25. CAMINO

Daniela amarró su cabello con una coleta en la parte posterior para evitar el sudor, más cargando la mochila enorme que llevaba a cuestas. Además, por las conversaciones intuía el camino sería extremadamente largo y no deseaba lucir como un asco en los primeros kilómetros.

Llevaban cuatro horas avanzando en la oscuridad del abyss, todo gracias a los repelentes que Tariel guardaba, habían pasado sin mayor problema más que un par de arañas. El techo del abyss se hallaba muy arriba como para excavar y salir. Se encontraba a tres o cuatro metros de altura. Por lo tanto, debían hallar alguna salida natural de este y continuar por la superficie. Nadie tenía esperanzas de esto y el laberinto serpenteaba a cada instante haciendo muy difícil guiarse.

—Vamos en dirección correcta, giramos a la izquierda y aquí de esta forma, solo tenemos una leve desviación como de este ancho, nada muy grave si reponemos ese trecho en los próximos kilómetros —el que hablaba con Tariel era Juni. Un viejo que aseguraba podía guiarse en plena oscuridad sin perderse. Ciel había abogado por él diciendo sobre sus habilidades. Por tanto, era el guía en tal difícil misión.

—No podemos desviarnos tanto, si vamos muy a la izquierda podríamos abrir un agujero y resultar estar debajo del mar. El resultado es que todos terminásemos ahogados —Tariel le entregó el mapa al hombre y continuaron el camino.

La compañía rumbo a Selyntos contaba apenas con diez personas, entre ellas Tariel, Juni como guía, Clari cargando los suministros de carne y encargada de la cocina. Cuatro luchadores de distintas armas: Joel, Martel, Oly y Riter. Un escudero de nombre Hyn, y un flechero bastante viejo Umfer.

Ninguno de los luchadores lucía demasiado diestro en opinión de Daniela, o quizás se trataba de haber luchado en compañía de Allan, Miry, Amy y Mena lo que había cambiado su percepción sobre las habilidades necesarias en cualquier aventurero.

Estos no sujetaban firmemente sus espadas y hachas, ninguno se movía tan ágil como Miry o Allan, y Umfer definitivamente no era tan certero con las flechas como Mena. La única en el grupo que lucía fuerte era Tariel, quien lideraba y de vez en cuando quitaba alguna criatura del camino lanzado unas pequeñas dagas que guardaba en sus bolsillos.

El camino era bastante tranquilo en su opinión, pacífico pero agotador. Constantemente debían descender entre los pisos tres y cuatro de profundidad y nada que hallaban el pasaje al piso dos o uno.

—Eres linda —habló Oly mirando a Daniela, esta pudo sentir los ojos clavarse en sus pechos.

—Es linda —repitió su compañero de nombre Riter.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Oly.

—Se llama Daniela, Tariel la llamó así hace un rato, creo que es una ruck —contestó Riter. La voz de ambos era estridente y todos podían escucharles, sin embargo, continuaban el camino como si nada ocurriese. Tariel por su parte miraba de reojo prestando atención de vez en cuando. No era extraño el comportamiento dentro del abyss, menos por parte del par.

—Salves sean Numer y Yisha por enviar una ruck tan hermosa. Es un placer conocerte Daniela —no hubo respuesta para el hombre que andaba al lado de la chica —¿Por qué no contestas preciosa?

—Quizás se siente intimidada, la mayoría de los ruck temen hablarles a aventureros más fuertes —comentó el otro.

—Esta juventud siquiera se detiene a observar sus alrededores —La voz fue del más viejo de la campaña después de Juni, Umfer. Este reía sin disimulo y de manera bastante sincera. Su experiencia le daba una libertad frente a otros aventureros. Él no tenía nada que perder, asi que sus actos eran el de alguien intrépido y que anhela la muerte.

—¿De qué te ríes viejo? No tenemos culpa de que seas un viejo y no puedas estar ya con chicas. Nosotros somos jóvenes y aventureros y una tan hermosa…

Oly fue interrumpido por Umfer —Podrá ser una ruck, pero ustedes estaban adentro de la posada escondidos muertos de miedo por los orcos. Esa chica de allí estaba junto a un pequeño grupo matando orcos toda la noche y día.

—¿Qué? —Oly intercambió miradas de un lado a otro, mirando al viejo a Tariel, Daniela y su compañero Riter.

—Me dijiste traías buenos guerreros Tariel —Comentó Umfer.

—Los mejores que pude encontrar, no había mucho de donde elegir. Nunca dije que no fuesen idiotas —Alegó Tariel tranquilamente al tiempo que cruzaban una esquina y tomaban otro estrecho del laberinto.

—Debe estar bromeando, una ruck tan hermosa solo puede servir para una cosa —expresó Riter con sorna.

—El viejo no miente, esa chica estaba al lado de la tumb asesina y el grupo fenrir —aclaró el escudero llamado Hyn que caminaba junto a Joel.

—¿El grupo fenrir? Esa gente no me sorprende, no me trago eso de que mataron a un ángel de los pisos inferiores. Ese grupito como de seis personas no pudo haber hecho eso, además estaba Camus, ese de seguro fue quien hirió de muerte al ángel. Todos lo saben —rio Oly.

—Camus no duró ni un segundo, al primer golpe terminó inconsciente tirado en el suelo, eso después de que el ángel matara a Van, también en un solo movimiento— La capitana del grupo comentó en voz alta

—¿Estabas allí Tariel? —Daniela se atrevió a hablar y el resto la miró.

—Estaba, como todos los aventureros que de verdad valían la pena —contestó esta sin detenerse ni volver la vista al resto. Juni indicaba el camino y esta caminaba de inmediato por este observando cada rincón.

—¿Es en serio el cuento? —preguntó Riter.

—¿Cómo fue? —secundo Daniela.

—Apareció el Jin y mató a un par casi al instante, hay unas cosas negras que le rodean y eliminan a todo lo que las toca. Luego alzó su mano e invocó al ángel.

—¿Y cómo saben que es una bestia de los pisos inferiores eh? —preguntó Oly.

—Para eso hay registros en cada ciudad idiota y son de libre acceso. Podrías pasarte una vez por allí, tener cerebro no es un crimen en nuestra ciudad. Hay bestias de pisos inferiores que han aparecido muchas veces en pisos superiores del abyss, cada una de ellas está registrada, como los espectros o dragones.

—Casi nadie lee los registros ahora, en mis tiempos pasábamos la mitad del tiempo allí. Estudiábamos sobre los monstruos y sus puntos débiles —confirmó Umfer.

—Por acá —señaló Juni cuando llegaban a una división del camino.

—El punto es que Van intentó atacar al ángel, un nivel siete. El ángel lo hizo explotar en pedazos, toda su armadura se rompió en añicos al solo contacto. Stella y Camus quisieron ayudar y se dirigieron en contra de aquella cosa, y luego de un solo golpe Camus fue derrotado y terminó inconsciente. Como comprenderán todos comenzaron a huir. Corrieron como locos pues aquella bestia terminó con los dos más fuertes de la ciudad de un solo golpe.

—Y allí es donde aparece el grupo fenrir ¿no? Ya lo he escuchado —Oly parecía odiar ser contradicho.

—No, no fue así niño. Hasta donde sé no fue el grupo fenrir quien se enfrentó al ángel —intervino Umfer.

—¿Cómo?

—Todos corrieron y el ángel comenzó a desaparecer y reaparecer detrás de todos para matar a quien quisiera. Fue un baño de sangre, fue entonces que el ángel apareció por detrás de la tumb Miry —comentó Tariel.

—¿Así fue? —Daniela había escuchado la historia de Melanie, Vermont, Abert y Amy. Sin embargo, nadie explicaba todo con detalle pues solían beber y comer mientras tanto.

—No fue todo el grupo fenrir quien se enfrentó al ángel. Fue solo uno de ellos, un chico de nombre Allan fenrir. Se interpuso entre el ángel y la tumb y peleó con aquella cosa como si fuesen iguales. La bestia desaparecía y reaparecía atacando y este se movía tan rápido que apenas podías ver sus piernas y manos cruzando el aire.

—¿Uno solo? —Riter abrió los ojos.

—Nunca he visto a nadie luchar así. Era como un monstruo en cuerpo humano. Sus movimientos no eran normales, pronto empezó a desaparecer y moverse tan rápido como un parpadeo.

—Uno solo no pudo…

—Y estamos vivos gracias a ese mismo chico y su grupo —interrumpió Tariel —Lo viste junto a Benjen y Stella dando órdenes. Él y su grupo lucharon contra los orcos junto a Camus y Stella. Por eso ahora tiene voz y voto entre el grupo de mando y tanto Camus como Stella le dan su apoyo.

—Eso es impo…

—¡Nos están siguiendo! —Daniela se detuvo y giró su cuerpo al pasaje oscuro que acababan de atravesar. El resto de la compañía sintió un escalofrío y se detuvo sorprendido.

—¿Estás segura? —preguntó Tariel.

Lo estaba. Daniela estaba muy segura de ser seguida y observada desde la penumbra. La sensación de sed de sangre en el aire, el silenció penetrante desde aquella dirección. Un silencio antinatural de las profundidades, donde las gotas de agua y las piedras crujientes resonaban como orquesta todo el tiempo.

¿Acaso tanta diferencia había entre ese grupo y el de su hermano? ¿Era posible? Miry y Mena habrían percibido tales presencias a mucha mayor distancia que ella, incluso habrían identificado a qué se enfrentaban.

—Muy segura.

—¿Cuántos son? —preguntó Tariel.

—Diez, quizás quince. Los que puedo sentir —repuso Daniela.

—Bien, parece que si eres de ayuda —Tariel colocó la mano sobre su hombro y bajó por su espalda para darle un par de palmadas —Bien chicos, es hora de correr. 

-¿Cómo?

-¡Corran dije! -Expresó Tariel.

-¿Pero por qué? De seguro son arañas -comentó Riter.

-Las arañas no intentan ocultar su presencia -Tariel comenzó a correr y todos le siguieron al instante por un pasillo enorme y largo que Juni señalaba -Solo las bestias de pisos de abajo lo hacen, pero no creo posible que un grupo grande subiera y se propusiera seguirnos.

-¿Eso qué quiere decir?

-Que nos siguen orcos.

-¿Orcos Tariel? ¿Estás segura?

-¿Conoces algo más que pueda estar en el piso tres del abyss siguiéndonos?

-Mejor es que corramos rápido -Sentenció Daniela sintiendo como las pisadas detrás de ellos se apresuraban.

Juni comenzaba a sentir la presión cuando todos se detenian un par de segundos detrás de él exigiendo un camino que seguir, este intentaba marcar la ruta sobre un papel a medida que corrían.

-Es imposible -decía casi en llanto intentando correr lo más rápido que podía para sus piernas y edad. Llevaba años sin entrenar y estar dentro

-Olvídate de eso, ya no hay tiempo, correremos y luego al salir veremos en donde rayos nos encontramos.

-Pero el mar.

-Pues pide a los dioses que no estemos debajo de agua o estaremos muertos.

Resbalaban debido a la humedad natural del abyss y los desperdicios acumulados con el tiempo, se movían por caminos sinuosos buscando escapar de aquellos que les seguían sin perder el camino. O al menos Juni eso intentaba en silencio.

-¿Cómo vamos? -preguntó uno de los hombres.

-Se acercan, son muy rápidos -comentó Daniela.

-O nosotros muy lentos -Tariel dijo aquello en voz baja, pero Daniela pudo escucharla. En realidad, era algo que ella también pensaba. Apenas estaban trotando por los caminos mientras Juni y Umfer jadeaban profundamente y se agarraban el vientre debido al dolor -¿Puedes armar una trampa buena?

Daniela reaccionó tarde a la pregunta de Tariel -¿Qué? No en menos de tres minutos que supongo es cuanto tenemos de tiempo para que lleguen a nosotros.

-Pensé los teníamos más lejos.

-Los teníamos como a cinco cuando comenzamos a correr.

-Podemos estallar alguno de estos pasillos y bloquearles el paso -Riter mostró algo semejante a explosivos, lo cual era muy extraño. Los explosivos eran muy raros y costosos. Daniela no había visto jamás uno de ellos, pero si escuchado al respecto.

-¿De dónde sacaste eso? -inquirió Tariel.

-Las tiendas de la ciudad, nadie la necesitaba.

-Colócalas entonces y procura no hacernos estallar a todos en el proceso.

-¿Sabes hacer estallar eso? -preguntó el escudero Hyn.

-Es sencillo, solo debes colocar esto aquí, encender la mecha y correr como un loco.

-Se acercan -Comentó Daniela sin ser partícipe de la sonrisa de Riter al poner los explosivos entre un par de rocas.

Tariel tomó su pedernal y sin avisar encendió la mecha negra. Los presentes se miraron las caras y luego al artefacto, seguido de Tariel, quién pasó al lado de todos en carrera. Daniela tardó un segundo en reaccionar y partir lo más rápido que sus piernas le permitían mientras Oly, Umfer, Juni, Hyn, Riter y Clari, quien le costaba y jadeaba debido al peso de la comida e implementos que sonaban a cada paso.

El estallido sucedió segundos y un par de pasillos más allá. Se sintió incluso a pesar de la distancia y las paredes de piedra y tierra alrededor. El techo del lugar se estremeció con fuerza y el piso les hizo tambalear y aferrarse a cualquier cosa a su alrededor.

-Debimos dejarles atrás -Comentó Riter.

-¡Silencio! -Expresó Tariel levantándose del suelo mientras limpiaba su ropa.

-¿Para qué silencio? No hay ningún ruido -Expresó Oly en reproche.

-Eso, no hay ningún ruido, ni monstruos -Comentó Tariel y el resto guardó silencio mirando a su alrededor. Daniela por su parte sintió un silbido suave y giró la cabeza por mero instinto. Había sentido ese mismo sonido un centenar de veces un par de noches atrás.

Umfer se hallaba en la retaguardia apuntando hacia arriba, a un agujero en la cueva unos cinco metros arriba sumido en la penumbra. Su arma cayó al suelo de forma abrupta y el viejo intentó sujetarse el cuello y evitar que la sangre continuase brotando, o que la flecha obstaculizara su respiración y habla.

-¡Al suelo! ¡Detrás de las rocas! -Tariel gritó al tiempo que corrió hasta los montículos de piedra a la derecha. Las flechas comenzaron a volar de todas las direcciones. Daniela se vio escondida detrás de una columna junto a Hyn, quien temblaba sujetando su escudo.

-Debemos movernos… -Las flechas chocaban de forma estridente y se clavaban en el suelo -Allí, a esa entrada.

-Mataron a Umfer.

-¡Eliminaron a nuestro flechero! -Gritaba alguien desde atrás.

-¿No deberías cubrir con tu escudo? -Preguntó Daniela al hombre a su lado.

-Es una técnica conocida -intentó explicarse, pero ante la mirada de Daniela se dio a entender – En un ataque desde lejos procuran matar primero al flechero para que no les ataquen, luego van por el escudero. Así dejan sin protección al grupo.

-¡Pero debemos salir de aquí!

-¿Son goblins? -preguntó Tariel.

-Y orcos, los goblins no entierran las flechas así en un escudo -Señaló Hyn mostrando una flecha incrustada hasta la mitad en el metal.

-¡Pues debemos salir de aquí como sea! -Tariel se quejó apretando su cuerpo contra la roca.

-Debemos esperar a que acaben las flechas, no tendrán infinitas -Lanzó Riter.

-Pero pueden estar rodeándonos desde abajo, no podemos quedarnos aquí.

-Deben ser buenos, perforaron el cuello de Umfer -Daniela no se atrevía a asomarse para ver al compañero caído, aquello podía significar que ella fuese la siguiente. Sin embargo, sentía algo de pena por él, le había defendido de las tonterías de Oly y Riter incluso sin conocerla.

-¿Cuántos son? -Preguntó el joven Joel.

-Creo que unos cinco, por la cantidad de flechas.

-Flama -la voz de orco llegó desde arriba y atrás. Seguido de un mar de llamas que se extendió desde el suelo, pasando por entre las columnas y rocas hasta el otro extremo.

-¡Ahora! -Tariel gritó mientras despegó en carrera entre el mar de fuego.

-¿Qué? -Daniela se levantó sintiendo el escocer por su brazo. Clari corría detrás de la primera y Daniela se limitó a seguirles por entre el fuego. No podía observar adonde se dirigía y apenas la silueta del bulto de suministros frente a ella era visible. Hasta que sintió como una mano le jaló del cuello y halló a Tariel frente a ella.

La habitación contigua se hallaba iluminada por las llamas de la trasera. Oly y Joel aparecieron de pronto, seguidos de Hyn y el viejo Juni con los pelos flameantes.

-Sigamos nuestro caminó -Soltó la líder después de un par de segundos.

-Flama, se volvió escuchar la voz áspera desde la otra habitación.

-¿Y el resto? -preguntó Oly, a lo cual Juni le colocó una mano sobre el hombro -¿Y Riter?

-Umfer debió ahogarse en su propia sangre hace como un minuto, y los otros si no salen en tres segundos de seguro ya murieron respirando fuego.

Daniela había escuchado aquello antes. Miry conjuraba la magia fuego de manera constante en sus batallas, y, tanto Mena como Allan conversaban sobre el asunto. Según esta última, sincronía era necesaria de manera casi obligatoria, pues el fuego no solo tenía la particularidad de quemar todo lo que tocaba, sino que además calentaba tanto el aire que al respirarse quemaba las vías respiratorias de todo lo que se hallase entre ellas. Por ello conocer la ubicación de los aliados era primordial.

Tariel debía de conocer aquel efecto, probablemente por eso había corrido apenas las primeras flamas lo cubrieron todo.

La chica se limitó a soportar el dolor en su rostro y brazos mientras caminaba. Debía de tener quemaduras leves, el tiempo de contacto no fue mucho, aun así, escocía mientras avanzaban en silencio por la penumbra rumbo a Selyntos.

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