Entre ellas se hallaban esqueletos y fragmentos de gemas de goblins y kobolds. Aparentemente las leyes del abyss aplicaban a todos los que habitaban dentro de este. Fue Miry quien incineró todo en el interior de aquél cuarto para no pasar ninguna sorpresa.

A pesar de hallarnos en perfectas condiciones estábamos algo decaídos, dejar a Amy atrás era un golpe duro. No sabíamos trabajar sin la pequeña detrás de nosotros para cubrirnos o para decir alguna de sus locuras. Era una parte vital de nosotros y se podía sentir el vacío de su ausencia.

Caminábamos en silencio, Miry llevaba una pequeña lumbrera hecha con un palo y algo de tela húmeda en aceite. Era bueno para ver el camino, pero debíamos dejarla atrás para asomarnos a cada cueva antes de entrar a esta pues nos delataba a gran distancia.

—Todo esto es culpa tuya. Decir que iremos por un ángel. Siquiera sabemos hasta qué piso debemos descender en el abyss —Soltó Mena en reproche.

—Me siento culpable —Admití de pronto. Mi voz apenas era audible para mis propios oídos, sin embargo, allí estaba y era la realidad. Me sentía diminuto y culpable de todo aquello.

—¿A qué te refieres con culpable? —Preguntó Mena y yo alcé la cabeza, un poco sorprendido de que pudiese descifrar mis balbuceos.

—Allan se siente culpable porque él asesinó a la tribu goblin y eso desencadenó la guerra que permitió a los orcos entrar y la peste. Miry lo sabe —Comentó mientras avanzábamos por unas escaleras de piedra hasta otro piso más abajo. La penumbra era tremenda y los ojos tardaban en acostumbrarse a tal oscuridad.

—Las guerras se pueden formar por cualquier tontería. Solo se necesita una excusa, así que no veo sentido en sentirse culpable por esa tontería — Y así de simple Mena destrozó todos los argumentos que mi cabeza sostenía sobre el origen de todo el embrollo.

—Silencio, Miry quiere escuchar.

—¿Escuchar qué? —Pregunté. Sus oídos eran una ventaja sin igual dentro del Abyss.

—Creo que deberíamos ir en esa dirección, parece ir en descenso — Informó Mena.

—¡Silencio! —Miry interpuso su mano y nos detuvo —¡Sonó como una explosión!

—¿El grupo está en problemas? —Mena giró su cabeza hacia atrás. Prácticamente habíamos caminado en línea recta para no perder la ubicación de los sobrevivientes mientras descendíamos. El plan era bajar lo más en línea recta posible mientras se dejaban marcas blancas en forma de triángulo al descender.

—No, el ruido viene de allí adelante—Informó Miry señalando y acercando sus orejas hasta las rocas a nuestra izquierda. Los ruidos fuertes no eran extraños en el abyss, pero no en los pisos superiores. Podías sentir fuertes golpes en las secciones de los beartrolls y en el de… —¡Bullets! ¡Corran!

Mena y yo arrancamos detrás de la tumb a todo ritmo cuando sentimos el estallido y temblor de toda la cueva. Una manada de Bullets atravesó una de las paredes traseras derrumbando todo a su paso.

—¡Fuego! —lanzó justo frente a nosotros para ver por donde corríamos pues una nube de polvo blanco se concentraba por todo el lugar mientras un centenar de pies pesados trituraban y chocaban con todo lo que se interponía en su camino.

—Allí hay un camino abajo —Informó menas al tiempo que yo saltaba entre rocas y sentía el calor de las flamas por encima de mi cabeza.

—¿Cómo pueden haber Bullets aquí arriba?

—¡Necesitamos fuego para ver dónde vamos! —Expresó Mena —Pero algo constante como una lámpara.

—Se va a caer todo, Miry lo sabe —Se tomaba la cabeza y miraba el techo de piedra que se estremecía al igual que lo demás. Los Bullets se alejaron rompiendo otra pared en la parte superior y el temblor se calmó poco a poco.

—Estamos en el piso cinco.

—Siete —Me corrigió Mena.

—Bueno, estamos en el piso siete ¿por qué rayos hay Bullets aquí?

—Pueden ser algunos de los monstruos liberados con la apertura del piso treinta.

—Pero Miry pensaba que la puerta del piso diez estaba cerrada.

—Quizás los orcos la abrieron —Repuso la otra chica.

—A Miry no le gusta que el abyss esté tan silencioso —Era cierto, no había ruido alguno, siquiera se podía sentir el viento o sonidos escalofriantes que por lo general abundaban.

—¿Por qué habrá tanto silencio Miry? —pregunté.

—Las bestias del abyss tienen miedo y están ocultas.

—Pues con esos bullets corriendo por allí, cualquiera tendría miedo —Expresé avanzando un poco.

—Probablemente tengan miedo de los humanos o de los orcos —Indicó Mena tomando un pedazo de madera del suelo —Por ahora deberíamos hacer algo para alumbrar el camino —Allan, necesito una de tus camisas viejas.

—¿Qué?

—Necesito tela y tú tienes esa camisa vieja debajo de esta otra —Comentó zarandeando mi ropa. Yo me quité las protecciones y la camisa hasta llegar a la más vieja. Una raída de tela marrón y gris que usé en mis primeras aventuras dentro del abyss. Sentía era como una protección extra. Mientras tanto mena tomaba la carne que llevaba en la mochila y trataba de quitar toda la grasa que podía de esta.

Envolvieron la punta del palo con la tela impregnada en la grasa y la encendieron con fuego de Miry. La antorcha olía delicioso y lanzaba un suave chisporroteo al inicio. La cueva en donde estábamos se iluminó y observamos un montón de plantas carnívoras en una esquina peleando por el cuerpo de un goblin.

—Debemos proteger el fuego si queremos sobrevivir mientras vamos bajando.

Miry de pronto se lanzó adelante y casi al ras del suelo para llegar a la siguiente caverna donde un trio de kobolds se preparaban para realizarnos una emboscada. Tan solo sintieron el viento y una silueta pasar a su lado cuando su daga cercenó sus cabezas.

—Adelante —Mena sacó su arco y lanzó un par de flechas a la lejanía y oscuridad, más allá de donde Miry se hallaba y el resplandor del fuego apenas llegaba formando grandes sombras.

—Sincronía.

—Yo no tenía tan buena visión ni oído, pero la activación de sincronía me permitió sentir las miradas que mena y Miry si percibían. Adelante se hallaba un gran número de kobolds y goblins oscuros formándose y preparándose para luchar. Llevaban casos, armaduras y pequeñas armas recién forjadas. Les sorprendió verme de pronto frente a ellos. Activé el manejo del cuchillo de manera instintiva. Durante mis batallas con los orcos había notado un par de cosas, la primera era el cómo activar mi manejo del cuchillo y la espada. Generalmente se activaba cuando tenía mis sentimientos y emociones mezcladas en la lucha, pero también sucedía cuando colocaba la daga en mi mano de cierta manera. El filo hacia afuera el pulgar cerca de la culata de la empuñadura y la muñeca doblada.

Clavé el acero de esta sobre la espalda de un goblin y salté al siguiente. La antorcha Mena la traía hasta la caverna mientras Miry saltaba a mi lado pisando a un kobold para continuar.

—Es una pena que no podamos recolectar materiales —Sonrió dirigiéndose al siguiente lagarto de piel blanca. Era cierto, debíamos abrirnos paso hasta los niveles inferiores sin tomar nada de aquello que asesinábamos. Nuestra única meta era la sangre de ángel.

Continuamos a la siguiente cámara y notamos un resplandor rojo desde el fondo de aquella caverna. Aquello era raro, no había fuentes de luz natural allí y… lo notamos. Un agujero enorme de varios metros de profundidad con llamas y millares de goblins y kobolds en lo que era el nido más grande que alguno hubiese observado.

Me acosté en el suelo a un lado de Miry y Mena —Son demasiados.

—El agujero debe llegar hasta el piso once quizás —Mena calculó con la vista — Nunca había visto un sumidero tan grande.

—Miry no había visto sumideros en el abyss antes.

—Quizás algo abrió este hueco, así como los bullets abrieron esos caminos allí arriba —Comenté.

—Se están armando ¿para qué? La guerra en Uthgardie ya terminó —Comentó la tumb y yo asentí con la cabeza. Era extraño ver como se colocaban armaduras y afilaban las espadas en una forja en la esquina.

—Los goblins siempre tienen guerra con los boggart, eso podría ser.

—¿Bajaremos por aquí? — pregunté —Si llega al piso once sería un atajo para no atravesar al jefe del piso diez.

—Son miles, no tenemos magia para cubrirnos de un centenar de flechas —Contestó Mena —Debemos bajar de la manera tradicional y enfrentar al jefe del piso diez.

—Pero adelantaríamos como siete u ocho horas de descenso —Agregué.

Miry siente que se acercan desde atrás — Sin avisar Miry bajó por la ladera de la roca y yo la seguí por mero instinto. Sincronía continuaba activo y nos permitía saber los movimientos de los demás. Mena dudó un instante antes de lanzarse, pero finalmente nos siguió en descenso vertiginoso. Me pregunté si Miry de verdad sintió algo detrás de nosotros, o si fue una simple artimaña para lanzarse a la batalla. Sentía lo mismo que ella, una sensación invadiendo mi cuerpo y llenándolo de adrenalina.

La pared de enfrente estalló de manera repentina y tanto los goblins, como nosotros que íbamos en descenso quedamos sorprendidos. Un Demon Nalfesnee atravesó la pared de piedra seguidos de un centenar de orcos.

Aterrizamos con el trasero y la espalda rasgados, pero más asustados ante lo que sucedía. Los goblins se apartaron de nuestro alrededor, más no buscaron de atacarnos en ningún instante, era bastante obvio cual era su enemigo. El Demonio Nalfesnee tenía ataduras en sus brazos y boca, mientras un orco le manejaba en un aparato sobre su cuello. Otros dos demonios se mostraron desde la zona trasera antes de que cuernos de guerra resonaran.

—Para esto se preparaban los goblins —Comentó Mena cayendo a nuestro lado.

—¿Y qué hacemos? —Miry estaba tan atónita como yo, los goblins alzaron armas y con un grito empezaron a correr en dirección a los orcos que invadían la enorme cueva.

—Centremos fuerzas contra los orcos por ahora, los goblins parecen nos estar tan interesados en nosotros —Mena dio la orden, era como una tregua, no una explicita ni acordada por ninguno de nosotros. Sin embargo, la situación era precaria, estábamos rodeados de al menos veinte mil goblins y quizás el doble de orcos.

—¡Cuidado con las flechas! —Comentó Miry, yo apenas pude asentir y observarla. Era hermosa, su sonrisa ante la batalla era una visión encantadora para mí. ¿Cuándo me había convertido en un cazador del abismo? ¿Cuándo había empezado a ver a las criaturas de su interior como trofeos a los cuales poder matar en cualquier momento? ¿En qué momento dejé de sentir el miedo natural a terminar muerto en cualquier instante? Meses atrás las manos me temblaban al sentir la sangre entre mis dedos y ver un cuerpo tirado en el suelo.

Tambores de guerra resonaron al fondo y sentí mi cuerpo temblar —Yo me quedaré atrás. Repartiré cura y cubriré las espaldas, necesitamos derribar rimero a los jefes de piso — Mena ordenó.

—Nunca vi que usaran así a los jefes de piso.

—Yo siquiera sabía que se pudiera usar a un jefe de piso para luchar — Me lancé a la batalla sintiendo a los goblins correr justo a mi lado, tan sorprendidos de verme allí como yo de encontrarme junto a ellos.

Me topé con el primer orco de frente y abalancé sobre él con todo el peso de mi cuerpo. Clavé mi cuchillo en su pecho sintiendo como atravesaba el cuero de su protección, luego su carne hasta finalmente toparse con lo duro de sus huesos.

Lo más difícil de matar no es la sensación de la muerte en tus manos, es la mirada llena de desesperación en tu oponente. Ese rayo de luz en sus ojos que se desvanece conscientes que es su último momento.

Los gritos venían de todos lados y me era imposible entender bien lo que Miry gritaba. A pesar de ello podía sentir su presencia a seis metros a mi izquierda. Aceleraba a un punto imposible para un ser humano, quizás incluso para una tumb. Noté como derribó a dos orcos clavando sus dagas en su nuca. Tan veloz que estos apenas supieron cuando la muerte llegó por ellos.

Sentí una patada en un costado y arrastré girando por el suelo para enfrentarme a un orco enorme y de piel grisácea que mostraba los dientes al tiempo que alzaba una espada de metro y medio de largo.

Me lancé hacia él y quedé impactado al notar su destreza para luchar, viró su cuerpo de pronto a un lado e interpuso el costado del arma para bloquear por completo mi reciente ataque. Mi cuerpo pasó a su lado y el orco alzó la espada para atacar desde mi espalda. No era algo raro ni sorprendente, era una táctica que yo a veces usaba en mis incursiones en el abyss. Aunque ciertamente era impresionante ver que una criatura lo usara en batalla. 

Bloqueé girando mi cuerpo lo más rápido que pude para interponer la espada corta que portaba. No era mi clase de arma y además la diferencia en masa creaba una brecha imposible de contrarrestar. Mi brazo sufrió el golpe y terminé clavado en el suelo.

Habría perdido de estar solo, la historia fuese otra de no haber entrenado con Helim y caído tantas veces antes. El detalle es que esta no era mi primera pelea y mi cuerpo reaccionaba ahora casi por instinto a tales cosas. Tomé tierra del suelo y lancé a los ojos de mi enemigo, este cubrió su rostro a tiempo, pero la cuchilla se clavó en su pie des cubierto. Y allí yo gané la pelea. El dolor tiende a nublar los sentidos y crea aperturas en toda tu forma de pelear. Helim me enseñó a resistir a ese impulso de desesperación.

Estaba por rebanar su cuello en dos secciones cuando sentí una ráfaga justo a mi lado derecho. Cubrí mi cuerpo y sentí el golpe del demonio nalfesnee dar contra mi costado y lanzarme por los aires hasta una roca. La luz azul de la protección se encendió y rompió para dejarme dar contra la pared. Mi cuerpo crujió y noté todo oscurecerse a mi alrededor.

Algo debió romperse en mi interior pues una punzada atravesó mi pecho y sentí morirme desde adentro. Casi ninguna protección servía para evitar daño interno cuando eras lanzado a cien kilometros por hora contra una roca.

Noté el aura de cura de Mena a mis pies y sentí de inmediato mi visión recuperarse. La guerra transcurría allí frente a mí, en media de la oscuridad del abyss y el resplandor de las llamas por todo nuestro alrededor.

Busqué con la vista un arma más adecuada para mi y la hallé de inmediato. La espada enorme de aquel orco grisáceo. Las espadas pequeñas no eran lo mio y un cuchillo no me servía para enfrentarme a un jefe de piso.

Tomé el puño con mi brazo derecho y costó sacarlo del suelo. Pero al blandirlo en el aire y sentir el arco formándose en el aire, noté que me hallaba en mi elemento -Ads atracción- Centré mi atención en ellos al tiempo que gritaba con todas mis fuerzas -Ads prisa – Me lancé en carrera y corté en dos al demonio frente a mí. No necesitaba cuidar ningún material, no había nada que recolectar esta vez, solo debía eliminarles y cortarles lo más rápido posible.

Miry tenía una herida en su pierna y brazo derecho, podía sentirlo por el vinculo compartido. Lo mejor que podía hacer era terminar con todo aquello lo más pronto posible. Mena debía hallarse en su límite curándonos a ambos al mismo tiempo y la lucha apenas iniciaba.

Debía ser más veloz si deseaba enfrentarme a los ángeles. Ser mucho más rápido si mi intención era bajar hasta los pisos cuarenta y derrotar a los jefes de piso en el camino. Debí batirme contra otro orco muy hábil capaz de bloquear la mayoría de mis ataques. Aun con prisa y protección activados este pudo conectar un corte en mi costado. Comprendí entonces a mitad de aquella batalla que los orcos debían haber superado el piso treinta de profundidad mucho tiempo atrás, por tanto, eso era la razón de su fuerza y habilidades.

Me escudé detrás de otro orco y clavé el espadón a través de ambos cuerpos con fuerza.

-Debemos replegarnos, son muchos. Nos van a rodear por la izquierda.

| -Yo iré por esa zona -Afortunadamente los goblins no se oponían a nosotros, pero tampoco representaban una ayuda a ciencia cierta. Tampoco se podían decir oponentes dignos para los orcos, eran más como distractores y una gran masa de confusión en batalla.

No fue un grito exacto, fue más como una voz gutural. Pero comprendí de inmediato la voz de aquel orco a mi derecha -¡Ads atracción! – Activó la habilidad y mi atención se centró en él. Noté el grito de advertencia de Mena, sin embargo, mi cuerpo se movía solo, al igual que al resto de goblins a mi alrededor. Mi visión se nubló un poco a los lados y toda la atención la obtuvo aquel orco de piel completamente negra y brillante gracias al fuego.

Pude percibir su fuerza al instante de hallarme frente a él. Portaba una lanza enorme y eso era problemático en gran sentido. Las lanzas eran usadas por pocos, pero significaba un alcance muy largo, tanto que para muchos significaba incluso el no luchar cuerpo a cuerpo. Mi espadón no llegaba hasta él. Pude comprobarlo cuando realicé un arco con este en dirección a su cabeza. Mas de cuarenta centímetros de distancia faltaron para darle. Mientras que yo esquivaba bajando mi cabeza y moviendo mi cuerpo pues la punta de su lanza pasaba muy cerca de mi rostro.

Noté que detrás del pedazo de metal de su lanza tenía una trenza tejida muy húmeda. No quise averiguar si se trataba de sangre o veneno. Pero sentí las gotas dar contra mi brazo y pecho y continué luchando.

Aparté a un goblin de una patada, pues la lanza estaba a punto de darle y me estorbaba en la lucha. Que además no me resultaba nada cómoda ni fácil de llevar. Aquello era una desventaja a la cual no me encontraba acostumbrado.

Una roca giró en el aire y cayó cerca de nosotros cubriéndonos de lodo y sangre caliente. Yo no era la mejor silueta ni el mejor espectáculo que observar. Estaba cubierto de mugre, sudado y ensangrentado.

La lanza pasó a mi lado y cortó de manera limpia el protector de cuero que tenía cerca de mis costillas. No sentí que la hoja atravesara mi carne, pero me asusté muchísimo. Viré y vi su rostro, sonreía disfrutando de la lucha, además seguí su mirada hasta mi lado derecho, estaba desprotegido y…

Dejé caer mi espadón para cubrir el flanco y dejando esta a un lado corrí hasta él y clavé la cuchilla en su cuello.

-Fuego- Miry alzó su daga al frente y una decena de orcos terminaron consumidos por las llamas que brotaron desde la punta. Abrió una brecha por la cual avanzó rauda y yo le seguí en carrera, no sin antes tomar el espadón.

La lucha duró más de una hora, el suelo de la enorme caverna quedó plagado de cuerpos apilados unos sobre otros. Los goblins estaban a nuestro alrededor, ninguno nos atacaba, lo cual resultaba bastante extraño.

Los orcos no fueron derrotados en su totalidad, pero luego de un rato buscaron de replegarse y escapar por los túneles traseros.

Los muertos se contaban por centenares, goblins y orcos por igual. Mena se hallaba de pie a mi lado curando a Miry y a sí misma. Ambas tenían heridas profundas en los brazos y piernas.

-¿Por qué no nos atacan? -Preguntaba Mena la misma interrogante que todos nos hacíamos. Los goblins se movían a nuestro alrededor sin prestar mayor atención a nuestras presencias.

-Quizás estamos tan sucios que parecemos goblins -Alegó Miry.

-No creo, es raro -Comenté.

-Probablemente están ocupados con sus muertos. Creo que deberíamos irnos.

-Aún tenemos que bajar, pero creo que sería bueno buscar alguna cueva donde dormir -Expresé sin pensar demasiado. La lucha fue corta pero extenuante en grado extremo y mi cuerpo se sentía pesado y adormecido.

-Yo también quiero descansar un rato y buscar algún pequeña fluente -Miry limpiaba sus orejas llenas de mugre.

-Bien, tomemos lo nuestro y bajemos -Escuché a mena y me distraje con un pequeño goblin que hacia movimientos extraños con sus brazos cerca de nosotros desde hacía un rato -¡Allan! Recoge las espadas y vámonos.

-Es que ese goblin hace algo.

-¿Y qué dice? -Preguntó Miry mirándome al tiempo que tomaba un bolso en sus hombros.

-¿Y yo cómo voy a saber qué dice?

-Pensé que sabías hablar goblin. Una vez me contaste entendiste a los goblins en el bosque, Miry lo recuerda.

-Entiendo un par de gritos, cuando piden ayuda, para cambiar de turno o cuando van a atacar, pero no sé lo que dicen -Expresé. Mena se reía un poco de manera disimulada.

-Hay muchos muertos goblins -Cambió de tema la tumb.

-Es que tienen armaduras de piel muy delgada. Esto lo atraviesa casi cualquier espada -Expresó Mena delante de un cadáver -En contra de los orcos, no tuvieron oportunidad.

Tomé mi bolso a cuestas y comenzamos a marchar en medio del desastre ante la mirada atenta de muchos goblins -Pelee contra un orco que tenía manejo de la espada, creo -finalicé mi frase con algo de incertidumbre. Temía incredulidad por parte de mis compañeras. El campo de batalla era un lugar extraño donde a veces creías ver cosas que no eran así por efecto de la velocidad, y en otras ocasiones tenías la certeza de haber observado algo y no haber tenido tiempo de detallarlo.

-Miry vio una línea blanca rara cuando peleaba contra un enemigo -Comentó la tumb.

-¿Una línea blanca?

-Si, en el aire y me indicaba el camino para estar detrás del enemigo.

-¿Cuántas veces la viste? -Mena se me adelantó en la pregunta.

-Solo una vez, era delgada.

-Quizás fue una ilusión -Comentó nuestra líder -Aunque estos orcos si eran mucho más fuertes. Se movían de manera muy organizada, incluso parecían tener una estrategia ofensiva fuerte, creo que no contaban con nuestra presencia y eso terminó arruinando la oportunidad de rodearles.

-Yo creo que… -Noté como los ánimos entre los goblins cambiaban de pronto y seguían con la vista a un pequeño grupo de ellos que se movían con prisa a nuestra izquierda -¿Qué hacen? -pregunté.

-Creo que intentan acercarse -No necesitábamos respuesta de Mena, era obvio lo que hacían por la forma en la cual se movían.

-Mejor apresurémonos- Miry saltó un par de cuerpos de orcos y fue detenida de improvisto por un goblin con una lanza. Noté como Miry sacó y movió el cuchillo en su mano y flexionó las piernas, lista para rebanar su cuello, cuando una voz se escuchó.

-¡Sin pelea! -volteamos. Un goblin se acercaba con las manos en alto dando saltos por encima del resto -¡Que nadie pelee, fue la orden! -Se acercó mientras nos quedamos detenidos impactados ante el uso de palabras.

El goblin que portaba una lanza comenzó a quejarse en sus sonidos incomprensibles, era como si babease y escupiera a cada segundo. Sin embargo el otro llegó hasta él y le miró con reprimenda, una tal que el goblin de la lanza bajó su arma al suelo y se arrodilló en el lugar.

El segundo se detuvo y nos miró directamente antes de hablar nuevamente -Deseamos conversar -La voz del goblin resultaba pastosa y arrastraba las palabras, sin embargo era comprensible. Su indumentaria también le resultaba peculiar. Lucía largos colgantes y una piel blanca sobre su cuerpo semejante a un chaleco.

-¿Hablar? -el tono suspicaz fue de Mena.

-Hablar, nuestro jefe desea verles y conversar con ustedes -Le costó pronunciar la palabra “conversar” más prosiguió en su discurso -Es de importancia. .

-No sabía que los goblins sabían hablar -Comenté impresionado.

-No lo hacen -Expresó Mena en tono serio sin dar un paso, a pesar de la mano extendida del primero para permitirles pasar.

Una pequeña comitiva se acercaba mirando con curiosidad. Nosotros por nuestra parte estábamos indecisos, inquietos y temerosos. Sonaba a trampa desde cualquier punto de vista.

-Algunos goblins aprendemos su lengua, funcionamos como espías. Una labor poco placentera pero necesaria -Bajó la cabeza como si se disculpase. Un goblin gris y enorme a su lado lanzó un resoplido, obviamente disgustado ante la forma de actuar de su compañero.

-¿De qué quieren hablar? -preguntó Miry. Lo hizo en un momento en el cual yo sentía cierto apremio por salir de allí, incluso debiendo eliminar a los presentes. Me calmé un poco y respiré.

-Nuestro jefe quiere hablar con ustedes, se nos ordenó no atacarles. La guerra con los orcos -Señaló el goblin parlanchin, nuevamente el goblin compañero enorme y gris lanzó un resoplido de disgusto mirando a un lado.

-¿Y si nos negamos? -Expresó Mena, y el goblin alto y gris apretó la espada en su mano. Su impulso fue detenido por el goblin parlante.

-Por favor, no puedo regresar sin ustedes ante el jefe -El goblin fue tajante y en su mirada se notaba la resolución.

-No deberíamos perder tiempo en esto Allan -Mena me observó, supongo que temiendo mi manera de pensar sobre aquello. La curiosidad comenzaba a ganarme, pensar en goblins que hablaban nuestra lengua y además nos espiaban abría un mundo de posibilidades en mi mente. 

-Tu eres la jefa del equipo, esta vez haré lo que decidas -Comenté.

-Miry está de acuerdo.

Mena apretó sus puños antes de hablar -Lo siento, pero debemos… tenemos una misión importante que cumplir y… ¿Puedo preguntar algo y decidir si iremos con ustedes?

-¿Cuál es su pregunta?

-¿Cuánto tiempo tienen peleando contra los orcos y por qué? -Mena fue directa y cruzó los brazos.

-Tenemos dos días luchando contra los orcos. Invadieron los terrenos del sur, devastaron las aldeas y avanzan a las profundidades del abyss, incluso invadieron una cueva de… -Fue detenido por un movimiento brusco del goblin grisáceo con su espada. Era obvio hablaba más de lo debido.

-Creo que entiendo la situación -Expresó Mena ante el goblin y luego giró la cabeza en dirección a nosotros -Cambié de parecer, creo que deberíamos ir con ellos.

-¡Bravo, estupendo! Sígannos por favor -Indicó el camino con su mano huesuda y el compañero gris de este dio paso de mal talante.

-¿Y si es una trampa? -preguntó Miry.

-Les eliminamos si es una trampa.

-¿Qué te hizo cambiar de opinión? -Pregunté.

-Creo que están desesperados por ayuda, y quiero saber qué magias saben los goblins -Susurró Mena mientras avanzábamos en la oscuridad rumbo a un par de pasajes que se hundían en el abyss como espiral.

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