24. ELECCIÓN DE CAMINOS

—Nunca has estado en otra ciudad.

—Se hacer trampas como nadie en tu equipo.

—Las he visto, sé que no mientes con respecto a eso. Solo no creo estés consciente de lo que me estas pidiendo. Selyntos no es una ciudad como Utghardie, no es pequeña, no es amigable. Si las cosas salen mal debes estar dispuesta a luchar, y no estás a la altura de los enemigos que allí podamos encontrar.

—¿Qué quieres decir? —Daniela fijó la mirada en la otra mujer mientras dejaba de lado el arreglar las cosas para partir.

—No podrías pelear contra aventureros nivel seis o siete. Tampoco tienes habilidades para hablar en público y convencer a todo un montón de idiotas viejos con cara de culo.

—Tengo tetas, a todos los hombres les gustan las tetas, serviré Tariel. Quiero ir.

—Cierto que las tienes— Tariel se acercó y la observó detenidamente antes de sonreír y maldecir en voz baja— partiremos en media hora, más vale que tengas todo preparado, si te exijo trampas a mitad de camino quiero que estés lista para cualquier eventualidad.

—Estaré preparada en diez minutos —Daniela salió de la tienda de la mujer y recorrió el camino al siguiente campamento, paso por entre un grupo de niños jugando y se detuvo al lado de Mena contra un muro del abyss —hecho, iré con Tariel.

—Perfecto.

—Quiero más que un solo beso por esto.

—Cuando vuelvas.

—¿Estás segura de cuán importante es esto? —preguntó la hermana mayor de Allan.

—Debe hacerlo alguien que sepa mentir, que no tenga demasiado escrúpulo y pueda manipular. Quizás Miry lo hubiese hecho, pero ella irá con Allan, no conozco nadie que sea más ideal que tu Dani.

—¿Crees que todo sea tan complicado?

—¿Tu ayudarías a un pueblo que está infectado con una peste que se propaga a cada segundo?

—No, tendría miedo de morir.

—Exacto, y las personas son idiotas con o sin miedo. Necesito seas mi mano derecha mientras estés allá, yo por mi parte me ocuparé de mantener a tu hermano a salvo.

—Me encanta cuando colocas esa mirada toda seria y malvada —Daniela propinó un beso en la mejilla de Mena y esta no se inmutó en lo absoluto.

—¿Comprendiste todo el plan?

—Entendido, la prioridad es el usuario de la habilidad. Solo no confío en Stella, siento que guarda muchos secretos, información.

—Ama a Camus, mientras Camus esté con nosotros ella hará todo lo posible por mantenerlo con vida y a salvo. No le importa si debe hacer que destruyan a todas las ciudades humanas, es su naturaleza.

—Solo digo que… —Daniela se encogió de hombros.

—Prepara las cosas, Tariel no es de esperar a nadie —Mena se retiró mientras Daniela recordaba la conversación de la noche anterior en la privacidad de la tienda a solo centímetros de distancia entre sus rostros. Respiró profundo pensando en todo lo que tendría que hacer y en el viaje hasta Selyntos.

Noventa y seis pisos debajo de distancia, bajo cientos de kilómetros de abyss se hallaban tres figuras caminando rumbo a la cámara central, en total silencio. La sala se hallaba iluminada por lámparas de aceite crepitando en hileras, dando fuertes contrastes de amarillo y negro en las paredes.

—La oscuridad es la vía.

—La muerte es un privilegio.

—Fríos e inertes deben estar.

—Quiero matar.

—Apilados los cuerpos deben estar.

Aquellas eran las voces de los encapuchados que se hallaban incrustados a las paredes, se escuchaban como un susurro constante en la habitación. Se encontraban encadenados de manos y sus cuerpos fundidos con la roca hasta el momento adecuado. Las tres figuras que andaban lo sabían bien, aquellos encapuchados eran armas para la protección de su ama, señora y maestra. Su tormento era el no ser liberados aún para esparcir el terror en el mundo humano.

El primero de las tres figuras que avanzaban por la estancia era Jin, también el más reciente de los vasallos. Un antiguo ser humano que se alimentaba ahora del poder de su ama como si se tratase de un afrodisiaco.

La segunda figura pertenecía a un niño, cualquier le habría observado y pensado apenas ocho años de edad, con rostro simpático, cabello amarillo y ojos verdes. Sonriente en cada paso y de mirada distraída.

La tercera figura era una sombra sin cuerpo aparente. Una forma etérea con rostro de una calavera y pedazos de carne oscura y putrefacta desprendiéndose desde distintos puntos. A su paso solo dejaba inmundicia y las losas de piedra a sus pies se resquebrajaban y volvían polvo.

El primero de los tres abrió las puertas de la siguiente habitación, llena de flamas rojas que pronto se movieron como una sola masa. Emerant, la diosa de las profundidades se formó de entre las llamas, su cuerpo fue hecho pedazo a pedazo. Caminó desnuda por la habitación hasta una mesa pequeña de donde tomó algo semejante a un pastel y luego se dirigió hasta la zona este de la recámara.

Ninguna de las tres figuras emitió sonido, ni buscó de hacer notar su presencia. La mujer tenía el cabello rojo y el cuerpo delgado, aunque los tres presentes sabían aquello era un capricho de la diosa, quien podía adoptar la forma que quisiera.

La mujer se agachó en una esquina y tomó un urf del suelo, lo acarició y le dio el pedazo de pastel. El animal no murió, al contrario, caminó entusiasmado chocando sus pequeñas garras contra el suelo de piedra y luego se detuvo para retroceder espantado por las tres figuras.

—¿Qué desean? —Su voz era seductora y atractiva. Penetrante y tan irresistible como el mayor afrodisíaco en la punta de la lengua.

—Todo va de acuerdo a lo planeado señora.

—¿De acuerdo? ¿De acuerdo? —sus ojos con pupilas moradas intensas se fijaron en ellos —fue completamente alucinante, la batalla, el momento, la sangre derramándose por todos lados. Esos rostros yo… —una cama se formó justo detrás de ella y la mujer se lanzó de espaldas y pasó los dedos por su sexo para luego lamerlos —delicioso. Quiero tenerlos, quiero sean míos y disfrutarlos, despedazarles y ver sus rostros frente a mí.

—Los orcos se adueñaron de la ciudad —Aquello no fue una voz, fue un sonido gutural que retumbó en la habitación proveniente de la forma etérea.

—Te agradezco Gravel, me diste una emoción inolvidable con la lucha, las muertes y las emociones fuertes. Fue como un afrodisíaco, quiero más de hecho, quiero ver más luchas más sangre, más sudor en sus cuerpos y desesperación en sus ojos.

—El placer ha sido mío señora, así será, podremos aprovechar que el ejército de los muertos avanza. Será un espectáculo —las paredes vibraron y la oscuridad pareció expandirse desde la silueta por el suelo. Luego se contuvo y permaneció a su alrededor.

—Yo debo informar que son todos muy débiles. Serían despedazados al solo encontrarse en su presencia —el niño habló con voz suave mientras su cuerpo se mantuvo firme.

—¿Despedazados? Yo quiero tenerlos Gy, tráelos conmigo. Los comeré suavemente a todos y cada uno.

—Ama y diosa mía —Emerant dejó de jugar con su intimidad y se revolvió en la cama hasta poder observar a Jin.

—¿Qué sucede Jin?

—¿Por qué nos quedamos aquí en las profundidades? ¿No debería estar usted reinando y gobernando la tierra entera? Todos los seres vivientes deberían vivir solo para sus propósitos.

—No podemos salir Jin, ya te lo he mencionado.

—He conseguido la manera— Las palabras de Jin crearon un silencio inexplicable en la sala. Emerant se revolvió en las sábanas antes de fijar sus ojos en él. Era como ser desnudado en cuerpo y alma en un segundo. Gy y Gravel se hallaban expectantes también a su lado— Una criatura capaz de liberarla de este encierro y hacer que el poder su mi ama se expanda por toda la faz de la tierra. He logrado crear a tal criatura.

—¿Lo comprobaste?

—Claro mi ama, lo he comprobado, es capaz de romper la barrera, incluso pude sembrar un afluente profundo en la superficie, está activo y funcionando.

—Magnífico, podríamos hacer otro agujero.

—Podemos señora, o podríamos fundar algo mejor, más grande.

—Magnifico, me emociono de tan solo pensarlo. Emplaza una gema madre Jin, subiremos, este lindo cuerpo necesita solearse. Retírense — Emerant movió sus manos y fue como si el piso a los pies de los tres invitados se moviese y los retirase de la habitación de un solo golpe. Se encontraron afuera al instante y la hermosa mujer tuvo un estallido de lujuria, excitación y alegría. La sala estalló en humo y llamas rojas.

—¿Qué harás con colocar un puesto en la superficie Jin? —la sombra de nombre Gravel susurro mientras el suelo temblaba con la voz.

—Nuestra ama debe conquistar la tierra, el subsuelo no es suficiente para su grandeza, debemos entregarle la tierra entera.

—Nuestra ama está intrigada, pero no me fiaré, si hay que matarlos lo haré de inmediato—respondió el niño Gy.

—Nuestra ama es caprichosa en sus requerimientos y deseos —expresó Gravel —Gy disfruta matar desde la comodidad de una silla, un jefe detrás de una mesa, dando órdenes…

—Deberías respetar más a nuestra ama, sus deseos deben ser nuestras órdenes.

—Eres nuevo Jin. Emerant tiene deseos, nuestro deber es brindarle sus deseos y protegerla a todo costo. A veces incluso protegerla de sus propios deseos.

—Haré lo que haga grande a mi ama.

—Si tus actos ponen en peligro a nuestra ama. Te eliminaremos Jin. No dudaré en borrar tu existencia, luego buscaré a otro semejante a ti.

—Yo escuché que lanzaste un ángel de pisos inferiores frente a los miembros de una ciudad. Y lo peor, el ángel fue derrotado por un humano —la voz de Gravel eliminaba el ruido del exterior, era como si el mundo temblase con su voz.

—Yo vi lo que sucedió. Jin tan solo logró hacer que los humanos vean a un grupo como invencible.

—Se acercaron al piso treinta, ya deben haber despejado gran parte del cuadro de profesiones y habilidades. Deben saber que esto no beneficia a nuestra señora Emerant —contestó este un poco molesto.

—No la beneficia, pero tampoco le beneficia dejar restos de criaturas más fuertes en la superficie. Para eso están los muertos, los orcos, los goblins y otras razas que han llegado más profundo en el abyss.

—Les ayudaron.

—Mientras más fuertes sean estas razas más se podrá eliminar a los humanos hasta erradicarlos —contestó el niño de ojos claros.

—¿Y cómo eliminaremos la amenaza de los muertos, los orcos u otras razas en el abyss? —preguntó Jin.

—Gravel ya tiene una solución para eso —contestó Gy.

—Solo tres razas tienen el apoyo de los dioses para entrar al abyss, todas las demás pueden ser eliminadas. El ser humano es nuestro único impedimento real Jin.

—Pienso fundar una ciudad para nuestra ama en la superficie y esparcir todo su reino desde allí —Alegó este.

—Te lo repito, si resultas una amenaza, disfrutaré eliminarte. Será rápido no dolerá tanto como imaginas —el niño sonrió mientras su figura se hundió en un líquido espeso y negro situado en la pared. Gravel se esfumó como el humo al viento y Jin partió desprendiendo su cuerpo en aves oscuras al tiempo que se escuchaban las voces de los encapuchados alrededor.

—Morir es el destino.

—Putrefacto y rígido.

—Triturar, desgarrar, rebanar y descuartizar.

—Atraparlos en las profundidades.

Los susurros continuaron, como siempre, llenando la sala de gemidos.

Desperté con la voz de Miry, me hallaba sudando frío y olvidé un sueño terrorífico que tuve al instante. Como en todo momento al despertar me hallaba algo desorientado y tarde en comprender el motivo de la risa de Miry, quien se hallaba de rodillas a mi lado.

—Despertemos a Mena.

Entonces lo comprendí. Todos dormíamos en la misma carpa por cuestiones de espacio, no siempre estábamos todos para dormir debido a cuestiones de tiempo y guardias. Sin embargo, la noche anterior nos acostamos juntos pues todos debíamos marchar al día siguiente en diferentes caminos. Muchas veces en medio de la noche nos movíamos en un espacio reducido y algo incómodo. Por alguna razón Mena era quien más se movía. Varias veces sentí como una de sus manos terminaba golpeándome o como alzaba su pierna y con un rodillazo en mi estómago me sacaba el aire.

Esta vez era algo distinto, Mena de alguna forma había terminado con su cabeza sobre mi zona genital. Instintivamente estuve a poco de saltar, pero Miry me colocó la mano en el pecho y calmó con una sonrisa. Mena se hallaba profundamente dormida, de hecho, tenía la boca abierta y algo de baba caía sobre mi pantalón.

—Mena… —Dijo casi entre risas y en voz baja.

—¿Qué? —contestó esta sin abrir los ojos ni moverse de su lugar, quizás era más una reacción que una respuesta.

—¿Estás cómoda? —preguntó Miry con malicia.

—Aja —respondió ella volteando su cara y pasando su brazo por encima de mi cintura para rodearme, por la forma en la cual lo hizo comprendí pensaba se hallaba sobre su almohada.

—Miry… —resoplé, pero esta estaba divirtiéndose en grande.

—Y, ¿dirías que te gusta mucho dormir allí?

—Sí, ya déjame dormir Miry.

—Miry sabe es cómodo, supongo que te gusta mucho de verdad —respondió la tumb tapando su boca para no soltar una carcajada.

—¿Qué quieres Miry? —Mena finalmente giró su cabeza y la levantó para observar a la tumb que lanzó una sonora carcajada. Mena no comprendió al instante, y entonces se volteó y me miró a mí que ya estaba rojo por la situación. Se puso colorada, miró justo debajo de ella y notó mi entrepierna babeada.

—¡Yo! —Saltó arrodillándose para luego gatear en retroceso —Yo no… perdón, yo nunca, no… —Chocó contra la tela de la tienda y estuvo a punto de caerse. La tienda bailó toda amenazando con despedazarse y luego la tela se rompió dejando a Mena caer al suelo.

—Dijiste te gustaba y estabas cómoda.

—¡Miry! —Mena se mostró molesta de pronto —Y tú la dejaste seguir —se giró para mirarme a mí y fulminarme con la mirada. Se levantó del suelo abiertamente enfadada y se marchó a grandes zancadas.

—Fuiste malvada, estará molesta un rato —expresé.

—Se le pasará luego, Miry lo sabe.

—No creo, sabes que Mena puede pasar mucho rato molesta por algo.

—Miry cree que dependerá entonces.

—¿De qué? —pregunté.

—De si sintió un dulce de goma, o un fuerte y duro juguete saboreable.

—¡Miry…! — no podía ni pelear, el hecho me había encendido y yo no deseaba darlo a demostrar, aunque, por encima de la tela se notase —¿Qué sucedió? — Cambié de tema.

—Debemos comer e irnos, ya los demás están desayunando y Tariel se fue, junto con Daniela.

—¿Dani se fue con Tariel a Selyntos? ¿por qué?

Miry se inclinó de hombros —¿Quizás se aburrió de Mena y fue por Tariel?

Odiaba admitirlo, pero mi hermana tenía una idea bastante voraz sobre el sexo y un gusto por las chicas. No le criticaba nada de aquello, de hecho, sus gustos no eran tan distintos a los míos. No me sorprendía en lo absoluto que fuese detrás de Tariel.

—Más si vio a Mena hace un rato, quizás dijo “mi hermano me la ha quitado” y se marchó.

—Miry…

—Miry solo supone —se disculpó con una sonrisa antes de salir de la tienda de campaña.

Tarde un instante en reponerme mentalmente, mi intimidad clamaba a gritos acción y no era el momento para aquello. Para un hombre joven es difícil mantener las hormonas calmadas, más cuando una chica duerme sobre tu entrepierna y tu novia mira todo el asunto con una sonrisa.

No era de extrañar el comportamiento de Miry, ella tenía ideas muy distintas a lo usual sobre el tener una pareja. Su concepción de estar con alguien implicaba querer más que contacto físico en muchas ocasiones, y el acto de hacer el amor era reservado a aquella persona con quien pensabas establecer toda tu vida.

La primera vez que Miry insinuó algo de yo estar con otra mujer fue un shock para mí. Por poco un goblin me atraviesa en aquel instante y necesite de la asistencia de Amy para salir del apuro. Luego necesité que la tumb me explicase. En su aldea no había hombres, por lo cual cuando tenían algunos, muchas mujeres se lo repartían como su pareja para toda la vida. Después de todo todas deseaban reproducirse y no era posible de otro modo. A pesar de ello Miry recordaba bien que su padre y madre fueron exclusivos entre ellos. Para ellas tener una pareja era muy distinto a tener un esposo. En la aldea tumb si una se enamoraba de un hombre y deseaba tenerlo solo para ella, esta debía irse de la aldea para vivir con dicho hombre, después de todo ningún hombre se permitía allí. De tal forma las demás tenían solo parejas sexuales.

Incluso así, con los comentarios de Miry, yo me sentía increíblemente incómodo ante aquellas menciones.

Tardé casi diez minutos en salir de la tienda para dirigirme a comer, la cabeza por alguna causa me daba vueltas y sentía un ligero dolor. Nada de qué preocuparme.

Tropecé con un par de cajas, saludé a un par de personas con una sonrisa al no recordar sus nombres y me dirigí a la fogata. Era extraño pensar que era de día y no ver luz alguna, solo una fogata y avena servida en tazas para todos.

—Buen día —la voz de Melanie dándome el plato con avena.

—Gracias buen día.

—Sí que son buenos, por allí me contaron que tuviste un alegre despertar —Amy se sentaba a mi lado con sorna y Mena lanzó una mirada asesina entre los presentes hasta la chica.

—Se va a molestar —comenté en voz baja mirando a Mena, intentando aparentar la mayor tranquilidad y normalidad mientras me dirigía a Amy.

—Ya lo está, nos ha amenazado con lanzarnos sincronía y hacer que comamos tierra todos.

—¿Puede hacerlo? —pregunté, a lo cual Amy se inclinó de hombros comiendo un poco.

—A Miry le dijo haría que todos bailásemos frente al resto alrededor de la fogata —expresó la tumb.

—¿Pero si lo disfrutaste Allan? —preguntó Amy sonriente mientras miraba de soslayo en dirección a la otra chica.

—Allí abajo en el fondo del abyss debe existir una cámara de tortura para ustedes dos —Señalé a Amy y Miry por andar fastidiando tanto a Mena.

—Hablando de profundidades, hay dos infectados más —comentó Amy —Y Camus tiene fiebre, eso es buena señal.

—¿Es bueno que tenga fiebre?

—Significa que el cuerpo ya está peleando contra la enfermedad, anoche Stella dice que despertó un instante. De seguro hoy se repone.

—Debemos descender lo antes posible o tendremos una pandemia —expresó Mena acercándose a nosotros cambiando de semblante.

—Benjen me comentó que hace unos trecientos años hubo una pandemia que eliminó a la población de casi tres ciudades —expresó Amy con preocupación.

—¿Qué sucedió entonces? —pregunté.

—Los mataron y quemaron a todos. Fue la única solución que hallaron.

—Esperanzador —expresó Miry con sarcasmo.

—Yo escuché lo mismo, de hecho, Tariel conversó conmigo y dijo sería muy precavida en decir la situación en la cual estábamos en Selyntos, de soltar la lengua es muy probable que nos eliminen a todos —Mena lucía sombría.

—Supongo que podremos bajar los primeros pisos de manera natural, al menos hasta el piso treinta —repuse.

—Behir será un problema —comentó Mena.

—¿Un problema? Un problema es deber cien cobres a un vendedor, enfrentarnos a Behir nosotros tres será una locura total.

—Deberíamos hacer el ritual para subir de nivel —expresé intentando borrar las palabras pesimistas de Miry —Luego de esto nos separaremos por un tiempo.

—Es injusto que yo deba quedarme.

—Sin ti no tendrán a nadie que les cure Amy, lo sabes.

—No dije no saberlo. Solo digo es injusto.

—¿Lo hacemos entonces?

—Hagámoslo —sonrió Miry y todos nos mostramos de acuerdo dejando a un lado los cuencos de avena.

Llevaba días pensando mucho sobre el ritual y el vínculo de este con mi habilidad aprendida nivel up. Estando en segundo nivel debía mejorar en cierto grado la velocidad de subida y las estadísticas.

El otro detalle es que por la naturaleza de tal ritual al principio lo realizábamos entre risas sin pensar realmente habría una mejoría. Ahora era distinto, lo tomábamos en serio y como una forma de hacernos más fuertes. Algo que necesitábamos con urgencia debido a las circunstancias.

Por lo tanto, me moví alrededor del fuego recitando las palabras en lengua de goblin. Noté que muchas personas a nuestro entorno nos observaban inquietos, a ninguno de nosotros le importó. Moví mis brazos invocando al fuego, ente purificador y lleno de energía para que llenase nuestros cuerpos.

No sé bien mis razones para hacer aquello, pero sentía era lo adecuado, y luego las chicas fueron pasando una a una por el fuego, atravesándolo para ver sus estadísticas aumentadas. No pregunté por los datos a ninguna de ellas, pero todas lucieron sonrientes.

—Cuando nos reunamos de nuevo seré mucho más fuerte —fue la promesa de Amy antes de despedirnos y partir alejándonos del grupo. Toque la sección derecha de mi cabeza para cerciorarme de nuestro pacto nocturno. Mi cabello se hallaba rapado en esa zona, igual al de Miry, Mena, Amy y Daniela. Debíamos regresar vivos. 

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