17. ENCUENTRO

            Partimos en horas de la tarde y continuamos incluso en la noche. Había criaturas vigilándonos, pero ninguna atacaba. Estábamos cansados pero acostumbrados a andar con ella. La fatiga era una compañera más de nuestro pequeño grupo.

Ninguno deseaba detenerse. El peor escenario posible era regresar y ver la ciudad tomada por los goblins. Ese miedo creció conforme a los días que pasábamos en la cabaña de Helim. Era un miedo natural, pero teníamos la certeza de las palabras de Stella con nosotros. Ella no habría mentido, incluso si Camus se lo pidiera.

Llegamos a la noche del segundo día de caminata. No hubo incidentes y la ciudad de Utghardie estaba sumida en mucha actividad y bullicio. Las murallas externas estaban llenas de antorchas y soldados.

El abrazo de la señora Katie fue caluroso y lleno de afecto. Por un instante imaginé si así se sentía el amor de una madre. Tibio y lleno de cariño sincero.

Nos duchamos por turnos y comimos estofado. Vermont brindó, lucía complacido por tenernos allí. El lugar estaba lleno y Melanie se movía con soltura por entre las mesas atendiendo. Muchos eran comensales recurrentes enamorados de Melanie. Entre ellos estaba Abert, quien no perdía tiempo para mirarla y regalarle una jarra de chocolate en su cuenta.

—Se acercan, yo digo que estarán aquí en menos de tres días.

—Yo creo nos queda al menos una semana, podría dar oportunidad a que lleguen los refuerzos —el grupo de hombres en la mesa contigua charlaban a gran volumen.

—No vendrán refuerzos, se supone que cada ciudad es independiente.

—Tampoco creo que Arglory o Adrem quieran perder los principales puntos de pesca. Importamos mucho alimento.

—Pero Adrem dijo no podía enviar a nadie, la lucha con el imperio de los muertos ha endurecido la batalla.

—Enviaron, pero no a los mejores ni a muchos. Apenas cien hombres. Deberán llegar aquí mañana.

—¿Cien hombres harán diferencia?

—No creo que mucha cuando se tiene que pelear contra veinte mil goblins.

—El punto positivo es que tenemos ocho aventureros por encima de nivel siete.

—Eso es cierto. Tenemos esa ventaja.

—Esta tierra siempre fue de las criaturas. Están recuperando lo que les quitamos.

Todos hablaban del mismo tema, la guerra goblin que se acercaba. Muchas tiendas cerraron sus puertas y residentes habían escapado de la ciudad rumbo a Selyntos. Otros no tenían opciones Utghardie era lo único que conocían y tenían. No se irían, aunque el reino lo exigiera.

—¿Están bien? ¿Cómo fue el entrenamiento? —Vermont se sentó junto a nosotros con una botella de cerveza.

—Fuerte.

—Muy duro, pero creo que nos sentó bien —respondí.

—Todos están preocupados por la guerra —comentó Miry.

—Si, todos. Le dije a Katie para irnos, pero es difícil. Primero ella no se iba a ir dejándolos a ustedes detrás. Lo cual me trae a mi pregunta de la noche —Por sus palabras comprendí la pregunta en camino —¿Les gustaría irse con nosotros a Adrem? Es el lugar más seguro ahorita en el reino.

—¿De verdad? —preguntó Amy.

—Si claro, Adrem podrá estar en lucha, pero se ha mantenido segura por mucho tiempo. Creo que es hora de movernos y…

—Creo que Amy se refería a que nosotros fuésemos con ustedes —interrumpió Mena.

—Claro, son como familia. No podemos dejarles, Katie lloraría y se moriría de tristeza si les dejamos atrás. Puedo tomar los ahorros y montar otro lugar pequeño para mantenernos por allá.

—¿En Adrem hay abyss? Miry se pregunta.

—Sí, si hay. De hecho, es el lugar donde se reúnen los mejores aventureros —comenté.

—Entonces Miry acepta.

—Creo que podríamos ¿no? —preguntó Mena.

—Podríamos señor Vermont, solo sería cuestión de arreglar todo.

—¡Fantástico! —dio un fuerte golpe en la mesa con su palma —Le diré a Katie, prepararemos todo y pasado mañana podríamos partir. Buscar otros rumbos. Iniciar de cero en algún lugar —Vermont estaba por levantarse de su silla cuando recordó algo y se dirigió a mí —Por cierto, muchacho, vino alguien a buscarte.

—¿Si? —No me sorprendería que Stella o Camus estuviesen al corriente de mis movimientos. Deseaban que yo participase en la lucha.

—Una ruck.

—¿Una ruck? —Obtuvo nuestra atención. Miry y Mena también se mostraban interesadas.

—Sí, llegaron rucks nuevos un par de días después de que derrotaron al jefe del piso treinta. Yo me enteré un par de días después —comentó.

—No tenía idea.

—Lo normal, si ellos no se hacen notar. Bueno, el punto es que vino una ruck a buscarte. Decía que buscaba a Allan. No recuerdo bien su nombre.

—¿Sabia mi nombre?

—Daniela creo que dijo se llamaba.

—¿Daniela? —quedé helado donde me encontraba sentado. Conocía muy bien ese nombre, conocía su rostro, su presencia. Sentía las piernas de plomo y busqué tontamente entre los presentes su rostro.

—Creo que estaba entre los rucks que fueron asaltados por goblins hace unos días, estaban en el hospital el grupo. Son malos momentos para salir como ruck. Muchos patrulleros —No esperé a que Vermont terminase de hablar. Tiré la silla al suelo y salí corriendo de aquel lugar rumbo al hospital.

Corrí deprisa, con todas mis energías. Sin observar mi alrededor, sin prestar atención a un par de personas que me saludaban. No eran ella.

—¿Qué sucede Allan? —Miry me alcanzó mientras que Mena venía justo detrás.

—Daniela, Daniela está aquí —respondí entre jadeos.

—¿Y quién es Daniela? —inquirió Mena llegando a nosotros.

—Solo tengo un recuerdo de antes de llegar al faro. Tengo un recuerdo de alguien. Daniela es mi hermana mayor.

—¿Estás seguro? —preguntó Miry.

—¿Tienes un recuerdo? — le continuó Mena —nadie tiene un recuerdo ¿por qué no lo dijiste antes?

—Nadie más tenía uno, yo no iba a decir el mío —respondí.

—Miry cree que Allan tiene razón. No es bueno decir que eres el único loco.

—Sí, bueno, quizás tiene razón. Pero mi punto es que eso puede significar que teníamos una vida antes de llegar aquí —respondió Mena. Estaba en lo cierto, yo era el único que estaba seguro de haber tenido una vida antes de llegar al abyss. Probablemente era egoísta de mi parte no haber dicho nada, pero pensé era lo adecuado.

Llegué al hospital y nos detuvimos a tomar aire justo al frente antes de entrar al lugar. La vieja señora que una vez me ayudó se hallaba en el mostrador igual que aquella vez, no obstante Mena se conocía el lugar en toda su extensión por lo cual se abrió paso y nos dirigió por los distintos pasillos.

—Si fueron heridos recientemente deben estar por acá. En este grupo de mesas.

Seguimos por el pasillo hasta una habitación al fondo bastante amplia. Entonces recordé allí estuvo Melanie un tiempo, solo que yo no me conocía el camino. Tres personas estaban tendidas sobre camas.

—Hola Mena ¿Quiénes son? —preguntó una mujer.

—Amigos, creemos que una chica llamada Daniela puede estar aquí.

—Ah, sí. Daniela es esa chica de allí —la mujer señaló la segunda camilla y yo me acerqué por instinto para ver su rostro. Era tal cual la recordaba, su cabello castaño largo, su rostro suave y labios finos. Tenía un morado enorme en su ojo y el costado junto a un brazo vendado.

—¿Qué les pasó? —preguntó Miry.

—Tengo entendido fueron emboscados por goblins, no es buen momento para que los rucks se aventuren afuera —comentó la mujer —los rescataron unos guardias que se hallaban por la zona.

—¿Es tu hermana? —me preguntó Mena a lo cual yo asentí con la cabeza acariciando su cabello. Un par de lágrimas se escapaban de mis ojos. No tenía muchos recuerdos, solo su imagen, a pesar de ello su sola imagen era algo tan fuerte y arraigado dentro de mí que no tenía ninguna duda. Ella era mi hermana Daniela.

—¿Puedes encargarte Mena? Por favor.

—Claro —respondió esta.

—¿De qué hablan? —preguntó la mujer.

—Ella es la hermana de mi amigo. Te lo explicaré luego con más tiempo Gya —Mena cerró sus ojos y concentró un instante —Cura.

Fue muy obvio el resultado, pues a pesar de las vendas el morado en el ojo desapareció al instante. La mujer dejó escapar un pequeño grito de sorpresa. Era normal, nadie tenía tal magia de sanación. Al menos no en Utghardie.

A pesar de todo Daniela continuaba dormida en su lugar y ninguno buscamos de despertarle. Nos mantuvimos allí y luego buscamos un lugar donde sentarnos a esperar se repusiera.

Me dirigí a pagar por los gastos de los tres rucks a la señora de la entrada, tres platas y cincuenta cobres. No era un monto fuera de mi presupuesto. Afortunadamente tenía varios dots de oro en el bolsillo, y más en mi habitación.

—¿Por qué no dijiste la recordabas?

—No lo dije al inicio y después no le vi demasiada importancia.

—Pues la tenía, tenía mucha importancia —así iba mi discusión silenciosa con Mena —¿qué más recuerdas?

—Nada más, solo recuerdo a Daniela.

—¿Cómo era el lugar donde la recuerdas a ella?

—No recuerdo ningún lugar, solo su rostro y que ella era mi hermana.

—No se puede recordar solo un rostro sin ningún acto o lugar Allan. Debes recordar algo más ¡Haz memoria! —me reclamó intentando bajar la voz lo más posible.

—Pues yo no recuerdo nada más.

—Miry recuerda una comida muy sabrosa de cuando era pequeña, pero no recuerda la casa. Así que pienso Allan puede tener razón.

—Por Numer y Yisha, Miry no lo defiendas —replicó Mena.

—¿Allan? —reconocí la voz y alcé la cabeza para ver a Daniela abrir los ojos sorprendida —¿Allan dónde estamos? Caí aquí y no recuerdo nada, perdí la memoria Allan —fue confuso y entendí su desconcierto.

—Hola Daniela.

—Nos hirieron, nosotros. Allan es extraño, no puedo recordar nada de verdad.

—Lo sé Dani, sé que no mientes, yo tampoco puedo recordarlo.

—¿Qué? —Daniela abrió los ojos y noté el terror invadirla. Supongo que esperaba después de encontrarme yo pudiera darle toda la información que su cerebro no procesaba —¿Cómo?

—No lo sé Dani, todas las personas que aparecemos aquí en el faro. Llegamos sin recuerdos. Yo apenas me acuerdo de ti.

—Yo. No recuerdo nada de mí, pero podía recordar tu enorme cabezota hueca.

—Descuida, estarás bien —decidí omitir la última parte.

—Miry también piensa que Allan tiene cabeza grande.

—¿Qué cosa? ¿Por todo… en serio tiene orejas? —Daniela se llevó la mano a la boca y yo temí Miry lo tomase mal, sin embargo, sonrió —¿Quiénes son ellas?

—Ella es Miry, y ella es Mena. Son mis amigas y compañeras.

—Miry es la esposa de Allan —respondió Miry.

—¿Qué? ¿Te casaste? ¡Pues entonces yo quiero a la otra chica linda para mí! —contestó mi hermana mayor sentándose y cubriendo su cuerpo con la sábana.

—¿Qué? —Mena me observó, pero yo no tenía respuesta. Estaba seguro de que era mi hermana, más no recordaba nada de su forma de ser.

—Soy Daniela, la hermana mayor de este tarado. Será un placer poder conocerte Mena —le tendió la mano y la aludida la estrechó entre dudas.

—Es tan lindo cuando las personas se enamoran —comentó Miry.

—Te busqué bastante por la ciudad. Algunas personas te conocían y dijeron estabas de viaje ¿También estabas matando goblins?

—Yo, no exactamente. Salí de la ciudad por otras razones.

—¿No me buscaste?

—Me enteré hace unas horas de que llegaste y me buscabas Dani.

—Oh, pues te busqué desde hace un mes, más o menos ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?

—Un par de días —contestó Mena.

—Se ve linda con la mirada toda seria. De haber sabido estabas con una chica así te habría buscado hasta donde estabas hermanito —Me jaló de la camisa y susurró al oído. Por la mirada de Mena supuse adivinaba sus pensamientos.

—¿Cómo te sientes? —pregunté.

—Creo que bien, no tengo la herida de aquí, tampoco duele…

—Mena te curó hace un instante.

—¿En serio? —le sonrió —todo ha sido muy raro, y las personas nunca te dan toda la información. Al principio no tenía nada de dinero y estuve en una tienda. Pero después los dueños decidieron se mudarían a otra ciudad, no recuerdo el nombre. Todo el mundo está hablando de una guerra contra los goblins, muchos se han ido de la ciudad. A la final salí a pelear y nos emboscaron cinco de esas cosas.

—¿Cinco? —me sorprendí de verla con vida. Nosotros perdimos a Vert con tan solo dos de ellos.

—¿Puedes pararte? —preguntó Miry —Necesitará ropa Allan —Miry alzó las orejas como si esperase tener la oportunidad de vestirla y salió en carrera de la habitación cuando asentí con la cabeza. 

—Puedo levantarme.

—¿Te parece si nos vamos de aquí? —pregunté.

—¿Y qué pasará con ellos? Son Ulises y Chako, no son buenos ni los mejores, pero no me abandonaron —preguntó mi hermana mirando a los otros dos a los lados.

—Vendremos por ellos mañana. Por ahora creo que te buscaremos ropa, que duermas en una buena cama, comas algo y descanses mejor.

Mena asintió. No podíamos curar a todos, tampoco permitir que la ciudad entera supiera de la nueva magia de Mena. Aquello sería un desastre de personas en fila esperando ser curadas.

—Si tengo hambre —se levantó de la cama y tambaleó un poco, pero pidió ninguno de nosotros nos acercásemos —debo lidiar con esto.

Busqué de voltear a un lado y no ver mucho el cuerpo de mi hermana. Tenía senos grandes y amplias caderas. Tan solo un par de centímetros más alta que yo, aun así, la mayor de los dos.

Miry llegó un rato después con un bolso de ropa de ella, como era usual, ropa negra con detalles verdes o amarillos. Daniela se vistió y partimos del lugar. Yo no disfrutaba de encontrarme en el hospital, representaba un momento en la vida de Mena y la mía que prefería dejar atrás.

Vermont nos recibió sorprendido, pero con gusto. La señora Katie abrazó a Daniela como si fuese una hija de toda la vida y la guio hasta la cocina para que comiese algo y luego le mostró una habitación vacía.

Era tarde, y quedaban muchas cosas por hacer si realmente deseábamos movilizarnos en dos días a otra ciudad. Por lo tanto, nos despedimos y dirigimos cada quien a su habitación.

Estaba cansado, sobre todo de caminar durante tanto rato. La noticia de Daniela era sorpresiva, agradable y en gran manera extraña. Me percaté por su forma de actuar que no la conocía en lo absoluto. Saber que era mi hermana era peculiar. A pesar de todo, me agradaba, estaba feliz de poder tenerla cerca.

Miry no se dirigió a su cama en la parte posterior. Se acostó directamente en la mía justo a mi lado, y quitó su ropa debajo de las sábanas. Yo sentí el movimiento de todo el proceso, pero quedé con mi mirada fija en la madera y paja de la cama superior. Estaba feliz, a decir verdad, había extrañado esa parte de nosotros dos. No podía decir éramos una pareja realmente, tampoco que compartíamos todas las cosas del mundo. No obstante, siempre habíamos tenido ese momento privado y nuestro de dormir juntos.

—Miry extrañaba esto.

Me sorprendió escucharla, cerca de mí, su voz tan suave. Respondí con la mente dando vueltas —Yo también extrañé poder dormir juntos.

—¿De verdad?

—Si —contesté mirándola de reojo, ella también observaba la cama superior.

—¿Allan quiere a Miry?

—¿Qué? —tragué saliva y me levanté un poco de la cama. Era difícil tener que decir las cosas —¿por qué lo preguntas?

—Miry es una tumb, Allan es humano, un ruck de algún otro lugar. Miry no es igual, y tiene orejas y además Miry escapó de su aldea y ahora… —rompió a llorar. Me impacté demasiado.

Hay cierto rasgo en un verdadero hombre, o al menos así lo siento yo. Es el sentir un dolor inmenso al ver a una mujer llorar, más si tienes algo que ver con ello. Por lo tanto, la abracé instintivamente por debajo de las sábanas y dejé que sus lágrimas rodaran por mis hombros.

—No me importa que seas una tumb Miry. No conozco una mujer más hermosa que tú.

—¿Y cuándo conozcas a otra?

—Miry, si te quiero. Eres una chica increíble, yo… No sé si viví en otro mundo ni nada de dónde vengo, no sé nada de mi vida anterior aquí, salvo que Daniela es mi hermana. Pero creo que encontrarte fue una de las mejores cosas que me pudo suceder. Tu eres linda, eres divertida, muy fuerte. Yo creo que debo sentirme honrado si tú quieres estar conmigo.

—Eres el mejor hombre que una tumb podría desear —mencionó entre sollozos, hipaba y se secaba las lágrimas con los brazos.

La apreté contra mi cuerpo y apreté mis labios a los suyos. Dudé por no saber si estaba en lo correcto, si Miry pensaba en algo o estaba en contra.

Sus lágrimas cayeron contra mi rostro, pero sus labios se aferraron a los míos. La besé mientras tomé su cara entre mis manos. Me permití besarla con dulzura, tierna y delicadamente. Luego sentí como nuestros cuerpos se acoplaron y mis manos se escurrieron por el suyo. Su espalda desnuda, su trasero suave y redondeado. Los besos se volvieron más intensos y pude notar su mano paseando por mi pecho, descendiendo.

Mi mano derecha subió por su cabello, la mirada directamente a los ojos, ella descendiendo por mi abdomen y yo ascendí por su cabello hasta la zona trasera y baja de sus orejas de tumb. Era un punto erógeno que ella solía cubrir muy bien. Noté como abrió su boca mientras lo disfrutaba y yo pude sentir, incluso por debajo de las sábanas, su mano tomando mi virilidad.

Aproveché el arqueo de su espalda para ver sus senos con aquellos picos casi dorados. Los bese y dejé que mi lengua recorriera sus pezones con cariño, en movimientos circulares hasta notar que su mente se alejaba de la realidad, entregándola al desenfreno y al deseo.

Mi mano izquierda rozando su trasero halló el punto de mayor placer, su zona húmeda me recibió con calidez. Miry comenzó a hacer sonidos y su mano apretó mi miembro. Aquel jugueteó perduró y terminamos haciéndolo bajo las sábanas. Sintiendo nuestros cuerpos, sudando bajo los gemidos y mi respiración intensa. Ella sobre mí y yo sobre ella.

Probablemente fuese la primera vez que alguno de los dos hacia el amor, pero fue intenso y divino en más de un sentido. Acabamos tendidos con enormes sonrisas en el rostro y nos quedamos dormidos luego de un beso.

Poco habíamos notado las diferencias en Utghardie cuando llegamos la noche anterior. La ciudad se notaba distinta, el mercado se hallaba reducido y las calles estaban llenos de soldados más que de aventureros. Miry se hallaba feliz y me tomaba del brazo pegando sus senos a este como si fuese su manera de demostrar nuestro amor.

Daniela despertó tarde y al vernos tomó de igual manera a Mena entre sus brazos. Esta última no se notó muy cómoda con tal acto, aunque si se puso roja como nunca la había visto. Compré desayuno para todos con chocolate. El viaje y entrenamiento fueron momentos fuertes y nuestro cuerpo necesitaba recuperar fuerzas, en especial Daniela quien se acababa de recuperar y salir del hospital.

Amy mientras tanto estaba triste porque el Urf había escapado y no se hallaba en todo el lugar. Se habían hecho bastante cercanos los dos, a pesar de que yo lo había comprado para Miry. Melanie y Katie atendían mientras que Vermont armaba cajas con suministros y otras cosas y las amontonaba en una esquina del lugar. Preparando todo para irnos a otra ciudad. Decidimos ayudar también después de comer y bajar las cosas de las habitaciones y colocarlas en cajones de madera. Yo en particular tenía muy poco que guardar. Unas tres mudas de ropa, la vieja espada y mi armadura de batalla. No había posesiones preciadas de gran valor.

Las chicas por su parte tenían gran cantidad de ropa, solo Daniela se hallaba con pocas pertenencias. Por lo tanto, Miry, Amy y Mena la tomaron de los brazos y llevaron a comprar algo para ella y alguna armadura que le sentase bien. Las dejé ir con tranquilidad mientras continuaba empacando, además dijeron volverían al hospital para ver a los compañeros de Dani y yo no tenía ánimos de pisar ese lugar nuevamente.

Como en horas del mediodía entró al lugar un caballero oscuro con una carta pequeña para mí. No había muchos comensales y no hubo mayor exaltación por aquello, el hombre se limitó a entregar el recado y marcharse.

Vermont me miró y encogió los hombros, yo por mi parte sentía que luego de anoche, había pocas cosas que me quitaran el ánimo. Abrí el pedazo de papel atado y leí “te veo en el edificio del consejo de la ciudad, pregunta por mí en la entrada y da tu nombre, di instrucciones para que te permitan pasar”

La nota no necesitaba firma alguna, era obviamente Camus. Le mostré la nota a Vermont antes de retirarme y encaminarme a tal lugar, que estaba además casi en el otro extremo de la ciudad.

No era del todo extraño que me llamase, lo sorprendente es que pudiese estar informado de mi regreso. Imaginé querría saber sobre el maestro Helim e informarme sobre la situación previo a la guerra. Sería difícil tener que decirle ninguno de nuestro grupo participaría y nos marcharíamos al día siguiente.

El edificio del consejo era uno de aquellos que yo nunca había visto por hallarse en el norte de la ciudad. No obstante, era bastante fácil llegar a este y sencillo de encontrar, en especial por el enorme capitel sobre el edificio, visible desde lejos. Cuatro soldados se hallaban afuera del lugar y me interrogaron antes de mi ingreso. Al decir mi nombre las dudas se despejaron y me dejaron pasar.

El interior me pareció semejante a un palacio, con suelo blanco lustrado y adornos en dorado y un rojo muy resaltante. Candelabros y pasillos enormes completamente vacíos a los cuales yo no les hallaba sentido.

La oficina de Camus se hallaba en el piso de siete, por lo tanto, deduje él no era el más importante en aquel lugar.

—¡Allan! Pasa y siéntate —Camus se despedía de un hombre en un traje azul muy lujoso. Yo me acerqué algo temeroso, andaba con una de mis pocas mudas de ropa. Era tan andrajoso como siempre. La realidad es que tenía algo de dinero, pero no deseaba gastarlo así. Eso sin contar que la mayoría de la ropa que vendían en Utghardie para hombres, no era de mi atención. Eran simples camisas y pantalones ajustados o sueltos. Por alguna causa yo sentía aquello no iba del todo conmigo.

El invitado salió del lugar luego de un fuerte apretón de manos con Camus. Entonces sentí aquella mirada sobre mí y supe que Camus estaba leyendo mis estadísticas. Lo repetido del proceso me ayudó a notar esas señales.

—¿Cómo está Helim y Mu?

—Fuertes, increíblemente fuertes.

—¿Qué te pareció el aventurero más fuerte que existe? —preguntó Camus acercándose.

—Un viejo seníl, habría sido de ayuda mencionaras su problema de memoria.

—Habría arruinado la sorpresa, además siempre está Mu allí para ayudarlo. Le envié una carta unos días antes de que fueses a verlo. Estaba esperándote.

—No me dio del todo esa impresión —comenté.

—Es un viejo cascarrabias, pero no me puedes negar sus habilidades de combate —mencionó él y yo guardé silencio antes de admitirlo.

—Es el ser más fuerte que he conocido.

—Ninguno de los dos estamos siquiera en sus talones —sonrió Camus alzando su mano al escritorio para tomar de allí una copa con vino. Yo me negué, consideré era muy temprano para beber —Me encontraba perdido en el bosque y hallé a Helim hace años, entrené con él durante mucho tiempo, luego debí regresar. Hice dinero en el abyss y luego compré la habilidad de lectura.

—La que usaste sobre mi hace poco.

—Son muy interesantes las tuyas. Estaría dispuesto a pagarte lo que pidieras si me dieras información sobre esa habilidad aprendizaje —comentó mirándome fijamente. Noté aquella era la mirada de un comerciante.

—No sé cómo la adquirí —respondí. No mentía, no del todo. Últimamente comprendía mejor mi habilidad, sabía que mi proceso para detallar las acciones al momento en que alguien activaba su habilidad o magia, influía. Pero no tenía todos los detalles y no era capaz de copiar todo lo que observaba. Por lo tanto, había otros factores que se me escapaban.

—Es una pena, te habría dado hasta quinientos dots de oro en este momento. Creo que tu habilidad es única e increíble. Probablemente la pista para poder crecer más rápidamente. Tu pequeño gremio es la prueba de eso.

—Pero las chicas no tienen mi habilidad.

—No, eso es cierto. Y aun así crecen demasiado rápido. ¿Qué hay de tu habilidad de subir de nivel?

—Sirve en ellas, pero luego de muchos días apenas logra subir uno o dos puntos en los parámetros. Nada más.

—Claro, eso sí lo imaginé. Si fuese poderosa o si supieras usarla ya serías nivel diez como mínimo.

—No creo que tanto, igual hay requisitos.

—Estas atascado en el nivel seis hasta que mates a algún monstruo del nivel treinta o más. Descuida, no creo que tengas problemas. Actualmente se envía diariamente un escuadrón a eliminar bestias de los pisos veinte al veinticinco. Hay muchas criaturas salidas de los pisos inferiores y están dispersas, aunque son en su mayoría bulletes, ha sido trabajo duro, pero ha valido el esfuerzo. Hasta ahora hay diez aventureros nivel siete, y cinco con nivel ocho. Pero las cantidades de bulletes son catastróficas, a veces hacen manadas enteras que arrasan las zonas más pequeñas.

—Han entrenado.

—No eras el único que lo necesitaba. Esa pared del nivel seis tenía frustrados a muchos. Nadie sabía por qué no subían…

—Creo que con Helim crecí más en, técnica que en estadísticas.

—Sí, tiene una forma de pelear muy limpia. No deja espacio a los errores, sus movimientos son precisos. Supongo que el esfuerzo constante y el estar contra criaturas superiores lo ha forjado así —Camus se levantó y paseó por la habitación hasta su escritorio —Ahora ¿conseguiste otros miembros para tu gremio como les sugerí? 

—No, buscamos esos días, pero…

—Claro, fueron a entrenar, lo entiendo. Quiero mostrarte algo que llegó en estos días a este lugar. Lo tomé en mis manos por precaución y pensando en la tranquilidad de Utghardie —Extendió el papel hasta mis manos y me permitió abrirlo. Llevaba un sello, unas ramas con hojas y se hallaba escrito en una hoja amarillenta.

—¿Qué es?

—Es un comunicado de la comunidad tumb. De la aldea tumb para ser más específicos. Están solicitando formalmente sea devuelta la tumb llamada Mirynfehtber para que esta pague por crímenes contra la aldea.

—¿Qué? —leí la carta con cuidado “Mirynfehtber es solicitada para ser juzgada por sus actos contra la aldea tumb”.

—Comentan es una prófuga y se encuentran enterados se encuentra aquí una tumb con su descripción. Desean sea devuelta en el plazo de un mes —agregó Camus mientras yo leía y confirmaba aquello.

—No dicen cuál es su acusación.

—Hay pocos delitos para las tumb Allan, son traición, abandono y asesinato. La segunda no es motivo para solicitar un juicio. Tan solo prohíben nuevamente la entrada.

—Miry me comentó sobre ello. Me dijo que su madre no tenía permiso para entrar a la aldea y que ella creció al margen.

—La traición solo puede ser por parte de la realeza tumb. Lo cual deja solo una posibilidad, asesinato. Por ello si pueden solicitar sea devuelta a su aldea, para juzgarle.

—No creo que Miry.

—No planeo devolverla. De todas formas, dudo que podamos, la guerra contra los goblins está cerca y en un estado de guerra hay otras prioridades para una ciudad. Lo que sí es curioso es la cantidad de dinero que dan por su devolución, es una suma que nadie tomaría a la ligera.

—Dos mil monedas de oro —recité leyendo el panfleto con su dibujo —¿Por qué me muestras esto?

—Supuse era de tu interés.

—Crees que sé algo sobre esto —comenté adivinando.

—Tenía cierta esperanza.

—No tenía idea —agregué.

—Como dije, no planeo hacer nada al respecto. Pero si es bastante curioso e intrigante. Nunca he visto una recompensa tan cuantiosa por alguien. A quien eliminase, era alguien importante.

Recordé la profesión de Miry, asesino. Resoplé antes de continuar —no le voy a preguntar sobre esto, no creo que…

—Claro —me miró —¿Tienes sentimientos por ella? —preguntó él y yo guardé silencio —Claro que los tienes. Eso te lo doy como un amigo.

—¿Me lo darías si no estuviésemos en guerra? —pregunté.

—No, iría de inmediato y la apresaría. Son situaciones que no se pueden evitar, de hecho, al terminar la guerra…

—Nos iremos, entiendo —me levanté y dirigí a la puerta.

—Allan, me gustaría contar contigo para una reunión mañana en la mañana.

—Claro, solo quiero pensar sobre esto un rato y conversar si es posible —comenté y Camus asintió con la cabeza mientras yo me retiraba del lugar.

Avancé por el edificio sin pensar por donde caminaba. El cartel de Miry era preocupante ¿Qué había hecho Miry para que tuviese un cartel pidiendo su captura? ¿A quién había asesinado? ¿Me respondería si le preguntaba? Aún más ¿debía siquiera preguntarle? ¿se ofendería?

Apenas había podido intimar con ella y estaba seguro de que eso no me daba permiso para meterme en toda su vida. No obstante, tampoco podía estar con alguien sin saber si se trataba de una asesina.

Con estos pensamientos caminé hasta la posada de Vermont y me senté en silencio en mi habitación, las chicas habían regresado nuevamente por sus protectores y armas para comprar algunas cosas junto a Daniela. Supuse se trataba de algo de chicas. La presencia de mi hermana parecía haberles animado después del entrenamiento intensivo y con la presencia de la guerra de manera inminente.

Amy había mencionado el día anterior trataría de vender dos gemas con magia cura en ellas, y Miry una con fuego. Quizás alguien les compraba y podían establecer un negocio propio.

Con estos pensamientos me quedé dormido sobre mi cama y desperté sobresaltado al sentir a Vermont llamarme entre gritos.

—¡Despierta muchacho!

—¿Qué pasa? —noté su rostro, sus ojos y todo su semblante. Estaba alarmado en extremo.

—Nos atacan chico. Los goblins han atacado.

—¿Qué? —me levanté de un salto y quedé observando a mi alrededor, como si esperase que los goblins entrasen por la ventana o salieran del suelo para atacarme.

—Están en la ciudad.

—No puede ser, si yo hace un rato.

—Las chicas están afuera, no puedo buscarlas y dejar a Katie y Melanie aquí solas.

—¿Miry y las chicas no están?

—Dijeron irían al hospital luego de comprar unas cosas. Tiene sus armaduras muchacho, pero no podemos fiarnos.

—Claro, dame un instante me cambio y salgo a buscarlas.

—Te agradezco. Y nosotros que pensábamos partir mañana.

—Partiremos señor Vermont.

—Primero hay que sobrevivir esta noche.

Me coloqué la armadura y tomé mi espada junto a mi cuchillo. Noté que mis manos temblaban tanto como mis piernas y todo mi cuerpo se hallaba en alerta. Al salir y pasar por la cocina pude notar los rostros llenos de miedo de la señora Katie y Melanie caminando por el lugar mientras Vermont y otros dos aventureros se colocaban armaduras y tomaban armas.

—¿Buscarás a las chicas muchacho? —preguntó uno de los aventureros que siempre frecuentaba el lugar y al cual yo no le sabía el nombre. El otro era Abert, quien estaba enamorado de Melanie.

—Si, deben estar cerca del hospital.

—Si no las ves, regresa. Es posible que ellas también se dirijan aquí.

—Claro ¿ustedes que harán? ¿saldrán o se quedarán aquí?

—Aquí estaremos, la mejor estrategia contra un centenar de goblins es un lugar cerrado desde el cual poder dispararles —Abert mostró un par de ballestas viejas que Vermont guardaba de algún tiempo atrás.

—Estaremos bien —comentó Vermont. Salí al exterior y me sorprendió ver a las personas corriendo de un lugar a otro, más no habían goblins en las calles, siquiera señales de ellos. A pesar de eso el temor se sentía en el ambiente y en el rostro de quienes corrían.

Me dirigí de inmediato al hospital pasando por la zona comercial. Los puestos se hallaban cerrados y muchos se escondían dejando apenas rendijas por las cuales disparar. Pude notar como los soldados y guardias junto a ciertos aventureros se dirigían a la zona este de la ciudad. El hospital no quedaba en esa dirección.

Me preocupaba la situación y comenzaba a comprender gracias a los gritos y palabras sueltas de quienes se cruzaban por el camino. La guerra había iniciado, pero los goblins todavía no entraban a la ciudad. La batalla se estaba librando en las murallas externas. Eso tampoco podría durar mucho. Las murallas eran de apenas seis metros, pequeñas y débiles.

Esperé hallarme con cantidades enormes de aventureros entrando y siendo atendidos. Al contrario, apenas estaban quienes atendían. Varios de los enfermos eran despachados y otros se marchaban si tenían fuerzas para ello. Entonces noté a Mena corriendo por el lugar y detrás de ella Amy y Miry.

—¡Chicas! —ninguna me prestó atención, corrieron y doblaron por el pasillo siguiente. Les seguí y hallé en una habitación con Mena curando a unas de las personas que se hallaban allí —¿qué hacen?

—¡Les curamos, obvio! —Daniela se hallaba al lado de un hombre postrado en cama.

—Debemos irnos, la ciudad está…

—Bajo ataque, lo sabemos Allan. Por eso estamos curándoles —me respondió Mena.

—¿Para qué están curándoles?

—Deben salir de aquí —Continuó Amy.

—No tienen suficiente magia para curar a toda la ciudad, tampoco pueden ir haciendo eso. Esta gente está muerta —respondí alarmado.

—No están muertos, hay que sanarlos.

—¿Y si encuentran alguien herido en el camino? ¿Curarán a todos? —pregunté.

—A todos los que… —Mena comprendió el punto y se detuvo.

—¿A cuántas personas más puedes sanar Amy?

—Creo que dos más.

—¿Y si la señora Katie o Melanie resultan heridas? ¿Quién las curará? —pregunté, y Amy se quedó sorprendida mirándome.

—Deberíamos irnos chicas — Mena tomó su arco y miró a las demás.

—Yo no imaginé que mi hermano fuese tan serio —Daniela me observó y luego sacó la lengua tomando del brazo a Mena.

—Miry no cree esté bien dejar a todos aquí a morir.

—No podemos salvarlos Miry.

—Podemos pelear entonces ¿No fue para eso que entrenamos? Miry no se va a quedar sin hacer nada.

Miré a Mena. Yo intentaba mantenernos unidos, no obstante Mena era quien sabía bien como integrarnos como equipo y podía decidir si lucharíamos o no. Entonces Mena observó a Daniela.

—Podríamos, pero Daniela y Amy deben quedarse atrás.

—Yo soy una ladrona, no puedo quedarme atrás —respondió Daniela.

—Tampoco puedes luchar con nosotros. Ya lo entenderás cuando estemos en batalla —continuó Mena.

—Yo se luchar.

—Allí no estarán tres o cinco goblins. Habrá cientos, no podremos cubrirte —expresé.

—Quiero luchar —Daniela se mostró decidida. Pero yo sabía sobre la realidad, en el campo de batalla no importaba realmente cuan decidido eras. Además, su armadura era simple y de hierro. Fácil de atravesar por una flecha y los goblins adoraban usar flechas y lanzas cuando estaban en grupos.

—Vayamos —Miry sonrió y tomó sus cosas, yo observé a Mena y le hice señas. Dejaría atrás a Daniela, incluso la noquearía si era necesario.

—¡Oigan! ¿Y no me van a curar? —preguntó un hombre con la pierna herida.

—No, levántate y busca algún lugar donde ocultarte si no te quieres morir —respondí molesto.

Me sorprendí un poco al notar la ciudad algo cambiada de cuando entré al hospital. Había fuego en la zona este de la ciudad y humo elevándose mientras la noche comenzaba a caer. El resplandor naranja era una señal del peligro y la batalla que se libraba

Mientras tanto la ciudad se sumía en el caos y nosotros avanzábamos por esta con una calma que no era natural. Mi cuerpo temblaba como si fuese la primera vez que estuviese frente a una criatura. Como aquel día junto a Vert.

Imaginé que las chicas se sentían igual a mí, pues se hallaban todas en silencio caminando. Yo tampoco tenía mucho que decir, nada inteligente, sabio o alentador. Marchábamos rumbo a una batalla que dudaba pudiésemos ganar. Éramos fuertes, sí, pero el enemigo nos superaba por cientos o por miles.

Nosotros lo comprendíamos muy bien, ya habíamos estado en situaciones desfavorables. Sin importar la fuerza, el que tiene mayor cantidad de número gana. No importa si eres nivel treinta, con veinte enemigos de nivel cinco serás derrotado y probablemente de manera sencilla.

Yo nunca he sentido fascinación por morir. Sin embargo, allí estaba, en camino a la guerra y por voluntad propia.

A medida que nos acercábamos se podían sentir los gritos, lamentos y observar a muchos correr, en dirección a la batalla y opuesta.

La muralla de Utghardie no estaba diseñada para un asedio. Medía unos seis metros de alto y en algunas secciones tan solo cinco. Con apenas dos metros de grosor y hecha de enormes rocas apiladas a medio unir, no era rival para un ejército.

No habíamos llegado a la muralla cuando encontramos nuestros primeros enemigos, un grupo de cinco goblins habían logrado cruzar y dejaban el cuerpo de un hombre tirado en el suelo junto a una enorme mancha de sangre que se mezclaba con la tierra.

Miry como de costumbre saltó adelante y eliminó dos de ellos den un momento, cruzando su daga por sus cuellos mientras estos apenas pudieron observarla pasarles. Mena tensó el arco y quitó la vida de uno mientras yo comencé a correr y a sentir esa sensación peculiar de la batalla. Una euforia que te mantiene vivo, una emoción por sobrevivir a cada corte y ganas de eliminar a tu enemigo.

Debo decir que los goblins nunca tienen demasiada altura, un metro cincuenta por lo regular. Algunos son excepcionales y llegan hasta los dos metros. Eliminé a dos de los pequeños, activé prisa y me posicioné al lado del primero, corté su brazo donde sujetaba una espada, luego su cuello. El segundo me atacó a la altura de mi cabeza, yo giré agachándome y clave el cuchillo en su pecho.

Ambos cuerpos cayeron al suelo y nosotros nos observamos antes de continuar. Era satisfactorio en cierta manera iniciar con buen pie. Mantenernos unidos y saber que podíamos manejar esa situación.

—¿Cómo hicieron eso? —Daniela nos observó, más ninguno dijo nada.

—Puedes irte si quieres, podrías ir a la posada, Vermont y los demás…

—Ni hablar, quiero luchar —repuso ella mirándonos.

—Bien —el ambiente estaba llenos de gritos. Un coro de personas con voces alzadas, algunas de dolor, otras de desesperación, otras tanta dando voces de mando. El chirriar de las espadas chocando.

Nos acercábamos y pudimos observar pequeños focos de fuego, más no prestamos atención a ninguno de ellos y continuamos.

Muchos huían ensangrentados, se agarraban los brazos, piernas o la cabeza. Otros tenían incrustadas flechas y se hallaban tirados en el suelo, conscientes y adoloridos mientras intentaban arrancarlas.

—Debemos activar sincronía a partir de este punto —nos detuvimos ante la voz de Mena. Ella era quien podía dar las órdenes —denme un segundo —nadie se opuso a sus palabras. Mena era una buena líder de batalla, no solo guiaba. Era muy consciente de los peligros y realizaba buenos planes tanto para el ataque como para la defensa.

—¿Cómo actuaremos? —preguntó Amy, y unimos a Daniela a nuestra pequeña comitiva de batalla.

—Amy, tu deberás activar valor y regeneración cuando te lo pida, lo haremos a estadios intermitentes para no agotarnos tanto y tan rápido. Esto no es el abyss, no sabemos cuántos son, ni cuanto duraremos aquí.

—Bien ¿y para curar?

—Creo que… —Mena me miró e indicó un enemigo acercándose a nuestras espaldas. Me desplacé y blandí la espada contra su pecho. Esta lanzó chispas al atravesar su armadura y se hundió en su carne y hueso. Saqué la espada con algo de esfuerzo y me uní nuevamente a la reunión estratégica —La cura las haremos solo para nuestro equipo. La mejor manera de ayudar a los demás es eliminando a tantos como podamos. Si logramos mantener esas paredes intactas, las personas de la ciudad estarán a salvo. Es cuestión de resistencia.

—Resistir. Bien —asentí. No lo había visto de ese modo. Hasta ahora pensaba en fuerza, pero, a decir verdad, los goblins no eran los enemigos más formidables, pero sus números eran enormes. Una lucha de resistencia era antes un escenario poco favorable para nosotros. Después del entrenamiento con Helim aquello había cambiado.

Cuando cargas un madero de un lado a otro durante todo el día, todos los días… desarrollas gran resistencia. Luego de sus sesiones todos sentíamos nuestros cuerpos ligeros, e incluso el caminar se sentía como flotar, los hombros estaban libres de peso y la espalda no dolía durante todo el día.

Debía agradecerle a Helim por aquello.

Daniela, tu misión es proteger a Amy de ataques cuerpo a cuerpo en caso de que existan. No importa si te hieren, Amy y yo podremos curarte de inmediato. Te deberás comportar como un muro que no permita ataques a Amy. Necesitas también buscar algún escudo en el campo de batalla. Todos nosotros estamos mejor equipados… —Mena parecía apenada con aquello, pero mi hermana apenas asintió sonriente ante las palabras de Mena.

—Si eres tú quien me ordena, acataré con gusto. No habrá goblin que se acerque a Amy entonces.

—Allan y Miry, ataquen con sincronía y centrémonos primero en despejar la zona del muro. Si yo puedo subir a la muralla podré atacar desde arriba con flechas.

—Miry comprende.

—Me parece bien —afirmé.

—Debemos buscar a algunos de los aventureros fuertes. Algún grupo, como Camus o Stella. De no ser así, estaremos dirigiendo una batalla en una zona y no sabremos si la muralla está perdida en otros flancos.

—Comprendo —era verdad. Otra de esas cosas que yo no lograba dilucidar con antelación. La muralla rodeaba toda la ciudad y era bastante larga. Hablábamos de kilómetros enteros. Si había brechas en cualquier punto significaba que los goblins entraban a la ciudad y causaban estragos. Otro escenario posible era que, por medio de una brecha los goblins entrasen y rodearan.

—Lo más importante, debemos mantenernos unidos y cerca. Sincronía solo sirve en cierto radio y regeneración también. Si son heridos es mejor retroceder un poco. Primero busquemos de establecer un buen dominio sobre la muralla. Después de eso veremos qué hacemos.

—Genial —asentí con la cabeza, lleno de energía y confianza. 

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