14. PELEA

Amanecí con la pierna aprisionada y el cuerpo entumecido. Miry, Amy y Mena se hallaban en mi cama luego de pelear por cuestiones de comodidad. Afortunadamente las tres se hallaban vestidas, mi libido y paz mental no habría aguantado tal reto.

Al final terminé en una orilla con las piernas cayendo de la cama y sin almohada. Si las cosas continuaban así, una cama enorme sería una prioridad. Eso y un cinturón de castidad para no hacer locuras y terminar con una flecha en mi trasero de la mano de Mena.

Cuando Miry se levantó, yo me hallaba sentado en el suelo, dormido contra el borde de la cama. Exigió entrenamiento para antes de ir a luchar con el jefe del piso treinta.

Yo comprendí que tenía razón y era necesario. Mi cuerpo y mis ganas de dormir no estaban de acuerdo. Melanie nos despidió con algo de chocolate y salchichas. Vermont y la señora Katie estaban dormidos, principalmente por el agotamiento y las altas horas hasta las que atendieron el lugar.

Corrimos un rato y me dirigí a la tienda de Dimch junto a las chicas. El pobre no la había pasado mejor que yo y descansaba dormido sobre un par de sillas. La armadura estaba lista tal cual había prometido, y yo entregué el pago de inmediato.

Al colocarme la armadura ligera noté la diferencia en el peso de los materiales. Esta era excepcionalmente liviana. Mi cuerpo sentía que llevaba un caparazón sin peso, y eso era gratificante. Acomodé las correas para la espada y mi cuchillo, la bolsa con el dinero, las gemas y nos dirigimos a la muralla.

Cada uno de nosotros tenía al menos diez monedas de oro, aunque el dinero se hallaba en nuestras respectivas cuentas en la muralla. Tener algo propio y solvencia daba una tranquilidad increíble.

Otros aventureros habrían dejado de luchar y dispuesto a hacer dinero fuera del abyss vendiendo ítems, armas o cualquier otra cosa. Por alguna razón nosotros no deseábamos eso, teníamos cierta llama adentro que nos indicaba seguir adelante.

En esta nos esperaba el grupo de aventureros del gremio de los caballeros oscuros y otros cuantos. Todos estaban bebiendo desde tempranas horas. Nadie dijo nada sobre aquello, era algo habitual de observar. La principal razón es que muchos creían que, cuando estabas a punto de morir, lo mejor que podías hacer era disfrutar con tu mujer y una cerveza. Algunos no tenían esposas, así que doblaban la cantidad de alcohol para compensarlo.

Ciel era en cierto modo diferente a otros encargados del lugar. Además de linda, siempre resultaba muy pulcra en su actitud, modales y presencia. Era recta como una regla. Habría dicho que era semejante a Mena, de no ser por el hecho de que esta última no dudaba en castrar a alguien si era necesario.

El punto es que Ciel era para muchos una encargada de ensueño. De esas que suman con cautela y extremo cuidado los materiales y el dinero. Te mira con satisfacción y al cancelar un acuerdo esboza una pequeña y ligera sonrisa. Nada muy ostentoso para confundir, pero lo suficiente para no resultar frívola.

Por eso a todos les resultó extraño ver como Ciel nos entregaba algo de pan y unos dulces que había preparado a mano. Los recibimos con afecto y cariño. Amy no dudó en abrazarla antes de partir.

De nuevo, éramos la causa de los comentarios del camino.

El descenso fue rápido y sin contratiempos. Éramos un grupo grande y muchos tenían bastante destreza en combate. Eliminar a los jefes de piso fue trabajo de un par de minutos. Los presentes pensaban que yo realizaba el trabajo en mi equipo, por lo tanto, quedaron impactados por la destreza de Amy y Mena, al igual que por la agilidad y velocidad de los ataques de Miry. Para entonces ninguno de nosotros se apenaba demasiado por aquello y empleamos nuestro mejor esfuerzo.

Nueve horas tomó descender hasta el piso veintisiete. Sobre todo, porque nosotros recolectábamos todo material posible. Ya habíamos notado que muchos aventureros se limitaban a las gemas. Era cierto que retirar huesos o pieles llevaba mucho tiempo. Pero en nuestra opinión, valía la pena.

Al llegar los ánimos estaban bastante elevados y el ambiente tenso. La lucha iniciaría en unas horas y éramos unos setenta aventureros de los mejores para luchar contra aquel monstruo. Según los rumores de varios, era la primera vez que tantos se reunían en las profundidades para ejecutar a un solo monstruo. Por lo tanto, no había duda de que venceríamos.

Lo otro que se escuchaba en el calor de las fogatas es que había tres monstruos del lado de los aventureros. Camus el resplandeciente, Stella el destello, y Allan el fenrir que devoró a un ángel.

—Te dirán fenrir, pero pareces más un cachorrito que mueve la cola —comentaba Mena para fastidiarme.

—Mueve la cola porque ve a Miry —le seguía Amy.

Armamos una fogata sin campamento pues pronto habría que partir, asamos las salchichas y comimos con el pan de centeno que Ciel nos entregó.

Camus, Stella, Grant, Perome y Celios caminaban por el lugar dictando órdenes. Entonces notamos como Tariel se acercó hasta nuestra fogata con una botella de cerveza de miel en la mano.

—Aquí está el gremio sensación del momento —comentó animada.

—Hola Tariel.

—Dime Tari muchacho —nos miró a todos —nunca hubiera pensado que dos de los chicos que saqué del faro estarían aquí el día de hoy. Mucho menos que uno de ellos serviría. No me tomes a mal, lucias escuálido, pequeño y todo desorientado cuando saliste. Aunque supongo todos salen así, pero hay excepciones —Tariel volteó la mirada hasta una fogata cercana donde estaba Colbert, el chico alto y fornido que aceptó de inmediato la oferta de ser aventurero.

—Miry piensa que Allan no es escuálido —apuntó ella. Yo bajé un poco la mirada y me observé un poco. La verdad es que los entrenamientos de Miry y el bajar constantemente al abyss me había dotado de músculos definidos. Aunque era casi el mismo chico flaco de antes.

—Ustedes no dieron muchos detalles cuando llegamos, no nos guiaron mucho —respondió Mena.

—Es difícil, tengo entendido acaban de llegar a Selyntos otro grupo de rucks, luego será Adrem y en quizás un tiempo tengamos otro grupo aquí. Es difícil enseñarle todo a los nuevos, toma tiempo y esfuerzo, y para cuando aprenden algo. Llegan otros.

—Muchos mueren por no tener información —contestó Mena.

—Y muchos mueren por igual con la información. Ya veremos si te dedicarás toda la vida a enseñar a los rucks. No te lo recomiendo, los rucks además llegan sin dinero y sin visión. Sin comprender nada y algunos muy desinteresados. No es un buen negocio.

—Yo creo que… —la conversación fue interrumpida por una voz a mis espaldas.

—Allan —giré mi cabeza en respuesta. Detrás de mí se hallaba Camus junto a Stella. El hombre habló de manera calmada —me gustaría te nos unieras al ataque contra el jefe del piso. En ausencia de Van.

—¿Y las chicas? —pregunté.

—Estarán al centro del otro grupo, se les protegerá a toda costa. Puedo asegurarlo.

—Mi grupo estará encargado de proteger a las señoritas, sobre todo a la pequeña que tengo entendido es una maga de refuerzo —La voz fue de Celio, el jefe del gremio con ese mismo nombre.

—¿Ustedes que dicen? —pregunté.

—Ve, Miry es fuerte y protegeremos a Amy ¿verdad Mena?

—Sí, estaremos bien.

—Acepto —respondí ante el hombre y este me señaló le siguiese. En la carpa principal comenzaron a discutir sobre las posiciones, el orden de ataque y defensa y las habilidades que se podían aprovechar en batalla. Yo permanecí en silencio total durante la reunión. No iba a hablar de mis habilidades y nadie pareció molestarle aquello. Grant y Camus eran los cabecillas de todo y discutían como iguales.

El resto del tiempo se pasó recogiendo cosas y dirigiendo a las tropas. Mi grupo y yo decidimos avanzar entre los primeros a los niveles veintiocho y veintinueve. Estos se hallaban totalmente oscuros, lo cual dificultaba bastante el avanzar pues las flechas llegaban desde la oscuridad.

Los atacantes más habituales y causantes de tal penumbra eran los goblins oscuros. Llamados así por su tonalidad de piel más negra y capacidad para realizar magias como miedo o valor.

El resto de ambos pisos estaba lleno de beartrolls y bulettes. Según los aventureros los bulettes deberían estar en los pisos siguientes en mayores cantidades.

Era obvia la preocupación, los bulettes eran en extremo peligrosos y los más fuertes de derrotar de las criaturas de esos pisos. Los goblins eran peligrosos y astutos, pero los bulettes eran una masa enorme de músculos recubierta por una piel de piedra que impedía casi cualquier ataque. Su velocidad les hacía temibles. Como balas de cañón.

Descendimos entre lucha y lucha mientras algunos se tomaban el tiempo de colocar luces por el lugar pues eran encomiendas

Por lo tanto, casi cuatro horas después nos hallamos en las puertas del piso treinta y esperamos allí hasta reagruparnos. Camus y Stella tardaron solo diez minutos más en llegar, y los más retrasados otros quince.

Abrieron las puertas del piso treinta y avanzamos. Aquello era una cueva enorme con cientos de huecos oscuros en los alrededores y charcos de aceite hirviendo regados por el suelo. Era escalofriante. El ambiente se tensó al instante y los grupos avanzaron más lento por la estancia.

—Estaremos bien, Miry es fuerte —me miró y yo a ella. A ser sincero yo me hallaba algo nervioso y en mi cara se reflejaba. Esencialmente por dejarlas a ellas solas en otro grupo.

—Lo haremos bien, míranos, nosotras también sabemos luchar —la voz de Mena me tranquilizó.

Caminamos hasta la segunda sala cuando notamos una multitud de monstruos congregados.

—¡Es hora de la batalla! —la voz de Camus resonó entre el resto y cada uno apretó su arma y contuvo la respiración. Eran centenas de monstruos y el grupo mayor se avanzó hasta este. Unos sesenta hombres contra trescientas criaturas entre las que se hallaban beartrolls, bulettes y goblins esencialmente.

Y entonces apareció el Behir, el jefe del piso treinta. Behir era una especie de serpiente grisácea de unos diez metros que se movía por entre los agujeros. Con seis pares de piernas que terminaban en garras, una cabeza puntiaguda semejante a un dragón y cuernos enormes. Sus ojos refulgían con un color rojo intenso.

El jefe del piso no dudó en abalanzarse sobre el otro grupo. Entonces yo me dispuse a intervenir y cortar el paso y activé prisa. Lo sorprendente fue ver que alguien se me adelantó. Stella realizó un floreo con su espada frente al Behir cortándole el camino por completo. Era rápida, excepcionalmente rápida. Y sus reflejos increíbles. Yo apenas había pensado en moverme cuando ella ya estuvo allí frente a la criatura.

El grito fue general y nos movimos hasta el jefe. Entonces entendí su complejidad. Era rápido y escurridizo. Se movía por entre los agujeros y su cola era un látigo. De hecho, su cola se movía tan veloz que representaba algo como un segundo jefe.

Camus era el único capaz de resistir las arremetidas de la cola sin salir volando por los aires. Se cubría con un escudo enorme, el brillo de la habilidad de protección se hacía notar y sostenía su posición a duras penas. Grant atacaba las patas intermedias junto a un par de hombres y Stella y yo nos acercábamos al rostro afilado con enormes dientes.

Para ser francos, era el grupo de Grant quien podía realizar mejores ataques, pues la zona central del cuerpo se hallaba más débil y descubierto.

En total éramos siete quienes luchábamos contra el Behir cuerpo a cuerpo, y aun así estábamos tan ocupados que apenas podía ver de refilón lo que sucedía con el otro grupo. Había activado prisa, pero protección no aparecía en mi ayuda, y las fauces del Behir eran enormes y se acercaban cada vez tanto a Stella como a mí.

Esquivábamos y nos movíamos de un lado a otro buscando de atraer su atención en todo lo posible, aunque realizábamos poco daño a la bestia.

—¡Tiene ochenta por ciento de vida! —gritó Camus, y entonces comprendí cuales eran sus dos habilidades. Tenía protección al igual que yo, y la temible habilidad del señor Benjen. Lectura. De este modo podía saber la cantidad de vida que le quedaba a una criatura. Algo muy útil en plena lucha.

La diferencia de habilidades entre Stella y yo también era notable. Yo esquivaba retrocediendo varios pasos y metros. Lanzándome al suelo y rodando, mientras que ella esperaba al último instante y apenas si movía su cuerpo a un lado, quedando entonces a su costado por donde podía atacar.

Behir entonces dio un salto y estrelló la cabeza contra el suelo y después su cola. El resultado fue una enorme explosión que nos lanzó a todos por los aires. A todos excepto a Stella, Camus y Grant.

El jefe de piso giró su cuerpo a gran velocidad de pronto y todos quedamos sorprendidos. Era un ataque que no se había especificado en la reunión previa. Me levanté del suelo y observé bien.

—¡Ahora! —Camus se lanzó hacía adelante y detuvo la cola giratoria mientras Stella se escurrió hasta el cuerpo del Behir y lanzó tres ataques a su cuerpo. La cabeza se dirigió a su espalda y yo me lancé e interpuse bloqueándole con la espada contra mi hombro y sujeta con ambas manos.

—¡Diez minutos! —gritó alguien del otro grupo y noté como un centenar de monstruos salían de la siguiente cámara.

—Ads atracción —se escuchó la voz de Amy por encima de los demás y vi como un mar de flamas salía de la punta del arma de Miry. Mena se hallaba al lado de Amy lanzando flechas certeras a todo su alrededor. 

Yo también debía dar lo mejor, así que me centré en el rostro del Behir y decidí no iba a retroceder ni un paso más. Apreté la espada en mi mano y tomé el cuchillo con la otra. Si iba a luchar, lo mejor es que lo hiciera en mi mejor estilo, el mismo que había usado contra el ángel.

La siguiente embestida la detuve desviándola a un lado con la espada y clavé el cuchillo en su cuello. Había apuntado a su ojo, pero no fui lo suficientemente rápido. El cuchillo quedó allí y debí soltarlo.

Behir giró y dispuso a atacarme de lado y yo planté la espada en el suelo, inclinada para poder cubrirme y obligar a que su cabeza ascendiera. Un truco aprendido con los bulette. Los siguientes tres ataques les planté cara con mi espada tomada con ambas manos. Sus colmillos eran de la mitad de mi estatura y aquello era suficientemente escalofriante. Si lograba clavar sus dientes en mí, sin duda alguna me partiría en dos pedazos.

—¡Cincuenta por ciento! —la voz de Camus. Entonces comprendí que se acercaba la peor parte. En las reuniones habían hablado que al llegar a la mitad de su vida la piel grisácea pasaba a un rojizo y comenzaba a expulsar fuego.

Miré sus fauces y noté el resplandor antes del disparo. Me moví a un lado y las flamas salieron disparadas a mi derecha. Golpeé su abultado mentón con mi espada haciéndole virar hacia arriba y luego realicé un corte abanicando mi espada a la altura de su cuello inferior.

Las flamas entonces chisporrotearon por encima de mi cabeza y toda la caverna se iluminó. Las siguientes embestidas fueron por mi flanco izquierdo y debí retroceder mientras buscaba no ser rostizado.

Pude notar los saltos de Miry por el lugar y sus ataques veloces. La cantidad de criaturas se había reducido y nosotros mientras luchábamos nos habíamos movido casi hasta la tercera cámara, dejando atrás cientos de cuerpos amontonados. El detalle de aquello es que el grupo que luchaba contra las criaturas tendría que adentrarse en la cámara siguiente, mientras nosotros seguiríamos atrás contra Behir.

Ataqué a un costado y noté entonces su sangre, extrañamente plateada. Había cortado dos o tres veces en la misma zona y atravesado su dura piel con mi espada.

—¡Veinte minutos! —la siguiente oleada de criaturas se asomó por la entrada rodeando al otro grupo. La peor situación posible.

¿Qué se podía hacer? La mejor opción era deshacerse de Behir y acabar con aquella batalla que se alargaba al triple de lo esperado.

—¡Le queda veinte por ciento! —La voz de Camus fue clara y la mayoría sentimos cierta satisfacción. Nunca antes se había llegado hasta ese punto. Pero entonces Behir retrocedió y ocultó dentro de los agujeros en las paredes.

Yo esperé un segundo y lancé a atacar a un grupo de beartrolls que se hallaban a mis espaldas rodeando al otro grupo. Lo hice por la simple causa de que notaba que las cantidades aumentaban y en el otro grupo había varios heridos que procuraban mantener en el centro. Amy irradiaba un aura verde en el suelo donde se curaban lentamente. Y el aura morada de valor seguía a Mena y Miry en la lucha.

—¡Está en la otra cámara! —la voz de Celios —¡Behir salió en la otra cámara!

Para entonces nos encontrábamos en la entrada de la tercera cámara y rodeados de criaturas. Principalmente el grupo donde se hallaba Miry, Mena y Amy. Pues este avanzaba para poder dejar atrás los cuerpos.

Nosotros estábamos a punto de dirigirnos a la cámara tres con Camus a la cabeza cuando un segundo Behir apareció detrás de nosotros desde los agujeros y todos quedamos helados.

—¡Por detrás! —la alerta de Camus mientras Stella saltó de su posición y protegió a dos hombres en la retaguardia.

—¡Hay dos Behir! —se escuchó un grito, pero yo me hallaba entonces corriendo en dirección al que se encontraba detrás de nosotros. Podía ver la herida en su cuello y allí quería atacar.

La cola del Behir salió de pronto de la pared y como un látigo se movió entre nosotros, atrapó a un hombre con armadura oscura y le jaló hasta la pared. Su cuerpo sencillamente se dividió en dos pedazos de carne antes de entrar al agujero, muerto.

—¡Se dirige a nosotros! ¡Behir viene hacía acá! —el grito desesperado de un par de hombres que huyeron al ver como el Behir de la otra cámara se lanzaba en dirección al grupo que luchaba contra las criaturas.

—¡Formación punta de lanza! —Gritó Celios.

—Esto es malo, no teníamos en cuenta esto —escuché la queja de Stella mientras corrí a su lado y salté para clavar mi espada en la herida del cuello. El jefe de piso retrocedió su cabeza y esta vez di en su ojo rojo. La espada su hundió por completo y yo me quedé aferrado a ella mientras la criatura empezó a bramar y lanzar llamaradas en todas direcciones.

De pronto cayó al suelo y yo salí volando junto a mi espada contra el suelo de la estancia. El primer Behir había sido derrotado y se hallaba en el suelo. Pero el segundo ahora estaba luchando contra el otro grupo y Miry se hallaba allí. En la punta de aquella formación.

Me levanté del suelo a pesar de sentir un fuerte y punzante dolor contra mis costillas. Avanzaban a la tercera recámara y yo no podía quedarme atrás a esperar como asesinaban al resto. En ese momento el jefe tenía a un aventurero del grupo de Celios enterrado entre sus colmillos mientras lanzaba llamaradas.

Me moví pasando al lado de dos beartrolls que corté casi al instante y atravesé la multitud de gente. Vi a Amy con un aura azul, rodeada por unos cinco hombres tendidos en el suelo y a Mena de pie con el arco tensado brillando con el mismo tono azulado. Se trataba de la magia sincronía en pleno efecto.

No me detuve, pero si noté sus miradas cuando pasé a su lado. De inmediato el aura azulada me iluminó a mí también.

Fue extraño en el primer instante y casi me caigo de la impresión. Podía sentirlas, incluso cuando se hallaban detrás de mí. Podía saber dónde estaban Mena, Amy y Miry, incluso sin verlas. Sabía dónde estaban atacando en ese momento, sabía por dónde se movían, y ellas sabían por qué lugar iba yo.

Miry estaba a solo metros de mí, a mi derecha. Estaba herida con una cortada por su costado izquierdo, aun así, se hallaba luchando y moviéndose a gran velocidad frente al Behir al tiempo que eliminaba a un goblin con su daga.

Camus y Stella estaban al frente también. Un hombre voló en pedazos partido por la velocidad de la cola. Stella subió por el cuerpo del jefe y realizó un corte profundo justo en la zona superior de su cuello antes de caer al suelo.

Me moví lo más deprisa que pude y subí para clavar mi espada justo en ese lugar. Miry al sentirme se movió casi al unísono por el otro costado. Camus enterraba su espada en el pecho de la bestia en ese momento mientras yo veía a Miry virar su cuerpo y clavar su daga en el cuello del Behir.

Yo lo pensé mientras veía los ojos verdes de Miry a mi lado, pero fue ella quien pronunció las palabras y dejó su magia atacar —fuego.

Las flamas brotaron de su arma y el interior de aquel ser ardió hasta caer al suelo con nosotros encima.

Silencio, esperamos y no aparecieron más criaturas, por lo tanto, quedaba la recolección de los restos y las gemas. El urf, quien ahora era fiel compañero de Amy, resultaba de mucha ayuda a la hora de revisar algún cuerpo, pues buscaba los que contenían gemas.

Amy priorizó su tiempo en curar a Miry y nos quedamos los cuatro sentados un rato mirándonos en silencio. Era extraño, la magia de Mena “sincronía” era como estar en la mente del otro. Sin escuchar los pensamientos, pero si con conocimientos de las acciones de cada uno.

—Miry sintió extraño, podía verlos a todos —expresó ella cortando el silencio.

—Cansa mucho, pero es… —Mena se vio interrumpida por la más pequeña.

—Es increíble, no necesité siquiera verlos para enviar mi magia, solo fluía, podía enviar valor y regeneración sin esfuerzo —dijo Amy.

—Yo podía sentir donde estaban ustedes —confirmé.

—Miry también podía.

—Es útil para saber dónde apuntar, por eso la activé —expresó Mena un poco apenada.

—Yo sentí que lo hicimos mejor —Amy parecía feliz, terminaba la cura de Miry en su costado —Listo, intenta levantarte y dime si te duele.

—Miry está perfecta, gracias Amy.

—Deberíamos recolectar gemas al igual que el resto —observó Mena con la vista en el urf que saltaba sobre un cuerpo.

—Sí, me pondré en ello —expresé tomando el cuerpo de un beartroll de la pierna para tomar lo necesario.

—Miry también lo hará —Caminó hasta mí.

—Tu deberías descansar un rato más, fue un corte grande —le regañó Mena acercándose un poco a mí para hablarme en un tono bajo, sospeché que Miry podría escucharla de igual manera, tenía un buen oído. No obstante Amy no escucharía —¿Crees que abrirán la puerta al piso treinta y uno?

—Eso creo —repuse. Aquella era una de esas preocupaciones que se mantenían en mi mente —Tenemos seis horas para decidir si seguir y abrir o no. De todas formas, es la única oportunidad que se ha tenido, y que probablemente se tenga.

—Igual el jefe se regenerará en seis horas, no se puede quedar nadie mucho tiempo acá —Mena aumentó el tono, estaba algo alarmada por la situación.

—Pero venir y llegar hasta aquí y no abrir esa puerta.

—Pueden salir cientos de criaturas —replicó casi en un grito.

—Eso es seguro. Saldrán cientos, pero tendremos tiempo para encargarnos de ellas —Stella se hallaba a nuestra espalda y había respondido a la preocupación de Mena —Si son muchas, retrocederemos hasta el piso veinte y nos encargaremos de ellas por partes. Además, tenemos varias ventajas ahora.

—¿Qué es eso? —Amy se acercaba a nosotros.

—La recompensa de ustedes. Creemos que los cuernos es lo más valioso del Behir, retiramos cuatro cuernos, por lo tanto, uno es de ustedes —explicó Stella entregándole el pedazo a Miry.

—Murieron varios —comentó Mena.

—Nueve aventureros muertos, cuatro heridos de gravedad, siete heridos leves. Un precio alto, pero ahora tenemos al menos seis aventureros nivel siete y tres de nivel ocho.

—¿Subieron a nivel ocho? —Amy y Mena se hallaban sorprendidas.

—Aparentemente la barrera se hallaba solo para llegar al nivel siete. Creemos que existe un requisito no escrito para llegar al nivel siete. Se debe derrotar a una criatura del piso treinta en adelante.

—¿Requisito no escrito? Miry no sabe qué es eso.

—Al igual que con ciertas magias y con las habilidades. Para obtenerlas se necesita cumplir ciertos requisitos que nadie sabe excepto el portador de la habilidad. Los aventureros a veces venden esta información a precios elevados.

—He escuchado sobre eso —admití.

—No les preguntaré sobre sus estadísticas, pero si han aumentado sería bueno saberlas. Necesitamos saber si existe el requisito. Nunca antes se había presentado esa situación sobre los niveles, pero es la única explicación.

—¿Abrirán las puertas? —preguntó Mena.

—En tres horas, cuando recolectemos, se lleven los materiales y podamos atender a los heridos —Stella se retiró con su andar decidido y actitud altiva.

—Miry no ha revisado sus estadísticas —pronunció la linda tumb.

—Ninguno de nosotros —respondió Mena.

—Quizás deberíamos —respondí con algo de nervios en mi interior.

—Ads dem —la primera en alzar su brazo fue Amy.

Nombre: Amy Fenrir

Edad: 12

Profesión: mago

Nivel: 3

Vida: 197

Fuerza: 12

Agilidad: 18

Inteligencia: 17

Resistencia: 19

Destreza: 21

Magia: 2

Habilidad: 1

Atracción 1

Magia aprendida

Regeneración 2

Valor 1

—Subí en magia.

—Regeneración dos. Dudo que alguien más la tenga —le sonreí y acaricié su cabello. Amy estaba feliz y repasaba la línea de su magia con el dedo.

—Ads dem —Mena mostró las suyas.

Nombre: Mena Fenrir

Edad: 18

Profesión: Hechicera

Nivel: 4

Vida: 237

Fuerza: 19

Agilidad: 27

Inteligencia: 30

Resistencia: 20

Destreza: 34

Magia: 1

Magia aprendida

Valor 1

Sincronía 1

—He subido más en destreza —expresó esta.

—Por tu habilidad con el arco, te has vuelto muy buena en ello. También subiste de nivel —comenté.

—Ya había subido de nivel antes de la pelea, lo había revisado. Pero la destreza me gusta, quiero ver si puedo aprovechar esas estadísticas con alguna otra arma. Estos números no son muy específicos. Quizás pueda hacerlo.

—Miry cree que serías muy buena si tuvieras dagas arrojadizas.

—¿Arrojadizas?

—Sí, las lanzas al objetivo a una distancia más corta. Haces más daño también.

—Me gusta. Serviría para mantener más la posición si nos atacan a corto alcance. Pero también creo que debería buscar algo más de acuerdo con mi profesión. Creo que podría ser útil al equipo, como la sincronía que hice hace un rato.

—Sería increíble poder tener eso siempre, Miry estaría más tranquila.

—Lo de hoy no fue una batalla sencilla, creo que estuvimos bien. Siento que te hirieran Miry —comenté.

—Miry está bien, Miry sintió miedo cuando vio a Allan salir volando y cuando enfrentaba a esa cosa. Pensó que podría morir.

—Estamos vivos, de hecho, creo que deberíamos regresar y descansar. No me apetece ver si abren la puerta o no —agregué.

—Estoy de acuerdo, y creo que Amy y yo estamos a nuestro límite —corroboró Mena.

—Yo estoy bien, puedo seguir —habló la más pequeña, pero a decir verdad se notaba mentía. Estaba pálida y sudorosa. Aquello nos había dejado extenuados a todos por igual.

Si nunca has despellejado un cuerpo o matado a un ser vivo dudo que lo puedas comprender. El saber que te enfrentas a otro ser viviente es atemorizante, mucho más cuando observas sus ojos y escuchas sus gritos de guerra y tus armas chocan con las suyas. Sientes el temor y las ganas de vivir.

El hacerlo contantemente te hace sentir más tranquilo, pero no aligera la carga de la muerte. Al acostarte en las sábanas limpias comienzas a ver los rostros de aquellos que has eliminado. Escuchas los gritos y las lágrimas que soltaban mientras hundías las dagas en su cuerpo. Esa parte nunca te deja tranquilo.

Despellejar no era otra tarea hermosa. Tomabas los cuerpos sin vida y los despedazabas cual carnicero. Tomabas lo que necesitabas y quedabas todo envuelto en sangre y con la ropa manchada y un aroma putrefacto impregnado. Un olor que no se quitaba, aunque lavaras la ropa cien veces.

Después de un tiempo te acostumbrabas al hedor, pero en otras no lo soportabas y deseabas ducharte y restregar tu cuerpo hasta eliminar todo rastro de sangre. Así era la vida de los aventureros. En esos momentos ellos estaban así. Los rostros de las chicas le decían que estaban asqueadas y deseaban era retirar cuanta sangre pudieran y descansar. Llevaban demasiado tiempo allí abajo.

Recolectar en ese momento no era prioridad para ellos y había bastantes carroñeros allí.

Los carroñeros eran aventureros que minimizaban los riesgos y recorrían el abyss buscando cuerpos dejados por otros sin tomar todos los materiales. Ya fuese por desinterés o por falta de tiempo. Los carroñeros tomaban aquello como una oportunidad.

—¿Cuáles son tus estadísticas Miry? —preguntó Amy.

—Ads dem.

Nombre: Mirynfehtber Fenrir

Edad: 25

Profesión: asesina

Nivel: 6

Vida: 303

Fuerza: 22

Agilidad: 37

Inteligencia: 21

Resistencia: 35

Destreza: 34

Magia: 2

Magia aprendida

Prisa 2

Fuego 2

—Subiste en magia, y de nivel.

—Miry debe avanzar rápido. Miry lo sabe —luego me miró —faltan las tuyas.

—Ads dem —murmuré.

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 17

Profesión: cazador

Nivel: 6

Vida: 337

Fuerza: 26

Agilidad: 37

Inteligencia: 29

Resistencia: 23

Destreza: 39

Magia: 0

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 1

Manejo de cuchillo 2

Recolección 1

Prisa 3

Protección 1

Atracción 1

—No he subido mucho —repuse.

—Ya eres más fuerte que la mayoría —contestó Mena. Yo debí aceptar con ligereza, aunque por dentro aquello me decepcionó un poco. Esperaba más. No sé qué exactamente, pero esperaba más. Era algo que siempre anhelaba, o al menos así era últimamente.

No esperaba convertirme en un héroe super poderoso, pero, deseaba ser fuerte. Mucho más que ahora tenía a Amy, Mena y Miry a mi lado. Debía ser más fuerte o no podría protegerlas.

Observé los rostros llenos de cansancio y sangre de nuestros compañeros de lucha en sus caras. Sus ropas desgastadas y llenas de cortes.

Me decidí abandonar aquella cruzada y regresar a la superficie y para ello me dirigí donde Camus.

La tienda principal era un festín. Camus y Grant brindaban en una mesa mientras Stella se mantenía un poco alejada. Mena se acercó detrás de mí y miró aquello con desaprobación.

—Han muerto personas —comentó como saludo en la tienda. La reacción fue general, todos voltearon para verla.

—Lo sabemos, y les honraremos. Ha sido muchos los sacrificios y muchos los que han caído para hacer esto posible.

—Están bebiendo.

—Y comiendo —agregó Grant con algo de sorna —No lo entenderías, llegaste hace pocos meses y subiste tan rápido que casi luce como imposible. Camus me pidió no cuestionara como ustedes se han vuelto tan fuertes. Pero la verdad, es absurdo lo veloces que son y por eso no lo comprenden —tomó un pedazo de pollo y masticó antes de continuar —Mi padre murió intentando derrotar al abyss. He visto a decenas de hombres morir aquí abajo. Yo mismo luché contra Behir ocho veces antes del día de hoy. En todas tuvimos que huir como pudimos y ver como otros caían detrás. Han avanzado muy rápido y no comprenden lo magnífico que es este día.

—Yo creo que…

—Detente —retuve a Mena y le miré diciéndole con los ojos que aquel no era el momento.

—Grant ¿sería un descaro de mi parte si te pido un momento con los chicos? —Camus habló casi al tiempo en que yo paraba a Mena.

—Descuida, creo que los chicos me estaban llamando. Dentro de poco abriremos esas puertas por primera vez y será la segunda gran victoria de este día.

—Gracias.

Stella escoltó al hombre hasta retirarse mientras Miry y Amy se acercaban a nosotros.

—Supongo vienes a comentarme deseas subir a la superficie ¿me equivoco Allan? —me sorprendió que Camus leyera mis intenciones.

—Si, además no creo sea del todo prudente abrir esa puerta. Selyntos lo hizo y…

—Sí, se lo que sucedió —Camus observó una copa con vino que tenía cerca y giró el líquido —La verdad pienso que aquí sucederá lo mismo. Serán muchas criaturas las que salgan de allí abajo.

—¡Entonces no deberían hacerlo! —contestó Mena.

—Creo que es mejor abrirlas y retroceder. Podemos cerrar las puertas del piso veinte o las del piso diez. Replegar las fuerzas y en los próximos días ir eliminando todo lo que escapase de allí. Sería un mar de nuevas criaturas para los aventureros, quizás otros suban de nivel, nuevos materiales. Y podremos derrotar al Behir con más facilidad. Más ahora que otros han llegado al nivel siete e incluso supongo algunos han ganado habilidades o magias.

—Eso no suena tan mal —susurró Amy.

—No, no suena tan mal —corroboré en voz un poco más alta para que Camus escuchara.

—Ahora con respecto a tu petición. 

—Mi equipo está cansado —intervine.

—Descuida, no planeo negarme. Stella recomendó lo mismo hace un rato. Podrán marcharse cuanto quieran. Esto no es una presión, además ayudaron en lo que era primordial.

—Nos retiraremos entonces…

—Pero hay varias cosas que me gustaría hablar contigo y con tu equipo —nos detuvo en seco Camus —supongo ya viste poseo la habilidad de lectura, además de la protección. Entonces también sabrás que sé las estadísticas y habilidades de cada uno de ustedes.

—¿Qué? —Miry lo miró de mala gana, pero yo la verdad ya me imaginaba aquello.

—Lo supuse —admití.

—Me tomé el atrevimiento de hacerlo cuando les vi en aquella posada por primera vez. Discúlpenme, sé que fue algo grosero, pero había escuchado varios rumores sobre ustedes. Entonces vi sus estadísticas y quedé impactado. Era increíble.

—No se deberían ver las estadísticas de otros —soltó Mena.

—Miry piensa igual.

—No me malinterpreten, estaba curioso. Compré hace tiempo esta habilidad a un viejo de la muralla.

—A Benjen —contesté.

—Lo conocen. Me costó doscientos oros la información sobre cómo obtener la habilidad lectura. Es gracias a ella que siempre sé que esperar de mis enemigos y como prepararme ante ellos.

—La usaste contra Behir.

—Siempre la uso —admitió con una sonrisa —La única que lo sabe es Stella, y antes Van. El punto es que luego vi la batalla contra el ángel y como subieron y fue, increíble. La verdad incluso tuve algo de envidia, y estaba dispuesto a comprarte la información sobre tus habilidades. Aún creo que estoy deseoso de hacerlo.

—No sé…

—Sé que no sabes usarlas. Lo noté recién en nuestra batalla contra Behir. De haberlas sabido usar, no habrías sido herido, golpeado. Habrías podido luchar incluso tu solo contra alguna de esas cosas. Entonces Stella me ayudo a comprender mucho mejor las cosas y observé mejor lo que sucedía.

—¿Con respecto a qué?

—A sus estadísticas y fallas —continuó y nosotros guardamos silencio —Llevan poco tiempo luchando en el abyss y, aun así el conjunto de habilidades y magias les ha permitido subir muy rápido, al punto de abrumar a otros. Pero han carecido de experiencia, de técnica. Supuse por un instante que podrían haberla aprendido en los gremios de las profesiones, con sus iguales. Pero Stella me hizo ver, ustedes crecieron de manera desproporcionada y por sus características y magias. Ninguno de ustedes entrenó con sus iguales en profesiones ¿Cierto? —Todos nos observamos y negamos con la cabeza. Camus continuó levantándose para hablar —Exacto, ninguno de ustedes entrenó su profesión. Ya eran fuertes gracias a sus habilidades y cultivaron fuerza sin tener técnicas. Por eso una hechicera ataca con arco y una maga tiene magia de hechicera. Ningunos de ustedes se tomó el tiempo de entrenar con los suyos y aprender sus labores en un equipo. La chica tumb es la más diestra de ustedes. Sobre todo, tú Allan. Tu deberías ser tan fuerte que … —se detuvo mirándome —quisiera pudiéramos luchar en este momento para que veas de qué estoy hablando.

—Pero yo… —comencé temiendo y dudando. Se trataba de Camus.

—No será nada peligroso, podemos jugar con un par de estacas de palo. Si logras pegarme tres veces, yo admitiré mi derrota y te enseñaré como obtener la habilidad de lectura. Si yo gano, quiero que hagas algo por mí.

—¿Qué?

—Prometo será algo inofensivo. Esta vez estoy siendo solidario y creo que actúo por algo más grande que tú y que yo Allan —los ojos de Camus se clavaron en mí y noté que Stella traía consigo dos palos para luchar. Tomó uno y asentí con la cabeza.

—No tienes que hacerlo Allan —la voz de las chicas.

—Estaré bien —contesté observando como Camus se colocaba en guardia delante de mí. Preparé mis sentidos y entonces. Ataqué.

Fui rápido, veloz y me acerqué a él listo para dar mi primer golpe en su hombro y, no estaba. Camus viró su cuerpo en el último momento apenas moviendo sus pies y quedó justo detrás de mí. Sentí el golpe de su palo en mi espalda contra la armadura. Nada fuerte. De hecho, lo hizo de manera tan simple y suave que apenas lo sentí y escuché el sonido.

—No he usado ninguna habilidad, ni magia Allan. Solo tengo protección y lectura. No hay nada oculto —lo dijo, pero mi mente me dijo que no podía ser. Yo fui tres veces más rápido y aun así él tan solo me esquivó.

Ataqué nuevamente y blandí la estaca contra su pecho y rostro. Entonces lo noté, yo era veloz, pero Camus, aun siendo lento podía leer mis movimientos. No por alguna habilidad, sino por experiencia. Predecía como me movería solo con observarme, y a pesar de ser lento. Ejecutaba movimientos tan limpios y exactos que lograba salir de mi rango de ataque y posarse en mi espalda. El segundo golpe de Camus contra mi llegó sin que yo pudiera defenderme.

Giré y blandí posicionándome, ataqué dos y tres veces, giré de nuevo y ningún ataque estuvo siquiera cerca. Camus golpeó mis manos derribando el palo que sostenía y luego apuntó a mi cuello deteniéndose a segundos.

—¿Has escuchado de los goblins?

—¿Qué hay con ellos? —pregunté con el madero contra mi cuello y mi mentón arriba.

—Atacarán la ciudad y sus números son enormes, se hablan de más de diez mil goblins, o más.

—Si lo he escuchado.

—¿Qué sabes sobre los otros imperios Allan? —Camus retiró el madero. Yo obviamente había perdido. Todo sucedió en unos segundos, perdí y siquiera pude rozar su ropa para atacarle. Así de grande era la diferencia.

—No sé mucho. No he escuchado mucho sobre ellos, solo que el imperio del oeste se encuentra en guerra con el nuestro.

—¿Sabes el porqué de la guerra? —negué —En el mundo como lo conocemos hay veintitrés entradas al abyss Allan, siete de ellas en nuestra nación. Pero nuestra nación Arglory, no siempre estuvo ubicada en esta zona, de hecho, Utghardie hace mucho tiempo perteneció a la nación de Minfister. Luego fue arrebatada por la nación del sur, Bulg, la nación de los orcos. Y recuperada por nuestra nación hace unos cien años o un poco más. Al igual que la ciudad de Aklentris, que está un poco más al sur.

Minfister reclama estas dos ciudades, pero Arglory las liberó. Además, ellas son parte primordial de nuestra economía actual, los principales puntos pesqueros están en estas dos zonas. Pero los goblins amenazan con atacar ahora rodeando las ciudades de Utghardie y Selyntos. La capital Adrem ha dicho vendrá a ayudarnos, pero Selyntos está más cerca. Utghardie en cambio más al sur, la ayuda llegará tarde y será lo que quede después de salvar Selyntos. No obstante, podríamos decir que, con suerte haríamos frente a tal amenaza.

—Entiendo —intentaba procesar rápido. Había escuchado los nombres de manera dispersa, pero nunca una explicación tan detallada.

—No. El principal problema es que los goblins no son una nación como tal, pero tienen una excelente relación con los orcos desde hace años, y la nación de los orcos, Bulg, desea recuperar el territorio. La alianza es inminente, y con esa alianza de seguro vendrán algunos minotauros y arpías del sur.

—Entonces…

—Significa que Utghardie necesita más que nunca ser fuerte. Necesita toda la ayuda posible y que quienes estén aquí puedan enfrentar cada uno cien goblins y cien orcos antes de caer muertos.

—¿Adónde quieres llegar? —pregunté y Camus giró sonriendo.

—Quiero que vayan a entrenar con alguien a quien conozco. Vive en las montañas afuera de la ciudad, pero es el mejor aventurero que jamás tendré el honor de conocer. Mi mentor. Quiero que vayan y mejoren sus habilidades. Quiero que de verdad sean un equipo.

—¿Por qué nos dices esto? —preguntó Miry.

—Allan tiene habilidades con las cuales podría vencerme en dos segundos si supiera luchar de verdad. Sus habilidades en combate individual son buenas. Pero no tienen ninguna destreza para trabajar como equipo. Necesitan reclutar como mínimo dos o tres miembros más para poder salvaguardar sus posiciones y realizar cambios. Experiencia, quiero que ganen experiencia y regresen para ayudar en la batalla que se avecina.

—¿Tú qué ganas? —preguntó Mena.

—Ganaré la ciudad —comentó Camus antes de que nos marchásemos. 

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