2. GOBLINS

Allí estábamos los cuatro acostados boca abajo sobre la tierra fría y húmeda. Yo sujetaba el puño de mi espada corta de segunda mano en mi cintura. Los nervios me comían. Vert nos lideraba. Mena y Melanie lucían bastante bien con sus atuendos.

Recibí un cobre y medio por cada colmillo, excepto por el último, el cual dañé un poco al momento de sacarlo y me dieron solo un cobre. No tenía la menor idea de que debía preservar la calidad de cada objeto o desecho de bestia debido a que esto disminuye el precio de pago. 

Los siguientes días nos hospedamos en la posada de Vermont. Costaba veinte dots de hierro el día, y mientras estuvimos reparando, ganamos unos veinticinco dots por día más dos comidas. No quedaba mucho para nosotros, así que decidimos tomar una sola habitación los últimos cinco días. Era incómodo, pero ahorramos más de un cobre y veinticinco dots de hierro. Yo pude alcanzar los seis dots de cobre. 

Pronto nos dimos cuenta de los problemas. Después de una semana el trabajo de reparación se terminó y comenzamos a gastar dinero propio mientras buscamos trabajo. 

La ropa nueva era costosa, más de dos o tres cobres dependiendo de donde compraras. Terminamos buscando ropa de segunda mano, de la más decente sin manchas de sangre en ella. Melanie era muy buena reconociendo tipos y calidad de la tela. Se dedicó toda la tarde en encontrarnos las mejores prendas de la tienda.

Mena tomo ropa oscura y ajustada, Vert buscó algo de azul celeste mientras Melanie termino con un par de pantalones una franelilla y una chaqueta blanca de bordes rosados. Yo compre una capa, franelilla y una bufanda verde oscuro. 

Para armas no quedó mucho, así que debimos conformarnos con cuchillas de segunda mano, un arco de madera vieja para Mena, un martillo para Vert y una espada corta para mí. Gran parte del gasto de las armas corrió por mi cuenta, ninguno tenía demasiado y unirse a la guardia terminaba siendo nuestra única opción viable. 

Los cinco últimos días habíamos salido a buscar en las afueras de la ciudad, pero no tuvimos éxito. Al final terminamos cazando un par de conejos y durmiendo en un granero viejo y derrumbado. No era muy abrigado, pero detenía el viento. Realizábamos una fogata y dormíamos alrededor. 

Era el sexto día y divisamos un par de goblins. Eran de un verde oscuro casi grisáceo, su piel se notaba muy curtida con manchas de fango y ojos grandes. Uno de ellos era muy delgado mientras el otro tenía una barriga prominente. Ambos debían medir un poco más de un metro de alto. Llevaban casco metálico, dagas en la cintura y ropa destrozada. Dos días atrás habíamos observado un grupo de cinco, pero aquello era demasiado para nosotros. 

Nos arrastrábamos entre los arbustos intentando hacer el mayor silencio posible. El par de goblins se hallaban bajo un árbol quitándole la piel a un jabalí. Me reí un poco al notar que eran mejores cazadores que nosotros. 

Estábamos tensos y ansiosos. Era el primer enfrentamiento. Habíamos practicado varias veces entre nosotros como defendernos, atacar por los costados y ocultarnos. La tarde del día anterior la reservamos para aquella tarea y quedamos agotados. 

Era divertido y terminamos recostados a un lado del granero. Estábamos bastante cerca de las murallas externas de la ciudad y el viento frio se colaba hasta nosotros. Melanie y Mena se abrieron a Vert y a mí. Melanie era bastante dulce a pesar de su expresión educada y modales. Mena se mostraba indiferente, pero podía reír y resultaba muy confiable. Vert por su parte fue tomando el papel del líder del grupo. Era alguien seguro y con excelentes ideas y visión de futuro. Trataba de comprender nuestra situación y se sentaba conmigo a comparar puntos de vista sobre los pasos a seguir a futuro para poder tener algo propio. 

Después de un par de conversaciones decidimos que lo mejor era reunir suficiente dinero y montar una posada o tienda de alimentos en la ciudad. Ambas generaban suficiente dinero y podríamos mantener a las chicas a salvo. 

Era reconfortante tener una mano amiga que, al igual que yo, deseara proteger a las chicas. Ninguno de los dos hablamos sobre nuestros deseos por ellas, pero era normal el observarlas, incluso mientras dormían. Melanie tenía ese encanto lleno de inocencia, un rostro hermoso que un ángel envidiaría. Mena era voluptuosa y decidida, toda una mujer. 

—Hay que rodearlos —Señaló Vert en un susurro y yo regresé al mundo real —Mena y Allan por allá, Melanie y yo por este lado. 

—Vamos —Mena era decidida en todos los aspectos, una chica altiva y recta de poco hablar. Su expresión siempre era tranquila y algo vacía, sin embargo, podías confiar en ella. 

Nos movíamos por la zona superior de la ladera a unos quince metros del par de goblins. Del otro lado pudimos divisar a Vert y Melanie esperando. Debíamos bajar en el momento adecuado y tomarles por sorpresa. Algo bastante difícil teniendo en cuenta el buen olfato que tienen los goblins. 

Mena sacó su arco apoyándose al costado de un árbol —¿Crees poder darle? —pregunté preparando mis piernas para bajar en carrera.

—No le apunto a ellos, apunto a un lado. Al suelo, así se arrinconarán por si solos. 

—¿No puedes darles?

—No tengo tanta practica — Comentó ella apenas abriendo sus labios. 

—Bien, pues me lanzaré ahora — Mena asintió con la cabeza y tensó aún más el arco. Yo me levanté y lancé hacia abajo. Los goblins alzaron la vista y el silbido de la flecha lo sentí en la oreja. La punta metálica aterrizó en el suelo con un ruido seco y los seres verdes voltearon y quedaron observando la flecha con la mirada turbada. Alzaron la vista, notaron a Mena en lo alto. Yo bajé y caí rodando por la ladera con mucho ruido. A un costado del par de goblins que me observaron apremiantes y con los colmillos a la vista.

Vert y Melanie descendieron en carrera por el otro lado, yo me levanté tan rápido como pude. El goblin delgado estaba entonces encima de mí buscando escapar blandiendo su espada. 

Esquivé agachando la cabeza y retrocediendo un poco. Me costó sacar mi espada corta mientras me movía y tiraba al suelo. Entonces sentí el corte al nivel del hombro casi en mi pecho, por reacción, abrí los ojos muy bien en dirección a mi atacante. El goblin estaba asustado, tanto como yo. Gritaba y blandía su arma en mi contra con desesperación. Alce la mía y ambas chocaron. 

Mena bajaba en carrera mientras Melanie y Vert atacaban al barrigón. El goblin que se enfrentaba conmigo a pesar de su tamaño resultaba demasiado rápido, pensé que quizás aquello tenía que ver con su delgadez. Giré en el suelo mugriento llenando mi cara de barro y blandí la espada en un abanico en su dirección. Este retrocedió y abalanzó sobre mí en carrera, yo le repelí con una patada lanzándolo detrás de mi cuerpo. 

Gritaba, chillaba desesperado, en varios metros a la redonda se debían escuchar sus gritos y… sollozos. Al levantarme noté que gimoteaba y las lágrimas caían por su rostro. Hasta entonces no había notado aquello y el impacto fue fuerte. Podría ser un goblin, pero estaba llorando de miedo ante mí. Temblé y aquella cosa se me lanzó encima, la espada pasó por encima de mi cabeza y rodamos por el suelo sin mucho sentido. Él propinaba manotazos a diestra y siniestra sin mayor coordinación. Yo interponía las manos, pero sentía los rasguños en mi rostro y volvimos a girar. Entonces noté que me colocaba arriba del goblin y observé mi espada corta a un lado. La tomé y cavé en el pecho de la criatura. 

Reparé en su mirada, fija en mí, como su intensidad se apagó un instante y observó su herida en el pecho e intentó agitar sus brazos normalmente mientras gritaba y lloraba. La saqué y volví a clavar, su sangre manaba tan roja como la mía y mis manos temblaron fuertemente. La incrusté sobre su cuerpo unas tres veces más. Apretaba los dientes hasta notar que ya no se movía y me dejé caer sobre él. Alcé la vista y noté a Vert tirado en el suelo arrastrándose en retroceso hasta un árbol, Melanie tenía todo su pecho ensangrentado y Mena les defendía con el arco en una mano y su cuchillo en la otra. 

Comprendí el mayor error. Ninguno de nosotros tenía la menor armadura, solo nuestras ropas, que además dañamos bastante. Melanie lloraba, pero se mantenía de pie a un lado de Mena y esta blandía la daga en contra de la espada del goblin barrigón.

Me lancé de cuerpo entero sin pensarlo. De hecho, dejé sobre el cuerpo del otro mi espada y tan solo me abalancé sobre este por la espalda hasta hacerle caer. Lo abracé y atrapé con mi cuerpo contra el suelo. El sujeto se movía con fuerza y sentí el golpe de su mano contra mi rostro fuerte. Me dejó desorientado un instante y entonces escuché el cuchillo hundirse y sus músculos se relajaron. 

Mena estaba al frente enterrando su daga en el ojo del goblin y la torció con un movimiento de muñeca. Me quedé sin aliento por un instante y descansé sobre el cuerpo del muerto, pero la mirada de Mena me sacó de mi ensimismamiento. Hablaba frente a mí, pero tardé un instante en comprenderle. 

—¡Están heridos! —miró a Melanie quien se recostaba en un árbol aún de pie, y Vert estaba tendido por completo en el suelo —Están gravemente heridos Allan. 

Temblé y me levanté del suelo. Los dos goblins estaban muertos, pero Melanie y Vert no estaban mucho mejor —. Hay que llevarlos a la ciudad.

—No van a resistir —insistió ella. Y me acerqué un poco para verlos mejor. Me dio algo de pena con Melanie, pero levanté su camisa y noté como tenía un corte a la altura de su costilla en diagonal. Y otra en su hombro izquierdo. Eran largas, pero no profundas. 

Vert tenía una sola herida, pero era de mucha gravedad. Era una cortada que iba desde su hombro derecho hasta su abdomen izquierdo, era profunda y abría su cuerpo casi en dos. 

—Oye Vert —me atreví a decirle. No sabía siquiera como moverle, perdía sangre en grandes cantidades. El chico se removió y lanzó la mirada en mi dirección.

—Son fuertes los goblins —balbuceó. Yo temblé ante sus palabras y observé a Mena. Temblaba descontroladamente. Me percaté de las lágrimas en mi rostro y las piernas de gelatina que amenazaban con dejarme caer. Preferí arrodillarme al lado de Vert.

—Hay que tapar las heridas primero. 

Mena rasgó la blusa de Melanie y la suya propia para tapar sus dos heridas. Yo quité la camisa de Vert y la coloqué sobre su herida, pero era demasiado grande y la tela se inundó de sangre casi al instante. 

—No, no no no no… —mis manos fallaban, la tela se me cayó al suelo. La sostuve, pero mis brazos se movían espasmódicamente sin dejarme tapar la herida —¡maldición! — ¿por qué sucedía todo aquello? La sangre manaba de Vert. Todo era un desastre, solo eran dos goblins, se suponía sería sencillo. La noche anterior había conversado con él hasta tarde, sobre los planes a futuro y teorías sobre nuestra llegada —van a estar bien —. Le dije a ambos, casi para mí mismo. Deseaba que fuese cierto.

—Eres educado, mentir no es tu mayor cualidad Allan —Melanie estaba débil y Mena la sujetaba del hombro casi arrastrándola por el camino. Yo lancé a Vert a mi espalda y comenzamos a caminar de regreso a la ciudad. Pesaba demasiado y el agotamiento me pegó al instante. 

—Tranquilo, llegaremos pronto y te darán algo para el dolor —sentía la sangre de Vert llenando mi espalda.

—No siento dolor —su voz era débil. 

—¿No?

—Fui tonto, me lancé sobre él y no me cubrí. 

—Mantente callado, debes guardar energías. 

—No llegaré, no seas iluso —respondió él.

—Tranquilo Vert, solo es cuestión de llegar —avanzaba cuesta arriba y cada paso costaba más que el anterior. 

—Debes subir, si quieres sobrevivir debes enfrentarlos —le escuché en silencio, me centraba en pisar fuerte mientras subía por la tierra suelta —cuídalas. Melanie es delicada, Mena es fuerte.

—Cállate, lleguemos al granero y hablemos por horas sobre mujeres —Intentaba correr, sin embargo, mis piernas no daban para ello. Vert pesaba —Calma, calma, debes mantener la calma y quedarte tranquilo. Dentro de poco llegaremos y te coserán eso. En unos días estaremos hablando tonterías. Debemos comprar protectores, Melanie y Mena no pueden estar heridas normalmente —. Después de un rato ya no podía más y sentí que casi caía al suelo. Apoyé una mano y Mena llegó a mi lado. Melanie me miró con los ojos muy abiertos y gesticuló algo en el oído de Mena. 

—Suéltalo.

—¿Ah?

—Suéltalo Allan. Llegaremos más rápido —la expresión de Mena era seria, como siempre. 

—No voy a dejar a Vert. 

—Está muerto Allan suéltalo. 

—No está muerto, solo está… —Giré para verlo. Vert tenía los ojos un poco abiertos y su cuerpo estaba extendido sin fuerza alguna —Está…

—Solo suéltalo y ayúdame con Melanie, llegaremos más rápido. 

—Yo… —dudé y me tomé mi tiempo—No puede estar muerto, es Vert —. Miré a las chicas y luego el cuerpo, él no se movía en lo absoluto, su ropa estaba totalmente mojada en sangre. Me resigné a ver la expresión adolorida de Melanie. 

Dejé el cuerpo de Vert apoyado contra un árbol y tomé el otro lado de Melanie, volteé una última vez sintiendo un peso contra mi pecho. Aquel podía ser yo.

 Avancé en silencio hasta la ciudad, había varios hospitales cerca de los bordes como del centro de la misma. No hubo preguntas salvo el nombre de Melanie. Allí era normal los heridos del exterior y del Abyss, a diario llegaban y nadie hacía preguntas innecesarias.

Mena y yo nos sentamos en la zona exterior mientras la revisaban, en silencio observando los rostros de quienes iban y venían. Un par nos ofrecieron ayuda a nosotros. Ambos nos negamos, Mena tenía un rasguño en la pierna y yo apenas una mínima cortada a la altura del hombro. Era difícil estar allí, incluso el respirar era difícil. 

¿Cómo sucedió todo aquello? ¿Cómo Vert estaba muerto? ¿Era normal que alguien se fuese así de fácil y rápido? Había conversado con él, tocado su hombro y reído mientras caminábamos al bosque. Su sangre todavía estaba en mis manos y espalda. ¿Era normal? ¿Perder a un compañero era normal? 

—Estará bien —Mena cortó el silencio. 

—Eso espero. No quiero tener que dejar a otro atrás. 

—No fue culpa nuestra lo de Vert —Estuve a poco de replicar hasta que alcé el rostro y vi a Mena. Por primera vez observé lágrimas en su cara y la chica rompió a llorar apoyándose en mi hombro. 

—Lo siento, no, no fue nuestra culpa — lloré junto a ella —. No se supone que terminaría así. Se supone estaríamos los cuatro juntos y hoy dormiríamos en una buena cama o compraríamos algo de protección. 

—No teníamos nada… fue una tontería —Llevaba días conociendo a Mena, nunca imaginé verla de tal manera. Me rodeó y su llanto quedó en mi cuello. Le acaricié el cabello en silencio, ella se desahogó durante un rato, luego levantó su rostro y secando sus lágrimas se quedó sentada firme. Un doctor encargado no tardó en llegar donde nosotros. 

—La chica Melanie está bien, un par de puntos nada más. Solo debe descansar hasta mañana. 

—Perfecto gracias. 

—Deberán cancelar el gasto de las agujas de hueso, la noche de descanso y medicina que necesite —Expresó el doctor antes de marcharse —¡Oh! Y necesitará una camisa nueva, debimos romper la que tenía.

Me dirigí hasta una enfermera que se hallaba en el lugar y pregunté por el tratamiento de Melanie. La señora me indicó que todo saldría bastante económico por haber sido algo superficial, tan solo cinco cobres. El mundo se me vino al suelo, yo apenas tenía casi dos dots de cobre en el bolsillo. Me dirigí donde Mena y le pedí me esperase allí y sin pensármelo salí corriendo en dirección al bosque a las afueras de la ciudad. 

Pasé en carrera del cuerpo de Vert y seguí hasta un poco más profundo, encontré al par de goblins muertos y saqué mi espada corta y comencé a despellejarles. Era extraño, sentía que les había matado, pero necesitaba vender sus huesos cuanto antes para poder pagar el tratamiento de Melanie. De no hacerlo no me lo perdonaría.

Los huesos que se usaban eran los de las piernas principalmente. Lo difícil era retirarlo sin dañar el hueso ni dejar muescas en este. El truco era sacar el hueso con todo y músculo y retirar el resto con la mano. Una tarea dura pero que realicé lo más rápido posible a pesar del desastre. 

Escuché ruidos a mi alrededor y pensé en alguna emboscada de goblins, sin embargo, terminé mi tarea y corrí hasta el centro de la ciudad como un desesperado. Mi expresión, los huesos que llevaba entre los brazos y mi ropa ensangrentada debió ser un espectáculo para quienes me vieron correr. 

En la zona de cajeros para vender objetos encontré a la misma mujer que realizó el registro días antes. Se sorprendió mucho al verme, más no reparé en conversaciones. Intercambié los huesos y me dieron dos cobres con cincuenta. 

Regresé con el dinero al hospital con la cabeza gacha cuando ya oscurecía, faltaba dinero y no tenía ninguna manera de enmendar aquello. Melanie necesitaba las medicinas. Sentía que era mi culpa, yo había sugerido unirnos a la guardia. Yo preferí guardar algo de dinero en vez de comprar protectores. Yo… quizás si regresaba ahora al bosque podría buscar más huesos de goblin, pero la noche caía y Mena debía estar esperándome desde hace horas atrás. 

Llegué hasta el lugar donde dejé a Melanie. Mena no se hallaba en aquel lugar, la busqué en los alrededores y me asomé en la habitación. Melanie dormía, su pecho subía y bajaba con tranquilidad. Al final llegué hasta la zona de pago y entregué a la señora los cuatro cobres con ochenta que tenía en el bolsillo. Al explicarme, la señora sonrió y tomó los cuatro cobres con ochenta sin hacer ninguna pregunta. 

—¿Podrá pasar la noche? Deje que Melanie pase la noche por favor. 

—Estará bien, la cuenta está saldada. Me encargaré de revisarla en la noche —Respondió la señora mayor de edad con un rostro que ahora noté era un poco risueño y bonachón —No todos los días se ve a un amigo como tú. Has corrido a buscar el dinero para salvarla ¿me equivoco? —Asentí con la cabeza mientras me dejaba caer sobre la pared del lugar —Nunca dejamos de atender a nadie. Les cobramos a los aventureros porque el lugar se necesita mantener de alguna manera y se necesitan herramientas. Fue noble lo que has hecho. 

La mujer se retiró y yo senté en el sitio, las lágrimas se escaparon un poco y hasta entonces noté que mis brazos estaban llenos de sangre de goblin hedionda y marrón. Mi ropa también. No me importó y quedé dormido recostado en la pared. 

Desperté con el rostro de Mena al frente, me sujetaba del hombro y zarandeaba un poco. Tardé en notar lo que sucedía y donde estaba. Mena se hallaba con una bata azul con negro larga más debajo de las rodillas. Llevaba en la mano un vaso con agua y dos hojas dentro de este.

—Deberías acostarte en algún lugar, ya llevas un rato así. 

—¿Dónde estabas? No te vi cuando regresé, ya pagué la cuenta de Melanie. 

—Comencé a trabajar aquí. Pensaba ayudar un poco con el pago. 

—Descuida, ya quedó saldado —respondí —¿Sabes de medicina? 

—No del todo, pero es fácil seguir órdenes y ayudar a los demás. Ahorita acabo de darle un poco de calmante a un hombre que le cortaron la pierna. Es hoja de Fermaria, dos y le dejaron dormido casi al instante.

—Suena peligroso. 

—Necesito estar haciendo algo Allan, no quiero quedarme sentada sin nada que hacer. No quiero tener que estar…

—Entiendo —repuse con pesar. 

—Ven, necesitas ducharte y dormir —me tomó de la mano y lanzó a una ducha y se alejó por la puerta. Yo me derrumbé mientras me bañaba. Melanie estaba herida y Vert muerto en algún lado del bosque.

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