13. CONFUSIÓN

            Desperté sobresaltado sintiendo la humedad contra mi pecho. Mena se hallaba tendida sobre mí, toda su saliva se escurría por mi pecho. Amy y Miry reían a mi lado en silencio para no despertarla.

—Mena, levántate —la chica abrió los ojos mirándome sin comprender. Se limpió la boca y luego me observó de manera agresiva y observó su alrededor. Había estado tendida sobre mí.

—Yo no…

—Parece que estabas muy cómoda Mena —señaló Amy con sorna.

——Yo nunca. No —y salió de la carpa apresurada y mal encarada.

Apenas me recuperé de las heridas y levanté de la cama debí movilizarme junto a las chicas al lugar donde yacía el cuerpo del ángel. Todos nos observaban mientras caminábamos, había susurros y cuchicheos. Muchas fogatas estaban apagadas y quedaban algunos hombres afuera. Debía ser de noche y descansaban.

Llegamos hasta el cuerpo del enemigo, debíamos encargarnos del cuerpo como cualquier otra criatura y extraer sus materiales. A excepción de sus alas no parecía que hubiese diferencia en este de un ser humano. Pero había algo más, su martillo.

—Deben tomar muestras de piel, sangre y huesos. También sería prudente tomar una muestra de las plumas en sus alas. Son largas, quizás algunos las quieran solo para decoración —comentó Stella acercándose a nosotros. Pude notar en el rostro serio de aquella mujer que observaba las plumas con deseo.

El arma era de un material desconocido con ligeros toques amarillos, naranjas y dorados según la luz tocase su superficie. Ligero en extremo pero resistente incluso a cualquier rayón. Al instante tuvimos ofertas de compra. No obstante, nos negamos y realizamos la ceremonia de la quema del cuerpo. Entonces fue aún más extraño lo sucedido, brotó una pequeña gema morada.

—¡Pertenece a quien derrotó al enemigo! —la voz de Stella resonó entre el coro de murmullos y aventureros acercándose a nosotros. Mena sostenía un cuchillo en la mano y los observaba a todos como enemigos —no importa cuán emocionados estemos por el material y la gema. Debemos esperar y su dueño decidirá qué hacer con ella.

—Yo te recomiendo subir de inmediato y venderlo en la muralla. Enviaré a un par de hombres de confianza contigo —expresó Camus.

—¿Y si nos atacan para tener el material? —preguntó Mena tan mordaz como siempre.

—No creo que ataquen a la persona que asesinó a esa cosa —murmuró el jefe de los caballeros oscuros con cierta sonrisa. Pensé que incluso se estaba divirtiendo con todo aquello —pero quiero regreses lo más pronto que puedas. Aun pienso entrar al piso treinta.

—Van murió, no tenemos la misma fuerza que hace…

—Te tenemos a ti Allan. Alguien capaz de derrotar a un ser de los pisos superiores.

—Yo no…

—Vi tu pelea, aunque estaba herido. Le pedí a Stella me sujetase mientras veía tu lucha. Se lo que tienes, sé que tienes más de una habilidad. O al menos creo que tienes unas tres habilidades. Si es cierto, eres único.

—Lo supiste al verme —admití. No podía negar algo que había visto, menos a alguien que tenía al menos una de mis habilidades “protección”. Debió comprenderla apenas la vio en acción.

—Déjalos llevar los materiales Camus —Stella parecía ser quien sujetaba la correa del jefe.

—Avisa cuando ya te vayas —le diré a unos tres que bajen y suban. También necesitamos algunas cosas, quiero más gemas de cura aquí abajo. Usamos varias recién.

—Miry subirá de inmediato —señaló ella.

—Si Camus, subiremos ahorita. Creo que descansaremos un poco antes de bajar.

—Entiendo. Stella, busca a algunos buenos para que les acompañen y ayuden con las cosas.

Media hora después ascendíamos con un repelente y tres aventureros bastante callados que ayudaban con una carreta donde llevamos la mayoría de las cosas. En especial el enorme martillo. El jefe del piso veinte había sido derrotado por un grupo de doce personas y se hallaban recolectando materiales mientras subíamos. El jefe del piso diez si se hallaba intacto. Por lo tanto, tocó derrotar a Nalfesnee antes de continuar subiendo.

En total tomó algo más de siete horas subir y amanecía en el exterior.

Debimos esperar a Ciel para entregar nuestros materiales pues ella era la única que nos atendía. Sin embargo, tuvimos a representantes y aventureros por igual a nuestro alrededor intentando observar el martillo.

—¿Qué desastre hicieron? —preguntó Ciel.

—Derrotaron a una criatura del piso sesenta —comentó un hombre que pasaba.

—¿Qué hicieron qué? —nos observó y no supe interpretar si se hallaba molesta o sorprendida.

—De hecho, no fuimos nosotras, fue solo Allan —continuó Amy.

—¿Hablan en serio? —Ciel llevó la mano a la boca cuando Miry levantó el martillo —¡Por Numer y Yisha!

—¿Podemos conversar adentro mientras entregamos los materiales? —intervino Mena ayudándome con la carreta hasta la zona trasera al tiempo que Ciel asentía con la cabeza.

—Sí, pero debo llamar a un superior. Esto… —corrió después de abrir la puerta de nuestra habitación escaleras arriba.

—Miry piensa que esto es emocionante —la chica daba saltitos jugando con el martillo mientras llevábamos las cosas al interior.

—Yo también quiero sostenerlo —exclamó Amy alzando los brazos hasta correr detrás de la primera.

Ciel regresó unos cinco minutos después acompañada de un hombre al cual yo había visto un par de veces, pero jamás conocido. Nosotros dejamos de colocar las cosas a los lados y nos quedamos observándonos.

—Este es el señor Benjen, es el encargado del colocar precios finales y negociaciones con otras ciudades. Además, es el mayor experto que hay aquí en materiales —el hombre era algo corto de estatura con ojos grandes, cabello negro con grandes manchas blancas.

—¡Esto es! ¡Pero por el amor a Yisha! ¡santas sean sus tetas! Esto nunca lo había visto —saltó como un niño y tomó el martillo en sus manos antes de que Miry pudiera expresar algo.

—¡Señor Benjen! —gritó Ciel regañándole, nosotros nos relajamos un poco.

—¡Mira esto Ciel! ¡Es liviano, increíblemente liviano! ¡Toma!

—¿Para qué me lo da señor?

—Es tan liviano que de seguro si montas este martillo puedes volar como toda una bruja.

—¡Benjen! —Ciel rechinó los dientes y le miró con una ira que nunca observé en nuestra amiga.

—¿Es un material nuevo? —pregunté con la esperanza de terminar aquella discusión. El señor Benjen de pronto cambió su expresión a un tono serio y giró el martillo entre sus dedos para luego entregárselo a Amy.

—Me temo que no, no es un material nuevo. Solo que es extremadamente raro. Quizás existan en todo el mundo unos cinco objetos de este material, y definitivamente nada tan grande como este martillo.

—¿No es nuevo? Camus y Stella dijeron que nunca lo habían visto —repuso Mena. La sorpresa era de todos.

—Las piezas que digo existen en Adrem, y son antigüedades, pertenecen al reino y algunos caballeros de sangre real.

—Miry no sabía.

—Casi nadie sabe esas cosas, linda Tumb, pero allí están. Este material se llama orifalquio, es extremadamente valioso por lo extraño. Creo que nadie ha tenido oportunidad de obtener orifalquio en… veinte o treinta años aproximadamente —todos observamos el martillo en silencio —¡me juego las bolas a que es la primera vez que obtenemos este material en Utghardie!

—¡Señor Benjen, ese lenguaje obsceno!

—Que mis bolas no son obscenas mujer, están todas lavaditas y bonitas. Y si me juego las bolas es mi problema —comentó el hombre y tanto Amy como Miry soltaron carcajadas sonoras, mientras Ciel y Mena le observaron con reproche.

—¿Cuánto vale esto señor? —pregunté.

—¿Esto? Calculo que por el tamaño… unos doscientos dots de oro muchacho, quizás más si está imbuido en algo de magia. El orifalquio es famoso por ser extremadamente ligero y muy fácil de adquirir cualidades mágicas. Los mejores guerreros de antaño tenían algo de orifalquio, pero hablo de la época en la que había miles de criaturas en la superficie. En los tiempos de Numer y Yisha.

—Esas son historias señor Benjen —señaló Ciel.

—Todas las historias tienen algo de ciertas. Incluso las historias de niños, o quizás sobre todo las historias para niños.

—¿Doscientos de oro? Pero con eso podría comprar una casa —Amy abrió los ojos.

—Podrías comprarte unas tres o cinco casas señorita.

—También trajimos otras cosas de la criatura que derrotamos —expresó Mena.

—¿Si? Déjenme verlas —dijo al tiempo que se lanzó sobre los bultos en el suelo como un niño en confitería.

—Disculpen al señor Benjen, es algo… —Ciel se disculpaba cuando el hombre gritó.

—Les daré veinte de oro por esta gema morada, de inmediato, y otros veinte de oro por esta sangre —sonrió con cierta malicia moviendo los objetos en su mano. Comprendía el valor de la gema morada, pero me sorprendió ofreciera tal precio por aquella botella llena de sangre.

Las chicas me miraron —Hecho —contesté algo temeroso.

—Te compraría el martillo, pero me temo no tengo edad para aventuras allí abajo. Supongo que habrá otros interesados que darán buen dinero por algo de ese orifalquio. Incluso en las tiendas, de seguro estarán dispuestos a pagarte toda una fortuna por eso.

—Creo que no lo venderé señor —expresé y las chicas voltearon a verme.

—¿Qué? ¿Por qué Allan? —preguntó Mena.

—No tiene sentido vender el mejor material existente. Sería mejor hacer piezas de armadura —repuse.

—Si el orifalquio es tan bueno con la magia. Miry cree que podríamos mejorar nuestro equipo mucho. Si, de seguro que sí. Miry podrá tener unas botas más rápidas.

—¿Más zapatos? —preguntó Amy viendo a Miry.

—¿Qué? Una tumb necesita proteger sus piernas.

—Serán entonces uno de los gremios más fuertes de aquí chicos —esta vez la sonrisa de Benjen fue obvia, pero limpia de toda malicia —Tráeles el dinero por estas cosas Ciel —la mujer se retiró, no sin antes lanzarle una mirada al señor Benjen.

—¡Entonces yo quiero algo hecho de orifalquio también! —comentó Amy cruzándose de brazos.

—Ahora que estamos solos chicos ¿Cuáles son sus estadísticas? —preguntó el señor Benjen y todos nos quedamos en silencio sin responder. Teníamos cierto miedo por mostrarnos. Recelo a un punto increíble y reaccionábamos igual a esa pregunta —vamos, no son los únicos que esconden secretos, ni tampoco los únicos con habilidades especiales —comentó —Ads lectura —no sucedió nada aparente, no obstante, Benjen sonrió —dos chicas nivel tres, una nivel cinco y un nivel seis. Además, son bastante interesantes, esa colección de habilidades y magias que tienen. No creo que exista otro gremio como ustedes en toda la ciudad.

—¿Qué hizo? —preguntó Mena.

—Mi habilidad, lectura, me permite ver las propiedades de objetos y las estadísticas de los aventureros.

—Miry no quiere que nadie la vea —tapó sus senos con un brazo mientras sacó una daga de su espalda.

—Calma, no diré nada de sus estadísticas. Al igual espero que ustedes no digan nada de mi habilidad.

—¿Por qué vio nuestras estadísticas? —pregunté.

—Curiosidad. Llegué a la ciudad de Adrem hace casi cuarenta años chico. Llegué y de pronto tuve esta habilidad increíble. Una habilidad muy buena para trabajar en una muralla, pero no para luchar —se sentó cerca de nosotros —disculpen lo brusco, pero ante mí. Lucen como diamantes esperando ser pulidos. Son demasiado buenos para ser de verdad. Increíbles. Aunque poco expertos en combate real —su voz fue seca y seria.

—¿Qué quiere? —pregunté.

—Nada, ya me vendiste esta sangre. Apenas la toqué activé mi habilidad. Tiene propiedades curativas.

—¿Qué? ¡Eso no es justo, Miry lo sabe! —gritó avanzando amenazadoramente.

—Dice eso, pero no sabemos nada sobre la sangre. No sabemos qué cura ni como lo hace. No sabemos si cura a un enfermo, una cortada o una herida grave. Desconocemos si hay que beberla, aplicarla sobre la herida, bañar una gema con ella… Si cura a las criaturas, pero mata a los humanos —hicimos silencio. Yo tragué saliva viendo al hombre —sin embargo, tengo un buen presentimiento. Esto es algo único en todo sentido, quiero estudiarlo.

—Aquí está el dinero —Ciel entró mirando a su jefe y a nosotros —cuarenta dots de oro tomados de su cuenta personal señor Benjen, y otros diez dots de oro de su misión.

—Eso es mucho dinero, Miry lo sabe —observó las bolsas de monedas.

—Es mejor hacer una cuenta aquí mismo Allan —Mena me observó sería y yo asentí. Había un sistema en el que te entregaban una placa metálica junto a un pequeño papel. Con mostrar ambos podías comprar en distintas tiendas de diferentes ciudades y estas cobraban a la muralla. Un método bastante efectivo si tenías muchas monedas.

—Sí, es mejor hacer una cuenta para cada uno de nosotros.

—Perfecto, deberán llenar otros papeles antes de irse chicos.

—Yo debo marcharme. Ha sido un placer, espero que me visiten más seguido y que traigan con ustedes más de estas cosas magníficas. Tampoco me molesta ver a chicas lindas con buenas tetas y culos por acá. La bruja esta me deja papeleo todo el día y si apenas puedo salir y ver personas.

—¡Señor Benjen!

—¡No es mentira! Trabajo todo el día, tienes un buen culo Ciel, pero no te dejas ver nunca. Eso es todo lo que un hombre desea ver un buen cu… —Ciel le empujó afuera de la habitación y cerró la puerta.

—Disculpen su actitud, el señor Orman no está y Benjen es el mejor en lo que hace.

Las tres chicas reían y yo quedé contrariado. Nunca vi a alguien actuar así antes. Benjen era extraño y hablaba de una forma tan vulgar y directa sobre ciertas cosas.

Nos retiramos de la muralla y dirigimos a comprar gemas y una armadura para mí. En cada tienda que nos deteníamos obteníamos cuantiosas ofertas por el martillo y ninguno se interesaba por vendernos cuando nos negábamos a vender este.

En vista de la actitud de varios vendedores, dejé de preguntar y me dirigí a un lugar de confianza. Caminamos ante la vista de todos. Amy parecía ser quien más lo disfrutaba, mientras Miry se tapaba las orejas.

Dimch se hallaba en el fondo de la tienda con delantal y guantes de cuero enormes y duros.

—Hola.

—Hola Allan, no sabía que…

—Ellas son Miry, Mena y Amy.

—Vaya, yo conseguí una novia y tú me ostentas tres.

—Son mi gremio, pero no vine por eso Dimch, vengo porque tengo algo que quisiera trabajaras —me aparté lo suficiente para que viera el martillo enorme.

—¿Eso es? ¿Qué es eso Allan?

—Orifalquio hasta donde sé.

—Debo llamar al señor Gregor, él sabrá que es…

—¿Eso es orifalquio? Nunca pensé podría verlo —El jefe de Dimch era un viejo moreno y alto con cabello blanco y largo, en contraste con un cuerpo musculoso y del doble de mi tamaño.

—Lo es señor.

—¿Qué planean hacer con esto? No puedo comprarlo, mejor véndanlo en la muralla. Les darían un mejor precio, si tiene paciencia alguien de Adrem podría venir y darle un precio adecuado.

—No planeamos venderlo señor —habló Amy.

—En realidad queríamos hacer armaduras e imbuirlas de ser posible con magia —expresé y el hombre giró su cabeza hasta mi.

—¿Por qué llegaron a mi tienda? —preguntó cruzándose de brazos.

—Conozco a Dimch señor.

—Es cierto, es el cliente de la espada.

—Oh, entonces eres un cliente que recurre. Perfecto. Aunque debo admitirte que nunca antes he trabajado con orifalquio —fue serio y sincero mientras se sentaba con una botella de cerveza.

—Lo sabemos señor, supongo que nadie aquí ha trabajado nunca con orifalquio.

—En eso tienen razón —repuso —¿qué quieren?

—Pues —observé a las chicas.

—Miry quiere zapatos, o quizás unas botas, pero con protectores de ese metal. Creo que Miry podría tener magia prisa en ella.

—Yo quiero protectores de brazos, creo que podría hacer algo con eso también —comentó Mena. 

—¿Tú Amy? —pregunté.

—No sé ¿Qué podría ponerme yo para mejorar? ¿Podría añadirle algo al bastón?

—Podrías tener una mejor pechera, una mejor ajustada a tu cuerpo y protectores aquí en los hombros, pues eres pequeña, te atacarán desde arriba, eso y un casco. Uno hecho para una dama.

—¿Se puede todo eso? —pregunté.

—Si se aprovecha el material, sí, estoy seguro de que sí. Y podría quedar un poco.

—Yo quisiera una armadura de titanio. Algo que permita movilidad, resistente, pero ligera —especifiqué.

—Será caro todo el pedido chico.

—¿Cómo cuanto señor?

—Hasta donde sé es difícil trabajar el orifalquio, se necesita el doble de calor que el titanio. Pero será posible, tengo un buen ayudante. Diría que tres dots de oro las botas, dos por las pulseras y cinco por el trabajo para la chica.

—¿Cuánto costaría mi armadura de titanio? ¿Y si la pidiera para mañana?

—Tendría un sobrecosto muchacho —me miró serio, pero al ver que no dudé, continuó —Una armadura como la tuya costaría como un oro, quizás dos. Tres dots de oro y lo tendrás para mañana en la mañana, hecho a la medida.

—Hecho.

—Dimch, toma las medidas de los chicos, yo iré a calentar el fuego. Hay que trabajar hasta tarde hoy.

—¿Qué?

—Doble pago chico, ha llegado un trabajo largo, no hay de otra manera.

Dimch me miró con ojos apagados —Pensaba ver a Teresa hoy, no es justo.

—Lo siento Dimch —mencioné mientras este se acercaba con la cintra métrica para tomar las medidas de Amy.

—Descuida, quiero comprarle su urf. Está como loca con eso. Si traes más trabajos como estos podré ahorrar para una casa. Nada muy grande.

—Te dije que arrasaríamos en el abyss —Amy aun le tenía rencor a Dimch desde la visita anterior. 

—Sí, juzgué mal por mi condición —le respondió y luego se dirigió a mí —Nada muy ostentoso, algo pequeño. Algo donde comenzar, Teresa y yo.

—No sé qué me sorprende más. Te has enamorado, y acostumbrado muy rápido a la vida aquí.

—No estoy viviendo mal Allan. Aunque si envidio a un aventurero que llega con tres chicas ¿Cuál es tu novia?

—Miry es la esposa de Allan, pero Mena hoy durmió con él —comentó Miry y yo miré a otro lado.

—¡Yo no hice tal cosa Miry!

—¡Si lo hiciste, dejaste tu baba en el pecho de Allan! —contestó Amy.

—¿Tú también? —Mena se cruzó de brazos —la que duerme totalmente desnuda con Allan es Miry.

—¿Miry duerme desnuda? ¿Y por qué? —preguntó Amy.

—Es cómodo —contestó la tumb.

—En serio tengo ganas de matarte Allan —Me sonrió Dimch.

—No sabes lo que dices —respondí.

—¡Pues yo también quiero dormir desnuda entonces! —exigió Amy.

—Se están peleando por dormir desnudas contigo Allan —Dimch parecía disfrutarlo.

—Por amor a Numer y Yisha, cállate Dimch.

—¡No puedes dormir desnuda Amy, una mujer debe mantener el pudor y el respeto!

—Pues yo quiero estar cómoda. Miry puede y yo no.

—Ella es mayor —contestó Mena.

—Miry no era la que dormía sobre Allan el día de hoy —respondió Miry.

—Por Yisha ¿pueden dejar ese tema ya? Ya dije no fue intencional.

—Y lo tenía abrazado —expresó Amy.

—Yo creo que —me disponía a detener la lucha, pero Mena me miró con ojos llenos de furia.

—¡Si dices algo Allan fenrir, te juro que te clavo una flecha en el trasero! —amenazó Mena. Dimch rio fuertemente mientras pasó a tomar las medidas de Miry, Mena y por último las mías. 

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