12. NOTICIAS

Para mi fortuna, Mena y Amy habían desobedecido mis órdenes y habían presenciado todo. Al momento en que mi cuerpo cayó al suelo habiendo abatido al ángel, Miry, Mena y Amy corrieron aplicando las gemas de curación y un aura de regeneración sobre mi cuerpo.

Ellas no eran las únicas que habían observado la pelea. Todos los aventureros se detuvieron al ver lo que sucedía. Yo no pude divisarlos. Para mí fue como si el mundo aparte de nosotros dos se hubiese desvanecido. Solo se hallaba mi contrincante y yo.

Incluso Camus quien se hallaba seriamente herido se detuvo a observarnos. Stella le sujetaba a su lado porque sus piernas no reaccionaban ni se movían.

Gritaron, aullaron y aplaudieron en cada instante. Yo no escuché nada de eso.

Al principio pensaron que aquel ser me mataría y solo había sido suerte al detener los primeros golpes. Luego notaron como me moví a una velocidad desconocida y apenas perceptible y continué atacando y deteniendo el enorme martillo. Como además protegí a Miry y atraje la atención de aquel ser.

Sin pensarlo atraje toda la atención en mí y al despertar me hallaba en una tienda enorme con Amy lanzada sobre mi cuerpo mientras Mena y Miry me miraban atentamente, cada una a un lado de mi improvisada cama.

—¡Despertó! —Miry lloraba, lo cual no me extrañaba. Pero Mena también lo hacía y aquello me resultó peculiar.

—Eres un gran idiota, lanzarte así ¿cómo pudiste? Me dijiste que me llevara a Amy y ¿te lanzaste así? —Me reclamó golpeando mi pecho.

—¡No lo golpees! —indicó Miry.

—Deben dejarlo descansar, el efecto de la gema roja tardará un rato en terminar de curarle —reconocí la voz proveniente de mi izquierda. Era Stella. En otra cama más allá se hallaba tendido Camus, tan despierto como yo y mirándome.

—Camus… los demás —balbucee.

—Descuida chico, somos los únicos heridos en todo esto.

—¿Qué?

—Los demás están muertos, diez personas en total, incluyendo a Van —pronunció el hombre y yo arrugué el rostro, era extraña la sensación de vacío y recordé los cuerpos estallando y siendo aplastados. Camus debió adivinar mis pensamientos. —no te preocupes demasiado, cada uno de los que entramos al abyss sabemos podemos morir. De hecho, es una suerte si llegas a mi edad, es una suerte aún mayor si llegas a viejo y te retiras del abyss.

—Yo —guardé silencio y vi a las chicas, sus ojos rojos y miradas fijas en mi —estoy bien, dejen de verme así. Me voy a gastar.

—Eso fue lo más idiota que he visto —pronunció Mena.

—Fue impresionante, te lanzaste y corriste y luego zum y todos los demás dijeron oh, y tu zum y el ángel zam por aquí haciendo así —Amy explicaba la escena. Yo no tenía ni idea de qué parte describía. Sencillamente recordaba la batalla como una sucesión de golpes e intentos por no morir.

—Gracias —Miry se acercó a mí y sentí el contacto de sus labios contra los míos, suaves y tibios. Llenos de una dulzura indescriptible y de un fulgor que invadió mi pecho y ruborizó mis mejillas. Se apartó tan rápido y sin decir nada más. Yo tan solo pude sonreír tontamente. Amy paso a besar mi mejilla y Mena también.

—De verdad tienen que dejarlo descansar —sentenció Stella.

—Tranquila Stella, tu hiciste lo mismo conmigo —sonrió Camus y Stella bajó el rostro colorada en extremo.

—¿Qué fue eso? —pregunté.

—Ese fue el Jin, al parecer invocó a una criatura de los pisos inferiores. Algún ángel. Los que vieron la lucha calcularon que debe pertenecer a los pisos sesenta como mínimo —respondió Camus.

—Fue horrible —respondí.

—¿Fue horrible? —Camus intentó levantarse, pero Stella le empujó a la cama y debió tan solo girar su cuerpo para mirarme —Allan, acabas de luchar cuerpo a cuerpo contra una criatura de los pisos sesenta como mínimo. Sin equipo, sin casi ayuda, salvo el aura de Valor y regeneración que esa joven maga que aplicó durante toda la batalla —señaló a Amy, yo casi rompí en llanto al verla apenada contra mi pecho.

—Gracias, habría muerto sin ti —repuse acariciando la cabeza de Amy.

—Es muy buena, pudo conjurar a la velocidad que ustedes se movían.

—Sí, sé que es muy buena…

—Allan —Camus me miró —derrotaste a un ser de los pisos sesenta tu solo. Una criatura que mató a varios de un solo golpe y tu mantuviste una batalla con ella como si fuesen iguales. No creo estés conscientes de lo que has hecho.

—Estaba asustado y tan solo lancé ataques al azar intentando golpearle y…

Stella fue quien me interrumpió esta vez. Fijó su mirada y semblante serio y noté no podía hablar bajo su intensidad —. No fueron golpes al azar. Fuiste superior, te moviste a una velocidad nunca vista. Resististe golpes que nadie más pudo, atacaste sus puntos como si leyeras sus movimientos.

—Yo…

—No te abrumaré ahora por eso. Pero pasado mañana lucharemos contra el jefe del piso treinta —Camus se levantó aún con la insistencia de Stella —quiero estés con nosotros, quiero que luches a mi lado. Me agradaría ver de lo que eres capaz y observar más abajo en el abyss. Siempre me he preguntado si tendrá un final, y qué sucederá al llegar allí. ¿Puedes imaginarlo chico? Ese es mi sueño. Uno infantil estoy claro. Espero verte afuera. Estaré cerca del cuerpo del ángel. He ordenado que nadie lo toque, ese es tu recompensa, sus materiales y su gema te pertenecen. Supongo podrán darle mucho provecho —concluyó antes de marcharse con Stella siguiéndole de cerca.

—No debes levantarte —sugirió Amy mirándome —te dieron una gema roja de cura para asegurarse te sanaras por completo.

—Gracias Amy, habría muerto de no ser por ti.

—Miry quería pelear, pero…

—Nos habríamos unido a la batalla —continuó Mena —Pero, ustedes se movían demasiado rápido. Apenas podíamos seguirles con la vista.

—Y cuando el ángel gritó. Miry sintió que el suelo y la tierra le jalaba.

—Fue algún poder, alguna habilidad o magia —confirmó Mena.

—Allan ¿Cuándo aprendiste atracción? —preguntó Amy, me quedé sin habla. La usé en batalla, pero nunca antes la había tenido o usado.

—Nunca —alcé mi brazo —creo —dudé. Hasta entonces no había notado no llevaba ropa y me hallaba totalmente desnudo bajo aquella delgada tela. Me sonrojé y no dije palabra alguna sobre esto, a pesar de que Amy se hallaba sentada sobre mi cuerpo. Mena y Miry estaba tan cerca que era imposible no viesen nada. Me senté en la cama y pronuncié las palabras —Ads dem.

Nombre: Allan Fenrir

Edad: 17

Profesión: cazador

Nivel: 6

Vida: 320

Fuerza: 25

Agilidad: 37

Inteligencia: 27

Resistencia: 20

Destreza: 39

Magia: 0

Habilidad: 1

Aprendizaje 1

Habilidades aprendidas

Nivel up 1

Manejo de cuchillo 2

Recolección 1

Prisa 3

Protección 1

Atracción 1

—No puede ser —me dejé caer en la cama alzando el brazo.

—Has superado a Miry —sonrió esta.

—Era de esperarse, derrotaste a un monstruo de nivel superior. Tus estadísticas se iban a disparar después de eso.

—¿Cómo están las de ustedes? —pregunté.

—Ads dem —murmuró Amy.

Nombre: Amy Fenrir

Edad: 12

Profesión: mago

Nivel: 3

Vida: 180

Fuerza: 10

Agilidad: 17

Inteligencia: 17

Resistencia: 15

Destreza: 19

Magia: 1

Habilidad: 1

Atracción 1

Magia aprendida

Regeneración 1

Valor 1

—Subí bastante —observó la pequeña.

—Me ayudaste en la batalla, por eso tus estadísticas también se vieron afectadas.

—Ads dem — continuó Mena.

Nombre: Mena Fenrir

Edad: 18

Profesión: Hechicera

Nivel: 3

Vida: 194

Fuerza: 17

Agilidad: 26

Inteligencia: 30

Resistencia: 19

Destreza: 30

Magia: 1

Magia aprendida

Valor 1

Sincronía 1

—¿Sincronía? ¿Sabes que hace?

—No —respondió Mena mirando su brazo con los ojos abiertos.

—Ahora Miry, Ads dem —pronunció.

Nombre: Mirynfehtber Fenrir

Edad: 25

Profesión: asesina

Nivel: 5

Vida: 281

Fuerza: 20

Agilidad: 36

Inteligencia: 19

Resistencia: 31

Destreza: 33

Magia: 1

Magia aprendida

Prisa 2

Fuego 1

—Mis estadísticas no cambiaron mucho —comentó Miry.

—Pero ya eres nivel cinco —contesté.

—Quiero pasarte —me miró profundamente acercando su rostro.

—Ya eres una de las más fuertes del equipo, y tienes dos magias.

—Mi esposo es nivel seis, no me quedaré atrás.

Sonreí al verlas a las tres. Sonreí alegre tendido junto a ellas. Sonreí despreocupado, sin saber lo que sucedería dos días después al enfrentar al jefe del piso treinta. Desconociendo como un ejército de goblins marchaban rumbo a la ciudad en ese mismo instante. Sin tener idea sobre mi hermana o la batalla en Selyntos.

Sonreí porque acababa de vencer a un fuerte enemigo y las chicas estaban allí a mi lado y yo desconocía aun los aspectos más crudos y crueles de la muerte. 

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