23. PACTO

Perdidos, en más de un sentido. La mejor expresión para describirnos era la de muertos andantes. Sin esperanzas.

Afilé mi espada con movimientos rutinarios y casi instintivos. Mi mente se hallaba en la problemática de la comida y la oscuridad creciente cerniéndose sobre nosotros. La tensión entre los sobrevivientes crecía, y la presión se trasladaba a los hombros de quienes les liderábamos. Las quejas por comida, los gritos de alerta por posibles ratas, arañas u orcos eran tan frecuentes que no dejaban dormir, llegaba a un punto en el cual el cerebro colapsaba y querías solamente alejarte de todos.

Era apenas nuestro segundo día de deambular por el abyss como un grupo, y ya los problemas nos comían creando situaciones de comunicación y peleas constantes.

El primer inconveniente en presentarse fue el de la comida, que fue solventado en discusión por Benjen y Tariel. La carne de los naga oscuros era comestible, siempre y cuando supieras retirar el veneno y golpear bien la dura carne. Pero ante la posibilidad de una hambruna, era mejor la carne dura. Vermont y Melanie se tomaban el día entero en preparar grandes cantidades de estofado de naga, naga asado, naga salteado y naga crujiente. Trabajaban junto a un grupo de mujeres que decidieron ayudar, de tal forma que se lograban dos comidas al día y se preparaban más de cien nagas.

El otro detalle fue el avistamiento de orcos, motivo para ir un poco más profundo en el abyss hasta el piso cuatro de profundidad, donde las cavernas eran un poco más grandes y teníamos mapas más extensos. De igual forma tres horas atrás habíamos pasado el punto que cualquier aventurero de Utghardie hubiese explorado y nos hallábamos sin pista de nuestra ubicación, pero seguros que debíamos alejarnos un poco más de los orcos.

Sabíamos los orcos debían de hallarse cerca, pero probablemente estaban más interesados en ir a las profundidades del abyss que a perseguirnos. Después de todo ahora éramos una tribu sin ciudad. Un grupo de sobrevivientes escapando como podíamos de las penurias de la guerra y procurando no morir en el abyss.

En ese punto quizás los orcos se llevaron una sorpresa, había cientos de miles de criaturas de los pisos inferiores al treinta regadas, desde el piso quince al veintinueve. La ciudad no había podido encargarse por completo de la limpieza debido a los preparativos de la guerra contra los goblins.

Probablemente por eso rondaban en los primeros pisos, esperando poder limpiar pisos inferiores para avanzar. Yo por mi parte me preguntaba sobre el afán de los orcos de tomar el abyss para ellos. ¿Era tan importante? Otro punto que me tenía pensativo mientras afilaba la hoja de la espada, era que, tanto los goblins como los orcos hicieron uso de magias muy avanzadas y niveles de fuerza que ninguno de nosotros presenciamos previamente. Eso me dejaba entonces con la interrogante. ¿Acaso los goblins y los orcos pudieron llegar más profundo que los humanos en el abyss? Empezaba a sospechar que así era, sobre todo por las palabras y explicaciones de Ciel y Benjen.

Según ellos, cerca de los agujeros del abyss se formaba un cristal que proporcionaba energía mágica para el alumbrado y dirección de cada gremio. Tales palabras nos dejaron, tanto a mi como a Mena y Miry bastante intrigados. Finalmente, Ciel nos confesó que siempre cerca al cristal había una tabla. Una que solo los encargados del abyss tenían permiso a utilizar. En ella se marcaban las habilidades conocidas y las puntuaciones de todos los aventureros. De esta forma ellos eran capaces de conocer hasta que nivel un aventurero debía llegar, aconsejarle y brindar información a los miembros de cada gremio sobre sus compañeros.

—Miry cree que debemos descansar —. Argumentó con aspecto serio y cansado. No podía culparla, nuestro límite se hallaba roto desde mucho rato atrás. Solo tuvimos cuatro horas para descansar luego de la batalla contra los goblins, orcos y haber descendido el abyss. No era suficiente para reponer energías. Luego de eso tuvimos más de treinta horas de vigilancia.

—Claro. Hablaré con los chicos para que nos releven —Miry y yo tomamos la tarea de patrullar los alrededores eliminando ratas y arañas. Algo sencillo a simple vista, pero más tedioso de lo que imaginábamos. Y Treinta horas de trabajo seguido era la destrucción.

—Estoy segura, escuchamos sonidos de ese lugar.

—Vimos la sombra de una rata, allí, justo allí.

—Fue un orco, estoy seguro. Estaba en esa dirección.

—Nos van a atacar, y será culpa de ustedes.

Las personas cuando se hallaban dentro del abyss, presas de la oscuridad y el miedo, dejaban de lado los modales, la humildad, o tolerancia. Nos trataban como vulgares servidores, y cada minuto alguien decía haber visto, oído u olfateado algo que significase peligro. Incluso uno estuvo seguro de haber escuchado el rugido de un dragón.

Eso no solo entorpecía la labor, sino que la convertía en algo molesto por tener que aguantar insultos y palabras sin sentido de todo el que quisiera. Miry optó por no escuchar a ninguno que la llamase, después del hombre que mató frente a todos no había muchos interesados en incomodarle. Yo por mi parte sacaba paciencia de donde no la tenía e intentaba escuchar con atención y sonreír para no mostrar la frustración de ambos.

Sin embargo, la mayor razón para estar amilanados y temerosos era la enfermedad. La peste que el hechicero goblin logró lanzar antes de morir estaba causando estragos. Una magia para la cual no teníamos cura alguna. Ya teníamos cinco infectados, incluyendo a Camus, quien no despertaba de su inconsciencia.

La preocupación y las sospechas comenzaban a expandirse entre los presentes. Nadie sabía de qué se trataba la enfermedad, pero temían lo peor al notar como manchas negras se expandían por el cuerpo y los enfermos no tenían energía siquiera para levantarse.

Así transcurrieron los primeros cuatro días en el abyss.

—Ya deja de pensar en esas cosas chico —Vermont intentaba animarme, era difícil teniendo en cuenta todo lo sucedido. Dimch tampoco lucía como el mismo de siempre, aunque para sorpresa de muchos era bueno en la lucha con su martillo de proporciones enormes.

—Estoy bien.

—Tienes cara de trasero de puerco, no estás bien. Come algo y duerme como loco, debes dejar de pensar en la ciudad.

—¿Tan mal me veo?

—Los orcos tienen mejor apariencia —Expresó el viejo tabernero con una sonrisa maltrecha, era obvio que él también intentaba mostrar lo mejor de sí ante la adversidad. Algo que no iba acorde con las ojeras negras bajo sus parpados.

—Eso dice mucho.

—Te contaré, no es la primera vez que me siento así. Katie y yo, una vez intentamos tener un niño propio, fue difícil ver que nació muerto. Yo de verdad deseaba un niño, alguien a quien cuidar y cargar y…

—Lo siento Vermont, no tenía idea de que… —me invadió una pena repentina, incluso el estar allí triste cerca de alguien que pasó tanto en su vida me resultaba ridículo. Algo curioso, es sentir que no tienes el derecho a estar melancólico cuando tu suceso no es tan fuerte como el de esa persona.

—Tranquilo muchacho. Fue difícil en un inicio, pero Katie me ayudó a superarlo. En esos días ella me enseñó que la vida continua, la mejor forma de honrar a esas personas que parten es dar lo mejor de sí y hacerles sentir orgullosos.

—Están muertos, yo creo que…

—Descansan ahora, Katie me decía que debía sentir lastima de los vivos, no de los muertos. Los que se van descansan, los que se quedan sufren por la pérdida y porque la vida es cruel.

—La señora Katie era especial, sabía cómo hacerte sentir bien con un plato de estofado.

Vermont me miró y sonrió —mi estofado no es tan bueno, pero hay pocas opciones con esta carne dura endemoniada del abyss. Nunca pensé comer estas cosas, la gente dice que esta carne te vuelve loco.

—Escuché algunos de los rumores —respondí apesadumbrado.

—La gente es loca, cree en lo que quiere creer y en lo que escucha de otros —comencé a comer observando el fuego y a los demás moverse de un lugar a otro. El ambiente triste desapareció de pronto. Nunca le dije que no pensaba en Katie en ese instante. Por alguna razón recordaba a Teresa, la chica lista que conocí apenas llegué a la ciudad por el faro. Fue ella quien me habló en la posada Yomu’s, ella se mostró amable desde un inicio, e hizo que yo me moviese y conociera a Dimch, Vert y Mena.

Dos de ellos menos.

No era un dolor inmenso, era más como un recuerdo borroso de alguien a quien no agradecí de manera adecuada su compañía. En el abyss enfrentas y ves la muerte de cerca día a día, pero nadie espera ver a sus cercanos morir. La sangre esparcida por el suelo, ese momento final en el que la vida abandona sus cuerpos.

—He escuchado rumores bastante divertidos estos días. Uno incluso te incluye —Vermont continuaba hablando y yo desperté de mis pensamientos.

—¿Si?

—Un par de jóvenes dicen que traes una poderosa maldición contigo, por eso los goblins y luego los orcos atacaron. Ambos quieren tu cabeza, para poder alejar a los seres del abyss que huyen de ti luego de haber matado a aquel ángel.

Reparé en que algo de verdad había en todo aquello y sentí la carne dura entre mis dientes. Yo tenía la culpa del ataque de los goblins, y los orcos tan solo aprovecharon la brecha, por lo tanto, era también mi responsabilidad. Sentí ganas de contarle aquello a Vermont, incluso abrí mis labios y las palabras quisieron escapar de mí, pero hice silencio. No podía decirle que yo era el responsable de todo, y por lo cual su esposa se hallaba muerta.

—¿Tú que crees? —Pregunté con una pena comiéndome por dentro.

—Los orcos atacan porque está en su naturaleza —respondió Vermont luego de meditar un rato. Dimch y Miry se acercaron a comer con nosotros, por lo tanto, ambos hicimos silencio y disfrutamos de la compañía y el calor del fuego. Eso era lo mejor que tenías en la oscuridad del abyss.

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—Tres días, sin sanarles durarían apenas tres días en ese estado antes de morir —Benjen era serio, ninguno de los presentes cuestionamos sus palabras —Quizás Camus ya habría muerto de no ser pos las gemas de curación que le hemos suministrado.

—Pero la enfermedad sigue avanzando, va dañando los órganos internos —Corroboró Mena. Ciel por su parte se llevó la mano a la boca, estaba preocupada, uno de sus hijos mostraba recién los primeros síntomas de la enfermedad. Todo ello después de reencontrarse con su familia en la posada de Vermont, aquello era una punzada trasera.

—Debemos colocar a los enfermos aparte —Puntualizó Benjen.

—Notarán que tratamos con una enfermedad si creamos caos —Alegó Stella.

—Lo notarán de todas formas en dos días, probablemente sean veinte o treinta los infectados para entonces, y al día siguiente setenta. En una semana estaremos muertos —Nadie subía la voz. Vermont, Benjen, Stella, Mena, Miry, Ciel, Tariel, Amy y yo nos hallábamos sentados alrededor del fuego escuchando. Las razones para que estuviésemos Miry, Mena, Amy y yo en la reunión es que formábamos el principal escuadrón de ataque junto a Tariel y, tanto Mena como Amy proporcionaban gemas de curación. Un ítem raro del cual ya no disponíamos hasta la siguiente ciudad.

—¿De siete infectados a veinte? ¿Tan infecciosa?

—La hemos contenido cuanto hemos podido, pero estamos hablando de algo para lo que no tenemos cura. Y si, es contagiosa en extremo. Las chicas sospechan que se pasa al contacto físico.

—¿Las chicas? —preguntó Tariel.

—Son las mejores sanadoras que conozco, y afortunadamente están con nosotros ahora. Son las que han suministrado gemas de curación —Explicó Benjen señalando a Amy y Mena. La primera ocultaba su rostro bajando la cabeza y la última se mostraba tan altiva e incorruptible como siempre.

—Creo que mañana podremos buscar una salida a la superficie. Ya debemos estar fuera del rango de los orcos y la ciudad, pero nos tomará unos siete a diez días llegar a Selyntos —Expresó Tariel.

—Con suerte, si estamos todos enfermos no creo que nadie llegue a la ciudad —Comentó Vermont.

—¿Estamos seguros que se trata de una enfermedad mágica? En nuestro cuadro de habilidades no tenemos información de ninguna magia llamada “peste” —Comentó Ciel.

—Tampoco tenían idea de confusión o ardor, pero ese hechicero, mago, goblin del demonio las usó. Miry estaba allí, fue un desastre.

—Los chicos tienen razón Ciel, yo también estuve allí. Vi los efectos de ardor y confusión en plena batalla. Sin importar si el tablero no tenía información sobre esas magias. Probablemente el tablero se hallaba incompleto.

—Tampoco me sorprendería —Respondió Ciel a las palabras de Stella —Sabemos muy poco sobre las habilidades y magias. Solo estoy preocupada, no se alarmen por mis palabras— Ciel había recuperado a toda su familia, ahora su hijo se hallaba en cama sin ánimos de levantarse y una enorme mancha en su pierna. La desesperación comenzaba a mermar dentro de la mujer, al igual que en el resto de los presentes.

—Hay un par de idiotas comentando que es por comer carne de naga —expuso Tariel.

—Pues dejémosle sin comer un par de días, a ver si quieren o no la carne —Farfulló Vermont resoplando molesto. Yo notaba como el hombre cocinaba sin parar, quizás para no pensar en la señora Katie. No podía argumentar contra aquello. Si yo sentía cierto dolor en mi pecho, no podía comprender lo inmenso de su perdida.

—Debimos matar a ese hechicero goblin antes —Stella se hallaba sombría. Algo que tampoco me sorprendía, la pérdida de su pierna le limitaba. Ahora se resumía a labores de ayuda y directrices. También debía enfrentar la ausencia de Camus y su enfermedad. 

—Debiste meterle una espada por el culo al goblin ese, pero no lo hiciste, de nada nos sirve lamentarnos. Necesitamos ideas y una cura —Benjen por su parte no era el más sensible y regañó a Stella a la primera oportunidad.

—¡Benjen! —replicó Ciel ante su falta de tacto.

—¿Qué? ¿De qué nos sirve lamentarnos medio día sobre lo que debimos hacer? Yo debí tirarme al par de rubias la otra noche. No lo hice, ahora debo cargar con eso y seguir mi vida en este agujero.

—¡Benjen!

—Ideas no tenemos muchas. Podríamos quizás reducir las horas de sueño y comida y adelantar quizás un día de camino —Expuso Mena.

—Sí, no me seduce ese planteamiento, tampoco hay otras ideas. Yo al menos tengo algo para mostrar entonces —Benjen sacó de su chaqueta un frasco con un líquido y lo mostró a todos antes de colocarlo al lado del fuego sobre la tierra. Miry, Mena y yo intercambiamos miradas, reconocimos el contenido al instante.

—¿Y eso?

—La cura —sonrió.

—¿La cura Benjen? ¿Por qué no comenzaste por allí antes de asustarnos? —Ciel estaba por acercarse al frasco cuando las palabras del hombre la detuvieron.

—Porque solo hay cuatro dosis en ese frasco, y es todo lo que tenemos de ella, ni más ni menos.

—¿Qué? —Tariel también se levantó impactada —¿Por qué?

—Es en extremo rara y difícil de conseguir, debí probarla con Camus hace un rato. Posee propiedades curativas que supera a cualquier gema o magia. Camus no despertó, pero sus estadísticas ya no muestran la enfermedad.

—¿Curaste a Camus? —Stella abrió los ojos.

—¿Por qué Camus y no alguien más? —preguntó Ciel.

—Por la razón de que había una gran probabilidad de que esto lo matara. Simplemente me arriesgué —se explicó.

—¿Y así se lo diste a Camus? —Volvió Stella.

—Pues era eso o dejarlo morir. Era el mejor sujeto de prueba —Contestó el hombre y Stella lo observó iracunda, pero luego de un momento pareció calmarse y mostrar su semblante tranquilo y responder.

—Entiendo, actuaste de la mejor manera.

—¿Por qué solo tienes cuatro dosis? ¿Dónde podemos conseguir más de eso? —inquirió Tariel.

—Ese es el detalle. No creo podamos buscar más de este líquido —sonrió el hombre. Lo compré hace unos días atrás y comencé a examinarlo, no esperaba necesitarlo en grandes cantidades pronto.

—Debe haber más de eso en algún lugar —expuso Tariel. Fue Mena quien contestó.

—Eso es sangre del ángel que Allan logró matar hace días, le vendimos todo lo que teníamos al viejo.

Tariel cayó sentada sobre la roca con los ojos abiertos —¿El ángel que invocó el Jin? ¿Esa es su sangre? ¿Eso es la cura?

—En efecto, ahora espero que me digas donde podemos buscar más —Benjen era agudo. Intercambiamos miradas, ninguno respondió— Bien, si no habrán más interrupciones tontas podré explicarles lo que tengo en mente— Benjen dejó de hablar cuando Ciel levantó la mano.

—¿No podemos copiarlo? La habilidad duplicar podría servir.

—Podría Ciel, pero no sé de nadie aquí que tenga esa habilidad. Es de las raras —Se cruzó de brazos el viejo —quizás en Selyntos tengamos a un usuario con la habilidad.

—Pero volvemos al mismo problema de antes. Debemos primero llegar a Selyntos—Se lamentó Stella.

—¿No podríamos enviar un grupo a Selyntos antes que el resto?

—¿Te ofreces para la tarea Tariel?

—Sabes que no tengo problema, pero deberán suplirme en la búsqueda de nagas, y pautar un punto en el que podamos encontrarnos. No me pondré a recorrer todo el abyss para ver donde pueden estar caminando de regreso. Eso si no muero en el intento.

—Entonces le daremos a Tariel una dosis para llevar a Selyntos y buscar un usuario de la habilidad duplicar. Lo cual nos deja con tres dosis más para resistir o hacer otra cosa — Noté el brillo en los ojos del viejo —No creo conveniente dejar todo en manos de una sola oportunidad.

—¿Qué quieres decir? ¿No deberíamos esperar y suministrar esas dosis a quienes más lo necesiten? —preguntó Mena.

—Salvaríamos a tres, si, ciertamente. Y todos los demás que enfermen morirán. Si Tariel tarda más de cuatro días tendremos a la mitad de los sobrevivientes enfermos, y no tenemos tantas gemas para salvarles. Tampoco sabemos si serán tres días o veinte los que nos tomará llegar a Selyntos o el regreso de Tariel.

—¿Qué propones Benjen? —preguntó Vermont.

—Pues, tenemos a un aventurero que ya ha derrotado por si solo a un ángel. Digo que se podría buscar más.

—¿Qué? —repliqué.

—Miry cree que es peligroso.

—¡Claro que es peligroso! —se levantó Mena— ¡Hablas muy fácil porque no eres tú el que deberá enfrentarse a un ángel, sino Allan!

—Estás hablando de una locura Benjen, no sabemos en qué nivel siquiera están esas cosas.

—Pero sabemos que existen Vermont. También sabemos que es la única oportunidad de salvar a estas personas.

—¡Es una locura Benjen! Podríamos enviar a todos los sobrevivientes hasta el fondo del abyss, y luchar en el piso treinta. Nadie pasará ese piso, todos morirán —le regañó Ciel, y entonces comprendí por dónde venían sus palabras y el significado de ellas, Mena lo había dicho, su intención era que yo bajase hasta el fondo del abyss a buscar un ángel.

—No necesitamos pasar por el piso treinta, al menos no necesitamos derrotar al jefe de piso. Podemos usar los sumideros y seguir bajando —Interrumpí la discusión, me hallaba cabizbajo. Entendía muy bien el peligro de mis palabras, pero pensaba de una forma serena, notando las opciones.

—¿Estás hablando en serio Allan? —Mena me observó con esa expresión de reproche.

—Solo digo que es una idea —repuse casi tartamudeando. Mena estaba molesta y acercó su rostro al mío poniéndose de pie frente al resto.

—Es un suicidio, no podemos ir allí abajo sin saber a qué nos enfrentaríamos. ¡Miry díselo!

—Ella tiene razón, Miry sabe que es una locura —Me habló la tumb en voz tranquila —Pero si Allan dice bajará, Miry irá también.

—¡Están locos, no se puede! —Mena abría los ojos y agitaba los brazos —Es una locura total, no pueden hacer semejante estupidez.

—Mena, esta gente va a morir. Nosotros probablemente también —Hablé.

—Y la mejor idea es ir con un monstruo enorme e invencible a que nos vuelvan picadillo. A entregarnos en bandeja de plata, servirnos en banquete a unos monstruos que no podemos derrotar, y ver si podemos robar un poco de su sangre. ¡Muy sencillo! Llegaremos frente a uno de los ángeles y le diremos ¿Señor puede regalarnos un poco de su sangre? Es para una buena obra.

—Podríamos darles repelentes, los que tengamos —ninguno prestamos demasiada atención a las palabras de Ciel. Yo por mi parte defendía el hecho de poder descender y buscar ángeles a quienes derrotar, no por elección propia, sino por culpa. Aunque por otra parte me sentía bastante inseguro de dicho plan, enfrentarme a una de esas cosas no era de mi predilección. La dualidad dentro de mí se debatía, mientras Miry y Mena discutían abiertamente sobre bajar o no, como si fuesen parte de mi mente.

—Si Mena estuviese enferma Miry bajaría junto a Allan a buscar la medicina— Repuso la tumb cruzándose de brazos.

—Sabes que yo también bajaría, solo digo que es una locura en nuestras condiciones actuales. No tenemos la menor idea sobre lo que hay allí abajo, tampoco en qué piso podríamos encontrarlo.

—Eso es cierto, solo bajando podrían tardar más de una semana chicos —expresó Tariel.

—¿Qué harás Allan? ¿Bajarás o no? —Mena y Miry se pararon frente a mí con los brazos cruzados. 

—¿Tú qué dices viejo? ¿hay posibilidad de encontrar otra cura? —pregunté a Benjen en tono serio.

—Ninguna.

—¿Y de salvarnos?

—De treinta por ciento, eso si Tariel logra conseguir llegar a Selyntos, hallar a alguien con la habilidad y regresar hasta nosotros antes de que estemos todos muertos. Tampoco sabemos si existe un punto de no retorno de la enfermedad. Hasta ahora la hemos contenido bastante bien, pero cuando fallen las gemas, no podremos asegurar nada —Benjen se explicó de forma tranquila y Ciel tragó saliva. Stella por su parte se hallaba pensativa y tanto Vermont como Tariel nos miraban de manera preocupada.

—Hay que bajar —contesté ante ambas.

Mena frunció los labios y miró en otra dirección, estaba molesta como pocas veces le había visto antes —Necesitaremos las tres dosis restantes, bajaremos nosotros tres —expresó.

—¿Qué? ¿Las tres dosis? —preguntó Ciel.

—Es comprensible, no se pueden enfermar mientras bajen Ciel —Contestó Benjen.

—Pero yo… — comprendí lo que debía pasar por su mente. Sus hijos.

—¿Solo ustedes tres? ¿Y yo me quedo acá? —preguntó Amy.

—Eso me temo, solo hay tres dosis —contestó Mena.

—Es lo mejor Amy, es muy peligrosos allí abajo —repuse.

—Pero yo…

—No, no estará a discusión. Deberás quedarte esta vez, además estas personas necesitan una maga y las gemas de curación que puedas darles.

—Entonces será así, un grupo se adelantará a Selyntos, otro bajará a buscar ángeles que matar y los demás deberemos avanzar —comentó Vermont.

—Necesitamos un punto donde poder reunirnos, un lugar intermedio al que todos podamos llegar.

—Hay una cabaña, antes de llegar a Selyntos — informó Stella.

—¿El punto de reunión será donde Helim? —pregunté.

—Parece el punto ideal, supongo estamos bastante cerca de ese lugar, solo debemos subir y ubicarnos mejor —confirmó ella con voz firme.

—Tenemos planes entonces —Benjen se levantó limpiando un poco su pantalón y retiró seguido de Ciel detrás de él.

—Esto es una locura, moriremos allí abajo y lo sabes —Mena pasó a mi lado golpeando mi hombro dispuesta a buscar las tres dosis restantes de la cura.

—Miry entiende la situación, debemos bajar o todos morimos —me observó con preocupación, yo me limité a asentir a su sonrisa tranquilizante. Era difícil tener el pensamiento de que Mena tenía razón en sus palabras.

—Yo iré a seguir cocinando, acabo de dejar a Melanie con todo eso sola, debe estar al borde de la locura y las mujeres cuando están así son peligrosas.

—Yo quiero descender —Amy se hallaba a mi lado.

—¿Y si mueres abajo? —pregunté.

—¿Y si mueren ustedes?

—Miry protegerá a Allan, es una promesa —sonrió la tumb.

—Es peligroso, sé que lo es —repuso la menor de nuestro grupo.

—Vermont acaba de perder a la señora Katie, me parece prudente que pueda verte a salvo por lo pronto —Contesté sin saber si iba por buen camino.

—¿Y si los hieren y Mena no puede curarlos?

—¿Y si te perdemos a ti Amy? Miry sabe que bajar es una locura, y el señor Benjen dijo necesitaban las gemas.

—Concéntrate en este tiempo a mejorar la magia de curación o la magia agua, Miry sabe que necesitaremos esas magias después.

—Chicos, necesito conversar con ustedes un momento, acérquense —expresó Stella interrumpiendo la discusión de manera abrupta. Era extraño verla sombría, con una mirada llena de dudas. 

—¿Qué sucede?

—Lo ideal es que Mena y Daniela estuviesen aquí también. Todos los integrantes de su gremio, pero dudo encontremos mucho tiempo libre y menos tiempo en el que podamos conversar a solas.

—Nosotros hablaremos con Dani y Mena —contestó Amy tomando asiento a un lado, cerrando más el circulo.

—Quiero hablarles sobre las habilidades y las magias, al menos lo que Camus y yo hemos averiguado sobre ellas.

—¿Qué? ¿tienen información? —pregunté.

—Algo, Camus movió muchas influencias sobre todo en Adrem para poder averiguar lo mejor posible sobre su funcionamiento y como adquirirlas. El plan obviamente era fortalecer nuestro gremio. Pero ahora el gremio desapareció, y el más fuerte y completo son ustedes. Sin contar que tengo una deuda muy grande y siento debo comenzar a pagar.

—Sobre el dinero Stella, Miry cree que no es…

—El dinero estará tal cual acordado apenas lleguemos a Selyntos. Son ochocientos oros, una suma pequeña para lo que han hecho hasta ahora.

—Nosotros…

—¡Escuchen y presten atención! No voy a repetir nada de lo que diga aquí y agradezco en lo posible que ustedes también mantengan cierto silencio.

—Entendido.

—Bien. Cuando nace todo abyss, se forma un enorme cristal en un extremo, solemos colocar la entrada al abyss cerca de este cristal por conveniencia para crear mejor el esquema sobre los aventureros que entran y salen. En una zona superior del gran cristal hay una mesa irrompible de piedra blanca. Yo misma logré ver la de Utghardie en una ocasión, casi nadie tiene acceso a dicha mesa y solo alguien con la habilidad lectura puede leer lo que dice en ella.

—Nosotros no… —hice silencio ante la mirada de Stella.

—En cada lado de la mesa hay grabaciones, sobre las habilidades especiales, profesiones, aventureros activos y el cuadro de habilidades y magias. Actualmente Benjen y Ciel conversaron un poco sobre eso, no se tiene mucha información sobre el cuadro, se teme que está incompleto y que en cualquier momento se expandirá y mostrará las otras habilidades y magias del tablero.

—¿Incompleto? —cabeceó Miry y Stella asintió.

—Solo muestra las habilidades y magias descubiertas hasta ese momento y algunas circundantes. Ahora presten atención, cada vez que una persona quiere grabar sus estadísticas en un papel ¿han notado que la dependiente sale del lugar y regresa con todo actualizado?

—Lo hemos visto. Si.

—Eso es porque nadie más puede entrar a la sala de la mesa, se coloca un papel sobre esta mesa y ella graba sobre el papel lo requerido.

—¿Por qué no dejan que todos vean y usen la tabla? —preguntó Amy.

—Información, alguien debe regular la información. Si el día de mañana tu enemigo quisiera dañarte, podría ir a la tabla y comprobar todas tus estadísticas y luego dañarte por tu punto débil— Respondió Stella.

—Vaya, no lo había pensado.

—Ahora, esto no es lo difícil de averiguar. Cualquiera podría deducirlo con tener amistades que trabajen en la muralla interna. El detalle está en el cuadro de habilidades, Camus y yo creemos que se pueden acceder y aprender las habilidades que están justo a los lados de las que ya poseemos. El problema es que hay que cumplir ciertos requisitos, requisitos únicos para cada habilidad.

—Tiene sentido —respondí.

—Por eso Helim… —Amy abrió los ojos.

—Pero Miry sabe que muchas personas no tienen casi nada de magia o ninguna habilidad.

—Dependen de los requisitos, podrían estar al lado de la mejor de las habilidades, pero si no cumplen los requisitos para aprenderla, nunca la obtienen.

—¿Cómo saben esto? —pregunté.

—Porque sabemos los requisitos de habilidades como lectura o manejo de espada. Sin contar que hemos estudiado mucho los parámetros de las estadísticas de cada persona. Lo que haré es explicarles mejor los parámetros.

—Bien.

—Todos saben que al entrenar subes los parámetros de vida y que cada cincuenta puntos subes de nivel. La fuerza es un parámetro netamente físico, si no ganas músculo no hay forma de subirlo, pero aparte de eso llega un punto donde no necesitas ganar músculo para aumentarlo y va ligado a la resistencia y tu capacidad para cortar ciertos materiales, o impactar y destrozar lo que golpees.

—¿Cómo?

—Hay monjes del sur que dicen se trata sobre la energía de Numer y Yisha. También están los guerreros Omni que dicen se trata del poder interior.

—Miry ha escuchado sobre los Omni, son un grupo de guerreros que se oponen a los muertos vivientes.

—Así es. Tienen una fuerza descomunal, dicen manejan la fuerza interior y pueden romper con sus puños casi todo, aunque sus parámetros de fuerza no son excesivamente altos. Luego vienen los parámetros que casi nadie presta atención, pero son cruciales para las habilidades y magias. Agilidad se basa en tu velocidad y rapidez, va muy ligada a tu capacidad de reacción ante situaciones y creemos va muy unida con la habilidad de prisa —Stella fijo su vista en Miry y luego en mí —Yo soy era la prueba de ello. Inteligencia se basa en la capacidad de utilizar diversas armas de diversas formas, de preparar emboscadas y desarrollar una batalla de manera exitosa. Me sorprendería si este valor Mena no lo tuviese muy alto.

—Sí, creo que nos supera a todos —respondió Amy, yo siendo sincero no recordaba tal detalle. No obstante, tenía muy presente que ella era la mejor del grupo en estrategias.

—Resistencia se define en base a tu capacidad para mantenerte activo durante largos periodos de tiempo. Dos o tres horas de lucha constante. Lo que Camus piensa es que la resistencia será primordial con el tiempo, y que, a medida que nos adentremos en el abyss tendremos que pelear durante periodos más largos, y la resistencia o los grupos serán necesarios. Por último, está la destreza, que va directamente ligada con la capacidad para poder usar armas, mientras más se mejora la destreza es más fácil cambiar de armas y desarrollar una habilidad en alguna de ellas.

—¿Y la magia?

—Creemos que la magia va determinada por la destreza e inteligencia que poseas y tu nivel de magia natural. Así como tus habilidades en combate cuerpo a cuerpo está basado en tu agilidad y fuerza en gran medida.

—Para mejorar y obtener nuevas magias debo subir destreza e inteligencia.

—Al menos eso es lo que creemos Amy.

—¿Por qué nos cuentas esto ahora Stella? —pregunté, y noté una mirada turbia y alejada en la mujer. Una que no me dio ningún buen augurio.

—Las ciudades no son amigas, no creo que tengamos mucha ayuda en Selyntos o Adrem. Toda ciudad compite por recursos y desarrollo, no enviaron ayuda antes. Camus avisó con suficiente antelación y pidió grupos de apoyo. Nadie vino, ustedes lo vieron.

—¿Piensas que no habrá ayuda?

—Creo que el plan de bajar es el único en el cual puedo poner algo de esperanzas. Espero estar equivocada, claro está.

—Veo.

—Si todo falla todos estaremos muertos, creo que necesitan toda la información posible si desean ir allí abajo.

Nos retiramos pensativos y algo ansiosos, conversamos con Daniela y Mena la información que Stella nos facilitó. Daniela estaba molesta conmigo por haber molestado a Mena, y esta última por comprometernos en una misión suicida, Amy igual por no dejarla ir.

Quedé solo en compañía de Miry, quien me abrazó y quedó a mi lado en silencio hasta que decidimos entrar a nuestra tienda a descansar.

—¿Tú que piensas? —Pregunté estando ya acostado. Por mi mente pasaba la idea de descender y ser mutilado en pedazos muy pequeños por una infinidad de bestias que desconocía.

—Allan piensa en lo correcto. Aunque sé que Mena tiene razón también, podemos morir allí abajo. Miry quiere pensar que podemos lograrlo.

—Preferiría ir yo solo.

—Mena tiene razón cuando dice eres idiota en extremo, y hay ocasiones en las cuales te superas a ti mismo.

—Gracias.

—Lo digo en serio, es tonto pensar que puedes sobrevivir sin nosotras.

—¿Por qué lo dices?

—No vivirías diez minutos allí abajo sin Mena indicando que hacer o cubriéndonos desde lejos. Normalmente dejas tu costado derecho indefenso y yo soy quien cubre ese costado.

—Está bien, habría muerto un par de veces.

—Cuatrocientas treinta y dos veces, salvado solamente por mí —Comentó la tumb, yo abrí mis ojos y sonreí un poco, luego la volví a mirar buscando la broma en su semblante.

—¿Qué?

—Miry calcula que el mismo número salvado por Mena.

—Estás bromeando.

—Para nada, no te proteges bien desde tu derecha, el señor Helim notaba esto y te atacaba por allí cada vez que podía.

—Magnífico —Bufé pensando en mi nueva debilidad.

—No debes tomarlo a mal, Miry te quiere así.

—Sabes que yo también te quiero.

—Ahora Miry piensa en otra cosa.

—¿Cuál?

—Los goblins tenían mejores magias y los orcos más fuerza.

—Lo hemos conversado estos días, lo sé.

—Lo que Miry piensa es que eso puede tener que ver con el interés de los orcos en llegar al abyss, si tocan ese tablero con los datos de las habilidades y magias.

—Podrán ampliar el cuadro y ser más poderosos —un escalofrío me recorrió la espalda —probablemente eso sea lo que están buscando Miry ¿Pero los orcos no tenían un acceso al abyss? ¿O dos?

—No sé, Miry cree haber visto en los mapas que los orcos tienen, pero Miry no tiene idea de por qué necesitaban el de Utghardie.

—Pero el cuadro podría ampliarse de pronto y tener acceso a nuevas magias o habilidades.

—Y ahora pienso en si los orcos tendrán algún dios —Cambió de manera abrupta Miry de tema.

—¿Por qué?

—Le pateó el culo al dios de los humanos —Reí un poco ante el comentario de la tumb que se acomodaba sobre mi pecho.

—¿En qué creen las tumb?

—Hay tumbs que creen en Numer y Yisha, es la historia que todos cuentan, las tumb escuchan a todos los aventureros que pasan y las relatan. En nuestra historia también están Numer y Yisha, pero en las noches de fogata las tumb hablan de más dioses.

—¿Qué? ¿Más dioses?

—Al inicio Atum se hallaba solo, y la soledad le quitaba lo hermoso, él deseaba dejar que existieran otros seres y estos pudieran disfrutar de las maravillas que él había creado. Así que decidió cantar, y cantar como nunca antes, y llenar de vida el universo entero con su voz. Su voz brindó de vida los mares y los cielos y por último la tierra. Al final, entonó las notas más altas y nacieron las razas inteligentes. Primero creo a otros seres capaces de crear y mejorar sus creaciones, seres semejantes a él. Creo a Numer y Yisha, creo a Ular, a Trent, Emerant, Oiris, Pulci y Vishnaery. Al inicio los nueve gobernaban, sobre todo. Luego volvió a cantar y decidió crear a las razas menores, mortales pero dotadas de inteligencia.

—¿Le dio toz o algo?

—¿Por qué?

—Orcos, goblins y eso… —Repuse con un tono algo mordaz. Miry me dio un codazo y prosiguió con su historia.

—Pues según fueron los humanos quienes rompieron las leyes del dios Atum. Violaron las leyes del dios cuando destruyeron el bosque de las mil voces, donde habitaban las almas de todos los seres que morían. Entonces resopló y nació el ejército de los muertos, pero tal fue el odio de Atum por el pecado humano que de su resoplido Ular el dios que cuidaba a los muertos sintió algo negro y oscuro nacer dentro de él. Ular era el ave de la oscuridad que guiaba a los muertos, para poder represar el mal Atum condenó a Ular a arder en el fondo del planeta, donde todo es fuego.

Lo que Atum no sabía es que Emerant aspiró las cenizas de Ular y recibió toda su oscuridad y con ella un gran poder, el poder de otro dios igual o superior a ella. Esto la absorbió y comenzó a manipular todo a su alrededor. Primero a Numer, quien veía al ser humano como un ser incompleto, pero que perfeccionarle era su labor, entre los demás dioses creían a Numer débil por tal decisión.

La guerra entre Numer, Yisha y Emerant inició entonces y fue cruenta, duró largos años en los cuales la tierra casi fue destruida con cataclismos. Luego Atum decidió castigar a Emerant y la lanzó al fondo de la tierra, pero no la quemó, tan solo le encadenó allí. La aprisionó para nunca más salir. Numer y Yisha le dieron entonces dos regalos al ser humano. Yisha creo los faros donde entran humanos regularmente, y Numer abrió un agujero y puso en sus corazones el valor para enfrentar las adversidades que se hallaban bajo tierra.

—No es tan distinta de la historia de Numer y Yisha.

—A mí me parece muy distinta.

—El punto es que el ser humano debe entrar y descubrir el abyss.

—Las tumbs siempre dicen que nuestro lugar es en nuestra aldea en el bosque y su protección. Nunca en el abyss.

—Al menos nada dice de orcos eliminando a la raza humana o dominando el abyss.

—Miry supone que eso debe decir el dios de los orcos.

—¿Tu en qué crees?

—Miry sabe que todos mueren igual, no importa en quien creas. La vida, Miry cree en la vida.

—Claro, la vida nos empuja cada día a elegir —pensé un rato antes de preguntar —¿Qué sucede con Atum y los otros dioses?

—No sé, la historia queda hasta allí, de hecho, poco se habla de los otros dioses, Miry recuerda un poco de lo que decía mi mamá. Supongo que en la aldea hay tumbs que si saben sobre los otros dioses. Miry solo recuerda que tenían poderes muy fuertes. Ular era el de la muerte, Yisha creo que dominaba los mares, hasta allí recuerdo.

—¿Por qué las tumb hablan de esas cosas y las demás personas no?

—Miry no sabe, en la aldea enseñan todo el día cuando eres pequeño. Aquí los niños juegan todo el día.

Era cierto, en poblados como Utghardie los niños corrían libres durante la mayoría del día, pocos sabían leer y escribir, por lo general los dueños de tiendas enseñaban a sus hijos las matemáticas básicas para poder llevar las riendas de sus locales. Luego con suerte, estos heredarían tales posesiones y pasaban esta información de generación en generación.

Para todos los demás la realidad era un poco más simple, jugar y al crecer aprender a labrar la tierra, a forjar a martillo, preparar comida, limpiar u cualquier otra labor. Solo los más arriesgados tomaban el camino difícil, la lucha para entrar al abyss. Aquellos que tomaban esta decisión lo hacían con la ilusión de recaudar mucho dinero y poder montar sus propias tiendas o negocios. Cosa que era posible si reunías sabiamente a lo largo de algunos años de entrar al abyss y sin sufrir muchos percances.

La mayoría perecía allí adentro, pero era un riesgo a tomar. Algunas ocasiones se sabía de ciertos sujetos que lograban reunir hasta miles de oro y montaban tiendas enormes o compraban casa de lujo. Eran estos los que aumentaban los deseos de los pequeños. La esperanza de salir de la miseria.

Yo no era así, no deseaba riquezas sin fin, ni gloria para mi nombre, no deseaba una estatua como la que tenía Murtuak el guerrero en la antes ciudad de Utghardie, por haber vencido el solo a doscientos goblins en la antigua guerra.

Yo quería paz, quería poder ver a Miry cada noche sin tener pesadillas. Deseaba estar junto a Mena, Amy y Daniela y compartir con ellas a diario sin pensar en una invasión, un dragón o alguna otra bestia de las profundidades.

Describiré a mi deseo como una flama. Un pequeño fuego en mi pecho que comenzaba a desear poder para crecer y esparcirse por mi cuerpo. Deseaba ser más fuerte y no tener que ver más sangre derramada. Si tenía la fuerza suficiente, podía asegurar que Miry, Mena, Amy y Daniela nunca más tuviesen que enfrentar a otro ser de las profundidades.

—Quiero hacer un pacto.

—¿Un pacto? — Pregunté sacado de lugar.

—¿Has visto alguna vez a otras tumbs? — La pregunta de Miry me impactó. La verdad es que una vez vi dibujos de ellas, pero ninguna en persona. Eran algo distintas a Miry, en especial por las plumas y adornos de colores diversos que usaban.

—Hay tumbs que hacen pactos cuando están en peligro. Algunas usan aros en los brazos…

—No me veo a mi mismo con un aro en el brazo.

—Quiero un pacto de regresar con vida y juntarnos con Amy, un pacto para estar juntos nuevamente.

—Es algo… bueno, muy dulce de tu parte.

—¿Te parece si nos rapamos el cabello un poco para el pacto?

—¿Ah?

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