18. GUERRA DE GOBLINS

Nos acercamos por la puerta principal de la muralla. Era un desastre, los cuerpos se amontonaban en el suelo y cada quien luchaba a su conveniencia y por su vida. Los goblins se hallaban dispersos en la zona inferior e interna de la muralla. Sobre esta se veían a varios escalando y luchando contra los aventureros o militares que encontraban. A pesar de todo ello la puerta de madera continuaba cerrada. Aunque era golpeada fuertemente desde el otro extremo.

—Allan, Miry —Mena nos habló y nosotros asentimos. Corrimos hacia el campo de batalla. Era bastante sencillo acercarte si no eras el centro de atención. Cada quien fijaba su enemigo con la vista y dejaban de mirar a los lados —Hay ballesteros arriba —escuchamos la voz de Mena y observamos a un par de goblins en una de las pequeñas torretas en la zona superior —Yo me encargaré de ellos, ustedes barran la zona lo mejor que puedan.

—Entendido —dije al tiempo que blandía mi espada enorme y cortaba en dos a un goblin que se acercaba a un hombre tirado en el suelo —De pie, quedan muchos por matar. Esa puerta no puede caer —le tendí la mano y ayudé a ponerse de pie.

Miry mientras tanto era una máquina veloz y efectiva. El entrenamiento daba sus frutos y ahora podía ejecutar técnicas asesinas más certeras. Aquello me hizo pensar por un instante en el panfleto que Camus me entregó. Debí quitar esa idea de mi mente y desplazarme hacia adelante con mi cuchillo. La espada era demasiado grande y poco efectiva si deseaba algo de velocidad en el campo de batalla. El mayor beneficio es que cubría una gran parte de mi espalda.

—A tu derecha Allan —la voz de Mena y noté como dos hombres peleaban contra un grupo de cuatro goblins y llegaban saltando desde la muralla otros tres. Corrí hasta ellos y saqué mi espada y la blandí y estrellé contra el suelo dividiendo de cierta manera el campo de batalla. Me posicione en la espalda de un goblin que atacaba y clavé el cuchillo hasta el fondo de su cuello hasta su garganta. Aquello atrajo la atención de sus compañeros.

Primero esquivé el corte de la espada del que se hallaba a mi derecha bajando mi cabeza. Subí muy cercano a su cuerpo, donde no había protección y corté su abdomen. Al siguiente le tomé del brazo estirado que tenía al haber buscado de atacarme y no hallarme.

Me encontraba con la espalda pegada al goblin de abdomen rebanado y jalé el brazo del de la izquierda. Clavé el cuchillo en su cuello y continué al siguiente.

No eran enemigos formidables. Pero si varios y por lo tanto sucedió. Sentí el filo de una espada por mi costado derecho y noté a uno pequeño. Le pateé el rostro y posicioné mi pierna sobre este mientras mataba a otro.

—¿Estás bien? —la voz de Mena.

—Sí, creo que fue superficial —contesté.

—Amy activará regeneración por un minuto, procura no recibir ninguna otra herida por el momento y se más cuidadoso de tu entorno.

—Bien —comenté. No es como si yo buscase ser herido, tan solo sucedía.

—¿Ya hirieron a Allan? Miry todavía está intacta —comentó en gritos. La habilidad de sincronía permitía comunicarnos, como si estuviésemos conectados. De hecho, yo podía saber dónde se hallaba Miry en ese instante. Estaba a siete metros de mi pateando a un goblin y luego moviéndose tres metros más para eliminar a otro.

—No fue nada profundo —agregué.

—¿Miry puede darle un beso a Allan por cada goblin que mate?

—¿Qué? —la pregunta era rara, más debido a la situación. Me sorprendí y casi soy atacado nuevamente por uno de los goblins que bajaban de la muralla. Llevaba un escudo, espada y hasta un casco. Aun así, clavé el cuchillo en su ojo.

—Quiero un beso por cada goblin que mate. Hasta ahora Miry lleva trece —Parecía estarlo disfrutando.

—Pues yo quiero besos de Mena —la voz de Daniela replicó.

—¿Saben? Estamos luchando ¿podríamos discutir esto luego? —agregué tomando mi espada. Los hombres frente a mí me agradecieron con la mirada y continuaron su camino rumbo a la zona superior de la muralla.

—Yo no he ofrecido besos a nadie —contestó Mena.

—Pues entonces yo también quiero un beso de Allan —gritó Amy.

—¿Qué? ¿Todas están locas por mi hermanito? —escuché su voz y procuré no prestar atención a lo que diría. Podía no conocerla, pero por instinto sabía que diría algo fastidioso —Hermanito, creo que voy a desafiarte a un duelo por Mena, no te la voy a dejar.

—Solo un beso Amy, Allan es de Miry. Pero si pides permiso Miry puede prestarlo un momento.

—¿Qué? —las palabras me Miry me sorprendieron y ruborizaron en más de un sentido. Decir que yo era de ella… Por otra parte, era algo ofensivo que dijese ella me prestaría a quien quisiera y en el momento que ella determinase adecuado.

—¡Miry! ¡Cúbrete con la pared! —Ordenó Mena y Miry se movió de inmediato. Una lanza se clavó en el suelo y quedó moviéndose de un lado a otro por el impulso. La flecha de Mena surcó el aire y se clavó en el rostro de aquel goblin.

—Gracias —se escuchó la voz de Miry. El ambiente entre nosotros se centró más en la batalla. Las filas enemigas desfilaban en descenso constante y la zona superior de la muralla no era capaz de mantenerles a raya. Además, tampoco lográbamos divisar algún miembro principal que pudiese cubrir ese lugar para movilizarnos un poco o poder subir la muralla.

Sentí el aura de valor posarse en mi cuerpo y pude moverme con agilidad entre los presentes. Con la espada en mi espalda bloqueé un ataque y propiné otro certero a un goblin de piel bastante oscura.

Giré mi cuerpo a tiempo para notar como un goblin muy alto con una espada enorme se lanzaba en mi contra. Esquivé su ataque girando por el suelo mugriento y ensangrentado. Me desplacé cerca del suelo y corté profundo en su pierna izquierda. Noté como el goblin gigante caía al suelo y clavé mi cuchillo en su espalda con todo el peso de mi cuerpo pues su piel era gruesa.

—Agua — un chorro brotó del suelo y golpeó en el rostro a dos goblins que se mostraron aturdidos, Miry tomó el instante para eliminarles.

—Repite ese encantamiento y apaga esas llamas de allí Amy, vamos a ir avanzando un poco. Debemos llegar a la muralla y esta zona ya está despejada —ordenó Mena y Amy asintió con la cabeza. Ciertamente comenzábamos a avanzar un poco, la muralla estaba ahora a escasos diez metros y muchos hombres repelían el avance y subían a la misma para tirar abajo las escaleras.

Las flechas de Mena buscaban a enemigos solitarios y a los ballesteros que buscaban posicionarse en la zona superior. La noche comenzaba a caer y la oscuridad beneficiaba a nuestros enemigos. Ellos lo sabían.

La regeneración de Amy era mucho más potente ahora, la herida se hallaba casi curada por completo cuando tuve tiempo de revisar mi cuerpo.

—Necesitamos avanzar chicos. Daniela, ese de allí —Un escurridizo se movía por la izquierda hasta la posición de ellas. Daniela le propinó una patada en el rostro y se lanzó sobre este al suelo —Calma Daniela, cuidado con su cuchillo —No lo hacía del todo mal, solo que era muy inexperta y sus movimientos bruscos y llenos de miedo.

Ninguno de nosotros dijo nada. Hasta hace poco tiempo éramos igual de inexpertos.

—Miry y Allan, descansen un segundo —cada uno terminaba de eliminar a un goblin y regresamos un par de pasos. Yo estaba hecho un asco de barro y sangre. Miry se hallaba mucho más limpia que yo —Subiremos por esa zona, los soldados no pueden controlar la situación sobre la muralla, y a este paso estaremos toda la noche aquí abajo impidiendo que terminen de pasar. Es mejor cambiar de táctica. Subir primero y dejar que sean ellos los que se encarguen de los rezagados que logren bajar.

Todos asentimos de acuerdo con aquello. Noté que Daniela jadeaba producto de haber matado a un goblin.

—Necesitaremos esa torre de allí descubierta, es el mejor sitio para que yo dispare, además Amy y Daniela pueden estar seguras allí. Daniela, solo tendrás que enfrentarte con quien entre en esa torreta por Amy.

—Yo soy el escudo de Amy, lo tengo Mena.

—Bien ¿creen que podamos? —preguntó nuestra líder y tanto Miry como yo nos quedamos mirando con una sonrisa. Podíamos, y más si nos esforzábamos como era debido.

Miry se adelantó y yo le seguí. Activé prisa en mi mente y me centré en aquella sensación fluyendo por mi cuerpo. Entonces me moví como si fuese agua el aire. Todos los movimientos los veía lentos a mi alrededor. Las personas y criaturas gritando y agitando sus armas. Dos espadas balanceándose frente a mi cuerpo. Yo también me movía lento desde mi perspectiva, pero era capaz de maniobrar mucho mejor mi cuerpo y visualizar todo mi alrededor.

Salte hacia adelante dando un giro en el aire y aterricé cortando con mi espada a un goblin y comencé a subir las escaleras. De inmediato fui interceptado por otro de piel grisácea y brazos bastante largos. Yo me hallaba en desventaja.

Siempre que peleas con una espada debes intentar tomar el terreno elevado, al menos si planeas ganar y permanecer vivo. La razón es simple, el oponente que se encuentra en lo alto tiene mayor facilidad para atacar tu cabeza y cuello, mientras que el de abajo apenas tiene acceso a las piernas. Por otra parte, alzar una espada y recibir golpes en ella cuesta y cansa rápidamente.

No podía extenderme y alargar una pelea como esa. Esquivé su estocada virando mi cuerpo lo más cercano a la pared que pude y clavé mi cuchillo en su pierna. El goblin dio un salto de dolor y cayó por el costado de las escaleras de piedra al suelo. Había prensado su pierna cuando realicé el corte, por lo tanto, sus músculos apresaron mi cuchillo y cayó junto a él al suelo. Yo no iba a devolverme a buscarlo. Saqué la espada enorme y avancé hasta la zona superior donde Miry ya se encontraba.

Mi espada enorme no era de mucha ayuda arriba, por lo tanto, la guardé en la espalda y tomé una del suelo para pelear. Esta era mucho más liviana y podía sentir más el fluir de mi energía, desde el cuerpo hasta mis manos y pasando por la espada.

Me sorprendí un poco por la sensación y corté a un goblin con todo y armadura de cuero. Su sangre negra comenzó a regarse por su cuerpo mientras este caía al suelo de rodillas sujetando su tórax. Sus gritos eran de dolor y desesperación, conocía esa mirada, no sentiría piedad por él. Él no la habría sentido por mí y por alguno de nosotros.

Pateé la escalera más cercana junto al goblin que intentaba subir por esta, golpeé a otro y de nuevo me limité a empujarlo desde allí. No tenía que vencerlos y matarlos. Con solo derribarles y limpiar el lugar tenía mi objetivo asegurado. Amy, Mena y Daniela comenzaron a subir para tomar la pequeña torrecilla.

Observé todo el campo de batalla y quedé frio. A pesar de ser de noche y del bosque extenderse frente a la muralla, podía notarlo. Los goblins y su enorme cantidad se extendían con antorchas hasta donde la vista daba alcance. Era un mar infinito de ellos.

Miré nuestras filas hacia debajo de la muralla, contando a los aventureros y militares, incluso conmigo éramos apenas unas treinta y cinco personas.

Miry terminó de barrer con los que se hallaban por encima de la muralla desde nuestra sección. Y yo pateaba las escaleras para que ningún otro subiera. Entonces sentí el golpe de una flecha contra mi armadura y flexioné mi cuerpo.

—¡Flechas! —le grité a Miry haciéndole señas para que bajara su cuerpo. Un hombre a mi izquierda fue víctima de un par de ellas. Se clavaron en su pierna y su pecho y cayó hacia atrás, girando sobre el suelo de la muralla para luego desplomarse al suelo por la zona posterior de la pared.

—¡Miry! ¡Magia fuego a todos los que están debajo —ordenó Mena— Tengo una estrategia para ellos, a ver qué hacen ¿Dónde están nuestros flecheros? —Mena gritó por encima de la muralla y los hombres que la vieron gritaron ante la mención —Necesitamos flecheros en un momento.

—¡Hay que acabar con ellos! —Amy alzaba el báculo y los hombres volvieron a gritar y se mostraron aguerridos. Necesitaban una voz de mando, alguien que les guiara y mostrase el camino. Lo sorprendente es que ahora seguían a Mena y Amy como si ellas fuesen sus salvadoras y capitanes.

—¡Miry ahora! —gritó Mena.

—Fuego —Miry usualmente necesitaba un par de segundos de concentración antes de poder lanzar su magia desde su daga con punta roja. Ella no era un usuario mago, a pesar de eso un mar de llamas descendió desde la punta de la daga y se extendió como una cascada, bajando por la zona externa de la muralla y extendiéndose por el suelo. Hubo entonces un silencio por parte de las hordas de goblins. El fuego fue visible incluso a la distancia.

Los gritos de quienes se quemaban rompieron el silencio que nos rodeó por un instante y el fuego se extendió unos diez metros antes de extinguirse y dejar decenas de cuerpos retorciéndose.

—¡Ahora Amy!

—Ads atracción —dijo la pequeña confiada dentro de la torre. Yo giré mi cabeza para ver a los goblins. El llamado era impresionante, su efecto les obligaba a dirigirse hacia ella como una fuerza magnética. Incluso si no lo deseaban. 

Pasaban por encima de sus compañeros caídos, por encima del fuego, quemándose. Eran atraídos sin escapatoria.

—¡Ahora arqueros! —la del grito fue Amy. Y una veintena de flechas pasaron por encima de nuestras cabezas silbando y haciendo un arco en el aire para impactar en las tropas enemigas. Disparar sin ver al enemigo no era la estrategia más efectiva, pero creaba miedo en los goblins que buscaban de acercarse. Reducía sus números sin nosotros estar en mayor peligro.

Mena también se hallaba disparando flechas, y Daniela tenía una ballesta en la mano y disparaba desde un agujero de la pequeña torre a las filas enemigas.

Busqué a mi alrededor una ballesta para disparar entre los cuerpos regados. Entonces noté un cuerpo en particular, se hallaba sentado contra un costado con cuatro flechas en su pecho, su boca y barba estaban llenas de sangre y sus ojos miraban al infinito. Grant, uno de los aventureros más fuertes y jefe de gremio se hallaba muerto.

—Miry una segunda ronda —dijo Mena acercándose un poco hasta nosotros.

—Bien —pronunció esta mientras yo me alzaba al lado de ambas y empuñaba una pequeña y vieja ballesta. Me daba miedo usar esa cosa, disparaba muy fuerte y lanzaba el brazo hacia atrás. Además, lucía algo oxidada y temía que se rompiese en mi mano y me clavase la flecha a mí.

—Fuego —la siguiente llamarada agarró a una gran cantidad de goblins que eran atraídos por Amy. Una pequeña montaña de cuerpos en llamas comenzó a amontonarse a los pies de la muralla y las llamas se extendieron unos ocho metros antes de evaporarse y dejar los gritos de decenas de goblins —¿eso a cuantos besos equivale? —me preguntó.

—Concéntrense ambos, ya tendrán tiempo para sus besos —Mena evitaba reír y se mostraba dura, como siempre. A pesar de ello yo notaba que tenía ganas de reír ante las ocurrencias de Miry.

—Mena decidirá cuantos besos son esos —respondí para aliviar el ambiente. Eran tétricos los gritos de goblins retorciéndose entre las llamas.

—Yo no voy a…— Mena se detuvo mirando el campo — Ustedes dos —se dirigió a los hombres que subían la muralla con los arcos —disparen nuevamente. Dos rondas y dejen que se acerquen a la muralla antes de lanzar dos rondas. Después será cuerpo a cuerpo nuevamente. ¡Ahora!

Las flechas al despegar daban un sonido peculiar, producto del aire rasgado y luego silbaban en el aire antes de caer contra nuestros enemigos.

Una flecha se clavó en el pecho de uno de nuestros hombres y este se desplomó hacia el frente hacia el montón de cuerpos quemándose.

—Mi señora, tenemos aceite, para usar con fuego —Llegó un hombre con rostro mugriento hasta Mena.

—Tráiganlo entonces.

—No hay que traerlo señora, está en la parte debajo de la torre. Solo hay que liberarlo —comentó este mientras los demás lanzaban la segunda ronda de flechas.

—Bien libéralo —ordenó y el hombre partió en carrera bajando por las escaleras— Allan, Miry, no podremos quedarnos en la torre de ser así. Arderá toda la parte de abajo y se pondrá caliente, Amy y Daniela.

—Bájalas, atrás estarán seguras —respondí atajando su idea.

—¡Amy atráelos! —gritó Mena, a pesar de que sincronía continuaba activa y podíamos escucharnos.

—¡Ads atracción! —la ola de goblins volteaban al llamado. Y corrieron hasta la torre.

—Una llama pequeña Miry, solo para encender eso, con ese fuego allí tendremos una zona bastante libre y podríamos movernos a otro lugar.

—Fuego —pronunció la tumb sosteniéndose de mi hombro y apuntando al aceite que se vertió desde una tubería. Una llamarada se extendió de manera continua, atrapando a muchos que iban por Amy.

—Hay que bajar. Daniela lleva a Amy abajo.

—Entendido.

—Llévala a la casa que está allí atrás, donde estábamos hace un momento. El llamado es muy fuerte. Subirán la muralla.

Era cierto. Los goblins ahora se movían como una marejada hasta la zona donde Amy se hallaba. Los primeros fueron víctimas del aceite hirviente, pero los demás no dudaron en pasar por encima de estos y apagar las llamas con sus pies al correr.

El fuego del aceite producía una ola de calor infernal y el aroma de los goblins quemándose llegaba hasta nosotros, era nauseabundo.

En ese momento me desorienté y sentí a mi alrededor todo extraño. Miré a mis pies y noté como estos se movían hacia atrás y andaban sobre la pared. Me desplomé al suelo y aferré a este sin comprender qué sucedía mientras notaba como mis pies aún se movían subiendo por paredes. Algo ilógico pues me hallaba tendido en el suelo.

—¡Suéltenme! ¿Qué es eso? ¿Qué son esas llamas? —escuché la voz de Miry.

Vi como un goblin enorme se abalanzaba sobre mí y busqué conectarle con mi espada. El goblin esquivó mi ataque y sorpresivamente habló con la voz de Miry —soy yo Allan, soy Miry —y cayó sobre mi cuerpo. Quedé confundido y me detuve, no podía atacar a la voz de Miry a pesar de que tuviese ese aspecto.

—Es magia —la voz de Mena llegó a mis oídos y giré a mi izquierda. Veía a un goblin pequeño con un cuchillo —es una magia muy fuerte, veo beartrolls, no pueden haber beartrolls aquí —gritaba.

Entonces comprendí que mis piernas tampoco podían moverse por la pared si yo me hallaba en el suelo e intenté calmar mis pensamientos e impulsos —¿Qué clase de magia es esta? —pregunté.

—Miry no soltará a Allan, Miry no soltará a Allan, Miry no soltará a Allan —repetía apretando sus puños contra mi pecho.

—Confusión, y una muy fuerte. Nos atrapó a todos.

—¡Los mataré malditos goblins! —escuché la voz de un hombre acercándose a nosotros, pero no veía a ningún enemigo, siquiera podía ponerme de pie.

—Deben tener un hechicero muy fuerte.

—¡AGUA! ¡AGUA! ¡AGUA! —Amy gritó por encima del resto y un montón de chorros partieron desde su báculo como flechas hasta las tropas enemigas debajo de la muralla.

La magia que nos mantenía tirados en el suelo se disipó y pudimos levantarnos, aunque bastante confundidos. Incluso los hombres se hallaban de rodillas a nuestro alrededor impactados por aquellas visiones extrañas.

—Pudimos matarnos unos a otros.

—¡AGUA! —gritó Amy por última vez y las puntas líquidas cayeron en el campo.

—Afortunadamente tenemos a la mejor maga —acaricié el cabello de Amy —¿No te atrapó la magia?

—Sí, pero cuando sentí el dolor desperté —Amy alzó la vista y noté la flecha clavada en la parte baja de su torax.

—¡Mena, Amy está herida! —grité alarmado.

—¿Qué? ¡oh por Numer y Yisha! Ya te curo —Mena se detuvo frente a la pequeña mirándola. Esta se hallaba bastante consciente. Sincronía se había detenido en medio de la confusión, así que Mena procedió a activarla nuevamente.

—Daniela, baja con ambas. Cuídalas.

—Yo sentí que estaba cayendo de la muralla, fue… perdón, no vi cuando la flecha.

—Descuida, protégelas abajo.

—Cuidaré a ambas —asintió con la cabeza marchándose escaleras abajo.

Entre los hombres se escuchaba un coro de voces —¡Nuestras magas son las mejores! ¡Por las chicas magas!

—¡Fuego! —Miry estaba enojada y una bola de fuego escapó de la punta de su daga y se estrelló contra el campo de batalla frente a nosotros, incluso los árboles se encendieron en llamas mientras algunos goblins huían despavoridos.

—Miry pensó que la quemaban —me comentó en casi un susurro. Había usado su magia tres veces casi seguidas. Estaba agotada.

—Siéntate un instante, deja que yo te cuide —comenté y esta sonrió.

—¿Mi esposo me cuidará?

—Tu esposo te cuidará —corroboré.

—¡Se acercan escaleras! —el grito de un hombre me alertó de las hileras que se venían de ambos lados.

—¡Arqueros a las escaleras! ¡derriben a quienes las tienen! ¡No pueden subir la muralla! Los demás, lancen lo que sea, piedras, cuchillos —pronuncié mientras mi mente seguía comunicada por sincronía con Mena, Amy y Daniela. Podía sentir el dolor y los gritos de la menor recorrer mi cuerpo cuando le sacaban la flecha. Era desgarrador. Supuse Miry también lo sentía por su forma de contraer el rostro y sujetarse el torax.

Los hombres estaban motivados, estábamos repeliendo y no en retirada como momentos antes. 

—¡Allan! —la voz me hizo girar hacia atrás y busque entre los pocos soldados su origen. Era una mujer a caballo.

—¡Stella!

—¿Estás a cargo aquí?

—¡Mena está a cargo, pero está curando a Amy!

—¿Dónde está Grant? Se supone que esta era su zona —gritó bajando del caballo.

—Señora, el capitán Grant está muerto —contestó un hombre que se apretaba el brazo ensangrentado.

—Ya veo.

—Las chicas magas tomaron el control de la situación y recuperaron la muralla señora —terminó de decir su informe como si Stella lo estuviese reclamando.

—Vaya a curar eso —Stella le entregó una gema al hombre antes de subir las escaleras —no me extraña que fuesen ustedes los del fuego —fueron sus palabras al acercarse hasta mí. Miry se levantó y estrechó la mano de la mujer

—¿Camus? —pregunté.

—Está eliminando los que entraron por el sureste. Son demasiados, pero creo podemos repelerlos un momento mientras preparamos la ofensiva —comentó.

—¿Ofensiva? —pregunté.

—Ya Amy está curada —Miry y yo escuchamos las palabras de Mena —Hay que dejarla descansar un momento.

—Nosotros conversamos con Stella —respondí.

—Vine buscando a Grant con ese motivo, realizar una avanzada hasta el campamento principal de los goblins, donde se reúnen los hechiceros y cabecillas. Camus abrirá una entrada desde el extremo sureste, la intención es hacer la misma estrategia desde tres puntos. Los de Celio y Perome, al noreste.

—Un hechicero atacó aquí hace poco. Miry pensó que la quemaban

—Son fuertes y conocen magias avanzadas —Corroboró Stella.

—¿Para qué es la avanzada?

—Sin cabecillas o hechiceros los goblins son tan solo un grupo muy molesto y desordenado. Ahora mismo no está lejos, es camino recto en aquella zona donde se ve el fuego —comentó Stella. Era visible ciertamente a pesar de hallarse en medio del bosque. Lucía desde nuestra posición como un redondel de luz.

—¿Todas las ordenes vienen de allí? —preguntó Miry.

—Eso creemos. Y si podemos destruirles, es muy probable que les obliguemos a una retirada ¿se unirán?

Miry yo intercambiamos miradas, el gran problema se trataba de Mena, Amy y Daniela. No podíamos llevarlas al frente de batalla. Ellas no podían luchar estando rodeadas ni movilizarse a gran velocidad como nosotros.

—Si no irán yo bajaré sola y me abriré camino —esa era Stella. Desafiante, decidida y hasta algo loca cuando se trataba de órdenes de Camus.     

—No puede ir ella sola —Mena subía las escaleras hasta nosotros —Yo me quedaré aquí y haré que la muralla resista.

—¿Cuánto tiempo puedes hacer que la muralla resista? —preguntó Stella.

—Media hora, quizás un poco más, siempre y cuando no tengamos hechiceros por aquí —contestó Mena.

—Será suficiente. No hay tiempo que perder —Stella enfundó su espada y dio un gran salto desde la muralla. Aterrizó sobre el montón de cuerpos y comenzó a luchar allí abajo.

—Regresen a salvo, a esa distancia mi sincronía no funciona ni tampoco la regeneración de Amy—alegó Mena.

—Miry lo sabe. Regresaremos bien —la tumb saltó también desde allí cayendo al terreno plagado de goblins.

—¿Es en serio? —las observé antes de resignarme ante la altura y dar un salto al vacío.

Caí rodando sobre cuerpos calientes y terminé con las manos hundidas en tierra fangosa y casi hirviente. Miry se encontraba peleando a la derecha mientras Stella se hallaba a la izquierda, lo menos que podía hacer era blandir la enorme espada en mi espalda y abrir camino.

Stella como siempre era veloz, y comenzamos a avanzar entre los goblins. Muchos apenas lograban vernos mientras pasábamos a sus lados y cortábamos cuellos, brazos o torax. La multitud nos ayudaba, los goblins se movían sin poder ver adecuadamente al frente. De pronto aparecíamos nosotros en carrera, realizábamos un corte y continuábamos el camino.

Entonces llegamos al bosque y los árboles quitaron esa ventaja. Miry entonces fue quien tomó las riendas. Su habilidad para saltar a gran velocidad se hizo notoriamente favorable en el bosque. Miry saltó y apoyó sus piernas en un tronco y aterrizó en la tierra barriendo con una patada a tres goblins y luego se propulsó directo a otro árbol.

Era increíble a la vista, la agilidad, vitalidad y fuerza en cada movimiento. Stella también se mostró cautivada por ello, más no expresó palabra alguna. La sincronía se perdió en aquel instante y yo apenas giré mi rostro para ver como la muralla, se perdía en la oscuridad de la noche y el mar de goblins alzando sus armas.

—Movámonos —expresó Stella y yo asentí levemente con la cabeza antes de continuar en carrera. El bosque no era lugar para aventurarse, a menos que tuvieses a una tumb experta en proezas entre árboles. Stella tan solo la seguía mientras cortaba algunos goblins. Yo me limité a blandir la enorme espada a todos los que se me atravesaban.

El bosque de pronto se tornaba oscuro, descendía y serpenteaba. Me pregunté cómo Miry podía guiarse allí. Los enemigos también se reducían en gran medida, cada vez el camino estaba más despejado. Había algunos goblins que nos veían y seguían, pero pronto se perdían en el laberinto de árboles y cruces que nosotros hacíamos.

—Ya casi llegamos —pronunció Miry y se detuvo un instante.

—Debería descansar un instante, de todas formas, debemos esperar a Camus —comentó Stella. Yo por mi parte no estaba muy de acuerdo con la estrategia de esperar. Atrás se hallaba Mena, intentando mantener a raya a los goblins en la muralla. Una extensión de miles de goblins.

Me sorprendía el que atravesáramos el mar de goblins. Claro que no matábamos a todos ni nos deteníamos a observar a quien cortábamos. Solo corríamos abriendo camino entre la muchedumbre. Aun así, lucía como una empresa imposible. Quizás la única razón por la cual pudimos hacer tal proeza era a la habilidad prisa que los tres compartíamos. Me preguntaba qué estrategia usaría Camus para llegar allí.

El campamento principal se hallaba a unos cien metros, la luz de las fogatas en el lugar llegaba hasta nosotros. También se escuchaban voces y pisadas, probablemente de los guardias.

—Arriba —señalé, pronto estábamos escalando los árboles cercanos y avanzando poco a poco por sus ramas. Si yo me consideraba bueno en caminar por los macizos sin ser detectado, Miry era como un fantasma, yo tan solo podía verla porque sabía que se hallaba allí. A Stella le costaba, como a cualquier persona que lo hiciera por primera vez.

El juego de luces producto de las fogatas en el campamento principal jugaba a nuestro favor, ocultándonos. El lugar eran tres carpas colocadas en forma triangular y cinco hogueras frente a estas. No fue difícil hallar a los hechiceros, se hallaban frente a las fogatas invitando a pasar a los goblins al fuego. De este salían convertidos en enormes masas de músculos. Un ritual que ya yo había presenciado varias veces.

Hasta entonces no había pensado que aquellos goblins extremadamente pequeños y con bastones se tratasen de los hechiceros. Si era así, yo había matado a uno de ellos en mis primeros días. Al igual que los demás, murió envenenado por las hojas Fermaria. Entonces me pregunté si no hubiese un par por allí, habría sido una excelente estrategia. Sin embargo, no noté ninguna en el suelo del lugar.

—Hay muchos guardias —comentó Miry —al menos veinte —los guardias eran goblins de los enormes y con grandes cuerpos. Se movían de un lado a otro sin mucho orden en su rutina. De la zona este se acercaban grupos de tres a cinco goblins buscando el poder de los hechiceros que movían sus manos, alzaban plegarias a los cielos y les indicaban se adentrasen al fuego.

—Miry ha visto eso antes, es lo que Allan… —Detuve a Miry tomándole del brazo. No quería que Stella se enterase de cómo obtuve aquella habilidad.

—Maté a uno de esos hechiceros hace meses atrás —comenté a Stella.

—¿De verdad? —me preguntó la última —Según, los goblins atacarían porque alguien mató a toda una aldea y con ella a uno de sus ancianos hechiceros —comentó la mujer mirándome. Entonces yo até todos los puntos y noté que el causante de aquello era yo. Yo había desatado la guerra, matando a todos, aquella noche ofendí a los goblins y eliminé a uno de sus hechiceros. Por eso los rumores de goblins movilizándose iniciaron poco tiempo después. Abrí los ojos y la boca para hablar, pero no hallé respuesta por un instante. Luego, finalmente balbuceé.

—Todos terminaron envenenados por Fermaria —concluí y Stella asintió con la cabeza.

—No tiene mucha importancia ahora, cualquier aventurero habría hecho lo mismo de tener la oportunidad.

—Miry quiere saber cómo podemos entrar allí.

—Sería ideal eliminar a algunos de ellos desde lejos, pero ninguno de nosotros somos usuarios de distancia. Los tres de cuerpo a cuerpo. Supongo que ustedes pueden manejar a un par de guardias y hacer una brecha para que yo avance —Terminó de decir Stella, Miry alzó su daga por todo su pecho ascendiendo hasta su frente, con la empuñadura tomada firmemente mientras cerraba los ojos. Yo sabía muy bien lo que eso significaba. Nuestro único ataque a distancia.

—¡Fuego! —La voz tomó por sorpresa a los goblins. Una llamarada brotó de nuestro punto y se extendió como un torrente por el suelo. Hubo gritos y confusión mientras las flamas arrasaron con todo lo que se hallaba a su paso.

Stella se lanzó del árbol y yo le seguí al instante, tres guardias se retorcían en llamas y nosotros pasamos directo al centro del lugar donde se hallaban las hogueras.

—Fuego —escuché la voz pastosa de uno de aquellos goblins pequeños con bastón. Corrí a un lado por instinto cuando las llamas se acercaban hacia mí, rodeé una de las tiendas de campaña en carrera mientras un goblin se me lanzaba al ataque. No tenía tiempo que perder, así que tan solo le desarme golpeando su empuñadura con el costado de mi cuchillo.

—Fuego —la tela de la tienda comenzó a arder y noté a un par de goblins muy altos que salieron del lugar algo asustados, noté la mirada del goblin alto en mí, pero yo tenía otra presa, no podía quedarme a luchar con todos. Rodé por el suelo para evitar quemarme y avancé por el costado hacia los hechiceros, me hallaba cerca y seguro de poder eliminar a uno de ellos, cuando la voz de uno que se hallaba en el centro del círculo de hogueras llegó hasta mí. Pude verlo una fracción de segundo, era negro y pequeño con manchas rojas muy marcadas en su cuerpo. Las pupilas de sus ojos brillaban con ese mismo color, y estaba seguro de que no era producto del fuego a su alrededor.

—Confusión —noté el movimiento de sus dedos y la manera en la que alzó su bastón, distinto al de los demás y con una gema roja incrustada en la punta.

Sentí que la tierra entera se movió hacia atrás y yo caí de bruces al suelo estrellando mi cara contra este. Comí algo de tierra mientras veía como mi mano con el cuchillo en ella se acercaba a mi cuerpo. Otra voz llegó hasta mis oídos desde la lejanía.

—Veneno —un vapor entró por mi nariz y sentí que me ahogaba. ¿Qué clase de magias eran esas? No podía respirar bien y todo mi pecho dolía, mis manos comenzaron a arder y picar desesperadamente y una punzada enorme se propagó por mi estómago. Estaba seguro de que moría desde adentro, algo había entrado en mi cuerpo y me mataba.

—Adsierbl ghalbh —sentí la voz de un goblin y de pronto un dolor punzante y desgarrador. Desperté de mi estado confuso y vi el rostro sonriente del goblin sobre mi cuerpo. Me encontraba tendido en el suelo con los brazos extendidos. Clavé mi cuchillo en su ojo y le aparté de mi cuerpo con una patada, su sangre se derramó de inmediato y lanzó un alarido al aire.

Yo tenía una daga incrustada en mi pecho por debajo del hombro y el dolor en el estómago continuaba matándome. Algo no estaba bien, estaba mareado y me tambaleé e intenté no caer mientras veía a un hechicero justo frente a mi moviendo sus dedos. Su vida fue cegada en ese momento, no por mí. Un cuchillo se clavó en su cabeza y Miry apareció de un salto, aterrizando sobre este para tomar su hoja afilada.

—Te hirieron —Miry lucía preocupada, pero yo estaba feliz. El dolor del estómago desapareció y recuperaba las fuerzas en mi cuerpo.

—Ese malnacido lanzó una magia veneno en mi cuerpo. Esto no duele tanto —moví la hoja de mi pecho y sentí gritar de dolor, si dolía y mucho. De todas formas, la arranqué y noté como la sangre comenzó a brotar de mi cuerpo con horror.

—Cura —Miry se acercó con la gema acercándola a mi cuerpo —Camus y sus hombres acaban de llegar —comentó.

—Tardaron —repuse observando mi alrededor. Unas cinco personas luchaban en distintos lugares en nuestro entorno. Camus se hallaba al otro extremo blandiendo su espada contra un goblin enorme con armadura.

—Esperaban al grupo de Perome y Celio, pero no llegaron.

—No era sencillo cruzar con esa cantidad de goblins —respondí. La herida se hallaba casi cerrada por completo y la gema se despedazó en la mano de Miry. Ella se quedó mirándome —. Estoy bien, gracias.

—Miry debe cuidar a su esposo —contestó con una sonrisa.

—Ardor —la voz fue del goblin enano y oscuro. Ví como golpeó su bastón contra el suelo y la tierra se resquebrajó con líneas rojas. Una de ellas pasó justo debajo de nuestros pies.

—¡Apártate! —empujé a Miry a un lado lanzándome sobre ella. A nuestro alrededor cientos de llamas salieron del suelo, brotaron con fuerza de las líneas que se habían dibujado. Vi como uno de los aventureros que llegaron con Camus fue atrapado por ellas, gritó apenas un segundo luego se quedó de pie con su cuerpo carbonizado por donde las llamas dieron contra su cuerpo.

—¿Qué fue eso? —me miró Miry.

—Magia, magia avanzada y que no conocemos —respondí.

—Miry quiere esa magia —noté el brillo en sus ojos, hablaba en serio.

—Hay que tener cuidado con ese, es poderoso.

Las llamas descendieron y los goblins llegaban de todos lados cercándonos. Saqué mi espada gigante de la espalda y corté en dos a uno enorme mientras que otro se me lanzó encima y rodamos por el suelo.

—Flama —eran los hechiceros.

—¡Miry! —No la veía y yo tan solo enterré mi espada en el suelo y me protegí detrás de ella. Parte de mis brazos sufrieron quemaduras, pero estaba bien, en lo posible.

Vi a los lados y noté a Stella y Miry en el suelo, retorciéndose mientras un gas verde entraba por sus narices. Se estremecían y revolcaban de dolor, yo entendía que clase de magia era, la había sufrido. Era horrible lo que la magia veneno causaba.

Tomé mi espada enorme del suelo con ambas manos. Debía atravesar tres hechiceros goblins para llegar al más pequeño y oscuro que se movía con malicia por el centro. No tenía tiempo, Miry y Stella morían a solo metros de mí.

Pesé mi espada sujetándola del mango y la lancé con todas mis fuerzas. Lo hice como si se tratase de una lanza. Sencillamente era una locura, pero aquella pequeña criatura tenía magia muy fuerte y no había muchas formas de acercarme a ella.

La punta de la espada atravesó y cortó medio rostro de un hechicero que se metió en el camino y dio contra el cuerpo del pequeño enano oscuro justo en su pecho. Lo atravesó y estrelló su cuerpo contra un árbol, donde la espada quedó incrustada con el cuerpo del pequeño hechicero colgando.

Miry y Stella se levantaron casi de inmediato y los goblins lanzaron un grito desesperado mientras corrieron en todas direcciones. Ayudé a Miry a levantarse y me dirigí al árbol para tomar mi espada.

—Debemos irnos —las palabras fueron de Stella mientras miraba al fondo. Yo saqué la espada y noté como el cuerpo de aquel goblin se deslizó por la hoja hasta dar con el suelo. Luego alcé la vista y quedé impactado. Un ser negro y enorme salió de las sombras del bosque detrás de Camus, quien terminaba de luchar contra un goblin. 

Era un orco, medía como mínimo dos metros y medio de altura, y portaba una espada tan enorme como la mía, pero con el borde hecho pedazos. Llevaba una armadura de Mithril elaborada y detrás de él otro grupo de orcos le seguían. Altos, pero no tanto como el primero de ellos. Stella gritó mientras el orco blandió la espada con velocidad a la espalda de Camus. Yo por mi parte me lancé adelante e interpuse mi espada entre ambos.

El brillo azul característico de protección se hizo presente y se rompió en añicos. Su espada dio contra la mía. La fuerza bruta era tal que mi espada fue empujada hacia atrás y de pronto sentí como mi cuerpo se despegaba del piso y volé hasta dar de espaldas contra la madera de un árbol.

—¡Retirada! —Escuché y sentí que mi cuerpo estalló en dolor y caí al suelo de bruces. Giré mi cabeza para ver como Camus y otros tomaban sus caballos. Miry me tomaba del cuello y arrastraba para ponerme a salvo y sobre uno de aquellos animales. Pero yo no comprendía lo que hacían, el enemigo se hallaba al frente. ¿Por qué se retiraban?

Entonces noté algo que me heló la sangre y despertó de inmediato. El goblin enano y oscuro se arrastraba por la tierra con sus brazos. Tomó su bastón y murmuró unas palabras.

—Peste — del bastón brotó un humo negro y verde que se metió en la tierra y se dirigió a nosotros. Miry espoleó el caballo y comenzamos a cabalgar en retirada con los orcos y goblins detrás de nosotros.

—¡Miry no sabe manejar esta cosa! —cabalgábamos detrás de Camus, Stella y dos hombres. Eso era todo lo que había quedado de la avanzada. Comprendí que Miry no supiera maniobrar un caballo, yo tampoco sabía ni me sentía preparado para tomar las riendas.

—¡El árbol! —el caballo lo esquivó por poco y nos situamos detrás de Stella.

—Los orcos se unieron a los goblins —mencionó la mujer.

—No —la voz fue de Camus que retrocedía un poco para ponerse a la par de nosotros —los orcos no intervinieron cuando maté al jefe de los goblins, creo que se aprovecharán de la situación.

—¡Malditos! —Stella se hallaba enojada.

—Debemos llegar lo más rápido que podamos a la ciudad, esta es la peor situación posible —Camus aceleró tomando la delantera.

A mí me dolía todo el cuerpo, la herida en el pecho aun no curaba por completo, tenía una cortada en mi pierna derecha que no tenía idea de cómo me la hice, y el último golpe contra el árbol me había dejado desorientado y débil. Andar a caballo tampoco ayudaba, sentía el trote y el golpeteo que iba desde mi trasero subiendo por mi espalda hasta la cabeza.

Los goblins comenzaron a aparecer a nuestro lado. Afortunadamente Camus, Stella y los dos hombres luchaban contra ellos dejando nuestro paso libre, pues ni Miry y yo teníamos idea de cómo luchar de esa manera. Mi espada era enorme y sin duda no era apta para blandir a un costado de un caballo. Siquiera la habría podido sujetar con la debida fuerza.

A nuestra espalda se escuchaban los gritos de los orcos, nos perseguían y pronto también pude sentir el galopar de caballos. ¿Podían montar esos seres enormes? De pronto todos mis sentidos me decían que debía llegar a la ciudad. Había pasado casi una hora desde que dejamos a Mena y las chicas atrás. Para empeorar las cosas, no habíamos ganado y los orcos nos perseguían a gran velocidad.

Pude notar uno de aquellos rostros negros con dientes afilados cabalgando casi a nuestro lado por el bosque. Sentí el silbido de un cuchillo y este se clavó contra un madero mientras lo dejábamos atrás. El grito de aquel orco se escuchó en la noche y fue seguido por otros.

Los goblins que aparecían a nuestro alrededor no estaban pendientes de eliminarnos, parecían huir al igual que nosotros de los orcos. Estaban espantados y corrían en todas direcciones.

Yo ya tenía una idea de cuan aterradores podían ser los orcos. La fuerza bruta de aquel que intenté detener atrás era enorme. Ni Mu se equiparaba en fuerza, y Mu era un minotauro de nivel quince. Eso me dejó preguntando qué nivel tendría semejante orco, sin contar que portaba una armadura de mithril. Sería imposible matarle a distancia, una flecha no atravesaría aquello. Incluso dudaba que una lanza pudiera.

El bosque comenzaba a ser menos espeso y pudimos observar la muralla. Aguanté la respiración al notar como había humo y fuego en la ciudad detrás de esta. Utghardie era invadida sin duda alguna. Sobre las murallas se observaban escaleras, decenas de ellas y pequeñas figuras verdes y grises escalándola.

¿Estábamos realmente perdidos? ¿Ese era el fin de la ciudad y nuestro? Las preguntas rodaron por mi cabeza y en ese instante sentí la conexión. Sincronía se activó en nosotros y pude sentir a Mena, Amy y Daniela con vida. Mena se hallaba herida en la pierna, y Daniela tenía un corte largo en la espalda, pero estaban vivas y luchando en ese preciso momento.

—Sogas, tendrán sogas —la voz de Mena llegó a mí y sentí cierto alivio y calor llenar mi cuerpo.

—¡Por allí! —Miry se adelantaba con el caballo para indicarle el camino a Stella —Mena pondrá sogas para nosotros.

Sentí el calor de valor y lo tibio de regeneración en nuestros cuerpos. Las tropas goblins se retiraban cuando miraban hacia atrás. Del bosque salía el ejército orco a caballo y pie persiguiéndonos. Sus gritos eran graves y el golpe de cientos de caballos contra la tierra creaba un eco atronador. Como si una montaña entera se desmoronase.

Nuestros caballos aceleraron cuando notaron la muralla frente a nosotros. Una decena de sogas quedaron colgando de la muralla. Yo por mi parte veía una escalera como mejor opción e hice que Miry se dirigiese hacia ella un poco a la derecha y más cerca de donde se hallaban las chicas.

Por los movimientos de ellas podía saber que los goblins habían traspasado las murallas. Las tres se hallaban cerca de una torre, Mena disparaba flechas a los de abajo y al frente, mientras Daniela empujaba a Amy con su espalda y apuntaba con la ballesta a los que buscaban de subir por las escaleras internas de la muralla.

Llegamos al muro con estrepito, los goblins dejaron de luchar y comenzaron a correr a los lados. Era obvio que no se hallaban con los orcos. Tampoco era capaz de discernir si estos sabían de la suerte de sus cabecillas.

Miry comenzó a subir por la escalera mientras que yo descendí y empecé a luchar a un lado del caballo. Este relinchaba, probablemente sabía que no estaba en una posición favorable. Los orcos galopaban en nuestra dirección y se hallaban a escasos cien metros de distancia, solo debían atravesar la muchedumbre goblin. Pude ver al cabecilla de los orcos, al mismo cuyo ataque bloqueé justo al frente. Era enorme en comparación a su caballo. Al punto de que no era normal y daba un aspecto terrorífico.

—¡Sube! —la voz de Miry me sacó del asombro y comencé a andar veloz por la escalera.

En la cima de pronto todo fue calma. Los goblins comenzaron a correr a los lados y los que estaban en la cima de la muralla se metieron a la ciudad en carrera desorganizada. No buscaban de pelear, tan solo huían.

—Tardaron algo —nos recibió Mena. A pesar de sus palabras se notaba una sonrisa en su boca. Amy y Daniela estaban con ella.

—Voy a curarlas ahora —Amy se adelantó tomando de la mano a Daniela —cura.

—Te dije que protegería a Amy, Mena —mi hermana mayor se recostaba en el suelo. Mena, Miry y yo observábamos el horizonte y al ejército orco. Se había detenido su marcha y ahora se hallaban detenidos frente a las murallas con los ojos fijos en nosotros.

Camus y Stella se acercaron a nuestra posición —¿Cuántos hombres quedan de pie? —preguntó Stella. Mena respondió.

—Pocos, quizás cinco o seis. Estábamos resistiendo, pero comenzaron a llegar goblins desde la zona norte. La muralla no resistió en esa zona y entraron a la ciudad. Nos rodearon y fue una lucha muy ruda.

—Entiendo—respondió Stella con la mirada fija al frente.

—Perome y Celios no llegaron al campamento tampoco. Es factible que no lo lograran —alegó Camus.

—Grant murió aquí también —le actualizó Stella.

—¿Grant? Eso sí que es una dura noticia —Camus intentaba limpiarse el rostro.

—¿Cómo estuvo la batalla en el campamento? —preguntó Amy.

—Difícil. Eran más fuertes que nosotros y nos superaban en número. Sobre todo, un hechicero muy poderoso, logró invocar unas magias que no conozco —respondió Stella.

—¿Esos son orcos? Supongo que no están aquí para ayudarnos contra los goblins —Mena arrugó el entrecejo mientras Amy se paraba a su lado para curarla.

—Aprovecharon que nosotros eliminamos a los goblins y nos atacaron.

—Vienen a reclamar la ciudad —repuso Camus mientras todos mirábamos al frente. Llegaban más y más jinetes orcos y se agrupaban a los lados y detrás de los primeros. Miles de ellos, rugiendo y chocando sus espadas contra los escudos en señal de guerra.

—¿Qué haremos? —preguntó Mena.

—Podemos luchar o huir —respondió Camus. No era el altivo de siempre, se notaba derrotado y decaído. La jugada de los orcos era una que no se esperaba.

—No creo exista la opción de huir —le corrigió Stella —los barcos llevan partiendo de la ciudad todo el día. Dudo que algún carguero se quedase aquí esperando que algún goblin los quemase. Tampoco creo que tengamos un barco tan grande para las cinco mil personas que hay en la ciudad.

—Cierto —Camus se quitó el casco del rostro.

—Miry peleará —me sujetó de la mano y sentí su cuerpo temblando. Aquello era nuestro fin. 

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