16. CRECIMIENTO

Entrenar con Helim era, no sé cómo describirlo exactamente. Extraño, por no decir infernal.

Estaba muerto en vida, mis piernas no resistían y los brazos palpitaban de dolor. Y apenas eran las diez de la mañana.

La noche anterior desperté a mitad de un mal sueño y me levanté. Descansábamos en la sala de la casa cubiertos con nuestras sábanas. Mu dormía afuera de la cabaña haciendo vigilancia. Para ser un minotauro y no poder hablar nuestro idioma, resultaba un personaje bastante amigable

Helim despertó esa noche y me encontró tomando agua en la cocina.

—¡Truan! ¡Canalla! ¡ladrón! ¡malechor! ¿qué haces aquí? —lo siguiente fue su patada y yo volando por la cocina, atravesando la madera y aterrizando sobre la tierra.

Por lo tanto, no estaba preparado para despertar a las seis de la mañana y que fuésemos colocados en una línea. Miry, Amy, Mena y yo.

—Mientras entrenen, tendrán a un querido compañero en su espalda, para moverse, lo harán con su compañero, para caminar lo harán con su compañero. Toda la rutina de ejercicios, y todo el día lo pasarán con sus compañeros —las palabras de Helim resonaron frente a nosotros mientras nos mostraba cuatro troncos de madera enormes. Solo uno de ellos más pequeño que el resto, aunque no tanto.

Así comenzó nuestro entrenamiento, corriendo arrastrando un tronco atado a nuestra cintura. Haciendo sentadillas y flexiones de pecho con un tronco en nuestra espalda.

—Señor, terminamos las cincuenta flexiones —estaba tendido en el suelo con la mirada hacia Helim expectante por algo de misericordia.

—¿Qué? ¿qué flexiones muchacho? —Helim se hallaba sentado junto a Mu tomando jugo de mora a solo diez metros de nosotros.

—Las cincuenta flexiones que nos mandó a hacer —reclamé.

—¿Les mandé a hacer cincuenta flexiones?

—Sí señor.

—¿Y qué hacen allí tendidos entonces?

—Acabamos de hacerlas —repliqué.

—¿Qué? Yo no vi ninguna flexión, son cincuenta ¡Comiencen! —habría replicado, pero de poco servía. Nos quejamos e iniciamos nuevamente —Soy un buen maestro ¿cierto Mu?

—Muu.

—Esto no es posible.

—Miry piensa que hay que resistir.

—No quiero más —Amy lloraba.

—Si nos rendimos se acaba todo —lo decía más para mí mismo que para ellas. Comimos y nos acostamos en el suelo queriendo morir y no sentir más los músculos.

—No pueden estar muertos, apenas es el comienzo del día. Necesitan ser mejores que eso.

—Con todo respeto señor, nosotros pensamos nos entrenaría —miré a las chicas —de otra forma.

—¿De otra forma? A ver chico levántate. Intenta golpear a Mu, si puedes te enseño como tú quieras.

—¿Es en serio señor Helim?

—Completamente, no te mentiría —Mu se levantó del suelo y resopló con fuerza. Yo coloqué mi cara sería y me centré en la habilidad prisa, en esa sensación que ya yo conocía. Me moví con gran velocidad y primero me acerqué por la izquierda. Dejé que me observase allí porque mi verdadera intención era atacar su espalda.

Giré mi cuerpo y dirigí donde sus ojos no podían ver, su zona trasera. Solo debía darle un golpe, con uno cerca de su hombro bastaría y… Mu giró de pronto y tomó mi pierna y lanzó contra el suelo. Me estrellé con el rostro contra la tierra y reboté al igual que mis ideas.

—Por eso deben entrenar sus cuerpos, no soportan nada. No son fuertes. Y si les enseño habilidades o magias. Se morirán.

Me arrastré al suelo para colocarme el tronco de cuarenta kilos en la espalda y continuar mis flexiones de pecho.

—Serán cincuenta flexiones más, luego correrán una media hora más. Ya veremos que hacemos después de eso. Son débiles como cucarachas. Se cansan rápido. ¿Acaso no se han preguntado o notado, por qué mientras suben de nivel sus habilidades o magias, pueden usarlas menos tiempo? Su cuerpo no lo resiste. Incluso hay magias y habilidades que no pueden adquirir porque no son suficientemente fuertes. Si las usarán se romperían en pedazos. ¿Habías visto chicos tan idiotas Mu?

—Muuuu —respondió el minotauro dirigiéndose a la cabaña por la puerta trasera.

—Sobre todo la niña maga y la chica hechicera. Deben ser las dos más fuertes en todo el equipo, si ustedes dos no crecen de nada servirá todo esto —gruño.

—¿Por qué señor? —preguntó Mena ante la mirada de Amy. Yo bajaba por cuarta vez y los brazos temblaban.

—Los magos usan magia ofensiva. Debe aprender a atacar con su magia, debe poder apoyar al equipo, crear distracciones, crear defensas sólidas para que los demás pueda eliminar a los objetivos. Y tu como hechicera debes ser la líder del equipo.

—¿Qué? —preguntó Mena dejándose caer.

—Eres la única que sabe cuanta energía queda en el equipo, eres la que tiene la visión sobre sus movimientos, quien tiene mejor vista y puede brindar el apoyo. Además, tienes esa magia loca ¿cómo se llama?

—Sincronía.

—Esa misma. Solo tú puedes tener una visión global, enfocar objetivos, indicarles cómo deben moverse, por donde deben atacar. Y con esa habilidad puedes verlo todo y hacerles entender. Es tu papel.

—Miry quiere saber ¿qué hay de nosotros? —se refirió a ella y a mí.

—Ustedes son inservibles, lentos, tontos, no saben siquiera pelear. O entrenan ese cuerpo o se mueren cuando los lance al abyss.

—¿Nos lance? —intentaba bajar por octava vez.

—Bueno. Cuando ustedes bajen —hizo una mofa y aquello me dio un mal presentimiento—El punto es que no podrían enfrentar a ningún jefe de piso ustedes solos.

—Los jefes de piso se eliminan en grupo, Miry lo sabe.

—Los jefes de piso ñañañañaña soy una tumb débil y no puedo sola. Mu es un minotauro nivel quince. Puede derrotar a los jefes de piso hasta el nivel veinte él —Helim tomó otro poco de jugo y se quedó observándonos en silencio.

—¿Qué? —Bajé la novena y me dejé caer al suelo. Era imposible. Un minotauro nivel quince. ¿Acaso las criaturas podían subir de nivel? Era algo que no me había planteado hasta ese instante.

Continué con los ejercicios, planteándome nuestra situación y realidad. Éramos débiles, más que Helim, más que Mu. ¿Qué debíamos hacer al respecto? La solución más obvia era rendirnos y dejar de buscar bajar al abyss, dejar ese misterio allí. Olvidarnos de todo y buscar vivir tranquilos, montando algún negocio y relajándonos.

El problema es que no lo creía posible. No sentía que Mena o Amy fuesen a detenerse allí, tampoco que Miry fuese a dejar de buscar poder.

Aún peor, la guerra contra los goblins no se iba a detener por yo desearlo. El abyss no desaparecería. Las demás naciones no harían la paz, y mientras todo eso sucediera, ninguno estaría bien ni a salvo.

Los siguientes días fueron un infierno. Mi mente solo luchaba por desaparecer el dolor en los músculos durante el día entero. Las horas de comida eran una salvación, nos tendíamos en la grama y quedábamos extenuados viendo el cielo.

—Quiero morir, no siento las piernas —se quejó Amy.

—Miry quisiera no sentir sus piernas. Duelen.

—Solo una semana y ya quiero desaparecer. Me quiero ir de aquí, a este paso no vamos a llegar al mes aquí —comentó Mena.

—Yo como lento para tardar más tiempo y descansar un rato más —agregó Amy.

—¿Tú qué crees Allan? ¿debemos seguir? —Mena estaba preocupada y era un tema que tocábamos todas las noches.

—Mis estadísticas han subido un poco. Creo que podríamos complementarlo con el ritual del fuego —El ritual del fuego era una técnica para subir de nivel. No funcionaba sobre mí, pero si sobre las chicas, y yo de verdad estaba preocupado por ellas. En especial en Amy, se quejaba constantemente y yo me hallaba consciente que sus rutinas eran iguales o peores a las nuestras. De todo el equipo ella era quien peor lo estaba pasando.

—¿Habrá diferencia?

—Pueden subir más rápido, mientras más fuerza tengan los ejercicios serán más sencillos.

—Debemos hacer una fogata entonces.

—Miry buscará la madera —sonrió moviéndose a la zona externa. Era de noche y el viento afuera era fuerte y frio. No pude dejar de verla. Mi situación con Miry era otro detalle que me preocupaba. No habíamos dormido juntos y extrañaba la sensación de su cuerpo y proximidad nocturna. Era un placer que se me negaba y no hallaba forma de expresarlo. Ella tenía sus propias formas de ver el amor. Yo debía respetarlo y hallar la manera de hacer que todo funcionase. También estaba la imagen del cuerpo desnudo de Mena. Un recuerdo agradable que jugueteaba en mi imaginación.

Comenzamos a realizar el ritual para subir de nivel todas las noches siguientes y los cambios comenzaron a ser notorios. Los entrenamientos comenzaban a ser rutinarios y poco extremos. Podía correr una hora entera con el tronco sobre mi espalda. Realizar flexiones de piernas y brazos con mucho agotamiento, pero sin morir en el intento. Entonces el entrenamiento cambió y descubrimos que el infierno era una zona de juegos y relajación en comparación a lo siguiente. 

—Estos serán sus nuevos compañeros de entrenamiento —Helim habló y noté los maderos del doble de grueso que los anteriores. Era imposible que siquiera les cargásemos.

—¿Vamos a cargar eso señor Helim?

—¿Ah? ¿Cargar qué? —el viejo observó a Mena antes de continuar su charla —no van a cargar nada aún. Hoy vamos a entrenar combate y magias.

—¿Qué? es en serio.

—Chica maga, chica hechicera, levántense, chico tú también —nos indicó y paramos del suelo algo inquietos. Miry parecía extrañada de no ser llamada. Helim me tomó del brazo y llevó hasta el otro extremo. Donde estaba frente a Amy y Mena. Entonces por un instante temí. Me haría luchar contra ellas.

—¿Usted quiere que nosotros luchemos? —Amy se adelantó a mis pensamientos realizando la pregunta.

—¿Qué? No… No lucharán contra él —Helim me observó y sacó una daga de su cintura —. Lucharán para mantenerlo con vida.

—¿Qué? Miry no cree que eso sea…

—En el abyss pueden morir a cada instante. La única forma en que podrán crecer como equipo es si logran cruzar sus límites. Tú niño, necesitas dejar de preocuparte por el dolor de las cortadas en tu piel, no pensar en tu herida cuando te estés desangrando. Centrarte en la batalla y dejar que ellas sean quienes te apoyen. Y ustedes, siendo una maga y una hechicera, deben preservar su vida. Incluso si están en una lucha que se prolongue por horas. Deben ser fuertes para cerrar cada una de las cortadas que haré en su cuerpo. O él morirá.

No estaba preparado, Helim se abalanzó contra mí. El primer corte fue en mi rostro y el segundo en mi pecho ascendiendo hasta mi hombro. Apenas pude ver la silueta moverse como un rayo y el dolor recorriendo mis venas. No alcancé a gritar o moverme cuando el siguiente corte atravesó mi ropa y desgarró mi espalda.

Aquello no era una batalla. Yo no podía seguir los movimientos de Helim, apenas podía ver su ráfaga moverse, pero mi cuerpo no reaccionaba a tiempo. Mi brazo, mi pierna, mi muslo superior. Retrocedí un par de pasos y noté las miradas desesperadas de Amy y Mena. Tenían miedo y alzaban sus manos hacía mí. Miry por su parte era detenida por Mu.

El dolor no fue solo físico, fue emocional, fue psicológico. Si Helim continuaba cortándome yo moriría allí frente a ellas. Ni siquiera sabía si la regeneración estaba activa en mi cuerpo. Sus cortes eran profundos. Mi mejilla, mi mano, muñeca y finalmente noté a Helim detenerse frente a mí. Intenté retroceder, pero tenía cortes profundos en mis piernas y estas simplemente desfallecieron al instante. Estaba por caer de rodillas cuando sentí el acero del puñal clavarse en mi abdomen. La punzada recorrió mi cuerpo y detuvo todas mis funciones. Temblé y me estremecí mientras me derrumbaba. 

     —Si no pueden curarlo se morirá en unos tres minutos —Helim retrocedió mientras mi cara dio contra el suelo. Escuchaba los gritos de las chicas lejanos a mí, todo se tornaba oscuro. Todo excepto mis manos llenas de sangre, mi sangre manaba como un rio desde mi estómago —No bastará con regenerar, deben curarlo. Para curar deben sentir el miedo, deben estar desesperadas, deben querer darle su vida a esa persona y visualizar las heridas en su cuerpo cerrándose. Deben hacer fluir su energía hasta él.

Intenté hablar y escupí sangre, me moví por el suelo y arrastré, podía sentir el calor fluyendo de mí. Fue en ese instante en el cual vi a Miry, estaba tendida en el suelo al igual que yo, Mu estaba sentado sobre ella deteniéndole. Arrastraba sus manos por la tierra y las alzaba hacía mí. No podía escucharla, pero las lágrimas caían por su rostro y yo entendí lo que sentía.

—Oye viejo —apoyé mi peso sobre una rodilla y levanté como pude. Debía lucir patético, pero no dejaría que Miry me viese así. No podía dejar que se arrastrase así por el suelo —viejo… —mi voz temblaba.

—¿Intentas hacerte el fuerte muchacho? —preguntó acercándose a mí. La voz de Mena llegó hasta ambos, fuerte y clara.

—Cura —la herida en el abdomen se cerró casi al instante y la sangre dejó de manar. Aún así, tenía muchas cortadas y estaba débil. Decidí lucharía. Me lancé al tiempo que Helim y pude ver como se acercaba por mi izquierda y de pronto giró su pie y aproximó por mi costado derecho. Tenía una habilidad sorprendente para desviar su curso en el camino. Interpuse mi mano, pero el viejo vio mis movimientos y desplazó su corte por mi pecho. No fue profundo, apenas superficial. Me había alejado un poco en el último instante.

—Suéltala Mu —indicó Helim al minotauro —ustedes dos deben curar a sus compañeros o les haré picadillo —Expresó Helim a Mena y Amy. Miry se desplazó hacía él con ambas dagas y una mirada asesina —ese es el espíritu, si no vienes dispuesta a matarme nunca lograrán darme.

Incluso entre Miry y yo no pudimos darle o minimizarlo. Helim cambiaba sus patrones de ataque y era escurridizo, tan rápido que apenas podía seguirlo con la vista, por suerte Mena y Amy estaban al otro lado apoyándonos con su magia.

Después de media hora todo el entrenamiento había terminado y nosotros estábamos tendidos en el suelo jadeando y tomando agua a grandes sorbos.

—Muuuuuuuuu.

—Es un maldito monstruo, nadie puede enseñar así —Amy golpeó el suelo y me sorprendí de su lenguaje, luego le di la razón.

—Lo es.

—Miry, Miry no se puede mover, todo duele.

—Creo que Mena y Amy están peor —comenté. Las veía pálidas y sus cuerpos tenían espasmos, como si estuviese helando. Sudaban y nos miraban con una sonrisa extraña.

Mena se desmayó a los dos minutos y nuestro día de entrenamiento concluyó.

El día siguiente fue igual, y el otro, y así sucesivamente. Corríamos con el segundo tronco a cuestas, hacíamos flexiones de piernas y brazos, abdominales y luego a luchar. Odiaba tanto luchar contra Helim que el entrenamiento con el tronco lucía como un jardín de infancia, lo soportaba con tranquilidad tan solo deseando no tuviésemos que luchar.

No teníamos la menor oportunidad de derrotarle, nos acercábamos y cada día podía ver más los detalles de sus movimientos, pero mi cuerpo no siempre reaccionaba a esa velocidad. Terminaba frustrado repasando los momentos junto a Miry como si fuese una coreografía.

Amy y Mena perdieron el conocimiento los primeros tres días, después del cuarto lograban apenas mantenerse. La siguiente semana quedaban agotadas, pero podían sentarse a vernos mientras nosotros repasábamos los movimientos y buscábamos formas de minimizar sus cortes y centrarnos en detenerle.

—¿Por qué te concentras en los cortes? Tú debes centrarte en tu enemigo. Mientras miras tu sangre yo te he cortado otras dos veces —Helim reía y era algo sádico, sin embargo, debía aceptar tenía razón. No podía despegar los ojos de él, aunque sintiera dolor en todo mi ser.

Los siguientes días Mu se unió a la batalla, y, a nosotros se nos permitió el uso de todo el armamento que quisiéramos, arco flecha, armaduras. Todo era válido. Con todo eso no éramos capaces de vencerlos, pero podíamos detener algunos de sus golpes y cortadas. Nos acostumbrábamos a sus movimientos.

El siguiente cambio en nuestra forma de luchar fue la voz de mando de Mena. Hasta entonces yo daba algunas ordenes de mando según la ocasión era necesaria. En otros momentos planeábamos nuestra formación de ataque el día anterior, y manteníamos esa estructura durante todo el día.

Tener a alguien observando el campo de batalla y pensando en las estrategias era mucho mejor. Cuando estuve a poco de ser atacado Mena lanzó flechas delante de nosotros y mando a Miry a cubrirme mientras la magia de regeneración de Amy funcionaba sobre mí. También decidió reducir el uso de la magia nueva cura. El detalle es que agotaba muy rápido, por lo tanto, solo podía usarse para heridas de gravedad.

—Allan, ataca por el flanco derecho de Helim, siempre protege mejor su flanco izquierdo, Miry ve contra Mu por su izquierda, ya sabes qué hacer. Amy, a mi señal usarás Valor, yo activaré sincronía —esperó un instante a que nosotros nos moviésemos —ahora.

Yo me hallaba posicionándome a la derecha de Helim, el bloqueó mi ataque y yo respondí de la misma forma cuando él intentó rasgar mi rostro. Cuando sentí sincronía en mi cuerpo, comprendí el plan.

Miry atacó a Mu y este la esquivó por lo sencillo de su ataque. La evitó moviéndose a un lado. Eso era lo que deseábamos, Mu dejó la retaguardia de Helim al descubierto y la patada de Miry impactó en su cuello lanzándole al suelo.

—¿Quiénes son estos? —Helim levantó la cabeza del suelo y comenzó a bramar —¡Trúhanes, malhechores! ¡Vaca loca, ven acá! ¡me atacan! ¡nos invaden y atacan unos goblins feos, blancos y necios!

Me lancé al suelo a reír, relajado. Por primera vez logramos impactar un golpe y sentía una felicidad que me llenaba. Miry se hallaba igual, se sentó a mi lado y sonrió. Era el día veinticinco en tal lugar, impactar un golpe luego de veinticinco días era el mayor de los logros.

—Ya no tengo nada que enseñarles ¡Váyanse! Mocosos idiotas — murmuró —malgastan mi tiempo, malgastan mi comida… ¡váyanse!

—Muuuu —el minotauro se levantó buscando de seguir a Helim, el cual se dirigía a la cabaña quejándose.

—¿Quiere que le mandemos saludos a Camus de usted? —grité.

—¿Camus? ¿Quién es ese? —respondió, pero puedo casi asegurar haber visto una sonrisa entre esa barba llena de canas.

—Supongo que es hora de irnos —Mena se acercó junto a Amy.

—Quiero ver a urfsito —sonrió Amy.

—¿Crees que nos debamos despedir? —preguntó Mena.

—Miry cree que no le gustan las despedidas.

—Pienso igual, lo de ahorita no parecía uno de sus ataques de memoria —contesté.

—¿De regreso? —Miry me miraba con algo de preocupación.

—Hay que regresar, no sabemos cuánto tardará el ataque de los goblins, de seguro ya el resto de sus tropas llegaron y dudo que Utghardie tenga más hombres para luchar —me coloqué de pie limpiando mi ropa.

—Ads dem —pronunció Amy de pronto —¿Qué? No las hemos revisado desde que estamos aquí, tengo curiosidad —había sido un acuerdo de las últimas dos semanas, nadie revisaría sus estadísticas hasta terminar el entrenamiento infernal.

Nombre: Amy Fenrir

Edad: 12

Profesión: mago

Nivel: 4

Vida: 234

Fuerza: 19

Agilidad: 23

Inteligencia: 26

Resistencia: 25

Destreza: 30

Magia: 2

Habilidad: 1

Atracción 1

Magia aprendida

Regeneración 2

Valor 1

Cura 1

Agua 1

—Dos nuevas magias y los parámetros han subido bastante —comenté. No era sorpresa, habíamos observado las dos nuevas magias de Amy en acción recientemente y nos ayudaban mucho en batalla. Sobre todo, la magia agua. Era un pequeño torrente salido de la tierra, pero Amy podía dirigirlo como quisiera. La mejor función que le encontramos fue usarlo como un escudo. No para detener a nuestros enemigos, sino para confundirlos y atacarlos por donde ellos no pudieran ver.

—Ads dem —pronunció Mena, nuestra nueva líder y estratega.

Nombre: Mena Fenrir

Edad: 18

Profesión: Hechicera

Nivel: 5

Vida: 261

Fuerza: 25

Agilidad: 39

Inteligencia: 39

Resistencia: 31

Destreza: 40

Magia: 1

Magia aprendida

Valor 1

Sincronía 1

Cura 1

Mena sonreía complacida. No tenía dos magias nuevas, pero su habilidad en combate era superior, mucho más centrada y consciente del terreno. Su sincronía era una ventaja sin igual en la lucha. Y reservaba la magia cura para cualquier emergencia. Algo muy valioso como equipo.

Su manejo del arco tampoco era algo para infravalorar. Con semejante fuerza y destreza era capaz de atravesar ramas gruesas de los árboles con sus flechas. No me quería imaginar lo que haría a un cuerpo, sin importar si este usara armadura de cuero o no.

—Turno de Miry. Ads dem.

Nombre: Mirynfehtber Fenrir

Edad: 25

Profesión: asesina

Nivel: 6

Vida: 349

Fuerza: 30

Agilidad: 45

Inteligencia: 23

Resistencia: 41

Destreza: 39

Magia: 2

Habilidades aprendidas

Sigilo 1

Magia aprendida

Prisa 3

Fuego 2

Solo debía derrotar a algún monstruo de nivel treinta o inferior para subir al nivel siete, pero Miry estaba feliz no por eso, sino por su habilidad. Sigilo, era una especialidad de los asesinos. Algo que le permitía moverse sin ser percibida para atacar por sorpresa. Un arma peligrosa y certera en sus manos.

Por otra parte, su fuerza ya superaba la de la mayoría de aventureros. El solo ver sus estadísticas me preguntaba cuáles serían las de Camus.

Finalmente pronuncié —Ads dem.

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 17

Profesión: cazador

Nivel: 6

Vida: 349

Fuerza: 29

Agilidad: 43

Inteligencia: 32

Resistencia: 35

Destreza: 46

Magia: 0

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 1

Manejo de cuchillo 2

Recolección 1

Prisa 3

Protección 1

Atracción 1

Manejo de la espada 1

Yo no sentía haber avanzado tanto como ellas, de hecho, mis estadísticas eran menores a las de Miry en su mayoría. Al igual que ella debíamos derrotar a algún monstruo del nivel treinta o inferior para subir de nivel.

Había aprendido del viejo el manejo de la espada, no obstante, no consideraba que fuese un crecimiento tan grande. Quizás lo más valioso era la experiencia de lucha. Ahora veía las batallas de otra manera, pensaba por mis compañeros y esperaba ordenes de Mena con más tranquilidad mientras analizaba a mi enemigo.

También estaba la información. No había podido entrar a al sumidero que tenía Helim detrás de su casa, sin embargo, él nos enseñó esa posibilidad.

Observé la cabaña por última vez mientras nos adentrábamos en el bosque. Era increíble que allí viviera un viejo y un minotauro. Como amigos y compañeros en las dificultades de la vida.

—Muuuuuuuuu.

—Descuida, son fuertes.

—Muuuuuuuuuuu muuuuuuuu.

—Son diez veces mejores que yo a su edad. Me tomó años aprender y llegar al nivel que ellos tienen. Sobre todo, ese chico y la joven maga. Son monstruos, absorben todo lo que les enseñas a un ritmo brutal. No quiero imaginar donde estarán dentro de un par de años Mu.

—Muuuu.

—Mejor prepara algo de comida vaca loca. Ese golpe que me dio la tumb era para matarme. Si no fuese yo…

—Mu.

—Camus es un idiota, un excelente alumno, pero un idiota. Se quedó conmigo durante un año. Ahora me manda chiquillos y me pide les entrene en un mes. Pensé que se trataba de una broma cuando leí la carta.

—Muuu, mu.

—Se viene la guerra Mu. No creo haber sido muy cruel o duro con ellos. Crecen a pasos gigantes, solo espero haber sido lo suficientemente duro para que crecieran lo necesario. La vida es mucho más dura y cruel que yo. Lo sé por experiencia. 

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